Ken Wilber



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7. UN SOLO SABOR

El ser humano forma parte de la totalidad espacial y temporal­
mente limitada a la que denominamos universo y, en una especie de
ilusión óptica de la conciencia, se experimenta a sí mismo, a sus pen­

samientos y a sus sentimientos, como algo separado del resto. Esta
ilusión es un tipo de prisión que nos circunscribe a nuestros deseos
personales y al afecto por las personas que más cerca se hallan de no­

sotros. Nuestra tarea es liberarnos de esa cárcel y ampliar el círculo
de la compasión hasta llegar a abrazar a todas las criaturas viras y a
la totalidad de la naturaleza, en todo su esplendor.

ALBERT EINSTEIN
Poco después de haber acabado Ciencia y religión decidí aco­meter, durante un año, la escritura de un diario personal. La razón fundamental por la que lo hice fue que el trabajo académico no permite las manifestaciones subjetivas ni las afirmaciones dema­siado personales, que son consideradas como la evidencia de una suerte de "sesgo" o "información no objetiva". Y aunque, en al­gunos campos, se trate de un requisito relativamente razonable, lo cierto es que no tiene mucho sentido cuando el área a investi­gar es precisamente el dominio de lo subjetivo. Por ello tomé la decisión de registrar por escrito en un diario mis actividades co­tidianas, incluida la práctica espiritual.

Lo que quise transmitir en Diario era la idea de lo que puede ser una vida integral, una vida en la que quepa tanto el cuerpo como la mente, el alma y el espíritu en su despliegue a través de los dominios del yo, de la cultura y de la naturaleza. Se trata, di­cho en otros términos, de un ejemplo omninivel y omnicuadran­te del modo en que uno puede estar en cualquier estadio. Con ello no quiero decir que la mía sea una vida integral -jamás he pre­tendido tal cosa-, sino tan sólo señalar que ésa es una aspiración muy digna. Además, Diario también brinda detalles concretos sobre mi propia versión de lo que debe ser una práctica transfor­madora auténticamente integral (que en breve resumiré).

La mayor parte de los libros que hablan de espiritualidad son tratados de una vida espiritual divorciada de la vida cotidiana. Cuando leemos un libro titulado, por ejemplo, ¿Cómo conocer a Dios? o ¿Cómo encontrar su Yo sagrado?, no esperamos encon­trarnos con capítulos dedicados al modo de ganar el dinero, man­tener relaciones sexuales, beber vino o veranear en Hawai. Pare­ce un tanto insólito ver relatos genuinamente espirituales en medio de un viaje a South Beach, que fue precisamente lo que hice. Los conservadores fundamentalistas -que creen en la moral prescriptiva- lo contemplarían alarmados como un pecado, mientras que los liberales -que no creen en la causación interior ni en ningún tipo de interioridades- se alarmarían de que dedica­se tanta atención, ya fuese contemplativa o de cualquier otro tipo, a las realidades subjetivas, en lugar de trabajar incansablemente en la redistribución más adecuada de la riqueza.

Y debo insistir en que, si bien no domino este enfoque inte­gral, quería simplemente presentar una visión que no comparti­mentalizase las cosas, un relato que no mostrase la espiritualidad como algo opuesto a la vida, sino que, por el contrario, se halla­se completamente inmersa en la vida cotidiana, en medio del tra­bajo, de las fiestas, de la enfermedad, de las vacaciones, del sexo, del dinero y de la familia, y que invitara a los lectores a asumir un enfoque más amable e integral de sus propias vidas.

Obviamente, hay momentos en que resulta imprescindible di­ferenciar provisionalmente las cosas y centrarse en un tipo con­creto de desarrollo, como ocurre, por ejemplo, cuando uno está aprendiendo a cocinar, paseando por la naturaleza o sentado en mitad de un retiro meditativo. En lo que respecta al desarrollo es­piritual, yo siempre he sido un fuerte defensor de la meditación, en cualquiera de sus múltiples formas. Por ello el segundo punto que quería subrayar en Diario es la importancia de la meditación como un ingrediente necesario de cualquier abordaje realmente integral.

Así, el feedback más común que recibí de Diario fue: «He co­menzado a meditar», «Después de leer el libro me apunté a un re­tiro intensivo de meditación» o «He tomado la determinación de fortalecer mi práctica meditativa». Ese era, precisamente, el efecto que esperaba que tuviera el libro, porque el mero hecho de adoptar una nueva filosofía holística, de pensar en términos inte­grales o de creer en Gaia -por más importante que todo ello pue­da ser- carecen de toda importancia ante la alternativa de la transformación espiritual. Descubrir quién cree en todas esas co­sas es atravesar el umbral de la puerta que conduce a Dios.



La práctica transformadora integral

La idea básica de una práctica transformadora integral (PTI) es muy sencilla: cuantas más dimensiones de nuestro ser ejercitemos simultáneamente, más probable es que tenga lugar la transforma­ción. Una PTI, pues, trata de ejercitar todas esas dimensiones, no sólo en el ámbito del yo, sino también en el de la cultura y en el de la naturaleza, en la creencia de que tal empresa supone un verda­dero catalizador de la transformación. Así, si usted se halla en azul, la PTI le ayudará a transformarse hasta naranja; si está en verde, le ayudará a avanzar hasta el pensamiento de segundo gra­do; y si ya está en el pensamiento de segundo grado, le ayudará a avanzar hasta la ola transpersonal y espiritual, y no sólo como un estado alterado, sino como un rasgo permanente.

