La crisis planetaria del agua, biocampos y la esencia sagrada d



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La crisis planetaria del agua, biocampos y la esencia sagrada de la vida: una perspectiva transdisciplinaria

Tania Romo González, Carlos Pérez, Leticia Bravo Reyes, Inés Medina, Denisse Escalante, Eduardo Ruiz, Cristina Núñez y Enrique Vargas Madrazo

Estación EcoDiálogo, Área de Biología Sistémica, Instituto de Investigaciones Biológicas, Universidad Veracruzana, Xalapa, Ver. México

“Las aguas sagradas nos llevan más allá del mercado a un mundo cargado con mitos e historias, creencias y devociones, cultura y celebración… éstos son los mundos que nos permiten ahorrar y compartir el agua, y convertir la escasez en abundancia. Todos estamos... sedientos del agua que nos libere y nos de vida - orgánica y espiritual. La lucha... entre los que la protegen y los que la destruyen, entre los que la consolidan y los que la explotan está en curso. Cada uno de nosotros tiene un papel en la creación de la historia del futuro del agua. Cada uno de nosotros es responsable del kumbh - el agua sagrada”.


- Vandana Shiva

1. El Agua, su presencia y las preguntas que nos genera.
Dentro de nuestra vida moderna, la relación que mantenemos con el agua resulta ser bastante superficial; no siempre, más bien raramente reflexionamos acerca del agua de forma profunda. Esta circunstancia sólo sucede cuando el servicio de agua se suspende en casa, cuando mi ciudad se inunda, cuando me da diarrea por agua contaminada, etc. Inmediatamente pensamos en lo necesaria que es el agua, que es algo que necesitamos “tener” a nuestro alcance, si es que queremos sobrevivir y disfrutar del “confort”. Frases como estas vienen a nuestra mente: “El agua es indispensable para la salud y el bienestar humano, el agua quita la pobreza y el hambre, sin el agua no habría vida en este planeta” (Karachristianidis y Smines 2005).

Sin embargo, nuestras imágenes acerca del agua son diversas, podemos pensar en el mar, con sus sonidos, su paz, sus colores, la playa, podemos pensar en un vaso con agua, en una tina calientita, en una alberca o en un lago artificial para remar o pescar. Por otra parte nos llegan imágenes de un Tsunami, de un huracán como el Stan, Gilberto, Katrina, etc., recordamos quizás también las goteras en la casa, o el río putrefacto que pasa por detrás de mi colonia. Así es que siempre que nos veamos compulsionados por una circunstancia estresante a reflexionar con más detenimiento sobre la importancia del agua quizás lleguemos a la noción de “escasez del agua”, “el cuidado del agua”, “mi necesidad indispensable de agua”.



Entonces podemos preguntarnos: ¿qué es el agua? ¿es materia muerta? ¿es mercancía? ¿es realmente escasa? ¿Cómo penetra su esencia mi cuerpo y de qué propiedades lo insufla? ¿es igual cualquier agua independientemente de su origen o condición? …


2. Un acercamiento formal a la problemática del agua.
El agua cubre alrededor de las dos terceras partes de la superficie de la tierra, estando presente en todos los ámbitos de la vida y la biosfera, lo que hace sentido que estemos tan relacionados con este elemento. Pero sólo el 2.5% del agua terrestre es dulce, de este pequeño porcentaje el 68.9% se encuentra atrapada en las capas de hielo y en los glaciares, lo que deja un 30.8% de agua subterránea y sólo el 0.3% en los lagos y los ríos (Karachristianidis y Smines 2005). Esto reduce enormemente al agua disponible operativamente para ser acezada por la gran parte de los seres vivos (Figura 1).


Figura 1. Agua Mundial
A partir de 1950 ha habido un gran incremento en la población mundial y mientras que la población mundial se ha triplicado en el siglo XX, el uso del agua ha crecido 6 veces. Por lo que de seguir así la tendencia dentro de los próximos 50 años la población podría incrementarse otro 40 o 50%, lo que resultaría en un incremento de la demanda del agua pudiendo traer serias consecuencias para el ambiente y la vida en general (Karachristianidis y Smines 2005).

En la actualidad usamos el 70% del agua extraída en la agricultura, el 22% en la industrial y el 8% es de uso domestico, sin embargo, un buen porcentaje de esta agua se desperdicia (Figura 2). Esta circunstancia ligada al pequeño porcentaje existente para el consumo y la sobrepoblación muestra el momento de crisis en el que se encuentra la humanidad. Pero ¿de dónde proviene realmente esta crisis? ¿Cómo construye la sociedad moderna la relación que lleva a percibir esta noción de escasez?




Figura 2. Uso del Agua Global


3. La complejidad de la crisis que hemos creado respecto al agua: la construcción del cuerpo y la naturaleza como mundos ajenos a nuestra humanidad moderna
Una mirada pausada en nuestro entorno y nuestra historia muestra que la manera en que en la modernidad nos relacionamos con el agua es intrínsecamente insostenible, genera devastación local, regional y planetaria. Esto sucede pues el proceso de urbanización e industrialización de la humanidad crea una relación des-proporcional respecto al agua. Una relación donde el agua es fetichizada, donde es arrancada de su contexto y porción local, asociada a la orografía, a la ubicación geográfica, a su relación con la totalidad de la biosfera.

La cultura del olvido, de la pérdida de los saberes tradicionales nos ha llevado a pensar que los humanos siempre hemos tenido las mismas necesidades respecto al agua. Construimos la noción de que para vivir dignamente, cada humano necesita la misma cantidad de agua, cantidad que le “garantiza el bienestar”. Este bienestar lo tazamos, como casi todo con los referentes de los estándares propios de los países auto-denominados como “desarrollados”. En estos países se consume 500 litros de agua per cápita por día, siendo que en los países “sub-desarrollados” se consumen 50 litros, mientras que en el campo de estos últimos países se consumen 5 litros per capita. Pensamos por lo tanto que la única manera de vivir “dignamente” es con 500 litros de agua por día por persona. Esto es tan grotesco como suponer que cada persona en el desierto del Sahara, en Sonora, en Arabia, en Irán o en las Pampas argentinas debería tener dicha cantidad de agua para vivir correctamente.

También nos damos a pensar que siempre en la historia de la humanidad hemos tenido esta relación desproporcionada que ahora tenemos respecto al agua. Podemos encontrar, por ejemplo, que la noción del baño con estropajo y jabón es un invento que surgió en Europa hace dos o tres siglos apenas. El retrete y más aún el “water close” (WC) es un invento igualmente reciente. Todo esto tiene que ver con la historia cultural del cuerpo humano y las costumbres asociadas a él. La noción de que el cuerpo es un ente inmundo que debe ser limpiado constantemente para desprenderlo de su condición animal es también una idea desarrollada en Europa hace tan sólo dos o tres siglos. En este punto nos enfocamos en cuanto al WC.

Este invento inglés del siglo XVIII, ha sido el representante y detonador de una de las crisis ecológicas más devastadoras de la historia humana. En la propia Inglaterra esta práctica de pretender “lavar” las inmundicias de nuestros cuerpos mediante el agua y tirarlas a los ríos causó grandes epidemias ya en los siglos XVIII y XIX. Europa y los países desarrollados tardaron varias décadas en darse cuenta de la catástrofe que dichas prácticas generó.

No es esta lo ocasión de hacer una historia de todas las “soluciones” que la tecnología y la política realizaron para ir dando aparentes soluciones al “problema de las aguas negras”. Tan sólo nos centraremos en reflexionar en cómo nuestro países “en vías de desarrollo” han seguido los pasos de las culturas occidentales, y cómo dichas prácticas asociadas al WC y la modernización e industrialización de nuestra vida y relación con el agua, nos han llevado a que más del 90% de nuestras aguas frescas de nuestro planeta se encuentren contaminadas.

