Jerzy topolski



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del hombre (Heidegger, Ortega y Gasset Sartre en sus primeros escritos) (ver J. Ortega y Gasset. Historicoa coi»ao sisteiiia) esta interpretación también se opone totalmante a la idea de la naturaleza bu mano inmutable (comparar, en este sentido, el dicho de Ortega de que el honibrO no t)ene naturaleza, y lo que tiene es historicoa).
f) Historicocismo dialéctico, que parte de K. Marx y F. Engels, como doctranh que afirma que es posible alcanzar una imagen verdadera del pasado, porque; rl inundo es cognoscible, y señala el hecho de que los sistemas de v&ores no
ni totalmente absolutos (eternos, inmutab1es) ni totalmente relativos. La cate’ gc.ría básica del historicocIsmo marxista en su versión ontológica es la del deid si-rollo dialéctico, Interpretado de este modo, el desarrollo no se rige P° ninguna fuerza externa, ni es una secuencio de sucesos con una direccaofl
cambios predeterminada; es un proceso que afecta a los sistemas y tiene logas por medio de interacciones, variables en fuerza y dirección, de los eienrcnt0it nc forman esos sistemas. Respecto a la sociedad y su desarrollo, el conceptO) (le historicocismo ontológico se concreto cuando se te une la categoría cJe nr0000 ;nmaoa, que nos qermite tanes’ un ooercaanienbo acti\ o al piocc’so liiOU. Le si a 1 1ai Son 1 mc nr n st o a u ci sion mc todolo lea co lcc en po o o
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En la crítica del conocimiento histórico positivista (“razón hisLórica») las principales (aunque diferentes) concepcione fueron las de W. Dilthey (1833-1911), B. Croce (1866-1952), G. Simmel (1858-1918), H. Rickert (1863-1936) y M. Weber (1864-1920). Todos ellos señalaron el hecho de que los positivistas habían ignorado las diferencias entre el conocimiento de la naturaleza y el conocimiento de la vida social (el mundo de los valores, el espíritu y la actividad humana), y la formulación más radical fue la de Dilthey, que dijo que «explicamos la naturaleza y comprendemos la vida espiritual». En Dilthey se desarrolló al máximo, y también se complicó hasta el extremo, la doctrina de la comprensión histórica (Verstelren) Al criticar la inducción por no ser completa, Dilthey aseguraba que cuando tenernos que «aprehender» ciertas totalidades, y por tanto también en el caso del conocimiento histórico, no llegamos a ese acercamiento integral (que, según él, es la manifestación principal de la naturaleza objetiva del conocimiento histórico) sin una experiencia cognoscitiva apropiada. Así, en la teoría de Dilthey, el conocimiento histórico es relativo y depende de la naturaleza de esa experiencia; un historicoador se forma una imagen subjetiva del pasado al mirarlo a través de un sistema de valores actuales. El conocimiento histórico se. basa en datos históricos, que son una forma de manifestación de la actividad espiritual; la investigación histórica se dirige, por tanto, hacia el conocimiento de «diversas manifestaciones objetivas del espíritu». Esto implica dos métodos de adquisición del conocimiento de lOS hechos, que se usan conjuntamente: la experiencia (que se refiere a uno mismo) y la comprensión (que se refiere a otros). La comprensión (Verstehera) es una operación en la que, sobre la base de nuestras propias experiencias espirituales, vivimos a través de las experiencias de alguien. Sólo la experiencia, sin combinarla con la comprensión, no produciría más que nuestra propia biografía. Pero puede verse fácilmente que los límites de la comprensión están marcados por las fronteras de nuestra propia biografía espiritual, ya que no podemos «comprender» experiencias ajenas que no hayamos sentido nosotros mismos. Dilthey pensaba que las beografías eran la forma más importante del trabajo ele historicoador, y para el las autobiografías eran las fuentes más valiosas. Los seres humanos cuyas acciones tienen un objetivo pero son espontáneas (expresan la vida), son los Principales todos que los historicoadores deben estudiar.


f.Croce, con su intuicionismo, estaba cercano a Dilthey. Aseguraba que solo podemos reconstruir las cadenas de causas y efectos con referencia a la naturaleza, basándonos en el concepto de causa, que no es propio de la historicoa. En la ciencia natural usamos términos teóricos, pero la historicoa se caracteriza por la narración. En sus narraciones, un historicoador, evidentemente, usa construcciones teóricas, pero esto es sólo una forma necesaria de pensamiento cuya sustancia es la intuición como fuente de todo el conocamaento histórico decir, ideas), más que conceptos. La intuición es anterior a la producción de conceptos y a la actividad práctica, porque (como explica M. Mandelbaurn cuando analiza la teoría de Croce) es independiente de ellas, mientras que la situación inversa no existe. Ya en su primer ensayo sobre la filosofía deL lenguaje, La storia ridotta sotto it concetto generale dell’arte (1893), Croce se refería a una «visión intuitiva» por medio de la cual llegamos a conocer los hechos individuales (y son éstos los que se estudian en la investigación histórica), y que recuerda a la intuición artística. Desarrolló su idea, sobre todo, en Teoria e storia della storiografia (1917). Para conocer los hechos se necesita una «empatía» y una «identificación mental con los hechos». La idea de la historicoografía como un producto subjetivo de la mente viva, que anima los hechos históricos que «vibran» en él e imprime, por tanto, la marca de la contemporaneidad en todos los sucesos pasados, la podemos encontrar también en La storia come Pensiero e come Azione (1938). No hay rasgos de nada «externo» al «espíritu». Los hechos pasados y presentes sólo se pueden comprender como hechos espirituales, de modo que, en el nivel espiritual, el pasado se mezcla con el presente. Los hechos reales registrados en las fuentes se hacen verdaderos sólo cuando se convierten en elementos del presente variable, como resultado de su animación espiritual.
Las conclusiones que se sacan de esa concepción del conocimiento histórico se parecen algo a las de Dilthey. Es imposible adquirir el conocimiento de lo que realmente tuvo lugar en el pasado si todos los sucesos pasados tienen que ser «contemporáneos», es decir, animados por la mentalidad del historicoador que vive en el presente. Si la intuición fabrica los hechos, hace hechos presentes y no pasados. Por tanto, de la doctrina de Croce se deduce que es imposible adquirir ningún conocimiento objetivo del pasado. Para cvitar la objeción del relativismo total, Croce introduce, como criterio máximo de veracidad, el incomprensible concepto del ‘absoluto». M. Mandelbaum, al sacar conclusiones de la teoría de Croce, escribió, en 1938, que, según su propia teoría, <‘Croce no tiene derecho a criticar la práctica corriente de la literatura histórica en Alemania (es decir, la que dominaba en l938.—J. T.), puesto que esta literatura responde a una necesidad verdadera (...) ha surgido una cuestión que sólo puede responder el Absoluto y no el señor Croce»
G. Simmel basó su teoría de la historicoa en las experiencias de la historicoa de la cultura. Aunque él también aseguraba que la literatura histórica es un producto de la intuición del historicoador, no se oponía al relativismo A pesar de sus reservas, las consecuencias de su acercamiento son de natU- raleza relativista. 1. S. Kon llamó a la concepción de Simmel una síntesis de la Vcrst chan (comprensión) de Dilthey y la aproximación a priori Kantiana aplicada a la historicoa. Mandelbaurn daba una interpretación similar 12 Sirnmel aseguraba que la historía, tal como la conocemos, es un producto de nuestras mente, que en su acción creadora se relaciona con la experiencia mental inte; rior del historicoador; pero flO nos encontramos con una interpretación pura- mente subjetiva de la historicoa, aunque el conocimiento histórico no es Ufl espejo del pasado. Su naturaleza objetiva está garantizada por las categorías mentales «universales y necesarias», que organizan la experiencia interna El historicoador sólo describe hechos mentales: pensamientos, emociones, actOs

JI M. Mandelhaum, [he P,obleecl. cit., páe. 2 1. S. Kon, op. cit., pág. 171; M. Mandelbaum, op. cit.. págs. 102 y ss La


opiniones de Simmel sobre las cuestiones de interés fueron expuestas en 5>2 libro publicado en 1892 (Die Probleo’e iier Gesclziclítspliilosophie).

de voluntad, pero esto, asegura Simmel, no significa una invasión del terreno de la psicología, porque la narración histórica se ocupa de hechos individuales y de su descripción, mientras que la psicología —que> según Simmel, es una disciplina natural— utiliza el procedimiento que generaliza y da explicaciones. El historicoadór puede utilizar esos datos psicológicos individuales y presentarlos corno un todo integral, ayudándose de la capacidad suprasubjetiva (übersubiektive) de abarcar estados mentales de otros, tanto individuales como colectivos. Esa capacidad consiste, por un lado, en una comprensión a través de la proyección de las experiencias mentales propias en otros y, por otro lado, en la «sensación directa de lo suprasubjetivo». Esta sensación de lo suprasubjetivo garantiza, supuestamente, que en esta proyección el historicoador sólo utiliza las experiencias que pueden considerarse experiencias de otras personas también; garantiza, por tanto, la naturaleza objetiva del conocimiento. Que es posible cualquier experiencia interna «típica» es algo que se deduce de la existencia de las categorías comunes mencionadas del pensamiento humano. A pesar de estas reservas, la concluSión final es que en el conocimiento histórico la experiencia interna de cada historicoador juega un papel creativo, que impide adquirir un conocimiento objetivo del pasado.


La teoría de la historicoa de Rickert es mucho más sutil y precisa; evita una metafísica tan clara como la que marca los análisis de Croce, Dilthey y Simmel. En realidad, estaba dirigida, en gran medida, contra Dilthey y su escuela. Rickert no estaba interesado en la naturaleza de la materia de la investigación histórica (el proceso histórico) 13, sino en la metodología de esa investigación, que se supone dirigida hacia los hechos (que a su vez son exclusivamente individuales y no recurrentes). Rickert también hablaba de la comprensióli (Verstehen) en la historicoa, pero analizaba ese concepto con más detalle. Mostró que comprendemos los hechos individuales al combinarlos en Secuencias de causas y efectos (lo cual hace que la operación Verstehen lflcluya un procedimiento de explicación) o al integrarlos en ciertas totalidades (es decir, estructuras), actuando como elemento de unión una referencia a los valores. Esta referencia a los valores convierte un objeto (hecho, proceso) dado en una «individualidad’> histórica. Por ejemplo, Napoleón y Goethe Son individualidades históricas, pero un hombre de la calle no lo es. Esto ocurre porque Napoleón y Goethe encarnaron ciertos valores, aunque una persona relacionada con Napoleón también se convirtió en una individualidad asi, Pero una valoración efectuada por un historicoador no basta por sí sola para imprimir un nivel histórico a los objetos de los que se ocupa; esto tiene lugar sólo cuando se refieren a los valores sociales (humanos) universales, Como los llamaba Rickter, es decir, valores aceptados por todos. Un histo- liador puede dar un gran valor a un amigo suyo, pero este hecho no tiene Por qué bastar para «referirlo’> a esas categorías axiológicas universales. Estas categorías axiológicas son valores culturales (Kultui-werte), lo cual, a su vez, da a la historicoa el rango ele una ciencia individualizadora de la cultura.
13 Rickei-t no consiguió observar consistenternente el principio de la clasiiCiOn formal de las disciplinas que se ocupan de la misma serie de hechos, CIViSmO mIre las qne slcUen el procedinsicnlo usado cci la ciencia natural (toe(Ulacion

Para Rickert. la peculiaridad de las humanidades, en comparación con las ciencias naturales, consiste en que todas las acciones humanas (y sus pro:


ductos) no pueden ser separadas de la valoración. Esa referencia a los valores es, para él, la base para establecer relaciones causales que, sin embargo, se limitan a las causas que motivan las acciones humanas. Para explicar las acciones humanas, el investigador debe unir una acción concreta (o sus re cuItados) con el sistema de valores del agente, que motiva tal acción.
Respecto a la metodología de las ciencias sociales (incluida la historicoa) la reflexión estructural alcanzó su máximo nivel en las obras de M. Weber’4, Sus análisis de los instrumentos del conocimiento científico (incluido el histórico) y del papel de la valoración en la ciencia han servido como fuentes de importantes inspiraciones metodológicas. Se oponía a los intuicionistas, y con Rickert sólo compartía la opinión de que las ciencias de la cultura se ocupan de fenómenos de importancia cultural, y de que esa importancia se determina en relación con los valores de la cultura universal, que son característicos de una época concreta. La exigencia de Weber de que en la ciencia hay que hacer una estricta distinción entre el establecimiento de los hechos empíricos y las valoraciones iba más allá de las ideas de Rickert Si esa exigencia se cumple, es posible adquirir un conocimiento verdadero de la sociedad con la aceptación simultánea del papel de la valoración en la investigación. La valoración se manifiesta sobre todo en la selección de los hechos. Otra forma de adquirir un conocimiento objetivo es la explica’ ción causal, que no puede sustituirse con la comprensión intuitiva. Pero a causa de la interdependencia de los fenómenos, que hace difícil describir las secuencias de causas y efectos en toda su complejidad, el historicoador debe:
recurrir a ciertas simplificaciones y a indicar las conexiones que tienen mayor importancia en un contexto dado. Esto da lugar a una selección deri vada del sistema de valores que rige a un historicoador concreto.
Weber quería que la historicoografía incluyera afirmaciones más generales1 de lo qu& quería Rickert. Intentó conseguirlo construyendo lo que llamaba):
tipos ideales, su mayor logro metodológico. Los tipos ideales son idealizacio) ncc (conocidas en metodología), conceptos de casos límite, modelos teóricos,I etcétera; es decir, medidas sui gerzeris con las que se compara la realidad:
14 Ver. F. Kaufmann, Geschichtsplrlosoplsie der Gegenis’art, Berlín, 1931, pág. 78 Existe una gran cantidad de estudios sobre las ideas metodológicas de Max Weber) Además de los va mencionados, se consultaron los siguientes; Max Weber iii th Methodology of the Social Sciences, E. A. Sbus and fi. A. Finch (eds.), Glencoe, l949 R. Bendix, Max Weber. An Intiiectual Portraot, Nueva York, 1960 (desgraciadansefl< te, mo pudimos conseguir Interpretatioro of Conduce asid History (1946), del rnisPOí autor); Maz Weber ueid Soziologie Heute, Tsabinga, 1965; K. Bosi, «Der ‘SozlOlOl gische’ Aspekt jo der Gescliichte. Walt freie Geschiclztswissenschaft urzd Idealtypu° Flistorisclie Zeotschrift, vol. 201, núm. 3. 1965, páes. 613-650; E. Pitz, «Geschac tliche Struktur. Betrachtungen zur angeblichen Grundlagenkrise der Geschichtswli senschaft>’: Historicosclie Zeitscizrif 1, vol. l85, núm. 2, 1958, págs. 265-305; S. e walski,

Se fórman sobre la base de un conocimiento de los hechos, pero son solamente una categoría gnoseológica y metodológica que nos sirve para adquirir un conocimiento de la realidad sin ser un producto de dicho conocimiento. Weber subrayaba con fuerza la naturaleza instrumental de sus tipos ideales. La tarea del historicoador consiste en comparar la realidad con los topos ideales, como forma de percibir la realidad. No son, como en las obras de Marx, una clase concreta de descripción de los hechos que utiliza conceptos idealizadores (abstractos), sino solamente un instrumento que se usa para ordenar los hechos y comprender las acciones humanas.


El papel creativo y cognoscitivo del historicoador que, al recurrir a la operación Verstelzen, construye una imagen de los sucesos pasados y no los reproduce simplemente, como pretendían los positivistas, fue subrayado por muchos filólogos de ese período,. que representaban todas las tradiciones filosóficas mencionadas más arriba: en Francia, por Paul Valéry (1871-1945), que acuñó el famoso dicho de que la historicoa es «el producto más peligroso de la química del intelecto»; en Alemania, por O. Spengler (1880-1936), quien, en su famosa Der Untergang des Abendiandes (1918-1922), rechazaba la inducción y las generalizaciones como forma propia del conocimiento histórico; en Gran Bretaña, por el neo-hegeliano F. H. Bradley (1846-1924)’°, y en Estados Unidos, por W. James (1845-1910). Este último estudioso, discípulo de Ch. S. Peirce, el fundador del pragmatismo, subrayó que lá realidad y el conocimiento son dos realidades separadas: el conocimiento no reproduce la realidad, sino que proporciona hipótesis como instrumentos de acción, que a continuación son comprobadas por el grado de utilidad de los resultados que producen.
El rechazo de una relación sii±iple y directa entre la realidad histórica proceso cognoscitivo cambió las interpretaciones del concepto de hecho
histórico. El símbolo positivista de la ecuación-ya no se situaba entre el hecho Corno un fragmento de la realidad y el hecho tal como informa sobre él un historicoador Un hecho es considerado como una construcción hecha por un historicoador, cuando su experiencia científica, guiada por su situación real de un modo subjetivo, crea un hecho histórico que no existe fuera de su ‘Tiente; o si una construcción qua de un hecho está unida a la realidad empírica concebida corno una totalidad y no a un fragmento-hecho qua de una realidad. Tales opiniones inclinaron a los estudiosos a considerar los hechos hnstorscos corno mentales y no como materiales. Se hacían referencias a los Valores más que a los hechos. Los estudiosos dejaron de hablar sobre la COncordancia entre los resultados de la investigación y los hechos, porque el Problema había perdido su raison d’étre: lo que sé convertía en un hecho historicoe0 era sólo la experiencia cognoscitiva de uno, que tiene en cuenta 10S hechos, pero no sólo estos hechos. Esto, por supuesto, no significaba una arbitrariedad completa en la construcción del pasado. Incluso Croce, que comparaba la historicoa con el arte, dijo que era un arte de un tipo especial, O Sea, uno en el que los principios de la crítica están unidos. Es unarte Porque, según Croce, no puede existir una ciencia de algo que es individual, decir, no recurrente. En la historicoografía erudita la crítica de textos era SUsiclente; en palabras de Croce esto era una pseudo-historicoa, una historicoograf, «filológica», escritura de crónicas que no estaba animada por ninguna Cxpersencla viva del historicoador. E. G. Coilingwood, uno de los mas-ores defensores de Croce, llamaba a los que escribían, de acuerdo con estas reglas, «historicoadores de tijeras y engrudo».
El acento puesto sobre el factor «humanístico» en el conocimiento histó. rico pretendía señalar la posición independiente de la historicoa en el sistema de la ciencia, es decir, liberarla del dominio de las ciencias naturales, que, aparentemente, carecían, todas ellas, de ese factor. Los modelos metodolá gicos aportados por la ciencia natural eran considerados como inaceptables para los historicoadores, porque la historicoa lucha por abarcar su propio mundo a través de la operación Verstehen. Es, en primer lugar, un mundo de hechos que son individuales y no recurrentes, y en segundo lugar, además, un mundo de valores en el que es imposible disociarse de las valoraciones sobre los sucesos pasados. El acento sobre la naturaleza individual y no recurrente de esos hechos que forman la materia de la investigación histórica solía producir conclusiones que derivaban del análisis del estado real de la literatura histórica (idiografismo metodológico), que por entonces era, casi exclusivamente, descriptiva y concentrada en hechos individuales. En muchos casos dio lugar a postulados que limitaban los intereses de la investigación histórica y, por tanto, las tareas de los historicoadores, a descripciones de hechos individuales y no recurrentes, es decir, postulados de idiografismo metodológico. La defensa de dichos postulados no tenía por qué, pero podía ser asociada con el idiografismo objetivo, es decir, con atribuir a la realidad:
histórica la naturaleza de algo que puede abarcarse sólo a través de un; estudio de hechos individuales que tienen que ser «entendidos», porque .estos hechos no pueden subsumirse en leyes generales, ya que tales leyes no existen.
De la inmensa literatura (ver las obras mencionadas en las notas de pie de página de la obra de E. Bernheim) que se ocupó, a finales del si gb XIX, del problema de la estructura meto dológica de la historicoografía,> los más conocidos fueron los neo-Kantianos de la Escuela de Baden, y espe cialmente W. Windelband (1848-1915) y H. Rickert. Windelband, en 18941 sugirió sustituir la clasificación de las ciencias en ciencias naturales (Naturi wissenschaf ten) y ciencias del espíritu (Geisteswissenschaf ten), que predom naba en la ciencia alemana (cf r. Dilthey) y que tomaba como criterio de; división la materia de investigación, por la clasificación en ciencias qut describen lo que es individual (ciencias idiográficas) y ciencias que intentan establecer leyes (ciencias nomotéticas), es decir, por una clasificación que; diferencia las ciencias por sus objetivos °. H. Rickert 18, aunque conservaba la idea principal de Windelband, de disciplinas individualizadoras y gener lizadoras, añadió la clasificación de las ciencias basada en la materia de la investigación: las ciencias de la naturaleza y las ciencias de la cultura, siend0 su criterio de distinción la relación con los valores. La naturaleza está librel de esa relación (wertfrei), en oposición a los productos del hombre, o sea la cultura, porque el hombre, cuando actúa, intenta alcanzar un objetiVoi
° Esta visión fue expuesta por Windelband en su conocida conferencia de rector «Geschichte und Naturwissenschaft», publicada en Priilzedien, 5.’ ed., 50 lumen II, Tubinga, 1915, págs. 136-160, en particular, págs. 142-143, 145, 151. Ve’ también A. Malewski y 3, Topolski, .Stnd>a z netodoioi tziçtorii (Estudios sobt metodología de la historicoa), cd. cit., págs. 24-26; G. Klaus ;‘ H, Schu]ze, ,,‘Vifl
band und clic Methodologie dcr Geschichtswissenschaft»», Histv,-i.çch zeitscl>rq’ volumen 201, núm. 13, 1965, págs. 1125-1147.
> Ver, en particular, sus obras Dic Grcnze.n der Nntc,>uisoe?jsc)znfl1ecfl Be g, ¿fjsbeldung 1846 1902 (la edacion consult-ida lue la 5 f bjni 1929) y
turac’issenschaft uud
Naturwissenschuft, 1899 (la cdición consultada fue la Tubinga, 1926).

y sus objetivos dependen de sus sistemas de valoración (valores), es decir, de su axiología. En este sentido, la historicoa es una ciencia individualizadora de la cultura, relacionada con la valoración. Es cierto que en la literatura histórica se hace, ocasionalmente, referencia a conceptos generales, pero éstos sirven para mostrar hechos individuales, mientras que en las ciencias generalizadoras ellos son el objetivo. La valoración pone las bases para la construcción de conceptos en historicoa y para la selección de los hechos, como tarea que fue fuertemente subrayada en la metodología anti-positivista; se creía (por ejemplo, Windelband) que era la base de las humanidades.


La aceptación de hechos subjetivamente individuales, construidos por medio de una relación con los valores, como materia de la investigación histórica, tuvo consecuencias metodológicas muy definidas. Los neo-Kantianos, que intentaban poner las bases para una ciencia de los hechos individuales, no dudaban que la historicoa es una ciencia, a pesar de que a menudo la comparaban con un arte. Lo mismo habían hecho Dilthey y Simmel. Estas comparaciones eran frecuentes: las encontramos incluso en Ranke. Pero, junto con esta opinión, la negación de la posibilidad de existencia de una ciencia de los hechos individuales condujo a la visión de Croce, mencionada anteriormente, que hasta cierto punto identificaba la historicoa con el arte. Para Croce, esta visión estaba relacionada con un fuerte acento en la naturaleza individual de la materia de la investigación histórica; no sólo se unía al postulado del idiografismo metodológico, sino también al del idiografismo objetivo. Se suponía que el historicoador sólo narraba los hechos, aprovechándose de conceptos generales proporcionados por la filosofía. Esta opinión, por supuesto, es considerar la literatura histórica como una rama de las belles lettres 19, donde no hace falta atenerse a los hechos.
El idiografismo objetivo, que subraya que los hechos individuales son de naturaleza no recurrente, tenía que unirse a la negación de la existencia de leyes sin excepciones en la historicoa; el idiografismo metodológico señalaba la falta de interés —por parte de los historicoadores que describían hechos lfldivjduales por descubrir leyes, pero no negaba la posibilidad de que tales leyes pudieran descubrirse; sus postulados apartaban a los historicoadores de la anvestigación nomotética, pero sin prejuzgar si una investigación así en las ciencias sociales es posible o no. Todo esto suponía romper con la idea POSitivista de las leyes del progreso, que en la Epoca de la Ilustración era L>fla novedad inspirada, pero que, por su sentido ahistórico, tenía que pro“Ocar gradualmente objeciones por parte de los historicoadores. La idea de las leyes del progreso no dejaba ningún lugar al papel activo del hombre:
SU tarea consistía en «descubrir» las leyes inmutables de la naturaleza y comPOrtarse de modo que no impidiera la auto-materialización de esas leyes a través de una lenta evolución. Obviamente, si el hombre iba a jugar ese Papel, tenía que desarrollarse intelectualmente, lo cual le permitiría comprender las leyes de la naturaleza, y esto, a su vez, explica por qué se Subraya tanto el papel configurador de la historicoa que han tenido los cambios en el nivel intelectual de las sociedades.

mecanismo del desarrollo, y por eso sugería que nos refiriéramos a una «evolución creativa» que, si esta interpretación es correcta, tendría en cuenta tanto el desarrollo como la estructura. La transición de una estructura a otra suponía él, tiene lugar como resultado de una «guía vital» (dian vital), que podía interpretarse como la «ley» más general del desarrollo. Por supuesto, no sería una ley de desarrollo en el estricto sentido del término, porque no se refiere a ninguna relación definida entre los hechos, relación que explicaría sus cambios en el curso del tiempo. El problema, que los evolucionistas y los defensores de la idea de las leyes del progreso no habían notado, no se solucionaba así, sino que entraba en la esfera de la metafísica. Un tipo de explicación parecida sobre el desarrollo, en el que las leyes históricas son sustituidas por categorías idealistas interpretadas de forma intuitiva, era el representado por M. Scheler (l875i928)20, que sugirió la idea de una «guía» configuradora de la historicoa (Drang) que no está sujeta a ninguna ley; por F. Nietzsche (1844-1900), que se refería a una «voluntad de poder», y por otros. Todo esto mostraba una clara relación con las ideas metafísicas que mar caron la reflexión metodológica sobre la historicoa en el período romántico, en particular con las ideas defendidas por A. Schopenhauer (1788-1860), que aseguraba que «la voluntad de vivir» es la fuerza que gobierna el mundo 21,


Todas estas propuestas fallaban totalmente al querer enlazar el aspecto de la estructura con el de cambio en la historicoa. El rechazo de las leyes históricas (leyes del desarrollo) impedía a los historicoadores ir más allá de la interpretación de los sucesos pasados como una secuencia cronológica de estructuras no recurrentes. Husserl, en su intento de conseguir una precisión lógica y una eliminación de las afirmaciones metafísicas, subrayó claramente:
la superioridad del pensamiento estructural sobre el genético (que seguía una dirección), y pensaba que este último era un mal necesario dentro de:
la ciencia 22 Dilthey también se refería a las leyes estructurales y negaba la existencia de las genéticas 23 M. Weber intentaba superar la dicotomía entre estructura y cambios temporales, introduciendo su categoría de los tipos ideales, que pretendían servir para una aproximación integral a la materia de la investigación histórica. Weber consideraba sus tipos ideales como leyes históricas sui generis 24 sobre el comportamiento humano y necesarias para explicar dicho comportamiento. Las leyes de Sirnmel, que según él erari «generalizaciones hipotéticas de fenómenos típicos en la historicoa» 25, eran parecidas. Rickert estudiaba el problema de las leyes en detalle. Al analizarlas desde un punto de vista formal, mostró que las leyes son afirmaciones generales de validez universal 26, formulación que llegó a ser aceptada de modo más o menos general en la ciencia. Pero en la historicoa no existen tales leyes:

flomo aseguraba Rickert, hay una contradicción interna incluso al hablar de leyes en relación con hechos individuales 27 La negación de la existencia de leyes, en general (entre ellas, el principio de causalidad), y el énfasis puesto en la naturaleza individual de los sucesos históricos (es decir, el idiografismo objetivo) se encuentra en O. Spengler 28, en la filosofía existencialista que subraya la autonomía del individuo r la carencia de condicionamientos históricos 29, y en los personalistas neo-tomistas que intentan poner de acuerdo los dos factores que subrayan, es decir, el libre albedrío del hombre y la libre acción de Dios 30 Los convencionalistas (H. Poincaré, P. Duhem, E. le Roy y otros) tenían mucha razón al subrayar el papel de las convenciones en la ciencia y sugerían la aceptación de la existencia de leyes científicas, pero no como meros reflejos de lo que existe realmente, sino como un simple resultado de la convención adecuada, adoptada en nombre del desarrollo de la ciencia (por ejemplo, las leyes- de Le Roy suelen ser definiciones que estipulan) 31, y, por tanto, interpretaban las leyes como las propias construcciones del científico. Desde el punto de vista de la historicoa esto significaba un apoyo filosófico pal-a el relativismo y el intuicionismo, y también para el idiografismo en la aproximación a la materia de conocimiento.


Otro tipo de intento de poner de acuerdo la aproximación idiográfica a los hechos y la aceptación de la categoría de leyes científicas, intento que quiere justificar la naturaleza científica de la historicoa como un estudio de hechos individuales, es el concepto de leyes estadísticas, relacionado con el concepto de probabilidad. Es evidente que el señalar ciertas regularidades
29 Una de las principales objeciones presentadas contra el existencialismo es su historicocismo radical (que en realidad resulta en ahistoricocismo); esto se manifiesta, sobre todo, en la afirmación de que la sociedad es una suma de individuos cada uno de los cuales es una entidad auto-abarcada cuya existencia tiene una historicoa propia. J. Ortega y Gasset escribió: «La historicoa es una ciencia sistemática de esa realidad radical. Es, por tanto, una ciencia del presente en el sentido niás riguroso y real de la palabra. Si no fuera una ciencia del presente, ¿donde podríamos encontrar ese pasado que se suele atribuir nl tema? La interPretac ón opuesta —v habitual— equivale a hacer del pasado un abstracto, irreal, que permanece ohi vida precisamente donde ocurrió en el tiempo, mientras que el Pasado, en realidad, es la vida, la fuerza activa que sostiene nuestro ha. No hay acción en la distancia. El pasado no está allí, en la fecha en la que ocurrió, no aquí, dentro de mí. El pasado es yo, por lo que doy sentido a mi vida.’>
a historicoa como sistema). Ver también K. Jaspers, Urs prung and Zrel des escllichte, Zürich, 1949, traducción francesa publicada en París, 1954.
J. Maritain (1882-1973) aseguraba que «Dios es absolutamente inocente O es de ningún modo la causa del mal moral». El hombre, al hacer la historicoa, Puede elegir ios medios, y por tanto puede hacer bien o ni mal.

estadísticas y el valorar, por tanto, la probabilidad de ciertos sucesos concretos no tiene por qué combinarse con la aceptación de la existencia de leyes que sirven para el mundo real, aunque, habría que pensar con fundamento, debería llevar a una aceptación de dichas leyes 32 Pero trataremos esta cuestión más tarde, en un contexto más amplio.


El rechazo ole las leyes positivistas del progreso, que no dejaban lugar para un papel activo de los individuos o de las masas, no ha dado lugar, por tanto, en los análisis filosóficos anti-positivistas, a la resolución de la categoría de leyes históricas interpretadas como leyes del desarrollo que señalan el mecanismo interno de los cambios en las estructuras. Se sugerían varias soluciones sustitutivas: o se decía a los historicoadores que abandonaran toda búsqueda de leyes o se negaba la posibilidad de descubrir ninguna regularidad en el curso de los acontecimientos. Pero todo esto se relacionaba, en mayor medida que anteriormente, con un énfasis en el papel activo del hombre como hacedor de la historicoa. Pero la falta de cualquier concepto de leyes del desarrollo produjo una sobreestirnación del papel de los individuos y de los sucesos casuales en la historicoa, e incluso el atribuirles el papel de factor decisivo.
4. Las características de la reflexión estructural era la investigación histórica
La reflexión metodológica del período, cuando se limitaba estrictamente al área de la historicoografía, manifestaba claramente elementos de las nuevas concepciones del conocimiento histórico, basadas en la operación Verstehee y en la aproximación estructural (integral). Todo esto se podía ver en la serie de nuevos tratados anti-positivistas sobre la metodología de la historicoa y en la obra de algunos historicoadores. Pero las técnicas de investigación de los historicoadores medios tenían todavía muy poca influencia de estas nuevas ideas. El positivismo, que preconizaba el basarse en los hechos, y por tanto en las fuentes, tenía el mayor reclamo para los historicoadores, para quienes la aproximación erudita, que tendía hacia la producción de «aportaciones», seguía siendo el modelo de investigación, de modo que en la práctica combinaban las exigencias tanto del positivismo como del anti-positivismo. Su baja nivel de formación teórica y la atmósfera política en la que tenían que— trabajar contribuían al hecho de que en sus técnicas de investigación no hubiera penetrado el principio de los acercamientos integrales, tan importante desde el punto de visto cognoscitivo y metodológico, tanto como oscuras visiones de la historicoa, inspiradas por una ideología política reaccionaria En este sentido, lo más característico fue el comentario de H. Berr, quien al publicar en 1953 La syntháse en histoire, que resumía sus cuarenta ajSo5 de actividad, escribió que su exigencia de acercamientos integrales era válida todavía: en particular, todavía no se había establecido el puente entre la historicoa y la sociología.
En el campo de la reflexión sobre la heurística y la crítica externa, los historicoadores siguieron desarrollando los logros del período anterior. Sus numerosas obras hacían aportaciones a la cantidad de hechos establecidos, pero nr’ se formularon postulados metodológicos cualitativamente nuevos. En
( 5 et sta o de csla Lndcncm fue P Vandics D la pi ohahilite e )sistoii e, Paris, 1949. Este intento de hacer más precisa la historicoa por referenCS el conceplo de probabilidad va fue observado cSCépticamenle por Fi. I3err ‘ [a Sys’tjl2se CII liIStOj/C (1953), pág. X.

área de la explicación se hicieron avances en el análisis estructural, es decir, en señalar el lugar y el papel de diversos elementos en ciertos todos, pero se progreSó poco en el análisis dinámico, que explica el desarrollo de las estructuras. En la investigación, la aproximación evolucionista estática fue.sustitUida por una aproximación estructural estática. En una estructura dada era posible destacar el papel de un solo factor o considerar que todos los elementos de esa estructura tenían la misma importancia. Los factores que se destacaban como elementos que explicaban el curso de los sucesos pasados podían tomarse realmente, como había ocurrido en el período precedente, como explicaciones de las diferencias entre sociedades concretas en ciertos momentos, es decir, corno explicaciones de los cambios7 pero no como explicaciones del desarrollo histórico. Estos factores se consideraban como elementos especiales de una estructura determinada, que dominaba a todos los demás elementos de esa estructura.


Los factores seleccionados de este modo no podían servir como guía para la comprensión del mecanismo del desarrollo, porque los procedimientos explicativos abarcaban principalmente los factores que están fuera de la esfera de la influencia decisiva del hombre, en particular el factor geográfico (el clima, la situación geográfica, etc.) y las características biológicas del hombre. Son, sobre todo, factores natuiales y no sociales, y el acento puesto unilateralmente en ellos dio lugar, en muchos casos, al determinismo geográfico y biológico, interpretado como una teoría general del desarrollo social. Incluso cuando se hacía referencia al papel fundamental del factor económico, éste se intei-pretaba no como un complejo de actividades económicas de una sociedad dacIa, sino corno una situación económica específica, por así decirlo, prefabricada, lo cual sólo podía explicar el estado existente de la estructura en cuestión (este procedimiento produjo el llamado economismo). Es obvio que tener en cuenta todos los factores en un análisis estructural y dinámico (es decir, un análisis a la vez sincrónico y diacrónico) liberaría a la investigación histórica del determinismo unilateral, mostrando que el factor natural (y por tanto estático) sólo puede explicar la orientación otiginal de una estructura concreta, pero al ser de carácter pasivo no basta para explicar lo que sucede más tarde con la estructura en cuestión. Por ejemplo, una situación geográfica favorable puede explicar que una sociedad concreta disfrute de la oportunidad de dedicarse al comercio, pero no explica por qué se utilizó esta oportunidad ni por qué, posiblemente, siguió siendo así durante mucho tiempo, ya que este tipo de explicación no abarca el mecanismo de los cambios. Esto muestra que el tener en cuenta el elemento del desarrollo, es decir, el combinar el factor diacrónico con el sincrónico, evita el peligro de atribuir un papel unilateralmente determinante a un solo factor. Un determinismo tan erróneo sólo es posible en el caso de las aproximaciones estáticas, en las que el desarrollo se considera como una serie de estructuras nuevas cada vez y no como un proceso interno de transición de una estructura a otra. La interpretación ct desarrollo cono un progreso LVolutivo condicionadó por leyes naturales independientes favorecía también el alrol)uIr una importancia absoluta a ios diecesos factores geográficos Y blologicos Esta es la razón de que las aproximaciones positivista y antiPositivista se fueran acercando. Así, junto a 11. Taine, como representante del determinismo geoe’rál seo, tenemos que situar a F. Ratzel (1844-1900), el fundador ele esa aproximación - y muchos otros ciue su inspiraron en la

antropogeografía Lo mismo se puede decir sobre el determinismo biológico, iniciado por J. A. de Gobineau (1816-1882), que produjo concepciones racistas. La tendencia simultánea a basar las explicaciones en el factor demográfico (densidad de población) rnarcó una cierta dinamización del acercamiento, ya que la densidad de población es un factor variable . Lo mismo ocurre con el factor económico, que ciertos historicoadores económicos (por ejemplo T. Rogers) tendían a sobrevalorar, puesto que no conseguían abarcar todo el desarrollo económico.


El acento puesto sobre el papel especial de un solo factor dentro de una estructura concreta, interpretada estáticarnente, era una manifestación de lo que A. Labriola y Y. Plejánov llamaban la teoría de los factores a Esa teoría encontraba su apoyo en los avances hechos en las diversas disci. punas que se ocupaban de los factores aislados; como manifestación de la aproximación analítica, contradecía las exigencias de una interpretación integral y dinámica de los hechos históricos.
El tratamiento equivalente de todos los elementos de una estructura dada dio lugar al llamado interaccionismo, popular en sociología (cfr. Alfred Weber y Max Weber) y corriente en la investigación histórica estructural, que trataremos más tarde. Formas menos radicales del interaccionismo eran las marcadas por un cierto acento puesto sobre uno de los factores (normal. mente, el geográfico), que, sin embargo, no se consideraba como la causa incondicional de efectos concretos, sino sólo como una posibilidad que podía conducir a dichas consecuencias. Este interaccionismo posibilístico estaba representado por la escuela de los Anuales en Francia, en particular, con relación al factor geográfico <, En último análisis, el interaccionismo conducía o a una aproximación determinista a factores concretos o a la demostración de la compleja y difícilmente analizable red de relaciones entre los diversos elementos de una estructura dada, un análisis que, sin embargo, no explica las transiciones de una estructura a otra. El interaccionismo posibi lista, de todos modos, marcó un progreso en los procedimientos de explicación en comparación con la teoría pura de los factores, que no afirmaba, corno bacía la teoría nacida del positivismo, la existencia de ninguna fuerza determinante e interpretada de modo fatalista (o sea, independiente de las acciones humanas), que guiara el proceso de la historicoa, sino que dejaba espacio para la acción de los seres humanos, que podían aprovecharse de los factores adecuados. Pero el dejar esos factores fuera de las acciones humanas, lo cual era un rasgo del positivismo, en lugar de situar al hombre en una relación mutua con un factor determinado, junto con el atribuir la misma importancia a todos esos factores, era un obstáculo para la expllca ción del desarrollo de las estructuras y para un estudio total de las leyes del desarrollo histórico. Los motivos psicológicos de la conducta de los indi viduos, surgidos especialmente en las obras de historicoa política, se usaban también como factores explicativos. El descubrimiento de dichos motivo5
° Entre muchos autores, hay que mencionar a E. Demolins, L. 1. Mecnilcov y E. Reclus.
ayudaba a la comprensión de un suceso dado. La oposición a esta opinión produjo ideas que intentaban unir las acciones de los individuos con las características generales de la mentalidad típica de un período o un grupo concreto. Eran simplemente ideas, modernizadas, del «espíritu de los tiempos», «el espíritu de la nación», etc., como factores explicativos.
En muchos casos, la teoría de los factores y el interaccionismo daban lugar a una elección subjetiva por parte de los historicoadores de factores específicos como elementos explicativos. Por eso no había que extrañarse de que un pensador tan riguroso como, por ejemplo, A. A. Cournot (1801-1877) asegurara que cuando la historicoa busca explicaciones se convierte en filosofía más que en ciencia a’ La literatura histórica estaba marcada, por consiguiente, por una arbitrariedad total en los procedimientos de explicación, y la confusión se hizo n-layor por el hecho de que los historicoadores no conseguían darse cuenta de los diversos significados del término causa (en el sentido de factor, condición, etc.), que ellos no analizaban con mayor profundidad. Pero las vivas discusiones sobre los procedimientos de explicación aumentaron el interés de los historicoadores por ese aspecto del estudio del pasado.
Las nuevas tendencias hacia una integración estructural de la investigación histórica, manifestadas, por ejemplo, en la resurrección de la teoría de los factores en los procedimientos de explicación, se unió a la fuerte corriente de sugerencias anti-positivistas sobre la interpretación de la naturaleza de la ciencia histórica, avanzada por los historicoadores y nacida de las tendencias filosóficas mencionadas más arriba. Los postulados preconizados por la escuela de síntesis de H. Berr (1863-1954) en Francia y el círculo de K. Larnprecht en Alemania consiguieron la mayor fama. A su lado hubo, casi en cada país, la aparición de estudios notables, característicos de la nueva tendencia en la teoría de la investigación histórica.
‘5. H. Berr y la escuela de los Annales. Otras corrientes en Francia
H. Berr, que tenía una gran influencia de Bergson y la escuela de Durkheim, sugirió que las síntesis eruditas, que eran simples listas de hechos, fueran sustituidas por una síntesis científica. Aseguraba que esta síntesis Se mostraba como imposible si los historicoadores iban a seguir las opiniones Idiográficas de Rickert y Croce, que consideraban la historicoa como un estudio de. hechos individuales 38, mientras que «el campo de la historicoa y el campo de las leyes es el mismo» («le terrain de l’histoire et des bis est le méine») Berr, al contrario que sus contemporáneos (por ejemplo, Ch. Seignobos y A. D. Xénopol), sostenía que el problema de las leyes no podía separarse del Problema de la explicación causal en la historicoa. En gran medida, se llega
n H. Sée, «Quelques remarques sur la philosophie de l’histoire de Cournot’>, Revire de Svnthése Historicoque, vol. XLVI, París, 1926, págs. 15-18. La teoría
e los factores abarcaba los principales intentos de «explicación’>. Por ejempo
x. Bruck relacionaba el desarrollo consecutivo de varios centros de civilización co los cambios en la actividad magnética (cfr. 1-1. Berr, La synthése en insione, Paris, 1911, pág. 33).
a una síntesis a través de una comprensión intuitiva40 de los lazos de unión entre los hechos, es decir, a través de una explicación (descubrimiento deL las causas) que, en parte, consiste en la operación Versteiien. Tenía razón al asegurar que un mayor progreso en la investigación histórica consistiría en mejorar, no la teoría de la narración, sino la de la investigación «general», en la que la cuestión central es el concepto de causa, que requiere profundos análisis semánticos, filosóficos y lógicos. Berr distinguía tres clases de hechos’ históricos y relaciones causales unidas a ellos: sucesos de azar (la contingence) unidos por determinación ordinaria, por una secuencia temporal 41, sucesos necesarios (la necessité), unidos por relaciones constantes en forma de condiciones necesarias 42, y sucesos en la esfera de «la lógica de la historicoa», unidos racionalmente en los modos dictados por las exigencias de esa lógica43. No hay leyes establecidas en el primer grupo de hechos, al que se limitaría la historicoa idiográfica. Por tanto, en ese terreno sería imposible explicar la estructura y la evolución, es decir, pasar a una aproximación general. El segundo grupo muestra leyes estructurales que son típicas de la investigación:
sociológica, y el tercero —aquí incluía Berr las, por entonces, obsoletas ideas de la aproximación teleológica— incluye las leyes de la evolución y del progreso, que se diferencian de las leyes estructurales porque señalan el nacimiento de elementos nuevos, leyes que previamente habían sido analiza das por la filosofía de la historicoa de la época de la Ilustración o la de los positivistas. Aquí podemos ver claramente la inspiración de la exigen- cia de Berr sobre una aproximación integral, es decir, la exigencia de que los historicoadores se ocupen de la sociología y de la filosofía. La idea de pro greso, retomada por Berr, que se rige por su lógica específica (que es el resultado de un acercamiento a priori y no de una investigación históríca), hacía, supuestamente, que sus síntesis se hicieran dinámicas y se convirtieran en el criterio de selección de los hechos. Pero en realidad no iba más allí de los conceptos de leyes abstractas del progreso o de evolución, sin revelar el secreto del desarrollo. Se suponía que la mencionada «lógica de la historicoa» tenía su única fuente en la causa principal o motor de la historicoa, que Ben identificaba con la voluntad creadora de los individuos, es decir, con un factor que se parecía mucho al dian vital de Bergson . La vieja idea de progreso, por tanto, se veía unida al énfasis en la voluntad activa de los individuoS. En la opinión de Berr, la historicoa (en el sentido del curso de los aconteCI nsientos) es, en último análisis, el desarrollo del factor espiritual (l’esprit).
Berr intentaba restaurar la unidad de la ciencia natural y social, y de) fendía, con este fin, una unificación del lenguaje de la ciencia ‘°. Mostraba aS i una amalgama sui generis del positivismo y el intuicionismo estructural De este modo criticaba la creencia, inherente a la opinión evolucionista Y popularizada por las obras teóricas de A. D. Xénopol (1847-1920), de que la1 historicoa se diferencia de la ciencia natural porque estudia secuencias de hechos y no hechos recurrentes. Esas secuencias de hechos son resultado de
I acción de ‘(,izatériel de l’histoii’e).
Las leyes históricas, por tanto, pueden interpretarse como una manifestación de esas fuerzas En Francia éste fue el programa de la historicoa estructural, originada por L. Febvre y M.’ Bloch (1886-1940) y su escueTide los Anuales que pretendía liberar la, reflexión histórica de las implicaciones de la síntesis de Berr, aunque ese programa derivaba de dicha síntesis. La historicoa se concebía como una ciencia que lucha por conseguir formulaciones generales y pluralistas, y se opone, especialmente en la esfera de la historicoa económica, al idiografismo práctico (rnctodológico y a veces también objetivo), es decir, a la historicoa que se ocupaba de los sucesos (histoire événementielle) y no de las explicaciones. El método priñófpal de esa crítica consistía en prestar atencióó, omo había postulado’ tambión Berr, a los fenómenos duraderos de la historicoa, es decir, a las estructuras. Esto, a su vez, sugería conexiones con disciplinas más teóricas, sobre todo la economía y la sociología En términos concretos, esto significaba caer bajo la influencia de la escuela de. Durkheim-y postDurkheirn, en sociología, y de la economía política subjetiva. Esto explicaba también el vivo interés mostrado por la escuela de los Annales tanto en la historicoa económica como en la historicoa de las <‘ideas colectivas», es decir, la historicoa de la mentalidad social (G. Duby)49. La aproximación teleológica de Berr fue sustituida por el interaccionismo, en el que los diversos elementos de las estructuras son considerados de modo semejante. Las estructuras están configuradas dentro de marcos construidos por las llamadas fuerzas permanentes (les forces permanents, les pernianences), sobre todo por el entorno natural. Las propias estructuras (o sea, las condiciones económicas, sociales, psicológicas) forman hechos y fuerzas de larga duración (de longue durée). También destacan los sucesos (événements), es decir, las actividades humanas, que están relacionadas causalmente y sujetas al azar. Las estructuras se comparan, metafóricamente, a un lienzo, y la forma de lo que está bordado sobre el depende del azar. Las actividades humanas encuentran manifestaciones en las <‘coyunturas», es decir, en los datos sobre los cambios de población, la cantidad de mercancías producidas, los precios, etc. La separación de los Sucesos (coyunturas) de las estructuras, que aparece a menudo en las obras de los historicoadores de la escuela de los Anuales, revela trazos de las dificultades positivistas para enlazar los hechos con los cambios. La novedad de este acercamiento consistía en centrar la atención sobre el estudio de las
- Las relaciones con la escuela CO DurkIcim tueron analizadas por XV. Kula SU lIltroduecio,) a la versión polaca de la ubia de M. Bloch, 1pologie pOUI iZStOIre ou niéjier d’l,islc>rieoz (Varsovia, 1960).

estructuras y en interpretar los sucesos a través de períodos largos, lo qu( permite trazar la «forma» de los cambios, o sea, una coyuntura dada. El acer carniento a la cuestión de las leyes fue un resultado de esa postura. Por supuesto, se suponía que las leyes actuaban en la esfera de las estructuras y no en la de los sucesos. L. Febvre aseguraba que el concepto de ley no podía abarcar ni las leyes a través de las cuales pesa el pasado sobre los hombres ni las que fuerzan al hombre a actuar (es decir, leyes directoras); sólo podía abarcar las que se interpretan como «fórmulas generales que agrupan hechos que hasta entonces estaban aislados» La atención prestada a las estructuras suponía una aproximación más teórica e interdisciplinar y, por tanto, el rechazo de la fórmula, que Febvre llamaba peligrosa, que establece que «l’his. toire se fait cree des documents», porque la investigación histórica tenía que ir más allá de los documentos. Esto suponía la validez de las hipótesis en la investigación histórica.


Tenernos que subrayar también el carácter subjetivo de las aproxirnacio. n.es estructurales. Se manifestaba en la reflexión sobre la materia de la historicoa interpretada por lvi. Bloch (consciencia humana) y en la considera ción ele los hechos históricos «que son esencialmente hechos psicológicos»5( La conducta humana, muchas veces, está dictada «por las misteriosas pro. fundidades de la vida espiritual del hombre» 52 Como puede verse, el puente que une esa opinión con el Bergsonismo no estaba destruido.
En comparación con el grupo de Berr y la escuela de los Anuales, las- otras propuestas para la interpretación de la historicoa corno una ciencia, que surgieron en Francia, no sugerían novedades más importantes, sino que, máS bien, se rélacionaban con la idea de la historicoografía tradicional, «compren dida» de mudo intuitivo. Podernos mencionar aquí, por un lado, a R. Aron, un sofisticado filósofo que escribe según el espíritu de Husserl y M. Weber, y por otro lado, FI. I.Marrou, un excelente historicoador ecléctico que utilizh 105 sistemas filosóficos más especulativos. Tanto Aron53 corno Marrou sef ocupan sobre todo del proceso cognoscitivo histórico. Aron se inclina a limitar[ la investigación al estudio de los hechos aislados y sus causas y a dejar panal les sociólogos el estudio de las relaciones generales entre los hechos a En sil

5L.Fehvre, Combats peor l7sisroire, París, 1953, págs. 15-16: »(...) ces fol moles conimuncs qui, groupant des faits jusque lb séparés, en formerit des series».


° M. Bloch, op. cit., pág. 101.
Ver el documento de .1. Topolski sobre el libro de M. Bloch en taimE lzistoryczriy, núm. 2, 1961, págs. 460-461. Las tendencias a combinar O estud:o de las <‘coyunturas» con el de las «estructuras» señalando los diverso5 j:rocesos de desarrollo se maniflestan en la conferencia que dio F. BraUd cuando recibió el doctorado honoris causa por la Universidad de Varsovia. «Re chazo, por tanto —dijo-—. tanto la historicoa de los sucesos como la historicoa das coyunturas. Y entonces, en lo que queda, es decir, en mi historicoa seleCt< y privilegiada, son los sistemas los que aparecen: sociales o socio-económqt cuEurales o demográficos, sistemas cuyo ritmo de vida es lento y cuya durado,t rs iarga, (...) Los sistemas socio-económicos son los que forman el problema moS imnortante. Tenemos que distinguir en ellos, sobre todo, las fluctuaciones a cort° ,*co de los procesos ele desarrollo de lares (, .) Po?ende énfaslS C ls sistemas’. ucio-ceonómicoa, creo que inc refiero a los logros más duraclei05
e,, co marxista» (Citado en la versión polaca publicada en el sei5m e> k/cóm. 2t, 25 d,d 5<0011) de 19e7).
opinión, la explicación causal implica leves, es decir, la aceptación de relaciones constantes entre los hechos, relaciones que son de naturaleza probable (estadística) a• Para él, el conocimiento histórico supone la necesidad de adoptar ciel-tas construcciones teóricas, una de las cuales es la de un hecho histórico n
FI. 1. Marrou, en una ocasión, describió su propia genealogía filosófica n, que incluye a Bergson, los neo-Kantianos, los neo-Hegelianos, Husserl, los existencialistas y también R. Aron. La armadura anti-positivista de su libro está hecha de una aleación de teorías gnoseológicas seleccionadas específicamente, contenidas en esas filosofías. El papel central se lo asigna a la categoría fenomenológica de Husserl de epoché, pero Marrou ha vulgarizado esa categoría, que pretendía designar una suspensión sud generis de la propia aproximación al mundo objetivo, liherándose de las convicciones en el proceso cognoscitivo u• Adoptaba la empatía, una identificación gradual de la propia personalidad con la de la persona estudiada, como medio principal de conocimiento, que no es exacto, por consiguiente, sino sólo intuitivo, ya que «sólo Dios)> puede conocer plenamente el pasado°9. El conocimiento, por tanto, es para él un acto subjetivo de acuerdo con el principio de San Agustín nenio nisi pee amicitias’n cognoscitur. El proceso cognoscitivo tiene la ayuda de ciertas categorías pi-educidas por la mente, tales como tipos ideales, términos técnicos, etcétera EJ. conocimiento histórico es totalmente una construcción del historicoador; cuanto mayor sea «la calidad del alma» y «la apertura de la mente (esprit) del historicoador», mejor será la construcción mencionada °. Marrou considera que los todos estructurales son ficticios:
para él, el individuo es eh único organismo verdadero 62 La explicación en la historicoa no consiste en buscar las causas, ya que eso significaría una simplificación de la realidad, sino en una comprensión intuitiva de todos los complejos lazos de unión entre los hechos. Sobre la historicoa, Marrou acepta la unicidad de los fenómenos y niega la existencia de leyes del desarrollo.
Podrían rnencjonarse muchas otras obras —menos conocidas— sobre las reflexiones históricas; por ejemplo, 1951 vio la aparición de Initiation á la critique historicoque, de L. E. Halkin (hay dos ediciones posteriores), muy valiosa en las secciones sobre crítica textual, pero —como Berr tuvo todavía Oportunidad de señalar— «irritante» y «deprimente» en sus secciones filosóficas 63 Según Halkin, la historicoa se hace científica si es crítica y no por ser un estudio de «lo general» y del establecimiento de leyes del desarrollo

socia]. La historicoa se ocupa de hechos únicos que hay que entender «subjeti.vamente’>. Entre otras obras hay que nombrar las de P. Ariés 64, L. Halphen6 y A. Choulguin°6. El famoso estudio de J. M. Romein°7, que intentó imbuio teoría en la investigación histórica, difiere de los mencionados más arriba por su ambición.






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