El término "omninivel" se refiere a las distintas olas de la existencia (que van desde la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu), mientras que término "omnicuadrante", por su parte, tiene que ver con las dimensiones del "yo", del "noso­tros" y del "ello" (o del yo, de la cultura y de la naturaleza; del arte, de la moral y de la ciencia; de la primera-persona, de la se­gunda-persona y de la tercera-persona, etc.). En este sentido, un abordaje realmente omninivel y omnicuadrante supone ejercitar las olas físicas, emocionales, mentales y espirituales en los ámbi­tos del yo, la cultura y la naturaleza.

Comencemos con el yo. Existe un amplio espectro de prácticas para ejercitar las distintas olas de la existencia (desde la física has­ta la emocional, la mental y la espiritual), como el ejercicio físico (levantamiento de pesas, dieta, jogging, yoga), ejercicios emocio­nales (qi gong, counseling, psicoterapia), ejercicios mentales (afirmaciones y visualizaciones) y ejercicios espirituales (como la meditación o la oración contemplativa, por ejemplo).

Pero estas olas no sólo deben ejercitarse en el ámbito del yo -a menos que queramos incurrir en booreritis-, sino también en los de la cultura y la naturaleza. Centrándonos en el ámbito de la cultura, ello podría significar algún tipo de servicio desinteresa­do a la comunidad, como trabajar en el movimiento Hospice, par­ticipar en el gobierno local, trabajar en la rehabilitación de la ciu­dad o ayudar a los "sin techo", por ejemplo. También puede implicar el uso de las relaciones (como el matrimonio, la amistad o el parentaje) para alentar el desarrollo de uno mismo y de los demás. En este sentido, el diálogo respetuoso constituye, de he­cho, un método muy honrado por el tiempo de implicar al yo en una danza de comprensión con los demás que constituye un au­téntico catalizador para un abrazo realmente integral.

El ejercicio de las olas de la existencia en el ámbito de la na­turaleza, por último, nos lleva a considerar la naturaleza no como una especie de mero escenario en el que tienen lugar nuestras ac­ciones, sino como un elemento que participa activamente en nuestra propia evolución. Comprometerse activamente a respetar la naturaleza, en cualquiera de sus múltiples formas (reciclando, protegiendo al medio ambiente, celebrando su existencia) no sólo supone honrar la naturaleza, sino que también alienta nues­tra propia capacidad curativa.

Resumiendo, una práctica transformadora integral debería ejer­citar todas las olas básicas del ser humano -física, emocional, mental y espiritual- en los ámbitos del ego, de la cultura y de la na­turaleza. Uno es tan omninivel y omnicuadrante como pueda serlo en el estadio real del desarrollo en que se encuentre -o, dicho de otro modo, tan sano como pueda serlo en el estadio en que se ha­lle, sea éste el que fuere (¡un logro, por otra parte, nada desdeña­ble!)-, y ése es el modo más eficaz de poner en marcha el proceso de transformación que conduce hasta el siguiente estadio.

Es evidente que si un individuo se encuentra, pongamos por caso, en la ola azul no puede acceder de manera permanente a las olas más elevadas, entre las que se cuentan las olas transpersona­les (y ello porque la ola azul, etnocéntrica y convencional, no es todavía una postura postconvencional o mundicéntrica y, en con­secuencia, no puede ver el Espíritu que resplandece por igual en todos los seres sensibles y, por tanto, tampoco puede experimen­tar la compasión global que dimana de la auténtica conciencia es­piritual). Pero esos individuos sí que pueden, como veremos, ex­perimentar un estado alterado o tener una experiencia cumbre de esos reinos transpersonales.

Lo que las experiencias cumbre -y la meditación- sí pueden hacer es promover la desidentificación de las personas con el es­tadio en que se hallen y catalizar, de ese modo, el avance hacia el siguiente estadio. Existe una considerable evidencia de que ése es uno de los efectos de la meditación. La investigación realiza­da en este campo, por ejemplo, ha puesto de relieve que la medi­tación aumenta el porcentaje de población que se halla en el pen­samiento de segundo grado de menos de 2% a un asombroso 38% (véase el capítulo 10 de El ojo del Espíritu). Así pues, la me­ditación constituye un ingrediente esencial de cualquier práctica auténticamente integral.

Mike Murphy y George Leonard fueron los primeros en hablar de una PTI en su libro The Life We Are Given. Yo he seguido tra­bajando estrechamente con Mike en la clarificación de los funda­mentos teóricos de tal práctica. En la actualidad existen cerca de cuarenta grupos PTI distribuidos por todo el país (quien esté inte­resado en comenzar un grupo o unirse a alguno de los que ya es­tán en marcha puede conectar con Murphy y Leonard en www.itp­life.com). Por otra parte, el Stanford Center for Research in Disease Prevention (de la Facultad de Medicina de la Stanford University) está supervisando los grupos comprometidos en esta práctica que ya ha tenido efectos más que extraordinarios y augu­ran un prometedor futuro a una práctica transformadora realmen­te integral. Hay muchos otros tipos similares de abordaje omnini­vel y omnicuadrante que están desarrollándose en todo el país y espero ver una pronta explosión del interés por estos programas globales que tan eficaces han demostrado ser a la hora de promo­ver la transformación.



Recomendaciones
En este sentido, tengo varias recomendaciones que hacer a quienes quieran emprender una práctica transformadora integral. En primer lugar, leer Diario y Life We Are Given, dos libros que contienen todos los detalles necesarios para que uno emprenda su propia PTI. También es aconsejable leer In Over Our Heads, de Robert Kegan (una soberbia aproximación a la transformación psicológica); Lo que realmente importa. La búsqueda de la sabi­duría en Occidente, de Tony Schwartz (una visión global de las muchas tecnologías del desarrollo que puede incluir una práctica integral); y Essential Spirituality, de Roger Walsh, que creo que es el mejor libro sobre las grandes tradiciones de sabiduría; su­braya que, en su esencia, todas ellas son ciencias espirituales y contemplativas (en su acepción de buena ciencia, no de ciencia estrecha). A aquellos que deseen una visión global de mi aborda­je integral les recomiendo Una visión integral de la psicología y Breve historia de todas las cosas.