Consideramos que el punto fundamental en toda esta relación insostenible entre la civilización occidental y el agua proviene de la auto-asumida premisa de los humanos de usar indiscriminadamente al agua como agente para “limpiar”, tanto sus actividades cotidianas, como industriales y sociales en general. Es decir, la construcción social de este tipo de relación, sobre todo en el contexto del desarrollo indiscriminado de las sociedades industriales y urbanas, llevó a esta ficticia dependencia a proporciones que cada vez más han implicado una in-sostenibilidad de la sociedad humana. Más aún, esto ha creado una competencia entre las “hiper-necesidades” humanas y los flujos de auto-regulación de la biosfera.

Ante dicha situación también desde el norte “desarrollado” nos han venido nuevas supuestas “soluciones” a este problema co-creado culturalmente desde una praxis de una ética ambiental tan lejana y conflictiva del ser humano respecto a su cuerpo y a natura. Esto significa en el ámbito de nuestras necesidades personales y sociales el que se haya propuesto que el problema del agua puede ser resuelto en el marco del paradigma del desarrollo, recurriendo a procedimientos de saneado de aguas, de promoción de usos más “racionales” y mercantilizados del agua. Esto significa en la práctica el “tratar” las aguas negras y contaminadas para devolverles su “frescura”.

Sin embargo existen diversas preguntas que no quedan claras al respecto: ¿Cuánto cuesta dicha solución? Esta noción de costo no es sólo económica, sino social, ecológica, energética, etc. ¿Es accesible dicha inversión y costos para todos los seres humanos de este planeta? ¿Acaso el regresar aguas limpias a los ríos no generará más necesidades de consumir agua, generado así cada día más exigencias sobre el sistema de aguas? ¿La inmensa cantidad –miles- de sustancias que la industria moderna genera cada año pueden ser “limpiadas” en dichos reactores de reciclado del agua? Es decir, ¿es viable asumir que la salida de intentar limpiar las aguas es sostenible?

Estas preguntas nos llevan a reflexionar sobre lo que sucede alrededor del “negocio” del agua que se está desatando en nuestros días a nivel global. Cómo dice Vandana Shiva, las guerras del agua no vienen en un futuro, han estado ya presentes desde hace décadas, en distintas intensidades, en formas y niveles de acción.

Reflexionemos en torno a algunos ejemplos. ¿Cómo consideramos al fenómeno social del agua en donde hace 40 años todo mexicano podía con confianza tomar agua de cualquier río, riachuelo, lago, de cualquier bebedero o llave en la calle? ¿Qué clase de guerra de baja intensidad, sobre todo para las personas de bajos recursos (la gran mayoría en nuestro país y el mundo), significa que en estos días la única forma de garantizar “agua saludable” sea pagar a la CocaCola, Danone o Nestlé 18 pesos por 19 litros de agua? Consideremos que el ingreso per cápita de una familia promedio es de 100 y 150 pesos diarios en México.




4. Hacia una percepción transdisciplinar y trascendental del agua: el camino hacia las aguas arquetípicas.
Como sabemos existe actualmente una estrategia de la grandes transnacionales para una vez convertida el agua hacia esta noción de escasez, apropiarse de los principales remanentes “limpios” y comercializarla, obteniendo así enormes ganancias. ¿Cómo podemos evitar esta apropiación, si el agua en la cultura occidental actual es percibida y vivida como un recurso que nos pertenece, como una sustancia y mercancía “necesaria” para nuestro desarrollo, la cual ha sido despojada de todas sus propiedades arquetípicas y creativas (ver más adelante)? Es decir, para la cultura occidental moderna el agua no está viva, es inerte, es tan sólo una sustancia más y puede ser definida en términos de sus propiedades físicas, no tiene conciencia, ni historia. Es decir, el agua es tan sólo H2O, aquella fórmula que nos enseñaron en la secundaria y que es una sustancia inodora, incolora e insípida. El H2O no es ni planta ni animal (por más que también plantas y animales han sido convertidos también en recursos), es un tipo de mineral líquido, no tiene valor por si misma, pero tiene un gran valor potencial al ser aplicada dentro de un propósito productivo. No hay otro beneficio de la existencia del agua que el que tiene para los seres humanos, directa o indirectamente (Groenfeldt 2006). Más aún, el ambiente dentro del cual se encuentra el agua también es un recurso que puede ser utilizado con fines productivos.

Las visiones recientes acerca del agua han cambiado enormemente desde aquellas de los pueblos tradicionales, construyendo así los ámbitos mercantiles de la plusvalía del agua, debido al gran valor económico de los servicios ambientales asociados tanto directamente al agua, como aquellos que incluyen peces, pájaros, la vida salvaje, así como las plantas y microorganismos. Este valor agregado del agua por el reciente aprecio de los aspectos biológicos de los sistemas acuáticos y las ventajas económicas asociadas a los ecosistemas del agua, ha generado reconsideraciones sobre las potencialidades del agua para la irrigación, así como el re-análisis del costo/beneficio de las presas hidroeléctricas, entre otras cosas. Pero mientras que las ecuaciones han cambiado con los nuevos valores del agua de acuerdo con los factores biológicos y ecológicos, los valores culturales siguen siendo los mismos y el agua aún se define en términos económicos (Groenfeldt 2006). Bajo esta lógica del pensamiento racional y moderno estamos convencidos de que esta noción compleja y diversa que nos dice la experiencia con el Agua es sinónimo absoluto de H2O. Pero parece ser que no es así, Agua es mucho más que H2O. Pero ¿es esta la única forma de relacionarnos con el agua? ¿La crisis del agua se refleja sólo en la escasez? ¿Hay un valor más allá de lo económico?

Dentro del discurso occidental contemporáneo hay un vivo debate acerca de si el agua es un bien económico o un bien social. El banco mundial, por ejemplo, ha impulsado políticas mundiales a través de préstamos, políticas que incentivan a tratar el agua como bien económico, ya que puede ser comprada y vendida, y que tiene valor económico (medido en términos monetarios). En oposición a esta visión dominante está la perspectiva de solidaridad social en la que el agua es un bien social que es necesario para la supervivencia, y por tanto debe estar a disposición de todos. Otras opiniones de diversas minorías étnicas, particularmente las espirituales, se pueden también en la actualidad, pero éstas tienen poca probabilidad de ganar atención, ya que el foco está en la batalla entre los autores del pensamiento económico contra los de un pensamiento más social (Groenfeldt 2006). A pesar de ello estas minorías persisten y mantienen una perspectiva espiritual en la naturaleza del agua. El agua desde esta perspectiva tradicional y comunitaria no se ve como forma de vida utilitaria, sino como algo sagrado, en el sentido de que es el origen y esencia de la vida (Groenfeldt 2006).

¿Pero es el Agua tan sólo H2O? Basta un ejemplo para comenzar a danos cuenta de que hay una complejidad en el agua mucho más allá de las nociones reduccionistas y racionalistas que rigen en la actualidad en la sociedad moderna. Si tomamos exclusivamente H2O durante un día completo nos daremos cuenta de que vamos a enfermarnos, requerimos de mucho más que sólo H2O. Si nos lavamos las manos con tan sólo H2O veremos que como que “no nos limpia”.

El agua nos presenta una hiper-complejidad mucho mayor que la que estamos dispuestos a aceptar, comienza así el viaje arquetípico y plantario al que el Agua nos puede llevar si nos dejamos fluir en sus cauces mágicos y vitales.


5. Las Aguas Arquetípicas.

Diversas culturas orientales, como la hindú y la china, entre otras, así como occidentales, tales como los aztecas, los mayas, los griegos, los incas, los esquimales, etc., han identificado el papel activo del agua en la creación continua de la vida (Groenfeldt 2006). Por ejemplo el filósofo griego Tales de Mileto mencionó que el agua es la sustancia última, el principio creador de todas las cosas (Mesquita y col., 2004). Así también, en el testamento de nuestros antepasados hebreos, las imágenes del agua aparecen como una corriente dadora de vida a través de la historia. El agua apaga la sed física y espiritual, limpiando, purificando, transformando y llevando vida. En el génesis aparecen muchos fragmentos que hacen alusión a la cosmogonía del agua y la importancia de ésta para la vida: "cada clase de criatura viva con la cual el agua abunda” (Génesis 1:21). “Una inundación se levantaba de la tierra y regaba toda la superficie" (Génesis 2:6). “De este suelo regado, la vida surgía. Un río fluyó del Edén para regar el jardín y de él se dividió en cuatro corrientes" (Gen 2:10) (Solomón 2003).

