Ken Wilber



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Ken Wilber


Escaneado por Germán Campos

Chile, 2004


UNA TEORIA DE TODO
Una visión integral de la ciencia,

la política, la empresa

y la espiritualidad

Traducción del inglés de David González Raga

Título original: A THEORY OF EVERYTHING

© 1996 by Ken Wilber

© de la versión en castellano: 2000 by Editorial Kairós, S.A.

Primera edición: Febrero 2001

I.S.B.N.: 84-7245-495-9 Depósito legal: B-7.806/2001
Fotocomposición: Beluga y Mleka. s.c.p., Córcega 267. 08008 Barcelona Impresión y encuadernación: Romanyá-Valls. S.A. Verdaguer. 1. 08786 Capellades.

Todos los derechos reservados. No está permitida la reproducción total ni parcial de este libro, ni la recopilación en un sistema informático, ni la transmisión por medios electró­nicos, mecánicos, por fotocopias, por registro o por otros métodos. salvo de breves ex­tractos a efectos de reseña. sin la autorización previa y por escrito del editor o el propie­tario del copyright


NOTA PARA EL LECTOR


¿Cuál es, al despuntar el nuevo milenio, el más candente de los problemas intelectuales? ¿Cuál es el ítem que despierta el in­terés de la academia y de revistas tan eruditas como Atlantic Re­view y el New Yorker? ¿Cuál es el tema que atrapa la atención tanto del especialista como del gran público? ¿Acaso se escon­den ahí los arcanos más secretos de la condición humana? ¿Cuá­les son las nuevas ideas con que nos deslumbrarán quienes andan "en el ajo"?

Habría quien dirían que se trata de la psicología evolutiva, es decir, la aplicación de los principios de la evolución al estudio de la conducta humana: como usted sabe, los hombres somos se­xualmente promiscuos, mientras que las mujeres, por su parte, son creadoras de nidos porque millones de años de selección na­tural nos han hecho así. Y es muy cierto que la psicología evolu­tiva se ha convertido en un ítem candente, porque ha logrado arrinconar al postmodernismo -el megahit de las últimas tres dé­cadas- hasta el punto de que hoy en día sólo despierta bostezos. ¿No les parece irónico que el postmodernismo -que había logra­do su enorme cohorte de seguidores gracias a su capacidad para deconstruir las ideas ajenas y proclamarse así en el rey del mun­do académico- forme ya parte del ayer?

La psicología evolutiva consiguió "mover el piso" de los es­pecialistas en "mover el piso", y lo hizo mostrando que los prin­cipios de la evolución nos proporcionan explicaciones mucho más sugestivas de la conducta humana que la monótona cantine­la postmoderna de que toda conducta es culturalmente relativa y se ve socialmente construida. Porque el hecho es que la psicolo­gía evolutiva explicitó los principios universales de la condición humana, evidenció que sólo es posible negar la evolución abra­zando la incoherencia... y puso de relieve que, a fin de cuentas, el postmodernismo tampoco resultaba tan divertido.

La psicología evolutiva es una de las ramas de una perspectiva radicalmente nueva sobre la evolución. La síntesis neodarwiniana anterior consideraba la evolución como el resultado de la acumu­lación de las mutaciones genéticas azarosas que tienen mayor va­lor de supervivencia, pero eran muchos los que no se hallaban sa­tisfechos con esa explicación. ¿Cómo puede la extraordinaria vitalidad y diversidad de la vida proceder de un universo exclusi­vamente gobernado por las leyes de la física, leyes que afirman tajantemente -recordemos el segundo principio de la termodiná­mica- que el universo se halla sumido en un proceso de degrada­ción continua y que el grado de desorden es cada vez mayor? Porque el hecho es que la simple observación pone de manifies­to que, en el mundo real, la vida genera orden por doquier, como si el universo no se hallara en proceso de descomposición sino, muy al contrario, de creación.

Las teorías del "caos" y de la "complejidad" aportaron una nue­va y revolucionaria visión, según la cual el universo físico tiende a crear orden, como el remolino que genera el agua al irse por un de­sagüe. La vida biológica se halla inmersa en una serie de vórtices que parecen introducir orden en el caos y posibilitar la emergencia, a cada nuevo paso, de estructuras cada vez más ordenadas me­diante diversos procesos de selección que operan a todos los nive­les, desde el físico hasta el cultural. Ésta es, precisamente, en el do­minio humano, la conducta estudiada por la nueva psicología evolutiva, un tópico realmente muy interesante.

Pero, por más interesante que sea, la psicología evolutiva no es el tema más candente de nuestro tiempo. Desde comienzos de los ochenta y a lo largo de un proceso que experimentó un cres­cendo a finales de los noventa, el mundo de la física se vio sacu­dido por el rumor de la aparición de una nueva teoría de todo [una TOE],* una teoría destinada a unificar todas las leyes cono­cidas del universo en un único y omniabarcador modelo que ex­plicaría literalmente la totalidad de la existencia. Hubo incluso quienes dijeron que, en su formulación matemática, podía adver­tirse la misma mano de Dios, otros proclamaban que se había descorrido el velo que ocultaba el último misterio y la gran ma­yoría creía en silencio que la respuesta final a todas las preguntas no andaba muy lejos.

Conocida con el nombre de teoría de cuerdas (o, más exacta­mente, como teoría-M), esa visión prometía unificar todos los ámbitos conocidos de la física -el electromagnetismo, las fuerzas nucleares y la gravedad- en un supermodelo que lo abarcaría todo. Las unidades fundamentales de ese supermodelo son cono­cidas con el nombre de "cuerdas" (o cuerdas vibrantes unidimen­sionales) y su vibración da origen a las "notas" que constituyen la totalidad de partículas y fuerzas conocidas del cosmos.

La teoría-M (según se dice, la "M" lo representa todo, desde matriz hasta membrana, misterio o madre, configurando así una suerte de "madre de todas las teorías") es, de hecho, un modelo muy excitante y prometedor, y si finalmente se demuestra que funciona -y hay que decir, en este sentido, que la evidencia pare­ce corroborarla-, se trataría de uno de los principales descubri­mientos científicos de todos los tiempos. Por ello, para los enten­didos, la teoría de cuerdas o teoría-M es el más candente de todos los modelos intelectuales, un revolucionario supermodelo que destierra a la psicología evolutiva al rincón de lo meramente anecdótico.

La teoría-M ha llegado incluso a influir en el mismo pensa­miento de los intelectuales, es decir, les ha llevado a pensar de un

* He preferido mantener la abreviatura del término original inglés Theoj.ee of Ere;.vthing. (N. del T )

modo diferente. Pero ¿qué significaría, a fin de cuentas, una teo­ría que lo explicase todo? ¿Y qué significa, exactamente, "todo"? ¿Acaso esta nueva teoría física puede llegar a explicar, ponga­mos por caso, la poesía humana, el funcionamiento de la econo­mía o los distintos estadios del desarrollo psicosexual? ¿Es que acaso esta nueva física puede explicar el flujo de los ecosistemas, la dinámica de la historia o por qué las guerras siguen siendo tan lamentablemente frecuentes?

Según se dice, en el interior de los quarks existen cuerdas vi­brantes que constituyen las unidades fundamentales que hay de­trás de todo. Pero, si esto fuera así, se trataría de una totalidad ex­traña y más bien anémica, bastante ajena, por otra parte, a la riqueza del mundo cotidiano. Es muy posible que las cuerdas constituyan una parte importante -y hasta fundamental- del mundo, pero en ningún caso parece que se trate de un asunto muy significativo. Usted y yo sabemos que, si las cuerdas existen, sólo constituyen una pequeña parte de la imagen global, y lo sa­bemos cada vez que echamos un vistazo a nuestro alrededor, cada vez que escuchamos a Bach, hacemos el amor, nos asusta­mos por el fragor de un trueno, nos extasiamos ante una puesta de sol o contemplamos un mundo resplandeciente que parece com­puesto por algo mucho mayor que esas delgadas bandas unidi­mensionales microscópicas...

