Jeffrey C. Alexander las teorias sociologicas desde la segunda guerra mundial


- El marxismo (1): La herencia y el resurgimiento



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18.- El marxismo (1): La herencia y el resurgimiento


En este curso me he concentrado principalmente en lo que podríamos llamar los aspectos técnicos de la teoría social. Me ha interesado ante todo la teoría social como explicación. Desde luego, los elementos en que me con centré son muy generales. Me concentré en las ‘presuposiciones”, las cua les, tal como las he definido, están muy lejos de los datos empíricos. Aun así, son supuestos que se adoptan con un propósito explicativo. Para expli car por qué algo acontece en la sociedad debemos preguntarnos qué clase de acción lo pone en marcha y qué clase de orden lo sostiene. Estos supues tos presuponen ciertas cosas acerca de la constitución del mundo. Las pre suposiciones están orientadas hacia lo que es.

Hay un supuesto muy distinto que aqui ha recibido menos atención Se trata de aac 4o ,soeÁedae ue es. En este curso he llamado a tales elementos se 4d no presuposiciones, aunque — al igual que otros elementos teóricos, como los modelos y métodos— también se los ‘presupone”. Por ci no me vidado de la ideología. He subrayado que e le

deales políticos liberales fue decisivo para lá rormación de su teoría, y que su movimiento en el periodo de posguerra haç ciente afectó profundamente su trabajo tardío. Uno de los temas cruciales de mis comentarios fue que la desilusión ideológica del período posterior a la década de 1960 erosionó la legitimidad de la teoría de Parsons. Parsons no sólo explicó el mundo de cierta manera, sino que desesba la existe±t de cierta c1ase mundo liberal. Cuando esta clase de mundo pareció me nos posible, la posición liberal empezó a resultar menos deseable para mu chos. Esta confrontación ideológica entre dos diferentes visiones de lo que debería ser alimentó controversias sobre diferentes presuposiciones acerca de lo que es.

Pero, a pesar de todo ello, la ideología no ha ocupado el centro del es cenario en mis comentarios. La razón es bastante clara: creo que la ideolo gía no ha sido el punto central de las teorías comentadas. Todas las teorías tienen ideologías y presuposiciones, pero ellas no desempeñan el mismo pa pel en cada trabajo teórico. Lo que distingue la teoría sociológica de, por ejemplo, la filosofia. moral y política, son los diferentes papeles que los su Puestos ideológicos cumplen en estas diversas clases de trabajo. La arnbi Ción de la mayor parte de la teoría sociológica es ‘científica”, en el sentido de que aspira a explicar, con la mayor objetividad y neutralidad posible, la

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un enfoque “Incrementalista La ideología II bera ha aceptado el “Individualismo burgués” y ha procurado incrementar

lo. Las Ideologlas de Izquierda y derecha habitualmente lo han rechazado y 1 afl procurado restaurar alguna versión de la comunidad. La ideología libe ral ha aceptado la Irreversibilidad de muchas facetas del progreso” histori co del mundo moderno no solo el individualismo sino tambien el industria lismo, la racionalización, la diferenciación y la secularización. Ha intentado Cambiar las cosas pero rara vez de forma que no fuera fragmentaria Las ideologias conservadoras y radicales en cambio no han visto los desarrollos ‘modernos” como inevitables nl del todo progresistas. Se han preguntado si la racionalidad moderna es racional de veras, si la Individuación libera de veras al Individuo o simplemente lo sujeta con una cadena más alienante aunque menos visible. La ambición de ambas es pues superar la fase con temporánea de la modernidad en vez de cambiarla de manera “Incremental”.

Pero no debemos exagerar las similitudes entre izquierda y derecha. Hay paralelos en sus objeciones al liberalismo, pero también hay diferencias cruciales. Las teorías radicales procuran trascender el proceso histórico mi rando hacia adelante. Aceptan segmentos clave de la modernización, como la racionalización, la Industrialización y la secularización, pero creen que éstas se pueden combinar con menos Individualismo y más comunidad. Su

versión de la comunidad es Igualitaria y no jerárquica. En cambio, los con servadores procuran trascender la historia contemporánea mirando hacia atrás. Quieren restaurar caracteristicas esenciales de los tiempos premoder nos, a menudo oponiéndose, por ejemplo, a la secularización en nombre de

la autoridad religiosa y a la racionalidad en nombre de la tradición. Por esta

razón, aunque los radicales han procurado trascender el status quo incre mentando la igualdad, los conservadores han intentado negarla restaurando

la jerarquía.

Durante el siglo diecinueve se desarrolló una intensa competencia en tre estos movimientos ideológicos. El liberalismo realizó su progreso, apa rentemente “inexorable” (a ojos de sus protagonistas), con el surgimiento de las ideologías laissez-faire y utilitarista en Inglaterra y los Estados Unidos. Los temas conservadores, como las ideologías reaccionarias y románticas, cobraron creciente poder en Alemania y en Europa Central y Oriental. Las ideologías radicales, como el marxismo, el anarquismo y el socialismo utópi co, se propagaron en diversos países y no sólo en la clase obrera sino en las

clases media y alta. Hasta la Primera Guerra Mundial, el liberalismo parecía ser la ideología en ascenso, impulsada por las revoluciones norteamericana y francesa. Desde 1917 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en Cambio, tuvieron su auge las ideologías radicales y conservadoras. Fue un periodo delimitado por las revoluciones rusa y china, las cuales introduje ron el comunismo, y sus años intermedios estuvieron colmados de revolu ciones de la derecha conservadora, las cuales introdujeron los regímenes fascistas de Alemania, Italia y España.

