Intervención en Psicología de la Salud



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LAS ILUSIONES COGNITIVAS

Las ilusiones cognitivas son un fenómeno psicológico que caracterizan la cognición humana (Weinstein, 1980, 1984; Taylor y Brown, 1988, 1994) y se corresponden con distorsiones en la percepción e interpretación que los individuos hacen sobre sí mismos y sobre su entorno social (Sánchez Vallejos y cols. 1998). Otros autores las identifican como distorsiones estables y sistemáticas de la información, y no como errores eventuales favorecidos por circunstancias situacionales (Fiske y Taylor,1988). Existe una controversia sobre los efectos que tienen sobre la conducta en la vida cotidiana estas ilusiones cognitivas: por un lado, se constituyen en estrategias adaptativas ante situaciones nuevas o amenazantes al reducir el stress emocional, pero por otro, disminuye la probabilidad de ejecutar aquellas acciones adecuadas para evitar el riesgo real de estar expuesto a situaciones o conductas que están asociadas al enfermar o a la seguridad personal y/o la de los otros.


En relación a la temática, me centraré en los sesgos cognitivos Optimismo Ilusorio, Ilusión de Invulnerabilidad e Ilusión de control.

En lo que hace al Optimismo Ilusorio, es posible analizarlo en sus aspectos motivacionales, como evitar experiencias emocionales negativas, y cognitivos, como falta de información ó limitaciones en las estrategias del procesamiento de la información (Sánchez Vallejos, 1998). Van der Pligt (1995) señala como causas del sesgo Optimismo Ilusorio a:




  1. Control personal percibido sobre los acontecimientos que se evalúan.

  2. Sesgo egocéntrico provocado por el mejor conocimiento que tienen las personas de sus propias acciones

  3. Falta de experiencia personal con determinados acontecimientos, lo que puede conducir a infraestimar la posibilidad de que acontezcan acontecimientos que previamente no han ocurrido.

  4. Estereotipos y prototipos que se manejan sobre qué personas tienen más posibilidades de que les ocurran determinados acontecimientos o de padecer ciertas enfermedades.

  5. Mantenimiento de la autoestima y autoensalzamiento personal que conduce a pensar y valorar la conducta, estilo de vida y personalidad propios, en términos mucho más positivos que los empleados cuando se trata de la conducta de los demás.

  6. Estrategias de afrontamiento utilizadas en situaciones amenazantes reales o imaginadas para protegerse de ansiedades y preocupaciones.

Por su parte, Taylor y Brown sugieren que las ilusiones cognitivas en general y el optimismo ilusorio en particular, sirven a una amplia variedad de funciones cognitivas, afectivas y sociales, y subrayan su valor de estrategia adaptativa. Ugarte y cols. (1998) definen el Optimismo Ilusorio o Ilusión de invulnerabilidad como la tendencia a creer que uno tiene más posibilidades en el futuro –que la persona media- de que le ocurran hechos positivos y menor probabilidad de que le ocurran hechos negativos. Algunos autores diferencian Optimismo Irreal, la sobreestimación de la probabilidad de que le ocurran hechos positivos, de Ilusión de invulnerabilidad, la subestimación de probabilidad de que le ocurran hechos negativos. Sánchez Vallejos y cols. (1998) señalan que este último sesgo se explica, entre otros factores por:




  1. Valores culturales: se encuentra más claramente en culturas individualistas, que valoran una imagen autónoma e independiente de la persona.

  2. Falta de experiencia anterior.

  3. Motivacional: el carácter negativo de un hecho motiva a las personas a que denieguen su probabilidad , como una forma de manejar la ansiedad

  4. Estereotipia cognitiva: el tener una imagen estereotípica y creer que uno es muy diferente de ella, refuerza la idea de que es menos probable que a uno le ocurran hechos negativos.

  5. Ilusión de Control: las personas que sobreestiman su capacidad de controlar hechos negativos, tienden a presentar mayor Ilusión de Invulnerabilidad.

En tanto que el sesgo de Ilusión de Control se explica por diferentes mecanismos:




  1. Cultural o Normativo: las personas que comparten más los valores culturales del Individualismo, tienden a valorar más la unicidad o diferenciación del individuo del grupo.

  2. Motivacional: el responder de esta manera hace que las personas refuercen su autoestima.

En el caso particular de los adolescentes, esta dificultad en el reconocimiento del riesgo se incrementa por el egocentrismo que caracteriza el pensamiento adolescente. Jean Piaget5 señala que este egocentrismo intelectual se manifiesta a través de la creencia en la reflexión todopoderosa, como producto de la separación del pensamiento en relación a los objetos; desde el punto de vista representativo, hay una indiferenciación relativa inicial entre el punto de vista propio y el de los otros, así como una indiferenciación relativa entre lo subjetivo y lo objetivo. Tiene como función liberar las relaciones y clasificaciones de sus vínculos concretos con los objetos, para más tarde hacer posible la elaboración de hipótesis y el razonamiento sobre las proposiciones desligadas de la comprobación concreta y actual. Su principal característica es la liberación de lo concreto a favor de intereses orientados hacia lo inactual y hacia el porvenir; el equilibrio se alcanza cuando comprende que la función que le corresponde a la reflexión no es la de contradecir, sino la de anticiparse e interpretar la experiencia. “Es la edad del egocentrismo metafísico por excelencia: el yo es lo bastante fuerte como para reconstruir el universo y lo bastante grande como para incorporarlo”


Para el adolescente, el inicio de la actividad sexual conlleva no pocas problemáticas: está teñido de ritos de iniciación, fantasmas, mitos, temores... ¿Cómo evaluar lo que se desea y sus posibles consecuencias? Desea tener una vida sexual activa, pero ¿en qué medida actúa protegiendo este deseo? En qué medida toma precauciones para que la sexualidad no se vea interrumpida por la maternidad, por un embarazo precoz no deseado? En qué medida protege sus proyectos de vida –educativos y laborales- para que no sean interrumpidos por la crianza de hijos o un matrimonio forzado?
Es necesario pues conocer los valores, la identidad y los roles de género de la población adolescente; aún carecemos de investigaciones que den cuenta del espacio simbólico, de las representaciones subjetivas que están detrás sus conductas: porque los adolescentes afrontan las diferentes situaciones que les toca vivir conforme a los modelos valorativos, actitudinales y emocionales del medio socio-cultural al que pertenecen.

FACTOR DE RIESGO INDICADOR

Los estudios de Brown y Harris (1978), pusieron de manifiesto la importancia del contexto de vida del individuo para comprender el papel de un factor determinado, señalando que no es tanto la búsqueda de una “causa básica” aislada, sino que es necesario comprender los mecanismos y procesos relacionados que actúan a lo largo del tiempo.

En lo que hace a los factores de riesgo asociados al embarazo en la adolescente, de acuerdo con los datos obtenidos por una investigación realizada en Costa Rica6, los principales serían:


  • Estar fuera del sistema educativo formal

  • Asumir tempranamente tareas hogareñas (cuidado de hermanos o familiares, labores domésticas, etc.)

  • Ingresar tempranamente en el mercado laboral informal.

  • No convivir con su grupo familiar.

  • No ser miembro de un grupo de pares (actividades deportivas, culturales, religiosas, etc.)

  • Iniciar su vida sexual tempranamente.

De acuerdo a esta investigación, el embarazo en la adolescencia es producto de un conjunto de situaciones que modelan de forma particular a cada individuo: por ejemplo el embarazo adolescente no es una consecuencia directa de la pobreza, aunque la situación de pobreza aumenta considerablemente el riesgo de un embarazo en la adolescencia. Asimismo, numerosas fuentes señalan una “transmisión generacional” de embarazo adolescente y pobreza: si la madre tuvo su primer hijo en la adolescencia, es muy probable que la hija también; si la madre tuvo su primer hijo soltera, es muy probable que la hija también. Las mujeres adolescentes pobres se ven expuestas a mayores factores desencadenantes de un embarazo porque:



LA FAMILIA Y EL SISTEMA EDUCATIVO

La familiar y la escuela se encargan de diferenciar socio-culturalmente a las mujeres de los varones, proponiendo que el modelo femenino es débil y agradable en oposición al masculino, fuerte y triunfador. En realidad, desde antes de nacer un hijo, se tiene una clara idea de las conductas promovidas, permitidas, reprimidas o castigadas según el sexo, y aún más, desde pequeños, las madres distribuyen las tareas domésticas en forma diferenciada a hijas de hijos. Todo el proceso de socialización (familia, jardín, escuela) en el que se adquieren e introyectan los patrones culturales, determinan el papel que cada uno de los sexos ha de representar y reproducir en la sociedad.


En lo que hace a la escolaridad, los resultados de investigaciones latinoamericanas7 sugieren que para las niñas, los grados escolares intermedios pueden ser la época en que comiencen a disminuir mas notablemente tanto su autoestima como sus logros académicos. Asimismo, el análisis del Harvard Project on Women's Psychology and Girls' Development (1993) señala: “Muchas niñas tienen una percepción de si mismas positiva durante los grados primarios, pero luego entre estas edades y los doce años aproximadamente, sufren una disminución severa en la autoconfianza y la aceptación de su imagen física. El desarrollo de una percepción positiva en términos de la imagen de uno mismo es critico en los grados escolares medianos. Muchos educadores han señalado una reducción general en el desarrollo académico en las niñas cuando entran en la adolescencia. Como grupo, por ejemplo, los logros de las niñas en materias científicas disminuyen, lo cual no se observa entre los varones”.
En concordancia con esto se observó que: “los varones, por lo general, reciben una atención preferencial de sus maestros en el salón de clase. Los investigadores observaron que los niños varones tienden a hacer mas preguntas, a recibir una critica mas detallada y constructiva de su trabajo y que su comportamiento negativo (en lo que son actos de resistencia y muestras de enojo) tiende a tolerarse con mayor frecuencia”.

Por otro lado, es común la idea de que la educación primaria es suficiente para una mujer. En muchos casos, las adolescentes manifiestan desinterés o falta de motivación para continuar estudiando; en este punto, las presiones familiares juegan un papel muy importante en el abandono de los estudios, así como las opiniones de amigas y de novios. En otros casos, es por la falta de compromiso e interés demostrada por muchos maestros, lo que conduce a la repitencia y al fracaso escolar.

En una encuesta realizada en 1999 en el Hospital Ana Gotilla8, sobre 40 embarazadas adolescentes, una única joven estaba cursando estudios. El embarazo no parece constituir la causa del abandono de los estudios, sino más bien el embarazo ocurre en el grupo de jóvenes que ya han dejado de estudiar; el tiempo transcurrido es de 2 ó 3 años. La edad de abandono de estudios es alrededor de 13-14 años, existiendo además un desfase con la edad esperada para el año en curso (repitencia).

Otras veces, por la situación económica familiar no es posible financiar gastos de estudio (libros, útiles, viáticos, vestimenta, etc.). Muy pocas de ellas realizan un curso que les brinde un oficio (peluquería, corte y confección, etc.), con lo que se les dificulta aún más ubicarse laboralmente.


Sin embargo, y pese a que suelen ser requisito imprescindible los “estudios secundarios completos” para presentarse a los avisos de ofertas de empleo, es importante señalar que la continuidad en el sistema educativo no es por sí misma una garantía de mejores oportunidades de vida. La crisis del mercado laboral de las últimas décadas afectó directamente el nivel de empleo y las características que asume la ocupación del grupo de 15 a 24 años. De acuerdo a datos elaborados en base a la Encuesta Permanente de Hogares (INDEC), Filmus9 señala que la desocupación específica de este grupo etáreo duplica a la del total de la Población Económicamente Activa, alcanzando en octubre de 1999 al 24,3 % de los jóvenes activos; en tanto que para aquellos que han encontrado trabajo, la subcalificación o sobreeducación (los que poseyendo títulos de escolaridad media completa, desempeñan tareas sin calificación o con calificación operativa) pasó del 71,7 % en 1991 al 74,7 % en 1997.

LA FAMILIA Y LAS TAREAS HOGAREÑAS

Las circunstancias familiares juegan un papel decisivo: una madre que trabaja muchas horas fuera del hogar, una enfermedad de la madre, el fallecimiento de alguno de los progenitores, o el abandono del padre. Contradictoriamente con el modelo femenino propuesto de “el sexo débil” a muchas adolescentes se les compele a asumir desde niñas ocupaciones de mayor responsabilidad con respecto al resto de la familia, sobre todo cuando hay hermanos menores: la limpieza, la cocina, el lavado y el planchado, las compras, etc. En algunos casos, desempeñarán estas tareas en la casa de un familiar, siendo este el primer paso de entrada al mercado laboral informal, y a corto plazo buscarán trabajo remunerado en tareas similares a las que realizaban en la casa.



EL MERCADO LABORAL


De acuerdo al INDEC, en 1991 el 30 % de las mujeres entre 16 y 24 años estaban ocupadas, en tanto que los varones el 22 %, esto indicaría una participación femenina en el mercado laboral a edades más tempranas que los varones. Sin embargo, entre las mujeres el “servicio doméstico” alcanza al 25,7 % mientras que entre los varones hay más trabajadores especializados. Las mujeres ingresan entonces a un mercado laboral informal, ya que en muy pocos casos las adolescentes que realizan tareas remuneradas están cubiertas en lo que hace a aportes, obra social ó aseguradora de riesgos, ya sea que trabajen en servicio doméstico, como promotoras, vendedoras, etc. Además, sin estudios secundarios, bajo la actual recesión, son escasas las posibilidades de conseguir un trabajo adecuado, razón por la cual -en general- aquellos que se consiguen son de horarios extenuantes, mal remunerados, y en donde no están exentas de sufrir abusos o acoso sexual por parte de quienes las contratan. Aún en el sector formal, la tendencia ha sido al aumento de la participación de las mujeres en tareas que por su naturaleza, habitualmente era realizada por hombres (por Ej. cadetes de supermercado, estaciones de servicios, mozas, etc.), desconociéndose el “a igual trabajo, igual salario”.


