Inteligencia emocional



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INTELIGENCIA EMOCIONAL

CONCEPTO Y SIGNIFICACION
¿Cómo pudo generar la teoría de la Relatividad y llegar a Premio Nobel, un niño apocado que fracasó en la escuela?. Las investigaciones en este campo concluyen que la obtención de excelentes notas académicas no nos dice absolutamente nada a cerca del modo en que la persona reaccionará ante las vicisitudes que la vida presenta (Karen Arnold).
Sólo el 20% del éxito que se obtiene en las diversas manifestaciones de la vida, están directamente relacionadas con el coeficiente intelectual (CI) de la persona. Curiosamente la inmensa mayoría de los intelectualmente mejor dotados, terminan trabajando bajo las órdenes de personas de un CI inferior, y no solo en el área laboral, sino en todas las facetas de la vida personal : pareja, familia, relaciones,etc…..
Por contra, existen una serie de competencias más relacionadas con el área emocional, que sí son altamente predictoras de éxito en todos los terrenos.
Realmente existen dos formas básicas de conocimiento interactivas en la construcción de nuestra vida mental, articuladas mediante dos mentes, una que piensa y otra que siente.
La eficiencia se mide ,más que por el conocimiento que tengamos del entorno, por la forma en que operamos sobre él. Van a ser los afectos los que jueguen un papel determinante de éxito o fracaso en el comportamiento inteligente.
Desde mediados de los ochenta viene desarrollándose un famoso programa de investigación en la Universidad de Tufls: Programa Spectrum, dedicado al cultivo de los diferentes tipos de inteligencia. Los investigadores han puesto especial interés en el análisis de dos de ellas: la inteligencia intrapersonal y la interpersonal.
H Gardner, Jefe del equipo de investigación, define la inteligencia interpersonal como “la capacidad de discernir y responder apropiadamente a los estados de ánimo, temperamentos, motivaciones y deseos de las demás personas”, mientras que la inteligencia intrapersonal la define como “la capacidad de establecer contacto con los propios sentimientos, discernir entre ellos y aprovechar este conocimiento para orientar nuestra conducta”.
Fueron P. Salovey y su colega J. Mayer, los que integran ambos tipos de inteligencia con el término único de inteligencia emocional, la cual definen como “un subconjunto de la inteligencia social que comprende la capacidad de controlar los sentimientos y emociones propios así como los de los demás, de discriminar entre ellos y utilizar esta información para guiar nuestro pensamiento y nuestras acciones”.
En Octubre de 1.995 David Goleman, psicólogo de la Universidad de Hardvard y periodista científico del New York Times, lanzó al mercado su obra “Inteligencia Emocional”, best-seller de éxito mundial.
En él destaca el análisis riguroso de las investigaciones realizadas en este campo, tanto a nivel conductual, como neurofisiológico y la trascendencia que tiene en nuestras vidas, además de diseñar estrategias adecuadas para su aprendizaje y práctica.
Goleman nos viene a decir que las personas desarrolladas emocionalmente, disfrutan de una situación más ventajosa en todos los órdenes de la vida; suelen sentirse más satisfechas, son más eficientes y más capaces de dominar los hábitos mentales que determinan la productividad.
Aún tienen más trascendencia sus contundentes afirmaciones, cuando los hechos demuestran a pasos agigantados que nuestra sociedad padece actualmente una crisis emocional mucho más grave que racional. O quizás una crisis racional originada por la crisis emocional.
La alarma final la lanza L.E. Shapiro , al afirmar en su obra “La inteligencia emocional de los niños” , que concluye: “sin embargo y paradójicamente, mientras que cada generación parece volverse más inteligente, sus capacidades emocionales y sociales parecen estar disminuyendo vertiginosamente”.
ANATOMIA DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
La razón por la cual la especie humana sobrevive, viene dada, porque el hombre primitivo tenía que decidir frecuentemente en milésimas de segundo en situaciones en las que podría obtener una presa o pasar él a ser la presa.
Hay algo que aún no ha cambiado y sigue intacto, pues el hombre actual:

Analiza constantemente y sin ser consciente, el grado de peligrosidad del lugar en el que se encuentra y el nivel de amenaza o de acogida de las personas que lo rodean.


  • Juzga a sus semejantes a partir de la primera impresión.

  • Toma decisiones sin previo análisis de todos los factores o de las consecuencias derivadas de estos.


No cabe duda, por tanto, de que las emociones son mecanismos esenciales de conducta que nos ayudan a reaccionar con rapidez ante acontecimientos inesperados:


  • tomar decisiones con prontitud y seguridad.

  • comunicarnos de forma no verbal con otras personas.


