Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico


Gráfica 6.2. Tipos de datos que surgen de la combinación de los criterios de ocurrencia y base



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Gráfica 6.2. Tipos de datos que surgen de la combinación de los criterios de ocurrencia y base.

De acuerdo con Anguera (1988), en los Datos tipo I (secuenciales y evento-base) el observador recoge el orden de los eventos, no su duración. El sistema de categorías es mutuamente excluyente y por lo tanto sólo puede tener lugar una conducta cada vez.

En los Datos tipo II (concurrentes y evento-base), al igual que en los anteriores, se recoge el orden de los eventos sin tener presente su duración, pero con la diferencia de que las categorías son mutuamente excluyentes intranivel y concurrentes internivel5 ; por tanto pueden ocurrir varios eventos al mismo tiempo. Son los datos que ofrecen una mayor dificultad para su análisis.

Por el contrario, en los Datos tipo III (secuenciales y tiempo-base) se anota el orden de ocurrencia de los eventos y su duración. En este tipo de datos las categorías son mutuamente excluyentes. Por lo que respecta al tiempo, se puede conceptualizar como una secuencia de intervalos en los que la unidad de tiempo es menor o igual a la más corta de las conductas.

En cuanto a los Datos tipo IV (concurrentes y tiempo-base) se recoge la duración de los eventos, pudiendo ocurrir éstos simultáneamente., de modo que el sistema de categorías no es mutuamente excluyente.

De acuerdo con los anteriores puntos, debemos señalar que el estudio de patrones concurrentes (conductas que co-ocurren y forman un patrón estable) se realiza a partir de los datos tipo IV (Bakeman y Dabbs, 1976; Bakeman, 1978; Anguera, 1988); sin embargo, el estudio de patrones secuenciales (estudio de las conductas que preceden o siguen una respecto a otra, mantenimiento de un orden, ciclos repetitivos de una conducta criterio respecto a sí misma) se realiza con datos tipo I y III.



6.3. Maneras de realizar la observación
De modo adicional al conocimiento de este tipo de medidas, es importante dominar los diferentes modos en que podrá realizar la observación que, a su vez, se estructuran, como señalan León y Montero, 1999, en función de dos aspectos esenciales:


    1. La cantidad de estructuración que el investigador impone a la situación.

    2. El grado de intervención del observador.

6.3.1. En función de la cantidad de estructuración que el investigador impone a la situación.


6.3.1.1. Observación natural. En este modo de proceder el observador es un mero espectador de la situación y no interviene para nada en ningún momento del proceso de evaluación. Este tipo de observación es quizás la más común y demandada por la mayoría de los técnicos que consideran que el papel básico del psicólogo del deporte consiste en mantenerse alejado del trabajo de campo, observar desde fuera todo lo que acontece en el campo de entrenamiento y en las competiciones y, como si de un detective se tratase, señalarle aquellos aspectos que deben mejorarse y en qué se está fallando si es que los resultados no acompañan.

Pese a que no es el momento de entrar a profundizar en esta perspectiva, parece al menos importante que señalemos, llegados a este punto, que pese a esta labor es buena y favorece la extracción de ciertas conjeturas e hipótesis, no debe desdeñarse el hecho de profundizar más en la conducta de igual modo que a un preparador físico no se le pide que, únicamente por observación directa, trate de señalar los niveles aeróbicos y anaeróbicos del deportista, cuando tiene que mejorar la resistencia y la velocidad de los jugadores.


6.3.1.2. Observación estructurada. Como se indica en González (2001), la lógica que subyace a este tipo de observación es francamente sencilla: se trata de alcanzar un compromiso entre el respeto por el medio natural en el que se produce la observación y el nivel de estructuración que se impone a la situación que vamos a observar.

Pensemos, por ejemplo, que un club en el que trabajamos nos demanda que uno de sus deportistas no rinde lo que se esperaba de él porque, en opinión del entrenador, se bloquea cuando debe tomar decisiones importantes en el desarrollo de un partido. Decidimos realizar un tipo de observación estructurada y le solicitamos al entrenador que colabore con nosotros diseñando situaciones similares a las planteadas en el partido y que generan ese bloqueo, de manera que podamos observar y analizar qué es lo que realmente sucede.

Con este tipo de observación se llega, sin duda alguna, a un acuerdo mayor entre la observación natural anterior y el control total de la situación.
6.3.1.3. La observación experimental de campo. Con el adjetivo “experimental” ya estamos recogiendo uno de los aspectos claves de este tercer tipo de observación: se lleva a cabo de manera que controlemos todo lo que puede suceder y observemos cómo reacciona el jugador ante esos estímulos propuestos (que puede ser un ejercicio físico, técnico o táctico donde se manipule la carga psicológica que se ofrece).

El grado de estructuración de la situación, como se puede apreciar, es máximo y un ejemplo en donde podríamos realizarla es si tuviéramos la sospecha, por ejemplo, de que el bloqueo que sufre el jugador del ejemplo anterior sólo se produce en situaciones en las que tiene que tomar decisiones tácticas complejas con presión. Para comprobarlo, diseñamos, conjuntamente con el resto del cuerpo técnico, un par de situaciones donde una de ellas implique la preponderancia del mecanismo de toma de decisiones sobre el perceptivo y el ejecutivo y la otra en la que sean éstos los principales aspectos a tener en cuenta. Los resultados de esta observación nos permitirán verificar o falsar esta hipótesis.


6.3.2. En función del grado de intervención del observador.
6.3.2.1. Observación participante. Es aquella en la que el observador forma parte de la situación que se está observando. Sería el caso, por ejemplo, de un observador que, mientras se ejecutan una serie de saques de esquina, entra al remate molestando al portero para provocarle el fallo al tiempo que el entrenador le recrimina los errores en las salidas (este tipo de trabajo es frecuente a la hora de entrenar la concentración en condiciones adversas).
6.3.2.2. Observación no participante. El observador se mantiene alejado de la observación que desea realizar. Digamos, por lo tanto, que es una observación externa.

Referido a la labor que puede desempeñar un psicólogo del deporte, un aspecto relevante y que interviene de forma decisiva para enmarcar su trabajo y el nivel de participación que puede llegar a tener en el proceso de entrenamiento, es el momento de la temporada en el que se incorpore. Cabe esperar que si el trabajo se inicia de manera conjunta con el resto del cuerpo técnico y de los deportistas en la pretemporada, la inserción del rol del psicólogo se percibe de un modo mucho más natural que si lo hace con la temporada avanzada y a modo de “apagafuegos”, en donde no cabe la menor duda de que el papel que se jugará será más complicado y complejo, así como sus dificultades para poder realizar un trabajo de campo con un elevado nivel de participación.



