La ciencia de la meditación



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El Libro de los Secretos

Volumen 1°

OSHO

COMPÁRTELO

MA GYAN DARSHANA
osho_library@gruposyahoo.com

La ciencia de la meditación


UNA VISIÓN CONTEMPORÁNEA DE LAS 112 MEDITACIONES DESCRITAS EN EL VIGYAN BHAIRAV TANTRA
Indice de Capítulos

1. El mundo del tantra

2. El camino del yoga y el camino del tantra

3. La respiración: un puente al universo

4. Superar los engaños de la mente.

5. Cinco técnicas de atención

6. Estratagemas para trascender los sueños

7. Técnicas para tranquilizarte

8. Aceptación total y no división: el significado de la pureza tántrica.

9. Técnicas para centrarte

10. Autorrealización: la necesidad básica

11. Técnicas para penetrar en lo interno

12. Más allá de la mente, hasta la fuente

13. Centrarse internamente

14. Cambiar la dirección de la energía

15. Ver el pasado como un sueño

16. Más allá del pecado de la inconsciencia

17. Varias técnicas para «parar»

18. Permanecer con la realidad

19. Una técnica para el tipo intelectual y otra para el tipo emocional

20. El amor corriente y el amor de un buda

21. Tres técnicas para mirar

22. Desbloquear el tercer ojo

23. Varios métodos más para mirar

24. Duda o fe, vida o muerte: las bases de caminos diferentes

25. De las palabras a los sonidos puros y al ser

26. Aceptar las cimas y los valles

27. Ausencia de sonido, plenitud del sonido y conciencia total

28. Meditación: soltar el lastre de las represiones

29. Métodos para dejar la mente

30. Entregarse en el sexo y entregarse a un maestro

31. Del sonido al silencio interno

32. La enseñanza central es la «no lucha»

33. La espiritualidad del acto sexual tántrico

34. El orgasmo cósmico a través del tantra

35. Dirigir la atención hacia dentro, hacia lo real

36. De maya (ilusión) a la realidad

37. Técnicas para observar el flujo de la película de la vida

38. Hacia el ser auténtico

39. De la ola al océano cósmico

40. La iluminación súbita y sus obstáculos

41. Métodos tántricos para ser consciente y no juzgar

42. Alerta con el tantra

43. Encontrar lo que no cambia mediante lo cambiante

44. Secretos de amor y liberación

45. Permanecer con lo real

46. El camino tántrico para ser libre de los deseos

47. Meditación tántrica usando la luz

48. La potencialidad de la semilla

49. Obrar con conciencia

50. Ir a las raíces

51. Volver a la existencia

52. Entrar en este momento

53. De la muerte a la inmortalidad

54. El fuego de la conciencia

55. Sólo lo irreal se disuelve

56. Descubrir el vacío

57. Estás en todas partes

58. Ve más allá del karma

59. Observa desde "la colina

60. Libérate a ti mismo: de ti mismo

61. Técnicas para hacerse uno con la totalidad

62. La meta es ahora mismo

63. Empieza a crearte a ti mismo

64. La no-elección es dicha

65. Elimina los límites

66. Un buda no es nadie

67. Ve más allá de la mente y la materia

68. La energía se deleita jugando

69. Eres un desconocido para ti mismo

70. Sufre el dolor de la soledad

71. Olvida la periferia

72. Empieza a vivir en la inseguridad

73. El miedo a la transformación es profundo

74. La sensibilidad es conciencia

75. Busca el ritmo de los opuestos

76. La vida es energía sexual

77. Vuélvete cada ser

78. El guía interno

79. La filosofía del vacío

80. Todo y nada significan lo mismo

Lista de meditaciones



Introducción



¿Qué sucede cuando morimos?
Es una pregunta que se encuentra en el centro de casi toda búsqueda espiritual humana, y la respuesta que se da marca los límites entre una doctrina religiosa y otra. Ya crea uno en la reencarnación o la resurrección, en el cielo o el in­fierno, en el purgatorio o en pagar las deudas kármicas, la pregunta de qué sucede tras la muerte ocupa una enorme cantidad de espacio en el terreno religioso.

En el rico y complejo mundo de la mitología hindú, Shiva representa el aspecto de la muerte y la destrucción en una «trinidad» que incluye tam­bién la creación (Brahma) y el mantenimiento (Vishnu). Es a Shiva al que se atribuyen los sutras, de cinco mil años de antigüedad, de este Libro de los secretos. ¿Por qué? Para comprenderlo, será útil saber un poco más sobre la procedencia de Shiva.

Es un personaje complejo, este Shiva, con mu­chas facetas. Según cuenta la historia, una vez Brahma y Vishnu fueron a hablar con Shiva de un asunto urgente, y lo encontraron haciendo el amor con su esposa. Shiva estaba tan absorto en hacer el amor que ni siquiera se dio cuenta de que los otros dos dioses habían entrado en su habitación. Enfadados por haberse tenido que quedar de pie como unos tontos durante horas hasta que Shiva por fin los vio, lo maldijeron y declararon que a partir de entonces sería representado por un sím­bolo fálico. De ahí el shivalingam que embellece miles de templos de Shiva por toda la India. En otra de sus facetas, es la mitad del dúo «Shiva-­Shakti», la parte masculina de la danza eterna de lo masculino y lo femenino. Y en El libro de los secretos habla a su consorte, Devi, ¡que se sienta en su regazo durante todo el discurso!.

Sexo y muerte, masculino y femenino, yin y yang..., el mundo paradójico, no sólo del hinduis­mo, sino de todas las grandes tradiciones espiri­tuales de Oriente.

Y la meditación, que transforma todas las pa­radojas en misterios. Y supera la trampa de la mente para que su dueño pueda por fin ser libre para dejar las riberas de la contradicción y entrar en el río del conocimiento de sí mismo.

Osho dice al respecto:


La muerte siempre ocurre en el presente. La muerte, el amor, la meditación: todos ellos ocu­rren en el presente. Por eso, si tienes miedo a la muerte, no puedes amar. Si te asusta el amor, no puedes meditar. Si tienes miedo a la meditación, tu vida será inútil. Inútil no hace referencia a al­gún propósito, sino a que nunca podrás sentir ninguna dicha en ella. Será una futilidad.

Puede parecer extraño conectar estas tres co­sas: el amor, la meditación, la muerte. ¡No lo es! Son experiencias similares. De modo que si pue­des entrar en una de ellas, podrás entrar en las otras dos.
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Una cosa más que hay que comprender: Shiva, Brahma y Vishnu son manifestaciones de algo Su­premo superior a ellos, un «más allá» que se esca­pa incluso a la comprensión de los dioses. De los tres, Shiva es el más humano. Brahma ha hecho su labor de la creación y está más o menos retira­do hasta que, en un remoto tiempo futuro, tras la destrucción de este mundo, sus servicios puedan ser de nuevo necesarios. Vishnu se ocupa de la causa y efecto de las cosas cotidianas, en cierto sentido los meros quehaceres de la casa, con toda la desapasionada precisión de un contable. Pero Shiva, con su intensa y vibrante vida, es el que anhela la reunión con su fuente original, el que está ebrio de alguna visión medio recordada de su ho­gar supremo. Los sutras de Shiva son un mapa que muestra al sediento cómo llegar al manantial:

Este Libro de los secretos es un comentario místico contemporáneo del Vigyan Bhairav Tan­tra de Shiva, de cinco mil años de antigüedad, y cuya traducción literal sería «técnicas para ir más allá de la consciencia». El hecho de que la palabra «tantra» signifique simplemente «técnica» sor­prenderá a muchos. El tantra, en la era moderna -previsiblemente, quizá- se asocia casi entera­mente con el sexo. En realidad, de las 112 técni­cas de meditación descritas en El libro de los se­cretos, menos de media docena se ocupan directamente del acto sexual. El propósito del tan­tra, como descubrimos en las páginas siguientes, no es simplemente proporcionar a la gente una mejor vida sexual; más bien es utilizar innumera­bles situaciones y encuentros de la vida corriente de los seres humanos, incluido el sexo, como puertas de entrada a la experiencia de la medita­ción. Como dice Osho en el primer capítulo:


Estos sutras de Shiva son las técnicas más vie­jas, más antiguas. Pero también se las puede lla­mar las últimas, porque resulta imposible añadir­les nada. Han incluido todas las posibilidades, todas las maneras de limpiar la mente, de transcender la mente. No se puede añadir ni un solo método a los ciento doce métodos de Shiva. Es el más antiguo y, sin embargo, el último, el más nue­vo. Viejos como las viejas montañas -los méto­dos parecen eternos- y nuevos como una gota de rocío al sol, porque son esencialmente frescos.

