Juan Andrés Buedo


ALCANCE DEL “LOCALISMO COSMOPOLITA” DE LA CAPITAL CONQUENSE



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10. ALCANCE DEL “LOCALISMO COSMOPOLITA” DE LA CAPITAL CONQUENSE

La globalización o mundialización de la cultura (Featherstone144, Ianni145, García Canclini146), en tanto articulación mundial de corrientes comunicacionales indiferenciadas, es entendida como un horizonte que permite la emergencia difusa de identidades nacionales, regionales o locales. La percepción de lo local y lo extra-local como espacios simbólicos interpenetrados refuerza la necesidad de reflexionar acerca de la redefinición de culturas locales y de la emergencia de tendencias a la regionalización. Desde esta perspectiva resulta pertinente explicar el funcionamiento de las culturas locales para entender no sólo hasta donde lo global atraviesa lo local, sino también cómo lo local filtra lo global; entender cómo las identidades se redefinen y el peso de lo cercano compensa, a veces, la percepción de un mundo percibido como indiferenciado.

En su sentido más pleno, la globalización147 es un proceso que surge de dos desarrollos históricos mutuamente conexos. Uno es el avance en las tecnologías de las comunicaciones, la información y el transporte. El otro es la implementación de políticas liberales y la apertura de mercados locales al flujo internacional de bienes, servicios, tecnología y, en especial, de capital. Estos son desarrollos polifacéticos, que involucran actividades económicas, ecológicas, socioculturales y políticas interconexas que penetran todas las esferas de la vida diaria. Pero, además, la globaliza­ción es desigual tanto en la manera en que influye sobre las culturas locales como en la manera en que queda afectada por su encuentro con cada cultura local. Es desigual porque los procesos ocurren en cada país a velocidades distintas y porque hay también variación en el rango y profundidad de su influencia. Queda afectada por cuanto, al tiempo que impacta a la gente, queda a la vez moldeada por ella, tanto si la respuesta es reacia como si es receptiva.

El rechazo a la globalización surge con frecuencia de la preocupación de que las culturas locales queden malogradas por los valores occidentales asociados a la expansión de las políticas de libre mercado. La gente percibe la globalización como la imposición de una forma ajena de vida y se siente impotente al no tener ninguna voz en las decisiones sobre políticas. El público en general, con ello, va tomando conciencia de que emerge en su vida cotidiana algo así como una identidad global, que coexiste de alguna manera con su cultura local. De ahí la necesidad de entender la globalización en relación a las culturas locales. Y de este modo el término glocalización está siendo rescatado actualmente en los estudios sobre la Comunicación Intercultural, porque permite discutir las líneas globalizadoras que no habilitan más que una mirada uniforme y homogénea sobre la economía, la sociedad y el arte. Sin embargo, frente a esas líneas globales (que no se discuten), se producen, paralelamente, movimientos paradójicos de localización. Glocalización es un concepto que viene del inglés Glocalisation148, y designa el hecho de que en lo sucesivo lo global es inseparable de lo local.

El rápido cambio económico local debido a la economía global genera cambio social acompañado de tensiones sociales. La gente puede manejar esas tensiones en la medida que se lo permitan las formas heredadas de conocimiento y comprensión del mundo. El éxito de su adaptación depende de hasta qué punto pueda forjar un nuevo consenso sobre cómo reinterpretar y adaptar la cultura heredada. Al irse abriendo ellos mismos a la interacción con otras culturas, se desarrolla cierto pluralismo dentro de la misma cultura.

En los inicios del siglo XXI, en consecuencia, se están viviendo unos intensos procesos de transformación que están afectando a las sociedades desarrolladas, y que tienen un especial relieve en aquello que concierne a dos de los elementos básicos que sustentan los sistemas de identidades sociales. El profesor José Félix Tezanos –en su conferencia introductoria del VII Foro sobre Tendencias Sociales, desarrollado en Madrid, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED los días 20 y 21 de noviembre de 2003- centraba dichos pilares en la nueva revolución tecnológica y en los cambios políticos.

Además, en la germinación del siglo XXI han brotado los “novísimos movimientos glocales”, cuyo nacimiento se ha producido desde la caída del Muro de Berlín en 1989 hasta el desplome de las Torres Gemelas de Nueva York en 2001. Estos movimientos sociales han nacido en un mundo electrónica y económicamente globalizado, más rico que nunca pero con una distribución bastante desigual del poder, el conocimiento y la riqueza. El surgimiento de los “novísimos movimiento glocales” implica una respuesta civil a la crisis de gobernabilidad derivada del fracaso de las instituciones políticas en los regímenes democráticos. En nuestra vida cotidiana esa crisis la palpamos en los líderes políticos y en las personas que encarnan la más alta jerarquía de los órganos administrativos esenciales. Contra estos directamente se dirige el fin último de toda esa serie de movimientos sociales, que estaría en la activación o politización de la sociedad civil, con el objeto de que pase a tomar conciencia de sus problemas y sea consciente de la necesidad de afrontarlos ella misma.

En este ambiente de apresurado cambio social, se advierte una contienda por reconstruir la vieja dicotomía entre lo propio y lo ajeno. Como no podía ser menos, las identidades territoriales se hallan asimismo sometidas a un proceso de redefinición con derivaciones para la cultura política, la vida ciudadana, la movilización social y el entramado institucional. Luis Moreno149 evita de mayores digresiones teoréticas a nuestras explicaciones, que, sin embargo, están en la línea de la gran conclusión de este sociólogo: el nuevo localismo cosmopolita150, que apunta directamente a la desembocadura en el gran pacto regional, un conjunto de actuaciones políticas concretas y bien encauzadas en la Unión Europea actual y ampliada.

Así, al término del VIII Congreso Regional del PSOE se aprobó el 17 de julio de 2004 por unanimidad una resolución en la que se considera "prioritario" trabajar en la elaboración de un gran Pacto por la Competitividad de cara a 2010, con la participación de “empresarios, sindicatos, instituciones financieras, universidad, administraciones, colectivos sociales y todos cuantos quieren a esta tierra y desean trabajar por su progreso”, una propuesta que realizó el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, en su discurso de investidura, que el PSOE regional ha hecho suya y en un plano académico ratifico en cuanto se acerca a muchos postulados que se han venido comentando en distintos capítulos de esta obra.

Hasta ahora en la región, expresa el PSOE, “hemos sido pioneros en el uso del dialogo como instrumento político y en la consecución de acuerdos. En los denominados Pactos Industriales, los agentes sociales y las organizaciones empresariales han sido agentes activos que han permitido que en Castilla-La Mancha se haya diseñado una política de desarrollo económico e industrial concertada y que hayamos sabido crear un clima de convivencia y de entendimiento que siempre ha sido un intangible particularmente beneficioso para los intereses generales de la región”.

Las incertidumbres de la ampliación de la UE, sin embargo, “nos exigen capacidad de anticipación y de definición de las estrategias necesarias para adaptarse a un futuro dinámico y cambiante, inexorablemente inmerso en un mundo global”, y en este nuevo entorno global y competitivo, frente a estos nuevos desafíos “se trata de dar nuevas respuestas”. De ahí, la propuesta del presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, en su discurso de investidura, de un Gran Pacto por la Competitividad y el Desarrollo que sea un instrumento para ganar el futuro de la región en 2010. Este pacto “no puede ser voluntarista”, dice el PSOE regional en la resolución, y debe cimentarse en un plan y una metodología adecuada y sistemática, y para ello debe apoyarse en tres ejes estratégicos, el del capital físico, el tecnológico y el humano, con el fin de crear un ambiente propicio para la inversión empresarial, para la creación de riqueza y de empleo. Algo que se debe abordar, concluyen, “con un activo que se viene traduciendo en estabilidad y bienestar: el diálogo”. Y éste, aunque no lo explican en ese documento, nos introduce en la problemática de la densidad comunicativa de la ciudad, que diversos sociólogos han situado en el hecho de que las ciudades son los únicos territorios sin fronteras en el que se vive, a la vez, una experiencia profunda de identidad local y una relación directa con el mundo, donde lo privado y lo público se interpenetran, donde lo universal ancla en lo local y finalmente, son mucho más expresivas que el campo de los medios de comunicación mismos. Los tres meses paseando por la ciudad de Cuenca con la mente puesta en la producción este análisis así me lo han confirmado también.

El factor de homogeneidad más fuerte que tenemos en la sociedad es la ciudad, nos basta con coger el autobús en la estación de Cuenca y viajar a Madrid para palpar ese agente, el gran normalizador de las conductas que es la ciudad. Hoy día nuestras experiencias cotidianas de la vida pública son cada vez más fragmentadas y fragmentarias, caracterizadas por la desconexión social del lugar propio, del lugar antropológico (que dijo Augé Marc en 1993) con sentido, significado y memoria: la escisión del interior con el exterior, entre la propia vida y la elaboración de una máscara social. Pero, por supuesto, siempre hallaremos mecanismos de adecuación e incorporación como también dispositivos de resistencia cultural urbana; aunque que no están del todo separados, sino mezclados.

La ciudad, al final, es tan híbrida realmente como sus comportamientos sociales son segmentados, pluralistas y estratificados. Así nos lo demuestran los proyectos y las pesquisas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, concretamente el Grupo de investigadores IDT, que aborda diferentes facetas de la realidad del desarrollo y el cambio estructural (organización industrial y cambio tecnológico, reestructuración productiva y empresarial en el medio rural y urbano, economía agraria y de los recursos naturales, desarrollo local sostenible), con una visión integrada que relaciona la innovación, el desarrollo y el territorio.

La innovación, entendida como la capacidad de generar e incorporar conocimientos para dar respuestas creativas a los problemas y retos de cada situación histórica, es una variable fundamental en la explicación del desarrollo económico, ya que éste depende, precisamente, del grado de incorporación de innovaciones al interior del sistema productivo, entre las cuales no sólo se incluyen las innovaciones tecnológicas de proceso o producto, sino las innovaciones en métodos de gestión y organización, así como las innovaciones sociales e institucionales.

Pero el desarrollo no tiene lugar en un espacio abstracto ni los indicadores agregados habituales en el análisis económico dan cuenta de las realidades concretas en sus respectivos ámbitos territoriales, ya sean urbanos o rurales. Por ello, en el análisis del desarrollo económico hay que incorporar el “territorio” como un actor decisivo, y no como mero espacio indiferenciado, dada la relevancia que tienen el contexto cultural, social e institucional, así como el entorno medioambiental concretos. Y de esta forma lo hemos hecho en los respectivos capítulos del presente estudio, que aplaude numerosas acciones llevada a cabo por el Instituto de Desarrollo Regional castellano-manchego, ubicado en Albacete. Aquí podríamos resaltar el acto del consejero de Educación y Ciencia, José Valverde, en el que asistió el 1 de julio de 2004 en el IDR, a la presentación de tres acciones innovadoras, relacionadas con el sector de la cuchillería y la cerámica, enmarcadas en el Programa Regional de Acciones Innovadoras. Anunció ahí el consejero la elaboración de un Plan Regional de Investigación en Castilla-La Mancha “que sea capaz de sustentar el enorme esfuerzo necesario para conseguir el Pacto por el Desarrollo y la Competitividad en el horizonte de 2010”, anunciado por el presidente José María Barreda en su debate de investidura.

CUENCA EN LA POSTMODERNIDAD
La postmodernidad en tanto que ideología es vista por F. Jameson151 como “un síntoma de los cambios profundos que tienen lugar en nuestra sociedad y su cultura como un todo”, y en la medida en que esos cambios suponen ciertas tendencias, cualquier intento de análisis conlleva también una voluntad de mostrar hacia dónde se dirige, o por decirlo otra vez con las palabras del propio autor, “desenmascarar sus contradicciones, imaginar sus consecuencias, y conjeturar la forma de sus agentes e instituciones cuando desarrollen de forma más plena lo que ahora son, en el mejor de los casos, tendencias y corrientes”.

La arquitectura ha sido una herramienta imprescindible en el trabajo de Jameson. Por eso nos presta una inestimable ayuda este crítico literario especialista en postmodernidad, porque su biografía y publicaciones demuestran que ha sido en la arquitectura donde la constitución de una postura postmoderna ha ido más decididamente acompañada de una recusación de los presupuestos de la estética del modernismo. Por otra parte, la arquitectura es entre todas las artes la que guarda una relación más directa con el dinero: los encargos y el precio del suelo establecen una proximidad entre arquitectura y economía que la convierte en un terreno privilegiado para estudiar uno de los fenómenos clave de la cultura contemporánea: su integración total en el ámbito de las mercancías.

No parece que el espacio necesite del tiempo como éste de aquél. Más bien, insiste Jameson en que es el espacio el que reprime la temporalidad, imponiéndole sus formas. Las paradojas específicas de la espacialidad postmoderna las busca el autor en las nociones de homogeneidad y heterogeneidad. Aparece aquí el tema de la arquitectura que ocupa la forma de la desaparición del campo, de la Naturaleza (a través de la industrialización de la agricultura) y la consiguiente reducción del espacio a lo urbano. Este proceso hace perder a lo urbano su especificidad, el viejo aire de libertad y heterogeneidad que en la fantasía moderna lo distinguía de lo rural. Sin embargo y de modo paradójico, es precisamente ahora cuando, en pleno proceso de homogeneización,

mediante una operación ideológica se pretende vender la ciudad como el espacio caótico y fértil de la diversidad.

Estas paradojas nos llevan al segundo par, que Jameson sitúa precisamente en la comentada incapacidad de concebir un cambio sistémico: la primera de ellas alude precisamente a la reaparición de la Naturaleza a modo de retorno de lo reprimido, que viene a generar paradojas relativas a las nociones de antiesencialismo y antifundacionalismo, obligadas a convivir en la postmodernidad con el resurgir de la Naturaleza de diversas maneras, ninguna tan clara como el ecologismo. Este retorno, aparte de su validez terapéutica, no es inocente y nos permite ver el resurgir de una “naturaleza del hombre” utilizada para generar una nueva ética de cultivo del yo, cuando no para justificar el desencanto político y las nuevas formas de autoritarismo burocrático. Ésas que, produciéndose en el Ayuntamiento, salen de cuando en cuando a la luz pública y nos presentan los medios de comunicación locales, para que inmediatamente el concejal del ramo dé la razón a los empleados de la corporación, que dejan en ridículo a esos políticos de tras al cuarto. Entran sus reacciones en la expresión de lo que Jameson considera la expresión más formalizada intelectualmente de resistencia a lo utópico: las políticas de grupos. Para este autor, aquí está en juego una concepción errónea de totalidad y de poder político que reclama menos un análisis de la dominación que “una psicopatología de las ilusiones de poder y de los modos en los que los medios mantienen y desarrollan tales ilusiones”. La política de grupos sólo es radical cuando los diversos grupos reconocen un problema común y la necesidad de alianzas estratégicas. Evidentemente, lo que Jameson localiza en las micropolíticas no es sino el resurgimiento de la antinomia Identidad – Diferencia (no en vano a estas políticas se las llama tanto “políticas de la identidad” como “políticas de la diferencia”).

A nuestros fines, el típico edificio posmoderno lo hallamos en las corrientes arquitectónicas específicamente postmodernas: postmodernismo estilístico, neorracionalismo y regionalismo crítico. En una flotación a la deriva de los elementos, el comentado autor reorienta su análisis a la dimensión política. En concreto, el análisis del regionalismo crítico retoma el discurso sobre las políticas de grupos: sólo es posible cierta reivindicación de la heterogeneidad a partir de cierto grado de homogeneidad. En más de un sentido, estas políticas son más síntomas de la globalización que reacciones contra ella. La mercadotecnia postmoderna adapta sus mercancías a la especificidad de las distintas culturas; sin embargo así, más que respetar los valores de las minorías, se está insertando la cultura de las transnacionales en el centro de las mismas. Jameson habla entonces del “síndrome de EPCOT”, la cultura regional como parque temático. De nuevo Identidad y Diferencia vuelven a ser indiscernibles en el escenario global de nuestro actual modo de producción. O lo que es igual, la “glocalización” envuelve nuestras vidas.

La forma y la organización de la ciudad es un resumen y, a la vez, es la expresión más global de un determinado período histórico, de una geografía específica y de una cultura consolidada. Los elementos que contribuyen a su organización, el territorio, la sociedad que lo habita y las actividades necesarias para la cultura urbana respectiva, configuran este sistema cambiante, dentro del cual juegan un papel decisivo los políticos garantes y comprometidos con esa metamorfosis. De ahí que las nuevas condiciones tecnológicas y de organización social, y las actividades del mundo postmoderno, sugieren una transformación radical en el año 2005 de los patrones de urbanización conocidos habitualmente en Cuenca.

La ciudad postmoderna de este comienzo de siglo aparece enmarcada en una fase dinámica de evolución ecológica y técnica, inserta en un proceso cada vez más global de cambios. Existe una marcada segregación espacial, ya que las personas viven cerca de sus socialmente iguales (los del Señorío del Pinar por un lado, los de la Carretera de Valencia por otro, Tiradores y San Antón por los suyos…) y sólo en fechas concretas y momentos determinados, casi siempre intermediados por el ocio o las fiestas tradicionales, hay lugar para el encuentro. Por fortuna, en esta capital la pobreza no se aglomera y esto retarda la presencia de las manifestaciones de inseguridad, segregación e insatisfacción de algunos sectores sociales que se suceden por otras urbes.

Por otra parte los elementos del consumo y la mediática han alterado sustancialmente los antiguos componentes del sistema ciudadano. Baste ver la importancia cobrada por los hipermercados, las multitiendas y esos artefactos publicitarios como las gigantografías que se apoderan de nuestra visual y en muchos casos se incorporan al inconsciente colectivo como referentes de espacialidad y de un sistema de vida encapsulado, más allá de nuestros identitarios patrones de desenvolvimiento cotidiano.

Hay múltiples causas que incitan a construir ciudadanía, distinta a esa manifestación insípida que perpetua las desigualdades del libre mercado. Por esto es preciso concebir un escenario donde las personas quieran actuar y tengan claro que no se puede hacer ciudadanía a través de obras ingieneriles centralistas, autoritarias o sumidas en el dirigismo ineficaz. Lo que significa que el nicho urbano debe ser definido a partir de una concepción humanista y ecológica, atendiendo a las relaciones sociales que en él ocurren y que tienen manifestaciones concretas sobre el espacio que las acoge.

Uno de los últimos ensayos de Jameson152, traducido al castellano en el número 0 de la edición española de la New Left Review, me ahorra de más palabras y confirma la tesis que he mantenido en esta sección. Verdaderamente este bien considerado intelectual de Yale afirma que es el dinero en la forma abstracta del capital financiero, y la relación de éste con el suelo, a través de la especulación inmobiliaria, lo que nos permite encontrar esa mediación entre la economía y la arquitectura contemporánea. Una intervención de la que no escapa Cuenca. Según Jameson, es necesario realizar el análisis del proceso en una doble dirección: por un lado, debemos ceñirnos al análisis formal de los edificios como tales; por otro, dedicarnos a una interrogación más profunda sobre el capital financiero y la especulación inmobiliaria.
Cuenca con vivienda barata
Cuenca (Cfr. Tabla 8) es una de las cinco ciudades españolas donde en el año 2005 se puede adquirir una vivienda más económica, junto a Jerez de la Frontera, Torrent, Dos Hermanas y Jaén, pues los precios mínimos no superan los 600 euros por metro cuadrado.
TABLA 8


VALORES MAXIMOS Y MINIMOS EN €/M2 CONSTRUIDO EN CASCO URBANO

EN LAS CAPITALES DE PROVINCIA DE CASTILLA-LA MANCHA



CIUDADES

Valor máximo

ZONA

Valor mínimo

ZONA

ALBACETE

3.300

Altozano, M. de Molins, Tesifonte Gallego

940

Periferia de la ciudad

CIUDAD REAL

3.200

Entorno Plaza Mayor y Plaza del Pilar

1.150

Zona Pío XII y similares

CUENCA

2.250

Zona centro

580

Barrio periferia

GUADALAJARA

4.100

C/ Amparo , Paseo de las Cruces, P. Boix. Rivera

1.800

Barriada de Alamín Manantiales

TOLEDO

3000

Avda. Europa

1500

Sta Barbara



Según datos facilitados por TecniTasa (Técnicos en Tasación, S.A.), primera sociedad de tasación independiente de bancos y entidades financieras, los pisos más caros se encuentran en Madrid, San Sebastián, Bilbao, Barcelona, Marbella y Santander. Este estudio, realizado en las ciudades más relevantes de cada provincia, fija además las viviendas más baratas en barrios de Jerez de la Frontera (330 euros/ m2), Torrent (540 euros/ m2), Cuenca (580 euros/ m2), Dos Hermanas (600 euros/ m2) o Jaén (600 euros m2).

La calle Serrano de Madrid con un máximo de 8.500 euros por metro cuadro sigue siendo la más cara de España (con 1000 euros más que en el año 2004), seguida de la Calle Hernani y Plaza Guipúzcoa en San Sebastián (7.570 euros /m2, algo más de 900 euros respecto al año anterior) y de Abandoibarra – Gran Vía en Bilbao (7.300 euros/ m2, tan sólo 50 euros más que el precio reflejado por TecniTasa en el informe del año 2004). Barcelona, Marbella y Santander completan el listado de las ciudades más caras, con máximos superiores a los 6.000 euros por metro cuadrado.

En algunas ciudades puede haber incluso ofertas concretas que superen los 6.000 euros/ m2 , pero se trata de ofertas puntuales y no significativas.

El estudio de TecniTasa destaca además que el precio de la vivienda en determinadas poblaciones como Barakaldo (5.000 euros/ m2), Santiago de Compostela (4.000 euros/ m2), Badalona (3.750 euros/ m2), Hospitalet de Llobregat (3.600 euros/ m2) o Móstoles (2.900 euros/ m2) llegan a superar en precios a muchas capitales de provincia.

Las subidas más fuertes se han producido en ciudades como A Coruña, donde una vivienda en la zona Centro costaba hace un año 2.900 euros/ m2 y hoy alcanza ya los 3.600 euros/ m2 , Gijón con un máximo de 4.300 euros/ m2, San Sebastián en la zona de Hernani o las viviendas cercanas a la Ciudad de las Ciencias de Valencia que han visto incrementar su precio por metro cuadrado de 3.600 a 4.600 euros.

Burgos (3.265 euros /m2), Girona (3.400 euros/ m2), Salamanca (5.500 euros/ m2), Sevilla (5.000 euros/ m2), León (3.100 euros/ m2) y Lugo (1.930 euros/ m2) consiguen mantener casi intactos sus máximos respecto al año pasado, y ciudades como Vitoria y Zaragoza cambian de zona y aumentan sus precios en barrios diferentes a los fijados en el anterior estudio. Zamora, por ejemplo, baja el mínimo a 700 euros en la zona Campus mientras que el año pasado estaba en 900 en Pinilla y San Ramón.

Ahora bien, la carestía en el precio de la vivienda es el fundamental, pero no el único de los problemas actuales relacionados con las necesidades y la calidad del alojamiento. Esto hace que la vivienda esté en boca de todos, como subrayó el profesor Miguel Beltrán de Felipe153, de la Universidad de Castilla-La Mancha, en un perspicaz artículo publicado por la Unión Profesional. Periodistas, arquitectos, juristas, sociólogos, políticos, en especial los ciudadanos, todos hablan de la vivienda. “Se detectan los problemas, se ofrecen todo tipo de remedios, y los políticos (sobre todo si como en el último año ha habido dos campañas electorales, tres en Madrid y en Cataluña) prometen soluciones”, afirma. Pero, como él reconoce, mientras tanto la situación no deja de agravarse. En ese artículo el autor pone de manifiesto que algunos de los enfoques habituales, y algunas de las soluciones que se suelen proponer, resultan muy paradójicos y entrañan no pocas contradicciones.

Como él dice, no se trata de desmontar gratuitamente las ideas recibidas, ya que su pretensión es hacer hincapié en algunas circunstancias contradictorias (e incluso en interpretaciones sesgadas o abiertamente equivocadas), con el fin de intentar, en la medida de lo posible, aclarar un poco el complejo panorama del derecho a la vivienda, o de la vivienda en general. Son doce grandes paradojas que dan para un análisis muy hondo y para otros cuantos volúmenes, pues cada una de ellas posee repercusiones que superan los objetivos del presente análisis. En concreto, aquéllas son las siguientes:


  1. Paradoja del derecho que no es un derecho.

  2. Paradoja del derecho que no es un derecho y sin embargo es la base para otros derechos que sí son verdaderos derechos.

  3. Paradoja competencial.

  4. Paradoja de la VPO.

  5. Paradoja de la oferta y la demanda.

  6. Paradoja de la necesidad de vivienda.

  7. Paradoja ambiental.

  8. Paradoja del urbanismo y del suelo (1).

  9. Paradoja del urbanismo y del suelo (2).

  10. Paradoja de la actitud de la clase política.

  11. Paradoja de la accesibilidad.

  12. Paradoja de los profesionales.

Todas y cada una de estas contradicciones merecen una amplia glosa, y así me lo han demostrado los distintos paseos por Cuenca. Pero nuevamente las restricciones en el espacio y la concisión de esta obra nos obligan a realizar una breve referencia a los aspectos más directamente emparentados con el nudo de ella, remitiendo al lector en el resto de los puntos al trabajo de Beltrán. En concreto, nos habla éste de la grave situación en que se encuentran los Ayuntamientos, dado que una de sus principales fuentes de financiación es el urbanismo. Y nos habla de “financiación legal y también, por qué no, de la no tan legal”. Así, recuerda que los administradores municipales suelen quejarse, posiblemente con razón, de que la normativa urbanística es demasiado rígida, lenta y complicada de cumplir (de hecho cualquier jurista, arquitecto o aparejador que conozca el sector sabe perfectamente que las previsiones y los plazos legales se aplican en un porcentaje que no excede, en el mejor de los casos, del 40%). También se quejan de que las demás Administraciones, o la ciudadanía, les exigen que pongan a disposición suelo barato o gratuito para construir vivienda social, ignorando sus necesidades de financiación. Y ello es tan cierto como las excusas de las otras Administraciones, estima Beltrán: “El caso es que las políticas urbanística y de vivienda (sobre todo la política de VPO) es una política compartida entre Estado y Comunidades Autónomas, pero nadie parece responsabilizarse de ella. Es siempre otro quien tiene la culpa. En España no está demasiado extendida la cultura de la responsabilidad. Todas las Administraciones reclaman para sí competencias, pero normalmente rechazan responsabilizarse de los resultados de su gestión si los resultados no son buenos”.

Después está en nuestro país la construcción de miles de viviendas cuyo destino es estar vacías, porque relativamente pocas salen al mercado de alquiler, mientras que los segmentos de población que sí necesitan la vivienda (inmigrantes, jóvenes no emancipados) no pueden acceder a ella. Ahí sí existe necesidad real de vivienda, porque son precisamente los estratos sociales excluidos por el mercado. La imposibilidad, para estas personas, de acceder a la vivienda se está convirtiendo en el principal factor de exclusión social. Ello es particularmente grave en la Cuenca postmodernista. En el caso de los jóvenes, porque al no emanciparse no pueden formar familias y no puede aumentar la natalidad. En el caso de los inmigrantes, porque las políticas de integración (por otro lado bastante fluctuantes) suelen ser ineficaces si estas personas carecen de la principal vía de integración cual es una vivienda digna, y en todo caso fuera de cualquier atisbo de gueto urbano.

Frente a la política de desarrollo sostenible que se ha demandado en los capítulos respectivos, el crecimiento de Cuenca –con su suelo más barato que otras muchas ciudades- se ha producido de manera extensiva, mediante la construcción de grandes hileras de viviendas unifamiliares. Este modelo urbano, ajeno a la tradición cultural y arquitectónica española, plantea más de un problema, como comentó Miguel Beltrán: “La población está mucho más dispersa, los equipamientos están más lejanos (colegios, hospitales, polideportivos), y los medios de transporte o son muy caros (dado que deben abarcar una superficie enorme) o son inexistentes. Ello conduce o incita a las familias no sólo a emplear mucho tiempo en desplazamientos sino en algo cada vez más frecuente (y más caro): la posesión de dos o más vehículos en cada familia”.


Urbanismo de caja”
Llegamos, tras lo anterior, al hecho de las muchas sospechas que levanta el urbanismo, socialmente considerado como fuente de corruptelas. Un asunto en el que hay que detenerse y analizarlo con la mente despejada y el corazón imperturbable, pues, más allá de los acontecimientos de Madrid y Marbella, declara Beltrán que “cuando un Ayuntamiento declara urbanizable una amplia extensión de terreno está haciendo la política de suelo que oficialmente hay que hacer (se crea suelo urbanizable para que se edifique y aumente la oferta de vivienda y ello haga bajar su precio), pero es una decisión que en seguida está bajo la sospecha del amiguismo y de la corrupción”. Acusa nuestro profesor de “altamente inflacionario” al sistema urbanístico español, ya que permite la casi inmediata patrimonialización por los particulares del aprovechamiento, con el incremento automático de los precios. Con la varita mágica del planeamiento, y sin exigir a los propietarios casi nada a cambio, las Administraciones convierten un erial en un bien cuyo valor puede ser hasta cien veces superior.

Otra gama de deducciones del periodista Javier Pradera154 hizo que el ciudadano reflexionara fríamente sobre el asunto, y mucho más por quienes somos vanguardia en la Administración y discriminados funcionarios en la “corriente del dedo”. De poco valió la tregua pedida a populares y socialistas, con el objeto de combatir de manera conjunta una amenaza que les afecta por igual. 'Corruptio-corruptionis', nadie presta atención a las prácticas irregulares en la tramitación de expedientes administrativos; al cobro de comisiones; a la arbitrariedad en el uso de la facultad de decisión; al clientelismo; al enchufismo; al tráfico de influencias, con la correspondiente retribución. A las innumerables maneras de emplear presiones ilícitas y ocultas para obtener unos resultados que los procedimientos regulares -legales- no garantizan. Susana Ordóñez, abogado urbanista, criticando la carencia de denuncia de la corrupción, ha sido terminante: “En los asuntos de urbanismo y ordenación del territorio, adjudicación de obras y contratos, y con especial incidencia en la financiación irregular y opaca de los partidos, la corrupción es algo que también merodea por los círculos políticos, funcionariales y empresariales de nuestra comunidad autónoma (Castilla-León). No somos diferentes a otros. No hablar de los problemas no significa que no existan, como todos sabemos muy bien”155. Aquí, en el Primer Mundo, a pesar de tener sobre el papel una organización social, económica y política inspirada en los principios de la Democracia Moderna, como dice dicha jurista, los vicios 'cívicos' no han sido erradicados: “Incluso son bien vistos. ¿Los 'aguinaldos' navideños a los concejales de urbanismo son 'solo' convenciones sociales? La corrupción no solo es permitida, sino que pareciera necesaria para la supervivencia de muchos”.

Pero, ¿qué es la corrupción? La corrupción es una forma de violar las reglas establecidas. Y vimos en el capítulo séptimo una flagrante violación en Cuenca desde hace años de la materia presupuestaria. Intuyéndose también la corrupción en la cuestión del suelo (recalificación de terrenos...), aunque nadie la denuncia, como consecuencia de que hay quién cree que “todos somos corruptos o tan solo esperamos la oportunidad de serlo”. Sin embargo, como aclaró Susana Ordóñez, en el mundo de los hechos, cotidiano y diario, “sabemos que en muchas ocasiones es por miedo, por miedo a la represalia del poder, que no por miedo a la represalia de la ley. Ese miedo que el poder alimenta constantemente a veces con sutileza y otras muchas con total obscenidad”.

Sí, grabados solemnemente en nuestra Constitución están los valores de la democracia -las reglas del juego- en palabras claras para todos, pero hipócritamente adoptados o abandonados, y vaciados y pisoteados a conveniencia en la práctica concreta de gobierno. De ésta me quejo y contra ella voy, porque lo que hacen nuestras Administraciones, en contraste con lo que dicen, pone de manifiesto una clara tendencia a liberarse del Derecho. Constantemente –aunque los medios de comunicación callen a conveniencia de sus dueños- esa justicia parece representar un obstáculo para el desarrollo de ciertos hábitos de gobierno que evidencian la necesidad de cada vez mayores espacios de ilegalidad larvada o incluso manifiesta. La eficacia corruptora de estos modos de operar tiene un efecto multiplicador y alimenta prácticas del poder antidemocráticas. Las conductas aludidas pervierten pautas institucionales, detraen recursos públicos, encarecen bienes esenciales de uso o consumo privado, propician la actividad depredadora de quienes en primera línea hacen el trabajo sucio y patrimonializan parcelas de poder. Este es el “canto de la aurora” en Cuenca, un amanecer que todavía está por llegar y que forma parte del nuevo escenario democrático que he venido a demandar en este libro. Lo he hecho en el retrato y la demanda de la participación porque en cuanto la democracia real es tomada en serio, se expande y deviene en exigencia cotidiana, y pone en peligro los privilegios, los equilibrios y los poderes del 'establishment', el latente populismo antidemocrático cristaliza rápidamente. Y los intereses amenazados han acabado amenazando los propios fundamentos de la democracia liberal: desde el laicismo del Estado a la igualdad de oportunidades electorales, desde la libertad de expresión a la libertad de concurrencia, desde la autonomía de los magistrados hasta el periodismo libre y crítico.

¡Hum! Mi recorrido por la Ciudad encuentra –y lo he descrito en numerosas páginas con ejemplos evidentes- esos feudos de populismo barato que hay que echar de este territorio y que es uno de los retos de futuro en los próximos años: ¡A tomar por saco el “urbanismo de caja”! Claro que sí, pero como dijo Transparencia Internacional en su informe de marzo de 2005, mientras los ayuntamientos no se financien a través de los impuestos, la concesión de suelo será una de las principales fuentes de corrupción. Aunque no cabe duda de que siempre será más fácil recurrir al suelo para financiarse. Normalmente se le exige a los promotores que cedan el 10% de los terrenos, o bien su equivalencia económica, a la Administración Local sin que muchas veces tan siquiera se especifiquen en qué condiciones deben hacerlo. El sistema implantado actualmente genera desigualdades y, en ocasiones, alguna que otra irregularidad, al verse casi siempre favorecidos los más grandes, quienes no dudan tampoco poner en práctica en otros lugares algunas actuaciones poco transparentes, tal y como se aprecia con frecuencia en numerosas licitaciones. Precisamente muchas veces estos promotores consiguen ser legales, gracias a la relajación de la conciencia de algunos políticos o de las fuerzas que los sustentan.

A favor de esta opinión me avala el mismo argumento de Beltrán que pone en posición desairada a muchos gestores y políticos locales, como consecuencia de los pasos seguidos todos estos años y las derivaciones o resultados que han reportado:


“Por mucho que ahora las leyes urbanísticas insistan en que la urbanización es una tarea o una función pública, la tradición de los últimos cuarenta años es la contraria: el planeamiento urbano atribuye automáticamente el aprovechamiento a los propietarios para que, utilizando el rendimiento económico que de ello extraen, hagan frente a los costes del proceso de urbanización. Este sistema, además de dejar en manos de los propietarios lo que los urbanistas llaman la producción de ciudad, eleva mucho los precios (porque la urbanización es, así vista, antes que nada un negocio, y por la casi automática patrimonialización del aprovechamiento).
De este modo a la Administración urbanística la producción de ciudad le sale muy barata, pues no le cuesta casi nada: todo lo paga el propietario-urbanizador, y, claro, lo repercute en el precio de venta del suelo urbanizado o de la vivienda. Los modelos urbanísticos alternativos, como el creado en la Comunidad Valenciana en 1994, podrían ser una solución – sin duda modesta, y no exenta de problemas – a este problema”156.

Que existe un grandísimo y llamativo contraste entre las declaraciones de los políticos (según los cuales la vivienda es un gravísimo problema) y la realidad social es una paradoja insufrible, que Miguel Beltrán colocó en el portal adecuado, acusando de errática la actitud de muchos políticos, empezando por el alcalde de Madrid y continuando por otros. Una contradicción que va unida a los profesionales del sector, sobre los que dicho profesor indica que no parece que las Administraciones estén consultándoles a la hora de diseñar sus políticas de vivienda o de llevarlas a la práctica. Colegios de arquitectos, urbanistas, economistas, politólogos y sociólogos, trabajadores sociales, etc. claman en el desierto, y, por lo que se ve, en pocas ocasiones son oídos con franqueza por los responsables políticos. En realidad, es notoria la fractura entre la política urbanística o de vivienda y los profesionales que trabajan en el sector de la vivienda. “No estamos diciendo”, avisa Beltrán, “que ello explique algunas de las disfunciones que aquí hemos intentado poner de manifiesto, pero probablemente un diálogo más fluido, o una actuación más conjunta entre las Administraciones y los técnicos y profesionales, contribuyesen a allanar el camino hacia unas políticas públicas más racionales”.

Además, en torno a la vivienda están proliferando en los últimos años una serie de actividades de intermediación que apenas están reguladas, y ello redunda, naturalmente, en perjuicio del consumidor o adquirente. Téngase en cuenta que la vivienda, junto a los bancos y entidades de crédito y a los talleres de reparación de automóviles o electrodomésticos, es el sector en el que los ciudadanos plantean más reclamaciones de consumo. Es evidente que se trata de sectores de relevancia económica no comparable para el consumidor: precisamente porque la compra de la vivienda es con toda seguridad el desembolso económico mayor que una persona hace a lo largo de su vida, dicha operación debe estar revestida de las mayores garantías. Pues bien: estas nuevas y variopintas profesiones de intermediación o gestión inmobiliaria ¿ofrecen las garantías exigibles a cualquier otro profesional? Posiblemente no, concluye el profesor Beltrán.

Todo lo comentado conecta con la información ofrecida por El Día el 7 de mayo de 2005, en la que “IU denuncia el importante aumento del precio de la vivienda libre en Cuenca”. Bajo este título, el diario señala que en el último año, según los datos del Ministerio de la Vivienda, la variación interanual media del país es del 15,5 por ciento, mientras que en la capital conquense alcanza casi el 46 por ciento, es decir, casi tres veces más.

Izquierda Unida de Cuenca indicó que el problema de la vivienda en la Ciudad se ha convertido en “un atentado contra el derecho constitucional del ciudadano a poder acceder a una vivienda digna, por lo que se ha hecho imprescindible una intervención del gobierno para afrontar el problema”. Sin embargo, el coordinador provincial de IU, Ángel Luis Castellano, declaró que esta intervención se hace imposible porque en Cuenca no se respeta la LOTAU157, que obliga a destinar el 10 por ciento de cada actuación urbanística a suelo municipal. Según Izquierda Unida, en lugar de este porcentaje de suelo público, el Ayuntamiento recibe de los constructores un pago, con lo que no hay patrimonio municipal de suelo. Este es el “urbanismo de caja”, al que Castellano subrayó que debía ponerse fin, dado que el mismo favorecía el que los grandes constructores decidiesen la política urbanística de la ciudad. Yendo directamente contra el alcalde de ésta, Castellano le observó que “no se puede pretender que una ciudad crezca sin dotarla de nuevos servicios a medida que se construyen viviendas”.

Por tanto, el problema urbanístico ligado a la especulación inmobiliaria es un tema serio que bien debería preocuparnos a todos los ciudadanos, debiéndose profundizar más en la dimensión de lo público y del bien común, sobre todo siempre que se pretenda alterar u ordenar nuestro territorio municipal. A éste no podemos aceptar que se le entregue a la voracidad del mercado, colaborando así con el consiguiente encarecimiento de las viviendas, mientras se sustraen espacios de uso para el bien común. Hasta ahora las autoridades directas de esta responsabilidad nos han respondido con su silencio, o por mirar hacia otro lado, contribuyendo a consolidar la ley de los especuladores. ¿Es ésta la verdadera reglamentación? Si la respuesta es negativa, `corruptio-corruptionis´. Si hasta ahora no se ha hecho con demasiada eficacia, nunca será tarde para llevarlo a cabo en la nuestra. Pero hay que organizar de otra manera “la cosa” y también con otras personas. ¡Ya veremos en qué se inmoviliza y por dónde va esa recién creada Gerencia Municipal de Urbanismo! Podemos darle un miligramo de confianza para erradicar el urbanismo de caja de Cuenca, aunque han de saber que a los vecinos nos molestan y mucho todas las recalificaciones de suelo que no se justifican por nuestras necesidades, sino más bien por los ofrecimientos de las inmobiliarias, verdaderos a veces, aunque otras son claramente una auténtica falacia. El fin de éstas, si es bueno, consigue un lucro razonable, pero si no lo es se convierte primordialmente en una prepotente especulación, ya denunciada.

Cuando la ciudad deja de ser polis (dimensión política) y civitas (dimensión institucional) para reducirse solamente a la dimensión física de urbs, afirmaba el profesor de Arquitectura Jorge Benavides Soler, corre el peligro de convertirse en un enorme vertedero urbanístico, que lógicamente debemos entre todos evitar en Cuenca.

LOS NUEVOS RETOS DE LA SOCIEDAD CONQUENSE
Estas amplias cavilaciones, que, se publiquen o no bajo el continente tradicional de un libro, poseen desde ahora mismo –cuando llega a las manos del amable lector- la posibilidad de su difusión a través de Internet, sólo tienen sentido si se entienden y utilizan como unos primeros compases que animen a los potenciales lectores a debatirlas, perfeccionarlas, variarlas, rechazarlas o engrandecerlas, a fin de que, entre todos, construyamos el complejo mosaico de percepciones, ópticas e ilusiones de lo que debiera ser la Cuenca del futuro.

De ahí por tanto que, siendo consciente de estar condicionado por mi “yo” y mis propias circunstancias personales y profesionales, anime a todo lector latente a adoptar una actitud activa, cuestionando no sólo lo aquí escrito sino -aún más importante- lo que aquí ni siquiera se menciona.

No me he referido a la movilidad –al transporte- ni a la influencia y repercusión que tendrá la misma en el futuro, pero es que se trata de un tema tan extenso que necesita reservarle una obra entera. ¿Escribiré ésta? Pues… ¿quién lo sabe? Por ahora no estoy en ello.

En relación a la importancia del tema básico que, como exponía el ingeniero de caminos Mikel Murga158, no es otro que el de nuestro concepto deseable de ciudad, cabe señalar que revistas no especializadas, como The Economist, Fortune o Business Week en sus números dedicados al nuevo milenio, destacaron entre los aspectos que lo condicionarán la recuperación del concepto tradicional de ciudad. No podemos olvidar cómo ha sido la concentración urbana en forma de ciudad la que ha posibilitado precisamente los grandes avances sociales, económicos y tecnológicos que han definido en grande medida nuestro concepto de civilización.



Los análisis de Murga me han facilitado la labor de dejar al menos enunciados los factores que condicionan de alguna manera la morfología de nuestro desarrollo urbanístico. Unos agentes, elementos y variables que Cuenca ha de tener muy claros, para encararlos bajo las fórmulas más eficaces posibles. Entre ellos destacan los siguientes:


  • El aumento de la movilidad motorizada: El crecimiento espectacular del automóvil en los últimos treinta años, pasando de 0.2 a 1.4 vehículos por unidad familiar, ha resultado en una gran libertad de decisión sobre la ubicación de la vivienda con respecto a los centros de trabajo y estudio, que tradicionalmente se situaban en proximidad a la residencia.

  • La disminución del tamaño de la unidad familiar: Si bien nuestra tendencia vegetativa es la del mantenimiento o ligera retracción de la población, en ausencia de niveles de inmigración significativos, el número de unidades familiares crece, exigiendo en contrapartida un crecimiento importante del parque de viviendas más allá de necesidades de renovación.

  • La carestía de la vivienda en los centros tradicionales: Como resultado de la ausencia de suelo disponible en ubicaciones centrales, las leyes de mercado provocan que para un mismo nivel de inversión para adquisición de la vivienda sea posible lograr una mayor superficie construida, e incluso un entorno medioambiental más atractivo, cuanto más se aleje uno de los centros tradicionales.

  • El aumento del empleo femenino: En comparación a las tasas medias europeas, y especialmente con las tasas estadounidenses, el empleo femenino posee un margen muy amplio de crecimiento. Esto se traduce en un previsible e importante crecimiento del número de hogares con al menos dos personas con empleo a tiempo completo o parcial. Se trata de nuevo de un factor que puede condicionar en gran medida la decisión de ubicación de la vivienda con notables repercusiones a nivel de movilidad, dada la mayor complejidad de los desplazamientos realizados por mujeres con responsabilidades profesionales y hogareñas.

  • Saber envejecer y prevenir la “dependencia”. No recogeremos aquí una detallada descripción de un problema que va a convertirse en la clave de la política social española durante los próximos años. Pero sí que, dada su relevancia, tenemos que agregarlo como componente urbanístico del tiempo venidero, según deja entrever en varios de sus pasajes el Libro Blanco de la Dependencia, un importante documento de la futura Ley de Protección a la Dependencia. En Cuenca sólo se intuye, pero ni se adivina ni mucho menos se planifica acorde a esa corriente, desde el Centro regional de Atención a Discapacitados Físico Gravemente Afectados, ubicado en la carretera de Valencia. Estamos ante un modelo asistencial que cambiará la morfología y el sentido de nuestras vidas, así como el gasto social o la estructura en la construcción de las viviendas, que deberá pensarse con una accesibilidad a largo plazo y mayor funcionalidad.

De esta forma, según tuvimos la oportunidad de comprobar en los capítulos cuarto, sexto y octavo, esos factores están condicionando la manifestación de un conjunto de tendencias, asimismo presentes en Cuenca, entre las que se encuentran:




  • La suburbanización de la residencia. Es un proceso en forma de círculo vicioso alimentado por las propias fuerzas del mercado inmobiliario. En otros países se inició tras la segunda guerra mundial, siendo el ejemplo más significativo el pueblo de Levittown en Long Island, Nueva York. Se trata de un proceso cuyo exponente más obvio en nuestro entorno es el creciente auge de las “urbanizaciones” con o sin chalets adosados, lo cual provoca aumentos espectaculares de la movilidad motorizada por unidad familiar.

  • Suburbanizaciones del empleo. Es una consecuencia lógica de la anterior. Su ejemplo más palpable en nuestra geografía lo coloca Murga en la creación de los parques tecnológicos, cuya esencia filosófica que no es otra que la sinergia entre empresas y empleados de altas tecnologías gracias a su proximidad geográfica. “Desgraciadamente”, dice el citado ingeniero, “se han transplantado de manera mimética, localizándose en zonas alejadas de nuestras ciudades, lo cual era "normal" en el contexto norteamericano y sajón originales, pero no de cara a nuestra tradición histórica de ciudades como cunas de desarrollo intelectual y tecnológico”.

  • Terciarización del espacio de nuestras ciudades. La escasez de suelo en nuestras capitales tradicionales y el consiguiente aumento de los precios inmobiliarios, conduce de manera natural a una clara tendencia a favor de la reconversión de viviendas en oficinas más o menos representativas, lo cual puede provocar fenómenos de "desertización" social fuera de los horarios de oficinas159.

  • Gentrification de nuestras ciudades. De nuevo, la comentada carestía del escaso suelo urbano de nuestros centros tradicionales, provoca una cierta segmentación de sus residentes en razón de su nivel socioeconómico, perdiéndose la riqueza de la Ciudad y nuestros pueblos de los alrededores como kaleidoscopios interclasistas. Estos procesos, denominados como "gentrification", se representaron al comienzo en Cuenca en el “Señorío del Pinar” con un orgullo indisimulado, pero paulatinamente extendido. Y hoy se hace marketing con aquellas premisas que tenían en el Upper West Side de Manhattan su hermano mayor e inalcanzable.

La conjunción de todas estas tendencias posee una repercusión clara y directa en los desplazamientos obligados (acudir al trabajo o al centro de estudio) así como en los opcionales (compras, ocio, servicios...) en el sentido de que aumentan de manera exponencial las longitudes de tales desplazamientos y el uso de vehículos. Influyendo decisivamente en la comentada fragmentación social y en el confinamiento de las relaciones sociales a la esfera familiar, laboral o del centro educativo. Bueno, y en Cuenca aún no podemos quejarnos, porque todavía es débil el urbanismo de baja densidad, ese que conlleva en la ciudades más grandes normalmente una disminución de los contactos sociales fortuitos que tienen lugar de manera espontánea en los espacios públicos comunes (plazas, paseos...), así como durante la realización de desplazamientos peatonales por razones de compras, acudir a los servicios sanitarios, colegio, etc. Dichos contactos y desplazamientos afortunadamente son una riqueza que podemos tolerarnos los conquenses y a la que no debemos renunciar tampoco.



En resumidas cuentas, al mirar el futuro, pienso que hay que mantener un sincero optimismo con respecto al papel de nuestra Ciudad en el “localismo cosmopolita” que le está tocando vivir ahora mismo. Sin embargo, por otro lado, debiéramos ser también precavidos, dado que muchas de las decisiones urbanísticas son relativamente irreversibles o, cuando menos, conllevan una vigencia de varias generaciones. De ahí que para el Desiderátum inicial de la Cuenca del Futuro me remita al mentado Mikel Murga, ya que la bibliografía160 de su opinión no puede ser obviada en estos momentos por quienes poseen responsabilidades públicas en este municipio, puesto que no son nada triviales los principales elementos de su desiderátum:


  • Viviendas de ciclo vital: Consiste en plantearse cómo ser capaz de acomodar dentro de un radio determinado distintos tipos de vivienda a nivel de superficie y costo. Se trata de dar respuesta a las distintas necesidades de espacio y capacidad financiera que tienen lugar a lo largo de las distintas fases de la vida adulta, siendo el objetivo el de retener familias y grupos sociales dentro de una misma zona de influencia geográfica.

  • Densidad media y usos mixtos: Cuenca debería poseer niveles residenciales de densidad media, es decir edificación a "escala humana", junto con una adecuada dotación de servicios, comercio, equipamientos y empleo a fin de crear unidades sostenibles y, en su medida, auto suficientes.

  • Capacidad para alojar un completo abanico de niveles de renta: No podemos perder esa grata convivencia entre los distintos grupos sociales de esta Ciudad, que siempre ha tenido lugar en sitios tan emblemáticos como la Plaza Mayor o el Parque de San Julián, cada día más anónimos.

  • Espacios públicos de relación social: Deben recobrarse las plazas como lugares de auténtico encuentro social, tan bien descritas funcionalmente por el urbanista Jan Gehl ("Life between Buildings" ), y en la planeación futura debieran ser una parte esencial del futuro de nuestra Ciudad.

  • Diseño microscópico según los distintos perfiles de actividades diarias: trabajo, estudio, compras, acceso a servicios y equipamientos sociales, relación social, ocio, deporte, etc. Se trata de un diseño que dé respuesta al diagrama de actividades en el tiempo y en el espacio de sus residentes, mostrando las posibles variaciones según los diferentes residentes de tal asentamiento. Estos diseños debieran minimizar los desplazamientos, buscando satisfacer un máximo de tales movimiento mediante desplazamientos no motorizados.


Cambiar la lógica de “producir” Ciudad
Al hablar del “nuevo escenario local de Cuenca” quería significar sobre todo la necesidad de notables cambios que se demandan a la hora de producir ciudad, en el sentido de abordar una transformación de las estructuras políticas de nuestra Ciudad, vistas en extensos apartados de este estudio. Se sitúa aquí el problema anexo de la nueva organización funcional, social, económica y política adaptada al futuro porque así lo demanda el presente. Existen hoy unos factores de vulnerabilidad en los barrios más desfavorecidos de Cuenca, que se encadenan y articulan entre sí en distintos casos.

La vulnerabilidad es en sí un problema multidimensional, que requiere una actuación integrada para que las personas afectadas puedan superarlo, pero en los barrios desfavorecidos la actuación debe contemplar, además, una intervención a escala de barrio que tenga en cuenta sus factores específicos: urbanísticos, ambientales, sociales, económicos y culturales. Una serie de elementos completamente ausentes en la política local de Cuenca, que en materia de intervención social anda estancada en los postulados de los años noventa del siglo pasado. Algo muy antiguo ya, poco eficaz y reduccionista para la nueva planificación y la regenerada actuación sobre la Ciudad, lo que ha producido una estructura de actividades urbanas muy segregadas, con serias disfunciones. Los barrios resultantes son monofuncionales y socialmente homogéneos.

Los responsables técnicos y políticos del urbanismo gestionado por nuestro Ayuntamiento, eluden la intervención a favor de la diversidad funcional y social, que redunda en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y da riqueza al tejido social, con las consecuentes mejoras en la vida local y en el ambiente productivo de la ciudad que así actúa. Por el contrario, como terminamos de ver, el urbanismo conquense se sigue apoyando en una lógica inmobiliaria (pública y privada), que ha impuesto un desarrollo urbano de fragmentación física, en muchos casos favorecida por una gestión de suelo que, con pretensiones de eficacia, más bien se hace muy “seguidista” –conforme a la denominación de Félix Arias Goytre161- de la parcelación del suelo disponible o negociable.

Uno de los principales retos del futuro de Cuenca, pues, está en cambiar esta lógica de producir ciudad. Se necesita urgentemente la puesta en marcha de nuevos procesos que produzcan paralelamente en los barrios la erradicación de situaciones de declive:




  • Intervenciones públicas (obras, regulaciones), que acordonan y encierran algún barrio impidiendo su diligente renovación. Preguntemos a nuestras autoridades: ¿Cuántas viviendas vacías hay en la Fuente del Oro? ¿Qué intervenciones caben para combatir esta tendencia y “rehabitarlas” en condiciones positivas para la sociedad?

  • Acumulación progresiva de vivienda para grupos vulnerables, debido a zonificaciones y ordenanzas que no facilitan la diversidad de oferta en un mismo barrio, y a actuaciones públicas, de escala media o grande, que concentran vivienda protegida, de un mismo tamaño y precio, para alojar al mismo tipo de hogares y grupos sociales.

  • Concentración paulatina de los grupos más vulnerables en las áreas con vivienda de alquiler módico, en unas condiciones de dudosa habitabilidad.

  • Ambiente de economía informal, y tendencia de algunos sectores a la marginalización, etc., ante la extensión del paro y la precarización de los empleos (tiempo parcial, trabajo intermitente, etc.).

  • Falta de recursos en el ambiente familiar y en redes sociales, como consecuencia de la escasez de trabajo de los miembros, la reducción e irregularidad de los ingresos y el escaso patrimonio.

  • Una política de bajas miras que genera dificultad en muchos ciudadanos para acceder a una nueva formación profesional y a empleos más dinámicos y acordes con la demanda laboral presente, e incluso para plantearse sus posibles capacidades. Hay una carestía evidente en la gestión de oportunidades adecuadas y de información y asesoramiento sobre las existentes en materia de formación, mercado laboral, apoyo al empresariado, etc.

  • Falta de apoyo a la vida cultural y asociativa de los barrios, y en particular falta de atención a la participación de los afectados en la toma de decisiones y en la aplicación de las políticas que afectan a los barrios.

La nueva política local ha de ser conciente de que la globalización, la tecnología y la desregulación económica están reduciendo la movilidad social en los países industrializados. En España, que en materia de igualdad de oportunidades no está bien clasificada en el ranking internacional, hay síntomas también de que el ascensor social va más lento, según explicó recientemente José Manuel Gayrada162. Este periodista acude a Javier Echevarría, autor de La movilidad social en España, y afirma que “a partir de los 90 también aquí se empezó a percibir que la situación socioeconómica de los padres empezaba a tener más incidencia en el futuro de sus hijos”. Desde entonces el salto tecnológico, que está llegando a Cuenca con la apertura del nuevo siglo, está dando lugar a que se fije en la educación muy relacionada también con la herencia, un potencial de diferenciación social de alto voltaje. “Hay una correlación entre el nivel socioeconómico de los padres y el nivel educativo de los hijos”, dice Alfonso Alba, autor del informe Instituciones, igualdad de oportunidades y bienestar económico en España, editado por la Fundación BBVA: “Entre jóvenes de 17-19 años, es decir pasada la escolorización obligatoria, el 90% de los hijos de licenciados siguen estudiando, y el 50% si sus padres tienen estudios primarios. Entre 21 y 23 años, la proporción es de 75% a 25%”.

La cuestión es que también hay “una correlación altísima entre nivel de estudios y nivel de rentas”, agrega Alfonso Alba. “Por cada año más que se estudia en España, los ingresos aumentan un 8%”. De ahí que las familias que pueden ayudan a sus hijos a hacer estudios de postgrado, másters, etc. Y así se amplían las diferencias. Además, la influencia social de los padres también actúa a la hora de encontrar trabajo, o de cambiarlo. “Hay una cierta inflación de estudios generales. Ello hace que las relaciones personales recobren su importancia tradicional”, resalta Javier Echeverría.

En cualquier caso, y con independencia de circunstancias y situaciones varias, debemos emplazar en la cuestión de la igualdad de oportunidades un agente protagonista tras la herencia y el mercado: el Estado del Bienestar. Pues bien, en España, desde el punto de vista comparativo, este factor juega en contra. Mientras en Europa el gasto social representa el 27,5% del PIB, en España sólo llega al 20,1%. Y, respecto a la movilidad social, el diferencial es más evidente: mientras en apoyar a las familias, la UE gasta un 8% de media, en España sólo se destina el 2,6% cuando las buenas guarderías, dicen, son muchas veces un preámbulo de primer orden. Constituye, por tanto, un reto de inexcusable transformación y cambio.

Durante mis paseos por Cuenca han circulado algunos ejercicios de imaginación en el instante de desplegar ante sus vecinos los retos que esta sociedad tiene de cara al futuro. Esta composición, alejada de fantasías inconcebibles, arranca de varias premisas del doctor Ramón Folch163, quien juzga que es muy difícil alumbrar nuevas soluciones, seguir en el camino del progreso, si no es removiendo las condiciones presentes: “La reiteración de los conocimientos, aún los más acreditados, conduce a la conservación de los conocimientos adquiridos, pero no al nacimiento de los nuevos, y mucho menos a la solución de los vicios consolidados”. Por esto hay que luchar contra la fantasía irresponsable de quienes creen que el futuro se construye reiterando el pasado.

En el caso concreto de una ciudad, creo haber justificado en los diversos análisis mostrados que no puede ser definida ésta en términos meramente arquitectónicos, ni siquiera puede serlo en términos exclusivamente urbanísticos. De hecho, como ratifica Ramón Folch, sólo puede ser comprendida en términos sistémicos. Un sistema que se encarna en una anatomía y que tiene una fisiología, es decir unas formas de funcionamiento, pero que está sujeto a la teoría de los sistemas. Así, hemos visto que hay una propia lógica interna del sistema que puede más o menos orientarse, pero que no puede determinarse en forma completa. Con lo cual, al no ser un sistema cerrado, la producción de ciudad es más bien un sistema abierto donde se producen una enorme cantidad de intercambios. Una ciudad está importando permanentemente recursos, naturales y de todo tipo, de una amplísima periferia y a la vez exportando una gran cantidad de productos, algunos en forma inconsciente, como las emisiones a la atmósfera, y también en forma deliberada e inventariada como son sus productos manufacturados. Una parte importante de los problemas comentados es que se pierde a menudo la noción de que una ciudad trasciende sus aspectos urbanísticos, y por otro lado tampoco se escrutan soluciones que no entiendan nunca la ciudad desvinculada de su hinterland.



La reflexión del concepto de sustentabilidad urbana, que se ha explicado para Cuenca durante los análisis sociológicos pertinentes de esta obra, nos impone una actitud convergente con el espíritu del más avanzado rigor científico y tecnológico de la civilización industrial, que es el de tratar de encontrar soluciones a los problemas reales. No abordar los problemas reales no es una forma progresiva de resolverlos, sino una forma perversa de ocultarlos. Por esto, quienes tienen responsabilidades científicas y técnicas, quienes pertenecen a la academia de una forma responsable, tienen la obligación de decirlo a pesar que ello levante ampollas en determinados sectores. Y por eso genera reconcomio y escepticismo una inventada Academia conquense de las letras, junto a otras instituciones que “no producen” Ciudad. Esos panegiristas individuos tienen que saber que su falta de crítica y de propuestas innovadoras sólo sirven para cubrirse de ridículo, porque si a alguien se le pedirán responsabilidades en la conducción del pensamiento dentro de 20 o 30 años, será a aquellos que tenían como obligación pensar. Por eso poner de relieve el conjunto de cuestiones que hemos examinado es un acto de responsabilidad científica al servicio de la sustentabilidad social.


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