Ken Wilber



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Figura 5.1. UNICEF (iSchaikDevelopmnentAssociates).

cada cuadrante y, por último, señalan la importancia de las mu­chas líneas o corrientes del desarrollo que discurren de un modo relativamente independiente a través de las distintas olas. (Véase figura 5.1, realizada por el iSchaik Development Associates.) Se­gún afirman, «ésta es la gran imagen dentro de la que deben con­templarse todas las ideas y proyectos en los que se halla implica­da la UNICEF».



Luego pasan a los contenidos concretos: «Para profundizar nuestra comprensión acerca de la naturaleza compleja e interre­lacionada del mundo en que vivimos resulta absolutamente nece­sario disponer de algún mapa del desarrollo de la conciencia en los campos de la evolución social y cultural, lo cual también de­bería incluir un abordaje integral que nos asegurase que la evolu­ción -y, en consecuencia, el estado de los niños, de la humani­dad, de la cultura y de la sociedad, en general- recuperase un nivel de desarrollo sostenible». Y esto requiere, según ellos, «un marco de referencia que nos permita ir más allá de la mera com­prensión del sistema o red objetivo/superficial y abarcase tam­bién una comprensión cultural de la diversidad». Dicho en otras palabras, debemos ir más allá de la red-de-la-vida y del análisis habitual de la teoría sistémica (que sólo abarca el cuadrante infe­rior-derecho) y más allá también del mero abrazo del pluralismo y la diversidad (que se halla confinado al meme verde). Lo que se requiere, en su opinión, es un abordaje "omninivel, omnicua­drante y omnilínea", después de lo cual emprenden una revisión crítica de las actividades pasadas de la UNICEF y de la ONU.
Es evidente que, si queremos alentar un proceso de desa­rrollo sostenible, el análisis debe apuntar a la integración de los cuatro cuadrantes. Pero esto también resulta igualmente evidente cuando contemplamos la evolución de la implica­ción de la UNICEF en este proceso, junto al proceso global del desarrollo humano y al modo en que ambos se interrela­cionan, porque el progreso realizado hasta el momento no ha provocado ningún cambio sostenible. Cualquier esfuerzo por entender los procesos de cambio, transformación o de­sarrollo sin una comprensión adecuada de la naturaleza de la evolución o del desarrollo de la conciencia (del ser huma­no) no parecen tener mucho éxito."
Luego tratan de analizar las principales razones que, a su jui­cio, explican algunos de los fracasos pasados de la UNICEF y la ONU. «Las actividades de la UNICEF se han centrado funda­mentalmente en los cuadrantes superior e inferior de la Mano De­recha, es decir, en los cuadrantes objetivos y exteriores (indivi­dual y social), ignorando, al mismo tiempo, en gran medida, los cuadrantes interiores y culturales», un abordaje al que, por cier­to, yo también he calificado de "monológuico" (otro modo de ha­blar del mundo chato). Luego el análisis prosigue diciendo: «Es muy probable que su visión excesivamente monológuica no les haya permitido tener en cuenta la imagen global en la que esta­ban moviéndose y haya lastrado los esfuerzos realizados hasta el momento por la UNICEF y la ONU. Tal vez esta visión monoló­guica haya sido necesaria durante el período en que la conciencia atraviesa -y sigue atravesando- los estadios arcaico, mágico, mí­tico y racional del desarrollo (y hay que decir que hoy en día gira en torno a la visión-lógica o red-lógica [es decir, el pensamiento de segundo grado]). Pero en la actualidad, no obstante, resulta in­dispensable que esas organizaciones adopten un enfoque postra­cional o transracional que incorpore las ideas positivas proceden­tes del nivel racional [y, en mi opinión, todas las contribuciones positivas de todas las olas anteriores], pero también las trascien­da a un nivel postracional más alto o profundo de la conciencia, en todos los cuadrantes».

Luego esbozan la historia de los distintos programas empren­didos por la UNICEF, señalando que, por más importantes que hayan sido, todos ellos se centraron en iniciativas de la Mano De­recha:



  • Los años cincuenta fueron la época de las campañas en contra de la enfermedad, «firmemente ancladas en el cua­drante superior-derecho, mensurable, observable y objeti­vo».

