Introducción a la sociología de la educacióN



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5.3.4. LOS COLECTIVOS LABORALES
En la literatura sociológica marxista se dedica especial interés al estudio de los colectivos laborales como medio de la educación de los niños, adolescentes y jóvenes. Se distingue en la empresa socialista un doble carácter (que a nuestro modo de ver puede ser extensivo a cualquier tipo de entidad económica):
a) factor educativo para sus miembros.

b) factor educativo para la escuela.


El primer aspecto es objeto de estudio de la Sociología Industrial o del Trabajo y por lo tanto no lo analizaremos aquí. En cuanto al segundo debemos tener en cuenta que se manifiesta en dos formas:


  1. como colaboración de la empresa en el funcionamiento de la escuela, mediante el apoyo material al proceso docente-educativo.

  2. como influencia educativa directa, cuando sirve de marco para la formación politécnico-laboral de los escolares.

Esta última se refiere a las posibilidades que presenta el colectivo laboral (instalaciones, medios y personal) tanto para la realización de actividades del currículum escolar como para la materialización del principio de vinculación estudio-trabajo.

Un asunto importante, aunque menos tratado, es el que se refiere a la orientación vocacional de los escolares durante su tránsito por la enseñanza general. Tradicionalmente es la escuela la que organiza y desarrolla este trabajo, sin que, en la mayoría de los casos, disponga de la información, los medios y el personal requerido para una adecuada orientación. En muchos casos dicha tarea es asignada a maestros ya de por sí abrumados por otras muy diferentes, por lo que asumen esta última con desgano y no le dedican el tiempo y la atención necesarias.

En realidad es la sociedad la máxima interesada en que se efectúe una eficiente orientación vocacional de los niños y adolescentes, lo que redundaría en menores índices de fracaso escolar y deserción, a la vez que facilitaría la coordinación entre las necesidades sociales (de determinados especialistas y operarios) y los intereses personales de los estudiantes. Por esta razón la sociedad debiera exigir a las empresas y colectivos laborales una participación directa y activa en la orientación vocacional de los escolares, como vía fundamental para atraer a los futuros trabajadores hacia aquellos oficios y profesiones de mayor importancia social.

Según constataron los investigadores estealemanes la orientación vocacional a través de las empresas sólo representaba entre el 18 y el 24 % de los factores que influyen en la elección de la profesión por los estudiantes que culminan la enseñanza general.(64) Aunque en Cuba no se han realizado estudios tendientes a determinar este indicador, el conocimiento de las serias insuficiencias de la orientación vocacional nos lleva a suponer que los valores posibles pueden ser aún menores.

La información previa sobre la futura profesión, y de ser posible, su inclusión en la práctica escolar de los estudiantes, se convierte en un factor decisivo para la elección más acertada, que toma en consideración tanto las particularidades del trabajo al que se aspira como las condiciones personales del individuo.

Dicha elección debe ser más consciente y realista en la medida en que aumenta el nivel escolar del estudiante y por lo tanto las posibilidades de evaluar con más objetividad sus aptitudes, conocimientos y habilidades, a la vez que conocer con mayor exactitud el contenido real de cada profesión u oficio. Objetividad y conocimiento en el momento de elegir la profesión permitirán tanto un tránsito feliz por el período de preparación profesional como una vida laboral más agradable y productiva.

Por supuesto que la orientación vocacional tiene que responder a las necesidades de fuerza de trabajo planteadas por la economía nacional. De no hacerlo así se producen enormes desbalances entre la cantidad de solicitantes, y la disponibilidad de plazas para continuar estudios en una u otra profesión, que más tarde se convierte en desbalance entre la cantidad de graduados y la oferta de puestos de trabajo, cuestiones que gravitan adicionalmente sobre la economía de la educación a escala de toda la sociedad. Por esto las empresas y los colectivos laborales deben ocupar el primer plano en la orientación vocacional, puesto que es aquí donde se conoce con mayor exactitud las necesidades reales de fuerza de trabajo a mediano y corto plazo, y se pueden desarrollar estrategias para motivar a los estudiantes hacia aquellas profesiones y oficios que realmente se necesitan y que pueden resolverse en el contexto de la propia comunidad en que coexisten el colectivo laboral, la escuela y los estudiantes.

Por otra parte es indiscutible que la participación de los estudiantes en el trabajo, como aspecto integrante de su formación politécnico-laboral, es un factor esencial para el logro de los objetivos de la socialización. El trabajo, sea en empresas industriales, agrícolas o de servicios se convierte en elemento para la educación en los valores de la disciplina, el compañerismo y la solidaridad, la responsabilidad, la honestidad, etc.(65) El colectivo laboral que participa en la orientación vocacional debe servir para el reforzamiento de estos valores, brindando a los escolares ejemplos positivos de organización y disciplina, buenas relaciones humanas, interés por el trabajo y la calidad de lo que realizan, etc. De esta forma el colectivo laboral puede convertirse no sólo en un factor educativo para sus propios trabajadores (cosa que de hecho ya es) sino en factor educativo de los escolares, que trabaje en conjunto con la escuela en la solución de los diversos problemas inherentes a la socialización de los niños, adolescentes y jóvenes.

Por último, no podemos olvidar que la motivación hacia una u otra profesión, si bien es un asunto individual no está exenta de condicionantes sociales. Existen profesiones y oficios que, circunstancialmente, se hacen sumamente atractivos por disímiles razones, y por tanto atraen a los jóvenes, aún por encima de las capacidades reales de empleo. Cuando las circunstan­cias sociales se modifican se produce un vuelco en la escala de interés de las profesiones y oficios, y así un oficio considerada de 2da categoría (camarero, taxista, etc) puede resultar más atractivo que una profesión universitaria que requiere largos años de estudio pero cuya estabilidad laboral es dudosa o su salario poco gratificante.

En definitiva ningún fenómeno social es independiente de los otros; la educación y la enseñanza, la escuela y el trabajo son elementos de un mismo proceso, de cuyas condiciones concretas no podemos substraernos.

5.4. LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN
En la sociedad contemporánea se ha desarrollado un amplio sistema de medios de comunicación masiva que refleja por un lado el crecimiento cuantitativo y cualitativo de los canales de información (radio y TV; cine, prensa escrita, publicaciones de todo tipo, video, medios computadorizados, etc) y por otro lado el incremento de los recursos económicos dedicados a esta esfera de la comunicación.

El desarrollo de los medios masivos influye en la educación, unas veces de manera directa, cuando son utilizados con fines propiamente educativos (enseñanza a distancia, divulgación científica, programas educativos, etc) y otras de manera indirecta, porque siempre resultan ser vehículos para la transmisión de patrones culturales, de mensajes que influyen en la conducta de los consumidores de la información.

La primera cuestión que debiéramos aclarar es la diversidad de términos que se utilizan para nombrar a los Medios Masivos de Comunicación. En la literatura especializada es común encontrar este concepto bajo los títulos de medios de comunicación, de información o de propaganda, sin que las diferencias entre uno y otro resulten sustanciales. También es común que al referirse a los medios masivos se utilice el término derivado del inglés "mass-media", que por extensión se aplica también a los consumidores de este tipo de información.

En el estudio de los medios masivos, debemos reconocer tres aspectos diferentes de su funcionamiento: (66)




  1. como sistema: los medios masivos constituyen una institución profesional que asegura la recopilación, procesamiento y difusión de la información a escala masiva. Así están bajo el control de importantes empresas que monopolizan la información a escala mundial.

  2. como actividad: consiste en asegurar el intercambio de información entre grandes grupos de individuos, mediante organizaciones, personal y medios técnicos especializados en la compilación, procesamiento y difusión de la información.

  3. como agente socializador: los medios masivos ejercen una indiscutible influencia en todas las esferas de la vida social. La eficiencia del trabajo de los medios se establece mediante la correlación, entre los fines de una campaña propagandística o de las intervenciones sobre un tema y el logro real de los objetivos propuestos.

Sobre este último aspecto debemos aclarar que en contra de lo que se supone la información que brindan los medios masivos siempre tiene un objetivo concreto y nunca es "informar por informar", sino crear un estado de opinión acerca de un asunto o tema concreto. En este sentido la efectividad de su papel socializador se puede establecer en dos sentidos:




  1. al nivel individual: mediante los procesos que se generan en la actividad cognoscitiva del sujeto, expresados en los conocimientos obtenidos, las convicciones y actitudes que se adoptan y que se traducirán en conductas y modos de actuación.

  2. Al nivel social: mediante la conformación de una tendencia social que se genera a partir de los grupos más pequeños (familia, colectivos laborales, comunidades, etc) y se extiende en la forma de "opinión pública".



5.4.1. FUNCIONES DE LA COMUNICACIÓN MASIVA
El sistema de información, difusión o comunicación masiva se basa en la utilización de técnicas, medios y métodos propios de la comunicación, así como en el cumplimiento de funciones específicas.

Según el criterio del sociólogo mejicano F. Gómez Jara la comunicación constituye un proceso de la actividad humana que consiste en la transmisión de significados de una persona a otra.(67) La comunicación masiva se distingue entonces por la transmisión de significados hacia el público masivo, heterogéneo y anónimo, mediante mensajes públicos, continuos y estandariza­dos a través de medios técnicos diversos: las ondas de radio, las imágenes de cine y TV, la prensa plana, etc.

Una representación esquemática del proceso de comunicación personal contiene los siguientes elementos:
CUADRO 17. ESQUEMA DE LA COMUNICACIÓN

A





B

EMISOR

MENSAJE


RECEPTOR




RETROALIMENTACIÓN



Sin embargo en la comunicación masiva el esquema debe incluir otros elementos que lo modifican sustancialmente.(68) Veamos entre ellos:




  1. la Fuente: entidad que genera los mensajes, después de seleccionados y procesados, pueden ser empresas públicas o privadas, locales o transnacio­nales.

  2. el Transmisor: el especialista que codifica y transmite el mensaje al público: locutores, comentaristas, publicistas, actores, etc.

  3. el Canal: medio técnico utilizado para la transmisión del mensaje: ondas, imágenes, cintas magnéticas, papel, etc.

  4. la Reacción: (feed back) que incluye no sólo la retroalimentación al transmisor y la fuente sino también la introyección del mensaje y su conversión en conducta y acciones del sujeto receptor.

En cuanto a las funciones que desempeñan los medios masivos podemos establecer las siguientes:




  1. Recolección y distribución de la información: referida a sucesos internos (locales) y externos, sobre todas las esferas de la vida.

  2. Interpretación y crítica de la información: a través de editoriales, comentarios, crítica especializada, etc.

  3. Transmisión de patrones culturales: mediante la presentación de situaciones y personajes y la valoración que de estos se realiza, la propuesta de estilos de vida, normas de conducta, criterios éticos y estéticos, etc.

  4. Entretenimiento: relacionado directamente con el nivel cultural y los intereses del consumidor, edad, sexo, posición social, etc, así como con la calidad intrínseca del producto, sea este de contenido político, económico, religioso, cultural, científico o exclusivamente recreativo.

De acuerdo con la prominencia que asume una u otra función dentro del funcionamiento general de los medios masivos estos pueden llegar a convertirse en eficaces medios para la educación de los individuos en un sistema de valores socialmente aceptables, o por el contrario introducir mensajes no coincidentes con las necesidades educativas de la sociedad, que pueden llegar a ser francamente contrapuestos.



5.4.2 LA INDUSTRIA DE LA COMUNICACIÓN MASIVA
Como vemos la concepción de los medios de comunicación masiva supera la simple transmisión de información. Concebidos como "industria de la información" los Medios Masivos no se limitan a transmitirla a los sujetos, sino a "producirla" mediante el seguimiento, evaluación, comentario y pronóstico de los hechos (que no resulta de ninguna manera criticable) unido a la creación de un determinado estado de opinión entre los receptores (lo que abre el camino a la manipulación interesada de los hechos, al ocultamiento o sobrevaloración de información y, en peor de los casos a la desinformación).

La organización de la comunicación masiva como gran industria altamente especializada implica cambios sustanciales en los mecanismos de transmisión de la información, entre ellos:




  1. el producto informativo resulta impersonal, dada la gran cantidad de especialistas que participan en su elaboración.

  2. la información se ajusta a las necesidades del mercado, se desarrollan campañas informativas momentáneas substituidas de inmediato por otros asuntos que resultan de mayor interés.

  3. la información que se transmite responde, en sentido general, a la percepción clasista del "fabricante" lo que excluye a otros puntos de vista.

  4. al igual que en cualquier otra actividad económica, el nivel de concentra­ción monopolista permite el control del mercado de la comunicación social, limitando las posibi­lidades de acceso del público a fuentes alternativas de información.

En las sociedades modernas los mass-media han ejercido una acción general consistente en moldear a los individuos según un patrón común. Reconociendo esta acción algunos sociólogos, entre ellos el norteamericano K. Young, establecen la aparición de un "hombre-masa", fruto de la sugestión que sobre él ejercen estos poderosos medios de configuración de la opinión pública. Para este investigador el resultado de ésta influencia es el reforzamiento de sentimientos de inseguridad personal, aislamiento, despersonaliza­ción y -en consecuencia- deseos de autoafirmación.(69)

Como señala P. Carreño los medios masivos llevan siempre una carga ideológica más o menos intencional que los convierte en agentes de socialización colectiva(70)

Según este autor será necesario desarrollar en los individuos una capacidad crítica que les permitiera resistir el bombardeo de opiniones que le llegan a través de estos medios, que resulta difícil contrarrestar por cuanto actúan en la esfera afectiva a través de la sugestión.

La cuestión acerca de la objetividad y la ideologización de los mass-media es objeto de profunda polémica. Para algunos teóricos y propagandistas la privatización de los medios masivos es condición indispensable para asegurar el funcionamiento de un supuesto paradigma de libertad de información, diversidad de opciones, etc. Desde esta posición critican la socialización de los mass-media, acusándola de antidemocrática, ideologizada y estatizante.

En este asunto se nos presenta una evidente tergiversación intencionada. Es innegable que los medios de comunicación, sean privados o estatales responden a un carácter de clase bien definido, que determina su función esencial: contribuir al mantenimiento y reproducción del régimen social existente, que determina el poder político de una clase sobre las otras. Los medios transmiten, divulgan y contribuyen a la conformación de un consenso social alrededor de los puntos de vista y programas de la clase que ejerce el poder económico, que la hace propietaria de los medios de comunicación fundamentales y le permite el mantenimiento del poder político. No resulta festiva la frase que popularmente denomina a la prensa como "el cuarto poder", como complemento de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en que se organizan los sistemas estatales modernos.

Cualquier estudio sobre la estructura de la propiedad de los medios masivos nos demuestra el enorme nivel de concentración monopolista que predomina en el sector. Tan solo en EEUU la transnacional norteamericana RCA Victor es propietaria de 200 estaciones de TV y 4 cadenas de difusión internacional. En Méjico el grupo Azcárraga y O'Farril controla la cadena Televisa, de lo que resulta la propiedad de tres de los diarios de mayor circula­ción en el país, 27 revistas, el estadio Azteca de fútbol, 3 equipos profesionales de este deporte, empresas ensambladoras de aparatos de radio y TV, y participación en la empresa Chrysler de Méjico, los estudios de cine Churubusco, estaciones de TV en español en San Antonio y New York y la representación de los cadenas NBC y ABC en el país.(71) A través de otro grupo financiero mejicano, el de Monterrey y a otras empresas de propiedad norte­americana y de cubano-americanos (Miguel Alemán) participan en el negocio de las emisoras de radio, la publicidad comercial y el montaje de equipos de comunicación.(72)

El gigantesco consorcio de la información Hearts publica, sólo en América Latina revistas de tiradas millonarias dirigidas a vastos sectores de la población; Citas, Selena, Mecánica Popular, Romances, Vanidades, Buen Hogar, Corín Tellado y otras, así como veinte tiras cómicas con los personajes de Walt Disney. Esta transnacional norteamericana es propietaria de más de 100 periódi­cos en los EEUU, así como de intereses en la producción de series televisivas.(73) Los grandes grupos financieros están sólidamente insertados a la industria de la comunicación; el grupo Morgan p.ej. accionista principal de IBM y General Electric, lo es también de la transnacional de las comunicaciones ITT, y a través de ella, de la cadena televisiva CBS y la empresa editorial Bussiness Week. El grupo Rockefeller es el principal accionista de la conocida Westinghouse y a través de ella controla un importante número de acciones de la IBM y la KODAK. Como vemos estas complicadas redes financieras permiten que un reducido número de personas controle no sólo la industria de la información en sí misma, sino también la tecnología de la comunicación y de los aparatos domésticos para su consumo.(74)

Entre los distintos medios de comunicación existe también una concentración muy fuerte. Los intereses financieros que controlan a las grandes compañías de cine son a la vez propietarios de cadenas de televisión, y radio, empresas editoriales y agencias periodísticas y publicitarias. Así ocurre por.ej. con la Metro Goldwyn Mayer (M.G.M) y el consorcio editorial Time-Life, con los estudios Paramount y la cadena ABC.(75) No es casual que los grupos financieros japoneses estuvieran tan interesados en comprar partes de estas empresas cinematográficas, como vía de acceso a los medios de difusión masiva, con la intención de mejorar la imagen del Japón en previsión de los conflictos económicos que surgirán con los EEUU como resultados de la lucha por la redistribución de los mercados.

La monopolización de los medios masivos de comunicación puede convertirse en un eficaz instrumento para la consecución de objetivos políticos. Tal es el caso de Silvio Berlusconi, propieta­rio de 3 de las 4 cadenas nacionales de Televisión que funcionan en Italia (la otra es el sistema RAI, estatal). En medio de la aguda crisis política provocada por el descubrimiento de graves casos de corrupción que comprometían a los partidos tradicionales, el magnate italiano utilizó inteligentemente su imperio informativo para desacreditar el sistema político de su país, desmoralizar a sus contrarios y lograr, con inusitada rapidez, convertir a su partido en una fuerza política dominante, lo que le permitió ocupar el cargo de primer ministro en 1995.

Ejemplos de la tergiversación intencionada en los medios masivos son harto conocidos. Los pretextos para la invasión norteamericana a Panamá en 1989, la cobertura de la Guerra del Golfo, el tratamiento del tema sobre el cultivo de la hoja de coca en Bolivia y Perú y sus implicaciones con el narcotráfico, las valoraciones acerca del papel de la ONU en los conflictos locales como Somalia y la ex Yugoslavia, por solo citar los más recientes. Igualmente tendenciosa ha sido la imagen que por más de 30 años se ha presentado acerca de la Revolución Cubana y de las causas del diferendo con los EEUU.(76) Con tales ejemplos no queda mucho espacio para una interpretación ingenua de los conceptos de objetividad y desideologización con que se pretende adornar a los medios masivos de comunicación.

La industria de la comunicación elabora un subproducto cultural, la llamada "cultura de masas", encaminada a la satisfac­ción de un consumidor promedio sin grandes pretensiones de carácter estético.(77) Este tipo de producto, estereotipado y consumista, ha sido denominado como "cultura camp" o "kitchs".
Características de este producto son, entre otras:


  • - se elabora en serie, a partir de prototipos comprobados.

  • - promueve la formación de criterios éticos y estéticos únicos, sin oportunidad a la confrontación de alternativas.

  • - interés excesivo por el aspecto mercantil del producto, por lo que tienden a la vulgarización del arte y la comerciali­zación del folcklore.

  • - se extiende a todos los lugares y sectores del país con propuestas únicas, sin tomar en consideración las diferencias socio-culturales.

  • - atrae la atención mediante la explotación de lo externo e intrascendente, los aspectos superficiales y sensacionalistas, sin profundizar en las causas y efectos sociales.

Como norma los productos que responden a esta características se distinguen por una preocupación por la agilidad del estilo y la utilización de la tecnología (que pueden llegar a ser de muy buena calidad) en detrimento de la seriedad y profundidad del contenido, de la validez social del mensaje que transmiten. Esto es fácilmente verificable en gran parte de la producción cinematográfica, televisiva, radial o escrita, desde los "filmes de acción" hasta las telenovelas y comics, las menciones publicitarias que acompañan a los programas de todo tipo, las imágenes de millares de video-clips o la profusión de pseudoliteratura que promueve el escapismo y la alienación por la vía del sexo, la droga y la violencia.

La imitación, como señalan muchos pedagogos y psicológicos es un instinto humano particularmente movilizador en las etapas iniciales de la vida.(78) Por esta razón aumenta el temor acerca del incremento de las escenas de violencia, pornografía, vandalismo, lenguaje soez, etc, en gran parte de la producción cinematográfica, televisiva, radial y escrita. Aunque las investigaciones al respecto no han establecido una clara relación entre el consumo de estos productos y la conducta de los sujetos, como señala el inglés Ottaway,(79) no es menos cierto que estos mensajes refuerzan el conjunto de influencias sociales negativas que gravitan alrededor del sujeto. Es indudable que las conductas agresivas y antisociales se derivan del contexto y la situación social del individuo, pero los ejemplos que recibe a través de los medios masivos pueden exacerbar o atenuar los conflictos y las formas de solución personal que se adoptan.

Particularmente importante resulta este asunto en lo referente a la televisión, convertida en los últimos años en un miembro más de la familia, y quizás en algunos hogares el más influyente. Según investigaciones citadas por A. Meier el escolar estealemán consumía como promedio 15 horas semanales ante el televisor, lo que en comparación con otros países desarrollados puede parecer insignificante. Sin embargo para Meier resultaba preocupante que sólo el 29 % de los escolares recibiera orientación de sus padres acerca de la selección de los programas.(80) Por esta razón Meier recomendaba un mejor uso del tiempo libre de los niños y adolescentes, dirigiéndolos hacia actividades que los reportaran más desarrollo cultural, físico y espiritual.

Según un estudio realizado en Méjico el 55 % de la programación de TV se dedica a los anuncios comerciales, el 25 % a los programas norteamerica­nos doblados, conocidos como "enlatados" (seriales policíacos y de aventuras, cómicos, etc) el 10 % a las telenovelas, el 7 % a programas musicales y apenas el 3 % a programas informativos, noticieros y culturales. Es obvio que no puede esperarse mucho del valor educativo de esta programación.(81)

Una interesante investigación realizada en España por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Fundación Pablo VI arrojó importantes conclusiones acerca del papel de la televisión en el rendimiento escolar de los niños, en el que se tomaron las opiniones de los escolares, sus padres y sus maestros.(82) Llama la atención que en cuestiones como la influencia de la TV sobre la actividad de los niños el 91,5 % de los maestros considera que estimula la pereza; en cuanto a la comunicación con la familia el 85,5 % considera que la perjudica; en cuanto al rendimiento escolar la cifra se ubica en el 82,4 % que la considera perjudicial. Aún cuando entre los padres las opiniones resultan coincidentes con las de los maestros los valores para cada indicador eran sustancialmente inferiores (82, 57 y 66 % respectivamente). En el caso de los escolares no existía por supuesto una opinión definida sobre la influencia de la TV en los indicadores propuestos, predominando las respuestas que la califican como "indiferente". La diversidad de opiniones nos demuestra la inexistencia de un consenso, necesario, al menos entre padres y maestros en cuanto a la incidencia de la TV en la educación de los niños y en la propia vida familiar.

Otras investigaciones han comprobado que el lenguaje de los hijos de obreros y empleados está mucho más influido por la TV que el de niño y adolescentes provenientes de familias de mejor posición social, lo que aparece relacionado con el mayor "consumo" de la TV en el primer grupo.(83)

En todas las investigaciones que hemos podido consultar se observa una regularidad: cuanto mayor es el nivel de calificación profesional y cultural de la familia mayor es la selectividad y variedad de los medios de comunicación que emplean sus miembros como también es mayor la diversidad de formas de utilización del tiempo libre. Por el contrario un menor nivel profesional y cultural está ligado a un consumo indiscriminado de los medios masivos, con un marcado énfasis en la TV, que se convierte en la forma fundamental de consumo del tiempo libre.(84)

En atención a estos fenómenos se impone elevar la cultura en el uso del tiempo libre de la población, a la vez que facilitar el incremento de las opciones para ello. Paralelamente la sociedad y particularmente la institución educacional deben exigir de los medios masivos el cumplimiento de la función cultural, para lo que será importante la combinación de las presiones institucionales, colectivas e individuales, así como la creación y desarrollo de medios alternativos (prensa, radio y TV comunitarias) que asuman tareas de carácter educativo en función de los intereses de toda la sociedad.

El logro de coherencias entre los mensajes educativos de la escuela y los que transmiten los medios masivos implica solucionar algunas contradicciones impuestas por la concepción de estos últimos como "industria de la comunicación". En primer lugar deberá resolverse la contradicción entre la eficiencia económica o rentabilidad de los medios, determinada por el número de consumidores, y la responsabilidad social de los medios, lo que evitaría el sensacionalismo, la competencia desleal y la manipulación del receptor, entre otros males. En segundo lugar deberá resolverse la contradicción actual entre la supuesta "libertad de expresión" y el compromiso ético elemental que debe regir el funcionamiento de los medios masivos, que debe estar centrado en la objetividad, la seriedad y la eticidad de sus mensajes.



Indudablemente la solución de estas contradicciones está ligada a un la realización de un proyecto social verdaderamente humanista, que permitiría la transformación de las condiciones en que funcionan tanto los medios masivos como la misma Educación. Pero esta cuestión, mucho más abarcadora y difícil, no puede ser abordada en este libro, por lo que debemos limitarnos a mencionarla, dejando el camino abierto para la reflexión personal de los lectores.



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