Intoxicación hermética james Hillman



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INTOXICACIÓN HERMÉTICA

James Hillman

La globalización resulta de una sobredosis del espíritu de Hermes

 

Resumen y traducción, libre, muy libre



Trudy Osfteld de Bendayán. 

 

En esta conferencia ofrecida por el arquetipalista James Hillman en 1996 bajo el título de la “Psicología del Milenio” podemos hacer patente su visionario análisis que deja entrever la posibilidad inminente de una debacle financiera similar a la sufrida en el 2008 a consecuencia de una intoxicación hermética. Además pone de relieve otros malestares de la cultura del milenio a la vez que sugiere un paliativo a tales males, particularmente con el necesario retorno del fuego íntimo personificado por la diosa Hestia.  



La fascinación con el intercambio entre las personas de todas partes, el gusto por una multitud de relaciones, la hiper-comunicación inherente a la globalización, el énfasis en el mercado y las finanzas, la instantaneidad ofrecida por la electrónica, la compulsión a viajar con marcada frecuencia son todas manifestaciones indicativas de la actual constelización del cosmos perteneciente al mítico Hermes: el dios griego de sandalias y pensamientos alados coronado con el gorro que le confiere invisibilidad. Así como la edad de la razón sufría de una sobredosis del dios solar Apolo y un exceso de la racionalidad normativa de Atenea, es falible concluir que la globalización resulta de una sobredosis del espíritu de Hermes.   

Con el cambio de siglo, Hermes nos mantiene esclavizados. No sólo a través de la implementación de nueva instrumentación, sino además con la aceleración mediante la cual cada generación de instrumentos y dispositivos son desarrollados y, a la vez, cómo se transforman en obsoletos en lapsos breves de tiempo: cada nuevo dispositivo emergente ofrece un mayor alcance y una mayor rapidez de conexión.  

Otra área regida por Hermes es el mercado de las acciones el cual incluye a los fondos mutuales, las especulaciones con el mercado cambiario y el juego de valores a futuro. Actualmente los mercados mundiales están conectados instantáneamente, lo cual permite movilizaciones de grandes sumas de dinero de un lugar a otro, de una moneda a otra, de un mercado a otro. Lo que en el pasado era una inversión a largo plazo ha sido hoy en día desplazado por un rápido movimiento hermético. El mercado se ha convertido actualmente en un juego. Los enormes movimientos de dinero conllevan, a la vez, la sombra de descomunales estafas y robos, de lavados de dinero y de profundas decepciones. Pues, los sistemas de contabilidad colapsan ante la velocidad de los movimientos realizados por los ejecutivos de la banca quienes manejan cifras astronómicas por transacción. Por su parte, los gobiernos son incapaces de controlar las corporaciones multinacionales o de gobernar los cambios de moneda, el precio del oro, los productos básicos o el valor y el monto de su propio suministro monetario.  

En un pasado Saturno regía el dinero. En los antiguos textos de símbolos, Saturno era llamado el dios de la talega y era representado con un atributo particular: una cartera fuertemente cerrada. Bajo esa forma fue declarado como la deidad de la casa de la moneda. En la actualidad, con la hipertrofia de Hermes, el dinero ya no es una moneda sólida ni está respaldado por el oro como en el pasado. Ya no está regentado por Saturno sino por Hermes. Las transacciones se hacen a través de palabras y números; pasan de una mano a otra de manera virtual, es decir, mediante mensajes enviados por la data electrónica de una computadora.  

En muchos de los lugares en los cuales Hermes ha alcanzado su apogeo, la importancia del hogar y del terruño también han caído bajo el efecto de la intoxicación hermética. La tierra y sus edificaciones (el mercado inmobiliario) que se supone que proveernos de seguridad también ha sido víctima del desarrollo especulativo y de las tasas hipotecarias. Hermes, quien nunca ha tenido residencia permanente ni lugar de reposo sobre la tierra, ha traído la impermanencia y los veloces cambios de valor directamente al ámbito de nuestros desarrollos habitacionales.   

Otro aspecto relativo a la intoxicación hermética que requiere de una atención psicológica particular es el apetito por la información. Hermes, era una vez el mensajero de los dioses, pero, a la vez, siempre fue uno indiscriminado. Realmente llevaba los mensajes sin involucrarse con su contenido: nunca mostró tener opiniones, ni valores; no hacía comentarios editoriales, ni tampoco censuraba nada. Su tarea era sólo la de hacer posible la comunicación y ésta no tiene límites.   

