Intervención en Psicología de la Salud



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EL EMBARAZO EN

LA ADOLESCENCIA:

accidente, deseo o destino



Lic. Silvia Di Biasi

2002
INDICE
INTRODUCCIÓN 5

Datos para un diagnóstico de SITUACIÓN 7

Factores de Riesgo 9


  • Factor de riesgo causal 11

  • Factor de riesgo indicador 17

Factores DE PROTECCION 25

reflexiones 27

TRABAJO DE CAMPO 29


  • Resultados obtenidos 37

Recomendaciones Generales 41

Qué se puede hacer? 45

Cómo se puede hacer? 47

Bibliografía 49



INTRODUCCIÓN

A QUIENES LLAMAMOS ADOLESCENTES?



Desde el punto de vista biológico esta etapa del desarrollo evolutivo se la suele dividir en función de los efectos hormonales:



  • Un primer período de modificaciones corporales, que suele indicarse por la aparición de los caracteres sexuales secundarios (11/12 a 14/15 años)

  • Un segundo período de estabilización de dichas modificaciones y de aceptación del nuevo esquema corporal (15/16 a 18/19 años)

Desde el punto de vista psicológico, se consideran tres etapas en este período de la vida: se suele denominar a la primera (10 a 14 años) adolescencia temprana, a la segunda (15 a 18 años) adolescencia media, reservándose el nombre de tardía para la que transcurre entre los 18 y 24 años.

En tanto que Freud1 señala que la pubertad opera transformaciones que llevarán la vida sexual infantil a su forma definitiva y normal. En la adolescencia se afirma la difícil confrontación del ser humano con su propio cuerpo; pero esta conciencia de sí es un “cuerpo a cuerpo” con los otros, la identidad sexual debe ser confirmada por los otros, como forma de asegurar la propia aceptación y la adaptación social. Durante la adolescencia ocupa un papel fundamental el logro de esta identidad sexual, como parte fundamental de la identidad del yo, asumiendo los roles, actitudes, motivaciones, conducta verbal y gestual propias de su género. La resolución de esta crisis de identidad depende en parte de la capacidad de tener experiencias de intimidad, en tanto que intimidad significa apertura, compartir, confianza y compromiso (Erikson,1980); así la intimidad contribuye al desarrollo de la identidad y la madurez por medio de la experiencia de autoexploración (Coleman, 1999).
Desde el punto de vista social, la adolescencia ha de ser considerada

una importante transición psicosocial: el adolescente debe aceptar la pérdida de un cuerpo infantil, de una forma de relacionarse con sus padres basada en la idealización, y renunciar a una forma de trato de los demás. Aberasturi y Knobel (1960) describen las identidades negativas (pertenecer a pandillas), las transitorias (el machismo en el varón y la seducción histeroide en la mujer) y las ocasionales (las que se dan frente a situaciones nuevas, por ejemplo la primera cita) como identidades que se “adoptan” durante el proceso de separación de las figuras parentales, en búsqueda de la identidad independiente. Por su inestabilidad extrema, tras aparentes patologías deben admitirse desviaciones “normales”.


Paradójicamente, en las sociedad industrializadas y “postindustriales” este período comienza cada vez más precozmente mientras que su final -el acceso

al mundo del trabajo y por lo tanto la autonomía con respecto a la familia de



origen- se retrasa.

DATOS PARA UN DIAGNÓSTICO DE SITUACIÓN




MUNDIAL
CONTRIBUCIÓN DE MADRES ADOLESCENTES (< 20 años)A LA TASA DE NATALIDAD

Región

Porcentaje

AFRICA al sur del Sahara

18,1

AFRICA Septentrional

9,6

ASIA Centromeridional

18,6

ASIA, otros países

5,1

AMERICA Latina y el Caribe

16,5

AMERICA del Norte

13,5

EUROPA Oriental

14,7

EUROPA, otros países

4,1

OCEANIA

5,9

Fuente: División de Población de las Naciones Unidas 2000 World Population Monitoring, 2000: Population, Gender and Development.


ARGENTINA

CONTRIBUCIÓN DE MADRES ADOLESCENTES A LA TASA DE NATALIDAD

Año

<15 años

15-19 años

Total

n

%

n

%

%

1995

3.314

0,51

100.376

15,40

15,91

1996

3.185

0,48

102.524

15,40

15,88

1997

3.292

0,48

108.606

15,90

16,38

Fuente: Estadísticas Vitales-Información Básica, Programa Nacional de Estadísticas de Salud, MS y AS.




AVELLANEDA: Hospital Materno Infantil Ana Goitía

Nacimientos de más de 500 g. en 1997



Total

2.686

100 %

De madres > 19 años

2.130

79,30 %

De madres < 19 años

  • Entre 16 y 19 años

  • De < 16 años

556

436


120

20,70 %

16,23 %


4,46 %

Fuente: Acosta, E., Varela, C. y cols. (1998) :Adolescencia y embarazo, trabajo presentado en el Congreso 1999 de la Sociedad de Obstetricia de Buenos Aires.


FACTORES DE RIESGO

Uno de los modelos de trabajo en la atención de la salud de las personas, las familias o las comunidades propuestos por la OMS-OPS (1986) es el enfoque de riesgo. El riesgo se define como la probabilidad que tiene un individuo o grupo de individuos de sufrir en el futuro un daño en su salud. El enfoque de riesgo se basa en la observación de que no todas las personas, familias o comunidades tienen la misma probabilidad de enfermar o morir, sino que en algunos esta probabilidad es mayor que en otros. Los factores de riesgo pueden ser causas o indicadores, y su importancia está determinada por el hecho de que son observables o identificables antes de la ocurrencia del evento que predicen. Un factor de riesgo es causal si está directamente relacionado con los procesos patogénicos que conducen al daño, en tanto que es indicador cuando su asociación con el daño permite reconocer parte de la cadena causal de los daños.




FACTOR DE RIESGO CAUSAL

Por ejemplo, la ocurrencia del embarazo en adolescentes muestra ir en un constante aumento, y en una importante cantidad de casos, estos embarazos no fueron buscados ni deseados. Pero uno de los errores que generalmente se cometen al analizar este tema es considerarlo exclusivamente desde un modelo causa-efecto, en donde se juzga que si no buscaba ni deseaba un embarazo, pero quedó embarazada o embarazó, esto se debió a falta de información sobre formas de evitar el embarazo, y se propone entonces atacar esta supuesta causa con un supuesto remedio, por ej. informando sobre métodos anticonceptivos. Pero la resolución del problema no pareciera ser tan simple ya que diversas investigaciones realizadas en México2, Perú3 y en nuestro medio4, dan como resultado que entre el 96 y el 100% de los adolescentes entre 10 y 24 años conocen algún método anticonceptivo para evitar un embarazo. Sin embargo, cuando se les pregunta a los adolescentes sexualmente activos si los usan, menos de un 60 % recurre a ellos, y en muchos caos su uso es esporádico. Indudablemente, los adolescentes saben que el uso de métodos anticonceptivos reduce fuertemente la probabilidad de embarazo, pero ¿por qué no los usaron?


Evidentemente, tener conocimiento de métodos anticonceptivos no asegura su uso. Estos datos señalan entonces, que las campañas de prevención de conductas de riesgo (SIDA, ETS, embarazo, etc.) no pudieron salvar el principal obstáculo: que sus destinatarios pudieran reconocieran que algunas de sus conductas incrementan la probabilidad de padecer, desarrollar o estar especialmente expuesto a un riesgo. La forma de actuar frente a un riesgo se explica desde cómo se lo percibe, la percepción de un riesgo comparte con la percepción general dos aspectos que la conforman:


  1. Cognoscitivo-informativo: permite la clasificación de lo percibido, asignándole una identidad

  2. Valorativo-actitudinal: permite seleccionar lo percibido según factores activos, normativos y valorativos de la propia cultura o grupos sociales de pertenencia. (Saforcada, 1998)

Sánchez Vallejos (1998) señala que uno de los factores que disminuyen la motivación para realizar conductas preventivas es la percepción de ausencia de riesgo, y que entre los argumentos teóricos que explican esta percepción, aparecen las Ilusiones Cognitivas.






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