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Evaluación y análisis de eventos culturales relacionados con la lectura y la escritura / Evaluation y analysis of cultural events related to reading and writing

Javier García Orozco

Universidad de Guadalajara (México)



Agustín Vivas Moreno

Facultad de Biblioteconomía - UEX



Aitana Martos García

Facultad de Biblioteconomía – UEX



Resumen

El artículo presenta la elaboración conceptual de la unidad de análisis para la evaluación de eventos culturales, especialmente los relacionados con la lectura y la escritura, tomando como base el modelo de evaluación-prospectiva-colaboración del Observatorio para la educación en ambientes virtuales (Observatorio). Se presentan como hallazgos una nueva estructura taxonómica de la unidad de análisis relacionada con una matriz de triple acceso donde se incorporan los ámbitos, sub ámbitos y los tipos de eventos a evaluar, así como la integración de categorías e indicadores a la plataforma del Observatorio, mostrando su funcionalidad operativa.


Palabras claves: evaluación, herramientas de análisis, eventos culturales, lectura, escritura.
Abstract:

This paper presents the conceptual development of the unit of analysis for the evaluation of cultural events, especially those related to reading and writing, based on the assessment model-prospective-collaboration of the Observatory for education in virtual environments (Observatory.) The findings are a new taxonomic structure of the unit of analysis related with to 3-input matrix, scopes, sub scopes and types of events for evaluated, and the integration of categories and indicators to the platform of the Observatory, showing operational functionality.


Keywords: evaluation, tool of analysis, cultural events, reading, writing
1. Introducción

El creciente boom de la información en todos los ámbitos hace cada vez más ardua la labor de medir resultados y la calidad de los mismos, sobre todo en el ámbito cultural que por sus implicaciones e influencias sobre la sociedad en su conjunto requiere de un especial esfuerzo para solicitar presupuestos que permitan el crecimiento sostenido de esta esfera y que tanto influyen en la sustentabilidad de las comunidades y su calidad de vida.



1.1. Contextualización de conceptos: la cultura y la gestión cultural.

El concepto de cultura ha sido objeto de muchas preocupaciones así como de propuestas y discusiones, puesto que para la antropología, como para las demás ciencias sociales -por las propias características con las que se ha venido identificando la condición humana- había que establecer una categoría conceptual, funcional y discernible en la que se conjugasen los atributos de la vida social humana. La cultura es así un repertorio amplio de códigos o de convenciones, y existen una multitud de formas de entenderla, numerosas definiciones que desde la antropología a la historia han presentado su concepto. Debido a que una profundización en esta materia sería objeto de un trabajo mucho más extenso y exhaustivo, nos limitaremos a señalar ciertas cuestiones básicas en torno a este aspecto.



Andía y Piñeiro (2005) concuerdan en que, a pesar de que el concepto de cultura fue definido por E. B. Taylor en 1871, aún carece de las especificaciones rigurosas que suelen acompañar a los conceptos. Si bien es cierto que los antropólogos están de acuerdo con algunas consideraciones sobre dicho concepto –“forma de vida de un pueblo”, “la suma de sus modelos de comportamiento aprendido”, “sus actitudes y cosas materiales”, etc.- difieren en que no es posible tener una “sustancia exacta de la cultura”.

Edward T. Hall (1989) destaca algunas dificultades en la definición de cultura. “La más apremiante era la coherencia de la información básica”. Una información recabada por los antropólogos sobre un grupo cultural no suele coincidir por la realizada por otros estudiosos sobre el mismo grupo, por lo que se vuelve casi imposible establecer características propias a una cultura. Y algo más complicado aún, la imposibilidad de establecer una definición de cultura que vaya más allá de generalidades.

En 1952, dos prominentes antropólogos norteamericanos, A. L. Kroeber y Clyde Kluckholm, elaboraron una revisión crítica de las definiciones que las distintas disciplinas, y en particular la suya, habían ofrecido del concepto de cultura, una reconstrucción que era marcadamente anglosajona. Sin embargo, y a pesar de que este concepto ha sufrido desde entonces una evolución marcada por las diferentes disciplinas, la Antropología, la Psicología, la Semiótica, la Filosofía e incluso las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, los autores afirman también que hasta ahora “no se han establecido unas unidades de cultura elementales y constantes de una modo satisfactorio”.


dieueclavede e ha contemplado el aspecto de la cultura como una prs nbque desde la antropologEn los últimos años se ha contemplado el aspecto de la cultura como una práctica, partiendo del término clave de P. Bordieu (1979). Nuestra propuesta en este sentido podría aproximarse a la de Rodríguez Motaró (2007), el cual afirma que la cultura es un término abstracto en donde se encuadran diferentes disciplinas y artes, donde actúan diversos agentes y se desarrollan infinidad de actividades, siendo en el caso español “un factor de desarrollo socioeconómico de primerísima importancia”.
En esta área es donde entra la gestión cultural, la cual, para Hernández (2010), es el conjunto de estrategias utilizadas para facilitar un adecuado acceso al patrimonio cultural por parte de la sociedad, estrategias que contienen en su definición una adecuada planificación de recursos económicos y humanos, así como la consecución de claros objetivos a largo y corto plazo que permitan llevar a cabo dicha planificación.