  • Los años sesenta constituyeron la década del desarrollo «que subrayaba el cuadrante inferior-derecho, es decir, el "ajuste funcional"».

  • Los años setenta fueron la época de las alternativas que, no obstante, «se centraron fundamentalmente en los cuadran­tes de la Mano Derecha».

  • Los años ochenta fueron la época de la supervivencia del niño, pero sin mencionar siquiera el desarrollo interior.

  • Los noventa fueron la década de los derechos del niño (todo ello contemplado desde una perspectiva abiertamente con­ductista), unos años que rápidamente dieron paso a la épo­ca de la fatiga del donante, en la que «los donantes y los gobiernos volvieron ["regresaron"] a un estadio preglobal y nacionalista que sólo se preocupa de los problemas loca­les, cuya falta de comprensión acabó originando la noción equivocada de que todas las perspectivas son iguales [la "locura aperspectivista" propia del relativismo pluralista]». A menudo he señalado que todo holón, para sobrevivir, ne­cesita del adecuado equilibrio entre justicia y derechos (in­dividualidad) y respeto y responsabilidades (relación), y esto, precisamente, es lo que refleja el comentario del estu­dio realizado por iSchialk Associates sobre los esfuerzos realizados por la UNICEF y la ONU «no yuxtaponían cla­ramente los "derechos" (justicia) con la jurisprudencia (respeto y responsabilidad) a un nivel global».

A la vista de todo lo anterior, su conclusión es que la primera década del 2000 será la época del enfoque integral, «en la que el proceso de desarrollo sostenible será contemplado desde una perspectiva integradora que explore más profundamente los dos cuadrantes de la Mano Izquierda (intencional y cultural), algo que, en el caso de la UNICEF, se centrará más en los niños, los jó­venes y las mujeres». Hasta el momento, pues, el problema es que «todas las ideas de las últimas cinco décadas eran tan monológui­cas que excluían la necesidad del desarrollo interior/subjetivo de los individuos y de las sociedades para que el proceso del cambio y, sobre todo, de la transformación, pudiera ser sostenible».

Finalmente, los autores señalan la necesidad de acometer un enfoque "omnicuadrante, omninivel y omnilínea" adaptado a cada situación concreta para «asegurarnos de que las acciones que em­prendemos o los programas/ideas/metáforas que proponemos ten­gan alguna posibilidad de alentar un proceso de cambio sostenible, orientado y transformador».

Permítaseme señalar (como hacen iSchaikAssociates) que cualquier abordaje integral debe ser llevado a cabo con sumo cuidado, respeto y compasión. Con ello quiero decir que no hay que abordar ninguno de los niveles, líneas o cuadrantes de un modo rígido y predeterminado. La investigación acerca del desarrollo no pretende etiquetar a las personas ni juzgarlas inferiores o superiores, sino que sólo aspira a señalar las potencialidades infrautilizadas. La direc­triz primordial nos obliga a valorar la necesaria y única contribu­ción proporcionada por cada una de las olas del desarrollo de la conciencia con la intención de proteger y promover la salud de toda la espiral y no sólo de uno cualquiera de sus dominios. Al mismo tiempo, nos invita a sugerir amablemente una visión más global del espectro de la conciencia, de la espiral completa del desarrollo, para que los individuos y las culturas (incluida la nuestra) -que no son conscientes de algunas de las dimensiones más profundas o más elevadas del ser humano- puedan decidir actualizar esos extraordi­narios recursos, lo cual, a su vez, podría contribuir a desactivar al­gunos de los problemas más recalcitrantes que no han sido resuel­tos por enfoques menos integrales.



El terror del mañana
Uno de los problemas más insidiosos que han acosado desde siempre a la humanidad es que los cuadrantes de la Mano Dere­cha son materiales y que, una vez producida una entidad mate­rial, puede ser utilizada por individuos que se hallen en casi cual­quiera de los niveles del desarrollo interior. La bomba atómica, por ejemplo, es un producto claro del pensamiento operacional­formal (naranja), pero, una vez que existe, puede ser utilizada por individuos que se hallen en niveles inferiores del desarrollo que nunca hubieran, por otra parte, podido llegar a crearla. Además, aunque nadie que se halle en el estadio moral mundicéntrico lan­zaría alegremente la bomba atómica, no podríamos decir lo mis­mo de quien se encuentre en el meme rojo, preconvencional y egocéntrico.

Hablando, pues, en términos muy generales, podríamos decir que la humanidad se ha visto continuamente aquejada por la pe­sadilla de que el desarrollo tecnológico de los cuadrantes de la Mano Derecha siempre ha ido por delante del desarrollo de la sa­biduría, del respeto y del uso compasivo de esa tecnología o, di­cho en otros términos, que el desarrollo externo ha ido más rápi­do que el desarrollo interno. Reiterémoslo de nuevo: una vez que se ha producido un determinado artefacto material, puede ser uti­lizado por cualquier ser humano que se halle en cualquier nivel interior. Sólo un genio cognitivo -como James Watt, por ejem­plo- pudo concebir y producir un avance tecnológico del calibre de la máquina de vapor, que a partir de entonces pudo ser utiliza­da por individuos que se hallaban en cualquiera de los niveles de desarrollo, la inmensa mayoría de los cuales jamás podría haber llegado a inventarla.

Debo decir también que hasta el advenimiento de la era mo­derna éste era un problema relativamente pequeño, porque las tecnologías disponibles también eran bastante limitadas. Poco daño puede infligirse a la biosfera y al resto de los seres humanos con el mero concurso de un arco y una flecha. Pero con la emer­gencia de la modernidad, del meme naranja y de sus aplastantes avances científicos, la humanidad comenzó a producir tecnología del nivel naranja cuando la inmensa mayoría todavía no había trascendido la conciencia moral azul y roja. Fue entonces cuando el desarrollo exterior emprendió un sprint que le llevó a ir muy por delante del desarrollo interior, ocasionando un defase entre la tecnología de la Mano Derecha y la sabiduría de la Mano Iz­quierda que tomó posible -y hasta probable-, por vez primera en la historia, una catástrofe de dimensiones globales. Entonces fue cuando la humanidad comenzó a afrontar a gran escala su pro­blema fundamental: la falta de desarrollo integral, un problema que podría terminar abocando al holocausto atómico o al suicidio ecológico.

La aparición de las poderosas tecnologías actuales propias del pensamiento de segundo grado -desde la producción a escala global de energía cuántica hasta la inteligencia artificial (robótica), la in­geniería genética y la nanotecnología- enfrenta de nuevo a la hu­manidad a su principal pesadilla: un desarrollo explosivo de las tecnologías de la Mano Derecha que no se ha visto equiparado con un desarrollo equivalente en los ámbitos de la conciencia y la sa­biduría interior que podría suponer el final de la humanidad.

En un artículo titulado «Why the Future Doesn't Need Us» y presentado en el número de abril del 2000 de la revista Wired, Bill Joy, cofundador de Sun Microsystems, ha dicho que dentro de unos cincuenta años los avances tecnológicos realizados en los campos de la genética, la robótica y la nanotecnología podrí­an suponer el final de la especie. De un modo deliberado o acci­dental, la genética podría terminar creando una especie de "plaga blanca"; la robótica, por su parte, podría permitimos transferir la conciencia humana a las máquinas y acabar con el ser humano, tal y como lo conocemos;'' y la nanotecnología podría convertir a la biosfera en polvo en cuestión de días. Además, en opinión de los científicos a los que cita, entre el 30 y el 50% de la población de la humanidad no sobrevivirá a este siglo.

Se trata, obviamente, de un asunto sumamente complejo, pero podríamos decir alguna que otra cosa al respecto. En primer lu­gar -y hablando en términos generales-, sólo existen dos modos de "controlar" esta tecnología, una imposición legal externa (que prohiba, por ejemplo, cierto tipo de investigaciones) o las restric­ciones morales internas (mediante un desarrollo de la sabiduría colectiva que promueva el uso adecuado de la tecnología). Y, aunque creo que finalmente se llegará a algún tipo de solución de compromiso que integre ambas perspectivas, me parece evidente que no podemos comenzar siquiera a discutir el desarrollo de la sabiduría y de la conciencia interior si seguimos ignorando todo tipo de interioridades, de modo que o bien encontramos solucio­nes integrales a estas pesadillas globales, o muy probablemente perezcamos en el intento.

