J o s e p h L o r t z



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  • Al finalizar la época de la Reforma, el calvinismo había echado
    raíces en algunas zonas del oeste de Alemania (en el Palatinado, en algunas
    partes de Hesse, entre otras zonas) y, sobre todo, en los Países Bajos. El
    centro teológico del calvinismo lo constituyó aquí la Universidad de
    Leiden. En ella fue donde se desarrolló a principios del siglo XVII la
    disputa
    arminiana (Jacobo Arminio, f 1609) sobre la doctrina de la
    predestinación.

    El humanismo y los suaves tonos de la devotio moderna habían contribuido a crear una mentalidad más libre, una actitud espiritual que podríamos calificar como principio de tolerancia dogmática. Tal actitud de mayor libertad se puede constatar en el caso de Arminio, holandés, que además fue discípulo del antiaristotélico Petrus Rame (o Ramus, f 1572), pero que también tuvo ocasión de escudriñar el espíritu de la filosofía

    aristotélica con el reformador ginebrino Beza. Arminio, igual que Calixto, tuvo el gran propósito y la gran voluntad de destacar lo esencial de la revelación, distinguiendo entre lo necesario y lo menos necesario. Al hacer estas precisiones, Arminio —a pesar de toda su firmeza reformadora— dio siempre buena acogida a la verdad, aun cuando —según él mismo dijo— proviniese de Belarmino.



    Arminio defendió expresamente el concepto de una sola Iglesia. Reconoció la unidad como el valor supremo y la lucha entre hermanos como lo más terrible.

    c) De todas formas, se trató más bien de una actitud de dulzura y
    misericordia, simplemente contraria a la odiosa polémica literaria. Para
    Arminio no existía la intolerancia dogmática. Ni siquiera el símbolo era
    infalible. El evangelio debía ser investigado continuamente. La frase
    «probarlo todo y quedarse con lo mejor» se convirtió para él en un
    principio de relativismo.

    Este principio también se echó de ver en su definición del concepto de teología: la teología no es especulación, sino piedad. En consecuencia, es imposible determinar en qué consiste esa unidad de la Iglesia. Ninguna de las comunidades cristianas es la Iglesia; ninguna de ellas es la madre; todas ellas son hermanas.

    De ahí que Arminio atenuase también el dogma central del calvi­nismo, el de la predestinación. El sínodo de Dordrecht (1618-1619) condenó a los arminianos (en 1619 fue ajusticiado el estadista holandés Oldenbarneveldt, en parte por razones políticas, pero también a consecuencia de las disputas arminianas; Hugo Grotius permaneció en prisión largo tiempo). A pesar de todo, los arminianos consiguieron mantenerse y contribuyeron mucho al aligeramiento del dogmatismo confesional.

    1. También en Francia comenzó, a finales de la época de la Reforma,
      a consolidarse el calvinismo. En 1559, año de la muerte de Enrique II, se
      celebró un sínodo nacional, que promulgó una fórmula confesional
      (Confessio gallicana) y un ordenamiento eclesiástico.

    2. En Alemania, donde el calvinismo adoptó una forma moderada,
      intentó sin éxito llegar a unirse con el protestantismo luterano en contra de
      la Iglesia católica (David Pareo, f 1622; Juan Bergio, f 1658).
      Enorme repercusión histórica tuvo la conversión al calvinismo del príncipe
      elector de Brandenburgo, Juan Segismundo, en 1613.

    3. Pero hay otro hecho que no podemos por menos de destacar. Y es que al rigorismo académico de la ortodoxia, que pese a toda su profesión de luteranismo evidentemente no había sido capaz de satisfacer el espíritu piadoso-profético de Lutero, respondió un movimiento contrario, que precisamente y sobre todo subrayó «lo piadoso». En efecto, hacia fines del siglo XVII, una oleada de «piedad» inundó el protestantismo alemán. Esta

    oleada influyó profundamente y de diferentes maneras en la espiritualidad y en la piedad de la cristianidad evangélica: fue el pietismo. El movimiento pietista arrancó del predicador luterano Felipe Jacobo Spener, que en sus Via Desideria (1675) hizo un llamamiento a la interiorización de la piedad evangélica, a la revitalización de la fe personal, a la dedicación intensiva a la Biblia de los creyentes serios y a un cristianismo edificante y activo.

    Pese a las resistencias iniciales de parte de la ortodoxia, el movimiento pietista se difundió rápidamente por el norte de Alemania y Württemberg. Su centro de irradiación fue la ciudad de Halle (Augusto Armando Francki; exigencia de conversión, penitencia, edificación: ¡justamente lo contrario del metodismo inglés!). Esta ciudad también alcanzó fama por la fecunda actividad caritativa desplegada en ella por la fundación de Francki.

    Del seno del pietismo de Halle, aunque en parte diferenciándose de él, surgió en 1727 la comunidad de hermanos Herrnhuter, creada por el conde Zinzendorf (tras su unión con los hermanos moravos, tuvo lugar la fundación de la unidad fraternal renovada en Herrnhut). De todas formas, pese a su intención originaria (renovación de la piedad cristiana en el seno de la comunión eclesial), aquella comunidad fundadora se convirtió en un grupo eclesial autónomo, cuya influencia llegó hasta Norteamérica.

    4. Inglaterra. Norteamérica. Durante todo el siglo XVII la Iglesia anglicana fue representante principal del Estado inglés. Logró consolidar su posición, tanto combatiendo los intentos de recatolización de algunos monarcas ingleses como defendiéndose contra infinidad de sectas, nacidas en su mayor parte del espíritu rigorista del calvinismo. Hubo a este respecto un hecho de singular relieve. Fue que en tiempos de Cromwell (f 1658), y definitivamente en 1689, bajo el reinado de Guillermo III, estas sectas consiguieron la tolerancia oficial, pero sus miembros siguieron, sin embargo, excluidos de todos los altos cargos del Estado. Por esta razón estas fuerzas cristianas tan activas se vieron obligadas a penetrar en las clases inferiores del pueblo. Y esto acarreó dos consecuencias:



    a) En el seno de estas clases populares fue donde se reclutaron los emigrantes destinados a las colonias americanas. Estas colonias fueron desde el principio un colector de diversas corrientes religiosas en las que se manifestaba, con todas sus notas positivas y negativas, el espíritu del calvinismo (laboriosidad, importancia de la comunidad, constitución democrática, fe y conciencia de elegidos, tendencia al «cant»8). Norteamérica se convirtió de esta manera en un país con gran pluralidad de sectas. Por eso mismo la tolerancia recíproca en materia religiosa se hizo desde el principio imprescindible y necesaria, si bien se limitó a las confesiones protestantes.

    8 Cf. p. 144.

    b) La intensa actividad religiosa desplegada por los diversos grupos, precisamente entre las clases no privilegiadas, impidió en Inglaterra el extrañamiento mutuo entre las clases trabajadoras y el cristianismo, extrañamiento que habría de ser característico del socialismo continental (todavía en la actualidad el partido laborista inglés mantiene una actitud positivamente cristiana).

    Entre los muchos discrepantes e inconformistas de Inglaterra durante el siglo XVII destaca especialmente George Fox (f 1691), fundador de los cuáqueros. Fox hizo suyo el rigorismo ético de los puritanos, pero rechazó todas sus prescripciones dogmáticas, liturgias, etc., así como la doctrina de la predestinación.



