Ken Wilber



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El gobierno integral
Esta investigación sólo aspira a atisbar los efectos que podría tener una visión integral -una visión propia del pensamiento de segundo grado- sobre el mundo del gobierno.

Hablando en términos generales, la Constitución de Estados Unidos es un documento característico del estadio moral 5 (post­convencional y mundicéntrico), un estadio en el que, en el mo­mento en que fue redactada, sólo se hallaba, aproximadamente, el 10% de la población del país. Se trata de un documento extra­ordinariamente brillante -que reflejaba fielmente el talento de sus redactores- que encontró el modo de institucionalizar la pos­tura mundicéntrica y postconvencional (estadio moral 5) y lo convirtió en un sistema de gobierno para personas que, en su ma­yor parte, no se hallaban en ese nivel. Así fue como la misma Constitución se convirtió en una especie de marcador de la transformación que estimulaba amablemente el desarrollo hacia un clima moral no-etnocéntrico sino postconvencional y mundi­céntrico.

La Constitución de Estados Unidos representa la culminación de las filosofías de gobierno características del pensamiento de primer grado. Porque, aunque sus artífices utilizaran a menudo el pensamiento de segundo grado, las realidades de las que se ocu­paban todavía pertenecían al pensamiento de primer grado, espe­cialmente en lo que respecta a la formación y relación de las agrupaciones de estados que evolucionaron de los imperios feu­dales y de las antiguas naciones.

Pero, hoy en día, las agrupaciones de estados y comunidades de valor están dando lugar a los sistemas globales y las redes in­tegrales (véase figura 3.1), sistemas interdependientes que re­quieren de un gobierno capaz de integrar (imponer) los grupos y comunidades de la espiral completa del desarrollo interior y ex­terior. Lo que el mundo actual necesita, pues, es la primera filo­sofía política y la primera forma de gobierno propia del pensa­miento de segundo grado, que en mi opinión será una teoría y una práctica política omninivel y omnicuadrante que se atenga a pau­tas profundamente integrales. Y ello no supone, en modo alguno, modificar la Constitución de Estados Unidos (ni de ningún otro país), sino simplemente ubicarla en el lugar que le corresponda, en el seno de una red global que fomente el mutuo desarrollo y mejora, una política realmente integral y holónica.

Pero para ello todavía debemos responder a las siguientes pre­guntas: ¿cómo podemos llegar a concebir, abrazar y aplicar esa visión?, ¿qué detalles precisos, qué contenidos reales, dónde, cómo y cuándo se aplicará? Estas son las grandes preguntas a las que debe responder la política global de este nuevo milenio.` Es­tamos aguardando la visita de los nuevos padres y madres funda­dores de un sistema de gobierno integral, un sistema de gobierno que nos empuje hacia un futuro mejor y que opere a modo de marcador de la transformación de la espiral completa del desa­rrollo humano, al tiempo que honre el desarrollo de cada una de sus olas y nos invite amablemente a alcanzar profundidades to­davía mayores.

La medicina integral
En ningún ámbito resultan más inmediatamente aplicables los cuatro cuadrantes que en el caso de la medicina, y tal vez sea por ello que este modelo está siendo adaptado cada vez con más fre­cuencia por las instituciones de salud mental de todo el mundo. Basta con echar un rápido vistazo a los cuadrantes para cobrar conciencia de la utilidad de un modelo integral. (Recordemos que, en este caso, estamos hablando de enfermedades físicas –la rotura de un hueso, cáncer, una enfermedad cardíaca, etc.- y del mejor modo de tratarla, puesto que ése es el enfoque de la medi­cina ortodoxa.)

