Influencia de las inteligencias multiples en el rendimiento deportivo en futbol


La Cualidad Física de Resistencia desde la perspectiva de la psicología del fútbol



Descargar 1.04 Mb.
Página5/14
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño1.04 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14

3.1. La Cualidad Física de Resistencia desde la perspectiva de la psicología del fútbol
Finalmente, después de haber analizado los factores principales de rendimiento en fútbol, y aceptar la importancia de la preparación física como soporte del plano condicional, y de la psicología, en su vertiente cognitiva, del plano perceptivo-decisional, me gustaría detenerme un momento en el análisis de una de las cualidades físicas más importantes por su incidencia y relevancia en el fútbol, pero desde la perspectiva de la psicología del deporte: esta es la resistencia.
Como cualidad física básica, y siendo el fútbol un deporte en el que la resistencia posee un peso específico, es lógico pensar que la incidencia de la misma en el rendimiento de los jugadores es elevado. El fútbol se caracteriza por una serie de esfuerzos de carácter discontinuo, con fases de reposo y de intensidad variables, que aparecen de forma aleatoria durante el juego, dependiendo de numerosos factores relacionados con la demarcación, el estilo de juego, la dinámica del partido, entre otros. La cantidad y calidad de esos esfuerzos está claramente influida por la capacidad física de cada individuo, e incluso podríamos añadir por la del resto de componentes del equipo y del adversario, dadas la estrecha relación que existe durante el juego entre los esfuerzos de unos y de otros. Este aspecto ha quedado claramente demostrado en diferentes estudios que han relacionado la capacidad condicional de resistencia del sujeto con su rendimiento en competición (Arjol, 2005:114).
Como deporte de equipo, en el que los jugadores deben realizar esfuerzos a distintas intensidades a lo largo de un largo período de tiempo, que en ocasiones puede prolongarse hasta los 120´ (cuando es necesario jugar prorroga), los jugadores deben tener una buena base de resistencia para soportar todos los esfuerzos de mayor intensidad, durante el mayor tiempo posible. Pero, ¿qué es la resistencia en fútbol?, veamos a continuación algunas definiciones de este concepto:
Weineck (1994:23), define el concepto de resistencia en fútbol como: “la capacidad psicofísica de resistir el cansancio durante esfuerzos prolongados y la capacidad de recuperación después del esfuerzo. La resistencia física incluye también la capacidad del jugador para poder resistir el mayor tiempo posible un estímulo que provoca la discriminación de la intensidad o interrumpir el esfuerzo. Representa así mismo, la capacidad de resistencia total del organismo, o de determinadas partes del cuerpo, frente al cansancio”.
Masafret (1993), citado por Arjol (2005:115), aunque esboza una definición de resistencia desde el ámbito del baloncesto, es suficiente clara y concreta como para extrapolarla al fútbol: “la capacidad condicional que nos permite soportar física y psíquicamente una carga específica de trabajo (partido, competición), a una intensidad variable, durante un período de tiempo determinado, manteniendo el nivel óptimo de rendimiento, tanto en la ejecución del gesto técnico (tareas coordinativas), como en la toma de decisiones (tareas cognitivas); permitiéndonos a su vez, la recuperación durante los períodos de pausa del juego”.

El propio Arjol nos ofrece su propia definición afirmando que la resistencia es“la capacidad condicional que permite al futbolista soportar física y psíquicamente los esfuerzos derivados de las exigencias variables que requiere la dinámica del juego, manteniendo el nivel de rendimiento adecuado, en cada momento del partido y a lo largo de todo el período competitivo” (Arjol, 2005:116).
En todas estas definiciones, los autores mencionan la importancia de la resistencia como capacidad psicofísica para resistir el cansancio, para soportar y mantener el nivel óptimo en la toma de decisiones, en definitiva para soportar física y psíquicamente los esfuerzos. Por lo tanto es relevante destacar, que en el entrenamiento de la resistencia, el futbolista no solo se prepara a nivel físico para soportar mejor los esfuerzos físicos, sino que también se entrena para ser más resistente a nivel mental. Por lo tanto no es de extrañar, que en el entrenamiento en fútbol se tengan en cuenta factores de tipo psicológico como parte fundamental e indivisible para la mejora física o condicional. En esta línea y siguiendo a Arjol (2005), cuando este autor nos define los objetivos de entrenamiento de resistencia en fútbol de alto nivel, destaca entre los mismos, los de carácter psicológico como determinantes para la consecución y resolución exitosa de determinadas situaciones o acciones de juego. A continuación se presentan los que hacen referencia a dichos factores psicológicos, basados en la propuesta de Weineck (1994:31):

  • Aumentar la resistencia psíquica. Al tolerar mejor los esfuerzos, mantiene mayor estabilidad psíquica ante la competición sin problemas de motivación o de cambios negativos de actitud o carácter depresivo.

  • Reducción de errores ocasionados por el cansancio, ya que al cansarse menos, puede mantener la disciplina táctica en mayor medida, realizando menor número de faltas innecesarias, menos protestas y manteniendo el equilibrio en sus intervenciones.

  • Reducción de errores técnicos, ya que mantiene su concentración durante más tiempo así como su atención y rapidez en todas las acciones técnicas defensivas y ofensivas, manteniendo bajo el nivel de errores.

  • Velocidad de reacción constantemente alta. Al soportar mejor la fatiga y recuperarse más rápidamente, su sistema nervioso se ve menos afectado, manteniendo por más tiempo su capacidad de anticipación, decisión y reacción óptimas.