Pero ¿estas imágenes son tan sólo interpretaciones “culturales” o de “simbolismo literario”? ¿No reflejan estas imágenes mitológicas la esencia cósmica, universal, arquetípica, cuántica, organizacional y vital de una Agua mucho más real que nuestros constructos utilitarios desde la modernidad?

En este espacio de energías y ámbitos fundamentales de organización de la realidad de nuestro mundo, el agua en realidad se encuentra en un proceso de co-creación continua junto con los demás componentes del cosmos. Esto muestra que el agua es un elemento imprescindible en la compleja co-creación de la vida, por lo que desde hace miles de años se generó la noción de dicho elemento como una entidad sagrada. El agua, aquel elemento mítico, arquetípico y fundamental para la creación, para la vida, para nuestro planeta, para el metabolismo, para la vida cotidiana, eso es una dimensión mucho más compleja que el H2O.

A través de la noción del agua como algo sagrado el ser humano creo diversas significaciones dinámicas de dicha entidad, es decir se produjeron diversos arquetipos sagrados del agua. Mediante estos arquetipos se reverencia las cualidades vitales del agua, tales como su flujo, su sutileza, sus propiedades sanatorias, su capacidad de producir y quitar vida, entre otras (Groenfeldt 2006; Rinne 2001). Para lograr percibir las características mencionadas anteriormente el individuo tiene que relacionarse de una forma profunda, tiene que encontrar el oikos, la casa y sus relaciones sutiles y profundas.

6. La complejidad del agua: su dimensión física, mental, emocional y espiritual.
El 70% de nuestro cuerpo es agua, el 70% de nuestras células es agua, y el 70% de ADN también lo es. El agua solubiliza y da forma, contenido, contexto, dirección, energía, etc. a todo proceso que ocurre en los seres vivos, e inclusive dentro de aquellos procesos que no son considerados como vivos, tales como los sistemas minerales en la biosfera. Por lo tanto la contaminación o alteración de la esencia del agua en toda su complejidad tiene la capacidad de alterar cualquier función fundamental de nuestro organismo (Ohno y Reminick 2002).

¿Pero qué entendemos como agua saludable? El agua se congrega en agrupamientos estrechamente organizados. Normalmente el agua que tomamos de las botellas o del grifo contiene agrupaciones de entre 50 a 60 moléculas. Sin embargo el agua magnetizada, característica de los ecosistemas sanos y en su estado de integridad armónica, forma agrupaciones de 3 a 5 moléculas, manteniendo a las moléculas alineadas y en una estrecha e íntima comunicación durante los procesos de movimiento y absorción. Esta agua se encuentra dinámicamente ordenada u orientada y presenta movimientos restringidos en comparación en el agua no biológica. La posibilidad de mantener esta organización adecuada entre las moléculas individuales del agua es debido a la magnetización y otras propiedades sutiles esenciales del agua fresca, lo que permite a la célula estabilizar y articular sus funciones metabólicas. Al mantener mediante la magnetización del agua esta organización activa a pesar de estar participando en los procesos vitales, el agua es capaz de transmitir información a través de las células. Reiteramos que esta comunicación es posible gracias a la estructura organizada que las moléculas de agua mantienen debido a su magnetización y vitalización, compleja circunstancia que sólo es posible producir en un ecosistema saludable.

Veamos cuales son las costumbres y como se reproduce esta cultura de la “Vida del Agua”. Diversos estudios que toman en cuenta las numerosas propiedades electrodinámicas y organizacionales del agua, han mostrado que el agua “biológica” posee muy diversas propiedades que no están presentes en el agua “a granel” (Ho 2004).

De acuerdo con las investigaciones de Víctor Schauberger y muchos otros investigadores, el agua presenta una forma fundamental de movimiento denominada vortex (ver Figura), así como una serie de variaciones microscópicas de temperatura, condiciones que le permiten organizarse electrodinámica y posicionalmente de forma que permita la comunicación en distintos niveles. Estas propiedades dependen de una dimensión muy sutil que Schauberger identificó como la diferencia fundamental entre las aguas puras y naturales y las aguas negras e industriales recicladas.

El agua es altamente maleable, existe una relación estrecha entre el ambiente físico (los campos electromagnéticos, cuánticos, la temperatura, etc.) y la estructura química y organizacional íntima del agua. Así las propiedades del agua y la contribución decisiva que ella puede hacer dentro de los procesos celulares, depende estrechamente de esta relación recursiva (auto y exo, es decir intrínseca y ambiental, respectivamente) que le da forma y función. Así podemos ver nuevamente que el agua es mucho más que tan sólo H2O.

En muchos sentidos la clave que le confiere al agua esta dimensión arquetípica y mágica reside en su gran sensibilidad a los biocampos de energías sutiles. Dentro de los biocampos, los campos electromagnéticos (CEM) ocupan un papel central, ya que estos surgen a partir de las energías y procesos subatómicos y por lo tanto cuánticos, con todas sus consecuencias ontológicas, siendo que al mismo tiempo los CEM tienen influencia y operan también a nivel de los procesos macroscópicos.

El estudio de la importancia de los CEM sobre la vida comenzó a consolidarse dentro de la ciencia moderna cuando a inicios del siglo XX Loeb y Beutner comprobaron observaciones del físico italiano Carlo Metteucci, respecto a que cuando se produce una lesión en un tejido, tal como una amputación o herida, se genera una corriente eléctrica en toda la zona afectada. Más tarde Becker observó que en la zona afectada la corriente eléctrica normal del cuerpo revertía su polaridad, lo cual guiaba el proceso de sanación del tejido (Liboff 2004). Estas y muchas otras observaciones evidencian que los seres vivos son capaces de generar CEM y que los detalles de este entramado de biocampos son determinantes sobre la fisiología, la psiquis, la ecología y la evolución de los seres vivos. Las investigaciones de los efectos que los CEM tienen sobre la fisiología y morfología de huesos constituye una rama establecida, inclusive dentro de la medicina convencional moderna (Becker, 1998). Los estudios de los efectos de los CEM se han extendido a literalmente a todos los niveles de organización viviente, desde las interacciones atómico-moleculares, la regulación de la expresión del ADN, la contracción de fibras musculares, la organización y fisiología de las biomembranas, la forma y función celular principalmente a través de su citoesqueleto, la comunicación y organización intercelular y tisular, las funciones de los principales sistemas organismicos, etc. etc.

Los estudios se extendieron hacia ámbitos de organización mucho más complejos dentro de los proceso vitales. Por ejemplo, Presman investigó la relación entre CEM y aspectos etológicos y relaciones ecológicas en general. Así este autor postuló que la evolución de los seres vivos ha tomando ventaja de los campos electromagnéticos terrestres para favorecer sus procesos de organización, ecología y cambio (Presman AS Electromagnetic fields and life 1970). Estos estudios iniciaron cuando Brown (Brown F. 1962 Biol bull 123: 264.) observó efectos de campos magnéticos horizontales débiles sobre planarias y protozoos.

