Juan Andrés Buedo


Las ciudades son los únicos territorios sin fronteras



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Las ciudades son los únicos territorios sin fronteras en el que se vive, a la vez, una experiencia profunda de identidad local y una relación directa con el mundo, donde lo privado y lo público se “interpenetran”, donde lo universal ancla en lo local y, finalmente, son mucho más expresivas que el campo de los medios de comunicación mismos, según nos enseñó el sociólogo venezolano Carlos Guzmán, profesor de Sociología de la Comunicación. Su trabajo permite afirmar que el factor de homogeneidad más fuerte que tenemos en la sociedad es la ciudad. El gran “normalizador” de las conductas es la ciudad. Hoy día nuestras experiencias cotidianas de la vida pública son cada vez más fragmentadas y fragmentarias, caracterizadas por la desconexión social del lugar propio, del lugar antropológico con sentido, significado y memoria; comprendiendo la escisión del interior con el exterior, entre la vida individual y la elaboración de una máscara social.

Los resultados de los estudios de consumo cultural, realizados en distintos ámbitos y con variados fines, nos indican que si bien podemos identificar en las poblaciones urbanas un proceso de diferenciación y segmentación de los usuarios/públicos respecto a la producción y distribución de bienes culturales, también se produce a contracorriente una mixtura de públicos y combinaciones nuevas de actividades culturales por parte de un mismo individuo, con la consiguiente pérdida de delimitaciones clásicas entre los campos culto-académico, industrial-masivo y popular.

Los investigadores argentinos, Hector Schmucler y Patricia Terrero, por su parte, nos aclaran un hecho que ya vimos páginas atrás reflejado en el caso de Cuenca: “A la ciudad de las vías de comunicación a partir de la segunda post-guerra mundial se le superpone otra ciudad que en la actualidad ocupa casi todos sus intersticios: la ciudad de los medios de comunicación. La comunicación mediática construye el nuevo espacio imaginario de la ciudad actual. El cambio técnico en los medios y procesos de comunicación social rediseña los escenarios urbanos, los espacios públicos y privados, las prácticas sociales de comunicación”45.

Carlos Guzmán resume la nueva configuración urbana del ciudadano, y determina que está caracterizada por inéditas formas de vida pública -argumentación, estilo, tono, marcas distintivas colectivas, recursos dramáticos, usos del cuerpo, voz, gesticulación, etc.- o de viejas formas en lugares no tradicionales, muchos de ellos no son en manera alguna lugares físicos sino espacios virtuales, canales para la comunicación. Por esto, al diseñar sus políticas culturales de ciclo anual (apalancada en los presupuestos oficiales), las autoridades y los técnicos tendrían que plantearse más seriamente qué tipo de actuaciones político-culturales deberían orientar la gestión en nuestra Ciudad. En estos instantes se olvidan casi siempre del “estado de socialización cultural” que suelen configurar por la urgencia, la transgresión, la pobreza crítica, y la crisis de los servicios públicos, incluyendo por supuesto, los culturales. De manera que, pensar y diseñar políticas culturales que recuperen el tejido social y asociativo de los lugares públicos urbanos de nuestra Ciudad, exige a los entes gestores culturales –estatales, autonómicos, provinciales y municipales- acentuar la importancia del reconocimiento, la interpretación y la investigación tanto de los escasos como débiles modos de arraigo y pertenencia presentes, así como también los diversos y complejos referentes de identidad.

Los parques, las vitrinas de los centros comerciales, los vehículos de transporte público, las vallas de las autopistas, los cartelones de cine y otras tantas "fantasmagorías urbanas", nos invitan a una nueva opción de estudios culturales/comunicacionales urbanos sobre la ciudad, pero también, adelantar formas innovadoras de gestión del interés público cultural, más allá de lo expectante y transitorio, como aconsejó el profesor Carlos Guzmán. Esto ha de ser así porque en la actualidad lo que reúne y agrupa está en relación directa con las emociones y más en lo afectivo, así como también con la intensidad de sentido depositada por el "nosotros", ya que la trascendencia contemporánea del factor de identidad local en el desarrollo de la territorialidad cultural urbana revierte en formas de cohesión cultural distintas a la ciudad burguesa regida por contratos.