    1. Para la evolución de las Iglesias ortodoxas rusas durante esta
      época, cf. § 122.

    2. Intentos de unificación. El siglo XVII fue la época del
      exclusivismo y la polémica confesionales. Pero también es verdad que en él
      se produjeron (al revés que en los dos siglos siguientes) intensos esfuerzos
      de unificación. La amarga experiencia de la escisión confesional en
      Occidente, con sus desastrosas consecuencias (la Guerra de los Treinta
      Años), movió a una serie de importantes personalidades de todas las
      confesiones a buscar posibilidades de reunificación eclesiástica. Hemos
      mencionado ya al luterano Jorge Calixto y al calvinista Arminio, que,
      aunque de manera diferente, trabajaron en este sentido. Hemos de
      mencionar además a los reformados Isaac Casaubon (f 1614), que actuó en
      Ginebra, París y Londres, y Hugo Grotius, arzobispo de Spalat; Marco
      Antonio de Dominis (f 1624), que vivió algún tiempo en Inglaterra y más
      tarde volvió a la Iglesia católica; al escocés John Dury (f 1680) y, a finales
      de siglo, a Leibniz (f 1716); a Gerardo Molano (f 1722), discípulo de
      Calixto y abad evangélico de Loccum, y a Christoph Rojas y Spinola (f
      1695), obispo de Wiener-Neustadt.

    El Diálogo religioso de Thorn, promovido por el rey Wladislao IV en 1645 para restablecer la unidad confesional en Polonia, estuvo motivado por razones políticas y constituyó un fracaso.

    A una con el irenista católico Jorge Cassander (f 1566 en Colonia), los teólogos de la unión intentaron hallar la base para la reunificación retornando a la Iglesia antigua (por ejemplo, al «consensus quinque-saecularis» propuesto por Calixto). Pero, en conjunto, los intentos de reunificación fracasaron, en parte por las circunstancias desfavorables de la época y el endurecimiento de las posiciones confesionales, en parte por la insuficiente base de que se partía, poco acorde con la realidad histórica. El más importante intento de unificación fue el de Leibniz, que, sin embargo, fracasó por exigir la suspensión del Concilio de Trento a favor de los protestantes, cosa que la Iglesia, de la que Bossuet se constituyó en portavoz, no podía aceptar.

    SEGUNDA EPOCA



    HOSTILIDAD A LA REVELACION

    DE LA ILUSTRACION AL MUNDO ACTUAL



    Período primero EL SIGLO XVIII: LA ILUSTRACION

    Visión general

    I. POLÍTICA GENERAL Y POLÍTICA ECLESIASTICA

    1. Está a punto de consumarse la disolución del imperio. La historia de Alemania se ve impulsada por un número desproporcionado de Estados territoriales de extensión media, pequeña y hasta minúscula. Existía tal cantidad de Estados que, a consecuencia de la decisión de los diputados imperiales en 1803, pudieron desaparecer del mapa político de Alemania un total de 112 circunscripciones.

    En un primer momento sigue teniendo gran importancia Austria. La victoria del príncipe Eugenio sobre los turcos (entre 1697 y 1721) robusteció su situación de gran potencia cristiana en Oriente. En cambio, como potencia europea, su situación va cada vez más a la zaga de Francia e Inglaterra y más tarde también de Prusia. La actitud católica rigurosa de los Habsburgo constituye al principio un impedimento para que triunfe la Ilustración en Austria. Pero sus ideas positivas entran en vigor con las reformas promovidas por María Teresa (1740-1780). Hasta su hijo José II (1765-1790) no consiguen triunfar las ideas de la Ilustración (§ 104). A pesar de lo cual, todavía después de su muerte se mantiene en vigor el Edicto de Tolerancia (sobre los protestantes y judíos).



    En Prusia, los Hohenzollern consiguieron la confirmación de su soberanía mediante un tratado con el emperador Leopoldo I. Al mismo tiempo adquieren el título de reyes (Federico III, 1699-1713, se otorgó, a raíz de su coronación en 1701, el nombre de Federico I). Los jesuitas y el obispo Zaluski de Ermland participaron en los esfuerzos de la casa de Brandemburgo por conseguir la dignidad real. La curia pontificia (opuesta a Prusia por la secularización de los territorios en 1525) no reconoció a la monarquía prusiana hasta 1787.

    Federico Guillermo I (1713-1740) puso los cimientos de la gran potencia que Prusia había de ser, a base de ahorro, severidad y cumplimiento del deber. Acogió en sus territorios a los protestantes de Salzburgo, expulsados por su obispo (de acuerdo con la norma «cuius regio eius religio», que en adelante ya no volvió a aplicarse). Su hijo Federico II (1740-1786) no tocó para nada la religión católica con motivo de la anexión de Silesia, y edificó para los súbditos católicos la iglesia de Santa Eduviges en Berlín.

    1. Francia: Durante el reinado de Luis XV (1715-1774) se consolida
      la unión entre el alto clero y la Corona. En conjunto, esta actitud no tenía
      una orientación propiamente eclesiástica ni mucho menos procedía de
      raíces religiosas. El objetivo primordial era, como ya vimos en el caso de
      Richelieu, el interés del Estado (monarquía absoluta). Por ello la aceptación
      de la Ilustración se vio favorecida por capas cada vez más amplias de la
      sociedad. La supresión de los jesuitas se produjo ya en 1764. Luis
      XVI,
      monarca personalmente digno de elogio y piadoso, fue incapaz de contener
      una evolución que corría hacia la transformación radical de la vida entera.
      La Revolución francesa (§ 106) fue el punto final. La negativa del rey a
      aprobar la constitución civil del clero contribuyó a su ruina, buena prueba
      de la unión que aún, a pesar de todo, se mantenía entre la monarquía y la
      Iglesia.

    2. Inglaterra: A partir de 1714 reina la casa de Hannover, que debe el
      trono a su confesión de fe protestante. Coincidiendo con la influencia
      política de Inglaterra, va adquiriendo también validez universal la filosofía
      inglesa (el deísmo; cf. § 102). Fue muy importante la aparición de John
      Wesley (1703-1791): el metodismo (§ 120, III).

    3. El metodismo, al igual que otras sectas de los siglos XVII y XVIII,
      ejerce una influencia muy notable en las colonias de Norteamérica. En
      ellas tiene lugar la Guerra de la Independencia (1776-1783), en cuya
      Declaración de Independencia se proclama el principio de la libertad e
      igualdad de todos los hombres y se eleva a rango de ley la legitimidad de
      todas las confesiones y denominaciones religiosas, tal y como había sido
      formulado expresamente en el «Bill of Rights» de Virginia. La primera
      enmienda a la Constitución de los Estados Unidos de la América del Norte
      (1791) prescribe la más absoluta neutralidad religiosa del Estado. Se lleva a
      cabo la
      separación de Iglesia y Estado y se ponen las bases de la misma.

    4. España: A partir de 1713 está bajo el reinado de los Borbones. Por
      ello, a lo largo de todo el siglo, mantiene una íntima alianza con Francia.
      La Ilustración va adquiriendo una influencia cada vez más poderosa, a tal
      extremo de que en 1767 tiene ya lugar la supresión de la Compañía de
      Jesús.

    6. Portugal está en estrecha relación con Inglaterra. Obtiene
    importantes éxitos en política exterior, sobre todo bajo el ministro

    Pombal (1756-1777). En contra de la influencia de este ministro, de sus planes de reforma y de las ideas de la Ilustración que difundía, se levantó una conjuración (atentado contra el rey en 1758). Fracasada ésta, Pombal se lanzó al ataque contra la Iglesia, el papa y, sobre todo, contra los jesuitas (a quienes se culpaba del atentado). Los jesuitas fueron expulsados del país (1759), después de ser suprimidas las reducciones del Paraguay, que habían pasado a la Corona portuguesa en 1750. El levantamiento de los indios contra los portugueses en 1758 proporcionó a la Corona el motivo perfecto para proceder a la expulsión de los jesuitas. El país quedó a merced de la explotación de colonos y funcionarios. En 1759 fue expulsado de Portugal el nuncio pontificio.

    1. Rusia alcanza una influencia cada vez mayor en la política
      europea. Las ideas de Occidente penetran —la Ilustración especialmente—
      sobre todo durante los reinados de Isabel I (1741-1762) y Catalina II (1762-
      1796). Rusia conquista territorios de los países balcánicos, antes bajo
      dominio turco (1768-1774; 1787-1792) y llega a ser potencia hegemónica
      en el ámbito de las Iglesias ortodoxas, convirtiéndose en su principal
      baluarte.

    2. Polonia: La importancia de los no-católicos en la vida pública va
      retrocediendo debido también a la influencia de los jesuitas en el gobierno.
      En 1666 se excluye del Senado al último representante de los protestantes
      (en el Sejm estuvieron representados hasta 1768). En 1724 tuvo lugar el
      «Juicio de sangre de Thorn»: unos protestantes fueron ajusticiados por
      excesos cometidos contra el colegio de los jesuitas y las iglesias
      evangélicas fueron expropiadas. El suceso provocó intervenciones
      diplomáticas de Inglaterra y Prusia. Los protestantes recuperaron sus
      derechos en virtud de un tratado firmado en 1768 entre la zarina (por la
      Iglesia greco-ortodoxa), Prusia, Dinamarca y Suecia (por los protestantes) y
      Polonia. Durante el último cuarto del siglo desaparece como Estado con
      motivo de tres repartos entre Prusia, Austria y Rusia (1772, 1793, 1795).

    3. Suecia va perdiendo en el transcurso de este siglo su rango de gran
      potencia, obtenido en la Guerra de los Treinta Años. La causa principal es
      la desafortunada política del superdotado Carlos XII (1697-1718), que
      perdió los Estados bálticos en provecho de Rusia. La influencia de la
      nobleza crece y la monarquía se debilita. La Ilustración alcanza en Suecia
      una influencia escasa. Las ciencias naturales tienen representantes que
      abren nuevos caminos (Linneo, Celsio).

    10. Turquía reconoce a Francia como protectora de los cristianos de
    Oriente (1740). En 1774 se protege la libertad religiosa en los principados
    de Moldau y Wachelei, sometidos al dominio turco.

    II. PANORAMA HISTORICO-TEOLOGICO

    Durante el siglo XVIII sigue Francia siendo la nación de mayor peso en la historia de la Iglesia. Por desgracia, este peso es ahora de signo muy distinto al ejercido durante el siglo XVII. Los fenómenos de decadencia eclesiástica y teológica, que ya habían brotado, y que en las últimas disputas jansenistas decrecieron provisionalmente, siguieron desarrollándose a lo largo de todo el siglo (uno de sus impulsores decisivos fue el Parlamento galicano y jansenista de París). Pero sus consecuencias destructivas se deben fundamentalmente a la completa transformación de la atmósfera espiritual de la época. A momentos en que se luchaba a favor o en contra de esta o de aquella confesión cristiana suceden otros en que se lucha contra el cristianismo en general y luego contra la fe religiosa sin más. Es la Edad Moderna, hostil en principio a la revelación. Se divide esta época en dos partes, separadas por la Revolución francesa. La primera parte, el siglo XVIII, es la época de la Ilustración. El objetivo de la lucha es la fe en la revelación, cuya custodia es la Iglesia. En este objetivo hemos de incluir también las Iglesias protestantes. La lucha va también dirigida contra ellas, a menos que se rindan al nuevo espíritu. La segunda parte, es decir, el siglo XIX, es en esta perspectiva la época de la incredulidad radical, manifestada de diferentes formas. Pero hay diferencias importantes. Mientras el siglo XVIII, a pesar de considerables intentos de revitalización interna de la Iglesia, especialmente en los terrenos teológico y litúrgico, en conjunto no le acarreó más que ataques y alguna que otra pérdida, en el XIX surgen importantes gérmenes de reforma con mayor impulso y vitalidad. En el transcurso del siglo XVIII el frente de batalla contra la Iglesia y, más concretamente, contra Roma o contra la revelación, se extiende geográficamente a los principales países de Europa a través del espíritu de la Ilustración francesa. Pero también la nueva estructuración de la Iglesia durante el siglo XIX corresponde a este hecho. La importancia más grande de esta nueva estructuración de la Iglesia proviene, evidentemente, de la tendencia concentradora que irradia de Roma. Una nueva época universal comienza en la historia de la Iglesia, época en la que todavía nos encontramos actualmente (cf. § 73 y 108).

    CAPITULO PRIMERO




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