6.4. Requerimientos esenciales de la observación científica
Una vez establecidas las bases sobre qué aspectos generales de la realidad deportiva interesan observar, debemos intentar establecer las características y requisitos básicos que debe cumplir cualquier proceso de observación que quiera considerarse científico, así como las principales fuentes de error que podemos encontrar durante el proceso de recogida de datos.
6.4.1. Fuentes potenciales de error.
En la línea de las ideas expresadas por Fernández-Ballesteros (1995), los errores en la observación pueden derivarse de tres fuentes esenciales: el sujeto observado, el observador y el sistema de observación elegido.
a) El sujeto observado. El simple hecho de sentirse observado genera en el deportista, entrenador o sujeto objetivo de la observación, una modificación en sus parámetros habituales de comportamiento, fenómeno que en psicología conocemos como reactividad. El modo en el que este fenómeno suele manifestarse se caracteriza por:


  • Se modifica de manera sistemática la frecuencia de aparición de la conducta que queremos estudiar. Pensemos, por ejemplo, que un entrenador conoce que vamos a registrar en vídeo el modo en que utiliza el lenguaje verbal y no verbal. Cabría esperar, y de hecho así sucede, que la frecuencia de aparición de los refuerzos positivos y de los elogios aumente porque él mismo percibe que eso es más deseable y que, por lo tanto, saldrá mejor valorado en la evaluación que realicemos.




  • La expresión verbal de que se está produciendo reactividad por parte de las personas allegadas a la persona observada. Es frecuente que una vez que se haya realizado la observación preguntemos a las personas implicadas y allegadas cómo han percibido el comportamiento del sujeto diana y, en un elevado porcentaje cuando se realizan las primeras observaciones, encontramos que nos señalan que “no ha sido muy normal”, que “hay ciertas cosas que no suele hacer y que ha hecho”. Esto, lógicamente, muestra de forma clara y evidente la reactividad de los sujetos observados.




  • La discrepancia existente entre los resultados obtenidos en la observación y los logrados por medio de otros procedimientos en situaciones anteriores. Este aspecto llama la atención sobre la importancia que tiene obtener valores similares aunque utilicemos procedimientos diferentes; si no sucede así una de las posibles explicaciones podría darla la reactividad mostrada por el sujeto observado.

Algunas recomendaciones oportunas para minimizar o tratar de controlar los efectos de la reactividad serían las siguientes:




  1. Utilizar observadores participantes siempre que sea posible. De esta manera se evita en un elevado porcentaje, la percepción subjetiva del observado sobre lo poco frecuente de la observación realizada.




  1. Utilizar medios ocultos para la observación, de manera que no se perciba que se está observando y, por lo tanto, se minimice al máximo la reactividad.

Un aspecto importante asociado a este factor es el que hace referencia a la ética de la observación y los límites que todo profesional debe marcarse en su propio trabajo. Imaginemos, por un momento, que nos parece interesante analizar la charla que da un entrenador a su equipo en el vestuario. Podemos pensar en grabar la conversación en una grabadora oculta en el abrigo pero, sin duda, hay un aspecto ético que nos debe impedir hacerlo sin el consentimiento de la persona interesada. Por otra parte, este tipo de medida es oportuna en casos en donde no queremos que perciban nuestra presencia, como por ejemplo, en el deporte de base, para analizar el proceso de interacción padres-jugadores en donde se observe y se analice la conducta espontánea que se manifiesta en el desarrollo de un partido.


  1. Utilizar diferentes métodos de observación y también distintos observadores, de modo que dispongamos de varios resultados obtenidos de manera diferente y que nos ofrece una puntuación sobre la validez de los resultados analizados.




  1. Solicitar a los deportistas observados que actúen de la manera más natural posible y tratar de motivarles para que así lo hagan (de modo que perciban la importancia del proceso que estamos poniendo en juego).




  1. Siempre que sea posible habituaremos a los deportistas a la observación para que, de esta manera, tratemos de minimizar los efectos de la reactividad. Si grabamos con frecuencia las evoluciones de un jugador, resulta esperable que al cabo de una serie de observaciones la reactividad haya disminuido sustancialmente.


b)Procedentes del observador. No puede pasar inadvertido, para los profesionales interesados en la evaluación de las variables implicadas en el deporte, el hecho de que el propio observador es, a menudo, la principal fuente de error de la observación y esto es así porque, sin ningún tipo de dudas, el observador lleva consigo una serie de expectativas previas sobre el fenómeno que desea observar, así como un nivel de entrenamiento previo y un nivel de participación e implicación en la tarea que pueden llegar a generar problemas y sesgos que deberemos tratar de evitar. Los principales se presentan a continuación:


  1. Las expectativas previas. Este sesgo tiene lugar porque cualquier persona que se enfrenta a una situación genera, como vimos en el segundo capítulo, una serie de expectativas sobre los fenómenos que van a tener lugar y, de este modo, anticipa y se prepara para reaccionar ante ellos.

Cuanto mayor haya sido el tiempo de exposición a ese tipo de situaciones, más arraigadas estarán esas expectativas y mayor será la influencia de la subjetividad en los juicios que se realicen. Debido a la importancia que puede tener este efecto, resulta necesario tratar de reducirlo al máximo, para lo cual, como es lógico, deberemos tratar de utilizar lo que en psicología se conoce como “observador ciego”. Este método se basa en la necesidad de tomar como observador a una persona que no conozca, en la medida posible, información que pueda distorsionar los resultados y que puede generar esas expectativas que ya hemos señalado que son tan nocivas para nuestro proceso de observación. Por otra parte, si resultara imposible acceder a un “observador ciego” imparcial, resulta aconsejable que no contaminemos al observador con nuestras propias expectativas para liberarlo, al menos en parte, del sesgo que le podríamos generar.


  1. Nivel de participación. Pese a que ya hemos mencionado en apartados anteriores esta variable, conviene recalcar en este momento el papel que puede jugar como fuente de error en la observación porque no cabe duda de que un observador no participante, al no intervenir directamente en la conducta a observar, interfiere menos y posibilita una observación más natural que en los demás casos.

A menudo puede suceder un fenómeno paradójico que consiste en que, para evitar la reactividad del sujeto observado, le solicitamos a una persona allegada que realice la observación de las variables que le indicamos pero, como también la cercanía facilita y fomenta más esa génesis de expectativas, pues nos encontramos con que la objetividad puede decrecer, con el peligro que eso conlleva. Suele ser el caso, por ejemplo, de un deportista que no suele jugar y del que queremos obtener información. Le solicitamos a un compañero suyo, también suplente, que se fije en si suele contestar al técnico, si está atento al partido, etc. Las expectativas que tiene el propio observador podrían orientar los resultados hacia un polo o hacia el otro (también en función de sus intereses).


  1. Nivel de entrenamiento como observador. Uno de los aspectos más relevantes a la hora de plantear cualquier observación, y que es muy conocido por toda la comunidad científica, es el que hace alusión al nivel de entrenamiento previo que debe tener todo observador, de modo que sea capaz de desempeñar su labor de una manera eficiente y eficaz. Al existir diferentes sistemas de observación y de conductas a seguir, resulta pertinente que exista un tiempo prudencial para analizar las conductas que vamos a estudiar, de manera que se sea capaz de reflejar, de la manera más fiel posible, todos los aspectos que deseemos recoger.