En este sentido, recuerda Guzmán que hay una cultura de la ciudad, es decir, segregada por ella, explicable a partir de ella y que suele ser confundida con la cultura que se produce en ella. Por esto, entiende el citado sociólogo que debemos distinguir entre la cultura de la ciudad y la cultura en la ciudad; entre las modalidades comunicacionales de la ciudad y en la ciudad, y por ende, entre el consumo de la ciudad como acontecimiento cultural/comunicacional y el consumo en la ciudad. Las tesis expuestas nos señalan que "la ciudad como acontecimiento cultural y comunicacional" es la creación de actitudes favorables a la revaloración de la territorialidad histórica urbana de lo público.



Lo importante, en consecuencia, es que la realidad urbana de la ciudad y su configuración pública actual parece deslizar su significado con una demanda global de sentido: el "nosotros", que saldrá a relucir igualmente en próximos capítulos. Y es que, entrados en 2005 y ubicados en la ciudad de Cuenca, la autorrealización y el estilo personal de vida son todavía primordiales, pero ahora hay que tener en cuenta otra dimensión: las nuevas formas de socialización frente a la pérdida del sentido de pertenencia, provocadas fundamentalmente por la desestructuración de la ciudad, la cual ha sufrido transformaciones profundas que se evidencian en una crisis de los servicios públicos de educación, vivienda, salud, ocio, trabajo y no es de extrañar la demanda de más y mejores servicios culturales, particularmente observable en lo referente a la puesta en valor y conservación del Patrimonio Cultural Urbano. La demanda de este “nosotros” se plantea en el contexto de una fragmentación socio-cultural y espacial, en pos de cuya estabilización debe trabajar una política cultural con rasgos e indicadores más sociológicos y muchísimo más avanzada que la desenvuelta en estos instantes. Sinceramente, malgastar el dinero público en actos o festivales populares reiterados y sin atractivo general es un atraso, pues la sociedad contemporánea está en su derecho de afirmar una creatividad singular, dotada de alta calidad y dispuesta para exhibirse dónde, cuándo y cómo quiera. ¿Acaso no hay una Historia del Arte y de la Cultura? Pues en sus páginas debe entrar el “nosotros” de Cuenca, deshaciendo los viejos tópicos calificadores de lo producido anteriormente por aquí, que se infravaloraron con atributos más bajos en fuentes externas a la capital por causas diversas, entre las que tiene un papel significativo el no haber contado la Ciudad con una burguesía históricamente fuerte, abundante, culta y puesta al día.

CUENCA: CIUDAD HABITABLE, ENTRE UNA CULTURA DE BUENA CONVIVENCIA
Una ciudad habitable debe ser una ciudad segura. La seguridad ciudadana es un factor importante en la valoración que se hace de la calidad de vida urbana, como veremos en el apartado exclusivo que se le reserva en el capítulo sexto. El concepto de seguridad podría definirse “como una situación social que se caracteriza por un clima de paz, de convivencia y de confianza mutua, que permite y facilita a los ciudadanos el libre y pacífico ejercicio de su derechos individuales, políticos y sociales, así como el normal funcionamiento de las instituciones públicas y privadas” (Lledó, 1999). En las encuestas sobre Seguridad Ciudadana llevadas a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas se manifiesta una alta preocupación de la sociedad española por esta cuestión mucho mayor que los datos que ofrecen las estadísticas de criminalidad. En dichas estadísticas Cuenca siempre ha venido apareciendo con unas cifras bajas y, por tanto, una alta seguridad ciudadana.

La mayoría de las personas asociamos la inseguridad ciudadana con el ataque a la propiedad privada o las personas, a los actos de vandalismo, gamberrismo e incivismo, independientemente de las causas objetivas o del nivel perceptivo socialmente aprendido.

