Ken Wilber



Descargar 0.65 Mb.
Página4/12
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño0.65 Mb.
Vistas392
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   12

Figura 4.1. El Gran Nido del Ser. Adaptado, con permiso de Huston Smith, de
Verdad olvidada. La visión común de las grandes religiones del mundo (Edito­
rial Kairós, Barcelona, 2001, en preparación).

Omnicuadrante y omninivel
Comenzaremos esta sección recurriendo a varios diagramas que pueden ayudarnos a ilustrar este enfoque integral que aspira a incluir la ciencia moderna y la religión tradicional en una posi­ble TOE.

La figura 4.1 representa la Gran Cadena tradicional del Ser,



Figura 4.2. El Gran Nido en las diversas tradiciones
(cortesía de Brad Reynolds).

que va desde el cuerpo hasta la mente, el alma y el espíritu, una figura esencialmente similar a la 3.3 y la 3.4. Y puesto que cada nivel superior trasciende, al tiempo que incluye, a sus predeceso­res, también podemos hablar de él, como sugiere la figura, como un Gran Nido del Ser. De hecho, la Gran Cadena del Ser es una Gran Holoarquía del Ser. Esta figura del Gran Nido procede del li­bro Verdad olvidada. La visión común de las grandes religiones del mundo, de Huston Smith (una de las principales autoridades vivas en el campo de las religiones), que resume las similitudes esenciales que comparten las grandes tradiciones de sabiduría del mundo. La figura 4.1 ilustra simplemente el hecho de que cada uno de los grandes sistemas religiosos reconoce alguna versión del amplio espectro que va desde el cuerpo hasta la mente, el alma y el espíritu. Se trata de un resumen muy simple de la visión reli­giosa tradicional que se encuentra en el inundo. La figura 4.2, también esbozada por Smith, da varios ejemplos al respecto.

Aunque las figuras 4.1 y 4.2 sólo hablen de cuatro niveles, la mayor parte de las tradiciones nos ofrecen mapas mucho más ri­cos y detallados. Las hay que hacen referencia a cinco niveles, otras a siete (como ocurre en el caso de los siete chakras [véase el capítulo 6]) y otras a decenas. En la figura 3.2 presento un mapa de once niveles (los ocho de la Spiral Dynamics comple­mentados con tres niveles superiores). En cualquier caso, el nú­mero exacto es menos importante que el hecho de comprender que la realidad está compuesta de varios niveles u olas del ser y del conocimiento.

En la figura 4.3, he reproducido un esquema simple del Gran Nido subrayando que se trata de una Gran Holoarquía. Adviérta­se que, según la visión tradicional, la ciencia (como, por ejem­plo, la física, la biología y la psicología) ocupa los niveles infe­riores, mientras que la religión (la teología y el misticismo) se ocupa de los niveles superiores. (Éste es también el fundamento de la categoría 3, que como ya hemos visto probablemente sea la postura más influyente de todas aquellas que, de un modo u otro, admiten la espiritualidad.) Pero es precisamente esta visión la que proporciona a la Gran Cadena tradicional su ontología "ul­tramundana", ya que los pisos superiores se hallan literalmente "fuera de este mundo" y tienen muy pocos puntos de contacto -si es que tienen alguno- con el reino material. (Dicho más concre­tamente, la clase de eventos que hemos etiquetado como D y E



Figura 4.3. La Gran Holoarquía. El Espíritu es, al mismo tiempo, el nivel su­
perior (causal) y el fundamento no-dual de todos los niveles.

casi no tienen correlación directa alguna con A y B, de ahí que se les considere "ultramundanos".)

