La concepción de James de la psicología como ciencia natural



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La concepción de James de la psicología como ciencia natural

Ignas Skrupskelis

Fuente: Skrupskelis, I. (1995). James's conception of psychology as a natural science. SAGE (London, Thousand Oaks and New Delhi), Vol. 8, N°1: 73-89.Traducción: María Cecilia Aguinaga. Cátedra: Psicología I, Facultad de Psicología, Universidad Nacional de La Plata, Argentina, 2011.

Este artículo es principalmente un estudio de textos: un intento de reunir los diferentes textos en los cuales James plantea las relaciones entre psicología y metafísica, y de este modo mostrar que James nos presenta una doctrina coherente a pesar de las aparentes inconsistencias. El problema surge porque en una lectura superficial James parece contradecirse a sí mismo, al afirmar tanto que la psicología sin la metafísica es imposible como que, para convertirse en una ciencia, la psicología debe ser tratada de manera positivista y evitar la metafísica. La solución que sostengo gira alrededor de la distinción entre suposiciones metafísicas y explicaciones metafísicas: los psicólogos no pueden evitar formular suposiciones que puedan ser investigadas sólo de un modo especulativo; pero nunca deben recurrir a explicaciones metafísicas porque esas explicaciones llevan a disputas sin fin y por muchas razones no son necesarias. James traza de un modo epistemológico la distinción entre la metafísica y la psicología, entre lo especulativo y lo verificable. La psicología se ocupa de aquello que es verificable pero los objetos que estudia son también objetos de investigación especulativa. Debe ser puesto de relieve que el límite entre psicología y metafísica tal como está trazado en Principios es provisional. Es una protección necesaria por la condición infantil de la psicología. Una psicología más madura y, debe agregarse, una metafísica más madura, encontrarían muchas áreas de interacción fructífera.

El enfoque de James acerca de las relaciones entre psicología y metafísica ha dado origen a un considerable conjunto de estudios.1 En este artículo no me ocuparé de tales disputas académicas. Mi objetivo es reunir los textos diseminados de James para ver qué luz pueden echar sobre el problema cuando son tomados juntos. Es también parte de mi intención hacer concreto el tema. En tanto no encontramos en James definiciones formales de la metafísica ni consideraciones detalladas acerca de lo que involucra un punto de vista positivista, el problema debe ser abordado ante todo a través de un examen de las preguntas específicas que surgen en las zonas fronterizas entre psicología y metafísica. Mi abordaje se encuentra en la línea del último pragmatismo de James: las controversias que de otro modo no tendrían fin pueden ser resueltas abordando el problema concretamente: ‘La gran originalidad del pragmatismo, el punto central en él, es su uso de un modo concreto de ver’2. El pragmatismo requiere que tomemos una cuestión general y la dividamos en preguntas específicas. Es de este modo como quisiera abordar el problema de la relación entre metafísica y psicología en Principios.

Será conveniente dividir la discusión en cuatro secciones. En la primera expongo los textos más importantes en los cuales James plantea las relaciones entre psicología y metafísica; en la segunda, examino su enfoque acerca de las suposiciones de la psicología y los límites de la racionalidad; en la tercera analizo el punto de vista de James acerca de la explicación en psicología; en la cuarta, examino el problema de la descripción metafísicamente neutral de los estados mentales. Es sobre este punto acerca del cual él estaba dispuesto a hacer concesiones a sus críticos y a admitir que una perjudicial clase de metafísica se había introducido en su psicología.

I – Los textos acerca de la relación entre psicología y metafísica

En el pasaje tal vez más frecuentemente citado de sus Principios de Psicología, James afirma que ‘adoptando ciertos datos sin crítica’ podía mantenerse ‘cerca del punto de vista de la ciencia natural’ y evitar la metafísica. De hecho, ‘este punto de vista estrictamente positivista’ es el único aspecto del libro respecto del cual él se sentía ‘tentado a reclamar originalidad’. Los datos asumidos acríticamente consisten en ‘pensamientos y sentimientos’, ‘un mundo físico con el cual ellos coexisten en el tiempo y en el espacio’ y el hecho de que esos pensamientos ‘conocen’ el mundo. La tarea de la psicología como ciencia natural es averiguar ‘la correlación empírica entre los variados tipos de pensamiento o sentimiento y las condiciones específicas del cerebro’. Como ciencia natural, la psicología no puede ir más allá:

Si va más allá se convierte en metafísica. Todos los intentos de explicar nuestros pensamientos dados fenoménicamente como productos de entidades profundamente subterráneas (llámese ‘Alma’, ‘Yo Trascendental’ o ‘Unidad Elemental de Conciencia’) son metafísicos… Naturalmente este punto de vista no es definitivo. Los hombres deben seguir pensando; y los datos recogidos por la psicología, exactamente igual que los recogidos por la física y por otras ciencias naturales deben ser registrados alguna vez. El esfuerzo de registrarlos clara y completamente es la metafísica.3

En otro pasaje James señala con mayor detalle las limitaciones de una psicología tratada como una ciencia natural:

…debemos… preguntarnos a nosotros mismos si, después de todo, el reconocimiento de una confusa correspondencia inmediata, término por término, de la sucesión de estados de conciencia con la sucesión de procesos cerebrales totales, no es la fórmula psicofísica más sencilla y la última palabra de una psicología que se contenta con leyes comprobables y sólo trata de ser clara y de evitar hipótesis inseguras. Esa mera admisión del paralelismo empírico parecerá el camino más sensato. Ciñéndose a él, nuestra psicología seguirá siendo positivista y no metafísica; y aunque esto es seguramente sólo un puesto de alto provisional y algún día las cosas deban elaborarse de un modo más completo, nos quedaremos allí en este libro.4

Y en otro lugar, James observa que dejar a la psicología atrás y sumergirse en la metafísica es ‘(sumergirse) en regiones inaccesibles a la experiencia y la comprobación’5.

De este modo, la psicología concebida como una ciencia positiva está limitada en dos sentidos: busca leyes de una cierta clase, a saber, leyes que correlacionen estados mentales y físicos, y no se compromete a analizar las cosas ‘de un modo completo’. La psicología, para James, puede adquirir la dignidad de una ciencia natural solo permaneciendo en la superficie.

Aunque consciente de la esterilidad de las explicaciones metafísicas para la psicología, aún en mayo de 1888 no estaba decidido a que la mejor opción era posponer la investigación metafísica. Al escribirle a Théodule Ribot, por ejemplo, se quejaba de que estaba progresando poco en su libro porque su mente estaba en un ‘caos’, incapaz de resolver un gran número de problemas, muchos de los cuales eran claramente metafísicos:

Descreo de la existencia de ‘ideas’ en el sentido lockeano; he llegado a descreer de los estados de conciencia en cualquier sentido; por muchos años he guardado animosidad al ‘yo’; no puedo darle crédito al ‘alma del mundo’; hasta ahora la experiencia es cognitiva pero quién, qué o dónde está el vehículo de la cognición ¡supera mis capacidades!

Luego criticó al mismo Ribot por menospreciar la metafísica:

Los hechos empíricos sin ‘metafísica’ siempre generarán confusión y desorden. Lamento oír que aún menosprecias tanto la metafísica, cuando si se la comprende correctamente la palabra sólo significa la búsqueda de claridad donde la gente común ni siquiera sospecha que no la hay. El positivista ordinario tiene simplemente una mala y desordenada metafísica que él se niega a criticar o discutir.6

La fecha de la carta a Ribot es interesante, al llegar bastante tarde en el proceso de redacción. Sugiere que, incluso en esta fecha tardía, James estaba todavía indeciso acerca de la dirección general de su trabajo7.

Después de la publicación de los Principios en 1890, James se refirió varias veces a las relaciones entre psicología y metafísica, desafortunadamente con evidente incoherencia. En 1892, en ‘Un alegato por la psicología como ‘Ciencia Natural’’, un ensayo polémico para ser discutido luego en detalle, James defendió el programa de los Principios: ‘Deseaba, tomando a la psicología como una ciencia natural, ayudarla a convertirse en una de ellas’8. Pero, en 1895, en ‘The knowing of things together’, parece sugerir que ha cambiado de idea y que ahora piensa que un programa positivista en psicología es imposible: ‘Me he convencido desde que publiqué aquel libro que ninguna restricción convencional puede mantener a las investigaciones metafísicas y también llamadas epistemológicas, fuera de los libros de psicología’9. Esta declaración podría tomarse como decisiva si James, en 1900, cuando la necesidad de escribir un prefacio para la traducción italiana de los Principios dio otra oportunidad a la reflexión, no hubiera insistido nuevamente en la importancia de tratar a la psicología como una ciencia positiva. Seguramente, si tal cambio hubiera sucedido, él lo habría anunciado en un prefacio. En este prefacio James insiste en que la psicología aún está en una situación caótica, apartándose de la ‘psicología espiritualista que emplea el alma’ en sus explicaciones. Luego de enumerar todos los desarrollos que han llevado a la psicología a buscar una nueva clase de explicaciones, James observa:

Pensé que colocando francamente a la psicología en la posición de una ciencia natural, eliminando ciertas cuestiones metafísicas de su ámbito todas a la vez y dedicándome a lo que podría ser verificado inmediatamente por la conciencia de todos, podría describirse un conjunto fundamental de experiencia, que todos podrían aceptar por cierto, sin importar cuán diferentes pudieran ser las interpretaciones filosóficas ulteriores respecto de él. Por lo tanto acepté acríticamente un mundo externo, acepté la existencia de estados de conciencia y acepté que los estados de conciencia podrían ‘conocer’ tanto el mundo exterior como a sí mismos10.

Estas observaciones deberían tener considerable autoridad porque fueron escritas en un momento en el que James en su propio pensamiento estaba alejándose de la psicología como ciencia natural y poniendo en un lugar central los problemas de la psicología filosófica que había pospuesto para completar los Principios. Esto es claro en las notas de clase que han perdurado de su seminario de psicología para graduados de 1895-6 y 1897-8, de los cuales la última llevaba el título de ‘Los problemas filosóficos de la psicología’11.

¿Qué es lo que se debe hacer con la nota discordante dada en ‘The knowing of things together’ en 1895? Puede ser explicada en gran medida. Después de todo, James todavía insiste en la importancia de desarrollar la psicología como una ciencia positiva; sólo admite que él ha fallado y que algunas discrepancias metafísicas se han deslizado: ‘Mi intención era buena, y una ciencia natural infinitamente más completa que las psicologías que ahora tenemos podría ser escrita sin abandonar sus términos’12.

James está respondiendo a la crítica de George Stuart Fullerton respecto de que en los Principios la práctica de James fue mucho mejor que sus principios. Fullerton plantea que como metafísico James proclamaba que los estados mentales son simples, totalidades indivisibles y no compuestas. Pero como científico natural, James pasó la mayor parte del tiempo describiendo los diversos aspectos y componentes de los estados mentales13. La confesión de James respecto de su error, citada más arriba, involucra un único punto, el problema de una descripción metafísica neutral de los estados mentales. En un texto anterior también plantea la misma confesión en referencia a la misma dificultad: ‘Mis propios libros están por cierto llenos de tal reproche y polémica, pero estos desafortunados episodios son en su mayor parte secundarios al intento de lograr que, de una vez por todas, el ‘estado mental indiviso’ sea aceptado por mis colegas como el dato fundamental para su ciencia’14. En efecto, James está a lo sumo aceptando que su batalla contra Locke y el atomismo mental es en parte metafísica. No hay concesión en el punto central de su proyecto, su insistencia en que los psicólogos pospongan la exploración metafísica de sus suposiciones y explicaciones metafísicas.

La dificultad se refiere a lo que James mismo piensa como su problema más controvertido, el problema de la composición de la conciencia, una de las preocupaciones centrales de toda su vida intelectual. Al fin concluye que sólo puede ser resuelta rechazando algunas exigencias de la lógica formal15. El problema es mucho más complejo como para ser tratado en el presente artículo, aunque alguna referencia será hecha respecto del mismo en la sección final.



II Las suposiciones de la psicología y los límites de la racionalidad

En 1875, tres años antes de firmar el contrato para escribir Principios de psicología, James publicó un extenso examen acerca de la Grundzüge der physiologischen Psychologie de Wundt en el cual concluía que ‘el libro de Wundt tiene muchas deficiencias, pero ellas sólo prueban cuán confusa y rudimentaria es aún la ciencia de la psicofísica’16. La psicología de Wundt es la continuación de una era de grandes sistemas, una era en la cual ‘Titanes a escala de dioses’ soñaron con ‘violar el secreto en un instante’, pero sólo produjeron ‘actuaciones de escolares’ y ‘sensacionales paradojas’. Wundt y su generación se contentaron con una paciente colección de hechos, una actividad que James parece ver con divertida indiferencia aunque reconoce su necesidad:

Se intenta el método de la paciencia, hambriento y acosado hasta la muerte; la Naturaleza debe someterse a sitio regular, en el cual mínimas ventajas obtenidas día y noche por las fuerzas que la encierran, deben recapitularse al fin en su derrocamiento. Hay poco del gran estilo sobre los filósofos de los prismas, los péndulos y los galvanómetros. Ellos quieren negocios, no caballerosidad. Lo que la generosa adivinación y esa superioridad en la virtud que fue pensada por Cicerón para darle a un hombre el mejor conocimiento de la naturaleza no hicieron, su espionaje y su rasguño, su tenacidad letal y su casi diabólica astucia, algún día lo lograrán.’17

Los nuevos psicólogos son fundamentalmente físicos científicos que se han convertido en ‘hábiles experimentadores’ y han adquirido hábitos de ‘paciencia e imparcialidad’. Ellos abordan ‘una indagación filosófica’ ‘carente en su mayor parte de cualquier enfoque sistemático’. Al buscar los hechos, están no obstante ‘presionando en la dirección de los problemas metafísicos’ y sus esfuerzos prometen importantes resultados.18

Claramente, para James, el hecho de que los futuros Titanes produjeron sólo rendimientos de escolares es muy instructivo: no es aún el momento para el ataque directo sobre los grandes problemas de la filosofía. Su solución deberá ser pospuesta hasta que el lento abordaje de la naturaleza haya producido su colección de hechos. James no sugiere que estos problemas no tengan importancia o no sean pasibles de ser tratados intelectualmente. El no adopta el punto de vista positivista de que con el advenimiento de los métodos empíricos no habrá más lugar para la especulación metafísica. Al contrario, la nueva psicología también alberga la promesa de un nuevo y mejor día para la metafísica.

La psicología pospone la metafísica, en parte, haciendo suposiciones y tratándolas provisionalmente como aproblemáticas aunque las sabe problemáticas, un procedimiento apropiado para una ciencia en su infancia. Si la ciencia es también urgentemente necesaria, una segunda razón surge para empezar con suposiciones. James insiste en que hay una necesidad urgente de una psicología que será útil en el tratamiento de las enfermedades mentales. Y es posible reunir un cuerpo de información útil sin resolver problemas metafísicos fundamentales.

La declaración más extensa de James acerca de su concepción respecto de la psicología se encuentra en su polémico artículo de 1892 ‘Un alegato por la Psicología como una ‘Ciencia natural’’, escrito en respuesta a George Trumbull Ladd, un defensor de la psicología del alma. Respondiendo a Ladd, James bosqueja su concepción acerca del rol de una ciencia particular en la empresa intelectual más amplia. Su enfoque, en tanto ofrece escasos detalles precisos, debería ser visto meramente como un anuncio de su adhesión a un lugar común de entonces más que como un esfuerzo de abrir nuevos caminos.

En este contexto, insiste nuevamente en que la psicología está en su infancia y sugiere que la psicología tiene mucho que aprender de la física. Vale citar el pasaje por su carácter llamativo:

La psicología, en efecto, es hoy apenas más que lo que la física era antes de Galileo, lo que la química era antes de Lavoisier. Es una masa de descripción fenoménica, chisme y mito, incluyendo, sin embargo, material real suficiente para justificar la esperanza de que con juicio y buena voluntad de parte de los interesados, su estudio puede estar tan organizado incluso ahora como para convertirse en digno del nombre de ciencia natural en un día no muy lejano.19

Luego continúa con su argumento principal en contra de Ladd. La Psicología, como cualquier otra ciencia, es un fragmento extraído de la totalidad de la verdad ‘exclusivamente en razón de la eficacia práctica’. Plantea que hay muchos doctores, educadores, guardianes de cárceles, supervisores de asilos, quienes, no teniendo interés en las ‘razones filosóficas fundamentales del fenómeno mental’, esperan de la psicología ‘reglas prácticas’ que les permitan predecir y controlar los estados mentales20. Llevado a elegir entre ‘racionalidad fundamental’ y utilidad, James plantea que cualquiera preferiría una psicología que pueda ‘curar un caso de melancolía, eliminar un delirio insano crónico’ más que una psicología que ofrezca ‘el más celestial conocimiento de la naturaleza del alma’ pero sin ningún poder práctico.21

En realidad, en tanto siempre habrá pensadores de diferentes tipos, ambas clases de psicología serán cultivadas. Lo que se precisa es solamente una división del trabajo. ‘La única pregunta que puede haber es la pregunta práctica acerca de cómo distribuir el trabajo como para desperdiciarlo lo menos posible y conseguir los resultados más eficientes’. La primer tarea es separar los ‘aspectos más metafísicos de la conciencia humana’, dejar estos temas en manos de los especialistas en filosofía general, y luego el resto puede ser entregado ‘sin temor al cuidado de los hombres de los hechos’. Tal división del trabajo ya existe en el caso del ámbito de la física. Los problemas especulativos que aparecen son tratados por filósofos. Una división del trabajo similar es necesaria en el caso del campo de lo mental22.

