Introducción de la Trenza. Fabián Schejtman. Hay… el realismo nodal de Lacan



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Ancla 2. Encadenamientos y Desencadenamientos I. Revista de la Cátedra II de Psicopatología. Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires. Introducción de la Trenza. Fabián Schejtman.

Hay… el realismo nodal de Lacan

Con Lacan enunciamos que no hay relación sexual, que en los seres hablantes la complementariedad entre los sexos es imposible, que un hombre no es a una mujer…lo que una llave a una cerradura. Que no hay goce del Otro, que dos cuerpos tocados por el lenguaje no pueden hacerse uno… por más fuerte que se abracen. Por fin, que no hay La mujer, que lo femenino no hace clase, que no hay forma de su lado de instituir un conjunto cerrado. No hay, no hay, no hay. Por supuesto, hay lo que no hay. Y ese es un real.

Pero hete aquí que Lacan no dejo de señalar, además, que hay… lo que hay. Y ese es otro real. Hay de lo Uno, base de una nueva axiomática, que en su última enseñanza asoma: ya no se parte del Otro… que no hay, sino de lo Uno que hay. Pero, sobre todo, y a los fines de lo que aquí abordaremos: “hay tipos de sintomas, es decir de nudos”.

En cuanto a lo que llamo estructura no dio nunca el brazo a torcer: lo sostiene de uno a otro extremo de su enseñanza, sobre todo, cuando sobre su final halló en el nudo su soporte real y su escritura. En efecto, Lacan enseño que el nudo es de lo real. Que no es metáfora, modelo o analogía. Que los números, que también “pertenecen a lo real” y son su soporte –el del nudo-, determinan imposibilidades, esto es, la marca en lo simbólico de que hay de lo real.

Es que, principalmente de este realismo nodal el ultimo Lacan sostuvo la posibilidad, para el psicoanálisis, de una clínica transmisible que, además de arrojar alguna luz, a partir “de la idea del síntoma como nudo”, sobre la clínica que hay –otro hay- y que lo antecede –la que hereda de la psiquiatría clásica-, aparta nuestra práctica de cualquier esoterismo.

Del nudo a la trenza: el tiempo

Que haya nudos y que estos sean de lo real, no impide que el tiempo los afecte. El tiempo… también es de lo real. Subrayémoslo: el realismo de Lacan no excluye la dimensión temporal, la diacronía. Es lo que no entendieron quienes criticaron su “estructuralismo” tildándolo de ahistórico o atemporal.

Lo que en su enseñanza se llama “sujeto” comporta ya la introducción de un elemento temporal en la estructura. “Sujeto” nombra un efecto de la estructura…en la diacronía, en el tiempo: efecto de significación y respuesta de lo real.

Hay la estructura, por cierto, pero ella se ve afectada por el tiempo. El abordaje de los “encadenamientos y desencadenamientos” revela muy justamente esta incidencia del tiempo sobre la estructura nodal.

Ahora bien, interrogo si el nudo nos es suficiente para tratar esta afectación de la estructura por el tiempo. Tengo la impresión de que el trabajo con nudos y cadenas nos entrega una clínica predominantemente sincrónica, que no toma en cuenta cabalmente la dinámica temporal.

El nudo es demasiado estático. En todo caso, sería preciso abrirlo: pero… ¡eso es ya una trenza! Si el nudo deja la perspectiva diacrónica en suspenso, si saltea la dimensión temporal, intentaré abordarla aquí, sirviéndome, precisamente, de la trenza.



Presentación de la Trenza

Una trenza puede no presentar cruzamiento alguno entre sus cuerdas: es el caso de los diagramas de las trenzas 1, 2 y 3. En efecto, se trata en este caso de perfectas trenzas, para la teoría matemática de trenzas, aunque a nosotros no nos parezcan “trenzadas”. Y, como se ve, pueden tener un número indefinido de cuerdas: en el primer caso es una trenza de dos componentes, en el segundo de tres, y en el tercero de un único componente: una única cuerda… ¡también es una trenza!

