Ken Wilber


Capítulo 5. El mundo real



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Capítulo 5. El mundo real

1. En El matrimonio entre el alma V los sentidos y, más concretamente, en Sexo, ecología, espiritualidad y en Breve historia de todas las cosas se ex­plica el significado del término "mundo chato", que yo utilizo en dos senti­dos diferentes. 1) Técnicamente, se trata de la creencia de que las únicas re­alidades auténticamente reales son las propias de la Mano Derecha y la consiguiente reducción de todos los eventos de la Mano Izquierda a sus co­rrelatos en la Mano Derecha. 2) En otro sentido, el término "mundo chato" se refiere a la creencia de la Mano Izquierda en un sólo nivel de conciencia. Desde esta perspectiva, pues, los conductistas -que sólo creen en la con­ducta que puede ser observada de un modo objetivo- ejemplifican la pri­mera acepción del "mundo chato", mientras que el relativisismo pluralista -que sólo reconoce los valores propios del meme verde- constituyen un ejemplo de la segunda acepción del término. El reduccionismo del mundo chato (en el primero de los sentidos) admite dos grados diferentes el reduccionismo sutil, que lo reduce todo al cuadrante inferior-derecho (como hacen los sistemas de procesos dinámicos. las teorías del caos y de la complejidad, la teoría sistémica tradicional, la autopoyesis so­cial, la red-de-la-vida, etc.), y el reduccionismo burdo, que va todavía un paso más allá y termina reduciendo esos sistemas objetivos a átomos objeti­vos (reduciendo todos los fenómenos a unidades atomísticas del cuadrante superior-derecho). El reduccionismo sutil es conocido también con los nom­bres de holismo exterior u holismo chato (en contraste con el holismo inte­gral, que incurre tanto en el holismo interior como en el holismo exterior). Ambos -tanto el reduccionismo burdo como el reduccionismo sutil- creen que el mundo puede ser explicado en el lenguaje en tercera persona del "ello" (es decir, ambos son monológuicos, no dialóguicos ni translóguicos). Digamos, a propósito de este punto, que el "crimen cometido por la Ilustra­ción" no consiste tanto en el reduccionismo burdo como en el reduccionis­mo sutil. Los filósofos de la Ilustración pensaban en términos sistémicos, ellos fueron los primeros grandes defensores del sistema de la Naturaleza y del "gran orden interrelacionado" (Charles Taylor, Sources of the Self, véan­se también los capítulos 12 y 13 de Sexo, ecología, espiritualidad).

2. La psicología conductista, el asociacionismo y la epistemología adoptaron rápidamente la visión de la mente como una tabula rasa porque, entre otras muchas razones, prometía una "perfectibilidad ilimitada" de los seres hu­manos mediante el uso de los distintos tipos de ingeniería social objetiva. Se trata de una visión que rechaza sumariamente de un plumazo todas las diferencias, capacidades y estructuras innatas y considera que el ser huma­no nace en un estado semejante a una masa de arcilla que puede verse mol­deada a gusto por las fuerzas y las instituciones externas (conductismo, aso­ciacionismo) hasta conseguir el estado deseado. En su Observations on Man, publicado en 1749, David Hartley presentó una nueva teoría psicológica -el asociacionismo- que consideraba la men­te como un conjunto de sensaciones, una visión que encajaba perfectamen­te con la epistemología empirista de Locke. Berkeley y Hume y terminó dando origen a una nueva teoría política: el liberalismo. James Mill y su hijo John Stuart Mill abrazaron estas ideas por una razón muy sencilla: «La principal doctrina psicológica de mi padre -escribió John- sostenía que el carácter del ser humano es modelado por las circunstancias [causación ob­jetiva] a través del principio universal de asociación, con la consiguiente posibilidad de una mejora sin fin de las condiciones morales e intelectuales de la humanidad...». Y el logro de esta mejora requería de una educación conductista que modelase el interior en función de las condiciones externas o -especialmente en las versiones posteriores- mediante el uso de las dis­tintas formas de ingeniería social. Por ello el conductismo -por más burdo e incorrecto que fuera- acabó convirtiéndose en la psicología oficial de la Unión Soviética y sigue siendo la psicología implícita de muchas formas de liberalismo tradicional.

Como señala John Passmore en Cien años de filosofía: «En uno de sus pri­meros discursos, [John Stuart] Mil] anunció que compartía la creencia de su padre en la perfectibilidad, una fe que siguió manifestando hasta sus últimos escritos. Tal vez en ningún lugar expresó más abiertamente su rechazo de las diferencias innatas como en The Subjection of Women (1869), donde defen­día que "hasta las diferencias más incuestionables" entre los sexos son tales que "bien pudieran deberse a las circunstancias [causación objetiva] sin que existiera. en realidad, la menor diferencia entre las capacidades naturales [causación subjetiva]"». Desde esta perspectiva, el ser humano es una tabu­la rasa en la que siempre puede verterse desde el exterior un mundo más per­fecto, sin centrarse en la modificación de las realidades internas. Así fue como la doctrina de la tabula rasa acabó convirtiéndose en la política social radical. «Así pues, para Mill, el asociacionismo no es tan sólo una hipótesis psicológica, sino el presupuesto fundamental del radicalismo político.» Y lo mismo podríamos decir con respecto al empirismo, que no es sólo una epistemología, sino un proyecto de acción social que sólo se basaba en la causación objetiva (y en el consiguiente rechazo implícito de la causación subjetiva), uno de los principales motivos, por cierto, por los que se adop­tó. «De manera similar. el empirismo es bastante más que un análisis epis­temológico, porque no ser empirista supone la adhesión implícita al esta­blishment y el compromiso con doctrinas e instituciones supuestamente "sagradas".» En opinión de Mill, «las creencias ajenas al empirismo cons­tituyen el fundamento intelectual de las falsas doctrinas y de las malas ins­tituciones». Por ello el empirismo constituye la puerta de entrada para el modelado de los seres humanos (y, por tanto. de la "perfectibilidad", una de los proyectos fundamentales de la ingeniería social).

