Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico


Gráfica 2.2. Representación del análisis sociométrico mediante una matriz



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Gráfica 2.2. Representación del análisis sociométrico mediante una matriz
A partir de una tabla como se pueden elaborar los índices sociométricos que a continuación se detallan. Dos son los principales tipos de índices sociométricos que podemos encontrar (González, 1998): por una parte los individuales y por otra los colectivos. Dentro de cada uno de ellos se encuentran varios subíndices, no todos de la misma utilidad ni significación. A continuación se presentan los más relevantes para el estudio del equipo deportivo:
Índices individuales
- Índice de popularidad: indica lo popular que es cada sujeto; es decir, las elecciones recibidas por cada uno de los deportistas del grupo. Su cálculo se realiza mediante la siguiente fórmula:
Pop = Se donde: Se = número de elecciones recibidas por

N-1 el deportista

N = número de deportistas del equipo
- Índice de antipatía: indica lo "antipático" que es cada sujeto; es decir, los rechazos que recibe cada sujeto dentro del grupo.
Ant = Sr donde: Sr = número de rechazos recibidos por

N-1 el sujeto

N = número de deportistas del grupo
- Atención perceptiva: se define como lo ajustado que está la percepción del deportista con la realidad. Hace referencia a las respuestas dadas por el sujeto a las dos últimas preguntas. Es decir, este índice es el resultado entre la "percepción" del deportista y su verdadera situación sociométrica en el equipo.
Ap (e) = Ep donde: Ep = número de elecciones percibidas

Ser Ser = número de elecciones reales recibidas


Ap (r) = Rp donde: Rp = Número de rechazos percibidos

Srr Srr = número de rechazos reales recibidos


- Estatus sociométrico: se define como un indicador del "aprecio" que recibe cada persona dentro del grupo, lo que permite determinar la posición que ocupa cada miembro dentro del grupo. Este índice puede alcanzar valores positivos o negativos, siendo el valor cero un indicador de posición neutra, el valor máximo de +2 y el mínimo de -2. La fórmula para su cálculo es:
ES = (Se + Ep) - (Sr + Pr) donde: Se = número de elecciones

N-1 recibidas por el deportista

Ep = elecciones percibidas

Sr = número de rechazos recibidos

Pr = número de rechazos percibidos

Indices grupales
- Indice de cohesión (también llamado de asociación): se define como el valor de la unión que se produce entre los miembros del grupo; es decir, nos indica la medida en que los miembros de un equipo se eligen entre sí. Su fórmula de cálculo es la siguiente:
IC = SRe donde: SRe = número total de elecciones recíprocas

N (N-1) en el equipo

N = número total de deportistas del grupo


  • Índice de disociación: es un índice similar al anterior, hace referencia al grado de enfrentamiento existente dentro de un grupo deportivo. Su fórmula de cálculo se hace operando con los rechazos:

ID = SRr donde: SRr = número de rechazos recíprocos entre

N (N-1) los deportistas


  • Índice de coherencia: se trata de analizar el grado de correspondencia recíproca de elecciones positivas, en comparación con el total de elecciones del grupo. Su cálculo se hace mediante la siguiente fórmula:

ICh = SRe donde: SRe = suma de elecciones recíprocas

SSe SSe= Suma total de elecciones emitidas


  • Índice de intensidad social: es una expresión de la productividad o expansividad del grupo. La fórmula de cálculo es la siguiente:

IS= SSe + SSr donde: SSe= suma total de elecciones emitidas



N-1 SSr= suma de los rechazos emitidos

2.7. Algunas consideraciones finales
De todo lo expuesto a lo largo de este capítulo, nos parece importante recalcar la importancia que posee la toma de conciencia de los factores que intervienen en las atribuciones y explicaciones de los sucesos y las acciones que tienen lugar en la modalidad deportiva de que se trate, puesto que, en cierto sentido, son precisamente las que dirigen y orientan una buena parte del trabajo profesional que puede realizarse desde el punto de vista psicológico con los entrenadores y con los deportistas.
El hecho de que estos procesos posean una capacidad funcional tan importante para la propia vida, les concede aún si cabe una mayor importancia y, como consecuencia, pensamos que resulta necesario que todos los profesionales que se encuentran inmersos en el ARD traten de responderse a sí mismos sobre en qué medida se dejan influir por sus propias expectativas y por cómo realizan las atribuciones. Un ejercicio práctico que puede resultar de gran ayuda al respecto es el consistente en escribir, al principio de temporada, qué expectativas traigo sobre cada uno de los deportistas con los que tengo que trabajar, de modo que, a medida que avance el periodo competitivo o de entrenamientos, se pueda contrastar cómo se han visto modificadas en función de los resultados que se hayan conseguido.
Por último, retomamos de nuevo la importancia que cobra un enjuiciamiento realista de las competencias y posibilidades reales de los deportistas y de los equipos, así como de los informes previos que se manejan y que, con frecuencia, lejos de ayudar a interpretar de un modo adecuado la realidad, lo que provocan es el desencadenamiento de un proceso atribucional que polariza las opiniones y acciones posteriores que se desarrollen.

