John baines



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LOS BUSCADORES
La abundante “mitología” esotérica en vez, de desvelar lo oculto, lo ha velado de manera más profunda, causando con esto el más profundo desconcierto entre los que buscan, sincera o falsamente, la luz de la verdad hermética. Existe gran cantidad de escuelas, centros y “movimientos”, cada uno con su particular filosofía. En apariencia, cada una de estas corrientes se contrapone a las otras, y existe una gran falta acuerdo y coincidencia en sus enseñanzas. Por supuesto, cada escuela proclama que su verdad es la correcta, y que sus similares, son imperfectas o espurias. No pretendemos de ninguna manera criticar a las diferentes escuelas, sino más bien orientar a los buscadores para que efectivamente encuentren aquello que persiguen, y a la vez, obtengan mayor luz sobre sus móviles personales. Cada buscador tiene un particular concepto sobre lo que desea encontrar, y es así como puede, efectivamente, encontrar lo que pretende, pero darse cuenta posteriormente que su hallazgo no lo conducirá a nada verdaderamente superior, real y positivo.

Bajo el contexto general de “ciencias ocultas”, hay quienes se sienten atraídos por el espiritismo, el yoga, el rosacrucismo, la parasicología, o el “mentalismo”. A la vez, dentro de cada una de estas corrientes existen numerosas escuelas y “pseudoescuelas”. El candidato a la iniciación encuentra difícil ubicarse para elegir adecuadamente.

En primer lugar, diremos que cada individuo tiene un “nivel” que le es propio, dentro del promedio general de la humanidad. Esto es como si todos nosotros viviéramos en un estanque de agua, similar a un acuario, y cada uno encontrara su propia línea de flotación, de acuerdo a la densidad de su cuerpo. Hay muchas calidades de sapiens; hay quienes están muy abajo y otros muy alto para su especie. En estas condiciones, se comprende que cada persona busque un movimiento o escuela adecuado a su propio nivel, ya que si no es así, el sujeto estará imposibilitado de sacar algún provecho. En este caso se comprende que “lo similar atrae a lo similar”. Para ejemplarizar lo que estamos diciendo, vamos a suponer que un sujeto muy “bajo” o denso, llega hasta una escuela de alto nivel, atraído por la meta que persigue. Este individuo, con absoluta seguridad, considerará mala o deficiente la institución que ha conocido, ya que su concepto de malo será todo lo que esté por debajo o por encima de su propia línea de flotación. Para él, lo bueno será lo que se acomode a su propia vibración.

Debido a este principio del nivel de flotación, a las personas de vibración densa les resulta casi imposible permanecer en grupos iniciáticos de alto nivel, debiendo conformarse con otros de categoría inferior.

Sin embargo, es preciso señalar que todas las escuelas sirven, aun las de bajo nivel, ya que si no fuera por éstas, no habría quien acogiera al sujeto de inferior calidad, el cual necesita también de una luz equivalente a su propia capacidad de ver. Por el contrario, si un hombre de alta vibración llega a un movimiento de baja categoría, le resultará fácil y cómodo quedarse, pero su desarrollo espiritual será escaso o nulo.

Para ser discípulo de Jesús sería necesario estar a la altura de un apóstol; de otra manera sería imposible.

Es muy importante decir que las verdaderas escuelas son muy escasas, y que la mayoría son solamente centro de estudio o práctica de principios elementales. Dividiremos para nuestra explicación en tres grupos a las escuelas:

1. Centros de estudio (como son la gran mayoría).

2. Escuelas conectadas a una fuerza oculta superior que son muy escasas.
3. Escuelas iniciáticas (que pueden impartir en forma real y no simbólica el proceso místico de la iniciación), que son escasísimas y prácticamente desconocidas.

Prácticamente cualquier persona puede ingresar a los centros de estudio que hemos clasificado en punto uno. Basta pagar una cuota y mantener una asistencia regular, o una comunicación constante en el caso de las instrucciones por correspondencia.