La medicina ortodoxa o convencional constituye un abordaje típico del cuadrante superior-derecho al organismo físico me­diante intervenciones exclusivamente físicas, como la cirugía, los fármacos, la medicación y la modificación de conducta. La medicina ortodoxa cree esencialmente en las causas físicas de la enfermedad física y, en consecuencia, prescribe intervenciones fundamentalmente físicas. Pero el modelo holónico afirma que cada evento físico (cuadrante superior-derecho) tiene, al menos, cuatro dimensiones (o cuadrantes), y que hasta la enfermedad fí­sica debe contemplarse desde los cuatro cuadrantes (por no men­cionar los niveles de los que luego hablaremos). De este modo, el modelo integral no afirma que el cuadrante superior-derecho carezca de importancia, sino tan sólo que, considerado de forma aislada, únicamente representa, en el mejor de los casos, una cuarta parte de la historia.

La reciente explosión del interés despertado por las prácticas alternativas -por no mencionar disciplinas como la psiconeu­roinmunología- evidencia que los estados internos de la persona (sus emociones, su actitud psicológica, su imaginería e incluso sus intenciones) desempeñan un papel fundamental tanto en la génesis como en el tratamiento de toda enfermedad, hasta de la enfermedad física. Dicho en otros términos, el cuadrante supe­rior-izquierdo constituye un ingrediente clave de cualquier abor­daje médico realmente global. En este sentido, se ha demostrado fehacientemente que la visualización, y el uso consciente de las afirmaciones y de la imaginería desempeñan un papel importan­te en la etiología de la mayor parte de las enfermedades, y tam­bién está más allá de toda duda que el tratamiento depende de los estados emocionales y de la actitud mental."

Pero, por más importantes que sean estos factores subjetivos, la conciencia individual no existe en el vacío, sino que está indisolu­blemente unida a valores culturales, creencias y visiones compar­tidas del mundo. El modo en que una cultura (cuadrante inferior­izquierdo) considere una determinada enfermedad -de un modo respetuoso y compasivo o, por el contrario, con desprecio o ironía­tiene un profundo impacto en el modo en que los individuos la abordan (cuadrante superior-izquierdo), lo cual puede llegar a in­fluir directamente en el curso de la misma enfermedad física (cua­drante inferior-derecho). De hecho, existen muchas enfermedades que no pueden siquiera definirse sin hacer referencia al trasfondo cultural compartido (del mismo modo que lo que se considera "ci­zaña" depende de lo que se espera cultivar). Recordemos que el cuadrante inferior-izquierdo incluye todo el extraordinario abanico de factores intersubjetivos que tan cruciales resultan para cualquier interacción humana, como el intercambio de comunicación entre doctor y paciente, las actitudes de la familia y los amigos y del modo en que se relacionan con el paciente; la aceptación (o recha­zo) cultural de la enfermedad (como ocurre, por ejemplo, en el caso del sida) y hasta los mismos valores culturales que se ven amenazados por esa enfermedad. En cierta medida, todos esos fac­tores inciden tanto en la génesis como en la curación de la enfer­medad física (por el simple hecho de que cada holón presenta cua­tro vertientes o cuadrantes diferentes).

En la práctica, obviamente, este punto debe centrarse sólo en aquellos factores que puedan abordarse de un modo eficaz como, por ejemplo, la comunicación (entre el paciente y el médico, la familia, los amigos, los grupos de apoyo) y una comprensión ge­neral de los juicios culturales al respecto y de sus efectos sobre la enfermedad. Digamos, a modo de ejemplo, que la investigación ha demostrado de forma consistente que los pacientes de cáncer que se hallan integrados en un grupo de apoyo tienen una mayor esperanza de vida que aquellos otros que carecen de él. Así pues, los factores más relevantes del cuadrante inferior-izquierdo tam­bién resultan esenciales para cualquier abordaje médico realmen­te global.

