La coherencia en el derecho amalia Amaya Universidad Nacional Autónoma de México resumen


Algunos problemas de las teorías de la coherencia en el Derecho



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Algunos problemas de las teorías de la coherencia en el Derecho

Las teorías de la coherencia en Derecho son vulnerables a una serie de objeciones. Es interesante notar que estos problemas son comunes a las teorías coherentistas de la justificación de enunciados normativos y fácticos en el Derecho, en otras palabras, los problemas del coherentismo en relación tanto con normas como con hechos tienen, como se verá, una estructura similar.

  1. Vaguedad

El primer problema que enfrentan las teorías de la coherencia en el Derecho es el problema de la vaguedad. La mayoría de las teorías de la coherencia no cuentan con un concepto bien definido de coherencia. Las teorías de la coherencia normativa están basadas en un concepto de coherencia demasiado vago para los propósitos de una teoría de la justificación jurídica44 y las teorías coherentistas del razonamiento jurídico acerca de los hechos apelan a una noción de coherencia narrativa que necesita especificarse de manera más detallada45.

  1. Holismo

En segundo lugar, las teorías de la coherencia están comprometidas con un holismo radical que resulta bastante problemático. Según las teorías de la coherencia normativa, la justificación depende de la coherencia de ‘todo’ el sistema de creencias acerca del derecho y de la moralidad política46. De manera similar, para las aproximaciones coherentistas al razonamiento acerca de los hechos en el Derecho, ‘todo’ el conjunto de creencias del decisor jurídico es relevante a la hora de determinar si una creencia acerca de los hechos está justificada.47 Esta versión holista radical da lugar a tres problemas fundamentales. Primero, las teorías holistas son implausibles desde un punto de vista psicológico, ya que para llevar a cabo los cómputos globales de coherencia que exigen estas teorías es necesario tener unas capacidades cognitivas y una memoria mucho mayor que la que tenemos los humanos.48 Segundo, el holismo es descriptivamente inadecuado, puesto que los decisores jurídicos no ponen en juego todas sus creencias a la hora de resolver un determinado problema fáctico o normativo. Y, por último, este tipo de teorías son también insatisfactorias desde un punto de vista normativo, en cuanto que hacen depender la justificación de una decisión jurídica de la coherencia de un subconjunto de creencias morales49 y, en el caso del razonamiento acerca de hechos, parecen permitir que las decisiones se tomen en base a creencias que no están debidamente fundamentadas en las pruebas admitidas.50

  1. Circularidad y conservadurismo

En tercer lugar, están los problemas relativos a la estructura de la justificación coherentista, en concreto, los problemas de la circularidad y del conservadurismo. Una objeción principal en contra de las teorías coherentistas de la justificación es que son viciosamente circulares. Es necesario mostrar que las teorías de la coherencia normativa no nos llevan a aceptar como justificado un determinado principio jurídico en virtud de su coherencia con un conjunto de materiales jurídicos cuya justificación, a su vez, depende de su coherencia con éste mismo principio51. En el contexto del razonamiento jurídico acerca de hechos, es preciso mostrar que las teorías coherentistas no justifican una creencia en un enunciado probatorio en virtud de su coherencia con una determinada hipótesis que, al mismo tiempo, se considera como justificada en cuanto que es coherente con dicha prueba52.

Otro problema que enfrenta una concepción coherentista del razonamiento jurídico es el problema del conservadurismo. Las teorías de la justificación como coherencia son intrínsicamente conservadoras, ya que sostienen que la justificación de nuevos elementos depende de su coherencia con el conjunto de elementos previamente aceptado53. Esta tendencia conservadora obstaculiza el cambio normativo y, en sistemas jurídicos deficientes desde un punto de vista moral, lleva a perpetuar la injusticia en aras de la coherencia54. En el ámbito fáctico, el conservadurismo inherente a las teorías de la coherencia puede conducir a interpretar las pruebas de manera que no perturben la coherencia de las hipótesis que han sido previamente formuladas o, incluso, puede llevar a los decisores jurídicos a rechazar nuevas pruebas por razón de su incoherencia con las hipótesis aceptadas55.



