Introducción a la sociología de la educacióN


SOCIALIZACIÓN E INDIVIDUALIZACIÓN DEL SUJETO



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2.2 SOCIALIZACIÓN E INDIVIDUALIZACIÓN DEL SUJETO
Desde el punto de vista sociológico el objetivo general de la Educación se resume en el proceso de socialización del individuo, esto es en la apropiación por el sujeto de los contenidos sociales válidos y su objetivación, expresada en formas de conductas aceptables por la sociedad. Paralelamente a esta socialización se realiza la individualización del sujeto, por cuanto la objetivación de los contenidos sociales es un proceso netamente individualiza­do, de carácter personal, en el que cada sujeto procesa la realidad de manera muy particular, aportando los resultados de su propia re-creación, como ente social activo.

Así, como señala A. Meier, desde una perspectiva social "el desarrollo de la personalidad significa asimilar y objetivar los contenidos humanos en la praxis social, ante todo en la actividad productiva".(19) Aunque pudiera parecer que ambos procesos son similares, en realidad socialización e individualiza­ción resultan distintos entre sí, aunque coincidentes en el fin último: lograr la plena inserción del hombre en el contexto social concreto mediante la realización de su personalidad.

El estudio de la relación individuo-sociedad, o lo que es su expresión: individualización y socialización, ha sido terreno para ampliar discusiones teóricas, con efectos muy visibles en la formulación de modelos educativos. En algunos casos se establece que el desarrollo de la personalidad es producto de la educación y el medio social, en otros casos se argumenta acerca de la independencia de los factores personales con relación a influencias ajenas al propio sujeto, concediéndole entonces relevancia a la autoeducación. En ambas posiciones, la absolutización de unos u otros factores conduce a errores muy costosos.

Si bien es cierto que la educación es una función social, con objetivos y metas bien definidas (conservar y reproducir las condiciones sociales de existencia) también resulta un componente del desarrollo de cada individuo aislado, tal como entendieron Marx y Engels, "un individuo especial" y precisamente esa particularidad lo convierte en un individuo y en el verdadero ser comunitario individual.(20) Por lo tanto el desarrollo del sujeto hasta convertirse en una personalidad, bajo la influencia de la educación y el medio sólo puede describirse como una relación entre lo singular, lo general y lo particular, como una relación del hombre individual con la sociedad y sus clases.(21)

Marx y Engels pusieron en claro que esta dialéctica individuo-sociedad no puede simplificarse, "La sociedad no es una abstracción frente al individuo... sino la acción recíproca de las vidas que la componen".(22) Desde este punto de vista la Educación debe entenderse en su doble aspecto: como sistema de influencias ejercidas por la sociedad y como componente de los procesos de formación y desarrollo de la personalidad, encaminados a la socialización del sujeto. En este sentido, la personalidad puede expresarse como la MEDIDA individual de la asimilación y objetivación de los contenidos sociales válidos, que se logra en el transcurso de la praxis social.(23)

Para los teóricos no marxistas el problema de la socialización adquiere diversas connotaciones, en dependencia del tipo de factor que colocan en primer lugar. Así, por ej., dentro de las teorías psicologistas podemos encontrar el punto de vista GENÉTICO-HISTÓRICO-CRÍTICO, que muestra la socialización como sucesión de etapas de maduración y desarrollo que proceden al desarrollo intelectual (J. Piaget) o el enfoque EDUCATIVO, que lo expresa como conjunto de procesos de aprendizaje. La teoría psicoanalítica subraya la existencia de los conflictos entre el individuo y la sociedad, entre el yo individual y el Super-Yo que encarna las exigencias sociales; las teorías sociologistas ponen en primer plano la captación e interiorización de expectativas de un rol (papel) que debe desempeñar el sujeto en la sociedad,(24) de donde se deriva la teoría del Rol, tan extendida dentro de la Psicología Social y la Sociología burguesa.

Como puede verse estas teorías manejan, junto con argumentos objetivos indiscutibles, otros que no lo son tanto. Es cierto que el proceso de socialización es largo, difícil y escalonado, pero esto no puede llevarnos a la absolutización de ninguno de estos aspectos; hacerlo así nos conduce a generalizaciones de dudoso valor científico.

Un ejemplo de este tipo de formulaciones es la de P. Carreño, cuando expresa "El individuo nace con tendencias incompatibles con la vida social, tales como el egocentrismo y la agresividad. Su socialización, por consiguien­te, no resulta un proceso armónico y tranquilo, sino lleno de tensiones que deben ser superados por una equilibrada adaptación a la que puede y debe ayudar una oportuna educación.(25) Con esta apreciación en extremo negativa sobre la infancia del hombre coincide Durkheim, cuando escribe "es necesario que, por las vías más rápidas, al ser egoísta y asocial que acaba de nacer superponga la educación otro, capaz de llevar una vida moral y social. Esta es en esencia la labor de la Educación".(26)

Otro punto de vista acerca de la socialización, por suerte menos trágico y pesimista, es el de los norteamericanos P.B. y R.L. Horten, que señalan "El proceso de socialización es continuo y permanente, somos objeto de un proceso constante de re-socialización respecto a nuevas situaciones de la vida (los niños, la adolescencia, el matrimonio, la paternidad, las nuevas ocupaciones y finalmente la jubilación y la vejez). Cada etapa de la vida impone cierto aprendizaje de nuevos roles y pautas de vida."(27)

Por supuesto que no es posible admitir, desde una posición verdadera­mente científica, que el hombre nace con determinadas disposiciones hacia el individualismo o hacia el colectivismo. Ateniéndonos a Marx, el hombre es resultado de las circunstancias sociales en que vive, y son éstas las que determinan el sesgo general que asume la configuración de su personalidad, en lo que se combinarán los factores biológicos, psicológicos y sociales, para dar lugar a un ser único e irrepetible.

Los sociólogos marxistas, frente a esta diversidad de criterios, proponen una conceptualización que establezca las diferencias en los niveles de articulación hombre-sociedad, especificando los conceptos de INDIVIDUALIDAD.___INDIVIDUO'>INDIVIDUO, PERSONALIDAD e INDIVIDUALIDAD.


  1. INDIVIDUO: concepto que hace referencia al hombre como ente biológico, como miembro de la especie.

  2. PERSONALIDAD: concepto que identifica un tipo social particular, resultado de la asimilación de contenidos sociales, y por tanto representante de una clase o grupo social determinado.

  3. INDIVIDUALIDAD: concepto que se refiere a la combinación única de disposiciones de comportamiento de un individuo, o sea, la estructura única e irrepetible, condicionada por los factores biológicos y sociales que lo hacen exclusivo.

Debe distinguirse que para la Psicología resulta común utilizar el concepto de PERSONALIDAD en el sentido que aquí expresamos INDIVIDUALIDAD, cuestión que, bien manejada, no representa una dificultad insalvable para la realización de trabajos conjuntos entre especialistas de ambas ciencias.

El estudio de la socialización debe incluir tanto los aspectos sociológicos como los psicológicos. la Sociología no puede permitirse la negación de los aspectos individuales de la personalidad (lo que la llevaría de nuevo a las especulaciones "sociologistas" de inicios de siglo) ni tampoco dedicarse al estudio individualizado de las conductas (lo que la llevaría a introducirse en el terreno de la Psicología). Aquí es necesario recordar la advertencia de V.I.Lenin, "el sociólogo materialista, que convierte determinadas relaciones sociales de los hombres en objeto de sus estudios, también investiga con ello las personalidades reales de cuyos actos nacen precisamente esas relaciones".(28)

Quiere esto decir que la Sociología Marxista concibe a la personalidad como representante de una clase o grupo social determinado, como "individuo de clase".(29) Para la Sociología de la Educación esto es de importancia vital: el maestro debe entender que sus alumnos proceden de diversas clases y capas de la sociedad y actúan como representantes de ellas; se forman en consecuencia con el lugar que ocupan en la estructura clasista y traducen los intereses y aspiraciones de ese grupo social al que pertenecen. Y esto, que es válido para sus alumnos lo es también para el colectivo pedagógico de la escuela y aún más, para todo el sistema educativo, diseñado y puesto en funcionamiento para representar, conservar y reproducir los intereses esenciales de una clase social determinada.

Por supuesto que una apreciación adecuada de la estratificación social del aula, del colectivo pedagógico, de las familias de nuestros alumnos y de la comunidad en que se asienta la escuela solo puede realizarse a partir de un concepto científico de la estructura clasista de la sociedad. Aquí la definición elaborada por Lenin sigue siendo un auxiliar metodológico imprescindible para la indagación sociológica.(30)

De acuerdo con ella, las clases sociales se definen como "grandes grupos sociales", que se distinguen entre sí por:




  1. el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado,

  2. por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción, relaciones que las leyes refrendan y formulan en gran parte.

  3. por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y, consiguientemente,

  4. por el modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que disponen.

A partir de estos elementos, y teniendo en cuenta que dentro de cada clase se da una compleja subdivisión de grupos, sectores y capas sociales es posible realizar el estudio de la personalidad como "individuo de clase", o sea como representante de cierta parte de la sociedad claramente identificada. Pero el estudio de los "individuos de clase" no puede limitarse a la ubicación de los sujetos en una u otra capa o grupo social, sin determinar la medida en que la personalidad asume los criterios y puntos de vista de "su clase", o sea, cómo representa a nivel individual los contenidos sociales que le vienen determinados por su origen de clase. Como señala Meier "la sociología pregunta, por tanto, por el individuo social y sus particularidades, en cierto sentido pregunta por caracteres típicos en circunstancias típicas. Al contemplar el desarrollo de la personalidad estudia hasta qué grado los individuos han asimilado y realizado en sus acciones el contenido social de determinadas clases y otros agrupamientos sociales."(31)

El proceso de socialización, como puede suponerse, resulta en extremo complejo, por cuanto ocurre a través del prisma de la personalidad, lo que le otorga un sello particular. Para Meier, en lo que coincidimos plenamente "el carácter único y social son igualmente fundamentales y esenciales para todo individuo. El desarrollo de su individualidad....tiene lugar por la asimilación activa del carácter social, por su socialización. La individualidad no se produce a pesar del carácter social, sino a causa de él.”(32) Debemos reconocer que el simple hecho de pertenecer, por origen, a una u otra clase social no significa que el sujeto represente fielmente la concepción del mundo, los intereses y necesidades de "su" clase. Por el contrario, sobran los ejemplos de sujetos que asumen posiciones y conductas correspondientes a otras clases y no a la propia, en evidente contradicción con lo que una lectura esquemática del Marxismo pudiera presentárnoslo como ley absoluta. De no existir esta independencia relativa entre lo social y lo individual (entre la pertenencia a una clase y la manera en que ello se refleja en el sujeto) sería inexplicable el hecho, tantas veces comprobado en la historia, del hombre que procediendo de clases explotadoras, abraza los ideales de los desposeídos, arriesga su fortuna y posición y comparte la miseria de los menos favorecidos, como su antítesis: individuos provenientes de las clases y sectores más humildes que asumen estereotipos, valores y normas de conducta propios de los grupos de mejor situación económica. En esto, naturalmente, la educación puede jugar un papel muy importante, puesto que una influencia constante que enfatiza en los valores del humanismo, la solidaridad y las virtudes morales puede contribuir al desarrollo de una personalidad caracterizada por el desprendimiento personal, la justicia y la defensa de los más necesitados, como así mismo la inculcación de patrones consumistas y de estilos de vida aparentemente "superiores" puede conducir a la asunción de actitudes y valores pequeño-burgueses entre sectores de la clase obrera y el campesinado.

En resumen (y vale tener en cuenta que los casos anteriores sólo pueden analizarse como excepciones), el interés de la clase dominante reside en generalizar su sistema de normas y valores a todas las clases sociales, para lograr su aceptación general como modelo válido de conducta social.

Para alcanzar semejante objetivo las clases dominantes utilizan en primer lugar a la Educación, como medio idóneo para formular y promover la aceptación de un "modelo de hombre" que resulta el resumen de los contenidos sociales válidos para esta clase. De esto pueden servirnos de ejemplo los "modelos" que preconizaban las sociedades de Esparta y Atenas, acuciosamente estudiados por A. Ponce.(33) Si bien ambas ciudades-estados se encontraban en similar etapa del desarrollo histórico (el régimen esclavista) las particularidades de sus economías y el sistema de gobierno que de ellas se desprendía produjeron dos modelos de "ciudadanos" diferentes entre sí y por tanto dos sistemas de educación distintos: para los jóvenes espartanos la preparación militar, con evidente desprecio de todo lo que pudiera alejarlos de ella; para los atenienses, junto con el indispensable uso de las armas, el desarrollo de habilidades del intelecto necesarias para el comercio, la navegación y la usura.(34)

La elaboración de "modelos de hombre" no ha sido cuestión ajena a la Pedagogía Socialista. Por el contrario, casi todos los teóricos del antiguo campo socialista elaboraron sus propuestas acerca del ideal de ciudadano que debía formarse en el seno de la sociedad socialista. El decursar de los acontecimientos, que culminó con el derrumbamiento del socialismo en Europa del Este y la URSS a finales de los 80 demostró, entre otros errores, la inconsistencia de aquellos modelos educativos que se basaban en un enfoque burocrático y dogmático de la realidad social. En todos los esquemas propuestos resaltaban los términos dirigidos a "la formación" de una personalidad rica, armónica y polifacéticamente desarrollada" en tanto la práctica educativa y pedagógica resultaba en extremo dominante, centralizada y limitadora de las búsquedas personales. La absolutización del factor social se tradujo en el prejuicio (y la consiguiente limitación) de los aspectos individuales de la formación de la personalidad, conduciendo al divorcio entre los objetivos planteados al nivel del sistema de educación y lo que en realidad se materializaba en la conducta de los sujetos. En la medida en que la realidad social se modificaba, el ideal educativo, que permaneció estático, se hizo cada vez más formal y carente de significado real para los individuos.

Por supuesto que estos errores en cuanto al modelo del hombre y del sistema de educación respondían a desviaciones mucho más serias en lo referente a los medios, las vías y los plazos para la construcción del socialismo, que no pueden ser objeto de este libro. En el estricto terreno de la Educación, en el que estamos obligados a mantenernos, no faltaron quienes, oportunamente, señalaron los peligros que tal enfoque burocrático podía acarrear. Con relación a la formación de la personalidad L. Mitrojin escribía en 1972 "... la formación de una personalidad RICA, ARMÓNICA y POLIFACÉTICAMENTE DESARROLLADA que se apropia de la riqueza social no debe entenderse como la organización de un sistema para la distribución de diversos valores éticos, culturales y de otro tipo entre los hombres, a quienes sólo les bastaría asimilarlos del modo más completo posible .... El carácter social del hombre sólo puede ser asimilado en la gestión activa de éste, sólo en la participación directa en el proceso social del trabajo, sólo de esta forma se va conformando un determinado tipo social de personalidad."(35)

A partir de aquí podemos establecer que la Educación, como medio fundamental de la socialización no puede proponerse "modelos", metas o tareas que estén por delante de la propia realidad social en que se producirá la individualización del sujeto. Al respecto señala B. Suchodolski "... la creencia en el poder de la educación para crear nuevas condiciones de convivencia humana prescinde de la realidad, que la educación misma es resultado de las anteriores relaciones humanas..." y continúa más adelante "... Por esta razón el papel social de la educación no debe fundamentarse en algo utópico y ajeno a la realidad, como formación de un nuevo hombre que debe constuir un nuevo sistema social, sino exacta y científicamente, como formación del hombre adecuada a las necesidades y tareas de la sociedad socialista que se constituye y desarrolla".(36) Pero, -cabría preguntarse hoy- ¿acaso aquellas naciones habían culminado realmente las tareas de la transición del capitalismo al socialismo, de tal forma que se pudiera hablar de "sociedad socialista" y en consecuencia de un "modelo de hombre" ajustado a las exigencias de ese tipo de sociedad?

Para conducir este aspecto es oportuno remitirnos a las ideas de E. Guevara, sin dudas uno de las personalidades revolucionarias del siglo más interesados en los problemas de la formación del hombre nuevo que viviría en el socialismo. Aunque el Che fue un incansable defensor de la educación como factor en la transformación del hombre (aspecto que en algunos de sus analistas ha sido subrayado exageradamente) no por esto dejó de reconocer la inseparable unidad entre el desarrollo económico de la sociedad y los procesos de transformación de la conciencia individual: "La técnica es la base para que la industria se desarrolle, y la industria, que hace la producción, es la base del socialismo. El socialismo es un fenómeno económico y también un fenómeno de conciencia, pero debe realizarse sobre la base de la producción. Sin una producción importante no hay socialismo".(37) Sobre la armonía necesaria entre las condiciones reales de la sociedad y la educación es válido recordar su expresión. " No es sólo trabajo la construcción del socialismo, no es solo conciencia... es trabajo y conciencia, desarrollo de la producción, desarrollo de los bienes materiales mediante el trabajo y desarrollo de la conciencia".(38)

A modo de resumen podemos señalar, en primer lugar, que la educación constituye el mecanismo esencial para la socialización del individuo. En segundo lugar: la socialización es inseparable del proceso de individualiza­ción, de su articulación dialéctica se logra tanto la inserción del hombre en el contexto histórico-social concreto, como su identificación como ser individualizado, dotado de características personales que lo hacen diferente a sus coetáneos. En tercer lugar: la contradicción entre socialización e individualización se manifiesta durante la práctica social, en la que el trabajo constituye un elemento esencial para la educación del sujeto. El trabajo, siendo factor de la praxis social, vital para la socialización del sujeto, se efectúa bajo las condiciones de la División Social históricamente condiciona­da, que estable la especialización de los hombres en unas y otras funciones de la praxis. De aquí que la actividad productiva, laboral, sea a la misma vez factor de la socialización (puesto que todos los hombres participan de una u otra forma en ella y se relacionan entre sí por su intermedio) como también de la individualización (puesto que la especialización los separa en las diferentes formas de actividad existentes: el trabajo manual o intelectual, la agricultura o la industria, la producción o los servicios, etc.) Como señalara Marx, el hombre es, en sentido literal, un "zoom politikon", no sólo un animal social, sino un animal que sólo estando en sociedad puede individualizarse.(39)




2.3. TEORÍAS DE LA SOCIALIZACIÓN Y EL CONTROL SOCIAL
Siempre resulta interesante una comparación, por breve que sea, entre la teoría marxista de la socialización y sus correspondientes dentro de la Sociología Burguesa. Algunos teóricos limitan las socialización a la infancia y la adolescencia, en tanto otros la extienden a cualquier forma de integración a grupos, instituciones u organismos sociales.

En cuanto a las esferas de la aplicación también difieren los sociólogos "occidentales"; o bien la limitan a la asimilación de normas y valores del grupo al que pertenece el sujeto, o bien la amplían hasta considerar todo el proceso de asimilación de la cultura mediante el aprendizaje o la adaptación a ello bajo la influencia de los mecanismos de control social, denominando a este proceso "inculturación". Si bien estas teorías responden a diversos puntos de partida, todas tienen en común el desconocimiento de la relación dialéctica entre socialización e individualización, insuficiencia que tiene su origen en las concepciones de E. Durkheim.

Para Durkheim el hombre vive continuamente acosado por los impulsos, que sólo a través del sistema de normas y valores sociales son encauzados por la sociedad hacia las más aceptables. El sistema de normas y valores ha de ser aprendido por todos los miembros de la sociedad, este sistema adopta entonces la forma de una conciencia colectiva. La educación, por lo tanto, no es otra cosa que un proceso de socialización metódica donde "los padres y maestros sólo actúan como representantes y mediadores del medio social".(40)

El sociólogo norteamericano Talcott Parsons, creador de la teoría estructural-funcionalista, presenta el proceso de socialización como el aprendizaje de los complementos necesarios para el desempeño de Roles, imprescindibles para la conservación de un sistema social dado.(41) Según esta muy divulgada teoría de los ROLES, la socialización se convierte en un acto de despersonalización, en el que la individualidad queda bajo el control y la generalidad de los diversos roles sociales. La despersonalización llega al extremos de ser considerada como el segundo nacimiento del hombre, ahora en calidad de "Homo Sociologicus". (Hombre sociológico) según Dahren­dorf,(42) lo que se logra mediante la asimilación de normas existentes fuera del individuo -y podemos deducir que incluso no deseadas por él- o lo que es lo mismo, la mediatización de la individualidad aplastada por el condiciona­miento social.

Las teorías de la socialización basadas en la teoría de los Roles -como apunta A. Meier- muestran al hombre como un objeto más o menos indefenso(43) y desconocen el papel de la individualidad. El Marxismo, por el contrario, reconoce que la sociedad es "el producto de los actos recíprocos del hombre" (44) que son expresión de las relaciones sociales en que vive, y que por tanto tienen un carácter activo y creador. El hombre es no sólo parte de la realidad, sino que él mismo la crea continuamente.

Las teorías burguesas de la socialización se complementan con la explicación de los mecanismos de control social, que intentan demostrar las causas de la sumisión del individuo a las condicionantes sociales, para establecer el conformismo como normas del comportamiento aceptable de los sujetos y grupos.

Algunos sociólogos dedican mucha atención a estos mecanismos de control social como medios de socialización que se combinan entre sí para asegurar tanto la educación del sujeto como su "reajuste" en caso necesario.(45) La acción de estos mecanismos se manifiesta a través de agencias y agentes conocidos, cuyo mayor o menor peso en el proceso general depende de la combinación de muy diversas variables.




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