Juan Andrés Buedo



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Cuenca. 2005



A todos mis vecinos y conciudadanos.

Para que Cuenca, por fin,

alcance con su participación

la prosperidad buscada.

Y a Adolfo Suárez, político singular y excelente,

que en las elecciones municipales de 1987

me aceptó como candidato a Alcalde de Cuenca.

Me quedé en concejal de tercera línea,

pero nunca, desde entonces,

separé mis pasos del progreso de la Ciudad.

1. PRESENTACIÓN

Allá por el mes de octubre de 2004, nada más acabar el libro “Cuenca en la encrucijada. Repercusiones en esta Provincia de la ampliación de la Unión Europea, contacté por medio de un correo electrónico con el alcalde de Cuenca, en el que le proponía la realización para esa Corporación de un Estudio de Sociología Descriptiva de Cuenca en el tiempo presente. Y ¿qué es esto? Respondiéndole al primer edil de la Ciudad que es “un proyecto inédito en estas tierras de nuestra amada Cuenca, que si alguna carencia grave posee es un análisis serio, diversificado y profundo de esta amplia y trascendental temática”. Aclarándole acto seguido el por qué le hacía esa propuesta, que radicaba en algo muy sencillo, como le explicaba:


“Cada día realizo una hora de paseo por la ciudad, porque a ello me obligan los médicos, tras diagnosticarme una diabetes. Y en estos paseos, como le sucede a todo sociólogo que se precie, la observación del cuerpo social de la ciudad (sus signos, maneras, usos, costumbres, acciones, personas...) me da lugar siempre a hondas reflexiones. Pues bien, la principal de todas es la amplia transformación social que manifiesta a simple vista la mirada a las gentes que habitan la ciudad. Es una población muy diferente... a la que tradicionalmente la hemos habitado. Para comenzar hay un contingente de extranjeros que, aparte de ser cada día más vasto y diversificado, independientemente de su situación de ilegalidad o no, está cambiando el régimen de relaciones sociales interpersonales. Además, junto a esta franja de población hay otra cuota de gente que está cambiando a pasos acelerados el peso de los habitantes de la ciudad, que ha crecido en una proporción muy interesante durante los últimos tres años.

  Todo esto conlleva... una serie de cambios económicos, sociales y políticos en nuestra población. Cuenca siempre ha sido tierra exportadora de población a otros territorios, sin embargo, ahora se caracteriza por importarla. Como tiene explicado el demógrafo Massimo Livi Bacci, de la Universidad de Florencia, esto trae consigo una serie de implicaciones no deseables, derivadas de la alteración entre el volumen de las diferentes generaciones, lo que puede contribuir a la crisis de nuestro Estado social. La formación específica en esta materia y la especialización en ella me permiten realizar análisis e investigaciones de Sociología Descriptiva muy útiles para una política activa y funcional.

 ...//.. 

Cuenca, insisto, necesita a marchas forzadas un estudio de tendencias demográficas. No se crea que yo vendría a descubrir nada. Ha de saber que a lo largo del año 2003 se ha producido el fenómeno de lo que se llama "la Europa de la Revolución Geodemográfica". Y en ella está inmerso el pequeño bloque de nuestra Ciudad y Provincia. Tiene el mismo numerosos caracteres, que van desde los cambios en la familia hasta tener hijos sin casarse, pasando por los matrimonios de hecho, de derecho y la nupcialidad entre géneros idénticos, la huella demográfica de la población extranjera, las transformaciones causadas por el envejecimiento, etcétera.

¿Verdad que esto requiere un conocimiento más verosímil del entorno próximo? Pues esto sólo sería una parte del estudio. Aún más y mejor, la Fundación de la Caja Rural de Toledo, para la que también trabajo, me ha propuesto colaborar en la implementación del seriado de Ciudades Digitales y en el Libro Blanco de Ciudades Digitales de Iberoamérica, entre las que está Cuenca. Entonces, como experto que soy en e-Administración, me ofrezco a Usted, Señor Alcalde, para abrir en la página web de su Ayuntamiento una Sección inédita en España, que se construiría conforme a la dirección que le he reseñado y que bajo el nombre, por ejemplo, de Observatorio Sociológico de la Ciudad de Cuenca podría trabajar electrónicamente el proyecto comentado. Si su Padrón de habitantes ahora no está al día, si no se sabe sacar a éste todas la potencialidad socioeconómica que posee, si todos los programas sociales y administrativos de la Administración Local necesitan del establecimiento de unos indicadores ajustados a la Agenda 21 tan eficaces como para permitir una evaluación transparente y eficaz, que lleve consigo además unas técnicas de prospección social permanente como para conocer mensualmente los cambios poblacionales de Cuenca, desde aquí y ahora me comprometo a trabajar con su Ayuntamiento. Insisto, con confianza mutua, hasta gratis al comienzo. ¿Que no? Pues ustedes se lo perderían. 

Evidentemente, Señor Alcalde, las ideas no son gratis. Aquí le he dado unas cuantas para dinamizar el lánguido quehacer de su Corporación, pero los dos libros que poseo tienen cientos, y no los publicaré para que unos usos electorales venideros, ..., llegaran a aprovecharse sin compensarlas.

  Por favor, conteste a cuanto le he propuesto. Su silencio, por supuesto, pasaría a la historia, puesto que los medios digitales hoy existentes dan para divulgar omisiones de esta especie, y, ..., aún me quedan unos cuantos años para dejar mi poso espiritual en Cuenca y por ésta. 

  Espero su respuesta y le transmito un cordial saludo.”


Discurridos los seis meses de cortesía administrativa sin haber recibido el más leve ademán ni palabra al estudio ofertado, continúo paseando por estas tierras como persona y ciudadano, sin rumbo cotidiano premeditado, tras leer y pensar sin miedos. Así, continuamente y en cada esquina se evidencia esa falta de ciertos "valores" esenciales que den sentido a nuestras existencias. Parece que la obsesión compulsiva por el consumo y por vivir volcado hacia lo aparente, acumulando todo tipo de novedades es el único “valor” que debemos cuidar y proteger. Por el contrario, otros valores y asuntos han sido relegados por completo de nuestras vidas. Y algunos, como pedía Antonio Marín Segovia1, presidente del Cercle Obert de Benicalap (Valencia), exigen de forma urgente “volver a una educación participativa que nos recuerde nuestra pertenencia a un entorno, a un medio ambiente que tiene unas reglas internas propias”.

Tenemos muchos objetos que son capaces de hacer todo tipo de cosas absolutamente innecesarias, pero cada vez tenemos menos tiempo para leer, para vivir a ras de suelo. No obstante, para conocer todo lo que es realmente importante es preciso, en acertadas palabras de Marín, pisar siempre la tierra con nuestros pies. Sí, necesitamos con urgencia vivir dentro de nosotros, respetando y aceptando que los avances tecnológicos son herramientas a nuestro servicio, pero sin que sea recomendable sacralizar las nuevas tecnologías, obsesionándonos con esta coronación por poseer la última novedad.

Durante mis largas caminatas, el resquemor de la duda se atreve a buscar algún culpable del silencio hecho a mi oferta. Sin hallarlo, en cambio, el 14 de febrero de 2005 firma el concejal responsable un par de documentos que, por primera vez en muchos años, como tendremos ocasión de ver en los capítulos respectivos de esta obra, me hacen ver a Cuenca en la senda de la modernidad y fuera de las vallas de la marginación. Esto es un avance sin precedentes y una tranquilidad para el futuro de nuestros hijos, que, después de décadas, ya no tienen por qué huir de las orillas del Júcar o del Huécar para lograr el bienestar o la calidad de vida que los nuevos tiempos traen consigo. El asunto que señalo, en concreto, es la elaboración de un Plan para la Mejora de la Gestión Interna del Ayuntamiento de Cuenca, que permita, a partir de la realidad actual y sus recursos, definir las estrategias, tácticas y programas que sea preciso para impulsar la mejora en el funcionamiento y en la prestación de servicios de la administración local, en especial aquellos que tengan repercusión directa con agentes externos como ciudadanos, empresas o administraciones; todo ello en el marco que ofrecen las tecnologías de la información y la comunicación. ¡Qué cambio! ¿Verdad? Sin duda, esto es una ruptura eficaz con los grumos descogollados e inactivos del pasado reaccionario. Y, según puedo leer en el respectivo pliego de especificaciones técnicas del contrato de servicios de consultoría y asistencia técnica para la realización de ese plan, entra éste de lleno en los sínodos de la e-Administración. Perfecto.

Luego puede aplaudirse desde el primer momento a la primera institución municipal, porque esta actuación, “enmarcada en el proyecto Cuenca Ciudad Digital, supone un paso previo para la puesta en marcha de la conexión multicanal en línea de servicios de la administración; conexión que debe beneficiar a los ciudadanos, las empresas y los gobiernos y gestores locales y supralocales”2.



* * *

Lejos de ciertas desproporcionadas expectativas, pues quedan todavía en un plan, loable pero convertido en un mero propósito ahora mismo, mientras estoy desarrollando esta exposición, sigo con mis lecturas, paseos, reflexiones y conversaciones que integran el círculo inmediato de mis amistades. Una medida que encuentro saludable para evitar, como avisaba Antonio Marín, los efectos nocivos de una sociedad volcada en el consumo desaforado.

Educarnos y saber que somos parte indivisible e inseparable de nuestro entorno es un primer paso para conceder valor e importancia a todo lo que nos rodea, empezando por los elementos naturales que nos permiten la vida, la respiración, el sustento.
Para hacer agradable y dichosa nuestra diaria vida, conviene que aprendamos a adaptar nuestra existencia cotidiana a los ritmos de la naturaleza, modificando paulatina y sistemáticamente aquellos hábitos nocivos y perniciosos que nos conducen a situaciones de aislamiento, hostilidad y desgaste físico y emocional. Un contexto que contemplaba, por ejemplo, el 5 de septiembre de 2002, al publicar mi artículo “La Cultura Urbana de Cuenca en el Siglo XXI” la web de la hoy desaparecida Plataforma Cívica por Cuenca. Dos años y medio después, una parte de esas reflexiones mantienen plenamente su vigencia, aunque están necesitadas de un espacioso y más ajustado desarrollo en estos instantes. Otro dato más que justifica el ensayo ahora presentado.

Todavía es igual de válida y está presente con nada más alzar la vista la pregunta de cuál es el modelo de ciudad que se dibuja, formulada en aquella fecha. Si acaso el debate urbanístico está más caliente, porque el destino y diseño de los terrenos libres de la estación de ferrocarril no terminan de atar cabos y cerrar voluntades de consenso. Sin duda, hay muchos intereses de por medio y la “saca” de unos cuantos no escamotea movimientos para extraer beneficios, sin apurar las conformidades del pueblo en general.