Cierto pero parcial
Las respuestas a los varios libros en los que he intentado po­ner a punto un abordaje más integral pueden agruparse en dos grandes campos. El primero -y afortunadamente el más frecuen­te- ha sido el entusiasmo. El segundo, por el contrario, ha sido el rechazo y el enojo, un enojo que, en mi opinión, se deriva sim­plemente del hecho de que algunas personas sienten que trato de obligarles a asumir un abordaje más integral y que la visión glo­bal y holística que sugiero les despoja, de algún modo, de su li­bertad, que estas ideas son, en suma, una especie de camisa de fuerza conceptual contra la que deben rebelarse.

Pero mi verdadero objetivo no pretende imponer un cambio de manera de pensar, sino evidenciar la existencia de las muchas facetas importantes de este extraordinario Kosmos. ¿Ha pensado acaso en incluirlas en su propia visión del mundo? Porque mi obra, dicho en otras palabras, trata de hacer sitio en el Kosmos a todas las dimensiones, los niveles, los dominios, las olas, los me­mes, las modalidades, los individuos, las culturas, etc.

Esta TOE debe atenerse a una gran regla: Todo está bien o, di­cho más concretamente, todo el mundo -incluido yo- posee una parcela importante de la verdad, y todos, en consecuencia, deben ser admitidos e incluidos en un abrazo más amable, espacioso y compasivo, en una auténtica TOE.

Cuando todo ha concluido
Creo que finalmente todos descubriremos el gozo intrínseco, la existencia, un gozo que dimana de la gran perfección de éste y de todos los instantes, una totalidad maravillosa en sí misma que, sin embargo, forma parte de la totalidad del momento siguiente, en una cadena interminable de totalidades y partes que se despeñan hasta el infinito y regresan, sin carecer de nada -y sin desear, por tanto, nada-, porque siempre se hallan plenas de la plenitud del ahora. Y una vez que esta visión integral haya cumplido con su co­metido, se verá finalmente eclipsada por el resplandor de un Espí­ritu que es demasiado evidente como para verlo y demasiado pró­ximo como para alcanzarlo, hasta que la búsqueda integral se consuma renunciando a ella y disolviéndose en una Libertad y una Plenitud radical que nunca han dejado de estar presentes, en cuyo momento uno abandona la búsqueda de una TOE para serlo simplemente Todo y fundirse con la Totalidad de esa conciencia incesante que mantiene el Kosmos entero en la palma de su mano. Y cuando el Misterio se desvela, el rostro del Espíritu sonríe en si­lencio, el Sol resplandece en su corazón, la Tierra se convierte en su cuerpo, las galaxias se arremolinan en sus venas, las estrellas iluminan las neuronas de su noche y nunca más emprenderá la búsqueda de una mera teoría de lo que ya es su propio Rostro Ori­ginal.

NOTAS


Capítulo 1. La espiral sorprendente

1. Aunque esta visión integral del Kosmos -esta TOE- pueda incluir cuerdas y membranas, no es, sin embargo, susceptible de verse reducida a ellas. Quienes hayan leído Sexo, ecología, espiritualidad coincidirán conmigo en que la teoría de cuerdas (o teoría M) es perfectamente compatible con los veinte principios (las pautas básicas que evidencian todos los holones en to­dos los dominios). Según Sexo, ecología, espiritualidad, la realidad no está compuesta de partículas, quarks, dimensiones sin extensión, cuerdas o membranas, sino de holones (totalidades que, simultáneamente, forman parte de otras totalidades). La totalidad quark, por ejemplo, forma parte de la totalidad protón que, a su vez, forma parte de la totalidad átomo que, a su vez, forma parte de la totalidad molécula que, a su vez, forma parte de la to­talidad célula que, a su vez, forma parte de la totalidad organismo que, a su vez, forma parte de la totalidad Kosmos que, a su vez, forma parte de la to­talidad del Kosmos del instante siguiente... y así hasta el infinito (lo que Sexo, ecología, espiritualidad denomina "tortugas todo el camino de ascen­so y tortugas todo el camino de descenso"). Antes, pues, que cualquier otra cosa, todas esas entidades son holones, es decir, totalidades/parte. Desde esta perspectiva, el Kosmos está compuesto de holones que se hallan ubi­cados en distintos niveles de organización (holones físicos, holones emo­cionales, holones mentales, holones espirituales, etc.), una visión que nos evita caer en el terrible reduccionismo de acabar afirmando, por ejemplo, que el Kosmos está compuesto de quarks. En este sentido, cada nivel holó­nico superior tiene cualidades emergentes que no pueden derivarse ni redu­cirse completamente a los niveles precedentes, lo cual nos brinda una visión no sólo del cosmos, sino del Kosmos. Cuanto más bajo es el nivel de organización de un determinado holón, más fundamental es, y cuanto más elevado, por el contrario, más significativo.

Con ello quiero decir, por ejemplo, que un quark es un holón muy funda­mental, porque forma parte de muchos otros holones (es un subholón de los átomos, de las moléculas, de las células, etc.), mientras que una célula, por su parte, es más significativa porque, al hallarse en un nivel superior de la escala organizativa, contiene (o significa) a muchos otros holones (como las moléculas, los átomos y los quarks) en su propia estructura compositi­va. Así pues, los holones inferiores son más fundamentales, mientras que los holones más elevados son más significativos. Los holones inferiores son elementos constitutivos necesarios -pero no suficientes- de los holones más elevados, lo cual, a su vez, confiere significado e importancia a los ho­lones inferiores. Los holones superiores, por su parte, contienen más ser, porque engloban a muchos otros holones en su estructura. Como he explicado en Sexo, ecología, espiritualidad, los datos parecen su­gerir que no existe ningún límite superior a los holones ("tortugas todo el camino de ascenso"). Pero ¿existe acaso algún límite inferior?, es decir, ¿existe algún holón auténticamente fundamental (un holón que, por defini­ción, forme parte de otras totalidades, pero que no contenga ninguna parte)? ¿Existen también, dicho en otros términos, "tortugas todo el camino de des­censo" o acaso tropezamos ahí con holones fundamentales que no pueden seguir siendo divididos?