Los textos citados dejan en claro que para James la separación entre metafísica y psicología es provisional y que no tiene nada que decir acerca de cuál será el plan cuando ambas tengan tiempo de madurar. Por ahora, los psicólogos simplemente tienen que formular suposiciones, dejando así algunos temas en manos de ‘especialistas en filosofía general’. ¿Cuáles son estas suposiciones? Las variadas declaraciones de James pueden, creo, ser ordenadas en cuatro puntos. En el primer caso, sin reparar en sí mismos como metafísicos, encuentren o no una unidad más profunda entre ellos, los psicólogos en la actualidad deberían seguir el sentido común y dar por sentado un dualismo entre sujeto y objeto. En el segundo, los psicólogos deberían asumir que hay sujetos cognoscentes o mentes, dejando para los metafísicos la pregunta acerca de lo que puedan ser las mentes en su naturaleza más profunda. En el tercero, los psicólogos deberían asumir que las mentes pueden conocer un ámbito de objetos; no deberían ocuparse de la posibilidad del conocimiento en general. Y en el cuarto, deberían asumir que como psicólogos no pueden hacer más que meramente afirmar un paralelismo entre cerebros y mentes, y así posponer el tratamiento de los problemas de su interacción causal. Este último supuesto es tratado mejor en conexión con la exposición de James acerca de la explicación en psicología.

Como metafísico, James no es dualista. Cuando en 1890 empezó a concentrarse en la psicología filosófica, introdujo el concepto de experiencia pura en un intento de mostrar que el dualismo sujeto-objeto no es un dualismo fundamental. Hay indicios de especulaciones no dualistas que preceden a los Principios y puede argumentarse que el concepto de experiencia pura es una deducción de una concepción que había mantenido anteriormente. Pero para los propósitos de la psicología como ciencia natural, está dispuesto a aceptar el punto de vista del sentido común de que hay dos diferentes e irreductibles clases de entes en el mundo, mentes y cosas.

James no cree que las categorías del sentido común sean aproblemáticas y que estén por fuera del alcance de la especulación metafísica23. Las categorías del sentido común lo atraen a James porque mientras ponen de relieve una dualidad fundamental en la conciencia permiten atender neutralmente a la naturaleza más profunda de los términos involucrados. Tal vez si la psicología estudiara meros sentimientos las cosas serían de otro modo. Pero para James, la psicología estudia la cognición que siempre involucra una estructura dualista: hay un estado mental que de algún modo se trasciende a sí mismo y entra en relación con algo que no es él mismo. Por lo tanto, el punto de vista de la psicología es un ‘completo dualismo’24. Él escribe: ‘El dualismo del objeto y del sujeto y su armonía preestablecida son lo que los psicólogos como tales deben suponer, aunque puedan tener una filosofía ulterior, como un individuo que tiene también derecho a ser metafísico.’25 Como es bien sabido, poco después de Principios, James continuó desarrollando un empirismo radical según el cual sujeto y objeto no son sustancias diferentes sino diferentes funciones en el seno de la experiencia, distinguibles por sus diferentes contextos relacionales. Mientras hacía esto, todavía insistía en la inevitabilidad del dualismo en psicología: ‘Los psicólogos siempre han seguido el sentido común tratando los pensamientos y las cosas como dos géneros coordinados de realidad. Cuando la psicología acepte francamente la posición de una ciencia natural, debe hacer esto.’ 26

El segundo supuesto de nuestra lista tiene que ver con la naturaleza del sujeto cognoscente. En los Principios, James plantea tres teorías metafísicas del yo: la teoría del alma sustancial, el asociacionismo y el yo trascendental. Tal vez en estas polémicas algunas discusiones metafísicas se deslizan, pero el interés dominante de James es mostrar que tales teorías, cualquiera que sea su verdad fundamental, no son necesarias para la descripción del funcionamiento real de las mentes. James estaba, después de todo, escribiendo un libro de texto para usar en las clases en la Universidad en un tiempo en el que el alma, que portaba una pesada carga religiosa y moral, aún se ubicaba en el centro de la instrucción en psicología. Son tales lectores los que él buscaba tranquilizar con las reconfortantes palabras de que ellos podían continuar creyendo en el alma si lo deseaban porque ‘nuestros razonamientos no han establecido la no existencia del Alma; sólo han probado su superfluidad para los fines científicos’.27

Los libros de texto con los cuales Principios iba a competir, afirmaban decir mucho acerca del alma y hacían imposible que James desarrollara una psicología sin alma, ignorando el tema. Al mismo tiempo, las teorías que se presentaban como rivales de la teoría del alma habían aparecido en un contexto de disputa metafísica y estaban sesgadas metafísicamente. Tampoco podían ser pasadas por alto en silencio.

En cuanto a la naturaleza fundamental del sujeto cognoscente, se puede demostrar que en los Principios James toma el problema para mostrar que es un problema genuino que necesita ser tratado en el presente:

El Pensamiento transitorio parece pues ser el Pensador; y aunque pueda haber otro Pensador no fenoménico detrás de este, no parece que lo necesitemos para expresar los hechos. Pero no podemos definitivamente formar juicio sobre él hasta que hayamos escuchado las razones que se han empleado históricamente para demostrar su realidad’.28

Las teorías sustancialistas y trascendentalistas suponen un pensador detrás del fenómeno. La esterilidad de las substancias del alma para la psicología será uno de los temas más importantes de la próxima sección. Para ser exhaustivos debe ser explicitado que para James las teorías trascendentalistas son igualmente infecundas. Tales teorías admiten el pensamiento transitorio y argumentan solamente que deben tener un ámbito más profundo de unidad. Para James el terreno trascendentalista es ‘un movedizo terreno’ a ser evitado por la psicología.29

El asociacionismo es rechazado por James por una razón diferente. Especialmente en la versión de David Hume, James plantea que el asociacionismo ignora algunos rasgos verificables de la experiencia en nombre del dogma metafísico. ‘Hume al final es tan metafísico como Tomás de Aquino’ porque piensa que la única unidad posible del yo es la considerada por la metafísica sustancialista. Y puesto que no encuentra esa unidad en la experiencia, plantea que sólo hay completa diversidad. En verdad, nuestra experiencia contiene tanto unidad como diversidad. Hume, a raíz de sus creencias metafísicas, ‘niega que este amago de semejanza, este núcleo de igualdad que corre entre los ingredientes del yo, exista aún como cosa fenoménica’.30