PREGUNTAS DE AUTOEVALUACIÓN


  1. Cita tres ejemplos, aplicados a tu especialidad deportiva, sobre expectativas que tengan los deportistas acerca de algún aspecto competitivo (los rivales, su propio equipo, la actuación que va a tener, etc.). Reflexiona brevemente la función que crees que cumplen en cada uno de los ejemplos propuestos.

  2. ¿En qué consiste la profecía autocumplida?. Cita algún ejemplo que la ilustre.

  3. Explica, de forma breve, cuál consideras que es la relación principal existente entre las expectativas y las atribuciones que se realizan para evaluar el éxito/fracaso en una competición.

  4. Enumera y describe, de forma breve, los principales sesgos que existen en el proceso atributivo que sucede en el deporte. Cita un ejemplo para cada uno de ellos en la especialidad deportiva que desees.

  5. ¿Para que utilizarías un sociograma si fueras el técnico de un equipo deportivo?.

CAPITULO 3. LAS HABILIDADES SOCIALES Y DE COMUNICACIÓN COMO INSTRUMENTOS ESENCIALES DEL ENTRENADOR
3. 1. La importancia de dominar las habilidades de comunicación en el ARD.
“En el partido Deportivo-Athletic se produjo la enésima 'enganchada' entre Irureta y Tristán. En el minuto 56 el técnico sustituyó al sevillano por Pandiani y el delantero no dudó en quejarse del cambio a Irureta de muy malas maneras. En ese momento el entrenador del Deportivo se dirigió al banquillo, y mientras Tristán se estaba cambiando, le reprochó duramente su actitud. Al instante se produjo el gol de Pandiani e Irureta se volvió a recriminarle de nuevo por su acción, pero el ariete sevillano ya se había marchado camino de los vestuarios.

En la rueda de Prensa posterior al partido, Irureta no continuó la ‘guerra’ con Tristán. El técnico se mostró condescendiente con el delantero: “A Tristán le quiero mucho, pero hago los cambios según convenga al equipo. Necesitaba a Tristán 55 minutos y a Pandiani 35 y así fue. Dio resultado”, afirmó el técnico.


El técnico defendió el cambio de Pandiani por su demostrada efectividad: “En los dos cambios que cubrí con Pandiani respondió y marcó un gol””.

(Diario Marca, 4 de Septiembre de 2003)
El ejemplo con el que comenzamos este tercer capítulo es ilustrativo de una escena que se está convirtiendo en clásica en los diferentes deportes (y en especial en el fútbol), y que, con bastante probabilidad, resultará familiar a muchos de los alumnos que hayan dedicado una parte de su trayectoria profesional al entrenamiento deportivo. El momento de la sustitución de uno de los jugadores suele ser uno de los momentos en los que, como veremos a lo largo del capítulo, se puede analizar con mayor claridad el dominio de las habilidades sociales que poseen los deportistas en tanto que suelen confrontarse dos puntos de vista: por un lado el técnico considera necesario introducir un cambio en la estrategia del equipo para conseguir mejores resultados y, por el otro, el deportista trata de mantenerse el mayor tiempo posible en la cancha o en el terreno de juego para continuar jugando.
A lo largo de este capítulo vamos a tratar de ofrecer algunas respuestas acerca de las variables que se ponen en juego en este tipo de situaciones y que exigen, como seres humanos que somos, del dominio de una serie de estrategias, tanto de habilidades sociales como de comunicación, que nos permitan obtener los resultados adecuados en las diferentes situaciones que pueden llegar a producirse. Un aspecto importante que debe remarcarse es que, en cualquier temporada, no existe un equipo ideal o una situación ideal en la que no suceda algún tipo de problemas: siempre existen conflictos –mayores o menores- que solucionar, y alternativas de respuesta que hay que conocer y dominar por los efectos que pueden llegar a tener en el rendimiento, satisfacción y motivación de los deportistas.

3.2. ¿En qué consiste eso que llamamos comunicación y por qué es importante?.
A continuación presentamos un análisis básico del proceso de comunicación y de sus principales propósitos:


  1. El proceso de comunicación engloba los siguientes aspectos:

1. Una persona decide enviar un mensaje a otra.

2. El emisor debe traducir esas ideas a un mensaje.

3. El mensaje es transmitido a través de un canal (normalmente el lenguaje hablado, pero también tiene importancia el gestual) hacia el receptor.

4. El mensaje es interpretado.

5. El receptor piensa sobre esa información en función de la que ya posee, y actúa4 en consecuencia.


b) Los propósitos de la comunicación en el terreno deportivo pueden establecerse en función de los siguientes aspectos (pese a que el proceso de comunicación sigue siempre los pasos que acabamos de mencionar, los objetivos o intenciones del emisor pueden ser muy variados):
- Convencer a los deportistas de algo (por ejemplo de que jugar en nuestro equipo, o que disputar una determinada competición, le va a hacer sentirse mejor físicamente; o que mejorando su golpeo de revés obtendrá mejores resultados, etc.).

- Evaluar a los deportistas sobre algún aspecto específico (por ejemplo sobre el nivel de destreza o habilidad que ha alcanzado en el gesto técnico que estemos trabajando, o evaluar su capacidad de concentración en condiciones de presión y en el propio terreno de juego, etc.).

- Informar sobre algo (por ejemplo cómo debe realizarse una movimiento táctico o técnico).

- Motivar para obtener un mayor provecho de alguna situación (por ejemplo para que el equipo trabaje más para preparar la última recta de la temporada en la que se dilucidan los equipos que ascenderán y los que se mantendrán un año más en la categoría, o para que un regatista afronte mejor la próxima competición).

- Resolver conflictos que puedan surgir (por ejemplo problemas con un jugador que es conflictivo y que vela por sus intereses personales antes que por los colectivos, o el caso de un tenista que insiste en no cambiar su golpe porque considera que es el más adecuado cuando tenemos herramientas de juicio para pensar que no es así).
Aunque somos conscientes de la simplicidad que supone el proceso comunicativo, para poder establecer las pautas de intervención y el análisis de las necesidades principales que deben superarse cuando se produce una situación, como la del ejemplo con el que abrimos el capítulo, es absolutamente necesario que se desgranen sus componentes más elementales y se pueda, de esta forma, asesorar y establecer las causas que han generado el malestar que, con frecuencia, se reduce a la forma de comunicarse que utilizan las personas y a la incapacidad que se tiene para manejar diferentes tipos de situaciones.

3.3. ¿Existen varios tipos de comunicación?
De entre las diferentes situaciones que nos pueden surgir a lo largo de la temporada y que atañen al uso de una inadecuada habilidad para comunicarse, se pueden establecer tres categorías de diferenciación que marcan el tipo de asesoría y de trabajo que se pueda realizar. Así, los tipos fundamentales serían tres esencialmente: la comunicación intrapersonal, la interpersonal y la grupal.





Gráfica 3.1. Autorregistro de un portero de 2ª División “B” de Fútbol. Se presentan los pensamientos negativos que se desencadenan en ciertas situaciones de juego.

Como se aprecia en la gráfica 3.1., por comunicación intrapersonal entendemos todos aquellos pensamientos que surgen en la mente de la propia persona -y en la nuestra como entrenadores-, y que nos permiten pensar sobre las opciones que podemos elegir, sobre cuál es el entrenamiento que debemos realizar o sobre qué jugador está más capacitado para jugar en una demarcación u otra del campo. Este diálogo interno se caracteriza esencialmente porque no podemos acceder a conocerlo a no ser que sea la propia persona la que desee manifestarlos. Multitud de ejemplos podrían ilustrar este aspecto que, si no se enseña a dominar, puede perjudicar gravemente el rendimiento porque desconcentra al deportista y le hace estar revisando aspectos sobre los que no resulta pertinente fijar la atención.


