Juan Andrés Buedo


FIGURA 6 Número medio de hijos por mujer en Europa, año 1999



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FIGURA 6

Número medio de hijos por mujer en Europa, año 1999

FUENTE: Schering AG, La familia Europa-las familias europeas.


El 12 de mayo de 2005 el Instituto de Política Familiar (entidad civil para la promoción y defensa de la familia) propuso al Gobierno impulsar medidas preventivas para ayudar a superar las crisis matrimoniales, como centros de orientación y terapia familiar, a través de la casilla del 0,5 por ciento de la renta. En esa fecha este colectivo realizó un balance que suspende la política realizada en el ámbito de la familia por el Ejecutivo socialista durante su primer año de Gobierno.

Según el director del Instituto, Eduardo Hertfelder, los socialistas han incumplido sus compromisos electorales, como la creación de una secretaría de estado de Políticas Familiares o la puesta en marcha de una ley de apoyo a las familias con necesidades especiales. Por contra, Hertfelder denuncia las “medidas regresivas” puestas en marcha por Zapatero, como la reforma del divorcio o la futura regulación de los matrimonios entre parejas homosexuales y su derecho a adoptar menores. El Instituto entiende que estas medidas “van en contra del derecho de un niño a tener un padre y una madre” y, en el caso del divorcio, “aumentarán el número de rupturas matrimoniales” (según sus datos, ya se producen una cada cuatro minutos).

El Instituto de Política Familiar también critica medidas como “la reforma de la vivienda de protección oficial, que contempla la creación de pisos de 30 metros cuadrados”. “El Gobierno no ofrece una vivienda digna y además provocará un descenso en la tasa de natalidad”, aserta Hertfelder.

Al margen de estas cuestiones, el Instituto cree que el Gobierno margina a la familia en los Presupuestos Generales del Estado y advierte de que “España es el país de la Unión Europea que menor gasto dedica a la familia” (el 0,49 por ciento frente al 2,2 de la media de la UE).

Por todo ello, el Instituto propone una serie de medidas como la creación de un Ministerio de la Familia y una ley de Protección a la Familia, el desarrollo de la Ley de Familias Numerosas o la universalización de prestaciones sociales por hijo a cargo. Igualmente, exige la universalización de la paga de 100 euros por hijos menores de 3 años, independientemente de que los padres estén o no trabajando; un pacto entre administraciones para abaratar la vivienda; y una reforma “en profundidad” del IRPF “con perspectiva de familias”. Por último, reclama la puesta en marcha del Observatorio de la Familia y apoyo a la maternidad a través de la reducción del 50 por ciento del IVA en una serie de productos básicos infantiles de higiene, alimentación y mobiliario, y la creación de centros de atención a la mujer embarazada.

Desde mi circunstancia de profesional de la Consejería de Bienestar Social de Castilla-La Mancha, no obstante, antes que con el IPF me muestro partidario en el futuro de Cuenca con la política de Suecia, donde el 18% de la población adulta trabaja en los servicios del Estado de bienestar tales como sanidad, educación y servicios de ayuda a la familia. En España sólo un 5% trabaja en tales servicios. Un contraste abrumador. Por aquí no existen servicios públicos de atención a la familia comparables a los descritos por el profesor Vicenç Navarro. Cuenca se aproxima a la circunstancia de Barcelona, negativa, por tanto; en la capital catalana –con mayor poder que el de nuestra ciudad-, relata nuestro analista: “... para la minoría pudiente de la población que puede pagarlos existen unos servicios domiciliarios privados muy caros, que consisten en que unas trabajadoras domiciliarias (en su mayoría inmigrantes ecuatorianas pésimamente pagadas y sin formación) guardan compañía al anciano sin ofrecer ninguno de los servicios proveídos en Suecia. Los sectores muy necesitados de la población pueden recibir unos servicios públicos que cubren a un porcentaje muy pequeño de la población anciana (en España, el porcentaje es de 1,5%, mientras que en Suecia es de un 17%), con un promedio de horas de visita a la semana de sólo tres horas, uno de los más bajos de la UE. En realidad, no existen unos servicios domiciliarios comparables a los existentes en Suecia que ayuden a las familias”.

Al final, el resultado y la consecuencia es que las mujeres españolas son las que cubren las enormes insuficiencias del Estado de bienestar español, cuidando a los infantes, a los jóvenes (que viven con sus padres hasta que tienen 30 años como promedio), a los esposos y a las personas que tengan discapacidades y a los ancianos. Además, un 38% de ellas trabajan también en el mercado de trabajo. El desenlace de esta situación es que las mujeres en España están sobrecargadas, como lo demuestra que las mujeres de 35 a 55 años sean las que tienen más enfermedades debidas al estrés en España (tres veces más que el promedio español), que el 51% de las mujeres que cuidan personas dependientes manifiesten estar cansadas, que el 32% digan que están deprimidas y que el 30% sienta que su salud se ha deteriorado. Es más, un 64% de las mujeres cuidadoras de personas dependientes han tenido que reducir su tiempo de ocio; un 48% han dejado de ir de vacaciones y el 40% ha dejado de frecuentar amistades. Yo puedo atestiguar que esto es así, porque conozco muchos casos y mi esposa sólo es una más de las decenas y decenas –con cifras en aumento- de mujeres conquenses que se hallan dentro de este calvario, dedicadas con amor al cuidado de sus padres, madres y otros familiares.

El coste de la falta de servicios de ayuda a la familia no es sólo humano, sino también social y económico, como ha puntualizado Navarro en numerosas ocasiones. Para empezar, nuestras hijas y sus nietas no harán lo que sus madres hicieron, y con razón. Hoy la mujer joven, como el chico joven, quiere tener su propio proyecto profesional. Y es ahí donde España tiene un volcán que, habiendo explotado una vez entrados en el siglo XXI, la estructura del poder ha comenzado a percibirse de ello. Cuenca aporta al total español su grado de incremento en el porcentaje de la población dependiente y de ancianos, que va experimentando paulatinamente mayores tasas de crecimiento (de las mayores de la UE), y otro tanto hace respecto a los porcentajes de fertilidad, cuyo total nacional es la más baja del mundo. Circunstancia que es resultado de que la mujer joven no tiene una infraestructura de servicios de apoyo que le permitan compaginar sus labores profesionales con sus responsabilidades familiares. Es también la consecuencia de un mercado laboral deteriorado que no le ofrece trabajo estable a la mujer joven (el desempleo entre las mujeres de 20 a 29 años es del 38%), y de un mercado de alquiler de vivienda difícil para la juventud. Pues bien, la Junta de Comunidades, la Diputación, el Ayuntamiento de la ciudad y la Administración General del Estado han de unir y dinamizar su acción política para que, con proyectos más asentados en la realidad social, la política de dependencia se haga menos de cara a la galería y sea mucho más “integral” y concordante con los costes sociales que de ella deriva. Algo que debe comenzar por unas reservas presupuestarias más variadas y mejor programadas que las actualmente vigentes.

Por tanto, y en definitiva, se hace precisa una reforma en el trabajo de servicios domiciliarios, pensando que una importante parte de éste lo realizan en la empresa privada unas trabajadoras inmigrantes mal pagadas y sin ninguna formación, mientras que en Suecia y Finlandia lo hacen unas profesionales formadas y financiadas públicamente. Esto crearía en Castilla-La Mancha (la reforma debe arrancar de la Junta de Comunidades y aprovechar todas las infraestructuras existentes hoy en día) muchos miles de puestos de trabajo dignos y mejor remunerados. Lo cual facilitaría a su vez la integración de la mujer en el mercado de trabajo, aumentando el porcentaje de la población que trabaja y crea riqueza. Pero para ello, repito, las Administraciones –todas- deben actuar coordinadamente y con una perspectiva política más integrada, cooperante, solidaria y con menos exhibicionismo electoralista. ¡Más gasto público en la familia, señores!

En 2005 Cuenca y su ciudadanía ha de ser consciente de que, en palabras del profesor Navarro, “nuestro Estado de bienestar es excesivamente generoso con los ancianos y demasiado austero con los infantes y jóvenes, ignorando que si bien es cierto lo segundo -el gasto público por infante y joven en España es de los más bajos de la UE-, no lo es lo primero: las pensiones son de las más bajas de la UE y los servicios de apoyo a ancianos y a personas discapacitadas son también los menos desarrollados de la UE. El debate no debiera ser, por lo tanto, sobre si el país debiera gastarse más en jóvenes y menos en ancianos, sino sobre si los fondos públicos debieran gastarse en el poco desarrollado Estado de bienestar o en políticas de subsidios a grupos económicos poderosos y políticas fiscales regresivas que benefician a los sectores más pudientes de nuestra población”.


Instituciones formales e informales en la gobernabilidad local
La filosofía de innovación de las políticas públicas que se han sintetizado, en mi modesta opinión, tendría que abordarse a partir de una clara “política de iniciativa social”. La fórmula para emprender ésta radica en conjuntar las acciones y las prácticas sociales de este campo desde una perspectiva extensa, como un conglomerado de asociaciones heterogéneo, diverso y múltiple.  No se excluyen las asociaciones de autoayuda, las asociaciones de afectados ante cualquier problema, las asociaciones vecinales, deportivas o la mayor parte de las asociaciones ciudadanas, de jóvenes, de personas mayores, los sindicatos, cooperativas sociales, etc.  Una gran parte suelen ser asociaciones pequeñas, no ya en Cuenca solo sino en toda la Comunidad autónoma, donde son poco complejas en su organización y tienden hacia la especialización en torno a un tema, estando además localizadas en un territorio muy concreto.  Hay que reconocer que, en general, aunque estas asociaciones realizan una labor en favor de sus asociados principalmente, con su quehacer están contribuyendo a la resolución de los problemas y al bienestar social de grupos mucho más amplios, transcendiendo los resultados que obtienen más allá del propio grupo, transmitiendo estas mejoras a la comunidad.  Es más, están ayudando a desarrollar un tejido denso de redes ciudadanas que contribuyen a una sociedad civil más pujante y organizada.

Pablo Navajo, desde el Portal del Voluntariado y las ONG “Iniciativa Social y Estado de Bienestar”102, puede ayudarnos en el momento de sistematizar la política de iniciativa social y diseñar inmediatamente sus prácticas de intervención. Mi primer consejo está en asentarse con vivacidad y agudeza administrativa en el documento que ahí se realiza sobre la “Clasificación de la Iniciativa Social”. Como se dice en este pliego, no podemos olvidar que la iniciativa social, o tercer sector, es un concepto muy criticado y cuestionado, ya que algunos autores se plantean si realmente podemos hablar de un tercer sector en contraposición al Estado y al Mercado.  El Estado y el Mercado están claramente definidos y conocemos sus características, pero en el caso de la iniciativa social nos encontramos ya con una primera dificultad al estar definido por aquello “que no es”: No es Estado (no gubernamental), no es mercado (sin animo de lucro).  Nos encontramos así en un espacio indeterminado y fronterizo, en una especie de “tierra de nadie”.  Además se podría hablar de un cuarto sector, si consideramos el tercer sector como propio de las relaciones familiares y de amistad y el cuarto sector la solidaridad desarrollada a través de organizaciones, incluso se habla de un quinto sector si se realiza la división entre autoayuda y beneficiarios externos a la organización.

Definirlo sólo por lo negativo es demasiado pobre, no se da idea de las características de aquello que se está definiendo.  Esto nos muestra la dificultad que existe para delimitar un perfil propio y precisar una actividad común a todas aquellas organizaciones y asociaciones que se agrupan bajo esta denominación.  Es un conglomerado de agrupaciones, asociaciones, organizaciones y movimientos con múltiples elementos que los diferencian entre sí, y donde es muy difícil establecer características comunes.  Además, se trata de un sector que se define por su diferencia al Estado y al Mercado y sin embargo cada vez son más las implicaciones que mantiene con ambos. Al fin de cuentas, ¿pueden ser no gubernamentales las asociaciones creadas por la Administración?  Incluso un elemento que puede ser tan característico como puede ser la mejora de la calidad de vida, en ocasiones se transforma en meras reivindicaciones corporativas en las que sólo se piensa en la “mejora de la vida de unos pocos”, en detrimento de otros grupos o a costa de la de otros. Nos encontramos, así, con un sector en donde podríamos encontrar prácticamente un continuo que iría del Estado al Mercado. 

Luego, aun reconociendo la debilidad teórica del concepto y las dificultades que existen para su definición, debemos reconocer que es un espacio no ocupado ni por el Estado ni por el Mercado, que actúa como garantía de un “pluralismo cultural” donde múltiples intereses colectivos pueden reivindicarse, con unas características privativas - aunque se diluyen en situaciones fronterizas - y con unas funciones que le son propias, si bien pueden no ser exclusivas, como por ejemplo:




  • Mediación social.

  • Sensibilización ciudadana hacia una mayor solidaridad colectiva.

  • Dinamización del tejido social.

  • Contribuyen a la organización de una sociedad civil más pujante y activa.

  • Crean redes de solidaridad.

  • Se enfrenta con los fallos del Mercado y del Estado y con sus efectos no deseados.

Así, podemos definir el Tercer Sector, como “... el formado por aquellas entidades de carácter voluntario que, surgidas de la libre iniciativa ciudadana y reguladas de forma autónoma, persiguen por medio de la intervención en la política social en sentido lato contribuir a aumentar los niveles de calidad de vida y bienestar a través de un progreso social solidario103. La heterogeneidad de este sector hace que las organizaciones que lo componen puedan ser muy diversas, existiendo diferentes clasificaciones104 según los criterios que se utilicen. Podemos observar que existen múltiples tipos de clasificación de la iniciativa social (casi tantas como diferentes nombres tiene la propia iniciativa social) que sin duda nos muestran su propia heterogeneidad, aunque esto no quiere decir que no tengan elementos comunes que los aglutinan y que los dotan de un cuerpo propio, además, quizás en esta diversidad que manifiestan las asociaciones y organizaciones esté su riqueza y grandeza.


CUADRO 11

CLASIFICACIÓN INTERNACIONAL DE ORGANIZCIONES NO LUCRATIVAS:  PRINCIPALES GRUPOS Y SUBGRUPOS

Cultura y Ocio:

·          Cultura y arte.

·          Deportes.

·          Otras actividades recreativas.



Derecho, asesoramiento legal y política:

·          Derechos civiles y asesoramiento legal.

·          Derecho y Servicios jurídicos.

·          Organizaciones políticas.



Educación e investigación:

·          Educación primaria y secundaria.

·          Educación superior.

·          Otra educación.

·          Investigación.


Intermediarios filantrópicos y promoción del voluntariado:

 


Sanidad:

·          Hospitales y rehabilitación.

·          Residencias de la tercera edad.

·          Salud mental y servicios de urgencia.

·          Otros servicios sanitarios.


Internacional:

·          Ayuda al desarrollo, humanitaria y de emergencia.



Servicios sociales.:

·          Servicios sociales.

·          Emergencias y ayuda.

·          Ayuda y mantenimiento de rentas.



Religión.

·          Asociaciones y congregaciones religiosas



Medio Ambiente:

·          Medio Ambiente.

·          Protección de los Animales.


Asociaciones empresariales y profesionales, sindicatos

Desarrollo y vivienda:

·          Desarrollo económico, social y comunitario.

·          Vivienda.

·          Empleo y formación



Varios, no clasificados

A nuestros efectos pueden ser útiles dos tipificaciones, la que el hoy Director Técnico del Real Patronato sobre Discapacidad, Demetrio Casado105, Director del Seminario de Intervención y Políticas Sociales, daba en 1989 y la establecida en 1996 por Salamon y Anheir, que se ha recogido en el Cuadro 11. Con criterios más jurídicos la clasificación de Casado es la siguiente:


  • Asociaciones:

    • Agrupaciones de hecho ( no han formalizado su constitución).

    • Asociaciones de régimen general (Creadas bajo la ley de Asociaciones de 1964).

    • Asociaciones de régimen especial ((mutuas y mutualidades voluntarias).

    • Entes asociativos de derecho canónico (En virtud de acuerdo del Gobierno Español con la Santa Sede de 1979).

  • Corporaciones de derecho público (Creadas por ley).

  • Fundaciones

  • Otras

Podemos discernir de nuestra exposición que las instituciones son las reglas del juego en una sociedad o, más formalmente, son las limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interacción humana106. Son un sistema de reglas y procedimientos a través de los que se toman decisiones de autoridad y en el marco de las cuales los actores estratégicos resuelven sus conflictos. Constituyen el verdadero régimen político, ya que deciden cómo se toman las decisiones y, al hacerlo, definen quiénes son los actores estratégicos y cómo se puede acceder a esa categoría dentro del sistema establecido. Este tipo de reglas determinan el tipo de relaciones que se establecen entre el poder político, por un lado, y la esfera económica y social por otra. La gobernabilidad será mayor cuanto mayor sea la duración de las reglas y procedimientos, es decir cuanto mayor sea su institucionalización. Además, serán más duraderas cuanto más capaces sean de contener y procesar en forma pacífica el conflicto entre los actores estratégicos.

Existen instituciones formales e informales. Las instituciones formales son creadas por actores que controlan recursos de poder y tienen el carácter de normas legales (una Constitución, un Estatuto de Autonomía, una Ordenanza Municipal, etc.). Pero existen también instituciones informales, comprendiendo éstas los códigos de conducta no escritos que regulan las prácticas sociales cotidianas, prácticas que reconocen un origen y una determinada profundidad histórica.

No siempre existe correspondencia entre la institucionalidad formal y la informal; a menudo sucede que normas legales se convierten en letra muerta, por cuanto las prácticas sociales concretas se regulan por una institucionalidad informal que contradice la establecida por tales normas. Así, un programa social o de empleo puede tener un excelente diseño técnico, pero su puesta en práctica en un medio en el que predomina una institucionalidad de tipo clientelar es factible que produzca resultados distintos –incluso contradictorios- a los previstos.

Sucede que las instituciones son producto de un largo proceso de interacción histórica y su transformación es de carácter evolutivo. Los verdaderos cambios institucionales, como han demostrado dos expertos en esta materia, Silvana López y Claudio Tecco107 “no son resultado de operaciones ingenieriles o del voluntarismo político, demandan profundas mutaciones en el gobierno y la sociedad local”. Después de los análisis que hemos realizado en este capítulo y visto asimismo su concomitancia con otras muchas secciones de este ensayo, surge la propuesta consecuente de desarrollar en la ciudad de Cuenca un nuevo escenario local, para lo cual se necesita –contra ciertos usos y maneras utilizados hoy- un fortalecimiento del gobierno y la administración municipal como condición necesaria para cumplir de manera efectiva el rol de articulador del sistema de acción local. Todo un variado formulario que se despliega en el capítulo décimo, con el que se cierra el presente texto.

Participación y representación son dos pilares fundamentales en la forma democrática de estado y los municipios, que desde la Ley de Régimen Local y sus normas de aplicación y desarrollo se han tratado de fortalecer por el ordenamiento jurídico en los aspectos comentados. Otra cosa diferente es que se haya logrado, como hemos visto en los pertinentes capítulos de este volumen, y, por esto mismo, las fracturas y defectos nos han llevado a particularizar en este recorrido sociológico las medidas planeadas para remediar en nuestra Ciudad las carencias respectivas. Esto es algo que nuestras autoridades, abandonando las inercias de partido lentas, poco pautadas y hasta reaccionarias, deben cambiar y, en su lugar, poner en marcha unas reformas institucionales amplias y modernas. Son un perfeccionamiento y unos cambios que arrancan de las reformas de las reglas que pautan la interacción en la estructura social conquense, las cuales provienen de la evolución y dinámica social y son producto del proceso de interacción histórico que también hemos comentado. Así nos lo enseña Joan Prats108: “Las instituciones cambiarán cuando, dado un marco institucional determinado, ante un cambio en los precios relativos o en las preferencias, un número suficiente de actores llega a la conclusión de que un cambio del marco institucional va a procurarle mayores ventajas personales y/o colectivas, siempre que, además, tales actores sean capaces de construir una coalición suficiente para apoyar no sólo el cambio en la institucionalidad formal sino para mantener la vigencia de dicha institucionalidad hasta conseguir su institucionalización informal, es decir, su incorporación a los hábitos y modelos mentales y valorativos dominantes".

El citado tratadista viene a revelar que si las reglas que guían la interacción no son fruto de un proceso de aprendizaje social, sino que se incorporan a la vida local a través de un procedimiento de sanción formal, tienen pocas posibilidades de adquirir vigencia real. Y, por el contrario, que es posible cambiar el estilo de gestión y volverlo más democrático y participativo aún en circunstancias en que estén restringidas jurídicamente las posibilidades de ejercer la autonomía municipal. Una restricción que en 2005 en nuestro país encuentra su infravaloración o subestima antes en acciones personales que en las condiciones reglamentarias previas.

SOCIOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA CONQUENSE
El puro hecho de actuar lleva consigo la emergencia de expectativas y experiencias, las cuales -en forma sedimentada- constituyen lo que se puede denominar las estructuras de la sociedad y con ello ‘la sociedad misma’. Alfred Schuetz109 habla de la vida cotidiana, por un lado, como el acervo de experiencias y expectaciones que existían antes que nosotros naciéramos, son en definitiva las experiencias y expectaciones transmitidas por nuestros padres y maestros, que funcionan como un esquema de referencia en la forma de “conocimiento a mano”, como formula dicho autor. Por el otro lado, el mundo de la vida cotidiana para Schuetz es también el escenario y el objeto de nuestras acciones. Para llevar a cabo los propósitos que buscamos en él, tenemos que dominarlo y modificarlo. Por lo tanto, actuamos y obramos no solo dentro del mundo de la vida cotidiana, sino también sobre él. El puro hecho de actuar explica, pues, cómo nuestros padres y antepasados constituyeron la vida cotidiana que nosotros encontramos al nacer, pero asimismo explica cómo en base de dicha vida cotidiana nosotros -al actuar- también contribuimos a la constitución de dicha vida cotidiana.

La acción social necesita una reflexión y unos métodos para conocer profundamente la realidad que pretenden transformar, y el sentido de la propia transformación. Conocer la realidad a la que hemos dedicado este ensayo, pues, precisa de comunicación bidireccional con la base social y, por lo tanto, restablecer los circuitos y nudos de la misma. Entendido así, como ya se ha descrito en el capítulo sexto, conocer el sentido de la transformación significa implicar a los ciudadanos en el descubrimiento de sus necesidades y en la transformación consiguiente para mejorar su calidad de vida. Paralelamente esto requiere que se fijen una serie de elementos para hacer un autodiagnóstico puntual y pormenorizado de la comunidad urbana de esta Ciudad. Lo cual precisa siempre armarse de técnicas sociológicas enormes, que no se han perdido ni un instante de vista a lo largo de esta obra desde que se describió el plan estratégico de Cuenca en el capítulo segundo. Cuantiosas páginas de nuestro estudio demuestran que este plan, frente a lo llevado a efecto hasta ahora por la clase política –y, a veces, la empresarial, que, como “lobby” determinativo en esta materia, no termina de promover en Cuenca una política de penetración comercial y financiera ajustada a su sociedad-, no se ha impulsado con la dinámica ni la convicción indispensables110. En el Cuadro 12 se sintetizan los pasos o niveles para concretar ese autodiagnóstico, que, de otra banda, no tienen que seguirse necesariamente en el orden que se establece, dado que algunos tendrían que ser paralelos.

Los paseos de mi meditabundo recorrido -creo que ya se sabe tras llegar a este instante en la lectura de la disertación sociológica- no se han hecho para establecer ese meticuloso “autodiagnóstico”, un trabajo científico y profesional que necesita para ello de investigaciones sociológicas concretas; sin embargo, los análisis que hemos llevado a cabo en las andanzas y peregrinaciones por la Ciudad son de una ayuda decisiva para aquél. Un refuerzo que se completa ahora con las notas o indicaciones de la calidad de vida, un constructo social relativamente reciente que surge en un marco de rápidos y continuos cambios sociales. Es fruto de los procesos sociales que dirigen la transición de una sociedad industrial a una sociedad postindustrial. Tras la consecución, relativamente generalizada en occidente y socialmente aceptada de las necesidades consideradas como básicas (vivienda, educación, salud, cultura), se vislumbran aquellos efectos perversos provocados por la propia opulencia del modelo de desarrollo económico. Externalidades de carácter ambiental producen nuevas problemáticas de difícil resolución bajo los presupuestos de la economía ortodoxa, pero también a las tradicionales externalidades sociales (pobreza, desempleo) hay que añadir otras de carácter psico-social derivadas de los modelos de organización y de gestión en la relación del hombre con la tecnología y las formas de habitar.
CUADRO 12

Autodiagnóstico” de la vida cotidiana de Cuenca



  • Los caminos a seguir son:

  • Averiguar quiénes somos y que hacemos. Qué proyectos desarrollamos, con qué recursos propios contamos, qué dificultades tenemos, qué actividades desarrollamos, qué métodos tenemos, a quién llegamos y cómo lo hacemos. Formular, en definitiva, un autodiagnóstico de la situación del asociacionismo de base que proporcione a sus miembros sentido y orientación para estrategias conjuntas. Se trata de detectar las necesidades y demandas, propulsando el papel de los mediadores sociales, más particularmente, en cuanto a gestión de acciones en proyectos de desarrollo comunitario.

  • Identificar los nudos de las redes comunitarias, para establecer compromisos, instaurar vehículos de comunicación con los sectores activos, con los sectores funcionalmente pro-activos y la base social. Directorio de profesionales y de sectores funcionalmente pro-activos, Inventario de espacios de confluencia, establecer estrategia de colaboración mutua, tablones ciudadanos (comunidades de vecinos, equipamientos, espacios públicos, comercios...), buzones de recogida de sugerencias, directorio de empresas, convenios de colaboración, bolsas de empleo digitalizadas, servicio de trueque, servicios de asesoramiento, boletines y revistas de elaboración participada, etc. Desarrollar, por tanto, metodologías de participación y de investigación-acción social como estrategia más adecuada para vertebrar la comunidad y establecer la transformación del entorno y medio social.

  • Identificar los problemas y su naturaleza: Aprender a analizar la realidad social de todos los barrios de la Ciudad y de su población. Del entorno físico y del medio social. De los métodos y técnicas necesarias. Detectar los recursos disponibles y establecer un sistema de indicadores de Calidad de Vida contrastado y revisado con los distintos niveles de la red social. Recogida de información, elaboración de diagnósticos, difusión, contrastación, incorporación de nuevos datos recogidos de las redes, reelaboración.

  • La interacción entre los niveles anteriores nos pone en disposición de programar y ejecutar un plan de acción integral o distintos planes de intervención en un sector de la calidad de vida (medio ambiente urbano, empleo, educación, salud, tiempo libre, vivienda, servicios administrativos e infraestructuras de “tercer sector” municipales, etc.), cuyo proceso nos llevará a descubrir nuevos problemas, nuevas acciones.

El sociólogo Julio Alguacil Gómez111, al reivindicar la trascendencia y el alcance del tercer sector (la sociedad civil y lo comunitario) a la hora de definir el concepto de calidad de vida desde la sostenibilidad, afirma que “las grandes organizaciones y la enajenación del individuo de los procesos de decisión, la impersonalidad de los espacios y de los modelos productivos, la homogeneización de los hábitos y de la cultura a través de los mass media que refuerzan estilos de vida unidimensionales, de individuación, de impersonalidad, producen la pérdida de referentes sociales de pertenencia y de identidad. Mientras que a la vez emergen nuevas posibilidades en relación a la mayor disponibilidad de tiempo libre que hace posible desarrollos personales y la emergencia de nuevos valores sociales, otras dimensiones de la relación con la naturaleza y con los demás”.

Desde esta perspectiva, y a partir de de la concepción de la vida cotidiana como la forma en que la gente consume, practica e imprime modalidades al modelo cultural en que se inscribe, nos damos cuenta de que la vida cotidiana hace posible en las ciudades de nuestros días el que los barrios de la Ciudad permanezcan y hagan frente a las diferentes fases sociales del proceso urbano, por lo que han de estar en el centro del desafío a la modernización, en el centro de una resistencia cultural activa y creadora que reinterprete modelos y los ponga en práctica a nivel local. Y precisamente esa vida cotidiana que participa en la actualización de la cultura puede ser una de las causas de que los conquenses no se organicen de manera íntegra como sociedad civil para demandar la solución de sus necesidades. Esto puede que se deba a que, de a cuerdo a lo planteado por Weber112, no ha trascendido en Cuenca el papel indiviso de los vecinos para convertirse en ciudadanos plenamente realizados.

Es difícil acotar un registro que se construye socialmente como una representación social que un colectivo puede tener sobre su propia calidad de vida. Concepto éste que en su vertiente más cualitativa, subjetiva, emocional o cultural surge como contestación a los criterios economicistas y cuantitativistas del que se encuentra rociado el denominado Estado del bienestar. El concepto de calidad de vida retoma la perspectiva del sujeto, superando y envolviendo al propio concepto de bienestar hasta asociar los procesos de desarrollo de la identidad social. El sentimiento de satisfacción y la realización personal no pueden entenderse sin introducir la noción de apropiación y la idea de la dirección controlada conscientemente por los propios sujetos. Así autores como Levi y Anderson113 describen como calidad de vida “una medida compuesta de bienestar físico, mental y social, tal y como lo percibe cada individuo y cada grupo, y de felicidad, satisfacción y recompensa (...) Las medidas pueden referirse a la satisfacción global, así como a ser componentes, incluyendo aspectos como salud, matrimonio, familia, trabajo, vivienda, situación, competencia, sentido de pertenecer a ciertas instituciones y confianza en los otros”. Que llevan a E. Pol a la afirmación que “esta definición nos acota una concepción de calidad de vida como un constructo complejo y multifactorial, sobre el que pueden desarrollarse algunas formas de medición objetivas a través de una serie de indicadores, pero en el que tiene un importante peso específico la vivencia que el sujeto pueda tener de él”.

Cuando nos referimos al concepto de calidad de vida, por tanto, estamos haciendo referencia a una diversidad de circunstancias que incluirían, según Julio Alguacil, además de la satisfacción de las viejas necesidades, el ámbito de relaciones sociales del individuo, sus posibilidades de acceso a los bienes culturales, su entorno ecológico-ambiental, los riesgos a que se encuentra sometida su salud física y psíquica, etc. La diversidad de aspectos sectoriales y globales que pueden incidir en la falta de calidad de vida hace que cada uno de ellos obtenga su propia carta de naturaleza. Así, por ejemplo, la calidad residencial o la calidad urbana, es por tanto, un aspecto parcial como otros con los que se encuentra relacionado, pero en ningún caso es periférico dentro de la calidad de vida. La construcción de ésta precisa la debida implicación de tres grandes perspectivas lógicas: calidad ambiental, bienestar e identidad cultural. La relación combinada de cada una de las perspectivas con el resto nos abren distintas inferencias y sentidos en la construcción de la Calidad de Vida, que se compendian en el Cuadro 13.
CUADRO 13

Lógicas y sentidos en la construcción de la Calidad de Vida

HABITABILIDAD (Calidad)

DESARROLLO-BIENESTAR (Cantidad)

IDENTIDAD CULTURAL (Cualidad)

Las ciudades son unos ecosistemas de escala

En las ciudades se establecen sinergias en el tiempo libre y la racionalidad integrada

Las ciudades son constelaciones de redes del tejido social superpuestas

HACIA LA SOSTENIBILIDAD

HACIA LA COOPERACIÓN

HACIA LA GOBERNABILIDAD

El carácter multidimensional e interdependiente de las variables que permiten el acceso a la calidad de vida nos invita a demandar las nuevas vías de incisión en el desarrollo social, que introducen las formas inéditas y los diversos contenidos desvelados a lo largo de esta obra. Así, a través del concepto de calidad de vida se incorpora la sostenibilidad ambiental y se puede recuperar el sentido de las necesidades culturales de identidad (apropiación, participación, sociabilidad). Concretamente no está demás la reacción de la sociedad a las indicios del deterioro de las condiciones de habitabilidad, que precisa de un cambio de sentido que sólo parece posible con la democratización de las estructuras y la concienciación de los ciudadanos. Mejor aún, se incrementaría la “gobernabilidad”, puesto que como nos enseña Alguacil, “frente a la jerarquización y la centralización de las decisiones, hay que instituir vínculos entre los procesos de decisión, los agentes sociales afectados, y los análisis y métodos de evaluación”.


Gestión de necesidades y atención de las demandas sociales
En el contexto actual conquense hemos podido ver la singular importancia adquirida por todos aquellos aspectos del ámbito de la participación y de los modelos de gestión, en claro contraste con la lógica de la rentabilidad y la estrategia del corto plazo. En primer lugar, y según se ha pedido en varios temas de nuestro análisis, es necesario establecer una coordinación administrativa en el doble sentido vertical y horizontal, mediante la creación de una red de intereses mutuos entre los organismos locales, autonómicos y estatales encargados de la creación y gestión de nuevos procesos, que deben ir de la mano de una descentralización efectiva y una comunicación más fluida. De esta manera, el desarrollo social demandado en Cuenca sólo se conseguirá alentado los reiterados mecanismos ventajosos y rentables para la participación real y directa en los aspectos de la gestión de los procesos sociales, de las intervenciones y de las prestaciones del sistema urbano. “En definitiva se trata de articular la potencialidad y la capacidad de los usuarios para autogestionar los servicios y los espacios como objetivo estratégico para alcanzar mayor rentabilidad social y mayor calidad de vida. Precisamente ello nos lleva finalmente a considerar la necesidad de integrar adecuadamente los análisis y a incorporar métodos de evaluación, y nuevos indicadores de gestión, de manera que se pueda evaluar el rendimiento social en relación a las prestaciones y los recursos disponibles” (Julio Alguacil).

El tema analizado conecta con la demanda social y su formulación en un requerimiento social. Una cuestión muy bien conducida por René Lourau en su libro «El Análisis Institucional»114, donde señala que “si, en la crisis instaurada por la institución del análisis, todo es significante con relación al deseo, es claro también que todo es significante con relación al dinero, a la autoridad, a las formas de poder; en suma, a las relaciones institucionales”. Nos dice ahí este tratadista que el análisis de instituciones, de organizaciones o de grupos se ha convertido en institución. El sustrato material de la institución dice más que sus discursos articulados. Eso que dice o, mejor, no dice, se disimula con el secreto, la canalización de las informaciones, la racionalización ideológica. El análisis institucional, entonces, quiere producir una nueva relación con el saber, una conciencia del no saber que determina nuestra acción. Lourau estudia la génesis del concepto de institución dentro de una elucidación histórico crítica, y después de analizar en detalle los métodos propuestos desde la terapia del grupo pequeño hasta la moderna psicosociología, formula su propuesta de «socioanálisis» y de «provocación institucional», los dos polos entre los que oscila la intervención.

Este autor define la demanda social como “la carencia o desproporción existente entre el estado de las relaciones sociales en un momento dado y el estado de la producción; constituye el signo de que las relaciones sociales -materia prima siempre ya ahí- deben ser transformadas perpetuamente”. Con ello la distingue del requerimiento social: “en cuanto éste es la segunda faz de la demanda; significa que la demanda que emana de las relaciones sociales determina de una sola vez no solo la producción del objeto, sino también la manera en que será consumido”. A nuestro entender, se destaca de este modo que la demanda social presiona en dirección al cambio de las relaciones sociales instituidas. Pero, ¿cuál es el sentido del cambio? ¿Quién es el que define la dirección? ¿Cómo se interpretan las necesidades sociales? ¿Cómo queda implicado el sociólogo y en general los que hacen de lo social su objeto de estudio y trabajo?

La respuesta no es sencilla, ni mucho menos fácil de resumir y en menor grado todavía en una obra como la presente, dados sus objetivos. Así me lo hace creer la experiencia transmitida por Silvia Anguiano115, profesora de Sociología de la Universidad de San Luis. En efecto, tanto en el discurso erudito como en el discurso de sentido común es posible encontrar en determinado momento la huella de los supuestos teóricos que han terminado por imponerse como el modo “correcto” de referirse, de evaluar, de decir y de actuar en el que los trabajadores e investigadores de lo social han tenido un papel no menor al difundirlo o luchado incluso, por imponerlo. Hubo momentos en que «había que producir un “cambio de estructuras” como requerimiento imperioso de la hora, donde lo estructural o la palabra estructura era la clave del orden y del cambio; o no hace mucho, apenas dos décadas, la sociología, el sociólogo y cualquier hombre de bien debía “comprometerse” con sentido histórico por el futuro de la sociedad y el “hombre nuevo” y toda la culpa la tenía “el sistema”. Hoy, en el momento en que la idea de que lo social se construye, ha empezado a ser un lugar común, se muestra como importante transitar los rastros de esta huella en el tema que nos ocupa, el de la interpretación de las necesidades y el significado que se les atribuye en el mantenimiento y transformación del orden instituido, ya que los referentes que utilizamos en la semantización de la demanda social determinan un modo de percibir, de decir y de implicar al analista y al trabajador social.

De este modo mis paseos por Cuenca creo que han ido cobrando fuerza con el desarrollo que he ido describiendo, al especificar los marcos referenciales sociológicos desde los que se otorga significado a las necesidades sociales que son el objeto de la demanda social y que a su vez determinan el modo de formular el requerimiento, esto es, que la percepción sobre las necesidades ciudadanas en la Ciudad se inscribe dentro de una perspectiva que le sirve de marco de referencia que determina el papel que les cabe en el mantenimiento o cambio del orden instituido y determina la segunda faz de la demanda social, el requerimiento; definiendo así el modo de participación de aquellos que hacen de lo social su objeto de estudio y trabajo. Por esto mismo, al releer el capítulo, ratifico todo su contenido y vuelvo a remitir al lector a las enseñanzas de Parsons trasladas convenientemente en los dos anteriores. A dicha teoría debe agregarse algunos conocimientos de Robert K. Merton, que desarrolló otro enfoque estructural funcional e hizo suyas algunas de las variadas críticas que se hicieron al sistema social parsoniano, por lo que trató de corregir alguna de las deficiencias ideológicas que dificultaban el uso de la perspectiva estructural funcional, que, según Merton, puede constituirse en una estrategia netamente instrumental. Lo ideológico corre por cuenta de quien utiliza la ideología en casos particulares, constituyendo un problema propio de la sociología del conocimiento analizar la implicación ideológica en la formulación de problemas, supuestos teóricos, conceptos, determinada por la posición del sociólogo en la estructura social, explica este autor. En Cuenca esto ocurre demasiado y, como defecto palpable, necesita una pronta corrección: ya va siendo la hora de que puestos decisivos de la Administración Pública no se queden exclusivamente en manos de afiliados al partido en el poder, porque han de ser ocupados por profesionales con mayor capacidad e iniciativa. Otra cosa es que el partido político, cumpliendo con su estricta función constitucional, cree y aplique las fórmulas más eficaces de interconexión para que nunca separe la acción política de la intervención administrativa.

Esto último viene corroborado por Merton, al efectuar la distinción entre disposiciones subjetivas y consecuencias objetivas observables de la acción. La no distinción entre ambas es la que ha llenado de confusión los análisis funcionales, y en estos es donde no se aclaran los partidos políticos. A estos hay que dictarles la diferencia:




  • Las disposiciones subjetivas, tales como fines, motivos, propósitos, corresponden al punto de mira del participante de la acción.

  • Las consecuencias objetivas observables son el verdadero contenido de la función, y corresponden al punto de vista del observador.

Las disposiciones subjetivas pueden coincidir o no con las consecuencias objetivas, esto es lo que lleva a efectuar la distinción conceptual entre funciones manifiestas y latentes: las primeras son consecuencias objetivas que contribuyen a la adaptación al sistema, reconocidas y buscadas por los participantes; y las segundas no son reconocidas ni buscadas por los participantes.

El análisis funcional no debe limitarse a las consecuencias objetivas observables “positivas”, esto es que favorecen el mantenimiento del sistema. Por el contrario, es necesario distinguir entre consecuencias funcionales, disfuncionales, o afuncionales y un “saldo líquido” de una suma o agregación de consecuencias, ya sea para todo el sistema social, o para algunas de sus estructuras. Esto implica dos cosas:
1) que lo que es funcional para ciertas estructuras puede no serlo para otras (en contra del postulado de la unidad funcional de la sociedad).

2) que no todas las estructuras desempeñan funciones positivas para el mantenimiento del sistema (en contra del postulado del funcionalismo universal).


La estructura social impone un acceso diferencial a las oportunidades, por lo que puede suceder a menudo que la cultura y la estructura social operen en sentidos cruzados, y, como determina Merton, la misma presión que genera la conducta “conforme” al sistema, genera la conducta “divergente”116.

A tenor de lo comentado, las instituciones pueden tener diferentes grados de apoyo entre los grupos de una sociedad, y lo que está “legitimado” puede, por lo tanto, no estarlo para “todos los grupos de la sociedad”. Esto permite colegir que el inconformismo con algunas instituciones de la sociedad puede representar “el comienzo de una norma nueva, con sus derechos distintivos a la validez moral”117. Esto es importante para la consideración de las necesidades sociales que satisfacen las estructuras, ya que las estructuras “oficiales” pueden dejar insatisfechas demandas sociales, que al estar generadas por presiones culturales determinan la aparición de estructuras alternas, con legitimación por parte de algunos grupos de la sociedad con acceso restringido a las estructuras “oficiales”. Además, la tensión, discrepancia o contradicción entre los componentes de la estructura social y cultural, siempre que no sean controlados mediante mecanismos adecuados, pueden ser los conducentes a provocar cambios en el sistema social. El último aporte de Merton a esta materia nos lo ofrece su consideración sobre las ocupaciones, a las que juzga como uno de los núcleos importantes de la organización de la sociedad, donde señala que “las aspiraciones, los intereses y los sentimientos personales de los individuos están organizados en gran parte y sellados con la marca de su perspectiva ocupacional.(...) los individuos de diferentes ocupaciones tienden a desempeñar papeles diferentes en la sociedad, a tener participaciones diferentes en el ejercicio del poder, lo confiesen o no, y a ver el mundo de una manera diferente”118.


Consenso, comunicación y Razón Práctica
La Sociología de la vida cotidiana es lo que me fuerza a pedir en la Cuenca de 2005 que no se radicalicen las posiciones de gobierno, ni estime nadie que su verdad es “la única”. Esto es imposible, y la mejor herramienta para satisfacer las demandas sociales está en la táctica /estrategia del consenso, esa arena central que busca siempre el acercamiento de posiciones y el máximo respeto a las diferentes voluntades.

Esto lo veo avalado por diversos integrantes de la escuela de Francfurt, así como también por Hanna Arendt, que ha tratado de describir las desastrosas consecuencias que ha traído aparejada para la política y la vida pública el acrecentamiento de la sociedad reciente. Sostiene que el desarrollo de la sociedad ha tenido por consecuencia el desvanecimiento de la esfera política. Su triunfo ha sido el hombre normalizado, socializado. Como asegura –en su trabajo sobre La condición humana- con su tono tan vívido: “Es decisivo que la sociedad en todos sus niveles, excluya la posibilidad de acción...En su lugar, la sociedad espera de cada uno de sus miembros una cierta clase de conducta, mediante la imposición de innumerables y variadas normas, todas las cuales tienden a “normalizar” a sus miembros, a hacerlos actuar, a excluir la acción espontánea o sobresaliente”. Después de unas demostraciones históricas sobre la reproducción vital, la organización laboral y los principios retributivos (al final, son solo dos, que en esencia son lo mismo: el dinero y la admiración pública, que se consumen por igual), afirma Arendt algo que fue retratado conquensemente páginas atrás: “La posición social, como diríamos hoy día llena una necesidad como el alimento lo hace con otra”. Con lo cual la reproducción vital, subraya Arendt, el reino de la abundancia se convirtió en el verdadero fin de la actividad humana, y la eliminación de la pobreza como Cuestión Social, es el reconocimiento público de la ignominia de la pobreza de masas y la necesidad de eliminarla, que es el reconocimiento de que el objetivo social ya no es la liberación del reino de la necesidad sino el disfrute del consumo y la abundancia. Los ideales salidos de la pobreza se han convertido en prevalecientes en todas partes: la abundancia y el consumo sin fin son la “contracara” de la miseria y ambas son el nuevo vínculo de la humanidad con la necesidad. Una humanidad de empleados y consumidores es su resultado. La liberación de la pobreza como fin de la acción ha sustituido al interés por la libertad.

La libertad pública es un estado objetivo y tangible en el que los hombres se encuentran entre sus iguales y tratan de alcanzar la inmortalidad (vencer al tiempo y hacer existir lo perdurable) y participan en la formación y comprobación de opiniones a través del debate público, dando nacimiento al “no gobierno”, que se diferencia del “gobierno de nadie” en que aquél –el debate público- es el dominio de la persuasión y no de la fuerza ni la violencia; el gobierno de nadie en cambio, como en las burocracias modernas, puede devenir en una de las más crueles y tiránicas versiones de gobierno.

La liberación de la pobreza, cuando entra al dominio público, esto es cuando de él se hace una meta política, y se la convierte en Cuestión Social, lo único que se logra es que entre la alarma y la intimidación a la esfera pública, que es lo que lleva al fracaso de las innovaciones cuando estas han restringido a la cuestión social como único objetivo político. No olvidemos, como dice Arendt, que la “compasión” por los pobres es la que conduce a reclamar la “acción rauda y directa, es decir, acción por medio de la violencia”. La libertad pública tangible, en cambio, permite integrar los conceptos de democracia participativa, debate, pluralidad, felicidad pública y poder comunal. La condición humana sin embargo es tal, que en tanto sigamos siendo humanos siempre existe la posibilidad real de que los individuos se reúnan, debatan y actúen colectivamente al decidir los asuntos públicos.

En conclusión, el ciudadano conquense de 2005 tiene que aprehender a acercarse a unas estructuras comunicativas libres, no interferidas por dispositivos restrictivos o alienantes (concretamente el dinero y el poder operando contra su papel dignificante, es decir, como mecanismo de integración sistémica), a los que nos hemos referido en numerosas páginas y no vamos a repetir ahora. No queremos unas infraestructuras comunicativas patológicas, sino como las representa Arendt, o sea, como unas buenas estructuras comunicativas cuya integración se edifica en normas, valores y procesos de entendimiento que elaboran el “consenso”. Estos asuntos y materias donde colisiona la lógica de los susbsistemas con la lógica de la acción simbólica dirigida al entendimiento, son “los puntos”, la brecha donde puede surgir el potencial liberador. Es en estos puntos donde se puede intentar la implantación de nuevas formas de vida (cultura alterna) y una comunicación libre de toda dominación, en suma, en los ámbitos donde se elabora el consenso. Y desde éste pueden cubrirse las demandas sociales, que la profesora Silvia Anguiano compendia en los contenidos formales de una comunicación libre de dominio, apta para el despliegue de una intersubjetividad íntegra, y la formación discursiva de la voluntad. Por lo tanto, son los espacios donde se elabora el “consenso” sobre valores, derechos, por procesos dirigidos al entendimiento, donde surge la posibilidad liberadora. De este modo, la liberación del reino de la necesidad, y, con lo mismo, la cobertura de la demanda social, propia del paradigma de la sociedad del trabajo, se transforma en la construcción de espacios de comunicación libres de dominación donde puedan plantearse y decidirse las propias necesidades, según la propia iniciativa.

Me parece que la clave hay que buscarla en los espacios en los que hoy es posible una acción más desinstitucionalizada: la socialización familiar y la acción en los espacios públicos creados por los medios de comunicación. ¡Cuántos cambios se requieren en ambos espacios! No ya en Cuenca, sino a nivel de Estado. La receta yo la obtengo de la misma Silvia Anguiano, que la extrae a su vez de Habermas. Está en el terreno de la cultura donde no se discute sobre dinero y poder sino sobre definiciones, y puede ejercerse una presión transformadora sobre los otros niveles. “En estos escenarios pueden constituirse ámbitos públicos autónomos que también entran en comunicación recíproca en la medida que se utiliza el potencial de autorganización y se usan de modo autónomo los medios de comunicación. Las formas de autorganización fortalecen la capacidad de acción colectiva por debajo de un umbral en que los objetivos de la organización se distancian de las orientaciones y posiciones de los miembros de la organización y donde los objetivos son independientes de los intereses de conservación de organizaciones autónomas”119.

En definitiva, Habermas sostiene que las sociedades modernas tienen tres recursos para la integración de la sociedad: dinero, poder y solidaridad. La nueva utopía es hacer que el poder de integración de la solidaridad se afirme contra los “poderes” de los otros dos recursos: dinero y poder administrativo; y es en los ámbitos vitales estructurados de modo comunicativo, especializados en trasmitir valores y bienes culturales, en integrar a los grupos, en socializar las nuevas generaciones donde el poder de solidaridad se ha desplegado siempre.

Agnes Heller completa esta demanda, al afirmar que la transformación de la vida cotidiana y de todas las instituciones que reproducen y fijan las formas de vida alienada sólo puede lograrse bajo la guía de una objetivación que ofrezca en sí misma una nueva forma de vida, la que “debe” ser. La filosofía es una utopía racional que nos permite representar una forma de vida donde lo bueno y lo verdadero constituyan una unidad, la unidad del ser y del saber. Este es el ámbito de la Razón Práctica, que se distingue de la Razón pragmática que es la que le permite al particular apropiarse de la forma de vida ya dada. La oposición dialéctica entre lo que es de hecho y lo que debería ser, nos reconduce a las posibilidades existentes de hecho permitiéndonos transformar la realidad. Por esto huelgan muchas acciones y simplezas políticas, lejanas de esa razón.

Nuestros políticos deben ejercitarse en moverse mejor y más cercanamente a dicho ámbito. Y lo mismo que esos grupos sociales, muchos otros, como quienes llevan el armatoste ese de la CNC, la TV deletérea, cuando repite cien veces las mismas imágenes con idéntica noticia, personajes y comentario. Pero… bueno, ¿se creen ahí que los ciudadanos de estas tierras son pavos o insustanciales? ¡Ni mucho menos! Si se dieran una vuelta por la sociología de la vida cotidiana conquense, comprenderían que esta sección de la Sociología es una subdisciplina ideal para llegar a comprender necesidades y dar servicios donde otros no llegan. De ahí la conveniencia de su estudio y aplicación. En ella se encuentran secciones como "sociología política", "sociología de la juventud", "sociología urbana", "sociología de la familia", "sociología del trabajo", "sociología del consumidor", "sociología de la cultura", "sociología de género", etc. La "vida cotidiana" como tema de ciencia o academias, es rastreable en todas ellas. Y lo que es más sustantivo, no es rastreable sino al interior de aquellas (entre otras). Designa un nivel de observables en cada uno de esos campos. Es el estudio de la dimensión (trans)subjetiva del “trabajo”, “la política”, “lo urbano”, “lo juvenil”, etc. Ese es el “objeto” que discierne lo mismo el interaccionismo simbólico, la fenomenología de Shutz y Berger , la etnometodología de Garfinkel, y las sociologías de la comunicación como la de Habermas y de Ibañez. Es en ese nivel donde comienzan a aflorar campos propiamente como el que cubre el objeto “conversación” (en teoría) y el instrumental “análisis de discurso” (en metodología).

Una mínima estructuración del debate por la sociología de la vida cotidiana puede intentarse con la distinción "saber/deber". Lo obvio puede ser lo mismo un “saber obvio” o un “deber obvio” (como el derecho natural, como “lo que corresponde”). Por razones de espacio, remito al lector a un texto que me ahorra mayores explicaciones, el de Manuel Canales Cerón120 sobre esta materia, donde nos enseña éste que, al final, todo el proceso culmina en la escena cotidiana, de la que parte Garfinkel: “Hecha la genética de la verdad asumida como realidad, la vida cotidiana queda signada como el espacio en que las instituciones sociales se corresponden punto a punto a las subjetividades que las desempeñan. El mundo está en orden: la sociedad se reproduce y el sujeto encuentra el sentido”. Las aplicaciones salen de los estudios de “percepción”, “significados” y, en general, en todos los que se sitúan en la perspectiva emic121. En particular es muy utilizado en el estudio de colectivos a quienes se supone un universo simbólico desconocido por el investigador, tales como las minorías sociales emergentes. Así puede encontrarse investigaciones en esta perspectiva en las llamadas "sociología de género", "de la juventud", de la "ancianidad", de "la niñez", de los "campesinos", de los "inmigrantes" y, en general, de todos aquellos nombres que aluden a un otro no oído socialmente.

La cotidianeidad sería el espacio en que la ideología opera como tal: la sociedad se hace conciencia inscribiendo en la subjetividad el mapa de los caminos (correctos, torcidos) y la estructura de los nombres (en asociaciones horizontales o clases de equivalencia -los nosotros- y en asociaciones jerárquicas o clases de orden). Fijado en dichas asociaciones y orientado por dichos caminos, el sujeto reproduce la sociedad que se representa.

El tema que rige lo cotidiano, entonces, sería el proceso ideológico: el instaurarse de las distinciones que organizan las representaciones –“Poderosos son aquellos que erigieron en ley los nombres de las cosas y, entre los magos de la abstracción, los que inventaron las categorías” (Nietszche)-, su inscripción en la subjetividad y su lectura por los sujetos.

La perspectiva reseñada, por tanto, a lo largo de todo el capítulo, puede encontrarse tras los estudios sobre la “cultura de masas” y, en general, sobre la llamada “manipulación ideológica”. Marcusse, Adorno, Gramsci, Kosik, Mariategui, Foucault, en el momento crítico; Lyotard y, sobre todo, Baudrillard en el momento post-crítico, son referencias reconocidas en estas materias. Y a ellos me remito.

Con todo, debo recordar que la prospectiva ha dado lugar también a una productiva rama de investigación social asociada a los sondeos de opinión pública y de motivaciones del consumidor, que cada día trabajamos con mayor solidez y garantías en el Colegio Oficial de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha.


9. DIFUSIÓN DE LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN EN CUENCA

Se llama Sociedad de la Información a la utilización masiva de las herramientas electrónicas con fines de producción, intercambio y comunicación. Estas herramientas son conocidas como Tecnologías de Información y las Comunicaciones (TIC).

Las TIC están transformando honda e intensamente la economía, porque generan riqueza a distancia y en red, superando las fronteras geográficas y políticas. Conforme avanza el tiempo, viene sucediendo aquello que, como adelantado en la materia, anuncié en una de las primeras obras escritas sobre esta densa problemática en el año 2000 teniendo a Cuenca como piedra angular de sus puntos de mira122: Nadie puede permanecer al margen de este proceso revolucionario, que supone la incorporación masiva de estas herramientas en la sociedad, puesto que los beneficios que aportan son descollantes. Así, la Sociedad de la Información:


  • Elimina las barreras de tiempo y espacio.

  • Facilita las comunicaciones.

  • Permite un acceso igualitario a la información.

  • Favorece la cooperación y colaboración.

Los gobiernos y administraciones de muchos lugares del mundo, crean infraestructuras y redes, páginas web, fomentan el comercio electrónico, desarrollan o estimulan nuevas formas de educación y formación no presenciales, otorgan beneficios y bonificaciones para el acceso, ofrecen o facilitan la instalación de centros dotados de ordenadores de acceso público, entre otras muchas acciones.

Internet se ha convertido en una plataforma de comunicación extensa y poderosa, en particular desde la convergencia entre los medios de comunicación existentes y las nuevas tecnologías de la comunicación. El acceso a Internet se ha incrementado a pesar de la continua exclusión de las comunidades marginadas y de muchas personas del mundo en desarrollo. Al mismo tiempo, ha sido objeto de creciente comercialización, apropiada y controlada por grandes corporaciones.

Las nuevas tecnologías de la comunicación son un potente vehículo en el proceso de globalización que avanza en condiciones desiguales y que, como tantas veces hemos oído, aumenta la desigualdad económica y social, tanto en el interior de los países como entre estos. No obstante, estas nuevas tecnologías simultáneamente, en manos de personas y organizaciones que trabajan para la libertad y la justicia, pueden ser y son en muchas ocasiones unas pujantes herramientas para la resistencia, la movilización social y el desarrollo.



Con la convergencia de las TICs y la emersión de la llamada sociedad de la ‘información’(SI, en adelante) o del ‘conocimiento’, estos dos grandes armazones se han convertido en un factor determinante de nuestra vida económica, social y cultural. Por lo tanto, los medios de control de la producción y difusión de la información también se han tornado vitales. Esto ha traído unas consecuencias singulares, que, dentro de sus nuevas pautas, se contraen en lo que el profesor Manuel Escudero denomina “reflexividad” y que, condensando los “aspectos guía” que marcan las distintas repercusiones, podemos ver en el Cuadro 14.
CUADRO 14

La “reflexividad” en las NTI





FUENTE: Manuel Escudero, Europa y la Globalización, Instituto de Empresa, pg. 17.
Los cambios sociales, políticos y económicos producidos por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación asoman por doquier. Me estoy acordando ahora del paseo diario por Cuenca que he dado antes de ponerme a escribir esto y, desde mi casa, en Fuente del Oro, hasta Hermanos Becerril, en un ir y volver de una hora entre las cinco y media y las seis y media de la tarde, he contado 19 conversaciones o llamadas de personas distintas por el móvil; mientras yo he recibido tres mensajes a través de éste. Aparatos que han sido manejados u operados por personas de cualquier edad y condición, desde adolescentes hasta alguna abuela con edad avanzada; y lo mismo por unos conquenses de imagen y trato familiar, que por un par de mujeres sudamericanas a las que veía primera vez.

Son solo un ejemplo más de los importantes cambios que se originan también día a día en el pensamiento sobre el desarrollo. Así, los estrategas del desarrollo ven ahora la necesidad de que los países emergentes se adapten a las TIC como una forma de evitar una marginación mayor y también como una fuerza potencial para generar nuevas oportunidades de crecimiento económico y expandir los alcances de la democracia.

En última instancia, las TIC tienen un impacto variable sobre el desarrollo socioeconómico local en diferentes regiones del mundo. Su conmoción en los países industrializados es claramente notable, permitiendo nuevas vías de producción y de trabajo e induciendo profundos cambios en los patrones de consumo, de vida y de aprendizaje123. La provisión de herramientas de gestión más eficaces para pequeñas y medianas empresas (PYMEs), la creación de nuevos puestos de trabajo mediante la reubicación de filiales de empresas transnacionales y el desarrollo de nuevos sectores de producción para los mercados de exportación son asimismo otros ejemplos de las posibilidades de las TIC.
Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información
Para situar el desarrollo de la SI en Cuenca durante 2005 me parece conveniente retroceder a la Resolución 73 de la Conferencia de Plenipotenciarios de la UIT (Minneápolis, 1998), que resolvió encargar al Secretario General de la UIT inscribir en el orden del día del Comité Administrativo de Coordinación (CAC, ahora Junta de Jefes Ejecutivos –JJE- del sistema de las Naciones Unidas), que pasó a denominarse Junta de Jefes Ejecutivos del Sistema de las Naciones Unidas para la Coordinación (CEB), la cuestión de la celebración de una Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI), e informar al ente directivo de la UIT, el Consejo, sobre los resultados de dicha consulta. El Secretario General indicó en su Informe a la sesión del Consejo de 1999, que el CAC tuvo una reacción positiva y que la mayoría de las otras organizaciones y organismos expresaron interés en asociarse con la preparación y celebración de la Cumbre. Se decidió que la Cumbre sería celebrada bajo el auspicio de la Secretaría General de la ONU, y que la UIT asumiría la intervención principal en los preparativos.

En 2001, el Consejo de la UIT decidió celebrar una Cumbre en dos etapas, la primera en Ginebra (Suiza), del 10 al 12 de diciembre de 2003, y la segunda en Túnez (Túnez), del 16 al 18 de noviembre de 2005.

Ese conjunto de documentación verifica que el dinámico proceso hacia el que está derivando el mundo actual a la SI anuncia un cambio fundamental en todos los aspectos de nuestras vidas, incluyendo la difusión de los conocimientos, el comportamiento social, las prácticas económicas y empresariales, el compromiso político, los medios de comunicación, la educación y la salud, el ocio y el entretenimiento. Nos encontramos sin duda en medio de una gran revolución, tal vez la mayor que la humanidad haya experimentado. Con el fin de poder beneficiar a toda la comunidad, el crecimiento exitoso y continuo de esta nueva dinámica requiere una discusión a nivel mundial.”124. En resumidas cuentas, ratifican las autoridades mundiales cuanto se decía al comienzo de este capítulo.

El resultado previsto de la Cumbre es la elaboración y promoción de una declaración nítida de voluntad política y un plan de acción concreto para lograr los objetivos de la sociedad de la información, que refleje plenamente todos los distintos intereses en juego. El alcance y la naturaleza de este ambicioso proyecto exigirán asociaciones estratégicas con las entidades públicas y privadas que se recabarán activamente durante los meses posteriores. En efecto, consumada la cita de Ginebra, sale de ella el 12 de diciembre de 2003 la Declaración de Principios de la CMSI: Construir la sociedad de la información: un desafío mundial para el nuevo milenio 125. Son once páginas interesantísimas, a las que me remito, no sin antes dejar constancia de los cuatro primeros puntos que dan en su “visión común de la sociedad de la información”:


“1 Nosotros, representantes de los pueblos del mundo, reunidos en Ginebra del 10 al 12 de diciembre de 2003 con motivo de la primera fase de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, declaramos nuestro deseo y compromiso comunes de construir una sociedad de la información centrada en la persona, incluyente y orientada al desarrollo, en la que todos puedan crear, consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento, para que las personas, las comunidades y los pueblos puedan desarrollar su pleno potencial en la promoción de su desarrollo sostenible y mejorar su calidad de vida, de acuerdo con los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y respetando y defendiendo plenamente la Declaración Universal de Derechos Humanos.

2 Nuestro desafío es encauzar el potencial de la tecnología de la información y la comunicación para promover las metas de desarrollo de la Declaración del Milenio, a saber, erradicar la extrema pobreza y el hambre, lograr una educación primaria universal, promover la igualdad de género y la habilitación de las mujeres, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades, garantizar la sustentabilidad ambiental y forjar alianzas mundiales en favor del desarrollo para lograr un mundo más pacífico, justo y próspero. Reiteramos asimismo nuestro compromiso para con el logro del desarrollo sostenible y las metas de desarrollo convenidas, que se señalan en la Declaración de Johannesburgo y en el Plan de Aplicación del Consenso de Monterrey, y otros resultados de las Cumbres pertinentes de las Naciones Unidas.

3 Reafirmamos la universalidad, indivisibilidad e interrelación de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales, incluido el derecho al desarrollo, consagrados en la Declaración de Viena. Reafirmamos asimismo que la democracia, el desarrollo sostenible y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como el buen gobierno a todos los niveles, son interdependientes y se refuerzan entre sí. Resolvemos asimismo reforzar el respeto del imperio de la ley en los asuntos internacionales y nacionales.

4 Reafirmamos, como fundamento esencial de la sociedad de la información, y según se estipula en el Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, que este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. La comunicación es un proceso social fundamental, una necesidad humana básica y el fundamento de toda organización social. Es también indispensable para la sociedad de la información. Todas las personas, en todas partes, deben poder participar y no debe excluirse a nadie de las ventajas que ofrece la sociedad de la información.”



Los principios fundamentales de una Sociedad de la Información “para todos” manifestados en Ginebra se asientan en los puntos siguientes:





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