Pero penetremos en la dimensión subatómica y energética en la que aparecen algunas de las propiedades fundamentales responsables de esta portentosa Vida del Agua que da sustento a la Vida de nuestra Madre Tierra. Diversas observaciones han mostrado que el agua favorece y modula el movimiento de partículas cuánticas, en específico el movimiento dinámico y vigoroso de los electrones- en algunas proteínas como la actina de los microtúbulos (Hameroff 2004, Korotkof y col. 2004). Esta condición relativa de libertad y movimiento organizado de los electrones- ha venido siendo comprendida en toda su complejidad e importancia apenas recientemente, ya que trastoca la mayoría de las concepciones ortodoxas que respecto a las propiedades de organización de dichas partículas subatómicas se han tenido. Obviando la complicadísima red de evidencias, razonamientos y explicaciones a este respecto, diremos que estos electrones- pueden viajar a través de las capaz electrónicas de cada molécula, ente moléculas e inclusive teleportarse independientemente del espacio y tiempo hacia otras moléculas del organismo (condición de no-localidad, ver más abajo). El movimiento y organización de estos electrones, co-determina de forma central tanto la forma, la flexibilidad, la organización tridimensional, el movimiento mecano-químico, las propiedades de reconocimiento molecular, la comunicación intermolecular, etc. etc., de cada molécula, así como de los arreglos supra-moleculares y subcelulares dentro de cada célula del organismo (ver más abajo) (Ho 2004, Pérez 2006). Literalmente este movimiento y comunicación electrónico constituye un reservorio casi infinito de energía disponible para el organismo y le permite a éste modular y coordinar el metabolismo y la organización celular de forma sutil y profunda: esta es la forma como realmente podemos entender el fenómeno fundamental de la vida que es la Coherencia (Ho 1998). Esta condición de coherencia y auto-eco-organización viviente es una condición que tiene diversas repercusiones a nivel molecular, celular, organísmico, ecológico, evolutivo e incluso hacia los niveles psicológico y societales como veremos más adelante (Hameroff 2004).

Se debe mencionar que dicho movimiento de partículas cuánticas, al cual se le ha llamado computación cuántica, en el sentido que construye una compleja red de procesos de información, comunicación y organización, se genera y re-genera de una forma no-local e instantánea, de tal forma que toda la información esté disponible en cualquier lugar, generando la noción holográfica de que todo lo relacionado está conectado con todo lo relacionado (Talbot 2002). Expliquemos brevemente qué significa esta condición de no-localidad. Dentro del mundo cuántico (es decir el mundo sub-atómico) los procesos no corresponden con nuestras nociones macroscópicas de espacio-tiempo lineal y rígido. Esto significa que para las partículas subatómicas en una determinada interacción lo mismo da que dos partículas se encuentren en dos galaxias distintas o en habitaciones contiguas, su interacción puede ser igualmente significativa. De igual forma el tiempo (que en realidad es un continuo con el espacio y no dos cosas) no tiene este sentido excluyente y lineal que le damos, sino que los procesos carecen de este arreglo secuencial newtoniano, por lo que se puede decir que las partículas y procesos cuánticos pueden “viaja en el tiempo”. De esta forma se evidencia que cualquier entidad esta imbuida en una gran red de interacciones que la complejizan, por lo cual su comportamiento no puede ser abordado a través de la lógica lineal del racionalismo-mecanicismo.

En este punto debemos resaltar que el agua es un elemento importante en esa red de relaciones que trascienden la espacio-temporalidad lineal, tanto a nivel molecular e incluso a un nivel de mayor sutilidad como lo es el cuántico. Esto significa que el agua tiene una gran sensibilidad a las perturbaciones y procesos de comunicación y organización a nivel cuántico. De hecho genera una condición de dualidad micro-macro donde el agua participa y es afectada por los procesos cuánticos, siendo que al mismo tiempo puede expresar estas perturbaciones cuánticas en procesos bioquímicos e inclusive macroscópicos. De esta forma el agua funciona como una “interfase y traductor” entre estos dos niveles. Así se redimensiona la concepción de sutileza del agua y se dirige al individuo a una nueva concepción del arquetipo sagrado de dicho elemento, veamos.

Como se puede observar la interconexión de la red de relaciones desde un nivel cuántico, molecular, celular, etc., depende entre otras cosas de la presencia de agua en un ambiente determinado (Schorr 2004). A nivel cuántico se tienen evidencias de que el agua favorece el movimiento armónico y sincrónico, es decir coherente, de las partículas cuánticas (Smith 2004). Esto se menciona ya que algunas evidencias apuntan que la estructura molecular del agua le permite trasmitir a través de su entramado de puentes de hidrogeno electrones “pertenecientes” a macromoléculas en ella disueltas, lo que permite, promueve y modula la comunicación y organización inter-molecular. En base a esto el agua se convierte en un ambiente participativo que se ha observado, tal como mencionamos anteriormente, influye en cambios conformacionales y eléctricos de otras biomoléculas (Hameroff 2003). También se ha observado que la presencia de agua facilita la generación de procesos, como el tunelaje electrónico1, que permiten la transmisión de electrones entre moléculas, células, organismos, entre otros sistemas, a una velocidad mayor que la de la luz (Kaivarainen 2002 y 2003; Georgiev 2004; Mesquita y col., 2004). Diversos experimentos refuerzan todo lo anterior al mostrar que la interacción entre el agua y diversas proteínas favorecen la polarización de estas últimas biomoléculas, cambios en su conformación y un movimiento coherente de partículas cuánticas (Frohlich 1975; Ho 1996; Georgiev 2004; Mesquita y col., 2004). Además se tienen evidencias que a través de la transmisión coherente de partículas cuánticas se generan diversos estados de coherencia cuántica como solitones, fonones, bosones, etc., es decir sistemas colectivos o entidades físicas que se comportan de acuerdo al mundo cuántico, pero que por su dimensión colectiva tienen la posibilidad de interactuar dentro del mundo macroscópico. Por lo tanto el agua ejerce una influencia decisiva sobre diversos procesos bioquímicos en donde participan estos subsistemas colectivos, así como en las influencias de estos subsistemas sobre las propiedades materiales y mecánicas de diversos sistemas macroscópicos tales como células, tejidos, animales, plantas, ecosistemas, minerales, rocas, etc. (Kaivarainen 2002 y 2003). Con base en lo anterior, algunos autores apuntan que el agua genera una comunicación cuántica coherente que produce las cualidades materiales y mecánicas de algunos sistemas, es decir el agua favorece la condensación de la materia (Kaivarainen 2002 y 2003).

Así podemos construir ya una imagen clara en el sentido de que es el Agua el principal elemento que permite y propicia el que la tierra, las células, los tejidos, etc. etc. se comuniquen y organicen más allá inclusive de nuestras nociones convencionales del espacio-tiempo lineal. Esto es lo que permite que esta hiper-complejidad de la vida y la biosfera pueda funcionar auto-organizándose, auto-reparándose, auto-reproduciéndose, es decir siendo sostenible y hermosa. De esta forma vemos cómo la metáfora trascendente del agua como una matriz fundamental de la vida, el lugar desde donde proviene la vida y la creación se comienza a hacer evidente y real, mucho más real que las estrechas concepciones de Agua como H2O, o como un “pseudo-mineral” inerte y estrechamente material.

Esto refuerza la noción de muchas culturas ancestrales de concebir al agua como un elemento sagrado que interconecta el todo de una forma sutil, mediando la generación de lo material a partir de lo inmaterial, produciendo orden del desorden.

La generación de lo material a partir de algo aparentemente inmaterial no es la única “magia” que se encuentra en la sustancia esencial a la que llamamos agua. Por ejemplo, diversos pueblos antiguos tienen la noción de que gracias a la interconexión que el agua tiene con el todo, este elemento posee propiedades que ayudan a la sanación de los seres vivos (Rinne 2001). Esto se refuerza por varios estudios donde se muestra que el agua es capaz de retener la actividad de otras moléculas aún cuando estas ya no estén en contacto con dicho elemento, fenómeno denominado como memoria del agua (Benveniste 1994). Se tienen evidencias de que esto sucede gracias a que la interacción agua-molécula activa genera movimientos vibratorios en el agua, que son retenidos en dicha sustancia, lo cual le permite la mimetización de la actividad de la molécula activa (Bellavite 2003). Además otros experimentos muestran que los movimientos vibratorios del agua que estuvo en contacto con alguna sustancia activa generan una frecuencia que puede ser grabada y trasmitida a otras moléculas de agua (Benveniste 1994; Bellavite 2003; Ludwig 2006). En estos experimentos se notó que al agua a la que se le indujo la frecuencia grabada, pudo generar una respuesta fisiológica parecida a la inducida por la sustancia activa. Esto permite plantear que el agua a través de su memoria, generada a partir de su relación con otras entidades, puede producir procesos fisiológicos similares a los de una sustancia química utilizada para controlar algunas enfermedades.

Veamos qué significa esto en términos formales: Si los humanos modernos asignamos la noción de realidad material al hecho de percibir las “evidencias” fácticas, por ejemplo que “algo” ejerza presión sobre nuestra piel, que produzca un movimiento sobre algún cuerpo, que provoque un sabor o temperatura sobre nuestro organismo o sobre un aparato. ¿Entonces si una “entidad inmaterial” como “la memoria que se graba en el agua” es capaz de estimular la división celular, la expresión de un gen, la actividad metabólica celular, etc. etc., cómo debemos concebir a dicha propiedad del agua? Nuestra lógica material nos lleva designar a esta entidad organizacional e informacional, es decir a la “memoria” del agua como un “objeto” material con todos los atributos que ya hemos definido.

Todo esto refuerza la noción de que el agua tiene propiedades que permiten que algunos seres puedan encontrar un equilibrio que les permita contender con ciertas circunstancias espacio-temporales, lo cual se puede observar en su sanación física.

Conocemos ahora por los trabajos del Dr. Maseru Emoto que la estructura cristalina del agua es alterada por muy distintos factores. Por ejemplo, el agua embotellada y clorada forma patrones distorsionados y aleatorios en los cristales de agua. Por el contrario el agua de manantiales y ríos vírgenes forma bellas figuras geométricas y fractales dentro de sus estructuras cristalinas (Figura 3 y 4). Maseru Emoto nos ha mostrado cómo esta diferencia es fundamental al dirigir los patrones de formación de cristal liquido en el agua, patrones que son altamente dependientes de la “vida” del agua, es decir, de su movimiento, de los solutos que ha tenido, de la forma del contenedor por el que fluye o se almacena, también de campos electromagnéticos, de radiaciones provenientes desde el sol y el espacio exterior.


Fountain in Lourdes, France Spring Water of Saijo, Japan Spring Water of Antarctic Ice



Sanbuichi Yusui, Japan
Figura 3. Aguas de lugares sagrados

Biwako Lake, the largest lake  Fujiwara Dam  Yodo River, Japan 

at the center of Japan and  pours into the Bay of Osaka.

the water pool of the Kinki Region.  The river passes through most 



Pollution is getting worse of the major cities in Kasai
Figura 4. Aguas contaminadas
De igual forma, otro aspecto importante de la sanación con agua es la intención con la cual tanto el terapeuta como el paciente utilicen este elemento, ya que se ha observado que estas propiedades vitales del agua dependen de las emociones, de los mensajes que le enviamos subjetivamente al agua, de nuestros deseos y comportamiento (Figura 5 y 6) (Emoto 1999).

Love and Appreciation Thank You You Make Me Sick, 



I Will Kill You
Figura 5. Agua y Emoción

Kawachi Folk Dance Heavy Metal Music Bach's " Air for the G string "


Figura 6. Agua y Música
Esto se podría explicar si se considera la hipótesis de que la intención del individuo, en la cual participan las emociones, influye en algunos procesos cuánticos de las sustancias (Bellavite 2005), que como se debe recordar repercuten en algunas propiedades materiales y mecánicas de las sustancias y de los organismos vivientes. Esto refuerza la noción de algunos sanadores de la tradición Yoruba de Nigeria de que el agua según la forma en que se utilice puede sanar o matar a los seres humanos (Rinne 2001). Cabe mencionar que en dicha tradición de sanación se considera al agua como una entidad sagrada que da origen a todas las entidades vivas. También plantea que el agua puede sanar a los seres vivos debido a que este elemento tiene una conexión sutil, a un nivel profundo, con la persona que lo utiliza, con el entorno local, con el planeta y con el cosmos en general. Además los sanadores Yoruba plantean que el agua adecuada para generar un proceso de sanación es aquella que está en contacto íntimo con la naturaleza (agua natural), ya que esta guarda la memoria que le aportan todos los componentes ambientales (Rinne 2001). Así al re-considerar los diversos procesos cuánticos que se han descrito con anterioridad, como la memoria del agua, la computación cuántica, la no-localidad, entre otros, se puede revalorar las cualidades del agua y por tanto la visión de este elemento en la tradición Yoruba y otras.

Podemos tomar un ejemplo para percibir cómo algunas de las preguntas que más arriba nos hicimos no tienen respuestas simples por parte de las tecnologías modernas, tecnologías que crean cada vez más la noción de escasez y enajenación del agua por parte de la civilización industrial (Illich, Shiva, Robert). Para que los cuerpos de agua puedan estar activamente en este constante proceso de purificación y recambio, se requiere que el agua tenga minerales y microorganismos en muy variables combinaciones y siempre en constante recambio. Sin embargo el agua tras ser altamente contaminada y envenenada por la industria y las casas habitación, carece de esta complejidad en su constitución y organización. Los procesos de “limpieza” no pueden devolverle esta compleja trama de relaciones al agua (dando por cierta la premisa -poco viable- de que los procesos de limpieza son 100% eficientes y que se podrán adaptar a los miles de nuevas sustancias generadas anualmente, por ejemplo tenemos ahora que se están generando nanomateriales con capacidades de auto-ensamblaje y reproducción, los cuales significan una nivel mucho más complejo de potencial contaminación para los cuerpos acuáticos). Así tenemos que el agua que sale de estos “reactores del limpieza”, ya no tendrá las mismas condiciones para seguir con la delicada trama de procesos de limpieza y purificación que la biosfera ha diseñado y ejercido durante cientos de millones de años. Aquí estamos ya penetrando en la complejidad arquetípica y mítica de las aguas vitales de GAIA. Nuevamente partimos de la premisa de que el agua es mucho más que H2O.

Al generarse dicha concepción también se modifica, se enriquece y se re-dimencionaliza la percepción por parte de algunos individuos de los arquetipos sagrados del agua generados por diversas culturas ancestrales. Lo anterior refuerza la noción de respeto, reverencia y amor con el cual aquellos seres que están concientes de la trascendencia de los elementos, en este caso del agua, tratan a dichas entidades. De esta forma se dan evidencias que fundamentan una “nueva” concepción sagrada del agua, que muestran que este elemento es indispensable para todos los seres.

Vemos aquí como se comienza a expresar la dimensión ecológica, biorregional y planetaria de una sanidad a todos los niveles y que depende en mucho de las propiedades sutiles del agua, en particular de las Aguas Arquetípicas y Cristalinas que fluyen por la venas de la Madre Tierra.

7. Hacia las aguas arquetípicas de GAIA: la sangre de la tierra.
Veamos cómo esta trama sutil, poderosa, vitalizante, penetrante, mágica y arquetípica del agua que ahora quizás podemos ya comenzar a percibir forma la esencia viviente de nuestra biosfera y de nuestra Pacha Mama: Gaia.

El agua en su circulación tanto superficial como subterránea, genera emisiones de partículas tales como los rayos gamma, las cuales generan biocampos electromagnéticos. Estos biocampos, como por ejemplo aquellos provocados por un cruce de ríos subterráneos, afectan determinantemente parámetros geológicos, tales como grietas, movimientos de la corteza, flujos de minerales. Más aún, estos biocampos también afectan la vegetación, su crecimiento, su distribución, la salud de las especies en la biorregión, el comportamiento de los seres vivos y hasta los patrones psicológicos, médicos y sociales de los seres humanos (Mariano Bueno, Eric Dowsett).

Continuemos viendo distintos niveles en los cuales el agua co-crea el sutil y global entramado de nuestra Madre Tierra. Todo el proceso viviente en la Tierra está asociado a la captación de energía procedente del sol con potencialidad de generar procesos creativos y neg-entrópicos (Prigonine, Conrad). Esta energía es capturada mediante procesos a nivel cuántico por la clorofila de los fotones provenientes de las radiaciones solares y transformada en electrones ricos de energía que inician a partir de la clorofila una caída sutil y delicada en la cascada de procesos oxidación-reducción que determinan a la vida. La nueva rama del conocimiento denominada biofotónica-bioelecrodinámica nos muestra que todos estos efectos cuánticos en los seres vivos están mediados principalmente a través de los electrones- deslocalizados (ver mas arriba), los que constituyen un reservorio casi infinito de energía útil para crear y mantener la vida.

El acoplamiento de esta cascada metabólica comienza en la clorofila y se derrama por cada uno de los compartimientos de la abigarrada organización biológica (Ho 1998). El agua y demás biomoléculas con alta actividad bioelectodinámica, crean las condiciones ecológicas (de comunicación, organización y balance), de hehco son el materia, el sustrato para este sutil e complejo proceso de acoplamiento energético-material que percibimos en su forma de biosfera.

Pero veamos cuáles son las condiciones para que se lleve acabo este “derrame delicado de energía” desde el sol hasta la tierra (sustrato y elemento arquetípico también), que es el último receptáculo de la materia muerta y en descomposición. Finalmente esta materia muerta (aparentemente) se articulará nuevamente en esta cadena eterna de vida y muerta.

El agua es el producto de la oxidación final de los productos de la fotosíntesis (los azucares). Esta respiración y oxidación se realiza en las mitocondrias de las células eucariotas. Pero qué papel juega el Agua en todo este entramado de exidación-reducción, de vida y muerte. El agua posee la menor energía libre de todas las moléculas biológicamente activas (Korotkov ycol. 2004). Por lo que se dice que es a través del agua que los organismos vivientes, la vida, aísla a los electrones que han agotado su energía durante los procesos de la actividad metabólica y vital. Es claro, por otra parte, que la reserva de energía del agua no es cero, pero toda su energía se encuentra en forma de electrones- circunstancia en la que la energía no puede ser usada para transformaciones químicas para las condiciones en las que trabajan los animales y en general los seres vivos. Por lo que podemos decir que respecto a la actividad química el agua es el punto de referencia (nivel cero), es decir el punto final, sustento receptor y soporte de toda la actividad vital de la biosfera.

La tierra tiene una organización de campos electromagnéticos que funcionan como un sistema de regulación de su actividad en muchos niveles (home.gwi.net, Herat resonante, www.seafriends.org.nz). Este sistema de campos es vital para la forma que actualmente tiene la tierra y está directamente relacionado con estos flujos y propiedades del agua que circula por sus “venas”. Este gran sistema de aguas planetarias opera en cada lugar con gran influencia, a través de mecanismos biológicos como lo s que hemos caracterizado aquí, pero también opera a nivel general en su grandes flujos a través de ríos superficiales y subterráneos, a través de glaciares y lagos. Como veremos más adelante este gran sistema acuático es determinante para la salud del planeta, de la atmósfera, de los continentes, de las biorregiones y de cada uno de los seres vivos que habitamos este planeta.

Diversas teorías y evidencias experimentales generadas en diferentes ámbitos de la ciencia, principalmente en la biofísica cuántica (tal como hemos visto), muestran que el agua es un elemento en una gran interconexión con todo lo que le rodea. A partir de esta interconexión el agua es capaz de recibir, producir, transmitir y almacenar, es decir computar de una forma compleja, información que dirige la organización de otras entidades (información organizacional). Además mediante esta computación el agua es capaz de influir en cualidades de diversos componentes de los seres vivos que les permiten contender con algunas circunstancias espacio-temporales. Es decir el agua favorece que los seres vivos encuentren la forma que los conecta con el contexto en el cual se desenvuelven. Así es como recientemente se ha comenzado a entender que la organización ecológica y evolutiva del gran sistema viviente, de los ecosistemas y los nichos ecológicos, sólo puede ser entendida considerando seria y comprometidamente esta dimensión cuántica-arquetípica del agua y de la vida en general (Satoiris). De esta forma se redimencionaliza la concepción de que el agua es un elemento fundamental en la generación de la vida, ya que se genera una nueva concepción de sus cualidades.

El agua es el gran agente, junto con el viento, circulatorio de nuestra biósfera. Su capacidad de solubilización le confiere la propiedad de estar tomando constantemente elementos de muy distintos sub-sistemas de la biosfera. Así la articulación delicada y maravillosa de la biosfera permite crear distintos procesos mediante los cuales el agua va limpiándose, reciclándose, intercambiando elementos y cargándose de distintas cualidades a lo largo de su transitar por cada uno de los subsistemas de nuestra biosfera (Damon). Esta organización es sutil e invisible, posee una enorme capacidad adaptativa, pero al mismo tiempo es altamente delicada y sensible a perturbaciones en cada uno de sus componentes.

Este deambular del sistema hídrico de GAIA es el factor central para mantener la reostasia (es decir la capacidad de auto-regularse y permanecer) de nuestra biosfera, siendo el agua el factor determinante tanto en el control y sintonía de los grandes mega ciclos, las grandes corrientes oceánicas y atmosféricas, hasta las direccionalidades, intensidades y formas de los biocampos de energías electromagnéticos, cuánticos, etc. en cada biorregión y en el planeta en su conjunto.



8. La dimensión social y humana de las Aguas Arquetípicas: lo sagrado como esencia de lo sostenible.
Es claro ahora para nosotros que el agua es uno de los cuatro elementos fundamentales, mitológicos y arquetípicos de la creación cósmica y del universo. Así se nos había mostrado a través de la historia de la humanidad y su sabiduría sagrada (conocimiento que fue segregado, ridiculizado y desdeñado por la modernidad). Sin embargo ahora estamos encontrando grandes coincidencias y diálogos de saberes a través de las investigaciones de la Scienza Nuova, ya que el conjunto de evidencias y reflexiones que hemos mostrado aquí dan una pequeña muestra de una verdad arquetípica sobre el carácter irreductible del agua, su vida y su cultura a tan sólo el H2O. Esta organización microscópica y planetaria del agua arquetípica se revela en sus infinitos vortex e implosiones llenas de “el costumbre” local de cada agua, de su particular idiosincrasia. Las aguas arquetípicas no pueden ser separadas de la piedra y la arena forjada com-unitariamente tanto por humanos, plantas, animales, micro-organismos, la tierra, el viento, el fuego del sol y de la propia tierra, la orografía, etc. Es por esto que es trascendental el llamado “a la atención” que nos hace Ivan Illich (Illich 1983) hacia la recuperación de la noción del agua arquetípica, a reinsertarnos en un diálogo profundo con dichas aguas y con natura como el fundamento para la co-construcción de una morada sostenible para el ser humano, un morar que nos permita realmente pertenecer a nuestro terruño, a nuestro territorio.

Tenemos así que por ejemplo dentro de la vida y producción en el campo que el problema de la irrigación debe pasar de un acto de dominación, imposición, devastación y fundamentalmente dominado por el poder del conocimiento tecno-científico aislado, hacia un acto sagrado, local, comunitario, campesino y por lo tanto dialogante entre todos los agentes involucrados en la problemáticas. Esta praxis dialogante implica el tránsito desde la imposición de los conocimientos excluyentes de los profesionales, hacia un co-diseño crítico en el cual el saber y le percepción ciudadana y del saber tradicional participen de forma central en el diálogo y la toma de decisiones. Al ser este diálogo sagrado debemos percibir claramente a Natura y nuestra madrecita Tonantzin con su hija el Agua, como factores fundamentales a considerar, cuidar y venerar, para así recuperar la sosteniblidad de los humanos en este gran sistema viviente que es nuestra Tierra-Patria (Morin 1991).

Esta participación dialogante implica una redefinición de lo que entendemos como democracia representativa hacia una política profunda, donde la participación democrática esté ocurriendo desde un municipalismo libertario y activo (Brookin), el cual posibilite re-dimensionalizar y re-proporsionalizar las decisiones y acciones humanas, único ámbito en el que es posible dialogar con la hiper-complejidad y simpleza planetaria de las Aguas Arquetípicas.

La imposición de criterios euro-centristas respecto al uso y construcción social del agua crea dinámicas y decisiones aberrantes e insostenibles. Los conceptos de equidad, dignidad, pobreza, bienestar y confort son casi siempre ejercidos desde la cosmovisión de la modernidad occidental. ¿Iguales a quién? ¿Ricos cómo quien? ¿Bienestar acorde a quién?

Exploremos una forma de salir de estos sinsentidos de la colonización cultural y ecológica desde occidente. Si agregamos la palabra “ecológica”, “sostenible” o “espiritual” desde la transdisciplina y la complejidad (es decir transportando toda su riqueza conceptual) al concepto lineal de “pobreza”, tendremos entonces: “pobreza ecológica”, “pobreza de sostenibilidad” o “pobreza espiritual”. Así tenemos ahora la pregunta ¿qué es más pobre ecológicamente, una sociedad como la californiana que usa 500 litros diarios per cápita (con una enorme asimetría en este uso, ya que la parte rica usa varias veces más esta cantidad) y que está a punto de acabar con los recursos acuíferos, o una comunidad china de la cual se tiene evidencia que ha cultivado arroz en terrazas sobre el mismo suelo por los últimos 5,000 años utilizando la misma cantidad de agua? Es decir, ¿dónde residen la “pobreza ecológica”, la “pobreza de sostenibilidad” o la “pobreza espiritual”?

La políticas globalizantes del mercantilismo y la privatización, pero más sutil aun de la destrucción de las aguas arquetípicas promovidas por gobiernos, empresas y organismos de colaboración internacional, pueden implicar por ejemplo que un sistema tan frágil y sutil como el de los oasis en el desierto del Sahara, quedaran agotados en un cortísimo tiempo, si el criterio desarrollista de que no ser pobre significa consumir al menos 500 litros diarios per capita, fuera aplicado a los habitantes de dichas regiones.

Tal como nos alerta Ivan Illich, entubar el agua arquetípica trastoca y destruye la proporcionalidad, la ubicuidad y la dimensión local y sagrada del agua, convirtiéndola en una mercancía que pierde su relación intrínseca con el espacio-tiempo-tierra al que pertenece. Una vez que el agua es “H2O entubada”, el usuario puede ubicarse a 20 metros o a 2,000 kms del manantial o rió que la surte, lo cual posibilita y de hecho promueva la des-proporcionalización y sensibilidad ecológica del “usuario”, respecto a las Aguas Arquetípicas de donde está previniendo dicha H2O.

¿No es acaso entonces más pobre espiritualmente y por lo tanto ecológica y sosteniblemente un habitante de Las Vegas que nada un una alberca en medio del desierto con agua de Alaska, que un beduino que venera el agua de su oasis y tiene que caminar kilómetros para tomar su porción de agua arquetípica y sostenible? La cantidad, la manera de almacenarlas, la forma y proporcionalidad de usar el agua, queda así estandarizada y divorciada de toda percepción ecológica y local. De esta forma, se genera instantáneamente la percepción artificial de escasez al destruir las aguas arquetípicas mediante el entubamiento.

Ninguna de dichas proporciones construidas en la sociedad moderna que están alejadas de la relación íntima y desde una política profunda con el territorio y el agua, pueden ser sostenibles, destruyen la cultura de la vida del agua, destruyen las propiedades mágicas y sanadoras del agua. Esta forma de relacionarse no puede ser sostenible.

Esta dimensión trascendental del agua, mucho más allá de sus detalles moleculares como H2O, nos habla de su posición organizacional fundamental para la “vida de la vida”. Así desde esta percepción, regresamos nuevamente al llamado de Ivan Illich a deshacernos en nuestros prejuicios materialistas y darnos cuenta que las aguas arquetípicas, el Nahui Ollín de la cosmogonía Tolteca, donde Tierra, Agua, Viento y Fuego son el origen de la creación, no son imágenes simbólicas en el campo de las ideas y el entendimiento, sino que son realidades centrales del universo y en un nivel de facticidad y evidencia que trasciende las ideas simplistas y mecanicistas.

Nuestras aguas arquetípicas viven en esa magia estremecedora de sus costumbres, corroyendo a la mayoría de los metales. Ella nos muestra su dualidad al ser al vez fuerte y suave, promotora de la vida y repartidora de muerte. Percibimos así las inquietantes y ambiguas propiedades del agua, como su habilidad para mezclar, para unirse y disolver, para de-formar y re-formarse a si misma y a otras sustancias, pero manteniendo siempre la capacidad de recuperar su singulares propiedades intrínsecas. Toda esa vida, costumbres y rituales que el agua posee como ser esencial de la creación, es lo que la hace siempre una misteriosa y elusiva sustancia. Es por esto que para los alquimistas el agua es una sustancia con propiedades mercuriales, y por lo tanto es considerada como un material primigenio original que inspiraba (resoplando e infundiendo vida dentro de) a la materia con muchas de sus operaciones transformadoras.

Entrando así en estos ánimos y percepciones arquetípicas entendemos por qué Jung, el gran psicólogo suizo de las profundidades del la psique, reconoció en la mitología arcaica al agua como el representante del lado oscuro la psiquis profunda, la que a la vuelta, tiene asociaciones con la madre arquetípica. Así tanto Jung como los alquimistas sabían que estas aguas psicologías, arquetípicas y bautismales forman la matriz uterina a partir de la cual algo nuevo puede surgir.

Tal como hemos visto, es la presencia del agua la que propicia y permite que la comunicación y organización cuántica, electromagnética, bioquímica y muchas otras más, se gesten, se críe y cree en nuestra Tierra Patria. Esto es así, ya que es el Agua la que posee las más delicadas sensibilidades a la comunicación cuántica con su no-localidad asociada. Podemos entonces entender que la llegada y establecimiento de los biocampos vitales a un territorio a través de la matriz del agua, es decir el entorno de crianza de la vida (el Vidus Vitales), es co-creado con la presencia fructificante, cristalina y pura de las aguas arquetípicas frescas y limpias.

También podemos entender a las aguas arquetípicas como una de las fuentes mayores para nuestra oportunidad de salir de nuestro autismo racional y escuchar el lenguaje sutil de nuestra Madre Tierra y sus hijos. Esta dualidad del agua como dadora y tomadora de vida, le confiere su ubicuidad. Así es como esta sustancia y todas sus manifestaciones (lluvia, tornados, huracanes, tsunamis, inundaciones, granizos, etc.) tienen la capacidad de estar “conflictuando y luchando en contra de su propia creación”, por lo que se encuentra constantemente escapándose de los límites del control humano racionalista y su consecuente organización maquinal. Así la Madre Agua nos brinda a cada “desliz” de su comportamiento lunático, una nueva oportunidad de re-encontrarnos con las aguas arquetípicas y con nuestra Madre Tierra.



Por otro lado, la percepción del arquetipo sagrado del agua muestra a esta entidad no como una sustancia inerte sino como algo que trasciende el ego racional del ser humano, algo sagrado. Basadas en lo anterior diversas culturas encontraron “la medida con respecto a la tierra”, o la cantidad con respecto al todo, de agua que podían utilizar para su subsistencia, sin poner en peligro la sobrevivencia de otros seres vivos (GEJR, 2005). Para las sociedades indígenas, las conexiones naturales, espirituales que ligan a los seres humanos, el agua, los pescados, el río, los lagos, flujos subterráneos y mares, imposibilitan la opción de anteponer los deseos humanos sobre el agua sobre las necesidades de la naturaleza. En contraste con la cultura occidental, la perspectiva espiritual indígena del ambiente se articula claramente y se experimenta directamente. La percepción del arquetipo sagrado guía al individuo hacia un uso sostenible del agua, basado en la relación compleja individuo-entorno-agua; se genera así una sostenibilidad EcoSagrada del Agua. Podemos percibir claramente esta visión en la Declaración del Agua de los pueblos indígenas elaborada en el Tercer Foro Mundial del Agua en Kyoto, Japón en marzo del 2003:

  1. La gente indígena de todas las partes del mundo reunidas aquí, reafirmamos nuestra relación con la madre tierra, y la responsabilidad de las generaciones futuras de levantar nuestras voces en solidaridad para hablar de la protección del agua. Fuimos colocados en una manera sagrada en esta tierra, cada uno en nuestras propias tierras y territorios sagrados y tradicionales para cuidar de toda la creación y para cuidar del agua.

  2. Reconocemos, honramos y respetamos el agua como elemento sagrado que promueve toda la vida. Nuestro conocimiento tradicional, leyes y formas de vida nos enseñan a ser responsables y cuidar de este regalo sagrado que conecta toda la vida.

  3. Nuestra relación con nuestras tierras, territorios y agua es la base física, cultural y espiritual fundamental para nuestra existencia. Esta relación con nuestra madre tierra nos obliga a conservar nuestros ríos y océanos sanos para la supervivencia de generaciones presentes y futuras.

El agua no es solamente un aspecto de la espiritualidad indígena, sino un componente muy importante del mundo espiritual, que es el mundo en el que vivimos. El agua, como sustancia, o en la forma de cuerpos de agua (ríos, lagos) o fenómenos meteorológicos (lluvia, nieve, niebla, nubes), son vistos a través de un lente espiritual y no uno económico en el sentido capitalista. El agua no es una manera de hacer dinero. El dinero puede por supuesto derivar del trabajo de proyectos del agua, pero ésta no es la motivación dominante de su protección. La perspectiva espiritual de los pueblos indígenas es la que desafía a los occidentales a apreciar el agua (Groenfeldt 2006). En muchas regiones del mundo, los sistemas de gestión hídrica campesina e indígena constituyen la base fundamental del sustento local y de la seguridad alimentaria nacional. Por lo tanto, la seguridad de acceso al agua y a los medios para manejar sus sistemas hídricos es de importancia crucial (Boelens 2003). En este contexto es alarmante (como se vio en el segundo Foro Mundial del Agua) que “... habiendo examinado los documentos del Foro, las poblaciones indígenas y sus característicos sistemas de valores, conocimientos y prácticas han sido ignorados en el proceso de la Visión Mundial del Agua...” (Segundo Foro Mundial del Agua 2000). Más aún el proceso administrativo y político ha generado estragos en las comunidades, ya que la gente perdió sus recursos mientras que los gobiernos ganaron control burocrático. Esto es así en gran parte debido a que los valores operacionales del estado moderno y paternalista ha des-empoderado a las personas y a los pueblos, quitándoles sus valores e identidad, así como los recursos que habían estado al cuidado de comunidades indígenas. Este sistema ha generado e incitado a la manipulación, usurpación, asignación y pillaje privados de los recursos-naturales (tierras de bosque, cuerpos de agua, tanques, charcas) y ha ignorado los modos tradicionales y derechos tradicionales de las personas (Sharma 1998). Las tradiciones y las manifestaciones culturales de los pueblos indígenas han sido tomadas por la sociedad moderna como una creencia religiosa supersticiosa, por lo que carece de importancia real, salvo por el interés antropológico.

Aún en estas circunstancias ha sobrevivido y sobrevive el significado y el propósito de las nociones de santidad de los árboles, los animales, los cuerpos de agua, la tierra y el cielo de los pueblos indígenas. Sin embargo nos encontramos en un periodo crítico donde la erosión de la diversidad y riqueza cultural se está acelerando y profundizando de forma dramática. Por lo que los pueblos indígenas han declarado con toda firmeza: “las instituciones antiguas no podrán sobrevivir sin su sustento cultural”, un sustento que las transnacionales se han encargado de erosionar y que de seguir así acabaran con ellas (Sharma 1998).

La crisis del agua es una crisis ecológica con causas comerciales pero que jamás hallará soluciones en el mercado, ámbito que no puede sostener la sutil y profunda trama en la que viven las aguas arquetípicas. Las soluciones de mercado destruyen la tierra y agravan la desigualdad. La solución a una crisis ecológica es ecológica y la solución para la injusticia es una transformación social correspondiente a la riqueza cultural y sagrada de la Madre Tierra viviente: una democracia profunda y sagrada (ver más adelante). Terminar la crisis del agua requiere rejuvenecer y transformar de manera trascendente a la democracia (Shiva 2002). El uso responsable del agua depende no de sacar a los pobres del mercado, sino de seguir el principio elemental de compartir de forma justa lo que es de todos y de nadie.

El viejo imperialismo está muerto, pero ha sido substituido por un imperialismo económico que lejos de ser más eficiente, obliga al mundo pobre a destruir su precaria economía y ambiente para beneficiar la economía del mundo rico. El agua que podría manejarse para proporcionar un sustento local, se malgasta para la industria maquiladora y transnacional, en la agricultura del monocultivo y de la erosión del suelo y del agua, en un mercado de exportación altamente competitivo o en la industria turística. El énfasis en la crisis del agua debe ponerse en el des-centralismo y control local, pues es desde la perspectiva del des-centralismo (la democracia profunda) que se puede convivir y apreciar a las aguas arquetípicas, así como tratar los casos concretos (Ward 1997). Hay una necesidad urgente de corregir este desequilibrio en el pensamiento vigente por medio de la integración activa de las mujeres y hombres indígenas en las fases subsiguientes, empezando por el Marco de Acción (Segundo Foro Mundial del Agua 2000). Esto requiere validar los sistemas tradicionales del agua que mantienen las claves para resolver la crisis actual y aplaudir la defensa espiritual la cual se ha mantenido al margen por la apropiación del agua (Shiva 2002). Creemos que es a partir de esta visión espiritual que se puede generar una relación con el agua más sostenible y en pro de la vida de aquí a la séptima generación.

Por ultimo se debe de mencionar que la nueva concepción sagrada del agua, o la re-sacralización del agua, coloca al agua como algo esencial para todos los seres en distintos niveles, desde lo burdo y material hasta lo sutil e inmaterial. Esto posiciona al agua como un componente universal de radical importancia, y como tal no debe y no puede ser utilizado con fines egoístas (Laifungbam 2006). Lo anterior implica que el agua debe ser utilizada por todo aquel ser vivo que la necesite, que no es un bien material del cual el ser humano se pueda apropiar (Laifungbam 2006).

Al plantearse que el agua trasciende lo humano se puede observar lo ilógico de una guerra del agua, ya que dicho elemento no le pertenece a nadie y por tanto nadie puede luchar por controlarlo. El agua es un elemento natural y esencial sin el cual nadie puede sobrevivir, es el derecho con el que cada criatura nace. Los ríos preciosos y sagrados atraviesan las montañas y las tierras bajas, las tierras del arbusto, los desiertos y las ciudades, culturas y espiritualidades, apagando la sed física y espiritual. Las personas de todas las culturas reconocen la necesidad y la naturaleza simbólica del agua arquetípica. Los pueblos indígenas, debido a su visión holística del mundo, tienen una relación rica, profunda, mesurada y respetuosa con el agua, actitudes, prácticas y cosmovisiones que se necesitan particularmente en nuestro mundo contemporáneo (Solomon 2003).




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1 El tunelaje se produce cuando dos entidades moleculares o atómicas están coordinadas de tal forma que los electrones de una entidad pueden transportase, independientemente del espacio-tiempo, hacia la otra entidad.



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