Ken Wilber


Capítulo 6. Mapas del Kosmos



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Capítulo 6. Mapas del Kosmos

1. Cierto crítico me ha reprendido por utilizar el término "holístico" en lugar de su preferido "holónico". El crítico en cuestión coincidía conmigo en que la mayor parte de las formas de holismo subrayan la faceta "totalidad" des­deñando al aspecto "parte", con lo cual incurren en graves insuficiencias

que sólo pueden verse superadas con un abordaje holónico que tenga en cuenta a la totalidad sin olvidar las partes y se centre, en consecuencia, en las total idade s/p arte o los holones. Pero aunque ciertamente existan impor­tantes diferencias entre los términos holístico y holónico, sigo utilizándolos como sinónimos, porque el término "holónico" no es muy conocido.

2. Véanse Sexo, ecología, espiritualidad, Breve historia de todas las cosas y El matrimonio entre el alma y los sentidos para una visión más completa de las fortalezas y debilidades del idealismo.

3. Schwartz et al. sugieren que un modelo holónico podría abrazarlos a los ocho. Véase G. Schwartz, C. Santerre y L. Russek «Bringing Order to the Whole: Eight World Hypotheses Applied to Ken Wilber's Integral Appro­ach to Consciousness», Kindred Visions, de Crittenden et al., que próxima­mente publicará Shambhala.

4. Éste es, obviamente, un esquema útil, y puede serlo todavía más si utiliza­mos lo que yo denomino un análisis inter-nivel, una aportación muy intere­sante que discutiremos más detenidamente en la nota 19.

5. Véanse las entradas correspondientes a los días 3 y 15 de octubre de Diario para una discusión más detenida acerca del motivo por el cual la noción del desarrollo resulta crucial para poder integrar las distintas visiones del mundo. Véase también la nota 18 para lo que respecta a los niveles de los chakras. Obviamente, cualquier afirmación sobre los niveles superiores realizada desde las visiones del mundo propias de los inferiores deberá ser verificada utilizando los criterios de aquéllos. Si la astrología, por ejemplo, formula una afirmación empírica racional (es decir, si el chakra 3 lleva a cabo una afirmación propia del chakra 4). deberá contrastar sus pretensiones con cri­terios racional-empíricos, algo en lo que, dicho sea de paso, fracasa estrepi­tosamente (recordemos que la astrología, por ejemplo, no ha logrado supe­rar las pruebas empíricas diseñadas al respecto por los mismos astrólogos. Véanse, en este sentido, las notas correspondientes a los días 29 de julio y 21 de diciembre de Diario). Pero debo insistir en que no por ello la astrolo­gía deja de ser una de las numerosas visiones del mundo válidas a las que puede accederse desde el nivel de conciencia mítico y que, a ese nivel, lo­gra exactamente lo que se propone: proporcionar sentido, sensación de co­nexión con el cosmos y una justificación para el yo en la inmensidad del universo. Pero en modo alguno es, como pretende, una ciencia del chakra­4 racional que posea capacidad predictiva (motivo por el cual no ha conse­guido superar las pruebas empíricas). Y, por la misma razón, tampoco de­bemos conceder mucha importancia a lo que diga la ciencia racional en torno a los chakras 5, 6 o 7.

Cuando digo que «todas las visiones son correctas», me refiero al hecho de que todos los niveles tienen sus propias verdades importantes, que no sólo desvelan ese nivel, sino que también operan a modo de ingredientes impor­tantes y necesarios de los niveles más elevados (siempre que hayan sido ade­cuadamente diferenciados e integrados o. lo que es lo mismo, trascendidos e incluidos). Del nivel mítico, por ejemplo, queremos conservar la experiencia de pertenencia y la capacidad de formar parte de una comunidad. Pero den­tro de un determinado nivel de realidad, los criterios propios de ese nivel de­terminan la existencia de visiones más válidas y de visiones menos válidas. La astrología, por ejemplo, se asienta en el nivel mítico y, en este sentido, hay astrólogos buenos y astrólogos malos, aunque ninguno de ellos logre su­perar las pruebas racional-empíricas, que no representa, por cierto, el crite­rio real del nivel mítico. Éste, como cualquier otro, trata de proporcionar co­herencia, significado, conexión con el cosmos, respeto hacia los demás y directrices pragmáticas. La versión mitológica (de la que la astrología no es más que un subconjunto) constituye un esquema interpretativo que propor­ciona significado, ethos, ni vthos y aprobación al yo separado propio de ese nivel. La mitología y la astrología nos hablan de este nivel a todos nosotros y, cuando se mantiene en contacto con ese nivel, proporcionan una extraor­dinaria sensación de conexión con nuestras raíces vitales, algo que, juzgado según los criterios propios de ese nivel, sólo hacen los buenos astrólogos. Es evidente que una cosa es adentrarse en ese nivel inferior y otra muy distinta permanecer allí (y mucho menos abanderar el nivel inferior como si se trata­ra de la realidad última). No hay que hacer caso, pues, de quienes hacen este tipo de afirmaciones sin poder demostrarlas. Por su parte. un científico racional que desdeña la mitología como algo pro­pio de un nivel inferior (y que no supera, en consecuencia. las pruebas ra­cional-empíricas) es alguien que muy probablemente se halle desconectado de sus raíces. El individuo integrado se encuentra a gusto en cualquiera de los niveles de la realidad tal y como se manifiestan en y a través de él y pue­de expresarse en el lenguaje de todos los chakras (y memes) en las diversas situaciones. Como sucede en tantas otras ocasiones, la causa del problema reside sólo en la identificación exclusiva con un determinado chakra.

6. Véanse Sexo, ecología, espiritualidad (CW6) y «Sociocultural Evolution» (CW4), para una discusión más detenida acerca de la obra de Bellah.

7. Las seis "naciones" o "estados" que Gerzon ha descubierto en Estados Uni­dos hoy en día son las siguientes: Patria o el estado religioso (arraigado en el estadio mítico-pertenencia [azul] y que muy a menudo es ordenado de derechas): Corporatia o el estado capitalista (arraigado en el estadio de la racionalidad egoico-instrumental [naranja] y que muy a menudo es liberal de derechas defensor del mercado libre); Disia o los desencantados (gene­ralmente asentada en las olas preconvencionales o postconvencionales púr­pura/rojo o verde en lucha contra azul y naranja convencional; a menudo ordenados de izquierdas); Media, o el estado informativo (generalmente li­beral naranja de izquierdas); Gaia, o la nueva era (una combinación de pre­convencionales y postconvencionales, fuertemente teñidos de verde y, muy a menudo, ordenados de izquierdas, combinados con púrpura y rojo, con un efecto frecuentemente regresivo), y Officia, la clase política (que si bien se asienta en todos los niveles, es fundamentalmente azul, naranja y verde, re­flejando así las distintas poblaciones a las que sirve).

8. La orientación política es un tipo que se halla disponible en distintos nive­les (uno puede ser rojo de derechas o rojo de izquierdas, azul de derechas o azul de izquierdas, naranja de derechas o naranja de izquierdas. etc.), aun­que tradicionalmente la izquierda y la derecha hayan atraído a públicos pro­cedentes de detenninados niveles (izquierda púrpura y verde, por ejemplo, y derecha azul), grupos que pueden rastrearse fácilmente utilizando un sis­tema omnicuadrante y omninivel.

9. La profundidad vertical no sólo suele ser ajena a la mayor parte de los au­tores convencionales, sino también a muchos alternativos, transpersonales y espirituales. Y es muy probable que ello se deba a que la mayor parte de ellos estén tan inconscientemente sumidos en el meme verde que sean re­fractarios a usar siquiera la noción de holoarquía. Lamentablemente, esta espiritualidad "chata" es muy común y suele cristalizar el proceso de desa­rrollo en la ola presente.

10. Huntington plantea la disyuntiva de los modelos evolutivos de la historia versus los circulares, dos alternativas, en mi opinión, correctas, porque existen olas evolutivas (que tienen que ver con la transformación), dentro de las cuales existen ciclos, estancamientos y fases del desarrollo (que tie­nen que ver con la traslación). En muchos casos, la consumación de un ci­clo abre la puerta para que el sistema (individual o colectivo) experimente una transformación que puede ser trascendental y progresiva o, por el con­trario, desintegradora y regresiva. Véase Una risión integral de la psicolo­gía para una discusión más detallada acerca de este tema.

11. En un determinado momento de su argumentación. Huntington minimiza la distinción alemana entre la civilización y la cultura. «Los pensadores ale­manes -afirma- establecieron una diferenciación demasiado estricta entre la civilización (la mecánica, la tecnología y los factores materiales) y la cul­tura (los valores, los ideales y las cualidades intelectuales, artísticas y mo­rales más elevadas de una determinada sociedad).» Pero ésa es una distin­ción muy real que se refiere, de hecho, a la diferencia existente entre los cuadrantes inferior-derecho (social) e inferior-izquierdo (cultural) y el mis­mo Huntington recurre a ambos (y me gustaría decir, de paso, que yo no suelo discrepar con los alemanes en lo que se refiere al campo de la filoso­fía). Lo que Huntington objeta -adecuadamente, en mi opinión- es la "agu­da" separación existente entre lo cultural y lo social, porque si bien los cua­drantes son distintos, no son inseparables y ambos deben ser tenidos en cuenta.

Tal y como Huntington las define, las civilizaciones son grandes pautas cul­turales (y por "cultural" quiere decir "sociocultural'); "comprehensivas" ("es decir, que ninguna de sus unidades constitutivas puede comprenderse sin referencia a la civilización de la que forman parte"), que muestran un proceso de desarrollo o evolución ("son dinámicas, evolucionan, se adap­tan", lo que también puede incluir declive y muerte, como normalmente ocurre), y no son políticas, sino más profundas que todo eso ("una civiliza­ción puede contener una o muchas unidades políticas"). Y aunque todos es­tos puntos, a mi juicio, sean esencialmente correctos, quisiera agregar algu­nos más. Porque, desde mi punto de vista, las civilizaciones amalgaman varias líneas o corrientes del desarrollo (como los valores, los estilos cog­nitivos. el lenguaje, la moral, la ética. las costumbres y las tradiciones) en su camino de desplazamiento a través de los diferentes niveles u olas (por ejemplo, púrpura, rojo, azul, naranja, verde) tal y como se manifiestan en cada uno de los cuadrantes (individual, conductual, cultural y social). La determinación de cada uno de estos puntos resulta mucho más factible con el uso de un sistema de clasificación holónico.

12. Para una discusión acerca del reduccionismo sutil, véase la nota 1 del capí­tulo 5.

13. Cuando digo que analistas como Friedman, Gaddis y Kennedy, por ejem­plo, nos ofrecen una interpretación reticular-de-la-vida (una interpretación que tiene en cuenta dos cuadrantes y ningún nivel), lo único que quiero de­cir es que, si bien reconocen la importancia de los cuadrantes interiores (es decir, de la cultura, de las visiones del mundo y de los valores, por ejemplo), no hacen lo mismo con los muchos niveles diferentes de esas interioridades y terminan colapsándolas en una entidad confusa (llamada "cultura" o algo por el estilo), que subordina los cuadrantes de la Mano Derecha a las finan­zas, el mercado, la seguridad nacional, las prácticas de la banca mundial, la globalización tecnológica o la red ecológica de la vida. Su perspectiva y la de los teóricos de la red-de-la-vida son así "dos-cuadrantes y ningún nivel" (e incurren así de lleno, como indicamos en el texto, en el reduccionismo sutil). Hay algunos teóricos sistémicos que admiten, no obstante, la exis­tencia de niveles jerárquicos e incluso los abanderan, pero sólo siguen re­conociendo las realidades de la Mano Derecha (en cuyo caso son "dos cua­drantes y omninivel" ), con lo cual siguen todavía firmemente arraigados en el mundo chato y en el reduccionismo sutil. Por otra parte, al tener en cuen­ta cinco o seis corrientes dentro de los cuadrantes de la Mano Derecha (como la finanzas, el mercado global, los factores medioambientales, los avances tecnológicos y la seguridad militar) y tratarlos de un modo holísti­camente interrelacionado (lo que es cierto en la medida en que funciona), están avanzando lentamente hacia una visión más integral.

Lo mismo podríamos decir con respecto al campo de los estudios futuros, que se halla dominado por los esquemas chatos de la Mano Derecha que tra­tan de predecir posibles futuros basados en varios escenarios. Pero el hecho de que estos diversos escenarios adolezcan de los datos procedentes de los dominios interiores -y de que la espiral completa del desarrollo interior opera, no obstante, en el mundo real- evidencia que esos escenarios futuros están mal concebidos porque carecen de un conjunto de datos más globales procedentes de todos los cuadrantes. Ésta es una de las razones por las cua­les esos futuros escenarios se hallan tan equivocados cuando tratan de pre­decir lo que harán las poblaciones reales. Un modelo «omnicuadrante, om­ninivel y omnilínea» nos mostraría así una imagen mucho más aproximada del modo en que los agentes reales se comportan en el mundo real.

14. Véase la entrada correspondiente al día 15 de diciembre de Diario para una discusión en torno a la necesidad de equilibrar el desarrollo interior y el de­sarrollo exterior.

15. En la medida en que la humanidad evoluciona hacia una cultura integral, es concebible que, en algún momento distante -tal vez dentro de muchos si­glos-, aparezca una Civilización Mundial que borre las fronteras existentes entre las placas tectónicas horizontales analizadas por Huntington y dé ori­gen a una mezcla de culturas que alcance incluso al estrato genético. Pero esa posibilidad, no obstante, no modificará los niveles básicos a través de los cuales deberán seguir desarrollándose los individuos. Tal vez entonces las culturas posean un centro de gravedad amarillo, turquesa o incluso su­perior (con las instituciones y modalidad de gobierno que les corresponda), pero cada ser humano seguirá naciendo en beige y, desde ahí, deberá co­menzar su proceso de desarrollo a través de toda la espiral, y las poblacio­nes todavía se distribuirán a través de todo el espectro vertical de los me­mes. El ser humano es un individuo compuesto (un holón) que recapitula todos los subholones pasados (es decir, los seres humanos todavía contie­nen átomos, moléculas, células, un tallo cerebral reptiliano, un sistema lím­bico paleomamífero, etc.) y esos subholones no desaparecen por más que emerjan holones más elevados. Y lo mismo podríamos decir con respecto a los cuadrantes interiores, ya que aun cuando nos hallemos en el nivel inte­gral, no nos hemos despojado, en modo alguno, del arcaico, el mágico, el mítico y el racional.

16. Véanse El proyecto Atoran, Después del Edén, Los tres ojos del conoci­miento, Psicología integral, El ojo del Espíritu, Seco, ecología, espirituali­dad y Una visión integral de la psicología.

17. ¿Significa acaso esto que las tribus indígenas cuyo centro cultural de gra­vedad se hallaba asentado en la magia púrpura no tenían acceso a una au­téntica espiritualidad transpersonal? En modo alguno. No olvidemos que el centro de gravedad de una cultura es simplemente un promedio y que cual­quier individuo concreto puede hallarse por encima o por debajo de él. Existe una evidencia substancial, por ejemplo, de que, durante la época má­gico-púrpura (aproximadamente -50.000), hubo individuos altamente evo­lucionados (los chamanes) que llegaron a alcanzar, al menos, la ola psíqui­ca de la conciencia, ya sea en forma de adaptación permanente o, mucho más probablemente, de experiencia cumbre o experiencia meseta. Y como explico en Una visión integral de la psicología, ello no implica la posibili­dad de saltar estadios.

18. Véanse Huston Smith, La verdad olvidada y Las religiones del mundo; Wil­ber, Una visión integral de la psicología; Roger Walsh, Essential Spiritua­litr; Underhill, Mysticism; Trungpa, Shanrhhala: La senda sagrada del gue­rrero, y Murphy, The Future of Body.

Una de las versiones más habituales de la Gran Cadena se presenta, en Oriente (y también, con mucha frecuencia, en Occidente), en forma de los siete chakras que representan los distintos niveles de ser y de conocimiento de que disponemos los seres humanos. Según se dice, los chakras son cen­tros de energía sutil del organismo humano en los que se apoyan los distin­tos tipos correlativos de ser y de saber. Generalmente se habla de siete, que se hallan ubicados en la base del cuerpo, la región genital, el abdomen, la región cordial, la garganta, la frente y la coronilla. También se habla de la existencia de numerosos chakras secundarios que se encuentran por encima y por debajo de aquéllos (que se reflejan, por ejemplo, en los meridianos de la acupuntura).

Obviamente, hay quienes desdeñarían los chakras como meras supersticio­nes, pero vamos a asumir una actitud cultural más generosa y supongamos que esa idea -presente, por otra parte, en casi toda la civilización oriental­es algo más que una superstición que deba ser menospreciada por los occi­dentales superiores y permitámonos, en su lugar, tratar de atisbar la sabidu­ría que pudiera encerrar. Porque el hecho esencial es que los siete chakras son simplemente una versión levemente más sofisticada del espectro que va desde la materia 1) hasta el cuerpo 2), la mente 3-4), el alma 5-6) y el espí­ritu 7).

Para esta discusión usaré las siguientes correlaciones generales (si usted tie­ne su propia versión favorita de los chakras, no tiene motivo alguno para abandonarla, porque este ejemplo sólo depende de la noción de siete moda­lidades estructurales de la conciencia y cada cual puede rellenar los detalles como más le plazca). Los chakras son muy difíciles de definir, puesto quecumplen con funciones muy diferentes dependiendo de su mayor o menor grado de apertura. Hecha esa advertencia, definiré los chacras-niveles en un sentido amplio del siguiente modo: 1) materia (y la visión arcaica del mun­do, beige); 2) la fuerza de vida biológica, prana, la energía emocional-se­xual, la libido, el élan vital, el nivel mágico (púrpura); 3) la mente inferior. que incluye el poder y la conformidad, mítico (rojo/azul); 4) la mente inter­media, que incluye la razón y las emociones más profundas. como el amor (naranja y verde); 5) la mente superior que incluye el pensamiento de se­gundo grado y la apertura psíquica (de amarillo a coral), la visión creativa, los primeros estadios de la conciencia espiritual y trascendental, el misti­cismo natural; 6) la conciencia sutil, la gnosis, los arquetipos genuinos, el misticismo teísta; 7) el espíritu radiante manifiesto y sin manifestar, el Abismo, el Fundamento vacío, el misticismo sin forma. En la figura 6.3 pueden verse todas estas correlaciones. Quienes estén interesados en el modo de utilizar la idea de niveles de ser y de conocimiento -desde la Spi­ral Dynamics hasta la Gran Cadena y los siete chakras- en un análisis inter­nivel pueden consultar la nota 19.

19. Para discutir la noción de análisis inter-nivel y evitar así incurrir en cual­quier sesgo eurocéntrico, usaré el sistema de los chakras (véase nota 18).

aunque debo decir que este análisis es aplicable a todos los esquemas del desarrollo, desde la Spiral Dynamics hasta los modelos de Jane Loevinger, Robert Kegan, Jenny Wade y Carol Gilligan. Y puesto que las olas básicas son casi universales, resultan tan aplicables a los occidentales como a los orientales.

Como ya hemos señalado, los siete chakras reflejan diferentes niveles de rea­lidad y, por este motivo, pueden ser utilizados para clasificar las visiones del mundo en función del chakra en que se asientan, como han hecho numerosos teóricos. Señalemos, por dar tan sólo unos pocos ejemplos, que las visiones materialistas del mundo (como las de Hobbes y Marx) proceden del chakra 1; las visiones pránicas y vitales del mundo (como las de Freud y Bergson) del chakra 2; las visiones impulsivas del mundo (como la de Nietzsche) del cha­cra 3; las visiones racionales del mundo (como la de Descartes) del chacra 4; el misticismo natural (característico de H.D. Thoreau, por ejemplo) del cha­cra 5; el misticismo teísta (como el de santa Teresa de Ávila) del chalcra 6, y el misticismo sin forma (como el de Meister Eckhart) del chacra 7. Pero por más útiles que puedan ser todas estas clasificaciones de niveles de conciencia, existen ciertos problemas que sólo pueden superarse con lo que podríamos denominar un análisis inter-nivel. Porque lo cierto es que debe­mos distinguir el nivel en que se origina una determinada visión del mundo y el nivel hacia el que apunta. Marx, por ejemplo, suele considerarse como un ejemplo de una visión materialista (chakra 1), pero el mismo Marx ni se asienta ni proviene de ese chakra. Lo único que existe en el chakra 1 son las piedras, el polvo, la materia inerte, la dimensión física (y el nivel inferior de conciencia propio de ese reino, es decir, el arcaico, beige). Marx era un pen­sador muy racional que operaba desde el chakra 4. pero siguiendo a Feuer­bach creyó que las realidades fundamentales del mundo son esencialmente materiales, de modo que operaba desde el chacra 4 pero centró casi exclu­sivamente su atención en el chakra 1. Algo parecido podríamos decir con respecto a Freud. ya que su modelo de la psicología de la libido temprana procede del chakra 4, pero apunta al chakra 2. En el otro extremo, por así decirlo, los Deist operan también desde el chacra 4 pero apuntan al chakra 6 (representando, en este sentido, un intento racional de comprender el Es­píritu). etc.

Así es como podemos rastrear tanto el nivel de conciencia desde el que está operando el sujeto como el nivel de realidad (u objetos) que considera real. De este modo, nuestra capacidad de clasificar las visiones del mundo se ve considerablemente enriquecida y podremos llevar a cabo una especie de "doble-rastreo" que tenga en cuenta tanto el nivel del sujeto como los nive­les de realidad que reconoce. algo que en ocasiones se conoce con los nom­bres de "niveles de identidad" y "niveles de realidad" o, dicho de otro modo, el nivel del sujeto y el nivel del objeto, algo que puede verse con suma claridad en los mapas en los que Huston Smith resume las grandes tradiciones de sabiduría del mundo entero (figuras 4.1 y 4.2). Demos ahora un paso más y digamos que este análisis inter-nivel y este pro­ceso de "doble-rastreo' fue introducido ya en Un Dios sociable y Los tres ojos del conocimiento y se vio posteriormente perfeccionado en Una risión integral de la psicología. Yo también denomino a los "niveles de realidad" o "planos de realidad" con el nombre de "reinos de la realidad" (y así hablo del reino ordinario, del reino sutil, del reino causal) o "esferas de realidad" (como la biosfera, la noosfera y la teosfera, por ejemplo). En cuanto a `los niveles de identidad", también los llamo "niveles de conciencia" o "niveles de subjeti­vidad", pero habitualmente me refiero a ambos como niveles básicos, estruc­turas básicas u olas básicas, puesto que todos ellos son correlativos (es decir. que existen tantos niveles de identidad como niveles de realidad). El punto es que, especialmente en el rango intermedio (chakras 3, 4 y 5). el sujeto o yo de esos chakras puede tomar como objeto a cualquiera de los otros chakras (cualquiera de los otros niveles de realidad) -puede pensar so­bre ellos, elaborar teorías. crear obras de arte al respecto, etc.- y debemos tenerlos en cuenta a todos. Aun cuando digamos que sólo los chakras inter­medios participan en este análisis inter-nivel (cosa que no hacen los chakras inferiores, como las piedras, por ejemplo, y los chakras más elevados tien­den a ser transmentales, aunque ciertamente pueden elaborar teorías menta­les pero los omitiremos en aras de la simplicidad). los chakras 3. 4 y 5 pue­den prestar atención a cada uno de los siete chakras, brindándonos así una visión diferente del mundo en cada caso, con lo cual dispondremos de unas veinticinco grandes risiones del mundo desde los siete niveles estructurales de conciencia en el cuerpomente humano. (Siete desde cada uno de esos tres y uno de cada uno de los otros cuatro.) ¡El hecho es que, en cualquier caso, esos siete niveles pueden servir de soporte a varias decenas de visio­nes del mundo!

Y, obviamente, éste no es más que el punto de partida. Si la concepción ho­lónica tiene en cuenta "todos los niveles, todos los cuadrantes, todas las lí­neas, todos los tipos, todos los estados y todos los reinos", simplemente ha­bremos discutido brevemente de niveles de identidad (o sujeto) y de niveles de realidad (u objetos). En cuanto al número de esos niveles. yo uso gene­ralmente desde siete (como los chakras) a doce (como muestran las figuras 3.2 y 6.1). Y debo decir que el número exacto no es tan importante como el hecho de reconocer la existencia de una auténtica holoarquía de ser y de co­nocimiento.

Pero todavía debemos incluir los cuadrantes de cada uno de esos niveles. las diferentes líneas o corrientes que se mueven a través de esos niveles, los distintos tipos de orientaciones disponibles desde cada uno de ellos y los muchos estados alterados que permiten acceder de manera provisional a los diferentes reinos. Es más, los individuos, los grupos, las organizaciones, las naciones y las civilizaciones experimentan un proceso de desarrollo a tra­vés de cada una de esas variables. Todos los factores anteriores contribuyen a los diferentes tipos de visiones del mundo y, en consecuencia, todos de­ben ser tenidos en cuenta para brindar una valoración global e integral de las visiones del mundo disponibles. Por último, como también trato de de­mostrar en el texto, el resultado es un sistema del clasificación holística que simplifica muchísimo las cosas. (Véase nota 20.)

20. Es evidente que, para que esos estados temporales acaben convirtiéndose en actualizaciones permanentes, la persona deberá crecer y desarrollarse a tra­vés de la espiral y adentrarse en estos reinos superiores en tanto que actua­lización permanente y no sólo como un estado no ordinario provisional o, dicho de otro modo, que los estados temporales deben terminar transfor­mándose en rasgos permanentes. Véase Una visión integral de la psicolo­gía para una discusión más amplia acerca de estos temas.

Ya hemos visto que existen algunos esquemas que tratan de introducir la profundidad vertical usando algo parecido al sistema de los chakras. En este sentido, se dice que Marx es un ejemplo de materialismo (chakra 1), que Freud representa el pansexualismo (chakra 2). que Adler ilustra la psicolo­gía del poder (chakra 3), que Carl Rogers abraza la psicología humanista (chakra 4). etc. Pero también hemos visto que la mayor parte de esos es­quemas, no tienen en cuenta los fenómenos inter-niveles de modo que la "profundidad" que ofrecen se ve seriamente limitada. Marx, Freud y Adler son pensadores racionales que parten del ehakra 4 y prestan atención a los chakras inferiores. Pero los mismos chakras inferiores poseen visiones del mundo que van desde lo arcaico (beige, chakra 1) hasta la magia (púrpura, ehakra 2) y el mito (rojo/azul, ehakra 3). En este punto es cuando emergen las visiones del mundo egoico-racionales (naranja/verde, chakra 4) que también pueden tomar como objeto cualquiera de los otros chakras. Así que cuando el chakra 4 cree en la realidad exclusiva del chakra 1. nos hallamos ante las filosofías racional-materialistas, donde destacan las figuras de Hobbes y Marx. Cuando el ehakra 4 cree que la dimensión fundamental es la emocional-sexual, nos hallamos frente a un Freud; cuando centra su aten­ción en el chakra 3, nos hallamos ante un Adler, etc. Cuando el chakra 4 va irás allá de su estadio y piensa en los dominios su­periores y transracionales -pero sin experimentar realmente una transfor­mación a esos niveles-, nos hallamos ante las distintas filosofías mentales sobre la espiritualidad y estamos en presencia del teísmo racional (4 orien­tado hacia 6), las teorías sistémicas racionales que toman a Gaia como el Espíritu (4 orientado hacia 5), una concepción filosófica del Abismo o del Fundamento del Ser (4 orientado hacia 7) etc. Y todo ello procede del cha­kra 4, porque el sujeto se halla en ese chakra cuando piensa en los chakras más elevados. Si el sujeto (o nivel de identidad) experimenta una transfor­mación real a esos niveles más elevados de realidad, nos hallaremos ante las visiones del mundo que pueden contemplarse desde esos chakras más ele­vados. En el chakra 5. uno ya no piensa en la red-de-la-vida, sino que expe­rimenta directamente la conciencia cósmica al fundirse con todo el reino de la naturaleza. En el chakra 6, uno ya no piensa en los arquetipos platónicos ni reza meramente a una forma de la Deidad, sino que desaparece y se fun­de en la Presencia Divina. En el chakra 7, uno se sumerge en el infinito no manifestado, en el Abismo, el Vacío, el Urgrund, Ayn, el nirvikalpa sha­madhi, etc. (Véase nota 19.)

La mayor parte de las creencias religiosas pertenecen a la variedad púrpura, roja o azul (segundo y tercer chakra) que constituyen cerca del 70% de la población mundial (motivo por el cual el mundo está "lleno de creyentes re­ligiosos"). Pero una cosa es la creencia religiosa estrecha y otra muy distin­ta la experiencia espiritual profunda. Por ello las visiones del mundo de los niveles más elevados sólo pueden contemplarse desde esos niveles más ele­vados. Así que conviene distinguir claramente entre, pongamos por caso, el chakra 3 y tener una experiencia provisional de un dominio más elevado o pensar simplemente en los reinos superiores, versus estar directamente en esas olas más elevadas, ya que las visiones del mundo resultantes son abso­lutamente distintas en cada uno de los casos.

SUMARIO


Nota para el lector 7
1. La espiral sorprendente 15

La fragmentación de la vanguardia 16



Boomeritis 17

Las olas de la existencia 20

El proyecto de la conciencia humana 22

El salto a la conciencia de segundo grado 32


2.Boomeritis 37 El desarrollo en tanto que disminución del egocentrismo ... 38

La espiral de la compasión 42

¡Luchemos contra el sistema! 44

Jerarquías de desarrollo versus jerarquías de dominio 47



Boomeritis 50

Los muchos dones proporcionados por el meme verde 52

Más allá del pluralismo 54

La cultura integral 55


3. Una visión integral 58

La transformación integral 58



Sexo, ecología, espiritualidad 63

Un enfoque espectral global 71

Omnicuadrante 81

Un mapa más integral 86

Transformar al cartógrafo 89

La directriz primordial 90

Moderar nuestras expectativas 91

La visión integral en el mundo en general 92


4. Ciencia y religión 94

La relación existente entre la ciencia y la religión 95

¿Dominios no solapados? 99

El cerebro de un místico 103

Omnicuadrante y omninivel 105

La buena ciencia 114

La religión profunda 118

La revelación integral 118



Vive la différence! 121

La religión estrecha 122

Espiritualidad y liberalismo 124
5. El mundo real 127

La política integral 127

El gobierno integral 136

La medicina integral 137

Una visión integral del mundo de los negocios 142

La educación integral 144

Los estudios sobre la conciencia 145 Una espiritualidad relacional y socialmente

comprometida 146

La ecología integral 147

Llegar a las minorías 149 Omnicuadrante, omninivel y omnilínea:

una visión global de la UNICEF 149

El terror del mañana 154

Integral Institute 159

6. Mapas del Kosmos 161

Un sistema de clasificación holístico 161

Visiones el mundo 162

Robert Bellah y Mark Gerzon 167

La profundidad vertical 168 Francis Fukuyama: El fin de la historia

y el último hombre 170

Samuel P. Huntington: El choque de civilizaciones 171

Vertical y horizontal 175

El mal meme verde 180

La Civilización Mundial 184

Thomas L. Friedman: The Lexus and the Olive Tree 187

Las olas de la experiencia espiritual 192 ¿Por qué no desembarazarnos simplemente

de la religión? 195

La práctica integral 197
7. Un solo sabor 198

La práctica transformadora integral 200

Recomendaciones 203

Cierto pero parcial 204

Cuando todo ha concluido 204
Notas 207

Capítulo 1. La espiral sorprendente 207

Capítulo 2. Boomeritis 217

Capítulo 3. Una visión integral 218

Capítulo 4. Ciencia y religión 223

Capítulo 5. El mundo real 230



Capítulo 6. Mapas del Kosmos 247
Índice 259





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