James no puede resistir la tentación de sugerir qué dirección tomarían sus propias especulaciones metafísicas:
Por mi parte yo confieso que desde el momento en que me hice un metafísico y traté de definir lo más posible, me encontré que la noción de una especie de anima mundi (alma del mundo) pensando en todos nosotros, es una hipótesis más prometedora, a pesar de todas sus dificultades, que la de un destino de almas absolutamente individuales. Entretanto, como psicólogos, no necesitamos ser metafísicos.31
El tercer supuesto se relaciona con la posibilidad del conocimiento en general. James escribe que el psicólogo no investiga la posibilidad del conocimiento en general: ‘Él supone que es posible, no duda de su presencia en el momento en que habla.’32

En su prefacio a los Principios, James proporciona una lista de los supuestos de la psicología que parece ser diferentes a la mía: ‘La psicología, la ciencia de los espíritus individuales finitos, recoge como datos suyos (1) los pensamientos y los sentimientos; (2) un mundo físico en el tiempo y en el espacio con el cual aquellos coexisten y que (3) conocen.33. Pero cuando se examina más de cerca, ambas son similares. Su primer y segundo supuestos entran dentro del encabezamiento del dualismo; el primero también reaparece como el problema del sujeto cognoscente; su tercer supuesto y el mío son el mismo. Y lo que he planteado como el problema del paralelismo está insinuado en su referencia a la coexistencia de las mentes y las cosas. En su prefacio, después de enumerar los supuestos, en el texto citado al principio de mi primera sección, plantea que es en la metafísica que debemos buscar una clara y minuciosa revisión de los supuestos.

Aunque James se refiere usualmente a la metafísica – un término notorio por sus múltiples significados- falla definitivamente en establecer lo que la metafísica es. A partir de sus variadas referencias al tema parece claro que asocia la metafísica con lo especulativo y con la búsqueda de la racionalidad fundamental. De este modo, como hemos visto, plantea a menudo que evitando la metafísica, la psicología triunfa quedándose con lo que es verificable. Sus referencias a las ‘discusiones’ metafísicas sugieren que los metafísicos son incapaces de saldar sus disputas, que carecen de métodos establecidos. En contraste, la psicología tiene sus métodos y no involucra disputas.

La Psicología obtiene su superioridad epistemológica sobre la metafísica a un precio. Falla en cumplir la exigencia de racionalidad fundamental. Los hombres deben continuar pensando, después de todo, y su necesidad de penetrar los misterios más profundos no es enfrentada por una psicología positivista. Si los sujetos cognoscentes finitos son sustancias aisladas o fragmentos del anima mundi, si las mentes y los cuerpos son irreductiblemente diferentes, si actúan y cómo lo hacen causalmente, son preguntas que sólo pueden ser pospuestas. La necesidad de preguntarlas no puede abolirse por decreto. Para James, la racionalidad fundamental no puede encontrarse sólo en la esfera teórica. Los hombres también formulan exigencias morales y estéticas y cualquier explicación final de las cosas, donde esta sea posible, tendrá que satisfacerlas también.34


III La explicación en psicología
La concepción de James acerca de la explicación en psicología es al mismo tiempo una explicación de los límites de la psicología como una ciencia positiva. Para él, el mayor pecado de los primeros psicólogos fue su recurso a las explicaciones metafísicas, especialmente su tendencia a invocar el alma. Él escribe: ‘En resumen, el Alma es un nacimiento de esa especie de filosofar cuya gran máxima… es: ‘Todo aquello de lo que sois totalmente ignorantes, afirmáis que es la explicación de cualquier otra cosa.35.

Sus desarrollos acerca de la explicación, aunque breves, son bastante explícitos. Para James, en psicología la búsqueda de racionalidad total debe ser pospuesta y, por el momento, la ciencia infantil, debe restringirse a explicaciones psicológicas y fisiológicas. No trataré en este artículo de demostrar que el mismo James acata los límites que ha puesto, aunque, en mi opinión, hace eso en al menos la mayoría de los casos.

No siendo un lógico, está satisfecho con aceptar las condiciones de la explicación significativa como están expuestas en los textos estándar de lógica: ‘Una hipótesis, nos es dicho en los libros de lógica, debe proponer un ente que tiene otra constitución y definición que la de apenas interpretar el fenómeno que es evocado para explicar.’36 En el caso del alma, esto implica el requerimiento de que las propiedades del alma sean conocidas independientemente de cualquier conocimiento de la vida mental. Pero los metafísicos han fallado hasta aquí en proporcionar conocimiento de cualquiera de las propiedades explicativas.

En una reseña publicada en 1887, mientras critica a George Trumball Ladd por seguir aún intentando elaborar una psicología del alma, James observa:


El obstáculo principal es la total infecundidad, para los propósitos científicos, de vuestro ser real espiritual, o principio de unidad, cuando lo tienen. ¿Cuál es la utilidad de un principio de cuya naturaleza no puede hacerse ni una simple deducción, cuyas actividades, propiedades, carácter y destino tienen que ser deducidos de esa masa de particulares empíricos, con el propósito de superar la incoherencia para la cual el principio ha sido originalmente invocado?37
En los Principios, retorna al tema varias veces:
La gran dificultad está en ver cómo una cosa puede conocer algo. Esta dificultad no se destruye en lo más mínimo por dar a la cosa que conoce el nombre de Alma. Los espiritualistas no deducen cualquiera de las propiedades de la vida mental de las propiedades del alma conocidas de otro modo. Simplemente encuentran varios caracteres dispuestos en la vida mental, y encajan estos en el alma, diciendo ‘¡Eh! ¡Mirad la fuente de donde manan!’ El carácter meramente verbal de esta ‘explicación’ es evidente.’38
Y en otro lugar, después de apuntar un gran número de observaciones empíricas acerca de la memoria, enfatiza que las almas no son útiles en la explicación de las propiedades de la memoria observadas empíricamente. Los metafísicos nos pueden decir poco acerca del alma además de que es una sustancia simple. ¿Pero por qué una sustancia simple debería recordar acontecimientos recientes más que remotos? ¿Por qué debería ser afectada por drogas y fiebres?

