Influencia de las inteligencias multiples en el rendimiento deportivo en futbol


PSICOLOGÍA DEL DEPORTE APLICADA AL FÚTBOL



Descargar 1.04 Mb.
Página4/14
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño1.04 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14

2. PSICOLOGÍA DEL DEPORTE APLICADA AL FÚTBOL.
Hasta el momento hemos planteado la importancia y necesidad de las aportaciones de la psicología del deporte para mejorar el rendimiento de los deportistas al hacer incidencia sobre los factores psicológicos que son determinantes en el ejercicio y la práctica deportiva, así como sobre los efectos psicológicos que se derivan de tal participación. Hemos perfilado una visión generalizada de los distintos paradigmas de la psicología general y su incidencia y repercusión sobre la psicología deportiva. Llegados a este punto, y teniendo en cuenta que este estudio centra su atención sobre un deporte concreto como es el fútbol, y en este caso unos atletas determinados, que son los futbolistas, pasemos a exponer las características definitorias del fútbol como disciplina deportiva, y de la psicología del deporte en fútbol, como especialidad específica.
2.1. Definición de fútbol
No es objeto de este escrito, profundizar en las distintas clasificaciones y denominaciones que a lo largo de la literatura especifica, se han llegado a elaborar para delimitar las características propias de cada disciplina deportiva, pero sí extraer de ellas aquellos aspectos relevantes que nos permitan configurar una precisa delimitación conceptual de lo que es el fútbol. En este momento, nos interesa conocer cuáles son los factores definitorios de la disciplina futbolística para, con ello, lograr alcanzar un mejor enfoque de este deporte y poder elaborar una definición lo suficientemente esclarecedora.
En primer lugar, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el fútbol es un deporte sociomotríz (Parlebas, 1981) de los denominados colectivos (Brouchard, citado por Pino, 1999) o de equipo (Durand, 1976), de cooperación-oposición (Hernández Moreno, 1994). “Sin disminuir la importancia de las restantes características, son la relación de oposición entre los distintos elementos de los dos equipos en confrontación y la relación de cooperación entre los elementos del mismo equipo, los que ocurren en un contexto aleatorio, y traducen la esencia de los juegos deportivos colectivos de oposición. Esta permanente relación de señales contrarias, entre los equipos enfrentados, impone cambios alternativos de comportamientos y posturas, de acuerdo con el objetivo del juego (el gol), y con las finalidades de cada fase o situación (ataque o defensa). Compete a los jugadores de ambos equipos, individualmente, en pequeños grupos o colectivamente, asumir comportamientos que creen situaciones favorables que conduzcan a la consecución de los objetivos, dentro de las normas del juego” (Garganta y Pinto, en Graça y Oliveira, (1998).
Espar (2005), recoge una serie de aspectos propuestos desde clasificaciones de diversos autores que pueden ayudar a concretar las características de este deporte para alcanzar la definición y estructura de las tareas en el fútbol. Seleccionando aquellas que nos sirven para delimitar la practica futbolística, en función de su grado de participación perceptiva (Knapp, 1963), el fútbol se encuadra dentro de las denominadas receptivas, ya que las tareas requieren un grado alto de participación cognitiva, y los deportistas desconocen la secuencia de movimientos, hecho que ocurre en todos los juegos o deportes de oposición. En función del grado de participación corporal propuesto por Cratty (1982), al implicar la participación de todas las partes del cuerpo, se considera como una actividad de tipo global. Atendiendo al grado de control sobre la acción propuesto por Singer (1986), es una actividad de regulación externa, por ser un deporte colectivo donde las tareas son abiertas y perceptivas. Siguiendo a Poulton (1957), y en función del grado de control ambiental, el fútbol es una propuesta deportiva abierta, puesto que a pesar de practicarse en un ambiente conocido y estándar, las circunstancias del juego son cambiantes, lo que las convierte en tareas abiertas.
Por último, antes de presentar una posible definición de nuestro deporte en cuestión, pasemos a observar, algunas de las principales características del entrenamiento en fútbol propuestas por Domínguez (2001), y que recoge Arjol (2005), exponiéndolas como sigue:


  • El fútbol requiere de la realización de una serie de movimientos, esfuerzos y acciones en secuencias variables e intermitentes para llevar el balón a una meta y/o evitarla y las posibilidades de éxito dependerá de un uso inteligente de la relación de oposición/cooperación.