Bill Joy recomienda una adecuada combinación entre el con­trol externo y el control interno. En este sentido, está a favor de la prohibición o la renuncia a ciertos tipos de investigaciones, pero también comprende que, aun cuando tal cosa fuera posible (aunque, por otra parte, bastante improbable, puesto que el cono­cimiento carece de fronteras), no resolvería el problema funda­mental, que gira en tomo a la necesidad de desarrollar la sabidu­ría colectiva. «¿Dónde podemos encontrar un nuevo fundamento ético en el que asentar nuestra actividad? -se pregunta Bill Joy-. En este sentido, las ideas expuestas por el Dala¡ Lama en El arte de vivir en el nuevo milenio me parecen muy adecuadas. Como es bien conocido -aunque tal vez no se le haya prestado la debi­da atención-, el Dala¡ Lama considera que lo más importante es desarrollar el amor y la compasión hacia los demás, y que, en este sentido, nuestras sociedades necesitan desarrollar una no­ción más clara de nuestra responsabilidad e interdependencia.» Se trata de una propuesta de la que, sin la menor duda, se haría eco cualquier otro líder espiritual, tanto cristiano como judío o hinduista.

Pero hay que advertir que no podemos sencillamente reco­mendar el amor y la compasión per se, porque el amor se des­pliega desde lo egocéntrico hasta lo etnocéntrico y lo mundicén­trico, y no creo que nadie deseara más amor etnocéntrico. ¿No les parece que ésa es, precisamente, la causa de muchos de estos pro­blemas? ¿O es que acaso cree alguien que los nazis no amaban a sus familias, a su raza y a su tribu? Yo creo que ése es el motivo por el cual la mayor parte de las religiones, centradas en el meme azul, no sólo no han obstaculizado el surgimiento de las guerras, sino que en muchos casos las han ocasionado. Y no sólo quiero decir con ello que las religiones han causado más guerras que cualquier otra fuerza de la historia, sino que lo hicieron en nom­bre del amor a Dios y a la patria, porque ese amor y esa compa­sión sólo era etnocéntrico y se orientaba exclusivamente hacia los creyentes y ciertas personas elegidas, al tiempo que se oca­sionaba la muerte de todos los demás.

Es muy probable, por otra parte, que cuando el Dala¡ Lama y otros líderes mundiales apelan al "amor y la compasión" estén refiriéndose al amor y compasión universales, postconvencionales y mundicéntricos... pero ése es un estadio del desarrollo que sólo han alcanzado menos del 30% de la población mundial, mientras que casi el 100% puede acceder a tecnologías globalmente des­tructivas.

Debemos aprestamos, pues, a poner al día los cuadrantes in­teriores. ¿De qué sirve seguir centrando nuestra atención en las maravillas tecnológicas externas que se despliegan ante nosotros -desde la prolongación indefinida de la vida hasta la interrela­ción mente/ordenador, la energía ilimitada y el viaje interestelar por agujeros de gusano intergalácticos- si nuestra conciencia si­gue circunscrita al estadio egocéntrico o etnocéntrico? ¿Quere­mos colonizar el espacio galáctico de nazis y miembros del KKK que se hallen en el meme rojo? ¿Pretendemos realmente que Jack el Destripador viva cuatrocientos años yendo de un lado al otro en su hipercoche creando nanorrobots misóginos? Porque, mien­tras las cosas sigan tal y como están, es decir, mientras el desa­rrollo exterior prosiga su veloz carrera -o, lo que es lo mismo, mientras persista la falta de desarrollo interior- seguiremos ha­llándonos en un aprieto.

Edwin Firmage, una reconocida autoridad en los ámbitos del derecho constitucional y del derecho internacional que ha traba­jado durante varias décadas en el mundo del control de las armas nucleares, ha escrito: «La ley [el control legal exterior] puede ayudar pero, lamentablemente, resulta muy limitada. Aun en el caso de que la ley pudiera eliminar por decreto todas las armas nucleares de la tierra, no es posible lobotomizar a toda una gene­ración de físicos, y por ese camino volveríamos a encontramos implicados, más pronto o más tarde, en la carrera armamentísti­ca. ¿Cómo podemos cambiar el alma de los seres humanos? Te­nemos que ir más allá del ámbito de aplicación de las leyes...».'-' Y con ello quiere decir que debemos alentar el desarrollo de los cuadrantes interiores, el desarrollo del alma, el desarrollo de la sabiduría, el desarrollo de la conciencia, el desarrollo interior de los cuadrantes de la Mano Izquierda de modo tal que marchen al mismo paso que el desarrollo tecnológico de la Mano Derecha. 2 Poco importa que se trate de una tarea muy compleja, porque la alternativa resulta demasiado dolorosa.

