Jerzy topolski



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REFLEXIÓN ESTRUCTURAL


1. El nacimiento de un modelo estructural de investigación histórica
La reflexión metodológica antipositivista en los estudios históricos estaba marcada sobre todo por la negación y el escepticismo. Ese escepticismo tenía tres aspectos. Las ideas antipositivistas nacían de las dudas sobre los valores cognoscitivos de la acumulación inductiva de hechos, es decir del proceso cognoscitivo analítico. Se dudaba, con mucha razón, si el conocimiento humano de los hechos pasados aumenta proporcionalmente al número de hechos establecidos. En el nacimiento de esa nueva reflexión, un papel no menos importante lo jugó el escepticismo ante la idea positivista de una evolución constante de los valores intelectuales y morales del hombre, evolución que seguía, supuestamente, las leyes natura1e del progreso, que trabajan al margen de los hechos; esta forma de escepticismo se refería a la propia existencia de esas leyes. Finalmente, el escepticismo ante el tratamiento optimista de la historicoografía como una disciplina muy parecida a las ciencias naturales y ante la corrección del principio de una historicoografía «objetiva», separada de las exigencias prácticas, tuvo también una gran influencia sobre la reflexión antipositivista.
Este escepticismo, en sus tres caras, al afectar directa o indirectamente a todas las esferas de la reflexión metodológica, condujo a diversas pro puestas, a menudo incompatibles. El primer aspecto dio lugar a un pesimismo cognoscitivo en la investigación histórica y a un enriquecimiento del proceso cognoscitivo histórico, con intentos de acercamientos integrales, E] segundo condujo, por un lado, a una nueva negación de cualquier ley histórica y a un regreso al icliografismo objetivo y al indeterminismo, y por 1 otro, a un mayor progreso en las reflexiones sobre las leyes históricas Y 1, sobre las explicaciones en la historicoa. El tercero produjo una negación total de la naturaleza científica de la historicoa y argumentos nuevos en favor de la aflrmación de que la investigación histórica es una disciplina exacta En resumen, algunas de las nuevas tendencias pueden interpretarse ahor» como una continuación y ampliación crítica de las ideas básicas del positi’ vismo (en su versión más o menos evolucionista), y otras como una negaciofl de esas ideas y una vuelta a concepciones anteriores. La característica dominante, y valiosa, de la reflexión metodológica nacida de la crítica cscdptica ante el positi’.’ismo del siglo soy fue que se ad’drtió —aunq desde distintas posturas Plosóficas—--- de la importancia de un acercamient° integral proa la inveslieaeióa histórica, cosa que la historicoografía crucl0 había negado múltiples veces.. Esto produjo unos intentos, realizados “ diversos modos, 1) ele integrar intevie-, mente Ci análisis histórico del pron°° de avesirnación de heChOS y de relacionarlo con las interpretaciones sifl
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ficas; 2) de combinar los distintos puntos de vista, político, económico, etcétera, de la materia de investigación, 3) de usar otras disciplinas al llevar a cabo la investigación histórica.


Todo esto contribuyó a la adopción de una nueva postura, estructural, que de algún modo establecía lazos de unión entre los hechos separados, interpretados de modo positivista; a la investigación histórica le hacía falta una postura así, que atañe a todo el desarrollo social, un proceso en el que todos los elementos están más o menos interrelacionados. Lo que todavía faltaba era una tendencia más clara a integrar el estudio de los hechos con el estudio de los cambios, es decir, a hacer la aproximación más dinámica, y no hay que olvidar que sólo esta combinación dio la oportunidad de hacer una descripción total y una explicación del proceso de desarrollo en la historicoa. La crítica al evolucionismo consistió en rechazarlo totalmente, pero no se indicó ninguna solución mejor. A pesar de estos defectos, podemos llamar estructural a la reflexión metodológica nacida de la crítica al acercamiento erudito, ya que éstaha dominada por un intento de interpretación estructural del conjunto. Pero, como veremos, dichas interpretaciones eran muchas veces puramente especulativas. De modo que, otra vez, un avance en un área de la reflexión metodológica significaba un retroceso o un estancamiento en otra.
2. Inspiraciones filc’só ficas de la historicoa anti-positii’ist
Fue principalmente de la filosofía, que a finales del siglo xix renacía, sobre todo en gnoseología y metodología, de donde la investigación histórica sacó la inspiración para su oposición al dominio del modelo metodológico de la ciencia natural, la desintegración positivista de la materia de investigación, su interpretación estática y la actitud pasiva del historicoador, que sólo tenía que percibir los hechos separados tal como los registraban las fuentes. Los filósofos, muchos de los cuales consideraban la ontología como metafísfca, no sólo pusieron las nuevas bases para una teoría gereral del conocimiento, sino que también abarcaron el conocimiento histórico y la estructura metodológica de la historicoa con sus análisis, por primera vez en u nivel tan amplio. La reflexión metodológica llevada adelante por lOS historicoadores en esta nueva atmósfera filosófica consistía, como en el siglo XIX, en aplicaciones más o menos precisas de esos análisis a las exigencias prácticas de la investigación histórica. Como en aquel tiempo la historicoa como ciencia comenzaba a afrontar ciertos problemas comunes a todas las disciplinas sociales y humanísticas, no dejó de recibir la influencia de las tendencias predominantes en esas disciplinas, principalmente en la sociología, antropología, economía y psicología. Pero además, por supuesto, la historicoa, con sus propios problemas, se convirtió cci una dei’as .iler,tes generales para la búsqueda de soluciones nuevas en la filosr fía en
humanidades y ciencias sociales en general.
En gnoseología, se proponía el conocimiento intuitivo para sustituir al empjrisin inductivo, y se atribuía el papel principal y activo ca dicho Proceso a la mente del investigador corno factor de organización. La importancia de su pa’Jei ç fl-,-r>a ny»ijtcstrr sobre todo en las cie’rcis de la UItura Y por tanto tarnbión en la Pistos ja, porque, para abaicar 1 erina tos ‘Lect05 de la cultura como un producto humano conipleje, cm neceaciio esta era la opinión dos ‘Pnanl c-- comprenderla directarneni e’, v---o rEs,
explicarla señalando la causa (que es un procedimiento suficiente en la ciencia natural). Interpretada como muchas variedades del conocimiento puramente intuitivo, que es una experiencia cognoscitiva que no se presta a ningún análisis más estricto, esta exigencia era formulada por los neo- Kantianos de las escuelas de Baden y Marhurg, los neo-Hegelianos, la escuela de la «filosofía de la vida», y los fenomenologistas
H. Bergson (1859-1942), cuya influencia sobre las ideas filosóficas en la historicoa en esa época fue, probablemente, más fuerte que la de ningún otro, quería interpretar el mundo como una totalidad en movimiento (en contraposición a los positivistas) y en este sentido escribió que «La evolución requiere que el presente sea realmente una continuación del pasado, exige que la duración sea un lazo de unión» 2, y, al criticar a Spencer, escribió que en su evolucionismo «no se hacía referencia ni al devenir ni a la evolución», porque «el truco del método de Spencer solía ser reconstruir la evolución a partir de fragmentos de lo que ya había evolucionado»
La fenomenología de E. Husserl (1859-1939), representante de la reflexión lógica anti-empirista sobre la ciencia, se relacionaba también con la intuición, es decir, no con la inducción o la deducción, sino con un conocimiento «directo» independiente de la psicología y de la teoría, pero esta relación era diferente. Según Husserl, son accesibles a esa intuición, que llamaba eidética, no sólo los objetos individuales (hechos), sino también las esencias generales de las cosas (abstracciones). En relación con tal intuición, hay que renunciar a toda construcción conceptual, incluso a las latentes. «Esta suspensión universal de toda actitud hacia el mundo objetivo, llamada epoché fenomenológica, se convierte en el medio metodológico por el que me interpreto a mí mismo como el Yo y como esa vida de la conciencia en y a través de la cual existe para mí el mundo objetivo precisamente como es para mí» . Por tanto, el objeto cognoscitivo no es algo que puede ser aprehendido pasivamente, sino algo constituido por el papel «creativo» de un acto cognoscitivo. Se puede advertir fácilmente que es en este punto donde se manfiesta claramente el nivel final idealista del proceso cognoscitivo fenomenOlógico integral.
E. Cassirer (1874-1945), de la escuela de Marburgo, que tuvq tambiéfl mucha influencia, examinó la cu]tura, no como una acumulación de hechos y fenómenos individuales, sino como un todo que tiene una estructura lógica específica. Aseguraba —al contrario que Husserl— que el conocimiento requiere unos elementos (símbolos) a priori, que, sin embargo, no se inter-) pretan de una manei-a definitiva, sino considerando su variabilidad en
curso de la historicoa. Estos símbolos nos permiten combinar los hechos para formar globalidades, pero cualquiera de estas globalidades no es algo reaL)
1 J• Legowicz habla de una ‘ZarY3 hzstorti fsloeofiz (Esbozo de la historicoa de la filosofía), cd. cit., págs. 316 y SS.)’ Pero yo no me inclino a clasificarla como una rama del positivismo y encUe tro más convincente la clasificación de W. Tatarkiewicz (ver su Historicoa Filoz°f° (Historicoa de la Filosofía), vol. III, Varsovia, 1958, págs. 258 y ss).
2 Cfr. H. Bergson, L’évolnfion créatrice, París, 1912, pág. 24: »L’évolutiO ClIC imphque une conhinuation i’éelle du passé par le présent, une durée qus ‘ un trait d’union.»
Cfr. H. Bergson, op. cd., pág. 393: «En réaiitá, 1 ny était question nl
devenir ni d’c’volution ( , , ). Lan ifice urdinaire de la rnéthode de Spencer C0<’ siste O reconstituer l’évolution ayee les fragnienis de l’óvolueé.»
Ver E. Husserl, «Dic Krisis dcc euiopdischen Wissenschaften urun ser en el sentido ontológico de la palabra, sino una construcción de la mente- Esta combinación de hechos es lo único que hace posible la comprensión de un elemento concreto de la cultura. En contraposición a la formulación de Ranke, Cassirer escribió que «lo que la memoria conserva de los hechos y procesos se convierte en una recolección histórica sólo cuando sabemos transformarlo y meterlo en nuestro «interior» .


3. La filosofía anti-positii’ista de la historicoa
Las investigaciones filosóficas generales tenían su extensión directa en la filosofía de la historicoa que estaban desarrollando rápidamente, sobre todo, los filósofos que se ocupaban también de la investigación histórica . Como resultado, se produjo una avalancha de opiniones que en muchas cuestiones chocaban, pero que en conjunto se oponían a la opinión erudita, que era optimista en el problema del conocimiento y determinista (o más bien fatalista) en otras cosas. Esa filosofía se interpreta ahora desde varios puntos de vista y se subrayan sus distintas características. 1. S. Kon la analizaba como «una crisis del pensamiento histórico» . Veía esa crisis en la filosofía no marxista a partir del nacimiento del marxismo. Cuesta defender su opinión. Las ideas de Marx, que eran muy avanzadas para su tiempo, no tuvieron oportunidad de extenderse ampliamente cuando surgieron, y no sólo por las razones de clase mencionadas anteriormente. En esa época, la reflexión sobre la historicoografía estaba en el estadio de la aproximación erudita genética; su paso adelante «natural» era prestar atención a los problemas estructurales. Por tanto, la historicoografía, en general, no estaba todavía en condiciones de adoptar modelos dialécticos (que unificaban los acercamientos genético y estructural) sin atravesar primero el nivel estructural. Por eso la reflexión en ese estadio no se puede considerar como una manifestación general del pensamiento histórico: en muchos problemas significó un importante progreso (en el análisis de los procedimientos de investigación) en comparación con las soluciones propuestas por el acercamiento erudito genetico, a pesar de que no se elevó al nivel del modelo dialéctico de investigación.
Muchas corrientes de la filosofía post-positivista de la historicoa han sido denominadas «filosofía crítica de la historicoa» por R. Aron, que considera que su rasgo fundamental es el rechazo del sistema de Hegel 6, es decir, Una concepción que es más «direccional» que unilateralmente estructural,
E. Cassirer, Zui’ Logik der Kulturwissenscl1aften, Fünf Studie>s, Gi5te borg, 1942, pág. 85. «Was das Gedáchtnis an Tatsachen und Vorgbrgen aufbewahrt, das Wird zur historicoschen Erinnerung esrt dadurch. dab wir es in unser Inneres elnbeziehen und in dasselbe zu verwandeln vermógen.» G. Santayana (1863-1952) Imitaba el simbolismo a la contemplación poética, presentando así una visión rracional del mundo.
6 De las obras sobre la filosofía post-positivista que he usado, las más imortantes son: M. Mandelbaum, The problem of Historicocal Knowledge, Nueva Or, 1938 (entre los autores tratados por Mandelbaum están Croce, Dilthey,
annh1 Simmel, Rickert, Scheler, Trocitsch); R. Aron, La philosophie c>itiqne iStO1 París, 1950 (2.’ cd.); 1. S. Kon, Dic GescI7ic/2lsphzlo.sopllie des 20. Jo/ir-
O ertS, vol. 1, Berlín 1964’ F. Kaufmann, Gesc/iiclztsp/iilosophie dei- Ge9e:ui’n>-t.
erlin, i93J

1. El nacimiento de un modelo estructural de investigación histórica
La reflexión metodológica antipositivista en los estudios históricos estaba marcada sobre todo por la negación y el escepticismo. Ese escepticismo tenía tres aspectos. Las ideas antipositivistas nacían de las dudas sobre los valores cognoscitivos de la acumulación inductiva de hechos, es decir, del proceso cognoscitivo analítico. Se dudaba, con mucha razón, si el cono cimiento humano de los hechos pasados aumenta proporcionalmente al número de hechos establecidos. En el nacimiento de esa nueva reflexión, un papel no menos importante lo jugó el escepticismo ante la idea positivista de una evolución constante de los valores intelectuales y morales del hombre, evolución que seguía, supuestamente, las leyes naturales del progreso, que trabajan al margen de los hechos; esta forma de escepticismo se refería a la propia existencia de esas leyes. Finalmente, el escepticismo ante el tra tarniento optimista de la historicoografía como una disciplina muy parecida a las ciencias naturales y ante la corrección del principio de una historicoografía «objetiva», separada de las exigencias prácticas, tuvo también una gran influencia sobre la reflexión antipositivista.
Este escepticismo, en sus tres caras, al afectar directa o indirectamente’ a todas las esferas de la reflexión metodológica, condujo a diversas pro puestas, a menudo incompatibles. El primer aspecto dio lugar a un pesimismo cognoscitivo en la investigación histórica y a un enriquecimiento del proceso cognoscitivo histórico, con intentos de acercamientos integrales. El segundo condujo, por un lado, a una nueva negación de cualquier ley histórica y a un regreso al idiografismo objetivo y al indeterminismo, y pOt otro, a un mayor progreso en las reflexiones sobre las leyes históricas Y sobre las explicaciones en la historicoa. El tercero produjo una negación totat de la naturaleza científica de la historicoa y argumentos nuevos en favor de la aflrmación de que la investigación histórica es una disciplina exacta En resumen, algunas de las nuevas tendencias pueden interpretarse ahora como una continuación y ampliación crítica de las ideas básicas del posit5 vismo (en su versión más o menos evolucionista). y otras como una negaciofl de esas ideas y una vuelta a concepciones anteriores. La característica dominante, y valiosa, de la reflexión metoclológica nacida cte la crítict eaeéptica anta al positi’.’ismo del risPo xcx fue que se advirtió _aunque desde distjntas posturas fi1osóficas—-- de la importancia de un acercamient° litcfiai para la iovcsticación hsstórica, cosa que la historicoografía erudit1 había negado miultiplcs vecc’s. Esto produjo UnOS intentos, realizadas diversos modos, 1) de intee’rar iotesi’.anienle el análisis histórico dci jC5S te avelg’sIacIón de hechas y de relacionarlo con las interpretaciones 5ifl
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ideas; 2) de combinar los distintos puntos de vista, político, económico, etcétera, de la materia de investigación, 3) de usar otras disciplinas al llevar a cabo la investigación histórica.


Todo esto contribuyó a la adopción de una nueva postura, estructural, que de algún modo establecía lazos de unión entre los hechos separados, interpretados de modo positivista; a la investigación histórica le hacía falta una postura así, que atañe a todo el desarrollo social, un proceso en el que todos los elementos están más o menos interrelacionados. Lo que toda\ía faltaba era una tendencia más clara a integrar el estudio de los hechos con el estudio de los cambios, es decir, a hacer la aproximación más dinámica, y no hay que olvidar que sólo esta combinación dio la oportunidad de hacer una descripción total y una explicación del proceso de desarrollo en la historicoa. La crítica al evolucionismo consistió en rechazarlo totalmente, pero no se indicó ninguna solución mejor. A pesar de estos defectos, podemos llamar estructural a la reflexión metodológica nacida de la crítica al acercamiento erudito, ya que estaba dominada por un intento de interpretación estructural del conjunto. Pero, como veremos, dichas interpretaciones eran muchas veces puramente especulativas. De modo que, otra vez, un avance en un área de la reflexión metodológica significaba un retroceso o un estancamiento en otra.
2. Inspiraciones filosóficas de la historicoa cutí-positivista
Fue principalmente de la filosofía, que a finales del siglo xix renacía, sobre todo en gnoseología y metodología, de donde la investigación histórica sacó la inspiración para su oposición al dominio del modelo metodológico de la ciencia natural, la desintegración positivista de la materia de investigación, su interpretación estática y la actitud pasiva del historicoador, que sólo tenía que percibir los hechos separados tal como, los registraban las fuentes. Los filósofos, muchos de los cuales consideraban la ontología como metafísfóa no sólo pusieron las nuevas bases para una teoría general del Conocimiento, sino que también abarcaron el conocimiento histórico y la estructura metodológica de la historicoa con sus análisis, por primera vez en un nivel tan amplio. La reflexión metodológica llevada adelante por los historicoadores en esta nueva atmósfera filosófica consistía, como en el Siglo XIX, en aplicaciones más o menos precisas de esos análisis a las exigencias prácticas de la investigación histórica. Como en aquel tiempo la historicoa como ciencia comenzaba a afrontar ciertos problemas comunes a todas las disciplinas sociales y humanísticas, no dejó de recibir la influencia de las tendencias predominantes en esas disciplinas, principalmente en la sociología, antropología, economía y psicología. Pero además, por supuesto, la historicoa, con sus propios problemas, se convirtió ea> una de las fuentes generales para la búsqueda de soluciones nuevas en la filosofía y en S humanidades y ciencias sociales en general.
En gnoseología, se proponía el conocimiento intuitivo para sustituir al empirismo inciiactix’o, y se atribuía el papel principal y activo co dicho
Proceso a la mente del investigador corno factor de organización, la importancia de su papel se iba a roaniteslar sobre todo en las eienLias de la d1ltUra, y por tanto tambión srl la histo ia, porque, para abaiom tenas i05 55Pectos cte la rut tul-a COfl5O Oil producto hUlflSHC) COnlpICIO, era acrecería
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Explicarla señalando la causa (que es un procedimiento suficiente en la ciencia natural). Interpretada como muchas variedades del conocimiento puramente intuitivo, que es una experiencia cognoscitiva que no se presta a ningún análisis más estricto, esta exigencia era formulada por los neo- Kantianos de las escuelas de Baden y Marhurg, los neo-Hegelianos, la escuela de la «filosofía de la vida», y los fenomenologistas.


H. Bergson (1859-1942), cuya influencia sobre las ideas filosóficas en la historicoa en esa época fue, probablemente, más fuerte que la de ningún otro, quería interpretar el mundo como una totalidad en movimiento (en contraposición a los positivistas) y en este sentido escribió que «La evo lución requiere que el presente sea realmente una continuación del pasado, exige que la duración sea un lazo de unión» 2, y, al criticar a Spencer, escribió que en su evolucionismo «no se hacía referencia ni al devenir ni a la evolución», porque «el truco del método de Spencer solía ser reconstruir la evolución a partir de fragmentos de lo que ya había evolucionado» .
La fenomenología de E. Husserl (1859-1939), representante de la reflexión lógica anti-empirista sobre la ciencia, se relacionaba también con la intuición, es decir, no con la inducción o la deducción, sino con un conocimiento «directo» independiente de la psicología y de la teoría, pero esta relación era diferente. Según Husserl, son accesibles a esa intuición, que llamaba eidética, no sólo los objetos individuales (hechos), sino también las esencias generales de las cosas (abstracciones). En relación con tal intuición, hay que renunciar a toda construcción conceptual, incluso a las latentes. «Esta suspensión universal de toda actitud hacia el mundo objetivo, llamada epochí fenomenológica, se convierte en el medio metodológico por el que me intel’ preto a mí mismo como el Yo y como esa vida de la conciencia en y a través de la cual existe para mí el mundo objetivo precisamente como es para mí’> . Por tanto, el objeto cognoscitivo no es algo que puede ser aprehendido pasivamente, sino algo constituido por el papel «creativo» de un acto cog noscitivo. Se puede advertir fácilmente que es en este punto donde se manifiesta claramente el nivel final idealista del proceso cognoscitivo fenomeno’ lógico integral.
E. Cassirer (1874-1945), de la escuela de Marburgo, que tuvq tambiéfl mucha influencia, examinó la cultura, no corno una acumulación de hechos y fenómenos individuales, sino como un todo que tiene una estructura lógica específica. Aseguraba —al contrario que Husserl— que el conocimiento re quiere unos elementos (símbolos) a priori, que, sin embargo, no se interpretan de una manera definitiva, sino considerando su variabilidad en
curso de la historicoa. Estos símbolos nos permiten combinar los hechos para formar glohalidades, pero cualquiera de estas globalidades no es algo real,

1 J Legowicz habla de una «filosofía positivista de la vida» (ver su Zar)’3 historji filozofii (Esbozo de la historicoa de la filosofía), cd. cit., págs. 316 y ss.) Pero yo no me inclino a clasificarla como una rama del positivismo y encUj) tro más convincente la clasificación de W. Tatarkiewicz (ver su Hisioria FilozO,5 (Historicoa de la Filosofía), vol. III, Varsovia, 1958, págs. 258 y ss).


2 Cfr. H. Bergson, L’évolution créatrice, París, 1912, pág. 24: «L’évolutlOl’ elle implique LUir continuation réelle clu passé par le présent, une durée qui ea un ti-alt d’union.»
Cfr. H. Bergson, op. cii., pág. 393: «En réaiité, 1 n’v était question nl devenir ni d’évolution (. ). Lar ifice occiiiairc de la ryiéthode de Spcncer CD Siste O reconstituer l’évolu[ion ayee les 1cments de l’ávoiucd.«
Ver E. Husserl, »Die Krisis Ocr curoph3schcn Wissenschaften und transzendeniaie PhOnomenologie«, Philosophia, 1936, pág. 14.
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un ser en el sentido ontológico de la palabra, sino una construcción de la mente. Esta combinación de hechos es lo único que hace posible la comprensión de un elemento concreto de la cultura. En contraposición a la formulación de Ranke, Cassirer escribió que «lo que la memoria conserva de los hechos y procesos se convierte en una recolección histórica sólo cuando sabemos transformarlo y meterlo en nuestro «interior» .


3. La filosofía anti-positivista de la histoi-ia
Las investigaciones filosóficas generales tenían su extensión directa en la filosofía de la historicoa que estaban desarrollando rápidamente, sobre todo, los filósofos que se ocupaban también de la investigación histórica Como resultado, se produjo una avalancha de opiniones que en muchas cuestiones chocaban, pero que en conjunto se oponían a la opinión erudita, que era optimista en el problema del conocimiento y determinista (o más bien fatalista) en otras cosas. Esa filosofía se interpreta ahora desde varios puntos de vista y se subrayan sus distintas características. 1. 5. Kon la analizaba como «una crisis del pensamiento histórico» . Veía esa crisis en la filosofía no max-xista a partir del nacimiento del marxismo. Cuesta defender su opinión. Las ideas de Marx, que eran muy avanzadas para su tiempo, no tuvieron oportunidad de extenderse ampliamente cuando surgieron, y no sólo por las razones de clase mencionadas anteriormente. En esa época, la reflexión sobre la historicoografía estaba en el estadio de la aproximación erudita genética; su paso adelante «natural» era prestar atención a los problemas estructurales. Por tanto, la historicoografía, en general, no estaba todavía en condiciones de adoptar modelos dialécticos (que unificaban los acercamientos genético y estructural) sin atravesar primero el nivel estructural. Por eso la reflexión en ese estadio no se puede considerar como una manifestación general del pensamiento histórico: en muchos problemas significó un importante progreso (en el análisis de los procedimientos de investigación) en comparación con las soluciones propuestas por el acercamiento erudito genetico, a pesar de que no se elevó al nivel del modelo dialéctico de investigación.
Muchas corrientes de la filosofía post-positivista de la historicoa han sido denominadas «filosofía crítica de la historicoa» por R. Aron, que considera que su rasgo fundamental es el rechazo del sistema de Hegel 8, es decir, una concepción que es más «direccional» que unilateralmente estructural,
E. Cassirer, Zur Logik dcc Kultuns’isse>zschaften, Fünf Studien, GOteborg, 1942 pág. 85. »Was das Ged’áchtnis an Tatsachen und Vorgfirgen aufbewahrt,
S WIrd zur historicoschen Erinnerung esrt dadurch, dab wir es in unser Inneres elflbezlehen und ja dasselbe zu verv<’andeln vermógen.» G. Santayana (1863-1952) .mltaba el simbolismo a la contemplación poética, presentando así una visión u raJ del mundo.
6 De las obras sobre la filosofía post-positivista que he usado, las más imçortantes son: M. Mandelbaum, The problern of Historicocal Knowjedge, Nueva
1938 (entre los autores tratados por Mandelbaum están Croce. Dilthev, anh3 Simmel, Rickert, Scheler, Ti-oeltsch); R. Aron, La philosaphie criliqile

y su relativismo gnoseológico .M. Mendelbaurn clasifica las diversas concep. ciones desde el punto de vista de su actitud hacia la posibilidad de un conocimiento histórico objetivo (verdadero), y señala a los relativistas, por un lado, y los anti-relativistas, por otro. Una postura diferente, que se refiere sobre todo a los filósofos alemanes, consiste en clasificarlos come defensores del historicocismo y del anti-historicocismo (P. Engel-Janosi, P. Rossi,


K. Popper, y otros) . para no hablar de las numerosas variantes «naciona les» de la reflexión filosófica que estarnos tratando.
No trataremos el historicocismo aparte, sino sólo en relación con cuestiones importantes y más amplias. Esto se debe a que el concepto de historicocismo es uno de loS más ambiguos en la metodología de la historicoa. Sus principales significados se pueden enumerar de este modo:
a) Historicocismo general, es decir, el acento puesto en el movimiento coas tante y el cambio en el curso de los acontecimientos (que no niega nadie); el acento sobre los cambios varía, obviamente, según el modelo de investigación histórica.
b) Historicocismo absoluto (llamado también relativismo), corriente, sobre todo, en las obras de los historicoadores alemanes, que F. Meinecke consideraba corno el principal producto del «espíritu alemán» desde la Reforma; se caracteriza, romo resultado de la afirmación de que todos los hechos históricos son unicos por un relativismo absoluto respecto a la verdad (es imposib1e alcanzar Ja ama gen objetiva, es decir, cierta, de los sucesos pasados) y a los valores (ya que no hay modelos eternos y leves eternas de la naturaleza, ninguna corriente tea lógica de sucesos, etc.); el historicocismo absoluto se opone totalmente a la idea de la invariabilidad de la naturaleza humana; según los seguidores de esa ten dencia, se suponía que era el Estado la medida de los valores (ver G. G. Ipgers, ‘[he Germen Conception of Histor-i’. Tice National Tradition of Historicocal Tizoi’ht froin Herder to tire Preseni, Middletown, 1968).
c) El historicocismo de Popoer pretendía abarcar las dittintas filosofías de:
a historicoa cue aspiran a descubrir las leyes históricas que hacen predicciones sobre el posible futuro de los sucesos, y que Popper critica (ver K. Popper, Tui open Society and its Enemies, vol. II, pág. 242).
d) Historicocismo como sinónimo de «la filosofía de la historicoa) (usado en, este sentido por M. C. D’Arcv en Tire Meaning and Matter of History, Nu,eva York, 1959).
e) Historicocismo existencial, como parte de la doctrina general del existen’:
cialismo, que subraya la ‘



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