Imaginemos que nos parece interesante reflejar el tipo de refuerzos que utiliza el capitán del equipo con sus compañeros en las diferentes situaciones que se pueden producir en un partido de fútbol porque pensamos que podría ejercer una mayor influencia positiva que la que tiene en la actualidad. Para hacerlo diseñamos nosotros mismos un código de observación y pensamos que hay tres momentos esenciales y diferentes que pueden surgir: cuando la situación en el partido es favorable, cuando es desfavorable y cuando está igualada. Al mismo tiempo, distinguimos varias categorías como son el refuerzo verbal y el no verbal con las múltiples variantes que conlleva cada uno de ellos. Parece lógico pensar que, si queremos que la observación la realice otra persona, tratemos de asegurar que domina y conoce cada una de las categorías que puede registrar para que, de esta manera, la observación refleje de forma real y verídica lo que sucede en el partido.
c) Procedentes del sistema de observación elegido. Un último aspecto que puede introducir sesgos en la observación es el que hace referencia al tipo de registro elegido . Según Fernández-Ballesteros (1995), las características que aumentan la bondad de estos instrumentos serían las siguientes:


  1. Claridad de las definiciones conductuales. Cada una de las conductas que se deseen registrar debería estar claramente delimitada y ser, además, identificable y distinguible por parte del observador. Este aspecto haría alusión a que toda categoría debe ser exhaustiva y excluyente.




  1. La fiabilidad y la validez de un registro descienden en cuanto se incrementan en exceso el número de categorías. Pese a que no exista un número ideal de categorías, si que parece coherente pensar en que lo ideal está en llegar a un acuerdo entre la necesidad de reflejar todo el compendio de conductas que pueden aparecer y un mínimo indispensable para dotar de exactitud al código de observación.




  1. Utilizar un código estándar que haya sido suficientemente utilizado por la comunidad científica y posea, por lo tanto, unas garantías suficientes en su construcción. Este aspecto, para los psicólogos deportivos, es difícil de cumplir debido a que multitud de variables que nos parecen relevantes, carecen de códigos de observación al efecto y, por lo mismo, resulta necesaria la construcción totalmente nueva de los instrumentos que nos faciliten la toma de datos.




  1. Como mencionábamos en el punto anterior, si el código de observación o está suficientemente validado, al menos las categorías deberían estar claramente especificadas de manera que el observador tenga claro lo que va a medir.



6.5. Criterios que debe cumplir la observación: sistematicidad, fiabilidad y validez.
Una vez establecidos los sesgos principales del proceso de observación, es importante que establezcamos, de manera esquemática pero precisa y concreta, los tres principales criterios que debería cumplir una observación científica -criterios que ya sabemos que con frecuencia no se pueden cumplir en el trabajo diario de campo por la inmediatez y la importancia de los resultados a obtener pero que, sin duda, son igualmente valiosos y dignos de ser mencionados-:


  • Sistematicidad. Una observación sistemática es aquella que delimita de modo claro y conciso cuáles son los pasos que se han ido produciendo para llegar a las conclusiones obtenidas. Este requisito es el que permitiría a un segundo observador interesado la obtención de nuevos datos siguiendo los mismos métodos y, por lo tanto, replicar la observación.




  • Fiabilidad. Hace referencia a que un mismo proceso de recogida de datos debe dar lugar a obtener la misma información. Mediante un cálculo de correlación sencillo se podría conocer el índice de fiabilidad alcanzado. A continuación vamos a diferenciar entre dos tipos esenciales de fiabilidad:

a. Fiabilidad interjueces. Este índice hace alusión a que dos observadores independientes que realicen la misma observación deben obtener, siempre que hayan utilizado idénticos métodos de registro y de operativización de las variables, los mismos resultados. Cuanto más similares sean, mayor será la fiabilidad interjueces encontrada. Pongamos el ejemplo de una observación realizada acerca del número de acciones realizadas por el lateral derecho, de manera que tengamos un índice posterior sobre el nivel de participación y de concentración durante el partido. Los resultados que obtengamos serán tanto más fiables cuando dos o más observadores obtengan un índice de fiabilidad interjueces más elevado.


b. Fiabilidad temporal (test-retest). Este índice se refiere a que si realizamos una serie de medidas de observación y las volvemos a realizar pasadas un tiempo, deberíamos obtener resultados similares siempre y cuando no se hayan modificado las condiciones de aplicación ni existan evidencias de que la conducta ha observar se ha podido modificar, por ejemplo, por un periodo de entrenamiento realizado.


  • Validez. Este concepto se refiere a que el procedimiento que hemos seguido debe recoger los datos que realmente pretendemos obtener. Los tipos más importantes de validez serían los siguientes:

a. Validez de contenido. Consiste en que el código de observación que hayamos realizado contenga una representación de las conductas que se desee medir. Este aspecto hace alusión, por tanto, a que no dejemos fuera ninguna categoría que se piense que es importante y susceptible de ser recogida en el código, de modo que i queremos recoger la variable general “comportamiento del entrenador”, no nos centremos únicamente en los refuerzos verbales que utiliza, sino que también queden reflejadas sus conductas no verbales, los antecedentes de sus conductas, etc.


b. Validez de criterio o predictiva. Es la capacidad que debe tener el código diseñado para predecir la aparición de la conducta de un sujeto. Si el mensaje punitivo del ejemplo anterior lo transmite el entrenador siempre ante un error, la prueba diseñada debería ser capaz de reflejar esta relación, pues es esencial para explicarnos qué variable del entrenador debemos tratar de modificar.
c. Validez de constructo. Intenta establecer en qué medida el instrumento de observación diseñado mide el rasgo o concepto teórico que realmente pretende evaluar. Si por ejemplo deseamos medir los mensajes punitivos que emite el entrenador a sus jugadores en el transcurso de un partido, debemos de operativizar de manera clara y precisa qué entendemos por mensajes punitivos, qué conductas estarían dentro de esta categoría y cuáles fuera.


  • Discriminabilidad. Si deseamos realizar una observación de dos deportistas diferentes con un código que hayamos diseñado para el efecto, es importante que sea capaz de establecer diferencias entre ellos, es decir, que los discrimine en varios de sus parámetros básicos. Si esta condición no se cumpliese estaríamos ante un código muy pobre en su aspecto pragmático, puesto que una herramienta está diseñada, en un principio, para diferenciar conductas y no sólo para registrarlas.

Imaginemos que pretendemos analizar a los dos medios centro de un equipo porque se considera que existe una gran competitividad y que no se pasan el balón e incluso, si tienen una opción clara de pase entre ellos, prefieren girarse y buscar una nueva alternativa aún en detrimento de una mejor situación de peligro. Para llevarlo a cabo, puede resultar oportuno el diseño de un código de observación en donde una de las categorías esenciales sea “opción de pase al compañero”, y otra “pases realizados entre ellos”, de manera que se pueda establecer un porcentaje final entre pases posibles y pases realizados entre ambos jugadores.