La postura que he defendido en Sexo, ecología, espiritualidad es que exis­ten -y siempre existirán- "tortugas durante todo el camino de ascenso y tor­tugas durante todo el camino de descenso" y que, cada vez que creemos tro­pezar con lo que provisionalmente consideramos unidades u holones fundamentales, acabamos descubriendo, más pronto o más tarde, que esos holones están compuestos de holones todavía más fundamentales. De he­cho, en ese libro sugerí que cada vez que la conciencia humana experimen­ta un avance a un nivel más elevado acaba descubriendo la existencia de ho­lones más profundos y fundamentales, en una sucesión prácticamente interminable.

En este sentido, la teoría de cuerdas no es más que una nueva versión de esta historia interminable. Durante mucho tiempo se creyó que los proto­nes, los neutrones y los electrones eran las unidades básicas e indivisibles de la existencia, pero. como luego se descubrió, esos holones estaban com­puestos de holones todavía más pequeños, a saber, los distintos tipos de quarks, que existían en el mismo nivel de otros elementos (como los muo­nes, los gluones, los bosones, los neutrinos, etc. ), a los que el modelo físico prevalente proclamó como el estrato fundamental de las unidades funda­mentales (esbozado por la matemática no dimensional). Pero la teoría de cuerdas no tardó en acabar con esa ilusión ya que, en 1908, se sugirió que los quarks -y, en realidad, todas las fuerzas, partículas y an­tipartículas físicas- no eran más que el resultado de pautas de resonancia de entidades fundamentales a las que se llamó cuerdas. A diferencia del mode­lo estándar de la física, según la cual las unidades fundamentales de la exis­tencia son puntos carentes de dimensión, las cuerdas son líneas microscópi­cas unidimensionales que, muy a menudo, se hallan dobladas como una goma elástica. Desde esa perspectiva, las distintas "notas" producidas por estas cuerdas vibrantes son las que dan lugar a las diversas partículas y fuer­zas del mundo físico. Así fue como terminó descubriéndose un nivel holó­nico más fundamental.

La teoría de cuerdas suponía varias ventajas inmediatas, entre las cuales se hallaba el hecho de que, dando a las cuerdas un tamaño real, acotaba los lí­mites de la teoría cuántica y proporcionaba -por vez primera- un camino para llegar a unificar la mecánica cuántica con la teoría de la relatividad. Además, una de las pautas de resonancia de teoría de cuerdas producía los gravitones y, de ese modo, posibilitaba (también por vez primera) que el nuevo modelo explicara la gravedad (puesto que el viejo modelo de la físi­ca cuántica podía explicar el electromagnetismo, fuerte y débil, pero no la gravedad). Así fue como la teoría de cuerdas acabó convirtiéndose en una TOE (o, para ser más exactos, en "una teoría de todo el universo físico"). Entonces fue cuando se proclamó que las cuerdas constituían el nivel holóni­co fundamental de la existencia y que, por debajo de ellas, no había ningún otro nivel holónico hasta que, a mediados de los noventa, tuvo lugar la "se­gunda revolución" en la teoría de las cuerdas, introducida por Edward Witten (la llamada teoría M), que sugería que las cuerdas no eran más que la punta de un iceberg que contenía membranas tridimensionales, membranas tetradi­mensionales... y así hasta membranas eneadimensionales (más la décima di­mensión del tiempo), a todo lo cual se refería de un modo global como "p­branes". Estos holones todavía más fundamentales existen en una heterarquía de formas (que dependen de factores tales como constantes de acoplamiento) de la cual emerge la jerarquía de holones superiores (primero las cuerdas, lue­go los quarks, después los átomos, etc., en la medida en que va evolucionan­do la holoarquía del Kosmos). Y debo decir que todo ello resulta bastante fa­miliar desde la perspectiva de los veinte principios expuestos en Sexo, ecología, espiritualidad, y que la teoría de cuerdas y la teoría M son meras variaciones de estas pautas desplegadas en tantos otros dominios. Parece, pues, que en este momento los "p-branes" son los holones funda­mentales de la existencia, pero les apuesto que este estado de cosas sólo perdurará hasta el momento en que nuestra conciencia experimente un nue­vo paso hacia delante que le permita sondear más profundamente el reino subcuántico... donde encontrará holones todavía más fundamentales ("tor­tugas todo el camino de descenso").

(Debo decir que no hay nada malo en descubrir holones fundamentales, es decir, holones que no pueden descomponerse en unidades todavía más pe­queñas. Muchas líneas emergentes del desarrollo comienzan a partir de la unión de holones originales. Las frases están compuestas de palabras que, a su vez, están compuestas de letras, pero las letras no están compuestas de ningún otro símbolo, porque ahí es donde se inicia la línea del símbolo lin­güístico. Pero el Kosmos considerado como totalidad parece carecer de fondo y no tener techo...)

Es muy probable que el presente libro sea la mejor introducción a mi obra (aunque puede complementarse con Breve historia de todas las cosas, Una visión integral de la psicología y Diario). El principal texto de esta TOE si­gue siendo la segunda edición revisada de Sexo, ecología, espiritualidad. del que existe una edición en rústica y otra incluida en el volumen 6 de mis Collected Works (CW6).