Aunque me duela decirlo, a comienzos de 2005 puedo reiterar lo que afirmaba en septiembre de 2002. Es decir:
“No están los medios de comunicación que campan por la provincia emitiendo información, opinión y reportajes a la altura de las circunstancias, y como ni en la prensa, ni en la radio, ni en la televisión local ha aparecido referencia fundada y trazada con sistema en torno al pobre modelo de ciudad que se está edificando en la capital conquense para los próximos decenios; pero, sobre todo, ni los partidos políticos, ni las organizaciones sociales y económicas demuestran la madurez precisa para el cambio que se avecina, me siento tentado en conciencia a orientar a todos estos grupos para ilustrar y sugerir el potencial futuro de nuestro territorio”.
Esta capacidad y esta energía latente, en verdad, hoy resulta mucho más fácil de aplicar en Cuenca con sensatez, inteligencia y mayor discernimiento. Frente a lo que sucedía en el pasado, en 1994 por ejemplo, cuando escribí la Sociología de la Marginación de Cuenca en aquel acertadísimo y bien trabado Libro Negro de parejo título, en 2005 no se produce “la debilidad estructural y política de las clases medias”, un dato que estimaba fundamental para comprender la marginación conquense. Este mismo factor es una variable que no incide sobre la demora o la “irresolución” de los problemas conquenses, que ni resultan agobiantes –como podían serlo entonces- ni mucho menos irresolubles. Ahora son contrariedades, dilemas o dudas que importunan la intervención pública, pero lo hacen a la misma escala que acontece en cualquier capital de provincia española de su tamaño y condición.

Tampoco es roqueña –como años atrás- la verificación de una lectura de simple ineficacia lo que nos muestran una parte de sus protagonistas principales en cuanto afecta a nuestro emplazamiento, su sociedad y, fundamentalmente, su futuro. Los datos mostrados en una serie de estudios especializados, más bien, insinúan que las principales autoridades conquenses, los cargos públicos más significados y el empresariado más señalado están empezando a enterarse de cuáles son o dónde pueden estar las opciones más positivas, e intentan volcarse y principian a trabajar en su consecución. Otra cosa ya es que lo acaben consiguiendo, porque ni son los mejores todos los que están, ni tampoco están todos los que son. Aquí sí que se necesitan cambios sociales intensos, tanto en organización como en personas. Hablaremos de ello más adelante, en su capítulo específico, el cuarto.

Esa sección hará que nos acojamos al influyente e internacionalmente reconocido geógrafo urbanista Jordi Borja, profesor de la Universidad de Barcelona. En concreto, pudimos leerla en el informe publicado en "Le Monde des Débats" y llevaba por título “¿La ciudad aún existe?”. Vemos ahí que hace unos años era habitual encontrar títulos como "El infierno es la ciudad" o "La gran ciudad es criminal", pero nadie ponía en duda la existencia de la cosa. En la cumbre de Estambul (1996), cuando Jordi Borja argumentó que urbanización no es ciudad y que no era evidente que el siglo XXI fuera el siglo de las ciudades, no encontró eco ni respuesta. Y, sin embargo, la pregunta era oportuna. Nos lo confirma la propia región metropolitana de Barcelona, en donde durante los últimos 22 años se han urbanizado tantas hectáreas como en toda la historia anterior sin que haya aumentado la población. Pero, debemos recordar con Borja, "urbs" no es "civitas", es decir, cultura cívica, cohesión social, capacidad de integración. Y tampoco es "polis", autogobierno, participación y representación, lugar de la ciudadanía. “La urbanización difusa, la fragmentación del territorio, la privatización de los espacios públicos, la multiplicidad de administraciones públicas, el poder decisorio de los grupos económicos privados, la exclusión de numerosos colectivos sociales y los efectos homogeneizadores de la globalización”, requerimos con Borja, cuestionan la existencia misma de la ciudad, entendida como "urbs", "civitas" y "polis". En efecto, la ciudad es espacio público en su triple acepción: urbanística, cultural y política. No es un hecho social automático, sino una acción colectiva voluntaria: "hacer ciudad" es una opción política. Y, sin embargo, no es ciudad todo lo que se hace en su nombre. “La nefasta combinación entre políticos débiles, arquitectos gestuales y mercaderes inmobiliarios produce artefactos urbanos pero no ciudad”, concluye el reiterado geógrafo y podemos observarlo con nada más alzar la vista.

Una mirada objetiva, generosa y solidaria del ambiente urbano lindante se siente tentada a cuestionar la eficacia y utilidad de todo lo que sugiera escueta y magra publicidad, exigiendo a los responsables institucionales las mentes más enteradas –lo mismo en Sebastopol que en Roma, e igual en Toledo que en Molina de Aragón- que se instalen nuevos espacios públicos destinados a la lectura, al diálogo, al arte, al teatro, al conocimiento directo de nuestros campos, montes, bosques... Siendo éste el primer paso para dejar de ser esclavos de la volátil moda, de la turbadora publicidad. En este sentido, otras palabras de Antonio Marín vuelven a hacernos reflexionar por su carga abarrotada de intuición y actualidad: “Debemos decir no a esa enorme obsesión por saturar nuestras vidas de objetos y de adornos. Para nacer no nos hace falta tener un móvil o adquirir el último modelo de vehículo con tecnología alemana. Simplemente necesitamos un padre y una madre dispuestos a quererse, a querernos íntegramente y sin fecha de caducidad”. ¡Qué sencillo! ¡Y cuántos pesares nos quitaríamos de encima! Porque palpar la placidez entonces es bastante más fácil, y muchísimo más barato en esta Cuenca del alma, la que cantaba el poeta al divisar el paisaje que la rodea:


Alzada en limpia sinrazón altiva

-pedestal de crepúsculos soñados-,

¿subes orgullos? ¿bajas derrocados

sueños de un Dios en celestial deriva?
                                       (Federico Muelas)  

* * *

Nunca he presumido de que mis trabajos sociológicos fueran un simple remedo de las reconocidas labores de Amando de Miguel, que a menudo ha considerado los suyos como una especie de actas notariales respecto de la sociedad circundante. Yo debo ser bastante más modesto. Claro que cuando escribo de Cuenca las palabras breves o la elocuencia sucinta se me hacen imposible. Principalmente porque, como se ha dicho en multitud de ocasiones, Cuenca no es monumental, es espectacular. A la hora adecuada, y desde los miradores de la parte antigua o el barrio de El Castillo, las hoces de los ríos Huecar y Júcar, que la rodean por ambos lados, dibujan una perspectiva de fábula, “la ventana a lo imposible hecho piedra”, que sabiamente han cantado algunos. Por eso fue declarada ciudad histórica Patrimonio de la Humanidad en 1996. Este fue el gran acierto económico, cultural y modernizador; el que ha permitido franquear las simples barreras de la poesía, dejando atrás las cansinas trincheras de un pasado añejo, retrospectivo o berroqueño.

Como es ampliamente sabido, las ciudades Patrimonio de la Humanidad han sido designadas por la UNESCO por ser ciudades que destacan en la protección de lo natural, cultural, estético, arqueológico, científico y antropológico. Los criterios de inclusión de Cuenca en 1996 fueron los Criterios culturales II y IV. Esto es: Se destaca su valor universal así como el excepcional ejemplo de fortaleza medieval que conserva notablemente intacto su paisaje urbano original junto a los muchos ejemplos de arquitectura civil y religiosa de los siglos XII a XVIII. Además es excepcional porque la ciudad amurallada combina y realza el paisaje rural dentro del natural en el cual está situado.

Por su parte, la justificación y singularidad es la siguiente: La particularidad y el distintivo de la ciudad se define en la conjunción de su urbanismo proyectado sobre las dos hoces de sus ríos, el Júcar y el Huécar. Sobre la Ronda del Huécar se edifican las Casas Colgadas, ejemplos de construcción medieval cuya perspectiva ahonda sobre el precipicio natural que forma los fosos de los ríos. La reseña patrimonial merece delimitarse en el Cuadro 1.


CUADRO 1

Descripción del Bien


  • Descripción del conjunto: La ciudad está rodeada por una muralla de origen árabe, de la que se conserva parte de su extensión y alguna puerta de acceso como la de Huete. La muralla se desarrolló por lo que hoy se conoce como los barrios del Castillo y de San Pedro, los barrios altos de la ciudad. Cuenca engloba en su conjunto diversos bienes que se pueden clasificar en arquitectura militar: como los restos del Castillo (SXII) que fue volado por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia o la Torre de Mangana (árabe); arquitectura religiosa como La Catedral (S.XII-XVIII) o el Convento de las Esclavas (S.XVI), arquitectura civil como las Casas Colgadas (Baja Edad Media) y el Puente de San Pablo (S.XVI-XX).

  • Marco físico: La ciudad se asienta en altura, sobre las hoces de sus dos ríos; el Júcar y el Húecar, sobre ellos describe sus calles como meandros. La provincia de Cuenca incluye tres tipos de comarcas: La Serranía, La Mancha y La Alcarria y en general, la ciudad se asienta sobre un espacio rocoso y calcáreo.

  • Marco histórico: La Ciudad fortificada es de origen medieval, y a lo largo de la Historia de España debe su interés, tanto a árabes y cristianos como foco estratégico de frontera. Su etapa de mayor riqueza e importancia como ciudad se desarrolla desde el siglo VIII al XVIII, y adquiere un importante papel como Sede Episcopal e industrial por su actividad textil y agropecuaria. La Ciudad que sobrevive hoy en día, compila, a través de sus construcciones, las diferentes etapas de dominación e influencia artística: árabe, medieval, gótico y siglo XX.

  • Otras declaraciones:

- 1963 Sitio Histórico: Casco Antiguo de la ciudad y paisaje que la rodea.



Así pues, sin menudencias ni tópicos, en 1996 la UNESCO consideró la ciudad de Cuenca como entorno perfecto para ser declarado Patrimonio de la Humanidad y para ser protegido por su singularidad. Esa Cuenca de influencia musulmana, que fue hecha cristiana por Alfonso VIII, ha conservado calles y callejas intactas por siglos. Impetuosas cuestas, preferentemente aptas para turistas con buen ímpetu y saludables piernas, que transportan el visitante al firmamento. Y para deleitarse en el camino, nada como desconocer el resquemor de los tendones y la musculatura, dejándose llevar por los rascacielos que desafían la gravedad. Cuenca es verdaderamente un paisaje fecundo, a la par que un rincón apacible. De esta manera se encarama la ciudad sobre el precipicio y la roca. Como ordenan las guías al visitante, yo también trasiego a menudo este patrimonio histórico rastreando el empedrado de la ciudad antigua, deteniéndome periódicamente en la abstracción y las ciencias.

La rehabilitación comercial del casco histórico viene siendo interesante también en Cuenca, cuyos comerciantes, artesanos y pequeños empresarios estuvieron presentes en el VII Encuentro Forcomercio, celebrado en Santiago de Compostela a finales de noviembre de 2004, con la intención de intercambiar experiencias con los del resto de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España, de manera que sus negocios sean más competitivos e "ilusionen" a los habitantes de sus Cascos Históricos.

Acacia Domínguez Uceta, una de las escritoras conquenses más eximias, consignó en Motor & Viajes el 3 de mayo de 1997 que la declaración de Cuenca como Patrimonio de la Humanidad había abierto una nueva vía a los criterios estéticos de la UNESCO. Sin duda, porque con esa designación se premió –como dijo literalmente nuestra cronista- “la originalidad extrema, la belleza de la desarmonía, la arquitectura popular más pura y la fuerza telúrica de una ciudad en la que el campo todavía intenta devorar, sin lograrlo, el espolón rocoso que la sustenta, en el límite exacto del abismo”.

Más allá de los estilos arquitectónicos, con vocación de trascender hasta convertirse en el “asombro de lo inverosímil”, Cuenca se ha modelado a sí misma, ha crecido en plena libertad conducida por las oscilaciones seculares. Desde antiguo renunció a los ejes de simetría, la plomada, la escuadra y el cartabón. Al pasear por su casco viejo es improbable que no brote la sorpresa y hasta la fascinación ante lo inverosímil, ante el inconstante o tornadizo juego de romper con las normas y sólo dar valor a la imaginación y a las necesidades de sus habitantes, sin duda, sus mejores arquitectos.

Siguiendo el empedrado

Formada por dos ciudades superpuestas, la urbe medieval que albergó a musulmanes, judíos y cristianos, creció entre las murallas y los profundos precipicios de las hoces. Casi inexpugnable, fue ganando verticalidad para obtener espacio en altura, en libertad y en vuelo. Se abrieron ventanas y puertas sin pensar en la simetría de las fachadas, se trazaron calles que avanzan en difícil límite con el abismo y se tornan galerías y túneles que atraviesan mansiones. Prolongaron chimeneas, crearon voladizos, inclinaron sus muros desafiando la ley del levantamiento vertical y Cuenca se hizo irrepetible en cada uno de sus rincones. En consecuencia, Acacia Domínguez previno al viajero, que debe ir advertido de que “en Cuenca todo es dual”. Más que una ciudad, “Cuenca son dos ciudades superpuestas”. Mi recorrido sociológico por la ciudad vuelve a confirmarlo.

A los pies de el casco antiguo aparece la ciudad moderna. Desde el centro, se pueden elegir varios caminos que llevan a la zona alta. Para los más atrevidos y sin vértigo, nada como intentarlo siguiendo el Huécar, para coger una de las callejas del barrio de San Martín y sus rascacielos, nacidos de arriba abajo, y llegar al de Santa Cruz. Un laberinto de calles que, en su parte más alta dejan ver la esmerada arquitectura del flamante Auditorio.

Un paseo por la Ciudad antigua

Tanto la corriente del río Huécar, pequeño y hortelano, como la del Júcar, ancho y reposado, tienen sus riberas convertidas en evocadores paseos por donde la ciudad se prolonga y se une con el campo, con la sierra a la que pertenece.

La subida por la calle Alfonso VIII es el preámbulo al misterio conquense, que va abriéndose al viajero desde los colores de sus fachadas y le distraen sin sospechar que la calle divisoria entre dos abismos tiene casas convertidas en rascacielos y techos que son sótanos al mismo tiempo. Incluso la Plaza Mayor es irregular y contradictoria, continuando envuelta en un mayor cúmulo de contraposiciones después de los últimos retoques urbanísticos, que son otra muestra más de esa carencia de modelo de ciudad que hoy se está buscando, sin terminar de hallarlo.

La Catedral, ni preside ni envuelve ninguna perspectiva. Es, como la ciudad, compleja y de aplazada terminación. La Catedral es el único templo de estilo anglo-normando de nuestro país. Al parecer Leonor de Plantagenet y Aquitania dotó de una influencia decisiva el estilo del templo. Hija del rey de Inglaterra Enrique II, Leonor nació en Normandía y casó con Alfonso VII.

Con su interminable fachada, la Catedral gobierna la Plaza Mayor. Desde aquí se parte rumbo a las hoces que ciñen la urbe. A un lado, el inicio de la Ronda y a la calle San Pedro. En la primera, la Posada de San José hace de parada perfecta para recuperar el aliento. Tras pasar la pequeña plaza, la Ronda sigue su camino en soledad, siguiendo el rumbo de la hoz, entre arcos y estrecheces.

Custodiando la Plaza Mayor, en un nivel inferior, la calle Pinares nos lleva hasta las profundas escalerillas de la bajada a la Santuario de la Virgen de las Angustias, un rincón propicio para las leyendas y el retiro, donde muchos conquenses deciden unir sus vidas. Antes de la bajada, una escalinatas se elevan hasta la Ronda del Júcar: un paseo romántico que termina en la taberna La Tabanqueta y la plaza del Trabuco. Al fondo, los restos de el castillo y el arco de los Bezudo, por donde pasaron las tropas de Alfonso VIII, que hicieron Cuenca Cristiana.

Dos pequeñas desembocaduras a la calle Pilares bajan hasta San Miguel. Una de ellas, sin nombre, se cierra en un pequeño pasadizo para acabar saliendo de nuevo a la luz por el arco que abre a la parte trasera de la calle Pilares. Allí, una vez más, los edificios y balcones desafían al vacío. La otra conduce a la Iglesia de San Miguel, centro de conciertos del Festival Internacional de Música Religiosa, que se celebra en Semana Santa.

Y para una visión global del hermoso valle, nada como un paseo en coche por la carretera de Palomera hacia el Hotel Cueva del Fraile, para seguir por la llamada ruta turística, a la derecha del hotel, que lleva por una estrecha carretera con vistas a la hoz hasta la parte antigua de la ciudad.



La abstracción y la sabiduría

El artista Fernando Zóbel creó el Museo de Arte Abstracto Español en 1966, para que en 1980 fuera cedido a la Fundación Juan March. Las más de 110 pinturas y esculturas, y el enclave perfecto hacen del museo una parada obligada. Situado en las Casas Colgadas, sus balcones volados se abren al esplendor del Puente San Pablo, que une el convento de su mismo nombre (hoy Parador Nacional). Desde el puente, la Cuenca antigua se asemeja al “refugio de los mitológicos cíclopes” que trasegó Acacia, aunque como aclaró ésta, en realidad sus habitantes más llamativos son escritores, pintores y otros artistas “empeñados en desentrañar el misterio conquense, las leyes de la desarmonía, la conjunción entre lo culto y lo popular, entre lo místico y lo telúrico, para plasmarlo en sus obras”.

Bares y museos, tiendas de artesanía y conventos de clausura, palacios ocultos y casas delgadas como chopos se esparcen por este ensimismamiento. Y mezcladas con esta Cuenca por la que pasean nativos y forasteros, quedan auténticas islas de paz y reposo. La Torre de Mangana, donde se alzaba el antiguo alcázar, domina una extensa explanada y los mejores crepúsculos. Desde ella, quedan a vista de pájaro los barrios más pintorescos: el de los Tiradores, extendido por la ladera del cerro del Socorro como un belén navideño; el de San Antón, empinando callejas y terrazas para asomarse al Júcar; y el de San Gil, recatado y entrañable bajo el amparo de la torre del Salvador y la que le da nombre, corpulento adorno del romántico Jardín de los Poetas.

La plaza de la Merced, en pleno casco antiguo, muy cerca de la Plaza Mayor y el Ayuntamiento, alberga el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, de reciente creación, que fue convento y que ahora ha sido ampliado. Desde la entrada se accede a la máquina del tiempo para pasar a la historia de la astronomía, el planetario y la cronolanzadera. Los tesoros de la tierra también se guarecen en nuestra ciudad, cuyas cumbres y simas iluminadas por una luz cambiante, creadora de contraluces y violentos claroscuros, tienen su contrapunto durante la noche, en la que se alcanzan las imágenes más sugestivas y prodigiosas, trocándose en un sueño hecho piedra.

Son contrastes de “una ciudad mística, entregada a lo sobrenatural e impregnada por un misterio que emana de la dureza de la roca y la ternura de sus jardines insólitos, de lo humilde a lo grandioso”, según determinó Acacia Domínguez Uceta.

* * *

Por el contrario, en el anverso de la narrada ciudad de éxtasis y embeleso, que tanto gustaba laurear a los escritores del lugar de hace cuarenta o cincuenta años, demasiado influenciados por Góngora y sus seguidores, en el año 2005 creo que debe cohabitar –e irse construyendo con pasos serios y bien fundados- una paralela “Visión Integral”. Así lo fijan mis paseos por Cuenca, de los que cada día salgo más convencido de que la sociedad actual debería agarrar como valor la conservación del medio rural y urbano bajo enfoque ecosistémico, como nos enseña Judith del Valle3. Desde esta orientación se plantean modelos alternativos para buscar una postura de equilibrio en la que las entidades locales, como la nuestra (que comprende también los municipios de Arcas, Chillarón, Villar de Olalla junto a los agregados menores de Jábaga y varios otros que circundan la Ciudad), puedan desarrollarse económicamente y mantener su carácter tomando en cuenta la conservación de los ecosistemas.

Unas prácticas agrícolas y forestales adecuadas y económicamente viables, una actividad turística no masificada, la creación de industrias más limpias y de servicios múltiples ambientales y artesanales y, sobre todo, una recuperación, por parte de las entidades locales, de la gestión de sus potencialidades, son fundamentales para revalorizar la vida rural cercana. De ahí que se hable en la actualidad de Asentamientos Humanos, Ciudades Sustentables y del diseño de la Agenda 21 Local.

Nuestras autoridades, directivos empresariales, dirigentes sindicales, gerentes administrativos e institucionales, de la mano de un surtido acervo de intelectuales más maduro y comprometido que los aparecidos corrientemente en los medios de comunicación locales han de entender que el desarrollo económico local es un proceso de transformación de la economía y la sociedad de un determinado territorio, orientado a superar las dificultades y exigencias del cambio estructural en el actual contexto de creciente competitividad y globalización económica, así como de mayor valorización de la sostenibilidad ambiental, a fin de mejorar las condiciones de vida de la población de ese territorio. Para ello se requiere una actuación decidida y concertada entre los diferentes actores locales, públicos y privados, a fin de crear un entorno territorial que fomente las actividades productivas en general, para utilizar en forma eficiente y sostenible los recursos endógenos y aprovechar las oportunidades de dinamismo exógeno o el dinamismo de las actividades empresariales presentes en el territorio.

Todo esto, dicho así –como sabiamente plasmase en uno de sus trabajos el experto Francisco de Alburquerque en 2001-, hasta puede parecer fácil y hacedero. Pero a menudo se trabaja en las antípodas y nuestros dirigentes van a contracorriente. O sea, no se enteran en muchas de sus decisiones o sus prácticas. Las toman y después... ya veremos. Aunque esto no tiene que ser así, porque la práctica política, la económica y la social no pueden improvisarse, puesto que los buenos resultados pasan siempre por una buena planificación, seria y responsable, marcada por estrategias a plazo (corto, medio y largo) maduras y bien coordinadas. En este aspecto deben dejarse guiar otra vez por el conocimiento del geógrafo Jordi Borja y las sabias palabras que pronunció en marzo de 2001 durante la conferencia que pronunció en el Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia: “La ciudad se conoce y se reconoce por sus centros. Toda la ciudad es histórica, es el espacio que contiene el tiempo. Cada una de las partes o zonas de la ciudad tiene un patrimonio, de tramas y edificios, de vacíos y recorridos, de monumentos y de signos, que son referentes con identidad propia que deben en parte ser conservados y reconvertidos, para contribuir tanto a guardar la memoria como a impulsar la evolución de la ciudad. Solamente así la ciudad será a la vez atractiva e integradora. Pero donde la ciudad se juega especialmente su presente y su futuro es en los centros”. Y Cuenca desafía un amplio logro de su rumbo en su centro igualmente: en Carretería, cuyo futuro se va demorando sin tomar esas ansiadas medidas que, por falta de conocimiento o de valor para tomarlas, continúan durmiendo en los despachos de mandos y jerarquías, más interesados de lo conveniente en exhibiciones o declaraciones veniales que en una gerencia perspicaz y efectiva de la “cosa pública”.

 Situado en la misma línea que José Ignacio Casar Pinazo, director del Ciclo de Conferencias sobre Ciudades históricas ante el Siglo XXI4, trasladando sus análisis de Valencia a Cuenca, me sucede lo mismo que a él en su constatación de la realidad: todavía queda mucho por hacer aquí. Y a esto le añado yo: no conviene mirarse tan a menudo al ombligo. Nuestros dirigentes prolongan en el tiempo sin perpetrar –en un aplazamiento ilógico- esa circunspecta autorreflexión que a menudo ha reivindicado el pueblo conquense. Es verdad que los esfuerzos realizados y las ayudas percibidas han servido para mejorar sustancialmente la situación de partida, sin embargo la presencia de numerosos edificios añejos o desusados y de espacios huecos o pretéritos genera menoscabos y sensación de abandono. En Cuenca muchos vecinos creen que la inversión en la mejora de la calidad del espacio público no ha sido tan grande como en bastantes otras capitales de provincia, pareciéndoles que sólo ha servido para facilitar un incremento de las actividades lúdico-terciarias que se desarrollan al aire libre, ni tampoco se aplicado aquélla de manera optimizada, al verla acompañada por una permisividad excesiva en el uso y administración del espacio público.

La Cuenca antigua, mientras tanto, ha reportado un bien concreto en el plano de rehabilitación del patrimonio residencial; específicamente ha sido útil el hecho de no haber sido para la sociedad local un ambicioso referente, dado que el crecimiento y la expansión de la ciudad nueva del llano no ha provocado esa subida en el precio del suelo que dificulta en otros lugares del país cualquier acción pública. Y con esto sigue hallándose su oferta del precio de vivienda por metro cuadrado entre los más baratos de España.

Paloma Martínez5, de la Universidad de Valencia, recomienda “transitar la ciudad” que permite ver cómo en el sujeto moderno su descripción coincide con la de un determinado recorrido, la de un concreto viaje por la ciudad cuyas raíces son los hitos de su vida. “A partir de aquí lo urbano abandona su condición de espacio estático, de marco estable y estructurado de casas y edificios, para devenir en trama de posibilidades, nudo enrevesado de caminos, red laberíntica de itinerarios”, subraya esta pensadora, quien estima que “sólo su tránsito ofrece legítimamente a la mirada la multiplicidad de perspectivas, la diversidad inagotable de trayectos que llamamos ciudad”. Y es en ese singular recorrido donde se alcanza a ver el complejo diagrama, el trazado gráfico que dibuja cada existencia individual. Para ésta, habitar la ciudad quiere decir ahora transitarla, recorrer las calles y avenidas donde, antes que en el interior de cada morada, la vida moderna se descubre. Esta nueva visión del espacio urbano no es, sin embargo, ajena al progreso técnico intrínseco a la modernidad y a la profunda transformación del mismo que lleva aparejada. Esa metamorfosis ha reportado para Cuenca la importación de formas prefiguradas de la actual metrópoli, ha extendido por aquí esos cambios en los que se testimonia la tendencia a la extinción de ciertas formas de recorrer la ciudad, aunque sus habitantes no padezcan el transitar tan degradado y paradójicamente inhóspito como el que se concibe en las grandes ciudades.

La proliferación del automóvil no sólo reduce y circunscribe el simple paseo a recintos específicamente destinados a ello, con el consecuente artificio y merma en espontaneidad que así se impone a su experiencia; también convierte al transeúnte en mero peatón. “Constreñido, asediado por una multitud de señales ópticas y acústicas, el antiguo propósito de caminar para ver y ser visto carece ya de sentido allí donde el tránsito peatonal es casi asunto de supervivencia frente a la circulación rodada”, proclama Paloma Martínez. Esa marcha, sobre todo entre los jóvenes, es la que decide el haz de trayectorias e itinerarios posibles que revela una ciudad de dinamismos precipitados y cada vez más agitados, medidos por una distinta percepción del tiempo y el espacio. El conquense, si pretende conservar esos privilegiados depósitos de calidad de vida que ha mantenido durante decenios, debe reclamar de sus dirigentes una ciudad moderna y dinámica, sin reproducir el superado modelo de las nuevas villas francesas de expansión construidas en el último tercio del siglo veinte. Es decir, la nueva Cuenca –la del AVE y la Autovía, la del crecimiento y la expansión económica- tiene que procesar y ejecutar unos signos de modernización sostenibles y hermanados con su personalidad histórica tradicional.

La impronta sobre la ciudad como escenario del progreso y de la cultura avanzada tiene que determinarse por el espacio comprendido entre los límites de lo público y lo privado. Su interrelación ha dado origen, históricamente, a diferentes modelos de ciudad que vinculan ideales políticos, sociales y económicos de las comunidades que los han habitado. Independientemente de la diversidad de estos modelos, lo público está representado por lo que es del dominio y potestad de todos y que ha permanecido a través del tiempo en la memoria de su comunidad, moldeado por las formas en que el poder y la sociedad lo han permitido. El urbanista innovador del siglo XXI ofrece en la actualidad, como veremos en el capítulo tercero de esta obra, nuevas pautas de planeamiento urbanístico, cuyas opciones descifraremos en Cuenca siguiendo los trabajos del afamado arquitecto-urbanista Josep Maria Llop Torné.

El análisis desglosado en este estudio, en consecuencia, intenta desvelar la compleja situación vivida por esta Ciudad en el año 2005, un presente cuyo retrato y delineación, como puede verse en el capítulo cuarto y siguientes, pasa por discurrir asimismo las proporciones y desigualdades que posee el panorama de Cuenca respecto al modo de vida occidental. Hasta hace poco habríamos escrito “modo de vida urbano”, pero lo rural se va desvaneciendo y la sociedad comparte costumbres y modos de vida con un entorno territorial cada vez mas dilatado, según el magisterio de José Ignacio Casar. Razona éste que conocer lo que está pasando en el territorio de límites cada vez más anchos constituye un pilar básico para pensar en conservar una diferencia como la que enunciábamos más arriba. Por otra parte, está constatado que existen ciudades y territorios en los que se ha conseguido un aceptable equilibrio territorial, ciudades que cuentan con modelos de desarrollo integrados en la cultura europea y que disfrutan, por su peculiar modo de hacer, de unas excepcionales cualidades que les colocan en el punto referencial. Observadas esas propiedades, tres aspectos cardinales son ineludibles para analizar el comportamiento de la Ciudad: el conocimiento de sus usos y de la forma en la que éstos evolucionan; el análisis de las consecuencias que las actividades económicas producen en los tejidos tan sensibles y frágiles de la nueva ciudad, y, en tercer lugar, el conocimiento de las formas y procesos de la participación ciudadana. Aspecto éste que se desvela como el principal aliciente de un nuevo urbanismo que, como se dictamina en distintos apartados de este ensayo, argumenta su grado de madurez en la medida en que concita un crítico respaldo ciudadano. 

Analizadas estas bases y desde los presupuestos de la falta de asepsia ideológica de las acciones técnicas, se dedican importantes ocurrencias a estudiar la evolución y perspectivas de la arquitectura en el entorno conquense y al imprescindible estudio de la forma en la que debe ser tratado el espacio público, principal referente de la vida urbana. La arquitectura cobija la vida humana y cobija también sus actividades, y alcanza especial significado cuando se construye en un contexto de acumulación cultural, pues se le proponen múltiples referencias, múltiples significados que trascienden su visión meramente funcional. La conformación del espacio público adquiere especial relevancia no solo por sus cualidades materiales, sino por acumular importantes decisiones en el modelado del hábitat, en el que la forma de vida social adquiere su mayor rango de diferenciación. 

Por último, hay que percatarse de que esta obra, supervisada en bloque, no pretende dibujar un panorama de criterios y oportunidades para la redacción de un nuevo documento urbanístico, ni mucho menos distintivo o excepcional, sino dar a conocer experiencias que por su peculiar idiosincrasia puedan considerarse ejemplificadoras de otros modos de hacer y de aplicar en la mejora de Cuenca: De ahí la metodología con la que se estructura el tratado. Con el estudio de otros casos se coteja la visión de lo acontecido en la ciudad de Cuenca, y se debate de forma sistemática cada uno de los aspectos mencionados en esta presentación. 

* * *
Cuenca,

marzo-mayo de 2005

2. CUENCA BAJO REAL PATRONATO

La ciudad de Cuenca, un fenómeno tornadizo y paulatinamente más heterogéneo, es en el año 2005 mucho más de “lo que se ha dicho”, y que evocaba Pedro de Lorenzo: una isla de piedra rodeada de piedra. La misma portada que posee en la página web de Ciudades españolas Patrimonio de la Humanidad6 así lo demuestra, como podemos ver en las fotografías que ahí la ofrecen al visitante y que cualquier conquense no se cansa nunca de ver complacido (Figura 1).



FIGURA 1

Cuenca. Mágica luz, ciudad y naturaleza




Al divisar estas fotografías, convendremos con Lucio Latorre que la ciudad no puede explicarse siguiendo una teoría urbana única, dado que, como veremos sucesivamente, es un espacio en el que conviven e interactúan múltiples y contradictorias dinámicas. Hoy, como ayer y probablemente mañana, la ciudad continúa siendo ese espacio vivificante, polimórfico, saturado de resistencias y contradicciones de una manera indefectible, en el que a diario una inmensa proporción de los habitantes del planeta ponen en práctica sus vidas y dejan correr sus imaginarios. Sin embargo, contra lo sostenido en el pasado, actualmente la ciudad es de todo menos un espacio homogéneo, asequible a ser descrito y explicado bajo un modelo de ciudad clásico. Sobre todo es incapaz de evitar las transformaciones producidas por las propias dinámicas de la vida actual.

Los paseos por Cuenca dejan en mi pensamiento la opinión de que, como dijo Latorre, después de décadas de discusiones acerca de si era mejor el modelo de ciudad difusa o el de ciudad compacta, hoy la realidad de las ciudades muestra que todos los modelos y variaciones confluyen en ella. Veo claro que no se puede apostar por hacer ciudad siguiendo un modelo rígido que lo pretenda abarcar todo. Un mínimo uso de sentido común evidencia esta imposibilidad.

Como estipula el influyente urbanista Jordi Borja, la ciudad actual «puede ser a la vez ciudad densa y ciudad difusa». Según este profesor catalán «no existe un modelo formal dominante de ciudad del siglo XXI. Tanto la concentración que incluye mixtura y alta densidad, como la dispersión y la segregación por composición social y por funciones caracterizan la ciudad actual, que puede ser a la vez ciudad densa y ciudad difusa». Y esta sintonía le ocurre igualmente a Cuenca, que es antes que nada un lugar en el que se encuentran, chocan e interactúan dinámicas paradójicas. Por ponerlo en palabras de Borja, «es un fenómeno caliente [...] siempre cambiante».

La multiplicidad de ciudades dentro de una no obedece única o principalmente a cuestiones de crecimiento, sino más bien a los usos que las personas les dan a las ciudades. Los lugares de trabajo, de vivienda, de ocio, los trayectos y hasta los imaginarios urbanos de las personas son variados. Los usos y recorridos que se hacen en una misma ciudad, a veces no tienen ni la menor coincidencia entre unos y otros.

En Cuenca, en el momento de hacer ciudad, uno de sus principales actores es también el mercado. Observo aquí, el lance que Lucio Latorre achacó a los años noventa, los cuales dieron “muestras más que suficientes de que el libre albedrío de mercado es irrefutablemente negativo en cualquier ámbito que se aplique”. Sobre esta cuestión, García Canclini sostiene que “sin políticas públicas para la ciudad, una suma de privatizaciones y de defensas aisladas no puede resolver los problemas urbanos.



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