La Aproximación Biográfica como una opción epistemológica, ética y metodológica



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La aproximación biográfica

como una opción epistemológica,

ética y metodológica
Rosario Correa L.

Psicóloga. GRADAS

En términos generales, desde una perspectiva amplia, puede entenderse la “aproximación biográfica” como una estrategia de conocimiento, una forma de aprehender y enfrentar los fenómenos referidos al acontecer vital. Por lo tanto, va más allá de ser un enfoque y/o un método. En este sentido, M. Legrand (1991) define el término “aproximación” como un conjunto de conocimientos de base en relación con una gama de problemas, con una serie de fines y con un conjunto de métodos, que sustentan diferentes “formas de hacer” que se expresan y estructuran en modalidades diferentes.

Ahora bien, la elección por parte del investigador de la estrategia de conocimiento que utilice, o la forma de aprehender su objeto de investigación, es en principio, o aparentemente, una cuestión teórica. Sin embargo, si se analiza el hecho con mayor profundidad, se puede apreciar que no es un asunto puramente teórico, sino más bien concerniente a la propia vida. Se origina y se apoya esta decisión en la propia historia vista como globalidad, es decir, no sólo en relación con la historia académica de cada cual, sino también en la historia de la vida privada, de su concepción de mundo, de su ideología.

Al respecto, A. Lainé (1996), al explicar la filiación teórica con la que él trabaja en relación con el área “historia de vida de formación”, dice: “En el momento en que yo conozco ciertos conceptos como pertinentes y rechazo otros para mí sin validez, esta elección y este rechazo están hechos desde mi propia historia y la de generaciones que me han precedido (generaciones de las cuales yo soy, como tal, heredero). Es decir, que la historia de las filiaciones y el proceso de formación proceden de un fenómeno de reconocimiento de uno consigo mismo, donde el sujeto identifica, entre lo que se le ofrece, un cuerpo de conceptos y de cuestionamientos que prolongan o hacen eco en lo que previamente adquirió y vivenció”.

En la misma perspectiva, D. Bertaux (1980) señala que "la elección de un método particular para estudiar un objeto se hace mucho más en función de motivaciones profundas que de consideraciones racionales” y que elegir utilizar la “aproximación biográfica” puede ser un “asunto de temperamento”.

En mi caso específico, me adscribo a la aproximación biográfica, en primer lugar, porque es una orientación coherente y consistente con el objetivo de la línea de investigación que desarrollo, especialmente adecuada a los sujetos de esa investigación: los jóvenes de sectores urbano-populares. Me parece que este tipo de aproximación me puede ayudar a comprender el proceso vivido por los jóvenes durante el recorrido de su período juvenil. En la perspectiva de Sotteau-Léomant (1990), se trata de “comprender el sentido que los narradores dan a sus actos, las lógicas que organizan su vida cotidiana, sus sistemas de vinculaciones con los otros, sus relaciones con las instituciones, y también los principios de ser y de hacer que sustentan sus prácticas y dan cuenta de sus visiones de mundo y de su búsqueda de identidad social”.

En segundo lugar, la aproximación biográfica posibilita establecer, en el desarrollo de la investigación, relaciones de implicación entre el investigador y los sujetos involucrados, es decir, permite un cambio en la estructura de poder tradicional y en la forma de entender la producción de conocimientos.

En tercer lugar, tanto los principios como las proposiciones de la aproximación biográfica tienen resonancia con mi concepción de la ciencia, de la psicología y del trabajo de investigación. Es decir, la ciencia en una perspectiva dialéctica, la psicología como una disciplina que estudia la vida del hombre singular en su contexto sociocultural, y el trabajo del investigador como una construcción interactiva en la que el investigador no puede ser considerado ajeno a lo que sucede en el campo de la investigación.

De estos planteamientos surge la propuesta de comprender la aproximación biográfica como una opción epistemológica, ética y metodológica.


La aproximación biográfica como una opción epistemológica


La debilidad demostrada por la orientación positivista en las ciencias humanas para enfrentar y comprender los fenómenos humanos, ha puesto en duda las concepciones de la epistemología clásica, basada en el rigor de la objetividad y de la exterioridad en el estudio de un objeto aislado, en ruptura con las nociones de sentido común (A. Mucchielli 1991).

Las relaciones entre el individuo que conoce y su “objeto” de conocimiento, entre el individuo singular y lo universal, entre la objetividad y la subjetividad, como también entre la explicación y la comprensión, han sido fuertemente problematizadas durante los últimos años.

En diversas corrientes del pensamiento actual (A. Mucchielli 1991), entre las cuales se puede citar la aproximación biográfica, está presente una perspectiva que considera la interdependencia entre el sujeto y el objeto de la investigación. Sostiene tal perspectiva la idea de que la realidad no es jamás exterior al sujeto que la examina, que el investigador no comprende lo que investiga sino a partir de una analogía por la cual otro, sujeto humano como él, tiene reacciones humanas también, orientadas hacia la comprensión del sentido de las situaciones y de los acontecimientos vivenciados por los individuos.

Esta forma de pensar es un cuestionamiento de la relación tradicional sujeto-objeto de la ciencia, en la medida en que ella reivindica una interacción personal entre investigador e “investigado” bastante más estrecha y compleja que las relaciones aceptadas por la ciencia tradicional. Hay una reciprocidad en la interacción que transforma la relación misma. No se puede conocer sin ser afectado, conmovido, transformado. Se produce, según F. Ferrarotti (1979), un “pacto de conocimiento transformador”.

Es ésta una perspectiva que pone el acento en la interdependencia y la complejidad de las relaciones humanas, rechazando considerar al individuo aislado de sus determinantes.

Se puede decir, entonces, que la aproximación biográfica reivindica un conocimiento compartido, entre dos, gracias a la intersubjetivdad en la interacción, en la cual el sujeto “conoce al precio de ser conocido”. De este modo, toda entrevista biográfica es una interacción social completa y compleja, en la que las normas y valores implícitos, las expectativas, las exigencias, juegan roles importantes. De aquí que, según Ferrarotti (1979), una condición epistemológica del proceso de investigación biográfica sea la implicación del investigador; y el riesgo de ser conmovido, afectado, una necesidad.

Contrariamente a ciertos principios que plantea la ciencia tradicional, que exigen al investigador “neutralidad” como garantía de valor científico de su trabajo, en la aproximación biográfica el investigador está implicado en el campo de la historicidad del narrador, lo que influye en la construcción misma del relato (Sotteau-Léomant 1990). Por esto, en un trabajo con orientación biográfica es preciso tomar en consideración la existencia del investigador, develar la subjetividad inherente al acto de investigar y estudiar la reciprocidad de esta actividad.

Para J-P. Pourtois y H. Desmet (1988), la implicación que nace de la experiencia subjetiva de los sujetos con el fin de reconstruir el sentido, es un momento esencial en la investigación del conocimiento. La implicación, sugieren los mismos autores, comporta la idea de complejidad y por esto de opacidad y de heterogeneidad, que se oponen a las nociones de transparencia y homogeneidad de la visión científica tradicional.

De este modo, para Ferrarotti (1983), el método biográfico se ubica más allá de cualquier método cuantitativo y experimental; es subjetivo, cualitativo y ajeno al esquema de hipótesis y verificación. Representaría, así, la superación del cuadro lógico formal y del modelo mecanicista característico de la epistemología científica establecida, al utilizar más bien la razón dialéctica, única capaz de comprender científicamente un acto, “de interpretar la objetividad de un fragmento de historia social partiendo de la subjetividad no eludida de una historia individual”.

En tanto que trabajo comprensivo orientado a la búsqueda de sentidos, la aproximación biográfica está dirigida a focalizar la experiencia singular, afectiva de los sujetos, para descubrir la significación atribuida por ellos a las situaciones y a los acontecimientos vividos. Como dice Politzer (1968), “la vida en su dimensión dramática, drama que implica al hombre en su totalidad, considerado como el centro de un cierto número de acontecimientos que toman sentido porque se relacionan, por una parte, con las condiciones del medio donde se desarrolla la vida humana; y, por otra, con el individuo en tanto él es sujeto de esta vida”.

La aproximación biográfica permite aprehender lo que es más profundo, propio de cada uno, aquello que escapa a las regularidades objetivas, a lo que todo el mundo conoce o puede conocer. Nos pone en relación con lo que es diferente, la particularidad, la singularidad. De este modo hace accesible lo marginal, las rupturas, los intersticios y los equívocos. Es decir, con ella la subjetividad y la singularidad adquieren valor de conocimiento (De Gaulejac 1984).

L. Sève (1969) refuerza esta perspectiva al plantear que la aproximación biográfica le confiere estatus epistemológico a la vivencia individual, a la experiencia singular, a “lo dramático de la vida personal”, a través de lo cual se forma y se transforma la personalidad singular y se despliega la actividad.

De Gaulejac (1992) plantea que “hay una complementariedad fundamental entre el psiquismo individual y las estructuras sociales, que obliga a salir de los encierros y oposiciones entre lo individual y colectivo, sujeto y objeto, campo social y campo afectivo”.

Se trata, agrega el mismo autor, de aprehender la realidad combinando el análisis objetivo y la consideración de la subjetividad de los actores; “de aprehender la dialéctica entre lo singular y lo universal en el estudio concreto de la vida humana, de comprender en qué medida el individuo es producto de una historia en la que él intenta convertirse en sujeto; de estudiar la relación entre la historia y la historicidad, cruzando el análisis de los diferentes determinismos que contribuyen a constituir al individuo y el análisis de la relación del individuo con sus determinismos, trabajo que él opera para contribuir a producir su propia existencia”.

Hacer a alguien hablar de su propia vida es transportarlo al cotidiano presente y pasado y, por consiguiente, tener acceso al desarrollo de una vivencia global, mezclada, entremezclada, reconstruida, transformada (Clapier-Valladon 1983). Es la expresión de la complejidad de lo real en lo cual se mezclan todos los niveles de expresión: nivel consciente (con información descriptiva), nivel subconsciente (más sugerido que evocado), y nivel inconsciente (al que se tiene acceso sólo de manera indirecta).

Es en la articulación entre el relato que produce el sujeto sobre su propia historia y el análisis del contexto familiar, cultural, social, económico, que se pueden comprender los diferentes elementos que han influido en la vida y condicionado su trayectoria. De este modo, un individuo es alguien cuyas características propias se relacionan con una condición social, con una sociedad, con una época. Es decir, es un sujeto social-histórico que debe ser comprendido como producto y productor de historia (De Gaulejac 1990).

El relato de vida es la expresión de una historia singular que individualiza la historia social colectiva, siendo su expresión y su producto. Sin embargo, no hay que entender esto como un determinismo, ya que entre la estructura social y el individuo existen espacios de mediación,1 y es en este espacio donde el sujeto puede re-construir y crear su propia vida (De Villers 1991).

Es la capacidad del hombre de cambiar lo que le permite modificar su relación con la historia, reposicionarse y, a través de esta operación, desarrollar su función de historicidad.

El individuo se “humaniza” en su proceso vital real en medio de relaciones sociales (Sève 1969).

Los hombres construyen su historia sobre la base de las condiciones en que se desenvuelven, pero son ellos quienes la construyen, pues el campo de lo posible existe siempre y es apropiándose de ese campo de lo posible que el individuo se constituye en actor y contribuye a hacer la historia (F. Digneffe 1991).

Comprender que el hombre es producto y productor de la historia, sólo es posible en una perspectiva dialéctica y gracias a la noción de proyecto.

Es en el proyecto donde se abre la posibilidad de resignificar. Desde un punto de vista psicológico, el proyecto traduce esta capacidad del individuo de ser creador de acciones, de sentidos, de tomar distancia y anticiparse (J. P. Boutinet 1989).


La aproximación biográfica como una opción ética


En las ciencias humanas, la opción ética es sin duda un objeto complejo, que no siempre es tomado en cuenta en proporción al peso que comporta.

La opción ética que implica trabajar en la perspectiva de la aproximación biográfica puede ser analizada al menos en dos dimensiones:



  • desde las relaciones que se establecen entre los sujetos involucrados, es decir, investigador-investigado, narrador-“narrado”;

  • en razón al producto de estas relaciones: el relato del sujeto.

Ambas dimensiones toman forma a partir de la definición epistemológica de la aproximación biográfica, es decir, por una parte, del cambio de la relación investigador-sujeto (superación de la relación sujeto-objeto propia de la ciencia tradicional); y por otra, de la consideración del valor científico atribuido a la subjetividad y del conocimiento incorporado del sujeto.

Desde el punto de vista deontológico, la aproximación biográfica implica un contrato de confianza basado en la calidad de la relación que es preciso establecer entre el investigador y el narrador del relato de vida. De una cierta manera, esta relación debe contener una cláusula de “complicidad” que permita dar valor y autorizar a alguien a hablar de sí mismo a un desconocido. En consecuencia, la relación entre el investigador y el sujeto debe establecerse sobre una base de igualdad: una comunicación correcta no sólo desde el punto de vista metodológico, sino “humanamente significativa”, basada en la técnica de la escucha, del tacto y de la ética, en la que la valorización de la persona es tan importante como su saber (Lazega 1983).

Con respecto a este tema, Ferrarotti (1984) identifica dos cualidades en la aproximación biográfica. Por una parte, el hecho de establecer una relación de interacción que revoluciona la posición tradicional en la investigación, en tanto que presupone una situación de igualdad substancial y de colaboración entre los investigadores y las personas analizadas. Por otra parte, permite escuchar a los grupos sociales que, por su condición de marginalidad y su estado de exclusión social, escapan irremediablemente a ser parte de los datos formales, así como también a las imágenes oficiales que la sociedad se da de ella misma.

El mismo autor agrega: ”El investigador, sin renunciar a cierta distancia, debe aceptar el estatus de paridad con su sujeto y admitir que no hay investigador que no sea a su vez ‘investigado’. Sin participación no hay interacción y sin interacción no se puede comprender ni respetar la temporalización de la vida de los sujetos. Sin esta preocupación, los ‘objetos’ de la investigación corren el riesgo de quedar al arbitrio de los criterios del investigador”.

La segunda dimensión que se debe considerar desde una perspectiva ética, tiene que ver con el uso que se haga del material recolectado y el nivel de participación del narrador en el análisis y en la interpretación de sentidos de ese material.

Se trata de producir un saber en participación. Es lo que Ferrarotti (1984) llama “la dialéctica de lo relacional”. La relación entre el investigador y el narrador no es una relación vertical. Son dos los que intervienen, al mismo nivel. Tal igualdad comporta una aceptación social, que trae consigo la condición de un intercambio científico válido. G. Pineau (1986), por su parte, hace notar lo interesante de esta dialéctica relacional y comunicativa basada en una interacción estrecha actor-investigador, en el cuadro de una democratización del trabajo de investigación y de las ciencias humanas. Agrega el mismo autor que es un punto tan importante como puede ser la utilización de la transferencia y contra-transferencia en el psicoanálisis.

La aproximación biográfica puede ser concebida así como una vía de relación horizontal: en ella, el poder del investigador se ve matizado por la posibilidad del narrador de convertirse en sujeto organizador de su propia vida (si se guarda la coherencia con los principios epistemológicos), y por el hecho de no utilizar un dispositivo normativo cerrado para recolectar información, salvaguardando de este modo la libertad del sujeto de contar lo que él desee comunicar. No obstante, existe la posibilidad de transformar esta relación de igualdad en una “ilusión” si no se maneja de buena forma la situación desde la entrevista misma hacia delante. Es decir, la confidencialidad, el análisis de sentido de la vida contada, la restitución o comunicación del material recolectado al narrador, así como una definición clara del derecho de autor frente al “producto”. En este caso, la relación de colaboración y de creación de saber en participación puede transformarse en acto de manipulación, en acto de abuso de poder o, aún más, como lo plantea Lejeune (1980), en acto de violación de intimidad o voyerismo.

En todo caso, como plantean Léomant y Sotteau-Léomant (1992), la aproximación biográfica se presenta como una posibilidad de iniciar la “aventura de dialogar de otra forma con la realidad”, donde los sujetos, “ni epifenómenos ni objetos”, pueden llegar a ser actores objetivantes como el investigador.


La aproximación biográfica como una opción metodológica


Para algunos autores, la aproximación biográfica es una ruptura radical de la forma tradicional de concebir la realidad, de analizarla, de comprenderla; su tarea principal es operar una mediación entre la historia individual y la historia social (V. de Gaulejac 1992), superando así la brecha que separa el campo psicológico del campo social (Ferrarotti 1983).

Es ésta una perspectiva en la cual la noción de causalidad, de explicación causal, da paso a la comprensión, a la atención a los procesos y a la producción de sentidos, los que echan anclas en la historia (Ferrarotti 1983).

En la práctica, la aproximación biográfica constituye un ir y venir constante entre la experiencia y la reflexión, entre lo concreto y lo abstracto, entre las partes y el conjunto, entre el tiempo pasado y el tiempo en curso, y recíprocamente (P. Grell 1986).

En un sentido general, se puede decir que no hay una “aproximación biográfica” única, sino muchas maneras de desarrollar y aplicar esta orientación (Bertaux 1980). Desde el punto de vista de las disciplinas, su desarrollo abarca tanto la sociología, la antropología, la educación como la psicología (Bertaux 1976) (Pineau 1983) (Finger 1989). En relación con las prácticas, sus aplicaciones presentan múltiples combinaciones, relativas a las diferentes orientaciones, condiciones y finalidades del trabajo propuesto. Con relación a sus objetivos implícitos o explícitos, Pineau y Jobert (1989) plantean que pueden orientarse a la comprensión, a la acción o a la emancipación.

Según Clapier-Valladon y Poirier (1984), el interés del trabajo biográfico, cualquiera sea el nombre que se le dé y los matices que presenten sus prácticas, es aprehender y ligar, al mismo tiempo, lo subjetivo y los acontecimientos. Es posicionar al hombre como un universal singular que individualiza la generalidad de la historia colectiva.

A partir del análisis de diversas prácticas biográficas, Bawin-Legros (1991) establece que la aproximación biográfica se interesa tanto en los procesos que dan cuenta de una trayectoria de vida, de la búsqueda de identidad individual o colectiva, del develamiento de lo que ha pasado en el curso de la existencia de un individuo o de un grupo, como de la historia que se cuenta sobre la vida de este individuo.

La aproximación biográfica permite la reconstrucción “objetiva” y la búsqueda de determinantes en la construcción de una vida, pero al mismo tiempo posibilita la búsqueda de sentidos a partir de las vivencias, es decir, la comprensión de la manera como el individuo habita esa historia en los planos afectivo, emocional, cultural y social.

El relato de vida, técnica principal del trabajo biográfico, no se reduce a la reproducción oral o escrita, más o menos fiel, más o menos objetiva de una vida o parte de una vida propia (autobiografía) o de otro (biografía). No es sólo la expresión de la vida de un sujeto, sino más bien “una vida en vía de constituirse” al ser contada y, por lo tanto, el relato de vida se transforma en productor de sujeto, de su historicidad. “No es el sujeto el que produce la historia de vida, es la historia de vida la que produce al sujeto”. Es decir, “contar su historia, es en gran parte, hacerla” (G. Pineau 1989).

Un punto importante de la caracterización metodológica de la aproximación biográfica, es su carácter de trabajo retrospectivo. Para el sujeto, contar su vida es remontarse, a partir del presente, a lo largo de su trayecto biográfico y hacer resurgir los acontecimientos, las situaciones vividas en los diversos momentos de ese trayecto. En un mismo y único movimiento, el sujeto se vuelve a relacionar con su pasado y se inscribe en el futuro. El relato de vida es la articulación de las tres dimensiones temporales de la persona: el pasado, el presente y el porvenir.

Según R. Williame (1982), la memoria autobiográfica conjuga en un solo discurso tres tareas que se imbrican una con otra:



  • la evocación de espacios escénicos, de situaciones espacialmente localizadas, pobladas de cosas y de seres y atravesadas por acontecimientos que provienen del horizonte social. No se trata sólo de eventos recordados, ya que puede emerger la totalidad de la escena;

  • la reconstrucción de un trayecto donde las escenas y situaciones son ordenados. Es retomar aquí y ahora “todo” lo que la persona ha sido y todo lo que la ha constituido como es, siendo al mismo tiempo una prolongación que va más allá de ese aquí y ahora;

  • la búsqueda de sentido. Lo que importa no es tanto el sentido que los hechos y los gestos han podido tener en el momento en que ocurrieron, sino el sentido que pueden presentar al momento del relato y que ayudan a aclarar lo que la persona es al momento en que ella los recuerda.

Otra definición metodológica fundamental de la aproximación biográfica es el hecho de estar basada en un acto de lenguaje. Según Chanfrault-Duchet (1989), “todo acto de lenguaje constituye un ritual sociolingüístico que da cuenta de un contrato que asigna a cada uno de los protagonistas un estatus, que les impone por lo mismo un rol y estrategias discursivas precisas”.

En la situación de construcción de un relato de vida, se produce una “interacción interlocutiva” entre los sujetos que se encuentran en una red simbólica imaginaria y real compleja, y se expresan de manera hablada y extra hablada (C. Chabrol 1983). El relato de vida es así un acto de palabra producido en una situación dialógica, en la cual el narrador, asistido por el investigador, trata de conferir un sentido a su vivencia, organizándola con una estructura narrativa propia (M-F. Chanfrault-Duchet 1989).

Según G. Pineau (1989), la producción de un relato de vida implica dos operaciones sociolingüísticas: una operación de enumeración y un trabajo sobre el enunciado. Lo que en último término define la forma que va a tomar este trabajo es el juego de desplazamientos-reemplazos del locutor y del interlocutor en la situación.

En razón de este juego, se pueden distinguir modelos:



  • en el modelo biográfico (dominante en las ciencias humanas y en la intervención social tradicional), el locutor está sumergido en la vida y es el interlocutor quien toma el trabajo de comprensión de esta vida, desapropiando al sujeto de su vida (G. Pineau 1992);

  • en el modelo autobiográfico, opuesto al precedente, el sujeto ejerce las dos operaciones, es decir, la enunciación y el trabajo sobre el enunciado. Él solo produce su vida y su sistema de comprensión.

Pero existe una tercera posibilidad con el modelo dialéctico, cuya opción metodológica es que la explicitación de un saber implícito es una obra conjunta, que necesita una co-inversión de actores implicados en las dos operaciones: de enunciado y de trabajo sobre el enunciado (G. Pineau 1989, 1992). En este modelo, el espacio es ocupado por un desplazamiento recíproco, que permite al locutor distanciarse de su vida y acercarse a los sistemas de comprensión, y al interlocutor aproximarse a esta vida, saliendo de sus sistemas conceptuales. Para el locutor, tratar de comprender su vida implica un trabajo de desestructuración-reestructuración (Ferrarotti 1983), de deconstrucción-reconstrucción, y en un sentido tradicional, de análisis y síntesis. Pero también esto significa un trabajo de implicación-distanciamiento y de apropiación-desapropiación (G. Pineau 1989).

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 Texto traducido y adaptado de R. Correa L. “La jeunesse urbano-populaire au Chili. Elements théoriques et méthodologiques pour une proposition d’analyse par l’approche biographique” (Cap. III). Memoire de Licence Complémentaire, Epreuve préparatoire au Doctorat, Université Catholique de Louvain. Louvain-la-Neuve, Belgique, 1992.

1 El concepto de mediación es un concepto clave, especialmente para J. P. Sartre, ya que son las mediaciones las que permiten engendrar el “concreto singular” (F. Digneffe 1991).



Proposiciones 29, marzo 1999: Correa, “La aproximación biográfica…”



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