Podríamos decir que la mente emocional funciona como un “radar” que nos alerta de la proximidad de un peligro. Esta instantaneidad es posible gracias a la existencia del cerebro primitivo (sistema límbico), el cerebro emocional, a partir del cual surgirá, con el tiempo, el cerebro racional o pensante (neocórtex).
El sistema límbico está ubicado profundamente dentro de los hemisferios cerebrales y posee la responsabilidad primaria de regular nuestras emociones e impulsos. Este sistema incluye estructuras como el tálamo, que es el encargado de enviar mensajes al córtex; el hipocampo, donde se produce el aprendizaje emocional y donde se almacenan los recuerdos emocionales; la amígdala, considerada como el centro de control emocional del cerebro, y otras estructuras.


En este sistema es donde el pensamiento se transforma en reacción emocional consciente y en conducta. Las células del sistema límbico son especialmente activas en la secreción de los neuropéptidos, una línea directa de comunicación entre las emociones y el cuerpo. Estos elementos químicos cerebrales, igualmente llamados neurotransmisores, están almacenados en el cerebro emocional y son enviados a través de todo el cuerpo cuando se siente una emoción, indicándole a este la forma de reaccionar.
Los neurocientíficos han descubierto recientemente que no toda la información llega primero al cerebro pensante, donde es interpretada y sobre la que se toma una decisión racional, para ser luego remitida a uno de los centros clave de la emoción: la amígdala, que añade a la anterior la respuesta emocional del organismo.
Cuando la respuesta exigida por el medio es básicamente emocional, y especialmente si es amenazante para el individuo, una parte del mensaje se desvía directamente a la amígdala sin pasar por el córtex, lo que permite que esta respuesta sea más rápida aunque también más imprecisa. Es la razón por la que muchos arrebatos de cólera o de miedo, racionalmente inadmisibles, se pongan en marcha de forma completamente independiente.
J.E. Le Doux, prestigioso neurólogo neoyorkino, ha descubierto que el ser humano reacciona de forma emocional ante determinados estímulos externos antes de que el neocórtex pueda sacar una conclusión intelectual sobre lo sucedido. En situaciones de estrés, incluso, el organismo segrega hormonas que bloquean la información más cualificada del neocórtex a la amígdala. En ese caso, las reflexiones racionales ya no pueden circular, de manera que la emoción bloquea el camino de la razón.
Pero no sólo depende del metabolismo químico nuestra predisposición a la cólera ó al miedo, sino también de la actitud mental. O sea, que nuestra valoración cognitiva sobre una situación, determina si nos enfadamos, sentimos miedo, o no.
Para que exista un comportamiento equilibrado, es imprescindible una comunicación adecuada entre ambos cerebros (inferior y superior). La intervención del circuito emocional es esencial para el pensamiento eficaz, tanto para tomar decisiones inteligentes como para pensar con claridad. Los sentimientos nos orientan en la dirección adecuada para obtener el mejor provecho de las posibilidades que nos ofrece la fría lógica.
La falta de comunicación entre los dos cerebros, es lo que Goleman denomina “secuestro emocional”, siendo una estructura del sistema límbico la que declara el estado de urgencia y recluta todos los recursos para llevar a cabo su impostergable tarea. El rastro distintivo de este tipo de secuestros lo tenemos, en que, pasado el momento crítico, el sujeto no sabe bien lo que acaba de ocurrir.
La interrupción de las conexiones entre ambos cerebros conlleva la ineptitud para calibrar el significado emocional de los acontecimientos, dando lugar a una situación que Goleman denomina “ceguera afectiva”.
Es esencial tener claro que la capacidad de empatía de sentir con el otro y comprenderle, y el interés por el contacto humano, tienen mucho que ver con la correcta comunicación entre estos circuitos neuronales.
COMPONENTES DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
Por tanto, la competencia intelectual ayuda poco a pronosticar la eficiencia personal y profesional, la cual está más relacionada con la competencia emocional, a la que podríamos considerar como una meta-competencia capaz de determinar el grado de destreza que nos permite el manejo eficiente de las restantes facultades, incluido el puro intelecto.
Si bien hasta hace poco, la psicología tradicional ha estudiado ampliamente los componentes de la inteligencia racional, descomponiéndola en un considerable número de factores; es ahora cuando los investigadores realizan un debastador esfuerzo por determinar los factores que configuran la inteligencia emocional.
Lo que a continuación exponemos es el significado y sentido de lo que estos investigadores mencionan de manera más consensuada.