Como luego veremos, esta actitud reflejaba un noble empeño por pasar de las nociones etnocéntricas que hablan de "diferencias" innatas (como, por ejemplo, que los paganos nacen sin alma) tan frecuentemente excluyentes a una moralidad mundicéntrica postconvencional libre de prejuicios y sesgos (un intención que, por cierto, comparto). Porque el hecho es que el esta­blishment -que, en la época de Mill, se centraba en las doctrinas etnocén­tricas mítico-pertenencia de la Iglesia (las "instituciones sagradas")- re­quiere de una revisión crítica, y el empirismo puede ayudarnos a llevarla a cabo (porque cuestiona las demandas empíricas de la religión estrecha). Por otra parte. sin embargo, la psicología y la filosofía liberal, al negar la reali­dad de los reinos, estadios y estados interiores y reducirlos, en consecuen­cia, a meras improntas del mundo sensorimotor, acabarían traicionando sus propios objetivos. Porque su fidelidad al empirismo exclusivamente senso­rial y a la tabula rasa acabó convirtiendo a los liberales en los primeros pro­motores de la visión del mundo propia del materialismo científico, una visión chata del universo que termina socavando -y, en ocasiones, llega a des­baratar- cualquier posible crecimiento y desarrollo de los dominios interio­res. Si los seres humanos poseen realmente una "perfectibilidad ilimitada", ésta no yace exclusivamente en el desarrollo exterior, sino también en la es­piral del desarrollo interior. Como veremos a lo largo de este capítulo, la ta­bula rasa liberal aspiraba noblemente a la conciencia moral mundicéntrica, pero acabó equivocándose de camino.

3. Éste es. precisamente, el motivo por el cual las sociedades más "liberales" o más "permisivas", son las que menos alientan el liberalismo. Porque el hecho es que, cuando todas las actitudes se consideran iguales y no se esta­blece "ningún juicio" al respecto -es decir, cuando no se "margina" ningu­na-, caben todas las posturas, desde el egocentrismo hasta el etnocentrismo. en cuyo momento la existencia misma del liberalismo mundicéntrico se ve profundamente amenazada. Así es como el liberalismo tradicional acaba socavando sus cimientos. Véanse las entradas correspondientes a los días 3 y 15 de diciembre de Diario y Boomeritis.

4. Dado que la ola mítico-pertenencia (meme azul) constituye un estadio ab­solutamente normal y necesario del desarrollo humano, cualquier política realmente integral -y que se atenga, por tanto, a la directriz primordial­debe comprender el papel absolutamente necesario (aunque ciertamente li­mitado) que desempeña el meme azul en cualquier sociedad y no pretender simplemente disolverlo a la menor oportunidad. Porque la animadversión que muestra el meme verde por el azul y su intención de disolverlo ha aca­bado convirtiéndose en una de las pesadillas políticas que asolan a este país y al mundo entero.

5. Cualquier política realmente integral debe tratar de incluir armónicamente las orientaciones políticas de todo el espectro en tres grandes regiones, al menos, de un modelo omninivel y omnicuadrante: las que se refieren a la causación social, a la relación entre lo individual y lo colectivo y a los ni­veles del desarrollo. Existen otros ámbitos que no necesitan ser considera­dos en esta breve introducción. como los que se refieren a la dirección del cambio (regresivo, progresivo o estacionario; bondad recapturada versus crecimiento hacia la bondad, etc.), los métodos de cambio (crítico, traslati­vo o transformador) y los tipos de libertad (negativa, positiva). Así pues. las siguientes tres regiones son las más importantes:



1) Causación social. ¿Cuál es la causa fundamental del sufrimiento, de la inferioridad o de la falta de derechos de una persona. en ella misma o en la organización social?, ¿en la naturaleza o en la educación?, ¿en la causación interior o en la causación exterior? Desde la perspectiva liberal, la causa del sufrimiento depende de las instituciones sociales objetivas: las personas su­fren porque la sociedad es injusta: usted es pobre porque se ha visto oprimido, marginado o, en el mejor de los casos, porque no le han brindado otras oportunidades (J.S. Mill). El conservadurismo, por su parte, atribuye el sufrimiento a la misma persona: usted es pobre simplemente porque es perezoso. Así pues, desde el punto de vista conservador, la culpa del sufri­miento humano reside en los factores internos y las instituciones sociales no reprimen a las personas, sino que, muy al contrario, las ayudan a desarrollar sus potencialidades más elevadas (Edmund Burke). Así pues, para los con­servadores, la causa básica del sufrimiento no reside en el entorno, en la educación o en las instituciones sociales sino en el mismo individuo. Ésta fue la definición de las visiones liberal y conservadora que esbocé en Después del Edén (1981), una definición que desde entonces se ha popula­rizado. Veamos ahora un ejemplo procedente de la revisión realizada por Lance Morrow del libro Hating Whiten, de David Horowitz, publicada en la revista Time el día 22 de noviembre de 1999: «Ésta es la línea que separa lo que podríamos denominar la visión externalista y la visión internalista. Los extemalistas -que tienden hacia la izquierda política- afirman que los pro­blemas raciales de Estados Unidos deben ser corregidos mediante interven­ciones externas (acción afirmativa, transporte gratuito y otros programas gubernamentales orientados a subsanar las injusticias pasadas y robustecer la justicia racial). Los internalistas -proclives a las soluciones conservado­ras- subrayan la necesidad de adoptar soluciones que exigen esfuerzos pro­cedentes del interior, como la educación, el trabajo duro, la automotivación, el desarrollo de la moral, los valores burgueses, la demora de la gratifica­ción, en suma, las viejas virtudes de los inmigrantes». Así pues, la distin­ción entre la causación interior y la causación exterior constituye una di­mensión absolutamente necesaria de cualquier abordaje integral a la política.

2) Individual/colectivo. ¿El establecimiento de una sociedad justa debe su­brayar la importancia del individuo o de la colectividad? Éste es un dilema muy antiguo que alcanzó su punto culminante con el advenimiento de la Ilustración y el yo individualizado, una emergencia, por cierto, bastante re­ciente (véase Después del Edén). En Beyond Left and Right, Lawrence Chickering señala la diferencia existente entre las vertientes "libre" y "or­denada" de cualquier política partidaria. De este modo, la yuxtaposición de esta diferencia con los conceptos de liberal (izquierda) y conservador (de­recha) nos proporciona cuatro grandes orientaciones políticas: izquierda li­bre e izquierda ordenada y derecha libre y derecha ordenada. (Véase en nota 8 la llamada matriz de Chickering/Sprecher.) Desde esta perspectiva, los defensores de la economía libre tienden a ser li­berales (en el sentido de que subrayan las libertades individuales) de dere­chas (porque creen en la causación interior que, como el lector recordará, afirma que uno es pobre porque no trabaja lo suficientemente duro). En consecuencia, desde este punto de vista, el gobierno debe mantener las ma­nos alejadas del mercado laboral y permitir que éste recompense la iniciati­va individual). Los conservadores tradicionales, por su parte, son ordena­dos (porque enfatizan los valores colectivos, la virtud cívica, los valores familiares, cte.) de derechas (porque creen en la causación interior, según la cual la sociedad funciona mal porque no se han inculcado en los individuos los valores tradicionales, como la oración escolar, el trabajo ético, los valo­res familiares, cte.).

El liberal clásico de la Ilustración era un liberal (en el sentido de que opo­nía la libertad individual a la mentalidad del rebaño y la religión etnocén­trica) de izquierdas (por cuanto consideraba que la causa del sufrimiento humano radica en instituciones sociales corruptas y opresivas y sostenía la creencia de que todos los seres humanos nacen iguales, pero que la socie­dad los trata injustamente). No es de extrañar, por tanto, que la orientación liberal de izquierdas asumiera una actitud política revolucionaria, según la cual, si la sociedad es injusta, basta con liberarnos de ella (como ocurrió, por cierto, en Francia y en Estados Unidos). Los partidarios de las liberta­des civiles siguen ateniéndose a esta orientación liberal de izquierdas que sostiene que los derechos libres del individuo se hallan por encima de casi cualquier otro desafío.

Los liberales verdes casi siempre son ordenados de izquierdas y quieren im­poner sus valores -ya sean multiculturalistas, feministas o lo que fuere- a toda la sociedad a través de la educación y de la acción del gobierno. Éste es el motivo por el cual los ordenados de izquierdas y de derechas suelen es­tablecer alianzas de lo más insólitas. El deseo de imponer sus valores sobre los demás, por ejemplo, ha llevado a los conservadores y a algunas femi­nistas radicales, por ejemplo, a ir más allá de sus diferencias y unir sus fuer­zas para solicitar la prohibición de la pornografía.

A menudo se ha dicho que el liberalismo es un movimiento que se originó en los liberales de izquierdas (que afirman que el gobierno no debe inmis­cuirse en la vida de los individuos) que lentamente fue escorando hacia una perspectiva de izquierda ordenada (según la cual, existen razones morales que justifican la interferencia del gobierno en la vida cotidiana del indivi­duo). El ejemplo típico, en este sentido, nos lo proporciona la lucha por los derechos civiles ya que, si el gobierno no hubiera intervenido, todavía nos hallaríamos inmersos en plena segregación racial. Y si bien debo admitir que hay algo de cierto en todo ello, también es evidente que la postura ordenada de izquierdas -además de sus sanas e importantes contribuciones- ha termi­nado convirtiéndose en el hogar de hoomeritis (un pluralismo postconven­cional verde preñado de narcisismo preconvencional), que quiere inmiscuirse en la vida de las personas por el poder que de ello se deriva. Así es como la izquierda ordenada ha acabado convirtiéndose en el hogar del feminismo hoomeritis, del multiculturalismo hoomeritis, de la ecología booateritis (es decir, del ecofascismo) etc. Quienes estén interesados en una integración de las posturas liberal y ordenada (o entre la individualidad y la relación), pue­den consultar la nota 7.



3) Niveles del desarrollo. La última gran región a considerar tiene que ver con la ola general de la existencia que pretende modificar la acción políti­ca. Así, los conservadores tienden a alentar las olas convencionales (desde azul hasta naranja), mientras que los liberales suelen abanderar las olas no­convencionales (es decir, púrpura/rojo y naranja/verde). Cualquier política auténticamente integral debe tener en cuenta dos grandes puntos: 1) Utilizar esas tres grandes dimensiones (y otra menor que apunta­mos al comienzo) para cartografiar el espectro completo de las orientacio­nes políticas. 2) Ver el modo más adecuado de integrar plenamente todas esas orientaciones políticas (no en sus facetas extremas, sino en sus versio­nes sanas). Y en lo que respecta a estas tres grandes dimensiones, esto sig­nifica: a) subrayar tanto la causación interna como la causación externa y alentar, de ese modo, el desarrollo interior y el desarrollo exterior; b) reco­nocer una democracia auténticamente participativa en la que el individuo pueda sentirse artífice de las leyes colectivas que regulan su conducta y c) reconocer la directriz primordial de toda la espiral completa del desarrollo humano.

Para integrar estas tres dimensiones de un modo coherente necesitamos una filosofía que pueda revelarnos la relación precisa que existe entre ellas, la filosofía integral omninivel y omnicuadrante que he tratado de presentar en una serie de libros, para los cuales ésta es una buena introducción. (Quienes estén interesados en una visión más detallada de la política integral pueden consultar Boomeritis.) El uso de ese modelo nos permite integrar teórica­mente esas dimensiones y todavía nos queda la labor de traducir todo ello a una práctica política que integre lo mejor del conservadurismo y lo mejor del liberalismo en una síntesis que nos deja cabalgar armónicamente la ola del futuro integral.

6. La directriz primordial nos obliga a dejar de lado el modelo de "recapturar la verdad" y asumir decididamente el modelo de "crecimiento hacia la bon­dad" (véase la entrada correspondiente al día 10 de diciembre de Diario y Boomeritis). El liberal tradicional cree en un estado de "bondad original" que se ve oprimido y reprimido por instituciones sociales corruptas. Y aun­que esta noción encierre algún tipo de verdad -como explico en la mencio­nada entrada de Diario-, la investigación psicológica sostiene decidida­mente la versión de "crecimiento hacia la bondad", según la cual, el desarrollo se despliega desde las fases preconvencionales hasta las conven­cionales y las postconvencionales. La versión liberal, la epistemología em­pírica y la psicología conductista, que sostienen la "bondad original" y la noción de tábida rasa, no ha encontrado el menor apoyo en la investiga­ción, dejando así al liberalismo tradicional sin el sostén de una filosofía, una psicología y una ética plausible. El enfoque omninivel y omnicuadran­te trata de asentar los nobles objetivos del liberalismo sobre cimientos más sólidos recurriendo, para ello, a las contribuciones positivas de la tradición conservadora.

En lo que respecta a los "estadios interiores", esto supone la existencia de estadios en todos los cuadrantes, es decir, tanto en el cuadrante subjetivo (intencional), como en el objetivo (conductual), el intersubjetivo (cultural) y el interobjetivo (social). Las olas del desarrollo se despliegan en los cua­tro cuadrantes y, en consecuencia, hay que tenerlos en cuenta a todos ellos. Además, puede haber un desarrollo desigual entre los distintos cuadrantes -de modo que tecnologías muy sofisticadas ("ello") pueden ser utilizadas por culturas etnocéntricas ("nosotros") pobremente desarrolladas, con re­sultados más que desastrosos (por ejemplo, Kosovo)-, etc.



Así pues, los dos pasos técnicamente necesarios para aproximarnos a una política integral son los siguientes: 1) unir el interior y el exterior y 2) reco­nocer que tanto el interior como el exterior se despliegan a través de una se­rie de estadios y llegar así a la directriz primordial. Es evidente que todas las dimensiones esbozadas en la nota 5 son esenciales para una política au­ténticamente integral, pero tal vez estas dos sean las más urgentes. La implementación práctica de estos dos pasos resulta levemente diferente en el caso de los liberales que en el de los conservadores, puesto que cada uno de ellos deberá aplicarlos subrayando, precisamente, aquello de lo que carecen. Así, en el caso de los conservadores (que creen en la causación in­terior y en los niveles interiores, pero sólo hasta el estadio mítico-pertenen­cia o hasta los memes azul/naranja), por ejemplo, la fase 1 implica el reco­nocimiento de la importancia parcial pero cierta de la causación exterior en muchas circunstancias y, de ese modo, actuar de un modo "más compasivo" hacia los damnificados (de ahí que hable de "conservadurismo compasi­vo"). La fase 2 -que todavía no ha sido emprendida-, por su parte, supone dar el paso que lleva de los valores mítico-pertenencia a los mundicéntri­cos, sin necesidad de abandonar aquéllos sino enriqueciéndolos (con el complemento de los estadios postazules más elevados). En el caso de los liberales (que creen en la causación exterior y en ningún tipo de estadio interior), la fase 1 supone el reconocimiento de la existencia de la causación interior. Debo decir, en este sentido, que hacia ello apunta­ba, precisamente, la síntesis esgrimida por Bill Clinton de "oportunidad y responsabilidad" (aplicada, entre otros ítems, a la reforma del estado del bienestar), que asumía así una actitud novedosa para el liberalismo clásico. porque la faceta "responsabilidad" supone el reconocimiento de la causa­ción interior (las personas -que no sólo las instituciones- son parcialmente responsables de su propia situación). Éste es -como adecuadamente me se­ñaló Drexel Sprecher- uno de los modos en los que Clinton trató de imple­mentar la fase 1 combinando la "responsabilidad" (de la persona) con la "oportunidad" (proporcionada por el gobierno) y reflejando así un esfuerzo por unir el interior y el exterior. La fase 2 -que, por cierto, todavía no ha sido emprendida- no sólo supone reconocer la existencia del ámbito inte­rior, sino también los distintos estadios del desarrollo interior (lo paradóji­co, una vez más, es que la propia actitud liberal tradicional ya procede del estadio mundicéntrico, de modo que no resulta un problema tan grave como pudiera parecer a simple vista, ya que lo único que se requiere es que los li­berales reconozcan más adecuadamente su propia postura y los distintos es­tadios del desarrollo que le dieron origen). A esta altura histórica, ambos abordajes han tratado de implementar, de un modo u otro, la fase 1, aunque ninguno de ellos -por más que lo pretendan­se ha adentrado en la fase 2. En la actualidad, ambos frentes están sumidos en una carrera para ver cuál de ellos puede reconocer y corregir más pronta­mente sus deficiencias y arribar así a una visión política más auténticamen­te integral. ¿Será más difícil para los conservadores tradicionales pasar del estadio mítico-pertenencia al mundicéntrico o, por el contrario, serán los li­berales quienes más dificultades tengan para reconocer la realidad de los es­tadios interiores? Porque el abordaje que primero corrija sus defectos llega­rá más pronto a una concepción política integral propia del pensamiento de segundo grado, la comprenderá más plenamente, implementará antes la di­rectriz primordial (abrazar la mayor profundidad y la mayor amplitud posi­ble) y tendrá, en consecuencia, ventajas en el ámbito del futuro político.

7. Hay que decir que, en lo que respecta a la integración de lo liberal (autóno­mo) y de lo ordenado (relación), el término "autonomía" resulta bastante desafortunado. Porque no existe, para comenzar, yo finito que sea comple­tamente autónomo, sino sólo relativamente autónomo (aunque el grado de autonomía relativa sea ciertamente mayor en las olas más elevadas). En se­gundo lugar, el yo relativamente autónomo propio de cada uno de los esta­dios se halla sumido en una red inmensa de relaciones y procesos (natura­les, objetivos, culturales y sociales) -o, dicho de otro modo, la individualidad siempre es individualidad-en-relación-, lo cual parece eludir cualquier posibilidad de una "autonomía" o individualidad completamente separada. En tercer lugar, el yo relativamente autónomo propio de cada uno de los estadios también está inmerso en un sistema de intercambios con otros yoes relativamente autónomos que se encuentran en un nivel similar de desarrollo.

Señalemos, por último, un cuarto punto especialmente importante, y es que el yo púrpura se halla sumido en un sistema de intercambios con otros yoes púrpuras, que el yo azul hace lo propio con otros yoes azules y que lo mis­mo hacen los yoes naranjas y verdes con otros yoes naranjas y verdes, res­pectivamente; sin negar, por ello, que azul interactúe con púrpura, rojo, na­ranja, verde, amarillo, etc. Lo que quiero subrayar, en suma, es que que cada nivel de identidad se reconoce, fundamentalmente, en los intercam­bios que mantiene con otros yoes de profundidad similar. Resumiendo, el yo de cada uno de los niveles es un yo-en-relación-con-otros-yoes (indivi­dualidad-en-relación).

