Influencia de las inteligencias multiples en el rendimiento deportivo en futbol



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Siguiendo a Puente (2003), cinco son las perspectivas que han dominado la psicología del siglo XX. La neurofisiología estudia y pretende explicar los pensamientos, los sentimientos y la conducta en términos de trabajo del cerebro y del sistema nervioso. El conductismo da explicación al comportamiento como respuesta a los estímulos procedentes del ambiente, siendo estos los que controlan y moldean las acciones de las personas. Desde el psicoanálisis se ofrece una perspectiva en la que los deseos y conflictos inconscientes intervienen de manera fundamental en la definición y configuración de la personalidad. La perspectiva humanista explica lo que las personas hacen mediante la comprensión de las motivaciones y los mecanismos para satisfacerles plenamente. Y por último, el cognitivismo se puede considerar como la rama, dentro de la psicología, que estudia los procesos mentales que subyacen a todo comportamiento. Pasemos a explicar con mayor detalle esta última perspectiva.



1.2.1. El Enfoque Cognitivo

El objeto de estudio de la psicología cognitiva se desarrolla atendiendo a los mecanismos que configuran el pensamiento, estos son: la percepción, la memoria, el aprendizaje, la formación de conceptos y el razonamiento lógico. “Los psicólogos modernos consideran que las personas realizan procesos de elaboración e interpretación de los eventos y estímulos del medio ambiente. Estas elaboraciones e interpretaciones son tan importantes que el comportamiento de las personas, se ajusta sobretodo, a estas representaciones internas. Tales representaciones, expectaciones, y percepciones son conocidas como cogniciones, un termino que se refiere a los procesos mentales” (Puente, 2003). Lo cognitivo, es un acto que implica conocimiento, que se configura desde la capacidad para recibir, recordar, comprender, organizar y usar la información recogida que se percibe a través de los sentidos. En contraposición al conductismo, hace uso de procesos mentales para explicar la conducta, no limitándose a establecer, únicamente, asociaciones entre estímulos y respuestas. Utilizando la metáfora del ordenador, la teoría del paradigma del procesamiento de la información es considerada todavía por muchos como el principal exponente del planteamiento cognitivo. Dicha hipótesis parte de la definición de la cognición o proceso cognitivo, de un lado, como la manipulación de símbolos que representan la realidad externa, y de otro, el procesamiento de la información dentro del sistema, “computación simbólica” que lleva a una solución adecuada del problema que se ha presentado. Por tanto, “La psicología cognitiva puede definirse como la rama de la psicología que intenta proporcionar una explicación científica de cómo el cerebro lleva a cabo funciones mentales complejas como la visión, la memoria, el lenguaje y el pensamiento. La psicología cognitiva surgió en una época en la cual los ordenadores comenzaban a causar un gran impacto en la ciencia y, probablemente, era natural que los psicólogos cognitivos establecieran una analogía entre los ordenadores y el cerebro humano” (Parkin, 1999:3).


Siguiendo en la línea de lo expuesto hasta el momento, Mahoney (1974), nos presenta las características generales del nuevo modelo de la psicología cognitiva, como se exponen a continuación:

  1. La conducta humana está mediada por el procesamiento de información del sistema cognitivo humano.

  2. Se distingue entre procesos (operaciones mentales implícitas en el funcionamiento cognitivo) y estructuras (características permanentes del sistema cognitivo).

  3. Se proponen cuatro categorías generales de procesos cognitivos: atención (selectividad asimilativa de los estímulos), codificación (representación simbólica de la información), almacenamiento (retención de la información) y recuperación (utilización de la información almacenada).

  4. Se destacan tres estructuras cognitivas: receptor sensorial (recibe la información interna y externa), una memoria a corto plazo (que ofrece a corto plazo la información seleccionada) y una memoria a largo plazo (que ofrece una retención permanente de la información).

Como conclusión podemos decir, que la Psicología ¿cognitiva es una rama de la psicología que se ocupa de los procesos a través de los cuales el individuo obtiene conocimiento del mundo y toma conciencia tanto de su entorno, como de sus resultados, que a su vez, posibilitan el reconocimiento de objetos familiares, personas conocidas, etc. Repercute favorablemente en la adquisición y el desarrollo de habilidades como la lectura, escritura, programación, realización de planes, pensamiento, toma de decisiones y memorización. Surge como alternativa a la concepción conductista de la mente, y su nacimiento coincide con la aparición y desarrollo de los ordenadores, con lo que la metáfora acerca del funcionamiento de dichas máquinas, permite al psicólogo cognitivo, investigar y explorar el funcionamiento de los procesos cognitivos internos, y fundamentar sus descubrimientos a través de dicha analogía.

1.3. Orientaciones de la psicología del deporte y el ejercicio físico
Como ya he mencionado en el primer apartado, es destacado el importante desarrollo que la psicología del deporte está obteniendo, tanto en la configuración de su marco teórico, como en la inserción de la aplicación práctica consecuente, y como instrumento eficaz para la mejora del rendimiento deportivo y acercamiento al éxito competitivo. Dicha capacidad para ser medio efectivo, se configura en los postulados de diversos paradigmas teóricos que detentan la potestad de modelar el pensamiento y la conducta humana, que son los presentados en el apartado segundo. Se hace necesario en este momento, intentar enlazar la importancia de la psicología del deporte, con las características definitorias de los distintos postulados que alberga cada enfoque, y que están fundamentados, a su vez, desde diferentes paradigmas de la psicología, ya que, del mismo modo que los entrenadores o preparadores difieren en los modelos, métodos, perspectivas y en la manera de efectuar su intervención, los psicólogos del deporte también se posicionan en un determinado paradigma para llevar a efecto su propuesta. En los orígenes de la disciplina, la filosofía utilizada era aquella que se basaba en las teorías conductistas, quizás porque las primeras disciplinas que estudiaron el fenómeno deportivo (psicología, pedagogía,…) se fundamentaban en el conductismo (Seirul-lo, 1993:1). En la actualidad “el estudio del área de los psicólogos del deporte contemporáneos, puede adoptar un enfoque conductual, cognitivo, psicofisiológico o cognitivo-conductual” (Dosil, 2002:17). Posteriormente este mismo autor, aunque acepta la diversidad de teorías y modelos explicativos, concluye que, en la descripción de aquellos que tienen aplicación directa al ámbito de la actividad física y el deporte, se parte de dos grandes paradigmas que han dominado la historia de la psicología del aprendizaje: el conductismo y el cognitivismo (Dosil, 2004:264). A continuación se describen los modelos que adquieren fundamento desde estos dos paradigmas de la Psicología.

1.3.1. Orientación conductual
El conductismo concibe al hombre como un organismo que reacciona y se adapta a los estímulos del medio. Relacionado con el mundo del deporte, se centraría en el estudio de los estímulos que recibe un deportista en su práctica cotidiana. Desde esta perspectiva se han diseñado técnicas de modificación de la conducta tales como los programas de refuerzo, retroalimentación, establecimiento de metas, etc., que se utilizan en el aprendizaje y el entrenamiento deportivo. Los que tienen una orientación conductual consideran que los determinantes principales de la conducta de un deportista o practicante de ejercicio físico proceden del entorno. Se le da relativamente poca importancia a los pensamientos, la personalidad o las percepciones: en lugar de ello, el centro de atención está en la forma en que los factores del ambiente, especialmente el refuerzo y el castigo, influyen en la conducta (Dosil, 2002:17).
Por todo ello, el enfoque conductista concibe al hombre, en este caso al deportista, como un organismo completamente pasivo que se adapta a lo que el medio requiere de él, no construye ni transforma, solamente reproduce aquello que se debe transmitir. Desde este enfoque se diseñan técnicas de intervención cuyo objetivo fundamental es el logro de dicha adaptación. En sus orígenes, en la década de los 70, el estudio de la personalidad de los deportistas por parte de los psicólogos estadounidenses, les condujo a estimar que los mecanismos intrapsíquicos ejercían un control sobre el rendimiento deportivo, pero al no producir los resultados esperados los llevo a integrar a sus estudios el análisis del papel que juega el ambiente en el rendimiento deportivo, a través la metodología conductual. Concluyeron que el principal responsable de los malos resultados y del déficit deportivo, era el producto de malos hábitos. Así con la supresión de las conductas disfuncionales, se permitiría explotar todo el potencial que posee la persona. De esta manera, el conductismo representó una aproximación radicalmente diferente, ya que el foco cambió desde el organismo (conciencia o inconsciente) al ambiente: “El conductismo, nos evoca a un tipo de deporte que está altamente organizado y que hace que lo más difícil sea establecer el modelo. Hasta ahora el entrenamiento global de un deporte se ha venido entendiendo como entrenamiento físico, técnico, táctico y psicológico. Todo el problema de entrenamiento estaba atomizado en distintas áreas concretas (pluridisciplinariedad)” (Seirul-lo, 1993:2). Este mismo autor define las características del modelo conductista en el ámbito deportivo, y las expone cómo sigue:


  • Observa el comportamiento del deportista y se evalúa lo que es capaz de hacer en cada situación (conducta observada).

  • Se crean situaciones bien definidas y concretas para realizar las observaciones (técnicas de observación que al cumplirlas tienen la fiabilidad científica).

  • Se comprueba qué tipos de comportamiento son más útiles, los que logran mayor rendimiento (se define la eficiencia y según el estímulo de respuesta se sacan conclusiones).

  • Se definen y desarrollan “técnicas” para ser más eficaces, para obtener el mejor resultado de esas situaciones estables (enseñanza por modelos).

  • El sujeto se somete al proceso de aprender esas técnicas (se construye un modelo pedagógico para aprender más rápidamente y que permita una estabilidad en los resultados: progresiones, refuerzos positivos y adversos y transferencias).

  • El hombre se adapta al “modelo” construido según las necesidades del deporte y su especialidad (adaptar las potencialidades).

  • Conduce a modelos preestablecidos a los que hay que adaptarse:

    • Es muy válido para los deportes donde el entorno es muy estable y los elementos que lo componen tienen poca interacción.

    • Predominan en ellos las motivaciones extrínsecas: premios, dinero, reconocimiento social (debido a que al tener que imitar un modelo, se coarta la libertad motriz del individuo).

    • Los modelos se van modificando de manera utópica; cuando un individuo rompe el modelo y elabora uno personal que posteriormente es justificado científicamente y constituido como otro modelo.

La ciencia del entrenamiento a lo largo de su historia en el siglo pasado ha estado fuertemente influida por una visión mecanicista del ser humano, basada en la ciencia clásica que defiende un modelo de causalidad lineal (inspirado en la física newtoniana y que se caracteriza por ser reduccionista, determinista y analítica). Desde estos fundamentos, no es de extrañar, que estos deportes planteen aun la dicotomía mente–cuerpo para explicar al ser humano. El aprendizaje está relacionado con la mente y el entrenamiento con el cuerpo, con lo físico, para de esta forma poder utilizar teorías científicas que justifican sus propuestas (Giráldez y Buceta, 2005:27). De tal forma el aprendizaje conductista consiste “en pasar de la actitud al hábito motriz. La clave es la repetición estereotipada de movimientos, un estereotipo en que parámetros motrices-espaciales-temporales se repiten exactamente igual y de esa repetición homogénea e inmutable pasamos de una actitud motriz al hábito motriz” (Seirul-lo, 1993:3). Desde estos precedentes se entiende que el fundamento para su enseñanza–aprendizaje, se justifique, al mirar hacia las teorías conductistas y los procesos de entrenamiento–rendimiento, en las teorías mecanicistas. Por ello la enseñanza de la técnica y de la táctica se ha realizado bajo las pautas conductistas, tanto en los deportes individuales como en los de equipo. Aunque, según se ha demostrado, de modo incorrecto, pues las condiciones de competición de los deportes colectivos son diametralmente distintas a las de otros deportes (Giráldez y Buceta, 2005).


1.3.2. Orientación cognitiva
El cognitivismo asevera que imágenes y pensamientos son determinantes en el comportamiento humano. La Psicología Cognitiva elabora técnicas de control del pensamiento, de visualización de imágenes, de relajación, de energetización que sirven al deportista para mejorar su rendimiento. El cognitivismo es el paradigma dominante en la segunda mitad del siglo XX. Se basa en la concepción de que el sujeto es activo en la construcción del conocimiento, es decir, un sistema organizado en el que la mente actúa como ordenador procesando la información y actuando en consecuencia. En el cognitivismo los cambios en la conducta se producen de dentro hacia fuera, por lo que el sujeto es responsable de su propio aprendizaje (Dosil, 2004:273).
Dosil, destaca algunos de los elementos claves de este paradigma que tienen aplicación directa en el ámbito de la actividad física y el deporte:


  • Aprendizaje significativo: refiriéndose a la posibilidad de establecer vínculos sustantivos y no arbitrarios entre lo que hay que aprender (el nuevo contenido) y lo que ya se sabe, lo que se encuentra en la estructura cognitiva del sujeto que aprende (sus conocimientos previos), atribuyéndole significado al material objeto de aprendizaje (Coll y Sole, citados por Dosil, 2004:273). Consideramos que este tipo de aprendizaje es importante en el ámbito deportivo, ya que el deportista necesita que las actividades que está aprendiendo tengan significado para él. La iniciación deportiva en cualquier especialidad o disciplina solicita del practicante un cierto nivel de maduración, a la vez, que el aprendizaje de determinados gestos o acciones básicas para poder iniciar la práctica. Es necesario que determinados patrones básicos de movimientos se hayan consolidado para poder dar paso al aprendizaje de otras de mayor complejidad. Por ello no se debe forzar el ritmo de aprendizaje, ya que esto puede acarrear un bloqueo de los aprendizajes posteriores. Las habilidades se van superponiendo unas a otras, y la consolidación de las mismas permite la adquisición de otras nuevas. En los aprendizajes de las habilidades, el deportista sigue una secuencia lógica y definida, de forma muy sencilla, que atraviesa los si­guientes momentos:

  1. Percepción selectiva de los estímulos que son relevantes para la realización;

  2. Construcción o elaboración de esquemas de respuesta;

  3. Desarrollo de las estrategias de decisión.

A partir de esta secuencia de aprendizaje se deben proponer al deportista tareas y habilidades que le permitan progresar hacia una mayor com­plejidad y especificidad de las mismas. Esta evolución es acorde con el propio desarrollo del jugador y con el progresivo paso de un nivel a otro. Actuando de esta manera, llegará un momento en el que el domi­nio de las habilidades básicas dé paso a formas más complejas de movimiento, entre ellas, las técnicas y acciones propias de los deportes o al conjunto de las habilidades específicas.

  • Aprendizaje por descubrimiento: se refiere a la actividad mental de reordenar y transformar la información que se facilita, de forma que el sujeto tiene la posibilidad de ir más allá de lo simplemente dado en un principio (Dosil, 2004:274). Este método trata de aprovechar al máximo la capacidad de los jugadores para experimentar, buscar y encontrar la solución a los diferentes problemas motrices que le pueden ser planteados. Mediante la práctica el deportista debe descubrir  la relación existente entre las diversas tareas de aprendizaje y los principios o conceptos que subyacen a la realización de una clase de movimientos. Esta teoría afecta en gran medida al comportamiento de la enseñanza y a los procesos del aprendizaje. El estado de consentimiento cognitivo deja de existir cuando se produce la disonancia; nacen nuevas dimensiones del proceso pensante. La disonancia "induce" en el jugador el proceso de investigación, que refleja la necesidad de buscar una respuesta y una solución. Investigar lleva a su vez al descubrimiento, el acto de descubrir ocurre como consecuencia de la disonancia cognitiva. Beltran, citado por Dosil, indica que las ventajas fundamentales de este tipo de aprendizaje son:

    • lo que se aprende se puede transferir fácilmente a otras situaciones nuevas,

    • es intrínsecamente motivador,

    • favorece la maduración del deportista,

    • provoca una participación más activa y una mayor atención en lo que se tiene que hacer,

    • valora más la tarea,

    • favorece la retención de contenidos, etc.

El descubrimiento destaca por dos características: las secuencias inductivas que suele realizar el entrenador (instrucciones de cómo realizar la tarea) y el aprendizaje por ensayo y error de los deportistas (intenta ejecutar la tarea estructurando las instrucciones que le han dado y creando sus propias instrucciones para realizarlo correctamente (Dosil, 2004:274).

  • Aprendizaje autorregulado: Se refiere al proceso por el cual los deportistas regulan su propio aprendizaje, mediante pensamientos, sentimientos y acciones que son autogenerados y orientados hacia la consecución de metas propias. El modelo de aprendizaje se fundamenta en la motivación del sujeto para realizar el aprendizaje, así como en la planificación del mismo, por ello se puede afirmar que se fundamenta en los elementos que se describían en los dos anteriores. Las metas deben ser significativas, es decir, que susciten interés y que sean compatibles con lo que el sujeto percibe que puede realizar (Dosil, 2004:274).

A diferencia del conductismo y sus orígenes estadounidenses, el enfoque netamente cognitivo tiene su cuna en la antigua URSS, donde los estudios se centran en cómo las personas adquieren y representan el conocimiento, y en los postulados de modificación de estructuras mentales disfuncionales, como medio para que los deportistas adquieran una percepción real de sí mismos y del mundo que les permita actuar de manera eficaz. Siguiendo a Seiru-lo, las teorías cognitivas aparecen preocupadas por lo que sucede dentro del individuo, “el individuo actúa dependiendo de lo que sucede en el entorno. A esto se añade el estructuralismo, que nos dice que la inteligencia humana es una estructura compuesta por una serie de factores, y la modificación de uno de ellos altera a los demás, haciendo que el efecto que esperábamos no sea tal efecto, sino otro. Por todo ello, para este autor, el aprendizaje cognitivo es superior al conductista en lo que se refiere al aprendizaje de los movimientos que componen la técnica en los deportes de equipo, por lo que es más válido para los mismos” (Seirul-lo,1993:5). Veamos a continuación las características que propone para el modelo cognitivo en deporte:




  • Se interesa por lo que sucede en el interior del deportista después de que este analiza las condiciones del entorno donde debe realizar la actividad competitiva (cómo procesa la información; qué observa del oponente, del espacio; motivaciones; cómo se relaciona con el objeto…).

  • Modificando la organización de los acontecimientos y situaciones del entorno, se estimula al deportista a elaborar nuevos comportamientos producto de la interpretación personal de aquellos acontecimientos (no situaciones standard, ni comportamientos homogéneos).

  • Lo que se intenta mejorar es la interpretación del sujeto, para que ello ocasione la modificación de la conducta externa (no se centra en el producto, sino en el proceso, para conseguir una mayor disponibilidad motriz).

  • Se logran actitudes motrices que son “esquemas motrices” aplicables a situaciones variables, no adquiriendo modelos de conducta. Se crea así una motricidad más coherente con la situación interpretada.

  • La evolución del aprendizaje está centrada en la capacidad que tenga el deportista para analizar las señales del entorno, saberlas interpretar y tomar variadas soluciones motrices cada vez más ajustadas a sus necesidades e intereses particulares.

  • Se tienen en cuenta mucho más las necesidades del deportista, la persona es preferente a la actividad deportiva:

    • Es más válido para los deportes en los que las situaciones de competición no son estables y existe gran interacción.

    • Predominan en ellos las motivaciones intrínsecas: la satisfacción personal por la tarea bien hecha, el afán de investigar a ver qué pasa, la autoestima,… (estas motivaciones son más perdurables que las extrínsecas y producen otro tipo de fenómenos en la personalidad).

    • Las relaciones entrenador-jugador, permiten obtener de la persona que compite, no del modelo de competición.

  • El deportista se va autoformando en esa determinada especialidad según sus propios intereses, no como lo entiende el entrenador.

Giráldez y Buceta (2005), describen que la característica principal de este modelo cognitivista propuesto por Seirul´lo, es que se interesa por lo que sucede en el interior del deportista, después de analizar las condiciones del entorno donde se desenvolverá. Lo que se intenta es mejorar la capacidad para interpretar del jugador, teniendo en cuenta sus necesidades. Por otra parte, a la hora de cuantificar las cargas de entrenamiento y ajustarlas a los parámetros establecidos para cada período competitivo, ésta se presenta en tres niveles de aproximación a las necesidades reales de competición: sistemas generales, dirigidos y especiales, que guardan más o menos relación con la estructura de la actividad real. La orientación de la carga está supeditada a la estructura condicional, coordinación (No está claro) y cognitiva del proceso de entrenamiento: se debe pretender mejorar condicionalmente teniendo presentes las capacidades coordinativas y cognitivas (toma de decisión) que siempre están presentes en cualquier ejecución deportiva de alternativas múltiples (Giradles y Buceta, 2005:30).


1.3.3. Orientación cognitivo-conductual
Los psicólogos cognitivo-conductuales asumen que la conducta está determinada tanto por el entorno como por las cogniciones (pensamientos): por el modo en el que la persona interpreta el entorno. Hacen hincapié en las cogniciones del deportista, en la creencia de que el pensamiento es central en la determinación de la conducta. (Dosil, 2002:18).
Siguiendo las argumentaciones de Dosil (2004), es conveniente que exista una confluencia entre ambos paradigmas, ya que ambos son necesarios para el aprendizaje de actividades físico deportivas. En ámbitos concretos como en el de la educación física y el deporte, el valor de los dos enfoques es innegable, y su peso se puede considerar equitativo, sin distinción de si uno es más recomendable que otro, dependiendo su aplicación de cada situación. Se mantiene la importancia del ambiente en cualquier práctica de actividad físico-deportiva, desde el primer momento, y el papel fundamental del preparador o entrenador en todo el proceso. Las primeras impresiones del deportista en cuestión, entrarán en sintonía o discrepancia con la información previa de la que dispone, y junto a las nuevas vivencias y sensaciones que surgirán en el día a día de la nueva situación deportiva, dan paso al origen de nuevas ideas o mantenimiento y refuerzo de las ya existentes, como consecuencia de la acción de determinados procesos tanto internos como externos.



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