Jeffrey C. Alexander las teorias sociologicas desde la segunda guerra mundial


-La teoría del intercambio (1): Los conceptos de George Homans



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10.-La teoría del intercambio (1): Los conceptos de George Homans


La ruptura entre la teoría del conflicto y el funcionalismo de Parsons indica que los cambios teóricos tienen causas no sólo cientfficas sino socia les. La creciente decepción con el desempeño de las sociedades occidentales después de la Segunda Guerra Mundial brindó motivos ideológicos para el disenso propio de la teoría del conflicto, y el desacuerdo presuposicional con la inclinación multidimensional, a veces normativa, de Parsons, brindó la justfficación teórica para un cuestionamiento intelectual. Desde luego, los contrastantes “hallazgos” empíricos también desempeñaron un papel, aun que tiendo a ver estos hallazgos más como producto de virajes ideológicos y presuposiciOnales que como factores independientes. A fin de cuentas. Parsons estaba expuesto al mismo ámbito empírico, y llegó a descripciones empíricas muy distintas. Detrás de esos factores inmediatos estaban las tradiciones teóricas que la teoría estructural-funcionalista de Parsons había 1 negado. tradiciones que por su carácter clásico podían ser recursos crucia les de legitimación para la construcción de teorías antiparsonianas. En el caso de Rex, las tradiciones significativas fueron el marxismo y una forma Instrumentalizada de la teoría weberíana.

Poco después que la teoría del conflicto cuestionó la hegemonía de Parsons, surgió otro movimiento crítico igualmente emprendedor que enfa tizó el intercambio racional. La “teoría del intercambio”, al principio obra de un solo hombre. George Homans, y el libro que él publicó en 1961. Conducta social: sus formas elementales,’ pronto se transformó en un mo Vimie difundido en todas las ciencias sociales. No sólo conquistó adhe rentes sino revisores influyentes — estudiaremos a algunos durante este Curso— y afectó profundamente el trabajo sociológico en casi todos los Campos empíricos. Una razón de este éxito, a mi entender, es que la teoría del intercambio se parece mucho a la perspectiva del sentido común acer ca de la vida cotidiana en la sociedad occidental. Pero también hay otros factores, y hoy nos ocuparemos de estas cuestiones intelectuales y socioló gicas,

Cuando Homans presentó la teoría del intercambio en un artículo del

H 1 George Caspar Homans, Social Behai Its Fiemerttary Forms (Nueva York:

COurt, Brace, aral World 1961).

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American Journal of Soclology, en 1958,2 lo hizo en el contexto de un ro especial dedicado a uno de los decanos de la sociología clásica, Slminel. Aunque Homans invocaba el patrocinio de Simmel, y aur inspiraba mucho en la más contemporánea tradición de la psicolo ductista de Skinner, la tradición que Homans realmente reclamaba sociología posparsoniana era la economía clásica. La teoría económica ca nació en el siglo diecisiete en la obra de John Locke y fue formaliza el trabajo de filósofos morales escoceses, especialmente Adam Smith, formuló la famosa idea del laissezfaire. Alcanzó una cumbre en la

los utilitaristas del siglo diecinueve, Bentham, Ricardo y Mill.

Ustedes recordarán que en mis charlas introductorias hablé del crítico desempeñado por la economía clásica en la teorlzación raciona individualista del siglo diecinueve. La teoría describía la vida social e intercambio de mercancías más o menos iguales entre individuos má nos racionales. El surgimiento de esta modalidad analítica, pues, e chamente ligado a los desarrollos progresistas de la historía cultural de Occidente. Encaraba las instituciones como construidas sobre los j ses conscientes de individuos inherentemente racionales. No sólo la mía sino la política se puede ver bajo esta luz, pues en el corazón de 1 ría económica clásica se encuentra la noción de contrato. Así como económica se concibe como basada en contratos entre individuos, política se ve como un gran contrato entre los ciudadanos y el gól Esta teoría del contrato político constituyó una de las mayores jusi nes intelectuales para el desarrollo de las sociedades democr Argumentaba que, como la sociedad está compuesta por individuos 11 no constreñidos, las formas políticas vigentes deben respetar esta

“natural’.

