Jerzy topolski


POSturas metodológicas de los historicoadorcs alemancs e impidió el desarrollo suh-5 idct noritivislas. por Ranke), y



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POSturas metodológicas de los historicoadorcs alemancs e impidió el desarrollo
suh-5 idct noritivislas. por Ranke), y otros, hacia la tendencia teleológica (representada por los bit toriadores franceses). A pesar de las apariencias, esta última fue, en grao medida, la predecesora de la primera en cuanto al positivismo en la historicoa Más aún, los historicoadores sacaban diversas inspiraciones del positivismo que por su parte era una doctrina ecléctica. Podemos hablar también d varios tipos de positivismo 26, que influyeron en la investigación histórica d diversas formas.
La tendencia positivista en la filosofía y en la ciencia la inició A. Com te (1798-1857) en su Cor-irs de philosophie positive (1830-1842), que se convirtil en el punto de partida de las diversas variedades de la escuela francesa 6 positivismo (I-{. Taine, 1838-97; E. Renan, 1823-92, y otros). La misma époco vio el nacimiento del positivismo empírico inglés, basado en sus propia fuentes y formulado de forma más plena en las obras de 3. S. Mill (1806-1873); su impacto extraordinariamente fuerte sobre la mentalidad de sus conteis poráneos se debió a la famosa History of Civilization in Englaizd (1857-1861) de H. T. Buckle (1820-1862), traducida a muchos idiomas (ésta era tambiui la opinión del propio 3. S. Mill). La obra de Buckle fue también una fuenil de inspiración para la metodología positivista de la historicoa. Al construí su empirismo epistemológico y la teoría de la inducción, Mill rechazaba toda las premisas a priori (incluyendo la realidad de los conceptos generales y afirmaba la existencia, solamente, de cosas y hechos individuales. Afirmabo que el razonamiento inductivo debe preceder al deductivo, y que ambos s basaban en los principios descubiertos por él en el estudio de la ciencia no tural 27 Comte consideraba además que sólo los objetos y hechos empírico podían ser materia de la ciencia.
Esta opinión contribuyó a los avances de las técnicas de narración poJ medio de la disociación final, al menos en teoría, de la historicoa y la 1iteratur de la que se había considerado que la historicoa era una rama. Algunos esto diosos que se envuelven en la vieja discusión sobre la cuestión de cuánd se convirtió la historicoa en una disciplina científica consideran este heclii como el síntoma más importante, y se inclinan, por tanto, a considerar 1 historicoa como una ciencia a partir de 1850, más o menos. Sin embargo, O o-calidad todo esto tuvo una importancia secundaria; una obra sobre historicot cuyo lenguaje se eleva hasta el nivel del arte literario se puede mostrar coisO algo mucho más científico que una exposición sobria pero superficial.
El positivisño eliminó de las narraciones históricas las acumulacioneS. todavía grandes, de fantasía (por ejemplo, al buscar el «origen» de la naciót el estado, diversas instituciones, etc.), y dehilitó fuertemente los elemento de la metafísica religiosa. Subrayó la renuncia a todo pragmatismo incluS°, con más fuerza de lo que lo había hecho anteriormente. Afiló los instrUnoC tos de la crítica histórica de un modo hábil y siguió mejorando la complicadO! técnica de la demostración indirecta. Los libros y publicaciones sobre bOj toda, los congresos de historicoadores, que aumeoctaron, se convirtieron
el terreno de agudas controversias sobre la correcla interpretación de 1) fuentes. Sin embargo, el cripto-pragmatisrno continuó siendo un fenórfleil°)
universal. En Polonia esto dio lugar a la controversia entre las llamadas Escuela de Varsovia y Escuela de Cracovia de historicoa. Juzgadas según los patrones de su tiempo, las dos eran más o menos positivistas, y la única diferencia entre ellas era el grado de apoyo a la Iglesia Católica y la actitud hacia cuestiones sociales y políticas locales. Sus discusiones no aportaron ninguna idea metodológica nueva 25
Los avances en la crítica y en la heurística, que consistían en la exi= gencia de una apreciación estricta de los hechos y de una precisión en el manejo de las fuentes, eran evidentes en la serie de nuevos tratados sobre el método histórico (metodologías, introducciones, principios de crítica histórica, etcétera). Terminaron con la constante búsqueda anterior de terminologías y clasificaciones: en esa época, debido a los avances de la reflexión lógica, esas cuestiones habían sido ya discutidas y codificadas. Por supuesto, a este respecto había una diferencia entre las aproximaciones de mitad de siglo y las de las últimas décadas. Las primeras publicaciones son las de P. J. B. Buchez en 1833 (Introductión & la science de l’histoire), con algunos tonos positivistas, veinte volúmenes de estudios de P. C. F. Daunou (Cours d’études l’zistoriques, 1842-1849), y —con algunas reservas— las obras de los historicoadores alemanes, como J. G. Droysen (Enzyklopdie und Methodologie der Gesclzichf e, 1858, y Grundriss der Historicok., 1868) 25 Algún tiempo después, varios países vieron la aparición de muchas obras parecidas de estilo positivista, en concreto las de Ch. de Smedtal (1881), N. T. Kareyev (1883-1913), E. A. Freeman (1896), P. Laconobe (1904)°, G. B. Andrews (1897), y Ch. Langlois y Ch. Seignohos (1897), siendo este último el más conocido. A pesar de que los enumeramos a todos aquí, todos ellos diferían, a veces consi26 Bis la reflexión rnetodolóizica, que no estaba demasiado avanzada, se hacian referencias a la exigencia de objetividad (especilmente la escuela de Varsovia, con 1. Korzon y T. Wojciechowski), al empirismo y a la inducción (A. Pawonski, M. Bobrzynsk-i, 1. Korzori y otros), a las »regularidades,> en el desarrollo social (W. Smolenski, M. Bobrzvnski y otros), a la unidad’ de los métodos de la Ciencia natural y de la historicoa (M. Bobrzvnski, T. Wojciechowski). J. Szujski, que representaba las opiniones anti-positivistas, se oponía ante todo al acerca- intento anticlerical y laico característico de esa tendencia. S. Smolka se opuso lambien en gran medida a esa corriente. Las afirmaciones hechas por los histoiiadores polacos de esa época se encuentran en M. H. Serejski, Historycy o I12istortl (historicoadores sobre historicoa), cd. cit., págs. 139-400 (con comentarios del editor
el titulo Historicoé. Vorlesungen über Enzyklopádie uod Methodologie der Geschiciote.
Sobre J. G. Droysen (1808-1884) ver F. Meinecke, «Johann Gustav Droysen. Sein riefn’eclssel und seine GeschjchtsschresbUng»>, en J-Jisiorische Zeitsclzrif O, núnoclo 141, 193$, págs. 249-283. Drovscn, que se ocupó sobre todo de la historicoa antigua escribió también una particularmente tendenciosa. Gescloicjste ,ler p’CussIseIie?0 Politik, en 15 vols., que llega hasta la Guerra de los Siete Años (publicada entre 1868-1886). J. G. Droysen no aceptaba las leves en el senlido Positivista del término; era un intuitivo y el promotor, junto con otros, de la idea de .Stciafsçe/élzl en Alemania, la idea que influyó d modo esencia] sobre S Posturas rnetudológocas de los historicoadores. alenoanes e impidió el desarrollo ‘u las ideas nOsi tivistn.s. La influencia de J. G. Dríyseo 010 W.

derablemente, en su opinión filosófica. Sin embargo, era común a todo ellos el intento de ser precisos en los problemas del método histórico. Pode mos ver nuevas ideas sobre la clasificación de las fuentes. Los diverse pasos de la labor del historicoador se fijaron ya como heurística, crítica, siste matización (construcción) y descripción.


Las consignas que reflejaban los métodos nuevos fueron la base pan la aparición de publicaciones periódicas históricas. La Revue Historicoqus que ahora cumple justo un siglo, fue fundada en 1876, con G. Monod como director, para consolidar el positivismo histórico en Francia. Tanto los esto dios interesados estrictamente en la reflexión sobre la ciencia histórica come las numerosas grandes monografías o las pequeñas colabdraciones estaban inspiradas por la famosa afirmación: «L’Histoire se fait avec des documes’ttst hecha por Langlois y Seignobos. Los documentos (en el sentido de fuentes) que contenían información sobre los hechos iban a ser la base de observa ciones parecidas a las que se hacían en la ciencia natural. Cuanto más nume rosas fueran las observaciones (es decir, cuanto más numerosos los hechos establecidos), más fiable era la investigación. Se creía que éste era el único modo posible de obtener conocimiento del pasado, un proceso en el que la personalidad del historicoador debía interferir lo menos posible. El punto fundamental era el hecho, como en el caso del estudio de la naturaleza
El positivismo, que —como señaló E. Durkheim, el sociólogo francés— creció a la sombra de la ciencia natural, traspasó en ese momento a la esfera de la historicoa el concepto de hecho, que más tarde iba a ser forta lecido por la influencia de la sociología post-positivista (especialmente la de Durkheim), como una de las categorías fundamentales de la reflexión histórica .
En la metodología de la historicoa actual ya no hay referencias al origen, de ese concepto, lo cual, en opinión de este autor, es la razón de muchos puntos oscuros en su interpretación. Pero es obligatorio subrayar el sentido’ marcadamente estático del término, debido a la interpretación positivista del hecho histórico. Su sentido no se puede aprehender si ignoramos la concepción entera de la metodología positivista, una metodología que, a]. referirse claramente a las ideas vigentes en la época de la Ilustración, adoptó sus valores importantes y sus puntos débiles 32 Sobre la reflexión sobre la historicoa, el positivismo (sobre todo a través de A. Comte) transmitió tan bién ideas características de la época de la Ilustración —y, hasta cierto] punto, de la filosofía cartesiana— al siglo xix°3. A cambio de abandonan] la aproximación teleológica, que suponía una metafísica pero que introducía al hombre, e incluso a las clases sociales, como elementos activos en la historicoa, los historicoadores obtuvieron una claridad mayor en el estableci miento de los hechos, pero retrocedieron en el camino hacia una mejen comprensión de las categorías de cambio y desarrollo, categorías que sOO esenciales para toda reflexión sobre el curso de la historicoa.
31 El término que se solía usar anteriormente era suceso, pero la cuestiÓn no es importante, pues tanto hecho como suceso pueden interpretarse dinámIca
o estatscarnesyte.
32 El esquema de historicoografía de Comte refleja la influencia de la escUd de Samt-Simon.

de vista dificultó un pleno desarrollo de la Como resultado, ese punto es decir, la sociología, postulada por Comte.


historicoa y de la «física social», abstractas, o sea, las que descubren leyes Comte clasificaba las ciencias e sea, descriptivas —las que formulan afirsobre loshechos, y concretas,
inaciones sobre los hechos Ecept0 la sociología, todas las demás ciencias sociales, incluida la historicoa, lo situaba en la última clase de disciplinas
la concepción de Comte, toda ciencia abs-
secundarias, descriptivas. Segúrt una parte estática y una parte dinámica.
tracta, incluida la sociología, tlCesa parte dinámica recuerda una sociología En el área de la física social
histórica, y se ocupa del estab.ecimt0 de una secuencia ideal de maniistoria de la humanidad. Esto requiere, sobre
festaciones del progreso en la h. asado en la observación de sociedades con-
todo, un método comparativo, s diversos niveles del desarrollo; el método temporáneas que representen lc, importancia secundaria, porque las secuenhistórico se convierte en algo dP
cias ideales de Comte no necesit’ ninguna coordenada temporal ni espacial. El progreso, que debe verse e el paso de la humanidad de un nivel al siguiente, es algo natural y tiea lugar al margen de los sucesos históricos.
través de cambios lentos cuyo avance lo
Se materializa continuamente, a
os hechos o sucesos históricos no son sus
determinan sus propias leyes. considerarse de modo estático, como ele- portadores, y por tanto pueden como manzanas de edificios situadas por
mentos pasivos de la historicoa,
alguien de un modo arreglado on anterioridad. Así recuerdan a los hechos
de la naturaleza, igualmente ¿státicos: a pesar del nacimiento, a partir una aproximación evolucionista a la natude mediados del siglo xviii, dc Hutton), la postura de Comte siguió siendo raleza (Kant, Laplace, Lamarck,
la de considerar los hechos naturales corno totalmente estáticos. El acerca,iyaba la continuidad de los cambios pequemiento evolucionista, que subr,10 en relación con las disciplinas dinámicas ños, fue adoptado por Cornte Sd en el progreso abstracto. El concepto en las ciencias abstractas, interí
estático de hecho histórico fue apoyado más tarde poí la sociología postComtiana, que abandonó la por° convincente idea de Comte sobre el progreso y se centró en la aproxin cion estática, es decir, era el estudio de la eStructrira de la sociedad conter0nea. Estos estudios, llenos, al principio,
evolucionaron gradualmente hacia una aprode constcciones especulativas,
Ximación empírica5. de inspiración evolucionista en el siglo XIX,
Las dos fuentes principales tropología y el evolucionismo en la ciencia OS decir, el evolucionismo en a’11i histórica, tampoco, porque las dos, [natural, no podían estimular la ‘omte, consideraban los cambios como algo influidas en gran medida por (
independiente de los hechos.
Los antropólogos, en .tentoS de construcciones teóricas, no se ocuechos históricos, y se limitaban a rechazar
paban de un estudio de los h desarrollo uniforme de la humanidad . Se
la opinión de Cornte sobre un interesaban: sobre todo en el eátudio de las semejanzas, y esto condujo a algunos a discusiones ahistóricas sobre el «comienzo» de algunos fenómenos, y ‘a otros al «difusionismo», o sea, a prestar excesiva atención a la busca de influencias de los cruces de culturas. La cuestión fundamental era, sin embargo, que abarcaban con su investigación los períodos que anteriormente se había considerado «legendarios», y que iban más allá del área conven cional de la cultura europea.
La revolución en la ciencia natural, debida a la formulación por Ch. Dar. win (1809-1882) de su teoría de la evolución (1859), dio una historicoa a la naturaleza, pero era una historicoa evolucionista que cumplía el principio, formu]adó en el siglo xviii y adoptado más tarde por Comte y aplicado a la naturaleza, de que natura non facit saltum Por eso, la concepción del positivismo evolucionista de 1-1. Spencer (l820-1903), aunque señaló un progreso en el desarrollo del evolucionismo, al abarcar con ese principio todos los fenómenos sociales y naturales, no abrió nuevos terrenos a la historicoografía (excepto para ofrecer mejores asociaciones derivadas de la aproximación orgánica). Desde el punto de vista dé un historicoador, los análisis de H. Taine (1838-1893) eran más interesantes. El acercamiento de Taine a las ciencias sociales era, como el de Spencer y el de Comte, fuertemente naturalista; pensaba que los principios metodológicos observados en las ciencias naturales eran válidos para las ciencias sociales 38, y aseguraba que tanto los hechos naturales como los históricos tenían un carácter recurrente Rechazaba el evolucionismo en relación con ambos tipos de hech y por tanto se enfrentaba a la tarea de explicar de otro modo las diferencias entre los estadios de civilización, lo cual le hacía interpretar la historicoa de un modo mucho más profundo que Cornte, porque no se refería a un concepto abstracto de progreso independiente de la interacción de los hechos.
La idea de Comte, que no tenía en cuenta ese estado real de los estudios históricos y limitaba los hechos a simples descripciones, no fue nunca total1 mente aceptada por los historicoadores. Los que solían reflexionar sobre 10L problemas de la metodología de la investigación histórica no querían VIti las tareas de la literatura reducidas a descripciones; querían que los histO riadores formularan generalizaciones y descubrieran las leyes que rigen 1051 acontecimientos, como se hace en las «ciencias abstractas». La obra de.
1-1. T. Buckle mencionada anteriormente 9 fue el manifiesto más consistentt de esas ideas. Provocó muchas discusiones, sobre todo a causa de su antil clericalismo, pero no pudo afectar mucho a la historicoografía, en primer lugar, porque las tradiciones de la corriente erudita eran demasiado fuertes, y enj segundo lugar, porque el concepto positivista de leyes históricas estaba1 demasiado influido por ideas ahistóricas que se remontaban al siglo XVIII y a la Ilustración, ideas que conducían a la concepción de leyes de l naturaleza y de características intelectuales inmutables en el hombre. pod1 mos encontrar ideas parecidas incluso en J. S. Mill, que criticaba a su padr

(James Mill) y a J. Bentham por tener una interpretación demasiado estrecha de la idea de leyes inmutables de la naturaleza que rigen la conducta humana, y que comprendía la historicoa mejor que Comte. A pesar de la exigencia de que los diversos niveles de la evolución de la sociedad fueran estudiados empíricamente y de que se formularan leyes empíricas, dichas leyes no podían explicarse sin una referencia a los principios fundamentales de la psicología del individuo (leyes de la naturaleza humana) En esta interpretación, estas leyes no eran leves de desarrollo histórico, sino leyes de rogreso. La evolución señalaba la naturaleza pasiva de su propio objeto; el desarrollo implicaba cambios en el objeto, sin detbrminar previamente la naturaleza de esos cambios, continuos o dialécticos. Esta es la razón de que las opiniones corrientes que afirman que el evolucionismo donvirtió a la historicoa en una ciencia no tengan demasiada base., Para convertirse en una disciplina separada la historicoa necesitó la combinación del estudio de los hechos con el estudio de los cambios, en la forma de un estudio integral del proceso del desarrollo, y no del progreso, ni metafísico ni posi-, tivista (es decir, como una evolución de la mente o del conocimiento humano).


/ Mill señaló el hecho de que desde el punto de vista lógico una ley esíina afirmación estrictamente general. Distinguía entre leyes causales y leyes de concurrencia. Comte no relacionaba el concepto de causa directamente con las leyes, ya que para él la causa tenía su raison d’étre en el estudio de la secuencia de hechos, y no en el estudio de los cambios 41• Mill pensaba que la naturaleza causal de las acciones humanas era un resultado de la interacción de las leyes mencionadas, pero admitía algún papel de la voluntad libre del hombre42. La aceptación de la existencia de leyes liberó a la historicoografía de la carga del idiografismo objetivo, a pesar de que, como hemos visto, la interpretación de las leyes, en realidad, era ahistórica. En la práctica, sin embargo, siguió existiendo la literatura histórica idiográfica; ese idiografismo no se debía a ninguna imposibilidad de investigar las leyes en cuestión, sino a las dificultades prácticas para buscarlas, porque la concepción de leyes positivistas era artificial y no derivaba de las necesidades reale.s de la ciencia histórica, que debe interesarse sobre todo en el mecanismo del desarrollos El ejemplo de Buckle mostraba que incluso las técnicas de investigaciód’ de un historicoador tan destacado pro-
° Cfr. Tlieories of History, cd. cit., págs. 83-84. Las tesis de J. S. Mill están expuestas en su A Sysrenm of Logic (libro VI, caps. X y XI) (reeditado en Theoles of Hzstory, págs. 84-105).
41 >Como hemos visto, la primera característica de la Filosofía Positiva es que Considera que todos los fenómenos están sujetos a leyes naturales invariables. Lo que nos interesa es —viendo lo yana que resulta cualquier investigación Sobre las llamadas causas, tanto primeras como finales— conseguir un descu urimienio preciso de estas Leves, con la intención de reducirlas al número menor POSib1e. A. Comte, Cozui’s de la pl3ilosoplmie ositive, vI. 1, cd. mt., cap. 1 encionado en A. Cointe, «El carácter de la Filosofía Positiva», en Tlmeortes of iStOry, P. Gardiner (cd.), G]encoe, 1959, pág. 76).
42 «He tratado esta cuesticmn, en lo que parecía ajustarse a la situacion, en
°.CaP1tulo anterior; y no creo necesario repetir más que la doctrina de la Causalidad de las acciones’ imernanas, llamada impropiamente la doctrina de la Nesida d, SU)0>J0 iicu:GS mis)crieoos, o una fatalidad omnipotente: afirma nada mas oejas acciones hiiuianas son el resultado de leyes generales y de las circuns:l aas d la OiOtllr,,IC/.a 1 urnana, y de sus caracteres particulares.» J. S.

ducían resultados triviales en la búsqueda de taiJales leyes. Esto significab; que el modo de vencer las consecuencias cada y1 vez más alarmantes de erudición evolucionista (genética) debía buscarse e en otro lado.


En el análisis de los factores que contribuía: a crear las diferencia en el nivel de las distintas sociedades, las dbserxJ’a0nes más importante solían surgir como resultado de apartarse de los principios del positivisnr estricto. La serie de factores que se tenían en cos1deración como influea cias sobre la historicoa siguió siendo la misma. Se da1l° demasiada importanci al factor geográfico (influencia de Buckle y la escaP°-’ geográfica, F. J. Tui ner), el factor demográfico, el desarrollo del conocmit0 humano, el pape del estado (S. M. Solovyev y otros), mientras qiViue —aunque no en tode los casos— se negaba a la religión y a la IgleSi;iim ningún apel histórico importante.
El desarrollo de la historicoa económica como a una disciplina histórica separada contribuyó a un mejor entendimiento iel factor económico. Las complejas circunstancias que dieron lugar a su nacPmjent0 incluían la escue la histórica de economía política, que se desarro1ló a partir de la Oposición a las concepciones clásicas de Smith y Ricardo. TiLos principales logros no fueron afirmaciones teóricas, sino innumerables vo’’01úmeneS de estudios de historicoa económica. El nacimiento de la escuela his ostórica estaba relacionado con las concepciones genéticas (o sea, con un historicocismo sui generis) características del período romántico (pensemos en las ideas de Savigny, Ranke y otros) y de la filosofía positivista de 3Comte. El mayor avance teórico de esta escuela lo constituyeron las diver1rsas concepciones de los pasos en el desarrollo económico de la humanidat. Nacidas del evolucie nismo positivista, relacionadas a menudo con una interpretación que tendía a considerar la sociedad como un organismo, esaS concepciones adolecían de una aproximación ahistórica: al señalar los d5tiiintos pasos del desarrollo. económico no descubrían el mecanismo de transicióai de un paso al siguiente. Por tanto, en la interpretación de la escuela históorica, los diversos niveles aparecen como algo completo y totalmente formadJ0, sin períodos de trae sición. W. Roscher (1817-1894) y B. Hildebrand (l812-l886) distinguían la economía natural, la monetaria y la de crédito, p°’° para ello no se ape vaban en un estudio de los cambios históricos, 5j,no de las analogías en la historicoa de los distintos países. Quizá ésa fue la razón de que K. Knies (1821-1898), el más avanzado en la reflexión 0dOb0lógica, subrayara el ca rácter nacional de las actividades humanas abstuviera de referirse:
a dichos estadios de desarrollo universalmente cooXncebidos. Afirmaba que, la tarea principal de la economía era descubrir las causas concretas, histó’ ricamente condicionadas, de la actividad económi.í1a del hombre; dichaS causas podían ser de naturaleza variable, y las importantes eran las condiciones naturales y la mentalidad humana. Lad analogías, que segúU Knies son el contenido de las leyes históricas (econím), tienen lugar S hay un paralelismo, no sólo en las propiedades de los fenómenos en cuc0 tión (cosa que asumía la concepción de los niveles o en el desarrollo econó’.i; mico), sino también en las causas de tales fenómí’i0S.
En su desarrollo posterior, la escuela históricm tomó dos direccione5 diferentes. Una de ellas continuó con la idea de los niveles en el desarroll° económico (por ejemplo, K. Bücher), sustituvendo° con ello la búsqurd tle regularidades en el desarrollo económico; la otra, por ejemplo, G. Schmol’:
leo’, fue más allá (aunque las apariencias pudierar11” sugerir lo contrario)’

pero aunque dio un paso adelante en la búsqueda de leyes, no traspasó los límites de la causalidad y de la descripción genética. Sin embargo, como hemos mencionado anteriormente, incluso las interpretaciones más avanzadas teóricamente del positivismo (de Comte y de 3. S. Mill) no consiguieron enlazar la causalidad con la idea de las regularidades universales. Las leyes se concebían como si fueran una fuerza exterior a las actividades del hombre: en el mejor de los casos (3. 5. Mill) las acciones humanas se interpretaban como un resultado de dichas leyes y de la «naturaleza humana»


La aproximación positivista, que gradualmente resultó ser un freno para las explicaciones, estuvo, en la investigación histórica, relacionada con una desintegración creciente de los estudios históricos. La historicoa política (aunque interpretada de diferentes modos) dominaba aún, aunque veía su monopolio amenazado por la historicoa económica, pero el desarrollo de las diversas disciplinas históricas dio lugar, cada vez más, a la especialización. Los historicoadores, como individuos, estrecharon gradualmente sus respectivos campios de visión, lo cual les condujo o a abandonar los intentos de formular explicaciones o a sobrevalorar las cuestiones sobre las que se centraba su investigación. Las discusiones estaban llenas de argumentos sacados de la heurística, la crítica externa y la política, y no de la teoría social o económica. La animación a la que diolugar el nacimiento de la metodología positivista fue seguida, en la mayoría de los historicoadores, por un reflujo alarmante del interés por la metodología. Sólo unos cuantos historicoadores vieron que la investigación histórica, interesada por su propia «corriente de hechos», iba acompañada del nacimiento de muchas disciplinas interesadas por el hombre y la sociedad, que señalaban una situación nueva para las ciencias sociales en general. Aún menos numerosos eran los que conseguían apreciar las oportunidades ofrecidas por el método dialéctico, la teoría del materialismo histórico, y la economía política de Marx, que entonces ya había sido formulada. Por eso’ lós marxistas jugaron un papel muy pequeño en la reacción contra la metodología positivista; pero la actitud hacia la teoría y el método nuevos fue la materia de un numero cada vez mayor de discusiones, ya que los estudiosos rio podían pernianecer indiferentes a las nuevas ideas que promovían soluciones para muchos problemas vitales de la humanidad.
Hay una enornac cantidad de obras sobre el concepto de niveles en el csarrollo económico (y en el desarrollo de la humanidad en general). Las más recientes incluyen B. E. Hoselitz, «Theories of Stages of Econornic Growth», en heories of Econoiizjc Groii’tl’z, 1960, W. Kula, Probleisay j metody historicoi gosPOdarczej (Problemas y métodos de Historicoa Económica). cd. cit., págs. 24-33. fltre las obras anteriores están, sobre todo, K. Bi,icher, Dic Esatslelouiig der Olkswirtncllaf 1 1893, y K. Breysios, Der Stufenbana usad dic Gesctze dra’ Weltge3cllarlite 1904. La obra de Brey’sig será mencionada más tarde.



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