Si nos contentamos con afirmar únicamente que la facultad de la memoria está tan peculiarmente constituida por la naturaleza que muestra precisamente estas particularidades, lo mejor que podemos hacer es haberla invocado, porque nuestra explicación la hace tan complicada como la de los hechos escuetos con los cuales nos debatimos. Por otra parte hay algo grotesco e irracional en la suposición de que el alma está provista de facultades elementales de una manera tan ingeniosamente intrincada… Tales peculiaridades parecen casi fantásticas; y debieran ser, en cuanto podemos decidir a priori, precisamente lo contrario de lo que son.39

Para James el concepto de alma no sirve en una psicología concebida como ciencia natural.

¿Qué clase de explicaciones están permitidas? Las explicaciones genuinas son de dos clases: algunas permanecen dentro de los límites de la psicología y otras, las mejores, correlacionando estados mentales con estados cerebrales, apelan a la fisiología.

James expone su concepción acerca de la explicación psicológica en el contexto de su análisis de la percepción del espacio. Plantea que en su concepción ‘…no han intervenido ningunas otras fuerzas que las que hemos encontrado en la Psicología; en una palabra, la sensibilidad en cuanto al dato y la discriminación, asociación, memoria y elección, en cuanto a su distribución y combinaciones ulteriores.’40 En esto, James permanece bastante cerca de la más vieja psicología asociacionista. Su esquema es complejizado sólo por la introducción de la discriminación y la elección. En esta perspectiva, la tarea de la psicología es mostrar cómo la gran complejidad de la vida mental es producida a partir de datos sensoriales por medio de un pequeño número de operaciones mentales. Sólo que la lista de James de las operaciones mentales es más larga, al insistir como lo hace en la selección y la discriminación.

James reconoce una clase diferente de explicación más prometedora que la mera explicación psicológica, que involucra una apelación a la fisiología. Dada la primitiva condición de ambas ciencias, de acuerdo con James, en los Principios, es posible sólo sugerir la dirección que las explicaciones psicológicas seguirían. Pero en el caso de que, en el transcurso del tiempo, se vuelva posible correlacionar cada estado mental con un estado neurológico, se completaría el lado explicativo de la psicología. James escribe:

Lo definitivo de los problemas últimos, naturalmente, en el estudio de las relaciones del pensamiento y del cerebro, es comprender por qué y cómo cosas tan diversas están unidas. Pero antes de que este problema sea solucionado (si alguna vez se resuelve) hay un problema menos definitivo, pero que debe plantearse primero. Antes de que pueda explicarse la conexión del pensamiento y del cerebro, debe afirmarse en su forma elemental; y hay grandes dificultades en afirmarla. Para afirmarla en su forma elemental debe uno reducirla a sus términos inferiores y saber qué hecho mental y qué hecho cerebral están, por decirlo así, en yuxtaposición inmediata. Debemos encontrar el mínimo hecho mental cuyo ser se funde directamente en un hecho cerebral; y debemos encontrar, de igual manera, el mínimo acontecimiento cerebral que tendrá un contrapeso mental. Entre los mínimos mentales y físicos se encontrará así una relación inmediata cuya expresión, si la tuviésemos, sería la ley elemental psicofísica.41

James llama paralelismo a la concepción que plantea que los acontecimientos mentales se corresponden cada uno con acontecimientos cerebrales.

Usa el término para posponer y reservar para la metafísica una investigación respecto de las interacciones causales entre mentes y cerebros. ‘El hecho es que toda la cuestión de la interacción y de la influencia entre las cosas es una cuestión metafísica, y no puede ser discutida por los que no tienen gusto en penetrar a fondo los asuntos.’42 En una carta a James Ward, James hace la misma aclaración: ‘A lo que hay que apuntar es a una explicación causal; y debo decir que eso parece descansar (al menos provisionalmente) en la región de las leyes aún desconocidas de la conexión de la mente con el cuerpo.’43

James lleva más lejos la investigación de los correlatos neuronales de las propiedades mentales en conexión con su teoría del hábito. Muy brevemente, James plantea que el cerebro es plástico, que las corrientes entrantes usan conductos, y que una corriente nerviosa pasa por un conducto tal mucho más fácilmente que a través de un cerebro sin conductos. Tales caminos neuronales son los correlatos físicos de los hábitos. Del lado de lo mental, se observa que el organismo adquiere hábitos, esto es, que con repetición, las acciones se vuelven más y más automáticas. Del lado de lo físico, se observa que una corriente que atraviesa un conducto remueve obstáculos, facilitando de este modo que pasen corrientes subsiguientes por el mismo conducto. Si pensamos en el sistema neuronal como red intrincada de conductos, se vuelve posible explicar propiedades mentales observadas con referencia a propiedades del sistema neuronal.44

Las discusiones de James acerca de las correlaciones cerebro-mente en los Principios son dignas de atención por la ausencia de lenguaje causal. Él está totalmente satisfecho con afirmaciones de ‘mero paralelismo’. Y cuando se permite a sí mismo hacer afirmaciones causales, lo hace disculpándose, insistiendo en que esto es hecho sólo por la ‘naturalidad del discurso’. Es objeto de debate el ataque de James al automatismo y su insistencia respecto de que los estados mentales pueden influir otros estados mentales y llevar a cambios en el cerebro:

….el sentido común, aunque la naturaleza íntima de la causalidad y de la conexión de las cosas en el universo radica más allá de su horizonte lamentablemente limitado, tiene la raíz y asiento de la verdad en sus manos cuando obstinadamente sostiene que los sentimientos y las ideas son causas. Por inadecuadas que puedan ser nuestras ideas de la eficacia causal, estamos menos apartados del término cuando decimos que nuestras ideas y sentimientos la poseen que los Automatistas cuando dicen que no la poseen.45

Habiendo dicho esto, James insiste en que la psicología como una ciencia natural debe aceptar algunos términos sin crítica y expresa su esperanza de que una vez que la metafísica haya alcanzado una adecuada concepción de la causalidad, algo de la perspectiva del sentido común permanecerá, aunque en ‘alguna forma traducida’.