Resulta útil para una persona el pertenecer a alguno de estos centros de estudio, ya que preparan al sujeto para cosas superiores, a la vez que despiertan en él una mayor inquietud espiritual.

Podríamos decir que estos grupos representan lo exotérico o externo de la doctrina hermética.

En el punto dos encontramos a las escuelas que efectivamente están enlazadas a un poder superior, es decir, que de algún modo tienen un enlace con los hombres estelares. El estudiante puede sacar mucho provecho de ellas.

Con el número 3 hemos clasificado a las escuelas iniciáticas, que son las únicas que pueden conducir al estudiante de manera real y no simbólica, por el proceso de la iniciación. Se caracterizan porque siempre existe un maestro al frente, y porque son las portadoras del fuego celeste, el cual transmiten al estudiante en la iniciación. Resulta indispensable establecer que la iniciación no es como creen algunos ingenuos una ceremonia ritual que se practica, en un templo, sino que el nombre, iniciación, designa el proceso completo de mutación de la larva humana en hombre estelar, el cual es provocado y dirigido por los maestros de estas escuelas.

¿Dónde están físicamente estas escuelas iniciáticas?

Su ubicación no interesa mayormente, ya que a pesar de que su número es muy reducido, todo aspirante que tenga un poderoso y verdadero anhelo de superación espiritual y que posea el nivel adecuado, encontrará con toda seguridad quien lo guíe hasta encontrar uno de estos talleres.

Debemos ahora hablar sobre los aspirantes a la sabiduría. Sabemos que hay personas que han recorrido cuanta escuela existe buscando lo que desean, pero nunca lo han hallado, probablemente porque no saben qué es lo que realmente quieren. Generalmente tienen las más fantásticas ideas al respecto, y creen honradamente, por ejemplo, que los únicos maestros verdaderos están en la India, o en alguna parte misteriosa o inaccesible del Oriente. Otros piensan que hay que comunicarse con los discos voladores por medio de la telepatía con el fin de recibir instrucciones de sus hipotéticos tripulantes, supuestos poseedores de conocimientos esotéricos. Hay quienes creen sólo en el espiritismo, la parasicología, o la enseñanza francmasónica. Los más ingenuos exigen todo tipo de “cartas patentes”, pergaminos secretos, o pruebas materiales que atestigüen de dónde emana la autoridad de la escuela. También hay algunos que sugestionados por la publicidad, fama o prestigio de alguna institución, creen que es lo mejor que pueden encontrar. La realidad es que el aspirante no está capacitado para elegir, ni menos para llegar eventualmente a juzgar la bondad o pobreza del Instituto al cual ingrese. Si estuviera en condiciones de elegir, sería porque su visión espiritual sobrepasa a la de los instructores que él busca, caso en el cual éstos no tendrían nada que enseñarle. Solamente la iluminación de su propio espíritu puede guiar al postulante en este caso. En la antigüedad, por ejemplo, al ser iniciados los candidatos en ciertas hermandades esotéricas, se les presentaba dos vasos con vino o licor, y se le advertía que uno contenía un veneno mortal, debiendo el neófito elegir uno de ellos y bebérselo íntegramente. Si no aceptaba, era rechazado de inmediato. Sabemos que a veces esto era sólo una comedia para aquilatar el valor y la decisión del individuo, pero que en otros casos, el compuesto tóxico existía efectivamente, estimándose que si el sujeto lo bebía, había desde ya fracasado, pues no estaba alumbrado por su chispa divina en la búsqueda que había iniciado.

Es de importancia básica que el buscador analice los móviles que lo guían, ya que de esta manera podrá evitarse muchos sinsabores y pérdida de tiempo, ya que sabemos que uno de los factores más desagradables relacionados con el comportamiento humano es el hecho de que el sapiens se miente a sí mismo con una frecuencia asombrosa. Sus mentiras son de tal astucia, sutileza y perfección, que el sujeto puede demorarse muchos años de su vida en descubrir que un farsante lo estaba engañando, y que este charlatán era él mismo. El objeto de este autoengaño lo ha determinado muy exactamente la psicología y generalmente se refiere a la necesidad de mantener la autoestima a un nivel elevado.