Aquí nos guiaremos, como lo he hecho en el momento de forjarme una idea de esta materia durante mi recorrido sociológico por Cuenca, por cuanto refleja una excelente investigación realizada por el Instituto Universitario de Investigación sobre Seguridad Interior46, en la que se analiza la evolución de la opinión pública respecto al fenómeno de la inseguridad ciudadana en la España democrática. Lo que se pretende con ese análisis preliminar de los datos de opinión es establecer las tendencias sufridas por la opinión pública en los últimos años, en los que los niveles de seguridad han sido cambiantes y han provocado reacciones sociales y judiciales de importancia. En dicho trabajo –compuesto mediante una metodología bien encarada- utilizan indistintamente “seguridad” e “inseguridad” ciudadana, como los extremos de un continuo, para evitar los problemas conceptuales que se generan cuando se pretende otorgar diferentes connotaciones a un concepto, según se opte por utilizarlo en negativo o en positivo. A juicio de los investigadores del I.U.I.S.I. la seguridad ciudadana es un sentimiento colectivo que se vincula sobre todo a comportamientos que generan conflictividad social y conductas delictivas.

El análisis del I.U.I.S.I. patentiza que en 1995 la seguridad ciudadana en España quedó reconocida como valor social. “Por otro lado, un 38,4% de los encuestados en diciembre de ese año, preguntados por ello, consideraron que era un problema muy importante y un 54% que era un problema bastante importante. Además de estos resultados, es interesante conocer lo que los entrevistados entendían concretamente por inseguridad ciudadana para poder acotar la materia de estudio. A la pregunta, ¿en qué tipo concreto de problemas o situaciones está pensando cuando habla de inseguridad ciudadana?, los encuestados vinculaban el término a problemas delictivos en su mayoría, haciendo referencia, en el estudio de abril, a robos (52%), a atracos (27,6%), a droga (24%), a no poder salir de casa por inseguridad en la calle (12,6%), a delincuencia común (10,3%), a tirones de bolsos (9,6%), etc., y en el de diciembre, a droga (52,6%), terrorismo (50%), violaciones (40,2%), agresiones físicas (35,4%), y robos (35,1%), entre otros”47.

En 2003 tuvieron los investigadores citados como fuentes de información tres estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): el barómetro de enero, el barómetro de junio y el barómetro de diciembre. En todas las recogidas de información, a juicio de los encuestados, los tres problemas principales que existían en España en ese año eran: el paro, el terrorismo ETA y la inseguridad ciudadana. En los dos primeros barómetros, los tres problemas que personalmente más les afectaban eran: el paro la inseguridad ciudadana y los problemas económicos.

En 2004, sus fuentes de información fueron el barómetro de enero, el barómetro de marzo y el barómetro de junio. En el primer barómetro analizado, el orden de los problemas considerados como principales para los españoles resultó ser: el paro, el terrorismo ETA, la inseguridad ciudadana, la vivienda y la inmigración. En el barómetro de junio este orden se correspondió con: el paro, el terrorismo, la vivienda, la inseguridad ciudadana y la inmigración. En el barómetro de marzo hubo algunas variaciones respecto al orden de importancia otorgada a los problemas por los encuestados, así los resultados fueron: el terrorismo ETA, el paro, la vivienda, la inseguridad ciudadana y la violencia contra la mujer.

En 2004, la inseguridad ciudadana sólo queda incluida dentro de los tres problemas principales que preocupan a los españoles en el barómetro de enero. Especial mención hacen nuestros analistas al terrorismo, que ha sido el único tema diferente al paro que ha ocupado a lo largo de los años el primer lugar en el catálogo de problemas que preocupan a los ciudadanos de este país y a los encuestados personalmente. Sin duda el 11-M ha dejado una huella indeleble en la historia de España y una de sus manifestaciones es este dato, muy revelador en amplios sectores y para temas diversos.

La seguridad ciudadana se vincula sobre todo al problema de la delincuencia. En 1995 la seguridad ciudadana se erigió como el valor social más importante, compitiendo con la libertad individual, la igualdad social y la solidaridad, dando fe este reconocimiento, otorgado mayoritariamente, de la relevancia del fenómeno analizado.