Una vez que hemos diseñado el código y pasamos al análisis de los resultados, nos percatamos de que los resultados son los mismos en ambos jugadores y, en varios partidos que lo hacemos, seguimos encontrando valores muy parecidos. ¿Qué puede estar sucediendo?. La respuesta, con un elevado porcentaje de probabilidad, deberemos buscarla en el código que hemos diseñado, en las categorías que hemos recogido y en su nivel de concreción y operativización de variables puesto que, en definitiva, no es capaz de discriminar entre los jugadores que se están analizando.




  • Objetividad. Toda categoría de observación debe cumplir el requisito de la objetividad, es decir, que se encuentre liberada de las posibles interpretaciones subjetivas que impidan a nuevos observadores encontrar resultados similares. Este criterio se encuentra muy relacionado con el establecimiento correcto de la operativización de las categorías que componen el código de observación.



6.6. Códigos de observación utilizados en el deporte
Una vez que hemos penetrado en los tipos de medidas que se pueden emplear para la observación, en los modos en los que se puede realizar, en las fuentes principales que pueden sesgar el proceso y producir errores, así como en los requisitos básicos que deben cumplir, vamos a dar paso a la descripción de las principales herramientas y códigos de observación que se utilizan en la actualidad, instrumentos que, por otra parte, se van viendo modificados y mejorados para conseguir observar los fenómenos que nos interesan en cada momento, de modo que cada profesional puede y debe llegar a diseñar sus propios códigos en función de los objetivos concretos que se persigan y de las indicaciones que hemos ido ofreciendo a lo largo de este apartado.

6. 6.1. El Sistema de Evaluación Conductual de los Entrenadores (SECE/CBAS).


Como muestra González (1992), esta prueba fue diseñada para analizar el liderazgo que ejercen los entrenadores sobre sus equipos y los efectos que generan en los jugadores. También conocido como CBAS (Coaching Behavior Assessment System)(ver Smith, Smoll y Hunt, 1977), contiene doce categorías divididas en dos grandes factores generales: las conductas reactivas y las conductas espontáneas. La diferencia entre ambos factores es evidente: mientras que el primero hace alusión a las acciones que realiza el entrenador una vez que el comportamiento del deportista se ha producido, el segundo se refiere a aquellas conductas que inicia el entrenador de modo proactivo sin que para su elicitación haya sido necesario ninguna conducta particular del deportista o del equipo.
La importancia de este código radica en la toma de conciencia del valor explicativo que posee, para cualquier profesional implicado en buscar las causas del rendimiento deportivo, la conducta de liderazgo que ejerce un entrenador sobre el grupo que dirige (ver capítulo 4), de manera que se realiza un interesante acercamiento al ámbito deportivo de las técnicas científicas de análisis y observación conductual que culminan en el diseño de este código de observación.
Su aplicación se revela de una gran utilidad aunque, como veremos posteriormente, el código puede complementarse en ciertos aspectos prácticos de manera que nos arroje una información más práctica para el trabajo que vayamos a desarrollar.
A continuación se presentan dos tablas con los subfactores que incluye cada uno de los factores generales que acabamos de mencionar:

FACTOR I: CONDUCTAS REACTIVAS

Respuestas ante ejecuciones deseables



  • Refuerzo (R): Reacciones positivas (verbales o no), de premio, ante un buen juego o esfuerzo.

  • No-Refuerzo (NR): Fracaso en la emisión de una respuesta ante una buena ejecución.

Respuestas ante errores



  • Aliento contingente al error (AE): Aliento proporcionado a un jugador tras un error.

  • Instrucción técnica contingente al error (ITE): Instruir o demostrar a un jugador cómo corregir el error que ha cometido.

  • Punitiva (P): Respuesta negativa, ya sea verbal o no, ante un error cometido.

  • Instrucción técnica punitiva (ITE+P): Instrucción técnica que sigue a un error, pero proporcionada de forma punitiva u hostil.

  • Ignorar los errores (IE): Fracaso en la emisión de una respuesta frente al error del jugador.

Respuestas ante conductas inadecuadas



  • Mantenimiento del control (MC): Reacciones encaminadas a restablecer o mantener el orden entre los miembros del equipo.







FACTOR II: CONDUCTAS ESPONTÁNEAS
Relacionadas con el juego

  • Instrucción técnica general (ITG): Instrucción espontánea de las técnicas y estrategias del deporte (no con posterioridad a un error).

  • Aliento general (AG): Aliento espontáneo que se muestra sin que le preceda un error.

  • Organización (O): Conducta administrativa que determina la organización del juego mediante la asignación de tareas, responsabilidades, posiciones, etc.

Irrelevantes para el juego



  • Comunicación general (CG): Interacciones con los jugadores no relacionada con el juego.

Gráfica 6.3: Categorías del SECE/CBAS (Tomado de González, 1999)
En concreto, la hoja de registro de datos que utiliza el sistema SECE es la que se muestra a continuación:
Nombre del observador: _______________________________________________

Deporte: ___________________ Fecha: / / Lugar: _________________



Nombre del entrenador: ________________________________________________

Clase I. Conductas reactivas


Categorías

Ocurrencias

Totales

Ante conductas deseables

  1. R

  2. N-R


Ante errores

  1. AE

  2. ITE

  3. P

  4. ITE-P

  5. IE



Ante conductas inadecuadas

  1. MC










Clase II. Conductas espontáneas

Categorías

Ocurrencias

Totales

Relacionadas con el juego

  1. ITG

  2. AG

  3. O


Irrelevantes para el juego

  1. CG












Gráfica 6.4: Hoja de registro del SECE/CBAS (Tomado de González, 1999)
6. 6.2. Sistema de observación del refuerzo social (Roberts et al. 1979).
El objetivo de este conjunto de autores fue el de crear un instrumento que, a partir del CBAS, fuera capaz de dar respuesta a la influencia e importancia que tienen los reforzadores sociales que los entrenadores utilizan con sus equipos, de manera que se pudieran establecer una serie de cálculos rápidos que arrojasen en qué medida resultaba pertinente el comenzar con un trabajo de intervención psicológica aplicada al entrenador concreto sobre el que estuviera realizando la evaluación.
Las categorías que se reflejan en este código de observación no se preocupan, como en el caso del SECE, por la contingencia o no de las conductas emitidas por el entrenador respecto de las situaciones del juego, sino que se centran en analizar en qué medida los entrenadores utilizan y emplean un tipo de reforzador social más colectivo o más individual para tratar, de esta forma, de extraer un perfil ideal de entrenador que conjugase ambos aspectos. La pregunta a la que trataban de responder estos autores podría formularse en los siguientes términos: ¿Qué tipo de reforzadores utilizan los entrenadores que obtienen los mejores resultados?, ¿poseen un carácter general o más específico?, ¿se centran más en mantener el clima del grupo o más bien se interesan más por ofrecer instrucciones técnicas que mejoren el rendimiento obtenido?.
Las categorías que se recogen en este código de observación serían las siguientes:


  1. Refuerzo específico positivo (RE+): Se produce siempre que el entrenador refuerza positivamente a un jugador. P. e. “Así se pelea, Miguel”.