Los griegos tenían una hermosa palabra -Kosmos- para refe­rirse a la Totalidad ordenada de la existencia, una totalidad que incluía los reinos físicos, emocionales, mentales y espirituales. Desde su punto de vista, la realidad última, pues, no era tanto el cosmos (la dimensión estrictamente física) como el Kosmos (que incluye las dimensiones físicas, emocionales, mentales y espiri­tuales). El Kosmos no se refería sólo a la materia inanimada e in­sensible, sino a la Totalidad viva compuesta por la materia, el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu. ¡Si debe existir una autén­tica TOE, ésa no debe centrarse exclusivamente en el cosmos sino en el Kosmos! Lo que ocurre es que la modernidad ha aca­bado reduciendo el Kosmos al cosmos, la totalidad compuesta de materia-cuerpo-mente-alma-y-espíritu a la materia hasta el punto de que, en el mundo insípido y anodino del materialismo cientí­fico, nos conformamos con la idea de que una teoría que unifique la dimensión física realmente es una TOE...

Según se dice, la nueva física nos revela la mente de Dios y tal vez sea así... pero sólo cuando Dios esté pensando en la mera materia. Preguntémonos, pues -sin negar por ello, en modo algu­no, la importancia de una física unificada- si acaso podemos dis­poner de una teoría que no se limite al cosmos sino que tenga re­almente en cuenta al Kosmos. ¿Acaso puede haber una auténtica TOE?, ¿es legítimo preguntarse estas cosas? y, en tal caso ¿por dónde tendríamos que comenzar?

Una verdadera "visión integral" -una auténtica TOE- debería incluir la materia, el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu tal y como se nos presentan en su despliegue a través del yo, la cultura y la naturaleza. Debería tratarse de una visión comprehensiva, equilibrada e inclusiva, una visión que abrazase la ciencia, el arte y la moral, una visión que englobase todas las disciplinas (desde la física hasta la espiritualidad, la biología, la estética, la sociología y la oración contemplativa) y se expresase a través de una política integral, una medicina integral, una espiritualidad integral...

Este libro presenta un esbozo de tal TOE y, en este sentido, está plagado de limitaciones, es decir, de generalizaciones injus­tificadas que impiden, en consecuencia, que alcance su objetivo manifiesto de un abrazo auténticamente holístico. Pero no es sólo que la empresa se encuentre más allá de cualquier mente huma­na, sino que es prácticamente imposible de llevar a cabo, ya que el conocimiento crece a una velocidad mucho mayor que nuestra capacidad de conceptualizarlo. La búsqueda holística, pues, es una especie de quimera, un viaje interminable hacia un horizon­te que se desplaza al mismo ritmo que nosotros, una marmita lle­na de oro al final de un arco iris que nunca alcanzaremos.

¿Pero por qué, si esto es así, deberíamos preocuparnos siquie­ra por embarcarnos en esa tarea? Porque, en mi opinión, un poco de totalidad es mejor que nada y cualquier visión integral nos brinda mucha más totalidad que la alternativa acostumbrada de las meras visiones chatas. Podemos estar más completos o menos completos, más fragmentados o menos fragmentados, más alie­nados o menos alienados y, en este sentido, una visión integral nos ayuda a sanar nuestra fragmentación y ser un poco más com­pletos en nuestro trabajo, en nuestra vida y en nuestro destino.

Además, y como veremos en las próximas páginas, una visión integral puede proporcionarnos beneficios inmediatos. En los primeros cuatro capítulos presentamos una TOE y en los últimos tres hablamos de una política integral, de una educación integral, de una medicina integral, de una espiritualidad integral y de una visión integral del mundo de los negocios (campos en los que, por cierto, ya se está trabajando entusiásticamente), subrayando así su relevancia en el "mundo real". El último capítulo se centra en una "práctica transformadora integral", un abordaje integral a la transformación psicológica y espiritual que puede emprender cualquier lector interesado.

(Las notas finales son para los estudiantes avanzados o para una segunda lectura. Y, en el último capítulo, presento una serie de lecturas recomendadas para todos aquellos que quieran pro­fundizar en una visión integral y en una TOE.)

Este libro es el hermano gemelo de Boomeritis, porque creo que el mundo, en general, y mi generación, en particular, ha llega­do a una encrucijada clave en la que, o bien seguimos el camino marcado por el materialismo científico, el pluralismo fragmentado y el postmodemismo deconstructivo o bien elegimos un camino más integral, global, abarcador e inclusivo. Así pues, Boomeritis y Una teoría de todo parten del mismo punto (el primer capítulo y la mitad del segundo son prácticamente idénticos), pero luego Boo­meritis se ocupa de investigar el camino que hemos seguido has­ta el momento, el camino de la fragmentación y la alineación, mientras que Una teoría de todo se dedica a explorar el camino alternativo del holismo y el abrazo integrador. La decisión final, obviamente, depende de todos nosotros.

Quisiera, para finalizar, señalar que las ideas esbozadas en las páginas siguientes no son más que meras sugerencias. Convendría, pues, que el lector viera si esas ideas tienen sentido para él, si pue­de enriquecerlas y si le ayudan a actualizar sus propias ideas y as­piraciones más integrales. En cierta ocasión tuve un profesor que decía que una buena teoría es aquella «que dura lo suficiente como para alcanzar otra todavía mejor» y lo mismo podríamos decir con respecto a "una buena TOE". Ésta no es una teoría fija y cerrada, sino simplemente una teoría que sólo habrá servido con su cometi­do cuando le permita alcanzar otra mejor. Entretanto, disfrutemos de la maravilla y la gloria de la misma búsqueda, una búsqueda sa­turada desde el comienzo del resplandor del ser y consumada antes incluso de haberla emprendido.

K. W.


Boulder, Colorado Primavera del 2000

1. LA ESPIRAL SORPRENDENTE

Vivimos en una época ciertamente extraordinaria, una época en la que disponemos de la posibilidad de acceder, hasta cierto punto, de modo directo (en tanto que entidades vivas) o indirec­to (gracias al registro histórico) a todas las culturas pasadas y presentes del mundo, una situación privilegiada que nunca antes se había presentado en la historia del planeta Tierra.

Tal vez nos resulte hoy difícil de imaginar pero, a lo largo de la historia de la humanidad, en este planeta -una historia que co­menzó hace ya varios millones de años-, la persona que nacía en el seno de una determinada cultura lo ignoraba casi todo acerca de las demás. Si usted, por ejemplo, nacía en China, era educado como chino, abrazaba una religión china, se casaba con una chi­na y vivía muy a menudo en la misma choza -una choza, por otra parte, enclavada en la misma tierra que durante siglos habían ocupado sus antepasados- durante toda su vida. El destino de la humanidad parece ir desde las hordas y tribus aisladas hasta las pequeñas aldeas agrícolas, los imperios feudales, las antiguas na­ciones, las sociedades de estados y la aldea global.

En la medida en que la vanguardia de la evolución de la con­ciencia se aproxima a un milenio integral -o a la posibilidad, cuanto menos, de un milenio integral-, el ser humano dispone de la posibilidad de acceder a la totalidad del conocimiento, la sabi­duría y la tecnología que ha ido acumulando con el correr del tiempo y, más pronto o más tarde, llegaremos a articular una TOE que nos sirva para explicarlo todo...

Pero, aun en el mejor de los casos, son muchos los obstáculos que se oponen a ese abrazo integral. Además, la modalidad típica o promedio de la conciencia se halla muy lejos de tal visión inte­gral y necesita desesperadamente de ella. El estado actual de esta visión integral (tanto en las poblaciones más evolucionadas como en las menos desarrolladas) constituye uno de los temas funda­mentales que estudiaremos en el presente libro. ¿Resultaría acaso beneficiosa una TOE que fuera aplicable a todo sin marginar nada? Y, en tal caso, ¿cómo podríamos aseguramos de ello?

¿Cuál es el estatus, en suma, de la visión integral en el mundo actual, tanto en la élite cultural como en el mundo en general? Comencemos con la vanguardia y con los muchos obstáculos que impiden que nuestra élite cultural asuma una visión auténtica­mente integral.