Estos ciento doce métodos de meditación cons­tituyen toda la ciencia de transformar la mente.
Observa el uso que hace Osho de la palabra «ciencia». Recalca, una y otra vez, no sólo en El li­bro de los secretos, sino en casi todas sus charlas conocidas, que la meditación no es un sistema de creencias, una doctrina, una «respuesta» a una pregunta; por ejemplo, a qué sucede cuando morimos. La meditación es un estado interno en el que, de he­cho, todas las creencias, las doctrinas y las respues­tas prefabricadas han desaparecido, dejando sólo la conciencia pura y libre de pensamientos, que puede percibir la realidad directamente, tal como es. Pero las técnicas de meditación no son la meditación; procura no incurrir en este error. Las técnicas son sólo mapas, como fórmulas científicas. No se trata de estudiarlas por sí mismas, sino de usarlas, de ex­perimentar con ellas en el laboratorio del propio es­pacio interno de cada uno. La meditación es lo que puede suceder como resultado del experimento.

Pero espera: ¿qué tiene que ver todo esto con una vida sexual estupenda? La gente que ha sido capaz de introducir la meditación en su relación amorosa te puede decir que tires todos los «ma­nuales prácticos» y aprendas a poner tu atención en el aquí y ahora. Después de eso, todo se resol­verá por sí solo.

¿Y qué sucede cuando morimos? Puede que las personas que han saboreado la meditación no te puedan dar una respuesta precisa, pero te pueden decir que han conocido y experimentado lo inmor­tal dentro de sí mismos, y han salido de esa expe­riencia sabiendo que la muerte es sólo un sueño.

El sexo, la muerte, la meditación: quién mejor para ligarlos que Shiva, destructor y amante, el


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dios con la más humana de las aspiraciones: ele­varse sobre sí mismo y desvelar los secretos de todo lo desconocido. Y quién mejor para traer los secretos de los sutras de Shiva al momento presen­te que Osho, cuyo esfuerzo se centra en que la vida entera, del sexo a la supraconsciencia, de la espiri­tualidad a la ciencia, sea rescatada de todas nues­tras oscuras ideas del bien y el mal, de lo superior y lo inferior, y devuelta a la totalidad luminosa que constituye nuestro derecho básico como seres hu­manos.

Osho ofrece, en el capítulo introductorio, pau­tas bastante detalladas para usar El libro de los se­cretos. Algunas se pueden esbozar aquí, y otros as­pectos sobre el contexto en que se creó este libro pueden resultar útiles para que el lector lo emplee atendiendo al objeto parar el que fue concebido.

Cada capítulo del libro surgió originalmente como una charla improvisada, dirigida a un pe­queño grupo de amigos y discípulos. Osho siem­pre habla sin notas ni ninguna otra preparación especial, excepto (en este caso, por ejemplo) una copia de los sutras que está comentando, o (en otros casos) algunos chistes o anécdotas recogidas de antemano y que podría usar para ilustrar alguna cuestión durante su charla.

Para los que estén acostumbrados a leer «ma­nuales prácticos» y libros de «autoayuda», puede que este contexto al principio les resulte descon­certante. Aquí no encontrarás un discurso ordenado por puntos - primero, segundo, tercero... ­que hay que anotar para luego repetirlos. No hay notas a pie de página, subtítulos, cuadros sinópti­cos o ilustraciones explicativas. Acercarse al texto con ese tipo de expectativas significa encontrar la frustración de manera acelerada. Es mejor leerlo como leerías una historia, o poesía, o la letra de una canción. Con una actitud de paciencia y re­ceptividad, con la certidumbre de que todo será revelado a su tiempo.

Al principio de El libro de los secretos, Osho apremia a su audiencia a experimentar con cada una de las técnicas de meditación de las que habla, según van surgiendo: juega con ella durante tres días», sugiere. Y recalca la palabra juega»: no ser serio, no hacer «esfuerzos tremendos» o «auto cas­tigarse», sino «jugar». Y cuando pruebes una téc­nica y encuentres que realmente «te va», una técni­ca que disfrutes y que parezca aportar algo nuevo y fresco a tu vida, entonces puedes explorarla con más profundidad. En este sentido, como lector es­tás en una posición mejor que la audiencia origi­nal: puedes dar todo el tiempo que sea necesario a cada capítulo, para jugar con cada una de las técni­cas ofrecidas antes de pasar a la siguiente.

Por supuesto, también puedes entrar directa­mente en cualquier parte del libro, en caso de que una técnica concreta capte verdaderamente tu atención y te exija que la pruebes enseguida.

Observa que a cada «capítulo de sutra» le si­gue un capítulo que contiene las respuestas de Osho a preguntas de los que le escuchan. En casi todos los casos, las preguntas guardan relación con las técnicas dadas en el capítulo anterior. De modo que, cuando empieces a experimentar, te re­sultará útil revisar el capítulo siguiente al que ofrece las técnicas con las que estés jugando. Es muy probable que encuentres alguna pista extra, alguna comprensión más profunda, algún «pro­blema» disuelto.

Y, por último, recuerda no confundir el mapa con el punto de destino. El libro de los secretos no es una serie de respuestas, sino un juego de llaves. Osho promete al principio mismo que este juego de llaves está completo, que cada puerta dispone de un modelo. La llave de tu propia puerta está en algún sitio cerca de aquí. Lo único que necesitas hacer es probar las llaves, una tras otra, hasta que encuentres la que encaje. Entonces, abre la puerta y ve por ti mismo lo que hay dentro.


CAROL NEIMAN Puna (India), 1997


Capítulo 1




El Mundo del Tantra



El Sutra
Devi pregunta:
Oh, Shiva, ¿cuál es tu realidad?

¿Qué es este portentoso universo?



¿Qué constituye la semilla?

¿Quién centra la rueda universal?



¿Qué es esta vida más allá de la forma que impregna las formas?

¿Cómo podemos entrar en ella plenamente, por encima del espacio y el tiempo, los nombres y las descripciones?

¡Disipa mis dudas!

Algunos puntos introductorios. Primero, el mundo del Vigyan Bhairav Tantra no es intelec­tual, no es filosófico. La doctri­na no tiene sentido en él. Se ocupa del método, de la técni­ca; no de ningún principio. La palabra «tantra» significa técnica, el método, el camino. De modo que no es filosófico; observa esto. No se ocupa de problemas e indagaciones in­telectuales. No se ocupa del «porqué» de las co­sas, se ocupa del «cómo»; no de qué es la verdad, sino de cómo se puede alcanzar la verdad.



Tantra significa técnica. De modo que este tra­tado es científico. La ciencia no se ocupa del por­qué, la ciencia se ocupa del cómo. Ésa es la diferen­cia básica entre la filosofía y la ciencia. La filosofía pregunta: « ¿Por qué esta existencia?» La ciencia pregunta: « ¿Cómo esta existencia?» En cuanto ha­ces la pregunta « ¿Cómo?», el método, la técnica, se vuelven importantes. Las teorías pierden su sentido; la experiencia se convierte en lo central.

El tantra es ciencia, el tantra no es filosofía. Comprender la filosofía es fácil, porque sólo se requiere tu intelecto. Si puedes comprender el len­guaje, si puedes comprender el concepto, puedes comprender la filosofía. No necesitas cambiar; no requieres ninguna transformación. Tal como eres, puedes comprender la filosofía; pero no el tantra.

Necesitarás un cambio..., más bien una muta­ción. A no ser que tú seas diferente, el tantra no se puede comprender, porque el tantra no es una pro­puesta intelectual, es una experiencia. A no ser que estés receptivo, disponible, vulnerable a la experiencia, no va a venir a ti.

La filosofía se ocupa de la mente. Tu cabeza es suficiente; no se requiere tu totalidad. El tantra te necesita en tu totalidad. Es un desafío más profun­do. Tendrás que estar en él íntegramente. No es fragmentario. Se requiere un acercamiento diferen­te, una actitud diferente, una disposición diferente para recibirlo. Por eso, Devi hace preguntas apa­rentemente filosóficas. El tantra comienza con las preguntas de Devi. Todas las preguntas pueden ser abordadas filosóficamente.

En realidad, cualquier pregunta puede ser abordada de dos maneras: filosóficamente o total­mente, intelectualmente o existencialmente. Por ejemplo, si alguien pregunta: «¿Qué es el amor?», lo puedes abordar intelectualmente, puedes deba­tir, puedes proponer teorías, puedes argumentar a favor de una hipótesis determinada. Puedes crear un sistema, una doctrina: y puede que no hayas conocido en absoluto el amor.

Para crear una doctrina, la experiencia no es necesaria. En realidad, por el contrario, cuanto menos sepas, mejor, porque entonces puedes pro­poner un sistema sin vacilar. Sólo un ciego puede definir fácilmente qué es la luz. Cuando no sabes, eres atrevido. La ignorancia siempre es atrevida; el conocimiento duda. Y cuanto más sabes, más sientes que se disuelve el suelo bajo tus pies.


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Cuanto más sabes, más adviertes lo ignorante que eres. Y los que son realmente sabios se vuelven ignorantes. Se vuelven tan básicos como los ni­ños, o tan simples como los idiotas.

Cuanto menos sepas, mejor. Ser filosófico, ser dogmático, ser doctrinario: eso es fácil. Abordar un problema intelectualmente es muy fácil. Pero abordar un problema existencialmente -no sólo pensar en él, sino vivirlo, experimentarlo, permitir que te transforme- es difícil. O sea, para conocer el amor uno tendrá que estar poseído por el amor. Eso es peligroso, porque no seguirás siendo el mismo. La experiencia te va a cambiar. En cuanto entras en el amor, entras en una persona diferente. Y cuando salgas no podrás reconocer tu viejo ros­tro; no te pertenecerá. Ahora hay una fisura, el hombre de antes ha muerto y ha llegado el hombre nuevo. Eso es lo que se conoce como renacimien­to: haber nacido dos veces.

El tantra es existencial, no filosófico. De modo que, por supuesto, Devi hace preguntas que pare­cen filosóficas, pero Shiva no las va a responder de esa manera. Así que es mejor comprenderlo al principio; de lo contrario te sentirás perplejo, porque Shiva no va a responder a una sola pregunta. Todas las preguntas que hace Devi, Shiva no las va a responder en absoluto. ¡Y, sin embargo, las responde! Y en verdad, sólo él las ha respondido y nadie más; pero en un plano diferente. ­

Devi pregunta: « ¿Cuál es tu realidad, mi se­ñor?» Él no va a responder. En cambio, dará una técnica. Y si Devi experimenta esta técnica, sabrá. De modo que la respuesta es indirecta; no es di­recta. No va a responder « ¿Quién soy?», sino que dará una técnica: ponla en práctica y sabrás.

Para el tantra, hacer es saber, y no hay otro sa­ber. A no ser que hagas algo, a no ser que cambies, a no ser que tengas una perspectiva diferente a la que mirar, con la que mirar, a no ser que entres en una dimensión totalmente diferente al intelecto, no hay respuesta. Se pueden dar respuestas: todas son mentira. Todas las filosofías son mentira. Ha­ces una pregunta y la filosofía te da una respuesta. Te satisface o no te satisface. Si te satisface, te conviertes a esa filosofía, pero sigues siendo el mismo. Si no te satisface, sigues buscando alguna otra filosofía a la que adherirte. Pero sigues sien­do el mismo; no te ha afectado en absoluto, no te ha cambiado.

Así que da lo mismo que seas hindú o maho­metano o cristiano o jaina. La persona real detrás de la fachada de hindú o mahometano o cristiano es la misma. Sólo son distintas las palabras, o la ropa. El hombre que va a la iglesia o al templo o a la mezquita es el mismo. Sólo cambia el rostro, y se trata de rostros falsos, máscaras. Detrás de las máscaras encontrarás al mismo hombre -la misma ira, la misma agresividad, la misma violencia, la misma avaricia, la misma lujuria-; todo es lo mismo. ¿Es la sexualidad mahometana diferente a la sexualidad hindú? ¿Es la violencia cristiana diferente a la violencia hindú? ¡Es la misma! La realidad sigue siendo la misma; sólo cambia la ropa.

El tantra no se ocupa de la ropa; el tantra se ocupa de ti. Si haces una pregunta, tu pregunta muestra dónde estás. Muestra también que, don­dequiera que estés, no puedes ver; por eso surge la pregunta. Un ciego pregunta: « ¿Qué es la luz?», y la filosofía empieza a responder lo que es la luz. El tantra sólo sabrá esto: si un hombre pregunta « ¿Qué es la luz?», la pregunta muestra tan sólo que está ciego. El tantra comenzará a operar al hombre, a cambiar al hombre, para que pueda ver. El tantra no dirá lo que es la luz. El tantra te dirá cómo alcanzar la comprensión, cómo llegar a ver, cómo lograr la visión. Cuando haya visión, ha­brá una respuesta. El tantra no te da la respuesta; el tantra te da la técnica para lograr la respuesta.

Ahora bien, esta respuesta no va a ser intelec­tual. Si le dices algo sobre la luz a un ciego, esto es intelectual. Si el ciego mismo se vuelve capaz de ver, esto es existencial. A esto me refiero cuan­do digo que el tantra es existencial. De modo que


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Shiva no va a responder a las preguntas de Devi; sin embargo, responderá. Esto es lo primero.

Lo segundo: éste es un tipo diferente de len­guaje. Debes saber algo sobre él antes de abor­darlo. Todos los tratados de tantra son diálogos entre Shiva y Devi. Devi pregunta y Shiva responde. Todos los tratados de tantra comienzan de esa manera. ¿Por qué? ¿Por qué este método? Es muy significativo. No es un diálogo entre un pro­fesor y un discípulo, sino entre dos amantes. Y con ello, el tantra da a entender algo muy signifi­cativo: que las enseñanzas más profundas no pue­den darse a menos que exista el amor entre los dos: el discípulo y el maestro. El discípulo y el maestro deben estar profundamente enamorados. Sólo entonces se puede expresar lo más elevado, el más allá.

De modo que es un lenguaje de amor; el discí­pulo debe estar en una actitud de amor. Pero no sólo esto, porque los amigos pueden ser amantes. El tantra dice que un discípulo debe actuar de forma receptiva, adoptar una receptividad feme­nina; sólo entonces es posible algo. No necesitas ser una mujer para ser un discípulo, pero sí tener una actitud femenina de receptividad. Cuando Devi pregunta, esto significa que pregunta la ac­titud femenina. ¿Por qué este énfasis en la acti­tud femenina?

El hombre y la mujer no sólo son diferentes físicamente; son diferentes psicológicamente. El sexo no es sólo una diferencia en el cuerpo; es también una diferencia de psicologías. Una mente femenina significa receptividad: receptividad to­tal, entrega, amor. Un discípulo necesita una psi­cología femenina; de lo contrario no podrá apren­der. Puedes preguntar, pero si no estás abierto, no podrás ser contestado. Puedes hacer una pregunta y aun así seguir cerrado. Entonces la respuesta no puede penetrar en ti. Tus puertas están cerradas; estás muerto. No estás abierto.

Una receptividad femenina significa una recep­tividad como la del útero en la profundidad inter­na, de modo que puedas ser receptivo. Y no sólo eso: significa mucho más. Una mujer no sólo está recibiendo algo; en cuanto lo recibe se convierte en parte de su cuerpo. Se recibe un niño. Una mu­jer concibe; en el momento en que se produce la concepción, el niño se ha convertido en parte del cuerpo femenino. No es un extraño, no es un foras­tero. Ha sido absorbido. Ahora el niño no vivirá como algo añadido a la madre, sino simplemente como una parte, simplemente como la madre. Y el niño no sólo es recibido; el cuerpo femenino se vuelve creativo, el niño comienza a crecer.

Un discípulo necesita una receptividad como la del útero. Lo que se reciba no debe ser acumu­lado como conocimiento muerto. Debe crecer en ti; debe convertirse en sangre y huesos dentro de ti. Debe convertirse en una parte, ahora. ¡Debe crecer! Este crecimiento te cambiará, te transformará a ti, el receptor. Por eso el tantra usa este sis­tema. Todos los tratados comienzan con Devi ha­ciendo una pregunta y Shiva contestando. Devi es la consorte de Shiva, su parte femenina.

Una cosa más... Ahora la psicología moderna, especialmente el psicoanálisis, dice que el hombre es hombre y mujer. Nadie es sólo varón y nadie es sólo hembra; todo el mundo es bisexual. Los dos sexos están presentes. Ésta es una investigación muy reciente en Occidente, pero para el tantra éste ha sido uno de los conceptos más básicos desde hace miles de años. Debes de haber visto imágenes de Shiva como ardhanarishwar: mitad hombre, mitad mujer. No hay otro concepto como éste en toda la historia humana. Shiva es represen­tado como mitad hombre, mitad mujer.

De modo que Devi no es sólo una consorte; es la otra mitad de Shiva. Y a no ser que un discípulo se convierta en la otra mitad del maestro, es impo­sible transmitir la enseñanza más alta, los méto­dos esotéricos. Cuando te haces uno, no hay duda. Cuando eres uno con el maestro -tan totalmente uno, tan profundamente uno-, no hay debate, no hay lógica, no hay razón. Uno simplemente absor­be;


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uno se vuelve un útero. Y entonces la enseñan­za comienza a crecer en ti y a cambiarte.

Por eso el tantra está escrito en el lenguaje del amor. También hay que entender algo sobre el len­guaje del amor. Hay dos tipos de lenguaje: el lengua­je de la lógica y el lenguaje del amor. Hay diferen­cias básicas entre los dos.

Lo segundo: éste es un tipo diferente de len­guaje. Debes saber algo sobre él antes de abor­darlo. Todos los tratados de tantra son diálogos entre Shiva y Devi. Devi pregunta y Shiva responde. Todos los tratados de tantra comienzan de esa manera. ¿Por qué? ¿Por qué este método? Es muy significativo. No es un diálogo entre un pro­fesor y un discípulo, sino entre dos amantes. Y con ello, el tantra da a entender algo muy signifi­cativo: que las enseñanzas más profundas no pue­den darse a menos que exista el amor entre los dos: el discípulo y el maestro. El discípulo y el maestro deben estar profundamente enamorados. Sólo entonces se puede expresar lo más elevado, el más allá.

De modo que es un lenguaje de amor; el discí­pulo debe estar en una actitud de amor. Pero no sólo esto, porque los amigos pueden ser amantes. El tantra dice que un discípulo debe actuar de forma receptiva, adoptar una receptividad feme­nina; sólo entonces es posible algo. No necesitas ser una mujer para ser un discípulo, pero sí tener una actitud femenina de receptividad. Cuando Devi pregunta, esto significa que pregunta la ac­titud femenina. ¿Por qué este énfasis en la acti­tud femenina?

El hombre y la mujer no sólo son diferentes físicamente; son diferentes psicológicamente. El sexo no es sólo una diferencia en el cuerpo; es también una diferencia de psicologías. Una mente femenina significa receptividad: receptividad to­tal, entrega, amor. Un discípulo necesita una psi­cología femenina; de lo contrario no podrá apren­der. Puedes preguntar, pero si no estás abierto, no podrás ser contestado. Puedes hacer una pregunta y aun así seguir cerrado. Entonces la respuesta no puede penetrar en ti. Tus puertas están cerradas; estás muerto. No estás abierto.

Una receptividad femenina significa una recep­tividad como la del útero en la profundidad inter­na, de modo que puedas ser receptivo. Y no sólo eso: significa mucho más. Una mujer no sólo está recibiendo algo; en cuanto lo recibe se convierte en parte de su cuerpo. Se recibe un niño. Una mu­jer concibe; en el momento en que se produce la concepción, el niño se ha convertido en parte del cuerpo femenino. No es un extraño, no es un foras­tero. Ha sido absorbido. Ahora el niño no vivirá como algo añadido a la madre, sino simplemente como una parte, simplemente como la madre. Y el niño no sólo es recibido; el cuerpo femenino se vuelve creativo, el niño comienza a crecer.

Un discípulo necesita una receptividad como la del útero. Lo que se reciba no debe ser acumu­lado como conocimiento muerto. Debe crecer en ti; debe convertirse en sangre y huesos dentro de ti. Debe convertirse en una parte, ahora. ¡Debe crecer! Este crecimiento te cambiará, te transformará a ti, el receptor. Por eso el tantra usa este sis­tema. Todos los tratados comienzan con Devi ha­ciendo una pregunta y Shiva contestando. Devi es la consorte de Shiva, su parte femenina.

De modo que esto es poco común: Devi está sentada en el regazo de Shiva y preguntando, y Shiva responde. Es un diálogo de amor: no es un conflicto; es como si Shiva estuviera hablando consigo mismo. ¿Por qué este énfasis en el amor, en el lenguaje del amor? Porque si estás enamora­do de tu maestro, toda la gestalt cambia; se vuelve diferente. Entonces no estás oyendo sus palabras, entonces estás bebiéndolo. Entonces las palabras son irrelevantes. En realidad, el silencio entre las palabras se vuelve más importante. Puede que lo que esté diciendo sea significativo o puede que no lo sea...; pero son sus ojos, sus gestos, su com­pasión, su amor.

Por eso el tantra tiene un patrón fijo, una es­tructura. Cada tratado empieza con Devi pregun­tando y Shiva respondiendo. No va a haber ningu­na discusión, ningún derroche de palabras. Hay enunciaciones muy sencillas de los hechos, men­sajes telegráficos sin intención de convencer, sino simplemente de describir.

Si entras en contacto con Shiva con una pre­gunta y con la mente cerrada, no te responderá de esta manera. Primero hay que romper tu cerrazón. Así que tendrá que ser agresivo. Hay que destruir tus prejuicios, tus ideas preconcebidas. A no ser que quedes limpio completamente de tu pasado, no se te puede dar nada. Pero éste no es el caso de su consorte, Devi; en Devi no hay pasado.

Recuerda, cuando estás profundamente ena­morado, tu mente deja de existir. No hay pasado; tan sólo el momento presente se vuelve todo. Cuando estás poseído por el amor, el presente es el único tiempo, el ahora lo es todo: no hay pasa­do, no hay futuro. De modo que Devi está simple­mente abierta. No hay defensa: no hay nada que limpiar, nada que destruir. El terreno está listo, sólo hay que dejar caer una semilla. El terreno no está sólo listo, sino acogedor, receptivo, pidiendo ser impregnado.

Por tanto, todas las máximas que vamos a co­mentar serán telegráficas. Son simplemente su­tras, pero cada sutra, cada mensaje telegráfico dado por Shiva, vale un Veda, vale una Biblia, vale un Corán. Cada una de las frases se puede convertir en la base de una gran Escritura. Las Escrituras son lógicas: tienes que plantear, defender, debatir. Aquí no hay ningún debate, sino simples afirmaciones de amor.

En tercer lugar, las mismas palabras Vigyan Bhairav Tantra hacen referencia a la técnica de ir más allá de la consciencia. Vigyan significa «cons­ciencia»,

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bhairav significa «estado que está más allá de la consciencia», y tantra significa «méto­do»: el método de ir más allá de la consciencia. Ésta es la doctrina suprema: sin ninguna doctrina.

Somos inconscientes, de modo que todas las enseñanzas religiosas se ocupan de cómo ir más allá de la inconsciencia, cómo ser consciente. Por ejemplo, Krishnamurti, el Zen, se ocupan de cómo crear más consciencia, porque somos in­conscientes. Así que ¿cómo ser más conscientes, cómo estar más alerta? ¿Cómo ir de la inconscien­cia hacia la consciencia?

Pero el tantra dice que esto es una dualidad: in­consciente y consciente. Si pasas de la inconscien­cia a la consciencia, vas de una parte de la duali­dad a la otra. ¡Ve más allá de ambas! A menos que vayas más allá de ambas, nunca podrás alcanzar lo supremo. Así que no seas ni el inconsciente ni el consciente; simplemente ve más allá, simplemente sé. No seas ni consciente, ni inconsciente: ¡simple­mente sé! Esto es ir más allá del yoga, más allá del Zen, más allá de todas las enseñanzas.



Vigyana significa «consciencia», y bhairava es un término específico, un término del tantra para referirse a alguien que ha ido más allá. Por eso Shiva es conocido como Bhairava, y Devi es conocida como Bhairavi: los que han ido más allá de las dualidades.

En nuestra experiencia sólo el amor puede ofrecer un vislumbre. Por eso el amor se convierte en el medio básico para impartir la sabiduría tán­trica. En nuestra experiencia podemos decir que sólo el amor es algo que va más allá de la duali­dad. Cuando dos personas están enamoradas, cuanto más profundizan en ello, menos y menos son dos, más y más se vuelven uno. Y llega un momento en que se llega a un punto máximo en que sólo son dos en apariencia. Internamente son uno; la dualidad es transcendida.

Sólo en este sentido adquiere significado el di­cho de Jesús «Dios es amor»; de otro modo, no. En nuestra experiencia, el amor es lo más próxi­mo a Dios. No es que Dios esté amando, como si­guen interpretando los cristianos; que Dios sienta un amor paternal por ti. ¡Tonterías! «Dios es amor» es una afirmación tántrica. Significa que el amor es la única realidad en nuestra experiencia que se acerca más a Dios, a lo divino. ¿Por qué? Porque en el amor se siente la unidad. Los cuer­pos siguen siendo dos, pero algo más allá de los cuerpos se funde y se vuelve uno.

Es por eso por lo que se anhela tanto el sexo. Lo que de verdad se anhela es la unidad, pero esa unidad no es sexual. En el sexo, dos cuerpos tie­nen sólo una engañosa sensación de volverse uno, pero no son uno; simplemente están unidos. Pero, por un solo momento, dos cuerpos se olvidan de sí mismos en el otro, y se siente una cierta unidad fí­sica. Este anhelo no es malo, pero quedarse en él es peligroso. Este anhelo muestra un ansia más profunda de sentir la unidad.

En el amor, en un plano más elevado, el ser in­terno avanza, se funde con el otro, y se siente la unidad. La dualidad se disuelve. Sólo en este amor no dual podemos vislumbrar cómo es el es­tado de un bhairava. El estado de un bhairava es amor absoluto sin retorno; de la cima del amor no se vuelve a caer. Es continuar en la cima.

Hemos hecho la morada de Shiva en Kailash.

Eso es simplemente simbólico: es la cima más alta, la cima más sagrada. La hemos hecho la mo­rada de Shiva. Podemos ir allí, pero tendremos que bajar; no puede ser nuestra morada. Podemos ir en peregrinación. Es un tirthyatra: una peregrinación, un viaje. Podemos tocar por un solo momento la cima más alta; luego tendremos que regresar.

En el amor sucede esta peregrinación sagrada, pero no para todos, porque casi nadie va más allá del sexo. De modo que seguimos viviendo en el valle, el valle oscuro. A veces, alguien va a la cima del amor, pero luego se echa para atrás, por­que produce un enorme vértigo. Está tan alto y tú estás tan bajo, y es tan difícil vivir allí. Los que han amado saben lo difícil que es estar constantemente enamorado. Uno tiene que volver una y otra vez. Es la morada de Shiva. Él vive allí, es su hogar.

Un bhairava vive en el amor; ésa es su mora­da. Ya ni siquiera es consciente del amor: porque si vives en Kailash no te darás cuenta de que esto es Kailash, de que es una cima. La cima se vuelve una llanura. Shiva no es consciente del amor. No­sotros somos conscientes del amor porque vivi­mos en el no-amor. Y a causa de este contraste sentimos el amor. Shiva es amor. El estado de bhairava significa que uno se ha convertido en amor. No es que esté amando: uno se ha converti­do en amor, uno vive en la cima. La cima se ha vuelto su morada.

¿Cómo hacer posible esta cima más alta? Más allá de la dualidad, más allá de la inconsciencia, más allá de la consciencia, más allá del cuerpo y más allá del alma, más allá del mundo y más allá de la llamada moksha, liberación..., ¿cómo alcanzar esta cima? La técnica es el tantra. Pero el tantra es pura técnica, de modo que va a ser difícil comprender. Primero, comprendamos las preguntas, lo que está preguntando Devi.


Oh Shiva, ¿cuál es tu realidad?
¿Por qué esta pregunta? Tú también puedes hacer esta pregunta, pero no conllevará el mismo significado. Así que trata de comprender por qué Devi pregunta: ¿Cuál es tu realidad? Devi está profundamente enamorada. Cuando estás profun­damente enamorado, te encuentras por vez prime­ra con la realidad interna. Entonces Shiva no es la forma, entonces Shiva no es el cuerpo. Cuando es­tás enamorado, el cuerpo de la persona que amas se desvanece, desaparece. La forma ya no está, y se revela lo sin forma. Estás ante un abismo. Es por eso por lo que tenemos tanto miedo al amor. Podemos hacer frente a un rostro, podemos hacer frente a una forma, pero nos asusta hacer frente a un abismo.

Si amas a alguien, si amas de verdad, su cuer­po está abocado a desaparecer. En algunos mo­mentos de clímax, de punto álgido, la forma de­saparecerá, y a través de la persona que amas entrarás en lo sin forma. Por eso tenemos miedo: es caer en un abismo sin fondo. De manera que esta pregunta no es simplemente curiosidad:


Oh, Shiva, ¿cuál es tu realidad?
Devi debe de haberse enamorado de la forma. Las cosas empiezan así. Debe de haberse enamo­rado de este hombre como hombre, y ahora, cuan­do el amor ha madurado, cuando el amor ha flore­cido, este hombre ha desaparecido. Se ha vuelto sin forma. Ahora no se le encuentra por ninguna parte. Oh, Shiva, ¿cuál es tu realidad? Es una pre­gunta hecha en un momento de amor muy intenso. Y cuando surgen las preguntas, se vuelven distin­tas según el estado en que se hacen.

Así que crea la situación, el entorno de la pre­gunta en tu mente. Devi debe de sentirse confusa: Shiva ha desaparecido. Cuando el amor alcanza su cima, el amante desaparece. ¿Por qué sucede esto? Esto sucede porque, en realidad, toda perso­na es sin forma. No eres un cuerpo. Te mueves como un cuerpo, vives como un cuerpo, pero no eres un cuerpo. Cuando vemos a alguien desde el exterior, es un cuerpo. El amor penetra en el inte­rior, y entonces ya no vemos a la persona desde el exterior. El amor puede ver a una persona tal como la persona se ve a sí misma desde el interior. Entonces la forma desaparece.

Un monje Zen, Rinzai, alcanzó la iluminación, y lo primero que preguntó fue: «¿Dónde está mi cuer­po? ¿Adónde se ha ido mi cuerpo?» Comenzó a buscar. Llamó a sus discípulos y dijo: «Id y averi­guad dónde está mi cuerpo. He perdido mi cuerpo.»

Había entrado en lo sin forma. Tú también eres una existencia sin forma, pero no te conoces a ti mismo directamente, sino a través de los ojos de los demás. Te conoces a través del espejo. Alguna vez, mientras te estés mirando al espejo, cierra los ojos y piensa, medita: si no hubiese espejo, ¿cómo


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podrías haber conocido tu rostro? Si no hubiese espejo, no habría habido rostro. No tienes rostro; los espejos te dan rostros. Piensa en un mundo en el que no hay espejos. Estás solo: no hay ningún espejo; ni siquiera los ojos de los demás funcio­nan como espejos. Estás solo en una isla solitaria; nada te puede reflejar. ¿Tendrás entonces un ros­tro? ¿Tendrás un cuerpo? No puedes tenerlo. No tienes ninguno. Nos conocemos a nosotros mis­mos sólo a través de los demás, y los demás sólo pueden conocer la forma externa. Es por eso por lo que nos identificamos con ella.

Otro místico Zen, Hyakujo, solía decir a sus discípulos: «Cuando hayas perdido tu cabeza me­ditando, ven a mí inmediatamente. Cuando pier­das la cabeza, ven a mí inmediatamente. Cuando empieces a sentir que no hay cabeza, no tengas miedo; ven a mí inmediatamente. Ése es el mo­mento adecuado. Entonces se te puede enseñar algo.» Con cabeza, ninguna enseñanza es posible. La cabeza siempre se interpone.

Devi pregunta a Shiva: Oh, Shiva, ¿cuál es tu realidad? ¿Quién eres? La forma ha desapareci­do; de ahí la pregunta. En el amor entras en el otro como sí mismo. No se trata de ti respondiendo. Te haces uno, y por vez primera conoces un abismo: una presencia sin forma.

Es por eso por lo que durante siglos y siglos no hicimos estatuas ni pinturas de Shiva. Sólo hacía­mos el shivalinga: el símbolo. El shivalinga es simplemente una forma sin forma. Cuando amas a alguien, cuando entras en alguien, se vuelve una presencia luminosa. El shivalinga es simplemente una presencia luminosa, un aura de luz. Por eso pregunta Devi:


¿Cuál es tu realidad? ¿Qué es este portentoso universo?
Conocemos el universo, pero no sabemos que es portentoso. Los niños lo saben, los que aman lo saben. A veces, los poetas y los locos lo saben.

Nosotros no sabemos que el mundo es portentoso. Todo es simplemente repetitivo: sin prodigios, sin poesía, tan sólo prosa insípida. No crea una can­ción en ti; no crea una danza; no trae a la vida la poesía interna. El universo entero parece mecáni­co. Los niños lo miran con ojos maravillados. Cuando los ojos están maravillados, el universo es portentoso.

Cuando estás enamorado, te vuelves de nuevo como los niños. Jesús dice: «Sólo los que son como niños entrarán en el reino de Dios.» ¿Por qué? Porque si el universo no es un portento, no puedes ser religioso. El universo puede ser explicado: en­tonces tu enfoque es científico. El universo es co­nocido o desconocido, pero lo que es desconocido puede ser conocido cualquier día; no es incognos­cible. El universo se vuelve incognoscible, un misterio, sólo cuando tus ojos están maravillados.

Devi dice: ¿Qué es este portentoso universo? De pronto, hay un salto de una pregunta personal a una pregunta muy impersonal. Ella estaba pre­guntando: ¿Cuál es tu realidad?, y luego, de re­pente: ¿Qué es este portentoso universo?

Cuando la forma desaparece, la persona que amas se vuelve el universo, lo sin forma, el infini­to. De pronto, Devi se da cuenta de que no está haciendo una pregunta sobre Shiva; está haciendo una pregunta sobre el universo entero. Ahora Shi­va se ha vuelto el universo entero. Ahora todas las estrellas se mueven en él, y todo el firmamento y todo el espacio está rodeado por él. Ahora él es el gran factor de inclusión: «el gran abarcador». Karl Jaspers ha definido a Dios como «el gran abarcador».

Cuando entras en el amor, en el mundo profun­do e íntimo del amor, la persona desaparece, la for­ma desaparece, y la persona amada se vuelve sim­plemente una puerta al universo. Puede que tu curiosidad sea científica: entonces tienes que abor­darlo mediante la lógica. Entonces no debes pensar en lo sin forma. Entonces guárdate de lo sin forma; entonces conténtate con la forma. La ciencia se


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ocupa siempre de la forma. Si se propone cual­quier cosa sin forma a una mente científica, lo re­ducirá a forma: a menos que tome una forma, no tiene sentido. Primero dale una forma, una forma definida; sólo entonces comienza la investigación.

En el amor, si hay forma, no tiene fin. ¡Disuel­ve la forma! Cuando las cosas se vuelven sin for­ma, vertiginosas, sin límites, cada cosa entrando en las demás, volviéndose el universo entero una unidad, sólo entonces es un universo portentoso.


¿Qué constituye la semilla?
Entonces Devi continúa. Del universo pasa a preguntar: ¿Qué constituye la semilla? Este uni­verso sin forma, portentoso, ¿de dónde viene? ¿De dónde se origina? ¿O no se origina? ¿Cuál es la semilla?
¿Quién centra la rueda universal?
pregunta Devi. Esta rueda sigue girando y giran­do: este gran cambio, este flujo constante. Pero ¿quién centra esta rueda? ¿Dónde está el eje, el centro, el centro inmóvil?

No se detiene a esperar ninguna respuesta. Si­gue preguntando como si no estuviese preguntan­do a nadie, como si estuviera hablando consigo misma;


¿Qué es esta vida más allá de la forma que im­pregna las formas? ¿Cómo podemos entrar en ella plenamente, por encima del espacio y el tiempo, los nombres y las descripciones? ¡Disipa mis dudas!
El énfasis no está en las preguntas, sino en las dudas: ¡Disipa mis dudas! Esto es muy sig­nificativo. Si haces una pregunta intelectual, es­tás pidiendo una respuesta definitiva para que se resuelva tu problema. Pero Devi dice: ¡Disipa mis dudas! En realidad no está pidiendo res­puestas. Está pidiendo una transformación de su mente, porque una mente dubitativa seguirá sien­do una mente dubitativa, independientemente de las respuestas que se den. Adviértelo: una mente dubitativa seguirá siendo una mente dubitativa. Las respuestas son irrelevantes. Si te doy una respuesta y tú tienes una mente dubitativa, du­darás de ella. Si te doy otra respuesta, también dudarás de ella. Tienes una mente dubitativa. Una mente dubitativa significa que le pondrás un signo de interrogación a todo.

De modo que las respuestas son inútiles. Me preguntas: «¿Quién creó el mundo?», y yo te digo que «A» creó el mundo. Entonces estás abocado a pregunta!: «¿Quién creó a "A"?» Así es que el verdadero problema no es cómo contestar las pre­guntas. El verdadero problema es cómo cambiar la mente dubitativa, cómo crear una mente que no sea dubitativa, que sea confiada. De modo que Devi dice: ¡Disipa mis dudas!

Dos o tres cosas más... Cuando haces una pre­gunta, puedes estar haciéndola por muchas razo­nes. Una puede ser simplemente ésta: quieres una confirmación. Ya sabes la respuesta, tienes la res­puesta, sólo quieres que se confirme que tu respues­ta es correcta. Entonces tu pregunta es falsa, fingi­da; no es una pregunta. Puede que estés haciendo una pregunta no porque estés dispuesto a cambiar­te a ti mismo, sino sólo por curiosidad.

La mente sigue haciendo preguntas. En la mente, las preguntas llegan como llegan las hojas en un árbol. Ésa es la naturaleza misma de la men­te: cuestionar; de modo que sigue haciendo pre­guntas. No importa lo que estés cuestionando; con cualquier cosa que le des a la mente creará una pregunta. Es una máquina para triturar, para crear preguntas. Así que dale cualquier cosa y lo des­cuartizará y creará muchas preguntas. Si se res­ponde a una pregunta, la mente creará muchas preguntas con la respuesta. Ésta ha sido la historia entera de la filosofía.


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Bertrand Russell recuerda que cuando era niño pensó que un día, cuando fuera lo suficientemente maduro para comprender toda la filosofía, todas las preguntas quedarían respondidas. Después, cuando tenía ochenta años, dijo: «Ahora puedo decir que mis propias preguntas siguen en pie, como seguían en pie cuando era niño. Ahora otras preguntas han surgido a causa de estas teorías de la filosofía.» Así que dijo: «Cuando era joven, solía decir que la filosofía es una búsqueda de las respuestas últimas. Ahora no puedo decir eso. Es una búsqueda de preguntas interminables.»

De modo que una pregunta crea una respuesta y muchas preguntas. La mente dubitativa es el problema. Devi dice: «No te preocupes de mis preguntas. He preguntado tantas cosas: ¿Cuál es tu realidad? ¿Qué es este portentoso universo? ¿Qué constituye la semilla? ¿Quién centra la rue­da universal? ¿Qué es esta vida más allá de la for­ma? ¿Cómo podemos entrar en ella plenamente, por encima del tiempo y el espacio? No te preocu­pes de mis preguntas. Disipa mis dudas. Te hago estas preguntas porque las tengo en la mente. Te las hago sólo para mostrarte mi mente, pero no les prestes mucha atención. La verdad es que las res­puestas no satisfarán mi necesidad. Mi necesidad es... ¡Disipa mis dudas!»

Pero ¿cómo se pueden disipar las dudas? ¿Ser­virá alguna respuesta? ¿Hay alguna respuesta que disipará tus dudas? La mente es la duda. No es que la mente dude; ¡la mente es la duda! A no ser que la mente se disuelva, las dudas no se pue­den disipar.

Shiva responderá. Sus respuestas son técnicas: las técnicas más viejas, las técnicas más antiguas. Pero también se las puede llamar las «últimas», porque no se les puede añadir nada. Están com­pletas: ciento doce técnicas. Han incluido todas las posibilidades, todas las maneras de limpiar la mente, de trascender la mente. No se puede aña­dir ni un sólo método a los ciento doce métodos de Shiva. Y este libro, Vigyan Bhairav Tantra, tiene cinco mil años de antigüedad. No se puede añadir nada; no hay ninguna posibilidad de añadir nada. Es exhaustivo, completo. Es el más antiguo y, sin embargo, el último, el más nuevo. Viejos como las viejas montañas -los métodos parecen eternos- y nuevos como una gota de rocío al sol, porque son esencialmente frescos.

Estos ciento doce métodos de meditación cons­tituyen toda la ciencia de transformar la mente. En­traremos en ellos uno a uno. Primero trataremos de comprender intelectualmente. Pero usa tu intelecto sólo como un instrumento, no como un maestro. Úsalo como un instrumento para comprender algo, pero no vayas creando barreras con él. Cuando es­temos hablando de estas técnicas, deja de lado tus conocimientos pasados, tu saber, toda la informa­ción que has acumulado. Déjalos de lado: son solamente polvo acumulado en el camino.

Entra en contacto con estos métodos con la mente fresca: alerta, por supuesto, pero sin argu­mentación. Y no creas la falacia de que una mente argumentativa es una mente alerta. No lo es, por­que en cuanto entras en argumentos, has perdido la conciencia, has perdido la alerta. Ya no estás aquí.

Estos métodos no pertenecen a ninguna reli­gión. Recuerda, no son hindúes, de igual manera que la teoría de la relatividad no es judía porque Einstein la concibiera. Y la radio y la televisión no son cristianas. Nadie dice: « ¿Por qué usas la elec­tricidad? Es cristiana, porque la concibió una mente cristiana.» La ciencia no pertenece a las ra­zas o las religiones: y el tantra es una ciencia. Así que recuerda: esto no es hindú en absoluto. Estas técnicas fueron concebidas por hindúes, pero es­tas técnicas no son hindúes. Es por eso por lo que no mencionarán ningún ritual religioso. No se ne­cesita ningún templo. Tú mismo eres ya un tem­plo más que suficiente. Tú eres el laboratorio; todo el experimento va a suceder dentro de ti. No es necesaria ninguna creencia.

Esto no es religión, esto es ciencia. No es nece­saria ninguna creencia. No se requiere creer en el


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Corán o los Vedas o en Buda o en Mahavira. No, no es necesaria ninguna creencia. La audacia para ex­perimentar es suficiente, la valentía para experi­mentar es suficiente; ésa es su belleza. Un maho­metano puede practicar y alcanzará el significado profundo del Corán. Un hindú puede practicar y sa­brá por vez primera qué son los Vedas. Y un jaina puede practicar y un budista puede practicar; no ne­cesitan abandonar su religión. El tantra los dejará satisfechos, estén donde estén. El tantra será prove­choso, sea cual sea el camino que han elegido.

Así que recuerda esto: el tantra es pura ciencia. Puedes ser hindú o mahometano o parsi o lo que sea: el tantra no afecta tu religión en absoluto. El tantra dice que la religión es un asunto social, de modo que pertenece a cualquier religión; es irrele­vante. Pero te puedes transformar a ti mismo, y esa transformación necesita una metodología científi­ca. Cuando estás enfermo, cuando has enfermado o has cogido la tuberculosis o cualquier otra cosa, el hecho de ser hindú o mahometano da lo mismo. La tuberculosis es indiferente a tu hinduismo, a tu mahometanismo, a tus creencias: políticas, socia­les o religiosas. La tuberculosis tiene que ser trata­da científicamente. No hay una tuberculosis hindú, no hay una tuberculosis mahometana.

Eres ignorante, estás en conflicto, estás dormi­do. Esto es una enfermedad, una enfermedad espi­ritual. Hay que tratar esta enfermedad con el tantra. Tú eres irrelevante, tus creencias son irrelevantes. Es meramente una casualidad que hayas nacido en una parte y otra persona haya nacido en algu­na otra parte. Es sólo una casualidad. Tu religión es una casualidad, así que no te aferres a ella. Utiliza métodos científicos para transformarte a ti mismo.

El tantra no es muy conocido. E incluso si es conocido, es muy malentendido. Hay razones para ello. Cuanto más elevada y pura es una ciencia, menor es la posibilidad de que las masas la conoz­can. Sólo hemos oído el nombre de la teoría de la relatividad. Solía decirse que sólo doce personas la comprendían cuando Einstein estaba vivo. En todo el mundo, sólo una docena de mentes podían entenderla. Era difícil incluso para Albert Einstein explicársela a alguien, hacerla comprensible, por­que se mueve a gran altura, queda por encima de tu cabeza. Pero se puede comprender. Son necesa­rios conocimientos técnicos, matemáticos; es ne­cesaria una formación, y entonces se puede com­prender. Pero el tantra es más difícil porque ninguna formación ayudará. Sólo la transforma­ción puede ayudar.

Por eso es que el tantra nunca pudo ser com­prendido por las masas. Y siempre sucede que cuando no puedes entender algo, al menos lo ma­lentiendes, porque entonces puedes pensar: «Muy bien, ya entiendo.» No puedes simplemente per­manecer en el vacío.

En segundo lugar, cuando no puedes compren­der algo, empiezas a denigrarlo, porque te insulta. ¡Tú no puedes entenderlo! ¿Tú? ¿Tú no puedes entenderlo? Eso es imposible. Debe de haber un error en la cosa misma. Uno comienza a denigrar, uno empieza a decir tonterías, y entonces siente: «Ahora está bien.»

De modo que el tantra no fue comprendido; el tantra fue malentendido. Esto es natural, porque era tan profundo y tan elevado. En segundo lugar, como el tantra se mueve más allá de la dualidad, la perspectiva misma es amoral. Por favor, entien­de estas palabras: «moral», «inmoral», «amoral». Entendemos la moralidad, entendemos la inmora­lidad, pero se vuelve difícil si algo es amoral: más allá de ambas.

El tantra es amoral. Considéralo de esta mane­ra... Una medicina es amoral; no es ni moral ni in­moral. Si se las das a un ladrón, lo ayudará; si se la das a una santo, lo ayudará. No hará ninguna distinción entre un santo y un ladrón. La medicina no puede decir: «Éste es un ladrón, así que lo voy a matar, y éste es un santo así que lo voy a ayu­dar.» Una medicina es una cosa científica. Que seas un ladrón o un santo es irrelevante.


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El tantra es amoral. El tantra dice que no es ne­cesaria ninguna moralidad: no es necesaria ningu­na moralidad específica. Antes al contrario, eres inmoral porque tienes una mente muy perturbada. De modo que el tantra no puede poner como condición previa que primero seas moral para luego poder practicar el tantra. El tantra dice que esto es absurdo.

Alguien está enfermo, con fiebre, y llega el médico y dice: «Primero baja tu fiebre; primero ten buena salud. Sólo entonces te puedo dar la medicina.» Esto es lo que está sucediendo.

Un ladrón va a ver a un santo y le dice: «Soy un ladrón. Dime cómo meditar.» El santo dice: «Primero deja tu profesión. ¿Cómo vas a poder meditar si sigues siendo un ladrón?»

Llega un alcohólico y dice: «Soy alcohólico. ¿Cómo puedo meditar?» El santo dice: «La pri­mera condición es: deja el alcohol; sólo entonces podrás meditar.» Las condiciones se vuelven sui­cidas. El hombre es un alcohólico o un ladrón o inmoral porque tiene una mente perturbada, una mente enferma. Éstos son los efectos, las conse­cuencias de una mente enferma, y le dicen: «Pri­mero ponte bien y luego podrás meditar.» Pero, entonces, ¿quién necesita la meditación? La medi­tación es medicinal. Es una medicina.

El tantra es amoral. No te pregunta quién eres. Que seas una persona es suficiente. Estés donde estés, seas lo que seas, eres aceptado. ­

Elige una técnica que te vaya bien, pon toda tu energía en ella, y no volverás a ser el mismo. Las técnicas reales, auténticas, siempre serán así. Si pongo condiciones previas, eso muestra que tengo una pseudo-técnica: te digo: «Primero haz esto y no hagas eso, y entonces...» Y son condiciones imposibles, porque un ladrón puede cambiar su objeto, pero no puede volverse un no-ladrón.

Un hombre avaricioso puede cambiar el objeto de su avaricia, pero no puede volverse no-avari­cioso. Puedes forzarle la no-avaricia, o él se la puede forzar a sí mismo, pero esto es sólo a causa de una cierta avaricia. Si se le promete el cielo, puede que incluso trate de ser no-avaricioso. Pero ésta es la avaricia por excelencia. El cielo, moks­ha, la liberación, sat-chit-anand, la existencia, la consciencia, la dicha: éstos serán los objetos de su avaricia.

El tantra dice que no puedes cambiar al hom­bre a menos que le des técnicas auténticas con las que cambiar. Con sólo predicar no se cambia nada. Y lo puedes ver en el mundo entero. Lo que dice el tantra está escrito en el mundo entero. Tan­to predicar, tanto moralizar, tantos sacerdotes, predicadores: el mundo entero está lleno de ellos y, sin embargo, todo es feo e inmoral.

¿Por qué está sucediendo esto? Pasará lo mis­mo si entregas los hospitales a los predicadores. Irán allí y empezarán a predicar. Y harán que todo enfermo sienta: « ¡Tú tienes la culpa! Tú has crea­do esta enfermedad; ahora cámbiala.» Si se entre­gan los hospitales a los predicadores, ¿en qué con­dición estarán los hospitales? En la misma en la que está el mundo entero.

Los predicadores siguen predicando. Siguen diciéndole a la gente: «No te sientas furioso», sin darle ninguna técnica. Y hemos oído esta enseñan­za durante tanto tiempo que ni siquiera planteamos nunca la pregunta: « ¿Qué estás diciendo? ¿Cómo es eso posible? Cuando me siento furioso, eso sig­nifica que "'yo" soy furia, y tú simplemente me di­ces: "No estés furioso." De modo que lo único que puedo hacer es suprimirme a mí mismo.»

Pero eso creará más ira. Eso creará más culpa­bilidad: porque si trato de cambiar y no puedo cambiarme, eso crea inferioridad. Me produce una sensación de culpa, de que soy incapaz, no puedo superar mi ira. iNadie puede hacerlo! Necesitas ciertas armas, necesitas ciertas técnicas, porque tu ira es tan sólo una indicación de una mente per­turbada. Cambia la mente perturbada y cambiará la indicación. La ira está mostrando simplemente lo que hay dentro. Cambia lo que hay dentro y cambiará lo externo.
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De modo que al tantra no le interesa lo que de­nomináis moralidad. En realidad, enfatizar la mo­ralidad es vil, degradante; es inhumano. Si alguien viene a mí y le digo: «Primero deja la ira, deja el sexo, deja esto y aquello», entonces soy inhumano. Lo que estoy diciendo es imposible. Y esa imposi­bilidad hará que el hombre se sienta intrínseca­mente malo. Empezará a sentirse inferior; será de­gradado por dentro ante sí mismo. Si intenta lo imposible, va a ser un fracaso. Y cuando sea un fra­caso quedará convencido de que es un pecador.

Los predicadores han convencido a todo el mundo de que «sois pecadores». Esto es bueno para ellos, porque a no ser que estéis convencidos, su profesión carece de sentido. Debéis ser pecado­res; sólo entonces pueden seguir prosperando las iglesias, los templos y las mezquitas. Tu condi­ción de pecador es su éxito. Tu culpabilidad es el fundamento de las iglesias más altas. Cuanto más culpable te sientas, más iglesias seguirán surgien­do, más y más altas. Están construidas sobre tu culpabilidad, sobre tu pecado, sobre tu complejo de inferioridad. De modo que han creado una hu­manidad inferior.

Al tantra no le interesa lo que denomináis mo­ralidad, vuestras formalidades sociales, etc. Eso no significa que el tantra diga que seas inmoral, ino! El tantra es tan indiferente a vuestra moralidad que no puede decir que seas inmoral. El tantra te da técnicas científicas para cambiar la mente, y una vez que la mente sea diferente, tu carácter será di­ferente. Una vez que el fundamento de tu estructu­ra cambie, todo tu edificio será diferente. A causa de esta actitud amoral, el tantra no podía ser tole­rado por los que denomináis santos; todos se pu­sieron en contra de él: porque si el tantra triunfa, entonces todas estas tonterías que suceden en nombre de la religión tendrán que terminar.

Observa: el cristianismo luchó muchísimo en contra del progreso científico. ¿Y por qué? Sólo porque si hay progreso científico en el mundo ma­terial, entonces no está muy lejano el momento en que la ciencia penetre también en el mundo psicológico y en el mundo espiritual. De modo que el cristianismo empezó a combatir el progreso cien­tífico, porque una vez que sabes que puedes cam­biar la materia por medio de la técnica, no está muy lejano el momento en que llegarás a saber que puedes cambiar la mente por medio de técni­cas: porque la mente no es más que materia sutil.

Ésta es la proposición del tantra, que la mente no es otra cosa que materia sutil; se puede cambiar. Y una vez que tienes una mente diferente, puedes tener un mundo diferente, porque miras a través de la mente. El mundo que estás viendo lo estás vien­do porque tienes una determinada mente. Cambia la mente, y cuando miras hay un mundo diferente. Y si no hay mente..., eso es lo supremo para el tan­tra: producir un estado en el que no hay mente. En­tonces miras al mundo sin intermediario. Cuando no hay intermediario, te encuentras con lo real, porque ahora no hay nadie entre tú y lo real. En­tonces nada puede estar distorsionado.

De modo que el tantra dice que cuando no hay mente, ése es el estado de un bhairava: un estado sin mente. Por primera vez miras al mundo, a lo que es. Si tienes una mente, vas creando un mun­do; vas imponiendo, proyectando. Así que prime­ro cambia la mente, luego cambia de mente a no­-mente. Y estos ciento doce métodos pueden ayudar a todos y cada uno. Cualquier método específico puede no ser útil para ti. Por esto Shiva va descri­biendo muchos métodos. Elige cualquiera que sea el método que vaya bien contigo. No es difícil sa­ber cuál es apropiado para ti.

Trataremos de comprender cada uno de los métodos y cómo elegir para ti mismo un método que pueda cambiarte a ti y a tu mente. Esta com­prensión, este entendimiento intelectual será una necesidad básica, pero no es el fin. Cualquier cosa de la que hable aquí, pruébala.

En realidad, cuando pruebas el método apro­piado, notas la afinidad inmediatamente. Así que iré hablando de métodos aquí todos los días. Pruébalos.


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Juega con ellos: vete a casa y prueba. El método apropiado, cuando das con él, simplemen­te encaja. Algo explota en ti, y sabes que «éste es el método apropiado para mí». Pero se necesita esfuerzo, y puede que un día te quedes sorprendi­do de que un método te haya enganchado.

Así es que, mientras esté hablando aquí, para­lelamente ve jugando con estos métodos. Digo “jugando” porque no deberías ser demasiado serio. ¡Simplemente, juega! Puede que algo sea apro­piado para ti. Si es apropiado para ti, entonces sé serio, y profundiza en ello: intensamente, honesta­mente, con toda tu energía, con toda tu mente. Pero antes de eso, simplemente, juega.

He comprobado que mientras estás jugando, tu mente está más abierta. Cuando estás serio, tu men­te no está tan abierta; está cerrada. Así que sim­plemente juega. No te pongas demasiado serio, simplemente juega. Y estos métodos son sencillos, puedes jugar con ellos.

Toma un método y juega con él durante tres días por lo menos. Si te produce una cierta sensa­ción de afinidad, si te produce una cierta sensación de bienestar, si te produce cierta sensación de que es apropiado para ti, entonces tómatelo en serio. Entonces olvídate de los demás, no juegues con otros métodos. Persevera en él; al menos durante tres meses. Los milagros son posibles. Lo único importante es que la técnica debe ser apropiada para ti. Si la técnica no es apropiada para ti, entonces no sucede nada. Entonces puedes seguir con ella durante vidas enteras, pero no sucederá nada. Si el método es apropiado para ti, entonces incluso tres minutos son suficientes.

Así es que estos ciento doce métodos pueden ser una experiencia milagrosa para ti, o pueden ser simplemente algo que escuchas: depende de ti. Yo iré describiendo cada método desde tantos ángu­los como sea posible. Si sientes afinidad con él, juega con él durante tres días. Si notas que va con­tigo, que algo encaja en ti, continúa con él durante tres meses.

La vida es un milagro. Si no has conocido su misterio, eso sólo indica que no conoces la técnica para abordarla.

Shiva propone ciento doce métodos. Son todos los métodos posibles. Si nada encaja y nada te produce la sensación de que son para ti, enton­ces no queda ningún método para ti: recuérdalo. En­tonces olvídate de la espiritualidad y sé feliz. Enton­ces esto no es para ti.

Pero estos ciento doce métodos son para toda la humanidad: para todas las eras que han pasado y para todas las eras que aún están por venir. En ningún momento ha habido un solo hombre, y nunca lo habrá, que pueda decir: «Estos ciento doce métodos son todos ellos inútiles para mí.» ¡Imposible! ¡Eso es imposible!

Todos los tipos de mentes han sido tomados en consideración. A cada tipo posible de mente se le ha dado una técnica en el tantra. Hay muchas téc­nicas para las que no existe ningún hombre toda­vía; son para el futuro. Hay muchas técnicas para las que no existe ningún hombre ahora; son para el pasado. Pero no tengas miedo. Hay muchos mé­todos que son para ti.

Así que empezaremos este viaje desde mañana.


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Capítulo 2







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