Estas victorias tuvieron corta vida. El fascismo y el estalinismo pare cieron desacreditar para siempre las ideologías de izquierda y derecha. En el

Período de posguerra, parecía aprendida la lección de que la trascendencia

estructura y el funcionamiento del mundo. El hecho d que la teoría gica nunca pueda ser científica en el sentido positivista de brindai caciones que simplemente reflejen el mundo no quita legitim - ambición científica. El “trabajo teórico” de Parsons y sus sucesores a sonianos ha sido cíentificamente ambicioso en este sentido. Aunc compromisos ideológicos implícitos han tenido su efecto, la discusió ambas partes ha girado acerca del modo correcto de explicar, no de e el mundo.

Sin embargo, este énfasis relativo no nos debe ocultar el hecho una teoría sociológica científica es una forma de autorreilejo y no explicación. Aunque los teóricos no hagan de la evaluación su tarea ría, la relevancia existencial permanece. La teoría explicativa no se reducir a valores, pero está Inextricablemente relacionada con e presuposiciones del teórico estructuran su teoría explicativa, así cor compromisos cognitivos, pero esta teoría no revestirá demasiado ji menos que sirva para comprender el mundo en un sentido relaciori los valores. Parsons no adoptó una perspectiva colectivista del orc. porque le desagradase el capitalismo latssez-fatre y los valores aso con él. Al mismo tiempo, una de las principales razones por las cualei rab, su marco colectivista de referencia era que podía usarlo p borar una alternativa moralmente aceptable ante el sistema de merca bre. Aunque en el comienzo de su carrera Parsons era muy sensible ambición ideológica de su sociología, parece haberla olvidado en e” tardía.

El marxismo, en cambio, es la tradición teórica que nunca 0 diferencia de otras formas de teoría contemporánea no por sus prest ciones sino por su ideología y, desde luego. por los diferentes modelos ricos y percepciones que implica esta combinación de presuposición ( logia. Sin embargo, no se distingue de otras teorías sólo por la índol

eología marxista, sino también por el papel que desempeña esta

jP El marxismo es la única forma de teoría sociológica que exhibe sus e

misos morales como un brazalete. Aspira tanto a explicar como a cvi su meta y autoconcepción son tanto politicas como cientificas No

esto vuelva la teoria sociologica marxista menos cientifica que c’ que cientifica” seria un giro mas apropiado Si queremos entender tina teoría crítica tan conciente de sí revivió en el período contemp tendremos que ahondar nuestra comprensión del trasfondo idec - trabajo sociológico.

Desde principios del siglo diecinueve, tres ideologías fundamentaJ te diferentes han estado en conflicto en el mundo occidental. La 1deolo quierdista y radical y la ideología derechista y conservadora han ten] propósito explícitamente critico y

1 Me apresuro a aclarar que estas etiquetas de liberal y conservador son 11 cas. No son necesariamente aplicables a las divisiones de la política europea y r mericana contemporánea. En los Estados Unidos, por ejemplo, los conservad berales son igualmente ‘liberales’ en el sentido histórico que expondré ahora.

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era imposible. eI er*Us “ineremcnta1 que por cierto tenía sus variaciones políticas, parecía ser la única opción viable. La gran mayo los conservadores, socialistas y centristas aceptaban ahora sus pret Se aceptaría la “modernización”, mejorándola y reformándola desde Los que deseaban cambiar la sociedad se atendrían a la lucha cotidian la distribución de la riqueza. Reconocerían la necesidad del confiictQ sin plantear la trascendencia. Aceptarían la inevitable individuación sociedad sin necesariamente abandonar la comunidad. Se resignarIai inevitabilidad de la jerarquía sin negar del todo la igualdad.

Como hemos visto, este consenso liberal fue un estímulo personaj ra la teoría social tardía de Parsons. Como reflejaba la sociedad occid en una coyuntura histórica particular, también definía los puntos d rencia empírica para el análisis sistemático. El liberalismo, al fin, brii fuentes ideológicas para la fuerte resonancia de la teoría de Parsons .. período de posguerra. Parsons quería ir más allá del individualismo, la comunidad y la integración social, pero sostenía que el individualisin día mantenerse. Quería ir más allá de la racionalidad instrumental tihumana, pero creía que una racionalidad más Imbuida de valores estar aún en el centro de la sociedad moderna. La individualidad, sea social, aún existe; la racionalidad, aunque sea relativa, aún es Las antítesis de la sociedad moderna no se pueden abolir, pero, si se zan ambos aspectos, se los puede poner en contacto para que uno ca al otro. Por ejemplo, la autonomía diferenciada de varias esferas, c economía, la cultura y la política, no se pueden rechazar si se desea libertad y flexibilidad, pero tiene que haber cierta integración o mt tración entre estas esferas para que la libertad sea liberadora y la L... dad no lleve a la trabazón.