Sean cuales fueren las soluciones a todos estos problemas, la discusión debe orientarse hacia cuestiones más integrales, porque cualquier solución menos que integral omitirá dimensiones fun­damentales de la crisis que, en tal caso, seguirá acelerándose y descontrolándose en su desenfrenada carrera hacia la muerte.



Integral Institute

Todos los abordajes que hemos mencionado en este capítulo -desde el más prosaico hasta el más apocalíptico- son algunas de las áreas de aplicación inmediata de un enfoque más integral, de un enfoque "omninivel y omnicuadrante". Existen otras que no he mencionado en este sumario, como el feminismo integral, el derecho integral, el arte y la teoría literaria integral e, incluso, la reforma penitenciaria integral. Algunos de estos abordajes han sido presentados en un libro que próximamente publicará Shambhala, editado por Jack Crittenden, que tentativamente lle­va por título Kindred Visions. Ken Wilber and Other Leading In­tegral Thinkers, y que incluye contribuciones de Alex Grey, Jim Garrison, Joyce Nielsen, Ed Kowalczyk, T. George Harris, Ma­rilyn Schlitz, Georg Feuerstein, Larry Dossey, Jenny Wade, Juan Pascual-Leone, Michael Lerner, James Fadiman, Roger Walsh, Leland van den Daele, Francisco Varela, Robert Shear, George Leonard, Michael Zimmerman, Stan Grof, el padre Thomas Ke­ating, Ervin Laszlo, Thomas McCarthy (Jürgen Habermas), Eduardo Mendieta (Karl-Otto Apel), Hameed Ali, Robert Frager, Drexel Sprecher, Lawrence Chickering, Gus diZegera, Elizabeth Debold, Lama Surya Das, el rabino Zalman Schachter-Shalomi, Mitchell Kapor, Don Beck, Frances Vaughan, Robert Forman, Michael Murphy, Max Velmans, Tony Schwartz, David Chal­mers, Susanne Cook-Greuter, Howard Gardner, Robert Kegan, John Searle y Charles Taylor, entre muchos otros. Todos ellos han contribuido, a su modo, a una visión más integral y amable del Kosmos.

Muchos de los teóricos que han participado en Kindred Vi­sions y de los presentados en este libro se han unido para fundar el Integral Institute, que en este momento tiene ramas dedicadas a la medicina integral, la psicología integral, la espiritualidad in­tegral, los negocios integrales, la ecología integral, la educación integral, el arte integral y la política integral. También existen va­rias ramas que no tardarán en desarrollarse (como las que afectan a los medios de comunicación, la diplomacia o el derecho). El objetivo del Integral Institute es convertirse en una organización en la que quepan todos los estudios auténticamente integrales y encontrar el modo de canalizar recursos que permitan la puesta en marcha de proyectos integrales. Pensamos abrir un centro in­tegral que sirva de oficina principal del instituto (en Nueva York y/o San Francisco), y ya hemos comenzado IntegralMedia con Shambhala. Si usted está interesado en unirse al Integral Institu­te o en apoyarlo, consulte el website de Shambhala en:

www.shambhala.com

6. MAPAS DEL KOSMOS



En un debate intelectual, ambas partes tienden a estar en lo cierto en lo que afirman y equivocadas en lo que niegan.

JOHN STUART MILL


Un sistema de clasificación holístico
Cualquier modelo holónico que fuera realmente comprehen­sivo y holístico -cualquier auténtica TOE- debería tener en con­sideración todas las olas, corrientes, estados, reinos y cuadrantes y en consecuencia nos proporcionaría también un sistema muy útil para clasificar las distintas visiones del mundo, filosofías, re­ligiones y ciencias que han aparecido a lo largo de la historia. Debo insistir en que no se trata de que alguna de esas visiones del mundo (incluyendo la mía propia) acabe brindándonos una ima­gen completa, sino que cuantas más visiones puedan incluirse, más exacta será la visión resultante del Kosmos. En tal caso, esta visión más abarcadora no sólo actuará como un catalizador de la transformación individual -a la que, por cierto, nos referiremos en el próximo capítulo-, sino como sistema de clasificación ho­lístico de las numerosas visiones del mundo, evidenciando la re­lación que mantienen y la importancia irreemplazable de cada una de ellas.'

En este capítulo centraremos nuestra atención en las distintas visiones del mundo y señalaremos el modo de articularlas en una visión más integral. También echaremos un vistazo a la situación política internacional y trataremos de sugerir el modo en que tal sistema de clasificación holístico puede clarificar nuestros análi­sis políticos y sugerir cursos prácticos de acción política en los ámbitos nacional e internacional.

Todas las teorías presentadas en este capítulo no son más que eso, simples teorías o mapas del mundo y, en ese sentido, pueden servirnos para componer una visión más integral, pero debo se­ñalar que la competencia básica del pensamiento integral de se­gundo grado no exige el dominio de todos esos mapas y sistemas. Así pues, el lector no tiene que preocuparse por memorizar los distintos niveles, conocer todos los bloques de civilización que mencionaremos ni esforzarse en llegar a comprenderlos en deta­lle. Para ejercitar el pensamiento de segundo nivel basta con tra­tar de entender estos mapas integrales -mapas "omnicuadrante, omninivel y omnilínea"- y abrir nuestras mentes y nuestros co­razones a un abrazo más abierto y compasivo hacia el Kosmos y todos sus habitantes.

Así pues, aunque no tengamos que memorizar ni conocer al dedillo los siguientes mapas, comprometámonos a abrir nuestras mentes y nuestros corazones. En el próximo capítulo prestare­mos atención a una práctica integral que apunta más concreta­mente a despertar nuestras capacidades integrales.



Visiones del mundo
Son muchos los intentos realizados a lo largo de los años para clasificar las distintas visiones del mundo de que disponen los hombres y las mujeres. Platón nos ofreció un brillante relato de las alternativas filosóficas presentes en la antigua Grecia, Fa-hsiang categorizó los sistemas religiosos de la China T' ang y santo Tomás de Aquino nos proporcionó una representación exhaustiva de las filosofías más acreditadas de su tiempo, por nombrar sólo a unos pocos.

Con el advenimiento de la era moderna y de la idea de evolu­ción, fueron muchos los teóricos que comenzaron a clasificar las diversas visiones del mundo en función de su nivel de desarrollo. Una de las primeras -y todavía más influyente- clasificación fue la llevada a cabo por Auguste Comte, fundador del positivismo, cuya famosa Ley del Tres afirmaba que, en su búsqueda del co­nocimiento, la humanidad ha atravesado tres grandes estadios -la religión, la metafísica y la ciencia- y que cada uno de ellos es menos primitivo y más exacto que los anteriores (un proceso que, curiosamente, termina abocando al estadio en que se hallaba el mismo Comte. Y es que ése es, precisamente, el problema del que suelen adolecer las teorías evolutivas, una pretensión de la que, por mi parte, me apresuro a desmarcarme). En cualquier caso, hay que decir que la más sofisticada de todas las clasifica­ciones evolutivas del conocimiento fue la elaborada por Georg Hegel, cuyo brillante sistema filosófico dejaba lugar, en su opi­nión, a todas las grandes visiones de la historia, tanto orientales como occidentales. (Lamentablemente, sin embargo -como bien señaló Bertrand Russell-, todo lo que Hegel sabía de China, por ejemplo, era que existía. Y fue este tipo de desconocimiento el que, junto a otros problemas bastante más sutiles, terminó soca­vando, con el tiempo, el sistema hegeliano. Pero no, por ello, de­bemos soslayar la extraordinaria riqueza desplegada por el idea­lismo.)'- Otros bien conocidos modelos histórico-evolutivos (que implican tanto progreso como decadencia) son los elaborados por Adam Smith, Karl Marx, Herbert Spencer, Oswald Spengler, Arnold Toynbee, Pitirim Sorokin, Antonio Gramsci, Teilhard de Chardin, Carroll Quigley, Jürgen Habermas, Gerhard Lenski, Jean Gebser y Sri Aurobindo.

Más recientemente, ciertos filósofos han esbozado modelos "globales" que se centran en tipos de visiones del mundo que pueden articular los seres humanos. Uno de los primeros mode­los de esta categoría fue World Hypotheses, de Stephen C. Pepper (1942), que subraya la existencia de cuatro grandes tipos: el for­mal (según el cual el mundo existe en tanto que categorías), el mecanicista (el mundo depende de relaciones causa-efecto), el contextual (el mundo es relacional) y organísmico (el mundo es in­teractivo y relacional). Posteriormente, Schwartz y Russek (véase la sección dedicada a la medicina integral en el capítulo 5) agrega­ron cuatro tipos más a la tipología de Pepper: procesos implícitos (el mundo posee energías y conciencia más sutiles), causalidad cir­cular (cibernética), desarrollo creativo (adaptación emergente) y diversidad integradora (que intenta integrarlos a todos).'

Otra influyente clasificación de las visiones del mundo según los tipos disponibles fue la presentada por el teórico de los siste­mas sociales Talcott Parsons, que organizó las visiones del mun­do a lo largo de un continuo de cinco grandes posturas: sistemista derecho, marginalista derecho, marginalista medio, marginalista izquierdo y sistemista izquierdo, una clasificación que, aunque posea ciertas ventajas, abarca, no obstante -como luego vere­mos-, un rango muy limitado de posibles visiones del mundo. Ro­bert Bellah ha enfocado su análisis desde otro ángulo, descu­briendo la existencia de cuatro grandes visiones del mundo en Estados Unidos: republicana, bíblica, utilitaria y romántica. Mark Gerzon, por su parte, habla de seis: religiosa, capitalista, descontenta, medios de comunicación, nueva era y política. Sa­muel Huntington, por último, considera que el mundo se halla sometido al choque de ocho o nueve grandes visiones culturales del mundo (o civilizaciones): occidental, latinoamericana, africa­na, islámica, sínica, hindú, ortodoxa, budista y japonesa. Todos éstos son buenos ejemplos de "metaanálisis" de tipos de visiones del mundo que muchos eruditos modernos han encontrado útiles y que ciertamente pueden serlo, siempre y cuando encontremos un contexto más abarcador que los integre a todos. (Y ahí es, pre­cisamente, donde radica el problema.)

La noción de niveles de realidad (u olas de la existencia) nos proporciona otro sistema de clasificación. Ya sea que utilicemos la Spiral Dynamics, la Gran Cadena del Ser, o los niveles del yo de Jane Loevinger, lo cierto es que podemos clasificar fácilmen­te diferentes tipos de visiones del mundo según el nivel de la mis­ nia visión del mundo, y eso es, precisamente, lo que han hecho numerosos teóricos. Señalemos, en este sentido, por dar unos po­cos ejemplos, que las visiones del mundo sexuales y vitales (como las de Freud y Bergson, por ejemplo) provienen funda­mentalmente del nivel de la vida biológica, del meme beige; que las visiones del mundo centradas, de un modo u otro, en el poder (como la de Nietzsche) se asientan en el meme rojo; que las vi­siones racionales del mundo (como la de Descartes) se asientan en el meme naranja; que el postmodernismo (de Derrida y Lyo­tard, por ejemplo) se asienta en el meme verde; que el misticismo natural (como el de Thoreau) se sustenta en el meme coral/psí­quico; que el misticismo teísta (como el de santa Teresa de Ávila) se apoya en el meme sutil, y que el misticismo sin forma (como el de Meister Eckhart) lo hace en el meme causal.;

Parece razonable suponer que los niveles del ser y del conoci­miento contribuyen a la existencia de las diversas visiones del mundo, de ahí que sea interesante incluir este hecho en cualquier TOE.

Conviene señalar, por último -aunque no por ello es menos importante-, que cualquier síntesis que aspire a ser realmente in­tegral debe reconocer la verdad (ciertamente parcial) de todas las grandes visiones del mundo. Porque no se trata de que los nive­les más elevados nos proporcionen visiones más exactas y que los niveles más bajos sólo hablen de falsedades, supersticiones o absurdos primitivos. Existe un sentido en el que hasta la "magia" infantil y el mito de Santa Claus son verdaderos. Por ello hay que señalar que las distintas visiones del mundo son simplemente el modo en que se nos presenta el mundo desde ese nivel u ola y que todas las olas son ingredientes fundamentales del Kosmos. En el nivel mítico, Santa Claus (o Zeus, Apolo o la astrología, ponga­mos por caso) constituye una auténtica realidad fenomenológica. No es adecuado, pues, concluir: «Muy bien. Ahora que hemos evolucionado sabemos que Santa Claus no es real», porque sí que lo es. A la luz de la evolución, todos los estadios anteriores pare­cen primitivos y falsos, y también ocurrirá lo mismo con nuestra visión actual del mundo (porque la evolución futura acabará lle­vándonos más allá de ella). No se trata, pues, de que sólo exista un nivel de realidad y que las demás visiones sean versiones pri­mitivas e incorrectas de ese único nivel, sino que cada una de las visiones del mundo es una visión correcta de un nivel inferior, aunque ciertamente fundamental de la realidad, no una visión in­correcta del único nivel real. Desde esta perspectiva, la noción de desarrollo nos permite descubrir verdades anidadas, no supersti­ciones primitivas.'

A menudo me preguntan ¿por qué hemos de integrar las dis­tintas visiones del mundo? ¿Acaso no nos basta con celebrar sim­plemente la rica diversidad de las distintas visiones sin necesidad de integrarlas? Obviamente, el reconocimiento de la diversidad constituye un noble esfuerzo, y debo decir que apoyo sincera­mente el pluralismo. Pero si nos quedamos en la mera celebración de la diversidad, estaremos promoviendo, en última instancia, la fragmentación, la alienación, la separación y la desesperación, en cuyo caso, usted seguirá su camino, yo seguiré el mío y cada vez nos separaremos más, que es precisamente lo que tan a menudo ha ocurrido en el reino postmoderno del relativismo pluralista, que en tantos frentes nos ha abocado a una Torre de Babel. No basta, pues, con reconocer las muchas diferencias que nos separan, sino que también necesitamos ir más allá y comenzar a reconocer las muchas similitudes que nos unen. De otro modo, no contribuire­mos al holismo sino al "montonismo". Debemos asentarnos en la rica diversidad que nos brinda el relativismo pluralista y, desde ahí, dar el siguiente paso que nos permita entretejer la diversidad en una espiral holónica de conexiones unificadas hasta advertir las múltiples relaciones del Kosmos; necesitamos pasar del relati­vismo pluralista al integralismo universal, necesitamos encontrar, en suma, el Uno-en-los-muchos que pone de relieve el entramado mismo del Kosmos.

Ése es el motivo por el cual creo que debemos esforzarnos en alcanzar una visión integral a sabiendas de que nunca llegaremos a conseguirla plenamente, y también creo que el intento merece la pena, porque en ese intento de encontrar el Uno-en-los-mu­chos sintonizaremos nuestros corazones y nuestras mentes con el Espíritu tal y como resplandece en este mundo.

Creo que el enfoque integral es el esfuerzo más valioso para representar la Unidad-en-la-multiplicidad, porque incluye de un modo explícito todas las visiones del mundo mencionadas en este capítulo. Esta visión integral -esta TOE- nos servirá, como luego veremos, como un sistema de clasificación de todas las vi­siones del mundo, permitiéndonos así apreciar y valorar adecua­damente la contribución especial y profunda realizada por cada una de ellas. Es innecesario decir que mi propia versión de esta TOE -aun cuando sea completamente cierta- está destinada a pa­sar a mejor vida y a dejar paso a visiones posteriores todavía me­jores.

Este sistema de clasificación integral ya está usándose en aplicaciones muy diversas, desde los llamados "websites trans­formacionales" hasta las "bibliotecas mundiales". El World Eco­nomic Forum celebrado recientemente en Davos (Suiza) invitó a varios expertos del abordaje omnicuadrante y omninivel, lo cual tal vez evidencie su utilidad práctica.




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