Y así es como, súbitamente, nos vemos inmersos en el espinoso debate exis­tente entre los liberales y los colectivistas, ya que ambos poseen una pieza importante, aunque parcial, del puzzle. Estos están en lo cierto cuando di­cen que el yo es siempre un yo situado o saturado, un yo-en-contexto (una individualidad-en-relación o una autonomía-en-relación), mientras que aquéllos no lo están menos al afirmar que el yo naranja tiene una autonomía relativamente mayor que la del yo azul y que esa mayor autonomía relativa debe resguardarse de la mentalidad de rebaño propia del meme azul (de ahí su insistencia en reivindicar los derechos del individuo). Así pues, el yo li­beral relativamente autónomo (naranja) es un yo-en-relación que sólo se re­conoce en el intercambio que mantiene con otros yoes relativamente autó­nomos y, aunque la autonomía de un determinado nivel sea algo mayor que la del nivel inferior, la autonomía siempre es autonomía-en-relación (la in­dividualidad siempre es individualidad-en-relación), algo que resulta inclu­so aplicable al "yo autónomo" e integral (de la figura 2. l), que sólo existe en relación con otros yoes autónomos. Es como si la individualidad requi­riera de individualidades de una profundidad similar, y una de sus necesi­dades primordiales fuera, precisamente, la del reconocimiento. Así, en los estadios más tempranos del desarrollo, esas relaciones son necesarias para la formación del yo mientras que, en el caso del adulto. son imprescindibles para su felicidad y su bienestar del yo y para su existencia real en el reco­nocimiento mutuo. Obviamente, el yo adulto puede subsistir sin esas rela­ciones -como ocurre, por ejemplo, en el caso de verse obligado a vivir en una isla desierta-, pero hay que decir que, en una situación de tal aridez, el yo acaba languideciendo.

La noción liberal típica de autonomía comprende adecuadamente el relati­vo aumento de la autonomía del yo naranja con respecto del azul -y, conse­cuentemente, exige un sistema de derechos que protejan la individualidad naranja de la opresión azul-, pero luego concluye erróneamente que tal au-

tonomía era una especie de libertad meramente atomística. Porque lo cierto es que el liberalismo entendió que la autonomía significaba individualidad aislada y, por ello mismo, también se equivocó al concebir la naturaleza del yo (que siempre es individualidad-en-relación) y la naturaleza de la socie­dad (que no es tanto un contrato entre yoes aislados, como una expresión manifiesta de individualidades-en-relación). Como he señalado en Sexo, ecología, espiritualidad y en Breve historia de todas las cosas, toda individualidad comporta derechos, y toda relación, responsabilidades; de modo que la auténtica individualidad-en-relación sig­nifica que el yo (en cualquiera de los niveles) siempre implica derechos-y­responsabilidades o libertades-con-obligaciones. Pero el yo liberal de la Ilustración (naranja) sólo se identificó con los derechos y las libertades, al tiempo que identificó al yo azul con los deberes y las responsabilidades, de modo que, en su noble esfuerzo por proteger al yo naranja de la mentalidad de rebaño de azul -lo que realmente significa proteger la individualidad-en­relación naranja de la individualidad-en-relación azul (o proteger los dere­chos-y-responsabilidades naranja de los derechos-y-responsabilidades azul)-, desgajó los derechos de las responsabilidades, identificándose con aquéllos, y que lo mismo hizo azul con las responsabilidades. Y fue preci­samente esta estrategia defensiva la que le llevó a creer inadvertidamente que podría tener derechos sin las correspondientes responsabilidades, indi­vidualidad sin la correspondiente relación, libertades sin las correspondien­tes obligaciones y diversiones sin los correspondientes deberes. Así fue como la noción liberal de autonomía acabó convirtiéndose en uno de los ca­talizadores de la desintegración egocéntrica, regresiva y narcisista de las re­laciones, del respeto y de las obligaciones sociales. Por ello uno de los ítems más importantes de cualquier agenda política re­almente integral debería centrarse en vincular los derechos y las responsa­bilidades postconvencionales (nivel naranja y superiores), sin que ello su­pusiera un retroceso a los derechos-y-responsabilidades azules. No olvidemos que el yo autónomo liberal sólo existe en una red de intercam­bios mutuos con otros yoes autónomos y que esa red de individualidades­en-relación no sólo proporciona nuevas libertades y oportunidades, sino que también impone nuevos deberes y responsabilidades. (Véase Después del Edén para una discusión acerca del tipo de intercambio que tiene lugar en cada uno de los niveles de identidad; véanse también Sexo, ecología, es­piritualidad y Breve historia de todas las cosas para una discusión en torno a la individualidad-en-relación y a los derechos-y-responsabilidades.)

8. Aunque Sprecher y Chickering no hayan formulado todavía de un modo ex­plícito su definición de derecha e izquierda, el primero afirma que llegó a esta noción de un modo independiente al año de hacerlo yo, cosa que me parece muy razonable. La combinación de las definiciones de liberal y con­servador con las nociones de ordenado y libre nos proporciona una matriz de cuatrto elementos -liberal de izquierdas, ordenado de izquierdas, liberal de derechas y ordenado de derechas-, a la que suele conocerse como la ma­triz de Chickering/Sprecher (véase nota 5).

Sprecher es el creador de dos disciplinas integrales denominadas "lideraz­go generativo" (que subraya el desarrollo subjetivo) y "gobierno integrado y descentralizado" (que enfatiza el desarrollo objetivo) y también ha pues­to a punto un abordaje muy interesante al tema de la formación del lideraz­go político, para la enseñanza de las visiones integrales, que incluye una se­rie de ejercicios que se atiene a las tres vertientes que debe satisfacer toda ciencia amplia (prescriptiva, experimental y verificación posterior). Sprecher ha llegado a una conclusión bastante similar a la que yo he seña­lado en la nota 6, relativa a los dos pasos necesarios para avanzar hacia una política más integral («unir el interior y el exterior» y «advertir que el desa­rrollo interior y el desarrollo exterior atraviesa una serie de estadios y llegar así a la directriz primordial»), una concepción -que estimuló considerable­mente mi propia formulación teórica- a la que denomina "tercera vía". Des­de su punto de vista, los "dos pasos' necesarios para acercarnos a una "ter­cera vía" son, en primer lugar, económicos y horizontales y, en segundo lugar, culturales y verticales. El primero se centra en la integración hori­zontal de la izquierda y la derecha; el segundo se ocupa de la integración vertical entre ordenado y liberal. Muchos de estos importantes problemas serán tratados en un artículo de próxima publicación sobre el renacimiento norteamericano titulado «The Future in the Third Way», escrito por Spre­cher con la colaboración de Chickering y la mía propia.

9. Así pues, los ordenados (que subrayan la importancia de los cuadrantes in­feriores o colectivos) de i_quierdas (por cuanto se centran en la importancia de la causación exterior, es decir, de los cuadrantes de la Mano Derecha) -es decir, los socialistas- enfatizan el cuadrante inferior-derecho (el siste­ma social económico y objetivo) y apuestan, en consecuencia, por la inter­vención del gobierno en ese cuadrante (Estado del bienestar, por ejemplo).

Los ordenados (inferior o colectivo) ¿le derechas (que creen en la causación

interior o en los cuadrantes de la Mano Izquierda) -es decir. los tradiciona­listas o fundamentalistas- se centran en el cuadrante inferior-izquierdo (creencias culturales y visiones del mundo) e insisten en que todos debemos obedecer sus normas y valores, mediante la intervención del Estado si fue­ra preciso (imponiendo la obligatoriedad de la oración en las escuelas, por ejemplo). Los liberales (superior o individual) de derechas (que creen en la causación interior o en las realidades de la Mano Izquierda) -es decir. los defensores del mercado libre- enfatizan el cuadrante superior-izquierdo y sostienen, por tanto, que los individuos deben asumir la responsabilidad de sus acciones y que el gobierno no debe interferir en los cuadrantes de la Mano Derecha (económicamente, por ejemplo), excepto para proteger esos derechos y esas libertades. Los liberales de i_quierdas -es decir, los defen­sores de las libertades civiles- subrayan la libertad de la conducta indivi­dual (cuadrante superior-derecho) y sostienen que el gobierno sólo debe in­tervenir para proteger esas libertades. Hay muchas variantes posibles de estos cuatro grandes tipos y también debemos tener en cuenta los niveles del desarrollo, pero bastan estos simples ejemplos para indicar la importan­cia de un análisis más integral.

10. Cualquier abordaje integral al gobierno mundial provendría, en parte, de lo que Clare Graves denomina el desarrollo psicológico de "segundo grado", es decir, los memes amarillo y turquesa. (Son muchos los teóricos que uti­lizan el concepto de grados de desarrollo -primero, segundo, tercero, cuar­to, etc.-, pero debo decir, en este sentido, que la noción gravesiana de "se­gundo grado" se ajusta perfectamente al tema que ahora estamos tratando. En el próximo capítulo hablaremos también de la noción de desarrollo de "tercer grado" para referirnos a las realidades transpersonales que empiezan con el coral/psíquico.) Utilizando los términos de la Spiral Dynamics, la Constitución de Estados Unidos representó el punto culminante del gobier­no de primer-grado (que emerge fundamentalmente de los principios que van de naranja-a-verde) y estableció los sistemas de gobierno de las agru­paciones de estados (y, hasta cierto punto, de las comunidades de valor). En el mundo postnacional y postverde de hoy en día, necesitamos un sistema de gobierno para una Civilización Mundial (véase capítulo 6) que posibili­te la emergencia de un mundo interrelacionado realmente holístico y que, en mi opinión, obviamente, debería ser un abordaje omnicuadrante y omni­nivel que se guiara por la Intuición Moral Básica (que consiste en «proteger y alentar la mayor profundidad y la mayor amplitud posible») y que tam­bién permitiese encarnar la directriz primordial (alentar la salud de la espi­ral completa del desarrollo sin privilegiar ninguna ola concreta) y propor­cionase un marcador para la transformación del amplio abanico de los recursos humanos (que invite a las personas a crecer y desarrollar todos sus potenciales, tanto internos como externos). Todos estos ítems -el abordaje integral, la Intuición Moral Básica, la directriz primordial y el marcador de la transformación- son, en mi opinión, los ingredientes fundamentales de cualquier sistema de gobierno integral o de segundo grado. La implementa­ción práctica de estas ideas en el ámbito del gobierno mundial -que debería considerar tanto la diferenciación de los gobiernos nacionales como su in­tegración e implementación práctica- representa uno de los principales re­tos a los que deberá enfrentarse la política de este milenio.

11. Véase las obras de Larry Dossey, Jon Kabat-Zinn, Jeanne Achterberg, Ken Pelletier y Joan Borysenko, entre otros.

12. John Astin, «The Integral Philosophy of Ken Wilber: Contributions to the Study of CAM [Complementary and Alternative Medicine] and Conventio­nal Medicine», en preparación.

13. «Sensorimotor Sequencing», artículo presentado en el congreso Psycholo­gical Trauma, patrocinado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston y la Harvard Medical School.

14. G. Schwartz y L. Russek «The Challenge of One Medicine: Theories of Health and Eight World Hypotheses», Advances: The Journal of Mind-Body Health.

15. Véase L. Dossey «The Great Chain of Healing: Toward an Integral Vision of Medicine (With a Bow to Ken Wilber)» , en Crittenden et al. (eds.), Kin­dred Visions, próximamente publicado por Shambhala.

16. D. Paulson, «Management: A Multidimensional/Multilevel Perspective», en Crittenden et al. (eds.), Kindred Visions, próximamente publicado por Shambhala. Véase también D. Paulson, Topical Antimicrobial Testing and Evaluation, Marcel Dekker, 1999; «Succesfully Marketing Skin Moisturi­zing Products», Soap/CosmeticslChemical Specialties, agosto de 1999; «Developing Effective Topical Antimicrobials», Soap/CosmeticslChemical Specialties, diciembre de 1997. Daryl ha publicado muchos artículos sobre las aplicaciones omninivel y omnicuadrante a muchos campos, incluyendo una interesante valoración de las llamadas "experiencias de aproximación a la muerte" («The Near-Death Experience: An Integration of Cultural, Spiri­tual, and Physical Perspectives», Journal of Near Death Studies, 18 [I], oto­ño de 1999). Daryl también forma parte del panel de expertos de la FDA so­bre la seguridad de los alimentos. «Utilizamos el modelo de los cuatro cuadrantes para contrarrestar las infecciones de bacilos tales como los bro­tes de Escherichia coli 0517-H7.»

En lo que respecta a la faceta omninivel de los seres humanos, puede recu­rrirse a cualquiera de los modelos más conocidos, desde el de Maslow has­ta el de Graves y el de Loevinger. Éste es un campo en el que el modelo de la Spiral Dynamics ha tenido mucho éxito y debo decir que hoy en día uti­liza un enfoque omnicuadrante y omninivel (muy semejante al presentado en la figura 3.1).

17. G. Gioja, «Creating Leaders (Beyond Transformation: An integral Mani­festo)», On Purpose Associates (Cleveland et at.), «The Practical Philosop­her: How Ken Wilber Changed Our Practice» y L. Burke, «Not Just Money, Meaning», todos ellos incluidos en Crittenden et al. (eds.), Kindred Visions, próximamente publicado por Shambhala. La cita de The Leadership Circle (Bob Anderson, Jim Stuart y Eric Klein) está tomada de «The Leadership Circle: Bringing Spiritual Intelligence to the Work». Quienes estén interesados en contactar con ellos pueden hacerlo a través de Klein, el editor de su Atirakening Corporate Soul.

18. De entre los muchos ecoteóricos que han comenzado a utilizar un enfoque más integral, quisiera destacar especialmente la obra de Matthew Kalman, Michael Zimmerman (Radical Ecology) y Gus diZerega. DiZerega y yo hemos tenido nuestras diferencias teóricas, pero creo que hoy en día abordamos del mismo modo muchos problemas ecológicos, hasta el punto de que es muy probable que próximamente publiquemos un artículo escrito entre los dos. El núcleo de la crítica de Gus se centraba en mi comentario de que mucha gente experimen­ta el misticismo natural desde una perspectiva prerracional y hasta regresiva, aunque ello no significa, obviamente -como luego maticé-, que ésa sea la acti­tud generalizada. Tampoco quiero decir que Gus esté completamente de acuer­do con mi visión, pero creo que contempla con muy buenos ojos un enfoque omnicuadrante y omninivel que incluya el misticismo natural, el misticismo te­ísta, el misticismo sin forma y el misticismo no-dual (o, lo que es lo mismo, los niveles psíquico, sutil, causal y no-dual del misticismo). Y aunque los dos so­mos muy conscientes de los problemas ocasionados por la modernidad y la Ilustración, también valoramos muy positivamente muchas de sus contribucio­nes (cosa que, dicho sea de paso, no suelen hacer los ecoteóricos).

19. Esto suena a inclusividad liberal, con la diferencia de que el liberal tradicio­nal no admite fácilmente muchos de los estadios naturales y necesarios del desarrollo interior (especialmente los estadios conformista, ley-y-orden y fundamentalista), a través de los cuales discurre el proceso de desarrollo de los seres humanos. Por ello los liberales tienden a oponerse frontalmente a esas importantes estructuras dondequiera que las encuentren, lo cual tiene un efecto profundamente disolvente y regresivo. Como señala la Spiral Dyna­mies, verde disuelve a azul, lo cual suele tener un efecto dañino sobre la di­rectriz primordial, no sólo en cuestiones de política interna, sino también en lo que respecta a la política exterior (tratando, por ejemplo, de impulsar por doquier los "derechos humanos" del meme verde, lo cual resulta, en los paí­ses que se hallan asentados en el meme azul, una completa pérdida de tiempo en el mejor de los casos y, en el peor de ellos, un intento francamente reac­cionario. El modo más adecuado de fomentar el desarrollo de la rigidez azul no consiste en alentar la sensibilidad verde, sino la tecnología naranja). Entre los teóricos que se muestran más proclives a una orientación integral ha­cia las minorías (y hacia los países en vías de desarrollo), cabe destacar a Beck, Connie Hilliard y Maureen Silos: todos ellos colaboran en Kindred Visions, de Crittenden et al. (eds.), un libro que próximamente publicará Shambhala.

20. Reiteremos los dos estadios de una política más integral: admitir la existen­cia de las interioridades y, posteriormente, reconocer también las diferentes olas del desarrollo de esas interioridades.

21. El problema de la Inteligencia Artificial (IA) y de la robótica es que la ma­yor parte de sus proponentes son psicólogos aficionados que poseen una vi­sión muy empobrecida de la conciencia y de su desarrollo. Si echamos un vistazo al cuadrante superior-izquierdo de la figura 4.4, advertiremos tam­bién la historia (y los holones constitutivos) de la conciencia humana: la aprehensión de los átomos y las moléculas se ve subsumida por la irritabili­dad celular, que a su vez se ve subsumida por las sensaciones de los organis­mos neuronales, que a su vez se ven subsumidas por los animales que pose­en cuerda neural, que a su vez se ven subsumidos por los impulsos de los animales con tallo cerebral reptiliano, que a su vez se ven subsumidos por las emociones y sentimientos de los animales poseedores de sistema límbico, que a su vez se ven subsumidos por los símbolos y conceptos de los anima­les que poseen neocórtex, en cuyo punto, la inteligencia humana puede lle­gar a producir el pensamiento operacional formal o lógica. Así pues, la con­ciencia humana se halla constituida por todos y cada uno de esos holones, que se ven trascendidos al tiempo que incluidos por sus sucesores. Los programadores informáticos, no obstante, tienden a centrar su atención en el tipo de conciencia que mejor conocen -el pensamiento lógico y mate­mático-, quedándose con esta delgada película exterior de la conciencia y programando en base a ellas sus algoritmos, como si la conciencia humana pudiera equipararse a la inteligencia artificial superficial, desencarnada y disociada. Así es como llegan a la extraña conclusión de que, dentro de una década o dos, la "conciencia humana" podrá ser "descargada" en chips de silicona y que ello nos permitirá alcanzar la vida eterna, cuando lo único que habrían hecho, en tal caso, es simplemente reproducir las facetas más externas y disociadas de la conciencia humana.

Para crear una inteligencia artificial semejante a la humana, los ingenieros que se dedican a la IA deberían recrear todos y cada uno de los holones cons­titutivos del superholón de la conciencia humana. Y, para ello, deberían ser capaces de crear todos y cada uno de los niveles, desde la irritabilidad celu­lar hasta los instintos reptilianos, las emociones del sistema límbico y la ra­cionalidad y la conectividad del neocórtex (y no olvidemos que el neocór­tex tiene más conexiones neuronales que estrellas hay en el universo conocido). Por ello debemos decir que, en este sentido, la IA todavía se ha­lla muy lejos incluso de estar en condiciones de recrear la irritabilidad de los organismos celulares, de modo que, por el momento, podemos ignorar sus grandes pretensiones. La robótica del próximo siglo se hallará confina­da a conductas que pueden ser programadas siguiendo ciertos algoritmos, reglas lógico-digitales, modelos de lógica difusa y redes de aprendizaje neural que, en el mejor de los casos, sólo lograrán replicar las facetas más superficiales de la conciencia.

Pero además existe otra gran dificultad y es que la conciencia es un asunto de cuatro cuadrantes. En este sentido, la IA está intentando programar ex­clusivamente las reglas de conducta y los mecanismos de aprendizaje (cua­drante superior-derecho), pero de ese modo jamás podremos reproducir la entidad tetradimensional a la que denominamos conciencia. Como dice John Searle, la conducta (cuadrante superior-derecho) nunca será lo mismo que la intencionalidad (cuadrante superior-izquierdo) y, del mismo modo, la conducta del cuadrante superior-derecho jamás podrá llegar a producir valores culturales intersubjetivos (cuadrante inferior-izquierdo). Hay que señalar además, en este punto, los argumentos aducidos por la es­piritualidad profunda, según la cual la conciencia -ya se trate de inteligen­cias humanas o de robots- no es el producto de nada. La conciencia pura, por el contrario, es el Origen y Fundamento de toda manifestación, y está usted apañado si cree que es posible poner todo eso dentro de un ordena­dor... El ordenador es una manifestación de la conciencia, no viceversa, y todo lo que usted puede meter en un ordenador -o, lo que es lo mismo, sa­car de él- no será más que una loncha esmirriada y superficial del Gran Pas­tel Kósmico. Además, la idea de que la conciencia puede ser "descargada" en un microchip suele proceder normalmente de adolescentes que padecen insomnio y pasan la noche frente al monitor de su ordenador, disociados, abstraídos y disueltos en un pensamiento desencarnado... aunque he de de­cir, en este sentido, que yo también me reconozco en ellos... así que, por favor... hay muchos más holones en la conciencia humana de los que pue­de soñar incluso la IA.



22. Edwin Firmage, Leaving the Fold, J. Ure (ed.), pág. 229.

23. En el texto he señalado que, para superar estos problemas, es necesaria una adecuada combinación entre limitaciones externas/legales y sabiduría inter­na/moral -o, hablando en términos más generales, un enfoque más inte­gral- o, lo que es lo mismo, un sistema de gobierno de segundo grado (dado que sólo el pensamiento de segundo grado es capaz de llegar a soluciones integrales). Lo más probable es que, en un futuro previsible, el grueso de la humanidad se halle en las olas premundicéntricas (egocéntrica y etnocén­trica) y para abordar esos problemas sea necesario un gobierno mundial de segundo grado. Esto es algo análogo a la Constitución de Estados Unidos que, como ya hemos señalado, fue un documento del estadio moral 5 que sirvió para gobernar a una colectividad en la que menos del 10% se hallaba en dicho estadio. De este modo, un gobierno mundial de segundo grado ten­drá que facilitar la integración de un mundo en el que menos del 10% de la población haya alcanzado realmente el pensamiento de segundo grado. Ob­viamente, no estamos en condiciones de esbozar el modo concreto en que tal cosa ocurrirá, porque la política integral está recién empezando a apare­cer y resulta imposible prever la forma final que asumirán las emergencias complejas. Lo que es casi cierto es que si logramos sobrevivir hasta enton­ces tal cosa ocurrirá; cómo, cuándo y dónde es algo que, en cierto modo, nos sorprenderá (puesto que, si no lo hiciera, no se trataría de un auténtico emergente). A pesar de ello, no obstante, es posible subrayar muchos de sus rasgos generales característicos y también muchos de los catalizadores que propicien su emergencia. Y ése, precisamente, es uno de los objetivos prio­ritarios del Institute of Integral Politics. Joe Firmage (cofundador de USWeb/CKS, Intend Change y Project Voya­ger, y uno de los miembros del Integral Institute) señala que existen dos as­pectos generales en este sentido -a los que denomina "coercitivo" (el con­trol externo impuesto por la fuerza) y "no coercitivo" (la sabiduría moral interior que proporciona una guía adecuada), respectivamente- y que la cuestión radica en el modo adecuado de armonizar esas dos facetas por las pesadillas que podría ocasionar una falta de desarrollo integral. De un lado tenemos los sistemas de gobierno "descentralizados e integrados" que están siendo investigados por varios miembros del Integral Institute y que, según la versión de Firmage, constituyen una «nueva alternativa ideotecnómica que pueden posibilitar nuevas prioridades holísticas y fomentar la evolu­ción del gobierno hacia un rol más pequeño, menos controlador, más cohe­rente y más orientado hacia el servicio». Por otro lado, también debemos prestar una atención renovada al desarrollo interior, lo cual incluye la edu­cación global, la conciencia pública comprometida, el liderazgo político in­tegral y la espiritualidad profunda. En opinión de Firmage: «Desde mi pun­to de vista, es necesaria una auténtica revolución espiritual integral, puesto que ningún tipo de control exterior podría funcionar y cualquiera que lo pretendiera tornaría inviable la existencia misma de la vida».

La integración armónica entre el desarrollo exterior y el desarrollo interior constituye, por supuesto, otra versión de la política integral, y hoy en día parece cierto que sólo los enfoques políticos integrales pueden abordar esos problemas de un modo más inteligente. (Véanse notas 5, 6, 7, 8 y 10.) Pero de ahí podemos extraer una conclusión clara: los aspectos coercitivos re­queridos por el gobierno mundial aumentarán en proporción directa a la fal­ta de desarrollo interior.





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