Desde luego, Parsons no fue el único teórico sociológico liberal ir tante del período de posguerra. Raymond Aron, el liberal francés que bién fue un destacado intelectual anticomunista, sostenía puntos similares. Sin embargo. la Influencia teórica de Parsons logró que ci logía su obra fuera identificada con el liberalismo. No obstante, L que el liberalismo no era para Parsons sólo un valor ideológico; en sus tos tardíos encaró cada vez más el liberalismo como un hecho consu con un status más empírico que normativo. En Francia, Aron emplee camente el liberalflsmo para advertir a sus conciudadanos acerca de bazón que el pluralismo podía inducir y para exhortaríos a tomar L cuadas reformas incrementales. Parsons no quería saber nada de

2 Raymond Aron, “Social Class, Political Class, Ruling Class”, Eurupean.i of Sociology (1960): 260-281. El libro de Aron, Progress aral DísWusiort ( Praeger, 1968), escrito durante los conflictos sociales de la década de 1960, ca cómo la sociología liberal puede ser notablemente crítica de la sociedad su propia época. La diferencia entre esta clase de sociología liberal y el com liberalismo contemporáneo de Parsons es notorio. En la década de 1960 P2 podría haber escrito un libro tan crítico.

para él, el liberalismo estaba institucionalizado en la sociedad norteameri cana del periodo de posguerra e identificaba a los Estados Unidos tal como estaban constituidos entonces. PH$ se conv!rtI6j,a±* ?n sólo en una Ideologla sinO n ‘uha tendencia ideo’ógica, en un chaleco de fuerza para la evaluación. ¿Cómo podrían, por lo tanto, ser evaluados y ex plicados los problemas futuros de la sociedad norteamericana? Al identificar tan estrechamente su explicación de la sociedad con su evaluación de ella, parsons no pudo brindar una pauta para la autorreflexión sobre sus pro piOS tiempos. Cuando comenzaron las tensiones y conflictos del período de posguerra, su teoría se volvió existencialmente irrelevante. Estaba prepara da la escena para el cuestionamiento marxista de la teoría parsoniana, pero no se produjo en seguida.

Aunque Parsons fue el más influyente teórico liberal de posguerra, muchos de sus primeros críticos también formaban parte del consenso libe ral. Buena parte de la teoría posparsoniana cuestionó aspectos decisivos de la visión ideológica de Parsons sin salir jamás de los límites de una versión incrementalista y liberal del progreso. Se apartaban de Parsons porque no confiaban en la capacidad del liberalismo para institucionalizarse o no acep taban el preciso equilibrio que él daba a los diversos elementos del liberalis mo. Sin embargo, no renunciaban al liberalismo totalmente.

A primera vista se diría que ello no ocurre con dci cn*IMp Rex, cuyo trabajo hemos comentado, renuncló instruñTen al idealis mo preSUp*t(itOfl*I de Parson8 y a su estrechamiento de la racionalidad. Si la racionalidad no es un valor sino un motivo instrumental, parecería que Rex tendría que abandonar también la idea liberal de comunidad. En ver dad, el actor de Rex es el mismo átomo egoísta en persecución de sus pro pios intereses, no el individuo que está socializado para actuar y sentir de manera altruista, moralmente obligatoria. Sin embargo, esto constituye la base de otra versión del liberalismo, no el cimiento de una ideología alterna Uva.

ónfigura su modelo del conflicto de tal modo que hayimai

trabajad fuerte e independiente para desafiar a la egoísta y elite. Los logros de esta clase trabajadora, a su juicio, tienen muchos méri- tos históricos. Han sentado las bases de una sociedad liberal y pliwjlista

dentro del contexto del capitalismo al sostener 4guaIlta*!q lases. Con suerte, ee Rex equilibrio de aneu&a lizar la guerra de ela Esta esperanza lo conduce a1aereencla en la nece de prts l instflueiones del capitaflsi ot e de trascenderías.

Los otros teóricos contemporáneos que hemos examinado — Homans, Blumer, Goffman, Garfinkel y Geertz— se alejan más sustancialmente de la teoría liberal. En la medida en que abrazan el individualismo, desisten de la Comunidad, la cual, según el liberalismo de Parsons, es necesaria para una Sociedad democrática moderna. Este individualismo refleja en parte un dis tanciamiento — de cara al conflicto y cambio crecientes— respecto de las Confiadas afirmaciones de Parsons acerca de la inclusión y de la concilia Ción entre ciudadanos y grupos sociales. El foco sobre la acción individual a

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expensas del orden colectivo también refleja el mayor pesimismo de p rra acerca de la aptitud de la teoría sociológica para manipular los problemas”, como la relación entre poder e igualdad y la ‘ “ - cultura liberal.

Pero estos teóricos siguen siendo liberales. Creen que la individ puede y debe reallzarse en la sociedad moderna. Describen la integrid dividual como base del proceso y el orden sociales. Creen que la capa interpretativa del individuo es más o menos racional y que su sen mún funciona. Por cierto, esa fácil aceptación de la racionalidad, y eficiencia innata o como sentido común natural, señala flaquezas .. ideales liberales. Cuando Blumer y Garfinkel insisten en que sólo nec mos meternos en la cabeza de los actores o aceptar la racionalidad d miembros”, abandonan la capacidad del liberalismo para constitui pauta independiente de jucio ideológico. El relativismo situacional de hace lo mismo. El cinismo y el privatismo que Impregnan las perspe de Homans y (a veces) de Goffman acerca de la interacción vuelven creer que la racionalidad y la comunidad podrían ser ideales sociales. 1 percepciones teóricas apuntan al peligro de una retirada apolítica a proyecto de reforma incremental. Aun así, todos estos teóricos creen la sociedad donde viven, para bien o para mal, los individuos pueden trolar su destino y la cooperación es posible.