La gestión cultural conlleva el conocimiento de agentes culturales de cualquier tipo, para el apoyo de sus actividades y fomento de las mismas desde las políticas culturales. Dicha actividad heterogénea y fructífera derivada de la gestión cultural produce una voluminosa masa informativo-documental, que al igual que en otros ámbitos, se acentúa por el uso de las tecnologías de la información. (López Carreño, 2009).


En un intento de hacer una gestión adecuada de la información relacionada con la cultura, existen en la red hispana múltiples portales y paginas Web para la gestión cultural, algunos de los cuales se presentan en AGETECA/ Base de datos para la gestión cultural (1), si bien los sitios consultados tiene un carácter informativo, con poco o ninguna interactividad, y sirven mas bien de repositorios de documentos, por lo cual es obvio que no incluyen herramientas para la captura y análisis de información y menos aun, ningún intento de evaluar a través de algún sistema de indicadores, algún programa o evento cultural, como es usual en el sector de las ciencias sociales.
1.2. Nuevas tendencias en investigación de la lectura y escritura.

Uno de los campos con mayor volumen de conocimiento en este sector es el referido a la lectura y la escritura, especialmente, en los últimos años, como prácticas integradas mutuamente en un concepto muy amplio que denominamos literacy. Dicho concepto es genuino del mundo anglosajón, y encuentra dificultades cuando se pretende trasladarlo de formar literal a otros contextos


Estas últimas décadas, y más concretamente durante este inicio del siglo XXI, las Tecnologías de la Información y la Comunicación, los cambios sociales y culturales y multitud de factores más han propiciado nuevas formas de crear, nuevas formas de escribir, y nuevas formas de leer que, a pesar de su novedad y ser consideradas accesorias, secundarias, tienen sin embargo el suficiente impacto en la sociedad actual como para que se les preste debida atención como vehículos transmisores del conocimiento y la cultura.

Así, como decimos, la lectura y la escritura, en su sentido más amplio, son una de las principales formas de difusión del conocimiento (aunque no la única); y la creación de nuevos modos de llevar a cabo estas actividades, al igual que la evolución de los métodos tradicionales en nuevos marcos, hacen que también hablemos de nuevos espacios para ellas, espacios que cobran cada vez más importancia, no sólo en ámbitos sociales y culturales, sino también científicos.

En este contexto, apuntamos a un enfoque multidisciplinar de la lectura y la escritura, relacionado con el abordaje de un tópico de investigación desde varias disciplinas simultáneamente, en el enfoque interdisciplinar se produce habitualmente la transferencia de unos métodos de análisis de una disciplina a otra. Así, la lectura y la escritura se convierten en objeto de estudio poliédrico (J. Kalman, 2008) donde concurren multitud de ramas y materias científicas, desde los enfoques filológicos o psicopedagógicos hasta los concernientes a la Historia, la Sociología, las Neurociencias… que han generado diversos paradigmas de conocimiento en torno al proceso, el acto o las prácticas de lectura.

La lectura y la escritura se configuran, pues, como un espacio complejo donde convergen todos estos ámbitos de realidad. Precisamente, la transdisciplinariedad implica la dinámica engendrada por la acción de varios niveles de la Realidad a un mismo tiempo. El descubrimiento de esas dinámicas es lo que pretende un conocimiento transdisciplinar.

Asumiendo la propuesta de A. Piscitelli (2008) de que en la cultura actual se hace preciso un lector polialfabetizado, híbrido y anfibio, las corrientes de investigación actuales se plantean desarrollar propuestas transdisciplinares que permitan la convergencia de la investigación en artes, ciencias sociales, humanidades, tecnología y otras ramas del conocimiento que afecten a la lectura y escritura, en toda su multidimensionalidad.
Según A. E. Martos García (2010), en la lectura y la escritura “existe un problema de visibilidad y de valoración ahondado por factores en cierto modo extrínsecos: el canon establecido de formas de lectura y escritura, que privilegia unas y deprecia otras; la memoria cultural que cada comunidad asienta y también discrimina u olvida elementos; el papel de la industria y el marketing que pone en valor ciertos productos en detrimento de otros”.

Es evidente que en este contexto es totalmente pertinente la propuesta de un modelo de evaluación de eventos culturales relacionados con la lectura y la escritura a través de indicadores, que posibiliten la generación de datos duros que a su vez procesados y analizados coadyuven al mejoramiento de los mismos, de tan elevada prioridad para el desarrollo cultural.


1.3. Necesidad de evaluación y su contexto

Dentro de la bibliografía relacionada con indicadores para la evaluación de la cultura hay que hacer mención a diferentes propuestas encontradas. En primer término quisiéramos hacer referencia al Marco para las Estadísticas Culturales (MEC) de la UNESCO (2009), herramienta diseñada con el objetivo de organizar estadísticas culturales a nivel nacional e internacional.

En este documento referido al patrimonio inmaterial se señala que “será preciso desarrollar instrumentos de medición específicos y adaptarlos a las necesidades de cada comunidad, si el objetivo es contribuir a la elaboración de políticas relevantes, lo cual evidentemente da cobertura a uno de los propósitos de nuestro trabajo.

Por otra parte, el I Informe Mundial de la Cultura (UNESCO, 2000) es la base de un grupo de documentos que están relacionados con la creación de indicadores y estadísticas para la cultura (2).


En el artículo de Pfenniger (2004) “Indicadores y estadísticas culturales: un breve repaso conceptual”, relacionado con el citado informe, el autor plantea que en dependencia del concepto de cultura que aceptemos será el punto de partida que permita diferenciar los indicadores y las estadísticas necesarias para medir los temas relacionados con ella.

Más adelante el autor plantea que “un indicador no es, o no debería ser, una estadística pura. Podemos decir que un indicador es una estadística que ha sido procesada con el fin de entregar información específica. Por ende, un indicador cultural se diseña especialmente con el fin de entregar información pertinente a las políticas culturales. Un indicador es más que un dato: es una herramienta diseñada a partir de datos que le dan sentido y facilitan la comprensión de la información”.

Por último, en el ámbito general, la Agenda 21 de la Cultura (3) nos propone un sistema de indicadores para la evaluación de las Políticas Culturales Locales como herramienta de autoevaluación orientada a la calidad y la mejora continua y un importante y necesario paso para el desarrollo y consolidación de las Políticas Culturales en España.

En un contexto más especifico como el español, dos referentes teóricos importantes son los indicadores del Instituto Nacional de Estadística (INE) junto con el Proyecto de investigación estadística del Ministerio de Cultura de España (4) y la propuesta del Sistema de Indicadores Culturales para los Vicerrectorados de Extensión Universitaria de las Universidades Andaluzas (2006).

En ninguno de los referentes anteriores, se asocian los sistemas de indicadores a herramientas informáticas con lo cual queda claro uno de los problemas que abordamos el cual se refiere a la evaluación y el análisis automatizado de los eventos culturales relacionados con la lectura y la escritura.

En la mayoría de los casos las estadísticas, cuando existen, se presentan de forma estática y cuando se procesan se utilizan herramientas comerciales para ello, quedando en evidencia la necesidad de la creación de una unidad de análisis vinculada a un grupo de indicadores que permitan la evaluación de eventos relacionados con la lectura y la escritura.

El propósito del presente artículo consiste en la elaboración de una unidad de análisis para la evaluación de eventos culturales relacionados con la lectura y la escritura desde su conceptualización hasta su integración en la plataforma del Observatorio para la educación en ambientes virtuales (García Orozco, 2010)

El observatorio virtual es un concepto novedoso basado en la colaboración en línea y el uso de fuentes de información de diversa índole, el cual se alimenta habitualmente con información de una comunidad a fin con el mismo y después de su procesamiento y análisis los resultados se ponen a disposición de la propia comunidad (Hernández, 2009).

En la actualidad, en el Observatorio se encuentra disponible, (5) para el uso de la comunidad académica, el área de evaluación, donde en este momento es posible realizar la evaluación de cinco unidades de análisis; a saber: programas educativos, cursos en línea, proyectos de investigación-desarrollo, eventos culturales y centros de información, así como la herramienta de prospectiva que permite la elaboración de escenarios prospectivos y planes estratégicos para determinadas dimensiones de la educación.

En la figura 1 se muestra la estructura del Observatorio.



Fig.1 Estructura del Observatorio para la educación en ambientes virtuales


2. Metodología

La metodología toma como base las pautas procedimentales de Lazarsfeld (1967) citado en García Orozco (2010), el cual plantea cuatro fases para evaluación fundamentalmente en el ámbito de las ciencias sociales, considerando desde la construcción de conceptos hasta la creación de índices empíricos. Las mismas son las siguientes:

1. Representación del concepto

2. Especificación del concepto

3. Elaboración de indicadores

4. Formación de índices



Diez Medrano (1992) desarrolla esta propuesta a través de la operacionalización de la misma:

Fig. 2 Procesos de operacionalización. Fuente: Diez Medrano (1992).


En nuestro caso las dimensiones las denominaremos categorías.

La definición de la unidad de análisis y los indicadores se trabajaron por parte de un grupo focal de expertos en la materia partiendo de una revisión bibliográfica de los conceptos y las definiciones existentes.

Se tomó la arquitectura de información de las herramientas implementadas en el Observatorio, base de datos dinámica en SQL y Busssiness Intellegence Suite COGNOS de IBM (García, 2010).

Después de realizar una primera propuesta de categorías, e indicadores se sometió a la revisión del grupo focal el cual incorporó nuevos criterios.

Finalmente se realizó la definición de la estructura de la unidad de análisis y las categorías y los indicadores, la cual se integró a la plataforma del Observatorio y se comprobó su funcionalidad.




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