La fragmentación de la vanguardia
El término integral significa integrar, reunir, unir, relacionar, abrazar, pero no en el sentido de uniformar o eliminar las fecun­das diferencias, matices y tonalidades que colorean nuestra plu­ral humanidad, sino para llegar a reconocer la unidad-en-la-di­versidad y tener así en cuenta tanto los factores comunes que compartimos como las diferencias que nos enriquecen. Y lo di­cho no sólo es aplicable exclusivamente a la humanidad, sino al Kosmos en general, ya que debemos encontrar una visión más comprehensiva -una TOE- en la que quepan tanto el arte como la moral, la ciencia y la religión y no pretenda reducirlo todo a su fragmento favorito del gran pastel kósmico.

Es evidente que una visión auténticamente holística o integral de la realidad deberá también ir acompañada de un nuevo tipo de teoría crítica, es decir, de una teoría que contemple el statu quo presente desde una perspectiva más abarcadora -y, en consecuen­cia, más deseable- tanto para el individuo como para la cultura en general. Y también es evidente que este paradigma integral deberá ser crítico con cualquier otro abordaje que sea, comparativamente hablando, más parcial, estrecho, superficial; menos abarcador e in­tegrador, en suma.

En las siguientes páginas exploraremos esta visión integral, esta TOE, aunque debo advertir que no se trata de una concepción cerrada o fija y que tampoco es la única posible, sino que sólo as­pira a reconocer e incluir de un modo coherente la mayor cantidad de investigaciones procedentes del mayor número de disciplinas posibles (la definición, por otra parte, más exacta de lo que debe­ría ser una visión más integral o global del Kosmos).'

No obstante, en el mismo momento de emprender este intento surgen las siguientes preguntas: ¿Acaso puede existir una visión realmente integral en el clima actual de guerras culturales, políti­ca de la identidad, miles de nuevos y contradictorios paradigmas, postmodernismo deconstructivo, nihilismo, relativismo pluralista y política del yo? ¿Es que tal caldo de cultivo cultural puede re­conocer siquiera la existencia de una visión auténticamente inte­gral? ¿No está acaso, hoy en día, la élite cultural, más fragmenta­da y dividida que nunca? ¿Qué ocurriría si la misma élite cultural se hallara bajo el hechizo de la guerra tribal y de la limpieza étni­ca que aqueja a grandes masas de la población mundial?

Lo que nos preocupa, dicho en otros términos, es si la van­guardia de la evolución de la conciencia está en condiciones de esbozar una visión realmente integral. Al final descubriremos que todo esto también nos depara buenas noticias pero, por el momento, comenzaremos echando un vistazo a las malas.

Boomeritis
Como cualquier otra, la generación de los baby boomer* tie­ne sus ventajas y sus inconvenientes. Entre las primeras cabe

* Término con el que suele designarse a la generación narcisista que llegó a su mayo­ría de edad en los años sesenta. (N. del T.)

destacar una vitalidad, creatividad e idealismo extraordinarios, amén de una gran disposición a experimentar con nuevas ideas que trascienden los valores tradicionales. Algunos observadores sociales han considerado a los boomer como una "generación del despertar", algo que se evidencia por una extraordinaria creativi­dad que se expresa en todos los campos, desde la música hasta la informática, la actividad política, los estilos de vida, la sensibili­dad ecológica y los derechos civiles y, en mi opinión, creo que hay mucha verdad y bondad en todos esos esfuerzos.

Pero la mayor parte de los críticos también están de acuerdo en que, entre sus debilidades, se cuenta una buena dosis de ensi­mismamiento y narcisismo, tanto que muchas personas -inclui­dos los mismos boomer- asienten con la cabeza en cuanto oyen mencionar el término "generación del yo".

Mi generación, pues, tiñe de una extraña mezcla de generosi­dad y narcisismo casi todo lo que hacemos. No parecemos satis­fechos con tener una buena idea, sino que necesitamos estar en posesión de un nuevo paradigma que anunciará el despuntar de una de las principales transformaciones de la historia de la hu­manidad; no nos limitamos a reciclar botellas y papeles, sino que necesitamos vemos como los salvadores del planeta, los salvado­res de Gaia, los artífices de la liberación y resurrección de una Diosa que se vio brutalmente reprimida por las generaciones que nos precedieron; no nos quedamos a gusto con cuidar nuestro jar­dín, sino que aspiramos a transfigurar el rostro del planeta y con­vertimos así en los promotores de un despertar global como nun­ca antes se había visto. Es como si tuviéramos la necesidad de vernos a nosotros mismos como los artífices de un cambio sin precedentes en la historia.

Contemplada desde esta perspectiva, la situación parece bas­tante ridícula, pero no quisiera insistir en este punto porque cada generación tiene sus debilidades y todas las manifestaciones de mi generación parecen hallarse teñidas del mismo talante narci­sista. Son muchos los críticos sociales que están de acuerdo en este punto y no sólo estoy hablando de obras tan profundas como The Culture of Narcisism, de Lasch, Self Seekers, de Restak, Há­bitos del corazón, de Bellah y Me: The Narcissistic American, de Stem. En cierta investigación realizada sobre el estado actual de los estudios culturales en las universidades norteamericanas que apareció recogida en un libro titulado: The Review of Academic Life, el profesor Frank Lentricchia concluye: «Resulta imposible exagerar la inflación heroica del ego que aqueja a la crítica lite­raria y cultural académica».

¡Uff! Pero es cierto que, si echamos un vistazo a los libros que giran en tomo a los estudios culturales, la espiritualidad alterna­tiva, el nuevo paradigma y la gran transformación que tendría lu­gar si el mundo simplemente escuchara al autor y sus ideas revo­lucionarias, no tardaríamos en advertir esta "heroica inflación del ego". Preocupado por el significado de esta inflación que parece aquejar a mi generación, esa curiosa mezcolanza entre una capa­cidad cognitiva y una inteligencia creativa notables y una dosis muy elevada de narcisismo emocional, me senté a escribir un li­bro en tomo a esa extraña dolencia. Y con ello no pretendo ensa­ñarme con los boomer, porque todas las generaciones, como ya he dicho, tienen sus debilidades. Lo único que ocurre es que "las generaciones del despertar" son muy intensas y, en consecuencia, también lo son sus insuficiencias que, en el caso de los boomer, parecen centrarse en una especie de inflación del yo que lleva a enamorarse de uno mismo (recordemos, en este sentido, la broma de Oscar Levant a Gershwin: «Dime, George, ¿si vivieras de nuevo volverías a enamorarte de ti mismo»).

En ese libro -llamado Boomeritis- subrayo decenas de áreas y disciplinas en las que una verdad importante aunque parcial ha terminado desproporcionándose a causa de una sobrevaloración del poder y la importancia del yo.' En breve esbozaré las conclu­siones generales a las que arribé porque, como ya he dicho, se trata de un punto que se halla estrechamente relacionado con la posibilidad de una visión integral y con su recepción en el mun­do actual. La tesis es tan sencilla que puede formularse en una sola frase: la cultura del narcisismo se opone a cualquier visión integral (por el simple hecho de que el yo narcisista y aislado se resiste a la relación). Así es como volvemos al punto anterior­mente mencionado: ¿Se halla el mundo en condiciones de admi­tir la posibilidad siquiera de una visión integral? y, en caso con­trario, ¿qué es lo que se lo impide?



Las olas de la existencia
¿Acaso puede la psicología evolutiva -que se ocupa del estu­dio del crecimiento y desarrollo de la mente (del estudio del de­sarrollo interior y de la evolución de la conciencia)- echar algo de luz sobre este problema?

Una de las cuestiones que más nos sorprenden cuando obser­vamos el estado actual de los estudios acerca del desarrollo es la gran semejanza existente, hablando en términos generales, entre casi todos sus modelos. En Una visión integral de la psicología he resumido las conclusiones a las que han arribado cerca de cien investigadores diferentes y, como uno de ellos resumió: «La secuencia de estadios [presentadas por todos estos teóricos] atra­viesa un espacio evolutivo común que sugiere la posible recon­ciliación de todas [esas] teorías...».'

Clare Graves, Abraham Maslow, Deirdre Kramer, Jan Sinnott, Jürgen Habermas, Cheryl Armon, Kurt Fischer, Jenny Wade, Ro­bert Kegan y Susanne Cook-Greuter nos ofrecen un relato muy parecido de los pasos a través de los cuales discurre la evolución de la conciencia. Porque aunque, obviamente, existan muchas discrepancias y contradicciones, todas esas visiones nos presen­tan un relato muy parecido del crecimiento y desarrollo de la mente en tanto que despliegue sucesivo de una serie de estadios u olas.

Pocos de esos esquemas evolutivos son los modelos rígidos y lineales que pretenden hacernos creer sus críticos. El proceso del desarrollo no tiene nada que ver con una ascenso lineal a través de una escalera, sino que es un asunto mucho más fluido que evi­dencia espirales, remolinos, corrientes, olas y lo que parece ser un número casi infinito de modalidades diferentes. La mayor par­te de las sofisticadas teorías actuales en torno al desarrollo tienen en cuenta todos estos puntos y -lo que es más importante- están basados en los resultados de la investigación.

Permítaseme ejemplificar este punto con el modelo denomi­nado Spiral Dynamics, un modelo basado en la obra pionera de Clare Graves, un sistema profundo y muy sofisticado del desa­rrollo humano que la investigación subsiguiente no sólo no ha re­futado sino que ha seguido corroborando y perfeccionando. «Lo que propongo, dicho en dos palabras, es que el psiquismo del ser humano maduro atraviesy un proceso de desarrollo emergente y espiralado que se ve jalonado por la progresiva subordinación de las conductas más rudimentarias e infraordenadas a nuevas con­ductas supraordenadas, al tiempo que van transformándose los problemas existenciales que le aquejan. Cada uno de los estadios, olas o niveles de la existencia sucesivos constituye así un estado que la persona atraviesa en su camino hacia otros estados de ser. Cuando el ser humano se halla centrado en un determinado esta­do de la existencia, es decir, cuando el centro de gravedad del yo gira en torno a un determinado nivel de conciencia, todo su mun­do psicológico -es decir, sus sentimientos, sus motivaciones, su ética, sus valores, su sistema de creencias, su visión acerca de la salud y de la enfermedad mental, así como del modo más adecua­do de tratarla, sus concepciones y preferencias en torno a la ges­tión empresarial, la educación, la economía y la teoría y práctica política- asume también el aspecto propio de ese estado.»'

Como veremos en un momento, Graves esbozó la existencia de unos ocho grandes "niveles u olas de la existencia humana", aunque no debemos olvidar que casi todos los modelos que ha­blan de estadios -desde el de Abraham Maslow hasta los de Jane Loevinger, Robert Kegan y Clare Graves- están basados en la in­vestigación y en los datos experimentales. Con ello quiero decir que no se trata de meras elucubraciones o preferencias persona­les, sino que se arraiga en una notable cantidad de evidencias mi-nuciosamente verificadas. En este sentido, la mayor parte de los modelos de estadios han corroborado su utilidad en países del primero, segundo y tercer mundo .5 Y lo mismo podríamos decir con respecto al modelo de Graves, un modelo que se ha visto co­rroborado en más de cincuenta mil personas procedentes de todo el mundo sin que, hasta el momento, se haya encontrado excep­ción significativa alguna.'

Esto tampoco implica, obviamente, que cualquiera de esos modelos nos proporcione una imagen completa -ni siquiera la mayor parte- de la historia del desarrollo de la conciencia huma­na. Se trata, por el contrario, de instantáneas parciales del Gran Río de la Vida que sólo resultan útiles cuando las contemplamos desde esa perspectiva. Así pues, ello no impide que otras concep­ciones sean igualmente útiles, ni que la investigación no pueda seguir refinándolas. Lo único que estoy diciendo es que cual­quier esfuerzo por entender la lucha de la humanidad por alcan­,ar una visión integral deberá tener en cuenta esos estudios.

El proyecto de la conciencia humana
Cualquier TOE que se precie debería prestar atención a estos estudios puesto que, si realmente queremos tener una visión que incluya las dimensiones físicas, biológicas, psicológicas y espiri­tuales de la existencia, esta importante investigación nos brinda una generosa perspectiva sobre las muchas posibilidades de la di­mensión psicológica.

Tal vez convenga señalar que esta investigación constituye una especie de correlato psicológico del proyecto del genoma hu­mano (el proyecto que se ocupa de cartografiar científicamente todos los genes del ADN humano) a la que bien podríamos deno­minar proyecto de la conciencia humana. Su objetivo, pues, con­siste en llevar a cabo un proceso de cartografiado intercultural de todos los estados, estructuras, memes, tipos, niveles, estadios y olas de la conciencia humana' (que, como luego veremos, consti­tuye el componente psicológico de una posible TOE) que com­plemente estos hallazgos con los resultados obtenidos en las di­mensiones físicas, biológicas, culturales y espirituales. Y, como también veremos, este mapa psicológico nos ayudará a advertir algunos de los muchos obstáculos que nos impiden alcanzar una visión más integral de nuestras propias posibilidades.

Volvemos, pues, a la obra de Clare Graves, que ha sido prose­guida y perfeccionada por Don Beck y Christopher Cowan en un enfoque al que denominan Spiral Dynamics.' Lejos de ser meros analistas de diván, Beck y Cowan participaron en los diálogos que contribuyeron a acabar con el appartheid de Sudáfrica. Los principios de la Spiral Dynamics se han visto provechosamente aplicados al campo de la reestructuración empresarial, la activi­dad municipal, la reorganización de los sistemas educativos y la eliminación de las tensiones de los barrios pobres.

La Spiral Dynamics considera que el desarrollo humano pro­cede a través de ocho estadios generales a los que también deno­mina memes (véase figura 1.1). (Hay que decir, en este punto, que el término "meme" está siendo hoy en día utilizado con significa­dos tan diversos y contradictorios que, en opinión de muchos crí­ticos, carece de todo sentido.) Como ejemplificaremos a conti­nuación de manera exhaustiva, desde la perspectiva de la Spiral Dynamics, un meme es simplemente un estadio básico del desa­rrollo que puede expresarse en cualquier actividad. En opinión de Beck y Cowan, los memes (o estadios) no son niveles rígidos, sino olas fluidas, solapadas e interrelacionadas que dan lugar a la compleja dinámica espiral del desarrollo de la conciencia. Como dice Beck: «la Espiral no es simétrica sino muy compleja y no evidencia tanto tipos definidos como mezclas muy diversas. Se trata, más bien, de mosaicos, redes y combinaciones».`

Beck y Cowan usan nombres y colores diferentes para referir­se a los distintos memes u olas de la existencia. Y aunque el uso de los colores casi siempre asusta, Beck y Cowan -que, por cier­to, suelen trabajar en zonas de graves conflictos raciales- han descubierto que resulta sumamente útil alejar la mente del color
Figura 1.1. La espiral del desarrollo. Adaptado con permiso de Don Beck Y
Chris Corran.
Spiral Dynamics: Mastering Values, Leadership. and Change
(Camhridge: Massachusetts: Blackrrell Publishers. 1995).

de la piel y centrarse, por el contrario, en el "color del meme". Además, la investigación ha seguido confirmando que todos los individuos disponen de la capacidad potencial de acceder a todos los mentes. En consecuencia, las líneas de tensión social ya no gi­ran en tomo al color de la piel, la clase económica o el grupo po­lítico, sino del tipo de meme desde el que esté operando la perso­na. En un caso concreto, por ejemplo, ya no se trataría tanto de "negro versus blanco" como de azul versus púrpura o de naranja versus verde, por ejemplo, con la ventaja de que, si bien el color de la piel no puede cambiar, el nivel de conciencia sí que puede hacerlo. Como dice Beck: «el foco de atención no se centra tanto en tipos de personas, como en tipos en las personas».


Los seis primeros niveles son "niveles de subsistencia" y están marcados por lo que Graves denomina "el pensa­miento de primer grado". Luego tiene lugar una revolucio­naria transformación en la conciencia que implica la emer­gencia de los "niveles de ser" y del "pensamiento de segundo grado", del cual hay dos grandes olas. Veamos ahora una breve descripción de las ocho olas, del porcen­taje aproximado de población mundial que se halla en cada una de ellas y de la tasa de poder social de la que goza.''
1. Beige: Arcaico-instintivo. Se trata del nivel de la su­pervivencia básica, un nivel en el que resultan prioritarios el alimento, el agua, el calor, el sexo y la seguridad y en el que la supervivencia depende de los hábitos y de los ins­tintos. Apenas si existe yo,diferenciado y la perpetuación de la vida requiere de la agrupación en hordas de supervi­vencia.

Se halla presente en las primeras sociedades humanas, en los recién nacidos, los ancianos, los últimos estadios de quienes padecen la enfermedad de Alzheimer, los locos que vagabundean por las calles y las masas hambrientas. (Porcentaje aproximado de la población adulta que se ha­lla en este nivel: 0,1 %. Tasa de poder que posee: 0%.)


2. Púrpura: Mágico-animístico. Está determinado por el pensamiento animista y por una extrema polarización entre el bien y el mal. Los espíritus mágicos pueblan la tierra y a ellos hay que supeditarse apelando a todo tipo de bendicio­nes, maldiciones y hechizos. Se agrupa en tribus étnicas. El espíritu mora en los ancestros y es el que cohesiona a la tri­bu. Los vínculos políticos están determinados por el paren­tesco y el linaje. Parece "holístico" pero, en realidad, es ato­místico ("cada recodo del río tiene su nombre pero el río carece de nombre").

Se halla presente en la maldición vudú, los juramentos de sangre, el rencor, los encantamientos, los rituales fami­liares, las creencias y las supersticiones mágicas de la et­nia. Fuertemente implantado en los asentamientos del Ter­cer Mundo, las bandas, los equipos deportivos y las tribus. (10% de la población, 1% del poder.)


3. Rojo: Dioses de poder. Comienzo de la emergencia de un yo ajeno a la tribu; poderoso, impulsivo, egocéntri­co y heroico. Espíritus míticos, dragones, bestias y perso­nas poderosas. Los señores feudales protegen a sus subor­dinados a cambio de obediencia y trabajo. Fundamento de los imperios feudales (el poder y la gloria). El mundo se presenta como una jungla llena de amenazas y de todo tipo de predadores. Dominantes y dominados. El yo campa a sus anchas sin cortapisas de ningún tipo.

Se halla presente en el rebelde sin causa, la mentalidad fronteriza, los reinos feudales, los héroes épicos, los líde­res de las bandas, los malvados de las películas de James Bond, los mercenarios, las estrellas del rock, Atila, rey de los hunos y El señor de las moscas. (20 % de la población y 5% del poder.)


4. Azul: Orden mítico. La vida tiene un sentido, una di­rección, un objetivo y un orden impuesto por un Otro to­dopoderoso. Este orden impone un código de conducta ba­sado en principios absolutistas y fijos acerca de lo que está "bien" y de lo que está "mal". El acatamiento de ese códi­go y de esas reglas se ve recompensado, mientras que su violación, por el contrario, tiene repercusiones muy graves y duraderas. Fundamento de las antiguas naciones. Jerar­quías sociales rígidas y paternalistas, sólo hay un modo correcto de pensar. Ley y orden, control de la impulsividad a través de la culpa, creencias literales y fundamentalistas y obediencia a una ley impuesta por un Otro fuertemente convencional y conformista. A menudo asume un aspecto "religioso" o "mítico" [en el sentido mítico-pertenencia, motivo por el cual Graves y Beck se refieren a él como ni­vel "santo/absolutista"], aunque también puede asumir el aspecto de un Orden o de una misión secular o atea.

Se halla presente en la América puritana, en la China confuciana y en la Inglaterra de Dickens, en los códigos de honor de la caballería, en las obras buenas y caritativas, en el fundamentalismo islámico, en las "buenas obras" de los scouts, en el patriotismo de la "mayoría moral". (40% de la población y 30% del poder.)


5. Naranja: Logro científico. En esta ola, el yo "esca­pa" de la "mentalidad azul del rebaño" y busca la verdad y el significado en términos individuales. Es un nivel hipo­tético-deductivo, experimental, objetivo, mecánico y ope­rativo (o, lo que es lo mismo, científico). El mundo se pre­senta como una maquinaria racional bien engrasada que funciona siguiendo leyes naturales que pueden ser apren­didas, dominadas y manipuladas en propio beneficio. Muy orientada hacia objetivos y especialmente (en Estados Unidos) hacia el beneficio material. Las leyes de la ciencia gobiernan la política, la economía y los asuntos humanos. El mundo se presenta como una especie de tablero de aje­drez en el que destacan los ganadores. Alianzas comercia­les y explotación de los recursos de la Tierra en beneficio propio. Fundamento de las sociedades de estados.

Se halla presente en la Ilustración, La rebelión del Atlas (la novela de Ayn Rand), Wall Street, la Costa Azul, la clase media emergente de todo del mundo, la industria de la moda y de la cosmética, la búsqueda del triunfo, el colonialismo, la guerra fría, el materialismo y el liberalismo centrado en uno mismo. (30% de la población y 50% del poder.)


6. Verde: El vo sensible. Centrado en la comunidad, en la relación entre los seres humanos, en las redes y en la sen­sibilidad ecológica. El espíritu humano debe ser liberado de la codicia, del dogma y de la división; el respeto y la atención a los demás reemplaza a la fría razón; respeto y cuidado por la tierra, Gaia y la vida. Establece vínculos y uniones laterales y es contrario a las)erarquías. Yo perme­able y relacional centrado en redes. Enfasis en el diálogo y las relaciones. Fundamento de las comunidades de valor (agrupaciones libremente elegidas basadas en sentimientos compartidos). Toma de decisiones sustentada en la conci­liación y el consenso (desventaja: dilación "interminable" del proceso de toma de decisiones). Presta atención a la es­piritualidad, la armonía y el enriquecimiento del potencial humano. Fuertemente igualitario, antijerárquico, centrado en valores plurales, en la construcción social de la reali­dad, en la diversidad, el multiculturalismo y la relativiza­ción de los valores, una visión del mundo a la que habi­tualmente se conoce con el nombre de relativismo pluralista. Subjetivo y centrado en el pensamiento no line­al; fomenta la cordialidad, la sensibilidad, el respeto y el cuidado por la Tierra y por todos sus habitantes.

Se halla presente en la ecología profunda, el postmo­dernismo, el idealismo holandés, el counseling de Rogers, el cuidado por la salud canadiense, la psicología humanis­ta, la teología de la liberación, el Consejo Mundial de las Iglesias, Greenpeace, los derechos de los animales, el eco­feminismo, el postcolonialismo, Foucault/Derrida, lo polí­ticamente correcto, los movimientos en pro de la diversi­dad, los derechos humanos y la ecopsicología. (10% de la población y 15% del poder.)

Con la actualización del meme verde, la conciencia humana experimenta un verdadero salto cuántico hacia "el pensamiento de segundo grado", un salto que Clare Graves califica de "avan­ce trascendental" que permite "llegar a profundidades de signifi­cado anteriormente insondables". Dicho en dos palabras, con la emergencia de la conciencia del segundo grado, el ser humano puede pensar tanto vertical como horizontalmente (utilizando tanto las jerarquías como las heterarquías), con lo cual puede abarcar, por vez primera, el espectro completo del desarrollo in­terno y advertir la importancia crucial que tiene cada nivel, cada meme y cada ola en la salud global de todo el proceso espiral del desarrollo.

Así pues, cada ola superior "trasciende e incluye" a sus pre­decesoras, lo cual quiere decir que va más allá de ellas (las tras­ciende), al tiempo que las engloba en su misma estructura (las in­cluye). Una célula, por ejemplo, trasciende pero incluye a las moléculas que, a su vez, trascienden pero incluyen a los átomos. Decir que una molécula trasciende a un átomo no es decir que las moléculas odien a los átomos, sino que los aman, los incluyen en su propio entramado, los abrazan, no los marginan. Por ello cada ola de la existencia constituye un ingrediente esencial de todas las olas subsiguientes, y todas deben ser, en consecuencia, ade­cuadamente respetadas e incluidas.

Además, cada una de las olas puede verse activada o reactiva­da en respuesta a las distintas circunstancias que nos depara la vida.'- Así, las situaciones de emergencia estimulan los impulsos rojos del poder; el caos reactiva el meme azul del orden; la bús­queda de un nuevo trabajo incentiva los impulsos naranja del lo­gro y el matrimonio y la amistad pone en marcha el meme verde de la intimidad. Todos los memes, pues, aportan algo sumamen­te importante.

Lo que ninguno de esos memes puede hacer, no obstante, es darse plena cuenta de la existencia del resto de los memes. En consecuencia, cada uno de los memes del primer grado considera que su visión del mundo es la única adecuada y, por tanto, reacciona negativamente cada vez que se siente amenazado. Por ello también el meme azul del orden se siente muy incómodo con la impulsividad roja y con el individualismo naranja, que el meme naranja del logro considera que el orden azul es cosa de personas muy rígidas y que la vinculación propia del meme verde es cues­tión de gente muy blanda. El igualitarismo del meme verde, por su parte, no admite fácilmente la excelencia, el ordenamiento jerár­quico de valores, las grandes imágenes ni nada que pueda parecer autoritario y por ello también suele reaccionar con mucha viru­lencia en contra del meme azul, del naranja y de cualquier otro meme posterior al verde.

Este estado de cosas empieza a cambiar con la emergencia del "pensamiento de segundo grado", una modalidad plenamente consciente de los estadios interiores del desarrollo que permite -aunque no lo haga de un modo claramente articulado- dar un paso atrás y asumir una visión más global. Por ello el pensa­miento de segundo grado reconoce y comprende el papel que de­sempeñan -y, en consecuencia, la necesidad- del resto de los memes. Por esta razón la conciencia de segundo grado no sólo piensa en términos de un determinado nivel sino de la espiral completa de la existencia.

Así, cuando el meme verde comienza a aprehender los mu­chos y muy diversos sistemas y contextos que existen en las di­ferentes culturas, el pensamiento de segundo grado, que no en vano es conocido también con el nombre del meme sensible (es decir, sensible a la marginación de los demás) va un paso más allá y, al advertir los ricos contextos que vinculan estos sistemas plurales, comienza a integrar los sistemas separados en espirales y holoarquías integrales y holísticas. El pensamiento de segundo grado, dicho en otras palabras, resulta útil para pasar del relati­vismo al holismo o, lo que es lo mismo, del pluralismo al inte­gralismo.

La extraordinaria investigación llevada a cabo por Graves, Beck y Cowan señala que la conciencia integral de segundo gra­do se despliega, al menos, a través de dos grandes olas:



7. Amarillo: Integrador. La vida se presenta como un ca­leidoscopio de jerarquías [holoarquías], sistemas y formas naturales cuya prioridad principal gira en tomo a la flexibi­lidad, la espontaneidad y la funcionalidad. Las diferencias y las pluralidades pueden integrarse naturalmente en corrien­tes interdependientes. El igualitarismo puede complemen­tarse, cuando es necesario, con grados naturales de ordena­miento y excelencia, con lo cual el rango, el poder, el estado y la dependcencia del grupo se ven reemplazados por el co­nocimiento y la idoneidad. El orden mundial prevalente es el resultado de la existencia de diferentes niveles de realidad (memes) y de las inexorables pautas del movimiento de as­censo y descenso en la espiral dinámica. El gobierno ade­cuado facilita la emergencia de entidades pertenecientes a niveles de complejidad cada vez mayor (jerarquía anidada). (1% de la población y 5% del poder.)
8. Turquesa: Holístico. Sistema holístico universal, ho­lones/olas de energías integrativas; integra el sentimiento y el conocimiento; múltiples niveles entrelazados en un sistema consciente." Orden universal consciente y vivo que no se basa en reglas externas (azul) ni en lazos grupa­les (verde). Tanto teórica como prácticamente, es posible una "gran unificación", una TOE. Hay ocasiones en que desencadena la emergencia de una nueva espiritualidad que engloba la totalidad de la existencia. El pensamiento turquesa utiliza todos los niveles de la espiral, advierte la interacción existente entre múltiples niveles y detecta los armónicos, las fuerzas místicas y los estados de flujo que impregnan cualquier organización. (1% de la población, 1 % del poder.)

Con menos del 2% de la población en el pensamiento de se­gundo grado (y tan sólo un 1 % en el meme turquesa), el pensa­miento de segundo grado es relativamente raro hoy en día y constituye una auténtica "vanguardia" de la evolución colectiva del ser humano. Beck y Cowan ilustran este tipo de conciencia con ítems que van desde la noosfera de Teilhard de Chardin has­ta la emergencia y expansión de la psicología transpersonal, las teorías del caos y de la complejidad, el pensamiento sistémico integral-holístico, las integraciones pluralistas de Gandhi y Man­dela afirmando con toda claridad que se halla en marcha un pro­ceso de actualización de memes todavía más elevados...



El salto a la conciencia de segundo grado
Pero, como señalan Beck y Cowan, la emergencia del pensa­miento de segundo grado debe vencer la resistencia que le ofrece el pensamiento de primer grado. De hecho, existe una versión del meme verde postmoderno (abiertamente pluralista y relativista) que se muestra francamente refractario a la emergencia de un pensamiento más integrador y holístico. Como señalan Graves, Beck y Cowan, sin el pensamiento de segundo grado, la humanidad está condenada a ser la víctima de una especie de "enfermedad autoinmune" en la que los distintos memes luchan entre sí por la supremacía.

Éste es el motivo por el cual muchos de los argumentos pre­sentados no reflejan tanto una evidencia objetiva, como el nivel subjetivo de quienes los esgrimen. Poco importa la cantidad de evidencia científica naranja presentada porque nunca acabará convenciendo a los creyentes míticos azules y lo mismo ocurrirá con la relación verde o el holismo turquesa, que jamás impresio­narán a la agresividad naranja ni al pluralismo verde, respectiva­mente... a menos que el individuo se halle preparado ya para dar un paso hacia adelante en su camino a través del proceso espiral y dinámico del desarrollo de la conciencia. Y éste es también el motivo por el cual los debates "inter-niveles" rara vez se resuel­ven y que todas las partes implicadas salen de ellos con la sensa­ción de no haber sido siquiera escuchadas.

Del mismo modo, nada de lo que podamos decir en este libro le convencerá de la plausibilidad de una TOE, a menos que su pa­leta cognitiva se halle ya teñida con un toque de turquesa (en cuyo caso pensará: « ¡Esto es algo que ya sabía, aunque ignoraba el modo adecuado de articularlo! ».

Como estábamos diciendo, los memes de primer grado suelen resistirse a la emergencia de los memes de segundo grado. Por ello el materialismo científico (naranja) se muestra violentamente reduccionista con los constructos de segundo grado y trata de re­ducir todos los estadios interiores a fuegos artificiales neuronales objetivos; el fundamentalismo mítico (azul), por su parte, suele sentirse ultrajado, con lo que muy a menudo considera como un intento por derribar su Orden establecido; el egocentrismo (rojo) ignora por completo el pensamiento de segundo grado; la magia (púrpura) lo maldice, y verde, por su parte, acusa a la conciencia de segundo grado de ser autoritaria, rígidamente jerárquica, pa­triarcal, opresiva, marginalizadora, racista y sexista.

En las últimas tres décadas, el meme verde -cuyos términos claves probablemente ya conozca (pluralismo, relativismo, di­versidad, multiculturalismo, deconstrucción, antijerarquía, etc.)­ha estado a cargo de los estudios culturales.

Y hay que decir que el relativismo pluralista verde ha ensan­chado noblemente el canon de los estudios culturales hasta incluir muchas personas, ideas y narrativas anteriormente marginadas' y ha actuado con la sensibilidad suficiente como para tratar de co­rregir los desequilibrios sociales y evitar las prácticas marginali­zadoras. En este sentido, ha sido responsable de iniciativas funda­mentales en el campo de los derechos civiles y de la protección del medio ambiente; ha desarrollado críticas muy elaboradas y persuasivas de las filosofías, metafísicas y prácticas sociales del meme religioso convencional (azul) y del meme científico (na­ranja) y de sus agendas a menudo exclusivistas, patriarcales, se­xistas y colonialistas.

Pero también hay que señalar por otra parte que, por más efi­caz que haya sido su crítica de los estadios anteriores, el meme verde también ha dirigido sus andanadas hacia todos los estadios post-verde, con resultados más que desafortunados, tomando muy difícil -y, en demasiadas ocasiones, hasta imposible- su avance hacia construcciones más holísticas e integrales.

Porque lo cierto es que el relativismo pluralista (verde) -que se encuentra más avanzado que el absolutismo mítico (azul) y que la razón formal (naranja) y se adentra en contextos indivi­dualistas ricamente texturados- se halla teñido de un fuerte sub­jetivismo. Y ello significa que su visión de la verdad y la bondad está muy determinada por las preferencias individuales (con tal de que el individuo no dañe a los demás). Desde esta perspectiva, lo que es cierto para usted no necesariamente lo es para mí, pues­to que lo correcto es simplemente lo que los individuos o las cul­turas deciden en un determinado momento; no existe ninguna verdad o conocimiento universal; cada persona es libre de en­contrar sus propios valores, que no tienen por qué ser los mismos que los de los demás. Se trata de una postura que puede ilustrar­se perfectamente con la frase «Tú ocúpate de tus cosas que yo lo haré de las mías».

Éste es el motivo por el cual este estadio también es conocido como el del "yo sensible". Y precisamente porque es consciente de la existencia de muchos contextos diferentes y de numerosas ver­dades diferentes (pluralismo), vuelve hacia atrás en un esfuerzo por permitir que cada verdad disponga de su propio espacio, sin marginar ni desdeñar a ninguna. Por ello, al igual que ocurre con los términos "antijerarquía", "pluralismo", "relativismo" e "iguali­tarismo", cada vez que escuche la palabra "marginación" se halla­rá muy probablemente en presencia de un meme verde.

Lamentablemente, este noble intento también tiene sus incon­venientes. Las reuniones que se atienen a los principios del meme verde tienden a discurrir de un modo muy similar: todo el mundo comienza expresando sus sentimientos (lo que suele re­querir varias horas); luego tiene lugar un proceso casi intermina­ble en el que todo el mundo expresa sus opiniones, sin llegar a to­mar, en muchos casos, ninguna decisión o curso de acción concreto, porque muy probablemente excluiría a alguien. Así pues, existe la intención de mantener un abrazo inclusivo, no marginador y compasivo de todos los puntos de vista, pero sin sa­ber exactamente cómo hacerlo, porque lo cierto es que no todos los puntos de vista tienen el mismo valor. Así es como se llega a la curiosa situación de que el éxito de la reunión no depende tan­to de llegar a una conclusión, como de haber permitido que todo el mundo tuviera la oportunidad de expresar sus sentimientos. Puesto que se supone que ninguna visión es intrínsecamente me­jor que otra, no puede recomendarse ningún curso real de acción más que el de compartir todas las visiones y, en el caso de que al­guien exponga una afirmación con convencimiento, se considera como un ejemplo de opresión autoritaria. En los años sesenta cir­culaba un refrán muy común que decía algo así como que «la li­bertad es una reunión interminable»... pues bien, no cabe la me­nor duda de que la parte "interminable" era cierta.

El relativismo pluralista es la actitud dominante en el mundo académico. Como bien resume Colin McGuinn: «Según esta concepción, la razón humana es intrínsecamente local, cultural­mente relativa, arraigada en los hechos cambiantes de la natura­leza y la historia humana, una cuestión de "prácticas", "formas de vida", "marcos de referencia" y "esquemas conceptuales" di­ferentes. No existe ninguna norma de razonamiento que trascien­da lo que es aceptado por una sociedad o una época determinada y no existe justificación objetiva alguna para la creencia de que todo el mundo debe respetar el dolor del mal funcionamiento cognitivo. De este modo diferentes personas pueden asumir legí­timamente pautas de acción distintas. La única justificación, en última instancia, de una creencia asume la forma de "que sea jus­tificada para mí"»." Como dice Clare Graves: «Este sistema con­templa el mundo desde una perspectiva relativa y el pensamien­to pone un énfasis radical y compulsivo en verlo todo desde un marco de referencia relativo y subjetivo».

Tal vez ahora resulte evidente que el hecho de que el relativis­mo pluralista asuma una postura tan subjetivista lo toma especial­mente proclive a caer en el narcisismo. Y ése es, precisamente, el meollo del problema, porque el pluralismo se convierte de mane­ra inadvertida en un superalmacén para el narcisismo, en el hogar de la cultura del narcisismo y no hay que olvidar que el narcisismo es el gran destructor de cualquier cultura, en general, y de cualquier TOE, en particular (puesto que se niega a salir de su propia órbita subjetiva y no puede permitir la existencia de otras verdades dis­tintas a la suya). Así pues, el primero de los obstáculos que impi­den la emergencia de una auténtica TOE es, desde mi punto de vista, la cultura del narcisismo.

Y aquí es, precisamente, donde entra en escena boomeritis.

2. BOOMERITIS

Aburrida: persona de mal gusto, más interesada en ella que en mí.

AMBROSE BIERCE
El diccionario define al término narcisismo como "interés ex­cesivo en uno mismo, en la propia importancia, en las propias ha­bilidades, etcétera; egocentrismo". Pero el narcisismo no consiste tan sólo en sobrevalorar el yo y sus capacidades, sino también en infravalorar correlativamente a los demás y a sus aptitudes. Así pues, el narcisismo no se caracteriza sólo por una autoestima des­proporcionada, sino también por una desvalorización simultánea de los demás. Según dicen los clínicos, el estado interno caracte­rístico del narcisismo es el de un yo vacío o fragmentado que tra­ta de llenar ese vacío con un movimiento egocéntrico destinado a engrandecer el yo a expensas de disminuir el yo de los demás, de modo que su talante emocional queda perfectamente reflejado por la frase: «¡A mí nadie me dice lo que tengo que hacer!».

Aunque existen muchas formas de conceptualizar el narcisis­mo (y también muchas modalidades diferentes de narcisismo), la mayor parte de los psicólogos están de acuerdo en que, hablando en términos generales, se trata de un rasgo normal de la infancia que, en el mejor de los casos, acaba viéndose superado. De he­cho, el proceso de desarrollo de la conciencia puede ser conside­rado como una disminución progresiva del egocentrismo. El niño pequeño se halla fundamentalmente encerrado en su propio mundo, ajeno tanto al entorno que le rodea como a la mayor par­te de las interacciones humanas.' En la medida en que van con­solidándose la fortaleza y las capacidades de su conciencia, va cobrando simultáneamente conciencia de sí y de las personas que le rodean, hasta llegar finalmente a desarrollar cualidades con las que no nace -como el cuidado, la compasión y el abrazo integral generoso-, que le permiten ponerse en el lugar de los demás.



El desarrollo en tanto que disminución del egocentrismo
Como señala Howard Gardner, el psicólogo evolutivo de Har­vard:
El niño pequeño es sumamente egocéntrico, lo cual no signi­fica que sólo piense egoístamente en sí mismo sino, muy al con­trario, que no puede pensar en sí mismo. El niño egocéntrico es incapaz de diferenciarse del resto del mundo y, en ese sentido, todavía no se ha separado de los demás ni de los objetos. De este modo, siente que los otros comparten su dolor o su placer, que inevitablemente deben comprender las palabras que apenas mas­culla, que su perspectiva es compartida por todas las personas y que hasta los animales y las plantas participan de su conciencia. Así, cuando juega al escondite cree ingenuamente que, si no ve a los demás, ellos tampoco podrán verle, porque su egocentris­mo le impide reconocer que el punto de vista de los demás es di­ferente del suyo. Desde esta perspectiva, el proceso entero del desarrollo humano puede ser considerado como una disminu­ción progresiva del egocentrismo.­
El desarrollo, en gran medida, supone una expansión de la conciencia y una disminución correlativa del narcisismo, que va acompañada de la capacidad de tener en cuenta -y, en conse­cuencia, de expandir la conciencia- hasta llegar a abarcar a otras personas, lugares y cosas. Carol Gilligan, por ejemplo, descubrió que el desarrollo moral de las mujeres atraviesa tres grandes es­tadios generales a los que denomina egoísta, respeto y respeto universal, en cada uno de los cuales se amplía el círculo del res­peto y la compasión al tiempo que diminuye el egocentrismo. Al comienzo, la niña se halla fundamentalmente preocupada por sí misma, luego comienza a preocuparse también por los demás (habitualmente su familia y sus amigos) y, finalmente, puede ex­pandir su preocupación y buenos deseos a toda la humanidad (y asumir así un abrazo más integral). Y hay que decir que cada nue­vo paso hacia adelante en ese proceso no significa que uno deje de preocuparse por sí mismo, sino tan sólo que cada vez incluye más a los demás, por quienes llega también a sentir una preocu­pación y una compasión genuinas.

Digamos también, incidentalmente, en este mismo sentido, que los hombres atraviesan estos mismos tres estadios generales aunque -según Gilligan- enfatizando más los derechos y la justi­cia que el respeto y la relación. Gilligan opina que, después del tercer estadio, ambos sexos pueden pasar por un cuarto estadio de integración que contrarresta esta tendencia, de modo que, en el estadio integral-universal, tanto los hombres como las mujeres integran las facetas masculinas y femeninas unificando así la jus­ticia y la compasión. Este abrazo integral constituye una especie de culminación del tercer estadio general de respeto universal (que en breve correlacionaré con otras concepciones, como la Spiral Dynamics, por ejemplo).

Estos tres estadios generales son comunes a la mayor parte de las facetas del desarrollo y son conocidos con nombres muy di­versos, como preconvencional, convencional y postconvencio­nal; egocéntrico, sociocéntrico y mundicéntrico, o "yo", "noso­tros" y "todos nosotros".

El estadio egoísta suele denominarse preconvencional, porque el niño pequeño todavía no ha aprendido las reglas y roles conven­cionales o, dicho en otras palabras, porque todavía no se ha socia­lizado. No puede asumir el papel de los demás y, en consecuencia, tampoco puede experimentar un respeto y una compasión genui­nos. Precisamente por esto sigue siendo egocéntrico, egoísta, nar­cisista, etc., lo cual no significa que no experimente ningún tipo de sentimientos hacia los demás, ni que sea completamente amoral, sino tan sólo que, comparado con los estadios posteriores del de­sarrollo, sus sentimientos y su moral se hallan todavía fuertemente anclados en los impulsos, los instintos y las necesidades fisiológi­cas. (Aunque algunos teóricos románticos sostengan que el niño mora en un estado de libertad no-dual y bondad original, ¿qué bebé es realmente libre? En el mejor de los casos, se trata de un estado de potencialidad y apertura, no de presencia real de la libertad, dado que cualquier estado sometido a los impulsos, el hambre, la tensión y la descarga no puede ser realmente libre. En cualquier caso, la investigación realizada al respecto evidencia de manera consistente que el niño no puede asumir el papel de los demás y, en consecuencia, no se halla en condiciones de experimentar compa­sión, respeto o amor por ellos.)'

En tomo a los 6 o 7 años de edad, aproximadamente, tiene lu­gar un cambio muy profundo en la conciencia y el niño comien­za a estar en condiciones de asumir el papel de los demás. Su­pongamos, por ejemplo, que usted tiene un libro de portada azul y contraportada naranja. Supongamos también que le muestra ese libro a un niño de cinco años de edad y que después lo sos­tiene entre ambos de modo que la tapa naranja quede mirando ha­cia usted y la azul hacia el niño. Pregúntele luego qué color está viendo y no dudará en responder correctamente que el azul. Pero si luego le pregunta qué color es el que usted está viendo, el niño de cinco responderá equivocadamente que azul, a diferencia de lo que ocurre con el de siete años.

Dicho en otros términos, el niño de cinco años no ha desarro­llado todavía la capacidad cognitiva que le permita salir de su propia piel y colocarse provisionalmente en la piel de otro y, en consecuencia, nunca entenderá realmente su perspectiva, nunca le comprenderá y por lo tanto no será posible el reconocimiento mutuo. Mal podrá, en tal caso, respetar su punto de vista (por más que emocionalmente puede amarle). Pero todo eso comienza a cambiar con la emergencia de la capacidad de asumir el papel de los demás, un avance al que Gilligan, dicho sea de paso, denomi­na como el avance desde el estadio egoísta al del respeto.

El estadio del respeto -que habitualmente se prolonga desde los siete años de edad hasta la adolescencia- es conocido también con los nombres de convencional, conformista, etnocéntrico y so­ciocéntrico, formas diferentes, todas ellas, de decir centrado en el grupo (ya sea la familia, el grupo de pares, la tribu o la nación). En tal caso, el niño sale de su propia perspectiva limitada y empieza a compartir las visiones y perspectivas de los demás, hasta el pun­to de quedar muy a menudo atrapado en la perspectiva de éstos (de ahí el término conformista). Este estadio suele ser conocido también como el estadio del "niño bueno" o la "niña buena", "rni patria, esté en lo cierto o esté equivocada", etc., reflejando, de ese modo, la intensa conformidad, presión de los pares y autoridad del grupo que normalmente le acompañan. Por otra parte, aunque el individuo que se halle en este estadio pueda salir, hasta cierto punto, de su propio punto de vista, no puede hacer lo mismo con la perspectiva del grupo. Ha pasado del "yo" al "nosotros" -y ex­perimentado, por tanto, una mengua del egocentrismo- pero toda­vía se halla atrapado en el "mi patria, esté en lo cierto o esté equi­vocada".

Esta situación empieza a cambiar en la adolescencia, con la emergencia de la conciencia postconvencional y mundicéntrica (el respeto universal de Gilligan), otro gran paso hacia delante en el proceso de disminución del egocentrismo porque, en esta oca­sión, es el grupo de pares el que se pone en cuestión. ¿Qué es lo correcto y justo, no sólo para mí, mi tribu o mi nación, sino para todos los seres humanos, independientemente de raza, religión, sexo o credo? Éste es el momento en que el adolescente puede convertirse en un apasionado idealista, un cruzado de la justicia o un revolucionario dispuesto a poner al mundo patas arriba. Y aunque parte de esta situación se deba simplemente a un cambio hormonal, también tiene que ver con la emergencia del estadio

del respeto, la justicia y la ecuanimidad universal que jalona el comienzo de la posibilidad de desarrollar un abrazo auténtica­mente integral.

La espiral de la compasión
Estos tres estadios generales -egocéntrico, etnocéntrico y mundicéntrico- resumen simplemente las muchas olas por las que atraviesa el proceso del desarrollo de la conciencia, pero ya podemos advertir que, como dice Gardner, el desarrollo, en rea­lidad, constituye una disminución del egocentrismo. Cada nueva ola evolutiva supone, pues, simultáneamente, una disminución del narcisismo y un aumento correlativo de la conciencia (o un aumento en la capacidad de asumir perspectivas cada vez más amplias y profundas).

Existen, obviamente, modelos más complejos que presentan más estadios. En el capítulo 1 hemos dado un ejemplo de las ocho olas del desarrollo de la conciencia de las que habla la Spiral Dy­namics (véase figura 2.1 para las correspondientes correlaciones). Según la Spiral Dynamics, existen tres estadios preconvenciona­les, el beige (arcaico-instintivo), el púrpura (mágico-animista) y el rojo (egocéntrico). Advirtamos que, aunque el meme rojo se ca­lifique como "egocéntrico", los dos estadios anteriores son toda­vía mucho más egocéntricos (puesto que, como ya hemos dicho, el proceso de desarrollo se caracteriza por una franca disminución del narcisismo), lo único que ocurre es que rojo jalona simple­mente el final de los reinos egocéntricos y preconvencionales. En el siguiente estadio (azul, es decir, conformista-rol), el narcisismo se diluye en el grupo: ¡no soy yo, sino mi país, el que no puede es­tar equivocado! Esta postura convencional/conformista perdura hasta llegar al meme naranja (egoico-racional), que jalona el ac­ceso a los estadios postconvencionales (verde, amarillo y turque­sa), que se caracterizan (especialmente naranja y verde) por el cuestionamiento de los mitos, de los valores conformistas y de los





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