  • Autoconciencia emocional


Capacidad de reconocer los propios sentimientos, para expresarlos convenientemente y usar el sentido intuitivo para tomar decisiones encaminadas a mantener la calidad de vida. Es sumamente arriesgado decidir sin tener en cuenta las emociones.
Sólo si sabes por qué sientes como sientes, puedes manejar tus emociones, moderarlas y ordenarlas de manera consciente. Por tanto, el “conócete a ti mismo” socrático, es la piedra angular del control emocional.
Para que podamos percibir adecuadamente nuestras propias emociones, manejarlas y desarrollarlas, necesitamos un “distanciamiento interior” frente a nosotros mismos, que nos permita una observación desapasionada de las emociones que haga posible que se activen las conexiones neocorticales y facilite el correcto proceso de razonamiento.
Esta toma de conciencia es el autocontrol. Nadie puede registrar con frialdad su propia indignación y al mismo tiempo estar encolerizado, pues es imposible la coexistencia de dos emociones antagónicas al mismo tiempo. Por eso, las personas conscientes de los estados de ánimo que están experimentando en un momento dado, usan positivamente esa emocionalidad, controlan mejor sus afectos y son psicológicamente más sanas. La vida emocional es más rica para ellos porque perciben más cantidad y calidad de sus emociones.
Cuando no se da esta conciencia, el hombre corre el riesgo de quedar “secuestrado” emocionalmente.


  • Control emocional


Saber manejar las emociones, controlar los impulsos, sosegar la propia ansiedad. Contrariamente a lo que muchos piensan, el objetivo del autocontrol no es reprimir las emociones, sino el equilibrio y el uso adecuado de las mismas, porque todo sentimiento es válido y tiene su propio valor y significado.
Aristóteles decía en su “Etica a Nicómaco” . “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo, pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado adecuado, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso ciertamente, no resulta tan sencillo”.
Manejar eficazmente tus emociones te permite soportar bien las tensiones y permanecer sereno ante la incertidumbre, lo que te otorga un gran poder de acción y una gran calidad en tus decisiones. Por tanto, podemos comprobar cómo la estabilidad emocional y la madurez psíquica son dos conceptos altamente correlacionados.
Por contra, si estamos alterados emocionalmente, los argumentos de nuestro oponente no tienen la menor posibilidad de ser tenidos en cuenta, es más, probablemente contribuyen a avivar el fuego de la discusión.
Uno de los efectos más corrosivos de la falta de control es el estado de indefensión al que se ve sometido la persona, tanto física, como psicológicamente, en estados de tensión, por ello el autocontrol es imprescindible en situaciones dificultosas con otras personas para que se produzca la empatía.


  • Empatía


Consiste básicamente en saber ponerse en el lugar de los demás, sentir dentro de uno mismo lo que los otros están sintiendo. Si sabemos usarla, obtenemos, especialmente mediante los mensajes no verbales, una información valiosísima para las relaciones interpersonales eficientes.
Los fundamentos de este concepto se encuentran en la autoconsciencia emocional, ya que cuanto más conscientes seamos de nuestras propias emociones, mayor destreza tendremos en la comprensión de los sentimientos ajenos.
La ausencia de autoconsciencia pues, nos lleva a la ausencia de empatía, fenómeno patente en los psicópatas, violadores y pederastas, cuyo mayor problema es la ausencia de sintonía con los sentimientos de sus víctimas.
Esta capacidad nos exige un estado de calma y de receptividad, y por tanto, de ausencia de ruidos emocionales distorsionantes para que las señales sutiles de los sentimientos ajenos sean percibidos por el radar del cerebro emocional.


  • Automotivación

Capacidad para usar y desarrollar el potencial existente en la persona, el ánimo, la fuerza de voluntad, la perseverancia, el oportunismo y el pensamiento positivo. Significa igualmente ser aplicado y tenaz y no dejarse llevar por el desánimo cuando algo no sale bien.
Esta aptitud es la que se encarga de activar, positivar y alinear las emociones en dirección a la eficiencia.
Bandura escribe : “quizás ningún aspecto inlfuya tanto en la vida diaria del hombre como la opinión que éste tenga de su eficacia personal”.


  • Habilidades sociales


Capacidad para crear y mantener relaciones sociales eficientes, para expresar verbalmente los propios sentimientos, saber escuchar, y dominar el lenguaje no verbal propio y de los demás. Es también la habilidad para reaccionar sincrónicamente con el otro, para manejar el control efectivo de las relaciones a través del control de las reacciones emocionales.

La sincronización empática (de los estados de ánimo) es uno de los aspectos más interesantes de este componente de la inteligencia emocional, habida cuenta de que determina el que estemos a gusto o a disgusto en una determinada relación interpersonal. Una manifestación externa de la misma es la imitación de gestos y posturas entre los interlocutores: un delator habitual de la sintonía emocional existente.
Comenta Goleman que “las personas socialmente inteligentes pueden conectar fácilmente con los demás, son diestros en leer sus reacciones y sus sentimientos y también pueden conducir, organizar y resolver los conflictos que aparecen en cualquier interacción humana”. Son ellos los que acaban constituyéndose en líderes naturales, ya que saben expresar los sentimientos colectivos latentes y articularlos para guiar al grupo hacia sus objetivos.


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