El advenimiento de la ciencia moderna supuso un golpe letal para esa concepción tradicional. La investigación moderna, por ejemplo, demostró claramente que la conciencia (es decir, la men­te), lejos de ser un noúmeno meramente trascendental, se hallaba, en realidad, anclada de modos muy diversos en el cerebro orgáni­co y material, con lo cual muchos científicos modernos acabaron reduciendo la conciencia a la mera interrelación de sistemas neu­ronales. Pero no es preciso atenernos al materialismo científico más estricto para comprender que la conciencia está lejos de ser la esencia desencarnada que suponía la mayor parte de las tradiciones religiosas. En última instancia, la conciencia está íntimamente li­gada al cerebro biomaterial y al organismo empírico, de modo que, sea cual fuere su relación, la ciencia y la religión distan mucho de ser meros "dominios no solapados".

La emergencia de la ciencia moderna (especialmente durante el siglo xviii) formaba parte de un conjunto de eventos que han ter­minado englobándose bajo el calificativo de "modernidad" aun­que, en mi opinión, se ajustan más a la noción de Max Weber de "diferenciación entre las esferas de valor cultural" (fundamental­mente, el arte, la moral y la ciencia). Hablando, pues, en términos muy generales, habría que decir que la mayor parte de las culturas premodernas fracasaron en diferenciar claramente esas esferas, pero que la modernidad consiguió distinguir el arte, la moral y la ciencia, permitiendo así que cada uno de ellos siguiera sus propias verdades a su propio ritmo, libres de cualquier usurpación o intru­sión por parte de las demás. (En la Europa premoderna, por ejem­plo, Galileo no podía mirar a través de su telescopio e informar li­bremente de lo que estaba viendo porque la ciencia y el dogma de la Iglesia todavía no se habían separado. Fue la diferenciación lle­vada a cabo por la modernidad la que las dejó libres para seguir su propio camino.) Y esta diferenciación fue la responsable del es­pectacular avance del conocimiento científico, de la multitud de nuevos abordajes artísticos y de una visión más racional y natural de la moral, es decir, de las muchas cosas que hoy en día engloba­mos bajo el calificativo de "modernas".

Las esferas del "Gran Tres" (el arte, la moral y la ciencia) se re­fieren básicamente a los reinos de "yo", del "nosotros" y del "ello'. El arte tiene que ver con el reino estético/expresivo, el rei­no subjetivo descrito en el lenguaje en primera persona del "yo". La moral se refiere al reino ético/normativo, el reino intersubjetivo descrito en el lenguaje en segunda persona del "nosotros". La cien­cia, por último, se ocupa del reino exterior/empírico, el reino obje­tivo descrito en el lenguaje en tercera persona del "ello" (un reino que puede subdividirse en dos: el "ello" individual y el "ellos" co­lectivo). De este modo, disponemos de cuatro grandes dominios:
"yo", "nosotros", "ello" y "ellos". En la figura 4.4 damos varios ejemplos de cada uno (cuya terminología -que, por cierto, el lector no tiene que aprenderse de memoria- se explicará con más deteni­miento en una nota final),10 y en las páginas siguientes veremos también con más detalle este árido esquema.

Adviértase que los dos cuadrantes superiores de la figura 4.4, son singulares o individuales y que los dos cuadrantes inferiores son plu­rales o colectivos. Por su parte, los dos cuadrantes de la Mano Iz­quierda son "interiores" o "subjetivos", mientras que los dos cua­drantes de la Mano Derecha son "exteriores" u "objetivos".

La idea global es muy sencilla. El complejo neocórtex del ser humano (10 de la figura 4.4), por ejemplo, puede ser descrito en términos exteriores, objetivos y científicos (en tanto que una serie de cisuras materiales en el estrato más superficial del cerebro, compuesto de varios tejidos neuronales, neurotransmisores y sen­deros neurales) propios del cuadrante superior-derecho. Pero en el momento en que los seres humanos comenzaron a desarrollar un neocórtex complejo y a alejarse de los grandes primates, pasaron del meme interior beige al meme interior púrpura (magia), es de­cir, no sólo tuvo lugar un cambio objetivo en la estructura cere­bral, sino también una transformación subjetiva de beige a púrpu­ra que supuso el cambio de una visión arcaica del mundo a una
Figura 4.4. Los cuatro cuadrantes.