  2. Refuerzo general positivo (RG+): Se produce en todas aquellas situaciones en las que el entrenador refuerza a todo el equipo. P. e. “Estámos fenomenal, así se juega, chicos”.

  3. Punición específica (PE): Incluye todas aquellas ocasiones en las que el entrenador critica o amonesta a uno de los jugadores. P. e. “Juan, por no hacer ya ni peleas, que vergüenza”.

  4. Punición general (PG): Las críticas y amonestaciones se aplican a nivel de conjunto. P. e. “Me tenéis hasta las narices, aquí nadie hace lo que yo digo”.

  5. Instrucción técnica específica (ITE): Incluye todos los momentos en los que el entrenador realiza una corrección o aclaración de orden técnico. P. e. “Trata de echar el cuerpo más abajo cuando golpees así”.

  6. Instrucción técnica general (ITG): Cuando las instrucciones se ofrecen para todo el equipo. P. e. “Cuando Miguel lo indique debemos salir todos en bloque para provocar el fuera de juego”.

  7. Mantenimiento del control (MC): Incluye todos los esfuerzos que realiza el entrenador por mantener el orden y el control del equipo respecto a aquellos comportamientos que se pueden considerar inadecuados. P. e. “Este tipo de peleas no quiero que vuelvan a producirse dentro del campo, los trapos sucios los lavamos dentro del vestuario”.

  8. Organización (O): Son las órdenes que se ofrecen para organizar y estructurar la sesión de trabajo y que, esencialmente, cumplen un objetivo informativo. P. e. “Vamos a trabajar un total de media hora el golpeo de balón y, a partir de hoy, incluiremos un trabajo de concentración que el psicólogo dirigirá”.

La hoja de registro de datos que se emplea para este sistema de observación es del mismo tipo que en el SECE, modificando tan sólo las categorías de registro que dan sentido a los objetivos de trabajo que ya hemos comentado que tenían estos investigadores:



LOS REFORZADORES SOCIALES


Nombre del observador: _______________________________________________


Deporte: ___________________ Fecha: / / Lugar: _________________
Nombre del entrenador: ________________________________________________


Categorías

Ocurrencias

Totales

  1. RE

+

  1. RG+




  1. PE




  1. PG




  1. IET




  1. IGT




  1. MC




  1. O










Observaciones:


Gráfica 6.5: Hoja de registro de los reforzadores sociales.


6.7. Un ejemplo de diseño de Código de Observación del rendimiento individual adaptado al fútbol: El Sistema de Análisis del Rendimiento Individual en el Fútbol -S.A.R.I.F.- (De la Vega y Martín)
6.7.1. Consideraciones preliminares
Uno de los aspectos que se revela más importante y significativo para poder evaluar y trabajar sobre las destrezas psicológicas básicas es, como es bien sabido por la mayoría de técnicos y entrenadores, el conocer con veracidad y exactitud cómo ha sido el rendimiento del jugador en los diferentes parámetros del juego de que consta su participación.
En este sentido, uno de los axiomas sobre los que partimos en el diseño del código, es la necesidad de estudiar y contrastar el rendimiento del jugador –en este caso de fútbol-, en el campo, de manera que resulte posible extraer una información fiable sobre la importancia de comenzar un programa de trabajo con un jugador en concreto y para conocer cuál es su evolución y su nivel de mejora real. Por lo tanto, lo que buscamos es construir una herramienta capaz de servirnos de medida de evaluación y control de la evolución y de los progresos que van experimentando los jugadores. En concreto, el valor de la herramienta que presentamos podría resumirse en los siguientes aspectos:


  • Sencillez en su aplicación y corrección.

  • Es capaz de establecer un vínculo claro entre rendimiento real en el campo y las principales variables psicológicas básicas.

  • Permite realizar una evaluación sobre la necesidad de introducir un programa de entrenamiento específico en habilidades psicológicas básicas.

  • Permite observar los progresos psicológicos alcanzados por el jugador en el momento de la competición.

  • Posee un valor de enganche con el técnico muy importante porque se utilizan categorías y términos que dominan a la perfección.

Pensemos, por ejemplo, que el entrenador decide acudir a nosotros para solicitarnos que comencemos a trabajar con el medio centro del equipo, un jugador en el que el club ha invertido una cantidad extraordinaria de dinero y que, por lo que él ha podido comprobar hasta la fecha, no está “explotando” todas las cualidades que se le suponían en un primer momento. Este hecho se debe, según el técnico a que hay momentos del partido en los que, tras algún fallo sin importancia, sistemáticamente pierde el control de su juego y “se sale” del mismo, perdiendo una gran cantidad de balones y bajando su rendimiento hasta el punto que opta por sustituirlo para dar entrada a algún compañero que lo haga mejor.


Cuando en la realidad se nos hace un planteamiento de este tipo o similar, el primer pensamiento que debe cruzar la cabeza del profesional es el que hace referencia a comprobar la veracidad de la afirmación que se nos hace porque, aún sin saberlo, el entrenador también está sujeto a multitud de presiones y expectativas generadas sobre los jugadores y sobre el equipo mismo, de modo que no resulta extraño que sobre cada uno de los jugadores se ponga un “cliché” que funciona a modo de sesgo perceptivo y de valoración, que tiene además un elevado poder práctico para responder ante las demandas del propio juego y del que, además, pueden verse muy beneficiados los jugadores o, por el contrario, muy perjudicados. Estamos hablando, claro está, de la influencia de las expectativas.
En el ejemplo que hemos planteado, el rendimiento del jugador puede que en realidad no haya variado de manera significativa desde que comenzó la temporada pero, por el simple hecho de obtener una serie de malos resultados, comienzan a aflorar las tensiones clásicas de la alta competición y se buscan responsables.
Como sucede en este ejemplo, y en otros muchos que podríamos plantear basados en nuestra propia experiencia, resulta importante analizar en qué medida la demanda que nos realizan está fundamentada en hechos reales y objetivos. Si el resultado de nuestra observación señala que el rendimiento del jugador efectivamente disminuye respecto a los niveles iniciales, en el informe que le entregaremos al técnico le haremos llegar esta información y, en el momento de trabajar con el jugador, donde analizaremos si es consciente de esta situación, le mostraremos los resultados reales para que comience a comprender la necesidad del cambio.
El punto de vista que tratamos de defender intenta poner el énfasis en la relación íntima que se establece entre los parámetros psicológicos y el rendimiento técnico-táctico del jugador en el plano de la acción real del juego. Cuando hablamos, por ejemplo, de concentración, no podemos hacerlo sobre la nada, sino que nos debemos fijar en cuál es el problema concreto que manifiesta el jugador: ¿es un jugador al que le cuesta entrar en el partido por el nerviosismo y por eso parece que está desconcentrado?, ¿pierde el control de sí mismo cuando alguien le supera o comete un error comprometedor en el desarrollo del partido?, ¿deja de participar en el juego y parece que está “desconcentrado” en los momentos en donde el marcador está ya muy a favor o muy en contra?, ¿en los partidos fuera de casa le cuesta asumir responsabilidades y estar centrado?.
Estas y otras muchas cuestiones relevantes son las que se agolpan en la cabeza de los componentes habituales de cualquier equipo técnico. En este sentido, un conocimiento adecuado de las bases del trabajo observacional, debería aportar soluciones basadas en datos objetivos y fiables y que contrasten la información de que se disponga, del mismo modo que nos servirían como evaluación y nos permitiría establecer un programa de intervención con una estructura lógica y una coherencia interna suficiente. Una vez más, queda patente que la evaluación es un paso necesario para poder intervenir y entrenar obteniendo resultados óptimos y demostrables.
El código que presentamos, pese a que sin duda puede mejorarse para dar cabida a las categorías pertinentes para cada tipo de jugador, puesto de juego y labor encomendada por el técnico, recoge las categorías que consideramos necesarias y que se han establecido partir del consenso con numerosos entrenadores y técnicos cualificados que han colaborado para que este código fuese útil y práctico6.

6.7.2. El registro de datos

Las categorías que componen este código se dividen en dos grandes bloques: las acciones ofensivas, que serían todas aquellas en las que el equipo posee el balón, y las acciones defensivas, que incluirían las situaciones en las que el equipo no es el poseedor del balón. Para cada uno de estos bloques las categorías que forman su estructura serían las siguientes:


a. Acciones ofensivas


  • Tiempo. La primera casilla del código establece los espacios temporales que nos parecen adecuados para tomar medidas representativas del tiempo de participación del jugador. Si estos espacios fueran muy superiores encontraríamos problemas en el posterior análisis de la información y perderíamos algunos parámetros muy útiles para la evaluación, como por ejemplo el referido a la concentración; por otro lado, si los periodos de observación fueran más breves, el análisis posterior se complicaría en exceso debido a la amplia duración del partido de fútbol.




  • Zona Campo. Esta segunda casilla que nos encontramos en el código hace alusión a un aspecto que es necesario tener en cuenta en función del puesto de juego del jugador y de las demandas que el entrenador le hace: las zonas del campo en donde participa más el jugador. A su vez se divide en tres subcategorías: zona de iniciación, zona de creación y zona de finalización. Esta división se ha establecido obedeciendo a un criterio técnico del fútbol que obedece a la división imaginaria del terreno de juego en estas tres zonas . Cada vez que se anote la ocurrencia de alguna acción, en la casilla de “zona campo” deberá apuntarse dónde se ha producido.




  • Balones tocados. Cada vez que el jugador toque el balón se anotará en esta casilla. En una de las dos columnas de anotación señalaremos la acción siempre y cuando el jugador haya perdido la posesión del balón. Cabe destacar que en esta categoría no incluiríamos los balones forzados que el jugador toca sin intención (algún rebote o balón que le golpea sin que tenga la intención clara de disputarlo), y esto se debe a que psicológicamente carecen de interés real porque el componente intencional debe estar siempre en la base de la acción misma.




  • Asistencias. Entendemos por asistencia cualquier acción desarrollada por un jugador que culmina en un pase a un compañero y que posee la condición de entrañar peligro para el equipo contrario. Por tanto, una asistencia es algo más que un pase por el valor añadido que se le otorga a la acción al ofrecerle al equipo la posibilidad de marcar gol. Esta categoría es muy valorada por los entrenadores, sobre todo respecto a aquellos jugadores a los que se les solicita que generen peligro y que se les evalúa, al menos en parte, respecto a este parámetro del juego. La división establecida en las dos subcategorías se refieren a, dentro de las asistencias que realiza el jugador, si las hace bien o no (ya sea porque no ve al compañero, porque toma una decisión errónea o porque ejecuta mal el pase).




  • Ocupación de espacios libres. Con esta categoría tratamos de cubrir un aspecto esencial en el rendimiento de los jugadores y que hace alusión al juego que realizan sin balón y que, sin duda alguna, también define una parte del rendimiento del jugador. Anotaremos la ocurrencia de esta acción siempre y cuando el jugador que evaluamos realice un movimiento claro e intencional de desmarque, ya sea de apoyo o de ruptura, hacia una zona libre. Esta categoría debe complementarse en su evaluación con la de los desmarques intentados. Las dos subcategorías que lo componen hacen nuevamente alusión a lo correcto o incorrecto de la acción realizada (que en este caso debe atribuirse, en su esencia, al mecanismo de toma de decisiones).




  • Regate. Esta categoría hace alusión a todas aquellas situaciones del juego en las que el jugador analizado trata de superar, mediante una acción individual, la oposición a la que le somete el contrario. En este tipo de situaciones la confianza que tenga un jugador en sus propias posibilidades de desbordar es esencial, además del componente valorativo que debemos añadir, puesto que son acciones que sirven con frecuencia de referencia para valorar el rendimiento de os jugadores que ocupan posiciones ofensivas que pueden entrañar peligro directo de gol (nos estamos refiriendo, claro está, a los delanteros y jugadores que ocupen posiciones ofensivas, porque en las demás situaciones puede ser un factor a tener en consideración, pero sin duda deberemos de hablar de otras capacidades más íntimamente relacionadas con el rendimiento defensivo). Las dos subcategorías que componen el regate son, de nuevo, su componente cualitativo, es decir, si lo ha realizado correcta o incorrectamente.




  • Pase. Un aspecto esencial en el juego y que deja traducir un componente muy importante es el momento en el que el jugador se pone en relación con el resto de sus compañeros para poder conseguir el mantenimiento o la progresión del balón hacia el área de meta contraria. Esta relación es, como podemos imaginar, el pase. Mediante este componente tenemos un índice bastante fiable de la participación del jugador en el partido, de modo que aquél jugador que obtenga una mayor puntuación en esta variable será también es jugador que más haya participado en el juego de conjunto y viceversa. A su vez, y como sucede en el resto de las categorías, es importante, como comentamos en la introducción, que conozcamos qué le pide el entrenador al jugado para que podamos así establecer en qué medida comprende lo que se le pide o no y proponer, si es que existe una distancia clara respecto a la comprensión, cómo se puede facilitar ese aprendizaje (campo relacionado con el ámbito del aprendizaje motor). Durante el trabajo práctico con esta categoría, fuimos pasando de la consideración única del pase bien o mal realizado, a tener en cuenta la sugerencia de los entrenadores sobre la importancia de discriminar, al menos, dos tipos de pases: los largos y los cortos. La coherencia de esta división radica en que hay jugadores a los que se les solicita que realicen una labor de distribución del juego más característica de los cambios del balón en largo, de modo que es importante distinguir si el jugador los realiza o intenta y, dentro de éstos, si lo logra hacer con eficacia o no. Del mismo modo, el pie que se utilice para la ejecución nos ofrecerá un índice sobre el nivel técnico del jugador en el manejo de ambas piernas, cualidad muy apreciable para ir alcanzando cada vez niveles más óptimos de rendimiento y trabajo.




  • Disparos. Cuando nos referimos a este tipo de acción la restringimos, especialmente, a aquellas situaciones del juego en las que el jugador golpea al balón con la intención manifiesta de conseguir un gol para su equipo. Es notable, por ejemplo, la importancia que se le da en el fútbol a las “buenas” o “malas” rachas que sufren los delanteros de cara al gol, cuando uno de los aspectos que se deberían observar principalmente es el porcentaje de veces que lo ha intentado y el de éxito/fracaso que ha tenido (algo parecido a las gráficas y estadísticas que los americanos realizan con los jugadores de baloncesto de la NBA, presentando retos por objetivos consistentes en ir, de manera progresiva, mejorando los porcentajes obtenidos). Una vez que tenemos estos porcentajes también podemos comparar el peso ofensivo real del jugador respecto a la expectativa generada por el entrenador y trabajar en la toma de conciencia y comprensión de las labores que debe desempeñar. De igual modo que señalamos en el apartado anterior la importancia de diferenciar el pie que se utiliza para dar el pase, en el golpeo del balón lo hacemos así también añadiendo, para registrar mejor la información, un tipo de remate que es muy importante en el fútbol: el golpeo de cabeza. Esta subcategoría cobra una gran importancia cuando trabajamos con las categorías inferiores del club y en las primeras edades, benjamines, alevines e infantiles, detectamos miedos a golpear el balón que se disputa por el aire (miedo al dolor del propio golpeo y la acción del contrario que trata de arrebatarlo).




  • Faltas recibidas. Cuando un jugador se encuentra implicado con los objetivos comunes del resto de sus compañeros, uno de los parámetros del juego que inciden en la evaluación que debe realizarse sobre su rendimiento es el número de faltas recibidas por partido porque a partir de este tipo de acciones el equipo puede sacar un buen provecho de las jugadas de estrategia que tenga preparadas y de los recursos de que disponga a balón parado. Para esta categoría lo que simplemente registramos es la frecuencia de las faltas que recibe en cada uno de los subperiodos temporales establecidos.




  • Desmarques. La importancia de esta categoría radica en analizar hasta qué punto la aportación ofensiva del jugador es inteligente o no, es decir hasta qué punto es capaz de sacar el máximo rendimiento de sus movimientos ante un contrario que le marca, en un espacio limitado y en un tiempo también restringido a unas pocas décimas de segundo iniciales que son las que permiten que el jugador tome la distancia suficiente respecto a su defensor y pueda optimizar la acción ofensiva que quiera realizar. Dentro de esta categoría distinguiríamos los dos tipos principales de marcaje, a saber, el de ruptura y el de apoyo, de modo que concretamos el tipo de movimientos concretos que realizan los jugadores.




  • Observaciones. Este apartado complementa siempre la información registrada en el código, de manera que cada vez que anotamos la ocurrencia de una de las acciones que componen las categorías del código, apuntamos también alguna clave o dato que nos parezca relevante para su recuerdo y posterior análisis.

b. Acciones defensivas




  • Tiempo. La función es la misma que en las acciones ofensivas.




  • Zona del campo. Esta categoría cumple la misma función que en las acciones ofensivas pero orientándolas, lógicamente, al juego defensivo. Es importante volver a incluirla porque nos ofrece una idea sobre hasta qué punto se implica el jugador en el trabajo defensivo del equipo. Se anotará en esta categoría siempre y cuando se observe en el jugador una intención claro por robar el balón o por ejercer una acción que influya directamente en la recuperación del mismo (como puede ser la presión sobre un contrario que se encuentra con movimientos libres sin balón y que espera recibirlo).




  • Balones tocados. De manera conjunta con el juego ofensivo, esta categoría nos permite establecer el número total de intervenciones del jugador, de manera que anotaremos las veces que consigue tocar el balón en acciones defensivas (como puede ser un despeje tras un rechace, una entrada a un contrario y fuerza un saque de banda o de esquina, etc.). Un dato interesante nos lo aporta la subcategoría “balones recuperados”, que nos ofrece un índice fiable sobre la eficacia del juego defensivo del jugador.




  • Entra en la disputa del balón. Para intentar profundizar un poco más en la aportación defensiva del jugador y en su implicación y motivación en este tipo de tareas tan frecuentemente infravaloradas, es necesario reflejar con un índice fiable el número de veces que el jugador, teniendo posibilidad y resultando pertinente que entre en la disputa del balón, lo hace, ya sea en el juego aéreo o por el suelo. En este sentido, y pese a la información tan valiosa desde un punto de vista psicológico nos ofrece esta información tomándola de modo general, es necesario ahondar en el estereotipo que muchos entrenadores generan acerca de algunos de sus jugadores en el sentido de considerar que no se entregan lo suficiente y que no “sudan la camiseta como deberían”, por lo que esta categoría resulta pertinente porque no hace sino dar una respuesta clara a esta afirmación en el sentido de ofrecer un tipo de conducta que suele ser antagonista o contraria a la pasividad de este estereotipo de jugador que acabamos de mencionar. Consiste, por tanto, en contraponer pasividad Vs. Entrega/pelea/lucha.




  • Tras fallo retoma rápido el control. Un aspecto que suele revestir una enorme importancia en la valoración que se realiza sobre la concentración y el “grado de madurez” que tiene que tener un jugador para jugar en un cierto nivel de competición, es la capacidad que debe manifestar para no venirse abajo cuando realiza una acción errónea y provoca una situación de peligro que, de no haber sido por su mala actuación, no se hubiese producido. Por supuesto, estamos refiriéndonos a los jugadores que más presión deben soportar en este aspecto: la línea defensiva. Pese a que la subjetividad hay que tenerla siempre en consideración, es cierto que existe un componente externo en la mayoría de estas situaciones que nos puede apoyar la apreciación que se realice sobre esta categoría. Cuando un jugador comete un error garrafal y se produce una situación de peligro por su culpa, puede soltar una patada al suelo o gritar un insulto que manifiesta los pensamientos y sentimientos negativos que tiene en ese momento, o bien se puede observar que controla su propia activación, se da una palmada de ánimo y se conjura para que la próxima vez pueda demostrarle al delantero quién manda en la zona defensiva. Los planteamientos son muy diferentes y, como ya conocemos la importancia del modo de afrontamiento para la posterior ejecución, con esta categoría podemos tener una idea aproximada sobre cómo se encuentra el jugador en este sentido. En el apartado de observaciones podremos señalar cuál ha sido la reacción del jugador7.




  • Marcaje. Con la inclusión de esta categoría se pretende establecer, en aquellos partidos en los que el jugador tiene que realizar algún tipo de marcaje especial o apoyo al juego defensivo en el trascurso del partido o en acciones puntuales de estrategia, cómo es la calidad de su intervención. Una variable que en este sentido parece esencial es la colocación del cuerpo y los movimientos que se deben realizar para interceptar las posibles trayectorias más peligrosas que los atacantes pueden adoptar. En concreto, las subcategorías que componen este factor son:




  • Orientación del cuerpo. Un jugador correctamente colocado en el marcaje es aquel que domina las dimensiones espacio temporales del juego en donde están incluido los contrarios con balón, el jugador que marca y el espacio que tiene para impedir la progresión hacia zonas que entrañen peligro y facilitar, en caso de ser superados, zonas en las cuales el defensor se encuentre en serias dificultades para progresar.




  • Coberturas. Las coberturas defensivas se producen siempre que el jugador que estemos evaluando guarde la espalda de uno de sus compañeros que pueda ser rebasado por el atacante, de modo que sirva de apoyo y de futuro defensor directo en el caso de que se vea superado su compañero. Esta acción, al igual que sucedía con la orientación corporal, incluye la noción de orientación de la cobertura. Por último, como sucede en el resto de subcategorías de este factor, lo que se evalúa es si están bien o mal realizadas.




  • Permutas. Las permutas son todas aquellas acciones defensivas que realiza un jugador para volver a recuperar su situación, una vez que ha sido superado por el rival y éste se encuentra ante otro defensor (que probablemente le realizaba la cobertura), de manera que recupera un sitio esencial en el espacio de juego colabora continua colaborando con las labores defensivas del equipo. Al igual que señalamos en las acciones de disputa del balón, la exigencia física y de concentración que requieren este tipo de acciones presupone la motivación del jugador y nos ofrece un índice sobre su nivel de trabajo e implicación.




  • Coordinación de líneas. Las líneas de juego, como todos sabemos, se suelen clasifcar en tres: la que componen los defensas, los centrocampistas y los delanteros. A cierto tipo de jugadores y en puestos estratégicos, el entrenador decide que se asuma la responsabilidad sobre el orden de la línea de juego, de modo que con este tipo de jugadores esta categoría resulta esencial porque nos permite establecer en qué medida comprende el rol que se le solicita dentro del partido y cuál es su nivel de interacción y compenetración con sus compañeros más directos, es decir, aquellos con los que tiene una mayor proximidad funcional en el desarrollo del partido.




  • Faltas realizadas. Cuando un jugador comete un elevado número de faltas puede ser debido a varios factores: escasa tolerancia a la frustración tras un resultado muy desfavorable, incapacidad de recursos técnico-tácticos para defender, etc. Mediante este factor lo que se pretende es captar en qué medida el jugador comete sanciones, de qué tipo son (lo que anotaremos en el apartado de observaciones) y cuál es el estímulo antecedente que las provoca (por ejemplo, si la realiza tras un robo de balón anterior, si son faltas eminentemente técnicas, etc.). Los casos de modificación de conductas agresivas se suelen ver claramente reflejados por una elevada puntuación en este factor.




  • Robos de balón. El principio defensivo por excelencia es la recuperación del balón como base para la estructuración del posterior ataque o jugada ofensiva. En este sentido, sería inviable hablar de código de conductas defensivas del juego sin recoger cuál es la aportación del jugador en este campo.




  • Observaciones. Este apartado complementa la información registrada en el código, de manera que cada vez que anotamos la ocurrencia de una de las acciones que componen las categorías del código, apuntamos también alguna clave o dato que nos parezca relevante para su recuerdo y posterior análisis.

6.7.3. Consideraciones prácticas sobre el registro de datos


Una vez descritas las categorías principales que componen el código de observación, merece la pena destacar algunos aspectos que nos parecen esenciales a la hora de llevar a la práctica este tipo de trabajo:


  • La ocurrencia de aparición de las acciones que componen cada una de las categorías se registra situando, en la casilla que corresponde, un número (1, 2, 3, 4, etc.), de manera que se obtiene el orden temporal del desarrollo del juego.




  • Una misma acción puede anotarse en diferentes casillas. Pongamos por ejemplo que el jugador que estamos evaluando recibe un pase, en el minuto cuatro del primer tiempo, encara a un contrario, le regatea y dispara a portería. Todos estos elementos que componen una misma jugada implican varias acciones. El modo de registro sería el de ir completando, por orden, las casillas que se corresponden con la fila de tiempo 0-5 del primer periodo, de forma que se vaya colocando un número 1, si es la primera anotación que le apuntamos en este periodo de observación, en cada una de las variables (zona del campo en el que ha recibido el pase, etc.).




  • Un aspecto muy importante es el de colocar, en la casilla de observaciones, un breve comentario de la acción registrada de manera que se facilite el análisis posterior.




  • La exigencia de recursos atencionales es muy elevada. El observador emplea todos sus recursos en seguir al jugador que evalúa, lo que implica estar pendiente, en muchas ocasiones, de acciones aparentemente alejadas del desarrollo inmediato del juego (por ejemplo si el jugador está en zonas defensivas y el balón está muy adelantado y no participa directamente).




  • La utilidad de este trabajo está supeditada a poder registrar y analizar varios partidos del jugador. Que un jugador haya intervenido poco durante los primeros quince minutos de un partido puede ser un dato interesante, pero si además le hacemos un seguimiento y en dos partidos más registrados se analiza que le cuesta entrar en el partido, ya tenemos información objetiva y suficiente para saber que el jugador puede tener problemas para manejar su nivel de activación antes de los partidos, que probablemente entre muy nervioso o relajado y que puede resultar recomendable realizar un trabajo de control y dominio del nivel de activación.




  • Debe diferenciarse entre una tarea formativa, en la cual el objetivo último es formar jugadores desde una perspectiva integral que cuide a la persona por encima de las demás cosas, y una tarea de análisis de rendimiento, en donde la observación se dirige a evaluar cuál es la productividad del jugador en el partido que se disputa. Estos dos puntos de vista son totalmente diferentes y, con frecuencia, antagonistas.




  • La formación del psicólogo especialista en deporte debe ser amplia y necesita conocer el deporte en el que trabaja, en este caso el fútbol, para sacar el máximo rendimiento de su trabajo.

A continuación se presentan las hojas de registro que componen el código de observación:



SISTEMA DE ANÁLISIS DEL RENDIMIENTO INDIVIDUAL EN EL FÚTBOL (S.A.R.I.F.)

NOMBRE Y APELLIDOS: FECHA: HORA: CAMPO:



PARTIDO: RESULTADO: ESTADO DEL CAMPO:



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