2. Desde el énfasis desproporcionado en la construcción social de la realidad (que llega a afimar que el yo cultural omnipotente crea todas las realidades), hasta la relatividad del conocimiento (que sostiene que todo conocimiento es culturalmente relativo, exceptuando el mío propio, claro está), la de­construcción extrema (yo tengo el poder de deconstruir todos los textos), la teoría de la respuesta del espectador (cuando veo una obra de arte, soy yo, y no el artista, el que la crea), las teorías que salvarán y resucitarán a Gaia. la Diosa y el Espíritu (cuando habitualmente se cree que será el Espíritu el que nos salvará), la noción "nueva era" de que nosotros creamos nuestra propia realidad (ciertamente, los psicópatas crean su propia realidad), las abducciones de los extraterrestres (inteligencias sumamente avanzadas que no tienen nada más importante que hacer que ocuparse de nosotros) y los centenares de nuevos paradigmas (ya que todo el mundo parece haber des­cubierto un nuevo paradigma que acabará transformando al mundo). ¿No cree usted que son muchos los campos en los que atribuyen un poder extra­ordinario al yo finito? Pareciera, pues, que los críticos sociales que han per­cibido una notable cantidad de "inflación del yo" están señalando hacia algo importante. ¿No opinan ustedes igual?

3. F. Richards y M. Commons en Alexander et al., Higher Stages of Human Development, pág. 160 (en cursiva en el original).

4. C. Graves, «Sumary Statement: The Emergent, Cyclical, Double-helix Me­del of the Adult Human Biopsychosocial Systems», Boston, 20 de mayo de 1981.

5. Quienes estén interesados en las referencias de la investigación intercultu­ral que apoya la validez de todos estos modelos pueden echar un vistazo a Una visión integral de la psicología.

6. Don Beck, comunicación personal. Este dato está sacado de un archivo in­formático que se halla en el National Values Center, de Denton (Texas) y al que pueden acceder todos aquellos investigadores que posean la acredita­ción adecuada.

Según mi propio sistema, existen realmente numerosos módulos, corrientes y líneas que discurren de un modo relativamente independientemente a tra­vés de los distintos niveles u olas. Debo decir, en este sentido, que el desa­rrollo global no procede de un modo lineal, porque los individuos pueden hallarse en un nivel relativamente elevado del desarrollo en algunos módu­los, intermedio en otros y muy bajo en unos terceros. El modelo de Graves es lo que denomino un modelo del tipo "wilber-2", según el cual los indivi­duos pueden fluctuar en distintas situaciones hacia arriba o hacia abajo a lo largo de un gran eje evolutivo. El modelo de tipo "wilber-3", por su parte, sostiene que, en la misma situación, un determinado individuo puede ha­llarse en un nivel elevado del desarrollo en ciertas líneas, intermedio en otras y muy bajo en unas terceras. (El modelo de tipo "wilber-4",-por últi­mo, ubicaría al modelo "wilber-3" en el contexto de los cuatro cuadrantes. Véase El ojo del Espíritu [CW7] para una explicación más detenida de es­tos cuatro tipos de modelos.) Además, un individuo puede tener un estado alterado o una experiencia cumbre en casi cualquier estadio del desarrollo, de modo que la idea de que sólo es posible acceder a las experiencias espi­rituales desde los estadios más elevados es manifiestamente falsa (véase Una visión integral de la psicología para una discusión más detenida acer­ca de estos temas). La Spiral Dynamics no incluye estados de conciencia ni tampoco abarca las olas transpersonales más elevadas de conciencia (véase también nota 10). En cualquier caso debo decir que,'en lo que respecta al te­rreno que cubre, nos proporciona una imagen muy útil y elegante del yo y de su viaje a través de lo que Clare Graves denominó las "olas de la exis­tencia".

Don Beck ha dado los pasos necesarios para convertir el modelo de Graves en un modelo del tipo "wilber-4" que utiliza los cuatro cuadrantes, un mo­delo al que califica como "4Q/8L" (ocho niveles en cada uno de los cuatro cuadrantes). También debo decir, por otra parte, que se muestra muy recep­tivo con respecto a la idea de estados y estructuras transpersonales. Los es­tadios esbozados por la Spiral Dynamics se basan en los datos proporciona­dos por la investigación y, en este sentido, como siempre, el problema es que, si bien los estados alterados son muy comunes, los estadios permanen­tes más elevados son relativamente raros (no olvidemos que, cuanto mayor es la profundidad, menor es la amplitud). Si sólo un 0,1% de la población mundial se halla en la ola turquesa (como se explicará en el texto), no re­sulta difícil comprender cuán pocos se hallarán establecidos -no de un modo provisional, sino como rasgo o actualización permanente- en las olas más elevadas de la conciencia. Y ése es, precisamente. el motivo que expli­ca por qué resulta tan difícil disponer de datos procedentes de los estadios auténticamente elevados. En una de sus publicaciones, Beck y Cowan cali­fican como "coral' el estadio que se halla más allá del turquesa -mi ola psí­quica- matizando que «se trata de un estadio todavía incierto» y del que, ciertamente, no resulta nada fácil obtener datos fiables. Quienes estén inte­resados en este tema pueden consultar Una visión integral de la psicología.

7. En este capítulo sólo esbozamos las estructuras y los estadios (los memes). En el capítulo 3 agregaremos las nociones de estados, corrientes y tipos.