Figura 4.5. El Gran Nido del Ser y los cuatro cuadrantes.

visión mágica. En la figura también se muestran estos cambios in­teriores en lo individual (cuadrante superior-izquierdo) y en lo co­lectivo (cuadrante inferior-izquierdo). Finalmente, la descripción exterior (material o social) del colectivo de los primeros humanos refleja el paso de las hordas de supervivencia a las tribus étnicas (como evidencian las figuras 3.1 y 4.4).

Y es la investigación científica la que clarifica todos estos de­talles (la estructura del neocórtex, los datos científicos acerca de los distintos sistemas sociales, los memes interculturales del de­sarrollo de la conciencia, etc.).

La figura 4.1 constituye un resumen de la visión del mundo tradicional, premoderna o "religiosa", mientras que la figura 4.4 nos brinda un resumen de la visión moderna, diferenciada o "cien­tífica" del mundo. Por el momento, vamos a "integrarlas" super­


poniéndolas, aunque, obviamente, las cosas no son tan simples y en varios libros he dado explicaciones detalladas acerca de lo que realmente supone tal integración." Pero puesto que ésta no es más que una breve introducción, superpongamos simplemente la con­cepción moderna sobre la premoderna, como evidencia la figura 4.5 y echemos también un vistazo a la figura 4.6, que nos presen­ta una versión de la figura 4.5 que evidencia la relación existente entre los estados interiores (los sentimientos corporales, las ideas mentales y las experiencias espirituales) y los dominios materia­les exteriores (investigados por la ciencia objetiva).

Si la concepción mostrada en las figuras 4.5 y 4.6 es válida, habremos dado un gran paso hacia la integración entre la visión religiosa premoderna y la moderna visión científica, habremos integrado el Gran Nido de Ser con las diferenciaciones de la mo­dernidad, uno de los logros inmediatos de lo que supondría una integración sin fisuras entre los reinos y visiones del mundo ca­racterísticas de la religión y de la ciencia, sin violar, en modo al­guno, sus propios criterios.

Este enfoque integral también satisfaría el único criterio que anteriormente hemos dicho que todavía no ha sido demostrado, es decir, el que afirma que la ciencia (o las realidades exteriores) y la religión (o las realidades interiores) podrían desarrollarse, no una después de la otra (como ilustra la figura 4.3), sino una junto a la otra (en tanto que vertientes de la Mano Izquierda y de la Mano Derecha del abordaje "omninivel y omnicuadrante" ejemplifica­do por las figuras 4.5 y 4.6). Desde esta perspectiva, la Figura 4.6 puede explicar fácilmente el ejemplo mencionado de la meditado­ra conectada a un electroencefalógrafo que experimentaría reali­dades subjetivas y espirituales muy internas (cuadrante superior­izquierdo) que también poseen verdaderos correlatos externos, objetivos y empíricos (cuadrante superior-derecho) debidamente registrados por el EEG. De este modo, la ciencia y la religión nos brindarían algunos de los correlatos -interiores y exteriores- de las realidades espirituales, uno de los ingredientes fundamentales para su integración en una visión mayor y más abarcadora.

Figura 4.6. Correlaciones existentes entre los estados interiores (conciencia)
y los estados exteriores (rnateriales).


La buena ciencia
«Espere un momento -tal vez diga el científico empírico-. Estoy completamente de acuerdo con usted hasta el momento en que concede realidad a los reinos espirituales. No me cabe la me­nor duda de que los meditadores están experimentando algo, pero tal vez no se trate más que de un estado emocional subjeti­vo. ¿Quién dice que estén experimentando el mismo tipo de rea­lidades reales a las que se refiere la ciencia?»