Al hacer referencia a las capacidades perceptivas y de procesamiento de la información, estos autores mencionan los estudios de Newsholme (1987) y Keul et al. (1988), en los que se relacionan los contenidos de glucógeno con la posibilidad de rendir durante todo el partido a un nivel alto, sin pérdidas de atención y concentración. Con lo cual, los efectos del entrenamiento de la resistencia en futbolistas, tendrán una incidencia en el aumento de los depósitos de glucógeno, hecho sobradamente demostrado en los estudios y bibliografía elaborados al respecto (Arjol, 2005:119). En la misma línea, al investigar los efectos de la carencia de hidratos de carbono, estos afectan directamente al sistema nervioso central, con lo que se produce un empeoramiento en la capacidad de reacción, de anticipación y de realización, así como de la velocidad de reacción, el control motor y finalmente de la motivación (Diebschlag, 1988, citado por Arjol, 2005). El nivel de errores de contenido táctico, y el condicionamiento de este tipo de acciones como consecuencia de la preparación física en la cualidad de resistencia, ha sido ampliamente demostrado, concluyendo que cuando la resistencia es deficiente se produce un incremento en el número de errores, que repercute en un descenso en el rendimiento táctico (Vogelaere, Belagve y Martínez, 1985; Zeed, 1989; Liesen, 1989; Liesen, 1983; Gerish, Rutemöler y Weber, 1988; citados por Weineck (1994).


En definitiva, el objetivo del entrenamiento de la resistencia del futbolista es el de alcanzar un nivel de desarrollo óptimo de esta capacidad (Arjol, 2005):

  • Desde el punto de vista condicional, poder mantener a lo largo de todo el partido el ritmo de juego alto (lo que engloba el rendimiento individual y colectivo), mejorando para ello tanto la capacidad de repetir las acciones de alta intensidad, como la recuperación rápida entre estas.

  • Desde el punto de vista técnico-táctico, ser capaz de mantener el nivel de eficiencia en el juego a lo largo de todo el partido, mediante el mantenimiento de la capacidad perceptiva y de procesamiento de la información, con la consiguiente reducción del número de errores relacionados con la fatiga.

  • Desde el punto de vista psicológico, aumentar o mantener el equilibrio y resistencia psicológicos necesarios en competición.

Pino et al (2001), citado por Arjol (2005), define la estructura cognitiva como “formación asimilada por el jugador que le permite interpretar correctamente las situaciones de juego en las cuales se encuentre, mediante la información que reciba y que procese de forma interna”. De acuerdo con Lorenzo y Prieto (2002), citados por Arjol (2005), “el verdadero dominio de la técnica y la táctica del juego se manifiesta por la adaptación a los cambios psíquicos, a la fatiga (la cual influye negativamente en la capacidad perceptiva), a los cambios de las condiciones externas y a la variación de las situaciones entre compañeros y adversarios”. Por todo esto, la importancia de incluir elementos técnico-tácticos dentro de las sesiones o situaciones de entrenamiento de resistencia, encuentra su justificación en la necesidad de adaptar dichos aprendizajes a condiciones o niveles de fatiga/esfuerzo semejantes a los de competición, para que se produzca una transferencia significativa y acorde a las demandas y necesidades psicofisiológicas. Como índica el propio Arjol (2005:112), “si aceptamos, de acuerdo con el enfoque actual de entrenamiento en los deportes de equipo, que los mecanismos perceptivo y decisional son igual o más importantes que el de ejecución y por tanto, la técnica sólo tiene sentido cuando resuelve el problema plateado en cada situación de juego, (…) se justificaría la inclusión de elementos técnico-tácticos propios del juego dentro del entrenamiento de resistencia del futbolista”.



4. TEORÍA DE LAS INTELIGENCIAS MULTIPLES
Conocida la importancia de la preparación psicológica del futbolista y su influencia en el rendimiento deportivo, cabe ahora preguntarnos, qué características posee la inteligencia del deportista, y qué factores son determinantes para el desempeño deportivo eficaz. Hemos comentado en apartados anteriores el protagonismo que la inteligencia adquiere en la actividad físico-deportiva, pero hasta el momento solo aparecen en la literatura específica (Arjol, 2005; Bangsbo, 2002 y 2003; Brüggeman y Albrecht, 1993; Castelo, 1999; Dosil, 2002; Fradua, 1997), acercamientos, más o menos concisos, que hagan referencia a este término. Al hablar de la inteligencia referida a los deportes, observamos que el término se encuentra asociado o en compañía de otros, expresándose como “inteligencia de juego”, “inteligencia táctica”, “inteligencia motriz” e incluso “inteligencia deportiva” “. También encontramos terminología afín al concepto de inteligencia, y esta es entendida como “expresión personal de madurez y creatividad”, o descripciones según las cuales “los jugadores tienen “sentido de la jugada”, “olfato de gol”, “capacidad de anticipación”, un conjunto de dones misteriosos que no son otra cosa que eficaces modos de manejar grandes bloques de información compilada. De ellos se sirve para evaluar la situación, cuando no hay tiempo de hacerlo de forma explícita y compilada”. (Marina, 1993:92). En definitiva, todos estos intentos de delimitación conceptual coinciden en que los jugadores se valen de la inteligencia para dar solución a los problemas planteados. Valorando que, en efecto, estamos ante un tipo concreto de inteligencia o una manifestación especifica de la misma, aceptamos que la inteligencia no es un constructo unitario, sino que está compuesta de “algo más”.

Con estos precedentes, y de acuerdo con esta última afirmación, diseñamos esta investigación bajo los pilares que ofrece la perspectiva Cognitiva Social Afectiva. Dicha perspectiva, como ya ha quedado argumentado, se posiciona contra el concepto estático de inteligencia y contra el determinismo genético e innatista. La importancia e influencia del ambiente, cultura, posibilidades socioeconómicas, etc, constituyen la base de diversas teorías explicativas, entre las que se encuentra La Teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner, desde la que fundamentamos esta propuesta. No se trata de estudiar la influencia de los distintos procesos cognitivos, como la atención, la percepción o la memoria, y su papel e influencia en el rendimiento en fútbol. Pretendo esclarecer si existen características afines entre deportistas y más en concreto entre futbolistas, tomando una medida psíquica global como es la inteligencia, que implica la interacción de todos estos procesos cognitivos. Pero antes de continuar con este propósito, conozcamos un poco mejor al autor y cuáles son los preceptos de La Teoría de las Inteligencias Múltiples.



4.1. Howard Gardner
Neuropsicólogo, nacido en los Estados Unidos en 1943, Gardner es precursor de la denominada Teoría de las inteligencias múltiples. Desde una profunda reflexión de la realidad de las prácticas educativas actuales, formula las bases de una novedosa visión multifactorial de la inteligencia, que a su vez es fundamento para el desarrollo de un nuevo proceder pedagógico, en un intento por superar las limitaciones del actual sistema educativo. Una de sus mayores aportaciones consiste, tras la publicación de su obra Frame of Mind (Estructuras de la mente), en 1983, en conseguir que un importante sector de la comunidad educativa de todo el mundo, muestre interés por su teoría y la acepte como marco teórico fundamental para el replanteamiento del proceso educativo reflejado en el currículo. Como el mismo Gardner nos anticipa:
Mi convencimiento de la importancia de una educación centrada en el individuo, proviene de dos proposiciones distintas pero entrelazadas. En primer lugar, ha quedado notablemente establecido que las mentes de los individuos presentan notables diferencias. El sistema educativo debería estar diseñado para que fuera sensible a estas diferencias, deberíamos intentar asegurarnos de que todo el mundo reciba una educación que maximice su propio potencial intelectual. La segunda, ahora, ningún individuo puede dominar ni siquiera una única área de conocimiento de forma completa. El período del Hombre mujer del Renacimiento pasó hace tiempo” (Gardner, 1995:84).
Sus postulados parten de la profunda creencia de que las capacidades de las personas no son unitarias o restringidas en función de un Factor G, con lo que las propuestas educativas y las bases que sustentan los pilares del desarrollo curricular deberían aceptar la multiplicidad de posibilidades o intereses de los alumnos, en lugar de ofrecer un proceso educativo común y estandarizado, y sin cabida para las distinciones o desarrollo de motivaciones personales. Es importante decir que las actuales reformas educativas van más en la línea del desarrollo de las capacidades intelectuales y habilidades personales y profesionales de los alumnos, que en las de formación unitaria. Y esta necesidad de diversificación curricular también es barajada por Gardner. Pero el autor va un poco más allá, e insiste en reconocer no solo la existencia de diversidad en el desarrollo profesional de los alumnos, sino que también existen diferencias en el procesamiento y asimilación de la información, y sugiere la necesidad de adaptar el procedimiento pedagógico las cualidades intrínsecas a cada alumno, cuando argumenta lo que sigue:
“… no todo el mundo tiene los mismos intereses y capacidades; no todos aprendemos de la misma manera. (…) en nuestros días nadie puede llegar a aprender todo lo que hay que aprender. Una escuela centrada en el individuo tendría que ser rica en la evaluación de las capacidades y de las tendencias individuales. Intentaría asociar individuos no sólo con áreas curriculares, sino también con formas particulares de impartir esas materias” (Gardner, 1995:27).
Y desde estas premisas, es desde donde toma fuerza su teoría de las Inteligencias Múltiples. En su obra original y en posteriores trabajos, asegura que cada persona posee, al menos, ocho habilidades cognitivas claramente diferenciadas. Ocho inteligencias que vertebran su propuesta de inteligencias múltiples, la cual ha propiciado un profundo cambio en el concepto de inteligencia, en el planteamiento de los aspectos influyentes en el aprendizaje y en las estrategias del proceso educativo. Dichas inteligencias son: la Inteligencia Musical, Corporal-cinestésica, Lingüística, Lógico-matemática, Espacial, Interpersonal, Intrapersonal y Naturalista.
En 1983 presentó su teoría en el libro Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences. Empieza a redefinir el concepto de inteligencia y a consolidar su creencia de que “la inteligencia es la capacidad para resolver problemas, o para elaborar productos que son de un gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural” (Gardner, 1995:25). Esta precisión de la inteligencia como una capacidad, permite entenderla como una destreza, que por consiguiente, se puede desarrollar. No desprecia el componente genético de la inteligencia en la formulación de su teoría ya que acepta y comparte el hecho de que todo ser humano nace con un determinado potencial, que irá desarrollando a lo largo de su existencia. La influencia e incidencia del ambiente, educación, experiencias, así como el contexto familiar y cultural, serán baluartes importantes en dicha historia de aprendizaje, y definitorias en el desarrollo intelectual de cada individuo. Con la inestimable ayuda de su grupo de colaboradores, supera los tradicionales postulados que hasta la fecha de publicación de su obra Frame of Mind, habían sido poco o nada cuestionados. Dichos postulados tradicionales encuentran fundamento en la afirmación de que la inteligencia humana es unitaria, única, y por lo tanto es posible definirla, y que a su vez, es cuantificable.
Es autor de abundante bibliografía acerca del tema de las inteligencias múltiples. A la publicación de Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences, le siguen otras obras donde destaca su gran obra Las inteligencia múltiples: la teoría en la práctica, de 1993. Le siguen muchas otras donde el autor expone y argumenta los fundamentos de su teoría, incluso utilizando figuras relevantes del siglo pasado, como ejemplos concluyentes de personas que destacan sobremanera en alguna de las inteligencias que defiende en su obra Mentes Creativas (Sigmund Freud, personal y lingüístico, Albert Einstein, lógico-matemático y espacial; Pablo Picasso, espacial, personal y corporal; Igor Stravinsky, musical; T. S. Eliot, lingüístico; Martha Graham, corporal y lingüístico; y Mahatma Gandhi, personal y lingüístico). Otras obras relevantes de Gardner son Mentes extraordinarias (1997). La mente no escolarizada; Educación artística y desarrollo humano y La nueva ciencia de la Mente, e innumerables aportaciones en artículos.

En la actualidad, Gardner, compagina su función como codirector del Proyecto Zero en la Escuela Superior de Educación de Harvard, donde además desempeña funciones como docente de educación y de psicología, con las de profesor de Neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston. En 1990 fue galardonado con el Premio de Educación GRAWMEYER de la Universidad de Louisville.



4.2. Las teorías de la inteligencia
Aunque el concepto de múltiple inteligencia, venía siendo habitual en el pensamiento de Gardner, con anterioridad a 1983, no es hasta esta fecha, con la publicación de su libro Frames of Mind (Estructuras de la mente) el momento que se considera origen de la teoría de las inteligencias múltiples. En dicha obra, el autor nos expone una visión novedosa para entender la inteligencia humana. Inteligencia como capacidad, diversificada en habilidades cognitivas, interrelacionadas, pero a su vez independientes. La teoría respeta y justifica las diferencias entre sujetos como consecuencia de mostrar una mayor competencia en una determinada inteligencia, con lo que destaca la importancia de otros tipos de “saber”, hasta el momento no valorados o a la sombra de la tradicional perspectiva lógico-lingüística. En su obra, recalca la perspectiva multicultural de la cognición humana. Cada una de las diferentes inteligencias serán medios con los que cuenta el ser humano para conocer, interpretar e interactuar con su medio y los demás. Son lenguajes compartidos, que funcionan con un nivel de competencia que difiere según la persona. Son susceptibles al ambiente, al contexto, a la cultura, y representan, sobretodo, un instrumento al servicio del ser humano para su aprendizaje, su capacidad para resolver problemas, y lo que es más importante, para desarrollar la capacidad innovadora, es decir, para crear.
La nueva concepción de la inteligencia como compendio de capacidades, toma como punto de partida la crítica que Gardner hace del tradicional concepto de inteligencia. Hasta el momento la inteligencia ha recibido una concepción y definición, reduccionista y uniforme. La inteligencia se nos muestra como un constructo unitario, como un Factor G. Los primeros intentos por definir el concepto y establecer un marco teórico, presentan capítulos importantes en la historia de la psicología. En los orígenes encontramos las primeras pruebas de inteligencia, la figura de importantes investigadores del momento, como Alfred Binet y sus test para medir la inteligencia, que fueron elaborados como instrumento para detectar los alumnos de riesgo en escuelas de primaria a principios del siglo pasado. Binet se negó a calificar de inteligencia innata al CI: tampoco lo consideró un recurso general para clasificar jerárquicamente a los alumnos de acuerdo con sus valores intelectuales. Elaboró su escala sólo para atender a un propósito limitado: el encargo, que le había hecho el Ministerio de Educación, de idear una guía práctica para detectar a aquellos niños cuyos pobres resulta­dos escolares indicaban su necesidad de recibir una educación especial; en la actualidad, hablaríamos de niños con dificultades para el aprendizaje, o ligeramente atrasados. En palabras del propio Gardner:
(…) el uso de los test de inteligencia se acompañó de la creencia en que las capacidades intelectuales eran, en su mayor parte, heredadas y que el CI se refería a una característica del individuo casi tan inviolable como la altura relativa o el color del cabello. En consecuencia hubo pocos intentos de cambiar la inteligencia psicométrica o de asumir la misión original de Bidet de utilizar los datos procedentes de la medición de la inteligencia como medio para ayudar a los estudiantes” (Gardner, 1995:228).

Desde sus orígenes, las pruebas de inteligencia van adquiriendo un mayor y progresivo protagonismo, convirtiéndose en una medida “objetiva” de coeficiente intelectual, con diferentes puntajes según el nivel de competencia del intelecto individual. Y a esta creciente importancia o sobrevaloración de los test, Gardner responde como sigue:



Mi principal objeción hacia la visión uniforme provienen de la convicción que tengo de que dicha visión está basada en una perspectiva defectuosa de la cognición humana, lo que yo llamo el “pensamiento estilo CI”. Como es bien sabido los primeros test se diseñaron para hace casi un siglo, con el razonable objetivo de predecir qué estudiantes iban a encontrar dificultades con los programas escolares normales. En los últimos ochenta años, (…), nos encontramos con cientos de test estandarizados que se utilizan con numerosos fines. (…) No resulta exagerado afirmar que hemos dejado que el perro examinador paseara al amo curricular. Tampoco es una exageración decir que el test de CI ha conducido inexorablemente a la actual intoxicación respecto a la escuela uniforme” (Gardner, 1995:82).
En la actualidad, son muchas y variadas las disciplinas y profesionales al cargo, que han intentado definir, en unos casos, y medir en otros, la inteligencia. La medicina, antropología, psicología o las ciencias de la educación, han elaborado definiciones que varían de las más cientificistas, a las menos formales como “que la inteligencia es lo que miden los test de inteligencia”. Obviamente, y a tenor, de lo expuesto hasta el momento, la inteligencia para Gardner es mucho más que un valor o coeficiente. Una definición que nos ofrece en su obra Inteligencias Múltiples: la teoría en la practica, vislumbra con precisión su concepción de inteligencia: “Podemos definir la inteligencia, fundamentalmente, como la manifestación de un compromiso entre dos componentes: a) los individuos, que son capaces de utilizar su vector de competencias en varios campos del conocimiento; y b) las sociedades, que alimentan el desarrollo individual a través de las oportunidades que promueven” (Gardner, 1995:248).
Otra de las consideraciones tradicionales que Gardner crítica es el hecho de concebir la inteligencia como algo cuantificable a través de herramientas o medios estandarizados. La propuesta del autor va más allá, no sólo afirma que no existe una sola inteligencia, sino que además en su propuesta teórica ofrece criterios para su observación, e incluso para su desarrollo, pero no para encorsetarla en parámetros numéricos de medida. En la actualidad esta teoría de las inteligencias múltiples está siendo frecuentemente revisada, pero el postulado fundamental, define la inteligencia humana como la medida de la totalidad de las inteligencias conforme al grado de competencia del sujeto en cada una de ellas, valorando que la mayor afinidad a un tipo u otro de las ocho diferenciadas depende del individuo y de las distintas posibilidades que presenta cada una de las inteligencias, en su historia de aprendizaje. Como el mismo autor explica:
A diferencia de otros teóricos de la inteligencia, no intentamos reducir el concepto de inteligencia a una forma menos compleja con la intención de fabricar un test que “la” mida. En lugar de eso, queremos explicar las diversas manifestaciones de la inteligencia dentro de cada cultura y a través de ellas” (Gardner, 1995:243).
Gardner sugiere que la inteligencia entronca más con la capacidad para resolver problemas y crear productos en un contexto rico y de actividad natural. Implementa estudios de forma descontextualizada y abstracta, superando factores situacionales y culturales. Define la inteligencia como "la capacidad de resolver problemas, o de crear productos, que sean valiosos en uno o más ambientes culturales"(1995:10). Encuentra el fundamento a su teoría en las bases neurológicas, evolucionista y transculturales, matizando que su postura es la de ofrecer un acercamiento, nunca un instrumento de medida; “En vez de construir test que no midan la inteligencia, sino que clasifiquen a los individuos y potencialmente limiten su crecimiento, preferimos diseñar vehículos que simultáneamente ayuden a descubrir y estimular la competencia de los individuos” (Gardner, 1995:256).
Otro aspecto destacable de la propuesta teórica de Gardner, reside en no considerar la inteligencia como un sustento de estricta competencia individual, ubicada en cada persona, e independiente del entorno, sino en reconocer el peso e importancia del contexto, la interacción con otras personas, así como la manipulación de objetos o mecanismos y la acumulación de conocimientos en el desarrollo intelectual. “(…) Los seres humanos son criaturas biológicas, pero también son criaturas culturales,... no hay duda de que la vida después del nacimiento está inextricablemente ligada a las prácticas y creencias de la cultura” (Gardner, 1995:232).
En definitiva, reconocer la existencia de ocho inteligencias diferentes e independientes, que pueden interactuar y potenciarse recíprocamente. En su teoría de las IM, el autor no desprecia el componente genético de la inteligencia. Como ya se ha dicho, define la inteligencia como una capacidad, y como tal, se convierte en destreza que consecuentemente se puede desarrollar. Según esto, nuestra genética nos marca unas determinadas potencialidades, para cada una de las diferentes inteligencias. Dichos potenciales se desarrollan en cada individuo, dependiendo de factores como las experiencias, el medio ambiente o la educación recibida. “Todos los seres humanos poseen estos potenciales, pero por diversos motivos, tanto ambientales como genéticos, los individuos difieren notablemente en los perfiles concretos de inteligencia que muestran en algún momento de sus vidas” (Gardner, 1995:84). Para Gardner todos poseemos capacidades similares pero siempre mostramos mayor habilidad para unas determinadas competencias o situaciones que para otras.

En resumen, y a colación de todo lo expuesto hasta el momento, podemos destacar como los puntos clave en la teoría de las Inteligencias Múltiples, los siguientes:



  • Cada persona pose las ocho inteligencias.

  • Las personas pueden desarrollar cada inteligencia hasta un nivel adecuado de competencia.

  • Las inteligencias operan juntas de manera compleja

  • Hay muchas maneras de ser inteligentes dentro de cada categoría

4.3. Las inteligencias múltiples: descripción de las ocho inteligencias

La visión que nos muestra la teoría de las IM nos ofrece una perspectiva más amplia del concepto de inteligencia y de su repercusión e influencia en la vida de cada persona. Nos expone una propuesta donde se describe una amplia variedad de habilidades cognitivas, inherentes al ser humano, clasificadas en ocho categorías o “inteligencias”. Son las que a continuación se detallan:



Inteligencia Lógico-matemática, es la habilidad cognitiva que utilizamos para resolver problemas de lógica y matemáticas, lo que implica razonar adecuadamente y el talento para usar los números con eficacia. Incluye la capacidad para resolver problemas de lógica y comprender conceptos abstractos, solución de problemas utilizando el razonamiento y comprensión de relaciones. Como característica fundamental de este tipo de inteligencia, cabe destacar, la receptividad hacia las relaciones lógicas, los esquemas, las funciones y las abstracciones. Es la inteligencia que se atribuye a los científicos, que se corresponde con el modo de pensamiento del hemisferio lógico, muy relacionado con lo que tradicionalmente, bajo el prisma de nuestra cultura, se ha considerado como la única inteligencia. El cálculo y la inferencia y demostración de hipótesis, las categorizaciones, las clasificaciones, son ejemplos de procesos al servicio de esta inteligencia. En su obra Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica (1993), personaliza la inteligencia lógico-matemática en la Premio Nobel Bárbara McClintock, destacando su criterio de deducción y observación.
Inteligencia Lingüística, se describe como la habilidad cognitiva para dar uso correcto y eficaz a las palabras en modalidad oral o escrita. Es la capacidad de pensar en palabras y de utilizar el lenguaje para comprender, expresar y apreciar significados complejos. Adscritos a este tipo de inteligencia se encuentra la competencia en el uso de la sintaxis, conocimiento de la versatilidad de términos y su correcto uso en la práctica para explicarse, interaccionar con los demás o recordar, mención aparte a la función metalingüística, que permite usar el lenguaje para hablar del lenguaje. Esta es la inteligencia que se presupone a los escritores, poetas, redactores. Es una inteligencia que se localiza en ambos hemisferios. El lenguaje, en cualquiera de sus modalidades, ha sido y es, uno de las principales vías para la transmisión de la cultura, expresión de pensamientos y sentimientos, y el medio principal de interacción entre personas. La importancia de este tipo de inteligencia, radica en que el lenguaje y la competencia lingüística se erigen como un medio indispensable para el aprendizaje y para la convivencia social. La adquisición del lenguaje condiciona el proceso cognitivo en los niños pasando de la acción a la mediación. A través del lenguaje, y de la interiorización de la palabra, el hombre desarrolla el pensamiento, lo que permite realizar otro tipo de actividades cognitivas cada vez de mayor complejidad y que tienen relación con la resolución de problemas, el recuerdo, el análisis, la anticipación, y la creación. Los principales componentes de esta inteligencia son el habla, la lectura, la escritura y la capacidad de escucha para el aprendizaje. En cuanto a la inteligencia lingüística, que nos trae el ejemplo del poeta Thomas Stearns Eliot.
Inteligencia Espacial, es la habilidad que se concreta en la capacidad para percibir de forma exacta el entorno viso-espacial. No solo permite formarse un modelo mental del mundo en las tres dimensiones, sino que además posibilita ejecutar modificaciones discriminando las posibilidades que se derivan de esas percepciones. Comprende habilidades para la creación de imágenes mentales y el manejo y reproducción de las mismas, el razonamiento acerca del entorno, espacio y sus relaciones, o la discriminación visual de los rasgos específicos que presentan los objetos. Esta habilidad cognitiva es sensible a las formas y colores, a las líneas y al espacio, y sobretodo, a las relaciones existentes entre estos elementos. Es la inteligencia que se atribuye a artistas, marineros, ingenieros, inventores, cirujanos, arquitectos, jugadores de ajedrez, escultores o decoradores. La representación del mundo a través de imágenes visuales constituye un medio de aprendizaje que sin duda precede a la palabra, y favorece la habituación y sensibilización con el entorno, ya que la realidad está configurada y organizada a través de imágenes, formas, colores y contextos espaciales. Con la representación gráfica de la información, podemos mejorar la calidad del proceso educativo ya que los materiales visuales ayudan a clarificar los conceptos enriqueciendo así, la enseñanza. Este tipo de inteligencia está presente en toda actividad humana. Gardner en su obra Mentes Creativas, utiliza la figura de Albert Einstein como ejemplo de destreza en el uso de este tipo de inteligencia, ya que la teoría de la relatividad forjó su origen en la visualización que tuvo el científico de él mismo viajando en un rayo de luz. Otro ejemplo lo encontramos en la obra del genial Pablo Picasso.
Inteligencia Musical. Esta habilidad cognitiva está íntimamente relacionada con las capacidades para percibir y discriminar los sonidos y las distintas posibilidades compositivas. Es la habilidad para expresarse a través del sonido, mediante la manipulación de notas musicales e instrumentos. Esta inteligencia incluye la sensibilidad al ritmo, a la melodía, al tono, es decir, a los elementos formales que definen las piezas musicales en un estilo u otro. Esta es la inteligencia de los músicos, cantantes y cantautores, compositores y bailarines, etc. La inteligencia musical se rige por sus propias estructuras de pensamiento, ya que como lenguaje auditivo, el ritmo, el tono y el timbre y la diversidad de combinaciones posibles entre los mismos, configuran cada pieza musical y la catalogan en un estilo u otro. Gardner afirma que las aptitudes musicales se desarrollan desde muy pequeños, antes que las propias del resto de inteligencias, ya que se puede cultivar desde que el niño se encuentra en el vientre de la madre. La música y el ritmo ayuda a mejorar la coordinación y aprender a ajustarse a distintas velocidades, con lo que en compañía de determinados ejercicios aeróbicos y gimnásticos, se presenta como un excelente instrumento para la adquisición del movimiento armónico. En la extraordinaria habilidad de Yehudi Menuhin, o Stravinsky, el autor de las inteligencias múltiples, nos muestra dos ejemplos de excelsos maestros en el uso de la música que pueden idear y ejecutar bellísimas y complicadas interpretaciones.
Inteligencia Corporal - kinestésica, es la capacidad de utilizar el propio cuerpo para realizar actividades o resolver problemas, y para expresar ideas y sentimientos. Es la inteligencia de los deportistas y bailarines, los artesanos, los cirujanos, y en definitiva de cualquier profesional que utilice su cuerpo para realizar actividades o labores que implican precisión, coordinación y habilidad. También se la relaciona con la capacidad para manufacturar, para transformar las cosas. En el plano físico-corporal incluye habilidades físicas como la fuerza, la flexibilidad y la velocidad, destacando también la coordinación, el equilibrio, la destreza, al tiempo que las capacidades perceptivas y las táctiles. La conjunción del cuerpo y la mente para lograr la excelencia en el desempeño físico, comienza en el control de los movimientos, voluntarios o automáticos, hasta el manejo preciso y competente de determinadas habilidades o destrezas. A través de la experiencia corporal y la manipulación, se puede ampliar la experiencia y enriquecer la interiorización de la información. El dominio del cuerpo parte del dominio de la mente, y de ajustar convenientemente y de manera eficaz, las órdenes que desde el cerebro llegan a los músculos, para la ejecución de cualquier tarea motriz. La incidencia de este tipo de inteligencia se refleja en el manejo y desempeño eficaz de movimientos corporales de alta especialización, como por ejemplo, actividades atléticas que requieren la coordinación de amplios y variados grupos musculares, o quirúrgicas que requieren la habilidad cinestésica para dominar movimientos pequeños de alta precisión. Este aprendizaje implica una primera toma de contacto o manipulación, hasta la interiorización, con lo que el proceso será desde el exterior al interior. Sin embargo el que se posea una determinada destreza o habilidad en un campo, no significa necesariamente que se posea en todos. Las personas competentes cinestésicamente poseen la capacidad para ajustar y perfeccionar su rendimiento físico mediante la inteligencia de la mente y el cuerpo. El cultivo de esta inteligencia a través de la actividad física y deportiva, aunque no se tengan habilidades específicas, fomenta la oportunidad para todos de recreación, autoexpresión y comunicación.
Inteligencia intrapersonal, implica el conocimiento y entendimiento de uno mismo y permite adaptar el comportamiento y la manera de proceder en consecuencia con ese autoconocimiento. Un buen ejemplo de lo que engloba esta inteligencia lo encontramos en la propia definición que realiza el autor:
La inteligencia intrapersonal (…) supone un buen conocimiento de unos mismo: quién es, cuáles son sus virtudes y defectos, cuáles son sus objetivos y las mejores maneras de alcanzarlos y cómo aprender de las propias reacciones a los acontecimientos, sea cual sea el resultado. En resumen supone tener una imagen mental bastante precisa de uno mismo como ser humano (sólo o en compañía de otros) y la capacidad de contemplar esta imagen mental para modificarla si es necesario” (Gardner, 2004:205).
Comprende poseer una imagen ajustada de uno mismo, de las propias virtudes y limitaciones, así como mostrar control sobre el propio estado de ánimo y de reconocer la autoestima como impulso de las propias motivaciones y deseos. Dentro de cada persona se encuentran los recursos para experimentar una vida productiva, que se configuran a través de la motivación, la capacidad de decisión, la integridad, la ética personal, etc. Inherente a esta inteligencia es la capacidad para comprendernos a nosotros mismos y a los demás, para manejar nuestras emociones y dar cabida a la empatía. El desarrollo del complejo entramado que engloba nuestra inteligencia emocional, parte de la interacción entre herencia/ambiente y experiencias personales, configurando un modelo eficaz de sí mismo. La relación entre el mundo exterior y los sentimientos o pensamientos internos, permiten al sujeto planificar y ajustar sus pretensiones para conseguir experiencias eficaces. Desde el conocimiento de nuestra propia naturaleza, del entendimiento de las habilidades y defectos que nos definen, las personas podemos alcanzar un buen nivel de autocomprensión. La toma de conciencia de nuestro comportamiento es el principio para adquirir la conciencia ajustada de nuestra persona, ya que “(…) la inteligencia intrapersonal o la capacidad de reconocer qué habilidades son precisas, y de capitalizar las propias ventajas y compensar las propias limitaciones- puede resultar especialmente importante” (Gardner, 1995:133), para el desarrollo de una vida plena. Para Gardner inteligencia intrapersonal e interpersonal, se encuentran indisolublemente vinculadas, ya que el buen conocimiento del propio yo solo es posible a través de la relación con los demás.
Inteligencia interpersonal, permite entender a los demás, y consiste en la capacidad para percibir y distinguir las intenciones o motivaciones de los otros, así como los posibles estados de ánimo que influencian los sentimientos de otras personas. Incluye las señales que se producen en cualquier interacción, y la capacidad para discriminar y responder ante diferentes gestos, tonalidades de voz o expresiones faciales. Es la inteligencia que asociamos a políticos, profesores, vendedores. A través de este tipo de inteligencia, las personas alcanzan la comprensión de los demás, modulando y ajustando su conducta para establecer y mantener relaciones sociales, así como la compostura o rol que cada situación requiere. Es la inteligencia encargada de posibilitar las interacciones personales, y sensibilización hacia los otros, apreciando y valorando la existencia de opiniones y realidades distintas a las propias. La inteligencia intrapersonal y la interpersonal conforman la Inteligencia emocional y juntas determinan nuestra capacidad de dirigir nuestra propia vida de manera satisfactoria. Solo desde la comprensión de las diferentes situaciones sociales se pueden adaptar los actos y comportamientos, y anticipar las consecuencias de nuestras elecciones. Aprender a elegir entre el amplio elenco de posibilidades, desde el sentido común, y con un buen manejo de las habilidades sociales, y mantener aptitudes responsables y dialogantes, posibilitan construir una sociedad más plural, y abierta para el pleno desarrollo de cualquier persona, independientemente de su cultura, creencia o condición social.
Inteligencia Naturalista, la que utilizamos cuando observamos y estudiamos la naturaleza. Es la que demuestran los biólogos o los herbolarios. Esta inteligencia se asienta sobre la competencia para percibir las distintas relaciones existentes en cualquier entorno natural, y que afectan a determinados grupos o especies, configurando un entorno que se define en función de la interdependencia de todo ellos. En 1995 el autor agregó la Inteligencia Naturalista, ya que originalmente, la teoría de las inteligencias múltiples sólo describía las siete anteriores. Aunque comparte las capacidades de otro tipo de inteligencia como la lógico-matemática o la inteligencia viso espacial, la especificidad en la aplicación de las mismas al conocimiento e interpretación del medio natural, decantó al autor a reconocerla como inteligencia independiente de las anteriores. En realidad todos los seres humanos somos naturistas que captamos las posibilidades del entorno a través de nuestros sentidos, lo que nos permite hacer inferencias o establecer relaciones. Tener conciencia o un cierto desarrollo de este tipo de inteligencia, posibilita una mejor adecuación de los humanos al medio, evitando el impacto agresivo que en la actualidad se produce por no respetar el entorno ecológico en pro de intereses económicos y comerciales.

4.4. Inteligencias múltiples y rendimiento en fútbol

En la actualidad, y en consonancia con las afirmaciones de Gardner, sabemos que no es posible dar una medida única de inteligencia, ya que estas son múltiples. Aceptando que todos los seres humanos poseemos las ocho inteligencias en mayor o menor medida, podemos hacer el mismo balance al referirnos a los estilos de aprendizaje. No podemos delimitar tipos puros, y si los hubiera sería imposible mantener un nivel útil de competencia, ya que las inteligencias son interdependientes en mayor o menor grado. Cada cual puede tener un tipo de IM o habilidad más o menos desarrollada, pero sólo con la ayuda e interrelación entre todas y cada una de las inteligencias, las personas nos mostramos competentes, y lo que es más importante, nos identificamos como personalidades. En definitiva cada uno presentamos un perfil propio de IM y aprendemos y adquirimos conocimientos según nuestro particular estilo de aprendizaje.



En consecuencia, trasladándolo al ámbito que nos compete, cada deportista es único, con unas características psicológicas, personales, antropométricas, familiares y culturales que le hacen diferente, a la vez que inimitable. La competencia en fútbol supone dar cobertura psico-físico-técnico-táctica a una gran gama de situaciones, altamente cambiantes, que en ninguna ocasión aparecen o se producen en presencia de los mismos antecedentes, y mucho menos, propician las mismas consecuencias, además de la necesidad de realizarlo de manera eficaz. Para enfrentarse a la competición “el jugador salta a la pista con su adquirida dotación de hábitos, es decir, de habilidades. Cada una de ellas se desarrolla en un proceso, por lo que parece que consisten en saberes secuenciales, pero no es así. Funcionan como tales, desplegando un acto tras otro, pero en su origen son un bloque de información integrado, un conocimiento tácito, que el jugador percibe, antes de pasar a la acción, como un conjunto de posibilidades. No tiene un conocimiento explícito de las jugadas que puede hacer, pero cuenta con ellas como todos contamos con el conjunto de nuestra memoria” (Marina, 1993:91). Según esta idea de Marina los deportistas poseen una inteligencia de juego, que les permite dar respuesta a las situaciones en función de un almacenamiento de información en una memoria deportiva, que es lo que configura lo que en apartados anteriores, otros autores denominaban bagaje táctico. El ejemplo más claro de lo que pretendo plantear lo encontramos en las acciones a balón parado. En un penalty o en un corner, el lugar del saque es lo único que no varía; pero la forma de golpeo (aunque siempre la efectúe el mismo jugador especialista); el momento de partido; ir ganando o perdiendo; el cansancio y la influencia a nivel psicológico que conllevan todos estos factores, hacen que cada saque siempre sea diferente. Con lo cual los jugadores planifican soluciones almacenadas en la memoria para situaciones que se asemejan, pero nunca se repiten.
Por lo tanto, la inteligencia deportiva implica el conocimiento y control del mayor número de condicionantes que determinan el éxito en el rendimiento eficaz en fútbol. Y el jugador se hace competente tras la adquisición y desarrollo del mayor número de factores implicados, adquiridos a largo de su historia de aprendizaje, que van configurando su particular patrón motriz e inteligencia deportiva. La maduración deportiva, se erige sobre el aprendizaje de gestos o acciones básicas que posibilitan iniciar la práctica. Es necesario que determinados patrones básicos de movimientos se hayan consolidado para poder dar paso al aprendizaje de otras de mayor complejidad. Es por esto por lo que no se debe forzar el ritmo de aprendizaje, ya que esto puede acarrear un bloqueo de los aprendizajes posteriores. Las habilidades se van superponiendo unas a otras, y la consolidación de las mismas permite la adquisición de otras nuevas. “El entrenamiento permanece en la memoria. Es imposible que el jugador recuerde cada uno de los ejercicios realizados en sus largos años de entrenamiento, pero sus músculos los recuerdan”. (Marina, 1993:90). Actuando de esta manera, llegará un momento en el que el domi­nio de las habilidades básicas dé paso a formas más complejas de movimiento, entre ellas, las técnicas y acciones propias de los deportes o al conjunto de las habilidades específicas. Posteriormente vendrá la especialización por demarcaciones y el desarrollo de habilidades propias e inherentes a cada deportista, donde el talento y creatividad ejercen su influencia. Eatas son las características que mejor definen este tipo de inteligencia deportiva, que en la concepción de Gardner, dan cobertura a lo que él entiende por inteligencia corporal o kinestésica.

Se presupone pues que todos los deportistas tendrán un alto desarrollo de esta inteligencia. En la teoría de las inteligencias múltiples, la inteligencia Kinestésica comprende dos componentes relacionados: la maestría de nuestro propio cuerpo y la habilidad para la manipulación de objetos. Utilizamos esta inteligencia para pensar mediante el movimiento y los gestos. Trasladado al fútbol, comprendería el buen dominio o manejo del cuerpo para jugar al fútbol, y la habilidad para manipular el objeto, el balón, dominándolo y no al contrario. Estas serían las dos características que mejor definen al buen jugador de fútbol desde el modelo de inteligencia kinestésica: el ajuste corporal y la habilidad. Las cualidades físicas, es decir, velocidad, fuerza, flexibilidad, agilidad, coordinación y resistencia son los medios para desarrollar la inteligencia Kinestésica. Todo esto que estamos exponiendo, permite un amplio despliegue de posibilidades para el entrenamiento en fútbol, y para la mejora de la competencia y excelencia deportiva. Para que los jugadores quieran seguir aprendiendo, es importante que le encuentren el gusto a lo que están haciendo, independientemente del nivel o período evolutivo en que nos encontremos. “Al hombre no le basta con saber hacer. Hay que tener ánimos para hacer” (Marina 1993:92). Por ello la propuesta debe ser más amplia, y superar los postulados que hasta el momento han limitado el entrenamiento deportivo a modelos que engloban a todos los usuarios dentro de unas presupuestas características afines. Esta propuesta, que incluye la selección de talentos, los métodos de entrenamiento, las características especificas de los modelos de competición, no atienden a las individuales y características personales diferenciales de los deportistas. Se presenta el mismo modelo para todos. La teoría de las Inteligencias Múltiples, del Dr. Howard Gardner ofrece una explicación científica bien documentada del porqué las personas tenemos diferentes estilos de aprendizaje y de por qué algunos sujetos presentan dificultades (sobre todo en el contexto escolar), a la vez que plantea propuestas y opciones para paliar dichas deficiencias curriculares.


Si el aprendizaje en fútbol supone adquirir conocimientos y ampliar el bagaje de experiencias a través del entrenamiento y competición, quizás fuera más fructífero conocer las características intrínsecas comunes a la inteligencia de este tipo de deportistas, para incidir directamente sobre ellas, en el intento por incrementar la competencia y el rendimiento deportivo. Por esta razón, a través del presente estudio, vamos a intentar delimitar el perfil de rendimiento deportivo para futbolistas bajo los postulados que ofrece la teoría de las Inteligencias Múltiples, y analizar si existe incidencia de cada tipo de inteligencia con los factores de eficacia asociados a la competencia deportiva de los futbolistas.

INFLUENCIA

DE LAS INTELIGENCIAS MULTIPLES

EN EL RENDIMIENTO DEPORTIVO EN FUTBOL


SEGUNDA PARTE
EXPERIMENTAL


INFLUENCIA DE LAS INTELIGENCIAS MULTIPLES

EN EL RENDIMIENTO DEPORTIVO EN FUTBOL

José Mª del Pino Medina





Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad