Jerzy topolski


III El alcance de la materia (área) de la investigación histórica



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III El alcance de la materia (área) de la investigación histórica



1. Notas preliminares
Para hacer más reflexiones sobre la metodología de la historia se requiere una orientación preliminar sobre el alcance de los intereses atribuidos a la ciencia histórica. Esto significa un marco general sobre el que siempre se pueda obtener un consenso generalizado. Así se perfilará el terreno para las reflexiones detalladas sobre la materia de la historia.
Como en el caso de otras disciplinas, las opiniones sobre el terreno• de la iñvestigación histórica han variado a lo largo de los siglos, de modo que incluso hoy no pueden ser tomadas como definitivas. La segunda parte de este libro se ocupa de un análisis de esos cambios. Por el momento, nuestra tarea no es tan amplia: esbozar los límites generales de la materia de la investigación histórica para proporcionar un punto de referencia para otras reflexiones sobre el objeto de la historia, en su aspecto histórico (parte 2) y teórico (parte 3). Dos caminos nos van a llevar a nuestro destino. Primero, estudiaremos las evoluciones etimológicas y semánticas del término historia; después analizaremos algunas de las definiciones de ese término, tal como lo han usado los historiadores, filósofos de la historia y metodologistas. Esto nos dará datos para una definición precisa de un significado moderno de dicho término, tal como se usa en este libro.