  1. ¿Qué es la inferencia coherentista?

Un cuarto problema que afecta a las teorías de la coherencia en el Derecho es que las mismas no dan cuenta del tipo de inferencias que pueden usar los decisores jurídicos para construir una interpretación coherente de los materiales normativos relevantes o de las pruebas e hipótesis aducidas en el caso concreto. En otras palabras, las teorías de la coherencia en el Derecho están incompletas, en cuanto que no especifican los mecanismos mediante los cuales los decisores jurídicos pueden llegar a construir la interpretación del derecho más coherente o la explicación de los hechos que mejor satisfaga los criterios de coherencia.

  1. ¿Por qué debe jugar la coherencia un papel en la justificación jurídica?

Por último, una pregunta, sin duda, importante es la cuestión de por qué la coherencia debe jugar un papel en la justificación bien de los enunciados fácticos bien de los enunciados normativos en el Derecho. Ésta es una pregunta de ‘segundo orden’ que tiene que ver no con el problema de cómo funcionan los argumentos de coherencia sino con la cuestión de ‘por qué’ la coherencia ha de tener fuerza justificativa en el contexto jurídico. A pesar de que la literatura acerca de la coherencia en el Derecho se ha ocupado, en alguna medida, de este problema, las teorías de la coherencia no ofrecen una explicación detallada de las razones por las cuales la coherencia es un valor fundamental en el Derecho.

¿Son estos problemas irresolubles? ¿Es entonces el coherentismo en el Derecho demasiado problemático para ser considerado como una opción teórica plausible? De entrada, a la vista de estos problemas, ¿por qué empeñarse en desarrollar una teoría de la justificación como coherencia? Más adelante, ofreceré algunas razones por las cuales la coherencia es un valor importante en el Derecho, pero quisiera esbozar aquí algunos argumentos a favor de la coherencia con el propósito de (espero) mostrar que, a pesar de sus problemas, el coherentismo es una aproximación a la justificación en el Derecho que merece la pena desarrollar.

En primer lugar, incluso los más escépticos acerca del valor de la coherencia, están dispuestos a aceptar que la coherencia es, al menos, un ingrediente de la justificación. Se puede discutir el alcance de la misma como mecanismo de justificación, si juega un papel positivo o meramente negativo, si tiene la capacidad de generar justificación o si, por el contrario, sólo puede aumentar el grado de justificación, pero no conferirla. Sin embargo, que la coherencia es relevante para justificación es una tesis altamente plausible y generalmente aceptada. Si esto es así, entonces, incluso aunque no pudiera definirse la justificación exclusivamente en términos de coherencia, no parece que pueda analizarse de manera completa el problema de la justificación jurídica sin apelar a la idea de coherencia.

En segundo lugar, los argumentos de coherencia tienen un papel fundamental en los procesos de razonamiento y de decisión en diversos ámbitos; como dijo acertadamente Ziff, ‘los humanos tenemos un gusto por la coherencia, somos expertos de la coherencia’56. Por ello, el coherentismo ha de resultar una opción atractiva para todo aquél que esté interesado en desarrollar teorías acerca de la argumentación jurídica que estén conectadas, de alguna manera, con nuestras capacidades naturales de razonamiento.

Por último, el coherentismo es una teoría alternativa a las aproximaciones formales al razonamiento jurídico –cuyos problemas y limitaciones han sido ampliamente discutidos en las últimas décadas- que no tiene las implicaciones escépticas de las tradicionales alternativas anti-formalistas, como el realismo jurídico y los movimientos críticos.

En conclusión, aunque los problemas del coherentismo son muchos y serios, hay buenas razones para explorar la posibilidad de desarrollar un modelo coherentista del razonamiento jurídico que tenga los recursos para resolver o, al menos, mitigar los problemas que afectan a las teorías coherentistas de la justificación jurídica. En la siguiente sección, trataré de desarrollar dicho modelo, tomando como punto de partida un estudio de las teorías de la coherencia que se han propuesto en diversas disciplinas y aplicando algunas de las ideas desarrolladas en estos campos al ámbito del derecho57.



  1. Un modelo coherentista de razonamiento jurídico

El modelo coherentista de razonamiento jurídico que quisiera defender en este trabajo consta de cuatro elementos fundamentales: un concepto de coherencia en términos de satisfacción de restricciones, la idea de que la inferencia coherentista en el derecho es un tipo de inferencia a la mejor explicación, una concepción de la justificación jurídica como ‘coherencia óptima’ y una aproximación contextualista a los estándares coherentistas de la justificación jurídica.

  1. La coherencia en el derecho como ‘satisfacción de restricciones’

El primer ingrediente del modelo de coherencia que quisiera proponer aquí es una concepción de la coherencia para el Derecho en términos de satisfacción de restricciones. Paul Thagard ha desarrollado una teoría de la coherencia como satisfacción de restricciones según la cual un conjunto de elementos es coherente cuando satisface una serie de restricciones positivas y negativas.58 Thagard ha aplicado esta teoría general de la coherencia a una gran diversidad de campos, entre otros, la ética y la epistemología. Esta concepción general de la coherencia puede ser aplicada también con provecho, me parece, al ámbito del derecho. En el contexto jurídico, podríamos distinguir entre dos tipos de coherencia, la ‘coherencia normativa’, es decir, el tipo de coherencia que es relevante para la justificación de los enunciados normativos y la ‘coherencia fáctica’, i.e. el tipo de coherencia que es relevante para la justificación de los enunciados fácticos. Ambos tipos de coherencia pueden ser analizados tomando como base la teoría de Thagard acerca de la ‘coherencia ética’ y la ‘coherencia epistémica’, respectivamente, aunque es necesario introducir algunas modificaciones para adaptar la teoría a las singularidades del contexto jurídico.

La coherencia fáctica requiere la interacción de los mismos tipos de coherencia que, según Thagard, son relevantes para la justificación epistémica (a saber, la coherencia analógica, conceptual, perceptual, deductiva y explicativa) más un tipo de coherencia adicional, la coherencia deliberativa. Es necesario añadir este tipo de coherencia al conjunto de tipos de coherencia que son relevantes para la justificación de los juicios de hecho en el derecho porque, a diferencia de otros tipos de razonamiento acerca de hechos, el razonamiento acerca de los hechos en el derecho es, en último término, una parte de una instancia de razonamiento práctico acerca de si se debe o no condenar. Cada uno de estos tipos de coherencia se especifican, según Thagard, a través de una serie de principios. Entre los distintos tipos de coherencia que son relevantes para la justificación de las conclusiones acerca de los hechos, la coherencia explicativa es, sin duda, el tipo de coherencia más importante. Según los principios de la coherencia explicativa, la coherencia explicativa es una relación simétrica, las restricciones positivas surgen de relaciones de analogía y explicación y las negativas, de relaciones de incompatibilidad y contradicción. Los elementos -en este caso, las proposiciones que describen pruebas e hipótesis acerca de los hechos- son aceptados si tal aceptación maximiza la coherencia, es decir, si maximiza la satisfacción de las restricciones impuestas por estos principios, teniendo en cuenta que –en virtud del llamado principio de prioridad- se le debe dar cierta preferencia a las proposiciones que describen pruebas. A estos principios habría que añadir algunos principios que yo llamaría ‘institucionales’ con el fin de dar cuenta de la presunción de inocencia y de las restricciones impuestas por los estándares de la prueba.

La coherencia normativa resulta de la evaluación integrada de los mismos tipos de coherencia que, según Thagard, son relevantes para la justificación moral (a saber, conceptual, perceptual, explicativa, analógica y deductiva) con una importante adición: la coherencia interpretativa. Es preciso añadir este tipo de coherencia porque el razonamiento jurídico es, de manera esencial, un tipo de razonamiento interpretativo. Este tipo de coherencia es, me parece, el tipo de coherencia que contribuye de manera más importante a la justificación de los enunciados normativos en el Derecho. Los principios de la coherencia interpretativa son estructuralmente análogos a los principios de la coherencia explicativa, excepto que las restricciones positivas y negativas se establecen entre hipótesis interpretativas –en lugar de fácticas- y lo que podríamos llamar ‘elementos normativos’ (precedentes, principios, etc.), que juegan un papel en el cálculo de la coherencia interpretativa similar al papel que juegan las proposiciones que describen pruebas en el cálculo de la coherencia explicativa.

El análisis de la coherencia en el derecho en términos de satisfacción de restricciones nos permite elaborar una concepción unitaria de las inferencias jurídicas, ya que la coherencia fáctica y la coherencia normativa comparten una misma estructura, a pesar de que los tipos de coherencia, los elementos y las restricciones relevantes sean diferentes. En base a este análisis, la inferencia jurídica, tanto acerca de proposiciones fácticas como normativas, podría describirse como un proceso de maximización de la coherencia que consta de los siguientes pasos o etapas: 1. La identificación de una ‘base’ de coherencia, es decir, del conjunto de elementos que se pretende hacer coherente59; 2. La construcción de un conjunto de ‘contrastes’ [contrast set] o, lo que es lo mismo, de un conjunto de alternativas de decisión plausibles60; 3. La elaboración de estas alternativas de decisión a través de una serie de mecanismos de construcción de la coherencia61; 4. La evaluación de las distintas decisiones posibles en virtud de los criterios de coherencia, normativa y fáctica, que se han propuesto anteriormente; y 5. La selección como justificada de la decisión que mejor satisfaga los criterios de coherencia establecidos por las teorías de los tipos relevantes de coherencia, sobre todo, la coherencia explicativa, en el caso de los enunciados fácticos, y la coherencia interpretativa, en el caso de los enunciados normativos.

Este proceso de maximización de la coherencia se puede describir mejor como una ‘inferencia a la mejor explicación’ mediante la cual los decisores jurídicos construyen un conjunto de hipótesis fácticas y normativas y seleccionan como justificada la hipótesis que es mejor, es decir, la hipótesis que es más coherente. La conceptualización de la inferencia coherentista como una inferencia explicativa es el segundo elemento del modelo coherentista del razonamiento jurídico que quisiera proponer, y que paso a analizar a continuación.


  1. Inferencia a la mejor explicación en el derecho

El segundo elemento de esta propuesta coherentista es la tesis de que la coherencia se construye en el proceso de decisión jurídica a través de una ‘inferencia a la mejor explicación’.62 La inferencia a la mejor explicación es un tipo de inferencia mediante el cual se construyen y evalúan hipótesis explicativas.63 Por lo tanto, la tesis que quisiera defender es que los decisores jurídicos forman creencias justificadas acerca de los hechos y las normas en el derecho a través de la construcción, en primer lugar, de una serie de hipótesis interpretativas y fácticas y, en segundo lugar, de la selección de una de ellas como justificada. Según esta concepción del razonamiento jurídico, la inferencia en el derecho es un proceso que consiste en dos etapas fundamentales, construcción y selección, que tiene carácter ‘eliminativo’, es decir, que funciona por exclusión, y que es derrotable, ya que siempre es posible descubrir una explicación mejor que derrote a la explicación elegida.

La coherencia juega un papel fundamental tanto en la etapa de generación como en la de selección de hipótesis fácticas e interpretativas. En la etapa de construcción, la coherencia es una herramienta que ayuda a reducir el conjunto de hipótesis que se deben someter a consideración, de manera que las hipótesis que son altamente incoherentes con creencias empíricas y normativas básicas no se consideran lo suficientemente plausibles como para que merezca la pena evaluarlas posteriormente en la etapa de selección. En esta etapa, la coherencia también juega un papel primordial, ya que proporciona los estándares de evaluación necesarios para determinar cuál, entre las posibles alternativas, es la mejor hipótesis. La sugerencia, por lo tanto, es que la ‘mejor’ explicación en el Derecho es la explicación que mejor satisface los criterios de coherencia establecidos por las teorías de la coherencia fáctica y normativa.



Esta concepción explicativa de la inferencia jurídica, aunque –me parece- atractiva, no está exenta de problemas. A mi parecer, el problema principal que tiene que enfrentar un modelo de inferencia a la mejor explicación en el derecho es el llamado ‘problema de la consideración insuficiente’ [problem of underconsideration]64. Según el modelo de la inferencia a la mejor explicación, el razonamiento jurídico funciona por exclusión y, como consecuencia de ello, la justificación jurídica depende, al menos en parte, de cuestiones relativas al contexto de descubrimiento. Pero el problema que surge entonces es el siguiente: ¿Qué ocurre si el proceso de generación o descubrimiento de alternativas no es lo suficientemente bueno? En otras palabras, ¿Qué excluye la posibilidad de que la mejor explicación sea simplemente la mejor alternativa de un conjunto deficiente de alternativas? El problema es que no parece que tengamos ninguna razón para aceptar la mejor hipótesis fáctica o normativa como justificada ya que es perfectamente posible que la hipótesis verdadera acerca de los hechos, o la mejor hipótesis interpretativa acerca del derecho, se encuentre entre aquéllas alternativas que se han dejado de considerar. Este problema es, me parece, un problema que debe tomarse en serio. Lo que quisiera sugerir es que es posible solucionar el problema de la consideración insuficiente complementando el modelo de la inferencia a la mejor explicación con una concepción responsibilista de la justificación.65 En concreto, lo que quisiera argumentar es que un decisor jurídico está justificado en aceptar la mejor hipótesis fáctica o normativa –en contra de lo que sostiene la objeción- a condición de que haya construido el conjunto de hipótesis a considerar de un modo epistémicamente responsable. Me referiré a la hipótesis que un agente epistémicamente responsable identificaría como ‘mejor’ como la hipótesis que es ‘óptimamente’ coherente. Veamos ahora en qué consiste esta idea de ‘coherencia óptima’ que, según el modelo propuesto, constituye el núcleo de la noción de justificación jurídica.

  1. La justificación jurídica como coherencia óptima

El tercer elemento que me parece esencial en una teoría de la coherencia es la idea de que los juicios de responsabilidad epistémica son relevantes para la atribución de creencias justificadas acerca de los hechos y del derecho. En concreto, la tesis es que una hipótesis interpretativa o fáctica en el derecho es ‘óptimamente coherente’ y, por lo tanto, está justificada si podría haber sido el resultado de un proceso epistémicamente responsable de maximización de la coherencia66. La responsabilidad epistémica requiere el cumplimiento de una serie de deberes epistémicos así como el ejercicio de un conjunto de virtudes epistémicas en el desempeño de las actividades de investigación y deliberación en el derecho67. Entre los deberes epistémicos que son relevantes para el razonamiento de tipo coherentista en el ámbito jurídico podríamos mencionar, el deber de buscar más pruebas acerca de las proposiciones que son dudosas a la luz de las pruebas disponibles o el deber de creer sólo aquéllas proposiciones que estén justificadas por las pruebas admitidas a juicio68. En el contexto de investigación acerca de los hechos y el derecho, para ser epistémicamente responsable es necesario el ejercicio de virtudes tales como la exhaustividad, la perseverancia en el seguimiento de una línea de investigación y la apertura de mente en la selección y evaluación de pruebas, mientras que en el contexto de deliberación acerca de los hechos y el derecho, algunas virtudes primordiales son la apertura a nuevas alternativas, la disposición a considerar objeciones que pongan en cuestión las hipótesis preferidas y la habilidad de imaginar cómo las diferentes alternativas podrían afectar a las partes en el proceso69.

Ahora bien, a este punto, resulta pertinente preguntarse: ¿Cuánta diligencia es necesaria para ser diligente en el contexto jurídico? ¿Qué pruebas es preciso procurar para cumplir con la obligación de buscar activamente razones para creer en una determinada hipótesis? ¿Qué nivel de cuidado es necesario para comportarse de una manera epistémicamente responsable? Una aproximación responsibilista a la justificación jurídica está incompleta a menos que exista alguna manera de determinar el nivel de escrutinio que es necesario satisfacer para poder tener creencias justificadas tanto acerca de los hechos como del derecho. La tesis que quisiera proponer aquí es que el contexto es esencial para determinar el nivel de cuidado debido y, por lo tanto, para fijar la severidad de los estándares de justificación jurídica. Este elemento contextualista es el cuarto –y último- de los componentes del modelo coherentista de razonamiento jurídico que pretendo articular y defender en este trabajo.



  1. Coherencia y contexto

Los juicios de coherencia son altamente sensibles a rasgos contextuales, en otras palabras, cuando de coherencia se trata, como dice Margolis, el contexto es la clave.70 La idea fundamental que, me parece, es necesario incorporar en una teoría coherentista de la justificación jurídica es que los estándares de justificación varían con el contexto71. El rol del agente decisor, la importancia de lo que está en juego, las restricciones de carácter metodológico y dialéctico, los objetivos y los recursos disponibles son algunos de los rasgos contextuales que son especialmente relevantes a la hora de establecer la severidad de los estándares de justificación jurídica72. Por ejemplo, en la mayoría de los sistemas jurídicos, los estándares de justificación son más exigentes cuando el costo de tomar una decisión equivocada es muy alto, como es el caso en el derecho penal, particularmente, en relación con los delitos más graves. La tesis es, por lo tanto, que los mecanismos de tipo contextual juegan un papel fundamental en la determinación de la severidad de los estándares de justificación jurídica.

Los estándares coherentistas de la justificación jurídica se pueden hacer más o menos exigentes a través de la modificación de tres dimensiones centrales en una teoría de la coherencia: la base de la coherencia, la constitución del conjunto de contrastes y el grado de coherencia que se considera necesario para atribuir creencias justificadas73. Por ejemplo, el cargo y la condición de experto ayudan a determinar cuál es la base adecuada de la coherencia: mientras que en la elaboración de una teoría política o jurídica puede ser necesario hacer coherente un conjunto amplio de creencias acerca del derecho y de la moralidad política, en la toma de decisiones judiciales, la justificación de las mismas depende del grado de coherencia que tenga un conjunto de elementos mucho más reducido. De manera similar, el conjunto de alternativas que es preciso considerar para alcanzar creencias justificadas por virtud de su coherencia también depende del contexto. Por ejemplo, restricciones de carácter metodológico ayudan a configurar el conjunto de alternativas, destacando la importancia de algunas de éstas y determinando qué alternativas uno puede justificadamente ignorar. Para ilustrar el punto: mientras que la hipótesis según la cual es posible que la creencia de un testigo ocular sea producto de la alucinación es una hipótesis que debe ser seriamente considerada en el contexto de una investigación filosófica, esta hipótesis puede ser obviamente ignorada en un contexto jurídico. La severidad de los estándares de justificación también puede ser determinada incrementando o reduciendo el grado de coherencia que es necesario para la justificación. Por ejemplo, una determinada teoría del caso puede ser lo suficientemente coherente como para atribuir responsabilidad civil, pero ser, sin embargo, insuficientemente coherente para atribuir justificadamente responsabilidad penal.

En resumen, según el modelo propuesto, una hipótesis fáctica o interpretativa está justificada si es la más coherente de un conjunto de hipótesis alternativas que se ha construido de una manera epistémicamente responsable. Es posible alcanzar una solución ‘óptimamente coherente’ a un determinado problema fáctico o normativo en el derecho a través de un proceso de inferencia a la mejor explicación. La coherencia es, según este modelo, una cuestión que depende de la satisfacción de una serie de restricciones y un estándar de justificación que varía con el contexto. Paso ahora a examinar cómo se podrían abordar, con los recursos de este modelo de coherencia, los problemas del coherentismo identificados anteriormente.



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