Ken Wilber


Robert Bellah y Mark Gerzon



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Robert Bellah y Mark Gerzon
Si tenemos en cuenta los distintos cuadrantes, niveles, líneas, tipos y estados, abriremos suficiente espacio para todas las visio­nes del mundo mencionadas en este capítulo. Se trata de algo mucho más sencillo de lo que parece. Veamos algunos ejemplos concretos.

Muchos de los teóricos de las visiones del mundo se centran en un solo cuadrante y subrayan sus principales estadios y/o tipos (la figura 3.6 nos ofrece varios ejemplos de este fenómeno "mo­nocuadrante"). Robert Bellah, por ejemplo, se centra en dos ni­veles del cuadrante inferior-izquierdo: el mítico-pertenencia (azul), con dos principales tipos (el republicano y el bíblico), y el racional-egoico (naranja), con dos principales tipos (el utilitario y el terapéutico, uno de cuyos subconjuntos es el meme verde). Su análisis, en mi opinión, constituye una adecuada descripción sociológica de estos cuatro niveles-tipos en el cuadrante inferior­izquierdo, aunque sus prescripciones parecen demasiado sesga­das hacia el meme azul.'

El análisis de Gerzon descubre la existencia de seis grandes "naciones" o "sistemas de creencias" en Estados Unidos hoy en día: religioso, capitalista, descontento, medios de comunicación, nueva era y político (que significan exactamente lo que sugieren los nombres). Su análisis, realizado fundamentalmente a través del meme verde (que expresa su exquisita sensibilidad pluralis­ta), es otra descripción fenomenológica útil de alguna de las principales visiones del mundo presentes en nuestro país (cuyas correlaciones esbozaré en una nota final).' Adviértase que todas estas "naciones" corresponden al pensamiento de primer grado y que no hay "naciones" correspondientes al pensamiento de se­gundo grado ni tampoco grandes masas de población en torno a las cuales puedan articularse provechosamente organizaciones propias del segundo grado (la "nación" Gaia o "transformacio­nal" es fuertemente verde/púrpura/roja, como sólo una pequeñí­sima minoría -tal vez inferior al 2%- activamente comprometida en actividades propias del pensamiento de segundo grado y su­periores). Pero sin el fundamento del pensamiento de segundo grado, el "nuevo patriotismo" que sabiamente recomienda Ger­zon probablemente no deje de ser meramente fortuito.

La profundidad vertical
Aunque útil, el esquema clasificatorio de Talcott Parsons ilus­tra claramente las limitaciones de un enfoque que no tenga en cuenta los fenómenos omninivel. El continuo de Parsons (siste­mista derecho, marginalista derecho, marginalista medio, margi­nalista izquierdo y sistemista izquierdo) ejemplifica algunos de los tipos de visiones del mundo que pueden percibirse desde los niveles racionales, ya que todos ellos son visiones racionales del mundo. Porque ese espectro de visiones no es tanto una escala vertical que se extienda por encima y por debajo de los niveles racionales, sino una escala horizontal que va desde la creencia sistémica en la causación subjetiva (sistemista derecho) hasta la creencia sistémica en la causación objetiva (sistemista izquier­do). Como ya hemos visto en el capítulo 3, cada uno de los nive­les de conciencia dispone de varios tipos horizontales. La orien­tación política es un tipo que se halla disponible en distintos niveles (usted puede ser de la izquierda o de la derecha del meme rojo, de la izquierda o de la derecha del meme azul, de la iz­quierda o de la derecha del meme verde, etc.).' En cualquier caso, ésas son escalas independientes: niveles horizontales versus las distintas tipologías de que disponemos dentro de los distintos ni­veles.

Así pues, el esquema de Parsons constituye una tipología fun­damentalmente horizontal dentro de las olas racional-egoicas. Y ése es, precisamente, el motivo por el cual su esquema no cubre (de hecho, ni siquiera reconoce) las importantes visiones del mundo que pueden contemplarse desde las olas arcaica (beige), mágica (púrpura) y mítica (rojo/azul) en las que se halla, aproxi­madamente, el 70% de la población mundial, algo que Parsons parece soslayar (por no mencionar las olas superiores, transmen­tales y transpersonales de lo psíquico, lo sutil y lo causal, a las que volveremos en breve).

El esquema de Parsons adolece de una falta de la dimensión vertical de profundidad que, como veremos, aqueja también a la mayor parte de los teóricos presentados en este capítulo.' De he­cho, todos los teóricos mencionados aquí (exceptuando a Evelyn Underhill) operan desde nivel(es) exclusivamente racional(es) y, desde esa perspectiva, nos brindan una serie de visiones muy úti­les del mundo. Pero, como luego veremos, necesitamos comple­mentar esas importantes aunque limitadas visiones con un enfo­que más omninivel y omnicuadrante, especialmente en lo que respecta a los estadios superiores y, lo que todavía es más impor­tante, en lo que respecta a los estadios tempranos del desarrollo (púrpura, rojo y azul), en los que se halla la mayor parte de la po­blación mundial.

Francis Fukuyama:

"El fin de la historia y el último hombre"
Tres de los más influyentes analistas de las cuestiones interna­cionales de hoy en día son Francis Fukuyama, Samuel Huntington y, a un nivel más popular, Thomas Friedman. Sus visiones ilustran el diferente énfasis que dan a los distintos cuadrantes, niveles y lí­neas. Fukuyama (El fin de la historia y el último hombre) se cen­tra en el nivel egoico-racional (naranja) y su necesidad de reco­nocimiento (la necesidad de autoestima de la holoarquía de necesidades de Maslow), un reconocimiento que, según Fukuya­ma, el estado liberal-económico ha logrado transmitir de un modo mucho más eficaz que cualquier otro sistema de la historia. Por ello en este sentido, concluye que no podrá ocurrir ningún cambio histórico más y que, en consecuencia, el Occidente liberal ha ven­cido a la historia y le ha puesto "fin".

Pero por más importantes que sean las verdades señaladas por Fukuyama, su análisis sólo es válido para los niveles egoico-ra­cionales, postconvencionales y mundicéntricos (naranja y ver­de), que, como ya hemos visto, sólo afectan, en el mejor de los casos, al 30% de la población mundial. Pero hay que decir que cualquier persona -incluso las nacidos en un país egoico-racio­nal, liberal y postconvencional- debe comenzar su existencia en el estadio 1 (arcaico y beige) y, a partir de ahí, debe acometer el proceso que le llevará a emigrar a través de toda la espiral del de­sarrollo que, al cabo de cinco o seis grandes estadios, termina abocando a la conciencia postconvencional (naranja). Pero tal cosa sólo ocurre con menos de una tercera parte de la población mundial -debido a factores procedentes de los cuatro cuadran­

tes-, de modo que el resto del mundo (un 70% aproximado de la población mundial) no comparte el amor ni el reconocimiento de Fukuyama por la ola egoico-racional (el meme naranja), sino que se decanta por diversas versiones de la ola arcaica, la mágica y la mítica (púrpura, rojo y azul). Así pues, el análisis de Fukuyama se halla circunscrito al meme naranja de los cuadrantes de la Mano Izquierda y a los factores económicos liberal-capitalistas del cuadrante inferior-derecho, pero deja fuera los estadios pre­naranja del desarrollo, en los que se halla la mayor parte de la po­blación mundial.

Samuel P. Huntington:

"El choque de las civilizaciones"
Aquí es donde el análisis de Samuel Huntington resulta su­mamente útil porque, "por debajo" de los memes mundicéntricos y postconvencionales de naranja y verde, se asientan las raíces y los cimientos de las distintas civilizaciones etnocéntricas (inclu­yendo la nuestra). Y aunque muchas de esas civilizaciones etno­céntricas alienten ideales mundicéntricos, la gran mayoría de los integrantes de cada civilización siguen fuertemente asentados en las olas púrpura, roja y azul (y, más raramente, naranja) del desa­rrollo de la conciencia. El análisis de Huntington nos habla de nueve grandes bloques de civilización: occidental, latinoameri­cano, africano, islámico, sínico, hindú, ortodoxo, budista y japo­nés (véase figura 6.1). Éstas son las placas tectónicas horizonta­les, por así decirlo, de la cultura humana y resulta absolutamente esencial tenerlas en cuenta porque, como persuasivamente seña­la Huntington, en ellas se asientan algunos de los principales fac­tores motivadores de la política, el comercio, la guerra y la di­plomacia internacional. lo

Como luego veremos, aunque Huntington da una definición bastante amplia del término civilización, se centra fundamental­mente en el cuadrante inferior-izquierdo, es decir, en la cultura," y sus recomendaciones se localizan fuertemente en el meme azul, la postura conservador-republicana (que no es necesariamente tan mala como muchos liberales quieren hacernos creer. Recor­demos, a fin de cuentas, que el 70% de la población mundial está en el meme azul o en algún meme inferior. Además, como ya he­mos visto, los conservadores, reconocen la causación subjetiva y la existencia de los estadios internos hasta el azul, de modo que suelen ser jueces muchos más fiables y realistas de esos dominios interiores a los que los liberales suelen ser ciegos y, en conse­cuencia, se ven obligados a exigir cambios exclusivamente ex­ternos).

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, los cuadrantes de la Mano Izquierda y de la Mano Derecha se desa­rrollaron al mismo ritmo. Así, la evolución que condujo, en el cuadrante inferior-izquierdo, desde el nivel arcaico (beige) hasta el mágico (púrpura), el mítico (rojo/azul) y el racional (naranja) se vio jalonada, en el cuadrante inferior-derecho, por un desarro­llo tecnológico que pasó de la visión del mundo característica de los pueblos recolectores a la propia de los pueblos hortícola, agrario e industrial, respectivamente (véase figura 4.4). Así fue como la visión mágica del mundo tenía un fundamento recolec­tor, la visión mítica del mundo un fundamento agrario, la visión racional del mundo un fundamento industrial, etc.

Con el advenimiento de la modernidad (racional-industrial), no obstante, la globalización creciente de la economía posibilitó la emergencia de un tipo muy intenso de fenómenos inter-nivel que permitieron, por ejemplo, que las culturas tribales pudieran acceder a la tecnología racional-industrial, con resultados fre­cuentemente catastróficos. Es más, este mismo tipo de fenóme­nos inter-nivel podía también tener lugar dentro de una determi­nada cultura, como ocurrió en el caso de Auschwitz el resultado de la capacidad tecnológica de la visión racional (naranja) del mundo puesta en manos de una agresividad etnocéntrica intensa­mente prerracional (rojo/azul). Por ello hoy en día, casi cualquier tribu étnica u orden feudal puede acceder a las armas nucleares, biológicas y químicas -que jamás hubieran podido producir por sí solos- con resultados más que lamentables. Como comenzába­mos a advertir en los capítulos anteriores, el hecho de que todos los cuadrantes de la Mano Derecha sean materiales posibilita que esos artefactos materiales (desde las modalidades tecnológicas hasta las armas nucleares) puedan ser utilizados por individuos que se hallen en casi cualquier estadio del desarrollo interior de la Mano Izquierda, aun cuando nunca hubieran podido llegar a producirlos. Y son precisamente estos fenómenos los que tornan imperativo el análisis inter-nivel de cuadrantes, niveles y líneas en la política mundial de hoy en día y condenan todo análisis que haga menos que eso (más adelante volveremos sobre este impor­tante tópico).

Las civilizaciones evidencian una pirámide del desarrollo en la que, cuanto más alto es el nivel de desarrollo, menos indivi­duos lo alcanzan, lo cual significa, como ya hemos dicho, que el grueso de la población mundial se halla en las olas más bajas del desarrollo, fundamentalmente púrpura, rojo y azul (y, más rara vez, naranja). Y éste no es un juicio moral, porque todos los esta­dios desempeñan funciones cruciales y constituyen el fundamen­to necesario para el desarrollo superior. Pero cada recién nacido debe comenzar su proceso de desarrollo en el primer nivel, sin importar cuán "elevada" o "avanzada" sea la cultura en que se encuentre. La directriz primordial, pues, nos obliga a proteger y promover la salud de toda la espiral del desarrollo sin privilegiar ninguna ola determinada.

Esto significa que una nueva realpolitik deberá tener en cuen­ta la espiral completa, sin olvidar que el grueso de la población se halla en púrpura/rojo (preconvencional) y azul (convencional). Así pues, el centro de gravedad de la población mundial se en­cuentra en los estadios egocéntrico y etnocéntrico y, como dice Huntington, esos bloques etnocéntricos tendrán una extraordina­ria importancia en la formación de las corrientes mundiales, aun­que no sean lo único que importe. Como ya hemos señalado en el capítulo 1, Beck y Cowan estiman que el 10% de la población mundial se halla en el meme púrpura, el 20% en el rojo y el 40% tienen un centro de gravedad azul, de modo que cerca del 70% de la población mundial tiene un centro de gravedad etnocéntrico o inferior, una masa extraordinaria, en suma, de la humanidad.

Y eso también significa que cerca del 70% de la población mundial se halla bastante lejos del nivel en que se centra el aná­lisis de Fukuyama. (Tal vez cuando el porcentaje de población mundial que se halle en el meme naranja sea de cerca del 100%, ése sea realmente el "fin de la historia" que preconiza Fukuyama, pero para ello todavía quedan, en el mejor de los casos, varios si­glos. Pero, además, después del meme naranja se halla el verde, el amarillo, el coral/psíquico... No parece, pues, advertirse signo alguno del fin de la historia...

Vertical y horizontal
Pero por más inteligente y útil que pueda ser, el análisis de Huntington resulta fundamentalmente horizontal porque, si bien reconoce la existencia y la profunda importancia de los grandes bloques de la civilización, no parece advertir siquiera los niveles verticales del desarrollo (es decir, púrpura, rojo, azul, naranja, ver­de y amarillo) que constituyen algunos de los estratos arqueológi­cos cruciales de esos bloques. Huntington nos brinda una lectura superficial de los territorios reales actualmente presentes, pero no dice absolutamente nada en tomo al análisis evolutivo de las infraestructuras de esos bloques. Si su análisis de la dimensión horizontal se hubiera complementado con una revisión de la di­mensión vertical -es decir, si no sólo hubiera reconocido las dis­tintas placas tectónicas presentes, sino también los distintos es­tratos arqueológicos que yacen bajo esas placas-, dispondríamos de una visión mucho más integral desde la que emitir juicios po­líticos más asentados.