Acabando el año 2003, la delincuencia en España baja, poco, pero baja: un 2,44% en los primeros ocho meses del año. Pero la caída no es uniforme, ya que mientras los delitos y faltas contra el patrimonio (robos, hurtos...) bajan a buen ritmo, los homicidios y lesiones han crecido un 6,5% y las agresiones sexuales, un 24,3%, según datos del Ministerio del Interior, el Sindicato Unificado de Policía y la Asociación Independiente de la Guardia Civil. Baleares y la Comunidad Valenciana se mantienen como los territorios en los que es más fácil ser víctima de la delincuencia. Interior asegura que los delitos han descendido ese año un 7,57%, pero que esa caída no ha venido acompañada de un recorte en las faltas, que han crecido un 2,71%. El ministro Ángel Acebes aseguró que ese descenso era debido a la puesta en marcha, en septiembre de 2002, del Plan de Lucha Contra la Delincuencia, que ha hecho caer especialmente los delitos contra el patrimonio (8,31% menos) y los robos con violencia e intimidación (11,31%).

Sin embargo, en ese año se produjo un incremento en los delitos contra las personas, especialmente los homicidios y asesinatos, que, según Interior, crecieron "por encima del 5%". El IESP concreta que el incremento fue en ese capítulo del 6,3% (900 homicidios, consumados y en tentativa, entre enero y agosto de 2002 frente a los 957 del mismo periodo de 2003). También subieron las agresiones sexuales (sobre todo en el ámbito doméstico) un 24,3% (las violaciones con penetración aumentaron un 10%) y las lesiones a personas (2,6%).



FIGURA 5


La evolución de la delincuencia, además, tampoco es territorialmente uniforme. Por ejemplo, es mucho más fácil ser víctima en Baleares y Valencia que en Extremadura o Castilla-La Mancha. La tasa de criminalidad en las islas es la más alta de España, con 73,5 infracciones por cada 1.000 habitantes, seguida de la Comunidad Valenciana (50,1) y Murcia (36,5). Las más bajas son las de Extremadura (11,5) y La Rioja (12,5). Por provincias, Baleares sigue a la cabeza, seguida de Tarragona (64,83) y Alicante (67,41), según datos de la Guardia Civil. Y en esto Cuenca, como toda Castilla-La Mancha posee unos índices “bajos”, como refleja la Figura 5, sobre grupos de delincuencia, y corrobora la Tabla 1 que se ha elaborado a partir de los Indicadores Sociales del 2004 compuestos por el Instituto Nacional de Estadística, y más directamente extraídos de las tablas de “Justicia y seguridad”, desde la cuantía de los detenidos por la Guardia Civil y la Policía Nacional. Aunque son cifras pertenecientes al total de la provincia, no ofrecen una dispersión significativa con respecto a los índices directos de las capitales castellano-manchegas, si descontamos el caso de Ciudad Real en el año 1997 -que, sin duda, ha de tener un motivo muy puntual, no estudiado-.
TABLA 1

Personas detenidas por 1.000 habitantes

 

1993

1994

1995

1996

1997

1998

1999

2000

2001

2002

Castilla-La Mancha

3,97

4,10

4,67

5,34

11,18

4,89

3,83

4,49

4,87

5,49

Albacete

4,97

4,74

4,93

5,47

0,46

5,25

4,08

5,07

5,48

6,35

Ciudad Real

3,92

4,11

4,51

4,60

29,22

3,94

2,77

3,13

3,49

4,26

Cuenca

4,41

5,16

5,58

7,14

5,80

3,73

3,62

3,51

3,78

3,68

Guadalajara

4,07

4,76

5,68

6,54

6,91

7,33

7,43

8,93

9,33

9,04

Toledo

3,10

3,03

3,97

4,88

5,30

5,20

3,57

4,28

4,66

5,51

Total de España

7,82

7,58

7,31

7,78

7,53

7,36

5,45

7,19

7,73

8,03


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