  • En el fútbol se produce una interacción motriz entre los jugadores como consecuencia de la presencia de compañeros y adversarios utilizando un espacio común y una participación simultánea mediante cooperación y oposición.

  • La acción de juego obliga al jugador:

    • a una continua percepción y anticipación compleja y diferencial de la situación de juego,

    • a una toma de decisión continua y adecuada a la situación,

    • a una continua solución motora dotada de la precisión requerida en el momento oportuno. (Seiru’lo, 1993, citado por Domínguez, 2001).

  • El fútbol se caracteriza por la necesidad de resolver situaciones de juego cambiantes, en completa y estrecha relación con el compañero, oposición del adversario y por la inestabilidad del medio en que se desarrolla. (Domínguez, 1993, citado por Domínguez, 2001).

  • El fútbol como juego se manifiesta globalmente sin poder dividir las partes que lo integran: componente coordinativo (elementos técnicos), componente cognitivo ( elementos que conforman la táctica de juego y la personalidad del jugador) y el componente condicional (capacidades físicas requeridas), (Domínguez, 1993, citado por Domínguez, 2001)

  • El fútbol es una actividad motriz compleja, en el cual el jugador debe tomar decisiones antes de actuar, y después de haber analizado la situación" (Mombaerts, 1998, citado por Domínguez, 2001).

Teniendo en cuenta los datos aportados hasta el momento, en referencia a estudios anteriores de diferentes autores, podemos intentar alcanzar una definición de nuestro deporte, que en la medida de lo posible, englobe todas y cada una de las características que lo comportan. Son muchos los autores que han intentado elaborar una definición de este deporte en cuestión, desde muy diversas perspectivas: a nosotros nos interesan aquellas, que por su delimitación conceptual, se configuran y ajustan atendiendo a los factores y condicionantes que hasta el momento hemos esbozado:


Romero (2000), define el fútbol a partir de su estructura como:”Un deporte colectivo donde se produce una interacción motriz entre los participantes, como consecuencia de la presencia de compañeros y adversarios, utilizándose un espacio común (estandarizado y sin incertidumbre) y con una participación simultánea mediante cooperación/oposición”.
Martín Acero (2000), aporta una definición del fútbol que simplifica la complejidad de este deporte: “Es el deporte de equipo una actividad lúdico-agonística donde se pretende la victoria, produciéndose un sistema de idealismos identificativos convergentes para mantener una realidad común de interacciones, de cooperación entre compañeros a través de comunicaciones motrices acertadas, y de oposición con los contrarios en conflictos de contracomunicación, determinados por la situación colectiva o individual de posesión o no del móvil, que provocan continuos ajustes socio y psico-motrices; con alternancia en el predominio de las vías energéticas y sus diferentes interconexiones; también con alternancia de ciclos de trabajo muscular (estiramiento/acortamiento) lentos y rápidos, pretendiendo la posibilidad individual de participar al necesario nivel de exigencia (de mínimo a máximo) en todas las conductas motrices decisivas”.
Llegados a este punto podemos ofrecer una particular definición de fútbol, en los términos que a continuación presentamos:
El fútbol como deporte de equipo donde la interacción motriz de los participantes se concreta en las distintas fases del juego, en cooperación con los miembros del propio colectivo, y en oposición al rival, encuentra su objetivo en la correcta resolución de situaciones continuamente cambiantes en un espacio de juego estándar, donde el éxito se configura a través de la coordinada realización de movimientos, esfuerzos y acciones, individuales, grupales o colectivas, en secuencias variables e intermitentes para llevar el balón a una meta y/o evitarlo, y donde la victoria se dilucida en función de un uso inteligente de la relación de oposición/cooperación, con permiso de otros factores contextuales, personales o de azar, que adquieren gran importancia como consecuencia de enfrentar personalidades y motivaciones diferentes y ser evaluados por un juez externo o árbitro, encargado de decantar las acciones hacia un correcto uso del reglamento, y por tanto velar por la deportividad y dirimir el resultado.
2.2. Fútbol y rendimiento

