Juan Andrés Buedo


IMPULSAR LA MODERNIZACIÓN DE LA CIUDAD



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IMPULSAR LA MODERNIZACIÓN DE LA CIUDAD
Si el Real Patronato ha de cuidarse de promover la ejecución de obras, servicios e instalaciones en general, así como la construcción y establecimiento de medios adecuados de transportes y comunicaciones urbanos e interurbanos relacionados con sus objetivos, su misión es compleja, de mucha entidad, requiere las ideas muy claras y tendrá que dotar a sus miembros de amplias dosis de trabajo y de dedicación, junto a los medios apropiados con los que habrá de abastecer al personal destinado en él.

En principio, las palabras del máximo responsable del Gobierno de la Nación, ungidas a la acostumbrada oratoria, son halagüeñas y optimistas, porque según dijo principalmente Cuenca es un ejemplo de cómo el paisaje es un elemento esencial en la configuración de una sociedad, así como una de las grandes riquezas valoradas de nuestra época, que ha hecho de la preocupación por la naturaleza y el medio ambiente una de sus prioridades. “Un paisaje bello y armonioso como el que nos rodea es síntoma y diagnóstico de una excelente salud cultural, moral y ciudadana”, añadió. Y, en este orden de cosas, aseguró que todas las instituciones que componen este Patronato trabajarán juntas para mejorar la inversión, los servicios, las infraestructuras culturales, la comunicación y, en definitiva, para impulsar la modernización de la ciudad.

Ésta, en los discursos políticos, rápidamente coge de la mano el concepto de progreso, algo que como sabe bien el Alcalde de Cuenca, y así lo expresó en su discurso, es pertinente de que “ahonde en las raíces de nuestra cultura, que ponga en marcha nuevos elementos educativos y culturales, pero también que genere empleo y riqueza porque al final necesitamos ofrecer cada vez más trabajo para que dejen de irse los que siempre se han ido, y vengan otros a venir”.

El Real Patronato de la ciudad de Cuenca está dotado con una partida presupuestaria de 7,2 millones de euros. 3 millones de euros son sufragados por el Estado; la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha contribuye con 2,4 millones de euros; con 1,2 el Ayuntamiento de Cuenca; y la Diputación Provincial de Cuenca aporta 600.000 euros.

Cuando se antoja pasear, salir o conocer nuevos lugares, es corriente pensar en zonas diferentes a tu ciudad, pues consideras que el hecho de permanecer en ella todo el tiempo es suficiente para conocerla bien. La verdad, no es así. Y si lo digo, asiento el pensamiento concretamente en Santander, en alguno de los viajes que he hecho a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, con el fin de ensalzar un artículo que viene que ni pintado para demandar una gestión responsable e inteligente del Real Patronato conquense.

Contra lo que puede suceder en Roma, monumental y grandiosa, pero nunca igual a sí misma, Cuenca no es como la Ciudad Eterna ese inmenso teatro cuya escenografía cambia sin cesar arrastrando al espectador a través de un viaje por el tiempo. Nuestra Ciudad no se halla sujeta a la intermitente aventura romana. No obstante, al contrario de lo que hacen los conquenses enmohecidos entre rutinas, los políticos han de aprender a revivir la historia de cualquier zona ciudadana que haya sido la cuna de la vida cívica y política de Cuenca. Para saber medir sus impulsos y obtener las enseñanzas puntuales existe un trabajo de enorme interés, El arquitecto y la ciudad, publicado por la revista “El Cultural”12. Específicamente puede servir esa recopilación de García-Abril al Alcalde y sus colaboradores, con el objeto de dejarse de palabras “intuidas” y proceder del modo a como lo hizo la Fundación Santander Central Hispano en ese ciclo de debates, sin duda, utilísimos también en Cuenca a la hora de impulsar la modernización de la ciudad. Estoy seguro de que el Real Patronato debe plantearse ahora mismo repensar la arquitectura urbana de la mano de escritores, matemáticos, pensadores, humanistas y catedráticos de diversas áreas. Al igual que El Cultural, vendría muy bien reunir a distintos arquitectos para que den forma a este complicado binomio que es el arquitecto y la ciudad. A mi, en concreto, me parece indispensable a la hora de urbanizar con cabeza, belleza y grandes principios algo de lo que vengo hablando desde hace meses en privado y que, como geógrafo vívido que soy, desearía que Cuenca consumase en los terrenos libres de la Estación del Ferrocarril: un gran bulevar, eje impulsor de las comunicaciones urbanas e interurbanas para esta Ciudad en el siglo XXI. El Bulevar del Real Patronato, como se podría denominar, podría empezar a ocuparse en Cuenca de una parte trascendental del debate arquitectónico, que, como todos los arquitectos y pensadores que se pronuncian alrededor de la urbe, saben que es la gran asignatura pendiente del siglo XXI, como subrayó Antón García-Abril:


“… los momentos urbanos de mayor interés han tenido que ver en el pasado siglo con épocas de gran esplendor social y económico y dramáticos episodios de destrucción. Y, sin embargo, la reconstrucción rápida y mercantilista de las ciudades devastadas sí ha ocupado el interés unánime de los grandes poderes. Será entonces más fácil reconstruir que ir construyendo a tempo humano, acorde y acompasadamente al desarrollo de la necesidad social. Aquí es donde hoy la ciudad pierde el pulso. O dormita en el anquilosamiento de la historia o se desarrolla con desasosiego para no perder inercia especulativa. Vemos crecimientos alocados sin tiempo para pensar en las variables de su realidad local y temporal, construyendo cocteleras sociales que tarde o temprano estallarán. Y vemos realidades obscenas de ciudades enteras que destruyen las guerras para reconstruirlas de acuerdo a nuevos intereses. Los arquitectos que nos ofrecen su reflexión sobre la ciudad nos muestran la diversidad de miradas. La pragmática de Mateo como observador ajeno, la postura ética de Fernández Alba, las dudas de Arroyo o el análisis culto de Hernández de León. También es válida la visión razonada de los hermanos Cano Lasso, la apasionada desmesura de Higueras, la responsable y serena voz de Lamela y la más poética y utópica ciudad de Tuñón y Mansilla. Si se agita la conciencia social sobre la ciudad, aparecen muchos valores que no interesa poner de manifiesto. Es la ciudad la expresión más directa y cruel de la realidad en un instante de tiempo y por ello también el destino del esfuerzo, el conocimiento, la cultura y el arte, y desgraciadamente también de la ira, la vergüenza, la venganza y otras expresiones del hombre”.

Hay conquenses que en el instante de hacerles reflexionar sobre la “modernización” de la ciudad saltan en un santiamén con maximalismos. Sucede esto, por ejemplo, con aquellos que –sea por cansancio, o bien por diversas razones personales, que van desde las de tipo religioso a las de asueto, calma ociosa, etc.- cuando llega la Semana Santa afirman: “yo en estas fechas me voy”. Predominantemente vive en estos conciudadanos, que suelen ser casi siempre personas con cultura y de notable formación, la perspectiva del “supermercado espiritual”, en feliz expresión de Peter Berger. Esta visión, que les hace pulular entre paradojas, es la que luego, al salir de la Ciudad, les introduce entre la generación de “visita templos” que Ferran Sáez Mateu, director del Institut d´Estudis Polítics Blanquerna (Universitat Ramon Llull), sitúa precisamente en la actualidad. Una progenie que visita muchos y variados santuarios. Claro que esas incursiones, “sólo son excursiones”, en feliz expresión del propio Sáez: no están relacionadas casi nunca con un sentimiento espiritual, sino con los previsibles circuitos turísticos, “que pueden incluir en un mismo paquete catedrales góticas, pagodas budistas, restos de la antigüedad pagana y hasta cementerios acreditados”, determinaba elocuentemente el mismo Ferran Sáez.

¿Significa eso que lo espiritual está de capa caída? No, al contrario. Este último estudioso comenta cómo jamás se había apelado tanto como ahora a esa noción, hasta el punto de haberla devastado semánticamente. Incluso han vuelto los rituales alimentarios más estrictos en forma de sacralización de los productos macrobióticos (es significativo que lo esotérico y lo integral se encuentren tan cerca en las estanterías de las tiendas new age).Y, por supuesto, no hay ningún otro momento en la historia de Occidente donde se hayan escuchado tantas cantatas, oratorios y motetes de carácter religioso como ahora. No perdamos de vista que a mediados de los 90, los austeros monjes de Silos competían con Madonna y Prince en el top ten.

Por lo tanto, no nos encontramos ante un retroceso de las manifestaciones espirituales. La situación es otra. Nos hallamos más bien ante la descontextualización y la pérdida de unidad -y, por tanto, de sentido original- de esas manifestaciones, pero en ningún caso ante un verdadero proceso de secularización. Lo que quiere decir que los ancestros culturales, económicos y sociales de Cuenca mantienen su vigencia y sus opciones de fervor. Así acaece con la Semana de Música Religiosa, que cada día está más fuerte en su expresión y mejor apreciada en su contenido. Por tanto, la modernización de la que hablamos pasa también por la revitalización de ella.

Compone este fortalecimiento un indicador más de los que se aplican en el avance de las prácticas sostenibles, que rompen con la dinámica tradicional de las autoridades locales, la cual está caracterizada por el tratamiento de problemas individuales (a nivel sectorial). Esta práctica oculta, en ocasiones, el hecho de que el sistema urbano es una unidad compleja e interrelacionada. La magnitud de estos vínculos pone de manifiesto los riesgos implícitos de decisiones ad hoc. Unos peligros y alarmas cuya eliminación sale de numerosos cambios en el ejercicio del poder local.

La gerencia en la modernización y el desarrollo urbano exige aproximaciones basadas en una visión general del sistema urbano, con procesos de toma de decisión integrados en determinados campos como la construcción, el urbanismo o la relación entre la ciudad y su entorno. Hay aspectos especialmente sensibles a las necesidades de integración, como los relativos a la gestión del uso del suelo o la planificación del sistema de transportes. En cualquier caso, es preciso reconocer que el concepto de integración admite diferentes interpretaciones, todas ellas complementarias, según ha explicado Gonzalo Delacámara, miembro del Departamento de Fundamentos de Economía, Universidad de Alcalá de Henares. Asegura este especialista13 que la polarización en las ciudades de la actividad económica, de los conflictos sociales y de las presiones sobre el medio natural no debe ocultar el hecho de que no puede aspirarse a diseñar modelos sostenibles sin considerar la integración de la ciudad o de áreas metropolitanas en un contexto espacial más amplio. Esta consideración exige planificar con amplias miras, por lo mismo, hay que superar enfoques fragmentarios mediante un alto grado de integración. Es evidente, pues, que la integración temática debe ir acompañada de una integración operativa; esto es, procede actuar de manera coordinada entre el proceso de decisión política, el diagnóstico y análisis de los problemas y la evaluación de sus repercusiones, la planificación, la financiación y la ejecución de los proyectos urbanos, fundamental aunque no únicamente por la dimensión y la gravedad de los problemas a resolver.
Sistema urbano sostenible y nuevos estilos de vida
El papel tan decisivo desempeñado por el Real Patronato de la Ciudad de Cuenca va unido a las reflexiones propositivas sobre la ciudad y sobre el poder, es decir, sobre la forma y el modo de construcción de la ciudad y sobre la toma de decisiones en la organización de lo social, que han transcurrido prácticamente en paralelo, sin llegar a converger en la forma de reflexiones y propuestas concretas y coherentes.

El recorrido sociológico por la Ciudad me indujo a contactar con el Portavoz Grupo PP en el Ayuntamiento de Cuenca, Jesús Cordente, que agradeció la transmisión de las consideraciones que le comuniqué alrededor del mentado Real Patronato y las ideas –todas las retratadas en el presente capítulo- que reprochan a su partido una responsabilidad capital en la inexistencia de un debate político expedito y competente sobre el planeamiento urbano de Cuenca. Este concejal, en defensa de sus acciones, me respondió el 30 de marzo de 2005 que “en numerosas ocasiones, aparecidas por cierto en los medios de comunicación y hechas en Pleno, hemos solicitado un debate en el aspecto económico que nos fue negado. En el mismo sentido, hemos planteado un proyecto de Ciudad tomando como referencia los terrenos de RENFE y las 17 alegaciones, fundamentales a nuestro juicio, al Plan de Ordenación Municipal en el que se implica temas trascendentales como unificación de polígonos industriales, planteamiento de zonas verdes, cambios de ubicación del estadio de la Fuensanta, Palacio de Congresos, vías de entrada a Cuenca, etc. Todo ello, en nuestra opinión, debería encauzar un debate urbanístico en regla, que a nuestro pesar no tiene visos de producirse, pese a que en algunas ocasiones lo han iniciado sin éxito, por la dejadez o desidia socialista, o sencillamente por la ausencia de ideas o Plan de Ciudad que posee el Grupo Socialista”.



Este último plan enfila a demandar, como hizo Carlos Verdaguer14 en su artículo “Por un urbanismo de los ciudadanos”, esa transformación salida de los figurantes de las utopías, que intentan responder a una pregunta decisiva: ¿quién y de qué forma se debe decidir cómo han de ser y cómo se han de construir físicamente en cada momento las ciudades? Este interrogante lleva a los vecinos más sensibilizados a desaprobar la existencia de un modelo explícitamente autoritario y jerárquico en Cuenca, lejos éste de esos otros modelos que le otorgan en el ámbito de lo social un papel protagonista al ciudadano. Por esto, se divisan por doquier contradicciones y dilemas, siendo el modelo de la ciudad el que en todo caso viene decidiendo el poder en función de sus intereses, aunque, paradójicamente, se presenten como coincidentes con los de toda la sociedad. El papel asignado a la ciudadanía en el estándar conquense desarrollado por el grupo afincado en el poder es el de triviales figurantes pasivos, cuyo bienestar dependerá exclusivamente de su nivel de acuerdo con el modelo propuesto desde el ábside de la soberanía económica dominante en la ciudad, dentro de la cual en 2005 el racimo de los constructores prevalecientes marcan las pulsaciones y los impulsos sociopolíticos, los temporales y los espaciales, que podríamos recoger en el mapa de la ciudad (vid. la Figura 3). En concreto, se dibuja esto en la zona sureste de expansión más reciente, aparejada en torno a las calles de los Ríos, que tiene su deslavazada e inconexa planificación en el Polígono El Cantorral.
FIGURA 3

Plano-Callejero de Cuenca dispuesto por el Ayuntamiento

La economía urbana ha optado por conceptos alternativos como la competitividad, por discursos que apenas tienen que ver con la sostenibilidad de las ciudades en el sentido estricto que comentaba Gonzalo Delacámara, sino con cuestiones relativas a la localización de la actividad económica. De hecho, a partir de la evidencia empírica reciente, concluye este analista que la tasa de crecimiento de las economías locales es, en gran medida, el resultado de factores sobre el que las instituciones locales tienen poco o ningún control. La densidad del proceso de desarrollo, la concentración de instalaciones de investigación y desarrollo tecnológico (I+DT) y el volumen agregado de estudiantes universitarios son las únicas variables en los modelos considerados sobre las que las autoridades locales y regionales podrían tener algún control. Sin embargo, esto supone ignorar los efectos de los agentes económicos (públicos o privados) sobre los factores que subyacen el concepto de competitividad (tan presente en la esfera política como el propio concepto de sostenibilidad) en algunas de las más notables, aunque no siempre estables, transformaciones de ciudades concretas, como ocurre en Cuenca.

En esta ciudad las perspectivas se han venido trazando en los últimos quince años desde análisis anclados alrededor de la competitividad (como los que enfatizan sobre la reforma de infraestructuras, la promoción de iniciativas empresariales o la recuperación de zonas verdes, por citar algunas), por lo que adolece de unos perfiles que presentan la misma serie de carencias. Los rectores municipales parece que no han sido conscientes de que la complejidad del desarrollo urbano no puede enfrentarse desde visiones parciales, diseñadas para resolver desequilibrios específicos. Sin embargo, esos dirigentes han de comprender que resulta complejo enfrentar las cuestiones relativas a la competitividad económica de las ciudades sin tener la sensación de estar recorriendo un terreno minado desde la perspectiva de la sostenibilidad (aunque precisamente, la sostenibilidad deviene de la compatibilidad de las mejoras en el nivel y en la calidad de vida, a partir de una reconsideración de modelos basados exclusivamente en el crecimiento).

Si bien son relativamente numerosas las actuaciones dirigidas a la generación de empleo local, la promoción de pequeñas y medianas empresas (como estrategia de diversificación del tejido productivo) o las actividades de formación, es prácticamente imposible encontrar referencias a actuaciones de mayor calado (en el ámbito de la economía), dirigidas a replantear el modelo de desarrollo local para buscar una mayor compatibilidad entre el sistema económico y el medio natural, en la línea esbozada por José Manuel Naredo15. Al amparo de la filosofía de éste, el recorrido por la ciudad ve que sería conveniente establecer una “estrategia de transición” capaz de paliar la creciente insostenibilidad divisada, definiendo un “protocolo de mínimos” que, al instaurar un marco inequívoco de prioridades, ayude a romper, e incluso a reconducir en favor de la sostenibilidad, las principales inercias mentales e institucionales desfavorables a ella. Años atrás denuncié el estado de los dos parques principales de la ciudad, el de San Julián y el de Santa Ana. Las demandas no cayeron en desuso, y hoy el primero está arreglado y el segundo se encuentra en obras para recobrarlo.

Enseña Naredo que la consideración de la ciudad como proyecto cubre a la vez los dos requisitos usualmente enunciados en las propuestas para mejorar la sostenibidad de los sistemas urbanos: visión integrada (o sistémica) y cambio de lógica (trascendiendo los enfoques sectoriales o parcelarios habituales). Normalmente se exige que el enunciado de estos requisitos se traduzca en algún compromiso público-institucional firme y duradero para atenderlos. El problema estriba en que no se concreta bien en qué ha de plasmarse la visión integrada y el cambio de lógica solicitados que debe amparar el compromiso público-institucional para que ciertas actuaciones y proyectos se consideren inequívocamente favorables a la sostenibilidad urbana. En otro capítulo volveremos sobre esto, con el fin de argumentar un urbanismo de los ciudadanos.

Se vislumbra en la mejora de la sostenibilidad conquense, no obstante, que el desarrollo de la misma está cambiando aceleradamente los motivos, estilos de desempeño, elementos de identidad, etc., y ha dado lugar en el último decenio a prototipos de acción individual nuevos, como consecuencia de las nuevas exigencias para afrontar las condiciones de vida urbana. Vivir en la ciudad es una categoría relevante y diferencial también del análisis psicológico. Pero a pesar de que han sido muchos los autores e investigadores16 que se han preocupado por explicar los nuevos estilos de vida que se han ido conformando en los distintos lugares del mundo, así como la valoración que los individuos han realizado de ella, Cuenca no ha tenido aún ese favor intelectual. Por esto, en alguno de mis paseos he repasado mentalmente numerosos aspectos claves de la experiencia social de la vida urbana conquense. José Antonio Corraliza me ha transportado en esos momentos a las tres características con las que L. Wirth describía (en 1938, dentro de su obra "Urbanism as a way of life") la experiencia social del espacio urbano. Desde su punto de vista, se destaca la importancia de tres rasgos de la organización sociofísica del espacio urbano: densidad, heterogeneidad y “anonimismo” en las relaciones sociales. Su aportación supone abrir la discusión sobre la capacidad de la trama urbana para alterar los modos de vida, e inferir problemas urbanos del análisis de este último aspecto.

El Real Patronato de la Ciudad de Cuenca, por lo anterior, tendría que fomentar el estudio de las claves y los componentes de la organización territorial del nuevo hábitat urbano. Sólo de esta manera se desecharán las acciones que a medio y largo plazo podrían repercutir en desatenciones u olvidos de la ciudad. La propuesta de investigación de esa institución debe hacer referencia a los elementos de análisis de la ciudad en función de las posibilidades de actividades y quehaceres futuros, y debe centrarse en destacar los problemas que puedan ser abordados. Así se facilitará la obtención de elementos más sobresalientes que describen a la vez la estructura física y social del espacio urbano conquenses. Su aportación es de notable importancia, al acercar a los distintos protagonistas en la metamorfosis los rasgos y peculiaridades que describen la experiencia urbana:




  • La densidad de espacios agregados.

  • La densidad de usos y tareas.

  • La heterogeneidad de usos y pobladores urbanos.

  • La “colosización” de la ciudad, con la consiguiente disminución del sentimiento de control sobre el espacio urbano.

  • La sobrecarga informativa que satura el sistema “atencional” del individuo, provoca cargas de tensión perceptiva y describe la experiencia urbana como una experiencia alienante.

  • La falta de identidad visual, que dificulta, entre otras cosas, el establecimiento de efectivas relaciones de apropiación.

  • Pérdida de referencias simbólicas y de identidad.

  • La ciudad se ha convertido en el mundo de lo extraño, y ello dificulta la posibilidad de establecer y estructurar redes sociales de apoyo.

  • La ciudad permite a las personas planear y disponer de un universo de relaciones interpersonales más amplio, pero de menor intensidad (de hecho, se dispone de más relaciones, pero de menos tiempo para cada una de ellas).

Las acciones de modernización conllevan afrontar los tres tipos de fuentes de vulnerabilidad. En primer lugar, aquellas que amenazan el bienestar físico. En segundo lugar, aquellas otras que amenazan el bienestar emocional. Y, en tercer lugar, aquellas que suponen una amenaza al bienestar social (cohesión social, identidad, etc.). Las dimensiones de Stokols17 sobre el bienestar son esclarecedoras del planteamiento que se ha hecho. Para este autor, el bienestar tiene tres dimensiones básicas: la salud física, el bienestar mental y emocional y la cohesión social en la comunidad. Su opinión es que el signo (positivo o negativo) depende, en cierta medida, de las oportunidades y recursos ambientales de los que disponga el individuo y los grupos. Así, por ejemplo, la salud física requiere adecuadas condiciones de aislamiento término y acústico, un cierto nivel de confort físico en el ambiente primario, no estar expuesto a inadecuados niveles de contaminación, etc. El bienestar emocional depende de la capacidad de control y predicción del escenario, de las cualidades estéticas, de la existencia de elementos simbólicos de valor, de la seguridad del medio físico, de la capacidad de controlar la secuencia aproximación-evitación, etc. La cohesión de la red social está en estrecha relación con las condiciones en que ocurre la interacción y el contacto social, la capacidad para participar en el diseño de los recursos ambientales, etc. Esta manera de entender la relación entre bienestar y condiciones ambientales puede resultar en exceso simple, pero permite detectar problemas ambientales, que sirvan como pauta para definir programas de intervención de efectos más amplios. En definitiva, una modernización sustentada en la calidad de vida, que dé fortalecimiento y esplendor a esta Ciudad Patrimonio de la Humanidad.




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