El segundo tipo, la comunicación interpersonal, haría referencia a las situaciones en las que al menos participan dos personas y que suele manifestarse de manera verbal (aunque no tiene por qué ser necesariamente así). Cuando un jugador se dirige a otro, a su propio entrenador o a otra persona, ya estamos hablando de comunicación interpersonal y su conocimiento es importante porque el tipo de estrategias y de habilidades que deberán dominarse son de una naturaleza diferente a las del primer tipo.
Por último, al hablar de comunicación grupal5 estamos haciendo alusión a la que tiene que utilizar a menudo el entrenador en los vestuarios, donde la información que se ofrece esperamos que sea comprendida por todo el grupo. Este tipo de comunicación es también interpersonal pero consideramos que es importante diferenciarlas porque poseen características específicas que hacen que, de nuevo, las habilidades que deban manejarse y dominarse sean diferentes en función del número de personas que interactúen.
Todo profesional debería conocer el tipo de interacciones más frecuentes que se pueden llegar a producir en nuestros deportes respectivos, de manera que se pueda asesorar de manera adecuada sobre los momentos y situaciones en los que resulta más pertinente hablar con otras personas (otros entrenadores, con un jugador o con el equipo, con la prensa, etc.). Estas variables, aunque a primera vista pueda parecer que poseen poca importancia, en realidad tienen un gran peso y, tal es así, que un buen trabajo en este sentido y un buen conocimiento y puesta en práctica de estas habilidades pueden permitir, sin ningún género de dudas, que un equipo esté más cohesionado y que el rendimiento y el nivel de satisfacción de los deportistas, aunque se trate de deportes individuales, sea también satisfactorio.


3.4. El lenguaje verbal y no verbal
Manejar de manera adecuada los procesos de comunicación es, a menudo, la diferencia más importante que existe entre un buen y un “gran” entrenador. Cuántas veces en nuestra etapa como estudiantes nos hemos encontrado con profesores que pensábamos que dominaban perfectamente su materia y que estaban a la última en los conocimientos de su área y, sin embargo, considerábamos que era un docente pésimo porque, precisamente, no sabía comunicar esos conocimientos. Queda claro, por tanto, que poseer un conocimiento amplio sobre un área no es condición suficiente para considerarnos buenos docentes o entrenadores deportivos (de hecho la observación de un gran número de entrenamientos nos hace pensar que una de las diferencias más importantes entre un buen equipo y otro que no obtiene los resultados esperados está, precisamente, en el deterioro de los procesos de comunicación).
En esta misma línea de pensamiento, en la actualidad se sabe que uno de los aspectos más importantes que se deben considerar a la hora de dirigir un equipo consiste en reconocer la importancia del lenguaje no verbal, pues a menudo las personas no somos conscientes de la cantidad de información que transmitimos y que, también con frecuencia, es contradictoria con la información que se ofrece verbalmente.
Hablar de lenguaje verbal y no verbal es, en cierto modo similar a hacerlo de la credibilidad de la persona. Cuando uno quiere expresar algo verbalmente y se apoya con los gestos, con la entonación y con todos los rasgos esenciales que caracterizan el lenguaje no verbal, está dando mayor credibilidad a su discurso mientras que, en muchos casos, lo que se produce es una disonancia en el sentido de decir verbalmente algo que, con tan solo observar el rostro de la persona, sabemos que no es cierto. Es imprescindible que indiquemos que, precisamente por la naturaleza esencialmente inconsciente de las emociones, solemos dar mucha veracidad a estas expresiones, lo que no tiene por qué producirse en el lenguaje verbal porque parece lógico pensar que nos pueden mentir o engañar si así lo considera el jugador o la persona de que se trate.
3.4.1. EL lenguaje no verbal.
Dentro de los aspectos más importantes que debemos tener en consideración en el lenguaje no verbal, distinguiremos los siguientes (adaptado de Weinberg y Gould, 1996):


  • El aspecto físico. La información que tenemos al observar el aspecto físico es muy importante porque, sin duda, la impresión que nos causa alguien nos influye en las expectativas que creamos sobre él (como ya hemos analizado, las expectativas "juegan" un papel muy importante en el trabajo que cualquier entrenador puede realizar). Un ejemplo claro que ilustra la importancia de este factor, se aprecia en que la mayoría de los clubes de categorías nacionales ya suelen cuidar, en el régimen interno de la entidad, la imagen que debe darse en función del tipo de situación en la que se esté presente (una cena, una presentación de un producto oficial del club, etc.).

En las competiciones puede apreciarse, de la misma manera, como los entrenadores cuidan su aspecto físico y salen, salvo honradas excepciones, con traje y corbata a los campos, lo que les concede, al menos de forma implícita, una imagen de seriedad y sobriedad de la que probablemente no gozarían si salieran en chándal y detrás de ellos no existiera una trayectoria brillante que le avalara como entrenador (un ejemplo en este sentido, en el fútbol, es el de Luis Aragonés, que cuida poco su imagen pero este aspecto lo compensa con creces con la gran trayectoria que ha ido fraguando tanto como jugador como entrenador de fútbol).


  • La postura. Cuando un deportista tiene un estado de ánimo negativo, se encuentra triste o simplemente sin ganas de entrenar o competir, su postura suele ser hundida, como si le faltara energía. Por el contrario, cuando alguien tiene ganas y se encuentra motivado, su postura es muy diferente: denota mucha más confianza y activación. Podemos afirmar, por lo tanto, que los seres humanos somos capaces de captar de manera inconsciente el estado de ánimo de los demás (al menos si éstos no tratan de ocultarlo), y que éste se traduce la mayoría de las veces en la postura que se tiene.

Este es un aspecto que nos aporta una gran cantidad de información a los psicólogos del deporte y, del mismo modo, debe ser conocido por los entrenadores para que puedan establecer interpretaciones sobre el tipo de relaciones que han establecido con la plantilla y con cada uno de sus jugadores. Partiendo de estas premisas básicas se podría concluir con relativa facilidad que también el propio entrenador debe ser un experto conocedor de esta variable y, por lo tanto, debe cuidar siempre la postura con la que se dirija a sus deportistas. Pensemos en un encuentro de Fútbol-Sala en el que en el descanso se pierde por 0-3. El entrenador cometa que hay que remontar y que se puede sacar el partido adelante cuando, en realidad, la postura que tiene es de abatimiento, de decepción y de tristeza.


  • Los gestos. Sin duda, la mayoría de los entrenadores expresan mediante gestos un gran número de sensaciones y pensamientos que tienen en un entrenamiento y/o en una competición, lo que les puede ayudar a que los deportistas entiendan e interpreten mejor lo que se les pretende transmitir. Las ventajas que se pueden obtener de utilizar el lenguaje gestual de manera correcta son innumerables puesto que son un reforzador vital del lenguaje verbal y nos sirve de apoyo continuo de todo lo que estemos diciendo. Un índice de la importancia de este factor es que en las licenciaturas de educación física y de su didáctica, una de las asignaturas que se cursan es la de expresión corporal, en donde el empleo del lenguaje gestual cobra una importancia clave que debe aprender a utilizarse y a interpretarse.




  • El contacto. Es un método poderoso de transmitir confianza y cercanía a los deportistas, esencialmente cuando existen desconfianzas (por ejemplo en el caso de suplentes habituales o de deportistas muy jóvenes que comienzan a intervenir en la élite). Un ejemplo de su importancia en el diagnóstico acerca de la cohesión del grupo deportivo lo podemos apreciar en que, tras la consecución de un tanto, canasta o de un buen resultado, los componentes del equipo pueden tender a abrazarse y a manifestar su satisfacción, o bien pueden aislarse y situarse en un segundo plano –característica de deportistas poco cohesionados con los intereses globales del conjunto-.

Dar una palmada en el hombro a un compañero o a un jugador en los momentos más difíciles por los que atraviesa puede ser, a menudo, el mejor apoyo que le podemos ofrecer. Una pregunta que debería formularse todo entrenador es la referida al número de ocasiones en las que ha apoyado a los jugadores que, supuestamente, son suplentes habituales. Existe una relación entre la probabilidad de ser mejor valorado por los jugadores cuanto más apoyo en este sentido se haya sido capaz de ofrecer.


  • La expresión facial. Separamos este aspecto del apartado de los gestos porque se trata, sin duda alguna, de la parte más expresiva del cuerpo humano; tanto es así que desde el mismo momento del nacimiento, si realizásemos un estudio observacional de los padres y de sus interacciones con los bebés, observaríamos que se interpretan de manera continua cada uno de los gestos y muecas que se realizan, aun sin ser emitidos de manera consciente por parte del bebé.

Dentro de las diferentes partes que componen el rostro, los ojos y el contacto visual parecen poseer una especial importancia porque tienen la capacidad de transmitir sentimientos de una manera más directa que las otras partes de la cara. Con la mirada estamos reflejando las sensaciones y las emociones que nos pasan por la cabeza y con frecuencia, cuando queremos decirle algo a alguien sin palabras, no tenemos más que mirarle de cierto modo para que se de cuenta de nuestras emociones hacia él.

Por otra parte, dentro del propio proceso de comunicación, el contacto visual nos proporciona una información importante sobre el nivel de atención que nos están prestando. Una técnica poderosa que se analiza y se estudia cuando se trabajan habilidades sociales consiste, simplemente, en analizar si los espectadores siguen el discurso con gestos de asentimiento y con la mirada o no lo hacen. Cuando un entrenador está explicando algún contenido en el vestuario o en el campo de entrenamiento, debería observar si existe este feedback porque, de no ser así, debería provocar que el nivel de atención aumentase, lo que puede conseguirse, simplemente, con atraer la mirada sobre el jugador distraído aun sin llegar a reclamar su atención de manera verbal.



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