En una cultura como la nuestra en la que los dioses se han exilado, ya los mensajes ni siquiera portan ningún significado divino. Son mera “información”. Fiel a su papel, Hermes pasa la información de manera indiscriminada; facilita los mensajes sin prestar atención al contenido ya sea que ejerza su función a través de un mail, de un blog, de un chiste, de una publicidad, de un avance sexual o por medio de una revelación de importancia política. La palabra “información” se ha inflado tanto en esta época que ya no porta ninguna identidad ni destino particular. Tampoco lleva sabiduría, ni inspiración, ni conocimiento, ni aprendizaje, ni confort, ni verdad, ni profecía, ni valores moral ni belleza estética. En lugar de ser mensajero de los dioses, Hermes está ahora al servicio del Internet.   

Por otra parte, cabe destacar que la comunicación no debe ser propiedad de un solo Dios. Existen muchas maneras de comunicarnos. Existe la conexión íntima, sin palabras y sensible entre amantes, entre la madre y su hijo; entre el paciente y el médico; entre los animales y sus cuidadores. Existe una comunicación que nos ofrece el deleite cotidiano de la vida a través de las flores, la cocina o el compartir una copa. Existe una comunicación dionisíaca a través de la participación mística (sentimiento oceánico) entre los participantes de un concierto de rock o una comunicación por medio de la risa disolvente. Hay una comunicación por medio del rayo de Zeus como lo es el relámpago de inspiración, la iluminación, el repentino enamoramiento con una persona desconocida. Existe la comunicación gestual entre los guerreros en formación, entre los grupos de contienda ya sea en una guerra o en un partido de fútbol. Existe una comunicación entre la enseñanza y el aprendizaje: una comunicación que es lenta y dedicada sin el brillo y la diversión traída por Hermes. La comunicación también procede de las artes; una obra de arte comunica por medio de una chispa que salta de la obra al ojo y al corazón del que la contempla y que puede saltar hasta su mano haciendo que se produzca otra obra.   

Por ello, no podemos reducir la comunicación a una visión monoteísta olvidando el panteón politeísta. Esta usurpación monoteísta por Hermes eleva los medios electrónicos a una posición de primacía y se descuida con ello las artes, el cuerpo, las sutilezas del silencio sensible. La hipertrofia de Hermes asume una realidad; tu Blackberry, Ipod, Playstation, etc. llegan a ser los medios indispensables para recibir mensajes; mantenerse en contacto y permitirte entrar en la corriente de la vida.   

Por todo ello, cabe señalar que Hermes ha llegado a ser un mensajero secular; ya no sirve a los dioses y se ha vuelto el amo de todos los dominios. La realidad virtual puede simular todo; se ha hecho omnisciente y omnipresente.  

Tampoco, hay que olvidarse del lado “trickster” (tramposo) de Hermes: pues precisamente ese aspecto sombrío lo convierte en agente dilecto del engaño. Cuando se activa o consteliza puede causarnos muchas perturbaciones tanto pequeñas como muy lamentables. Su energía taimada puedo hacernos perder una llamada, puede echar a perder nuestra computadora, nos hace olvidar de mantener un respaldo de nuestros archivos, infiltra virus en nuestra computadora, destruye programas y altera datos bancarios. Quizá sea él mismo el que convenza al consumidor que necesita de mayor capacidad y velocidad en su computadora. Es Hermes quien inspira a los “hackers” a entrar a los secretos corporativos, a los registros policiales y gubernamentales, a los laboratorios científicos a nuestras cuentas bancarias a fin de robar información y nuestro dinero.  

En general, seduciéndonos al poner el mundo a nuestro alcance, es fácil que nos dejemos intoxicar por este ambiguo dios. Pero hay que acordarse de que si bien Hermes es un dios que nos facilita encontrar cosas también es quien nos las quita. ¿Qué nos quita? Imaginémonos una fiesta; ya sea un cena, una reunión bailable, una para celebrar un cumpleaños. Nos vestimos, decoramos el lugar. Sentimos en nuestro cuerpo la anticipación del evento. Imaginémonos cocinando o sirviendo vino. Imaginémonos colocando flores. Vemos los cuerpos en movimiento; la seducción en acción, el encuentro repentino con un viejo amigo o enemigo. Pensemos también en las sutilezas del lenguaje, de los gestos, de los tonos de voz. El perfume.   

Todas esas habilidades humanas que nos tomaron siglos para desarrollar ya no juegan ningún papel en la era de las computadoras. La comunicación debe darse a través de muchos niveles; no son mensajes interactivos. Un mensaje es un ángel desde una perspectiva etimológica pues procede de la palabra griega “aggelos” que quiere decir mensaje. Ello indica el origen divino de los mensajes. Los ángeles eran muchos y tenían nombres y formas específicas. Un verdadero mensaje anuncia algo, revela algo, altera algo, trae un conocimiento significativo. La voz de un ángel es conmovedora, se oye el soplo de una trompeta y el aleteo de sus alas. ¿Qué celular podría transmitir a un ángel?  