8. Todas las interpretaciones y usos de la Spiral Dynamics presentados en este libro han sido cuidadosamente revisados por Don Beck. Quienes estén inte­resados en las interpretaciones y usos de mi amigo Chris Cowan pueden consultar cowan@spyradynamics.com. En la actualidad, Beck y Cowan es­tán trabajando en la segunda edición revisada de Spiral Dynamics que re­fleja su obra más reciente. Para otro interesante modelo del desarrollo ins­pirado también en la obra de Graves, véase Changes of Mind, de Jenny Wade.

9. Personalmente creo que las numerosas teorías que recurren al concepto de memes -todas las cuales sostienen, de un modo u otro, que los memes son las unidades de un tipo de proceso de selección natural que opera en los campos de la mente y de la cultura y que se transmiten de un modo pareci­do a un virus mental que cumple con la función de asegurar la superviven­cia (el ajuste funcional)- son muy confusas. Y mis objeciones a este res­pecto son numerosas porque, tal y como habitualmente suele ser utilizado.. I) el término meme se refiere a unidades que se explican en el lenguaje de la tercera persona del "ello", con lo cual no alcanzan a capturar los cua­drantes interiores de la Mano Izquierda del "yo" y del "nosotros"; 2) en ese mismo sentido, constituyen un ejemplo típico del reduccionismo sutil, de modo que su uso no suele alentar sino, por el contrario, entorpecer la causa integral porque, una vez dado el paso de reducir la conciencia a unidades del "ello", resulta muy difícil no caer en el materialismo científico y en el reduccionismo burdo; 3) los memes suelen considerarse unidades mental­culturales individuales, con lo cual la teoría de los memes no permite com­prender que cada unidad de la existencia (de otro modo un mero montón o agregado) constituye un holón, un compuesto individual que se atiene a un proceso de desarrollo concreto, de modo que cada meme no sólo depende de una historia horizontal, sino que también está compuesto de subholones articulados en una arqueología evolutiva vertical: 4) los memes son simple­mente las unidades de la mente y de la cultura tal y como son concebidas por el mundo chato (es decir, proyecciones distorsionadas e inexactas en un espacio bidimensional de holones tetradimensionales). Así, suelen presen­tarse como una especie de virus unidimensionales que avanzan hacia una segunda dimensión del tiempo cuya supervivencia sólo depende del criterio del ajuste funcional cuando, en el mejor de los casos, son holones tridimen­sionales, es decir, holones que poseen las dimensiones del "yo", del "noso­tros" y del "ello" o, dicho de otro modo, un interior ("yo"), un exterior ("ello") y un interior compartido ("nosotros") que se mueven en la cuarta dimensión del tiempo y cuya supervivencia depende de los criterios aporta­dos por las tres dimensiones (las pruebas de validez del Gran Tres o, para ser más exactos, las pruebas de validez de los cuatro cuadrantes [para una discusión más completa del concepto "dimensión", véase más adelante en esta misma nota]); 5) incluso dentro del mundo chato, la inmensa mayoría de los científicos rechazan el concepto de memes debido a su falta de ope­ratividad.

No obstante, hay quienes prefieren seguir utilizando el término meme en un sentido que tiene en cuenta los cuatro cuadrantes y, puesto que Don Beck es uno de ellos -y estamos presentando la Spiral Dynamics-, me veo en la obligación de utilizar también esta terminología, acotando que me parece una elección un tanto desafortunada porque, cuando la teoría de los mentes deje de ser una novedad intelectual, es muy probable que su declive arras­tre consigo a todas las teorías asociadas. Éste es precisamente el motivo por el cual insisto tanto en que la investigación apoya fuertemente la noción de estadios u olas del desarrollo de la conciencia y que su articulación en me­mes constituye un modo no del todo feliz de formular esa investigación. En este sentido, Beck es muy cuidadoso y se encuentra a gusto con sus formu­laciones, pero es una rara excepción. Por mi parte, siempre que utilizo el término meme me refiero concretamente, como antes decía, a un holón cua­drático mental-cultural.

El término "dimensión", por su parte, tiene tantas acepciones que, sin una larga explicación (como la que sigue), puede acabar convirtiéndose en un confuso cajón de sastre. En el campo de la física, por ejemplo, la palabra "dimensión" hace referencia a las cuatro dimensiones del mundo macros­cópico, del espacio-tiempo físico, las tres dimensiones espaciales (longitud, anchura y altura) más la cuarta dimensión del tiempo. En la teoría de cuer­das y en la teoría M, sin embargo, se afirma que el dominio físico está com­puesto de nueve o diez dimensiones microespaciales más la dimensión del tiempo, un total, pues, de diez u once dimensiones. Pero hay que señalar, no obstante, que todas esas dimensiones se refieren únicamente al universo físico ya que, desde la perspectiva proporcionada por la visión materialista y científica del mundo, ésos son los únicos domi­nios realmente reales. Ahora bien, si reconocemos la existencia de dimen­siones emocionales, mentales y espirituales comenzaremos a tropezar con

multitud de problemas terminológicos, porque careceremos de palabras para referimos a esos otros dominios.

Como ya he señalado en Ciencia y religión (CW8), mi uso de los términos niveles y dimensiones suele referirse a las estructuras u olas verticales y a las facetas horizontales con que nos encontramos, respectivamente, en cada uno de esos niveles. En este sentido, las dimensiones más relevantes pro­pias de cada nivel son, simplemente, los cuatro cuadrantes ("yo", "noso­tros", "ello" y "ellos" o, lo que es lo mismo, los "espacios" subjetivo, inter­subjetivo, objetivo e interobjetivo). Y, puesto que tanto la dimensión del "ello' como la de los "ellos" son objetivas, suelo resumir estas cuatro di­mensiones como el Gran Tres (del "yo", el "nosotros" y el "ello"; del arte, la moral y la ciencia; de la Belleza, la Bondad y la Verdad, etc.). Desde este punto de vista, pues, cada uno de los niveles del ser posee, al menos, cuatro dimensiones. Si partimos, por ejemplo, de la existencia de cinco grandes niveles del ser (la materia, el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu) y consideramos que cada uno de ellos posee cuatro dimensiones o cuadrantes, arribamos a un modelo de veinte niveles-dimensiones del ser (es decir, un "yo" físico, un "yo" emocional, un "yo" mental, un "yo" alma y un "yo" espíritu; un "nosotros" físico, un "nosotros" emocional, un "no­sotros" mental, etc.).



