John baines


El principio de correspondencia



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2. El principio de correspondencia
Como arriba es abajo; como abajo es arriba.
Este principio hermético se refiere a la similitud que, existe entre los diversos planos o clasificaciones vibratorias que existen en el ordenamiento del Universo. La gran escala de la vida va desde la materia al espíritu, existiendo en el medio una infinita escala vibratoria. Dentro de esta gama, las mismas leyes que actúan en lo denso, por ejemplo, obrarán también en lo espiritual o sutil. Existe una correspondencia o similitud entre todos los fenómenos cósmicos, y el estudio de estas analogías permite llegar a lo desconocido partiendo de lo que ya se sabe. La astrología, por ejemplo, se basa en la premisa de que el hombre es un microcosmos, es decir, que tiene en su interior una réplica análoga al Universo, y que por medio de este esquema vital estamos unidos a los planetas de nuestro sistema solar e influenciados por ellos. La carta celeste del horóscopo pretende llegar al trazado de nuestra estructura vital interna por medio de la ley de correspondencia. Los planetas manifestarán su influencia a través de las diferentes partes de nuestro cuerpo, con las cuales se corresponden. Sabemos, por ejemplo, que Aries corresponde a la cabeza y Piscis a los pies, existiendo una simpatía entre el signo zodiacal, el planeta que lo rige, y la zona del cuerpo sobre la cual domina. Un talismán es un objeto mediante el cual se pretende establecer una relación magnética entre el sujeto que se desea proteger y la fuerza cósmica correspondiente. El Cosmos influencia al hombre con sus energías, pero a la vez, es influenciado por éste.

Existe aquí un principio de retroalimentación, cuyas exactas proyecciones no podemos vislumbrar. Se dice que si una persona tira una piedra a un lago, este acto simple llegará algún día a influenciar los confines del Universo de alguna manera. Existe la unidad universal, en el sentido de que todo está unido a todo; no podemos separarnos de la gente ni de nuestro medio ambiente. Tú mismo, lector, estás unido por un hilo invisible a cada habitante de nuestro planeta y a todo ser que existe en el Cosmos. Si odias a alguien, te estás destruyendo a ti mismo; si quieres vengarte de una persona, lo que pongas en movimiento caerá finalmente sobre ti. Recordemos los principios cristianos, que se basan en puro hermetismo: “No hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”, o “Amaos los unos a los otros”. Este principio de correspondencia se explica porque Todo es mente; el Universo es mental. La energía mente es un nexo común de todo lo que existe.

Tal como existen correspondencias externas (con lo externo), también las hay dentro de nuestro cuerpo, y también en relación al sexo opuesto. Obsérvese por ejemplo la similitud entre las amígdalas y los testículos o los ovarios, entre el espermatozoide y el bulbo raquídeo con el cerebro, o la relación entre este último y el sexo. En este caso, habitualmente la pérdida de sensibilidad en lo sexual deriva en una mayor sensibilidad intelectual, y viceversa. Esto se comprueba en la satiriasis, que generalmente lleva a un deterioro de la inteligencia. Con respecto a los sexos opuestos, podemos ver como el pene se corresponde con el clítoris, y el útero con la próstata.

La magia simpática es el arte de establecer correspondencias artificiales entre una persona y una figura de cera, un talismán, una planta o cualquier objeto. De este modo, las influencias recibidas por el muñeco de cera, derivarán finalmente hacia el sujeto que sirvió de modelo. Basándose en este mismo principio, un individuo puede entrar en correspondencia con un árbol o una planta, y traspasarle su propia enfermedad, con la mejoría equivalente.

La acupuntura nos muestra un caso del ventajoso empleo de las equivalencias corporales, donde el estímulo en el lóbulo de una oreja puede sanar una cefalalgia. A primera vista es muy difícil pensar que puede haber una relación entre lóbulo de la oreja y nuestra cabeza, pero la experiencia concreta prueba que la hay. Es posible por medio de las agujas que se utilizan en la acupuntura curar muchas enfermedades o provocar insensibilidad al dolor; todo esto por la correspondencia.