El hecho de que el Internet llegó a constituirse en un sustituto sexual, tampoco es de extrañarse dada la sexualidad inherente a Hermes. El gallo y el carnero, animales con fuertes connotaciones sexuales, pertenecen a Hermes. En las representaciones más antiguas Hermes era representado con una herma fálica. Si vemos las imágenes talladas de Hermes, podemos observar que generalmente aparece esculpido en una piedra cuya parte superior representa un sombrero con alas y, la inferior es un gran falo. Es decir, entre la cabeza y el falo sólo existe una losa de piedra. La mente rápida y el sexo – dos grandes poderes generativos y autónomos -, pero el cuerpo de la interioridad, de la recepción y digestión, del corazón y del estómago, todo esto se halla ausente en estas representaciones. O su cuerpo suele ser representado ya sea como un joven muy enflaquecido o impoluto.  

¿Existe una cura para la intoxicación hermética? ¿Cómo curarnos de esta adicción al acceso y entrega instantánea, de la delicia del pasaje a través de los mundos invisibles del aire, del privilegio de la posibilidad de conexión con todos en cualquier parte? La mitología nos enseña que ni su padre Zeus ni su hermano Apolo pudieron domarlo. Hermes los engañó a ambos. Ninguna diosa, ni ninfa, ni fémina que se haya emparejado con él han podido transformarlo. Él tuvo muchos hijos con muchas figuras femeninas pero nunca formó pareja con ninguna. La única figura mítica que podría ser su contraparte es Hestia o Vesta en la mitología romana.    

 

 



EL ENFOQUE SOBRE HESTIA

 

 





Hestia es la sal; el principio alquímico de lo fijo e inmutable. 

 

 

El lugar en el hogar donde el fuego resplandece ese es el lugar míticamente asignado a Hestia. Al igual que Hermes, Hestia personifica una cualidad de la mente. Pero mientras Hermes es invisible y fugaz, Hestia encarna la conciencia en sí misma. Si Hermes trae posibilidades a la mente, Hestia centra estas posibilidades y les da foco. Mientras Hermes está disperso en todas las partes, Hestia es la sal; el principio alquímico de lo fijo e inmutable. Hermes se expande en su desarraigo. Hestia, es la que escribe día a día lo que sucede en nuestra vida. Hermes también tiene una conexión con la escritura, pero Hestia es la cronista, la tradición, la línea generacional. Ella, asimismo, gobierna todos los contratos mientras que Hermes es el quien los negocia.  



La conciencia de Hestia gira alrededor de ella misma; no va a ninguna parte ni desea algo que está fuera de ella. Por ello se le representa sentada en elementos circulares y también sus lugares de adoración lo eran. Hestia es la diosa que permanece en casa: no le gustan los desplazamientos. Ella representa a la familia, a la vida y a la ley del clan. El único servicio que se le rendía era la comida familiar. Mientras que Hermes siempre está en movimiento y por ello casi no conseguimos imágenes de él sentado de lugar alguno. El espíritu hermético no suele pasar tiempo con su familia ni compartiendo una comida con otros. Más bien, lo vemos ocupado con el celular, el laptop, la televisión o picando algo ligerito, un mordisquito de algo, una chuchería. Y si va al restaurante va con el mundo dentro de su maletín (computadora, celular). Mientras que Hestia es el refugio sagrado; el lugar de quietud y paz.   

No hay que equivocarse y pensar que este par estaría resuelto o compensado si comemos en familia frente a un televisor. Esta suposición omite un aspecto profundo de Hestia. Verlo así es considerar a Hestia sólo como una estación fija de Hermes, tal como lo haría una esposa que esté todo el día cocinando en espera que su marido-Hermes entre corriendo, entre cita y cita, y coma algo para salir nuevamente a la calle. Ella no es un mecanismo de servicio. Ella es la devoción de la interioridad; le es más importante el significado que el mensaje, le resulta menos valiosa la conexión hacia fuera que el proceso de interiorización. Esa vida interior, ese fuego interior que se niega a dejarse tentar por las seducciones del mundo externo; es la atención disciplinada, la auto-contención análoga a la forma circular.  

Inconscientemente nuestra era electrónica ha descubierto la necesidad de Hestia pues junto a la supervelocidad que vivimos por la intoxicación hermética, también buscamos actividades que requieren de la concentración y focalización como el yoga, la meditación, el Zen, etc.  

La sexualización del Internet ha producido un contra-movimiento  de la virgen Hestia, que busca contra-restar el movimiento lascivo de Hermes; donde la comunicación y la conexión son equivalentes a copulación. Se decía que Hestia era inmune al poder de Afrodita y a las flechas de Eros. Sus sirvientes eran las vírgenes conocidas como vestales las cuales eran severamente castigadas hasta con la muerte si se atrevían dar alguna señal de encanto venusino con su mirada, gestos o vestimentas. El intento de censurar y la regular el sexo virtual y los programas pornográficos de la televisión son expresiones compensatorias de Hestia. También la psicoterapia como una lenta, cuidadosa e introvertida disciplina, intensamente enfocada en nuestra interioridad, en esta era digitalizada, cobra gran importancia. Invoca la presencia de Hestia.  

Cuando Hermes y Hestia no se hallan armonizados; tenemos una dupla de archi-enemigos que se empujan hacia los extremos y ante el exceso de Hermes nos encontramos también con un peligroso exceso de Hestia. La intoxicación de Hestia es también sumamente peligrosa. Es un fuego que nos puede consumir. La sexualidad se vuelve el campo de batalla dilecto de ambas deidades en su forma polarizada. Hestia, aparece así a través de una rígida actitud puritana que anula la fantasía y la libertad del deseo que trae el fálico Hermes.  

Por otra parte, el deseo de tener un lugar, la necesidad de retiro, el apego a nuestra tierra, la búsqueda de un santuario muy personal que sirva de “temenos” o contenedor alude a la activación de la energía de Hestia. Sin embargo, una intoxicación de Hestia se manifiesta a través de la xenofobia: la limpieza étnica a fin de “preservar la pureza del lugar”. La xenofobia responde a una visión monoteísta y literal de las creencias en la tierra, el hogar y en Hestia. Son expresiones arquetipales que buscan contra-restar el exceso de Hermes.   

Hestia en exceso se traduce en una necesidad fanática de pureza, una devoción extrema, una sobre valorización sectaria del hogar, de la tierra y de las relaciones familiares. Tal postura impide el contacto con los otros que llegan a ser asumidos como habitantes de un imperio diabólico o representan el eje del mal. Bajo las nociones de seguridad purificada, la comunicación diplomática de Hermes sólo se puede dar en la clandestinidad, en la inescrupulosidad, tras bambalinas. Hestia como diosa que preserva la tradición es el presente continuo donde nada cambia, en su forma excesiva ataca toda noción de futuro pues conlleva a un cambio. Se vuelve así vilmente saturnina: retiene el futuro. Hestia reafirma el lugar sobre el tiempo a través de un tribalismo fanático y de la xenofobia.   

Por otra parte, la hipertrofia de Hermes llena nuestros días de un apuro ansioso, nos vemos abrumados por un temor de que no ser capaces de cumplir con nuestros compromisos. El tiempo se nos pasa volando entre una cita y otra; entre una actividad y otra; la agenda está repleta. No podemos vivir el presente sino el futuro. Es como si llevásemos puestas las sandalias aladas del dios. Vivimos acorde a agendas, a compromisos y no según nuestros ritmos propios.  

Hillman concluye señalando que la gran catástrofe que el futuro nos trae no es el futuro per se, más bien, el efecto del futurismo en la vida presente que trae una tensión que nos hace enfocarnos no en la vida diaria del acá  y del ahora, del pan y la sal de lo actual sino en la especulación y en lo desconocido, negando de esa manera a Hestia y dejándonos sin hogar.  

Para restaurar la centralidad de una Hestia benéfica, debemos sentirnos concretizados en la vida diaria. El corazón está en aquello en lo que uno se enfoca realmente y, el de ella, estaba focalizado en medio de la ciudad. Podríamos correr el riesgo de sentirnos desposeídos si sólo nos enfocamos en un lugar o en un tiempo de naturaleza abstracta. No obstante, si traemos a Hestia a nuestra vida podremos recuperar el lugar adecuado: el fuego de nuestro hogar en la tierra. Ella nos da ese sentimiento de estar acá y ahora. Nos da la certidumbre de lo actual. Nos permite sentir la tierra bajo nuestros pies y la certeza tranquilizante de saber que el sol sale todos los días de nuestra existencia. Nos proporciona el sentimiento de sentirnos vivos y enraizados a la tierra real y no al espacio virtual, al acá y al ahora y no a un indeterminismo futurista.

 

Trudy Osfteld de Bendayán, 
Analista junguiana, Magister en Filosofía, 

Ph.D en Estudios Psicoanalíticos. AVPA. IAAP.

 

   
 






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http://www.youtube.com/watch?v=bkzep-xruh4

Aporte de Carolina Urdaneta del C.E.J

 

 


 

 



 

 

 



 


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