Existen muchas técnicas de autoengaño, y se agrupan bajo la denominación general de “racionalizaciones”. El profesor Gordon Allport nos da al respecto la siguiente definición: “La razón adecua los impulsos y creencias al mundo de la realidad, la racionalización adecua en cambio la concepción de la realidad a los impulsos y creencias del individuo. El razonamiento descubre las causas reales de nuestros actos, la racionalización encuentra buenas razones para justificarlos”. ¡He aquí un tesoro de sabiduría psicológica en pocas palabras! Por desgracia, nadie hace uso de él, a pesar de que puede dar a muchas personas la clave de los acontecimientos nefastos de su vida.

El individuo se miente a sí mismo para eludir el enfrentamiento con sus conflictos internos, con lo cual logra un alivio momentáneo, pero jamás una solución. Es por esto que es vital que el interesado en el hermetismo o en las corrientes esotéricas diversas, investigue sus propios móviles. ¿Existe verdaderamente en él un auténtico deseo de superación espiritual? ¿Siente una verdadera sed espiritual? ¿O solamente está guiado por el deseo egoísta de alcanzar un poder que le dé prestigio, popularidad y reconocimiento?

Puede ocurrir que el sujeto sea un converso potencial para cualquier movimiento colectivo, y que (caso muy común) busque solamente deshacerse de su yo insignificante o indeseable, fundiéndolo en cualquier movimiento de masas. El sujeto puede ser un paranoico, un acomplejado en grado superlativo, un fracasado, un vanidoso que necesita de un auditorio para lucirse, o un intelectual impulsado sólo por la curiosidad. Es posible que ande huyendo de sí mismo o del mundo, o que un gran fracaso amoroso o su tremenda soledad, lo lleven a buscar una compañía cualquiera. Otros pueden pretender poderes mágicos, secretos para ganar dinero o atraer al sexo opuesto, o simplemente quieren abrir su “tercer ojo”, sin tener, en realidad, la más mínima idea de lo que pretenden. En cualquiera de estos casos, u otros en que guiado por estos ejemplos, se deduzca fácilmente que el individuo no está llevado por un genuino anhelo de superación espiritual, es preferible que se abstenga de solicitar la luz hermética, ya que no se encuentra preparado para esto, además de no interesarle verdaderamente.

Esto no quiere decir que alguna persona que está en uno de los casos anteriores no vaya a poseer, paralelamente al problema que la aqueja, un real impulso de elevación espiritual. Muchas veces las personas “más espirituales”, por así decirlo, son las que más problemas encuentran en su existencia terrestre, por la dificultad de adaptar sus vehículos psíquicos más sutiles que lo común, a las vicisitudes de nuestra “civilización”. Sucede en muchos casos que un estudiante ingresa a una fraternidad hermética y no le resulta posible quedarse por las enormes dificultades que surgen en su camino. En esta alternativa pueden perderse la gran mayoría de los candidatos, ya que es muy simple pertenecer a grupos de estudio o escuelas contemplativas donde no existe una iniciación real, pero si el sujeto ingresa a una escuela iniciática, deberá enfrentarse con el espectro de si mismo y vencerlo, si es que pretende alcanzar la luz. La naturaleza lo probará sin contemplaciones, a fin de establecer su verdadera calidad espiritual. En alquimia hermética se dice que para hacer oro hay que tener oro, aun cuando sea una fracción infinitesimal”. Precisamente, en las pruebas, se sabrá con absoluta seguridad cuanto oro espiritual tiene el candidato. Si no tiene esta semilla áurea, toda mutación resultará imposible, y el sujeto deberá conformarse con luchar en esta vida para formar su pequeñísima porción de oro espiritual, lo cual lo capacitará en una próxima reencarnación para llegar más lejos.

También ocurre que una vez dentro de una fraternidad hermética, el estudiante puede permanecer allí varios años ciego y sordo a la enseñanza que recibe, sin poder aquilatar el inmenso valor de la escuela y del conocimiento que está recibiendo. Esta situación puede durar siempre, o sobrevenir un día cualquiera, una experiencia iluminadora, que abra los ojos para siempre al individuo.

La falta de avance o de éxito, se debe generalmente a que el sujeto no se esfuerza lo suficiente, poniendo él mismo, límite a su propio trabajo. Para no engañar a nadie, hay que decir que el hermetismo no es, de ninguna manera, para los flojos o cómodos, sino al contrario, para la gente dispuesta a realizar esfuerzos titánicos para evolucionar. Aquí hemos tocado un punto del que ya hemos hablado, pero es necesario analizar repetidas veces hasta llegar a entenderlo. Nos referimos a que el vulgo siempre piensa en el Ocultismo, la Magia, o el hermetismo, como en un sistema, que mediante el uso de fórmulas mágicas, permitiría obtener rápidamente, sin mayor esfuerzo, lo que de otro modo sería posible sólo a costa de gran empeño. Riqueza, amores, trabajo, o favores especiales, serían obtenidos por mediación de potencias superiores. Como lo hemos señalado con anterioridad, la gente siempre cree en lo que quiere creer, esto es, en lo que conviene a sus propósitos personales. En este caso, como en otros, todo lo que signifique economizar esfuerzo y alcanzar las cosas por procedimientos maravillosos será inmediatamente aceptado por el vulgo. Seguramente el relato de “Aladino y la lámpara maravillosa” de “Las mil y una noches”, fue escrito por un haragán, a manera de proyección inconsciente de sus sueños ocultos. Esto no quiere decir que esos prodigios no sean posibles sino que de ninguna manera pueden constituirse en un “abracadabra” para lograr las cosas con poco trabajo. Uno de los principios herméticos dice que: “toda causa produce un efecto”, el cual será de una potencialidad equivalente a la acción que le dio origen, y tendrá un tiempo de gestación o realización acorde a la importancia de lo que se pretende conseguir. No existe, por lo tanto, el milagro de obtener las cosas sin esfuerzo, como caídas del cielo. Esto sería una arbitrariedad en el ordenamiento cósmico, y sí este acto caprichoso fuera posible, la integración de los materiales del Universo se rompería. No existen en el Cosmos ni los milagros ni la casualidad; solamente la causalidad (ley de causa y efecto), y los fenómenos naturales producidos por leyes de la naturaleza poco conocidas. Lo que se llama un milagro es solamente un hecho natural, pero de naturaleza desconocida.

Existen también quienes no encuentran porque no quieren encontrar, ya que si lo hicieran, se verían obligados a enfrentarse al arduo problema de vencerse a sí mismos para poder evolucionar, lo cual ellos saben de antemano, y los asusta. Constituirse en cambio en un eterno buscador no requiere de grandes esfuerzos, sino que muy por el contrario, permite al sujeto dar rienda suelta a sus más audaces sueños, sin peligro de sufrir un descalabro. El perpetuo explorador, elude, entregándose a la fantasía onírica, el encuentro con la real oportunidad de realizarse a sí mismo de manera genuina. Resulta muy cómodo soñar durante 30 o más años que uno se perfecciona cada día más y que va camino de la perfección espiritual. Por supuesto que esta fantasía contribuye, según la magnitud del autoengaño, a hacerle la vida más llevadera y soportable al individuo, pero fatalmente llega el enfrentamiento con la realidad cruel.

Sin el ánimo de ofender a nadie, sino solamente para dar a conocer una verdad, es necesario considerar que existen tantos tipos de escuelas como clases de individuos. Hay escuelas para quienes llegan por primera vez en su cadena de reencarnaciones a la luz de la enseñanza hermética; hay escuelas para gente ya muy evolucionada, para personas muy inteligentes, para tontos, para simples, para quienes han fracasado en su iniciación en vidas pasadas, para maestros castigados por los jueces ocultos; escuelas de magia blanca, y también de magia negra.

Ya hemos señalado el peligro de que personas psicológicamente enfermas se refugien en el hermetismo como un medio de escapar de sus problemas internos, o bien, lo utilicen como un acicate para sus más exaltados sueños. Sin embargo, mucho mas peligroso, es el hecho triste de hacerse discípulo de un maestro enfermo. ¿Pero, es que puede haber maestros enfermos? Ciertamente, y esto se explica por la ambigüedad de la palabra “maestro” y por el hecho de que el cerebro humano tiene un tope de resistencia, y pasado este límite puede desequilibrarse.

Supongamos, por ejemplo, el caso de un individuo que ha llegado a tener mucho conocimiento esotérico, pero que no se ha realizado espiritualmente como un verdadero hombre estelar por carecer de la suficiente “limpieza interna” y por no haber podido superar sus perturbaciones mentales provenientes de frustraciones o complejos diversos (recordemos que perturbación mental no es sinónimo de locura). Este sujeto, en un momento dado, por motivos que no viene al caso analizar, puede fundar una escuela y transmitir una enseñanza, la cual, por supuesto, estará distorsionada por el trastorno psicológico de este maestro. Esto no quiere decir que la enseñanza que este hombre imparta sea falsa, por el contrario, puede ser enteramente verídica por conocerla perfectamente en su teoría. Sin embargo, aquí cabe citar un aforismo de gran significado esotérico, el cual dice más o menos lo siguiente: “los medios correctos en manos del hombre incorrecto, actúan incorrectamente; los medios incorrectos usados por el hombre correcto, actúan correctamente”. Esto se refiere a que un conocimiento verídico en manos de un sujeto desviado moral, emocional, o mentalmente, actuará desviadamente, y el que recibe esta enseñanza experimentará la reacción negativa de este hecho. Al revés podría ocurrir que un hombre íntegro y puro estuviera equivocado en algunos conocimientos que posee. En este caso, no nos quepa duda que de un modo mágico el resultado final será adecuado y correcto. Por supuesto que lo ideal es el sujeto integro con un conocimiento certero. Esto explica el por qué los magos negros, por ejemplo, pueden poseer grandes conocimientos esotéricos, pero su meta y sus propósitos verdaderos no los conoceremos nunca, ya que su lema es engañar siempre al estudiante de sus escuelas para utilizarlo de manera encubierta para sus propios fines. Es así como explotan siempre las debilidades de sus seguidores, haciéndolos concebir toda clase de grandes ilusiones sobre el futuro.

Volviendo al caso que señalábamos de un maestro enfermo, el individuo generalmente es completamente sincero, y está convencido de que él es el único dueño de la verdad y el conocimiento. Una de las características más destacadas de estos sujetos trastornados, es su propia egolatría, la cual es tan inmensa que llegan perfectamente a convencerse que son DIOS mismo encarnado en la tierra, y que por supuesto, son infalibles y omniscientes; no pueden equivocarse jamás, porque siempre tienen la razón. La pérdida del sentido de la autocrítica y la autoglorificación de estos hombres es fácil de apreciar a través del lenguaje que emplean para referirse a ellos mismos, ya que todas sus historias están destinadas siempre a demostrar cuán poderosos, sabios, inteligentes, e infalibles son. Cualquier psiquiatra encontraría en ellos un tema clásico de estudio. Debemos darnos cuenta que es muy fácil que un paranoico, y aún un esquizofrénico, tengan acceso al conocimiento esotérico y adopten el papel de maestros. No obstante, es relativamente simple reconocerlos: la egolatría, la infalibilidad demencial, la autodivinización, autoglorificación, y un supuesto monopolio de la verdad serán generalmente sus características más destacadas.

En resumen, la iniciación puede desvirtuarse en su propósito de perfección espiritual, y llevar al sujeto al delirio de grandezas y megalomanías en las cuales se confunden en desorden las verdades que el sujeto conoce, con los sueños e ilusiones tejidos por su inconsciente. Es decir, existe el “aborto iniciático”. Puede darse, por ejemplo, el caso de un individuo que no pudo limpiar su alma, pero que logró saber determinadas cosas, y se convierte en la sombra de la luz. El demonio utiliza siempre la verdad para confundir a la gente, para lo cual la invierte. Lo demoníaco es solamente lo divino al revés.

Por supuesto que también existen aquellas escuelas cuyo verdadero propósito no es iniciático, sino político, y que utilizan la organización como una pantalla para reclutar adeptos. Su verdadero fin no es el de formar hombres estelares, sino de engrosar los batallones de ciertos sistemas ideológicos.

Una última advertencia con respecto a las escuelas: debemos desconfiar siempre de aquéllas en las cuales se halaga la autoestima del individuo, manifestándole repetidas veces que “es una persona muy evolucionada, muy espiritual”, o muy inteligente y preparada.

Con frecuencia, en algunos centros, se utiliza el sistema de la alabanza, franca o sutil, como un medio de utilizar al estudiante para fines que éste ignora. La mentira hábilmente dosificada y dirigida, se emplea allí como un arma para manejar al estudiante, explotando sus pasiones inferiores con la promesa de que alcanzará infaliblemente lo que pretende. De igual manera, desconfiemos de quienes entregan su enseñanza sin pedir nada a cambio, a la manera de un romántico Jesucristo. Si la regalan de ese modo es porque no vale nada; lo valioso siempre exige, para ser poseído, algo de una importancia equivalente. Muchos pseudo maestros dicen que “la enseñanza no se cobra”. Nosotros debemos manifestar, algo absolutamente diferente: la enseñanza no se puede comprar, ya que no está a la venta, pero es preciso que el estudiante aporte algo valioso a quien lo instruye, ya sea a la escuela, o al maestro físico. Ésta es una ley oculta que no se puede violar.

Finalmente, debemos insistir en que una escuela siempre debe tener un maestro, ya que si carece de él, y se limita a transmitir el legado del pasado, el discípulo no puede existir, ya que para que haya estudiante tiene que haber maestro. No importa que el instructor que esté al frente de una fraternidad esotérica no sea de la talla de “un gran maestro”, ya que no todos pueden llegar a esto. Lo que interesa es que este sujeto esté efectivamente bien orientado y sea un hombre recto, sano y puro. Sin embargo, el buscador no tiene otra manera de ubicar al maestro que no sea por su propia aspiración interna. Mientras más fuerte sea su anhelo por la verdad y la libertad, con mayor certeza encontrará lo que busca.


CAMINO HACIA EL OLIMPO

LAS SIETE LLAVES DEL CONOCIMIENTO
1. El principio del mentalismo
Todo es mente; el Universo es mental”
En éste, el primero de los siete principios herméticos, se afirma que “El Universo es mental”, y que la única realidad esencial de las cosas es mente, ya que el Universo en sí mismo es una creación mental, es decir, vivimos en la mente de Dios, quien mantiene el Cosmos a la manera del que sostiene un pensamiento por medio de la concentración mental.

“El Kybalion”, compendio de principios herméticos, nos muestra dos aforismos que ilustran nuestro saber:


1. “La mente infinita del todo es la matriz del cosmos.”
2. “El Todo crea en su mente infinita innumerables universos, los que existen durante aeones de tiempo, y así y todo, para él, la creación, desarrollo, decadencia y muerte de un millón de universos no significa más tiempo que el que se emplea en un abrir y cerrar de ojos.”
Es así como Dios, o el todo mente, crea la vida por medio de su pensamiento, tal como el hombre puede crear un Universo en su propia mente. El Gran Creador imagina la creación y la proyecta hacia el huevo cósmico, dando origen a la vida en sus infinitas manifestaciones. De este modo, el hermetista no se preocupa demasiado por estudiar la composición química de los elementos, sino que prefiere estudiar el principio mente, compuesto esencial de todo lo que existe. Animales, minerales, vegetales, hombres, dioses, planetas, galaxias, universos, materia y energía, todo es mente; el Universo es mental. Es por esto que en todo el Cosmos imperan las mismas leyes, las de la mente.

La energía mente se manifiesta en una escala infinita de vibraciones, las cuales van desde lo denso a lo más sutil. La combinación de estas vibraciones, al igual que la mezcla de las notas musicales emitidas por un piano, produce los diferentes elementos o materiales del Universo, con características tan diferentes entre sí, pero cuya naturaleza intrínseca está formada por mente.

Es por eso que los antiguos alquimistas creían en la transmutación del plomo o de cualquier metal, en oro, ya que el compuesto íntimo de todos los metales es exactamente el mismo: mente.

En lo personal, nuestro cuerpo físico es mente, nuestro huesos, nuestra sangre, nuestro sistema nervioso, nuestra inteligencia, nuestro espíritu, nuestro pensamiento: todo es mente.

El todo mente (Dios), es infinito, eterno, inmutable e incognoscible. El todo mente no es energía ni materia, es algo superior a esto: es una mente viviente e infinita, a la cual se le puede también llamar, Espíritu, o esencia real.

El todo mente ha existido siempre y existirá siempre; es lo absoluto que está más allá de toda comprensión.

Todo aquello que es finito, mudable y transformable, no puede ser el todo. Y como nada existe fuera de él, en realidad, todo lo finito debe ser nada realmente. El Kybalion nos plantea las siguientes interrogantes herméticas: ¿Qué es el Universo? Si nada puede existir fuera del todo; entonces, ¿el universo es el todo. No, no puede serlo porque el Universo parece estar hecho de múltiples unidades y está en continuo cambio. Entonces, si el Universo no es del todo, debe ser nada. Sin embargo, nosotros somos sensibles y sentimos la existencia del Universo. Y si el Universo es algo y no es el todo, ¿qué puede ser? Sencillamente, como ya lo hemos dicho, es una creación mental del todo.

Éste es el origen del tan conocido principio hindú del “Maya”. Ellos, (los hindúes) dicen que “Todo es Maya”, es decir, traduciéndolo a palabras occidentales, Todo es ilusión. Ciertamente, un pensamiento nuestro es ilusión. Si hemos creado imaginativamente un personaje como un viejito de barba blanca, corta estatura, ojos verdes, y un bastón de ramas de mi árbol, este personaje es fantasioso e ilusorio desde nuestro punto de vista material, pero absolutamente tangible, concreto y real para los materiales, elementos o personajes de nuestro sueño imaginativo. Un fantasma es un fantasma para el hombre físico, pero es un ser material para otro fantasma. Atravesará puertas de madera pero no “puertas para fantasmas”, hechas de “madera fantasma”.

Un automóvil fabricado de pensamientos (imaginario), no puede chocar con un vehículo material, pero sí con otro coche imaginario, ya que está en la, misma vibración o en la misma densidad de su “materia”.

Debemos entender que como sapiens, criaturas de carne y hueso, estamos ubicados en un nivel vibratorio específico, es decir, ocupamos un lugar en la ordenación del Universo. Es preciso reflexionar que para nosotros es materia solamente aquella energía de características vibratorias semejantes o idénticas a la nuestra, y que energía será el polo opuesto. Por el contrario, para un hombre cuyo cuerpo estuviera formado de energía en un diferente estado vibratorio, la “materia” sería para él la energía similar a la que compone su cuerpo.

No existe, por lo tanto, materia ni energía; sólo la energía única, material o esencia primordial que lo compone todo.

Si pudiéramos salir de nuestra clasificación, escaparnos de este Universo y unirnos al todo mente, participando de su naturaleza, el Universo se desintegraría instantáneamente (sólo para nosotros), debido a que habríamos cambiado la situación o posición del observador.

No es difícil entender que si desde el punto de vista de lo absoluto, “todo es ilusión”, desde nuestra mortal situación, “nada es ilusión”, ya que todo lo que ocurre nos afecta de alguna manera y podemos percibirlo y sentirlo. Ahora bien, como sapiens, hemos sido hechos a semejanza de Dios y tenemos dentro de nosotros la chispa divina. Si lo corporal es en nosotros lo finito, relativo y mudable, la chispa divina o esencia espiritual, es lo absoluto. Esta reflexión nos lleva a un trascendental descubrimiento: el sapiens es el único ser del universo que participa tanto de la naturaleza del pensador (Dios = chispa divina), como de la estructura de lo imaginado, por el pensador (mundo material = cuerpo físico).

A través de la comprensión de este principio es posible vislumbrar el motivo por el cual el hombre fue creado: es el instrumento utilizado por Dios para que cree con su pensamiento los materiales del Universo. El supremo creador utiliza el cerebro del hombre para crear la vida. En este proceso de creación podemos distinguir dos etapas:

1. El hombre, dios de su propio Universo.

2. El hombre, órgano de creación de la vida (¿lo sexual de Dios?).

En la primera etapa, el sapiens imagina todo un Universo con su pensamiento, proceso de asombrosa similitud a la creación efectuada por la divinidad. Cabe preguntarse si en este Universo imaginado por el sapiens, no existen también, planetas, galaxias, vegetales, minerales, y aun el hombre, en otra escala dimensional. En realidad, lo infinitamente grande se confunde con lo infinitamente pequeño. No podemos decir cuando algo será tan pequeño como para desaparecer o tan grande como para desintegrarse. Creemos, efectivamente, que existe todo un Universo en el pensamiento de cada hombre, y que si para éste transcurre un segundo, para los seres que viven en su imaginación pueden haber pasado millones de años.

En la segunda etapa, la vida creada por el hombre en su propia imaginación, y que existió en su Universo mental, pasa de ese mundo al Universo de Dios, donde existe el propio hombre, es decir, su densidad material se iguala a la de su creador.

Es posible que lo mismo le ocurra al hombre, y que en un momento dado éste pase a otro Universo superior a éste que conocemos.

La comprensión de que todo es ilusión (“Todo es Maya”), puede desquiciar a quien no esté preparado para esta verdad, ya que en su interpretación vulgar nos llevaría a creer que como Todo es ilusión, no vale la pena hacer nada, ya que en última instancia, nada vale la pena porque “todo es nada”. No se debe cometer este error, el cual se originaría al ubicarse en el nivel de un observador que existiera fuera de este Universo.

La superación espiritual que promete el hermetismo, consiste en el desarrollo, fortalecimiento, crecimiento y evolución de la parte divina del sapiens; lo que se llama corrientemente Espíritu. Esta parte esencial se desarrolla a costa de lo onírico (lo ilusorio), y es así como el sapiens puede convertirse en un mutante, o sea, el sujeto cuyo centro de gravedad cambia de lo ilusorio a lo absoluto que existe en sí mismo (su propio espíritu el cual es una emanación de Dios). Este cambio tan profundo, capacita al sujeto para ir comprendiendo la verdad de manera gradual y llegar finalmente al conocimiento de la verdad absoluta, la única que es inmutable, inmortal, y eterna, y que no sufre cambios por el paso del tiempo porque está más allá de él. En última instancia sólo es totalmente verídica la verdad absoluta, ya que la relativa se circunscribe solamente a observar un pequeño sector de lo absoluto. Es por este motivo que en el hermetismo, tal como lo proclama el Kybalion, se habla de Sabios, y Semisabios. Estos últimos son los que se limitan a conocer el mundo ilusorio del Maya, es decir, lo imaginado por el gran creador, sin poder nunca remontarse a la fuente original de todo lo que existe. Son una especie de sabios del mundo de los fantasmas, o sea, lo onírico. El verdadero sabio hermetista se polariza en lo esencial de sí mismo, y al lograr que su espíritu se manifieste a través de su propio cerebro, se evade del mundo de la fantasía onírica para penetrar en el nivel del Gran Pensador, donde radica lo absoluto.

Esto explica por qué la personalidad, que es el medio de adaptarse a lo ilusorio para no percibir su calidad de tal, impide el desarrollo espiritual superior del individuo, al bloquear su contacto con la realidad. Por lo general, mientras más programada esté una persona, más difícil le resultará elevarse al mundo del conocimiento de lo absoluto.




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