A estas tres podemos llamarlas “trenzas triviales”: son aquellas que, independientemente del número de cuerdas que las compongan, no presentan punto de cruzamiento ninguno. Son llamadas también “elemento neutro” (e), ya que, veremos enseguida, asociadas, agregadas a cualquier otra trenza no la modifican en nada.

Las trenzas se clasifican entre otras cosas, por la cantidad de hebras que componen cada uno de los trenzados. La trenza que tenga n-cuerdas será una n-trenza. Así, aunque distintas (en su forma, la de los diagramas 1 y 4) son “2-trenzas”, es decir trenzas de dos cuerdas, por ejemplo.

Sea T la variable tiempo, una trenza puede considerarse como la historia temporal de partículas moviéndose en el plano. Esto permite ver la trenza como una danza de partículas que no colisionan”. (ROLFSEN 2006).

Trenzas Equivalentes

Avancemos, ¿Cuándo dos trenzas son equivalentes? Cuando es posible transformar una en otra por isotopía; es decir, deformarse hasta alcanzar la presentación de la otra sin ningún corte o pegado y dejando sus extremos intocados. Es decir, pueden deformarse una en la otra conservando sus extremos fijados siempre en el mismo orden. Son diagramas distintos o presentaciones distintas de la misma trenza.



Trenzas Brunnianas

Si se corta un eslabón de las cadenas (la remoción de una de las cuerdas -cualquiera sea-) todos los demás eslabones se sueltan (se produce que se suelten todas las demás cuerdas, o lo que es lo mismo, que la trenza devenga trivial). Esto nos recuerda los anillos borromeos. Estos últimos, en verdad, son un caso particular de cadena brunniana: son cadenas brunnianas de tres eslabones.



El grupo Bn

B quiere decir Trenza y n indica la cantidad de componentes, de cuerdas, que puede tener la trenza.

En primer lugar hay que decir que dos trenzas pueden asociarse: es lo que conduce al producto de dos o más trenzas. De aquí surge que el producto entre trenzas es asociativo. Pero cuidado, no posee conmutatividad: en el caso de las trenzas del grupo Bn, el orden de los factores puede alterar el producto, no es conmutativo.

Hay dos propiedades más, además de la propiedad asociativa, que dan a las trenzas una estructura de grupo matemático, a saber: que poseen elemento neutro y elemento inverso.

Al elemento neutro lo mencionamos antes, es la n-trenza trivial. Trenza sin puntos de cruzamiento, por ello son triviales.

El elemento inverso supone lo que llamaríamos la imagen en espejo. Si se asocian las dos trenzas, la trenza y su inversa, el resultado es una trenza trivial. Es decir, que el producto de una trenza por su inversa, entrega el elemento neutro e.

Toda trenza en Bn tiene una inversa y la asociación de ambas desarma -o destrenza- a la primera: conduce al elemento neutro, la trenza trivial.

Por fin, es por contar con estas tres propiedades –propiedad asociativa, elemento inverso y elemento neutro- que Bn tiene estructura de grupo.



Segmentando la trenza

Voy ahora hacia la escritura de las trenzas que propuso Emil Artin. Toda presentación de una trenza puede escribirse a partir de una sucesión precisa de letras: el nombre o la “palabra de la trenza”.

Tenemos que dividir la trenza a partir de los puntos en donde se producen los cruces (cuando los hay). Y si la trenza de la que se trata tuviera puntos de cruce en un mismo nivel, debemos “moverlos” de modo tal de ubicar cada punto de cruce de dos cuerdas en un determinado segmento de la trenza.

Bien, ahora tenemos que encontrar el modo de escribir, de alcanzar una notación para esos puntos de cruce. Lo hacemos a partir de los llamados “generadores de trenzas”.