Claramente, para James, parte de la culpa descansa en la metafísica. Tal como están las cosas, el concepto de casualidad es demasiado oscuro y es apenas más que una confesión de fe que los avances en psicología y metafísica probarán la creencia vaga en la causalidad mental para estar más cerca de la verdad que de su negación. Utilizándolo, James no plantea que entienda cómo sucede que los estados mentales influyen al cerebro.



IV Una descripción metafísicamente neutral de los estados mentales

En muchos textos ya citados, James insiste que en Principios intentó dar una descripción de los estados mentales respecto de la cual todos los psicólogos pudieran acordar, sin importar sus diferencias metafísicas. Con este fin, planteó que las ideas simples del asociacionismo, que se combinan entre ellas y se mueven sin modificarse de estado mental en estado mental, deberían ser reemplazadas por la idea de la corriente de conciencia, para la cual cada estado mental es un todo individual y no un compuesto de partes reemplazables. James suele presentar este planteo como un alejamiento de las construcciones metafísicas hacia las descripciones neutrales de los estados mentales.

En su esfuerzo por eliminar las explicaciones metafísicas de la psicología, el blanco de James eran las psicologías del alma. Pero en su perspectiva, las hipótesis acerca del alma no se entrometían en la descripción de la vida mental y el alma ‘es en todo caso innecesaria para expresar los actuales fenómenos subjetivos de conciencia tal como aparecen’. Los hemos formulado todos sin su ayuda, por la suposición de un torrente de pensamientos, cada uno sustancialmente distinto del resto, pero cognoscitivo del resto y ‘apropiativo’ del contenido de cada uno.’46 En cambio, James disiente con los asociacionistas en el nivel de la descripción. Plantea que las ideas simples que los asociacionistas afirmaban que eran los elementos de que estaba compuesta la totalidad de la vida mental eran ficciones metafísicas y no serían encontradas a través de la mera introspección. Por lo tanto, James en algunas oportunidades plantea que cualquier introspección imparcial revelará la corriente de pensamiento, mientras que las ideas simples nunca serán encontradas:

Nadie tuvo jamás una simple sensación por sí misma. La conciencia, desde nuestro día de nacimiento, es una prolífica multiplicidad de objetos y relaciones, y lo que llamaremos sensaciones simples son resultado de la atención discriminativa, elevada muchas veces a muy alto grado. Es asombroso qué estrago se hace en psicología admitiendo desde un principio suposiciones en apariencia inocentes, que sin embargo contienen una tacha.47

Estos comentarios, expuestos en el principio del capítulo acerca de la corriente de pensamiento, enfatizan la resolución de James de proveer una descripción pura como un punto de partida para todos los psicólogos.

Discutir en detalle cuáles fueron los motivos que llevaron a James a plantear esto es imposible dentro de los límites de este artículo. Desde mi punto de vista, ellos están entre sus más profundos motivos, subyaciendo bajo la totalidad de su perspectiva filosófica y su permanente polémica con Kant y el absolutismo en la filosofía. Para James, la unidad, la coherencia, la conexión deben ser dadas en nuestra experiencia tanto como cualquier otra cosa. Si la unidad no es dada, cualquiera sea la unidad que haya en la experiencia debe ser vista como el resultado de una construcción intelectual, ubicando a la filosofía en la resbalosa pendiente desde Kant hasta el idealismo absoluto. Y David Hume es el principal culpable porque, de acuerdo con James, él desterró todas las conexiones de la experiencia.48 Desde el tiempo de Hume, la ‘noción íntegra de ‘unión’ es un misterio’.49

Pero, ¿una descripción neutral es una posibilidad desde el punto de vista de James? Probablemente no. Para James, la experiencia, esto es, esa pequeña fracción de los estímulos sensoriales que nos alcanzan de la cual nos volvemos concientes, es un asunto de selección guiado por intereses. En ‘El intelecto animal y humano’, publicado en 1878, James escribe:

Millones de ítems del orden externo son presentados a mis sentidos los cuales nunca entran en mi experiencia ¿Por qué? Porque no tienen interés para mí. Mi experiencia es aquello en lo que acuerdo en atender. Sólo aquellos ítems que percibo configuran mi mente – sin interés, la experiencia es un caos total. 50

Pero si esto es así, Hume, guiado por sus intereses, encuentra sólo desconexión, mientras James, con otra serie de intereses, encuentra conexiones. ¿Cómo puede al mismo tiempo afirmar que está dando la clase de descripción neutral alrededor de la cual todos pueden acordar? Hay evidencia de que James admite algunas veces la observación. Así, en una carta de 1893 escribe: ‘Libremente admito que en la vehemencia de mis argumentaciones en el capítulo acerca de la corriente de pensamiento, parezco estar abogando por la unidad más como una verdad fundamental y definitiva que como una peculiar suposición metodológica ventajosa’.51

En el propio desarrollo intelectual de James, la corriente de pensamiento se convirtió aún en una más seria dificultad. Cuando en la década de 1890 en conexión con su empirismo radical llegó a desarrollar la noción de experiencia pura como ni mental ni física pero capaz de ser ambas cosas, se dio cuenta de que su hipótesis de la experiencia pura no podía ser conciliada con la descripción de la experiencia en los Principios. Dentro de su empirismo radical, James ofreció una explicación de cómo dos mentes pueden conocer una cosa. La misma área de experiencia pura, argumentó, la cual en una serie de relaciones es mental y en otra física, puede entrar en varias corrientes mentales diferentes. Así, por ejemplo, la silla que dos personas están mirando representa un punto en el cual dos líneas mentales se intersectan y es la misma en ambas mentes. Pero desde que cada uno de los estados mentales es un campo del cual la silla es sólo un momento, las dos personas pueden ver la misma silla sólo si la misma área de experiencia es presentada en dos campos mentales diferentes. Y es esto lo que de acuerdo con los Principios es imposible porque no puede haber átomos mentales que pasen sin cambio de un estado mental a otro.52

En Un universo plural (1909), en el capítulo acerca de la composición de la conciencia, James provee una historia de sus opiniones sobre este polémico tema, mencionando sus múltiples vicisitudes. Tal vez su última palabra, en cierto modo una concesión a sus críticos, es dada en una nota al pie:

Me aferro a ella aun como la mejor descripción de un gran número de nuestros más altos campos de conciencia. Ellos, de manera demostrable no contienen los más bajos estados que conocen los mismos objetos. Respecto de otros campos, sin embargo, esto no es tan cierto; de modo que… [En ’The Knowing of Things Together’] francamente, en principio, retiré mi anterior objeción al hablar de campos de conciencia constituidos por ‘partes’ simples, dejando que los hechos decidan la cuestión en cada caso especial.53



Pero si esto es una concesión, es muy pequeña y puede repercutir en una ventaja para James en su esfuerzo de librar a la psicología de las influencias metafísicas. Parecería que, si es posible decidir la cuestión en cada caso especial, la descripción inicial de la vida mental estaría menos sujeta a la influencia de la metafísica de lo que estaba en Principios.

Universidad de Carolina del Sur

1 Véase por ejemplo, Charlene Seigfried, ‘On the Metaphysical Foundation of Scientific Psychology’, en Michael H. DeArmey y Stephen Skousgaard, The Philosophical Psychology of William James (Washington, DC: University Press of America, 1986).

2 William James, The Meaning of Truth (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1975), 307-8.

3 William James, The Principles of Psychology, 2 vols (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1981), Vol. I, 6.

4 ibíd., I:182.

5 ibíd., I:180.

6 Carta del 13 de Mayo de 1888 a Théodule Ribot (Houghton Library, Harvard University).

7 James firmó el contrato con su editor en 1878 pero empezó a trabajar sistemáticamente en el libro recién en 1885, completando la tarea en mayo de 1890. Aunque a la mayoría de los capítulos no pueden serles asignadas fechas exactas, es claro que los capítulos no fueron escritos en el orden en que fueron impresos y que al menos algunos de ellos en los cuales el programa de la psicología como una ciencia natural es expuesta fueron escritos bastante después. Para más detalles véase Fredson Bowers, ‘The Text of The Principles of Psychology’ (Principles, III, 1532-62).

8 William James, ‘A Plea for Psychology as a "Natural Science"’, reimpreso en Essays in Psychology (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1983), 270.

9 William James, ‘The Knowing of Things Together’, reimpreso en Essays in Philosophy (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1978), 88.

10 Principles, III, 1483.

11 Para los apuntes de clase de James para estos cursos véase William James, Manuscript Lectures (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1988).

12 Essays in Philosophy, 88.

13 George Stuart Fullerton, ‘The Psychological Standpoint’, Psychological Review 1(January 1894):113-33. Fullerton resume sus críticas como sigue: ‘Como filósofo ha aceptado tal conciencia: como psicólogo ha caído al nivel de la ciencia natural y el sentido común, y la ha evitado completamente’ (131).

14 Essays in Psychology, 275.

15 William James, A Pluralistic Universe (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1977), 95.

16 William James, Essays, Comments and Reviews (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1987), 303.

17 ibíd.: 297.

18 ibíd.: 296-7.

19 Essays in Psychology, 270.

20 ibíd.: 271-2.

21 ibíd.: 277.

22 ibíd.: 273.

23 James cree que las categorías del sentido común eran producidas por metafísicas largamente olvidadas en el pasado remoto: ‘La experiencia como le llega directamente al individuo, es una secuencia mezclada de fragmentos, con todo en deslizamiento y flujo, ideas y sentimientos, alternando lo nuevo expulsando lo viejo, y sueños y realidades sin distinción. El sentido común, con la ayuda de unas pocas concepciones tan antediluvianas y tan fáciles que nunca pensamos en ellas como los logros históricos positivos que realmente deben haber sido, acepta la incoherencia y la entremezcla con unidad.’ (William James, Manuscript Essays and Notes [Cambridge, MA: Harvard University Press, 1988], 8).

24 Principles, I, 214.

25 Principles, I, 216.

26 Manuscript Essays and Notes, 27.

27 Principles, I, 332.

28 ibíd., I: 324.

29 ibíd., I: 350, n. En este pie de página, James enfatiza que las suposiciones de la psicología deben ser discutidas en ‘motivos generales especulativos’, pero en este libro el prefiere ‘la suposición del sentido común’ porque todos los psicólogos lo hacen y ninguna psicología puede ser escrita que no ‘postule tales pensamientos como su dato fundamental’.

30 Principles, I, 334-5

31 ibíd., I: 328.

32 ibíd., I: 184.

33 ibíd., I: 6.

34 William James, ‘The Sentiment of Rationality’ (Essays in Philosophy, 55-6).

35 Principles, I, 329.

36 Essays in Philosophy, 85.

37 Essays, Comments, and Reviews, 400.

38 Principles, I, 328-9.

39 ibíd., I: 16-17.

40 ibíd., II: 806.

41 ibíd., I: 178.

42 ibíd., I: 140.

43 Carta del 1º de Noviembre de 1892 a James Ward (Houghton Library, Harvard University).

44 Principles, I, 112.

45 ibíd., I: 140.

46 ibíd., I: 326.

47 ibíd., I: 219.

48 Por ejemplo, James en un punto refiere a la doctrina de Hume de que nuestro pensamiento está compuesto de partes independientes separadas’ (Principles, 1, 230)

49 ibíd., I:140.

50 Essays in Psychology, 19.

51 Carta del 11 de Febrero a León Marillier (Houghton Library, Harvard University).

52 La lucha de James con este problema es registrada en las así llamadas Notas de Miller-Bode publicadas en Manuscript Essays and Notes. En un punto en sus reflexiones anota nostálgicamente: ‘Admitir que un sujeto transcendental y un objeto transcendental eliminarían todas las dificultades’ (85).

53 A Pluralistic Universe, 87 n.







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