Introducción a la sociología de la educacióN


CUADRO 13. PROMEDIO DE TIEMPO SEMANAL DEDICADO A LOS HIJOS (SEGÚN LA PROCEDENCIA SOCIAL DE LOS PADRES). HORAS



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CUADRO 13. PROMEDIO DE TIEMPO SEMANAL DEDICADO A LOS HIJOS (SEGÚN LA PROCEDENCIA SOCIAL DE LOS PADRES). HORAS

Sectores




Padre







Madre







RB




RD

RB




RD

obreros

campesinos

empleados

funcionarios

intelectuales

total


6,61

5,63


6,75

6,87


6,28

6,53





5,77

5,26


6,i8

6,13


7,18

5,85


8,95

7,73


9,24

10,62


9,11

9,09





7,88

6,92


9,30

8,26


9,77

7,87


RB: resultados buenos

RD: resultados deficientes

Fuente: Dpto. de Sociología de la Enseñanza del Instituto Central de Pedagogía de la RDA, 1966 p. 49




















De los datos compilados se derivaban entre otras las siguientes conclusiones: como regla general los padres dedican menos tiempo a la atención de los hijos que las madres; los padres y madres de los niños con rendimientos deficientes (RD) dedican menos tiempo a sus hijos que los padres y madres del grupo de Buenos Rendimientos; por último, los padres y madres de los sectores de mayor nivel cultural y profesional dedican más tiempo a sus hijos que los de sectores de menor calificación y nivel.

Otras investigaciones resumen importantes aspectos de la influencia de la familia sobre la selección de la profesión,(20) estableciendo que entre los hijos de profesionales se produce una mayor inclinación por los estudios superiores que entre los hijos de familias que no poseen instrucción superior (68 % contra 39 % en los grupos de estudiantes de buenos resultados). Estos índices se reducen sensiblemente entre los estudiantes de bajos resultados, aumentando la diferencia entre los dos grupos de procedencia familiar (49 % contra 9 %).

Es muy interesante el estudio de los patrones educativos internos de la familia. Así por ej. Kruger caracterizó el papel de las madres destacándose en ellas un mayor grado de actividad y relación afectiva con los hijos, mayor interés por los problemas escolares de los hijos y en consecuencia una mejor disposición de los hijos hacia las madres en aspectos esenciales como la confianza, el cariño, las muestras de afecto, etc. Como efecto contrario este investigador constató que las madres dedican menos tiempo a la superación profesional, entre ella la lectura, y participan menos que los padres en la vida social.(21)

En la cuestión de los patrones educativos resulta también interesante la constatación de que el porcentaje de niños que cumplen obligaciones hogareñas es mayor entre las familias de mayor nivel cultural que entre las de bajo nivel, lo que indica una mayor preocupación por la formación de hábitos de vida y responsabilidad en el primer grupo.(22) Así mismo era sustancialmente mayor el índice de participación en las actividades de la escuela de las familias de mayor nivel cultural y profesional (80 %) en relación con las familias de menor nivel (50 %), lo que puede ser reflejo de una diferente valoración del papel de la escuela en la formación de sus hijos, sin tomar en cuenta otros factores que pueden influir en esto, como p. ej. disponibilidad de tiempo libre y otras.(23)

Para la sociedad en general y para la escuela en particular resulta imprescindible que los padres y familiares en general reconozcan el rol tan importante que desempeñan en la educación de los niños, adolescentes y jóvenes. Como señalara el eminente pedagogo cubano Enrique J.Varona "en la sociedad todo educa y todos educamos... lo existente en la idea de la generalidad de los padres de que su papel de educadores se limita a enviar a sus hijos a la escuela, y de que en ésta se ha de verificar el milagro de que el niño desprenda todos los malos hábitos engendrados en él por el descuido de los que le rodean, y aprenda todo lo que luego a de serle útil en la vida".(24) Semejante idea debe ser combatida mediante la persuasión y la orientación del maestro sobre la familia, que logre atraerla y vertebrarla con el proyecto educativo de la escuela.