Aquí es donde Ciencia y religión asume un giro novedoso. Di­gamos, para empezar que, hasta ahora, he dejado sin definir los tér­minos "ciencia" y "religión" (o "espiritualidad") '- y los he utilizado de un modo un tanto vago en la acepción amplia en la que suelen utilizarse. Pero en varios libros, he analizado cuidadosamente las muchas posibles acepciones diferentes que se han dado a los térmi­nos "ciencia" y "religión" (Un Dios sociable, por ejemplo, esboza nueve significados habituales muy distintos del término "religión"). Y debo decir que gran parte del debate existente entre la "ciencia y la religión" se complica por el uso de una extraña amalgama de acepciones inadecuadamente clarificadas.

En el campo de la espiritualidad, por ejemplo, debemos dis­tinguir entre la espiritualidad horizontal o traslativa (que aspira a proporcionar significado y sosiego al yo separado y fortalecer al ego) y la espiritualidad vertical o transformadora (que busca trascender el yo separado en un estado de conciencia de unidad no-dual que se encuentra más allá del ego), dos abordajes a los que, a partir de ahora, llamaremos "religión estrecha" y "religión amplia" (o "religión superficial" y "religión profunda", según la metáfora que prefiramos).''

También debemos distinguir entre una acepción estricta y una acepción amplia de la ciencia. La ciencia estricta se ocupa, fun­damentalmente, del mundo exterior, físico y sensoriomotor, lo que habitualmente tenemos en mente cuando pensamos en las "ciencias duras" como la física, la química y la biología, por ejemplo. Pero ¿acaso significa eso que la ciencia no puede decir­nos absolutamente nada acerca de los dominios interiores?, ¿aca­so no puede existir una ciencia más amplia que no se contente con comprender las piedras y los árboles, sino que también aspi­re comprender las mentes y los seres humanos?

Todos conocemos este tipo de ciencias amplias, ciencias que no están exclusivamente atadas al mundo exterior, físico y sen­soriomotor, sino que también se interesan por los estados interio­res y por las metodologías de la investigación cualitativa. Me re­fiero, claro está, a las llamadas ciencias "ciencias humanas", a lo que los alemanes denominan "ciencias geist" (de geist que, en alemán, significa mente o espíritu). Así pues, la psicología, la so­ciología, la antropología, la lingüística, la semiótica y las cien­cias cognitivas son "ciencias amplias" que se ocupan del estudio de la conciencia humana utilizando un enfoque generalmente "científico". Debemos ser sumamente cuidadosos para que estos enfoques no se limiten simplemente a emular la simplicidad po­sitivista de las ciencias estrictas. No obstante, creo que la dife­rencia existente entre la ciencia estricta y la ciencia amplia es algo que ya reconoce mucha gente. (En breve volveremos a este punto, pero si echamos un vistazo a la figura 4.6 no tardaremos en advertir que las ciencias estrictas se ocupan del estudio de los cuadrantes de la Mano Derecha o materiales, mientras que las ciencias amplias, por su parte, dedican al estudio de algunos as­pectos de los cuadrantes de la Mano Izquierda.)

El matrimonio entre el alma y los sentidos procede luego a discutir lo que específicamente se considera religión amplia y ciencia amplia. Comencemos con esta última.

Como ya hemos visto, no podemos definir la ciencia -ya sea amplia o estrecha- diciendo que basa todo su conocimiento en el mundo sensoriomotor, porque hasta la más estricta de las cien­cias (la física) recurre al uso de herramientas que no son empíri­cas ni sensoriomotoras, como la lógica y las matemáticas, por ejemplo, sino que se refieren a realidades interiores (nadie ha visto nunca en el mundo empírico la raíz cuadrada de un número negativo).



No, la "ciencia" tiene más que ver con una cierta actitud de experimentación, honestidad e investigación en equipo, que, en la medida en que puede, asienta su conocimiento en la evidencia (ya sea en la evidencia externa, como ocurre con las ciencias es­trechas, o en la evidencia interior, como sucede con las ciencias amplias). Hablando en términos generales, éstas son, en mi opi­nión, las tres vertientes que caracterizan la investigación científi­ca, ya sea en un sentido estricto o en uno amplio:
1. Una prescripción práctica o modelo. Si usted quiere saber si está lloviendo o no, deberá abrir la ventana y ver lo que ocurre. Porque la cuestión es que los "hechos" no están aguardando en tomo nuestro dispuestos, por así de­cirlo, a que todo el mundo pueda verlos. Si usted quiere saber esto, deberá hacer aquello otro, deberá llevar a cabo algún tipo de experimento, seguir alguna instrucción o em­prender algún tipo de práctica, una práctica social. Ésta es, en última instancia, una de las facetas distintivas de las principales formas de buena ciencia y también, en el fon­do, el significado de la noción kuhniana de "paradigma", que no se refiere tanto a una superteoría como a un mode­lo o práctica real.
2. Una aprehensión, iluminación o experiencia. Una vez que ha realizado el experimento, una vez que se ha llevado a cabo la instrucción -una vez que se ha comprometido pragmáticamente con el mundo-, se hallará en condiciones de acceder directamente a las experiencias o aprehensiones proporcionadas por la instrucción que técnicamente son co­nocidas con el nombre de datos. Como señaló William Ja­mes, el significado real del término dato es, precisamente, el de experiencia inmediata." Y debo decir que, en este senti­do, uno puede tener experiencias físicas (o datos físicos), experiencias mentales (o datos mentales) y experiencias es­pirituales (o datos espirituales). Toda buena ciencia -ya seaestrecha o amplia- se halla, hasta cierto punto, anclada en datos o evidencias experienciales.
3. Verificación o refutación colectiva. Una vez hemos llevado a cabo el paradigma (o la práctica social) y hemos generado una serie de experiencias y evidencias (o datos), resulta de mucha utilidad cotejar esas experiencias con otros que también hayan llevado a cabo la instrucción y hayan registrado las evidencias. Y el mejor modo de veri­ficar los datos recopilados -uno de los rasgos distintivos de toda buena ciencia- reside en el cotejo con la comuni­dad de pares -de personas que hayan completado adecua­damente las primeras dos vertientes (prescripción y da­tos)- que pueda confirmar o refutar la bondad de los datos. Ahí es donde resulta de mucha utilidad el principio de fal­sabilidad que, como creía sir Karl Popper, representa un ingrediente importante de la buena ciencia. Porque la idea, resumida en dos palabras, es que la comunidad de pares adecuadamente entrenados puede ayudar a rechazar los malos datos. Si no hay ningún modo deponer en cuestión el propio sistema de creencias, tampoco hay forma alguna de despojarse de él, aunque sea manifiestamente incorrec­to y, en consecuencia, tales creencias, sean cuales fueren, no serán científicas sino lo que habitualmente se denomi­na "dogma" (es decir, una verdad exclusivamente basada en el criterio de autoridad). Obviamente, hay muchas rea­lidades que no pueden someterse al criterio de falsabilidad (ya que, como bien sabía Descartes, uno no puede, por ejemplo, rechazar ni dudar de su propia conciencia). Pero este tercer criterio simplemente afirma que la buena cien­cia aspira de continuo a confirmar (o refutar) su conoci­miento y el criterio de falsabilidad se usa con mucha fre­cuencia como una parte de esta tercera vertiente que debe presentar toda buena ciencia.

La religión profunda
Éstos son los tres criterios generales característicos de la bue­na ciencia, tanto en su acepción estricta como amplia o, dicho de otro modo, éstas son las tres vertientes a las que se atiene la bue­na ciencia, en cualquiera de los dominios (ya sea físico, mental o espiritual) para recopilar sus datos y corroborar su validez. Casi todas las modalidades de la ciencia esbozan hipótesis para expli­car los datos y posteriormente se ven verificadas por una aplica­ción posterior de las tres vertientes de la buena ciencia (más ex­perimentos, más datos y comprobación posterior para confirmar o refutar la hipótesis). Resumiendo, tanto la ciencia estrecha (cu­yos datos proceden fundamentalmente de los reinos exteriores o de los cuadrantes de la Mano Derecha) como la ciencia amplia (cuyos datos proceden fundamentalmente de los reinos interiores o de los cuadrantes de la Mano Izquierda) tratan de ser una bue­na ciencia (una ciencia que tiene en cuenta las tres vertientes de acumulación, evidencia y verificación).