Generadores de la trenza

Los generadores de trenzas son convenciones que nos permiten escribir de un modo preciso cada uno de los puntos de cruce de una trenza, luego de que los hemos localizamos en segmentos diferentes y, de este modo, como cruces sucesivos, es decir, que se producen cada uno después del anterior. Como se ve, estoy destacando aquí, nuevamente, el sesgo temporal que plantea la trenza.

Si en el punto de cruzamiento, la cuerda que pasa por debajo es aquella que se traza de arriba a la izquierda hacia abajo a la derecha, designamos a ese cruzamiento sigma minúscula. Si en cambio, en el punto de cruzamiento, la cuerda que pasa por debajo es aquella que se traza de abajo a la izquierda hacia arriba a la derecha designamos a ese cruzamiento sigma menos 1 minúscula. Es decir, es el cruce inverso al anterior.

Palabra de la trenza

Para indicar entre que cuerdas de la trenza acontece el cruce se agrega un subíndice a la letra griega sigma. Si el cruce se da entre la primera y la segunda cuerdas anotamos subíndice 1, si ocurre entre la segunda y la tercera escribimos subíndice 2, y así sucesivamente.

Cuando el segundo cruce de una trenza es inverso al primero, esto desata la trenza, la destrenza. Es un “lapsus de la trenza” y por esto deviene trivial.

¡Cuidado, a no confundirse!, cuando en este momento señalo “segunda” y “tercera” cuerdas, ello no se superpone con los colores de las mismas. En lo que sería el tercer segmento de esta trenza el cruce entre la segunda y tercera cuerdas es cruzamiento entre roja y azul; mientras que en el quinto segmento de la trenza, el cruce entre la segunda y tercera cuerdas ya lo es entre verde y roja. Es decir, las posiciones de las cuerdas de colores van cambiando segmento a segmento a medida que las cuerdas se cruzan y lo que aquí llamo posiciones de las cuerdas (primera, segunda, tercera, etc.) se recuenta cada vez en cada segmento de la trenza.

Señalemos, por último, que la “palabra de la trenza” escribe no tanto el nombre de una trenza sino, más bien, el nombre de determinada presentación de una trenza. Es decir, dos presentaciones de la misma trenza pueden escribirse con distintas “palabras”.

Teorema de Alexander: todo nudo o cadena proviene del cierre de una trenza…

Enunciado: Sea un nudo (o cadena) orientado arbitrario, entonces es equivalente a un nudo (o cadena) que es el cierre de una trenza.

Se trata, en síntesis, de que todo nudo o cadena proviene del cierre de una trenza. Cualquier nudo, cualquier cadena, según este teorema, procede del cerramiento o de la costura de una trenza.

Esto quiere decir, unir los extremos, su piso con su techo, pero respetando, es decir no modificando, la posición de las cuerdas en dichos extremos.

¿Cuál es la trenza cuyo cierre nos entrega la cadena borromea de tres anillos? Es una trenza alternada de seis cruces, una trenza brunniana de tres componentes: si eliminan una cuerda, se sueltan las otras dos.

pero la inversa no es válida

Es posible obtener nudos (o cadenas) equivalentes a partir de trenzas que no son equivalentes. Es decir, aunque todo nudo o cadena proviene del cierre de una trenza…la inversa no es válida: el cierre de distintas trenzas pueden conducir al mismo nudo o cadena.

Insistamos entonces: el cierre de una trenza entrega un nudo o cadena determinada… pero un determinado nudo o cadena no proviene del cierra de una única trenza; infinitas trenzas pueden producir, a partir de su cierre, el mismo nudo o cadena.

Finalmente, por lo que a continuación presentaré, indico que se denomina “índice de trenza” de un nudo o cadena, al número de cuerdas de la trenza más simple cuyo cierra da origen a ese nudo o cadena. ¿Y qué es la trenza más simple? Aquella que tiene el menor número de componentes, la menor cantidad de cuerdas.