Pero la teoría económica clásica no era simplemente una filosol formulación de presuposiciones generales acerca de la acción y el Era también una teoría empírica explicativa, muy específica. r -

mer cuerpo de teoría científica social que se podía articular matei mente, desarrollando ecuaciones que predecían cosas como los prec valor, la ganancia y los costes. Esta especificidad le permitió surtir ui efecto práctico, y ejercer gran Influencia en los éxitos y fracasos de 1 nomías capitalistas del siglo diecinueve. Detrás de sus proposicione cativas habla un importante modelo de las relaciones de intereses mundo empírico. Según este modelo, los actores eran raUonales, por pero sólo podían actuar como individuos. ¿Cómo se podían coordinar, sus acciones? Esto ocurre, según el modelo clásico, mediante la “mafli sible” del mercado. Los individuos optan de acuerdo con sus propios ses, pero el mercado dispone el contexto de cada decisión de tal mod beneficia el interés de todos. El mercado garantiza que los precios ba:

ejemplo, cuando hay excesiva oferta de bienes. Como un precio má

2 Homans, “Social Behavlor as Exchange”, American Journol of Soclology 1

62:597-606.

yuelve atractiva la compra de un bien, el potencial superávit de ese bien, t,e crearía problemas para el vendedor, pronto queda superado. De este xlo el intercambio individual racional conduce inevitablemente al equlli b y la armonía. El modelo plantea lo que un gran comentarista de esta

dición, Elle Halévy, llamó la identidad natural de los intereses.

pero para muchos participes y observadores de este sistema capítalis temprano, la idea de que hubiera una identidad natural de intereses pa- 1 recia ideológica y absurda. Enfrentados con la inestabilidad y el conflicto del capitalIsmo temprano, criticaron severamente el individualismo de la teoría del intercambio económico. Se opusieron al modelo clásico diciendo que las fuentes del orden social estaban más allá del control individual, que tales fuerzas colectivas habitualmente volvían desiguales a los partícipes del in i tercam y que esta desigualdad explicaba el conflicto y la inestabilidad de la época. Los reformistas utilitaristas como Bentham arguyeron que un fuerte Estado inglés tenía que redistribuir el poder para que se pudiera for mar una “identidad artificial de intereses” (de nuevo el término de Halévy) entre grupos económica y polIticamente antagónicos. Marx, aunque más ra dical, estaba de acuerdo con el ataque de Bentham contra el teorema de la identidad natural de la economía clásica. La diferencia era que para él tal identidad artificial de intereses sólo podía aícanzarse mediante la revolución socialista.

Estimulados por preocupaciones políticas e ideológicas, pues, estos criticos de la teoría económica clásica del intercambio plantearon profundos problemas teóricos (en mis términos: presuposicionales). Sin embargo. se ñalemos que aunque criticaban la concepción predominante del orden por excesivamente Individualista, no cuestionaban su percepción de la acción.

Tanto Bentham como Marx entendían que las personas se comportaban de manera racional y eficiente. Las restricciones culturales, buenas o malas,

no constituían para ellos fuentes de inestabilidad, ni podían transformarse en fundamento para renovar la cooperación. De hecho, tanto los utifitaristas reformistas como los socialistas marxistas asociaban la influencia de las normas y los ideales con las fuerzas conservadoras a que ellos se oponían.

J Para el utjfltarj se asociaban con las costumbres y honores de la aristo J Cracla y las supersticiones de la Iglesia; para los marxistas, implicaban los

falsos ideales liberales de la burguesía. En otras palabras, los factores nor mat Implicaban acción irracional y antirracional, no meramente no ra cional. Cerraban el paso a la igualdad que estos críticos del intercambio

lQlSSez deseaban crear.

Si en este desafio decimonónico a la economía clásica ustedes ven el bosquejo de la “teoría del conflicto”, tienen razones para ello. Bentham y Manc echaron los cimientos de la obra de Rex, quien partió de estas tradi-, Clones para equiparar la desigualdad material con el conflicto, y la reforma CO cambios en las condiciones externas. Más aun, así como las bien inten

Véase Halévy, 71w Growth of Phüosophic Radicoltsm (1901-1904; Nueva York:

CIley 1972).

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donadas teorías de Marx a menudo llevaron a la Imposición coercitlv igualdad desde arriba”, también la teoría del conflicto terminó, comt visto, respaldando una comprensión coercitiva de la naturaleza del social.

¿Dónde queda pues Homans, el hombre que revivió la teori nómica clásica a fines del siglo veinte? Entiendo que al revivir la tec intercambio Homans procuraba invertir este proceso histórico. A p sus elegantes y a menudo penetrantes conceptos, el trabajo de Hon, debe ver como un esfuerzo para hacer retroceder el reloj, teórica e camente. Me explayaré un poco sobre esto partiendo de las afirmacioi propio Homans.

14 teoría de Homans, a pesar de su bi positivista de ‘eaeiófl constituye todavía una forma de autorre11ejo Como Parsc Homans reaccionaba ante lo que él veía como la crisis de la socieda dental. Homans tuvo su formación, como Parsons, en los años Depresión de la década de 1930. La madurez y popularización de del intercambio coincidieron con el derrumbe del consenso de pos fines de la década de 1950 y principios de la de 1960. Antes suger renovación del pesimismo ideológico de este período significó una con el optimismo de la fe liberal de Parsons. Sólo ahora, cuando yo] Homans, es claro que la alternativa ante esta fe optimista no tenía c necesariamente de la izquierda. Homans es un hombre de la derechi americana. Presentó un cuestionamiento conservador de una compi liberal y reformista del sistema social de nuestra época.

Mt i de ue existe eMre ¡osi { Cree que pocos Imped

nos obstaculizan el camino de la igualdad y la cooperación, y que r cesaría una complicada teoría de la motivación humana para explk actúan los hombres para lograr esto. El sentido común prevalecer las percepciones y aun los intereses de grupos insatisfechos. El d de la teoría del intercambio implicaba pues motivos ideológicos y un dato claramente reconocido en un notablé pasaje autóbió aparece en la introducción que Homans redactó para la compilaciór ensayos. Homans comienza sus evocaciones estableciendo un lazo experiencia de la Depresión y su busca de una teoría sociológica más viable.

Alguien ha dicho que buena parte de la sociología moderna cc un esfuerzo para responder a los argumentos de los revoluci Siendo un republicano de Boston que no había rechazado a vamente acaudalada familia, durante la década de 1930 blanco de un ataque personal, sobre todo por parte de los mar

Homans pasa a describir su encuentro con Pareto, un teóriCC oponía a la economía marxista aunque convenía con Marx en que 1o ses determinaban la acción.

Estaba dispuesto a creer en Pareto porque me brindaba una defensa. La suya era una respuesta a Marx porque era una amplificación de Marx. Marx había enseñado que las teorías económicas y políticas de la burguesía — yo era sin duda un burgués— eran racionalizaciones de su5 intereses. Pareto amplificó a Marx demostrando que esto ocurría con la mayoría de las teorías de la conduct humana. ... Al menos el proletariado no tenía másJ intelec para exigir mi dine ro o mi vida —y al parecer exigía ambas cosas, y para colmo mis lÍber tades— que la que yo tenía para defenderme. La justificación emocio nal era otra cosa ... Si tan sólo pudiéramos reunirnos como hombres

honestos — o como “radonalizadores” honestos— podríamos dividir el , botín s 1ear. Los dislates intelectuales que decían los presuntosli deres dei pro’etarIado eran los que causaban tensiones e impedían

una concertaclón.

En esta afirmación directa vemos que la renovación de la teoría• racio nalista e individualista emprendida por Homans brindaba sImultáneam una compi:er y una soluc elaib delajpoca, y una de fensa contra ella. Brindaba una comprensión porque reconocía con franque- “ za el choque de intereses que estaban en Juego en ¡a guerra de clases. Tal reconocimíeiilo se hacer con la conciencia limpia, p los supuestos de la teoría del intercambio sostenían que ninguna parte de ina clón es más racional o más poderosa otra. Aquí radica la defensa de Homans, pues esta teoríá ño puede atribuir a ninguna de ambas partes el acceso a una razón” más elevada ni legítima; tales asertos se pueden deni grar como irracionales, como racionalizaciones emocionales del interés Como escribió Homans en su presentación sistemática de la teoría del inter cambio: “Sabemos que algunos de los que obtienen más ganan son al truistas”. ¿Qué solución ofrece, pues, semeJante; del intercambie?. Como sus supuestos individualistas no reconocen difertncias fundamenta les de poder, se dice que las partes enfrentadas en el conflicto se pueden flIr co f 1 Los homl honestos admiten sin rode W están motivados por la ÓdIcia, y la armonía se restaura una vez que se I los despojos.

La ideoio de la teoría del intercambio de Homans, pues, se aparta slicame de la visión liberal y esencialmente humanista de Parsons. No reconoce la posibilidad de que una razón más elevada o un bien último Se pueda realizar en la vida social, que los actores puedan trascender sus propios intereses por el bienestar más general, que la sociedad pueda instí dCiOnalizar la Justicia colectiva. Desde la perspectiva de la teoría del inter cambio de Flomans, la idea de una comunidad fraternal es una ilusión. El amOdelo es la cooperación, no la comunidad, algo que se puede alcanzar a

George C. Homans, Serttiments aral AcUv (Nueva York: Free Press, 1962), Pag,

George C. Homans, Soc(al Behcwior, pág. 79.

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través de individuos que actúan según el principio “Rasco tu espaldí cas la mía”. Ante la explotación y el poder sin freno que a menudo h timado los sistemas inspirados en esta ifiosofia, podríamos c Homans como un conservador irresponsable. Pero debemos tener ei

- un detalle: Homans está tenazmente comprometido con la libertad la autonomía de la conciencia individual. Al Introducir su teoría siste

— comenta que si las personas son yanquis — protestantes blancos y ai jones que residen en Nueva Inglaterra— tienen cierto gusto por los la conciencia tan entrañablemente formado como el gusto por las Homans es la qulntaesencia del yanqui, así que aquí habla por cono to directo. Homans, pues, no desea Justificar la eliminación de los humanos, y mucho menos el compromiso con el voluntarismo y la va Individual. Como la mayoría de los teóricos individualistas y racloni [ embargo, parece incapaz de apreciar cuán difícil es realizar tales 1 L..des en el mundo moderno.

Aun así, la tdeolog no es el determinante exclusivo de la teoría

> iógica. La ideología Indlina a un teórico hacia una posición u otra, dirección de la teorización está en última instancia determinada por si Junto de compromisos. Examinemos ahora el proceso de razonamj pecificamente teórico por el cual Homans llega a su reflexión pospari acerca del intercambio.

Ante todo, recordemos que cada teoría cuestionadora del per posguejera tuvo que crear a su propio Parsons. Cada cual tuvo qu branco negativo que justificara su r afirmaciones teóricas. 1 blanco Imaginario no era sólo imaginario. El cuestionador sólo poc éxito si su polémica iba dirigida contra flaquezas genuinas del r de Parsons, cuya resolución fuera bien recibida por miembros signi., de la comunidad sociológica. Para Homans, la construcción de este Imaginario fue algo más que un mero ejercicio académico. Estaba de significados personales El y Parsons habian sido colegas en el mento de Harvard durante muchos años. El habla sido estudia Parsons era un joven profesor en la década de 1930. Parsons siem dió a Homans por poca distancia en su carrera científica.

El “Parsons” de Homans se parece al Parsons de la teoría del Como ambas teorías insisten en que la acción tiene un matiz exc te instrumental, encuentran en Parsons a un teórico exclusiva mativo. Pero el Parsons de Homans también difiere crucialmi Parsons de la teoría del conflicto. Primero, como Homans insiste en ríorídad de las teorías individualistas, debe pintar a Parsons com más antilndividualista. Segundo, como Homans está comprometido forma de teorización científica muy diferente, debe introducir una ( que nunca existió en la teoría del conflicto, la cuestión metodológica do adecuado de explicación.

Aunque las objeciones de Homans al modo de explicación de

6 IbkL,pág.46.

a mi entender, centrales para sus afirmaciones teóricas sustantivas,

resultaron cruciales para posteriores desarrollos de la teoría posparsoniana. Hornans sostenía que la teoría estructural-funcionalista no es verdadera mente científica. Es demasiado general y abstracta, está demasiado intere sada en producir conceptos y definiciones, demasiado focalizada en la for mulación de modelos generales. En consecuencia, sugiere Homans. la teoría funcio no puede ser realmente explicativa. Como hay una gran dis tancia entre este nivel general y los procesos de toda sociedad específica, el __ funcionalismo no puede nombrar la causa precisa de ningún efecto especifi- co. lo expresó Homans en su discurso presidencial ante la Asociación sociológica de los Estados Unidos en 1964, un discurso que se convirtió en

elemento central de los desarrollos posparsonianos: “Entiendo que la socio debe explicar los rasgos reales de las sociedades reales y no sólo loe

tsgos generalizados de una sociedad generalizada’Y Para alcanzar esta de seai)k especificidad, inslst g4eózjco 4ebe4.

.aéj Q


acerca de precisas o acerca de la causa sugerkla de - tos predichos.

k Entiendo que Homane está errado en esta disputa acerca de las expli caciones, aunque no necesariamente errado en su crítica más general de ons. En una charla anterior mencioné que4a teorla de ParsonS tiene uir éeter incómodamente abstracto y que, especialmente en la obra tardla

*tó mucho pasar de loe modelos generales a las proposiciones acerca de edades especificas. Más aun, las proposiciones son centrales para la teorización sociológica, que en definitiva sólo tiene sentido en su “retribu ción empírica” (en contraste, por ejemplo, con la filosofia). Dicho esto, la teo- ría que cree consistir sólo en proposiciones se engaña a sí misma, y en la medida en que Homans ayudó a conducir la sociología por este camino con tribuyó a difundir una ilusión esterilizante. Un cuerpo de proposiciones simples puede dar la impresión de erguirse a solas, pero de hecho sólo pue de surgir de esquemas conceptuales más complejos. Las proposiciones de penden de modelos generales que se ramifican, y siempre se sostienen sobre presuposiciones acerca de la acción y el orden. Es irrelevante que un teórico advierta o no que estos otros niveles informan su trabajo proposicional, o si esos niveles están latentes o explícitos. Aunque Homans insiste en que su teoría es simplemente proposicional, en el siguiente análisis veremos que SUS enunciados, aparentemente simples, comportan un bagaje teórico más Pesado y mucho más general.

De hecho, tales consideraciones generales son las que subyacen al PSISons que construye Homans. Al igual que la teoría del conflicto, la teoría

del intercambio insiste en que la característica principal del funcionalismo es su concentración en las normas, que las normas constituyen los prínci Pales recursos para la definición de los roles sociales, y que los roles consti tUyen el fund de una visión funcionalista de la sociedad. Al contrario

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Hoinans, Bnnging Men Back In , American Soctologtcal Reuicw (1964), 29:813.



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de un teórico del conflicto, en cambio, Homan no objet.a que este 7 mativo elimine el conflicto social. A fin de cuentas, 1Tó está coni]

tido con la identidad natural (es decir, armoniosa) de intereses. Homaj jeta algo muy distinto, algo que está mucho más estrechamente con

con la naturaleza de la teoría que desea proponer. Las normas y rolee’ rta, se refieren sólo al marco colectivo, institucional de la acción, no a ción misma. Para explicar la acción se requiere una teoría de la coi “subinstitucional”. Como los funcionalistas se concentraban en noj roles, insiste Homans, “dieron por sentada la conformidad a las nor En cambio. Homans sugiere que las reglas no pueden definirlo todo mano, que la realidad concreta de la interacción significa que las co tán cambiando siempre. Como escribe en su introducción a Condui ciaL “Se requiere tiempo para formular reglas, y una vez formuladas t a permanecer en los libros por períodos relativamente largos. En c la conducta real de los individuos continúa, cambiando con las camb circunstancias”. Por lo tanto, si la sociología desea dar explicaciones ras, se debe concentrar en estas circunstancias cambiantes. DicJ cunstancias cambiantes, los elementos nuevos o cambiantes de la son los elementos “contingentes”. Como “ninguna regla puede descrlb todo detalle cómo se deberían comportar las personas en cada conti cia la sociología debería describir la conducta y no las reglas. La gía de Homans, en palabras de su discurso presidencial, “vuelve a dr a los hombres” en el juego teórico.

Con la afirmación de que la teoría parsonlana Ignora la eontt d los individuos reales, l4omans abrió una yeta que los teóricos ex rían durante años. Reveló una genuina flaqueza de la teorlzacL Parsons, y por cierto apelaba a un arraigado descontento teórico. ficto entre conducta y normas — en el nombre de la Interacción, la dualidad, la intencionalidad o la inicroso ha sido una de 1 putas centrales de la especialidad desde tiempos de Homans. Sin efl go, también es una disputa que no se puede llevar a cabo sólo en del individuo. Mientras la disputa entre individuo y colectividad rear problema del orden, queda el otro problema presuposicional. el pr de la acción. La conducta “subinstitucional Homans es inevi - - te conducta de un tipo específico, y los hombrLs que él vuelve a Ifltr( son hombres con aptitudes particulares (a mi juicio muy limitada teoría del intercambio no es sólo individualismo, sino individualismo nalista. Los individuos de Homans son personas que economizan, - cambian, actúan en nombre de la eficiencia. Esta Insistencia en ciert de acción queda camuflada por la objeción individualista de Hor normas, pero también es responsable de las características más noti de su trabajo.

8 Homans, Social Behavior, págs. 391-398.

‘ Men Back In”, pág. 814. ° Social Behavior, pág. 3.

El modelo que propone para la conducta subinstituciOflal de- de la economía. Según esta tradic1ón la interacción individual consis

sanciones y recompenSas, y4a respuesta de cada IndMdUO ante el otr

acorde con la “retribución” que cada cual recibe. Lo que hacemos, y

hagamos. depende de la cantidad y calidad de la recompensa que

, Como esto es igualmente cierto de la persona con quien interac-. la interacción equivale simplemente a un intercambio de recom pensas. Cuanto más frecuentemente se recompense una acción, y cuanta 11 valiosa sea la recompensa, con más frecuencia la repetiremos. El valor de una recompensa está determinado por la provisión: ¿cuánto hemos reci bido últimamente y cuánto necesitamos? Nuestra provisión determina si , será valiosa para nosotros, la de nuestro interlocutor determina’ uánt está dispuesto a dar. La cantidad y naturaleza de la recompensa, sin bargo, no son los únicos factores que determinan el provecho de nuestra InteracCiót También está el elemento del costo. Para realizar una acción . / hay que gastar ciertos recursos; más aun, hay que renunciar a otros actos / potencialmente fructíferos. La ganancia es recompensa menos costo. La ac/ clin debe ser mutuamente pro hosa para ser llevada a cabo. Homans lla ma a esto “el secreto a voces del intercambio humano”.” El secreto consiste en dar algo que es más valioso para la otra persona que costoso para noso tros, y encontrar un modo de persuadirla de que nos dé cosas que son más valiosas para nosotros que costosas para ella.

Esta percepción de la conducta como intercambio calibrado conduce a una visión del o social como dependiente de la negociación contlnua / Si no obtenemos la respuesta que esperamos. tratamos de aumentar la re-<, compensa que ofrecemos. Por ejemplos las personas “pueden transformar cada unidad de aprobación que dan a otros en una más cálida clase de aprobación”.’ También podemos tratar de incrementar el valor de cada ‘unidad de recompensa” volviéndola más escasa. Homans cree que el pro vecho continuo a partir de la Interacción requiere un cálculo e Ingenio constantes, pues no ve estructuras extralndividuaies, trátese de normas o condiciones, que tengan un efecto vinculante. Más aun, la actividad conti nua lleva a una continua comparación con otros. ¿Otra persona obtendrá fliás por su actividad destinada a mi de lo que yo obtengo por esta misma actividad destinada a ella? Dados sus bajos costos, ¿recibe más? Este es el problema de la justicia distributiva. HomanS dice que también es vital para cada intercambio, pues determina qué cantidad de recompensa es en ver dad suficiente.

Homans presenta un simple y elegante modelo de la acción y el orden. Examinemos algunos de sus logros antes de explorar los problemas que Plantea.

La te 4 fl cuestiona el funcionalismo tanto en cuanto a la acción como en cuanto aj orden. Como antes sugerí que la posición de

11 Ibld.,pág.62.

12 IblcL,pág.66.

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Parsons en ambas cuestiones tiene aspectos problemáticos, no debea des sorprenderse si digo que hay zonas Importantes donde la teorla tercambio hace aportes relevantes y benéficos. En mis clases sobre del conflicto me explayé sobre el problema de la acción, pues Rex ti cuestionaba este punto, y ya he hablado sobre la ambigüedad de Ç acerca de la acción. Formalmente, Parsons produjo un enfoque multl sional de la acción; sustantivamente, a menudo enfatizó las formas tivas sobre las instrumentales. Su concepción del acto unidad incluy medios y normas, y su análisis del sistema social incluye la asignad integración (en el período intermedio) y AGIL (en el período tard Parsons optó por identificar su temprana teorlzación sobre el acto t como “voluntarista”, y a menudo lo usó para negar perspectivas instri tales de manera abstracta. En su obra tardía, la centralidad de la a ción de recompensas y la aplicación despareja del modelo AGIL de mt bio a menudo quitó imparcialidad a los modelos sistemáticos de Pt

- En ocasiones Parsons presentó a la sociedad como si bastara con un > j, socialización para que se siguieran las normas y se garantIzai elc

ciaL Sir embargo, los aspectos más multidimensionales de su teorL n a una conclusión muy distinta, a saber, que las condiciones ex

los cálculos de eficiencia y el interés propio siempre mediatizan las e r tivas subjetivas. Al subestimar la dimensión cognitiva de la acción y

? timar lo moral y emocional, Parsons quita énfasis a los cálct.d

r medios/fines acerca de la eficiencia que Homans sitúa en el centro

obra.


La crítica presuposicional de Homans también se relaciona coi ‘ den. Parsons abraza obviamente una versión colectivista. Sostiene

teorías individualistas implican elementos aleatori6sy por ello no “resolver” el problema del orden. ¿Significa esto que Parsons creía qu ciología no debería hablar acerca de la acción Individual ni el proces teracción entre individuos? En principio no significa nada de esto. F mismo dedicó buena parte de La estructura de la acción social a det componentes de los actos individuales. Enfatizó que cada acto invohM elemento de “esfuerzo”, una cualidad contingente y temporal que ier libre albedrío. En su período intermedio Parsons esbozó un paradign interacción que denominó “díada”, en la cual el yo y el “otro” se san recompensan recíprocamente dentro del contexto de normas y c establecidas. Como ustedes recordarán, esta díada era crucial para e to parsoniano de explicar cómo la insatisfacción con las normas pue ducir al desvío. Parsons enfatizaba la “doble contingencia” de la intel Podemos hallar varios pasajes donde Parsons enfatlza la significaci respuestas individuales y contingentes y la importancia de la mas de medios instrumentajes. En su análisis de la socialización, por e refiere que el retiro de la recompensa parental induce a los niños a 1 los medios que usan para ganar sus fines: los gritos, los sonidos, las. siones faciales, la modalidad de conducta de búsqueda de placer. U ción de nuevos medios, insiste Parsons, permite que se desarrollen 1 normas en la interacción padres-hijos y sólo entonces se internal

1 comprensiones y se completa la transición hacia diversas fases de la so lszación.’°

Una teoría colectivista, pues, e incluso una teoría funcionalista, puede

econ0( y aun destacar el papel de la actividad individual, contingente. .quí se debe establecer un distingo entre el nivel empírico del análisis y el 5 presuposicional del orden. En estos exámenes de la interacción in gvidual. Parsons se concentró en un proceso empírico particular, un nivel del análisis. Sin embargo, lo hacía dentro de un contexto presuposicional que era resueltamente colectivista, pues enfatizaba que tal acción contin gente se produce en relación con restricciones socialmente estructuradas joterna y externamente). Una cosa es concentrarse en el individuo como fo co del análisis empírico y muy otra es adoptar, como propone Homans, una

individualista en las presuposiciones acerca de las fuentes de la acción pautada en general. Un teórico colectivista puede concentrarse empí ricamente en el nivel de la interacción individual e incluso en el de la perso nalidad. Asimismo, una teoría individualista puede tratar de explicar no al individuo aislado sino a un grupo o una nación. Lo que está en cuestión son los supuestos analíticos más generales que se hacen acerca de tales proce sos empíricos, es decir, cuán relativamente importantes son actitudes aprio risticamente socializadas o estructuras coercitivas comparadas con señales yrespuestas individuales, contingentes, históricamente específicas.

Sin embargo, una vez más, aunque es verdad que la teoría funcionalis tade Parsons puede, en principio, incluir el elemento que Homans transfor mó en blanco de su crítica, también es cierto que la aplicación que hace Parsons de su teoría otorga fundamento al cuestionamiento de Homans(La teoría colectivista no tiene por qué ignorar el nivel individual del análisis, y Parsons no lo hace siempre, pero lo hace habitualment La suya es una teoría de sistemas. Se concentra casi exclusivamente en niveles más am plios que el individuo, en grupos, instituciones, subsistemas, patrones de valor. Para conceptualizar estas grandes unidades, Parsons da por sentado que existe un nivel de interacción individual. Sin embargo, aunque no niega el hecho de la contingencia, entiende que hay una probabilidad de que la acción contingente se conforme a pautas normativas y al equilibrio institu cional de castigos y recompensas. Parsons nunca explica cómo los procesos

*témicos se articulan con las aptitudes e interacciones individuales, nl pa rece interesado en ello. Esto dç boquete empírico en la teoría funciona pues el Individuo y la diada constituyen un nivel crítico de la vida em a. No son más importantes que un grupo, una institución o un sistema, tampoco son menos importantes. Los procesos grandes siempre invo unidades menores, microunidades; si no explicamos el funciona to de as u es más pequeñas no podemos dar cuenta del equilibrio l cambio en los sistemas sociales.

th Vease, por ejemplo, Talcott Parsons, ‘FamiIy Structure and the Socialization of eChild. págs. 35-132, en Parsons y Robert F. Bales, (comps.), F’arnily, &ta and Irtteraction Process (Nueva York: Free Press, 1955).

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del intercambio, pues, brinda un eo paca la naUsta Al concentrarse en la contingencia, Ilumina un nuev

análisis, y su énfasis en la acción racional compensa una peligrosa sión presuposiclonal. Al admitir el intercambio, el vocabulario de 1 funclonalista se puede expandir de manera significativa. Así, míe normas Institucionalizadas brindan pautas para escoger medios a dos, aún se deben escoger medios específicos. Aún se deben aplicar normativas, y dentro del contexto de estas pautas normativas, la ri acerca de la eficiencia de los medios es un importante criterio de el Como las normas son más generales que cualquier caso particu tualmente escogemos entre varios medios legítimos. Un modo de hai elección consiste en poner a prueba una línea de acción para veril costo y recompensa. Compararnos las recompensas que nos depara sas acciones y la ganancia y relativa justicia de cada una.

Pero los “usos de la contingencia” son mucho más profundos,. sabemos qué es un “medio” y qué es una “condición”? En otras ç ¿cómo sabemos qué es posible cambiar y hacer nuestro en nuesti ción material (es decir, un medio) y qué debemos tomar como inalte decir, como condición)? La sola formulación del asunto en estos demuestra el entrelazamiento entre contingencia y cálculo. Mie condiciones de la acción aparecen en los análisis de sistemas como tros inalterables, en la interacción individual se llega en forma cori a esta apariencia. Son los individuos quienes separan, en el curso acción, lo que es inalterable de lo que se puede usar, lo que se debe cer como condición de lo que se puede usar como medio. Lo hacen do el ámbito que los rodea. Deciden, de acuerdo con sus prioridac cursos, qué parte de ese ámbito les costaría demasiado alterar. SI e siado costosa, la consideran fuera de su alcance: una “condición” acto en particular. A través de este mismo proceso de ensayo y erro ‘dividuos se fijan nuevas metas en respuesta a sus cambiantes f ternos. Establecemos nuevas metas según lo que concebimos com en cada contingencia, no sólo según lo que es coherente con metas con normas generales. La eficiencia depende de los otros medios bies para nosotros, de las recompensas que nos ofrecen, de nuestro y de nuestra comparación con lo que está disponible para otros act

Lai:eoría del Intercambio demuestra además que tales co - contingentes acerca de la eficiencia afectan, aun la operación de las. Por ejemplo, en el curso de la interacción dentro de un rol, ¿cómo si las definiciones del rol — las relevantes normas Institucionalizad tán bien repartidas, si la persona con quien actuamos se comporta coherente o en forma contraria a nuestras expectativas de rol? En bemos esto con sólo interpretar su. acción en relación con nuestras Uvas internallzadas. Pero hay algo más. También tenemos en cueri recompensas que nos ofrece son demasiado costosas para nuestra recíproca. ¿Podemos darnos el lujo de cooperar, dados nuestros g provisiones? ¿Podemos costear los medios para responder efectiva los actos de nuestro interlocutor? ¿Entendemos que las recompe

son moralmente apropiadas, respecto de las recompensas que él nos da a la vez? Por último, si decidimos que los actos de nuestro interlocutor 00 a nuestras expectativas, ¿cómo llevamos a cabo las sancio-

0 involucradas en el control social? Comenzamos a retirar nuestras re o Para ello, sin embargo, debemos calibrar cuidadosamente su, icacia para elevar el costo de los actos del otro.

Acabo de insertar el vocabulario conceptual del intercambio en el mar co más amplio del funcionalismo. Sugiero que esta teoría neofuncionalista revisada puede ser preferible al original de Parsons. Por cierto, también es fifereflte de la de Homans. Homans no trataba de “rellenar” la teoría funcio nalista de añadir un nuevo nivel de análisis, ni de Impedir que se Inclinara hacia un lado u otro. Homans procuraba reemplazar el funcionalismo por una teoría que no tuviera en cuenta marcos más amplios ni nada salvo los

Individuales raçiçt Para Hoauans. la acción es simplemente Inter

•bio. y la negociación Individual no es un nivel empírico de análisis sino ja presuposición del orden mismo. La teoría del Intercambio se concentra en tientos contingentes en cuanto opuestos a elementos estructurados y en

jvos cuantitativos y calculables er uez de motivos subjetivos e lnterpre des. Aunque podamos reconocer la más amplia significación de la teoría

de Homans, y los fundamentales correctivos que ofrece para el trabajo de parsons, ello no equivale a una evaluación de la teoría de Homans en cuan to tal. Me dedicaré a ello en la próxima charla.

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