En la actualidad, y como consecuencia del creciente auge del entorno económico que rodea al mundo del fútbol, y la creciente demanda producida por su enorme aceptación popular a nivel mundial, este se ha convertido en algo más que un espectáculo. La presencia de intereses económicos, donde se barajan cifras astronómicas, empuja a los clubes a buscar la victoria, sí o sí, como medio y condición para sobrevivir en lo que a priori parece ser una competición deportiva. Por todo ello, el resultado está en muchas ocasiones por encima del espectáculo. El resultadismo como única vía de supervivencia, en un deporte en el que la competición y la victoria se decantan, con esperanzadoras excepciones, a favor del más adinerado. Además, como consecuencia de la simultaneidad de factores de incidencia, de muy diversa índole, es muy difícil, delimitar los factores de rendimiento, o alto rendimiento, que condicionan la práctica y desequilibran la balanza hacia el éxito. Sin embargo, en los deportes colectivos la dificultad para identificar qué factores de rendimiento tienen un mayor protagonismo en la explicación de la competencia o excelencia individual y colectiva en la competición, existe un alto grado de consenso entre los especialistas en destacar el factor táctico-estratégico como el más determinante, siendo la función principal de los demás factores la de cooperar para conseguir el acceso a objetivos tácticos cada vez más elevados (Teodorescu, 1984; Konzag, 1984; Gréhaigne, 1992; Castelo, 1994; Bayer, 1994; Garganta, 1995; Vales, 1998; Areces, 2000; citados por Vales, 2004).


Si nos atenemos únicamente a los factores que tienen incidencia en el rendimiento desde la perspectiva del fútbol como deporte, y que han sido esbozados en el punto precedente, podemos adscribirnos a las conclusiones que Vales argumenta al respecto, cuando afirma que “a la hora de jerarquizar en términos de importancia los diferentes componentes de rendimiento en el fútbol, entendemos que los factores de naturaleza táctico-estratégica deberán ocupar un papel preferente en la pirámide de rendimiento competitivo, representando un elemento de primer orden para el rendimiento en el juego. Este posicionamiento conceptual se justifica si atendemos a los rasgos morfo-funcionales de los deportes de equipo en general y del fútbol en particular (situaciones de carácter abierto, amplio espacio de juego y número de jugadores, etc.), que reclaman permanentemente de los participantes una alta capacidad de adaptación (inteligencia táctica) y de organización (coordinación colectiva) para resolver favorablemente los distintos episodios de juego que se suceden durante los partidos (Vales, 2004:14).
Desde el punto de vista de la planificación del entrenamiento, está claro que el fútbol comporta notables diferencias con el resto de deportes individuales (Giráldez y Buceta, 2005:27):

  • Largo periodo de competiciones (9-10 meses)

  • Elevada frecuencia de competición (entre 2 – 3 partidos a la semana en algunos casos).

  • Desarrollo complejo de muchas capacidades al mismo tiempo (físicas, técnicas, tácticas, psicológicas y las derivadas de los deportes de regulación externa)

  • Contar con numerosos puestos específicos dentro de juego (porteros, centrales, laterales, centrocampistas, delanteros,....., y variantes dependiendo del sistema de juego).

  • No poseer periodos de descanso amplios entre los ciclos de competiciones.

  • Existencia de necesidades económicas y publicitarias que exigen realizar competiciones en el periodo preparatorio, incluso en el periodo de transición.

Por lo tanto el rendimiento en fútbol está sujeto a la incidencia de innumerables factores de tipo personal (motivación, estado de ánimo, rol dentro del equipo,…), contextual (institución a la que pertenece, urgencias por ganar, presión externa,…) o ambiental (incertidumbre del resultado, arbitrajes, estado físico, condiciones del terreno de juego) y un largo etcétera que pueden influir en según qué sentido, dando al traste con nuestros intereses e intenciones. Para concretar, y ciñéndonos exclusivamente a los factores que tienen que ver con el jugador de fútbol como deportista, son interesantes los condicionantes que aporta Vales (2004:27), en referencia a lo que el futbolista, en la actualidad, necesita para responder adecuadamente a las nuevas exigencias del juego, especificando que este tendrá que ser capaz de actuar atendiendo a parámetros de mayor universalidad y polivalencia funcional, mostrando:



  • Una alta capacidad para comportarse durante el juego con una gran disciplina táctica que sea respetuosa con las directrices marcadas en el plan de juego de su equipo.

  • Grandes recursos para manifestar en sus acciones una elevada eficacia operativa que se traducirá, en último término, en la producción de acciones que le permitan sorprender al adversario a partir de la combinación equilibrada de una gran velocidad y precisión de actuación.

  • Y, por último, una gran capacidad para actuar de forma creativa, mostrando habilidad para adaptarse eficazmente a las situaciones heterogéneas y cambiantes del juego.

Para concluir, y siguiendo las aportaciones de este autor, clasifica los siguientes, como los factores constituyentes del modelo de rendimiento en el fútbol, clasificados en tres categorías (Vales, 2004:41):



  • Demandas de rendimiento colectivas de tipo interno (organización táctica, cohesión de equipo, complementariedad de jugadores...).

  • Demandas de rendimiento individuales de tipo interno (disponibilidad físicotécnica-táctica-psicológica de los jugadores).

  • Demandas de rendimiento de tipo externo (equipo adversario, fortuna, decisiones arbitrales…).


2.3. Psicología del Fútbol

Hasta el momento hemos destacado la importancia de la psicología del deporte como elemento fundamental para favorecer el rendimiento de deportistas. Una psicología deportiva sujeta a distintas orientaciones y paradigmas en función del contexto histórico y ubicación geográfica de los especialistas que comienzan a interesarse por esta disciplina como ciencia incipiente. Desde las distintas orientaciones, el deporte adquiere un corpus diferenciado que se configura fundamentalmente desde el conductismo o el cognitivismo. Si bien el conductismo ha imperado a lo largo de un período de tiempo espaciado y sigue contando con una considerable aceptación, en la actualidad el peso de la cognición en el deporte está aumentando considerablemente, al entender que el deportista es sujeto activo en el proceso que se encamina hacia la excelencia o éxito competitivo. Desde esta perspectiva, cabe preguntarse si el fútbol, como modalidad deportiva, presenta características específicas diferentes al resto de deportes, y del mismo modo, si el futbolista es un atleta con características intrínsecas y extrínsecas definitorias para la práctica de este juego. En esta línea, Weinberg y Gould (1996:101), plantean el interrogante de si existen características psicológicas diferenciales en fútbol, que sirvan como referente para el desarrollo de la práctica profesional del psicólogo dentro de esta especialidad deportiva. Para dar respuesta a esta cuestión, se suman a las conclusiones de Ruíz (1999), en lo relativo a establecer el marco de actuación del psicólogo del fútbol, que son las que siguen:




  • Conocer cómo interactúan el conocimiento de base, las habilidades técnicas y las situaciones de juego.

  • Analizar el tipo de conocimientos cognitivos en fútbol.

  • Dilucidar las relaciones existentes entre “conocer” sobre el fútbol” y ser “competente” en fútbol.

  • Encontrar las posibles aplicaciones psicopedagógicas.

Dichas competencias del psicólogo del deporte, delimitan el campo de acción de la psicología del deporte aplicada al fútbol, en tanto que se entiende que esta debe partir de un conocimiento pormenorizado del fútbol como deporte de competición, del futbolista como deportista, y del entorno como condicionante externo altamente coercitivo. Delimitar las características que definen la idiosincrasia jugador de fútbol puede ser un indicio para configurar un patrón de lo que debe ser un futbolista experto a diferencia de un novel o iniciado. Iglesias Gallego y Cols (2003) según las investigaciones realizadas bajo el paradigma experto-novel han podido determinar cuáles son las características de los jugadores expertos. Rink, French y Tjeerdsma (1996), citados por estos autores, señalan una relación de factores cognitivos característicos de estos últimos:

- Conocimiento declarativo y procedimental superior.

- Un conocimiento más organizado y estructurado.

- Procesos de búsqueda visual más eficientes.

- Toma de decisiones más rápida y acertada

- Anticipación superior a los movimientos y acciones del contrario.

- Conocimiento superior de las probabilidades situacionales.

De igual forma, estos autores recogen los siguientes factores de ejecución de destrezas como característicos de los jugadores expertos:

- Capacidad de producir mayor número de aciertos en los tests de destrezas técnicas.

- Mayores niveles de éxito en la ejecución de las destrezas técnicas durante el juego.

- Mayor consistencia y adaptabilidad en patrones de movimiento.


A continuación se presentan las conclusiones recopiladas en su obra por Weinberg y Gould (1996) de diversos estudios y autores, fundamentalmente de Willliams y Reilly (2000), que explican las principales diferencias encontradas cuando se comparan futbolistas con talento frente a otros menos habilidosos:


  1. Son más rápidos y más precisos a la hora de reconocer y evocar patrones de juego (fundamentalmente tácticos).

  2. Son mejores en anticiparse (en relación con el tiempo de reacción) a las situaciones de sus oponentes basándose en pistas visuales avanzadas.

  3. Llevan a cabo mejores y más avanzadas tomas de decisiones deportivas, técnicas y tácticas (Williams y Franks, 1998) y son capaces de aprovechar mejor su entrenamiento en ese factor (Zhang, 2001).

  4. Se caracterizan por búsquedas visuales mucho más efectivas (tiempo/detección), lo que implica mejores procesos de concentración y atención de base.

  5. Son mucho más precisos en su predicción de cómo transcurrirá el juego (¿Qué va a pasar ahora?), dadas unas determinadas circunstancias.

  6. Poseen una mejor percepción de su propia competencia. Estos futbolistas más talentosos saben perfectamente para qué están capacitados, cuáles son sus limitaciones, mientras que los demás intentan realizar aquellas cosas que tienen menos probabilidades de ser realizadas con éxito (Ommundsen y Paglum, 1997).

  7. Poseen, a menudo una “inteligencia de juego” que les permite analizar las líneas más importantes del juego de sus oponentes (Singer y Janelle, 1999). Este aspecto aparece cada vez como más relevante a la hora de practicar con excelencia –en cada nivel de desempeño, no únicamente en la elite- el deporte del fútbol.

  8. Poseen más autoconfianza en sus acciones previamente al rendimiento (Williams y Franks, 1998).

  9. Poseen más ansiedad competitiva, pero también poseen mejores técnicas de afrontamiento y menor percepción de ella como nociva.

El fútbol como deporte colectivo, implica la participación colaboración de todos los miembros del equipo para alcanzar el éxito. En un partido solo pueden jugar once simultáneamente por equipo, pero pueden participar hasta tres más, ya que este es el número de cambios permitidos en la actualidad en el fútbol profesional. Pero no todos los jugadores realizan las mismas funciones dentro del campo, ya que existen especialistas que en función de la línea a la que pertenecen (portero, defensas, medios o delanteros), o la demarcación que ocupan (centrales, laterales, mediocentros, extremos,…), deben poseer unas características específica que los diferencian con respecto a sus compañeros como consecuencia de realizar acciones distintas y, a veces, muy concretas. Por ello debemos plantearnos si existen características diferenciales entre los distintos lugares o demarcaciones de juego de los futbolistas. En este sentido Sewell y Edmondson (1996) hallaron datos muy interesantes al respecto, y potencialmente útiles para su aplicación (Weinberg y Gould, 1996:110). Son las siguientes:



  • Los porteros muestran más ansiedad cognitiva que cualquier otro jugador, e incluso aparecen mucho más ansiosos y menos autoconfiados que los defensores (pensamos en su responsabilidad percibida en jugadas únicas, faltas, y en la soledad de respuesta ante el hecho de ser los únicos jugadores de campo que pueden y deben usar las manos).

  • Respecto a los jugadores de campo, parecen existir diferencias entre los defensas, por un lado, y los centrocampistas y los delanteros por otro, respecto a la ansiedad somática, la cognitiva y la autoconfianza (parece como si la responsabilidad se percibiera de forma más acusada –en la misma línea de lo que ocurre con los porteros -en la situación de “evitar” el gol del contrario más que en la de “marcar” un gol al contrario).

  • No existen diferencias entre futbolistas masculinos y femeninos, en ningún nivel de competición, respecto a las variables anteriormente citadas.

Por lo tanto, hablar de fútbol y futbolistas es algo que, a priori, no es tan sencillo como para poder definir de manera ajustada y sin error, las características diferenciales del deporte como disciplina, de los jugadores como deportistas, y de las distintas demarcaciones como competencia de dichos futbolistas, factores todos ellos determinantes para alcanzar el éxito y excelencia deportiva.



3. FÚTBOL Y COGNICIÓN
Por último, y llegados a este punto, nos interesa conocer cuáles son los aspectos que desde la orientación cognitiva pueden ser determinantes en el rendimiento en fútbol. Y es que además de poseer unas determinadas características desde el plano físico o condicional, el jugador de fútbol debe hacer uso de su mente para dar respuesta a las situaciones de juego continuamente cambiantes, acomodando sus respuestas a las necesidades de cada situación planteada e intentando ajustarla a una determinada intencionalidad táctica que conforma la estructura o tendencia de funcionamiento de cada equipo, y delimita un estilo y manera de entender el juego. “Pero la capacidad condicional de un futbolista no está relacionada necesariamente con su rendimiento como jugador, en la medida que son múltiples los factores externos que inciden en el juego como sus compañeros, el rival, las tácticas, el momento del partido, la técnica individual y colectiva, la meteorología, el terreno de juego, el marcador, la actitud psicológica, los árbitros, etc” (Giráldez y Buceta, 2005:7)
No debemos olvidar que cuando hablamos de fútbol, estamos hablando fundamentalmente de una modalidad deportiva. Como en muchos otros aspectos, el fútbol actual está comenzando a beneficiarse de las ventajas y ayudas que proporciona la psicología del deporte. Son muchos los equipos y profesionales que hoy día desarrollan su labor y siguen investigando en el marco del llamado deporte rey, pero debemos ser conscientes de que aún queda un mundo para poder considerar la psicología del deporte consolidada dentro del fútbol. Todo esto viene como consecuencia de que como deporte es lógico pensar que la mayoría de profesionales, dígase entrenadores y preparadores físicos, todavía dan preferencia al plano físico o condicional en la preparación deportiva y en la selección de jugadores. “Todo técnico desea jugadores poderosos en el plano físico, con grandes cualidades condicionales, pero antes que capaces condicionalmente, necesitamos que sepan hacer uso de esas cualidades dentro del contexto perceptivo y decisional que requiere este deporte” (Giráldez y Buceta, 2005:51).
Si bien entendemos que la preparación física es un soporte necesario para el desarrollo de la práctica del fútbol, también comprendemos que la mente del jugador juega un papel muy destacado en el rendimiento y excelencia deportiva. Son muchos los ejemplos de jugadores muy dotados condicionalmente, que no consiguen mantenerse en la media-alta competición. Como se suele afirmar, lo difícil en este deporte no es llegar, sino mantenerse. Alcanzada la elite, es necesario que el deportista sepa adaptarse constantemente a las nuevas situaciones y condiciones, para lograr mantener el alto nivel competitivo, por encima del paso de los años, superación de lesiones, o adversidades de cualquier tipo que puedan mermar su rendimiento. Evidentemente, esto no se consigue solamente con una excelente preparación física, se necesita algo más. Es aquí donde encuentra su fundamento la psicología deportiva aplicada al fútbol, desde el momento en que se entiende que el deportista como persona, y el fútbol como deporte, presentan unas necesidades en el plano psicológico, al menos tan importantes como las del plano físico. En muchas ocasiones el jugador muy capacitado condicionalmente se equivoca antes, se desplaza más rápido hacia el lugar erróneo, por lo tanto se aleja del lugar dónde debería situarse. De qué sirve que el jugador dedique tiempo en entrenar para ganar en su velocidad de desplazamiento si constantemente comete errores en la elección del camino correcto. Parece que nosotros le queremos aumentar exclusivamente su capacidad para moverse, para que se equivoque más” (Giráldez y Buceta, 2005:46).

Por lo tanto el objetivo de la preparación del futbolista, teniendo en cuenta las características mencionadas acerca de este deporte en aparatados anteriores, no debe ceñirse exclusivamente a la preparación atlética o técnico-táctica, sino dar cabida a la preparación mental, determinante en la consecución de los resultados deportivos. Ahora bien, la preparación psicológica necesita de la participación activa de los sujetos. No se trata de aplicar técnicas psicológicas indiscriminadamente, presuponiendo que con ello es suficiente para entrenar mentalmente al deportista. Al jugador hay que enseñarle a enfrentarse al entrenamiento y competición utilizando los medios que al servicio del entrenador propone el psicólogo, pero nunca al margen del jugador. Es importante tener en cuenta dos aspectos fundamentales. El primero, que el entrenamiento o aplicación de recursos de tipo psicológico, debe partir de la individualización y demanda que plantee cada jugador, del conocimiento de la personalidad y necesidad de cada futbolista, y no aplicar un “recetario” de soluciones, justificando la intervención o el trabajo con la mera aplicación de las mismas. En segundo termino, el fútbol como deporte, implica que los jugadores deben ajustar sus decisiones a un determinado plan de juego que marca la tendencia de funcionamiento seleccionada para el equipo por el entrenador, además de ajustar sus movimientos y decisiones a las situaciones continuamente cambiantes y hacerlo con un objetivo colectivo prefijado, lo cual no es fácil, si al jugador no se le permite desarrollarse intelectualmente en los entresijos que plantea la práctica de este juego. Al jugador hay que dotarle de una cultura y de una inteligencia táctica que, muchas veces, no posee; muchos jugadores no son capaces de explicar nada respecto al juego. Que sólo sea el entrenador el que piense no es lo más adecuado, el entrenador tiene que pensar, pero lo fundamental es que enseñe a pensar a los jugadores. Si no está creando jugadores discapacitados tácticamente (Giráldez y Buceta, 2005:51). Teniendo en cuenta que el fútbol es un deporte que obliga a los jugadores a pensar constantemente; a indagar e intentar dar solución a las situaciones que continuamente se plantean, con tiempos de respuesta que en la mayoría de los casos son excesivamente cortos; que además se deben realizar todas estas operaciones mentales en movimiento, y con la dificultad añadida de ajustar sus desplazamientos a lo que cada situación requiere, al tiempo que se coordina con compañeros en el desempeño de las acciones; que es necesario realizar todas las acciones de juego a alta velocidad, lo que supone la ejecución de acciones precisas y anticipadas, obligando al jugador a tener premeditada la acción antes incluso de recibir el balón, y por lo tanto ser consciente de todo lo que le rodea entreviendo las posibles acciones consecuentes para actuar prontamente. Por todo ello, el fútbol es algo más que un deporte de despliegue físico. Por lo tanto, no es de extrañar, que sean muchos los autores que aboguen por desarrollar esta capacidad intelectual relativa al fútbol, durante las sesiones de entrenamiento, y a lo largo de toda la carrera deportiva. Además este deporte se maneja más desde la inteligencia que desde el esfuerzo. Se sustenta sobre un componente cognitivo, de entendimiento de lo que sucede en cada momento mientras que otros deportes se asientan en componentes básicamente físicos. En el fútbol la capacidad del jugador depende de su facultad para tomar decisiones adecuadas ante las diferentes situaciones que se dan en un partido y no de su potencial condicional, por lo tanto la preparación física se debe poner al servicio de la técnica y de la táctica (Giráldez y Buceta, 2005:62).
En la línea de Brüggeman, D. Y Albrecht D. (1993), la mayoría de las sucesiones motrices de movimiento en el fútbol, son provocadas y dirigidas por actividades cognitivas (valorar, planificar, decidir). Generalmente, las capacidades cognitivas como la valoración y la elección de las soluciones situativas de un problema se considera que forman parte de la inteligencia. Teniendo en cuenta que las situaciones del entorno cambian incesantemente (comportamiento de compañeros y adversarios), es necesario utilizar estas capacidades cognitivas continuamente durante todo el partido y en gran medida, tanto por parte del jugador atacante (construcción del juego, visión de juego, previsión, participación) como por la del jugador defensor (previsión del posible comportamiento del adversario al igual que la planificación y decisión de un comportamiento correspondiente para recuperar el balón). Por ello en la práctica se habla de la llamada “inteligencia de juego” de un jugador. Cuanto más inteligente sea el comportamiento de juego, más alto será el rendimiento del jugador en el ámbito táctico. Como factor de rendimiento la inteligencia táctica es más importante que ser muy capaz, que desarrollar potencia, que recorrer grandes distancias, que poder repetir muchos esfuerzos, etc. (…) es aconsejable fomentar la autonomía del jugador ofreciéndole la información necesaria y liberándolo para que él decida muchas cosas. Esa libertad irá en relación con su capacidad individual para incorporar lo trasmitido. A los jugadores más capaces se le ofrecerán mayor número de iniciativas y habrá que marcarles más el camino a los que tiene menos entendimiento (Giráldez y Buceta, 2005:54 y 61).
Son muchas las referencias hasta el momento a la inteligencia del jugador de fútbol. Dicha inteligencia, se relaciona casi siempre con su competencia a nivel táctico, llegando a adquirir numerosas acepciones, que en definitiva intentan delimitar el mismo concepto. Cultura táctica, inteligencia de táctica, inteligencia de juego, bagaje táctico o memoria táctica, son conceptos que han aparecido hasta el momento, y que destacan la importancia de la mente y la capacidad intelectual de los jugadores dentro de de este deporte, como elemento fundamental para desenvolverse con éxito. Sabemos por tanto que “el jugador inteligente tácticamente parte siempre con ventaja ya que suele estar mejor situado y comprende con anterioridad lo que va a pasar, de manera que parte de una posición privilegiada y se mueve antes que los demás. Además para tener éxito no se trata siempre de ejecutar la acción lo más rápido posible, se trata de realizarla: a la velocidad que sea necesaria” (Giráldez y Buceta, 2005:46). Para Bangsbo (2000), el potencial táctico de un jugador de fútbol se basa en el saber táctico, el poder táctico y las capacidades tácticas. Para este autor, el saber táctico engloba conocimientos sobre sistemas de juego, reglas tácticas fundamentales, reglas de juego, etc. El poder táctico se refiere a acciones concretas que gracias al entrenamiento se realizan automáticamente cuando surgen determinadas señales (estímulos). Si no es suficiente con la respuesta programada en una situación, entonces el poder táctico del jugador se hace eficaz a la hora de analizar la situación y llegar a una decisión que lleva a la acción. Fradua (1997), en la misma línea apuntada por Bangsbo, añade, en referencia a la capacidad táctica, que esta, como capacidad que tiene el jugador para adquirir nociones y habilidades, difiere en cada individuo y resulta como un factor interactuante en el resultado final de la asimilación táctica por parte del futbolista. Personalmente, y basándome en estos autores, considero que la memoria táctica (lo que sabe) hace referencia al conjunto de conocimientos que el deportista posee acerca del deporte en cuestión, y el bagaje táctico (cómo ejecuta), a la solución que el deportista efectúa influido por dicha memoria táctica, como consecuencia de su experiencia e historia de aprendizaje.
Con el modelo propuesto se apuesta por un jugador que asume responsabilidad y autonomía, capaz de tomar iniciativas respondiendo a los estímulos que se le plantean (Tenorio, 2004). Dichas decisiones parten de la propia capacidad del deportista, de su inteligencia deportiva, de su memoria táctica. En palabras de Lillo (2000), al jugador hay que darle “cultura táctica” y la cultura táctica se crea sin mediatizar las respuestas. Las experiencias que a lo largo de su carrera ha ido acumulando el deportista, permite desarrollar respuestas cada vez más ajustadas y certeras, al tiempo, que posibilitan un mayor ajuste a la tendencia de funcionamiento del equipo en el que se encuentra, ya que irá encaminando sus acciones a las exigencias y pretensiones de su entrenador. Obviamente esta tarea será más fácil si el jugador posee un bagaje táctico amplio y significativo. Ese bagaje táctico permite establecer la concordancia entre lo que el deportista sabe hacer y lo que el entrenador pretende que haga, con lo que el deportista puede conocer y desplegar sus acciones en función de unos medios tácticos individuales (que le determinan sus funciones en relación a la demarcación que ocupa dentro del sistema de juego), unos medios grupales (en relación a los compañeros colindantes y acciones preferentes) y unos medios colectivos (que determinan la tendencia de funcionamiento). Es necesario dejar de lado la estructura conductista y emplear el método cognoscitivo en el entrenamiento, la metodología básica del entrenamiento ha de consistir en provocar situaciones en las que el jugador deba pensar constantemente (Lillo, 2000).
Resumiendo, es cierto que como actividad deportiva, el fútbol, debe dedicar especial atención a una preparación física adecuada, atendiendo a las necesidades específicas del jugador (etapa evolutiva, nivel de rendimiento, momento de la temporada) así como a los distintos condicionantes propios de esta actividad. A diferencia de otras disciplinas deportivas, el fútbol es un juego en el que el deportista además de tener que desplegar unas dotes físicas, demuestra en cada una de las acciones de juego una inteligencia, necesaria en todo caso para el éxito en la consecución de los objetivos, que a grandes rasgos es el de marcar o evitar GOL. Para esto el jugador debe percibir numerosas variables (en relación a la posición de los contrarios y compañeros, demarcación que ocupa dentro del terreno de juego, posición del balón, tareas que desempeñar en cada una de las fases del juego ya sea ofensiva o defensiva,...) y del análisis que en décimas de segundo sea capaz de realizar en relación a estos condicionantes, ejecutar una decisión previamente discriminada atendiendo a sus características técnicas, para dar solución al problema antes incluso de que el balón llegue a estar en su posesión. Por todo esto, “Durante todo el proceso de preparación se tiene que tender a perseguir la autonomía del jugador, ofreciéndole las máximas posibilidades y soltándolo para que elija y decida por sí mismo” (Giráldez y Buceta, 2005:61). En definitiva, el desarrollo de la inteligencia del jugador de fútbol es uno de los medios con los que cuenta cada entrenador para formar jugadores cada ver más autónomos y resolutivos, al ser capaz de tomar sus propias decisiones, desde el raciocinio y comprensión del juego, y no limitarse a ejecutar las “ordenes” o secuencias de movimientos que desde fuera se le exigen.


Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   14


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad