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ELPACIENTE MANIACO

La conducta maníaca se caracteriza por una hiperactividad física y Emocional generalizada que tiene como consecuencia una alteraci6n del estado de ánimo (afectación). El nivel de hiperactividad que muestre el paciente variará en función del grado de su enfermedad. Así, la manía oscila entre leve (hipomanía), moderada (manía aguda) y grave (manía delirante).


El paciente maníaco parece una persona alegre. habla y se mueve constantemente y puede ser bastante bullicioso. Su comportamiento no guarda relación alguna con lo que sucede a su alrededor. No tiene paciencia por nada y se distrae fácilmente de lo que intenta hacer. Puede centrar la atención sobre cualquier cosa, pero pierde la concentración con la misma rapidez. En cuestión de minutos, abarca múltiples temas y pasa de uno a otro sin motivo aparente. Siempre está involucrado en alguna actividad, pero llega a terminar muy pocas. A veces habla de forma tan desmesurada que su lenguaje no es plenamente inteligible para el interlocutor. Dependiendo del grado de su conducta maníaca. puede presentar o no confusión. Si no es así y la enfermedad es leve. en general no piensa que esté emocionalmente enfermo y que haya motivo para permanecer en el hospital. Los pacientes con estados maníacos moderados o graves pueden vociferar, adoptar una actitud polémica y volverse absurdamente exigentes. También pueden mostrarse agresivos e intentar atacar, empujar o golpear a los demás. Como norma, carecen de lógica. A menudo el enfermo adopta aires de grandeza. creyéndose un millonario o una personalidad pública con un poder incalculable o imaginando que puede hacer tratos comerciales inverosímiles.
El paciente maníaco se mueve bien en cuestiones de amor, afecto y atención. Por lo general,es un gran hablador y resulta simpático debido a sus cualidades de sensibilidad y extroversión. Es divertido y rebosa alegría. A veces habla en verso y gusta de los juegos de palabras. Hace halagos y explica chistes y anécdotas. Cuando habla. divaga sin apenas conexión entre las ideas, y lo que cuenta adolece de validez o racionalidad.
En ocasiones llegará hasta extremos ridículos en su intento de demostrar una cuestión. Es posible que haga citaciones continuas. se refiera a acontecimientos que nunca tuvieron lugar y se invente circunstancias y personas. No es extraño observar que el paciente maníaco dude sobre la identidad de personas desconocidas. Tal vez reciba a las visitas de otros como si se trataran de viejos amigos.
El enfermo maníaco es un participante vehemente en todas las actividades. Siempre está dispuesto y tiene a mano un comentario rápido o una réplica ingeniosa. Es el alma de las reuniones sociales, lanzándose sin provocación aparente a bailar, cantar o dar una charla sobre cualquier tema que le pase por la cabeza. Parece como si las inhibiciones no existieran para él. Si se le permite, asumirá y monopolizará cualquier actividad. Una vez en marcha, es muy difícil interrumpir su comportamiento, pues el enfermo no es consciente en absoluto de lo que está haciendo y por lo general ha captado la atención de todo el mundo. Sin embargo, al cabo de un rato, este mismo comportamiento le pone en contra de la gente, que intentará rehuirlo por todos los medios. Lo que al principio parecía agudo y gracioso se vuelve irritante y amenazador cuando se comprende que el individuo es incapaz de controlar sus actos. Dado que otros pacientes también están luchando por controlar su conducta, tal vez teman perder todo lo que han conseguido.
Asimismo. su confianza en la capacidad del equipo para establecer límites y adoptar medidas pertinentes puede verse seriamente deteriorada. Si los propios profesionales albergan deseos secretos de ser un poco menos inhibidos, tal vez acepten de buen grado la .fiesta»... hasta que se les haga imposible controlarla.
La manía puede ser contemplada como un intento de evitar o negar la depresión. A menudo los familiares refieren que un incidente desgraciado precedió al episodio maníaco. Por ejemplo, un paciente pareció alterarse cuando la comunidad terapéutica en el que estaba viviendo le informó de que se le iba a preparar para nuevas responsabilidades. Dos semanas más tarde el enfermo empezó a manifestar un comportamiento maníaco. Una entrevista psiquiátrica reveló que el paciente pensaba que sería incapaz de aprender las nuevas habilidades que necesitaba. Desconfiaba por completo de su capacidad para asumir la situación que se avecinaba.
Es posible que el profesional se encuentre tan entretenido con el comportamiento y las historias del paciente que llegue a olvidarse de por qué ha sido hospitalizado. En la mayoría de los casos, era esta misma conducta la que provocaba el caos en el hogar, el trabajo o las relaciones sociales.
También existe una tendencia a pasar por alto el trabajo terapéutico porque el enfermo parece .de muy buen humor» y puede,hacer mucho y muy rápidamente por sí mismo», incluso se corre el riesgo de quedar atrapado en alguno de sus ambiciosos proyectos, que pueden oscilar desde , una gran iniciativa bursátil o una enorme adquisición de tierras a una importante contribución económica para el hospital.
Un varón de 42 años fue ingresado en la unidad psiquiátrica de un , hospital con un diagnóstico de manía. Antes de la enfermedad, se le consideraba un buen padre y esposo, amigable y extrovertido. En el hospital, era sumamente activo, revoloteando de los pacientes a los miembros del equipo y formulando un millón de preguntas, pero sin esperar nunca respuesta. Haciendo una mueca con la boca, intercalaba en sus charlas imitaciones del Pato Donald o Bugs Bunny. Se paseaba por la unidad silbando, bromeando y dando saltitos . Se consentía cualquier cosa que le encaprichara. Cogía la comida del refrigerador de la unidad. hacía largas listas de notas y escribía numerosas cartas a sus amigos animándoles a cooperar en sus planes y aventuras fantásticas. En una reunión de la unidad, se puso en medio del grupo y empezó a cantar y bailar. Después, adoptó una actitud erótica, exhibiéndose físicamente y haciendo comentarios obscenos, lo que provocó la turbación de quienes le rodeaban. Ante la amonestación, reaccionó con un arranque de ira y salió de la habitación dando un portazo, después. comprendió rápidamente todo lo que había sucedido y recuperó su actitud jovial anterior.
Otro paciente maníaco bombardeaba a todo el mundo que encontraba en la unidad con una riada de palabras expresadas de forma rápida , y graciosa. Dijérasele lo que se le dijera, siempre tenía una réplica que volvía a centrar la atención en sí mismo, aunque esto supusiera introducir un tema distinto del que se estaba hablando. Constantemente recordaba a los demás que su gran problema era como gastar el gran aumento de, sueldo que había conseguido recientemente. A la hora de comer tomaba porciones tres veces mayores que los demás enfermos. y sin embargo perdía peso, hablaba incesantemente, tomaba abundantes notas y se paseaba de un lado a otro con un lápiz detrás de la oreja y un cuaderno en las manos, como si tuviera que realizar urgentemente una tarea importante. ,se contradecía a menudo, pero le daba poca relevancia a eso cuando se le hacía notar el equívoco. Un día informó al equipo de que el médico estaba planificando una serie de tratamientos especiales y particulares para él. Cuando el equipo investigó tal extremo, descubrió que no era verdad. En una amplia reunión de grupo, otros pacientes le dijeron que diera a alguien más la oportunidad de expresar su opinión, ante lo cual el enfermo salió de la sala diciendo que tenía que ir al lavabo. En lugar de eso. procedió a hacer varias llamadas telefónicas. Volvió al final de la reunión e, inmediatamente empezó a hablar sobré sus aventuras sexuales en un país exótico. ,
Los dos pacientes comentados pudieron beneficiarse del programa estructurado de la unidad hospitalaria. Su hiperactividad disminuyó a medida que empezaron a recuperar el control sobre sí mismos.
Cómo enfocar la relación con el paciente maníaco
Intente proteger al paciente de los efectos indeseables de su comportamiento.
Tenga presente que se distrae con facilidad y puede necesitar ayuda en las actividades de la vida cotidiana. Tal vez convenga supervisarle para garantizar una adecuada ingesta alimentaria y ayudarle a relajarse. Es importante reducir los estímulos externos excitantes. como ruidos fuertes, luces brillantes o ráfagas de actividad.
Los miembros del equipo han de permanecer accesibles al paciente durante las 24 horas.
Deberían brindarle apoyo de una manera tranquila. sosegada y comprensiva. Es vital un enfoque coherente de todo el equipo para que el enfermo pueda empezar a elaborar expectativas realistas en lo referente a las reacciones a sus actos. Pase con él períodos de tiempo cortos y frecuentes. aun cuando piense que no se está produciendo ningún avance terapéutico. Su sola presencia respalda al paciente y le demuestra que es aceptado.
Ayude al paciente a modificar su conducta de acuerdo con directrices socialmente aceptables.
Permanezca atento a cambios repentinos en su estado de ánimo. de la hilaridad a la ira. Cuando el enfermo se comporte de una forma que pueda resultar nociva para él, aíslele hasta que sea capaz de controlarse. Establezca límites razonables. A medida que el paciente gane terreno (mejore de su enfermedad) y sea capaz de explicar sus dificultades, hágale saber que su jovialidad y conducta bromista no parecen estar en consonancia con lo triste de la historia que relata.
Sea consciente de sus propios actos.
No fomente ni reaccione a los comentarios escabrosos, bromas pesadas, comportamiento bullicioso o trastadas al paciente por el simple hecho de que usted está pasando un rato divertido o le gustaría permitirse el lujo de una actividad similar.
No se ofenda. discuta o reaccione negativamente cuando el paciente se enfurezca, adopte una actitud polémica o haga comentarios cortantes y desagradables.
Por el contrario. Dígale, “debe estar pasando un mal rato. Explíqueme lo que le sucede.» A continuación. permanezca con él y cree una atmósfera sosegada que favorezca la conversación.

No promueva ni responda al comportamiento promiscuo.
Establezca una atmósfera terapéutica redirigiendo al paciente, de una forma amable pero firme, hacia actividades socialmente aceptables. Dígale: .Le ayudaré a vestirse. Después podremos salir a dar una vuelta por los alrededores.»
Ayude al paciente a librarse de la presión cuando se encuentre excitado.
Desvíe su atención mediante tareas repetitivas; por ejemplo, despedazando trozos de espuma de caucho en una sesión de terapia ocupacional, puliendo objetos de madera. amontonando cartas. etc.
No haga participar al paciente en sesiones de terapia de grupo al principio de su tratamiento.

Su locuacidad y su rápida ideación resultan desbaratadoras. Asimismo, puede herir a otros enfermos indicándoles sus defectos, lo que impedirá que éstos reflexionen sobre sus problemas o conducta.


Proporcione intimidad al paciente durante las entrevistas.
Dado que está encubriendo una gran dosis de infelicidad, no le sorprenda que llore. Ofrézcale afecto, comprensión y aceptación.





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