Así, el “índice de trenza” del nudo trivial es 1, puesto que puede obtenerse a partir de una trenza de un solo componente. Es decir, aunque surja del cierre de trenzas de mas cuerdas su índice de trenza es 1 porque para calcularlo tomamos en cuenta la trenza con menor cantidad de cuerdas cuyo cierra nos entrega este nudo.



La trenza de Joyce I: el lapsus

Vamos ahora hacia nuestra clínica, la del psicoanálisis. Partiendo de la trenza brunniana de tres componentes, o como la llamamos nosotros, trenza borromea. Ya aquí esas cuerdas son registros: lo simbólico (S), lo real (R) y lo imaginario (I).

Introducimos ahora, siguiendo el planteo nodal de Lacan, una modificación en la trenza en un punto preciso de cruce, lo que hemos llamado más arriba un “lapsus de la trenza”: en este caso entre lo simbólico y lo real (entre las cuerdas azul y verde). Resultado: lo imaginario se suelta, la cuerda roja se independiza… y quedan enlazados únicamente lo real y lo simbólico.

La trenza de Joyce II: la reparación

Lacan propuso llamar ego al cuarto elemento que impide que lo imaginario se suelte en la cadena Joyce. Es propiamente un sinthome, es decir, una reparación que se posiciona exactamente en el lugar en donde se produjo el lapsus del nudo. Se trata de un remiendo sinthomático para una cadena que no es borromea. Y no es borromea porque hay dos registros que se mantienen interpenetrados, es decir que el sinthome de Joyce, este ego, repara en el sentido de impedir que lo imaginario se suelte, pero de ningún modo vuelve borromea a la cadena: aquellos dos registros permanecen interpenetrados.

Como se ve, estamos comenzando a ejercitarnos en el pasaje del nudo a la trenza, sirviéndonos del abordaje nodal de Lacan del “caso Joyce”, pero ¿nos es suficiente este ejercicio? Por supuesto que no. Si nos detuviéramos en este punto, si nuestra propuesta se redujera a convertir nudos en trenzas, o a cerrar estas y volverlas nudos o cadenas, no habríamos avanzado un ápice en el problema planteado más arriba del abordaje de la diacronía.

Reparaciones sinthomáticas y no sinthomáticas

Ahora sí, apuntando a servirnos clínicamente de la trenza, propondré a continuación diversas formas de reparación de lo que he llamado el lapsus de la trenza. En primer lugar debemos recordar la precisa diferencia que Lacan estableció entre las reparaciones que en el nudo se localizan en el lugar mismo en que se cometió el fallo del anudamiento, y las que operan en alguno de los otros puntos de cruce del nudo, y señalar que reservo el término sinthome para las primeras.

Si nos volvemos por un momento hacia el conocido nudo de trébol, para tomarlo como ejemplo por su sencillez, podemos destacar allí, en efecto, que al lapsus cometido en tal punto de cruce de ese nudo se puede responder con una reparación localizada precisamente en ese punto (sinthome), o bien en los otros dos puntos de cruce (no sinthome).

Tenemos así, reparaciones sinthomáticas y no sinthomáticas de los lapsus del nudo. Ocurrirá lo mismo con las trenzas: se verá que al lapsus de la trenza –y sus consecuencias- se puede responder con reparaciones sinthomáticas –que operan directamente sobre el mismo-, pero también con reparaciones no sinthomáticas -localizadas en otros puntos de cruce que aquel en el que se produjo el lapsus-.



Hebras, broches, espirales y bucles

Es preciso señalar que las reparaciones se diferencian no sólo por el punto de cruce en el que se disponen, sino también por el modo en que corrigen el lapsus. Hay, por supuesto, distintos “tratamientos” de los fallos del trenzado: más o menos estables, más o menos permanentes, más o menos fijos… En fin, una variedad clínica de los remiendos del lapsus del trenzado de la que podemos dar cuenta estableciendo “tipos” de reparaciones. Aquí proponemos cuatro, a saber: hebras, broches, espirales y bucles. Por lo demás, estas cuatro formas de la reparación pueden localizarse en los puntos de cruce en que los lapsus se producen (funcionan sinthomáticamente) o bien posicionarse en otras localidades (reparaciones no sinthomáticas).

A continuación mostrare de que manera escribo estos modos de la reparación en trenzas no brunnianas, o no borromeas, especialmente porque luego comentare casos de psicosis –aunque podemos también proponerlas para trenzas borromeas (neuróticas).

El caso Joyce y su ego-sinthome es ejemplo de una cuarta hebra agregada; que produce un sinthome-hebra. El broche es una reparación más puntual, que no se prolonga en el tiempo (a diferencia de la anterior) más bien son cierres momentáneos, o fugaces, aunque no dejan de tener consecuencias en el trenzado. El espiral no se cierra si bien es puntual, escribe una reparación interminable, que no cesa. El bucle, es en verdad una hebra que forma un bucle, con lo cual “ajusta” el punto de cruce en el que se cometió el lapsus.



Torciendo y Retorciendo la teoría de trenzas

Para ser precisos, las reparaciones tipo “broche”, “espiral” o “bucle” no existen en teoría de trenzas. Es decir, para esta teoría algunos de nuestros diagramas no serian trenzas validas: contrarían la definición que aquella teoría entrega respecto de lo que es una trenza.

Es muy sorprendente que en ninguno de los libros sobre el tema he encontrado la posibilidad de combinar la trenza y el nudo en una misma escritura: como se ve, es eso lo que propongo como “broche”. Allí no presento otra cosa que un nudo trivial “abrochando” un lapsus del trenzado. Lo que, por supuesto, abre un campo interesante de trabajo: otros nudos, no solamente el trivial, podrían venir a cumplir tal función de reparación –sinthomática o no-. ¿Por qué no un nudo de trébol –u otro- subsanando un lapsus de la trenza?

En fin, para la teoría de trenzas la reparación “tipo hebra” es la única que respeta las condiciones que los matemáticos imponen a lo que denominan “trenza”. Pero, lo recalco: Aquí no me sirvo de la trenza sino para hacer avanzar nuestra clínica.



Reparaciones: Breve Síntesis

Sintetizo, ahora, los órdenes de reparaciones propuestos antes de dirigirme ya a los casos clínicos. Las reparaciones pueden ser, entonces, hebras, broches, espirales o bucles. A su vez pueden plantearse en trenzas borromeas o no borromeas –es decir, neuróticas o psicóticas-. Y por fin, pueden ubicarse en el punto de cruce en el que se produjo el lapsus del trenzado o en otro –esto es, pueden ser sinthomáticas o no sinthomáticas-.



Trenza y síntoma fundamental

Voy a plantear la posibilidad de escribir en la trenza lo que llamare síntoma fundamental. Se trata de las marcas, para cada quien –marcas singulares, aun cuando puedan seriarse en el nivel del tipo clínico-, de las huellas de su exilio de la relación sexual –que no hay-. Tales son las trazas que hacen síntoma –letra de goce del síntoma fundamental del hablante- del traumatismo de habitar el lenguaje. El trauma comporta, en efecto, los encuentros contingentes que presiden para alguien el aprendizaje de una lengua, no cualquiera, de una lengua entre otras; las vias singulares por las que cada uno se topa con lo imposible de la relación sexual. Y hete aquí que de los vestigios de tales encuentros, ya desde Freud, surge una firme determinación que instala necesariamente la repetición del síntoma, tanto como las posibilidades de su tratamiento en el nivel de lo que llamamos un destino humano.