2. La evolución etimológica y semdntica del término historia



Al contestar la pregunta sobre el significado del término historia, es muy útil tener en cuenta los resultados del análisis etimológico. El término procede de la palabra griega historia, que significa encuesta, entrevista, interro. gatorio de un testigo ocular, y también se refiere a los resultados de dichas acciones. En Herodoto aparece cinco veces precisamente con ese significado 1, Ejemplos análogos nos proporciona Eforo, el autor de Historia Koinofl; Praxeon. El análisis de otros textos griegos, comenzando con los de Homero, hecho por F. Müller, conduce a una afirmación similar. Müller demuestra que. en los textos de la Antigua Grecia el término historia tiene tres significados:
investigación e información sobre la investigación; una historia poética; una; descripción exacta de los hechos 2 Además del término historia encontramoS
también en los griegos la palabra histor, que significa testigo, juez, una persona que sabe, y también la palabra historeo, interpretada como buscar, inquirir, examinar. Se cree que todas estas palabras están relacionadas con la raíz indoeuropea vid, de la que deriva video en latín, voir y savoir en francés, wissen en alemán, widziec y. wiedza en polaco, videti en checo, y otra serie de palabras en muchos idiomas.
Del griego, el término historia pasó a otras lenguas, sobre todo por medio del latín, adquiriendo gradualmente un significado más preciso en el proceso. History, historie, histoire, storia, istoria, historia, son algunas de las formas actuales de la palabra en cuestión. En latín clásico, historia significa todavía lo mismo que en griego, de modo que lo que se acentúa es la observación directa, la investigación y los informes resultantes. Esto se puede ver claramente en el caso de Tácito, quien, no por casualidad, usó el término Historiae para los informes sobre la época que él observó personalmente (69 al 96 d. C.), mientras que sus obras sobre el período anterior (14 al 68 d. C.) se titulan anales (Annales). La traducción de las Historiae de Tito por dzieje (hechos pasados), que es corriente en Polonia, es inexacta, por supuesto, ya que en la antigüedad, e incluso en la Edad Media, el término historia no se usaba aún para determinar hechos pasados. Más aún, en aquella época el término implicaba algo estático y no demasiado extenso en el tiempo, y no se reducía a las acciones humanas (cfr. la Historia naturalis de Plinio). Este hecho reflejaba la convicción de que el conocimiento de los viejos tiempos no podía tener el mismo grado de precisión que la investigación basada en el testimonio de testigos que hablaban sobre hechos conocidos. Se creía que tales averiguaciones eran imposibles respecto a períodos anteriores, e incluso cuando se hacían, esto iba acompañado de una conciencia de que las situaciones eran diferentes, lo que se reflejaba en una distinción de términos.
El término anales., y el posterior crónicas, acuñados en la antigüedad, siguieron siendo en la Edad Media los términos para indicar, más corrientemente, tanto un recuerdo de hechos importantes como una narración escrita de historia. Los anales medievales, y también, indirectamente, las crónicas, estaban unidos a la práctica de la Iglesia de hacer ciclos de Pascua y calendarios (incluidos en breviarios y misales). Las relaciones hechas en los anales eran insertados en los calendarios y los ciclos. Términos como anales y cr6- meas incluyen un elemento temporal que faltaba en el griego historia y era escaso en las narraciones y relaciones (historiae) de Tácito. Bajo el impacto del nuevo acercamiento al pasado y al futuro, el concepto de historia podía adquirir un nuevo significado, pero esto requería una amalgama de la crónica estrictamente cronológica con las narraciones históricas libres, que en la Edad Media se conocían como biografías, vitae (por ejemplo, Vita Caroli Magna, de Einhard, siglo Ix) o hechos y hazañas, gesta (por ejemplo, Res gestae Saxonicae, de Widukind).
Pero hasta el final de la Edad Media el término historia fue usado en el sentido específico indicado más arriba. Si recordamos que en latín medieval, historiare era lo mismo que narrare o que dicere, nos parece obvio que el término se usara en donde no se pretendía una estricta observación de Una estructura cronológica, típica de los anales y las crónicas. No podemos tomar en consideración títulos como Historia Gothorum (Jordanes, siglo vi), Historia Fi’ancoruin (Gregoro de Tours, siglo vi) o Historia Polonica (Dlugosz de Polonia, 1455-80), puesto que éstas tenían normalmente adiciones de copistas y editores posteriores. Pero a veces el término historia se usaba realmente (normalmente, con la forma historiae, como en Tácito). Pero en tales casos las obras en cuestión deben clasificarse como gasta, o sea, narraciones, más que crónicas en el sentido estricto de la palabra. Gregorio de Tours, padre de la historiografía francesa, no dio probablemente ningún título a su obra. En la primera versión impresa, fechada en 1512, o sea, unos ochocientos afios después de la fecha original, el título es el siguiente:
Gregorii Turonensis episcopi historiaruin praecipue Gallicaruin lib. X. El nombre de Historia Francorurn no aparece hasta la edición de 1561. El propio autor usa el término historiae (en plural) cuando afirma, en la conclusión, que escribió, entre otras cosas, diez libros de historias al estilo de Tácito, pero es evidente que se refiere a narraciones históricas del tipo de las gesta ‘. Lo mismo puede decirse sobre Orosio (siglo y), el autor de Historiarurn adversus paganos libri, el historiador más eminente de la Antigüedad tardía (o la primera Edad Media), junto con Beda e Isidoro de Sevilla.
Dlugosz no se tomó la libertad de usar el término historia, que todavía no era bastante preciso en aquel tiempo y carecía de un sentido propiamente histórico, y tituló su obra al modo tradicional, Arenales seo cronicae incliti Regni Poloniae. No fue hasta la primera edición de S. Herburt, fechada en 1614 y no basada en la versión autógrafa, cuando el término Historie Polonica se empezó a usar y llegó a incluirse en el lenguaje vulgar, pero con una impresión de anacronismo (lo mismo vale para la traducción polaca Dzieje Polski).
El término historio., o más bien kisforiae, además de usarse esporádica mente para indicar res gestae en general, fue ampliamente usado en la Edad Media para referirse a los sucesos «sagrados» descritos en el Antiguo y Nuevo Testamento . También ocurrió en la literatura polaca escrita en latín Mo hace falta subrayar que la historia bíblica estaba más cerca de las vitae o las geste que de los anales o las crónicas. En la Edad Media tardía los idiomas germánicos desarrollan un término propio, que corresponde al latino geste o res gestae. El término en cuestión tiene en alemán la forma Geschichte (geschiedenes), que procede de geschechen, «ocurrir, suceder». En las lenguas rermánicas este término ha evolucionado hasta ser el término más importante e que mejor comprende la palabra histoiia en todos los sentidos de esto última palabra. En muchos otros idiomas este papel lo juega historia, o su7 variaciones gráficas o fonéticas.
En polaco, el término dzieje (sucesos pasados) se usó cada vez más para indicar sucesos fuera dci ámbito de la historia bíblica. Esta cvolucióC se completé en la Baja Edad Media. Un momento característico en esO evolución puede verse en la fusión del término medieval roczniki (analeá e ci más tardío dzieje en términos tales corno dzieje roczne (sucesos regio trados anualmente) (por ejemplo, M. Krorner), y también Jcoscielne d2ieje roczne (sucesos eclesiásticos registrados anualmente) (P. Skarga), aunque el término dzieje es de uso común desde el siglo xvi (por ejemplo, L. Górnicki). Sin embargo, todavía en el siglo xviii, junto a historia, cada vez más usado desde el siglo xvi, enconttarnos términos como dziejopisrno, dziejopisarstwo (literatura histórica) (por ejemplo, A. Naruszewicz). El último término mencionado se usa corrientemente en polaco hasta nuestros días.
En el siglo xvi los viejos anales y crónicas declinaron gradualmente, e 1-eistoriae, es decir, las narraciones históricas del tipo de las gesta y vitae, hicieron frente a exigencias cada vez más críticas. Así surgieron las bases para aunar todas estas tendencias y desarrollar un tipo bastante uniforme de literatura histórica, que evolucionaba hacia la literatura histórica científica, y para darles un nombre necesariamente común, como Geschichte o historia. Este término se vio pronto libre de las restricciones medievales y abarcó la propia historia y el proceso de su reconstrucción por medio de una narración apropiada.
Es evidente que en aquellos idiomas que (como el francés) no tenían un equivalente del término dzieje, un término del tipo de historia tenía que extenderse antes, incluso en textos latinos. Pero vale la pena anotar, a modo de ejemplo, que autores corno Bodin y Bruni (Historiarum Florentini libri populi libri XII) y otros lo usaban todavía en plural. El cambio al singular coincidió con la aparición de la ciencia histórica. Siguiendo esa evolución, algunas lenguas desarrollaron la oposición entre dzieje y similares, por una parte, e historia, por otra, mientras que las otras lenguas tuvietmn que abarcar los dos significados con una palabra.
La evolución del término historia se muestra en el diagrama que presentamos más abajo.
Se puede ver claramente cómo en el período renacentista los conceptos de historia y Geschichte llegan a unir las dos tendencia. básicas en el interés humano por los acontecimientos del pasado. Una de ellas estaba marcada por el elemento narrativo, que se desarrollaba sobre la base de la mitología antigua, y la Zeitgeschiclzfe, las gesto., vitae e historias <‘sagradas» medievales; la otra, basada sobre todo en los anales medievales y las crónicas y la corografía de la Iglesia, con el elemento tiempo, tan importante para el desarrollo de la literatura propiamente histórica. La evolución posterior condujo a una clao-a distjiicjón entre la historia como acontecimientos pasados e historia como una narración sobre los acontecimientos pasados. Pero el término historia adquirió su aspecto metodolócico sólo cuando la literatura histórica se hizo científica.
El esquema presentado rná abajo no hace una distinción cronológica estricta entre la Antigüedad y la Edad Media. Todos los tipos de escritos SO tratados de farola conjunta, a pesar de que es bien sabido que, por ejemplo la Zeitgeschichte. griega, desde Herodoto en adelante, significó un
paso en comparación con la genealogía (mitografía) de Hecateo y las Cronicus locales romo la dc Caronte de Lampsakos.
También iea que señalar algo que no ha sido indicado en el esquema, 50e lOS diversos pos de obras antiguas, ouc después cootribus croo, de un modo U otro, a rerisar 1liús el concepto de literatura hit6i-ic’, hicieron
-UI ele aderr>ús otras disciplinas (como iC etnografía, geografía, etcétera).