Permítaseme dar unos pocos ejemplos de lo que supondría este enfoque omninivel y omnicuadrante. La figura 6.2 es un dia-



Figura 6.2. Mosaico de los sistemas de valor adaptado, con permiso. de Don
Beck y Graham Linscott.
The Crucible: Forging South Africa's Future (Johan­
nesburg. South Africa: The New Paradigm Press, 1991, págs. 80-81).

grama sacado del libro The Crucible: Forging South Africa's Fu­ture, de Don Beck y Graham Linscott que ilustra la mezcla me­mética de la población adulta de Estados Unidos, Europa, África subsahariana y Sudáfrica. De este modo, la complementación del análisis horizontal de Huntington con la dimensión vertical nos proporcionaría una visión mucho más completa e integral de lo que realmente está ocurriendo en las distintas poblaciones (polí­tica, militar, culturalmente, etc.).

(Beck viajó unas sesenta veces a Sudáfrica para trabajar con quienes estaban tratando de desmantelar el apartheid. Los libera­les, obviamente, sostenían que las nociones de "estadios" o "ni­veles" son marginadoras y opresivas, pero lo cierto es que tal cosa sólo ocurre cuando son utilizadas de un modo inadecuado por quienes tratan de oprimir a los demás, ya sea que utilicen es­tadios jerárquicos o concepciones antijerárquicas políticamente correctas. Beck no se ha cansado de señalar que el uso adecuado de la noción de estadios sirve para liberar a las personas de los es­tereotipos raciales. Desde esta perspectiva, «no hay personas blancas o personas negras, sino personas púrpura, personas ama­rillas, personas naranja, personas verde, etcétera». No debe, pues, extrañarnos que su innovador trabajo en esta área haya sido tan elogiado tanto por Nelson Mandela como por el líder zulú Mongosuthu Buthelezi.)

Son varios los ítems de esta figura que inmediatamente llaman nuestra atención. Europa y América tienen un centro de gravedad fundamentalmente naranja, con grandes bolsas de población azul y verde (como trato de señalar en Boomeritis, la mayor parte de las "guerras culturales", de hecho, tienen que ver con la lucha que mantienen los conservadores azules con los liberales verdes). El África subsahariana todavía se halla dominada por la conciencia tribal que va de púrpura a rojo. El norte de África y gran parte del Oriente Medio se hallan sometidos al orden patriarcal y feudal azul (fundamentalmente basados en una visión religiosa literal y estrecha del Corán). Habría, pues, que complementar la visión ho­rizontal de las civilizaciones de Huntington con el concepto de memes para disponer de una visión realmente integral.

El caso de Sudáfrica era especialmente complejo porque constituía una complicada mezcla de diferentes civilizaciones horizontales (europea y África subsahariana) y de distintas es­tructuras meméticas verticales (púrpura/rojo versus azul/naran­ja). El mismo apartheid era una organización típicamente azul, puesto que las jerarquías de dominio social -tanto orientales como occidentales (desde el apartheid hasta el sistema de cas­tas)- se asientan casi exclusivamente en las estructuras azules propias del nivel mítico-pertenencia. Y sobre ese fundamento azul, los blancos de Sudáfrica habían erigido un estado naranja fuertemente capitalista. Cuando el apartheid se vio desmantela­do -de un modo muy rápido y sin haber pensado, por cierto, gran cosa en lo que lo reemplazaría-, Sudáfrica quedó sumida en la confusión. Es evidente que el apartheid debía ser desmantelado, pero los sudafricanos necesitaban más tiempo para desarrollar una estructura azul propia que pudiera reemplazar la versión eu­ropea. Esto es, según Beck -que ha permanecido muy cerca de los líderes sudafricanos-, lo que ahora está ocurriendo con todo tipo de altibajos (un proceso en el que los liberales verdes no han ayudado gran cosa, puesto que, con su habitual falta de reconoci­miento de los estadios interiores, insistían pura y simplemente en el desmantelamiento de toda la estructura azul).

Al igual que ocurrió en el caso de Sudáfrica, son muchos los conflictos internacionales que aquejan a nuestro mundo que se derivan de la colisión entre distintos bloques de civilización (en la escala horizontal) y de la lucha entre distintos memes (en la es­cala vertical). El caso de Vietnam, por ejemplo, se debió a un conflicto interminable provocado por el choque de dos civiliza­ciones (la sínica y la occidental) que se hallaban en diferentes ni­veles del desarrollo (rojo/azul y naranja/verde, respectivamente), con el resultado de que un estado corporativo como Estados Uni­dos acabó atrapado en el lodazal de las naciones antiguas y de los imperios feudales.

El conflicto serbio, por su parte, ha sido una auténtica pesadi­lla porque representa el violento choque de no menos de tres blo­ques de civilización (ortodoxa, islámica y occidental) que in­cluía, al menos, cuatro niveles diferentes del desarrollo (las tribus étnicas púrpuras, los imperios feudales rojos, las naciones antiguas azules y los estados naranja/verdes). Slobodan Milose­vic, el presidente de la antigua nación azul de Serbia, desencade­nó la limpieza étnica, la violación y la tortura rojo-tribal. La in­tervención de los liberales sensibles verdes Bill Clinton y Tony Blair han provocado multitud de alegatos en pro de los derechos humanos verdes que han sido desoídos por las naciones antiguas azules de Rusia, China e Irán, que les consideran (al igual que a todo el meme verde) como auténticos criminales de guerra. Nada sustancial ha cambiado en esta área, ya que las placas tectónicas y los memes todavía siguen yuxtaponiéndose de un modo muy inestable, prestos al próximo terremoto.

El importante papel desempeñado por las olas o memes verti­cales puede verse en situaciones tales como la reunificación de Alemania. Porque, aunque todos los alemanes comparten el mis­mo bloque de civilización, la misma dotación genética y casi la misma historia, los eventos ocurridos durante la guerra fría per­mitieron que Alemania Oriental cayera bajo el influjo de un esta­do fundamentalista y marxista basado en el poder, una antigua nación azul que se regía por las normas dictadas por un partido único y la obediencia al Estado, mientras que Alemania Occiden­tal seguía su camino de desarrollo hacia una agrupación de esta­dos naranja muy teñida del meme verde. Los problemas de la reunificación, pues, tienen que ver con el modo de entrelazar es­tas dos diferentes olas del desarrollo cultural (azul versus naran­ja/verde). Obviamente, en el fondo de ambas Alemanias acecha la locura provisional de la regresión a la limpieza étnica y el ho­locausto de la Segunda Guerra Mundial llevados a cabo con una tecnología naranja sumamente poderosa, la peculiar pesadilla de mezcla de niveles posibilitada por la modernidad. Así pues, las dificultades que conlleva la reunificación de Alemania no se de­ben tanto a un choque horizontal de civilizaciones como a un choque vertical de memes.

Y lo mismo ocurre con la Unión Soviética, un estado mani­fiestamente moderno, pero cuya infraestructura sigue firmemen­te anclada en una antigua nación azul, totalitaria, unipartidista y centrada en una economía dirigida por el estado y por ideales co­lectivistas. Y puesto que el meme naranja, la iniciativa individual y el mercado capitalista no pueden desarrollarse en esas circuns­tancias, cuando trató de adoptarse -de un modo, ciertamente, un tanto abrupto- algo semejante a una economía del mercado, la nación antigua no evolucionó hacia un estado moderno naranja, sino que, en muchos sentidos, retrocedió a un imperio feudal rojo, a las guerras de bandas y a mafias en lucha por el control del mercado. Y en la medida en que la nación antigua continuó su di­fícil proceso de desarrollo hacia un estado moderno, se ha visto acompañado de déficit estructurales correlativos en el cuadrante inferior-derecho, hasta el punto de que es innecesario decir que, en este momento, los derechos humanos verdes ocupan el último lugar de su escala de intereses.

Algo semejante está ocurriendo también en el continente chi­no, donde una antigua nación azul está tratando de avanzar a trompicones hacia un estado moderno naranja, un desarrollo que, hablando en términos generales, no se cataliza convirtiendo los derechos humanos verdes en el principal problema. Y es que las naciones azules comprenden de un modo intuitivo (y correcto, por otro lado) que los derechos humanos verdes disolverán la es­tructura azul, lo cual supondría un verdadero desastre para Chi­na. Sólo en la medida en que se asiente una infraestructura na­ranja -con una clase media emergente, una tecnología en vías de desarrollo, un respeto por los derechos humanos objetivos y una iniciativa individual verdaderamente libre-, comienzan a tener sentido los derechos humanos verdes. Así pues, aun cuando una nación azul quisiera avanzar hacia al pluralismo verde, se halla­ría estructuralmente imposibilitada para hacerlo, de modo que el simple hecho de pretenderlo no hace más que generar todo tipo de respuestas paranoicas.

Todo esto nos revela un hecho fundamental de las civilizacio­nes y de sus problemas, y es que el desarrollo exterior sólo pue­de implementarse y sostenerse sobre la base del correspondiente desarrollo interior. Y como evidencia un análisis omninivel y omnicuadrante, no es que uno sea más importante que el otro, sino que ambos aparecen y desaparecen juntos.

El mal meme verde
Aunque el análisis de Huntington carece de profundidad verti­cal, nos proporciona una visión adecuada del papel que desempe­ñan los bloques horizontales de la civilización en los ámbitos de la política, el comercio, las relaciones culturales y los conflictos internacionales. Su análisis -altamente recomendable- testimonia el hecho de que, en la gran espiral del desarrollo que va desde lo egocéntrico a lo etnocéntrico y mundicéntrico, el grueso de la po­blación mundial todavía se halla en el estadio etnocéntrico y pro­bablemente permanezca ahí durante un futuro indefinido (como ha ocurrido desde hace milenios). Esto no supone, en modo al­guno, negar la posibilidad de que emerjan culturas mundicéntri­cas -puesto que Huntington aporta alguna evidencia a este res­pecto-, sino tan sólo que el centro de gravedad de los distintos bloques de civilización es sumamente etnocéntrico y que, debido a la pirámide del desarrollo, los clusters etnocéntricos serán siempre factores muy poderosos (y a menudo dominantes) de la conciencia individual y cultural.

No cabe la menor duda de que las recomendaciones políticas de Huntington se asientan fuertemente en el meme azul (y en una visión del mundo republicano-conservadora), lo cual ha desper­tado con frecuencia las iras de los liberales (y del meme verde, en general), porque transgrede sus objetivos declarados de diversi­dad, multiculturalismo y sensibilidad. Además -y al igual que decíamos con respecto al análisis de Fukuyama-, el análisis libe­ral-verde sólo se aplica a un porcentaje muy pequeño de la po­blación mundial. De hecho, Beck y Cowan han descubierto que menos del 10% de la población mundial se halla en el meme ver­de (y casi completamente circunscrito al bloque de la civilización occidental, lo cual desconcierta a los multiculturalistas verdes que parecen dispuestos a abanderar cualquier cosa menos la civi­lización occidental).

Además, para que el resto del mundo alcance el meme verde, los individuos tienen que desarrollarse desde púrpura hasta rojo, azul, naranja y verde. Como subrayan de continuo Beck y Cowan (y casi todos los investigadores del desarrollo), el meme azul (llamémosle como le llamemos) constituye un estadio absoluta­mente necesario, crucial e inevitable para la emergencia de los estadios más elevados (incluyendo el verde) y, en consecuencia, resulta lamentable que el meme verde haga todo lo posible por destruir el meme azul dondequiera tropiece con él. Como afirma la Spiral Dynamics, "verde disuelve azul" y por ello, como con­cluye el mismo Beck: «Verde ha generado más daño en los últi­mos treinta años que cualquier otro "meme"».

Insisto en que no se trata de que lo que diga el meme verde sea falso, sino tan sólo de que lo hace a destiempo, porque el mundo en general -incluida la mayor parte de la población de Estados Unidos- todavía no se halla en condiciones de dar el salto al plu­ralismo verde. Además, como adecuadamente dice Huntington, ninguna civilización que haya sostenido una agenda pluralista ha sobrevivido, pero no porque, como él opina, ninguna civilización pueda sobrevivir en esas condiciones, sino porque, hasta que más del 10% de la población se encuentre realmente en la ola verde y el centro de gravedad cultural sea fuertemente pre-verde, toda cultura que trate de imponer a la fuerza el pluralismo y multicul­turalismo se rasgará por sus costuras más rápidamente de lo que tardamos en pronunciar el término "deconstrucción". Eso, preci­samente, es lo que Beck quiere decir cuando afirma que el daño provocado por el meme verde ha solido pesar más que sus evi­dentes bondades, y hacia ahí apunta también la crítica de Hun­tington.

La diferencia, sin embargo -y se trata de una gran diferencia-, es que Beck nos brinda un análisis post-verde que tiene en cuen­ta la directriz primordial. Según dicho análisis, cuando el meme verde disuelve el meme azul, mutila la espiral del desarrollo e imposibilita, de ese modo, el avance hacia púrpura y rojo, porque no hay ninguna base azul para aceptar el desarrollo. Es así como el meme verde lesiona la espiral completa del desarrollo humano, aquí y en todas partes, desdibujando, de ese modo, sus innega­bles bondades. La directriz primordial nos obliga a reconocer que todos los memes, incluidos el azul y el verde, constituyen aspec­tos necesarios de la espiral global y que todos desempeñan un pa­pel fundamental en la salud de toda la espiral del desarrollo.

A Huntington, por su parte, no parece gustarle el meme verde y está abanderando una especie de ataque pre-verde a verde. (Con ello no quiero decir que Huntington ataque la noción de "pluralismo internacional", puesto que él reconoce la importan­cia y legitimidad de los principales bloques de la civilización y es un abierto defensor del pluralismo internacional. Lo único que Huntington está atacando es la versión multiculturalista de Esta­dos Unidos, que en su opinión está disolviendo ciertas facetas ab­solutamente fundamentales.) Por ello muchos liberales ignoran el análisis de Huntington, pero en mi opinión -y aun cuando sus sugerencias se hallen muy teñidas del meme azul- por ahí es, precisamente, por donde debemos empezar. De forma deliberada o inconsciente, el meme verde ha dañado las infraestructuras azules y convendría emprender, en este sentido, una restauración estructural (invirtiendo así lo que George W. Bush ha denomina­do «un fanatismo blando de expectativas limitadas»).

Los ideales del meme verde sólo pueden erigirse sobre los só­lidos cimientos proporcionados por los memes azul y naranja. Sin azul y naranja, no hay verde. Así pues, el ataque del meme verde a los memes azul y naranja es profundamente suicida. Pero la cosa no termina ahí porque, cuando la muy desarrollada ola verde postformal alienta todos y cada uno de los movimientos "multiculturales", está alentándoles también a no alcanzar el meme verde. De este modo se llega a la paradójica situación de que cuando más éxito tiene el meme verde, más autodestructivo resulta. Sería, pues, muy interesante que el meme verde tuviera en cuenta la directriz primordial y buscara el modo de alentar la espiral completa del desarrollo, sin asumir la actitud típica de la izquierda "ordenada", según la cual todo el mundo debería desa­rrollarse hasta alcanzar el meme sensible.

El meme verde -que representa cerca del 20% de la población adulta norteamericana y constituye el núcleo de lo que Paul Ray denomina inadecuadamente "cultura integral"- se halla hoy en día en condiciones de avanzar hasta el pensamiento de segundo grado y las construcciones auténticamente integrales. El meme verde, que durante las últimas tres décadas, ha estado a cargo del mundo académico, de la élite cultural y de gran parte de la polí­tica liberal, está siendo desafiado en todos los frentes (a causa de sus propias contradicciones internas, su fracasada agenda políti­ca, la intolerancia puesta de relieve por el pensamiento política­mente correcto, su afirmación de ser superior en un mundo en el que se supone que nada es superior, el nihilismo y narcisismo ca­racterísticos del postmodernismo radical, su marginamiento agresivo de las holoarquías y su falta de visión integral). Como ocurre cada vez que un meme empieza a perder su hegemonía, sus inquisidores comienzan con mucha frecuencia una beligeran­te y reaccionaria defensa que, en este caso, podría llamarse el "mal meme verde" (el hogar de boomeritis). Actualmente, boo­meritis y el mal meme verde son los impedimentos principales para la emergencia de un abordaje auténticamente integral e in­clusivo. Queda por ver si durante las próximas décadas el mal meme verde renuncia a su hegemonía -dejándonos las muchas funciones positivas, importantes y necesarias del meme verde sano-, o si habrá que aguardar a la muerte de sus adherentes (la alternativa más probable si escuchamos a la historia).

Por consiguiente, cuantas más personas cabalguen la ola ver­de, más se hallarán en condiciones de dar el salto al hiperespacio de la conciencia de segundo grado, donde pueden concebirse e implementarse abordajes realmente integrales de los problemas del mundo.

La Civilización Mundial
Huntington acaba su discusión azul con el reconocimiento de la lenta emergencia actual de una Civilización Mundial (las ma­yúsculas son suyas) postconvencional y mundicéntrica que no sólo incluye las olas naranja y verde, sino que también empieza a intuir las olas integrales propias del pensamiento de segundo gra­do, una especie de Civilización Mundial integral y global. Y aun­que sus recomendaciones no provengan de ese nivel, Huntington lo reconoce, con lo cual también reconoce que el mundo está mo­viéndose lentamente en una dirección integral.

Huntington señala que lo que habitualmente se denomina "universalismo" es, en realidad, una forma de imperialismo, es decir, el intento de un bloque de civilización (como el occidental, por ejemplo) de imponer sus valores sobre todos los demás, un universalismo que, por mi parte, también me parece categórica­mente reprobable. En su lugar, Huntington propone un universa­lismo alternativo de "comunidades" que, además de reconocer y honrar las muchas y muy importantes diferencias existentes entre las culturas, también reconozca las cosas que tenemos en común en tanto que seres humanos que viven en un pequeño planeta, un universalismo sano que comparto (y al que también denomino unidad-en-la-diversidad, pluralismo universal, unitas multiplex, integralismo universal, etc.). Estoy completamente de acuerdo cuando Huntington afirma que: «en un mundo multicivilizacio­nal, el avance constructivo debe llevarnos a renunciar al univer­salismo [el imperialismo], aceptar la diversidad [el pluralismo internacional] y buscar las cosas que nos unen [el universalismo sano]».

En lo que respecta a un universalismo sano y a una Civiliza­ción Mundial, una auténtica civilización integral, Huntington concluye -muy adecuadamente en mi opinión- que «si los seres humanos acaban desarrollando una civilización universal, ésta surgirá gradualmente a través de la búsqueda y ampliación de los elementos compartidos. Por ello... las gentes de todas las civili­zaciones deben buscar y tratar de ampliar los valores, institucio­nes y prácticas que comparten con los integrantes de otras civili­zaciones».

Luego, Huntington se centra en el núcleo de la cuestión: la transformación de lo etnocéntrico (azul) a lo mundicéntrico (e in­tegral): «Este esfuerzo no sólo contribuiría a reducir el choque de civilizaciones, sino que fortalecería la Civilización Mundial [no el imperialismo, sino el universalismo sano]. Esta Civilización Mundial probablemente implique una compleja mezcla de los ni­veles más elevados de la moral, la religión, el aprendizaje, el arte, la filosofía, la tecnología, el bienestar material y probablemente otras cosas» (las cursivas son mías). Dicho en mis propios térmi­nos, las distintas líneas o corrientes del desarrollo (desde la mo­ral hasta la religión, el aprendizaje, el arte, etc.) discurren a tra­vés de los distintos niveles u olas evolutivas (desde púrpura, hasta rojo, azul, naranja, verde, etc. o, dicho de otro modo, desde lo egocéntrico hasta lo etnocéntrico y lo mundicéntrico), y cuan­to más elevado sea el nivel del desarrollo de las distintas líneas, más probable será que asistamos a la emergencia de una Civili­zación Mundial, precisamente porque las placas tectónicas van desde lo egocéntrico hasta lo etnocéntrico y lo mundicéntrico. El análisis de Huntington nos recuerda que la inmensa mayoría de la población mundial todavía se halla en la ola etnocéntrica y que cualquier realpolitik que quiera fomentar el desarrollo mundi­céntrico debe tomar buena cuenta de ello.

Pero una civilización mundicéntrica no es un conglomerado imperialista uniforme y homogéneo que abandere exclusivamen­te la diversidad etnocéntrica y aboque a los horrores señalados por Huntington -fragmentación, alineación y guerras-, sino un rico entramado de unidad-en-la-diversidad que subraya tanto la unidad como la diversidad.

Finalmente, Huntington concluye su análisis con la pregunta crucial a la que apunta todo su libro: «¿Cómo podemos llegar a comprender el complejo proceso que conduce al desarrollo de una auténtica Civilización Mundial?».

En mi opinión, obviamente, uno de los mejores modos de car­tografiar el extraordinario viaje que conduce desde lo egocéntri­co hasta lo etnocéntrico y lo mundicéntrico y todos los peligrosos recodos que jalonan el camino a la tierra prometida de la Civili­zación mundicéntrica y de unitas multiplex, reside en un enfoque omnicuadrante, omninivel y omnilínea. Y debo decir que ése no es tanto un punto final, como un nuevo comienzo.

Thomas L. Friedman:

"The Lexus and the Olive Tree"
Aunque haya quienes consideren a Thomas Friedman como un mero divulgador, lo cierto es que subraya varios ítems que el res­to de los analistas soslayan o no aciertan a señalar. Desafortuna­damente, sin embargo, su visión global también es muy superfi­cial u horizontal, ya que sólo tiene en cuenta seis grandes dominios o corrientes, pero carece de niveles y de olas. (Recorde­mos que este enfoque chato, que ignora la importancia de los ni­veles del desarrollo, no es exclusivo de Friedman sino que, como hemos ido viendo a lo largo de este capítulo, constituye el abor­daje más frecuente de la mayor parte de los analistas políticos y socioculturales de hoy en día, entre los que cabe destacar a Sa­muel Huntington, Zbigniew Brzezinski, Paul Kennedy, Robert Kaplan, etc., aunque su obra sea, en otros sentidos, admirable y cualquier análisis realmente integral debería asumir sus verdades parciales).

Los seis dominios o corrientes señalados por Friedman son la política, la cultura, la seguridad nacional, las finanzas, la tecno­logía y el medio ambiente, seis dominios que, en su opinión, sólo pueden comprenderse individualmente comprendiéndolos a to­dos. Luego felicita a Paul Kennedy y John Lewis Gaddis por tra­tar de ser más "integrales" y "globales" aunque, desde mi punto de vista, sólo son "medio integrales", puesto que su visión se centra en la chata red-de-la-vida que, si bien está interconectada en un determinado nivel, carece de toda profundidad vertical. «En un ensayo escrito por ambos -dice Friedman-, Gaddis y Kennedy se lamentan de que la política internacional se halle, tan a menudo y en tantos países, en manos de particularistas. Según los dos historiadores de Yale: "Son personas sumamente compe­tentes a la hora de considerar aspectos parciales, pero que tienen dificultades en ver la imagen global. Ordenan las prioridades y tratan de cumplirlas separada y simultáneamente, sin pensar en el modo en que se interfieren mutuamente. Se mueven perfectamente de árbol en árbol, pero parecen hallarse completamente perdidos en medio del bosque. Los grandes estrategas del pasado eran generalistas que veían tanto los bosques como los árboles y operaban desde una perspectiva ecológica, comprendiendo que el mundo es una red en la que todo está interconectado y que los cambios realizados aquí repercuten allí. ¿Dónde, sin embargo, podemos encontrar hoy a un generalista?... La tendencia domi­nante en las universidades y en el mundo del pensamiento expe­rimenta una especialización cada vez mayor que premia más la comprensión profunda de un solo campo que la diversificación en varios. Pero sin comprensión de la totalidad... no puede haber estrategia alguna y, sin estrategia, no hay más que movimiento a la deriva".»

Y sin profundidad, la deriva es todavía mayor. Todos esos teó­ricos -entre los que cabe destacar a Kennedy, Gaddis y al mismo Friedman- se centran casi exclusivamente en los cuadrantes de la Mano Derecha (que incluye la teoría sistémica, las teorías del caos y de la complejidad, la red de la vida, el holismo chato, la globalización tecnoeconómica, etc.). O bien ignoran los cuadran­tes de la Mano Izquierda o sólo los admiten de pasada, pero sin reconocer los distintos niveles verticales de profundidad del de­sarrollo de esos cuadrantes. Y por ello incurren con tanta fre­cuencia en el reduccionismo sutil -que consiste en reducir todos los eventos de la Mano Izquierda a ajustes funcionales de la Mano Derecha- y no nos presentan tanto un holismo integral (que atienda a las realidades de la Mano Izquierda y a las reali­dades de la Mano Derecha) como un holismo chato (exclusivo de la Mano Derecha).`

Así pues, el holismo chato y la red ecológica de la vida deben verse complementados con la dimensión vertical y la pirámide de la vida, dos dimensiones esencialmente importantes. Cualquier análisis que no preste la debida atención a la dimensión vertical de las olas del desarrollo de la conciencia está moviéndose en un es­pacio bidimensional, no en un espacio tridimensional (que es, por cierto, el espacio en que se mueve el mundo real), con lo cual las dimensiones de altura y profundidad se escapan del análisis que, en consecuencia -y por defecto-, tiene lugar desde el nivel de de­sarrollo subjetivo alcanzado por el analista, lo cual suele signifi­car que el meme azul, naranja o verde trata de comprender la espi­ral completa del desarrollo a través de la lente que le proporciona su propio nivel, con resultados más que lamentables.

Así, aunque yo aplauda las interconexiones de la "red de la vida" (que tiene en cuenta dos cuadrantes y ningún nivel) subra­yadas por estos analistas, sugiero que una visión más global (om­nicuadrante y omninivel) serviría a la estrategia con una deriva mucho menor."

Pero volvamos a Friedman. El título de su último libro, The Lexus and the Olive Tree, refleja uno de los conflictos funda­mentales del mundo actual, la tensión entre las culturas concretas (una noción semejante a las "civilizaciones" de Huntington), que son locales, y la globalización creciente, que no lo es. El mundo actual se halla sometido a una lucha por la globalización tecno­económica (representada por el Lexus) que tiende a fracturar -e incluso, en ocasiones, a destruir- las tradiciones y culturas loca­les (representadas por el olivo). El análisis realizado por Fried­man nos habla de la existencia de seis dominios y del papel que desempeñan en ese conflicto, pero el protagonismo gira en tomo a la tecnología global -desde el Lexus hasta el ciberespacio- y a su implacable lógica de homogeneizar el mundo. Pero, nos guste o no, la globalización está aquí para quedarse: «Si queremos comprender el mundo de la postguerra fría, tendremos que co­menzar a reconocer la aparición de un nuevo sistema mundial: la globalización, y en ella deberemos centrar nuestra atención. Evi­dentemente, no se trata del único factor que influye en los even­tos del mundo actual, pero ésa es, por así decirlo, la Estrella Po­lar y una de las fuerzas conformadoras del mundo actual. Lo nuevo es el sistema, lo viejo es la política del poder, el caos, el choque de civilizaciones y el liberalismo. Y el drama en que se halla inmerso el mundo posterior a la guerra fría radica en la re­lación existente entre el nuevo sistema y las viejas pasiones».

El análisis de Friedman de la globalización, si bien reconoce la existencia de muchas corrientes, se centra casi exclusivamente en el cuadrante inferior-derecho, el sistema social de globalización tecnoeconómica, la locomotora que está tirando del resto de tren. Pero por más cierto que sea esto desde la perspectiva del cuadran­te inferior-derecho, su análisis adolece de profundidad vertical en los cuadrantes interiores. Por otra parte, sus conclusiones (en lo que respecta, al menos, al cuadrante inferior-derecho) se hallan también en línea con el polémico -aunque hoy en día prevalente­análisis realizado por Peter Schwartz y Peter Leyden y expuesto en «The Long Boom», Wired, julio de 1997, donde los autores se­ñalan las cinco corrientes tecnológicas actuales que, a su juicio, se hallan presentes en el impulso hacia la integración global (el or­denador personal, las telecomunicaciones, la biotecnología, la na­notecnología y la energía alternativa).

Pero aunque ése sea un análisis completamente correcto, hay que matizarlo con los resultados de los análisis realizados desde una perspectiva omninivel y omnicuadrante que tenga en cuenta los otros cuadrantes y los estratos arqueológicos de la conciencia en los cuadrantes interiores que afectan a todo evento, aun a aquellos que se encuentren en la tecno-red global (no debemos olvidar que, por más que lo hagamos en el seno de una cultura integral, todos na­cemos en el primer nivel y que, a partir de ahí, debemos comenzar nuestro proceso de desarrollo a través de toda la espiral, un proceso en el que se hallan inmersos miles de millones de personas y abar­ca todos los colores del espectro global de la conciencia).

Si nos centramos exclusivamente en la red tecnológica global soslayaremos un rasgo absolutamente esencial, los niveles de con­ciencia que se mueven a través de esa red ¿Acaso nos interesa que el globo entero se halle en el estadio moral 1? Porque, en tal caso, lo más global que podríamos tener es la pesadilla de la guerra. Existe un bien global y también hay un mal global y si no se da un desarrollo correlativo de la conciencia, tendremos más de éste que de aquél. Si no centremos nuestra atención en el desarrollo de la Mano Izquierda y el desarrollo simultáneo de la Mano Derecha -es decir, si no ponemos la misma atención en el desarrollo de la conciencia y en el desarrollo de la tecnología material-, lo único que haremos será ahondar nuestra locura colectiva." Recordemos que ésta fue también la conclusión a la que arribaron los asesores de UNICEF, según la cual -como ya hemos visto en el último ca­pítulo-, el desarrollo exterior no puede sostenerse sin el corres­pondiente correlato de un adecuado desarrollo interior.

Pero el análisis del cuadrante inferior-derecho de Friedman nos ayuda a equilibrar la igualmente desproporcionada imagen que nos han brindado analistas como Kaplan y Huntington, que casi ignoran por completo el cuadrante inferior-derecho (espe­cialmente la emergencia de las redes sistémicas, el impacto del ciberespacio, el poder de los mercados globales y la difusión de la tecnología, que están transformando por completo los ámbitos financieros, medioambientales y comerciales). Existe un Eros en el Kosmos, una tendencia evolutiva sutil, lenta e implacable, una especie de corriente migratoria que nos lleva a establecer cone­xiones cada vez más elevadas y profundas, en un viaje que va desde lo egocéntrico hasta lo etnocéntrico y lo mundicéntrico. Es cierto que la tecnología mundicéntrica y globalizadora tiene a Eros de su lado, pero ello no significa que la globalización deba limitarse a transmitir los valores superficiales de Occidente (ya que son muchas las razones por las que no debe hacerlo, aunque eso sería objeto de otro análisis). En cualquier caso, Friedman tiene razón cuando afirma que la tecnología está impulsando una ola integral-global.

Y esa ola tecnológica global afecta básicamente al cuadrante inferior-derecho, el correlato de la Civilización Mundial (cuadran­te inferior-izquierdo) de la que nos habla Huntington. Así pues, Huntington y Friedman nos proporcionan algunas de las piezas del puzzle que alienta la lenta emergencia de una Civilización Mun­dial. Y como suele ocurrir, el fundamento tecnoeconómico -el cua­drante inferior-derecho- es el que toma la delantera y da forma a las sociedades en las que se desarrollan los individuos. La tecnolo­gía suele expandirse muy rápidamente y esa tecnología va modelando lentamente, a lo largo de muchas generaciones, las culturas que brotan en su seno. Esto fue lo que sucedió con las olas reco­lectora, hortícola, agraria e industrial, y eso es también lo que aho­ra está ocurriendo con la revolución informática.

Pero más allá de las estructuras tecnoeconómicas (agraria, in­dustrial, informática, etc.) propias de la Mano Derecha también hay que tener en cuenta -en la Mano Izquierda- las placas tectó­nicas horizontales y las capas verticales del desarrollo en las que tiene -y siempre tendrá lugar- la mayor parte de la acción." Por­que debo insistir, una vez más, en que todo el mundo (incluso en una Civilización Mundial) nace en el primer nivel y que, desde él, debe emprender el proceso espiral del desarrollo, de modo que cualquier civilización siempre tendrá bolsas de subculturas. En el seno de cualquier civilización -occidental, pongamos por caso­hay -y siempre habrá- bandas callejeras púrpuras, tribus atléti­cas rojas, órdenes feudales azules y comunidades verdes. Y ése es precisamente el motivo por el cual ninguna tecnología mundi­céntrica podrá llegar a imponer una cultura homogénea. Y todo eso, precisamente, es lo que soslayan los análisis del cuadrante inferior-derecho que se centran exclusivamente en la tecno-glo­balización superficial.

El enfoque omnicuadrante y omninivel, por su parte, nos per­mite seleccionar lo mejor de cada análisis y ubicarlo en el lugar que le corresponde dentro de una visión mayor que nos permita apreciar sus importantes contribuciones (y limitaciones). Creo que los tiempos están hoy en día ya lo suficientemente maduros como para que el análisis de la política mundial dé un paso hacia delante en el camino que le conduce a una ola más integral.

Las olas de la experiencia espiritual
Permítaseme redondear esta visión global -que gira en tomo a la integración de las distintas visiones del mundo (o mapas del Kosmos) de que disponemos- con algunos ejemplos de los logros

superiores del desarrollo de la conciencia y de las experiencias es­pirituales. Son varios los libros en los que he presentado una con­siderable evidencia acerca de la existencia de cuatro tipos diferen­tes de experiencias místicas -el misticismo natural (psíquico), el misticismo teísta (sutil), el misticismo sin forma (causal) y el mis­ticismo no-dual (no-dual)-, cuatro olas transpersonales y transra­cionales de profundidad creciente' que no tienen nada que ver con las olas prerracionales púrpura (magia) y roja (mito)."

La evidencia intercultural de que disponemos acerca de la existencia de esas olas superiores se halla hoy en día fuera de toda cuestión. Digamos, en este sentido, por poner un solo ejem­plo, que Evelyn Underhill -cuyo Mysticism sigue siendo un clá­sico de las tradiciones místicas occidentales- concluye que la ex­periencia espiritual discurre a través de un continuo evolutivo que va desde el misticismo natural (que constituye una especie de unión con la-red-de-la-vida) hasta el misticismo metafísico (que incluye la iluminación sutil y la absorción sin forma) y el misticismo divino (y los estados de unión no-dual), un modelo, por otra parte, muy semejante al mío.

El espectro global -que va desde la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma (lo psíquico y sutil) y el espíritu (causal y no­dual)- no es más que la Gran Cadena del Ser. En las figuras 4.1, 4.2 y 4.3 presentamos varias versiones de este Gran Nido cuya evidencia intercultural es, como Huston Smith y tantos otros han señalado, incuestionable.` Mi propuesta, recordémoslo, consiste en llegar a integrar las importantes comprensiones proporciona­das por el Gran Nido del Ser con las verdades del mundo moder­no de un modo que sintetice lo mejor de la sabiduría antigua con lo mejor del conocimiento moderno y abra así el camino hacia una auténtica TOE.

El reconocimiento del espectro global de la conciencia (que nos muestra la figura 3.2, por ejemplo) nos permite acometer un análisis inter-nivel cuyos detalles técnicos expondré en una nota final,'` pero cuyos rasgos generales pueden formularse de un modo muy sencillo diciendo, por ejemplo, que la persona que se halla en casi cualquier estadio del desarrollo típico (desde el meme púrpura, hasta el rojo, el azul, el naranja, el verde o el ama­rillo) puede experimentar un estado alterado de conciencia o una experiencia cumbre de cualquiera de los reinos más elevados (desde el psíquico hasta el sutil, el causal o el no-dual), y que, posteriormente, la persona debe interpretar esas experiencias en los términos del nivel en que habitualmente se halle. Y esto nos obliga a llevar a cabo un análisis combinatorio inter-nivel que tenga en cuenta, por ejemplo, que una persona que se halle en el meme azul puede tener una experiencia psíquica, sutil, causal o no-dual y que lo mismo puede ocurrir desde los memes naranja, verde, etc. De este modo, dispondríamos de una rejilla de cerca de dos decenas de tipos de experiencias espirituales muy reales y

diferentes.20

También debo decir que, aunque los análisis convencionales realizados por Fukuyama, Friedman, Huntington, Kaplan, Ken­nedy, etc., excluyan este tipo de experiencias espirituales, su im­portancia, a menudo marginal, resulta, en otras ocasiones, decisi­va. Más de un líder mundial, por ejemplo, ha experimentado, durante su período de formación, una experiencia cumbre o un estado alterado de conciencia, de naturaleza frecuentemente reli­giosa, que acabó conformando profundamente su visión consi­guiente del mundo y su agenda... y no necesariamente en el buen sentido (no olvidemos que Hitler y Rasputín eran, en cierto modo, una especie de místicos). Hay veces en que los efectos de ese tipo de experiencias resultan ciertamente admirables (como ocurre, pongamos por caso, con Juana de Arco, Gandhi o Martin Luther King junior), pero en otros resultan francamente negati­vos (como sucedió, por ejemplo, en los casos de Himmler y Charles Manson). Por ello un análisis inter-nivel resulta absolu­tamente crucial: ¿de qué nivel procede la experiencia espiritual y desde qué nivel está siendo interpretada?

Cuando los niveles egocéntricos se ven sacudidos por una ex­periencia transpersonal el resultado más habitual suele abocar a una potenciación del egocentrismo que llega incluso, en ocasio­nes, a límites psicóticos; cuando tal conmoción afecta a los nive­les etocéntricos, por su parte, se activa la cólera y, cuando ocu­rre en los niveles mundicéntricos, aparece un Abraham Lincoln o un Ralph Waldo Emerson. Creo que cualquier enfoque realmen­te integral -omninivel y omnicuadrante- debería tener en cuenta todos estos factores. Y no estoy hablando tan sólo de los líderes mundiales, porque los datos -aunque ciertamente poco fiables­parecen señalar que un elevado porcentaje de la población afirma haber tenido, al menos, una experiencia cumbre/espiritual a lo largo de su vida. Hay que subrayar que este tipo de eventos cons­tituye unas de las fuerzas motivadoras más poderosas del psi­quismo humano, ya sea que iluminen el rostro de una madre Te­resa o azuzen el intenso fanatismo de una jihad (una guerra santa), de modo que ningún análisis de los eventos mundiales que los ignore puede esperar tener éxito.



¿Por qué no desembarazarnos simplemente de la religión?
Un análisis más integral de la situación mundial nos permitiría resolver de inmediato uno de los problemas más recalcitrantes a los que se han acercado los analistas sociales durante los últimos dos siglos: ¿Por qué la modernidad (naranja) sigue siendo la fuer­za política, tecnológica y económica más importante de la faz del planeta? ¿Por qué siguen teniendo tanto peso los movimientos culturales premodemos (desde púrpura hasta rojo y azul)? Desde hace mucho tiempo, los sociólogos han señalado que la moderni­dad acabaría con los movimientos religiosos, meros vestigios de primitivas supersticiones premodernas. Pero ¿por qué -si esto es así- los movimientos religiosos siguen tan presentes en el mundo actual?

No debemos olvidar que, también en el mundo moderno, to­dos nacemos en la ola 1 (beige) y, desde ahí, debemos emprender nuestro proceso de desarrollo a través de las olas púrpura, roja y azul hasta llegar a la naranja (la verde e incluso las olas superio­res). Tampoco hay que olvidar que, según la llamada pirámide del desarrollo (cuanto más elevado es el nivel, menos gente tien­de a alcanzarlo), siempre habrá una gran población de la huma­nidad en las olas mágica y mítica, habitualmente muy ligadas a la religión tradicional. Resulta, pues, muy poco probable que las creencias religiosas tradicionales acaben desapareciendo.

En el mejor de los casos, los analistas políticos que carezcan de una visión global no llegarán a comprender la dinámica psicológi­ca central de las poblaciones humanas reales. Y es que los analis­tas del mundo chato suponen que, para resolver el problema, basta con imponer la tecnología naranja o los derechos humanos verdes sobre las poblaciones púrpura, roja y azules cuando, de ese modo, lo único que suelen conseguir es desencadenar una fanática jihad azul o una revolución roja. Así pues, dado que el 70% aproximado de la población mundial se halla inmerso en una orientación "reli­giosa" tradicional -púrpura, roja o azul-, los analistas políticos na­ranja y verde harían bien en adoptar un análisis espectral más inte­gral que tuviera en cuenta esos hechos si no quieren que sus análisis sigan tropezando con los mismos escollos.

Pero hay que decir que esto sólo se refiere a la religión estre­cha. Porque en la medida en que el centro de gravedad de la hu­manidad se desplace a niveles más elevados, irán apareciendo cada vez con más frecuencia las olas transpersonales superiores post-turquesa que constituyen la religión profunda. Las religio­nes prerracionales dominaron el pasado premoderno, pero las re­ligiones transracionales todavía se hallan en camino, prestas a señalar a la humanidad la senda que conduce hacia una concien­cia global.

Como ya hemos señalado, la investigación de los individuos que han alcanzado el pensamiento de segundo grado indica que, en esos niveles, existe la creencia de que "la tierra es un organis­mo que posee una mente colectiva", una visión que aumenta en el nivel coral/psíquico, donde acaba floreciendo el misticismo natural, el misticismo teísta, el misticismo sin forma y el misti­cismo no-dual. Y hay que decir que las olas más elevadas no de­jan atrás las olas inferiores -ya que quien se halle en el nivel su­til todavía tiene acceso, por ejemplo, a la racionalidad naranja, la sensibilidad verde y el holismo de segundo grado-, porque cada ola trasciende e incluye a las anteriores.

Todo esto significa que la religión prerracional siempre estará con nosotros (porque todos comenzamos nuestro proceso evolu­tivo en el primer nivel), y que las religiones transracionales serán cada vez más frecuentes en la medida en que la humanidad siga evolucionando. No parece, pues, nada probable que lleguemos a desembarazamos de la religión.



La práctica integral
Permítaseme ahora repetir lo que dije al comienzo de este capí­tulo. Todas las teorías presentadas en él son meras teorías o mapas del mundo y, en tanto que tales, pueden servir de escalones provi­sionales para ayudarnos a alcanzar una visión más integral. Por otra parte, la capacidad básica del pensamiento integral de segundo gra­do no exige memorizar todos esos distintos niveles, conocer todos los bloques de civilización ni elaborar mapas más comprehensivos. Pero el intento de comprender esos mapas integrales ejercita el pen­samiento de segundo grado, porque esos mapas abren nuestras mentes -y nuestros corazones- a un abrazo más expansivo, inclusi­vo, compasivo e integral del Kosmos y de todos sus habitantes. Y es que las grandes imágenes y los grandes mapas abren nuestra mente -y nuestro corazón- a una transformación integral.

Si usted ha llegado hasta aquí, ya dispone de la capacidad para la conciencia integral de segundo grado (porque, en caso contrario, habría dejado de leer este libro hace ya mucho tiempo). No es preciso, por tanto, memorizar mapas concretos, sino llevar a la práctica esta visión integral, una práctica en la que ahora cen­traremos nuestra atención.





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