Nótese como Lacan se refiere a ello aludiendo ya a la trenza en su conferencia de apertura del “V Simposio Internacional james Joyce”: "Son las casualidades las que nos llevan de derecha a izquierda, y con ellas hacemos –pues somos nosotros los que lo trenzamos como tal- nuestro destino. Nosotros hacemos de ellas nuestro destino, porque hablamos. Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que quisieron los demás, más particularmente nuestra familia, que nos habla. Somos hablados y, a causa de ello, hacemos, con los azares que nos empujan, algo tramado. Y, en efecto, hay una trama -a eso llamamos nuestro destino."

Vale la pena entonces, a partir de aquí, situar en la trenza, la repetición del síntoma fundamental como efecto del trauma de este “somos hablados”: marcas irreductibles del encuentro contingente –casualidades “que nos llevan de derecha a izquierda” – con ese decir que nos determina. Y luego, también, la tramitación que le damos “trenzando nuestro destino”, haciendo “con los azares, algo tramado”.

Pero subrayemos con Lacan que por más singular que este síntoma fundamental sea, “hay tipos de sintomas, es decir tipos de nudos”. Esto es, que esas letras de goce singulares pueden seriarse según sus particularidades. Y si se puede, corresponde hacerlo: eso es abordar al síntoma seriamente… es decir, hacer clínica del síntoma.

El caso Víctor, síntoma fundamental

Para el caso Víctor, que presenta Pablo Muñoz, propongo la siguiente trenza de base como escritura del síntoma fundamental. Es una trenza no borromea o no brunniana, dado que se trata de una estructura psicótica. Los dos registros (real e imaginario) quedan enlazados y uno suelto (lo simbólico). Se trata del nivel sincrónico. Todavía no se plantean los “tratamientos subjetivos” que responden de este síntoma fundamental en la diacronía.

La escritura de la trenza básica permite localizar el síntoma fundamental en el caso Víctor en dos vertientes bien definidas. Del lado del registro simbólico suelto, la tendencia del significante a independizarse, lo que en este caso va a manifestarse diacrónicamente especialmente luego del desencadenamiento: la verborrea que despunta en el acceso maniaco. Del lado del cruce entre lo real y lo imaginario, la certeza ligada con lo corporal en un “soy feo” inconmovible y, en el nivel mismo de ese agujero que se abre entre estos registros, lo que se manifestará en determinado momento como un vacío radical, del que se soporta la faz melancólica del caso.

En la diacronía escribiremos en el trenzado los diversos modos que inventa el sujeto como respuestas sucesivas, las maneras que encuentra para arreglarse remediando el hecho de que, para él, los simbólico se suelta, y lo real y lo imaginario permanecen enlazados sin mediación.



El caso Julián, síntoma fundamental

El paciente de Marcelo Barros, aún cuando también aquí el trenzado es el de una psicosis – es decir, no es una trenza borromea o brunniana: hay enlaces entre dos registros sin la mediación de un tercero-, el lapsus doble provoca que lo real e imaginario queden enlazados sin mediación, pero también por el otro lado, lo real y simbólico quedan enlazados sin mediación. Este trenzado, a partir de su cierre, nos entrega una cadena de tres eslabones en línea.

La eficacia de tales dos lapsus se manifiesta en el desencadenamiento franco de esta psicosis, a partir de la cual se evidencian dos órdenes de fenómenos. Por una parte, el síndrome alucinatorio caracterizado especialmente por el “aura”, que localizamos en la trenza en el nivel del cruce entre simbólico y real –con lo que volvemos sobre la posición “clásica” de Lacan respecto de la alucinación como retorno en lo real de lo forcluido de lo simbólico-. Y, por la otra, las “desacomodaciones” corporales y los dolores, en el enlace –sin mediación- entre imaginario y real-. Por lo demás, se trata de dos tipos de fenómenos que el paciente distingue muy bien al indicar que lo que le ocurre en el cuerpo no tiene nada que ver con las alucinaciones.

Iteración de la función del síntoma y lectura de la trenza

Ahora abordaremos la diacronía en los casos. Para ello es preciso suponer la repetición del síntoma fundamental, esto es, la iteración de la función del síntoma en la trenza. No puede decirse que Freud no nos halla preparado para ello: especialmente lo que llamo compulsión de repetición nombra aquello que en el síntoma se repite de modo fijo y deviene resistencia (del Ello)… a la interpretación del analista. En esto el síntoma se distingue del chiste, el lapsus, el sueño, el acto fallido: se separa, así, de las formaciones del inconsciente. No comporta fugacidad, sino persistencia de la repetición. Y es Lacan el que aborda esta vertiente del síntoma como “función”, “función del síntoma”, que despeja su vertiente real “síntoma-letra”: “la repetición del síntoma es ese algo del que acabo de decir que salvajemente es escritura, esto para lo que es del síntoma tal como se presento en mi práctica”.

Llamo lectura de la trenza a esa detención del movimiento mismo del trenzado que permite fijar, extraer un fragmento de la trenza, la cadena correspondiente. Es decir, cerrar la trenza para alcanzar la cadena que corresponde; y fijar allí, las relaciones que se establecen entre los –ahora- eslabones S, R, e I.

Desencadenamiento – Destrenzamiento: Breve Síntesis

Es destacable que en los dos casos comentados el síntoma fundamental puede aislarse limpiamente en su forma a partir del desencadenamiento o Destrenzamiento. Pero ¿Es eso en verdad algo excepcional? Por el contrario, ¡es la regla!: el desencadenamiento desnuda –desanuda- la estructura… la estructura del síntoma fundamental. En el primer caso (Víctor) se trata del cese de una reparación que mantenía estable el trenzado en el tiempo anterior; en el segundo (Julián), de un lapsus de la trenza que suelta lo que se hallaba enlazado en el tiempo precedente. Efectivamente, me parece que estas son las dos formas mayores del desencadenamiento o destrenzamiento que dan paso a la emergencia sin ambages del síntoma fundamental.



Lectura de la trenza: el tiempo y el lector

He indicado que “leer la trenza” supone detener el movimiento de trenzado cada vez que, en su despliegue, las cuerdas S, R e I retoman sus posiciones iniciales, lo que nos permite extraer de tal fragmento de la trenza la cadena correspondiente. Considerado de esta manera, cada fragmento constituye una unidad de lectura de la trenza que se conforma en su versión básica –la de la 3-trenza brunniana- cada seis cruzamientos- o cada seis segmentos de la trenza, para retomar el termino que introdujimos anteriormente-, pero que puede complejizarse y de hecho lo hace: especialmente, aumentar el número de cruzamientos –o segmentos- por fragmento, conforme se agreguen nuevas cuerdas como reparaciones diversas del trenzado.

Al lector advertimos sobre la complejidad temporal del trenzado y el modo en que afecta la lectura que dé él se espera. Ya que, a la anticipación que pueda realizar basándose en la iteración del síntoma fundamental como recurrencia del trenzado, deberá agregar una atención cuidadosa a la incidencia que sobre el mismo producen tanto los acontecimientos imprevistos como las maniobras mas menos logradas que introduzca el propio “sujeto de la trenza” –acompañado o no por un psicoanalista-. Esta incidencia inserta retroactivamente modificaciones decisivas sobre el trenzado, que surge así en verdad de este doble movimiento: de anticipación y retroacción.

El régimen temporal del trenzado, de esta manera, no es otro que el del futuro anterior: la trenza… habrá sido. La operación del diagnostico y el acto del psicoanalista, no puede obviarlo.



Lo que se realiza en mi historia no es el pretérito definido de lo que fue, puesto que ya no es, ni siquiera el perfecto de lo que ha sido en lo que yo soy, sino el futuro anterior de lo que yo habré sido para lo que estoy llegando a ser”. (LACAN 1953, 288)




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