La coherencia en el derecho amalia Amaya Universidad Nacional Autónoma de México resumen


Los problemas del coherentismo: una propuesta de solución



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Los problemas del coherentismo: una propuesta de solución

La concepción de la coherencia en términos de satisfacción de restricciones nos permite solucionar el primer problema que se ha señalado antes, esto es, el problema de la vaguedad, ya que la concepción de la coherencia fáctica y normativa como satisfacción de restricciones nos proporciona una serie de criterios precisos para evaluar y comparar el grado de coherencia de las distintas alternativas.

El problema de la circularidad sólo surge si uno acepta una concepción linear de la inferencia según la cual la justificación es una propiedad que se transfiere de una creencia a otra a través de una cadena. Sin embargo, el modelo de coherencia propuesto rechaza esta concepción ‘tubular’ de la justificación y se basa, por el contrario, en una concepción holista según la cual la justificación de una hipótesis fáctica o interpretativa depende de su coherencia con el resto de los elementos relevantes74. Además, en este modelo se asume que las relaciones de coherencia son simétricas y, por lo tanto, que dos elementos que son coherentes entre sí, son mutuamente interdependientes, y no que uno se infiere del otro. Por lo tanto, esta teoría evita el problema de la circularidad que es endémico a las teorías coherentistas, mostrando cómo las pruebas y las hipótesis fácticas, por un lado, y los elementos normativos y las hipótesis interpretativas, por el otro, se justifican mutuamente.

Este modelo también nos permite solventar el problema del conservadurismo. En el contexto del razonamiento acerca de los hechos, el modelo nos permite asegurarnos de que las pruebas juegan el papel que deben jugar en la selección de una hipótesis como justificada, ya que se da prioridad a las proposiciones que describen pruebas frente al resto de los elementos. Desde luego, siempre es posible rechazar estas proposiciones como injustificadas, si así lo requieren razones de coherencia. Sin embargo, esto es como debe ser: después de todo, ocasionalmente, tenemos buenas razones para dudar de la confiabilidad de las pruebas aducidas en un juicio. Sin embargo, el modelo garantiza que, a menos de que haya muy buenos argumentos de coherencia, los enunciados que describen pruebas sean aceptados y que, por lo tanto, éstos cumplan un papel fundamental en la determinación de la hipótesis acerca de los hechos que uno debe aceptar como justificada. En el contexto del razonamiento normativo, el modelo da prioridad a los enunciados que describen razones de autoridad y, en este sentido, sanciona una tendencia conservadora, al establecer que, para que una decisión esté justificada, ésta debe ser coherente con el conjunto de materiales autoritativos. Ahora bien, de hecho, que las razones de autoridad tengan un status privilegiado es un rasgo fundamental del razonamiento ‘jurídico’ que diferencia a este tipo de razonamiento, precisamente, de otros tipos de razonamiento práctico. No puede ser, por lo tanto, un problema que la teoría de la coherencia reconozca el lugar prominente que tienen estas razones en la justificación de las proposiciones normativas. El problema surgiría, desde luego, si esta tendencia conservadora impidiera el cambio normativo, pero el modelo sí que da cabida al cambio normativo ya que permite rechazar las razones de autoridad siempre y cuando este rechazo aumente de manera significativa el grado de coherencia de las razones relevantes en su conjunto. Por lo tanto, este modelo exhibe un grado moderado de conservadurismo que es, me parece, una característica distintiva de nuestras prácticas de justificación jurídica.

La teoría de la coherencia propuesta aquí también nos permite solucionar los problemas derivados del holismo en cuanto que se fundamenta en una concepción contextualista de los estándares de justificación jurídica según la cual el conjunto de creencias que se tiene que hacer coherente no es todo el sistema de creencias del agente sino un subconjunto de las mismas que se considera relevante en el contexto particular. Esta aproximación contextualista a la justificación coherentista permite acercar este modelo a lo que los decisores judiciales pueden, de hecho, hacer, dadas nuestras limitaciones cognitivas; nos permite mejorar la adecuación descriptiva de la teoría, ya que explica de manera más adecuada los procesos de razonamiento que resultan en decisiones jurídicas justificadas; y al hacer que la justificación de una creencia acerca de los hechos o el derecho dependa exclusivamente de la coherencia de un subconjunto relevante de creencias solventa algunos de los problemas que surgen en relación a la adecuación normativa del coherentismo.

Otro problema que enfrentan las teorías de la coherencia es que las mismas carecen de una descripción detallada de la inferencia coherentista. El modelo propuesto soluciona este problema ya que proporciona una teoría acerca de los patrones inferenciales mediante los cuales los agentes jurídicos pueden llegar a tomar decisiones justificadas por virtud de su coherencia en términos de una inferencia a la mejor explicación. A pesar de que, sin duda, es necesario clarificar cómo operan las inferencias explicativas en el derecho, el modelo ofrece una descripción relativamente detallada de la manera en la cual funciona la inferencia coherentista en el derecho.

Por último, las teorías de la coherencia en el derecho no examinan de manera sistemática las razones por las cuales la coherencia es valiosa en el contexto jurídico. Como es bien sabido, una de las dificultades principales que enfrentan las teorías de la coherencia es la de demostrar que la coherencia nos conduce a la verdad (o a la corrección). A la luz de estas dificultades, pueden surgir dudas –legítimas, uno diría- acerca de si la coherencia tiene fuerza justificativa en el derecho. Para responder a la pregunta de por qué la coherencia confiere justificación en el derecho es necesario entrar a un debate de segundo orden acerca de cuáles serían las razones en base a las cuales se podrían justificar los estándares coherentistas de la justificación jurídica, es decir, es preciso ofrecer una meta-justificación adecuada de la concepción coherentista de la justificación jurídica. En la siguiente sección, ofrezco algunas razones por las cuales la coherencia es un valor importante en el razonamiento jurídico.



  1. El valor de la coherencia

Para desarrollar un argumento a favor del valor de la coherencia en el razonamiento jurídico es necesario, en primer lugar, cuestionar una tesis acerca de qué es lo que hace que un determinado criterio de justificación sea valioso que está implícita en la mayor parte de las discusiones acerca de la justificación. Según esta tesis, un estándar de justificación es adecuado en la medida en que esté conectado de manera apropiada con la verdad y la corrección. Tomando esta tesis como punto de partida, se pone en tela de juicio que la coherencia pueda jugar un papel relevante en la justificación, dado que es dudoso que los estándares de coherencia puedan conducirnos a la verdad. Sin embargo, aunque, desde luego, uno de los criterios principales para evaluar un estándar de justificación es su capacidad para juzgar como justificadas creencias que son probablemente verdaderas, hay también otros criterios relevantes para determinar la adecuación de una teoría de la justificación. En lo que sigue, quisiera dar algunos argumentos a favor de una teoría coherentista de la justificación.

  1. El argumento del anti-fundacionismo

La primera razón a favor de una teoría coherentista de la justificación, como la que se ha propuesto aquí, es de carácter negativo. A la luz de las serias dificultades que presenta la principal alternativa al coherentismo, es decir, el fundacionalismo, no sólo en el ámbito jurídico sino también en los distintos campos en los que se han presentado propuestas fundacionalistas (en epistemología, desde luego, pero también en ética, filosofía de la ciencia, etc.), la teoría de la justificación como coherencia parece, en principio, atractiva, aunque, desde luego, es necesario ofrecer algunas razones positivas a favor de esta teoría75.

  1. El argumento acerca de la conexión entre coherencia y verdad

No parece que haya en las distintas propuestas coherentistas en diversos campos del conocimiento ningún argumento concluyente que demuestre que existe una conexión necesaria entre la coherencia y la verdad. Sin embargo, que no tengamos ningúna razón concluyente para creer que la coherencia conduce a la verdad, no significa que los esfuerzos por mostrar que la coherencia y la verdad están conectadas de manera adecuada sean inútiles. Por el contrario, hay un conjunto de estrategias diferentes que permiten concluir que la coherencia de nuestras creencias acerca del mundo no está desconectada de la verdad de las mismas.76 Estas estrategias proporcionan, me parece, un buen punto de partida para construir un argumento que demuestre que aceptar conclusiones acerca de los hechos en el derecho en virtud de su coherencia (probablemente) es una buena manera de alcanzar conclusiones verdaderas. El problema de si la coherencia conduce a la verdad es mucho menos serio en el ámbito normativo que en el ámbito fáctico, dado que las teorías anti-realistas de la verdad de los enunciados normativos se consideran en general más plausibles que las teorías anti-realistas de la verdad de los enunciados fácticos y que los estándares coherentistas de la justificación se pueden combinar más fácilmente con teorías no realistas de la verdad que con teorías que defienden una concepción de la verdad como correspondencia. Por lo tanto, el problema de cómo se conectan la coherencia y la verdad no presenta, en principio, un obstáculo serio a las propuestas de analizar la justificación de las proposiciones normativas en el derecho en términos de coherencia. En conclusión, a pesar de que no se puede demostrar que una teoría de la coherencia nunca nos va a conducir por derroteros equivocados, ya que ciertamente nos puede llevar a aceptar creencias acerca de los hechos y el derecho falsas o incorrectas, hay buenas razones, dado el objetivo de alcanzar el valor de la verdad en el derecho, para aceptar la teoría de la justificación como coherencia.

  1. Coherencia y emoción

Las emociones, tal y como han demostrado algunos estudios recientes, son un componente fundamental tanto en el razonamiento práctico como teórico en el Derecho, al igual que en otras áreas77. Puesto que las relaciones de coherencia no tienen por qué ser relaciones entre elementos proposicionales y dado que los juicios de coherencia son sensibles a las respuestas emocionales, la teoría de la coherencia está mejor situada que otras teorías alternativas para dar cuenta del papel que juegan las emociones en la justificación jurídica78.

  1. El argumento de la plausibilidad psicológica

Como han puesto de manifiesto algunos estudios empíricos, la teoría de la justificación como coherencia parece tener un alto grado de plausibilidad psicológica79. Ésta es una razón de peso a favor de esta teoría de la justificación. Desde una perspectiva naturalista, nuestras formas ordinarias de razonar constriñen el tipo de teorías normativas que son deseables; las teorías de la coherencia, a diferencia de otras teorías alternativas, satisfacen las restricciones impuestas por el naturalismo.80 Además, uno de los objetivos, me parece, fundamentales, de una teoría del razonamiento jurídico es el de proporcionar una guía a los decisores jurídicos; la teoría de la coherencia, en cuanto que toma como punto de partida los procesos ordinarios de razonamiento, parece estar mejor situada para desempeñar esta función regulativa de los procesos de decisión jurídica que otras teorías que establecen patrones de razonamiento que están más alejados de las formas ordinarias que emplean los decisores jurídicos.

  1. Las dinámicas de la justificación

Una ventaja de la teoría de la coherencia es que, a diferencia de otros modelos de justificación, esta teoría tiene los recursos necesarios para dar cuenta de los aspectos dinámicos de la justificación81.

  1. El valor práctico de la coherencia

Las instituciones jurídicas están al servicio de una serie de objetivos y la coherencia es una herramienta valiosa para alcanzar algunos de ellos. Por ejemplo, la coherencia facilita la coordinación82, la efectividad83, la seguridad jurídica84, y la estabilidad social85 que son, sin duda, valores fundamentales en los ordenamientos jurídicos. Por lo tanto, parece haber razones importantes de orden práctico para promover el valor de la coherencia en el ámbito del Derecho.

  1. El argumento acerca de la resolución del conflicto

La coherencia está asociada a una concepción del razonamiento práctico según la cual es posible deliberar racionalmente acerca de los fines y no solamente acerca de cuáles son los mejores medios para lograr ciertos fines. Es decir, los métodos coherentistas no nos ayudan simplemente a realizar los distintos valores que se consideran centrales para el Derecho, sino que son una herramienta fundamental para deliberar acerca de qué valores es importante perseguir y cómo sopesar los mismos cuando éstos entran en conflicto. Por lo tanto, la coherencia proporciona una guía inestimable para elegir entre distintas alternativas de decisión, tanto acerca de los hechos como del derecho, en casos en que hay conflicto de valores y, en este sentido, es de gran ayuda para el cumplimiento de la que es, quizá, una de las funciones más importantes del derecho, a saber, la resolución de conflictos a través de medios argumentativos.86

  1. El valor constitutivo de la coherencia

La coherencia es constitutiva de la identidad individual y política87. Los decisores jurídicos, por lo tanto, no pueden sin más desatender las exigencias de la coherencia porque si así lo hicieran estarían, de hecho, negándose a determinar su propia identidad como miembros de una comunidad política. Esta dimensión constitutiva de la coherencia es una razón fundacional para valorar la coherencia como un estándar que debe guiar a los decisores jurídicos en el desempeño de sus funciones.

Estos argumentos, considerados en su conjunto, dan un apoyo importante a la teoría de la justificación como coherencia. Dado que parece haber buenas razones para la coherencia y puesto que, como he argumentado anteriormente, los problemas del coherentismo no son de imposible resolución, una teoría de la justificación que le dé un papel importante a la coherencia, como la que se ha propuesto en este trabajo, parece ser un buen candidato para una teoría de la justificación jurídica. Después de haber articulado y defendido un modelo coherentista del razonamiento jurídico, pasemos ahora a examinar algunas de las implicaciones que tiene este modelo para la teoría general de la argumentación jurídica.



  1. Coherencia, razonamiento jurídico y teoría del derecho

El modelo de coherencia propuesto tiene, me parece, algunas implicaciones interesantes para la teoría general de la argumentación jurídica y, de manera más amplia, para la teoría del derecho. Esta propuesta coherentista está basada en una concepción de la justificación jurídica que se aparta en algunos aspectos centrales de la concepción de la justificación que caracteriza a la teoría estándar de la argumentación jurídica.

En primer lugar, el modelo de coherencia articulado y defendido en las secciones anteriores, se basa en una concepción anti-fundacionalista de la justificación jurídica, es decir, este modelo niega que exista un conjunto privilegiado bien de proposiciones fácticas bien de proposiciones normativas que confieran justificación al resto de proposiciones acerca de los hechos o el derecho. En este sentido, este modelo se aparta tanto de las concepciones positivistas formales del razonamiento jurídico como de las aproximaciones probabilísticas al razonamiento acerca de los hechos en el derecho, que están basadas en una epistemología fundacionalista. El modelo propuesto también se aleja de otras concepciones anti-fundacionalistas que se han defendido en la literatura jurídica –como la de Dworkin- en cuanto que, a diferencia de éstas- el modelo otorga –a través del principio de prioridad- cierta preferencia a las proposiciones que describen razones de autoridad así como a los enunciados probatorios, aunque, en último término, su justificación depende, al igual que la del resto de las proposiciones, de las relaciones de coherencia que éstas tengan con los otros elementos fácticos y normativos. De este modo, frente a otros modelos coherentistas, que conciben la justificación jurídica como un problema ‘puro’ de coherencia, el modelo propuesto entiende la justificación jurídica como un problema ‘discriminatorio’, reconociendo el papel fundamental que deben jugar las razones de autoridad y las pruebas en la justificación jurídica de las proposiciones normativas y fácticas, respectivamente.88

En segundo lugar, el modelo de coherencia propuesto está basado en una concepción contextualista de la justificación jurídica según la cual los estándares de justificación jurídica de las conclusiones acerca de cuestiones tanto de hecho como de derecho dependen de factores contextuales, tales como los objetivos relevantes, la importancia del caso, las consecuencias de la decisión o las restricciones de tiempo y recursos. En este sentido, este modelo se aleja de la concepción de la justificación dominante en teoría del derecho según la cual es posible definir los estándares de justificación jurídica de manera general, sin atender a los rasgos específicos del caso concreto, y contribuye al desarrollo de aquellas aproximaciones, todavía minoritarias, que tratan de articular estándares de justificación jurídica sensibles al contexto.

En tercer lugar, esta propuesta coherentista está fundamentada en una concepción responsibilista de la justificación jurídica, según la cual, los estándares de justificación jurídica no son independientes de los estándares de responsabilidad que regulan la deliberación de los decisores jurídicos. En este punto, el modelo propuesto se aleja de manera fundamental de las teorías estándar de la justificación jurídica, en las que el estudio de los deberes y virtudes de los decisores jurídicos se considera una materia que cae, de manera característica, fuera de su ámbito de aplicación. Por el contrario, según la propuesta defendida aquí, el análisis de los estándares de responsabilidad es una parte fundamental de la teoría de la justificación jurídica. El modelo propuesto, por lo tanto, permite apreciar que existen importantes conexiones entre la teoría de la argumentación jurídica y la ética profesional. En cuanto que el modelo de coherencia propuesto defiende una concepción de los estándares de responsabilidad en los que juegan un papel importante tanto los deberes como las virtudes, este modelo destaca la relevancia de nociones aretaicas para una teoría de la justificación jurídica y, de manera más general, apunta la posibilidad de desarrollar una jurisprudencia de la virtud89, como una alternativa aún por explorar a las tradicionales teorías del Derecho de corte Kantiano o consecuencialista.

En cuarto lugar, según el modelo coherentista propuesto, el razonamiento jurídico -tanto acerca de normas como de hechos- es un razonamiento primordialmente de tipo explicativo. Aunque el razonamiento explicativo se ha discutido en alguna medida en la literatura jurídica, la discusión se ha centrado en el papel que la abducción juega en el descubrimiento de hipótesis fácticas90. Este modelo, sin embargo, se basa en una concepción más amplia de la inferencia explicativa según la cual la inferencia a la mejor explicación es un tipo de inferencia que juega un papel importante no sólo en el contexto de descubrimiento sino también en el de justificación y que, además de tener una importancia central en el razonamiento acerca de los hechos en el derecho, es un patrón de inferencia fundamental en el razonamiento normativo. En este sentido, este modelo de coherencia saca a la luz los importantes paralelismos estructurales que parecen existir entre las inferencias fácticas y normativas en el derecho y, por lo tanto, apunta a la posibilidad de desarrollar una teoría unitaria para ambos tipos de inferencia.

En quinto lugar, este modelo se basa en una concepción naturalista de la justificación jurídica, es decir, en una determinada concepción acerca de la relación entre las cuestiones normativas y las descriptivas según la cual para determinar cómo deben razonar los decisores jurídicos es indispensable tomar en consideración las investigaciones de tipo empírico acerca de cómo, de hecho, se toman las decisiones jurídicas. En este sentido, este modelo cuestiona la tesis –generalmente asumida en las teorías estándar de la argumentación jurídica- según la cual hay una separación fundamental entre la psicología de los procesos de decisión jurídica y las cuestiones acerca de la justificación de las decisiones jurídicas e invita a considerar el posible impacto de los recientes desarrollos en la psicología del razonamiento en la elaboración de una teoría normativa de la argumentación jurídica. 91

Por último, el modelo coherentista propuesto se basa en una concepción amplia de la racionalidad práctica según la cual el razonamiento jurídico no es un razonamiento exclusivamente instrumental sino que, por el contrario, es también un razonamiento acerca de fines y valores. De este modo, este modelo se aparta de las aproximaciones tanto formalistas como realistas según las cuales el razonamiento jurídico es un razonamiento de tipo medio-fin y se inscribe en el conjunto de teorías que defienden que la deliberación en contextos jurídicos consiste, al menos en parte, en razonar acerca de fines y valores. Este modelo, en cuanto que presenta la inferencia coherentista como una forma no instrumental de razonamiento práctico, pretende, por lo tanto, contribuir, en alguna medida, al estudio de los patrones argumentativos mediante los cuales se razona acerca de los fines y los valores en el derecho.


  1. Un catálogo de problemas abiertos

La teoría coherentista a la justificación jurídica presentada en este trabajo tiene, me parece, algunos rasgos deseables. En primer lugar, esta teoría tiene un ámbito de aplicación más amplio que algunas de las aproximaciones coherentistas al razonamiento jurídico, ya que es, en principio, aplicable tanto al razonamiento acerca de cuestiones de hecho como de cuestiones de derecho. Además, esta teoría parece plausible desde un punto de vista psicológico, puesto que está basada en una concepción de la coherencia como satisfacción de restricciones y, cómo han mostrado algunos estudios recientes en psicología cognitiva, una gran parte de los procesos cognitivos humanos puede ser entendida en términos de redes conexionistas, como las que se usan para representar los mecanismos de satisfacción de restricciones. Por último, aunque -huelga decirlo- el modelo propuesto no soluciona de una manera plenamente satisfactoria los problemas tradicionales del coherentismo, me parece que, al menos, mitiga de manera significativa la importancia de los mismos. De todos modos, el modelo, desde luego, no está exento de problemas. Para concluir, quisiera señalar someramente algunas de las dificultades que tiene esta propuesta coherentista.

En primer lugar, el análisis de la coherencia en términos de satisfacción de restricciones tiene algunos problemas que no son, me parece, menores, tales como el problema de cómo generar el input para el cálculo de coherencia o el problema de cómo integrar los distintos tipos de coherencia que son relevantes para la justificación jurídica.



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