Jeffrey C. Alexander las teorias sociologicas desde la segunda guerra mundial


- El interaccionismo simbólico (2; El individualismo y la obra de Blumer y Goffman



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13.- El interaccionismo simbólico (2; El individualismo y la obra de Blumer y Goffman


La tradición contemporánea de la teoría social pragmatista se er cialmente” en 1937, cuando Herbert Blumer escribió un artícul( identificaba a Mead como “interaccionista simbólico”. Retrospecth esta fecha de publicación resulta irónica, pues en ese mismo año publicó La estructura de la acción social, una obra que creó un C los símbolos, la acción y la libertad que se parecía más a la de M esta coincidencia histórica no fue tan accidental como parece.., usr ban4e la hegemoma institucional e intelectual de la escuela dei 4a cológlca del pragmat4sino, la cual — al menos a ellos— era relativamente individualista y carente de solidez estos sociólogos disidentes, en su mayoría educados en columbia, habían organizado la American Sociological Reuiew, en a la revista American Journal of Sociology de Chicago lwnno de Mead, profesoi del departamento de Chicago y hast grupo antiChicago lo depuso en 1935. fue secretario de la asociad lógica nacional. En otras palabras, Blumer alcanzó la madurez 1 en un período en el que declinaba la influencia del interaccioni también escribía poco después de ía publicación póstuma de las p obras de Mead, y durante los años 1941-45 fue secretario de rec American Journal of Sociology. Es fácil imaginar que Blumer — al el desafio de Parsons y los demás “jóvenes turcos” educados en el E tentara definir una forma más individualista del interaccionismo. 1, nición copservó la singularidad de la tradición de Chicago y tal vez! tuvo con vida.

En el periodo de posguerra, mientras la influencia de Parsofl’ hasta transformarse en una especie de dominación intelectual, r cribió varios ensayos atacando la posición sociológica “establecic ensayos se compilaron en 1969 en un libro llamado simlJ Interacciontsmo simbólico: perspectiua y método. En ellos Bíumer pl sus estudiantes un curso positivo. También establecía una posiclól la cual luchar. Su formulación de la posición establecida es una 1

1 Herbert Blumer, “Social Psychology”, en E. D. Schmidt, comp., Soctety (Nueva York: Prentice-Hall, 1937), págs. 144-198.

apenas disimulada contra Parsons. Con esta polémica, Blumer, al igual que J y Homns, crea un sustituto negativo para justificar su programa socio lógico positivo.

Blumer argumenta que Parsons y los funcionalistas en general tratan j conducta humana como si fuera el mero producto de factores que “influ en” sobre los seres humanos. Para estos teóricos las acciones son “meras eXPresiones o productos de lo que las personas traen a su interacción o de

condiciones que son previas a tal interacción Como las acciones de la ente quedan exeluld dice Binmer se concibe que los sistemas sociales

peran “automátfcamenW sin ninguna referencia a los sereshwnanos sea des. En otras palabras, la tradición parsoniana ignora el significado como tó pico de la sociología.

Como Homans, pues, y como toda la tradición individualista de la teo 1a contemporánea, Bhimer se opone a Parsoas por razones muy distintas - de las que emplean los teoricos del conflicto Ustedes recordaran que gumentaba que inprenskón orden. Blumer argumenta que Parsons no es suficiente mente Individualista y voluntarista. Es verdad, como sugerí en mis anterio res comentarios sobre Mead, que Parsons tenía problemas para conceptua ilzar el elemento abierto del orden de manera empírica. Si nos interesa la contingencia, hay que desarrollar la comprensión concreta y detallada del proceso de Interpretación de que habla Blumer. Sin embargo, no resulta creíble qud Parsons considerase que los factores influían sobre las personas desde fuer mucho menos que sostuviera que los sistemas funcionan sin 1 referencia a la gente y que el significado no era un problema de su sociolo gía. Los sustitutos negativos se crean para justificar posiciones positivas particulares. Son armas de la interminable guerra teórica.

Si la caricatura de Blumer no nos dice mucho acerca de la teoría de Parsons, quizá nos diga mucho acerca de la teoría de Blumer. Se puede in terpretar que los factores sociales simplemente influyen exteriormente sobre los seres humanos si se pinta a tales seres humanos de modo asoclal y acultural, es decir, como separados de la sociedad en la cual viven. Se pue de creer que los sistemas operan por encima de las personas reales si se considera que las personalidades de las personas reales se desarrollan al margen de su experiencia en la sociedad. Se puede sostener que la sociolo gía funcionalista no se interesa en el significado sólo si se afirma que el sig nificado emerge de decisiones y sentimientos totalmente personales. Para Comprender la caricatura de Blumer hay que examinar la teoría que él de seaba Justificar.

¿Ou e ac en Blurn es instrumentsi, co de Hornans sino todo lo contrario. -r se Interesa en la comunica’ no en el interc o. Insiste en que las personas insertan la interpre 2 Blumer, The Methodological Position of Symbolic lnteractionism, en Blumer,

Syrnboj Ineractiorusrn Perspectwe and Method (Englewood Cliffs, Nueva Jersey:

PrenticeHall 1969), pág. 10.

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t entre el estimulo y la respuesta, y tal Interpretación se corres con la “discriminación” que Homans señalaba pero a menudo ignc Aunque este reconocimiento de la Interpretación es por cierto un cien favorable para la teoría de Blumer, hay ciertas desventajas en esta ms cia. En primer lugar, es la otra cara de una tendencia normativa e idea Así como Homans enfatiza el Intercambio a expensas de la discrimlnac Blumer enfatiza la Interpretación a expensas del Intercambio. EsÇe ide ftopuede alcanzar extremos núy poco realistas. Blumer sugiere: raleza de un objeto consiste en el significado que tiene para la r quien es un objeto’ (pág. 10). Equiparar la naturaleza con el slgnii un serio error.

La otra desventaja de la teoría Interpretativa de la acción que pro Bhutmer se relaciona con el hecho de que él la enlaza resueltamente r experiencia En términos de Mead podemos decir que el error de 1 consiste en someter la actitud y la respuesta al estímulo, y que Blumer consiste en reducir la actitud y el estímulo a la respuesta, Bu retrocede al aspecto Individualista del pragmati y se aparta de PcI Mead; su Insistencia en el antiformallsmo y la experiencia c; - posición individualista opuesta a la fuerza social. Sugiere, por ejemp “la cultura deriva claramente de lo que hacen las personas” (pág. 6). puro Darwin. Peirce y Mead no habrían Ido tan lejos con su método pra tista. En verdad, habrían argumentado que lo que hacen las personas va en gran medida de la cultura. Pero Blumer quiere enlazar la inte— ción con la Interacción individual y concreta. Insiste en que “el r deriva o surge de la interaccion social que tenemos con r s er tes” (pág 2) El gesto determina la actitud no viceversa ¡ signiflcac una cosa surge de los modos en que otras personas actúan ante la pen respecto de la cosaj (pág. 4). Blumer Invierte el Individualismo de la U del intercambio. Tanto él como Homans se concentran exclusivamente Individuo en su ámbito Interactivo. Sin embargo, al contrario del tr de Homans, el de Blumer es ante todo alguien que discrimina. i i humano enírenta un mund6 que debe Interpretar para actuar, no un ái al cual responde ... Tiene que construir y guiar su acclóçi en vez de ilmi a liberarla en respuesta a factores que influyen sobre elj (pag 15)

El Interaccionismo simbólico, pues, da al actor plena soberanJ se parece mucho a la típica ideología norteamericana. El actor es pn un determinante totalmente indeterminado, el misterioso, romántico pontáneo creador de todo en el mundo. Aquí están el granjero Industi Horatio Algier y Thoreau en Waiden, todos en uno: “El actor selecclona, fica, suspende, reagrupa y transforma los significados a la luz de la ción en que se encuentra y el rumbo de su acción” (pág. 5). La formu de Mead remitiria al actor a los sistemas simbolicos En cambio el esti de Siurner es la “autolndicaclón Para hallar el significado en una ción, el actor se remite a si mismo, A través de la autoindicación, sosi Blumer,tei humano constituye un objeto, le da un significado y usa el S ficado como base para dirigir sus acciones (pág. 14). Esto atribuye al un poder Increíble, casi omnisciente. Tiene control absoluto. Puede es

cofl plena presencia de ánimo, entre una increíble gama de cosas conscien tes, inconscientes y simbólicas.

La acción de un ser humano consiste en tener en cuenta diversas co sas en las cuales repara y forjar una línea de conducta basada en su interpretación de ellas. Las cosas que tiene en cuenta abarcan asuntos tales como sus deseos y necesidades, sus objetivos, y los medios dis ponibles para alcanzarlos, las acciones y las posibles acciones de otros, su Imagen de sí mismo y el resultado probable de una línea de acción dada (pág. 15).

Mead concedía que a del gesto significa que la respuesta implica una Inhibición temporaria, lo cual da a los actores fracciones de se gundo para examinar las posibilidad general, sin embargo, insistía en que tal lucidez acontece dentro de los parámetros de actitudes culturalmen te determinadas. Para Blumer ocurre exactamente lo contrario. La respues ta lúcida del individuo en cuanto individuo es lo que determina la actitud que adoptará. Vale la pena citar extensamente esta declaración de Blumer:

La autoindicación es un proceso comunicativo móvil en el cual el mdi viduo repara en cosas, fas evalúa, les otorga un significado y decide actuar sobre la base del significado ... Las presiones ambientales, los estímulos externos, los impulsos orgánicos, los deseos, las actitudes, las Ideas y cosas similares no abarcan ni explican el proceso de au toindicaclón. El proceso de autoindicación se yergue contra ellos por que el individuo se señala a si mismo e interpreta la apariencia o ex presión de tales cosas, reparando en una exigencia social dada que se le plantea, reconociendo una orden, observando que tiene hambre, ad virtiendo que desea comprar algo, sabiendo que tiene un sentimiento dado, conclente de que le disgusta comer con alguien que desprecia, o conclente de que está pensando en hacer una cosa determinada. Al In dicarse tales cosas a sí mismo, se yergue contra ellas y puede actuar contra ellas, aceptándolas, rechazándolas o transformándolas de acuerdo con su definición e Interpretación de ellas (págs. 81 -82).

Este individualismo normativo define la posición teórica general de Blumer, la posición que algunos consideran, como señala el editor en la Contratapa de los ensayos compilados de Blumer, como “la más autorizada formulación del interaccionismo simbólico”. Podemos cuestionar esta teoría de varias maneras. Parece presentar, por ejemplo, problemas empíricos in mediatos. En el enfoque del significado como autoindicación, vemos el inte r pragmatista y puritano en la practicidad y el uso. La interpretación está Subordinada al propósito y a la necesidad de actuar confiadamente en este

Blumer, “Soclety as Symbolic Interactionism”, Symbolic Interactiordsm (págs. 78-79), págs. 81-82.

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mundo. Como dice Blumer, “la Interpretación es un proceso formativo cual se usan y revisan significados como instrumentos para guía y f ción de la acción”. Con esto sostiene que toda Interpretación es verlj una y otra vez en el mundo de la experiencia práctica, y desech - congenia. ¿Pero puede un actor comparar una actitud que ha toma una realidad que está despojada ¿e toda disposición subjetiva? ¿Es percibir objetos singulares sin ningún contexto generalizado? r’ que sI, de modo que para él es posible comprender el significado - mirar el ámbito interaccional local “Los conjuntos de significados que cen a los participantes a actuar coFno actúan tienen su propio ámbito e proceso localizado de interacción soc (págs. 19-20). Se trata de la perspectiva presentista que cuestioné en Homans. Nos pide que concil a un actor sin memoria decisiva de los acontecimientos pasados, un que — cuando menos— nunca ha pasado de actitudes iniciales a cree generalizadas. Me resulta muy improbable como descripción de los asi humanos.

También podemos abordar la teoría de Blumer desde un punto ta ideológico. ¿Puede semejante visión de la contingencia y el autó hacer justicia a la alienación y la coerción que parecen ser tan Inman al mundo moderno? La teoría individualista no Implica lógicamente ur mismo ciego sobre el destino del individuo en el mundo moderno, p menudo lleva a tal optimismo en la práctica. No hay mejor ejemplo de t ladón que el articulo de Blumer “La teoría sociológica en las reb dustriales”, publicado en 194 Este artículo ilustra cómo Blumer real e política de la sociedad de posguerra según las caracteil abiertas, individualistas y antiestructurales de la teoría interacclot Elogia “el carácter dinámico de la vida moderna” en general; más espec mente, sugiere que “vivimos en una sociedad dinámica, democ petitiva”. El problema de las teorías existentes acerca de las relacion dustriales, sostiene, es precisamente que “el pensamiento sociológico ha forjado a partir de consideraciones empíricas”.

Blumer comienza criticando el enfoque que toma las relaciones 1 triales como “datos culturales”, como “prácticas organizadas y rutinas suetudinarlas”. Sostiene que esta teoría no va al meollo de la cuestión, [ las relaciones industriales no son rutinas culturalmente ordenadas siz son “intrínsecamente tensas, móviles e Inestables”. Blumer también o el enfoque que ve las relaciones industriales como relaciones estrat1 Escribe que esta premisa “no tiene para mí mayor sentido” y confiesa “no puedo ver cómo estas relaciones de status local ocasionan, rigen g. can las móviles relaciones industriales” de hoy. Por último, cuestic punto de vista que Intenta situar las relaciones entre el obrero y la, - en una perspectiva histórica enfatizando las tendencias de largo plai

“Methodologlcal Position”, pág. 5.

Blumer, “Sociological Theory in Industrial RcIat1ons American Jourrt Soc(ology (1947), 12:277-778.

I ollo social. Aunque reconoce que existen tales restricciones, sugiere su efecto sobre la acción es muy limitado. En vez de predecir conflictos

, la base de tendencias de largo plazo, uno debe examinar la “constante de bandos opuestos” y la adaptación mutua que ello requiere. Las ac s industriales no están determinadas por tendencias de largo plazo.

acontecim en cambio, se forjan a partir de “Incontables y varia discusiones, de evaluaciones de situaciones complejas, de cálculos

erca de la oportunidad de la acción, de las amenazas y oportunidades jndadaS por el juego de los acontecimientos”.

cuando Blumer define su propio enfoque de las relaciones industria no nos sorprende que apenas vea estructuras de control. Aunque redo e los obvios factores colectivos que “inician” el conflicto er obrero y )resa, insiste en que ninguno de estos factores lo determlna:L”Las nuevas

lades no son ordenadas por la estructura contra la cual se rebelan”t cree que “el rasgo más notable de las relaciones entre obreros y empresa nos en la Industria norteamericana es que las relaciones son dinámicas, udables y camblantesj. Según Blumer, las relaciones laborales constitu “una zona fluida que no está estructurada nl gobernada por una estruc ra”. Para la teoría del conflicto, y aun para Parsons (en los ensayos de su

lo intermedio), las relaciones Industrial -presentan un complejo de der, propiedad y solidaridad que se encuentra en el centro mismo del con eto y la inestabilidad del mundo moderno. Blumer desecha estas cualida o negativas con vagas referencias a “un páti de ajustes de adap “n”. En vez de poder desigual y reglas arraigadas acerca de la asignación Entegración, Blumer encuentra unjyasto y confuso juego que evoluclo el beneficio de reglas fijas y a menudo sin el beneficio de ninguna re 8 Aun Mead consideraba que los juegos eran procesos profundamente ucturados, aunque Insistía en su cualidad recíproca y mutuamente sa ctoria. Pero Blumer lleva la tradicional Ideolog del pragmatismo norte riericano a su punto de ruptura. Luego de una guerra devastadora que re ló diferencias acumuladas de poder y los peligros del conflicto clasista y tico en la sociedad occidental, Blumer pinta un ingenuo cuadrode-liber y autorreailzación en un mundo iic estable.

Pero en este curso me he concentrado más en cuestiones presuposi lonales que en cuestiones empíricas o Ideológicas. Blumer mismo está más teresado en las cuestiones “orientadoras” que en un trabajo específico de ance intermedio. ¿Qué tipos de problemas encontramos pues en el nivel is general de la “lógica teórica” de Blumer, en su modo de conceptualizar acción y el orden social? Ya he mencionado su muy 3lnilateral e idealista prenslón de la acción. Por cierto, la interpretación y la discriminación fl elementos de la acción que nunca se deben ignorar, como ocurre por 1 en las tradiciones instrumentalistas del conflicto y el intercambio.

‘Soclologlcal Theoiy”, págs. 274-275.

“Soclological Theory”, págs. 275, 272 y 275 respectivamente.

‘Soclologlcal Theoiy”, pág. 277.

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I ‘Society as Symbolic Interactionism”, pág. 82. Society”, pág. 87.

Pero tampoco constituyen el único foco para comprender la acc me preguntó un estudiante, aludiendo a la teoría de Mead acerca a como actividad cooperativa y puramente gestual. ¿cómo explica qué despiden a los gerentes? Las condiciones materiales y las mol instrumentales existen, y es erróneo presuponer la acción de un n vuelva imposible estudiarlas.

A estas alturas, sin embargo, me interesan más las presuposj Blumer acerca del orden que acerca de la acción. Creo que sus individualistas acerca de la construcción del orden social - b más decisivos para su intento de elaborar una teor racción individual. Estos obstáculos existen en el nivel del pei mismo. Aunque producen confusiones acerca del mundo empírh producidos por observaciones empíricas teóricamente independi rigor, establecen una lógica general con la cual no puede rorn sis empírico. Como sugerí en mis clases sobre Homans, las teort dualistas enfrentan un dilema inherente, un conjunto de opciones mente insoluble. Por una parte, desean conservar la contingencia a Sin embargo. para elio deben abrazar el azar que implica sem contingente del ordensocial. Si no están del todo satisfechas con k sibilidad que supone ta azar — y pocos teóricos sociales quedan s con ella— procuran int clandestinamente más fuerzas col restrictivas en su trabajo. Pero este modo de introducirlas garani les referencias estén condenadas a un status residual, aci hoc.EJ dividualista es una elección entre la indeterminación de las c duales y el azar de la contingencia pura.

Si leemos la obra de Blumer prestando atención a esta tens:

vemos que lo pone en un brete. Blumer abraza el azar mucho cualquier teórico importante del periodo posparsoniano. 1 en la imprevisibilidad que supone su posición. No se trata nozca la existencia de factores estructurales colectivos. Adrnitei social. Su problema consiste en cómo explicarlo. ¿Cómo entendem do en que llegó a existir? En su ensayo de 1947 sobre las relacioz triales, Blumer dice que los factores estructurales pueden 1 ción, y repite esta sugerencia en ensayos teóricos posteriores. nos adv1er que este factor iniciador no explica cómo ese y se toman en cuenta en la situación que reclama acción” (pág. 16. 1 es mía).

Debemos preguntarnos si J3lumer explica este ‘ y cre respuesta es no. Simplemente afirma que está allí, que hay ua contenta con sugerir el método para estudiarlo. Hay que ceso definitorio”, aconseja a süs colegas. Instruyendo a sus lec manera que expresa aun más claramente la evanescencia de la

— recordemos que Mead enfocaba la actitud de manera estr Blumer escribe que hay que “captar el proceso de interpretaciÓn

los actores construyen sus acciones”. Aquí apunta a la idea de que

modo de explicar sistemáticamente el orden. Es imprevisible y. dada i hay que resignarse a — o contentarse con— describir el en a medida que se despliega. E1 proceso de autoindicación existe por sí

y se lo debe aceptar y estudiar como tal.” No se puede explicar el or , sólo podemos meternos en él y verlo ocurrir.

En esta línea de pensamiento, Blumer abraza, claramente el azar. Pero 5 él queda del todo satisfecho. Aunque no puede permitirse expli el orden en términos colectivistas, quisiera explicarlo de modo menos 1 ¿Cuál es la solución? Blumer debe introducir explicaciones ‘tivas residualmente. De este modo, aunque sugiere dichas explicacio ,,también puede actuar como si no estuvieran allí. Así pasa de un extre al otro del dilema individualista, del azar a la indeterminación. Tal vez 0 se pregunten por qué uso el término indeterminación. Porque el pa- el desempeñado por un concepto que es lógicamente contradictorio con la çte sistemática de una teoría — por ser residual o exterior— nunca es muy . Tiene una cualidad ad hoc, y parece casual, poco elaborado, apresu lo. Por estas razones digo que tiene una relación indefinida o indetermi 5 de la teoría en su conjunto.

Veamos cómo se mete Blumer en esta trampa. Como ya he menciona do, a menudo se siente obligado a reconocer la existencia de estructuras co ectivas. Cuando lo hace, trata de no darles un poder causal. Sugiere que tÇ la acción y que el actor las puede tomar en cuenta de diversas

ras. El problema, desde luego, es que un iniciar la acción es tener un D determinado. Presentar algo que se debe tener en cuenta es restringir ilficativamente al actor, no importa lo que él interprete.

A veces Blumer parece reconocer este problema. Escribe, por ejemplo. que tdesde la perspectiva de la interacción simbólica la organización de una sociedad humana es el marco dentro del cual la acción humana acontece y 5 es el determinante de esa acció ¿Cuál es la diferencia entre un mar co y un determinante? Tal vez con lo segundo Blumer e reitere a la causa lusiva de la acción, pero aunque un marco no sea la causa exclusiva r alguna restricción colectiva. Este problemático distingo ilustra la determinación de Blumer. Reconocer que las fuerzas sociales constituyen fl mareo equivale a sugerirpresupo colectivas. Distinguir esto, en segunda parte de la misma oración, de algo llamado determinante equiva a negar que acaba de presentar una referencia colectiv El resultado es na confusión donde la referencia colectiva queda en un estado indetermi ..1o, Negar los determinañtes colectivos e a abrazar el azar. Negar determinantes colectivos y reconocer marcos colectivos equivale a abra ir la indeterminación. Blumer oscila entre los extremos del dilema indivi ‘uaiista. Continuamente introduce factores que condicionan y restringen opciones individuales, y luego procura modificarlos. Otra formulación tí 183

“Methodological Position, pág. 16, la cursiva es mía. 182

pica en este sentido aparece al comienzo del libro: “La actividad pre tablece y retrata la estructura o la organización”’ (pág. 7). Pero no tener todo al mismo tiempo. “Retratar” la estructura es describir al está; “establecer” la estructura es crear algo que no está.

A veces Blumer manifiesta este dilema de manera más Pensando en la significación del orden colectivo, señala que “la por ponderante de acción social en una sociedad humana, sobre tod( sociedad consolidada, existe en forma de patrones recurrentes d conjunta”.

En la mayoría de las situaciones en que las personas actúan cta otras, tienen de antemano una firme comprensión de cón y de cómo actuarán los demás. Comparten significados co preestablecidos acerca de lo que se espera en la acción de lo pantes. y por ende cada participante puede guiar su propia i mediante tales significados.’

Este es un pasaje revelador, pues Blumer parece reconq crucial Importancia de los significados estructurados, los cuales llamaba normas y valores. Al leer este pasaje recordamos cómo:

prendió Homans al relacionar la discriminación con el valor y la ji tributlva con las pautas comunitarias y la solidaridad social. Cre ese punto sugerí que Homans daba con una mano lo que había qul la otra, y aquí sugeriré algo parecido. Blumer reconoce la lmportí mismas estructuras supraindividuales que ha procurado negar.

¡Pero un pasaje no basta para una argumentación! Al co tura vemos que Blumer se arrepiente. Lenta pero seguramente, cia a los significados estructurados se llena de condiciones y ever adquiere un status residual. Aun en el pasaje que cité antes, L frase “sobre todo en una sociedad consolidada”, dejando así abieri bilidad de que en ciertas sociedades — las no consolidadas— el s no este estructurado. Blumer pronto hace explícitas sus reservas, do en la página siguiente que no es verdad “que toda la extensiói en una sociedad humana, en cualquier sociedad humana, sea s presión de significados preestablecidos”. Ahora pasa a establecr dad entre períodos de significación estructurada y no estructur zonas de conducta no prescrita son sólo tan ... recurrentes ... cofli biertas por las significaciones preestablecidas.” Por último erosio mente la dimensión estructurada, pues advierte: ‘Tenemos que r que aun en el caso de la acción preestablecida y repetitiva cada ini tal acción conjunta se tiene que formar de nuevo.”

Pero si la acción conjunta se forma “de nuevo” en “cada iii

12 “Methodological Position”, pág. 7.

13 “Methodologlcal Position”, pág. 17.

14 “Methodologlcal Position”, pág. 17-18, la cursiva es mía.

¿cómo se la puede considerar preestablecida y repetitiva? Sólo si el esfuerzo contingente está siempre dirigido a la institucionalización de significados preestablecidos. Para anular esta contradicción, Blumer sugiere que la ac ción repetitiva y el significado establecido son determinados sólo si se ignora la interpretación: “Los participantes aún tienen que elaborar sus lineas de acción y hacerlas concordar entre sí a través del doble proceso de designa ción e interpretación” Pero a continuación dice que, en el caso de la acción repetitiva conjunta, este proceso doble se desarrolla en referencia a “signifi cados recurrentes y constantes”. Blumer parece estar muy incómodo. Con cada nueva fraseva de un lado al otro del dilema individualista. No quiere escoger entre el individuo y el grupo. Pero el único modo de evitar la elec ción consiste en abrazar la contingencia como un nivel de análisis empírico, o como un dato presuposicional. Sin embargo, Blumer se valía de su posi ción interaccionista contemporánea precisamente para luchar contra esa posición moderada. Se puede cuestionar a Parsons y la sociología funciona- lista sólo desde la posición radical, no la modificada. No es sorprendente, pues, que Blumer termine el párrafo que he citado reformulando la opción jeórica en términos presuposicionales disyuntivos: “El proceso social de la vida grupal es lo que crea y sostiene las reglas, y no las reglas las que crean y sostienen la vida grupal

Blumer no sólo ha sido el intérprete autorizado de la tradición contem poránea del interacctonismo simbólico, sino que ha ejemplificado sus fuer zas y flaquezas de manera magnificada. Su obra, teórica y polémica al mis mo tiempo, articula audazmente las tensiones involucradas en una posición tan individualista. Pero aunque el dilema individualista ha impedido que el lnteraccionismo presente una satisfactoria teoría general de la sociedad, también ha estimulado muchos trabajos teóricos creativos. Reaccionando contra Parsons y los empiristas, los teóricos antiparsonianos se sintieron atraídos por el individualismo abierto del enfoque de Blumer al tiempo que .sufrían los contratiempos de la inestabifidad que representa.

Como reacción ante esa tensión, se han desarrollado por lo menos Cuatro líneas de trabajo interaccionista. Una sigue un “blumerismo” relati vamente puro, insistiendo en los significados negociados y adhiriendo estre chamente al estudio de interacciones inmediatas. El temprano cuestiona miento de la teoría furicionalista del desvio, por ejemplo, seguía esta senda interaccionista. Howard Becker y otros teóricos de lo que se llamó la tradi ción de las “etiquetas” cuestionaron la idea de que el desvio esté causado Por tensiones estructuradas del sistema social. Becker argumentaba que Ja interacción produce el desvio. Actores relevantes “etiquetan” a la gente Como “desviada” y por lo tanto se la considera como tal. Ninguna fuerza es tructural de largo plazo puede explicar cómo o por qué ocurre esto. Existe Suficiente variación — siempre hay varias subculturas distintas— para que

15 ‘Methodological Position”, pág. 19.

16 Howard S. Becker. Outs(ders: Studies frs the Socklogy of Deviance (Free Press of

Qlencoe: Glencoe, Illinois, 1963).

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abunden las oportunidades para la etiquetación. Los valores tampc particularmente importantes; simplemente presentan ámbitos que lo res Individuales y grupales — etiquetadores y etiquetados— utilizan. este enfoque, más importante que la causa del desvío es la descripel rica de la típica “carrera” del desviado. Ello implica elaborar lo que una “historia natural” de cómo la gente se desvía en vez de elabo explicación del “porque”. Este enfoque Indeterminado del desvío, con fasis en situaciones especificas, ha tenido una Influencia enorme en clología. Como reconoce que a menudo los actores tienen poder desigu convergido también con tendencias de la teoría del conflicto.

Otra tendencia del interaccionismo reconoce, a pesar de tomar 1 goclaclón del orden como tópico Inmediato, la relevancia del conte no para la acción, aunque por fuerza ha dejado relativamente iii esté contexto. La teoría de la “conducta colectiva” es un buen ejempi teoría interaccionista virtualmente Inventó este enfoque del cambio por si sola. El enfoque de la conducta colectiva no Intenta describir bio en términos de las causas estructurales sino de patrones abierto teracción Individual o grupal. Concentrándose en cosas como la fo de opinión y las estrategias de construcción de consenso, estos teór1 tentan desarrollar — así como los teóricos de la etiquetaclón— hlstojl turales del cambio en vez de explicaciones del porqué. Atrlbuyen tanda a los movimientos sociales antes que a las fuerzas sociales. y centran en propiedades emergentes y no en intereses creados. En las:

de un hombre talentoso como Ralph Turner, la teoría de la conducta c va reconoce que existen ámbitos estructurales para los movlmiento les, fuerzas institucionales como las leyes, los tribunales y los sisteni valores. Sin embargo, al no analizar cómo la estructura variable de bito afecta activamente los movimientos sociales, dicha referencia e ral cobra un aire aci hoc que nunca se supera del todo. La i. dad afecta otra Importante tendencia del interaccionismo contemporáiu teoría de los roles. Turner, por ejemplo, enfatlza la “creación de roles” opuesta a lo que considera la más pasiva comprensión funclonali aceptación de roles. Su concepción del elemento activo, coi - - dividualista de la conducta de roles no niega la existencia de obligad rol socialmente estructuradas en cuanto tales. Sin embargo. no ser el origen de dicha estructuración, ni se explica cómo afecta el rol q dlvlduo adopta. Las preocupaciones estructurales están entre parénte cómo resulta más importante que el porqué.

Hay una tercera tendencia del Interaccionismo moderno que ha 1 do de no rechazar el aspecto colectivista del trabajo temprano de Mead. 1 tradición se conoce como la “escuela de Iowa” en oposiclon a la escuell

hlcago (la blumerlana). Mientras que Bluiner enfatizaba el “yo” de Mead a expensas del “mi” estructurado, el fundador de la escuela de Iowa, Manfred parece haber hecho precisamente lo contrario. La “teoría del self’ de Kuhn busca la fuente de la acción en la Identidad individual construida oclalmeflte. Este Interaccionismo intenta elaborar teorías relativamente oxnplejas y deterministas acerca de cómo opera y cómo cobra existencia el f social. Aquí hay una propensión a adoptar un enfoque totalmente es ructural1sta de la interacción individual. Por ejemplo, un teórico reciente de esta tradición, S Stryker, presenta el Interaccionismo como si básica mente fuera una modificación de la teoría de los sistemas sociales. (ocorpora totalmente a su obra conceptos colectivistas como sistema, rol y tatus, y los presenta como si formaran parte de la teoría interaccionista. Esta Inflexión del Interaccionismo presenta una oportunidad para impulsar el individualismo presuposicional hacia el nivel del análisis, pero tengo la impresión de que así se corre el riesgo de perder el aporte original del Inte raccionismo, que está muy relacionado con la contingencia.

Hay una cuarta linea del Interaccionismo. Aquí e reconoce la rele varicia de la dimensión colectiva de la acción social, pero no se renuncia del todo al énfasis en la iniciativa contingente. Se realizan intentos sistemáticos de franquear el abismo individuo/sociedad, y tales Intentos, aunque a me- ñudo precarios y contradictorios, presentan algunas de las más esclarece doras conceptualizaclones de este problema. De todas las reacciones Inte raccionistas ante el dilema individualista, esta tendencia parece la más inte resante y productiva. Gusfleld, por ejemplo, ha trabajado en esta línea des de el comienzo de su carrera, considerando los valores y las estructuras de poder como elementos contingentemente manipulables pero no obstante fle xibles que no se pueden superar del todo. Pero el mayor teórico de esta li nea ha sido Goffman, el más importante “Interaccionista” de la generación más joven que Blumer. Sus brillantes estudios han hecho más que ningún otro para legitimar esta tradición como una línea Importante de la teorlza ción posparsonlana. Sin embargo, nl siquiera Goffman, que ha extendido de

19 Manfred H. Kuhn y Thomas S. McPartland, ‘An Empirical Investigation of Self Attjtudes”, American Soclologlcal Reutew (1954), 19:68-75.

20 Sheldon Stryker, Symbolic Interactlonism (Menlo Park. California: Benjamín

Commings, 1980), págs. 52-54, 57-76.

21 La misma clase de revisionismo se ve en la obra reciente de Howard Becker, que antes brindó un ejemplo decisivo del cuestionamiento individualista del funciona lismo. En Art Worlds (Berkeley y Los Angeles: Unlverslty of California Press, 1984), Becker adopta una perspectiva enfáticamente sistémica de la creación y difusión del arte. Se dedica a las convenciones y estructuras normativas que organizan la Interac Ción, y trata el desvío artístico como una posición marginal más que como un produc tO de la Interacción.

22 Véanse sus dos estudios sobre importantes problemas sociales: Joseph Gusfleid, Symbolic Crssade: Status Po! itics asid the American Temperance Movemerit (Urbana: University of Illinois Press, 1963), y The Culture of Publie Problerns: Driving, brinkirzg, asid the Syrrthollc Order (Chicago: Unlversity of Chicago Press, 1981).

17 Ralph Turner y Lewis Killian, Collective Behavior (Englewood Cliffs, I

Jersey: Prentice-Hall, 1972).

18 Turner, ‘Role-Taking: Process versus Conformity”, en Arnoid M. Rose, c0

Human Behavior asid Social Processes (Boston: Houghton Mifilin, 1962).

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modo fundamental el interaccionismo, escapa del todo a sus problemaa la última parte de esta clase quiero indicar algunos logros y flaquezas d trabajo.

El primer y más influyente libro de Goffman se llama La pre

del self en la vida cotidiana. En su breve prefacio nos cuenta que aunq remite a lo que acontece entre individuos en “los confines de una pla edificio”, no le interesan tales ámbitos de acción. En cambio, le intert.. interacción cara a cara. vida es un escenario donde hay co. Uno “presenta un self’ para “definir una situación” de una manera nos permita ganar algún control sobre las impresiones de los demás. la introducción teórica que sigue a continuación, describe la sociedad c compuesta por individuos totalmente atomizados, individuos que dan la presión de no haberse visto nunca y no habitar el mismo mundo. Aun estos individuos están obligados a interactuar, y por ello procuran de

situación.

La pregunta es cómo. En principio, Goffman sugiere que las pers en interacción pueden confiar en “y los de si os”. Los signos pern que un actor comprenda a una persona que conoce mediante una comi clón entre claves acerca de la conducta y la apariencia con su experk previa de cómo se comportan otras personas. Este actor hipotético taz puede. en principio, confiar en su experiencia pasada de cómo es pro que la gente actúe en ámbitos particulares, o puede razonar, a partir a experiencia, acerca de la índole de la personalidad del “actor típico”. referencias a los signos y a la información cultural estructurada evoc enfoques de Peirce y Mead, y desde luego conectaría la teoría interaccioi de Goffman con elementos relevantes de la obra de Parsons. Emi Goffman declara que tales referencias son insuficientes: “Durante el en que el individuo está en la presencia inmediata de los demás, pu ocurrir pocos acontecimientos [ decir, se pueden emitir pocos signosi brinden directamente a los demás la información definida que neces (pág. 1). No sólo las referencias simbólicas y los signos nunca son cc yentes, sino que Goffman afirma que en realidad ocultan los datos soci más importantes. Los datos cruciales son muy distintos de los patrones turales; tienen que ver con los aspectos singulares y contingentes de L tuación. La “realidad” de la situación, sugiere Goffman, es totalmente in dual. Nadie puede conocer los datos cruciales de la Interacción salvo el 1 viduo mismo.

Silos datos cruciales de la interacción son inaccesibles para los a res, salvo para el actor mismo, ¿cómo se produce la interacción? Las pe nas que no se conocen deben aceptar la información como artículo de f zona Goffman, y a partir de esos datos inferir el resto (pág. 2). Como ac inherentemente singulares y desconocidos, debemos brindar matei

23 Erving Goffman, The Presentatton of Self in Eueryday Life (Nueva 1 Doubieday, 1959). De aqui en adelante, las referencias de página a The Presenta of Self figuran entre paréntesis en el texto.

ro’ Debemos crear, consciente o inconscientemente, impresiones que ru hacer inferencias plausibles acerca de nuestras intenciones e tidad. Estas impresiones serán inevitablemente falsas y desorientadoras que sólo un actor puede conocerse a sí mismo. Goffman subraya este to crucial haciendo una analogía con los actores que están en el escena para crear impresiones, declara, las personas usan técnicas extraídas artiíici0 del drama. Al practicar la “dramaturgia”, procuran “controlar a

mediante la creación de ciertas impresiones. Un actor puede desear le otros piensen bien de él, “o pensar que él piensa bien de ellos, o percibir o siente en realidad acerca de ellos, o no obtener ninguna impresión

Un actor puede desear la armonía con los demás, o quizá desee “de audarlos, deshacerse de ellos, confundirlos, desorientarlos, hostigarlos o ultarlos”. El actor sigue su propio interés, y actúa como un individuo to iniente separado mediante la manipulación de las percepciones ajenas.

Al margen del objetivo particular que el individuo tenga en mente .y de sus motivos para tener este objetivo, será de su interés controlar la conducta de los demás, especialmente el trato con el cual le respon dan. Este control se obtiene influyendo en la definición que los demás llegan a formular, y él puede influir en esta definición expresándose de un modo que dé la impresión que inducirá a los demás a plegarse vo luntariamente a los planes de él (págs. 3-4).

Goffman pinta un cuadro estratégico y maquiavélico de vida social, el cual los individuos utilizan la astucia y la falsa publicidad para hacer ivoluntad. El orden social no se basa en motivos sinceros, no Implica soli bridad nl refleja valores superiores. Por el contrario, con el objeto de crear e “venero de consenso”, tiene que haber la “supresión de sentimientos inti es’. El orden es sostenido por “cada participante que oculta sus propias eesidades detrás de declaraciones que afirman valores a los cuales todos presentes se sienten obligados a respetar de los labios para afuera” “gs. 9-10). Esto ocurre cuando las personas utilizan prácticas “defensivas Protectoras” para “salvaguardar las impresiones” (pág. 14).

Goffman, con esta argumentación, vuelve más vívido y teatral el enfo e individualista de Blumer. Goffman estudió en Chicago, hogar ancestral la teoría social pragmatista, y aunque Blumer se fue mucho antes de que

ara la tradición había sobrevivido. Desde luego, el individualismo de flan difiere mucho del de Blumer por su visión a menudo biliosa de los Vos y su insistencia en la omnipresencia de la manipulación. Esto refle Claros contrastes ideológicos: Goffman estaba elaborando su propio enfo e Cuando el liberalismo optimista declinó a fines de la década de 1950. actores de Goffman, en contraste con los de Blumer, no sólo están mdi nados sino alienados; su self verdadero nunca se puede revelar. Si ac 1 Sobre la base de la fe, es esa “mala fe” que el existencialismo define co TL:t de la insinceridad y el engaño. En vez de una sociedad libre y tivamente satisfactoria, enfrentamos una desesperanza que desiste to lente de la sociedad.

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Esta es una breve evaluación ideológica de la posición d También podemos formular preguntas acerca de su adecuación ¿Es posible concebir esta relación extraordinariamente continí persona y rol como típica de las relaciones sociales? En té Parsons, Goffman describe la personalidad como si estuviera totaj parada del sistema social y la vida cultural. La concepción pers tor acerca de qué significa ser un self no encuentra expresión nat pontánea en su rol social. Parsons diría que se trata de una coi desintegración radical que bien puede conducir al desvío. Aunq rramos estar totalmente de acuerdo con él, bien podemos pregun una sociedad constituida sobre tales fundamentos puede continua tiempo.

Por último, hay problemas presuposicionales en esta yeta eL de Goffman. ¿Puede un sociólogo, y mucho menos un sociólogo ta a los matices y el estilo, aceptar de veras el azar que implica una cc tan individualista del orden social? Antes sugerí que el interaccionl bólico osdila entre el zar y la categoría residual porque siempre t

trarrestar el Individualismo con una referencia colectiva. A medí mos el libro de Goffman hallamos que a lo largo de su teoría ind introduce una concepción colectivista del orden social, en aparien propósíto de desarrollarla. Cuando Goffman estaba en la Univei Chicago. no sólo estudió con los maestros y sucesores de Blumer, un antropólogo social llamado Lloyd Warner. No se podría encontra cendiente más colectivista de la sociología durkheimiana.

Aunque Warner no fue el único maestro de Goffman, por cíe señó algo que él nunca olvidó. Cuando Goffman pasa de su teoría g la acción como actuación dramática a su sustantivo análisis de li y las “técnicas”, surge una teoría muy distinta. Como las actuad interacciones cara a cara, escribe Goffman, todas Involucran “más apariencia Ilsica que el actor presenta ante el público. ¿Inventan. estas máscaras y las usan a su antojo? Por sus comentarios antei rIamos que sí. La asombrosa respuesta de Goffman es que no. Es las máscaras constituyen un “equipo expresivo estándar” (pág. 2 compuestas por la ambientación (“ensamblajes de equipo para apariencia (indicaciones de status social) y modales (presentación 1 Como los modales se alcanzan mediante la ambientación y la apal equipo de signos y el status social desempeñan un papel muy ti Parece que el actor, quiéralo o no, está orientado hacia conjuntos c clones culturales.

En vez de alejarse de este dato, Goffman ahora desea expiot ximo. Escribe que las máscaras subsumen la actuación mdiv control social. Al ser generales, tienden a someter la actuación p tipo colectivo. “Por especializado y único que sea un número, la m cia con ciertas excepciones, tiende a afirmar datos que se puede igualmente de otros números algo distintos” (pág. 26). Goffman s tendencia de diversas ocupaciones a presentar su desempeño cosi moderno, competente y honesto. Lejos del producto único del md

-- dicha máscara es Institucional, el producto, en sus palabras, de ctatiVaS abstractas y estereotipadas” (pág. 27). Recurriendo a un an dlvidualista lenguaje durkheimiano, Goffman escribe que “la máscara se yierte en una ‘representación colectiva’ y en un dato por derecho propio”.

los roles son definidos por las máscaras, no pueden ser producto de j individual. Por el contrario, “cuando un actor adopta un rol so j establecido, encuentra que ya se le ha fijado una máscara particular”.

Trátese de que la adquisición del rol estuviera primariamente motiva da por el deseo de realizar esa tarea dada o por el deseo de mantener la máscara correspondiente, el actor encontrará que tiene que hacer ambas cosas. Más aun, si el individuo adopta una tarea que no sólo es nueva para él sino que no está establecida en la sociedad, o si intenta cambiar la perspectiva existente sobre su tarea, es probable que en cuentre que ya hay varías máscaras afianzadas entre las cuales debe escoger (pág. 27).

Si por un momento ponemos entre paréntesis la insistencia de offman en la autonomía asoclal de la personalidad, resulta fácil ver este iisis como una detallada elaboración interaccionista de la teoría a la que iapariencia se opone: la idea parsoniana de que los roles dirigen la acción

Li a través de normas institucionalizadas y la asignación de dispo !llidades. Goffman mismo sugiere que el carácter abstracto y generalizado las máscaras las convierte en vehículos ideales de socialización, el cual a uno de los principales argumentos de Parsons. A través de las másca , escribe Goffman, la actuación es “moldeada y ad a la compren y las expectativas de la sociedad en la cual presenta” (pág. 35).

Pero Goffman tampoco está satisfecho con esto. Introduciendo el con- pto de “idealización”, comienza a ofrecer una comprensión antiindividua ta de los motivos. Ahora sugiere que los actores tienen un fuerte deseo de )rrnarse a los valores acreditados de una sociedad. Por ende, tienden a Leallzar” sus actuaciones, es decir, “a incorporar y ejemplificar los valores klalmente acreditados de la sociedad” (pág. 35). Dado este motivo ideali or, la actuación tiene a menudo un rasgo ceremonial; se convierte en “re Seflecimiento expresivo y refirmación de los valores morales de la comuni d’ (pág. 35). ¡Goffman, antes un individualista pragmatista, ahora quiere mdelar el orden social según la conducta dogmática ritual! Y dedica las si lentes veinte páginas de su libro a exponer los modos en que se deben Izar tales actuaciones simbólicamente determinadas. “Las actuaciones Lares cotidianas a menudo deben aprobar una rigurosa prueba de apti l Capacidad, propiedad y decoro” (pág. 55). Los actores deben luchar de idadamente para lograr que su conducta ten a coherencia in ema, pues gesto anómalo puede arrojar dudas sobre la “rea idad” de la actuación; deben aparentar que se esfuerzan demasiado o demasiado poco; deben Una impresión de absoluta infalibilidad; deben exhibir sólo el producto de su actuación, no los dificiles ensayos; deben separar al público de 3 de los públicos que presencian sus otros roles sociales. Aquí

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tenemos una impresionante lista de los complejos “requisitos de; que se exigen para cada rol social. Estas son las técnicas esta los actores deben usar si quieren triunfar, en el mundo abierto y te de la opción Individual, al exhibir su compromiso con valores d de eludir sanciones.

Goffman escribe que la realidad es una “cosa frágil”:( Ciertamente ha trascendido a Parsons para explicar qué significa to funcionalista de “doble contingencia”. Significa que a través de clón se piensa en sanciones, se ofrecen recompensas, se proyecta lizaciones y cada matiz de diferencia está sometido a un escrutinio terpretación continuos. Aunque Goffman ha abierto el “nivel más incisivamente que cualquier otro teórico contemporáneo, más colectivista de su obra no hay pruebas de que quiera tomar ra presuposicional que respalde el individualismo.

¿Cómo interpretar, pues, la teoría interaccionista de Goffman parte, su carácter polivalente parece expresar la tensión empírica-) por una sociedad diferenciada y compleja. Hay una brecha inevi:

las necesidades de personalidad y los roles del sistema social, y u miento inherente entre ambos y los valores consensuales que “ mente” benefician a todos. Ante estas brechas, Goffman enfatIzaj el cálculo y la estrategia simbólica que permiten al individuo afrontar las dificiles contingencias de la vida cotidiana. Cuando mos el conjunto de su trabajo, sin embargo, vemos que Goffman va mucho más lejos, que su cuadro de las tensiones empíricas cede ante tensiones teóricas. Ello produce inconciliables descri mundos sociales presupuestos de maneras antitéticas. A mi juic hículos de signos son relevantes o no lo son. Los actores hacen re los objetos sagrados de Durkheim, aunque sea de manera con bien son “malos informantes” que tratan de “sacar partido de ras”. Goffman no puede afirmar ambas cosas a la vez, aun quiere hacerlo y no puede o no quiere decidirse.

Añadiré que el trabajo posterior de Goffman adolece de e clase de brillante ambigüedad. En Conducta en lugares públicos, pb, afirma una y otra vez que está estudiando las normas y reg trolan l interacción en grupos cara a cara. Al mismo tiempo, dI análisis se esfuerza por demostrar que las actitudes que un ind1vI ta ante otros son determinadas por las exigencias situacionales particularmente la distribución espacial y la conducta Íisica de 01 nas. En su trabajo sobre las clínicas este dualismo es aun It Por una parte, Goffman quiere demostrar que las categorías - médicos, ordenanzas y pacientes son producto de sus manipulaeL tingentes en busa de poder y control, por la otra que la naturaleZa

24 Para la sugerencia de Goffman de que los actores hacen tales referen la pág. 70, y para el argumento contradictorio, véase la pág. 62.

25 Erving Goffman, Behautor in Public Places (Nueva York: Free Press,

1 tera está inevitablemente determinada por la estructura de la “institu ciÓfl total” en que deben vivir y trabajar.

Terminaré estas clases sobre el pragmatismo y el interaccionismo citafld0 — fuera de contexto— una célebre advertencia de Max Weber. En 1919. en medio de las conmociones de la Alemania de posguerra, advirtió a

5 alumnos que las revoluciones no son “autobuses que se abordan o abandonan a voluntad”. Si optaban por la revolución, tendrían que convivir para siempre con las consecuencias, fueran buenas o malas. El dilema mdi vidualista no es algo que el teórico Individualista pueda abandonar porque si lo desea. Una vez que abrazamos una tradición teórica, tenemos que mantenerla. Mientras no renunciemos del todo a nuestra lealtad, estarnos obligados a ella nos guste o no. Sus percepciones originales nos benefician, sus flaquezas nos perjudican. En estas clases intenté demostrar que la tra dición interaccionista moderna expone grandes zonas de la vida individual contingente a nuestra inspección sistemática. Sin embargo, sólo lo consigue sometiendo el Interaccionismo a las consecuencias esquizofrénicas del dile ma individualista. Argumenté algo parecido en mis comentarios sobre las teorías del conflicto y del Intercambio. La repetiré varias veces más en las

clases siguientes. -

26 Erving Goffman, Asylurns (Nueva York: Anchor Doubleday, 1961).

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