Es de máximo interés el estudio del aforismo hermético “Como es arriba es abajo; como es abajo es arriba”, ya que nos explica los lazos de influencia recíproca que existen entre un individuo y la naturaleza terrestre y celeste. El medio ambiente, al irradiar sus fuerzas sobre nosotros, provoca cambios en nuestro interior y en los acontecimientos que diariamente nos ocurren. A la inversa, nuestra condición psicológica y nuestro estado mental se proyectan hacia la naturaleza, y como consecuencia de esto, se producen en nuestras vidas sucesos fastos o nefastos. Este aforismo hermético tiene una gran aplicación práctica que se desvelará sólo al estudiante acucioso. Por nuestra parte sólo daremos algunos ejemplos:

1. Una persona mantiene su habitación en desorden y totalmente, desaseada. Este hecho material, de naturaleza física, repercute de inmediato en lo psicológico del sujeto, quien se convierte, intelectual y emocionalmente en una réplica de la situación física que mantiene. Su psiquis será el retrato de su habitación, y viceversa.

2. Esta misma persona del ejemplo anterior se dedica un día a efectuar un escrupuloso aseo y ordenamiento de su pieza. Como consecuencia de esto, realiza también una cuidadosa limpieza de su psiquis, sintiéndose especialmente alegre, “liviano”, y confortable.

3. Un sujeto amargado y negativo se encuentra habitualmente con gente que lo rechaza instintivamente, y que sin darse cuenta cómo, pueden llegar a odiarlo.

4. Una mujer se cree fea y se siente poco atractiva. Aun cuando sea en verdad “fascinante”, su estado mental rechazará al sexo opuesto.

No creemos necesario explicar mayormente estos casos. Dentro del tema que estamos tratando, y por la importancia enorme que reviste, consideraremos en forma especial lo que se refiere a la relación establecida entre los actos jurídicos que obligan al sujeto y la dependencia y falta de libertad que sobreviene en el plano de la energía. Vamos a suponer, para ilustrar esto, que una mujer no se lleva bien con su marido, y se separa de hecho, pero sin divorciarse. Por este hecho ella seguirá unida firmemente a su esposo, y si él es un sujeto negativo que le desea cosas malas, esta dama no podrá aislarse de estas fuerzas; las recibirá y seguramente la perjudicarán, aun cuando esté diez años viviendo separada de su ex compañero. ¿Cuál es la razón de esto? La causa reside en nuestro aforismo “como es arriba es abajo; como es abajo es arriba”, ya que por existir un contrato jurídico entre ambos cónyuges, ellos están, en verdad, indisolublemente ligados, por lo menos mientras el contrato tenga vigencia legal. La ley de los hombres proyecta su influencia hasta el mundo de la energía, llamémoslo “plano astral”, “plano mental”, o “cuarta dimensión”, para designar un lugar de vibraciones muchísimo más sutiles que las materiales. Lo mismo que en el caso anterior ocurre con personas naturales que se unan a través de un contrato para formar una persona jurídica, lo cual ocurre en el caso de una sociedad comercial, por ejemplo. Mientras la escritura de constitución de la sociedad esté vigente, los socios permanecerán unidos, y cada uno de ellos afectará la vida de los demás, de una manera positiva o negativa, y a la vez, recibirá también de ellos una fuerza que determinará sucesos importantes en su vida. De ahí el peligro de unir nuestras vidas con personas afectadas por un karma muy pesado o negativo, el cual, en caso de una ligazón jurídica, caerá indefectiblemente sobre nosotros.

A través de este principio de correspondencia es posible entender la crueldad inmensa que significa el condenar a un delincuente a cadena perpetua, ya que por haberlo dictado así la ley del sapiens, este sujeto continuará prisionero indefinida o permanentemente, aún después de su fallecimiento. Cadena perpetua significa, en el fondo, cárcel después de la muerte.

Para que no reine la desesperación en quienes están en este trance y lean este libro, quiero aconsejarles que practiquen una especie de defensa mental para liberarse junto con la muerte. Este “sortilegio”, por llamarlo así, consiste en repetir todos los días la siguiente oración: “me libero de la ley de los hombres y me entrego a la justicia divina”. Es preciso advertir que para que ésta fórmula surta efecto y el sujeto se libere realmente, es preciso sentir profundamente lo que se está diciendo, ya que si se repite mecánicamente, con seguridad fracasará. Es diferente el caso cuando se condena al reo a la pena capital, ya que en este trance, la muerte lo libera.

Debemos también señalar la importancia enorme que tiene para la especie sapiens, los descubrimientos u observaciones astronómicas, ya que si un sujeto cualquiera descubre una nueva estrella con su telescopio, y ésta emite energías sutiles de carácter destructivo (todos los cuerpos emiten energía, a la cual podemos denominar “energía masa”) estas fuerzas llegarán hasta nuestro planeta en forma intensa, ya que se ha creado una vía mental para ello.

Los templos del antiguo Egipto estaban construidos de manera que si en ciertas épocas del año una persona miraba hacia el cielo desde una abertura o ubicación previamente establecida, veía una estrella, conocida por los constructores, con lo cual se pretendía establecer un contacto mental para que el observador recibiera la influencia positiva de aquel astro.

Es preciso advertir que esta enseñanza sobre las siete llaves herméticas es de carácter básico, para que el estudiante descubra todo lo que permanece oculto, o se dice entre líneas.

Quiero terminar este comentario sobre el principio de correspondencia honrando el recuerdo de los extraordinarios egipcios, quienes poseyeron conocimientos herméticos extraordinarios antes de llegar a su decadencia. El vulgo siempre ha comentado, al igual que los arqueólogos ignorantes, que en Egipto la gente era tan ignorante que adoraba dioses animales, lo cual se considera el colmo de la decadencia moral. Por nuestra parte; debemos decir que esto era la manifestación de la sabiduría hermética antigua. Me explico: los egipcios tenían dioses animales no para adorarlos, sino para que fueran adorados por los animales comunes y corrientes (los no instituidos dioses). El objeto de crear dioses animales era el de mantener la pureza y elevación de la raza humana, al impedir por medios “mágicos” que los animales penetraran en la escala humana, encarnando como sapiens. En el capítulo “La ilusión del conocimiento verdadero” hemos hablado sobre la corporización de la energía conciencia, lo cual viene al caso en este tema, para explicar que los animales al recibir la irradiación de la conciencia del hombre asimilan en parte la energía de la chispa divina, fuego mágico que los capacita para entrar por primera vez a la escala humana al morir como animales. Se comprende que esto ocurre de preferencia con animales domesticados o que por alguna razón especial tienen un contacto sostenido con el hombre. Un perro de circo, por ejemplo, ya está muy cerca de la vibración humana.

No puedo dejar menos de hacer una pausa al imaginar la sonrisa burlona de quienes creerán, con toda seguridad, en la debilidad mental de quien escribe. Creo que los comprendo perfectamente, ya que si por mi parte no hubiera tenido la oportunidad de comprobar hasta la saciedad la veracidad absoluta de la ciencia hermética, si fuera un neófito en la materia y estuviera leyendo este libro, pensaría lo mismo que ellos. Por el contrario, si los lectores incrédulos pudieran cambiarse con mi persona por algunos minutos por medio de una transmigración mágica, me darían completamente la razón. El problema reside en que es preciso vivir la experiencia hermética para que ésta confirme lo que ya se había logrado aprehender por medio del instrumento intelectual. Me siento también obligado a señalar que en el hermetismo no se cree ni se deja de creer; simplemente, se comprende o no se comprende.

Prosiguiendo con la explicación de los dioses animales, debemos decir que cuando un animal encarna por primera vez como ser humano, será un sujeto de bajísimo nivel, con instintos animales muy fuertes, y que seguramente hará un grave daño a la sociedad, ya sea por convertirse en un delincuente o al pervertirse moralmente por carecer de los frenos adecuados para controlar los instintos. Este sujeto-animal, tiene que elevarse muy gradualmente de nivel a lo largo de muchas reencarnaciones. Se comprende que si muchos animales se convierten en ejemplares de sapiens, la humanidad se enfrentaría a una grave crisis, y eso es lo que ocurre precisamente en este momento.