Permítasenos ahora echar un breve vistazo a la religión. Ya he­mos dicho que, al igual que ocurre con el caso de la ciencia, exis­te una religión estrecha (que sólo busca consolidar el yo separado) y una religión amplia o profunda (que aspira a trascenderlo). Pero ¿qué es exactamente una religión o una espiritualidad profunda y cómo puede ser verificada? Porque el hecho es que, después de todo, la espiritualidad profunda no se refiere a estados emociona­les subjetivos, sino que despliega auténticas verdades sobre el Kosmos. Y aquí es donde Ciencia y religión formula su afirma­ción más radical: La espiritualidad profunda es la ciencia amplia de los niveles más elevados del desarrollo del ser humano.



La revelación integral
Como luego veremos, aunque ésta no sea la historia completa de la espiritualidad profunda, constituye una parte esencial que todavía no ha recibido la atención suficiente. Si echamos un vis­tazo a la figura 4.3 -que representa la Gran Cadena tradicional del Ser-, advertiremos la existencia de un despliegue que va des­de la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu. Des­de una perspectiva tradicional -en Plotino, por ejemplo-, éstos eran tanto los niveles ontológicos del ser como los niveles cro­nológicos del desarrollo individual (aunque debemos señalar de nuevo que no se.trata tanto de un desarrollo rígido y lineal como de un proceso que sedespliega a modo de olas fluidas). Si echa­mos un vistazo a la figura 4.4, advertiremos que los niveles indi­viduales del desarrollo se detienen en la visión-lógica y el cen­tauro (amarillo/turquesa). El motivo por el cual la figura 4.4 no incluye las olas transpersonales y supramentales más elevadas del desarrollo de la conciencia (como el alma y el espíritu) es porque esta figura representa simplemente la evolución prome­dio hasta el momento presente y, en consecuencia, no incluye las olas más elevadas del desarrollo supraconsciente (aunque los in­dividuos pueden desarrollarse hasta ellas). Pero la afirmación de las grandes tradiciones de sabiduría es que existen olas o estadios del desarrollo de la conciencia más elevados, de modo que no sólo disponemos de la materia, el cuerpo y la mente, sino tam­bién del alma y el espíritu, que he incluido, por otra parte, en las figura 4.5 y 4.6 (como también en el cuadrante superior-izquier­do de la figura 3.2, aunque el hecho es que todos esos niveles tie­nen correlatos en los cuatro cuadrantes).

Mi tesis es simplemente ésta: la espiritualidad profunda im­plica la investigación directa de la evidencia experiencial que se revela en los estadios más elevados de la evolución de la con­ciencia (estadios a los que he denominado psíquico, sutil, causal y no-dual y que, en las distintas figuras, se presentan de forma re­sumida como "alma" y "espíritu"). Y esa investigación espiritual profunda se atiene a las tres vertientes de toda buena ciencia (no de la ciencia estrecha, sino de la buena ciencia). En este sentido, pues, descansan en prácticas sociales concretas o instrucciones (como la meditación), apoyan sus afirmaciones en datos y evidencias experienciales y perfeccionan y verifican de continuo sus datos con la comunidad de personas adecuadamente entrena­das. Y es precisamente por ello que pueden denominarse -y se autodenominan- ciencias contemplativas.

Así pues, con respecto a la figura 4.3, la espiritualidad pro­funda es, en parte, la ciencia amplia de los fenómenos, datos y experiencias etiquetados como D y E. (En la figura 4.6, D es el alma y E el espíritu.) Pero también hay que advertir -y esto for­ma parte de la nueva formulación de este abordaje- que los datos y experiencias interiores del alma y del espíritu (en el cuadrante superior-izquierdo) poseen correlatos en las evidencias senso­riomotoras del cuadrante superior-derecho (véase figura 4.6). Dicho en otros términos, la espiritualidad profunda del cuadran­te superior-izquierdo investigada por la ciencia amplia tiene co­rrelatos en el cuadrante superior-derecho investigado por la cien­cia estrecha. Las ciencias contemplativas y fenomenológicas (las ciencias amplias de las interioridades) pueden aliarse con la bue­na ciencia para lograr datos experienciales directos del cuadran­te superior-izquierdo y con la ciencia estrecha para obtener los correlatos propios del cuadrante superior-derecho. (Debo reiterar que los aspectos científicos -tanto amplios como estrechos- de los reinos superiores, si bien no representan la totalidad de la his­toria, sí constituyen una parte fundamental que habitualmente se ha visto soslayada; y ciertamente también constituyen un ingre­diente esencial de cualquier abordaje realmente integral. )15

Así pues, cualquier abordaje omninivel y omnicuadrante inte­grará la ciencia y la religión en muchos frentes diferentes. Por una parte, integrará la religión profunda con la ciencia amplia, mostrando que la espiritualidad profunda es una ciencia amplia de las cúspides más elevadas del potencial humano. También in­tegrará la religión profunda con la ciencia estrecha, porque hasta los datos y experiencias espirituales profundas (como las expe­riencias místicas), por ejemplo, poseen correlatos reales en el ce­rebro material que pueden investigarse con la ayuda de la ciencia estrecha (como ocurre con la meditadora conectada a un EEG con que comenzábamos este capítulo). Por último -y como vere­mos en breve-, este abordaje también deja suficiente espacio para la religión estrecha. En todos estos casos, el enfoque omni­nivel y omnicuadrante nos brinda la posibilidad de interrelacio­nar de un modo inconsútil lo que anteriormente se consideraba como "dominios no solapados".



Vive la différence!
Este enfoque integral también respeta las grandes diferencias existentes entre los distintos tipos de ciencia y religión. Decir que una investigación se atiene a los criterios de la buena ciencia no supone decir que su contenido o metodología real también lo sea, sino tan sólo que esa investigación compromete al mundo (pres­cripción), que proporciona experiencias sobre él (datos) y que, fi­nalmente, será corroborado tan minuciosamente como sea posi­ble (confirmación). Pero la forma real que asuma la investigación -sus métodos y contenidos- variarán notablemente de un nivel a otro y de un cuadrante a otro. A diferencia del positivismo, que sólo admite el uso de un método (empírico) en un único reino (sensoriomotor), este abordaje abre las puertas a tantos métodos e investigaciones como niveles y cuadrantes existen.

Por dar un ejemplo muy sencillo, los fenómenos llamados B, C, D y E son entidades muy diferentes y se han desarrollado me­todologías para abordar cada una de ellas en sus propios térmi­nos. En Los tres ojos del conocimiento he expuesto muchas razo­nes por las cuales ninguno de estos tipos de investigación pueden reducirse a los demás (diferenciando entre la experiencia senso­riomotora, la experiencia empírico-analítica, la experiencia her­menéutico-fenomenológica, la experiencia mandálica y la expe­riencia gnóstica). En la medida en que todas esas investigaciones intentan atenerse a ciertas prescripciones (o compromisos prag­máticos), apoyan sus afirmaciones en la evidencia experiencial y tratan de verificar, en la medida de lo posible, la veracidad de susconclusiones, pueden ser calificadas como "buena ciencia". Pero, más allá de todo eso, son fundamentalmente diferentes y sus diferencias son respetadas -e incluso abanderadas- por este abordaje integral.



La religión estrecha
Hablando en términos generales, la crítica recibió muy positi­vamente la publicación de Ciencia y religión. También hubo quienes me reprocharon haber desdeñado -hasta el punto de ig­norar- la religión estrecha, con lo cual estaba cuestionando exce­sivamente la faceta religiosa del pretendido matrimonio entre la ciencia y la religión. En opinión de los críticos, el creyente pro­medio jamás renunciaría a los mitos y relatos que constituyen el 95% de la mayor parte de las formas de espiritualidad. Y no sólo fueron los profesionales quienes me hicieron esta advertencia, sino también muchos de mis amigos que, después de mostrarles el libro a sus padres, pongamos por caso, vieron cómo movían de un lado a otro la cabeza diciendo: «¿Así que Cristo no resucitó?», «¿de modo que Dios no estableció ninguna alianza con Moi­sés?», «¿nada de rezar a diario orientado hacia La Meca?» «¡ésa no es mi religión! », etc.

Muy bien, acepto mi culpabilidad. No cabe la menor duda de que en ese libro me centré casi exclusivamente en las experien­cias espirituales profundas (de los dominios psíquico, sutil, cau­sal y no-dual), ignorando la mucho más frecuente dimensión re­ligiosa de la espiritualidad traslativa (o religión estrecha). También debo decir en mi favor que en ningún momento llegué a negar -ni a sugerir siquiera- que hubiera que rechazar esa di­mensión. Reiteremos aquí lo dicho en Ciencia y religión: «Hay que decir también, al mismo tiempo, que esto no significa que debamos diluir toda diferencia religiosa, todo matiz local, y caer en una suerte de espiritualidad... homogeneizada. La Gran Ca­dena es simplemente el esqueleto de cualquier abordaje indivi­dual a lo Divino, un esqueleto que cada individuo y cada religión deberá investir con su propia carne y sus propias vísceras. La mayor parte de las religiones seguirán ofreciendo sacramentos, distracción y mitos (y otros consuelos horizontales que cumplen con funciones meramente traslativas), amén de las prácticas au­ténticamente contemplativas que cumplen con la función de alentar una transformación vertical. No es preciso, pues, que las religiones experimenten un cambio espectacular...». `

Pero sí que hice, no obstante, dos acusaciones que sigo consi­derando necesarias. La primera de ellas es que, si la religión estre­cha realiza afirmaciones empíricas (es decir, afirmaciones acerca de entidades propias de los cuadrantes de la Mano Derecha), esas afirmaciones deberán atenerse al criterio de la ciencia empírica (estrecha). Si la religión, por ejemplo, dice que la Tierra fue crea­da en seis días, deberá contrastar esa afirmación con la ciencia em­pírica, una prueba en la que, por cierto, naufragan estrepitosamen­te; uno es libre de creer o no creer en ellas, pero no puede reclamar el respaldo de la buena ciencia ni de la espiritualidad profunda. En segundo lugar, el núcleo fundamental de la religión es la religión profunda o la espiritualidad profunda que tiende a relajar y debili­tar el celo de la religión estrecha, y así, en la medida en que uno despierte a sus potencialidades más elevadas, se hallará cada vez menos atraído por la religión estricta."

Obviamente, los críticos tienen razón en que la mayor parte de las personas abrazan una religión estrecha o traslativa -sea la creencia en la Biblia, la creencia en Gaia o la creencia en la teo­ría holística de sistemas- y no desean transformar al sujeto de esas creencias. Desde la perspectiva proporcionada por mi mo­delo, esas creencias mentales se refieren a los niveles del desa­rrollo mágico, mítico, racional o visión-lógico (es decir, desde púrpura hasta turquesa). Pero yo también quisiera dirigirme a los dominios transpersonales más elevados (psíquico, sutil y causal) que se encuentran más allá de las meras creencias, los reinos su­praconscientes y supramentales que constituyen el núcleo de la espiritualidad profunda y de las ciencias contemplativas. Un modelo realmente omninivel y omnicuadrante debe hacer suficiente espacio para todas esas alternativas, desde la premental hasta la mental y la supramental.






Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   12


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos