Juan Andrés Buedo


Convivencia, inseguridad y delincuencia



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Convivencia, inseguridad y delincuencia
El hecho de convivir con nuestros semejantes/diferentes resulta problemático desde siempre; más allá incluso del ámbito en que la convivencia tenga lugar. Se trata sin duda de un fenómeno complejo, lo cual ha determinado que diversas disciplinas hayan decidido investigarlo y tengan importantes cosas que decir al respecto. Así, mis paseos por Cuenca reservan hondas reflexiones a diversos análisis de corte sincrónico de carácter psicológico en cuanto a las vicisitudes de las relaciones humanas y a los modos que los sujetos establecen para convivir. Es fácil verificar la complejidad que este propósito conlleva. Sobra con dar dos pasos por una calle concurrida a una hora punta para ver que los sujetos convienen a regañadientes atenerse a las exigencias de la cultura, lo que significa que en absoluto están en disposición de ser consecuentes con ellas a tiempo completo. Los deseos primarios de los hombres, aquellos quizás incompatibles con el orden y bienestar colectivo, no son abolidos para siempre en la infancia, sencillamente son exiliados y se mantienen indefinidamente expectantes para alcanzar satisfacción y obtener prerrogativas ante cualquier mínima alternativa factible. Amor-odio, odio-amor en inverosímiles composiciones matizan cotidianamente las relaciones entre las personas y nos colocan en posición de confirmar que la convivencia es un asunto que trasciende las buenas y conscientes intenciones. La desconsideración de la permanente y viva influencia de la actividad psíquica inconsciente nos obstaculizará lograr una aceptable comprensión del fenómeno de la convivencia e inhibirá nuestras estrategias para abordarla.

Bueno, pues como dice la estadística, la actividad psíquica del conquense viene dominada por la buena conciencia. Esta perspectiva de análisis que otorgan las investigaciones psicoanalíticas, nos posibilita también aseverar que nadie puede reclamar excepciones, psíquicamente hablando, en esto de las responsabilidades que caben en el desafío de convivir. Más allá de que alguien postule o alegue irresponsabilidad por cualquier tipo de posicionamiento social: padre, hijo, educador, estudiante, menor, mayor, conductor, conducido, hombre, mujer, pobre, rico, etcétera. Lo que sí podemos conceder es que las responsabilidades no siempre son equivalentes o simétricas. De ahí que la nueva cultura urbana que se ha pregonado no pueda alterar negativamente el hecho éste de la buena convivencia en Cuenca, trayéndonos inseguridad ciudadana e incremento de la delincuencia. ¡Para esto no hubieran sido necesarias las transformaciones realizadas en los últimos años!

Los individuos manifiestan su conducta dentro de un medio lleno de relaciones interpersonales, en el seno de grupos y sociedades. Los sentimientos, las ideas y los comportamientos de los seres humanos no son exclusivamente el producto “determinado” de su naturaleza biológica, sino el resultado de un permanente episodio que se repite en cada generación, y por el cual la sociedad se garantiza a sí misma la supervivencia. Para que las conductas se transfieran con éxito de generación en generación, es necesario que nuestra sociedad disponga de sistemas eficaces para la transmisión de dicha cultura, y es el proceso de la socialización el encargado de dicho cometido.

Para resumir, podríamos decir que nuestras opiniones, comportamientos y hasta nuestros sentimientos, están mediatizados y hasta condicionados por multitud de factores, entre los que podemos destacar los agentes de socialización en primer lugar. Podríamos definir la socialización como el proceso por el cual, el ser humano aprende e interioriza, en el transcurso de su vida, los elementos socioculturales de su medio ambiente, los integra a la estructura de su personalidad, bajo la influencia de experiencias y de agentes sociales significativos y se adapta así al entorno social en cuyo seno debe vivir.

Mediante el aprendizaje socializador, el sujeto va captando los valores y normas de su sociedad, descubriendo y aprendiendo los comportamientos de los demás y a la vez, identificándose como miembro de su sociedad. Podríamos decir que es un proceso de interiorización de normas que, si bien por un lado es positivo e incluso imprescindible para una buena convivencia, por otro lado, tienen el inconveniente de inculcarnos valores sin que de ellos nos hallamos planteado en multitud de ocasiones, si son o no correctos, adecuados o sencillamente, si son valores asumidos por nuestra sociedad, que no tienen por qué ser igualmente asumidos por otras sociedades.

El 11 de septiembre de 2001 hizo despertar del letargo a los habitantes del mundo. Esta conmoción cataliza y despierta lo que el profesor Francisco Vanaclocha ha dado en llamar “el síndrome de vulnerabilidad”. La seguridad, hay que entender, es un concepto que tiene tanto de objetivo como de subjetivo. En el primer punto señala Vanaclocha el nivel de comparación con etapas anteriores y con otros escenarios de características similares, que, como se observa en las encuestas, nos es muy desfavorable. Y en otro nivel encontramos el de satisfacción, es decir, la percepción que las personas tienen de su seguridad. José Alberto García, jefe del servicio de desarrollo de Estadísticas Judiciales del INE, aclara ambos conceptos, basándose en que la seguridad subjetiva depende de la percepción individual de la existencia del delito y de las probabilidades de convertirse en víctima involuntaria del mismo. La seguridad objetiva es la que se desprende de las cifras “y es por ello que no suele coincidir con la que los ciudadanos tienen al respecto”.

En Cuenca ambos niveles han marcado altos grados de tranquilidad y calma en su convivencia dentro del orden y el respeto a la ley; sus gentes han vivido en una armonía tradicional, pues el desenvolvimiento cotidiano de éstas ha huido de altercados o disputas con entrada en dominio de lo penal, marginando la delincuencia, en contra de ese tópico injusto e indocumentado de “Cuenca, la ciudad del crimen”, que supo enterrar definitivamente Pilar Miró, a través de su cruda película.

Los ciudadanos quieren que los problemas de su Ciudad se resuelvan en el ámbito político de su Ciudad, el ámbito que les resulta más cercano. Y, cuando se dice esto en relación a la seguridad, evidentemente no se habla de los grandes problemas de la seguridad del Estado (narcotráfico, terrorismo, delincuencia organizada...). Se habla de los pequeños problemas que afectan más directamente a la seguridad y la convivencia en la Ciudad: pequeña delincuencia, violencia de género, problemáticas de jóvenes y menores, conflictos sociales, problemas de convivencia, etc.

Resulta una tarea casi imposible cuantificar el gasto público y la atención política que dedican los municipios españoles, en sentido estricto, al mantenimiento de la seguridad pública. Sin embargo, si resulta posible hacer algunas valoraciones estimativas de la contribución municipal a la seguridad pública, y entre éstas señalaremos aquí la de un sondeo aleatorio entre diferentes ayuntamientos españoles, comprendidos entre los 8.800 y 242.000 habitantes, del que se desprende una media de gasto municipal por habitante cercana a los 50 euros/año. La cantidad mínima registrada es de 25 euros y la máxima de 75 euros.

Los sistemas vinculados a la proximidad de la gestión pública, plurales y descentralizados, son los que mejor responden y permiten la ejecución de las políticas públicas de seguridad ciudadana. Solo desde los Ayuntamientos se puede desempeñar un papel crucial en la mejora, la eficacia y la eficiencia de las políticas de prevención, con el valor añadido del pleno conocimiento de la realidad social y de la evolución del fenómeno de la delincuencia. En consecuencia, pretender que desde la Administración del Estado se desarrollen programas de proximidad, supone desconocer la norma más elemental de gestión pública. Así, diversos informes han señalado que ha de ser la Administración más próxima al ciudadano y a sus problemas la que despliegue e implante políticas de proximidad, que deben desarrollarse a través de las Policías Locales, en contacto directo y estrecho con los ciudadanos y la problemática urbana, a través de las siguientes acciones:


* Desarrollar la Policía de Barrio o de Distrito, como gestores de la seguridad y de la prevención, aplicando los conceptos de integralidad y transversalidad.

* Crear unidades de convivencia, que contribuyan la prevención del delito y la mediación en los conflictos ciudadanos.

* Asumir las funciones de Policía Turística en aquellos municipios donde esta actividad constituya un modo de vida y fuente de riqueza para la ciudad.

* Liderar los programas de trabajo en coalición de prevención de la delincuencia, planificando, desarrollando e implantando las acciones en los barrios y distritos.



5. INNOVACIONES EN LA DINÁMICA POLÍTICA CONQUENSE

La defensa de la Autonomía Local, la Democracia de lo Próximo y la Financiación Municipal estable y suficiente, constituyen la agenda política permanente sobre la que se comprometió el nuevo Gobierno salido de los comicios celebrados el 14 de marzo de 2004. Así consta en las conclusiones de la I Convención Municipal celebrada por el Partido Socialista en Santiago de Compostela los días 26 y 27 de enero de 2001. Una reunión que quiso dar respuesta a estos problemas e implicar un compromiso de actuación coordinada en esta materia entre responsables políticos municipales, autonómicos, Grupo Parlamentario Socialista y demás representantes políticos e institucionales.

Ciertamente en España no se ha desarrollado -si bien parece que está en puertas, a tenor de lo que afirman los dirigentes políticos del partido en el Gobierno- de manera sustancial la vieja reivindicación del municipalismo formulada como “Pacto Local”. Al carecerse de un modelo competencial mínimo y de un modelo de financiación de las Corporaciones Locales, sigue sin darse respuesta a las peculiaridades de las ciudades, de la supramunicipalidad y de otras muchas técnicas estructurales. Por ello el PSOE se comprometió a impulsar con todas las fuerzas políticas un Acuerdo de Estado sobre los nuevos horizontes de la Autonomía Local.

Los socialistas consideran el urbanismo y, por tanto, la ordenación del territorio, como una de las principales actuaciones públicas en cuanto tiene una amplia incidencia en la vida cotidiana de los ciudadanos. Quieren conseguir desde los Ayuntamientos la mejora de los niveles de vida de los ciudadanos: desde la vivienda al medio ambiente, desde la prestación de servicios hasta el desarrollo económico. Reclaman más competencias en estas materias para poder dar respuesta a los actuales retos de la globalización, apostando decididamente por la sostenibilidad.

Traspasada esta filosofía a la ciudad de Cuenca, aquí se detecta una necesidad más inevitable de este cambio de situación. Al menos si se quiere avanzar hacia el progreso y el bienestar, se hace imprescindible alcanzar la adecuada participación, sin olvidarse ni un instante que un ayuntamiento debe ser la casa de todos los ciudadanos, donde políticos y ciudadanos puedan darse encuentro, cada uno bajo su responsabilidad de acción y competencia para elevar la prosperidad, el bienestar colectivo y la justicia social del municipio. Por esto mismo viene detectándose en distintos medios académicos –entre los que se encuentra el Equipo de Investigación Sociológica que dirijo en el Centro Asociado a la UNED de Cuenca-, políticos, económicos y sociales que la creación de unas tituladas Concejalías de Atención y Participación Ciudadana tiene que extenderse no solo al ayuntamiento de la capital, sino a todos los de la provincia de Cuenca, con la intención de que puedan servir de guía sucesiva a nuevos miembros políticos o asociativos municipales, en el mismo empeño de alcanzar un mayor control ciudadano de la gestión local y mayor intervención en los asuntos públicos.

Si quieren modernizarse las estructuras sociales y económicas de la provincia de Cuenca, esto requiere configurar agrupaciones de participación ciudadana en el mayor número posible de sus ayuntamientos, con la disposición de medios suficientes, orgánicos y materiales, para incentivar, en un principio, la participación y que esa oferta cree una demanda de derechos, información, opinión e intervención, que obligue a los representantes políticos a contar con ello en su actividad diaria. Así lo propuse en un proyecto que elaboré para las que pretendían ser unas I Jornadas Estratégicas para el Desarrollo Sostenible de Cuenca48, desde la observación de las carencias en este territorio de los armazones idóneos que utiliza la gestión administrativa de vanguardia, adoleciendo de muchas carestías por causas emplazadas en la deficitaria organización y en los imperfectos dispositivos o servicios encargados del funcionamiento de muchas de sus entidades. Esas jornadas habían sentado su objetivo principal en divulgar y cooperar a la implantación del denominado “buen gobierno local”, del que me acuerdo reiteradamente en mi recorrido sociológico por nuestra Ciudad.

El buen gobierno local, según determinan las mejores experiencias españolas e internacionales, se caracteriza por:


  • un liderazgo político gerencial, que está formado, en verdad, por equipos de líderes que se suceden en el ejercicio del poder, dando continuidad a una estrategia de acción política de largo plazo;

  • la existencia de equipos técnicos de trabajo de buen nivel profesional y relativo bajo grado de politización (de “partidización”, mejor dicho), acompañada de una política de desarrollo de recursos humanos que sustenta una diferenciación clara entre los niveles políticos de decisión y los niveles técnicos de operación y ejecución;

  • la capacidad de la administración municipal para abrirse a la ciudadanía y agentes sociales, mediante políticas claras y mecanismos de participación y formación de capital social, y,

  • la capacidad para establecer alianzas con agentes públicos y privados e instituciones nacionales e internacionales, de manera que puedan canalizarse nuevos recursos, inyectando simultáneamente energías e iniciativas frescas, en aras de unos bien diseñados objetivos del desarrollo o desenvolvimiento local.

El buen gobierno local, como concepto de gestión, descansa más sobre una idea gerencial y emprendedora de la acción pública que sobre conceptos meramente administrativos y legales. La idea clave es que el gobierno local debe desarrollar capacidades proactivas o de anticipación a los procesos sociales, cosa que está por verse aún con claridad en la ciudad de Cuenca. Del mismo modo, los buenos gobiernos locales deben poseer un gran potencial de aprendizaje, cuya expresión concreta son las políticas de profesionalización del personal y de desarrollo de los recursos humanos. Todo esto se traduce institucionalmente en municipios que aprenden y, por tanto, se adaptan y reaccionan positivamente a los cambios del entorno.

Los buenos gobiernos locales tienden a reemplazar las prácticas políticas tradicionales por estrategias de desarrollo de largo plazo que van más allá de un periodo de administración. Del mismo modo, al hacer parte tanto a la ciudadanía como a las instituciones públicas y privadas en el proceso de diseño y gestión de las políticas públicas inciden en las conductas de la gente, dando lugar a una cultura cívica renovada y a prácticas de acción social basadas en la cooperación y las alianzas interinstitucionales.

Esas Jornadas pendientes asentaban otro objetivo complementario fundamental en alcanzar estrategias integrales de desarrollo, donde el componente económico y el social logran una dimensión de eje central. Las consideraciones para justificar este reconocimiento son que la estabilidad, la sostenibilidad y la gobernabilidad del proceso político local necesitan de bases económicas sólidas y estables. Y esto, dados los constantes cambios del entorno nacional e internacional, no se consigue de una vez para siempre, sino que es una adquisición que se desequilibra constantemente por la acción competitiva de otros territorios y ciudades. Existe, luego, una concepción central y una colección de instrumentos de política para el desarrollo local, claramente observables en distintos casos49.

Frente al pasado reciente y una actualidad conquense en la que todavía gran parte de sus empresas adquieren un tipo de crecimiento que controlan y montan en alta proporción el proceso productivo a su interior, paulatinamente el cuerpo empresarial, lo mismo de la capital que del conjunto de la provincia, tiene que abrirse a la modalidad de la alta especialización, en que las unidades productivas autosuficientes son sustituidas por redes de empresas articuladas entre sí para desarrollar las diversas fases o aspectos del proceso productivo. Es la idea de los clusters o racimos. Estos racimos articulados de empresas necesitan, por tanto, de servicios mucho más complejos que en el pasado. No basta con la simple provisión de apoyos esenciales: infraestructura, energía, caminos y mano de obra, más o menos cualificada. Hace falta ahora la provisión de servicios superiores como la información, los servicios financieros, el marketing o un suministro constante de apoyos para establecer un flujo de innovación tecnológica y productiva. Los mismos servicios de capacitación no deben apuntar a desarrollar sólo capacidades técnicas, sino, en especial, a fortalecer las capacidades emprendedoras y de gerencia de las empresas.

Por lo tanto, la puesta en práctica de una estrategia de desarrollo sustentable, incluyendo los componentes económicos capaces de generar la suficiente sostenibilidad y capacidad de adaptación al territorio conquense, dotando a éste de un fuerte componente productivo, no puede ser realizada en ninguna circunstancia por un conjunto limitado de agentes, sino que necesita una articulación mayor en torno a la red de empresas productivas propiamente tales. Es decir, en torno a ese cluster de empresas debe desarrollarse una red de apoyos públicos, privados, académicos y no gubernamentales destinados a sustentar dinámicamente la continuidad del proceso de desarrollo económico en el tiempo. Aquí ha de implantarse una dinámica batería de instrumentos de acción, entre los que podemos destacar –entresacados del Instituto Internacional de Gobernabilidad- el amplio manojo siguiente:




  • Planes estratégicos de desarrollo económico, ambiental y social;

  • “Asociativismo” municipal, para potenciar la capacidad de varios municipios y alianzas con otros niveles del Estado regional y central;

  • Alianzas público-privadas, para asociar a los agentes públicos con los agentes privados y no gubernamentales;

  • Parques industriales de diverso concepto y generación;

  • Incubadoras clásicas para apoyar a pequeñas empresas tradicionales e incubadoras innovadoras, para estimular a empresas con tecnologías de punta;

  • Programas de extensión y apoyo técnico a las empresas medianas y pequeñas en asociación, a menudo, con las instituciones académicas;

  • Investigación para la innovación productiva, en alianza con las instituciones académicas o, incluso, con empresas regionales, nacionales y hasta internacionales;

  • Servicios e instrumentos de financiamiento, de modalidad y costos razonables adaptados a cada tamaño y tipo de empresa;

  • Servicios de apoyo para la comercialización y el mercadeo de los productos;

  • Formación diferenciada de recursos humanos técnicos y gerenciales;

  • Instrumentos de promoción del territorio y de los productos allí generados reales por medios reales y virtuales.

Esta batería de instrumentos, su adaptación y la forma de utilizarlos es, por sí sola, un desafío de exploración, difusión y formación. Se hace necesaria toda una gestión del conocimiento acumulado de modo que éste se disemine lo más rápido y fluidamente posible y con costos razonables. Viéndolo de esta forma, las enunciadas I Jornadas fueron diseñadas como un eficaz proceso, capaz de solventar el mayor número posible de los interrogantes que suscitan el cambio social que se avecina en Cuenca, como bien intuyen sus formaciones políticas, los sectores económicos más emprendedores, los institucionales más renovadores o los ámbitos con mayor crédito dentro de la sociedad provincial.



ACTUACIÓN PLURIDISCIPLINAR EN EL DESARROLLO SOSTENIBLE LOCAL DE CUENCA
Según demuestra el Master en Sostenibilidad que ofrece la Cátedra UNESCO de la UPC (Universidad Politécnica de Cataluña), la sostenibilidad es una propuesta que nace a finales de los 80, evoluciona y comienza a madurar en la década de los 90 y que las primeras décadas del siglo XXI han de hacer posible como respuesta a los principales retos de la humanidad.

Un programa de esta naturaleza debe partir de un análisis del estado del mundo (que sólo puede ser pluridisciplinar y desde el punto de vista de los límites y los desequilibrios de los actuales modelos de desarrollo de la vida humana sobre la tierra), de sus viejas (países empobrecidos, papel de la tecnología) y nuevas realidades (globalización, nuevas tecnologías), y de sus viejos (justicia, ética) y nuevos retos (medio ambiente, diversidad cultural) para que, como mínimo, el esfuerzo por éstos continúe siendo posible en el futuro.

El examen de esa oferta formativa me ha convencido de la necesidad de plantear "el análisis pluridisciplinar del estado del mundo y el desarrollo sostenible", que debe llevar hasta algunas de las principales vías instrumentales, tecnológicas, etc. que han de hacer posible un nuevo desarrollo humano sostenible: las "agendas 21 para un desarrollo sostenible" (como programas de acción para la sostenibilidad) y "la energía y la sostenibilidad" (con la renovación, la descentralización y el ahorro como opciones imprescindibles).

La aceleración con que se viven y vivirán todos estos temas hace ineludible una mentalidad y unas herramientas que permitan realizar y basarse en estudios holísticos de "prospectiva, sistémica y modelado de sistemas socionaturales". Y Cuenca debe estar preparada también para ello, sin poder olvidar que la educación, la cooperación y la gobernabilidad son, sin duda, los tres pilares básicos de cualquier implementación transformadora de modelos de desarrollos alternativos en pro de un desarrollo humano sostenible. Ahora bien, el término "desarrollo sostenible", que se utiliza frecuentemente en la sociedad de hoy día, ¿sabemos realmente lo que significa? El desarrollo sostenible encarna la garantía de una mejor calidad de vida para todas las personas, tanto en la actualidad como en el futuro. El concepto se formuló por primera vez en 1987 en un documento conocido como el Informe Brundtland, donde se describió como “desarrollo que cubre las necesidades del presente sin poner en peligro la posibilidad de que futuras generaciones puedan cubrir sus propias necesidades”.

La Conferencia Internacional sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Río de Janeiro, 1992) supone la adopción de una estrategia global (Agenda 21) que reorienta la Educación Ambiental como instrumento al servicio del desarrollo sostenible. Educación, concienciación y capacitación son las tres grandes áreas sobre las que se constituye el nuevo marco de acción a escala mundial. Agenda Local 21 es un Plan de Acción Ambiental promovido y desarrollado por autoridades locales en pro del desarrollo sostenible de su comunidad, es un “compromiso de actuar hacia la mejora ambiental continua del municipio”.

Desarrollo sostenible local es... La mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas de un municipio de tal modo que se integre:


  • La supervivencia y respeto por el entorno (Sostenibilidad Ambiental)

  • La necesidad de equidad o justicia social (Sostenibilidad Social)

  • El equilibrio económico (Sostenibilidad Económica)

El concepto de Agenda Local 21 tiene su origen en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo o “Cumbre de la Tierra” en Río de Janeiro (Brasil, Junio de 1992). En esta cumbre se adoptó la “Agenda 21” (o Programa 21), el plan de acción global hacia el Desarrollo Sostenible. El Capítulo 28 de la Agenda 21, titulado “Iniciativas de las Autoridades Locales en apoyo a la Agenda 21” declara:



  • [...] Las autoridades locales ... en su carácter de autoridad más cercana al pueblo, desempeñan una función importantísima en la educación y movilización del público en pro del desarrollo sostenible

  • [...] Para 1996, la mayoría de autoridades locales de cada país deberían haber llevado a cabo un proceso de consultas con sus respectivas poblaciones y haber logrado un consenso sobre una “Agenda 21 Local” para su comunidad.

A partir de este acuerdo se desarrollan políticas y programas que llevan a miles de autoridades locales en todo el mundo a implicarse en procesos de Agenda Local 21. Cabe destacar el liderazgo europeo y en especial la Campaña Europea de Ciudades y Pueblos Sostenibles que agrupa a más de 1200 autoridades locales que trabajan por el desarrollo sostenible de sus municipios. Y así fue demostrado por la consejera castellano-manchega de Medio Ambiente, Rosario Arévalo, cuando instó el 6 de abril de 2004 a los ciudadanos de esta Comunidad autónoma a trabajar para lograr la sostenibilidad, es decir, a “buscar el equilibrio entre el desarrollo de nuestras ciudades, el desarrollo territorial y el respeto al medio ambiente”, algo que, según subrayó, “no es una moda sino una necesidad”.

Es por eso que la consejera apostó por la educación en valores como una herramienta fundamental para modificar las actitudes de respeto al medio ambiente, un ámbito en el que, añadió, “es necesaria la participación no sólo de las instituciones sino de la población en general”. Arévalo hacía estas manifestaciones tras la firma del convenio de Ciudades Sostenibles en la provincia de Ciudad Real, en la que han participado los ayuntamientos de Alcázar de San Juan, Ciudad Real, Puertollano, Tomelloso, Valdepeñas y la Asociación Guadiana Mancha.

Así, la consejera destacó el “papel dinamizador” de los ayuntamientos ya que, según explicó, se trata de un convenio voluntario que ellos mismos demandan. “Todos los alcaldes que hoy están aquí lo están por propia iniciativa, sensibilidad e interés por modificar hábitos hacia un desarrollo sostenible”, recalcó.

El proyecto de Ciudades Sostenibles se gestó en 1991 teniendo en cuenta las necesidades de los municipios en el área de promoción de la salud para posteriormente ampliarlo al ámbito de la salud ambiental. Empezó con 9 ciudades, tres de ellas de Ciudad Real, lo que suponía el 33% de la población de la región. Hoy se ha pasado a 98, el 53% de la misma.

Del mismo modo, la Red de Ciudades Sostenibles se constituyó en 2002, en el seno de la Federación de Municipios y Provincias de Castilla-La Mancha. Su objetivo era recoger los principios establecidos en la Carta de Aalborg y trabajar, por tanto, en la implantación y desarrollo de la denominada Agenda Local 21.

Los resultados que se estaban obteniendo a través de estas dos redes eran satisfactorios, pero tras constatarse la estrecha relación entre la salud de la población y la calidad del entorno en el que vive, se optó por sumar esfuerzos y trabajar desde una sola red que en la actualidad forman 147 municipios, 98 saludables y el resto sostenibles. En este sentido, la consejera señaló que han sido muchos los logros obtenidos, entre los que destacó el incremento de la sensibilización y la educación de la población. Por último, y a preguntas de los periodistas, afirmó que seguirá trabajando en otros ámbitos como el ruido, el agua, sobre todo en lo concerniente al consumo humano, la separación de residuos y en dar a conocer la legislación medioambiental: “vamos a establecer asesorías para tener experiencias y para facilitar a los ayuntamientos que cumplan con ésta”.

El día siguiente, o sea, el 7 de abril de 2004, Rosario Arévalo anunció que los coordinadores de la Red de Ciudades Sostenibles de Castilla-La Mancha trabajarán a partir de este año en hacer más entendible la normativa en materia medioambiental y poder así actuar “con los menos trámites posibles”. Suscribió durante esa fecha en Cuenca con los alcaldes de la Capital, Mota del Cuervo, Las Pedroñeras, Uclés, Motilla del Palancar, San Clemente, Tarancón y los presidentes de la Mancomunidad El Záncara y ADIMAN sendos convenios de colaboración destinados a impulsar ese proyecto de la Red de Ciudades y Pueblos Sostenibles de Castilla-La Mancha.



Entre las distintas actividades de esta Red se encuentra la “sensibilización” sobre la necesidad de armonizar el progreso de los respectivos municipios con el respeto al entorno que les rodea, un trabajo al que debe sumarse la variada labor de formación, que se halla precisada de una mayor y sistemática difusión, a través de un sistemático proceso de integración medioambiental, al cual se ajustaba la metodología de las I Jornadas Estratégicas para el Desarrollo Sostenible de Cuenca, puesto que, conforme a la mentada dirección, tenían previsto terminar con una concisa –pero bien madurada- evaluación de los referidos convenios suscritos en Cuenca, que, como explicó la titular de Medio Ambiente de la Junta, pretenden que las Administraciones Locales comprometidas puedan financiar el personal o actividades que consideren pertinentes, para propiciar el desarrollo sostenible de sus municipios, y puedan trabajar también en la elaboración de la Agenda 21 Local. Las principales tareas que asoman dentro de la confección de ésta en nuestra ciudad las revisaremos unas páginas más adelante.


Ahora, el emplazamiento de una recapitulación pluridisciplinar del desarrollo sostenible aquí nos enfoca a ver los pros y los contras de un tema de discontinua, pero intermitente actualidad, como es el de la peatonalización de Carretería. Frente a posturas preconcebidas, los estudios más ceñidos a la objetividad50 hablan de que el pequeño comercio (o si se quiere, comercio de cercanía, o de barrio) ha sido uno de los sectores sociales que tradicionalmente ha mostrado una mayor oposición a todo tipo de actuaciones favorables a los desplazamientos peatonales, en bicicleta y en transporte público (peatonalizaciones, habilitación de vías ciclistas, carriles-bus, etc.). En el caso de las operaciones de peatonalización ha sido habitual que la inicial postura de oposición de este sector se haya transformado en un apoyo a las mismas (en ocasiones, incluso entusiasta), una vez que perciben palpablemente los beneficios que les reporta (aumento de las ventas y del volumen de clientes, mejora de la calidad ambiental, revalorización del suelo comercial, etc.).

De hecho, existen amplias dudas también en Cuenca por parte del sector de los pequeños comerciantes, que siguiendo a sus homólogos del continente, vuelven a ser los máximos paladines de actuaciones de creación de nuevas plazas de aparcamiento en rotación en zonas urbanas centrales, que luego inciden negativamente, y de manera casi irreversible, en las condiciones de acceso y de estancia de la mayor parte de los ciudadanos. Edorta Bergua, en un trabajo publicado en el n. 34 de la revista “Sin Prisas”, de julio de 2001, comprende que estas reticencias, ante actuaciones novedosas y de las que se desconocen sus eventuales consecuencias en el sector comercial, son comprensibles (y más aún ante la gran competencia que suponen las grandes superficies comerciales), y exige afinar la estrategia y el talante por parte de quienes apuestan por modelos de movilidad sostenibles. Sin duda, la importancia de este sector viene dada por la fuerte presión que ejerce ante el nivel político, dado su peso en la vida social y económica de numerosas localidades, no tan solo de Cuenca. Sin embargo, la experiencia acumulada de distintos sitios en los que se han ido implantando actuaciones favorables a los medios de transporte sostenibles muestran que es necesario y posible establecer alianzas entre el pequeño comercio y la mayoría de sus clientes, los peatones, ciclistas y usuarios/as de los transportes colectivos.



De hecho, un estudio realizado en 37 ciudades alemanas por el organismo de investigación de la Unión de Ciudades Alemanas (Deutsches Institut für Urbanistik) demostró que la vitalidad del entramado comercial de las zonas céntricas urbanas no era dependiente de la oferta de aparcamientos para automóviles, y que la prosperidad comercial era mayor en aquellas ciudades en las que predominaban los desplazamientos peatonales, en bicicleta y en transporte público. Otra investigación llevada a cabo en Lucerna (Suiza) en 1996 mostraba que la puesta en vigor de restricciones de acceso al centro urbano en automóvil se tradujo en un aumento de los desplazamientos del 9%, y que podía aumentar al 16% si aquéllas fueran acompañadas de mejoras en la oferta de transporte público y en la movilidad peatonal y ciclista. Frente a la imagen estereotipada y muy arraigada en el sector comercial de que la mayor parte de los clientes del comercio acuden a realizar sus compras en coche, los estudios empíricos realizados indican que en muchas ocasiones ocurre justamente lo contrario. Otro estudio más próximo realizado en San Sebastián mostraba claramente que en todas las zonas de la ciudad analizadas es el coche el modo de desplazamiento que menos utilizan los clientes del comercio tradicional donostiarra. Incluso en la zona centro, que es la que tiene un porcentaje mayor (44%) de clientela procedente de fuera de la ciudad, tan sólo un 28,3% de los clientes del comercio tradicional acude en automóvil. Y otra serie de puntualizaciones empíricas permiten a Bergua concluir que “optar por favorecer al peatón, al ciclista y al usuario de los transportes públicos significa asimismo revitalizar el pequeño comercio. Cuanto menos se utilice el coche más compras se realizarán en los comercios de los barrios, y los ciudadanos dispondrán de más capacidad de gasto o de ahorro”. Entonces, queridas autoridades de Cuenca, ¿vamos a ello? Yo creo que sí, porque la alternativa estratégica sacada de diversos países europeos nos muestra que potenciar aún más el uso del automóvil en el centro significa perjudicar la baza de calidad urbana que puede ofrecer frente a las grandes superficies de la periferia urbana. Mis paseos por Cuenca vuelven a notar esto más de lo que quisiera, porque me hacen recordar anécdotas de toda especie que ponen en mi memoria lamentos salidos de decisiones sobre la movilidad que han apoyado los propios comerciantes durante años lanzando literalmente piedras contra su propio tejado, en lugar de reconducir nuestras pautas de desplazamiento hacia un modelo menos dependiente del automóvil.
Coherencia política en el “desarrollo sostenible”
Desarrollo sostenible surge como una expresión “políticamente correcta” y de concordia con la clara finalidad de reconciliar, en el ámbito aparentemente superficial de la semántica, y de forma calculadamente ambigua, dos términos en gran parte irreconciliables, sobre todo, si se entiende el desarrollo, explícita o implícitamente, como crecimiento económico, con todo lo que inevitablemente implica en forma de costes ambientales, alteraciones ecológicas y externalidades económicas.

La elaboración de una Estrategia de Desarrollo Sostenible con ambición de ser horizontal y afectar a las políticas sectoriales, sólo tendrá sentido si existe una clara voluntad política de llevarla a cabo. Existen experiencias recientes de ámbito más concreto como la de biodiversidad o la forestal que, tras un intenso trabajo de elaboración, han sido archivadas en un cajón, sin que sus objetivos se reflejen posteriormente en la realidad. Uno de los pilares básicos del desarrollo sostenible es la transparencia y la participación social en la elaboración y el posterior desarrollo de las políticas.

El concepto de desarrollo sostenible ha sido propuesto por la ONU y está actualmente considerado como uno de los ejes de la estrategia de futuro de la Unión Europea. Así lo recogía en las Conclusiones de la Cumbre Unión Europea – América Latina y Caribe, celebrada en Madrid en mayo de 2002. En materia de desarrollo sostenible todos los agentes están llamados a colaborar en su consecución. Si bien los acentos iniciales se han concentrado en la responsabilidad de las grandes organizaciones empresariales y públicas, en los últimos tiempos están cobrando protagonismo las pequeñas y medianas empresas y de la Economía Social y las organizaciones civiles como agentes de desarrollo sostenible. Ello es debido a la participación, muchas veces no suficientemente reconocida, de estas organizaciones en la generación de riqueza y el empleo del país, con un alto compromiso con su entorno local.

La consejera de Medio Ambiente, Rosario Arévalo, firmó el 6 de marzo de 2005 convenios de colaboración con varios de los municipios de Cuenca, que forman parte de la Red de Ciudades y Pueblos Sostenibles de Castilla-La Mancha, para fomentar distintos programas y actividades de educación y sensibilización ambiental. Acompañada por la directora general de Desarrollo Sostenible y Educación Ambiental, Mercedes Mayoral, y responsables municipales de Cuenca, Tarancón, San Clemente, Mota del Cuervo, Motilla del Palancar, Las Pedroñeras, y los presidentes de los grupos de acción local ADIMAN, ADIMMAC y la Mancomunidad de El Záncara, la consejera explicó que estos convenios de colaboración permitirán, además de la realización de actividades, el mantenimiento de los denominados “coordinadores de ciudades sostenibles”. Esa Red, como recordó la consejera, tiene como objetivo prioritario la implantación de la Agenda 21 Local, y de cara a este fin soy de la opinión de aquélla en cuanto a estimar la importante labor de los coordinadores y técnicos de la Red, así como de los alcaldes y responsables municipales, ya que “no debemos olvidar que las corporaciones locales son las más cercanas a los ciudadanos y ciudadanas y conocen las inquietudes y necesidades de sus vecinos para conseguir una mejor calidad de vida”.

El alcalde de Cuenca, José Manuel Martínez Cenzano, agradeció ese día, en nombre de todos los responsables municipales, la colaboración económica de la Junta de Comunidades, e indicó que la clave del desarrollo sostenible está en el fomento de la educación ambiental. También dijo que cualquier inversión destinada a este concepto “garantiza la continuidad de la civilización”.

No negaré, tras lo observado, que existe primaria y teóricamente la coherencia política demandada en esas palabras. Pero luego los hechos y andanzas oficiales no se ajustan siempre a éstas, sobre todo porque se va muy lentamente en la puesta en marcha.

Sin embargo, en España existen acciones encaminadas a la ejecución de la Agenda 21 repartidas por todo el territorio nacional51, que permiten imprimir una dinámica más veloz y ejemplarizante. Para ésta sostengo y defiendo que las “buenas prácticas” pueden sacar a la luz el empleo de una serie de instrumentos fundamentales para la elaboración de las Agendas 21, entre las que se hallan las llamadas ecoauditorías municipales. Éstas pretenden dotar a los municipios de una herramienta eficaz, concreta y operativa, que sirva para favorecer el desarrollo de las capacidades económicas locales, basándose en la utilización sostenible de los recursos (DVA, 2002). La encuesta municipal de Medio Ambiente (EMMA) es un instrumento de gran ayuda en la etapa de análisis y diagnóstico territorial52.

Javier Martínez Vega y María Asunción Martín Lou53, miembros del Departamento de Geografía del Instituto de Economía y Geografía del CSIC son otro soporte especializado que sirven de ayuda notable para encarar esa implementación, ya que como ellos destacan “para afrontar el nuevo siglo, la comarca gozará de una ordenación temporal y espacial de la intervención integrada y coordinada de las administraciones para mejorar el medio ambiente”. A tal efecto, el método de trabajo utilizado para la formulación de su propuesta parte de un marco general interpretativo de las relaciones entre sociedad y medio ambiente de la comarca, que se fundamenta en tres pilares esenciales: en primer lugar, la recogida y sistematización cartográfica, evolutiva, conceptual y estadística de la información necesaria; en segundo lugar, el diagnóstico y prioridad de las problemáticas y, en tercer lugar, la definición de objetivos para cada problemática prioritaria así como la concreción de las opciones y estrategias básicas para alcanzar los objetivos fijados. La efectividad y la verdadera fuerza de cualquier agenda reside en la asunción, por parte de la mayoría de los agentes sociales de la comarca, de sus objetivos, estrategias y propuestas de actuación; por ello uno de los ejes básicos para asegurar el cumplimiento de los compromisos de la Agenda es el plan de comunicación. Bueno pues en la elaboración de éste los geógrafos, los politólogos especializados en Ciencia de la Administración, junto a arquitectos, urbanistas, etc. han de realizar la ya comentada actuación pluridisciplinar con el objeto asegurar, desde un principio, el conocimiento de las características ambientales esenciales de la comarca, la difusión de las mismas y la participación de los ciudadanos en la elaboración de la Agenda de actuaciones. Este plan se fundamenta y se activa sobre tres pilares básicos: el contacto permanente con los medios de comunicación, la realización de jornadas de debate específicas y el funcionamiento de una web de la Agenda 21. Son fundamentos que han de estar activos durante todo el proceso de elaboración y aprobación de la Agenda, facilitando –vuelvo a reclamar ésta otra vez, en contra de lo que se está haciendo- la participación ciudadana.

El sociólogo Julio Alguacil54 asiste a esta última interpretación también, cuando reivindica la importancia del tercer sector (la sociedad civil y lo comunitario) a la hora de definir el concepto de calidad de vida desde la sostenibilidad. Metidos en estos derroteros hay que introducirse en el Área de Ciudad y Entorno Natural, que es concebida, las más de las veces, como una forma de “maquillaje” verde. Implica éste un enfoque que allá por 1997 Fernando Parra denominaba “intrínseco”, al referirlo a la relación local (del área urbana de que se trate) e interna de la estructura y la integración de zonas naturales, áreas verdes, asilvestradas, seudorurales, etc., en el propio diseño urbano. Es un aspecto nuevo sólo en su formulación actual, que trata de “ruralizar” (o rurizar) la ciudad como propugnaban los viejos higienistas y los excelentes urbanistas apresuradamente calificados de utópicos (Ildefonso Cerdá o Arturo Soria, entre los españoles) en contra de la tendencia económica preponderante de “urbanizar” los ámbitos rurales (urbanizar en su sentido más amplio y etimológico, de transferir los usos y demandas urbanas al “campo”, incluyendo, claro está, la urbanización propiamente dicha: la conversión del campo en ciudad o, lo que es mucho peor, en burdos remedos de ciudad: las urbanizaciones).

No es difícil argumentar que la sostenibilidad -o, al menos, sus tentativas- se alinea con la opción de ruralizar la ciudad, y se contradice con la de urbanizar el entorno rural; puesto que los procesos físicos (ecológicos) esenciales de mantenimiento de los sistemas (ecosistemas) a nivel local, regional y global, dependen de la existencia “liberada” de esos territorios de “matriz” no ocupados, dedicados a las tareas protectoras (con la terminología de los técnicos forestales para referirse a funciones de los bosques o montes no de estricta producción monetaria, pero de igual o mayor interés económico en su sentido profundo) de “producción” de aire y aguas limpias, de control de suelos, ciclo hídrico, etcétera.

Rurizar o ruralizar la ciudad no implica tampoco y solamente plantar árboles o crear jardines o áreas y parques semirurales, sino otro tipo de acciones más discretas pero igualmente eficientes –aunque vendan menos votos- tendentes, por ejemplo, a disminuir la función de bomba de calor, la disminución igualmente del efecto albedo, el incremento de la infiltración frente al drenaje directo o la escorrentía (lo que a su vez supone aumentar los suelos permeables frente a las superficies impermeables; o dicho de otra forma, volver en muchos casos al casi unánimemente odiado suelo terrizo frente al asfalto, los enarenados en lugar del empedrado, etc.), una relación más favorable de la evapo-transpiración, la no intercepción de vientos limpiadores, etc., etc.

El paso del tiempo, desde el punto de vista político, en contra de lo captado por los medios de comunicación locales –recogiendo simples declaraciones del edil de turno, que prácticamente nunca es en Cuenca la concejal de urbanismo y demasiado a menudo aparecen ahí las repentinas e impensadas palabras del alcalde-, dispone de valores añadidos a las áreas verdes (formas de ajardinamiento del pasado: jardines clásicos, histórico-artísticos; o bien arbolado de época) imposibles de improvisar55. Lo cual quiere decir que sería conveniente que el diseño de esas áreas de nueva creación, contra lo que está sucediendo ahora mismo en 2005 en las parcelas nacientes que se están edificando ya en la Carretera de Valencia, en un extremo, o en la “apertura al cementerio” (salida a Madrid), por el otro, estuviera inspirado por criterios más objetivos y elegidos sus emplazamientos por algo más que la mera oportunidad en la disponibilidad de terrenos.

No hay coherencia política en esto. El establecimiento de toda nueva área verde debería ser, por tanto, una oportunidad para completar una trama verde urbana interna diseñada para ser operativa en su conjunto y sobre el conjunto urbano. La Biología de la Conservación como ciencia aplicada a los Espacios Naturales, pero perfectamente aplicable igualmente a estos casos, y en especial los modelos extraídos de la biogeografía peninsular permite establecer una serie de criterios que a veces son percibidos intuitivamente, pero nunca tenidos expresamente en cuenta; en concreto dos:


  1. El tamaño (área o superficie) viable, de forma que muchas isletas y ajardinamientos de hecho no son operativos mas que sobre la cartografía de planeamiento, así como pasillos verdes excesivamente estrechos.

  2. La interconexión por medio de corredores de las nuevas y viejas áreas entre sí que permitan un efecto de archipiélago del conjunto.

Junto a lo anterior, relativo al tamaño, escala relativa e interconexión, que nos proporcionaría un primer indicador de su viabilidad y de su virtualidad, existen criterios de diseño, en el sentido, sobre todo, de incremento de la complejidad y con ésta la puesta en práctica de una actuación pluridisciplinar en el desarrollo sostenible de Cuenca. ¡Qué bien vendrían esas I Jornadas Estratégicas para el Desarrollo Sostenible de Cuenca! ¿Verdad? Pero, claro, falta como en tantas cosas la voluntad política de celebrarlas. No obstante, aunque no vendan de cara a la galería como otros actos (puestas de “primera piedra” u otras convocatorias para la foto con “nutrida representación de la sociedad conquense” –los cuatro cargos de siempre-), son mucho más eficaces y efectivas, pues permiten evitar errores posteriores. Así, por ejemplo, debo referirme a las obras para la mejora del río Huécar, con un presupuesto inicial de 780.000 euros y un plazo de ejecución de 9 meses. El proyecto, al detalle (presentado el 15 de abril de 2005), contempla numerosas actuaciones de carácter hidráulico y medioambiental, pero se ve afectado por quiebras y omisiones que le hacen estar cojo en sostenibilidad. Dentro de “x” años, por tanto, tendrá que hacerse una dotación presupuestaria complementaria para ajustarlo a la Agenda 21 Local que se elabore para la Ciudad. O sea, y por enésima vez, hay que señalar un rasgo más de incoherencia política y de carencia de dinamismo en la gestión pública conquense. Al escribir esto, mi deseo de cambio se acuerda de las tierras sevillanas y, en concreto, del proyecto de Integración urbana del río Guadalquivir; Ayuntamiento de Sevilla”, porque no quisiera ver plasmados también en Cuenca y en su “río chico” errores de artificialidad, haciendo todavía más frágil el sistema fluvial a su paso por la ciudad: menos sostenible, en cualquier caso. Probablemente y de momento, Cuenca pueda permitírselo, pero, como ya se ha insinuado genéricamente, a costa de transmitir la degradación aniquilada “in situ” a otras zonas.



HAGAMOS LAS COSAS “CONSERVANDO EL FUTURO”: LA AGENDA 21 LOCAL
Dentro de las negociaciones de la Carta de Aalborg56 se dispuso la necesidad de la actuaciones a nivel local en aras de conseguir la compatibilidad entre el medio ambiente y el desarrollo social y económico de las ciudades, de acuerdo con el mandato establecido en el capítulo 28 del Programa 21 aprobado en la cumbre de Río de Janeiro en junio de 1992.

Su finalidad es conseguir un mundo justo, habitable, compartido, fértil, próspero y limpio. En junio del año 2000 más de 230 municipios españoles habían firmado ya el compromiso de adhesión a la Carta de Aalborg y habían iniciado el desarrollo de la Agenda 21 Local.



Para desarrollar la Agenda 21 Local es necesaria la aplicación de dos instrumentos:

  • Auditoria Medioambiental

  • Un Plan de Participación Social


Geoscopio nos ofrece unas Guías Sectoriales para Profesionales que los políticos –primeros comprometidos en que Cuenca posea cuanto antes esta Agenda, demasiado demorada en este municipio- y después los técnicos (que poseen los prontuarios convenientes de Medio Ambiente para cubrir pronto esta oquedad) no deberían ignorar si estuvieran más preocupados por conservar el futuro y entregárselo en un estado de buena conservación a las generaciones futuras. Esta es la causa de transferir en el Cuadro 4 la aclaradora portada de la Biblioteca Medioambiental57 que tiene dispuesta en Internet para la Agenda 21 Local. Quiero con esto denotar que la falta de dinamismo político de esta materia encontrada en Cuenca en medio de 2005 es ilógica y desatinada. El único motivo está más en pasar por alto las ganas de trabajar ordenada y diligentemente que en una dificultad objetiva de elaborar inmediatamente esta agenda.
CUADRO 4

Este esquema, elevado intencionadamente a la parte alta de la jerarquía política, debe ser completado didácticamente al amable lector de esta página, para que obtenga un conocimiento mínimo de los dos instrumentos, arriba citados, que se determinan como esenciales en el impulso de una Agenda 21 Local. La Federación de Municipios y Provincias los tiene recogidos como instrumento de gestión para el desarrollo sostenible a nivel local y que se presentan sintetizados asimismo, a modo de esquemas, en el Cuadro 5.



CUADRO 5

Desarrollo de la Agenda 21 Local

Auditoria Medioambiental (AM)58

  1. Diagnóstico: el primer paso de la AM consiste en realizar un inventario de los recursos medioambientales existentes en el municipio a través de estudios técnicos, ambientales, socioeconómicos, etc.

  2. Plan de Acción: se debe analizar y concretar las políticas y estrategias necesarias para llegar a la sostenibilidad.

  3. Plan de seguimiento: Sistema de Indicadores, dirigido a la evaluación de la mejora ambiental del territorio.  

Plan de Participación Social59

Se persigue con este Plan que los agentes socioeconómicos del municipio se impliquen en el conocimiento, valoración, prevención y corrección de los problemas ambientales.

Los ciudadanos son las personas más conscientes del estado del medio ambiente de su ciudad y por eso deben participar activamente en la resolución de los problemas de su entorno ambiental.



Estudios de Impacto Ambiental

Los EIA representan una herramienta eficaz a la hora de controlar y gestionar la calidad ambiental de las ciudades. Su finalidad consiste en identificar, predecir, interpretar y comunicar el impacto de un proyecto sobre el medioambiente, permitiendo controlar las consecuencias de una acción.

Los EIA tienen en cuenta las fases de un proyecto potencialmente productoras de alteraciones ambientales.

El estudio debe tener en cuenta:

factores ambientales: elementos del medio ambiente que pueden verse afectados por las acciones del proyecto
indicadores ambientales: factores ambientales seleccionados, medibles y representativos de alteraciones sustanciables
vector de transmisión: elemento que relaciona las causas y efectos posibles del proyecto

Los EIA siguen una metodología basada en los siguientes aspectos:



1. Evaluación del estado actual
2. Evaluación de impactos netos
3. Determinación de la capacidad de absorción de impactos por el medio
4. Aceptación del proyecto, propuesta de mejora y medidas correctoras o rechazo del mismo

La contribución de la ciudad de Cuenca al desarrollo sostenible debe plantearse a partir del análisis de sus condiciones actuales de crecimiento y funcionamiento. El desarrollo sostenible que vengo configurando, como me lo brinda este recorrido sociológico por el municipio, introduce el marco teórico para establecer objetivos y orientar políticas, de las que apenas se han desarrollado y aplicado algunas actuaciones parciales.

La sostenibilidad solo puede formularse vinculada al desarrollo. La cuestión radica en como actuar en la naturaleza con el mayor beneficio para una población en crecimiento, sin perder las oportunidades de desarrollo futuro, cuando, dadas las tendencias, los habitantes de este territorio sean más numerosos. La conciencia ambiental se basa en la supervivencia de la humanidad que necesita el equilibrio, y la utilización de la naturaleza para dicho propósito. Los limites de la naturaleza plantean la necesidad de ir enfocando el desarrollo hacia un aumento de la calidad de vida basado en el consumo de bienes inmateriales como la cultura y el ocio, controlando el consumo de bienes materiales que no puedan mantener una tasa de renovación.

La desigualdad en el desarrollo es otra contradicción que requiere atención. La cohesión social y económica es un objetivo reconocido, que en un marco de economía de mercado, y por lo tanto de competitividad, requiere políticas especificas dirigidas desde el sector público que aborden los mecanismos de exclusión y promuevan políticas de integración social para los excluidos.

Se interviene constantemente sobre la ciudad con nuevas políticas y actuaciones, pero muchos problemas no se resuelven y se crean otros de forma inmediata (por ej. la extensión funcionalista de los barrios, urbanizaciones y polígonos viene disparando también en Cuenca la movilidad y el uso del vehículo privado); o a largo plazo (por ej. la construcción de determinados barrios de vivienda puede reforzar algunos procesos de exclusión, como ha ocurrido en otros países europeos). Esto nos lleva comprender, en definitiva, que los problemas urbanos son multidimensionales e interdependientes, y las propuestas de actuación deben contemplarlo así, ya que, de no hacerlo, provocan tantos problemas como posibles soluciones que, a veces, no llegan a ser tales. Por tanto, es necesario analizar el impacto de las políticas sectoriales en la ciudad y el territorio y valorar la posible influencia de las nuevas políticas económicas, de infraestructuras, urbanísticas, etc. Se debe influir en el diseño de las políticas y acompañarlas de las oportunas medidas correctoras especialmente para los grupos y áreas más vulnerables.

La ciudad es demasiado compleja como para tratarla solo con medidas sectoriales. Esto pone en escena la necesidad de más cooperación: en la definición de políticas integradas, en esclarecer los impactos (sociales, económicos, ambientales) de las actuaciones propuestas, en la ejecución de paquetes de actuaciones complementarias, en la gestión de los servicios y en el cambio de los comportamientos. ¡Ahí es nada! Por que, justamente por esto, nuestros políticos han de reflexionar muy mucho de la insuficiencia que vienen imprimiendo a sus acciones en materia de sostenibilidad, que necesita una urgente innovación.


Hábitat y Agenda 21 Local de Cuenca
Hay que recuperar en Cuenca el “derecho a la ciudad”, lo cual se conseguirá transformando la “forma de gobernar” en la orientación estipulada por la Agenda Hábitat España. En este sentido, hay que dar un paso adelante –perfeccionando la Ordenanza Municipal de Medio Ambiente de Cuenca de acuerdo con las premisas de la demandada Agenda 21 Local de Cuenca- de modo que se fije definitivamente ese derecho a la ciudad, basado en que ésta es obra de sus gentes, de sus trabajos y de sus ilusiones. En parte, porque muchas zonas urbanas conquenses han sido construidas por sus propios habitantes, tanto como por la ley y el mercado. Y, en parte, porque la vida social urbana, probablemente la mayor riqueza de nuestra Ciudad –como todos los núcleos de esta naturaleza-, es el resultado de la acción cotidiana y conjunta de los ciudadanos.

Debido a ello, las políticas esparcidas por Cuenca provincialmente en la actualidad requieren más proximidad a los ciudadanos, para calibrar los impactos en los distintos ámbitos sociales y territoriales, acercando las decisiones de las administraciones (gestores y responsables electos) a los ámbitos significativos en cada caso. Es decir, aplicando el principio de subsidiariedad o proximidad de la gestión pública y el de participación o cooperación de la sociedad civil. Esto supone la revalorización de la dimensión local, aplicada según la Agenda Hábitat en dos ordenaciones principales: como ámbito para la aplicación de las políticas integrales (medio ambiente, promoción económica, integración social, etc.), y como marco para la concertación entre las Administraciones públicas y los actores privados, en especial, los ciudadanos. Para ello es también necesario considerar a los ciudadanos en su diversidad, teniendo en cuenta sus motivaciones como grupos con diferentes intereses y formas de vivir la ciudad, abandonando la idea del sujeto único urbano.

La competitividad de las ciudades se mejora también mediante infraestructuras de apoyo a la actividad económica, y la mejora de su conectividad interna (sistema intermodal de transporte, nuevas centralidades, etc.). Paseando por esta capital y tras observar sus vacíos contemplo la obligación moral de exhortar hacia acciones singulares y diferenciales, apropiadas a la ciudad de Cuenca y a su “zona de influencia”, que pueden incluir esas “energías positivas” ausentes: zonas integradas de actividades logísticas, ferias y exposiciones, sedes de organismos regionales, nacionales y hasta internacionales, algún parque tecnológico y científico cercanos a nuestra vocación que articulen Universidad y sectores económicos locales, promoción de la ciudad y el turismo, entre otras.

La Agenda 21 Local conducirá igualmente a la necesaria reflexión sobre la forma de articular las grandes actuaciones que se consideren necesarias con el desarrollo local conquense, para favorecer la creación de empleo y una mayor coherencia y adhesiones sociales. Las decisiones sobre el territorio municipal tienen que contemplar en paralelo objetivos que, en ocasiones, no son fáciles de compatibilizar, y que se agrupan corrientemente bajo las nociones de competitividad, sostenibilidad y cohesión social. Caso a caso, las decisiones pueden dar preeminencia a un objetivo, pero los demás deben también optimizarse mediante la inserción de las actuaciones en estrategias globales que analicen y promuevan paquetes de políticas y actuaciones, sin favorecer el desarrollo de un objetivo a costa de los otros; luego si no se consigue un equilibrio en las actuaciones, el resultado final es negativo. El freno a éste evidencia que debe impulsarse el debate en Cuenca sobre el establecimiento de las características que deben tener las estrategias para el desarrollo sostenible: estrategias que consideren el conjunto de objetivos y propongan paquetes de actuaciones y, en su caso, políticas nuevas que acometan problemas específicos, estableciendo las formas mas adecuadas para instrumentarlos. Así se desterrarán las criticadas y personalistas intervenciones políticas cuyo incentivo viene siempre dado “desde arriba”, mientras que la innovación demandada pide un simultáneo impulso “desde la base ciudadana”. Ambas fórmulas no son incompatibles, sino que han de contar con recursos presupuestarios más aptos en materia sostenible, no encerrados como hasta ahora en preponderantes intereses electoralistas.

La definición de marcos estratégicos para la toma de decisiones sobre estas materias, y la articulación de políticas y desarrollo de actuaciones, con la participación de los distintos agentes, requiere ir mejorando los sistemas de planeamiento y gestión. Para ello lo más eficaz es contrastar los planes vigentes con los citados criterios de “CoSoCo” (competitividad, sostenibilidad y cohesión social) de forma sistemática y progresiva.

Otro aspecto que la Agenda 21 Local conquense tampoco puede soslayar es el modelo de estructura física de la ciudad, y la organización espacial de las actividades urbanas, porque están cambiando. La dependencia excesiva del vehículo privado potencia los puntos de mayor accesibilidad por carretera, al tiempo que ocasiona la congestión de las áreas de mayor actividad y de sus accesos. La organización de la ciudad en polígonos o urbanizaciones, de edificación homogénea, favorece la segregación funcional y social de áreas. La accesibilidad por medios de transporte motorizado permite la urbanización dispersa y poco densa, que dificulta la dotación local de actividades complementarias, generando más movilidad y alargando los viajes y desplazamientos.

Intuyo que los meses siguientes a la decisión de elaborar la Agenda 21 Local traerán en Cuenca el archisabido debate sobre el modelo de ciudad, la viabilidad y oportunidad de recuperar, progresivamente, el modelo tradicional de ciudad mediterránea. Así lo planteaba la Agenda Hábitat España en su propuesta de debatir proyectos orientados a la mejora y cambio de las ciudades, para favorecer una trama de actividades diversas, compacta, con continuidad espacial y densidad, con sistemas de espacios abiertos articulados, favoreciendo el acceso de proximidad a las actividades mas necesarias y relacionando los centros de los barrios y de la ciudad mediante sistemas eficaces de transporte público. “Frente al uso cotidiano e indiscriminado del coche en la ciudad”, Hábitat plantea que “es necesario crear conciencia ciudadana y favorecer, con medidas de transporte y localización de actividades, su menor utilización. El uso masivo del coche favorece la extensión difusa de áreas residenciales y algunos tipos de empresas, la congestión de los centros y los itinerarios de acceso. También provoca despilfarro de inversiones, así como problemas medioambientales (consumo energético, intrusión en el espacio público, contaminación ruidos, inseguridad, etc.)”.

La nueva ciudad de Cuenca tiene que facilitar la accesibilidad no maximizar la movilidad, garantizar el acceso a lo que se precisa, situando servicios y empleo en localizaciones próximas a las viviendas y facilitando sistema de transporte público a las redes de centros de la Ciudad. Así, la accesibilidad atendida por transporte público y facilitando el acceso a pie a servicios próximos, favorecerá la reducción de la movilidad obligada. Por otro lado, hay que entender que el uso libre masivo del vehículo privado no es posible, al menos, en las áreas de mayor uso ciudadano, en las que debe restringirse la visita en coche. Esto significa que la “peatonalización” de Carretería se ve acompañada por el debate sobre la ciudad accesible, que es extremadamente urgente dadas las tendencias apreciadas en la organización de la ciudad, difusa y motorizada, y el previsible crecimiento de la motorización, planteando la viabilidad de una accesibilidad que mejore la competitividad, la habitabilidad y reduzca la insostenibilidad que genera el modelo actual.

En los comienzos del siglo XXI la renovación de cualquier ciudad exige centrar la actuación sobre los espacios existentes, los barrios, las áreas industriales y de producción, el centro, los núcleos periféricos de la ciudad, así como en las redes de transportes y de infraestructuras, o el sistema de espacios abiertos. Hay que identificar y movilizar áreas en las que localizar las nuevas actividades en edificios existentes, y áreas obsoletas a reurbanizar, o completando espacios semiurbanizados, provocando sinergias con las actividades existentes en los barrios y mejorando las redes de servicios con las nuevas actividades y obras, en vez de extender la ciudad ocupando campo abierto. Pero ni las empresas constructoras, ni los habitantes de Cuenca, ni los políticos, ni los técnicos que consuman la construcción, tienen una perspectiva clara de todo esto. Para adquirirla les bastaría con subirse al Cerro Socorro y observar la alta dispersión que se está produciendo en la urbanización de esta Ciudad. Quiero subrayar con esto la importancia que tiene concentrar la intervención sobre la ciudad existente, procurando la integración de objetivos de competitividad, sostenibilidad y cohesión, analizar las oportunidades de los distintos barrios, las posibilidades de las redes de servicios, y plantear estrategias lideradas públicamente, que permitan incorporar a la sociedad civil y a la iniciativa privada en la transformación de la ciudad.

Los espacios abiertos en nuestra ciudad no son escasos, como puede ocurrir en otras, pero en cambio se hallan poco acondicionados y están mal relacionados entre si, dificultando su utilización y su capacidad de mantener una vegetación urbana ecológicamente más ajustada. La concepción y gestión de los espacios abiertos es fundamental para el mantenimiento de una red en la que se conecten áreas de vegetación, que no queden aisladas, permitiendo a su vez itinerarios de paseo a los ciudadanos, para que estos puedan llegar a amplios parques y áreas exteriores de la ciudad mejor arreglados y organizados de cómo lo están actualmente. Autoridades, constructores y técnicos deben entender que el suelo rústico próximo al área urbana municipal de Cuenca no puede convertirse en suelo en expectativa de urbanización, abandonado, muchas veces sometido a vertidos clandestinos de residuos o a procesos erosivos, sino que debe ser objeto de acciones positivas como parte de los sistemas naturales. Me refiero en concreto a la desastrosa zona situada detrás del Club Serranía, que lleva demasiados años ya descuidada y sometida a una degradante especulación, con una acequia cuya limpieza demanda a pasos urgentes una intervención de saneamiento.

Dentro de esta orientación y con la misma trayectoria, un debate sobre los espacios abiertos de la ciudad es fundamental para mejorar la habitabilidad y la sostenibilidad, así como para analizar cuestiones de arbitrariedad y abuso entre barrios. El debate sobre las situaciones concretas es muy ilustrativo de como se puede mejorar la gestión de estos espacios y establecer criterios de intervención para la rehabilitación de las áreas consolidadas y los nuevos desarrollos urbanos. En años y más años no he visto nada de esto en Cuenca. Es sabido que las infraestructuras de servicios, especialmente las de abastecimiento de agua y las de disposición de aguas residuales y residuos sólidos, están muy influenciadas por la forma de la ciudad, su estructura, densidad y organización de actividades. Asimismo el diseño de una mejor gestión del agua y los residuos en la ciudad, contribuye siempre a definir algunas características de los barrios y de las redes, lo cual facilita la reducción de consumo, el cierre de ciclos con menor transporte de residuos, etc. Estos conceptos ya se encuentran desarrollados en bastantes ciudades europeas, que demuestran la necesidad de fomentar el debate sobre las posibles mejoras que en distintos tipos de barrios (manzana cerrada, edificación abierta, áreas poco densas o aisladas, etc.) pueden producirse para mejorar la sostenibilidad a través de una distinta gestión del agua y los residuos. Cuando en mis paseos contemplo la extensión en horizontal y la sarta de “adosados” que se vienen edificando sin líneas ni gradaciones, salvo al exclusivo albur de constructores y moradores, sólo exclamo: ¡no es esto! ¡No es esto!

Rondando también lo inaceptable en grado sumo se encuentra la definición y delimitación de la estación del AVE en Cuenca, así como el amplio y bien emplazado acopio de los terrenos de Renfe. Hallándose ambos “feriales” (por el mercadeo que ahí se tercia actualmente) en proceso de remodelación, salvo tres cabezas –no siempre asentadas como mentes lúcidas- y cuatro intereses –por completo del capital especulador por aquí moviente-, no hay transparencia ni claridad alguna. Falta el debate inteligente y generalizador del que se ha hablado líneas arriba. Sin embargo, el tema ni es difícil ni la solución correcta se cierra en esas covachuelas60. Pasa antes, por ejemplo, por convertirlo en un tema de “recreación” que de agiotaje, al compás de las enseñanzas seguidas en las estaciones de Renfe de Rubí y de Sant Cugat (Barcelona), que fueron la punta de lanza de un proyecto de arquitectura sostenible que la compañía ferroviaria está impulsando en todo el Estado. El proyecto de obras de esas dos estaciones preveía igualmente la renovación de las zonas de andenes, la urbanización de los accesos y la construcción de aparcamientos. Reforma y restauración cuyos beneficios sólo recaerán en los conquenses si se acoplan a la demandada Agenda 21 Local.

Mi propuesta, por tanto, se halla en la creación inmediata61 –bajo el incentivo multidisciplinar de varios departamentos de la Universidad de Castilla-La Mancha- de una serie de Grupos de Trabajo ubicados en esa Agenda y trabajando para ella:


  • Calidad de vida y participación social.

  • Protección ambiental y desarrollo socioeconómico.

  • Recursos naturales y urbanización de la Ciudad.

  • Transversalidad de género.

  • Circunstancias de dependencia y “cuarto pilar” del Estado de Bienestar.

  • Juventud, inmigración y problemática de exclusión social.

  • Nuevas Tecnologías y Sociedad de la Información.

Al mirar las Áreas y los Servicios Municipales y llevar éstos a un examen metodológico de Ciencia de la Administración, encuentro que ambos están “desarticulados” y acostados en un formulario de decenas de años atrás, que el siglo XXI ha superado ya y el Ayuntamiento de Cuenca debe poner al día; específicamente en materia de desarrollo sostenible. Esos servicios y áreas, así, resultarían más baratos y serían igualmente más eficaces. No hablemos ya de las Comisiones Informativas Permanentes, las cuales necesitan un mudanza urgente, que, contra la siesta de muchos concejales y más de un técnico agostado, ha de someterse a la innovación política desarrolladora comentada. En este rumbo, los cambios en la Comisión de Urbanismo, Vivienda, Obras y Servicios, han de asociarse a otros paralelos en la Comisión de Medio Ambiente, Sanidad y Consumo, unidos a los que se introduzcan en la Comisión de Participación Ciudadana y Políticas de Integración para la Igualdad de la Mujer. Del conjunto de todas ellas ha de salir un Coordinador de la Agenda 21 Local de la Ciudad de Cuenca, que ha de disponer de una competente Sección de Buenas Prácticas de Sostenibilidad Local. Me consta que, de no poner los partidos políticos dominantes en este territorio su hocico, a los ciudadanos no nos costará ningún incremento impositivo, pues el Ayuntamiento de Cuenca posee funcionarios sobradísimos y bien preparados para esa coordinación.



ADHESIÓN DEL AYUNTAMIENTO DE CUENCA A LA CARTA DE VITORIA
Los representantes de los Ayuntamientos, Diputaciones Provinciales y Forales y Cabildos y Consells Insulares, participantes en la conmemoración en Vitoria del 25 Aniversario de los Ayuntamientos Democráticos, organizado por la FEMP, suscribieron el 25 de noviembre de 2004 la denominada "Carta de Vitoria", en la que se establecen “las metas a conseguir y las etapas a cubrir en el cumplimiento de nuestras obligaciones en aras de lograr el mayor progreso, justo y solidario, para nuestras comunidades”.

Esta Carta recoge las conclusiones de responsables políticos de todos los niveles de Gobierno, académicos, Alcaldes españoles y de diversas ciudades del mundo, de empresarios, de expertos y de cientos de personas que, en distintas de sesiones a lo largo de casi tres semanas del mes de noviembre citado, reflexionaron y debatieron sobre el futuro de nuestras ciudades y pueblos. Asimismo, los participantes argumentaron sobre el papel de los Gobiernos Locales del siglo XXI, sobre cómo satisfacer “más y mejor” las necesidades de sus vecinos, y sobre cómo hacer la sociedad más justa, más próspera, más solidaria y más democrática.

Durante esos debates se vio que la vigente Constitución española de 1978 no cierra adecuadamente la ordenación de una administración local a la que minusvalora claramente respecto a las comunidades autónomas. Siendo la autonomía, junto con la recuperación del carácter plenamente democrático de los entes locales, el elemento que suscitó mayor expectativa en el nuevo orden constitucional, su actuación en la práctica de la vida local se tuvo que hacer, al menos hasta la promulgación de la Ley de 2 de abril de 1985 (reguladora de las bases del régimen local) sin el necesario desarrollo constitucional y en el contexto del nuevo tipo de Estado; es decir, en un ambiente de indefinición de la autonomía local. De ahí las reivindicaciones que cuajaron en la Asamblea extraordinaria de la Federación de Municipios y Provincias de 1993 con el objetivo de alcanzar un pacto local en el contexto del proceso de construcción del Estado autonómico y como parte de éste. La pretensión del pacto se materializó en términos de acuerdo a mediados de 1997, empapando inmediatamente la vida política de las comunidades autónomas.

La muestra 'Toda una vida', que desde el 8 al 25 de noviembre de 2004 se celebró en la capital vasca, y que inauguraron los Reyes, siendo cerrada por el presidente del Gobierno, pretendía reivindicar la importancia de las entidades locales y la necesidad de desarrollarlas sin las cortapisas que hoy las oprimen. La gran exposición central '25 años de ayuntamientos democráticos', el 'Foro de las Ciudades' y un bloque expositivo integrado por cuatro muestras de menor tamaño pero relevantes mostraron la evolución que las ciudades y pueblos españoles han vivido a lo largo de esos 25 años de ayuntamientos democráticos y los retos y compromisos para las próximas décadas. Este espíritu reivindicativo se recoge en un decálogo, que refleja el consenso interno del municipalismo español, fruto de la autonomía local, con lo que se convierte en claramente reivindicativo y hace un llamamiento a la coordinación entre las administraciones del Estado para dar respuesta a las necesidades de la ciudadanía.

Desde 1978, la política territorial de la democracia española se ha concentrado básicamente en la construcción del Estado de las Autonomías. Ahora, en el nuevo siglo, en el nuevo milenio, la política territorial ha de dar respuestas a los nuevos horizontes de la autonomía local y de su financiación. En España no se ha desarrollado la vieja reivindicación del municipalismo formulada como pacto local y ello, añadido a la insuficiente y mal planteada financiación local, ha sumido a los ayuntamientos en la asfixia económica, y ha dificultado en gran manera la creciente demanda de servicios públicos de calidad que exigen nuestros ciudadanos. Las necesarias reformas implican el traspaso de competencias a favor de las corporaciones locales en materias como empleo, vivienda, cultura, educación, seguridad ciudadana, justicia local, servicios sociales, desarrollo sostenible, derechos sociales y prestaciones básicas, integración social de inmigrantes, así como el fomento de planes concertados por las tres administraciones públicas (estatal, autonómica y local).

El historiador Daniel Reboredo62 me ha evitado mayores disquisiciones al ahondar en la autonomía local y extraer su especificidad de la Carta de Vitoria. Hasta los vecinos con poco convencimiento público y con la desconfianza política máxima tienen que mostrar su conformidad con los análisis de este experto en cuanto al municipio que, como institución próxima a los ciudadanos, es más permeable y responde a intereses concretos y diarios de los mismos; ofrece servicios y garantiza otros que no dependen directamente de él y actúa en ámbitos como la sanidad, la educación, la cultura, la vivienda y el empleo. Por esta causa los municipios necesitan mayor autonomía local y capacidad de autogobierno, dotado de suficiencia financiera para hacer política local de verdad, sin depender de la dádiva y el control de los gobiernos autonómicos y estatales. La amenaza más grave para la autonomía local es la representada por las fuerzas centralizadoras que se apoyan en argumentos, aparentemente tan lógicos, como que la complejidad técnica creciente de la administración moderna obliga a trasladar las decisiones a órganos más importantes, tecnificados y cada vez más alejados del ciudadano que paga los servicios que recibe. Ante tal situación, parece que la defensa de la autonomía local debe matizarse de tal manera que no consista en oponerse frontalmente a la realidad que significa el Estado o las comunidades autónomas. “Si no son defendibles hoy posiciones centralistas, tampoco pueden mantenerse actitudes municipalistas que consideren a los municipios como antítesis del Estado”, concluye Reboredo.

Es innegable que la legislación española, empezando por la Constitución, es muy respetuosa con la autonomía local, pero la realidad la ignora y lo seguirá haciendo mientras no se reforme profundamente el mapa municipal con el criterio de constituir municipios, por su población, extensión y recursos económicos, capaces de asumir efectivamente sus responsabilidades.

Los municipios deben convertirse en actores políticos de primer orden en la lucha por la justicia global y el avance en nuevas formas de democracia más participativa y directa. Pueden ser el primer paso de una democratización real cívica y participativa que defienda ideas de justicia global, no privatice e intervenga activamente en la solidaridad real. Pueden ser la 'imagen inmediata' de los ciudadanos que los integran, su identidad más cercana. Por esto se vio que Vitoria debía ser el primer paso de este cambio imprescindible e inevitable para la regeneración democrática de las carencias de nuestras comunidades y del propio Estado español. Bajo este punto de mira, los Poderes Locales españoles se dedicaron a aprobar el 19 de abril de 2005, en plenos extraordinarios monográficos, una moción aprobada por unanimidad por la Comisión Ejecutiva de la FEMP, de adhesión a la Carta de Vitoria, el documento aprobado el en la capital vasca que recoge el decálogo de las reivindicaciones municipales.


Decálogo del municipalismo del Siglo XXI


  • Garantizar la representación de los poderes locales en el Senado.

El artículo 137 de la Constitución organiza territorialmente al Estado en municipios, provincias y Comunidades Autónomas. Para que el Senado pueda desarrollar la identidad de Cámara territorial que le confiere el artículo 69 de la Constitución, su composición debe ser fiel reflejo de esa estructura, integrando tanto la representación de las Comunidades Autónomas como la de los Gobiernos Locales, tal como se hizo al fijar la representación del Reino de España en el Comité de las Regiones de la Unión Europea.


  • Un nuevo Estatuto del Gobierno Local.

El reconocimiento constitucional de los municipios, de las provincias e islas como nivel de gobierno territorial autónomo requiere para su efectividad, el establecimiento de un ámbito competencial propio, que les permita gestionar una parte importante de los asuntos públicos bajo su propia responsabilidad y en beneficio de sus vecinos, así como un sistema de financiación que les garantice recursos suficientes para su adecuado ejercicio. España debe aplicar los principios de autonomía local suscritos en los tratados internacionales representados por nuestro País, tal como la Carta Europea de Autonomía Local.


  • Un Gobierno Local solvente.

El principio constitucional de suficiencia financiera garantiza a los Gobiernos Locales los medios necesarios para desarrollar aquellas funciones que se les atribuyan, dotándolos de recursos que permitan asegurar que las competencias asumidas, sea cual sea el origen de las mismas, van a ejercitarse a plena satisfacción de los vecinos y además con un importante ahorro de medios por el interés y proximidad en la gestión.
La reforma que se aborde, debe contemplar una conexión entre competencias y medios adecuados para ejercitarlas, diseñando una nueva financiación local con medios propios y transferencias incondicionadas del Estado y Comunidades Autónomas, en función de las competencias que desarrollen y estableciendo los mecanismos de nivelación necesarios para garantizar la equidad.
Los Poderes Locales deberán ser compensados por la deuda histórica acumulada a lo largo de estos años a causa de la prestación de servicios por parte de los Ayuntamientos, sustituyendo la no presencia de los otros poderes del Estado.


  • Un Gobierno Local de proximidad.

En los términos de la Carta Europea de Autonomía Local, los Gobiernos Locales tendrán el derecho y la capacidad efectiva de ordenar y gestionar, en ese espacio propio del que hablamos, una parte importante de los asuntos públicos, aplicando como norma general el llamado principio de subsidiariedad.
La garantía de prestación de los servicios públicos de calidad en todo el territorio será articulada mediante entes locales intermedios (diputaciones, mancomunidades, comarcas…) que permitirán que todas aquellas competencias o servicios, que interesen a la comunidad vecinal, sean prestados por instituciones locales de ámbito municipal o supramunicipal.


  • Reforzar los mecanismos de relaciones intergubernamentales.

Las relaciones de colaboración y cooperación entre las administraciones públicas requieren el buen funcionamiento de una organización pública fuertemente descentralizada. El incremento de la cooperación Local con la Administración del Estado y las Comunidades Autónomas requiere la consolidación de mecanismo y fórmulas de cooperación conjunta entre Estado, Comunidades Autónomas y Gobiernos Locales, aplicando el principio de subsidiariedad como forma de distribución de funciones y competencias entre las tres Administraciones.


  • Un nuevo régimen de organización para los Gobiernos Locales.

El reconocimiento para la capacidad normativa del Estado de las Comunidades Autónomas y de las Entidades Locales debe ir acompañado de la consolidación del principio de autonomía local que conlleva el valor de ordenanzas y reglamentos que aprueban los gobiernos locales junto con el desarrollo organizativo como autenticas instituciones de gobierno.


  • Un Estatuto de los cargos electos locales.

Casi veinte años después de la aprobación de la Ley de Bases del Régimen Local, la experiencia acumulada durante este tiempo aconseja proceder a una auténtica revisión del Estatuto de los cargos electos locales que garantice el pleno desarrollo de sus funciones como legítimos representantes democráticos del pueblo soberano. Así como otorgarle los mismos derechos sociales que a cualquier ciudadano cuando deje de ocupar el cargo público para el que fue elegido.


    • Modernizar la función pública local.

Impulsar una política de recursos humanos integrada que permita a todos los empleados públicos locales desarrollar plenamente sus actitudes, con el fin de conseguir que la función pública se adapte a las exigencias improrrogables de la creciente sociedad de la información y nuevas tecnologías en aras a lograr una mejor prestación de servicios frente al ciudadano.


  • La institucionalización de la FEMP.

Es el paso necesario para lograr el reconocimiento efectivo del papel desarrollado por los Gobiernos Locales en los últimos veinticinco años y para restablecer el equilibrio de representación que requiere el mandato constitucional de configuración territorial de nuestro Estado de Derecho. A través de la FEMP, los Poderes Locales Españoles estarán representados en todos los Consejos y Conferencias Sectoriales del Estado, donde se debatan y decidan las políticas territoriales.
El Presidente de la FEMP será miembro nato de la Conferencia de Presidentes.


  • Los Poderes Locales son a la vez Órganos de Gestión e Instituciones Públicas.

Son parte integrante del Estado y conforman uno de los tres niveles de su Estructura Administrativa, gozando de plena autonomía en las funciones que les son propias y no siendo en ningún caso Instituciones de ámbito Autonómico.
Como no podía ser menos, el Ayuntamiento de Cuenca aprobó el 19 de abril de 2005, por unanimidad, la adhesión de la Corporación municipal a la Carta de Vitoria, un documento que resalta e impulsa la importancia de las corporaciones municipales, con motivo del 25º aniversario de los ayuntamientos democráticos. Como se dice en ese documento y, por tanto, asienten las autoridades conquenses, “la democracia le ha sentado bien a España; los gobiernos locales, con el apoyo y la participación de una ciudadanía cada día más exigente y comprometida, han jugado un papel fundamental. Y lo han hecho derrochando enormes dosis de imaginación, de esfuerzo, de tenacidad, para dar respuesta a las justas exigencias de sus vecinos, sin contar con los medios, los instrumentos y los recursos adecuados para cumplir el papel que les demanda la ciudadanía y les reserva y asigna la Constitución”. No obstante, la autonomía local y la capacidad efectiva de los gobiernos locales para gestionar y atender adecuadamente los intereses ciudadanos no son una realidad plena en España, debido a que la larga agenda política, en los 25 años precedentes, se ha reunido alrededor de otras muchas prelaciones.

Por ello, ha llegado el instante de situar la cuestión de los nuevos Gobiernos Locales en el centro de las urgencias políticas. “Es justo, es conveniente y es una demanda unánime del municipalismo español”, afirma la Carta de Vitoria. Aquí estriba la razón de llevar a la práctica el decálogo citado, que se ha convertido en una apuesta decidida para dar la respuesta que el municipalismo español viene requiriendo para hacer realidad las nuevas ciudades del siglo XXI, respuesta que demanda la ciudadanía.



6. PARTICIPACIÓN CIUDADANA E INTEGRACIÓN SOCIAL

Lo que hoy entendemos por participación ciudadana ha quedado reducido a reglamento y medio y una concejalía en el Ayuntamiento de Cuenca, como en otros muchos. Pero esto poco o nada tiene que ver con el reequilibrio sustentable de nuestro hábitat. Si la participación ciudadana no está sirviendo para encontrar soluciones creativas ante los problemas de degradación de nuestros espacios, entonces puede afirmarse que está perdiendo sentido, pues por sí misma, burocratizada, se ha quedado en polémicas alejadas de las realidades candentes y cotidianas de los ciudadanos de esta ciudad. Sobre este tema publicó Tomás R. Villasante63 un amplio artículo en junio de 1997, en el que ponía toda su fuerza argumentadora en el hecho de que la participación tiene que servir para la integración social, para proyectos sustentables y adaptados a las características concretas de cada territorio. En este sentido, afirma, “debemos quitarle a la participación y a la integración mucho lastre heredado de viejas concepciones anquilosadas. El ejercicio que aquí presentamos no es un nuevo modelo, pero sí de los límites de los modelos propuestos y dominantes. No nos interesan modelos finalistas, sino prácticas y métodos "contra-corriente" que abran nuevas potencialidades. Sabemos que no es sustentable lo que se viene haciendo a modo de participación ciudadana, ni para los objetivos de mantener la calidad del hábitat, ni para la autoeducación de la ciudadanía en prácticas participantes”.

En Cuenca, de tarde en tarde, los medios de comunicación hacen alguna alusión –muy superficial- a los caminos de cierta probabilidad creativa que por estas tierras se recorren, pero no se ha pormenorizado todavía cuáles pueden ser las “buenas prácticas” que permitan sentir esas facultades autóctonas de inventiva y originalidad. La causa principal de este fenómeno podemos situarlas en una relación social que es muy compleja y continuamente se nos escapa, por eso es necesario entender la articulación de esas redes complejas, con su variado tipo de vínculos tan cambiantes. En primer lugar, de manera muy inmediata y cotidiana, se podría ver la existencia de redes primarias, de familiaridad, amistad, etc., donde los vínculos son fuertes, y donde la convivencia tiene sus propias reglas peculiares engendradas en la subcultura particular conquense. Este ámbito tiene, sin embargo, su importancia social pues desde estas redes primarias se codifican y decodifican todas las informaciones y energías puestas en marcha por las comunicaciones de rango más amplio y global. Ahora bien, entre las redes próximas y las redes telemáticas globales -que centralizan muchísima información, que pasan a simplificar y la unilateralizan- hay otras redes intermedias, dedicadas a la “coordinación”, cumpliendo una función muy importante de mezcla, de hibridación de mensajes, de creatividad potencial. Es el espacio ciudadano, la antigua multifuncionalidad de la “plaza mayor”, de la calle comercial y del “paseo”, donde la complejidad de vínculos permite asomarse o esconderse, hacer demostraciones o simplemente observar.

El trabajo de Villasante nos traslada la opinión que no hay un modelo territorial de referencia válido (compacto o difuso), sino que es la articulación de distintos tipos de espacios (unos más difusos otros más compactos) los que mejor se adaptarán a los distintos tipos de redes de relaciones. Y, sin duda, en el momento de acudir a las ferias emblemáticas, por ejemplo, de Albacete o de Cuenca, se palpa esas diferencias. En esos instantes nos dirige el intento de comprender el problema a los ecosistemas donde se dan esas relaciones –los climas, pueden llegar a ser determinantes-, que marcan también el grado de concentración de tecnologías urbanísticas que sean necesarias en cada cultura. La participación de los ciudadanos y sus usos en cada momento son los que pueden marcar las necesarias adaptaciones de las formas construidas. De ahí que si hacemos un modelo muy sostenible, pero no cuenta con la implicación de las personas, igualmente estamos imponiendo algo, y acabará por no funcionar. Si queremos evitarlo, los aciertos vendrán unidos de la filosofía de que los ciudadanos son los que hacen las ciudades, y aunque las personas se encuentran con territorios y hábitats que les condicionan desde que nacen, para bien o para mal, estos espacios acaban siendo transformados por los humanos.

La sustentabilidad incluye lo que vaya a pasar en futuras generaciones, y por lo mismo se basa en la cultura cívica de lo que hacemos hoy y de lo que hagan mañana nuestros descendientes. En todo caso parece que sólo es posible hablar de experiencias en los hábitats, y no de experiencias de ciudades, como si éstas tuviesen una evolución propia independientemente de quienes la planifican, gestionan y usan, o abusan.

Si es imposible proponer experiencias de hábitats o ciudades modelo, la presentación de buenas prácticas no se hace porque se piense en “lo óptimo”, sino porque es mejor hacer algo que nada, y porque haciendo las cosas menos malas y posibles, es la mejor manera de aprender colectivamente: “Y es la posibilidad también de que puedan surgir alternativas, aunque sean provisionales o parciales, es decir, la única manera de avanzar, de construir un posible futuro sustentable: Por eso nos interesan más los métodos, los programas, las mediaciones, que dieron lugar a resultados, que los modelos finales o que los apriorismos teóricos. Son las mediaciones quienes justifican los fines y no el fin quien justifica los medios. Si entre los instrumentos mediadores están la participación y la integración social hay bastantes más probabilidades de sustentabilidad que si faltan en la programación. Por eso este aspecto es transversal a todas las otras políticas y experiencias”, como dijo Tomás R. Villasante. Los casos que toma éste como ejemplos de referencia los divide por ámbitos territoriales, pues no es lo mismo un espécimen en una metrópoli de varios millones de habitantes, que en una ciudad media, un barrio, o un pueblo. En unos casos la difusión es más amplia, en otros la sustentabilidad es más concreta e integrada. Así pues me remito a la revista que hace dicho experto a diversos ejemplos en contextos diferentes, valorando tanto lo positivo como lo negativo. Con ello podemos aprender, desde esos casos concretos, cuáles son las mejores herramientas hoy para una acción participativa y de integración social, cuyos objetivos principales son los cuatro siguientes:




  1. Fomentar la participación (instituyente, creativa, alternativa, etc.) desde la propia sociedad y las asociaciones que hagan real este tipo de procesos. Es decir no porque haya más asociaciones o más declaraciones o Reglamentos de participación en las ciudades, esto ya significa que hay más sustentabilidad en los programas a realizar, pues se puede estar reivindicando más consumos despilfarradores, por ejemplo. Otra cosa es si se hace con metodologías que implican procesos de profundización y concreción (entre políticos, expertos y ciudadanos), con medios, tiempo y posibilidades reales para tomar decisiones operativas y sustentables.

Hablamos de participación que no es simple información ni consultas de opiniones, sino tomas de decisiones compartidas después de un conocimiento, con tiempo suficiente y mecanismos claros, de los problemas y de las alternativas. Para eso los políticos, los técnicos, y los propios ciudadanos tienen que intercambiar sus conocimientos y posiciones sobre las medidas de sustentabilidad que se deberían adoptar.

  1. Igualdad de oportunidades y respeto a las diferencias de usos por el género, la edad, etc. no limitándose a un hábitat solo pensado para el varón, adulto, ejecutivo, con automóvil, etc., sino con características propias de la complejidad de usos de la con-vivencialidad. Los espacios mono-especializados son lo contrario de la sustentabilidad, no sólo en temas de tráfico, sino también en la construcción de la ciudadanía. Las mayorías en las votaciones pueden tener la tentación de pensar que las soluciones son simples en función de la tendencia dominante y anular la diversidad de alternativas que se pueden conjugar en un mismo hábitat. Integralidad no tiene por qué significar integración de la minoría en la mayoría, sino contar íntegramente con todas las partes de un conjunto sin menoscabar ninguna.

Los seres humanos entre si, y con los otros seres vivos, han de aprender a respetar la igualdad de oportunidades de todos, y para eso es básico promover unas relaciones complejas de la mayor diversidad posible. Estas diversidades de juegos permiten unos cálculos de probabilidades muy creativos que superan, participadamente, las soluciones simples y entrópicas (degradantes). Desde los discapacitados hasta las amas de casa, desde los jóvenes hasta los ejecutivos, no se puede buscar una vía simple que premie a unos y castigue a otros. La participación ha de contar con todos, y encontrar soluciones complejas que vayan dinamizando las infraestructuras y las relaciones.

  1. Integración de los sectores populares frente a la polarización de la sociedad de los "dos tercios", lo que incluye a todos los grupos étnicos e inmigrantes. Frente a la cultura consumista del tercio dominante, que margina a un tercio de la sociedad fuera del consumo, y a otro tercio lo endeuda con consumos degradantes, cabe la reconstrucción en un bloque entre estos dos tercios de "abajo". Los más interesados en objetivos de sustentabilidad pueden llegar a ser estos bloques populares, partiendo del respeto a la multiculturalidad que presentan sus diversos orígenes, y si se entiende ésta como enriquecimiento para toda la sociedad. Las mejores soluciones técnicas en un clima social de insolidaridad y desintegración social se hacen insostenibles. Integración significa así superación de la marginación, pero no porque haya que aceptar un patrón común, sino porque se abren posibilidades para todas las opciones.

El objetivo de integración se convierte entonces en la construcción de la multiculturalidad social en nuestros pueblos, barrios y ciudades, donde los distintos estratos sociales, y los inmigrantes tanto de la propia península como de fuera, sean capaces de crear pautas de convivencia híbridas y creativas, y adecuadas a las nuevas necesidades de sustentabilidad. No son procesos de un día para otro, sino que pueden durar una generación o varias, y el hábitat ha de facilitar las soluciones, no tapando los problemas, sino integrándolos. Una rehabilitación o una remodelación de barrios puede servir para desplazar aún más a la población, o por el contrario para crear puestos de trabajo, espacios cooperativos, escuelas de formación, etc.

  1. Cambio de pautas de consumo que supongan un efecto combinado y sinérgico en el sentido de la sustentabilidad. Habrá que prestar especial atención a las pautas y usos de las generaciones más jóvenes que son las que van a vivir las consecuencias de las decisiones que ahora se están tomando. El cambio cultural que es posible promover desde las instituciones y las asociaciones populares es fundamental para la auto-formación y sustentabilidad de las formas de vida que se pretenden, y que debe afectar a todos los estratos sociales.

Hay que construir prácticamente y con participación social ejemplos precisos de sustentabilidad que sean atractivos en Cuenca, porque responden a las necesidades profundas de su población. El cambio de valores sobre el consumo no se puede producir en abstracto, y por eso es necesario construir nuevos indicadores que precisen qué es la calidad de vida en esta ciudad y en su comarca.
Todo esto revela que Cuenca debe echar mano, mucho más de lo que viene haciendo, del Plan Estratégico y, en concreto, de sus componentes medioambientales. Contra tonterías y ligerezas que podrían romper el paisaje y el equilibrio natural, una de las fórmulas de participación nos trae el ejemplo de Girona, un caso especialmente interesante por el cambio de imagen tan espectacular de unas traseras que dan a un río, que hoy se convierten en motivo de atracción turística por sus nuevos colores cálidos. “Para la participación ciudadana es muy importante estos elementos visibles que hacen creíbles las voluntades públicas”, recalca Villasante, quien concluye que no se trata tanto de responder al objetivo de la participación con reglamentos o concejalías en los ayuntamientos que, sin apenas presupuestos ni competencias, pretenden hablar con los vecinos para informarse o mantenerlos informados. Más bien plantea que los ciudadanos sólo participan si ven claras las condiciones favorables en las que pueden decidir realmente sobre elementos concretos e importantes que les puedan mejorar su calidad de vida y las de sus hijos. “La sustentabilidad se ha de basar por lo tanto más en los procesos instituyentes de democracias participantes en las gestiones locales, que en la participación ciudadana como se ha venido haciendo habitualmente en planes y reglamentos municipales”, aclara el reiterado autor, que se refiere también a las prácticas concretas de Planes comunitarios, de algunos planes de juventud, programas de reciclaje, realización de parques y otras iniciativas locales, los planes integrales (IAP/PAI por ejemplo) aplicados a casos sectoriales o de barrios, que nos muestran caminos nuevos y emergentes de interés para Cuenca, puesto que exhiben casos donde se dan altas condiciones normalmente de sustentabilidad, participación e integración social.

La integralidad, entendida en el sentido de complejidad que sabe conjugar las distintas especialidades profesionales y los distintos actores sociales que intervienen en cada proceso concreto, ha de revisar con mucho cuidado los elementos humanos con sus diferentes necesidades y conductas. Sólo a través de un tema generador e integral será posible movilizar las voluntades y las implicaciones en el mejor de los casos. Pues tales diagnósticos y programas apuntan a un cálculo de probabilidades de hacerlos más eficientes, pero son más condiciones necesarias que suficientes a la hora de pensar en cual pueda ser el resultado esperado.



El cambio de valores que observo en mi largo recorrido sociológico por la Ciudad está llegando a ésta porque la propia sociedad los importa y adapta a las nuevas pautas que traen consigo los problemas del mundo de hoy, puestos ante las novedosas formas de civilización a las que nos estamos dirigiendo. En consecuencia es urgente un amplio debate entre los actores sociales en presencia sobre cuáles son/pueden ser esas nuevas motivaciones y valores que construimos y hemos de construir para sobrevivir en las mejores condiciones. Una forma concreta de construir estos nuevos referentes es precisamente los Foros cívicos, que ya se están difundiendo por las diversas ciudades preocupadas por la temática de la Agenda 21 de la Conferencia de Río. Ciertamente en un Foro de estas características la colaboración de las asociaciones, sindicatos, universidad, medios de comunicación, etc. es la mejor forma de recoger cuáles son las preocupaciones de los sectores más ilustrados en cada especialidad, y al tiempo también es la mejor forma de dar un aldabonazo cada año sobre cómo está evolucionando nuestra calidad de vida. Las comisiones de estudio de lo social, la economía, y la ecología local, a la vez nos informan a todos de qué pasa con nuestra sustentabilidad, y esto debe servir para que el debate nos plantee las nuevas pautas de consumo que se van haciendo necesarias.

DESAFECCIÓN DEMOCRÁTICA, ESCEPTICISMO CIUDADANO Y DINÁMICA INSTITUCIONAL DE LA CIUDAD
La larga controversia glosada me ha trasladado a reflexionar durante mis paseos por Cuenca sobre una opinión de enorme alcance que brindó el 3 de junio de 2002 el profesor Joan Subirats en el Instituto de Gobierno y Políticas Públicas (Universidad Autónoma de Barcelona), al manifestar que no hay que esforzarse mucho en defender la idea de que sin participación e implicación de la gente será difícil avanzar hacia dinámicas económicas y sociales que tengan más en cuenta los retos ambientales que tenemos planteados y los problemas de futuro que el actual modelo de consumo plantea. Sin la gente, en efecto, será imposible avanzar hacia sociedades en las que hagamos más realidad el ambicioso -¿y hasta cierto punto ambiguo?, se pregunta Subirats- objetivo del desarrollo sostenible. Pero, si existe tanto consenso sobre este modo de ver las cosas, ¿por qué es tan difícil avanzar hacia él? De entrada, este obstáculo lo podemos situar en que tenemos una democracia extraordinariamente centrada en la actividad institucional. Las instituciones democráticas son más instrumentos de gobierno que canales de representación y expresión popular. “Nuestra democracia, apática y alienada, se nos habría vuelto más "managerial" que otra cosa”, dice el mentado profesor. Ante este hecho, que muchos señalan como la causa de una creciente desafección democrática, el escepticismo ante nuevas alternativas que impliquen de forma más directa a la ciudadanía en los procesos de toma de decisiones está muy extendido entre las élites políticas.

Yo lo estoy palpando a la hora de escribir este ensayo, del que le he remitido muchos correos electrónicos con notas y apuntes del mismo a los dos diarios de la Ciudad, a su alcalde y al portavoz de la Oposición en el Ayuntamiento. Sólo de éste he recibido una contestación seria, pensada y redactada con un corte educadísimo. Es una anécdota, pero cuando Alfonso Guerra, siendo vicepresidente del Gobierno español, me escribió de puño y letra cinco páginas en respuesta a un interesante artículo que publiqué en 1988 en la revista de la UNED sobre los estertores del marxismo, son de un respeto y una profundidad tal, que –independientemente de mi valía intelectual- guardo como una de mis mejores cosechas aportadas al pensamiento político español de la democracia. Lo mismo que entonces, al querer cubrir con este libro el vacío actualmente existente en esta Ciudad, he adoptado la estrategia de remitir con intermitencia conocimiento, lógica e instrucción, como hacemos los investigadores sociales a menudo; pero ahora sólo vengo obteniendo silencio. Ahora bien, de este mutismo cojo su trasfondo positivo, el cual me lleva comprender, guiado por Subirats, que sea por los costes de tiempo y recursos que suponen estos procesos, sea por los potenciales peligros de "captura" por parte de intereses parciales, sea porque se dice que no podemos confundir este 10% interesado de forma más o menos intensa y de manera inconstante en el proceso de toma de decisiones políticas con el resto de la población que se acerca circunstancialmente a un universo que considera ajeno y propio de especialistas, lo cierto es que el escepticismo es significativo.

Podríamos decir que, por una parte, los políticos afirman sentirse dolidos por la incomprensión ciudadana y se quejan públicamente de la poca “vivencia” participativa, mientras por otra se aprovechan de hecho de una concepción de la política que, cada vez más, es cosa de iniciados y profesionales.

Pero, entonces, ¿podemos avanzar sin participación? Si queremos eficacia y eficiencia en la búsqueda de soluciones a los problemas medioambientales, ¿no es mejor olvidarnos de la participación? A este interrogante contesta Subirats que él cree que no podemos caer en el error de confundir o mezclar factibilidad técnica con factibilidad social, por lo que habrá que trabajar en las dos direcciones para hacer frente a problemas sobre los que, muchas veces, ni siquiera hay consenso sobre si existen y de qué tipo son. Muchas de las difíciles soluciones que deben tomarse en política ambiental, que afectan a intereses sociales muy arraigados, pueden llegar a lograr importantes consensos en el ámbito técnico, pero difícilmente podrán avanzar si no se abre el debate y se discuten y comparten costes y beneficios, alternativas y soluciones con el conjunto de la sociedad. Porque, en el fondo, cada vez más, la gente será capaz aceptar y compartir decisiones que incluso afecten negativamente alguno de sus intereses si consideran legítima la vía por la que han llegado a tomarse.

Desde esta perspectiva, eficiencia y participación no son contradictorias, y cada vez se irán convirtiendo en más y más inseparables. Muchos de los grandes retos ambientales que tenemos planteados exigen en Cuenca también aumentar las certezas sobre los medios a seguir y reforzar los consensos sobre los objetivos a alcanzar. Si lo conseguimos, el problema “sólo” será técnico. Ahora, si los responsables de esa ejecución se pasan el tiempo tocándose la andorga, los avances serán cortos y lentos.

En la ciudad, como espacio por excelencia de la interacción humana continua y obligada, es inevitable cuidar la manera como las propias acciones afectan la vida de los demás y prever con cuidado los mecanismos como éstas afectan la vida propia. En otras palabras, las ciudades han hecho posible en gran medida los “procesos civilizatorios” de los que habla Norbert Elías. En relación con ello, la adopción de horarios que se abstraen de los tiempos cíclicos del mundo natural, y que demarcan las rutinas del trabajo, el estudio, el ocio, el control de las basuras, el suministro de alimentos y servicios que se han convertido en fundamentales para la vida, la construcción de viviendas y la definición y apropiación de áreas específicas para divertirse, producir, o consumir constituyen problemas a partir de los cuales la ciudad impone una coordinación de la vida social, que se ha convertido en las sociedades occidentales en algo asumido interiormente por los individuos, en ocasiones de forma inconsciente o inadvertida. De esta manera, la generalización de unos ritmos corporales y colectivos para la apropiación espacio–temporal de la vida urbana supone patrones y normas generales de comportamiento y sensibilidad particulares.

La comprensión de esos principios y guías nos la ofreció hace años Jaume Trilla64, al comprobar los atributos de la ciudad como vehículo, como agente o medio educativo, momento que dicho profesor aborda en función de las dinámicas institucionales, concibiéndola como agente de educación “informal”: el medio urbano es un denso, cambiante y diverso emisor de información y de cultura; una tupida red de relaciones humanas que pueden devenir socializadoras y educativas, resultado de una implosión entre personas y elementos culturales, que facilitan las colisiones comunicativas, la creatividad y la adquisición de información. Estas dinámicas se promueven desde los marcos educativos institucionalizados. Según este autor, a la ciudad le son propias una autodidaxia y autoeducación permanentes, propias de sus múltiples recursos y posibilidades, donde el “aprender a utilizarla” y la “participación” en su construcción, están supeditadas a las lógicas institucionales pedagógicas que preparan a los niños, jóvenes y adultos. De esta manera, la educación, de la que se dice que “no debe ser patrimonio exclusivo de la institución escolar”, es concebida con el criterio de las modalidades formales de la escuela y fagocitada nuevamente por una constelación de organismos e intervenciones que la prolongan y homologan. Como resultado, parece quedar nuevamente sujeta a las prácticas y finalidades de la disciplina social agenciadas

por dispositivos políticos y sus finalidades, y no por las dinámicas de la ciudad en sí, cuyas estructuras, a diferencia de las de la escuela, escapan a sus lógicas disciplinarias.

En este sentido, Jordi Borja, durante la inauguración del Diálogo “Ciudades y ciudadanos del siglo XXI”, afirmó el 8 de septiembre de 2004 que “la ciudad ya no es garantía de acceso a la ciudadanía, es decir, al derecho de las personas a ser libres”. Para este geógrafo “el modelo de ciudad del siglo XXI se extiende de forma discontinua y fragmentada, no hay ninguna autoridad que la represente sino múltiples”. Esto nos hace repensar a menudo el modelo actual, esa especie de torre de babel que nunca llega al cielo. Algo que supone un factor determinante al exigir la participación ciudadana y no dejarla encerrada entre despachos y manejada por meros burócratas, porque como dijo aquel día y en el mismo acto el secretario de Planificación Territorial de la Generalitat de Cataluña, Oriol Nel·lo, “la ciudad se caracteriza por la violencia, el crimen o el problema”. “En el imaginario colectivo la ciudad se asocia al conflicto y por el contrario la naturaleza y sus inclemencias se nos aparecen como la paz y el bienestar”, afirmó Nel·lo. Para éste es cierto que “el territorio de la ciudad destruye paisajes y segrega los grupos sociales”. El representante de la Generalitat explicó que “se necesita una voluntad ordenadora, afirmar la primacía de la política en la construcción de la ciudad”. Nel·lo añadió al respecto que “la voluntad colectiva ha de prevalecer por encima de la individual”.

Que estemos de acuerdo con él y su alegato final viene apoyado por el que fue decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, el afamado urbanista Fernando Chueca Goitia65, que, al criticar los problemas del urbanismo en expansión y con un crecimiento en progresión geométrica, centraba el punto neurálgico del problema: “Hoy, nuestras ciudades crecen un poco, como sucede en todas partes, por sí mismas (crecimiento vegetativo) y por absorción de la población rural. El resultado es que todas las ciudades han entrado en lo que yo llamaría una fase de transformación incongruente. Incongruente porque el ritmo del crecimiento es muy superior a las posibilidades de previsión de las autoridades, a su capacidad de asimilar los problemas y generalmente a su cortedad de créditos para acometer las reformas de gran empeño, que son las que ayudan a crear nuevas estructuras eficaces, sin malgastar el dinero en reformas eventuales y de circunstancias”. Esto vuelve a situarnos en algo de la que ya hablamos páginas atrás, esto es, la agravación de los problemas de organización espacial, puesto que es necesario relacionar espacialmente el centro representativo y de negocios, los centros de producción, los de residencia y los espacios libres para recreo y expansión. Todo esto exige unos medios de comunicación y de transporte eficaces. Si cualquier ordenación espacial será nula si no existe una adecuada accesibilidad, unos medios de transporte en común eficaces y una red viaria capaz e inteligentemente planeada, las deficiencias advertidas en Cuenca hacen mucho más pertinente la demanda de la participación ciudadana en los términos que se asumen en este capítulo.



La demarcación pronunciada tiene que hacer aquí una advertencia a la masa, puesto que la ciudad, como explicaba Chueca Goitia, siendo exponente de características únicas y singulares dentro de la vida humana, resulta, a su vez, por la presión de las masas, un elemento nivelador que tiende a la despersonalización de sus habitantes. En las ciudades predomina la masa, porque el fenómeno económico que las sostiene reclama una producción estandarizada, que exige una gran acumulación de brazos activos. El individuo, que tiene que participar en la vida social, política o económica de la ciudad, ha de someterse en cierto modo a la generalidad y sumirse él mismo en la corriente de la masa. Tal vez sea triste; o mejor, sin duda, lo es. Pero no le queda otra escapatoria dentro de las redes sociales puestas en marcha, a sabiendas que “la ciudad cambia más deprisa que el corazón de sus habitantes” según dijo, aproximadamente, Baudelaire, uno de los más sensibles observadores de la ciudad moderna. Una reflexión que siendo cierta puede llevar a la conclusión que las resistencias al cambio expresan una nostalgia de un tiempo que ya no existe, un “passeismo” opuesto al progreso, como anotó Jordi Borja, aunque se olvida más de lo conveniente por los medios de comunicación y los políticos de la Ciudad, ajenos a esa verdad categórica de que el corazón, los sentimientos y las emociones de los ciudadanos expresan el flujo vital necesario entre continentes y contenidos de la vida ciudadana. Cuenca existe en la medida que es apropiada por sus habitantes, progresa por la interacción entre personas y grupos distintos que desarrollan algunas pautas y lenguajes comunes, se cohesiona mediante el sentido invisible que aquellos atribuyen a sus referentes físicos que marcan simbólicamente el territorio de esta ciudad.
Frente a la “desposesión” hay que consignar una participación ciudadana vigorosa
Al demandar participación ciudadana sin cortapisas ni recelos, de unos y de otros, del medio oficial y de las organizaciones no gubernamentales por Cuenca andantes, acudo a una receta contra la satisfacción agridulce de la calidad de vida de esta ciudad a pesar de unos proyectos que no generan el entusiasmo o el asentimiento de los de antes. La hipótesis explicativa encaja en la descrita por Borja: la desposesión; o sea, los ciudadanos se sienten progresivamente desposeídos de su ciudad. Los grandes proyectos no parecen hechos para ellos (se van antes a Albacete o capitales hermanas); la ausencia de una “arquitectura de objetos singulares” de nombre y calidad ni se genera ni aporta nuevos elementos identitarios (véase, por el contrario, las reticencias mostradas al Centro de Recepción de Turistas); la ciudad “central”, histórica, monumental y cívica es ocupada por turistas y, por otra parte, sin “atracciones” a ellos destinadas (véase la Plaza Mayor); y las transformaciones en los barrios tradicionales son percibidas como operaciones de reputación y cartel electoral o de negocio poco acordes con las necesidades y demandas de la población residente (véase San Antón y Tiradores). Se intenta hacer una ciudad “global” mientras los ciudadanos “locales” quedan desposeídos.

Frente a la política oficial, se levanta un carácter negativo, como es el que la lógica de la globalización es homogeneizadora. Es la paradoja de la arquitectura “singular”, tan específica que no es reproducible en sus entornos pero tan banal que se reproduce de una ciudad a otra, como señaló Jordi Borja. La homogeneización no es solo física, se instala en las pautas culturales y las formas de consumo, y también en la transmisión de los miedos y de las incertidumbres. Por eso se produce la reacción identitaria, la valorización de la diferencia, la recuperación o la reinvención de la historia y de la cultura “locales” es la inevitable reacción ante la homogeneización global. Y este es el motivo de la fuerza que debe cobrar una concejalía muerta en Cuenca: la de Participación Ciudadana; que debe entender la importancia de su trabajo y, por lo mismo, convertirse en la palanca de transmisión que atraiga a los muchos ciudadanos “huidos”.

La secuela de esa traducción urbana de la globalización, que se evidencia en las declaraciones rimbombantes de un alto número de políticos y líderes económicos y sociales a favor de forjar una política pública local de “competitividad”, se manifiesta en la obsesión de obtener un posicionamiento favorable en los mercados globales. También nos vemos los conquenses, pues, dominados por el gran designio alienante explicado por Borja: “El objetivo es atraer inversores (con frecuencia capitales volantes) o turistas, conseguir que se implanten algunas empresas “globales” (si es necesario se venden, a buen precio, fragmentos de ciudad que constituyen enclaves) y ofrecer una imagen “atractiva” para públicos-objetivo que se supone buscan lo conocido. El resultado es la banalización de los espacios urbanos (urbanalización según el geógrafo Francesc Muñoz), la segregación social y funcional del territorio y el aumento de las desigualdades”.

Así, contra lo enunciado en unos programas políticos de corte electoral, oportunistas y mal elaborados, hay que introducir en el gobierno de la Ciudad paradigmas que se alejen de la tan criticada utopía capitalista urbana -el deficiente proyecto urbano convertido en metáfora de lo indeseable durante los últimos veinte años-, capaz de asentar planes y designios enlazados equilibradamente unos con otros. La gran oportunidad del cambio se tiene con lo que llamo “Zona de Bulevares en Terrenos de la RENFE”. Su debate puede abrir una gran dinámica institucional de la Ciudad (¡qué oportunidad tiene El Día de Cuenca de cubrir un “papel social” y elevar la cultura y la participación de esta ciudad!). En una operación bien intencionada se puede crear un área de “excelencia” –habría que acudir urgentemente, ya mismo, a la Unión Europea y a La Moncloa/Palacio de la Zarzuela, aprovechando la coyuntura del Real Patronato- que, además de responder a un interés económico “general”, irradiara positivamente, sobre un entorno que ahora es de urbanización desconfiada y socialmente problemático, un cúmulo de infraestructuras complementarias únicas y capaces de dar personalidad irradiadora a esta “nueva Cuenca”, haciendo regresar a este municipio el arte de gran nivel (mi idea es “un Gugenheim” en la “ruta del AVE”, para que paren aquí los que se dirijan a la Ciudad de las Ciencias y las Artes de Valencia). Sin olvidar tampoco ahí la ubicación de algún parque temático para congresistas y turistas (hoteles, palacio de convenciones descongestionador de Madrid) y por la formalización de un espacio atractivo singular, con edificios emblemáticos. Sinceramente, cuando termino de ver en la entrega de los premios de CEOE-CECAM a los Príncipes de España, creo que este megaproyecto no es imposible. Debe hacerse “política de altura”, contactando con el “alto capital” de Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia.

Por ahora sólo esta volando en el aire de la Ciudad la creencia de que se ha impuesto en esa zona de la ciudad de Cuenca la lógica del capital inmediatista, del enclave segregado y especializado y de la ostentación gratuita. Luego la razón identitaria ha de pegar un puntapié a este quehacer timorato y de pelambre corto-emprendedora, y puede hacerlo con una política vigorosa de participación ciudadana (a veces una carta dulce de un abuelo inteligente llega más y mejor al jefe del Estado, que los repetitivos y cansinos oficios de un órgano político-administrativo).

El recorrido sociológico diario por esta Ciudad me da chance para confirmar varios criterios y líneas de acción de los muchos analizados por Jordi Borja –él los coloca en Barcelona, una metrópoli, con una problemática muy distinta a la específica de Cuenca, aunque una parte del entramado de enmiendas y remedios sea importable al espacio de la capital conquense-. Así ocurre en los fracasos de unos proyectos una vez realizados (puede ser la suerte, mala suerte, del edificio de la Joven Orquesta Nacional de España), los efectos perversos mediatos (especulación privada que multiplica el precio del suelo y de la vivienda) de otros proyectos exitosos (el “ensanche” de los años 80 y 90) o las formas dominantes (difusas y fragmentadoras, como la localización de una zona industrial vigorosa) del desarrollo urbano en esta ciudad que no resiste bien o no sabe utilizar con vivacidad las presiones globales, los cuales no son resultado de la incapacidad de la cultura urbanística. Es un fracaso de la política más que del urbanismo. Es el resultado de la hegemonía de una cultura mercantilista y especulativa y de la debilidad o complicidad de los poderes públicos y, a veces, del divismo o de la sumisión de los profesionales. Cuanto más paseo por Cuenca, más pienso que hoy la cultura urbanística posee conceptos, instrumentos y experiencias para orientar una transformación positiva, integradora y dinamizadora de la ciudad, el “hacer ciudad sobre la ciudad”. De los caminos de ejecución y las consideraciones que ese afamado profesor de Geografía repasó en la Expo-Quorum: Barcelona, diciembre de 2004, en su intervención sobre Un futuro urbano con un corazón antiguo, creo que las siguientes vendrían que ni pintadas para el mañana que queremos en Cuenca:




  1. Priorizar el “reuso”, la reconversión de los usos obsoletos de la trama y la edificación existentes y limitar los derribos indiscriminados. Actuar sobre el espacio público, la estética del entorno, la mejora de la urbanización básica (agua y saneamiento, energía, alumbrado, pavimentación, limpieza) y la accesibilidad interna y externa.

  2. Atraer nuevas actividades, pero también modernizar las actividades o funciones propias del área objeto de intervención. Apostar por la formación de la población residente para capacitarla para la innovación y la adecuación a las actividades nuevas o renovadas.

  3. Mantener y construir viviendas, según tipologías constructivas que generen espacios públicos o colectivos y espacios de transición entre lo público y lo privado. Renovar y atraer comercio ciudadano: calles, mercados, galerías, centros comerciales medianos integrados en el tejido urbano y generadores de espacios públicos. El comercio y la vivienda son condición necesaria de la vitalidad urbana.

  4. Dar calidad al ambiente social, aumentar la seguridad, la oferta cultural y lúdica. Estimular la vida asociativa y la iniciativa social. Reconocer el protagonismo de los habitantes en la gestión de la convivencia, para asumir nuevas funciones y actividades (por ejemplo respecto al espacio público) y para facilitar la integración de los recién llegados. El urbanismo debe contribuir a crear lazos relacionales entre personas y colectivos.

  5. La elaboración de los proyectos y programas, la gestión de las actuaciones y de los servicios deben tener una fuerte dimensión participativa. Reconocer que la identidad del territorio y la adhesión de su población a su historia puede ser un factor de movilización de los recursos humanos para una transformación positiva.

  6. Apostar siempre por la diversidad y la mezcla de poblaciones y de actividades, por la especificidad física y cultural de cada área de la ciudad, por su valor diferencial.

  7. Articular no solo las diferentes zonas de la ciudad internamente y entre ellas, haciendo desaparecer las divisorias y barreras sociales visibles e invisibles. Y también hay que desarrollar la articulación con el conjunto complejo y fragmentado de la ciudad real, multimunicipal, es decir promover la relación física, funcional y simbólica entre las diferentes áreas del municipio y sus pedanías.


Introducir en Cuenca una participación deliberante
Las áreas de la ciudad en pleno proceso de transformación componen un inmejorable paradigma para evaluar hacia dónde va la ciudad, su urbanismo y la propia sociedad urbana. Y aquí volvemos a la hipótesis “borjista” de la desposesión, que nos revela la muerte del movimiento asociativo en Cuenca y, como consecuencia, la subsiguiente necesidad de que se produzca un renacimiento innovador de él, a través de una efervescencia de debates más o menos críticos en el plano intelectual, profesional y político. Esa defunción es uno de los mayores fracasos de la política municipal conquense de estos últimos diez años: la desaparición del movimiento vecinal comprometido e identificado con la acción política institucional. La culpa ha estado, en mi opinión, en los partidos políticos que se disputan el poder municipal y provincial en Cuenca –y que sucesivamente han ido sucediéndose de modo alternativo en él-; en efecto, PP y PSOE, al menos en Cuenca, han demostrado resquemores y desconfianzas a los movimientos asociativos de base territorial, tratando de alejar de estos a las asociaciones de vecinos, hasta hacerlas fenecer. De igual forma, han tratado de cortar las alas a colectivos informales (plataformas o coordinadoras, etc.) y a ciudadanos que se pudieran movilizar regularmente para debates o acciones reivindicativas o de protesta. Llama la atención un aspecto aquí: la detención inmediata que se ha puesto a la presunta aparición de nuevos liderazgos, rápidamente fiscalizada por ambos partidos, que bien han atraído a sus filas –para después diluirlos- a esos ciudadanos con un discurso crítico o prepositivo, o intentando minar la moral de ellos, cerrándoles puertas a todas sus iniciativas actuantes. ¿Verdad que el lector apostado en Cuenca no necesita nombres? ¿Acaso no es cierto que las puertas que tenemos cerradas algunos –me incluyo en ellos, porque no tengo que pedir perdón de nada salido de mi pensamiento a nadie, y menos espiritualmente- en los medios de comunicación locales tienen esa causa?66 Son interrogantes que instalo aquí intencionadamente, porque el cambio en la acción de gobierno que propugno en Cuenca está necesitada de que se recupere y se desarrolle el discurso participativo, para lo cual es preciso:


  • Una formación de la población para nuevas o renovadas actividades y unos programas sociales integradores. Muy diferentes a como se diseñan en Toledo por cuatro aburridos funcionarios –compañeros alejados del medio espacial y humano inmediato, como los que nos movemos en las delegaciones provinciales-, se reparten luego restrictivamente, deshilvanados y sin evaluación constructiva. Debe “desconcentrarse” la elaboración de tales proyectos.

  • La preservación de los elementos identitarios, del patrimonio físico y cultural, de las tramas y de las relaciones sociales.

  • La permanente denuncia del urbanismo especulativo (no olvide nunca el lector que la propia Unión Europea ha denunciado que la vivienda en España está sobrevalorada un 20%), del negocio a cualquier coste colectivo, de la arquitectura aparatosa, de la fragmentación y segregación urbanas, de la ausencia de proyectos de calidad destinados al ámbito local (y no al público “externo”).

  • Un mayor respeto del discurso sobre los derechos ciudadanos, tratando de lograr que se haga menos complejo, de manera que la reivindicación vecinal inmediata y casi particularista se combine, sin aspavientos ni contradicciones, con el discurso sobre el proyecto de ciudad, casi de vida.

  • Que se asuma la confrontación cívico-política sin sectarismo, estableciendo un avanzado diálogo y una concertación eficaz a las administraciones públicas, que denuncie a cada instante la arrogancia del poder.

Contra lo que pudieran pensar las estranguladas perspectivas oficiales e institucionales conquenses, el renacimiento asociativo que se demanda encuentra apoyo y legitimación en la progresiva crítica intelectual y profesional a algunos de los proyectos urbanos más significativos de la última década, a su concepción en unos casos y a su implementación en otros, aunque eso ni se publique en la prensa local ni se debata en los otros medios de comunicación. Si aceptamos la hipótesis de la desposesión es legítimo y necesario plantearse entonces la movilización social y las consiguientes respuestas políticas para hacer posible la “reapropiación”. Y para que esta dialéctica no se resuelva únicamente en función de relaciones de fuerza locales con el riesgo de la arbitrariedad y del trato diferenciado se requiere replantearse los derechos de la ciudadanía, haciéndolo en la dirección esbozada por Jordi Borja: “Se trata de desarrollar conceptos como el derecho a la ciudad, al lugar, a permanecer allí donde se eligió vivir, al espacio público, a un entorno que transmita certidumbres y sentidos, a la movilidad, a la centralidad, a la formación continuada, a la identidad socio-cultural específica, al salario ciudadano, a la participación deliberante y al control social de la gestión urbana... Hoy los ciudadanos se plantean demandas y reivindicaciones que para ellos son vitales, que forman parte de su proyecto de vida y de su forma de ser ciudadanos pero que no tienen casi nunca un marco legal en el que sustentarse, puesto que en el mejor de los casos se trata de derechos programáticos genéricos y por lo tanto muy interpretables”.



GOBIERNO LOCAL Y REDES PARTICIPATIVAS
A pesar de que las nuevas tendencias en los ciclos de vida de los hogares y de las familias no han acabado aún de expresar toda la complejidad sociológica que llevan consigo, sí que denotan la emergencia de una diversidad de situaciones que no tiene precedentes. Así, poseen una creciente relevancia los hogares pluripersonales, los hogares unipersonales (jóvenes independientes, ancianos en soledad), los hogares bipersonales (retraso de las nuevas parejas en la llegada del primer hijo, hogares de nido vacío...) los hogares monomarentales (madre sola con hijos), los hogares monoparentales (padre solo con hijos), los hogares múltiples. Sectores todos ellos que, además de un cuidado y una atención social compacta -la gestión de Bienestar Social y Servicios Sociales pasa somera, frívola, livianamente por esta compleja problemática, e incluso se olvidan de ella las administraciones competentes-, precisan de unas condiciones urbanas adecuadas, de una diversidad de tipologías de vivienda según la superficie, de la diversificación de los regímenes de tenencia, de mecanismos de integración con el fin de convertir los espacios urbanos en ámbitos de apropiación emocional, cercanas a las redes de “solidaridad familiar”, a los equipamientos y a los centros de trabajo o de asistencia.

Esto quiere decir que la intrincada estructura de los hogares precisa de una mejor accesibilidad y una mayor movilidad residencial, acorde con los ciclos vitales de la familia, de lo que se deriva la necesaria disponibilidad de una amplia diversidad de fórmulas de acceso y tipologías de alojamientos, que entran en contradicción con las políticas de vivienda y la propia rigidez del mercado inmobiliario en cuanto a tipologías, precios y regímenes de tenencia. En lugar de estar “pintando a la mona” y usando artilugios demagógicos para justificar la falta de ideas en un ministerio y una consejería “de la vivienda” que hacen menos que el personaje del trillado dicho conquense de “Chafachorras en Madrid”, bien podrían exigir los políticos responsables a sus gabinetes de estudios que pusieran sus manos a la obra y, tras varios convenios de investigación con los Colegios Profesionales de Ciencias Políticas y Sociología, levantar sólidas bases para una intervención sociopolítica y económica mucho más “europea”.

Son todos los elementos enunciados unos factores de primer orden interventores en el doble fenómeno de la polarización y de la segmentación que se está desarrollando en la vida social de la ciudad de Cuenca en 2005, y se da inclusive en mayor grado en las áreas metropolitanas del país. Un hecho que viene marcado por su paulatino crecimiento y va a derivar en el aumento de las desigualdades sociales; más aún, está presentando ya en estos instantes asomos e indicaciones de desamparo en distintas variables a la misma vez67. En este aspecto sí que aparece como fundamental la actuación de los gobiernos locales y del tejido asociativo, en el sentido de potenciar la comunicación entre personas y grupos de una misma zona. Un ejemplo de ello son las acciones de mediación intergrupal que se están implantando en algunos barrios de las grandes ciudades. Por ejemplo, en la zona centro de Madrid (Lavapiés, Latina) se ha creado la figura de los mediadores y medidadoras interculturales, cuyo cometido es facilitar y la conviencia entre ancianos e inmigrantes. Se trata de sectores sociales que, además, se concentran en determinadas zonas de la ciudad, como viene a indicar el hecho de verse afectados por las mismas condiciones de existencia, habitabilidad y características del entorno. De acuerdo con este reclamo, he elaborado el Cuadro 6, que recoge algunas medidas de cohesión social y acceso a la ciudadanía ejecutadas en Girona en un proyecto de ámbito transnacional de la Comunidad Europea, con ejemplos concretos que demuestran la validez y adecuación de integrar las dimensiones económica, social, cultural y participativa.
CUADRO 6

Ciudadanía frente a “desafiliación” social.

(El ejemplo de Girona)


  • Vincular, después de 8 años de iniciada la experiencia, la protección social a la inserción económica.

  • Estabilizar relaciones entre tejido económico y servicios sociales.

  • Tratar la exclusión desde el desarrollo local.

  • 400 personas, anualmente, acceden a un trabajo en empresas o en espacios de trabajo de interés colectivo.

  • Promocionar personas y grupos, desde la problemática social y procesos de exclusión, a la participación y la significación social.

  • 5.000 personas, anualmente, informadas, orientadas y valorada su situación social.

  • 500 familias acompañadas desde la intervención social por medio de unos servicios territorializados (1 equipo por cada 10.000 habitantes) que trabajan con proximidad y relación.

  • Instaurar en los barrios espacios de relación social, expresión ciudadana y organización -recuperación de la "plaza pública"- donde 100 asociaciones ciudadanas participan en diversas actividades.

De esta manera, está probado –y tendremos que acomodarnos a ello en el futuro de Cuenca- que la diferenciación residencial en el espacio se hace inseparable de la separación de los distintos grupos sociales, y la separación física va unida a la distancia social. Asimismo no hay que dejar de insistir en las específicas circunstancias de aquellas zonas residenciales donde se sufre una menor calidad de vida (viviendas concretas de las Quinientas, San Antón, Tiradores, Casco Antiguo y Plaza Mayor, Villa Román…), puesto que cohabitan en ellas una amplia gama de segmentos68, que en un contexto de homogeneidad cultural viene a significar una nueva fractura social.

Además es precisa la actuación de los gobiernos locales para crear (o al menos no impedir) una ciudad “viva”, agradable al transeúnte, ya que esta es una de las claves para fomentar la seguridad. Porque una ciudad segura es una ciudad transitada, una ciudad en la que los/as ciudadanos/as hagan más vida en el exterior, con actividades en las plazas, con mercadillos, con diversiones para los niños, etc. En fin, se trata de revitalizar los lugares públicos.

Considerando esa multiplicidad de relaciones posibles en el escenario social, de una forma abierta (se emite y se recibe información desde/hacia el exterior de cada red), flexible y variable, en la que cualquier elemento (individual o colectivo) puede ocupar distintas posiciones -en la constelación de redes69- simultáneamente, se adquieren así oportunidades de establecer muy diferentes vínculos tanto expresivos o endogrupales (de cohesión, de reconocerse como miembro de la red, de primer orden, de bienes relacionales), como instrumentales o exogrupales (obtención de bienes y servicios a través de la participación de redes de orden secundario). En una estructura tan abierta, el individuo puede acceder a diversas formas de participación, y las oportunidades para desplegar diversas combinaciones de éstas en el repertorio de cada uno pueden ser muy considerables y variadas, y por tanto, sumamente complejas.

Con determinadas adulteraciones respecto a los formularios aplicados en el conjunto de España, y junto a ciertas inercias de fondo que cuesta superar, en Cuenca han cambiado muchas cosas en la esfera política local durante las dos últimas décadas. Pero siguen perdurando algunos defectos de aquellos círculos y hasta han empeorado en varios de sus incorrectos asomos dentro de la expansión progresiva de las políticas públicas municipales, una de las tendencias más relevantes. Es evidente que hoy el gobierno local de Cuenca ya no circunscribe su actuación en aquellas administraciones volcadas casi en exclusiva a un reducido núcleo de funciones básicas (asfaltado, alumbrado, limpieza, disciplina viaria y poco más). Tampoco queda restringido a limitar su campo de desenvolvimiento a aquellas instituciones simplemente ejecutoras de decisiones siempre tomadas en niveles superiores de gobierno. Desde la década de los ochenta ha ido conformándose una agenda local, una oferta de políticas públicas, orientada a construir un cierto modelo de municipio de bienestar, o dicho de otra forma, una dimensión local en el proceso de construcción de los regímenes autonómicos y estatal de bienestar.
La “governance”participativa
En la dinámica de ampliación y extensión de la oferta de políticas públicas hacia terrenos anteriormente inéditos se ubican las nuevas políticas socioculturales (de apoyo al tejido asociativo, deportivas, de juventud), que en Cuenca, siguiendo la estrategia general del gobierno autonómico castellano-manchego, no termina de alcanzar el anhelado modelo de gobernación pluralista y reticular. El concepto de la red se ha convertido en “el nuevo paradigma para la arquitectura de la complejidad”70. Hablar de redes participativas, o en su lugar, hablar de governance, implica no sólo el reconocimiento de una pluralidad de actores sino la articulación de estos actores en marcos organizativos comunes desde los cuales intercambiar recursos, negociar prioridades y tomar decisiones relacionadas con proyectos públicos compartidos. Los tres rasgos que definen básicamente una red participativa de governance son71:


    • La no-existencia de un centro jerárquico capaz de fijar procesos de gobierno de forma monopolista. En positivo: la estructura multinodal de la red y la determinación relacional de procesos y resultados.

    • La interdependencia. No se trata sólo de pluralismo, de más actores; se trata sobre todo de dependencias mutuas (heterarquías) entre estos actores en el momento de resolver problemas, perseguir objetivos y conseguir ciertos resultados.

    • Una cierta institucionalización, en el sentido menos estructural del término. Es decir, la existencia de unas interacciones más o menos sostenidas con algún nivel de estabilidad y rutinización.

No valen ni las jerarquías del gobierno clásico ni las interacciones de mercado. El gobierno local, contra lo manifestado hasta ahora, debería reforzar las capacidades de conformación y liderazgo de redes que hoy existen y se pueden montar –como así ocurre en numerosos lugares-. Paralelamente tiene que apostar por el fortalecimiento del resto de actores sociales, algo que ha de implantarse en un espacio público altamente participativo. Este campo no se ha sabido –ni querido en ciertos ámbitos y con algunas personas- propagar por Cuenca, donde la clase dirigente no parece haber aprendido que las nuevas lógicas participativas coexisten con las lógicas representativas en un marco de tensiones y complementariedades nada estático. Un cuadro, el de la puesta en marcha de la governance participativa y de proximidad, que sólo puede ir avanzando en la medida que avance también culturalmente su dimensión normativa, ética, y demuestre además de forma convincente sus niveles de rendimiento sustantivo. Pero sobre todo, esa transición sólo puede producirse en la medida que los distintos actores se muestren dispuestos y capacitados a adoptar los nuevos roles que este nuevo escenario exige.

El Ayuntamiento de Cuenca, como sobresale en muchas evidencias político-administrativas, ha ido abandonando sucesivamente su vestimenta antigua, lo que se traduce en un contexto de complejidad cuya actualización se ampara en un cambio gradual a medio y largo plazo. Pero para responder a los retos de funcionalidad y legitimidad planteados, que esa transición no puede dejar de impulsar en ningún momento, deben mantenerse vivas todas las energías sociales y políticas que apuestan por el cambio de modelo: por una política inclusiva (hecha por muchas personas y por muchos colectivos) deliberativa (por personas y colectivos que argumentan, reflexionan, deciden) y desde espacios de proximidad (donde la vida cotidiana, las agendas de lo micro, pasan a ser la viva expresión del modelo de sociedad que se quiere).

Los Planes Estratégicos, presupuestos participativos, agendas 21 locales, planes comunitarios, proyectos educativos de ciudad..., todos ellos parten del reconocimiento de la complejidad y la incertidumbre como elementos intrínsecos a los procesos sociales y tratan de encontrar los mecanismos para lidiar de una forma más funcional y democrática con ellos. La estrategia de abordaje de ese nuevo escenario presenta cinco elementos clave de avance e innovación:




  • La proximidad.

  • La participación.

  • Dimensión político-estratégica.

  • Transversalidad horizontal y multinivel.

  • Rendimientos.





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