El cuadrante inferior-derecho tiene que ver con todos aquellos aspectos materiales, económicos y sociales que, si bien no forman parte directa de la entidad mórbida desempeñan, no obstante -como ocurre con cualquier otro cuadrante-, un papel esencial tanto en su génesis como en su curación. En este sentido, por ejemplo, un sistema social incapaz de distribuir alimentos a sus ciudadanos acabará matándoles (como lamentablemente ocurre a diario en los países asediados por el hambre), y lo mismo sucede­rá si vive en un país desarrollado cuya seguridad social no cubre cierta enfermedad letal de la que usted se halla aquejado, aunque habitualmente no lo consideremos así y concluyamos que "el vi­rus acabó con él". Así pues, aunque una persona se halle aquejada de una enfermedad vírica, no debemos olvidar que los cuatro cua­drantes desempeñan un papel importante en su etiología. Recuer­do que, cuando la burocracia del FDA retiró el apoyo a la investi­gación farmacológica sobre el sida, un hombre aquejado de la enfermedad se puso de pie ante el Congreso y dijo: «No permitan que mi epitafio rece: "Murió de papeleo"», una afirmación muy cierta porque todas las entidades del mundo real presentan cuatro cuadrantes y, en consecuencia, aunque el problema focal se centre en un virus ubicado en el cuadrante superior-derecho, en ausencia de un adecuado sistema social (cuadrante inferior-derecho), uno puede terminar muriendo. Y no se trata de dos problemas diferen­tes, sino del mismo problema, porque todos los holones presentan cuatro cuadrantes. Así, el cuadrante inferior-derecho incluye fac­tores tales como la economía, la cobertura sanitaria, los sistemas de distribución social, e incluso cosas tan sencillas como la es­tructura misma de las habitaciones de los hospitales (en el modo en que favorezcan o dificulten la libertad de movimientos, el ac­ceso de los visitantes, etc.), por no mencionar cuestiones tan evi­dentes como la polución medioambiental.

El aspecto omnicuadrante, pues, se refiere tanto a la causa como a la curación (o gestión) de la enfermedad, mientras que la faceta omninivel, por su parte, se refiere a la existencia de nive­les físicos, emocionales, mentales y espirituales en cada uno de esos cuadrantes (véase figuras 4.5 y 4.6). Existen muchas enfer­medades que tienen causas y tratamientos fundamentalmente fí­sicos (cuando uno es atropellado por un autobús y se rompe la pierna, por ejemplo, se la ubica de nuevo en su sitio y se la enye­sa), pero la mayor parte de las enfermedades tienen causas y tra­tamientos que incluyen las dimensiones emocionales, mentales y espirituales. En Gracia y coraje he hablado de este punto y no reiteraré ahora lo dicho allí, baste sólo con apuntar que existen li­teralmente cientos de investigadores de todo el mundo que han contribuido enormemente a aumentar nuestra comprensión de la naturaleza "multiestratificada" de la enfermedad y de la curación (incluyendo las inestimables contribuciones realizadas por las grandes tradiciones de la sabiduría, desde la chamánica hasta la tibetana). El hecho, en suma, es que si tenemos en cuenta la exis­tencia de muchos niveles dentro de esos cuatro cuadrantes dis­pondremos de un modelo médico mucho más comprehensivo y, en consecuencia, mucho más eficaz.

Una visión omninivel y omnicuadrante, pues, nos permitirá elaborar un abordaje médico mucho más global y eficaz, porque cada cuadrante o dimensión -"yo", "nosotros" y "ello"- posee niveles u olas físicas, emocionales, mentales y espirituales (figu­ra 4.6), y un tratamiento auténticamente integral debería tener en cuenta todas esas realidades. Y ese tipo de tratamiento no sólo se­ría más eficaz-, sino también más económico, uno de los criterios fundamentales, a fin de cuentas, de la administración médica. De los muchos teóricos que están trabajando en esta línea conviene destacar a John Astin, que ha escrito varios artículos sobre la aplicación de la teoría holónica en la medicina complementaria y alternativa,''- Pat Odgen y Kekuni Minton,'' Gary Schwartz y Linda Russek," Wanda Jones y James Ensign (del New Century Healthcare Institute) y Barbara Dossey y Larry Dossey, que han utilizado la teoría holónica para complementar su abordaje origi­nal de lo que denominan "la gran cadena de la curación"."

Varios de nosotros hemos constituido recientemente el Integral Institute, una organización cuyas ramificaciones se extienden, por el momento, como veremos, a los campos de la medicina integral, la psicología integral, la política integral, etc. Entre los integrantes del Institute of Integral Medicine se cuentan, además de los te­óricos enumerados en el párrafo anterior, Ken Pelletier, Mike Murphy, George Leonard, Marilyn Schlitz, Joan Borysenko, Je­anne Achterberg y Jon Kabat-Zinn. Debo también decir que, si bien no todos los miembros del Integral Institute están necesaria­mente de acuerdo con los pormenores de mi versión integralista, todos ellos comparten el mismo interés profundo por un abordaje más integral, equilibrado y comprehensivo que abarque la totali­dad del espectro que va desde la materia hasta la mente y el espí­ritu en los dominios del yo, de la cultura y de la naturaleza.

Una visión integral del mundo de los negocios
Recientemente han aparecido multitud de aplicaciones del modelo holónico al campo de los negocios, lo cual tal vez tam­bién se deba a la evidencia e inmediatez de sus aplicaciones por­que, en este ámbito, los cuatro cuadrantes nos proporcionan los cuatro "entornos" o dimensiones en que debe sobrevivir un de­terminado producto, y los niveles, por su parte, se refieren tanto al tipo de valores que lo producen como a los que determinan su compra. Las investigaciones realizadas en el campo de la jerar­quía de valores, como las de Maslow y Graves (es decir, la Spiral Dynamics), por ejemplo, ya han tenido una extraordinaria in­fluencia en el mundo de los negocios, por ello los "VALS" pue­den combinarse con los cuadrantes (que muestran la apariencia de esos niveles de valores en los cuatro entornos diferentes), pro­porcionándonos así una visión más global del mercado (que abarca tanto el mercado tradicional como el cibermercado). Y aunque es evidente que esta visión también puede manipularse en propio beneficio -después de todo, los negocios son los nego­cios-, no lo es menos que también puede utilizarse para hacer lle­gar más eficazmente a los seres humanos aquellos productos y servicios que más necesiten (promoviendo, en tal caso, la salud de la espiral global).

En este sentido, debo decir que los programas deformación en gestión y liderazgo empresarial basados en un modelo inte­gral también han empezado a florecer por doquier. Daryl Paul­son, en «Management: A Multidimensional/Multilevel Perspecti­ve», señala que existen cuatro grandes teorías de la gestión empresarial: la teoría X (que se centra en la conducta individual), la teoría Y (que lo hace en la visión psicológica), la gestión cul­tural (que enfatiza la cultura de la organización) y la gestión de sistemas (que se ocupa fundamentalmente de la gestión de los sistemas sociales). Estas cuatro teorías, según el mismo Paulson, ejemplifican los cuatro cuadrantes que debería incluir cualquier modelo realmente integral. Luego Paulson se ocupa de la parte "omninivel" y sugiere la existencia de cuatro estadios muy sim­ples pero también muy útiles por los que atraviesan los cuadran­tes, con sugerencias concretas para implementar una gestión real­mente omninivel y omnicuadrante.1ó



Otros pioneros de este campo son Geoffrey Giaja y JMJ As­sociates, cuyo seminario Integral Leadership (que utiliza tres ni­veles en los cuatro cuadrantes) ha sido presentado a decenas de empresas de Fortune («El enfoque transformativo ha sido, hasta muy recientemente, el líder indiscutible del cambio en el mundo empresarial, tanto en el campo de lo subjetivo como en el de lo objetivo. Pero hoy en día, sin embargo, estamos asistiendo a la emergencia de un abordaje integral que está eclipsándolo progre­sivamente»); John Forman, de R.W. Beck Associates, que recu­rre a un abordaje omninivel y omnicuadrante para. complementar y corregir las reducciones y distorsiones generadas por las teorí­as sistémicas y la teoría de la complejidad; On Purpose Associa­tes (John Cleveland, Joann Neuroth, Pete Plastrik y Deb Plas­trik); Bob Anderson, Jim Stuart y Eric Klein (coautores de Awakening Corporate Soul), cuyo Leadership Circle representa un enfoque omninivel y omnicuadrante del campo de la transfor­mación y el liderazgo integral («El asunto es que la evolución de todas las corrientes del desarrollo de todos los cuadrantes se ha­llan íntimamente relacionadas. La inteligencia espiritual constituye una especie de alfabetización en la práctica de la transfor­mación. La inteligencia espiritual está convirtiéndose rápida­mente en uno de los imperativos del liderazgo»); Leo Burke, di­rector y decano del College of Leadership and Transcultural Studies de la Motorola University, que se ocupa de la formación de cerca de veinte mil ejecutivos de todo el mundo; Ian Mitroff (A Spiritual Audit of Corporate America); Ron Cacioppe y Si­mon Albrecht («Developing Leadership and Management Skills Using the Holonic Model and 360 Degree Feedback Process»); Don Beck, de Spiral Dynamics, cuyo modelo ya ha sido imple­mentado en situaciones que incluyen a cientos de miles de perso­nas, y Jim Loehr y Tony Schwartz, que están trabajando en un en­foque omninivel y omnicuadrante ligado a tecnologías de cambio muy concretas que giran en torno al manejo óptimo de la energía, tanto física, como emocional y mental. En la actualidad, Tony se ocupa de la columna mensual Life/Work de Fast Company, y quien esté interesado puede contactar con él a través de Internet en esa dirección. Otros miembros, además de los mencionados, del Institute of Integral Business son Deepak Chopra, Joe Firma­ge (Project Voyager), Bob Richards (Clarus), Sam Bercholz (Shambhala), Fred Kofman, Bill Torbert y Warren Bennis.

La educación integral
Hay mucha gente que considera que, como soy un pensador "integral" u "holístico", debo apoyar todos los abordajes que se autodenominan "holísticos", ya sean convencionales o alternati­vos, pero ése no es, en modo alguno, el caso porque existen mul­titud de abordajes que se autocalifican de "holísticos" que, en mi opinión, son sumamente chatos (es decir, que están basados en la teoría sistémica convencional y sólo tienen en cuenta el cuadran­te inferior-derecho) o que se hallan exclusivamente centrados en el meme verde (un abordaje plural que trata noblemente de no marginar otras visiones, pero que de hecho desdeña, demasiado a menudo, el desarrollo jerárquico, con lo cual acaba entorpecien­do el desarrollo y la evolución). Debo decir, en este sentido, que la mayor parte de los abordajes supuestamente holísticos sosla­yan la directriz primordial, el imperativo ético central según el cual no hay que centrarse en ningún nivel concreto sino apuntar a la salud de la espiral global. Por ello cualquier educación au­ténticamente integral no debería centrarse exclusivamente en im­poner el meme verde a todos los alumnos, sino en comprender que el desarrollo se despliega a través de una serie de olas con­cretas de inclusividad cada vez mayor (o, por usar la versión de Gebser, que la conciencia atraviesa una serie de olas que van des­de la arcaica, hasta la mágica, la mítica, la racional y la integral), y que, por tanto, una educación realmente integral no debería su­brayar tan sólo la última ola, sino el adecuado desarrollo de todas ellas.

Son muchos los teóricos integrales que han tratado de aplicar un enfoque verdaderamente omninivel y omnicuadrante al cam­po de la educación y existen ya muchos casos en los que las es­tructura organizativa (administrativa y docente) de las escuelas y el currículum ofrecido a los alumnos se ha organizado en torno a un formato omninivel y omnicuadrante. Y no me estoy refiriendo tan sólo a las escuelas convencionales, sino también a las de edu­cación especial. Espero tener pronto más cosas que decir en tor­no a este punto, que constituye uno de los objetivos fundamenta­les del Institute of Integral Education.