Por medio de la magia ritual los sacerdotes egipcios sacrificaban un perro, por ejemplo, y lo momificaban enterrándolo en un lugar secreto. Este perro recibía un nombre y era ungido en el momento de su muerte como “dios de los perros”. Este animal se convertiría así en el guardián oculto que impediría el ingreso de perros a la escala humana, para lo cual había sido especialmente preparado. Nos reservamos la explicación completa y profunda de esta operación mágica, la cual sólo serviría para satisfacer la curiosidad del vulgo.

Solamente falta agregar que de ninguna manera un hombre puede reencarnar como animal, y que no todas las personas reencarnan, pero esto es tema aparte.
3. El principio de vibración
Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.”
Esta ley nos indica que todo en el Universo está en vibración y que nada permanece inmóvil. La materia, la energía, el espíritu, son solamente el resultado de estados vibratorios diferentes.

El espíritu representa el extremo polar de las vibraciones más rápidas, cuya frecuencia es tan elevada que parece estar en reposo absoluto. El otro polo lo forma la materia extremadamente densa. Dice el hermetismo que entre ambos polos hay millones y millones de diferentes intensidades y modos de vibración. Sabemos que las moléculas que componen la materia están en constante vibración, y que a su vez, los átomos que las forman, también están en constante movimiento y vibración. A su vez, los electrones y protones también están vibrando rapidísimamente.

Sin temor a equivocamos podemos afirmar que no hay nada en el Universo que no sea “materia mental vibrando en diferentes frecuencias”. La luz, el calor, el magnetismo, la electricidad, son solamente diferentes modalidades vibratorias. Aquel plano misterioso conocido con el nombre de “cuarta dimensión”, es solamente un estado vibratorio de alta frecuencia. Si una persona pudiera hacer vibrar su cuerpo físico a una muy elevada frecuencia por segundo, llamémosla frecuencia X, penetraría físicamente en el mundo de la cuarta dimensión. Sin embargo, no es aquella remota posibilidad lo que debe interesarnos, sino lo que se refiere al control de las propias vibraciones. En efecto, nuestros pensamientos, emociones, deseos, o impulsos, son solamente estados vibratorios. Nuestro cuerpo físico es un conjunto de sistemas que vibran a una misma frecuencia, y la salud es solamente la armonía vibratoria del cuerpo. Enfermedad es desarmonía, y la muerte es la rotura de la cohesión vibratoria de los sistemas biológicos. En el terreno de nuestra vida personal todo gira en torno a la vibración; si estamos alegres es por una vibración positiva, la tristeza es una vibración negativa. Nuestro pensamiento nos hará ser más o menos inteligentes de acuerdo a nuestra vibración mental. Cada persona tiene un largo de onda mental que le es propio, de acuerdo a la frecuencia vibratoria de su inteligencia; mientras más corta es la onda mental, más inteligente será el sujeto, y viceversa.

La dificultad para comunicarse que tienen las personas, proviene de sus diferentes largos de onda mental, las cuales, al no coincidir en sus frecuencias vibratorias, impiden la mutua comprensión. Si queremos comunicarnos con un individuo, y que nos entienda realmente, debemos esforzarnos por adaptar nuestra onda mental a su estado vibratorio, a fin de establecer una perfecta afinidad. Esto explica las diferencias sorpresivas que se producen entre dos personas que normalmente se entienden bien; una de ellas ha variado notablemente su largo de onda mental, ya sea alargándola o acortándola, dejando al otro “fuera de frecuencia”, tal como si pretendiéramos sintonizar una emisora determinada en una frecuencia que no le corresponde.

Existen diversos motivos por los cuales se producen caídas vibratorias en la gente. Problemas de salud, estados depresivos, inercia, conflictos internos y abulia intelectual, son algunas de las principales causas. En cuanto a los sujetos que tienen permanentemente una onda muy larga (de baja frecuencia), esto se debe a la falta de preparación intelectual del individuo.

También influye de manera muy poderosa en las vibraciones de la gente, el medio ambiente, ya que vivimos en un océano de vibraciones, las cuales nos impactan constantemente, despertando en nosotros fuerzas de calidad similar. El espacio cósmico y terrestre que nos rodea, está saturado de vibraciones, y ellas influyen de manera determinante en las personas. En los habitantes de una ciudad, por ejemplo, se puede apreciar, al observarlos, un ambiente vibratorio positivo o negativo, y lo mismo ocurre al visitar el hogar de alguna familia, donde sentiremos de inmediato una irradiación cálida y positiva, o bien, una fuerza que nos repele. Lo que ocurre en nuestras habitaciones, es que la irradiación vibratoria de las personas que allí viven, penetra en la construcción material, impregnándola con energías positivas o negativas, las cuales son captadas fácilmente por los visitantes. Es por eso que hay lugares que al visitarlos despiertan en nosotros una tristeza intolerable, que llega en algunos casos hasta una profunda depresión con tendencia al suicidio.

Estamos, simplemente, recibiendo los estados anímicos de quienes vivieron o trabajaron en ese lugar. Los hábitos de conducta, los estados emocionales, los pensamientos habituales, y las normas morales y espirituales del individuo, determinan la bondad o inconveniencia de sus estados vibratorios, lo que a su vez influye de manera decisiva en su vida cotidiana. Las familias y grupos de humanos en general, se constituyen en vórtices de energía, los cuales dejan sentir su poder en quienes entran en contacto con ellos. Las vibraciones se van acumulando en el individuo, es decir, éste va haciendo acopio de buena o mala vibración, y hay momentos en los que el sujeto es una verdadera bomba de tiempo por la fuerza en estado latente que tiene en sí mismo, destructiva o creadora, la cual, con el influjo de un detonante adecuado, se descargará violentamente, produciendo acontecimientos favorables o negativos.

Esta fuerza tiene la particularidad de afectar intensamente a las personas que entran en contacto con el sujeto que vibra de manera intensificada, pudiendo resultar éstas, contagiadas con lo que el “emisor” siente. Tal caso ocurre cuando alguien nos cuenta sus penas, por ejemplo, y el afectado, después de esto, queda en excelente estado de ánimo, y nosotros, en profunda condición depresiva. Tal vez, uno de los profesionales más afectados por este fenómeno, sea el psiquiatra, quien se contagia con las lacras mentales de sus pacientes, y ellas empiezan a perjudicarlo a él.

Aquellos sitios donde se da rienda suelta a las pasiones inferiores, tales como bares o casas de prostitución, son centros de vibraciones inferiores y negativas que perjudican notablemente a los, parroquianos. Todo hombre que quiera tener éxito en sus empresas personales o que desee aumentar su capacidad de realizar cosas, ya sea en el terreno espiritual o material debe, por medio de la autodisciplina, elevar sus vibraciones para no ser afectado por aquello que se denomina “mala suerte” o desgracia. Es preciso, practicar una rígida higiene mental, a fin de no ser afectado por lo negativo del ambiente en el cual nos desenvolvemos. Existen fuerzas tan poderosamente negativas que pueden matar a una persona, ya que su tono o nota básica, es destructiva o desintegradora. Sabemos que existen sonidos (vibraciones) que pueden destruir la cohesión de la materia (infrasonidos), o bien, que pueden producir un efecto curativo medicinal (ultrasonidos). Conocido es el poder del rayo laser (vibración), cuya luz puede perforar el material más duro.

El sapiens busca de manera inconsciente un remedio para sus desarmonías vibratorias, y recurre para esto a la buena música, la cual restablece el equilibrio interno. Sin embargo, existen ritmos musicales de tal disonancia que crean estados negativos dentro de las personas. El sonido de ciertos instrumentos posee cadencias de tal índole, que provoca bajo ciertas condiciones, estados de profunda tristeza, como es el caso de la quena, especie de flauta indígena. Conocemos también el pernicioso efecto de los ruidos que sobrepasan ciertos decibeles de potencia, y que provocan una considerable fatiga nerviosa que repercute en la pérdida de la eficiencia humana, tanto en lo manual como en lo intelectual.

La vibración de la palabra humana tiene también poderosos efectos bienhechores o perniciosos en quienes la escuchan. Hay personas de gran simpatía personal, pero cuya voz, sin tener un tono desagradable, resulta repelente. Esto depende del resultado del choque de las oscilaciones sonoras. Si aquellas que recibimos son armónicas a las nuestras, sentiremos simpatía y agrado, y viceversa. La gente no se da cuenta en qué medida se le acoge bien o mal de acuerdo a las vibraciones que se emiten.

Es simple comprobar la influencia de las energías oscilantes del individuo. Existe un experimento muy simple para esto y que consiste en tener dos grupos de pequeñas plantas de interior, las cuales se deben separar en dos facciones. A una de ellas es preciso hablarle todos los días, tal como si fueran seres racionales, expresándoles por medio de las palabras, pensamientos de amor, amistad y fortaleza. El otro grupo se deja abandonado a su propia suerte. Con el correr de los días se verá cómo las plantitas regalonas se ponen mucho más hermosas y crecen más rápidamente, aunque tengan exactamente la misma tierra, luz, y riego que las otras.

Otra experiencia muy simple consiste en comprobar nuestro poder de inducción vibratorio sobre la gente. Para esto, es necesario dirigirse a alguien que nos tenga notoria antipatía.

Venciendo el rechazo que esta persona nos provoque, nos esforzaremos en sentir por ella una profunda simpatía y cordialidad, y después de poco, veremos cómo cambia radicalmente y pasa a tener una gran amistad por nosotros. Muchas veces, somos nosotros mismos quienes provocamos rechazo en la gente por nuestra hostilidad hacia ellas.

A través del principio de vibración es posible comprender que las maldiciones existen efectivamente, pero no tienen nada de sobrenatural; son solamente la condensación y proyección de vibraciones fuertemente destructivas. Con las bendiciones ocurre el mismo fenómeno, pero como se comprenderá, a la inversa.

Cuando una pareja de amantes se dice palabras de amor, el goce que experimentan no se debe solamente al conocimiento de que son amados, sino a la influencia vibratoria de la palabra.

Reflexionando un poco en esto, es posible concebir la existencia de palabras mágicas, que son solamente la combinación de letras que producirán fenómenos oscilatorios. El tradicional grito del karate, por ejemplo, estaba originariamente concebido con el fin de paralizar efectivamente al adversario, para lo cual tenía que ser emitido en tono y frecuencia determinada, ya que de lo contrario no producía ningún efecto.

El estudiante atento que medite sobre el principio de vibración, podrá llegar a comprender cosas de la más grande importancia; el que no tiene ojos para ver ni oídos para escuchar, permanecerá en la antesala del misterio.


4. El principio de polaridad
Todo es doble; todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse.”
Este principio encierra la enseñanza de que la unidad no existe en el Universo, ya que todo es dual; todo tiene dos caras o polos opuestos. Los más profundos secretos de la vida se ocultan detrás de este simple hecho, ya que es la polaridad la que mantiene el ritmo de la vida; si no hubiera polos opuestos, la vida no sería posible. El punto básico que hay que comprender al estudiar la polaridad es el hecho de que los opuestos siempre se presentan en el mismo elemento; jamás puede aplicarse esta ley a elementos diferentes. La temperatura, por ejemplo, tiene dos extremos: frío y calor, pero no puede hablarse del polo positivo de la temperatura para relacionarlo con el negativo de la electricidad. El principio de polaridad funciona a lo largo de una escala vibratoria de grados, en los cuales se manifiesta una fuerza, graduación que va de lo positivo a lo negativo.

Es así como luz y oscuridad representan dos extremos de la misma cosa; en un caso hay presencia de luz, y en el otro, ausencia. Amor y odio son polos opuestos de la misma cosa, es decir, de los sentimientos humanos de atracción o rechazo. El espíritu y la materia son la misma cosa, pero manifestada en vibraciones opuestas. Lo mismo ocurre con la vida y la muerte y el bien y el mal.

Sin embargo, es preciso observar que en estos términos no existe lo absoluto, ya que nadie puede decir cuál es el frío o el calor absoluto, por ejemplo. Simplemente hablamos de mayor o menor cantidad de algo en un momento dado. Así, sin errar, podríamos decir que “amor es menos odio que no-amor”. Y el miedo, menos valor que el “valor puro”. Los dos polos pueden clasificarse siempre como positivo y negativo, y su diferencia es mera cuestión de grados. Es por eso que el hermetismo sostiene la factibilidad de la transmutación mental, es decir, de transformar algo en su opuesto. Odio puede transmutarse en amor, pobreza en riqueza, cobardía en valor e ignorancia en sabiduría, por medio del deslizamiento a lo largo de la escala de la polaridad. Siempre existe un extremo positivo y otro negativo, siendo el polo positivo de naturaleza superior al negativo. El valor es positivo con respecto al miedo; la luz con respecto a la oscuridad, el amor con respecto al odio.

El hermetista, actuando como un verdadero científico de la mente, puede elevar sus vibraciones internas a voluntad y transmutar lo negativo en positivo.

Es así, como según El Kybalion, “lo no deseable se mata cambiando su polaridad”. La enfermedad puede transmutarse en salud al cambiar su polaridad por medio del poder de la mente, la cual se polariza en el extremo opuesto al que se desea suprimir. Lógicamente, sólo pueden transmutarse los opuestos de una misma cosa, ya que no sería posible transmutar, de ningún modo, una pera en un durazno; en cambio, puede transformarse una pera verde en una pera madura.

Existe en Ocultismo un símbolo muy conocido en los antiguos libros esotéricos, y es el de la serpiente mordiéndose la cola. Precisamente, esto representa la polaridad, en que los dos extremos se atraen perpetuamente y buscan devorarse uno a otro, lo cual, por cierto, no ocurre jamás. El vacío atrae a la plenitud, la inocencia y la experiencia procuran absorberse mutuamente. Es por este principio que negamos la existencia de una verdad asequible al sapiens en sus condiciones habituales de vida y sostenemos que toda verdad es semiverdad, y que sólo puede llegarse a la verdad absoluta elevándose por encima del principio de polaridad, más allá de los opuestos, hasta llegar al mundo de las causas. Las personas simples creen que llegará el momento en el cual el bien triunfe sobre el mal en el mundo, de una manera definitiva, lo cual, según este principio, es imposible, como también lo es la victoria del mal. Debemos darnos cuenta que el bien y el mal representan los extremos de algo, y que por lo tanto, son absolutamente relativos. Si un zorro entra a un gallinero y devora una gallina, es muy malo para ella, pero muy bueno para el zorro, quien cumple con el principio natural de mantener su propia existencia. En realidad, el mal trabaja para el bien y el bien lo hace para el mal. La vida trabaja para la muerte, ya que desde el momento en que se nace, se comienza a morir (nos vamos acercando a la muerte), y la muerte trabaja para la vida, ya que toda destrucción es una transformación que da origen a una nueva forma de vida. ¿Qué sería de la luz si la oscuridad no existiera? ¿Acaso no debe su existencia al hecho de que la oscuridad existe? Por la sola evidencia de que algo existe, tenemos que pensar de inmediato que lo opuesto también es una realidad.



Debido a la polaridad, el hombre y la mujer se atraen y procuran llegar a una fusión; es la ley de la eterna serpiente que muerde constantemente su propia cola. Resulta muy interesante analizar el aforismo de que “los extremos se tocan”. Si aplicamos esto al amor, por ejemplo, podemos comprobar que es más fácil transformar el odio en amor que convertir la indiferencia en amor. Como los opuestos se tocan, es más corta la distancia de un extremo a otro que de la mitad de la escala a un extremo. Herméticamente hablando, podemos decir que la distancia más corta de un punto a otro no es la línea recta, sino el círculo. Ejemplo:


Este círculo representa la escala gradual que transcurre entre dos palos; el positivo representado por el número cien, y el negativo con el cero. Advertimos que estas cifras son enteramente caprichosas, con fines puramente demostrativos. Sostenemos que es más fácil llegar desde el cero al cien que desde el cincuenta al cien; la figura lo demuestra, ya que la distancia es mucho más corta, lo cual no ocurriría si extendiéramos el trazado de este círculo para transformarlo en una línea recta. En nuestro ejemplo el número cincuenta es el símbolo de los eternos indecisos y abúlicos; la representación de los tibios, quienes no tienen cabida en el reino de Dios. Esto explica el fenómeno de las conversiones, cuando un sujeto en forma súbita, cambia de ideología por otra diametralmente opuesta. Que sirva este arcano de consuelo a quienes tengan problemas graves; están más cerca del éxito de lo que podrían creer; sólo la mediocridad no tiene remedio. El hermetismo sostiene que es más nefasta la indecisión que el error; los motivos están a la vista. Quien sea capaz de leer entre líneas y hacer la digestión del conocimiento, sacará una gran sabiduría de esto.

Los antiguos alquimista sostenían que es posible transmutar el plomo en oro; lo cual en algunos casos se refería a un hecho material, y en otros, a un símbolo. El oro es solamente un extremo en la escala de los metales, por lo cual, el alquimista cambiaba la vibración y la polaridad del plomo hasta trasformarlo en oro. Cuando esto se refiere a la transformación de los metales internos en oro espiritual el ejemplo es igualmente válido.

Siguiendo con el principio de la transmutación mental empleada por los hermetistas avanzados, haremos un breve esbozo del mecanismo que se debe emplear, aún cuando esto será inútil en manos de quien no haya logrado primero su unificación interna bajo el mando de un Yo Superior, tema del que hablaremos en páginas posteriores.

Con anterioridad hemos explicado que existen muchos planos de vibración. Para los efectos del principio de transmutación, mental, hablaremos, para simplificar, de dos planos básicos: el mundo superior de las causas, y el mundo inferior de los efectos, tal como lo demostraremos en el esquema siguiente:




Mundo Superior de las Causas

+




YO SUPERIOR


Mundo Inferior de los Efectos

-




YO PSICOLOGICO

CUERPO FÍSICO


El mundo inferior de los efectos es el plano físico; el mundo superior de las causas es el plano de la emanación de la vida. El hermetista, para realizar un proceso de transmutación, se eleva al mundo de su Yo Superior y se polariza por medio de su mente, en el polo opuesto de la vibración que quiere destruir. (“Lo no deseable se mata cambiando su polaridad.”) Esto equivale a elevarse por sobre los efectos o fenómenos que se puedan estar sufriendo en un momento determinado. Mediante este proceso, se cambia una vibración de grado en grado, hasta llegar a lo que se pretende. Sin embargo, esto que parece ser tan simple en teoría, requiere para su realización práctica, de una férrea disciplina, y de la creación previa de un Yo Superior. De otro modo no pasa de ser una teoría.

Recordemos el aforismo del Kybalion que dice: “La mente, así como los metales y los elementos, pueden transmutarse de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración.” A fin de poner en práctica la transmutación mental o alquimia, es preciso aprender primero a cambiar la polaridad de nuestra propia mente, ya que de otra manera no podremos influir en el ambiente que nos rodea. Todo proceso de transmutación, sea que se pretenda cambiar nuestro mundo interior o el mundo material, es siempre una operación mental, ya que Todo es mente. Resulta de gran interés para el estudiante el poder cambiar no solamente sus propios estados mentales, sino que también aquéllos de otras personas que se encuentren aquejadas por vibraciones negativas o destructivas de cualquier índole.

Desde el punto de vista del análisis de los problemas cotidianos, la polaridad es una llave de gran utilidad, ya que permite apreciar los conflictos u obstáculos en su justo valor, sin magnificarlos ni subestimarlos. El hermetista sabrá, por ejemplo, que si se encuentra temporalmente en una situación aflictiva, es posible cambiarla gradualmente polarizándose en lo opuesto, basta llegar efectivamente al otro extremo. El tiempo que se demore esta operación, dependerá de la importancia de aquello que se desea conseguir, ya que todo tiene su tiempo de gestación en la naturaleza. Algo de pequeña importancia se realizará muy pronto; un proyecto de mucha envergadura se demorará un tiempo equivalente hasta dar frutos.

Tengamos presente esta gran enseñanza hermética de que “lo no deseable se mata cambiando su polaridad”. La meditación en esta enseñanza, permitirá al estudiante lograr grandes conocimientos.




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