Acorde con esto, los datos de la encuesta realizada en el Hospital Ana Goitía indican que sólo tres de las adolescentes embarazadas había tenido alguna oportunidad laboral, en tanto que ninguna tenía trabajo al momento de la entrevista.

EL “NUCLEO DURO DE LA EXCLUSIÓN”


De acuerdo a datos de la Encuesta Permanente de Hogares, INDEC 1999, los jóvenes representan el 18,9 % de la población urbana; y de ellos, el 14,9 % (970.000) NO estudia, NO trabaja, NO busca empleo y NO realiza tareas domésticas.

Aproximadamente el 50 % son mujeres, y con una gran vulnerabilidad social, dado que las transformaciones operadas en el grupo familiar, la escuela y el trabajo, el “desvanecimiento” de estos referentes culturales tradicionales, afectan la percepción de las adolescentes para articular horizontes-trayectorias y sus opciones, intereses y estrategias de vida.


LA AMISTAD Y LOS GRUPOS DE PERTENENCIA


En un proceso adolescente normal, la pertenencia al grupo de pares tiene como función facilitar la resolución de problemas comunes. Este grupo es un eslabón intermedio entre el mundo familiar, del que hay que desprenderse, y del mundo adulto del que aún no se puede participar. El poder desasirse de la autoridad de los padres requiere de una figura externa o de un grupo que sirva de sostén, de aspectos sustitutos del Yo o de Súper Yo, tal como en la infancia lo fueron los padres. Los amigos se dan entre sí el apoyo emocional que necesitan, ya que no lo pueden aceptar de sus padres, o no lo obtienen de ellos.

Si las adolescentes no concurren a la escuela, no trabajan y las responsabilidades domésticas son de limpieza, comida, etc., tienen escasa posibilidad de encontrar grupos de pares que les permitan intercambiar sus variadas y complejas cosmovisiones, que funcionen como red de integración simbólica y real a la sociedad.

En otra investigación realizada en el “Ana Goitía” 10, una de las preguntas formuladas en las entrevistas, indagaba sobre “amistades y/o grupos de pertenencia”. Se observó que las embarazadas más jóvenes (entre 15 y 18 años) que no cursaban estudios, respondían no tener amigos o grupos de pertenencia, ó que su mejor amiga era su madre, su hermana o una prima. Mientras que las embarazadas entre 18 y 21 años manifestaban tener amigos fuera del grupo familiar, pero haciendo mención a que sus amigas también tenían hijos.



LA ACTIVIDAD SEXUAL TEMPRANA

El embarazo y la maternidad pueden ser inoportunos, pero siempre fueron deseados. Ahora bien, ¿por qué desear un hijo cuando recién se comienza a tener cierta libertad de los padres? Más que la expresión de un deseo sexual en sí mismo, el inicio de la actividad sexual temprana es una búsqueda de un contexto afectivo, de lazos amorosos. Toda adolescente necesita vivir relaciones que imagina plena de sensaciones gratificantes, pero en algunos casos un embarazo es a la vez un intento de construcción de vínculos afectivos (con la pareja, con el futuro hijo) y un ritual de paso hacia una ilusoria adultez e independencia. En muchos casos esto es vivido como una trasgresión, y aceptan la culpa como algo injusto y a la vez necesario: el cuidado abnegado del hijo les da una oportunidad de reivindicación, y proyectan en él los deseos de una adolescencia no vivida en plenitud. Un hijo será entonces el objeto de su amor, pero a condición de recibir de él cariño y gratificación. Pero toda madre habla y actúa en virtud del lugar que le fue instituido, ¿cómo se establecerá entonces una ligazón libidinal? ¿cómo preservar a este hijo de perturbaciones que incidan en el desarrollo de su personalidad?



OTRAS CONSECUENCIAS

Las adolescentes mujeres son discriminadas: porque la familia, la escuela, el contexto social y la sociedad toda, las educa como seres cuyos deseos y anhelos tienen escasa o nula posibilidades de concretarse; aprenden a aceptar limitados horizontes de esperanza o a convivir con la desesperanza. Algunas investigaciones11 han notado otras consecuencias asociadas con una perdida general de la autoestima, además de la disminución del éxito académico. Han hallado, por ejemplo, que “comparadas con los varones, las niñas adolescentes experimentan un nivel mayor depresión, son doblemente susceptibles a la depresión e intentan suicidarse cuatro veces mas que los varones adolescentes, aunque los varones tienen una probabilidad mayor de realizar el acto de suicidio".


Además, “la depresión en las adolescentes está ligada a sentimientos negativos respecto a su cuerpo y a su apariencia física. Una imagen negativa de si misma y problemas alimenticios –anorexia, bulimia, obesidad, etc.- son mucho mas prevalecientes en las niñas que en los varones”12.




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