Los estudios sobre la conciencia
El enfoque predominante de los estudios sobre la conciencia en nuestro país sigue siendo estrictamente científico (es decir, la ciencia cognitiva exclusivamente centrada en el cuadrante supe­rior-derecho). Como ya he señalado en Una visión integral de la psicología, cualquier abordaje global de la conciencia debería im­plicar los cuatro cuadrantes o simplemente el Gran Tres del "yo", el "nosotros" y el "ello" (los relatos fenomenológicos de la con­ciencia realizados en primera-persona, las estructuras intersubje­tivas consideradas desde la perspectiva de la segunda-persona y la investigación acerca de los mecanismos y sistemas científicos re­alizada en tercera-persona). Como evidencian libros como The View fironi Within, editado por Francisco Varela y Jonathan Shear, y muchos de los artículos incluidos regularmente en el Journal of Consciousness Studies, se trata de un abordaje "1-2-3" de la con­ciencia que ya ha sido emprendido. El siguiente estadio que debe­rá acometer un enfoque más comprehensivo -un paso que esbozo en Una visión integral de la psicología- no podrá ser sólo omni­cuadrante, sino que también deberá ser omninivel.

Ya son varios los teóricos interesados en una visión más glo­bal y equilibrada de la psicología y los estudios sobre la concien­cia que se han integrado en el Institute of Integral Psychology. De todos ellos cabe destacar a Roger Walsh, Frances Vaughan, Ro­bert Kegan, Susanne Cook-Greuter, Jenny Wade, Kaisa Puhakka, Don Beck, Robert Forman, Richard Mann, Brian van der Horst, Allan Combs, Raz Ingrasci, Anthony Arcari, T. George Harris, Francisco Varela, Connie Hilliard y Michael Murphy.



Una espiritualidad relacional y socialmente comprometida
Cualquier abordaje omninivel y omnicuadrante de la espiri­tualidad debe subrayar la necesidad de ejercitar simultáneamente las olas físicas, emocionales, mentales y espirituales del ser en los ámbitos del yo, la cultura y la naturaleza (es decir, en los do­minios del "yo", del "nosotros" y del "ello"). Existen muchas po­sibles variaciones sobre este tema, que van desde la práctica transformadora integral hasta la espiritualidad socialmente com­prometida, y el mundo de las relaciones en tanto que camino es­piritual, ámbitos en los que el número de grupos y organizacio­nes que están abriéndose paso es demasiado grande como para poder mencionarlos a todos. Convendría señalar, en cualquier caso, en este sentido, la obra de Thich Nhat Hanh, Diana Wins­ton, Donald Rothberg, la revista Tikkun y Robert Forman y el Forge Institute (del que soy miembro); todos ellos están tratando de aportar nuevas ideas a este noble quehacer.

La ecología integral
Tanto si están de acuerdo como si no, los críticos parecen coincidir en que la visión de la ecología presentada en Sexo, eco­logía, espiritualidad es única en el sentido de que combina la unidad ecológica, la teoría sistémica y la espiritualidad no-dual sin privilegiar, no obstante, la biosfera y sin usar la noción de red-de-la-vida, un concepto, en mi opinión, chato y reduccionis­ta. El hecho es que cualquier abordaje realmente omninivel y omnicuadrante de la ecología debería permitimos ubicar la bios­fera, la noosfera y la teosfera en el lugar que ocupan en el Kos­mos y, de este modo, subrayar la importancia de la biosfera sin caer en la necesidad de reducirlo todo a ella.

La figura 4.6 evidencia la clave de las relaciones existentes en­tre los ámbitos mencionados en el párrafo anterior y también ex­plica el motivo por el cual suelen ser tan mal comprendidas. Ad­viértase que la figura incluye el cuerpo (la biosfera), la mente (la noosfera) y el alma/espíritu (la teosfera), y que cada ola mayor trasciende, a la vez que incluye, a sus predecesoras, a modo de ni­dos envolventes. En ese sentido, es correcto decir que la mente trasciende e incluye al cuerpo o que la noosfera trasciende e in­cluye a la biosfera. Qué duda cabe de que la biosfera es un com­ponente fundamental de la noosfera, pero no viceversa, como erróneamente concluyen la mayor parte de los ecólogos. Con ello quiero decir que uno puede destruir la noosfera -o la mente hu­mana- y la biosfera, no obstante, seguirá sobreviviendo, pero que la destrucción de la biosfera acarrea necesariamente la destruc­ción de todas las mentes humanas. Y ello es así porque la biosfera forma parte de la noosfera, pero no viceversa. A fin de cuentas, el átomo forma parte de una molécula, de modo que si usted des­truye la molécula el átomo todavía puede seguir existiendo, pero la destrucción del átomo necesariamente conlleva la destrucción de la molécula. Y lo mismo podríamos decir con respecto a la biosfera y la noosfera, destruya ésta y aquélla todavía podrá exis­tir, pero no viceversa, lo cual evidencia que, en los dominios inte­riores, la biosfera forma parte de la noosfera, pero no viceversa (como evidencian claramente las figuras 4.3 y 4.6). No es cierto, pues, que la mente humana (la noosfera) forme parte de la natura­leza (o biosfera), sino más bien todo lo contrario.



Pero hay que señalar que cada evento interior tiene su corre­lato en el mundo sensorial exterior al que solemos llamar "natu­raleza". Así pues, la mayor parte de los ecoteóricos observa el mundo externo, empírico, sensorial y concluye que "todo forma parte de naturaleza", porque (como evidencian las figuras 4.4 y 4.6) todo posee un correlato en el mundo de la Mano Derecha. Así es como llegan a la conclusión de que la "naturaleza" (o la "biosfera") es la realidad última, se preguntan si actuamos de acuerdo con la "naturaleza" y acaban reduciéndolo todo a alguna versión de la ecología, de la biosfera o de la gran-red-de-la-vida. Pero debo decir que ésa es sólo la mitad de la historia, la mitad derecha, por cierto. En las dimensiones interiores de la Mano Iz­quierda, vemos que la naturaleza -las dimensiones sensoriales, sentidas o empíricas- sólo constituye una pequeña parte de una historia mucho mayor, una pequeña porción del Gran Pastel, un pastel que incluye la biosfera, la noosfera y la teosfera. Y aunque todas esas olas interiores tengan sus correlatos externos en el mundo de la naturaleza, no pueden reducirse a ellos, no pueden reducirse a la naturaleza. Hacer eso es simplemente incurrir en una versión del mundo chato, el mundo monocromo de la reali­dad propia de la Mano Derecha, la red empírica y sensorial de la vida. Ese es el peor de los reduccionismos ecológicos -reducir la totalidad del Kosmos al cuadrante inferior-derecho-, un reduc­cionismo en el que caen la mayor parte de las ecofilosofías.

Una visión ecológica realmente omninivel y omnicuadrante -que presentamos de manera resumida en la figura 4.6- nos per­mitiría honrar la fisiosfera, la biosfera, la noosfera y la teosfera, sin tratar de reducir una a las otras, sino reconociendo y respe­tando el papel crucial que desempeña cada una de ellas en este extraordinario Kosmos.'8



Llegar a las minorías
Los modelos realmente integrales no deberían aspirar a tomar un solo nivel o dimensión del desarrollo (como el pluralista, el transpersonal o incluso el integral) e imponerlo a la fuerza, sino atenerse a la directriz primordial de preocuparse por la salud de toda la espiral del desarrollo y, en consecuencia, acercarse a las minorías de un modo distinto al propio de los enfoques típicos li­berales, conservadores y contraculturales/holísticos. Porque no se trata tanto de imponer el pluralismo liberal, los valores con­servadores, el multiculturalismo verde o las ideas holísticas, como de cuidar las condiciones -tanto internas como externas­que promueven el desarrollo armónico de los individuos y de las culturas a través de toda la espiral.` Y lo mismo podríamos decir con respecto a un enfoque más integral a los países en vías de de­sarrollo. Ilustremos todo esto con el ejemplo que nos proporcio­na el caso de la UNICEF.

Omnicuadrante, omninivel y omnilínea: una visión global de la UNICEF
El «Process of Integral Development» y el «Integrative Ap­proach: All-Quadrants, All-Levels, All-Lines» son dos estudios realizados por iSchaik Development Associates, asesores de la UNICEF. En esos artículos, esbozan los cuatro cuadrantes y los ejemplifican; luego resumen los principales niveles u olas de



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