3. Definiciones generales de la materia de la historia (corno ciencia)


Lo que se ha dicho en la sección 2 muestra que la opinión, al parecer evidente, de que el interés por los hechos pasados cae en el ámbito de la literatura histórica, surgió gradualmente a través de los siglos. Primero, el término historia estaba más fuertemente unido a los hechos presentes relatados por un testigo ocular, o sea, a la narración de la historia, que a la tarea de reconstruir los hechos pasados. Sólo la consolidación de la creencia de que la historia significa reconstrucción de los hechos pasados puso las bases para la reflexión sobre cómo deben entenderse estos hechos pasados que van a ser el objeto de interés de los historiadores.
Fue convenido que la investigación debería cubrir todos los aspectos de los hechos pasados: político, social, científico, artístico, etcétera. Globalmente, se llegó también a un acuerdo sobre el punto de que tales hechos pasados son los del hombre o, en otras palabras, las sociedades humanas (diferenciadas del mundo de Id naturaleza). Estos elementos convergentes pueden ser vistos claramente en las definiciones de historia contenidas en las numerosas obras citadas en este libro. Pero las diferencias también son notables. Atañen, sin embargo, no tanto al ámbito de la materia de la investigación histórica como a las metas de la ciencia histórica. Pero trataremos estos problemas más tarde. -
E. Bernheim dice que «la historia es una ciencia sobre el desarrollo de la humanidad» .

las cuales la historia es algo más que simplemente la ciencia del pasado. En definiciones más extendidas, que no nos interesan ahora, la atención


—como se ha dicho antes— se dirige también a los objetivos de la ciencia histórica. Las principales divergencias entre ellos se deben a diferencias de opinión sobre si la historia debe informar sobre las regularidades del proceso histórico o quedar satisfecha con un simple informe de sucesos. La respuesta afirmativa a la primera cuestión presupone, obviamente, la afirmación de que los hechos forman un proceso regular.
Para mostrar que este tipo de definiciones de la historia, especialmente las definiciones que subrayan que la historia se ocupa de las acciones sociales en el pasado, pertenecen a un estadio avanzado del desarrollo de esa disciplina, se puede recordar la definición de historia de Voltaire, que se refiere a otros problemas de esta ciencia, problemas que en aquel momento todavía estaban en primer plano: «La historia es una narración de hechos considerados como ciertos, distinta de una fábula, que es una narración de hechos que son falsos o inventados» 0 En tiempos de Voltaire la cuestión era acentuar la necesidad de separar la historia de las fábulas, que entonces no era tan evidente para el hombre medio, incluyendo algunos historiadores.
4. Historia como res gestae e historia corno historia rerum gestarum
A través de los siglos el término historia adquirió al menos dos significados básicos: 1) hechos pasados (res geslae), y 2) narración sobre los hechos pasados (historia rerum gestarum). La historia como hechos pasados tiene a su vez varias interpretaciones. Si el término se usa sin un modificador que indique su alcance cronológico o verdadero, podemos interesarnos por los hechos pasados en general, interpretados como la totalidad de los hechos que tuvieron lugar en el pasado, o con una antropornorfización de ese concepto, manifestada en afirmaciones que se refieren a «los veredictos de la historia», «el -arma dañina» de la historia, etcétera. Puesto que imaginamos los hechos pasados siempre sobre la base de lo que sabemos de ellos, el contenido que varias personas (o grupos de personas) asocian con el término historia (usado para indicar los hechos pasados) puede variar enormemente, desde las ideas inspii-adas por la ciencia y aquellas penetradas por leyendas y mitos. El análisis de esta cuestión es la materia de la investigación sobre la conciencia histórica manifestada por los individuos y los grupos, y por tanto, sobre el papel de la historia como la suma de ideas sobre lOS acontecimientos pasados y las conclusiones que resultan de ello.
El uso del término historia, con un modificador que limite su alcance, por ejemplo, la historia de Polonia, la historia medieval, la historia de Londres, la historia del movimiento obrero, etcétera, muestra claramente que el término se usa en el sentido de sucesos pasados.
El término historia, cuando se usa en el sentido de una narración sobre sucesos pasados (historía rei’um gestarum), tiene por lo menos dos signifi’ cados, hecho que no siempre se recuerda. En primer lugar,, puede indicar el procedimiento investigador que reconstruye los hechos pasados (la ciencia innerpretada como el oficio de ius estudiosos), y CH scguiidu icuar, el resol lado de tal reconstrucción en forma de una serie de utirinac1cnc de los historiadores sobre los hechos pasados (la ciencia interpretada como los resultados de la investigación). Pero en las lenguas contemporáneas hay normalmente una diferenciación entre la historia como hechos pasados y la historia como ciencia, o conocimiento, ya que junto al término historia se usa también el término historiografía (historio graphy., historiographie, storiografia, etcétera). En alemán el par de términos equivalente es Geschichte frente a Geschichtsschreibung. Sin embargo, esto no menoscaba el carácter general del término historia, puesto que historiografía tiene sólo un significado auxiliar. Esta última es dominante sólo en la expresión la historia de la historiografía, y esto, según parece, es debido en gran parte a razones eufónicas, en concreto el. intento de evitar la expresión la historia de la historia, como la usaba Popeliniáre. En francés podemos encontrar a menudo la oposición entre Histoire e histoire, en la que el nombre escrito con H mayúscula se reserva para indicar los sucesos pasados. El significado unívoco de la palabra historiografía puede verse claramente en relación con esto, puesto que sólo se refiere al resultado de la investigación, es decir, el producto de lo que escriben los historiadores. Esto se mantiene también para la historio graphia tal y como la usaban en griego 16 No indica ningún procedimiento de investigación. Quizá por eso el término historiografía no ha encontrado una aplicación universal, ni siquiera en su sentido más estricto. La tendencia a usar el término historia, más uniforme, es obvia, a pesar de que supone una cierta falta de claridad.
La diferenciación sugerida parece evidente: cuando usamos el término historia podemos referirnos solamente al proceso investigador. En la famosa división de Hegel entre res gestae e historia reruin gestarum 17, que más tarde se extendió a la ciencia, no todo estaba claro, y la cuestión no se intrincó hasta más tarde. En esas interpretaciones, historia rerum gestarum significa narración histórica. No se sabe bien hasta dónde podemos incluir en ello el contenido iibciado al proceso investigador mismo, es decir, la ciencia interpretada como actividad. Este problema surge sólo con el desarrollo del método científico de investigación histórica (siglo xix), cuando la transición de los sucesos pasados a una narración de esos sucesos se complicó a medida que tuvo que satisfacer las condiciones cada vez más rigurosas de la crítica de fuentes y de la precisión de la narración. Esto fue, sobre todo, un logro del positivismo, que quería elevar la historia al nivel de una verdadera ciencia. El concepto de historia rerunz gestarum, cuando se excluye lo que atañe a los procedimientos de investigación, corresponde a la interpretación de la historia como una serie de afirmaciones sobre los acontecimientos pasados, o sea, historia como resultado de la labor de un historiador. Cuando
Designa tanto los sucesos como las narraciones, es decir, la anotación de dichos sucesos. La palabra polaca dzieje parece corresponder a los sucesos sobre los que Se habla, y puede sustituir también el significado de la palabra historia (,,,) los Sucesos (dieje) expuestos de este modo (es decir, erudito, 1. 7’,), suelen llevar CI augusto nombre de historia en su sentido más noble y exaltado, Excepto el d1cioa alemán, que, en este sentido, usa la palabra Oeschiclitc, todas luí; demás I’oguas europeas’ adoptan la palabra griega ái,stoia, SiH n;r;o’uaa oti’a intcrpre. tcion La atleta poLea puede aceptarla ianibén prontainenies. (J. Lclewel,
el término historia se usa en este sentido, normalmente va acompañado de
un modificador que describe su ámbito; decimos, por ejemplo, una historia
deJa Revolución Francesa, una historia de Florencia, una historia del capitalismo.
La mterpretación del término historia como un procedimiento de
investigación no viene al caso aquí, pero términos como historia económica,
historia militar, historia de la cultura material,
etcétera, sugieren hasta cierto
punto el procedimiento usado para reconstruir los hechos pasados en la
esfera de la economía, arte y operaciones militares, cultura material, etcétera.
Así, historia económica se refiere a los hechos pasados en la esfera de la
economía y a la disciplina que se ocupa de esos hechos pasados, interpretada
como un procedimiento de investigación y una serie de afirmaciones sobre
esos hechos pasados.
Hemos desmembrado así tres significados básicos del término historia:
historia como hechos pasados, historia como operaciones de investigación
realizadas por un historiador e historia como resultado de dichas operaciones
de investigación; es decir, una serie de afirmaciones sobre los hechos pasados.
En los dos últimos significados nos referimos a la historia como una disciplina
científica.

Esta interpretación de la historia ha evolucionado gradualmente,


como se ha mencionado más arriba, siguiendo el desarrollo de la
reflexión sobre los hechos pasados y el desarrollo de la disciplina que debe
reconstruir esos sucesos.
La clasificación de las áreas de interés de la metodología de la historia SEGUNDA PARTE adoptada más arriba se corresponde con estas tres interpretaciones de la
historia. Cada rama de la metodología se ocupa de cada una de estas interpretaciories.
Bases para la clasificacioon
Como L. Geymonat’ ha dicho, con razón, y como ya hemos indicado más arriba, la investigación metodológica sobre la ciencia no puede realizarse si no incluye la «dimensión histórica». Cualquier análisis metodológico, subrayémoslo una vez más, que no tome en cuenta este punto de vista, no puede producir soluciones suficientemente amplias en lo referente al lenguaje de una disciplina dada y a 105 problemas de esa disciplina, ni puede proponer ningún medio de resolver tales problemas. Sólo cuando abarcamos una disciplina dada como un todo histórico, es decir, cuando la abordamos como un sistema que sufre cambios constantes, podemos advertir la dialéctica de su desarrollo y sus problemas específicos. Esto sacará a relucir también las tendencias del desarrollo de esa disciplina. Si llegamos a conocer cómo encontramos su manifestación en los objetivos pretendidos, más o menos conscientemente, por los estudiosos, entonces podemos considerar lo que esa mcta, reconstruida por nosotros, ha permitido o permite obtener, y qué impide su obtención,
En lo que respecta a la historia, el problema subrayado antes puede ser investigado en dos aspectos:
1) práctica investigadora de los laistoriadores (en el sentido de los
procedimientos de investigación y los resultados obtenidos);
2) reflexiones sobre esa práctica investigadora.
Así podemos estudiar cómo han investigado los historiadores la materia de su disciplina y qué resultados obtuvieron (resultados que sean de interés metodológico), y qué han pensado de esa disciplina como tal.
En el último caso, los metodologistas están, por supuesto, interesados no sólo por las opiniones de los historiadores, sino igualmente por las opiniones de los filósofos, sociólogos, metodologistas, y también los posibles representantes de otras disciplinas. Esto ocurre porque las reflexiones de los historiadores sobre su investigación se reducían normalmente a la heurfstica y a la crítica de fuentes, con un acento especial en las técnicas de investigación.
Si combinamos esta conclusión con la clasificación de las ramas de la metodología de la historia, podemos decir que, por lo que respecta a la hstoiia de la ciencia historica ios mc uo og s as se ocupan de
a) cuáles fueron las opiniones sobre Ja materia (dominio) de la in- t gacion Hiçto ic< (su a mc i so mractcr sto os)
fi) cómo se estudió esa matcriaYqufi pensó sobre esa cuestión;
c) 1ué se pensó sobre los icuJt 1u ibtcnidos par la incrati ación.

En vez de tratar estos puntos uno por uno, parece más apropiado sacar a relucir ciertos modelos de investigación histórica que fueron dominantes en varias épocas, y las reflexiones metodológicas correspondientes Adoptamos la mcta adscrita a la investigación histórica 2 como criterio de distinción entre los diversos tipos, de reflexión (el término reflexión abarca tanto el modelo de investigación como las opiniones sobre él). Los instrumentos de investigación estaban subordinados a este objetivo, y, por otra parte, esos instrumentos y la formulación precisa del objetivo dependían de lo que se creía que era la materia de investigación. Por tanto, la adopción del objetivo como criterio de distinción entre los diversos modelos de investigación histórica permite describir esos modelos de una forma sintética.


Podemos valorar los diversos modelos de investigación histórica tomando en consideración los objetivos que guían esa investigación en un modelo dado o los objetivos que fueron fos-mulados por la ciencia histórica a medida que esa disciplina se iba desarrollando. De aquí que ciertas accio-i nes, bastante lógicas a la luz de un modelo determinado, pueden mostrarse’ bastante irracionales cuando se confrontan con un objetivo formulado en un estadio posterior. Estos dos puntos de vista no siempre se distinguen claramente; por otro lado, deben considerarse los dos de forma unida.
Incluso aunque, de manera más general, los diversos modelos de investigación histórica cambiaron a lo largo de los siglos y siempre ocurrió que uno de ellos se hacía dominante a una escala más amplia, ninguno de ellos se desvaneció nunca completamente, ya que todos ellos encontraban apoyos y condiciones para revivir. No es muy exagerada la afirmación de que el número de esos modelos creció junto con el desarrollo de la ciencia histórica. En un momento dado, el más ambicioso científicamente se haría el patrón de valoración para modelos obsoletos o redivivos. Cada modelo aportaría valores definidos a la investigación histórica. El siguiente, a pesar de que muchas veces se desarrollaba como negación de su predecesor, se beneficiaría por lo menos de los logros técnicos del último. A veces, cuando un modelo concreto dominaba todavía, aparecerían eminentes precursores de nuevas soluciones, y formularían objetivos nuevos. Entre estos precursores hay que incluir, por ejemplo, a Ibn Khaldun, cuyas ideas nos parecen notables incluso hoy, y a Karl Marx, el autor del modelo más avanzado de investigación histórica. Formularon nuevos modelos o ampliaron los ya existentes, entre otros, L. Valla, Voltaire, L. Ranke y H. Berr.
Resulta que los objetivos establecidos para la investigación histórica pueden reconsruirse como sigue.

La Antigüedad y una gran parte de la Edad Media estuvieron dominadas por el objetivo práctico (pragmático) de la literatura histórica. Los antiguos no atribuyeron a la historia como principal tarea la formulación de afirmaciones verdaderas sobre el pasado, y por tanto no la veían como una ciencia, sino como una forma de actividad práctica, orientada para la vida. Como J. M. Finley ha demostrado hábilmente, en Grecia, hasta el final del siglo vi a. C, la forma dominante de manifestación de la conciencia histórica de los griegos fue el mito, pero


2 La interpretación de ese objetivo, como se ha afirmado de acuerdo con K. Ajdukiesvicz (J,c1ricci Preu,incutica, cd. cit., pág. 188). uslá un el área de la meto dología pi-agniática, es decir, una rama de la nictodoloefa que se trata muchaS veces junto a la mnuiodnlnmda apragmálica.
Esta clasi fEactáji no está hecha desde el punto de vista de la historia de la historiografía, y por tanto no coincide con ella en algunas cuestiones.

el mito estaba expre5ado en la poesía, y no en la literatura histórica. Los héroes de Homero no actuaban en ninguna dimensión temporal , y la épica no tenía nada en común con una descripción histórica. No fue hasta el desarrollo político de las polis griegas cuando se estimuló la transición de los mitos y la tradición oral a la literatura histórica . Para ganar su lugar bajo el sol, la literatura histórica antigua tuvo que competir con la poesía, y no sólo en Grecia. La cuestión era que la poesía tenía que ser privada su función, hasta entonces exclusiva, de formular afis-maciones generales, y de su misión de establecer verdades vitales que resumieran la experiencia de la humanidad. Los adagios, ocupados de la sabiduría práctica, en aquel momento se podían encontrar más en la poesía que en la historiografía naciente. Por eso Aristóteles 6 tenía razón cuando, desde la óptica de la teoría de la ciencia, clasificaba1a poesía, y especialmente la tragedia, más érriha que la historia. En aquella época las descripciones de los sucesos a’sados estaban dominadas por narraciones de hechos singulares y separados, y no había ningún intento de investigar las causas de los sucesos y de valorar estos últimos. La famosa afirmación de Herodotm. al comienzo de sus Histories apodexis señala la asunción, por T literatura histórica naciente, de la tarea de describir los acontecimientos pasados para que no se olviden, de aves-iguar Ia causas de un giro concreto de los hechos, y ‘de valorar el pasado 7. Esto era más de lo que podía proporcionar la poesía,


que incluía una precisión en el informe de los hechos y un análisis causal . La poesía iba a continuar satisfaciendo las necesidades estéticas, a pesar de que la lucha con la poesía iba a hacer que los historiadores se esforzaran en formular correctamente sus afirmaciones. Algunos de ellos irían hasta el punto de borrar la diferencia entre una descripción poética y una histórica. Esto llevó a discusiones sobre los límites de la dramatización permitida en las descripciones históricas Se hacía una distinción entre historia «trágica» y «retórica». Algunos historiadores, como Tucídides, oponían la historia poética», que tenía la vista puesta en tareas principalmente estéticas 10 Globalmente, la historiografía griega intentó poner en práctica aquellos principios que Aristte1es había codificado para la tragedia, tralaudo de sacar —por medio de desci-ipciones y explicaciones de las acciones homanas.,._ conclusiones extraídas del pasado h1 Por tanto, no es una coinc !dencia que t6da las grande,s, obras históricas de la Antigüedad, las de Salustio, y jítica (como
Tucídides (probablemente el mayor de todos), Tirneo, PolibioJ cupados en Tácito, eran en realidad ensayos políticos, introducciones a la po/a preceptos ha sido denominada la obra de Tucídides por F. Chatelet), O(da política, los sucesos contemporáneos y en sus autores, y abundantes el apropiados 12, A la vez que introducían diversos conceptos de la V Ya avaneran también modelos de narración histórica. /mpetir con
Así, la ciencia histórica nació de un conflicto con 1a poesí’Y la historiozada la Edad Media, cuando ya no había obras que pudieran cótomo se ha las de Tucídides y Tácito, la poesía épica reemplazó o ayudó a ito. Asumir grafía enferma. Las tareas de la narración histórica fueron, Cjbilidad de mencionado más arriba, formuladas al principio de ese conflironto para el papel de snagistra vitae era en aquel momento la única POque hiciera desarrollo de los escritos históricos. Era todavía demasiado 1/ jstórica era pedir a la narración histórica que estableciera la verdad Y ‘ado, no en de esto su tarea. Por eso el modelo prágmático de literatura hj euronea.
el único camino, y ésta es la razón de que Herodoto sea han1 esitó siclos, vano, el padre de la historiografía, al menos en el área cultural n histórica
La escasa tradición de la escritura de anales y crónicas nec1 drica deben como se ha mencionado previamente, para aportar a la narracit
la conciencia de nuevas tareas. Pero los orígenes de la ciencia hist rnente. y a
ser buscados en otro lugar. ¡sueda de la
El nuevo modelo de literatura histórica se formó laborioscipal de la lo largo de muchos siglos. Gradualmente, sin embargo, la búStos morales. verdad sobre el pasado llega a formularse como la tarea prii1 eso este historiografía, reemplazando así la tarea de proporcionar precept(iuiacjón de La información sobre el pasado era estudiada críticamente, Prudjtos del nuevo modelo de literatura histórica se llama crítico. La forn/ coisfiesai afirmaciones verdaderas, tan acentuada enfáticamente por lOS la falsedad siglo xvii, se convierte en la tarea que todos los historiadora como más importante, que, por tanto, consideran el error de 7r supuesto como el mayor insulto. /ue cambiar
Esta nueva tarea de la literatura histórica no puso fin, pd aelo crítico al viejo pragmatismo. Podríamos pensar, incluso, si no hay Niebuhr la cesura entre la época del modelo pragmático y la del moójeron sino decimos, cambiarla de Vahla, donde todavía la situamos, a Gibbda vez que y Ranke, porque las tendencias pragmáticas no sólo permaned a ser Uit que a menudo dominaron, durante un largo período. Pero UI/e un nuevo la s erdad paso de su e\istencla de ci isalida de la antigoedad / os o aama insecto visto por todos, debía estar garantizado el nacimiento dJ:cidio’eS; modelo de literatura histórica. Desde ese momento, los principra históricfl ticos, todavía no desaparecidos, se propagaron en diferentes e la admisión del hecho de que el pipcipal objetvo de la literatu las formas es la búsqueda de la verdad a era unánime por aquel entonces
la valoración de ese nuevo pragmatismo, y también de todas SIÓ.j( (es
— la actividad posteriores de pragmatismo, debe ser distinta; depende de si una actitud pragmática dada dificulta el descubrimiento de la verdad o no, o quizás incluso lo facilita. Pero esta regla no debe inducirnos a valorar equivocadamente la labor de los historiadores antiguos. El hecho de que el principal objetivo de sps narraciones fuéra práctico no implica que difundieran afirmaciones falsas. El hecho de que una persona pretenda que la literatura histórica tenga propósitos prácticos no equivale a que oculte la verdad. Aunque a veces se olvida, Cicerón unía su famoso adagio historia magistra vitae a la recomendación de que el historiador debe buscar la lumen veritatis y cuidarse de las falsedades
Cuando surgió el modelo de investigación histórica, comenzaron las controversias sobre el significado del descubrimiento de la verdad. Puesto que se sabía muy poco sobre la materia de la investigación histórica, ese nuevo modelo de estudio histórico se basaba en débiles fundamentos, y lo único que había eran demasiadas ideas de la verdad que había que descubrir. En el primer período de la hegemonía de ese nuevo modelo en Europa, se podían distinguir por lo menos cuatro ideas de ese tipo: dos de ellas de orientación eclesiástica (católica y protestante), una de orientación cortesana y una «culta», es decir, procedente de los historiadores imbuidos de las ideas de la respublica docta.
La imagen de los sucesos pasados obtenida de este modo no podía ser fácilmente confrontada con nada. Esto fue advertido por pensadores como Voltaire, Turgot, Condorcet, Montesquieu y Herder, que pidieron una ampliación de la investigación histórica e introdujeron en la historia una serie de conceptos generales sacados de la evolución de las sociedades humanas. Podemos ver el punto de partida de estos intentos en el famoso La Siécle de Louis XIV (1756) de Voltaire, que fue también el autor del artículo Historia en la Encvclopédie. El modelo crítico de investigación histórica dio lugar a dos tendencias: la erudita (que subrayaba la necesidad de acunaulación de datos sobre el pasado) y la filosófica (así llamada por Hegel), que subrayaba la intención de averiguar las regularidades de los sucesos pasados; esto debía lograrse usando, en la investigación histórica, el conocii-iiento general sobre la sociedad, y se hacía, por supuesto, con Vistas al descubrimiento de la verdad.
La tendencia erudita tenía al principio la hegemonía. Acentuaba la necesidad de ampliar las técnicas de investigación del historiador para poder acumular un conocimiento lo más comprensivo posible de la materia de estudio. Este debía ser, ante todo, un conocimiento de los hechos, aunque tampoco faltaban audaces ideas de síntesis. El concepto de nación, que dirigía la atención a la necesidad de estudiar el pasado de un pueblo concreto, sirvió de motivo importante para esa investigación. Los historiadores, como registradores de hechos o como autores de síntesis, estaban Unidos por un mismo esfuerzo en acumular información sobre los acontecimientos pasados (principalmente de sus respectivas naciones), y por eso se pueden clasificar corno representantes de la misma tendencia erudita. Los viejos sabios también acumulaban hechos, pero ése era el período en el que tenían en meute, sobre todo, qUe debían considerar la verdad como obs.tiy0 Cuando das siclos más tarde Ranke decía lo mismo, 10 pretensión de la x-trdad había siclo oc entonces una vieja inlucla, a repetir entonces e incluso en épocas posteriores, y la nueva mcta era preferiblemente averiguar muchos sucesos.
El modelo erudito tuvo su mayor logro en la reflexión genética, es decir, prestando atención a la necesidad de unir hechos establecidos en secuencias cronológicas. Globalmente, el modelo erudito, en sus variantes, la llamada romántica, la positivista (orientada genéticamente) y la «coleccionista de arte», atribuía gran importancia a los hechos (la calificación de llamada romántica es aconsejable, debido a la naturaleza inexacta del término). Pero los hechos eran siempre demasiado pocos. Cada estudio abría áreas nuevas e inexploradas. El elemento nuevo, que era el acento
puesto por algunos historiadores (por ejemplo, H. T. Buckle) sobre la necesidad de buscar regularidades en los hechos pasados, estaba, corno veremos, muy poco relacionada con el análisis de los hechos, por su interpretación específica de las regularidades.
La tendencia creciente hacia un acercamiento integral a la materia de estudio, es decir, hacia la revelación de la estructura total de esa materia de la investigación histórica, era una reacción contra el modelo erudito- genético de investigación. Esto contribuyó a intensificar las diversas tendencias hacia la integración del estudio histórico, y dio lugar a un nuevo tipo de reflexión sobre la investigación histórica y a un nuevo modelo de dicha investigación, que se podría llamar estructural.
El modelo dialéctico de investigación histórica se proponía tareas incluso más ambiciosas. Abarcaba todos los logros de las tendencias anteriores y contemporáneas en la historiografía, que integró convirtiendo el estudio del desarrollo de la sociedad en la tarea primordial de la investigación histórica. Sólo en este modelo se introdujo la categoría de desarrollo en la ciencia histórica para sustituir al concepto cartesiano de progreso. El estudio del desarrollo significa la integración del acercamiento genético y el estructural. Esto hace posible eliminar aquellos factores que permanecen fuera del proceso histórico (la deidad, el espíritu de la nación, el progreso interpretado en términos de ley de la naturaleza, los factores raciales y geográficos interpretados de un modo determinista, etc.). El modelo dialéctico de investigación histórica presupone, sin embargo, un conocimiento amplio que permita estudiar simultáneamente la estructura y los cambios temporales.
Cada uno de estos modelos dio como resultado su propio tipo de narración histórica. La estructura de esa narración cambiaba a medida que se desarrollaba la investigación histórica, o sea, a medida que la historiografía se planteaba nuevas tareas. Los fundamentos de la narración histórica se configuraron, globalmente, en el momento en que los dos primeros modelos prevalecieron.

1. Antigüedad





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