Sin embargo el investigador no puede pasar por alto los fenómenos sociales que perjudican el desarrollo de la labor educativa de la familia, algunos de los cuales ya han sido mencionados. Es evidente que el medio social y familiar adverso, regido por la incultura y las carencias materiales de todo tipo, dominado por la agresividad y la violencia, que obliga a una feroz competencia por la sobrevivencia e incluso impulsa al niño a abandonar la escuela para contribuir al sustento de sus hermanos y aún de sus propios padres no es buen terreno para desarrollar esa preocupación por la enseñanza. En América Latina sólo el 83 % de los alumnos ingresa oportunamente a la escuela. En los grupos de menores ingresos prevalece la deserción temporal o definitiva, el alumno permanece muchos años en la escuela y su aprendizaje es mínimo. De hecho, según datos de la UNESCO el alumno promedio pasa 7 años en la escuela y sólo logra aprobar 4,2 grados. Como promedio sólo el 47,2 % de los alumnos vence los seis grados de la enseñanza elemental, pero solo el 25 % lo hace sin retraso "y casi todos ellos provienen de los niveles socioeconómicos medios y altos",(25) que como bien se sabe constituyen una exigua minoría dentro de nuestro continente. En estas difíciles condiciones bien poco pueden hacer por la educación de sus hijos las familias de los sectores marginales y desfavorecidos, para los cuales la lucha contra el desempleo y el hambre tiene un carácter más perentorio que cualquier otra aspiración. En algunos casos el esfuerzo de los maestros y la buena intención de la escuela tropieza contra la lógica feroz de los padres que preguntan al maestro ¿para qué debe ir el niño a la escuela? si después no tendrá oportunidades reales de continuar sus estudios o de encontrar un trabajo correspondiente con la instrucción recibida. Esta realidad es particularmente dolorosa en el medio rural, donde la escasez de recursos obliga a los niños a trabajar desde muy temprana edad para ayudar a la alimentación de la familia. Semejante fenómeno se extiende cada vez más hacia las ciudades, deteriorando no sólo el papel de la escuela, sino también los fundamentos de la institución familiar.

La lucha por la superviviencia que obliga a ambos padres a dedicarse al trabajo (incluso a trabajar horas extraordinarias) perjudica el cumplimiento de las funciones afectivas y culturales de la familia, y deja el asunto de la educación de los niños en manos de otros parientes (hermanos, abuelos) al de guarderías (profesionales o no) o, en el peor de los casos a la influencia de la calle. La incorporación masiva de la mujer al trabajo y la vida social, en sí misma un incuestionable logro en la lucha por su emancipación, se hace cuestionable cuando trae aparejada la drástica reducción de sus posibilidades de actuación en la educación de sus hijos,(26) cuestión en la que los hombres ya estaban relegados por la generalización de un modelo de sociedad patriarcal que impone consustancialmente una familia de ese mismo carácter. Como vemos son muchos y muy diversos los factores que conspiran actualmente contra el ejercicio del papel educativo de la familia y es tarea ardua del educador encontrar las vías para atenuarlos.




5.2 LA COMUNIDAD
Una de las conclusiones más importantes de la sociología Marxista estriba en la solución al problema de la relación entre el ser social y la conciencia social. Como señalara F. Engels "Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana, el hecho tan sencillo.... de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc..."(27) Todas estas actividades, en última instancia, se derivan del grado de desarrollo económico alcanzado por la sociedad, o lo que es lo mismo el desarrollo de sus fuerzas productivas, que determinan en el establecimiento de un tipo específico de relaciones de producción. Todas estas actividades, sean de carácter material o espiritual, se realizan en colectivo, presuponen la pertenencia del hombre a un grupo humano, constituido inicialmente a partir de lazos de parentesco que con el tiempo se diluyen; cuya esencia es la actividad común para la satisfacción de las necesidades vitales del grupo.

De esta forma la teoría sociológica marxista parte del principio materialista de reconocer al hombre como un ser social, esto es que vive y trabaja en comunidad; la pertenencia a ese grupo humano es consustancial a su existencia, de tal forma que resulta inconcebible la supervivencia del sujeto totalmente aislado de sus semejantes, y de hecho haría imposible la continuidad de la especie.

El grupo humano puede asumir diversas formas (la familia es una de ellas) en consonancia con su forma de integración, sus objetivos, su durabilidad, etc. En este apartado nos dedicaremos al estudio de un tipo específico de grupo social: la comunidad
5.2.1. PROBLEMAS PARA LA CONCEPTUALIZACION DE LA COMUNI­DAD
La comunidad constituye el entorno social más concreto de existencia, actividad y desarrollo del hombre. En sentido general se entiende como comunidad tanto al lugar donde el individuo fija su residencia como a las personas que conviven en ese lugar y a las relaciones que se establecen entre todos ellos.

La pertenencia a una colectividad definida como comunidad (en este caso vecinal) no excluye que, al mismo tiempo, el individuo pertenece a una clase social determinada, que se define por el lugar que ocupa dentro del sistema de relaciones de producción establecido; como también pertenece a un grupo social más pequeño y estable, la familia, al que está unido por lazos de parentesco. Esta diversidad de pertenencias implica un serio problema para la investigación sociológica, por cuanto los intereses de unos y otros grupos no siempre resultan coincidentes, como tampoco los sentimientos de pertenencia e identificación se manifiestan con igual intensidad.

Pese a esto la Sociología de la Educación reconoce el extraordinario papel que desempeña la comunidad en el proceso de socialización de los niños, adolescentes y jóvenes, lo que se puede resumir en que:


  1. A través de ella se reciben, simultánea y sistemáticamente las influencias sociales inmediatas.

  2. En su seno el sujeto actúa tanto individual como colectivamente, asimilando y reflejando los condicionamientos sociales más generales.

  3. En su entorno se encuentran grandes potencialidades educativas en cuanto a la autotransformación y el desarrollo de los sujetos.

La conceptualización de la comunidad es un problema difícil, por cuanto en el lenguaje cotidiano se utiliza el término con las más diversas connotacio­nes; p. ej. connotación religiosa (comunidad hebrea de Cuba), racial (comunidad afrikaneer de Sudáfrica); étnica (comunidad tamil de Sri Lanka) o profesional (comunidad financiera de Wall Street). Pese a la ambivalencia con que se utiliza el término en todas las acepciones se observan aspectos comunes: la ubicación de los miembros en un espacio determinado y la existencia de un interés común, que se refleja en una forma de actividad identificatoria, sea esta la práctica religiosa, el idioma común, la actividad laboral, u otra.

Estos elementos han servido para los intentos de definición de la comunidad. Así por ejemplo F. Violich establece el siguiente:
"Grupo de personas que vive en un área específica cuyos miembros comparten tareas, intereses y actividades comunes, que pueden cooperar o no entre sí".(28)
Como vemos esta es una definición donde predominan los factores de carácter objetivo. Otra definición muy conocida es la propuesta en la Conferencia Mundial de Desarrollo Comunitario (Ginebra, 1989).
"Sentimiento de bien común, que los ciudadanos pueden llegar a alcanzar"(29)
Aquí se ponen en primer plano factores de carácter subjetivo, entendidos incluso de manera hipotética, que implica que la residencia en un lugar no expresa, por sí misma la existencia de una entidad comunitaria.

Otras definiciones un tanto más elaboradas no resuelven del todo las insuficiencias anteriores, como vemos en la del investigador ruso G. Osipov:


"Conjunto de personas que se caracterizan por presentar una comunidad de relaciones respecto a determinado territorio económico y sistema de vínculos económicos, políticos, sociales y otros, que lo distinguen como una unidad de la organización espacial, relativamente independiente, de la actividad vital de la población."(30)
El mismo Osipov diferencia este concepto de "comunidad territorial" del de "comunidad social", que no contribuye a esclarecer definitivamente los términos.

La formulación de un concepto de comunidad que facilite la identificación de esos agrupamientos humanos requiere de una serie de consideraciones iniciales que exponemos a continuación.

En primer lugar debe tomarse en consideración que la vida del sujeto se desarrolla en dos contextos diferentes, aunque relacionados entre sí:


  1. el entorno comunitario propiamente dicho: que comprende las condiciones de la infraestructura social donde los individuos satisfacen sus necesidades vitales; p. ej. edificaciones, vías de comunicación, servicios de agua potable y electricidad, comercios, lugares de recreo, etc.

  2. el entorno familiar: entendido como substrato del entorno comunitario incluye las condiciones que permiten al sujeto resguardarse del medio social para proteger su individualidad; p. ej. la vivienda propia, los artículos y bienes personales, las relaciones filiales, etc.

Entre estas dos esferas de la vida del sujeto existe una indisoluble relación, no exenta de contradicciones. Cuanto mayor es la articulación entre ambos contextos se establece de manera más sólida y estable el sentimiento de pertenencia del sujeto al contexto comunitario, la identificación con los intereses comunes y la participación en las actividades de beneficio colectivo. Así. p. ej. es común la existencia de sólidos sentimientos de identidad en las comunidades vecinales constituidas alrededor de centros fabriles, como los centrales azucareros, en que la mayoría de los residentes están también unidos por relaciones de trabajo. Como ejemplo contrapuesto nos sirve el de las "ciudades dormitorios", aglomeraciones de edificios de viviendas donde los vecinos no tienen otra relación que no sea la de residencia.

En segundo lugar debe tenerse en cuenta que la vida del sujeto se desarrolla en dos planos diferentes de socialización, en que se establece su pertenencia a diversos grupos, cada uno de ellos distinto en cuanto a su composición, objetivos y forma de organización.(31)

El primero de estos planos, que denominamos horizontal, refleja el tránsito del sujeto, desde la niñez hasta la vejez, por diversos grupos de socialización, cada uno de los cuales constituye una comunidad específica, o grupo secundario según la terminología de R. Mack y K. Young.(32) En cada uno de estos grupos o comunidades el sujeto desempeña un rol particular, a la vez que establece un tipo específico de relaciones con sus semejantes. El tránsito por estos grupos comunitarios no es necesariamente continuo, sino que el mismo sujeto puede estar interactuando en varios de ellos a la vez, desempeñando roles diferentes en cada uno, lo que en la práctica es lo más común.

En un esquema simple este plano horizontal puede representarse como una serie de círculos interconectados entre sí, con un eje central, el sujeto:

CUADRO 14. INTEGRACIÓN EN EL PLANO HORIZONTAL

colegas, amigos

ASOCIACIONES




FAMILIA

parientes

correligionarios

ORGANIZACIONES

SOCIALES


SUJETO

VECINDARIO

vecinos

compañeros

TRABAJO




ESCUELA

condiscípulos

El segundo plano, que denominamos vertical, se refiere a las dimensiones que asume el concepto de comunidad, lo que define también la magnitud de los intereses que se reflejan en él, y que varían desde los de la comunidad vecinal, muy simple, concretos e inmediatos hasta los de carácter universal, vinculados a los llamados problemas globales de la humanidad. En un esquema simple este plano quedaría representado como una escala ascendente, donde las dimensiones más generales incluyen a las más simples:



CUADRO 15. INTEGRACIÓN EN EL PLANO VERTICAL

























Humanidad






















Continente






















Región






















País






















Provincia






















Pueblo o ciudad






















Vecindario






















Familia






















Sujeto
























Cada uno de los niveles en este plano vertical se caracteriza por una forma específica de integración e identificación del sujeto, que se traduce en interés, motivos, actitudes y acciones comunes que lo identifican como miembro de esa comunidad y lo diferencian de otros. Así, p. ej. somos habaneros - cubanos- caribeños-latinoamericanos al mismo tiempo, pero cada uno de esos vocablos implica la pertenencia a un entorno sociopsicológico concreto, a un tipo de comunidad humana muy bien caracterizado.

Como vemos, la superposición de planes y contextos hace muy difícil no sólo la elaboración del concepto de comunidad sino aún más, identificar con exactitud la existencia de sentimientos de identidad comunitaria en un grupo humano.

Para los fines del trabajo comunitario y concretamente para la elaboración de proyectos de trabajo conjunto entre la escuela y la comunidad es muy útil la definición siguiente:


" Grupos de personas que poseen:

  1. territorialidad común, donde se identifican los sistemas de relaciones grupales.

  2. necesidades e intereses afines en torno a esferas de la vida cotidiana.

  3. acciones y metas comunes que se acompañan de sentimientos de pertenencia, valores compartidos y conductas semejantes que los reflejan.”(33)

Pese a la ventaja de ubicar el concepto a partir de la territorialidad común no puede obviarse que, en muchos casos, esta no se acompaña de sentimien­tos de pertenencia o valores compartidos, sobre todo en comunidades creadas como resultado de reasentimientos, corrientes migratorias, progresos acelerados de urbanización, etc.




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