La autoestima ha sido un concepto que desde fines de los ’90 se ha (re)validado como uno de los ejes centrales en la comprensi



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VII ENCUENTRO NACIONAL DE DOCENTES UNIVERSITARIOS CATÓLICOS
LA FE EN LA VIDA PÚBLICA.HACIA UN DIÁLOGO INCLUSIVO”


ÁREA A: LA PERSONA HUMANA: GENEALOGÍA, BIOLOGÍA, BIOGRAFÍA


TEMA: LA INFANCIA EN CONTEXTOS VULNERABLES. ESCUELA Y FAMILIA. AGENTES POTENCIADORES DE AUTOESTIMA

Autora: Prof. Dra. Laura Mirtha Oitana



Profesora de Didáctica y Psicología de la Educación en la Carrera de Profesorado en Ciencias de la Educación y Lic. en Psicopedagogía. UCSF.

Secretaria Académica de la Facultad de Psicología de la UCSF
LA INFANCIA EN CONTEXTOS VULNERABLES. ESCUELA Y FAMILIA COMO AGENTES POTENCIADORES DE AUTOESTIMA
Prof. Dra. Laura Mirtha Oitana *1

Resumen



La autoestima ha sido un concepto considerado siempre como uno de los ejes centrales en la comprensión y el análisis del comportamiento de los seres humanos. En la actualidad, se ha reforzado la noción de la autoestima como uno de los recursos internos fundamentales en el desarrollo, formación y bienestar de las personas y en ese sentido como factor protector frente a conductas de riesgo. Por tanto, una de las áreas donde más se ha considerado su importancia es en el ámbito infantil, a raíz de su impacto en el crecimiento y desarrollo de los niños.

En nuestro quehacer cotidiano nos encontramos frecuentemente con el hecho de que la baja autoestima es una situación muy difundida en los niños y que se encuentra generalmente asociada a problemáticas psicosociales tales como el hacinamiento, la falta de oportunidades, el maltrato o disfunciones familiares (ejemplo, la falta de límites, la excesiva rigidez, el abandono socio-afectivo, etc.) y también las relacionadas con el rendimiento académico, el fracaso escolar y las relaciones interpersonales.

El objetivo del presente trabajo es profundizar aspectos relevantes sobre la autoestima y sobre las formas de fortalecerla y potenciarla desde la escuela y la familia.

La Universidad como formadora de futuros profesionales en el campo de la Educación y la Psicología, no puede quedar ajena a esta problemática y debe contemplar en sus proyectos líneas de acción para atenderla y abordarla desde una perspectiva interdisciplinaria, donde aporten sus saberes la Psicología, la Psicopedagogía y otras ciencias de la Educación. Psicólogos, psicopedagogos y docentes que trabajan en las instituciones educativas deben conocer cómo impacta en el aula, en la interacción docente-alumno-contenido, este sentimiento de autoestima y deben adquirir las competencias profesionales que les permitan trabajar eficazmente.


Autoestima y autoconcepto

Se podría decir que la autoestima es una poderosa fuerza dentro de cada uno de nosotros mismos y que comprende mucho más que ese sentido innato de autovalía. Por ello la importancia respecto de la misma radica en tomar en cuenta el significado de ella para toda persona e identificar cómo afecta en la vida de cada uno. Lo cual nos lleva a la siguiente cuestión, ¿qué hacer para fomentarla?, ¿qué hacer para respaldarla?, al menos debemos comenzar por explicarla, por ver que entendemos por autoestima.


Al respecto podemos decir que por autoestima se entiende el valor que la persona atribuye a la imagen que posee de si, es aquella creencia que una persona va conformando a partir de su encuentro con un otro. Podemos decir aún más, la autoestima corresponde con una valoración positiva o negativa hacia un objeto particular: el si mismo. Por medio de la autoestima nos impulsamos a actuar, a seguir adelante, incluso una adecuada autoestima ayuda y motiva en el logro de nuestros objetivos y metas. Por ello consideramos que el trabajo sobre la autoestima tiene una situación relativamente favorable para nuestro sistema educacional y por tanto debe llegar a ser una ocupación no solo de las ciencias pedagógicas y psicológicas, sino que también debería ser abordada por sociólogos, trabajadores sociales, especialistas de la salud, comunicadores sociales, entre otros.
La autoestima es una poderosa necesidad humana y efectúa una contribución esencial al proceso de la vida, hasta tal punto es esto que, no lograr una autoestima positiva entorpece nuestro crecimiento psicológico y social. Necesitamos adquirir una valoración positiva de nosotros mismos, y este es uno de los factores que ayudarán a conquistar una confianza objetiva. Ahora bien, debemos mencionar que la autoestima positiva se da cuando la persona se respeta y estima, sin considerarse mejor o peor que los otros y sin creerse perfecto, es decir, cuando reconoce sus capacidades y sus limitaciones esperando mejorar, es decir cuando es asertivo. Por otra parte, la baja autoestima implicaría insatisfacción y descontento consigo mismo, incluso la persona puede llegar a sentir desprecio y rechazo de si mismo (Schunk, 1992).
En este punto es importante definir el concepto de si mismo entendiéndolo como el conjunto de características que la persona asocia con su propio yo. Dicho concepto es un sistema organizado que se relaciona con un equilibrio entre el mundo interno y externo, ya que está condicionado por nuestra historia personal y nosotros estamos influenciados por el mundo externo, generándose así una interdependencia —feedback— que va más allá de las concordancias o diferencias.
En este sentido es importante destacar que la autoestima presenta dos componentes, uno es la sensación de confianza frente a los desafíos de la vida —la eficacia personal—el otro es el sentimiento que genera el respeto por uno mismo (Branden, 1999). Debemos señalar que por eficacia personal entendemos la confianza percibida en las capacidades para pensar, aprender y tomar decisiones.

También es importante señalar que el desarrollo de la autoestima dependerá en parte del tipo de relaciones afectivas que se establezcan a lo largo de la existencia de la persona (Branden, 1995), por lo cual, es esencial que la persona se encuentre en un clima de afecto y amor, no sólo en el hogar, sino en todo ambiente que le toque desenvolverse en el transcurso de su vida, lo cual está directamente asociado a su sentimiento de confianza personal, sin ella todo crecimiento posterior será más vulnerable (Erikson, 1959).



Autoestima y Resiliencia.
Es un hecho que toda persona vive desde su nacimiento -y aún antes de nacer- en un permanente estado de interdependencia en el cual todos nos necesitamos mutuamente, y lo que uno hace afecta a los demás de distintas maneras. En virtud de que no nos es posible vivir y realizar de manera independiente lo que nos proponemos en la vida, sino a través de la relación social, o sea actuando de manera autónoma, es claro entonces que necesitamos aprender a relacionarnos y comunicarnos para poder crecer (González, 1995) y concretara así nuestro proyecto de vida. Cuando estamos satisfechos con lo que somos y confiados de nuestra capacidad para lograr objetivos, es entonces cuando nuestra manera de relacionamos con los demás suele ser efectiva.
En este sentido, podemos sostener que el logro de una autoestima positiva está influenciada por el nivel de confianza que el niño posee de sus propias capacidades, por el afecto que le brinde un otro significativo (Bowlby, 1998; Yela, 2000), por las expectativas positivas que se le manifiesten en relación a sus logros futuros y fundamentalmente por la creación de un ambiente donde se favorezca y aumenten sus posibilidades de éxito.
En este contexto no debemos olvidar que un factor de primordial importancia a considerar en este tema, al momento de fomentar los recursos personales de los niños, es el rol que juega la resiliencia. Este concepto hace referencia a “la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformadas positivamente por ellas” (Munist et. al., 1998 en Ravazzola, 2002). El término resiliencia ha sido utilizado para designar la capacidad de superar dificultades y de proyectarse en la vida (Vanistendael y Lecomte, 2002).
A partir de esta afirmación podemos intuir que el concepto de resiliencia se contrapone al de determinismo infantil. Un niño maltratado está determinado a reproducir esa conducta en su vida adulta. O, por el contrario, existen personas que han superado tales situaciones gracias al entorno y a la construcción de proyectos de vida. Generalmente este factor —la resiliencia— se atribuye a rasgos de personalidad y estrategias de superación que posibilitan a un niño o adulto superar ciertas experiencias vitales adversas.
De este modo se afianza el papel del entorno, vínculos de apego significativos, frente al determinismo y se evidencia que educar en la capacidad de resistir, de enfrentarse a los problemas, de afrontarlos en lugar de rehuirlos, capacita para una vida más satisfactoria y socialmente integrada.
Las investigaciones en el campo de la resiliencia nos traen nueva luz para mirar los entornos de enseñanza y aprendizaje, según Vanistendael y Lecomte (2002). Desde un punto de vista educativo la resiliencia descansa sobre tres dimensiones:


  • La existencial o necesidad de resistir y subsistir de la manera mas satisfactoria

  • La constructiva o capacidad de transformar problemas, crisis, errores o desgracias en situaciones de aprendizaje y crecimiento personal.

  • La ética o moral, es decir aquello que se considera bueno y valioso para la sociedad y para uno mismo.

Por tanto, creemos que el concepto de resiliencia trae aportes no sólo para una infancia con problemas familiares, sino también en el caso de niños normales, adolescentes, jóvenes, etc., ya que una actitud resiliente nos capacita para afrontar la vida con optimismo y deseo de vivirla con el mayor grado de bienestar posible. En este sentido, es importante tomar conciencia que frente a una situación adversa podemos culparnos y sentirnos poco valiosos, sin embargo, esto puede ser visto de otra manera. Así, una experiencia negativa, se convierte en una experiencia de aprendizaje y no en un fracaso lo cual nos ayuda a cambiar el foco de atención, pasar de la evaluación del error, a la evaluación de los procesos de aprendizaje. Es este sentido, es conveniente aclarar que es necesario que los padres o figuras significativas de los niños tomen en cuenta lo anterior e intenten potenciar la autonomía y autoconcepto de los mismos, y por ende su autoestima (Lartigue y Vives, 1992).


Los niños que tienen un alto grado de resiliencia, el cual se vincula a una elevada autoestima y buen autoconcepto presentan características particulares (Bertrán, Noemí y Romero, 1998; Cyrulnik, 2002; Florenzano y Valdés, 1996), tales como:

  • Motivación de logro.

  • Mayor actitud de acercamiento a situaciones y personas nuevas.

  • Autosuficiencia.

  • Actitud dirigida a la resolución de problemas.

  • Menor evitación de los problemas.

  • Menor fatalismo frente a situaciones difíciles.

  • Humor básico positivo.

Es decir, un niño que posee una autoestima positiva se siente valioso, capaz, se acepta a sí mismo, es confiado y gusta de la proximidad afectiva. Puede adquirir e ir utilizando habilidades sociales aprendidas para enfrentar situaciones difíciles. En este punto de la reflexión debemos incorporar la referencia a la relación que existe entre el autoconcepto —conformado por percepciones de sí mismo— y la autoestima, ya que dicha relación condiciona la forma en cómo el niño se va sobreponiendo al momento de enfrentar dificultades en su vida. En este sentido, la ayuda que proviene del adulto no debe menospreciar las acciones ejercidas por el niño ya que en una próxima situación éste aprenderá a quedarse pasivo y no pedirá ayuda. Esta es la razón por la cual se requiere de un adulto con el cual logre una relación interaccional significativa, con el que establezca un vínculo sólido y confiable.

Según Bertran, Noemí y Romero (1998) algunas de las capacidades que el niño deberá desarrollar para llegar a ser un adulto resiliente son: la fuerza intrapsíquica, capacidad de mirarse, expectativas y valoración de logro, capacidad de aprendizaje, sentimiento de competencia, estrategias de afrontamiento adecuadas frente a situaciones difíciles, iniciativa, confianza en sí mismo y el entorno, control de impulsos y ansiedad adecuados, etc.


Por lo expuesto hasta el momento, debemos advertir que el factor protector más relevante para el desarrollo de las personas corresponde al vínculo afectivo con una persona significativa para el niño, ya sea su madre u otro adulto con el cual pueda relacionarse de manera cálida y estable (Lartigue y Vives, 1992). Al establecer un vínculo estrecho con su madre u otro adulto, el niño adquiere la confianza básica (Erikson, 1959), fe y constancia objetal. Esta última, le permite al niño alejarse de su madre con tristeza; pero, sin un vacío interno (Bowly, 1998). A medida que el niño va creciendo, esta capacidad le permite mantener relaciones estables con personas hacia las que tiene sentimientos encontrados o ambivalentes. En la adultez, es capaz de aceptar a otros, tanto con sus aspectos negativos como con sus aspectos positivos, sin tener que idealizarlo y luego, desvalorizarlo. Esa imagen interna, representa un recurso esencial que podrá disponer en situaciones adversas (Florenzano y Valdéz, 1996; Bertrán, Noemí, Romero, 1998). Al no contar con un vínculo estable y seguro, el yo del niño puede tender a rigidizarse, esta situación limita su creatividad y sus posibilidades de aprendizaje cognitivo, socioafectivo y psico-motriz.
Autoestima, escuela y familia

Los docentes viven de manera aguda la crisis de nuestros tiempos. Mirando el problema desde otro ángulo, profesores, autoridades y miembros en general de las instituciones educativas son conscientes de la falta de motivación de los alumnos, la baja en el rendimiento escolar, el aceleramiento en el consumo de drogas, aumento del ausentismo, la deserción escolar, los malos tratos, la violencia entre pares, etc. Además no es irreal pensar que todos estos fenómenos, en parte, podrían guardar algún tipo de relación con la situación —cada día más preocupante— de la existencia de docentes que han perdido —afectados por hechos externos— el sentido y satisfacción en la realización de su tarea de formación de niños y jóvenes.

En algunas ocasiones se relaciona la motivación escolar con los niveles de ansiedades de los alumnos. Lo que llamamos “inteligencia emocional” y afecta la conducta de los individuos en cuanto influída por la aparición y regulación de sus vivencias emotivas (Goleman, 1996; Gardner, 1994).

En los niños la motivación se desarrolla a lo largo de un continuo y a partir de situaciones que movilizan por un lado, niveles altos de esperanza de éxito, motivación de logro, autoconcepto-autoestima positivos, necesidad de aprobación social y desarrollo de competencia personal, y por el otro, autoconcepto-autoestima negativos, temor al fracaso y su consecuente ansiedad, temor a las equivocaciones y al rechazo social.

La escuela y la familia tienen un rol primordial en la formación del autoconcepto y autoestima. Por ello es importante el trabajo en conjunto en temáticas relacionadas con conocimientos y determinados valores, por ejemplo:


  • El valor de las relaciones intersubjetivas

  • El conocimiento de los estilos de aprendizaje

  • Los estilos de enseñanza que potencian la autoestima

  • El desarrollo de la creatividad y mejora de la autoestima

  • Los niveles de autoestima y éxitos y fracasos escolares

  • El sentido formativo de los errores

Entre los trabajos que enfatizan la relevancia de los valores y la educación se encuentran los de Latapí (2003), entre otros, que identifican aspectos críticos acerca de la formación de valores y la calidad de la educación. Se aprecia un interés común entre los autores de que la institución educativa en conjunto con la familia sean las responsables de proveer a los estudiantes de una educación integral, que les permita desarrollar su autoestima y las habilidades y competencias necesarias para desempeñarse en un mundo cada vez más competitivo. Que apuesten al desarrollo de valores, particularmente aquellos vinculados con la responsabilidad y solidaridad hacia los demás. Que transformen las miradas desesperanzadoras, en miradas de fe, esperanza y confianza hacia los niños, sus hijos. Que sus palabras sean de aliento. Que sus presencias infundan seguridad y protección.

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1 Prof. Dra. Oitana de Calliero, Laura. Universidad Católica de Santa Fe. Facultad de Psicología y Humanidades. Dirección Postal: Echagüe 7151. Santa Fe. Dirección Electrónica: loitana@ucsf.edu.ar



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