Cada uno de los niveles posee una modalidad diferente de tiempo, un modo distinto de experimentar el tiempo. En este sentido, por ejemplo, existe un tiempo físico (el tiempo medido por el reloj), un tiempo emocional (que es el modo en que experimentamos el tiempo en este instante concreto), un tiempo mental (el tiempo en que se despliega la historia. Así, por ejemplo cuando pensamos en nuestra vida, ese tiempo se despliega en una narrativa temporal, el tiempo de las historias, los mitos y los dramas, un tiempo muy real, el tiempo de la narrativa simbólica) y un tiempo espiritual (el instante atemporal en el que puede contemplarse la eternidad). Todos ésos son nive­les muy reales del tiempo, diferentes modalidades en que se despliega el Kosmos en los distintos niveles del ser. (Véase El proyecto Atman y Des­pués del Edén [ambos incluidos en CW2] para una discusión más detenida en tomo a los múltiples niveles del tiempo.) Es frecuente considerar al tiempo como una dimensión diferente (aunque inseparable), en cuyo caso podríamos decir que cada nivel posee, al menos. cinco dimensiones diferentes (es decir, los cuatro cuadrantes desplegándo­se en el tiempo de cada nivel). Así, si partimos de cinco grandes niveles, cada uno de los cuales tiene cuatro dimensiones "espaciales" ("yo", "noso­tros", "ello" y "ellos") y una dimensión correlativa del tiempo, dispondría­mos de veinticinco niveles-dimensiones del ser. Desde esta perspectiva considero la dimensión física del "ello'-que, según se dice, contiene nueve o diez dimensiones microfísicas- como una sola (sin negar, por ello, la existencia de nueve o diez subdimensiones). También debo decir que el plano físico contiene unas rudimentarias dimensiones "yo", "nosotros" y "ello". ¡Sí, ciertamente, este asunto de las dimensiones resulta un tanto confuso!

Como ya he dicho, resulta un tanto difícil utilizar de un modo coherente tér­minos tales como "dimensiones" sin entrar en este tipo de definiciones, de modo que, a veces -y por mera conveniencia-, utilizo el término en un sen­tido técnico como equivalente a "cuadrante" (o a cualquier aspecto hori­zontal de cualquiera de los niveles) mientras que, en otras ocasiones, lo uso de un modo un tanto laxo para referirme a niveles verticales o a las dimen­siones horizontales. En cualquiera de los casos, será el contexto el que ayu­de a determinar qué acepción concreta esté utilizando.

10. Comunicación personal. Beck utiliza el término "meme" en un sentido con­creto al que denomina "valor meme" o "vmeme" y al que define como «un sistema de valor esencial, una visión del mundo, un principio organizador que impregna las estructuras del pensamiento, los sistemas de toma de de­cisión y las diversas expresiones culturales». El sistema de Graves/Beck no distingue claramente entre las estructuras provisionales y las estructuras permanentes, ni entre las estructuras básicas y las estructuras relacionadas con el yo. Desde mi punto de vista, sin em­bargo, las estructuras básicas son duraderas y permanecen completamente operativas en todos los estadios posteriores, pero la mayor parte de las co­rrientes relacionadas con el yo (como las de la moral, los valores y la iden­tidad del yo) son estadios provisionales que tienden a verse reemplazados por los estadios subsiguientes. (Las subpersonalidades pueden existir en ni­veles -o memes- diferentes, de modo que uno puede tener una subpersona­lidad púrpura, una subpersonalidad azul, etc., que suelen verse activadas por el contexto, por lo que uno puede tener diversos tipos de respuesta mo­ral, afectiva, de las necesidades, etc., en las distintas situaciones.) Hablan­do en términos generales, no obstante, para el yo central o proximal, una vez que su centro de gravedad ha alcanzado, pongamos por caso, el nivel verde, no activará un meme púrpura a menos que esté experimentando una franca regresión, aunque puede (y eso es algo que ocurre de continuo) acti­var las estructuras básicas correspondientes al meme púrpura (es decir, el nivel emocional-fantásmico). Así, cuando un adulto verde "activa" un meme púrpura, no se trata del mismo meme que posee el niño de dos años de edad. El meme púrpura constituye el fundamento de la identidad central, del yo proximal (o "yo") del niño de dos años de edad. mientras que. para un adulto verde, forma parte del yo distal (o "mí"). Cuando el adulto verde "activa" púrpura, está activando, en realidad, las capacidades básicas (es-tructuras básicas) que se vieron abandonadas durante el comienzo del "es­tadio púrpura" (es decir, fantásmico-emocional), pero dado que la identidad exclusiva del yo ya no se halla en el nivel púrpura, las estructuras provisio­nales correspondientes (morales, valores, visiones del mundo, etc.) no se activan del todo a menos que uno se halle completamente inmerso en una regresión (o que uno esté activando una subpersonalidad púrpura). Debe­mos diferenciar, pues, al menos, entre las "capacidades púrpura" (que son duraderas) y el "yo púrpura" (que es provisional). Véanse Una visión inte­gral de la psicología y nota 6 para una discusión más detallada en tomo a esta cuestión.

Éstas son discriminaciones más bien técnicas. de modo que queda mucho campo para la discordancia amistosa. En este sentido, cuando el sistema de Graves/Beck habla de "activar los memes", nos ofrece un modo simple y conciso de tratar con las facetas más generales e importantes de las olas de la existencia (como el hecho de que existen olas generales de conciencia que, una vez emergen, pueden verse activadas por situaciones muy diversas, de modo que uno puede ser, de hecho, una "persona diferente" en distintas circunstancias). Desde una perspectiva fundamentalmenbte pedagógica, yo también creo que las distinciones técnicas (permanente/provisional, bási­co/yo) resultan un tanto confusas, y una visión general de los memes puede bastar para ayudar a las personas a pensar en términos de la espiral global del desarrollo que tenga en cuenta el espectro completo del desarrollo de la con­ciencia. Pero el hecho crucial es que todos nosotros disponemos de todas esas olas de la conciencia en forma de potenciales que pueden desplegarse cuando se constelen las condiciones adecuadas.

11. Muchas de las siguientes descripciones consisten en citas o paráfrasis de las distintas publicaciones de Graves, Beck y Beck y Cowan. Quienes estén in­teresados en las referencias concretas pueden consultar también Una visión integral de la psicología.

12. Véase nota 6.

13. Ésta "unión entre el sentimiento y el conocimiento' es una de las definiciones generales del centauro maduro (ver Breve historia de todas las cosas). Según mi modelo y centrándonos, por el momento, únicamente en la línea cognitiva.. verde es la visión-lógica temprana (y la transición de formop a la visión-lógi­ca). En ese sentido, verde o la visión-lógica temprana diferencia los sistemas formales en contextos múltiples. La visión-lógica media y tardía (amarillo y turquesa) integran posteriormente esa diferenciación en grados distintos (al tiempo que introducen sus propias diferenciaciones nuevas que las olas poste­riores tendrán que integrar). El nivel coral es mi nivel psíquico, el comienzo de las olas auténticamente transpersonales. Véase Una visión integral de la psi­cología para una elaboración más completa de todos estos tópicos.

14. Todos los ítems positivos mencionados en este párrafo empiezan realmente con el meme naranja (e históricamente, con la Ilustración), porque naranja. como veremos, es la primera ola realmente mundicéntrica y postconvencio­nal del desarrollo. El meme verde es simplemente una expansión de la justi­cia mundicéntrica y sus ataques a naranja están fundamentalmente equivo­cados y a menudo motivados por Boomeritis (véase capítulo 2 y véase también Boomeritis).

15. Quienes estén interesados en las referencias bibliográficas y en una discu­sión más detalladas de todos estos tópicos pueden ver, por ejemplo, la en­trada correspondiente al 23 de noviembre de Diario.

Capítulo 2. Boomeritis

1. Con ello no pretendo negar la existencia de distintos tipos de espiritualidad infantil, sino que tan sólo quiero subrayar que los vehículos a través de los cuales se expresan son muy preconvencionales y egocéntricos. Véase el ca­pítulo 11 de Una visión integral de la psicología, «¿Existe acaso una espi­ritualidad infantil?»



2. The Quest for Mina, pág. 63.

3. Véase nota 1.

4. Véase nota 3. Haan et al, «Moral Reasoning of Young Adults», Journal of Personality and Social Psvchology, 1968, 10, págs. 183-201.

5.- Como hemos indicado en la nota 12 del capítulo 1, la justicia igualitaria y mundicéntrica empieza con el meme naranja (y la Ilustración), pero alcan­za su momento culminante con el meme verde, que expandió históricamen­te los derechos civiles, legales y políticos a grupos de personas que ante­riormente se hallaban marginadas, no por naranja, sino por azul y rojo (un hecho habitualmente soslayado por los frecuentes y erróneos ataques de verde a la Ilustración. Véase Boomeritis para una discusión más detallada acerca de este punto).

6. Como explicaré en el Capítulo 3, también me refiero a las jerarquías de ac­tualización con el nombre de holoarquías. Los estudiosos de mi obra ad­vertirán que. en esta secuencia (que va desde los átomos, hasta las molécu­las... y el universo). no estoy diferenciando lo individual (cuadrantes superiores) de lo colectivo (cuadrantes inferiores). En realidad, lo indivi­dual y lo colectivo constituyen aspectos correlativos de todos los holones de cada nivel del desarrollo (véase Sexo, ecología. espiritualidad). En cual­quier caso, para el ejemplo que hemos dado en el texto, la conclusión sigue siendo la misma.

7. Jenny Wade. que ha llevado a cabo un minucioso estudio de la obra de Gra­ves. cree que naranja (logro) y verde (afiliativo) no son dos niveles diferentes, sino dos alternativas distintas de las que dispone azul (conformista), de modo que ambos pueden avanzar directamente hasta el pensamiento de se­gundo grado (auténtico). El libro de Wade Changes of Mind constituye una soberbia exposición global del espectro de la conciencia que he analizado extensamente en la segunda edición de El ojo del Espíritu, volumen 7 de The Collected Works.

8. Véase la entrada correspondiente al día 23 de septiembre de Diario para una discusión de la cultura integral de Ray como ejemplo de la recién emer­gente "religión civil centrada en la persona".

9. Don Beck, comunicación personal. Adviértase que, en la descripción del meme verde que presentamos en el capítulo 1, Beck y Cown estiman que cerca del 10% de la población mundial se halla en verde, aunque la mayor parte de ellos se encuentra en Estados Unidos y en Europa. La investigación realizada por Beck indica que aproximadamente el 20% de los adultos de nuestro país se hallan en el meme verde, un dato que se ajusta perfecta­mente a las figuras de Ray.

10. Véase El ojo del Espíritu para las referencias y la discusión en torno a estos datos. Véase también Una visión integral de la psicología para una valora­ción global a este respecto.




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