Sin embargo. a fines de la década de 1960 esta clase de equívoco lógico no era suficiente. Muchos, especialmente los teóricos más j eran presa de una profunda sensación de crisis social. Si el libera mo no estaba equivocado, estos teóricos desencantados estaban coni dos de que era groseramente erróneo como descripción de la sociedad i americana y europea occidental. Más aun, muchos estaban persuadid que el liberalismo estaba errado en un sentido más fundamental. 1 circustancias el marxismo alcanzó una importante posición en la t ciológica contemporánea. Inspirándose en fuentes europeas c ¿ de Francfort y el trabajo de científicos sociales radicales

Estados Unidos como C. Wright Sweezy y Paul Baran, el ri m° se desplazó desde la periferia hacia el centro del debate teórico.

Creo que la atracción teórica inicial del marxismo no se expi sus elementos presuposicionales o empíricos sino por su resonancia gica. Para el marxismo, la alienación fundamental era un elemento . la sociedad capitalista. La calma del período de posguerra, lejos de inc progreso inherente de la sociedad liberal, era una anomalía, la calma de la tormenta. Parsons tomó el Estado benefactor de posguerra com bolo de la sociedad contemporánea, y predijo que habría más de lo x El marxismo tomó la Gran Depresión y la guerra mundial que le suce mo típica, y también predijo más de lo mismo. La creciente individ. que Parsons alababa era, para los teóricos marxistas, un mero artiflcic economía de mercado. La racionalidad que él veía crecer era para falsa conciencia producida por la tecnología avanzada.

Es importante entender, desde luego, que el marxismo es r” que una ideología. Para percibir sus logros y limitaciones, las tensiones

ternas que crea su dinámica teórica, debemos entender sus presuposicio oes modelos y pred1 C Despojado de su singular posiclan

j 4 m X es uf teorIa del con(flçto muy partietil5v4 / £ons1dea sedón al menos en la sociedad capitalista ea txtremada-

ente ifl8lxwflefltal Co que el orden es colectivo de modo que el in ividuo está dominado por la sociedad. En términos de modelo, la sociedad esta compuesta por dos partes, y base. La base está com puesta por las fuerzas y relaciones de producción: tecnología y división del trabajo por una parte, relaciones legales de propíedad por la otra. La super estructura consiste en ideas e instituciones políticas. culturales e intelec tuales, y Marx la considera un mero reflejo de la estructura de la base. El 10 en que la propiedad articula las fuerzas económicas define la estruc tura clasista de cualquier economía. Las clases responden al modo en que la propiedad distribuye las fuerzas económicas, y sus ideas son producto de sus intereses racionales, así conformados. Las fuerzas económicas llenen una dinámica interna propia, y a medida que evolucionen entrarán en con flicto con las relaciones de propiedad dadas de ese periodo histórico. La cop tradiccj y relaciones t qçj es el motor deaFiis toria. El resultado es la lucha de clases y la revolución. Marx creía que ra ístorito ias sociedades e&i histgri clases.

Lo que acabo de esbozar es la teoría sociológica “orto por Marx y sus seguidores inmediatos. Como ustedes ven, tiene una lógica espectacularmente determinista. Parte de ella es presuposick’nal. Como aprendimos a partir de nuestro examen de la teoría del conflicw. acción ins trumental más orden colectivo equivale a control antivoluntari Parte de esto, si rbarg,-eel-rnodr cj ñ Marx, que se inspira en — e in forma— hallazgos empíricos que son particularmente desastrosos para el futuro de la sociedad occidental. En ese sentido, los elementos explicativos de la teoría de Marx congenian con su ideologia fuertemente crítica.

En otro sentido, sin embargo, el determinismo de la teoría contradice la ideología. Pues la ideología marxista no es sólo un sistema de valores crí ticos. Es también una ideología de la trascendencia. Desecha el incrementa lismo liberal porque ve la posibilidad de un mundo totalmente distinto. El extraordinario sufrimiento que Marx veía como destino de la humanidad es sólo comparable a sus extravagantes esperanzas de salvación. Si ustedes creen que he descrito el marxismo casi como una religión, estoy llegando adonde quería. A mi juicio, el marxismo presenta una secularización de las tendencias más radicales de la tradición judeocristiana. Desde luego, la trascendencia ha sido un ímpetu decisivo de la religión occidental desde los Comienzos, y con la forma de la voluntad divina a menudo ha brindado pau tas para vigorosas críticas de la moralidad humana. Este ataque al mundo Contemporáneo se ha combinado con fuertes corrientes milenaristas, la Creencia de que en algún momento futuro el reino de Dios se realizará en la lierra. A veces el medio para alcanzar esta salvación es una actividad terre fla, más habitualmente es la aparición de un salvador.

El marxismo continuó la trascendencia de la tradición occidental api Cando sus esperanzas milenaristas a actividades puramente terrenales.

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Marx creía que en toda época el vehículo de la salvación es la clase

crata”. Se trata de una visión del presente más evolutiva que revolucionaria,

da. Para el capitalismo esto significa el

Para Marx y sus & socia1i era olt i en ella sus esperanzas de el advenimiento de la utopía poscapítalista, el reino de Dios en la:

Creían que a pesar de su degeneración inicial, o tal vez a causa de proletariado pronto se convertiría en fuente de vitalidad y crítica. Lleg poseer conciencia propia, y a través de su fuerza de voluntad transfoz las relaciones de producción — las leyes de la propiedad privada— crear un mundo nuevo.

La Ideología marxista tiene pues un aspecto extremadamente \ rista. La teoría explicativa, en cambio, es muy diferente. Es totaln

determinista. Esta contradicción monta el escenario para los conflictos damentales del trabajo marxista. A estas alturas no les sorprenderá c defina estos conflictos como dilemas teóricos e ideológicos.

El dilema Ideológico es propio de la dimensión evaluativa deli mo. Aunque se predijo la salvación mediante la transformación del ¡ ella no ha llegado. Los países occidentales han resultado ser mucho r sistentes a la revolución de lo que creía Marx. De hecho, nunca huba revolución comunista o socialista en las naciones más desarrolladas, d Marx creía que ocurrirían. En cambio, la primera revolución del siglo i y sin duda la más consecuente intelectualmente, aconteció en Rusia, das las demás se han producido en países Igualmente no desarrollad comunismo que resultó de estas revoluciones estuvo entrelazado principio con Intereses nacionales, particularmente con los intere Rusia. Más aun, dados los modos en que se han desarrollado estas nes comunistas, el marxismo ha terminado asociado, al menos chos Intelectuales occidentales, con la dictadura antes que con la clón, y con un compromiso con la industrialización antes que con u. de trascendería.

Estos hechos — que no se produjeran revoluciones occidentales, las orientales fueran tan diferentes de lo esperado— han pre - mendas dificultades para la Ideología marxista. Una respuesta típk consistido en renunciar a la creencia en la trascendencia. A principios década de 1950, un grupo de intelectuales ex comunistas publicó u titulado El Dios que fracasó. Confesaban su desilusión con el utopism cal y explicaban por qué esto los conducía a ideologías liberales, y nos casos relativamente conservadoras. ¿Pero qué ocurre si un te quiere abandonar la esperanza de trascendencia radical? En otras ç ¿qué hará si desea permanecer dentro del marxismo? En esta siti creo que el teórico marxista tiene que aceptar una de dos opciones 1’ cas, ninguna de las cuales resultará satisfactoria en última Instancia.

Una opción consiste en postergar la revolución para algún futuro II finido. Llegará eventualmente, pero no sabemos cuándo. Entretanto, 1. ne caso dedicarse a la actividad revolucionaria. Esta ha sido la actlti los marxistas teóricos de lo que se ha dado en llamar el tipo “social-d

fue articulada primeramente por los dirigentes del gran Partido Social Demócrata Alemán, el mayor partido socialista de Europa antes de la primera Guerra Mundial. Desde entonces la han adoptado los partidos so cialistas y obreros que hoy gozan de poder sustantivo en todos los países capitalistas del mundo. Pero el problema de esta resolución del dilema Ideo lógico es que conduce al apoliticismo y la resignación. Postergar Indefinida mente la revolución puede permitir el mantenimiento de la idea trascenden izl, pero eventualmente erosiona la vitalidad de la Idea misma. Cuando ello ocurre, la Ideología marxista se acerca peligrosamente al incrementalismo liberal que se proponía desplazar.

En reacción contra esta opción y los problemas que ella implica, surge

—tanto lógica como históricamente— el retorno a una alternativa activista. Este movimiento aún debe enfrentar el hecho de que la revolución todavía no se produjo. Pero su respuesta es muy diferente. En vez de sostener que la revolución es irrealizable, se argumenta que los revolucionarios no han hecho suficientes esfuerzos. Esta opción hipervoluntarista ha cobrado diver sas formas. Cuando Lenin diseñó el partido bolchevique, la estructura cons piradora de vanguardia que eventualmente produjo la revolución rusa, re chazó por Igual la pasividad de los obreros rusos y la del -partido socialista alemán: “La fuerza del movimiento moderno reside en el despertar de las masas; su flaqueza reside en la falta de conciencia e iniciativa de los líderes revolucionarios”. Argumentaba que los bolcheviques, contra la pasividad evolutiva de la social-democracia, “están Insatisfechos con esta sumisión a fuerzas elementales, es decir, esta mansedumbre ante ‘los tiempos presen tes”.

El lenlnlsmo” se asoció con la creencia de que la revolución se podía inducir mediante el ejercicio de la voluntad política y la lucha disciplinada. Trotsky, el gran líder marxista y teórico intelectual que colaboró con Lenín antes de convertirse en enemigo de su sucesor, Stalin, argumentó que la re volución rusa nunca alcanzaría el verdadero comunismo a menos que fuera una “revolución permanente” en escala mundial. Tal vez fue el primero en reaccionar ante la frustración de la revolución rusa, y al alejarse del polo in crementalista actuó de modo típicamente leninista. Tuvo una reacción simi lar ante el fracaso revolucionario.

El maoísmo”, la teoría revolucionaria creada por el líder del comunis mo chino, Mao Tse-Tung, se puede entender del mismo modo. Frustrado Con el lento ritmo del cambio socialista después de la revolución china, y re suelto a evitar el “conservadurismo” del ejemplo ruso, Mao Inició movimien tos como el Gran Salto Hacia Adelante y la Revolución Cultural. La inten ción de Mao era trascender las “leyes de la historia” que había concebido Marx, presuntamente deterministas, y así producir una transformación In mediata de la sociedad china. Esfuerzos similares — a menudo denominados

V. 1. Lenin, What Is to Be Done? (1902: Nueva York: International Publishers, 1929), págs. 31, 26 respectivamente.

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y lados, pues. los teóricos marxistas han procurado continuamente intro

“comunismo izquierdista”— se desarrollaron en los países occidente respuesta a la creciente frustración ante la ausencia de cambios revo narios. Rosa Luxemburgo, por ejemplo, elaboró el concepto de “espon dad”, y después de la Primera Guerra Mundial trató de organizar una lución violenta en Alemania. La mayoría de los movimientos o - favor de la acción inmediata, sin embargo, venían de movimientos r como el anarquismo, que estaban fuera del marxismo por razones a mentaré después.

Este culto de la acción no resulta más satisfactorio que la opci lutiva. La voluntad y la determinación no bastan para trascender las clones terrenales, aunque a veces basten para hacer revoluciones. “condiciones objetivas” del Occidente no han permitido hacer una ción, parece que las condiciones del Oriente las han condenado a la sión, al margen de las esperanzas de sus líderes. Es posible que Lenfr mo aprendiera esta lección cuando, en los últimos años de su vida, espíritu radical y critico de la revolución rusa pervertido por la brv de Stalin. Después de la muerte de Lenin, Stalin adaptó el com para el criminal esfuerzo de transformar Rusia en un país avanzado tar. Trotsky y Mao, al margen de sus decepciones, nunca modificaji milenarismo secular. Continuaron creyendo en el poder trascendente voluntad hasta el día de su muerte.

Pero las reacciones personales de estos dirigentes no pueden r lógica interna del dilema ideológico. A menudo el pasado dio duras 1 a los simpatizantes del movimiento comunista. Desde mediados de da de 1930. los partidos comunistas occidentales en general dejaron mentar la revolución. Hoy, el marxismo comunista —y en la clase veremos que en el período contemporáneo comunismo no es sinó marxismo en cuanto tal— ha desarrollado una rama “eurocomu:

procura cooperar activamente con los movimientos liberales. Los diii chinos posmaoistas, por su parte, son mucho más cautelosos que el dor ante el voluntarismo trascendentalista, y parecen seguir un ruin servador e incrementalista. Aunque la frustración con el reformismo ce al activismo, la decepción con el activismo conduce al reforml dilema es ineludible sin salirse de la ideología marxista.

En contraste con este dilema ideológico, el dilema teórico del u.. mo nace de problemas generados inicialmente por sus presuposlciorF plicativas. Aclaré anteriormente en este curso que la teoría del c intenta escapar de la determinación objetiva de diversos modos. Para quler teórico de la conducta humana es dificil aceptar una total deterz ción externa de manera coherente e Inequívoca. Esta insatisfacción L se exacerba en el marxismo porque sus presuposiciones determinlst tán en dramática tensión con sus esperanzas ideológicas.

La determinación de la teoría marxista resulta dificil de manten para las ideologías evolutivas. Aun como incrementalistas, deben manI en el mundo cotidiano de la lucha politica, y esta guerra de maniobra convence de que toda acción involucra opciones. La determinación ( tualmente Imposible de aceptar para los teóricos más radicales. Desd

ducir el voluntarismo en la teoria original Desde luego solo pueden hacerlo j alteran sus presuposiciones sobre la acción y el orden. Dan a la acción un matiz menos instrumental, más interpretativo y emocional, y sugieren que el orden colectivo se conciba de modo cultural y no meramente estruc tural.

El problema es que, si estos teóricos desean permanecer leales al ‘marxismo”, al determinismo sistemático que dio carácter distintivo al tra bajo original de Marx, no pueden hacer alteraciones tan fundamentales de manera explícita. Tienen que camuflar sus revisiones, y por ello sus concep tos nuevos rara vez dejan de ser residuales respecto de las partes ortodoxas de su trabajo. La presencia de categorías residuales vuelve vaga e Incierta la teoría. Una categoria residual rara vez se desarrolla sistemáticamente, y su relación con el cuerpo de la teoría es, por definición, imposible de explicitar. Si estas categorías fueran precisas y específicas, el cuestionamiento de la ortodoxia seria demasiado explícito para ser ignorado.

Esto configura un aspecto del dilema teórico. Los teóricos insatisfe chos cón la determinación sistemática pueden optar por aludir a los ele mentos “voluntaristas” e “idealistas” de modo residual e indeterminado. El otro aspecto del dilema aparece porque la indeterminación y la categoría re sidual son, para cualquier teórico digno de ese nombre, motivo de frustra ción. No son satisfactorias en si mismas, e implican una cierta deslealtad a la teoría ortodoxa. Por ambas razones, todo “marxista arrepentido” termina por reintroducir el determinismo ortodoxo al mismo tiempo. De una forma u otra, todos los teóricos marxistas que conozco — incluso los más originales y ambiciosos— terminan por sugerir que las fuerzas económicas están deter minadas “en última Instancia”.

El colaborador de Marx, Frederick Engels, fue el primero en fijar los polos de este dilema. Reaccionando ante criticas académicas al determinis mo sistemático de su trabajo original, así como ante las exigencias prácticas de la hora, sugirió que “diversos elementos de la superestructura”, como las constituciones políticas, las perspectivas religiosas y las tradiciones, “cum plen un papel” en la historia al margen de las exigencias económicas. Pero al mismo tiempo procuraba demostrar que “el movimiento económico al fin se refirma como necesario”. Otto Bauer, un importante social-demócrata austriaco, afirmaba ser marxista aun mientras sostenía que las naciones están unidas tanto por “una moral y costumbres comunes [ por] una tradición cultural común”, así como por una vida económica común. Lenin declaró que las fuerzas económicas y los movimientos de clase eran los principales motores de la historia pero arguyó también que la teoría comu nista, un elemento superestructural si alguna vez lo hubo, de alguna mane ra cumplía un papel independiente y central: “El papel de la vanguardia só lo puede ser desempeñado por un partido que se guíe por una teoría avan zada”. Georg Lukács sitúa la subjetividad y la conciencia alienada en el cen tro de su teoría acerca de la opresión capitalista, pero sostiene que la posi ción clasista objetiva del proletariado garantiza que la conciencia eventual mente se enmendará.

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Hemos visto que Trotsky culpaba a las condiciones objetivas del rior de Rusia por la perversión estalinista. Su tan necesaria “revoluciói manente” nunca se produjo. Pero Trotsky también intentó explicar el nismo por el dato superestructural de que el proletariado soviético r “tradición de dominio o mando”. Asimismo, Mao Tse-Tung proc principios generales del determinismo económico mientras abrazaba de que “las relaciones de producción, la teoría y la superestructura” r a veces desempeñar un “papel principal y decisivo”. Antonio Gramsc dador del comunismo Italiano, inventó la noción de “hegemonía Ideo para explicar cómo la omnipresencia de la ideología capitalista puede que los trabajadores se comprometan voluntariamente con el capita sin siquiera una restricción económica opresiva, lo cual representa t sivo alejamiento respecto de la teorLzación unidimensional. Sin cml Gramsci argumentaba que los intelectuales que desarrollan esas ideas nantes siempre lo hacen en el Interés de una clase económica domina

Podría seguir comentando las otras figuras importantes del miento marxista del siglo veinte, pero, a pesar del valor de sus obras, des no aprenderían nada nuevo. La razón es que todos enfrentan el r problema teórico subyacente. Al tratar de modificar la teoría, los mai enfrentan un problema tan cotidiano que todos lo comprenderán: c tenerlo todo a la vez. Para evitar la determinación, tratan de incluir e teorías una superestructura autónoma. Ninguno. sin embargo, desa una teoría sistemática de cómo funcionan las superestructuras. ¿Por Porque para no dar la espalda al marxismo tienen que volver residual referencia, y al final las fuerzas de la producción resultan más po Sus trabajos oscilan entre el Escila de la indeterminación y el Cari! última Instancia. Para evitar esta opción mortal, tendrían que disol marco marxista, y esto es algo que obviamente no pueden hacer.

He dedicado algún tiempo a describir la estructura múltiple de 1 ría marxista. Señalé que la pérdida de legitimidad de las ideas liberá la posguerra condujo hacia esta teoría. Los críticos de Parsons nunca donaron del todo la ideología liberal, aunque cuestionaran el funciona de todos los otros modos. Cuando el ámbito ideológico de la sociolog1

Para Engels, véase “Letter to J. Biock, September 21-22, 1890”, en Engels, Setected Works (1962), 1:448-490; para Bauer, véase “The Concej ‘Nation’”, en Tom Bottomore y Patrick Goode, comps., Austro-Marxism (1 1978), pág. 102; para Lenin, véase What Is to Be Done?, pág. 28; para Lukái “Reification and the Consciousness of the Proletariat”, en Lukács, History c Consctousness (1923; Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1971), por ej.. para Trotsky, véase la selección de su The Revolution Betrayed, en L comp., Tite Baste Writings of Trotsky (Nueva York: Vlntage, 1976), pág. 217; par véase “On Contradiction”, en Anac Fremantle, comp., Mao Tse-Tung: An Ant ha His Wrwngs (Nueva York: New American Llbraiy, 1962), pág. 232; para Grarrn se “The Intellectuals”, en Gramsci, Selectionsfrom the Prison Notebooks (Londre LeftBooks. 1971), págs. 3-23.

pezÓ a desmoronarse en la década de 1960, el marxismo parecía la única opción viable para la generación de teóricos más jóvenes. Para pedir a uste des que salten del bosquejo abstracto que acabo de presentar al resurgi miento de la teorizacion marxista en el periodo contemporaneo debo dar una forma mucho más histonca a esta logica general”

Para desplazarnos de la logica teorica del marxismo al giro marxista de la teoría contemporánea, debemos ver la diferencia entre “marxismo soviéti co” y marxismo en cuanto tal. Así como no podemos entender el cuestiona miento no marxista de Parsons sin ver el carácter peculiar del período de posguerra, tampoco podemos entender el marxismo. Más aun, para enten der el marxismo de posguerra, debemos retroceder mucho más, explorar las ramificaciones de la Revolución Rusa de 1917. Esta fue la primera revolu ción hecha en nombre del comunismo de Marx. A partir de entonces, el en- foque ruso de la acción comunista y el enfoque ruso de la teoría comunista tuvieron tremendo prestigio en el movimiento marxista internacional.

Lenin mismo, desde luego, se habla inclinado por el polo activista del dilema ideológico. Sin embargo, después de 1917 el comunismo internacio nal estuvo diseñado para servir a las necesidades de Rusia, no las necesida des de los movimientos revolucionarios en las naciones occidentales. A fines de la década de 1930, Rusia no estaba activamente interesada en promover las revoluciones occidentales. Su mcta era estabilizar su propia posición in ternacional. Para ello, procuraba aplacar a los círculos dominantes de las naciones capitalistas, no hostilizarlos. La teoría comunista aceptó la estruc tura del mundo tal como era. Las transformaciones fundamentales llegarían inevitablemente, pero serían producto de cambios de muy largo plazo en las condiciones objetivas de la sociedad. Entretanto el eslogan sería “vivir y de jar vivir”. Trotsky fue expulsado del partido comunista ruso, exiliado y al fin asesinado por agentes de Stalin. Mao fue castigado como un “comunista de izquierdas”, un revelador epiteto que, irónicamente, tiene su origen en Lenin.

Si el caparazón ideológico del marxismo se endureció, lo mismo ocu rrió con sus presuposiciones. Primero, el compromiso con el status quo res tó urgencia a la busca de un marxismo voluntarista. La mayoría de las grandes revisiones de la ortodoxia marxista provenían de marxistas occiden tales que estaban fuera de Rusia. Los comunistas rusos procuraron invali dar estas revisiones teóricas para mantener su hegemonia intelectual sobre los marxistas de otros países. Finalmente, habia problemas teóricos especí ficos de Rusia. La comprensión de Marx se basaba habitualmente en percepciones de Hegel, el gran antecesor filosófico de Marx. Los marxistas occidentales solían leer Hegel de manera subjetivista, y a partir de esta Comprensión construían una lectura subjetivista de Marx. La percepción de Hegel en Rusia, en cambio, había cobrado un tono extraordinariamente ob Jetjvjsta. Más aun, las tareas políticas del comunismo ruso se concentraban mucho más en el éxito económico que en el cambio de las condiciones polí ticas o culturales. Era perfectamente natural que el marxismo ruso fuera económicamente reduccionista.

Bajo estas influencias intelectuales, el marxismo ruso se volvió excesi

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vamente mecanicista. Este mecanicismo se presentó además de ¡ mucho más simplista que en Marx. Stalin escribió tratados que llevaba determinismo económico y la fe en las leyes objetivas de la naturaleza tremos ridículos, e importantes intelectuales marxistas del mundo OCCI tal aceptaron su palabra o abandonaron el Partido Comunista. Baue desdeñado por ser social-demócrata. Lukács fue inducido a realizar una millante confesión acerca de los errores ‘idealistas” de su trabajo lnlc1 teoría de Gramscl se interpretó de una manera que erosionaba su ji.. cuestionador. Karl Korsch, un filósofo que en la década de 1920 había tribuido a alimentar la revisión voluntarista, practicó una tímida ecor política en su trabajo tardío. Los científicos sociales marxistas que r ron aportes decisivos en las décadas de 1930 y 1940, y hubo muchos, cleron bajo el estandarte del determinismo económico ortodoxo.

A comienzos del período de posguerra pocos intelectuales que . petaran sentían atracción por el marxismo. Este habia perdido sus am nes revolucionarias y las revelaciones acerca de la brutal dictadu:

Stalin quitaban sentido a un sacrificio intelectual por la madre Rl aparente degeneración del comunismo ruso hizo parecer casi imp posibilidad de trascendencia. Teóricamente existía una repulsión muy cida. No había sólo razones ideológicas para que los intelectuales del do de posguerra no creyeran que las intenciones humanas contaban aspiraciones subjetivas se podían realizar. Las ideas freudianas ace poder del inconsciente eran cada vez más populares, y las ideas antrop cas acerca de la omnipresente influencia de la cultura estaban en a Desde luego, estos factores también contribuían a la creciente influenci Parsons. Cuando al fin surgió una nueva generación de marxistas, a do culparon a Parsons por el desprestigio del marxismo durante la r rra. Pero esto es poner el carro delante del caballo. El mismo clima Ii tual que nutrió la Influencia de Parsons volvió Imposible la popularid un marxismo ortodoxo y mecanicista.

El nadir de la teoría marxista — que se produjo, y no por coincld al mismo tiempo que el ascenso de Parsons— tuvo corta vida. Veinte después del final de la Segunda Guerra Mundial, el marxismo regre clima ideológico había cambiado y la geografia teórica había sufrido traordinaria mutación. Así el marxismo pudo contribuir enérgicamer superar la teoría que había tratado de reemplazarlo.

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El marxismo (2):





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