Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico


Gráfica 12.1. Los jugadores suplentes necesitan un nivel adecuado de motivación para rendir de forma óptima en el momento en el que se necesite su concurso



Descargar 13.01 Mb.
Página32/32
Fecha de conversión03.12.2017
Tamaño13.01 Mb.
Vistas1071
Descargas0
1   ...   24   25   26   27   28   29   30   31   32

Gráfica 12.1. Los jugadores suplentes necesitan un nivel adecuado de motivación para rendir de forma óptima en el momento en el que se necesite su concurso.


  • Las situaciones en los que se percibe que no depende de uno el entrar en el equipo, sino que hay otros factores que impiden que se goce de la titularidad o del tiempo deseado. Ejemplos de este tipo son los jugadores que ocupan una demarcación en donde el jugador titular es un emblema en el equipo y sabe que, haga lo que haga, es complicado que le pueda quitar el sitio, o las situaciones en las que los representantes han colocado en un equipo a algún jugador que ha costado una gran cantidad de dinero y se sabe, a nivel interno, que tiene que jugar porque hay que rentabilizar ese fichaje, etc. Es el caso de muchos jugadores de cantera que, pese a tener grandes condiciones, encuentran cerrado el paso en las primeras plantillas.




  • Los jugadores que vienen de fuera y que tienen que integrarse en el equipo para rendir al mayor nivel posible, pueden desmotivarse si, además de no rendir a un buen nivel al principio, no encuentran cubiertas sus necesidades socio-afectivas que antes sí que encontraban satisfechas. Con frecuencia el ser capaz de integrar al jugador desde un principio será una de las claves para que este tipo de jugadores encuentre su nivel óptimo de rendimiento.




  • Una planificación ideal de la temporada con unos objetivos poco realistas puede generar que, en el momento en el que se perciba que no se van a alcanzar, la motivación disminuya y haya que reorientar los intereses del equipo en nuevas direcciones. Es frecuente, sobre todo en pretemporada en donde las ilusiones son máximas, encontrar que los entrenadores expresan retos muy apetecibles como quedar líderes en la competición cuando, la realidad, es que a las diez jornadas de haber comenzado el campeonato se han perdido gran parte de las opciones y se vislumbra de forma clara que ese objetivo resulta inalcanzable.




  • Cuando las expectativas de autoeficacia que tiene el jugador no se cumplen, aumentan las probabilidades de que disminuya su motivación. Es el caso, por ejemplo, de los jugadores que no obtienen buenos resultados en un tramo inicial de la temporada y que, además, llegan al equipo con algunas dudas motivadas por su rendimiento de cara a la última parte de la temporada anterior. En el momento en el que esas expectativas se confirman aumentan las posibilidades de que la motivación descienda.




  • Las lesiones son uno de los momentos en los que se experimenta con mayor claridad la bajada en la motivación del jugador, sobre todo en aquellos casos en los que el momento por el que se está atravesando es bueno y se amplían las perspectivas de futuro con nuevos retos y proyectos.

Como se puede apreciar de los ejemplos propuestos, parece claro que para explicar la conducta motivada en el fútbol juegan un papel importante tres factores esenciales: las características personales del propio jugador, la situación en la que se encuentre inmerso y el equipo. De la combinación de estos tres factores y de la importancia que concedamos a cada uno de ellos o a partes específicas en detrimento de los otros surgen las diferentes teorías que tratan de dar cuenta de la motivación.



12.3. Necesidades básicas en el deporte de competición
Cuando se profundiza en las razones que justifican la implicación de una persona en un tipo de tarea y no en otra, debemos hacer referencia a los espacios que estas nuevas actividades cubren en el desarrollo personal de la persona. Nos podemos encontrar que los deportistas poseen una serie de necesidades principales que deben cubrir y que pueden llegar a convivir entre ellas. Las principales se presentan a continuación:
Necesidad de afiliación

Es la necesidad que tiene cualquier jugador de establecer, mantener, renovar o reforzar los vínculos afectivos y emocionales que le unen a los demás componentes del equipo. Como acabamos de comentar en el ejemplo de los jugadores extranjeros que tienen un buen rendimiento en sus equipos de origen pero que luego fracasan cuando tienen que dejar sus tierras, se observa con frecuencia que uno de los aspectos a los que más se suele hacer referencia es a que el jugador no ha terminado de integrarse ni de sentirse cómodo dentro del equipo. En este sentido, como ya veremos, el papel que tienen los compañeros es esencial para permitir que esta necesidad se vea cubierta.


Necesidad de poder
Esta necesidad consiste, básicamente, en el deseo de influir en el comportamiento y en la conducta de los demás. La posibilidad de influir en los demás compañeros del equipo e incluso en el entrenador es muy reforzante para los jugadores y esta necesidad suele encontrarse muy presente en gran parte de los jugadores de fútbol que ven como practican un deporte con una tremenda repercusión social y con una valoración muy elevada que lo hace altamente deseable. La necesidad de poder, en el fútbol, se hace por lo tanto más deseable que en ningún otro ámbito por lo que facilita la comprensión de ciertos comportamientos que, si no se perciben desde este prisma, resultan muy complejos de entender.
Necesidad de logro
Consiste en el deseo por lograr patrones de excelencia, por sentir que se hacen las cosas bien, por tener éxito profesional. Al igual que sucedía en el anterior punto, también la necesidad de logro se encuentra muy potenciada en el fútbol por la repercusión que tiene la culminación de la carrera deportiva en un nivel profesional. Por lo tanto podemos señalar que, si bien la motivación de logro se encuentra muy presente en todos los deportes, en el caso del fútbol esta necesidad se ve acrecentada.
Necesidad de autorrealización
Consiste en conseguir llegar a ciertos estándares personales que encierran lo que para la persona se entiende por realización personal y que está claramente en función de cada uno de los sujetos. Resulta importante recalcar que este proceso de autorrealización nunca concluye, sino que en cada etapa del desarrollo se plantean nuevos proyectos y retos que dan sentido a la situación actual en la que se encuentra inmerso el jugador y resta importancia a la situación anterior que se haya vivido. Es en este sentido en el que, cuando un jugador aún no ha llegado a la primera plantilla de su club, ve colmadas sus aspiraciones si lo consiguiera y, al hacerlo, lo anterior ya no tiene sentido y pasa a sentirse realizado sólo si juega como titular la mayor parte del tiempo y así sucesivamente.
Todas y cada una de las necesidades que acabamos de mencionar responder a los intereses individuales de los jugadores a los que, de algún modo, debe dar respuesta el clima de entrenamiento que se proponga, el entrenador y el club como entidad y como organización que está por encima de ambos. Pensemos, por ejemplo, que un jugador llega a un club modesto después de haberse encontrado entrenando en las mejores instalaciones, jugando en los mejores campos, con un número de facilidades importantes en cuanto a material deportivo, ayudas en los estudios, repercusión económica, etc. en un club de mayor nivel. Las preguntas a las que debería responderse el técnico o el encargado del fichaje serían: ¿cómo se encontrará su necesidad de poder?, ¿y la de afiliación?, ¿y la de autorrealización?, ¿y la de logro?.
Si analizamos cada una de ellas, no será complicado establecer, en líneas generales y aceptando desde un comienzo las limitaciones que siempre conllevan las generalizaciones, que este tipo de jugadores recalan en un club inferior y, como sus expectativas son bastante elevadas, cabe esperar que trate de ejercer una influencia muy marcada en el resto de sus compañeros por su experiencia previa (lo que podría generar rechazo); que necesite sentirse muy a gusto en la plantilla para no echar en falta las grandes comodidades y recursos de los que ahora carece y que, en cualquier momento, puede lamentar haber perdido; que pueda caer en el error de querer aumentar su propio protagonismo para conseguir destacar en el nivel inferior que percibe que se encuentra respecto a su equipo anterior y que sólo se sienta realizado si consigue hacer una temporada impresionante en ese equipo que le permita recuperar su “prestigio” anterior. Esta suele ser la razón del por qué algunos de estos jugadores nunca acaban de cuajar en estos clubes (es, por ejemplo, el caso de Baljic en la cesión que realizó el Real Madrid al Rayo Vallecano a mediados de la temporada 2001/2002).

12.4. Principales teorías acerca de la acción deportiva motivada.
a) Teoría de la motivación de logro
Se trata, sin duda, de la teoría que ha recibido un mayor interés en el ámbito deportivo porque es capaz de analizar la motivación a partir del aspecto que se encuentra más íntimamente relacionado con el deporte que no es otro que el deseo de conseguir la victoria y que estructura, como ya sabemos, la lógica interna del juego. Por lo tanto, si se trata de conseguir un entorno en donde las personas busquen la superación y el reconocimiento continuo, el más indicado parece ser el fútbol.
Pues bien, esta teoría lo que nos presenta son dos variables principales que ayudan a explicar el comportamiento de las personas en los entornos de logro y que serían los motivos personales por un lado, y los factores situacionales por el otro. Dentro de esta subdivisión, los dos estilos personales con los que un jugador, en el caso del fútbol, puede afrontar un partido o una situación concreta serían la motivación de conseguir el éxito y de experimentar sensaciones de orgullo y de competencia, o la motivación por experimentar el fracaso o la búsqueda de evitación de la vergüenza y de todos los aspectos que se asocian a la derrota. Esta división, para cualquier profesional que haya trabajado con deportistas, es una de las claves que explican perfectamente el rendimiento posterior de los jugadores por la tendencia manifiesta que existe, en el caso de los jugadores que buscan evitar el fracaso, a no arriesgar demasiado, a realizar un juego fácil y sencillo en donde no se pongan a prueba sus competencias potenciales y en donde se obtienen rendimientos mediocres mientras que, en el caso de los jugadores que buscan el éxito de manera continua, cada partido presenta un reto para ellos que les permite demostrar las competencias que tienen y que están adquiriendo, cada situación es un desafío y los noventa minutos que dura el partido se disfrutan intensamente.
Si ponemos nombres propios a estos estilos de afrontar la competición tendríamos, por un lado, a Raúl González, delantero del Real Madrid para el que cada partido supone un desafío en el que suele poner a prueba habilidades como vaselinas inverosímiles por encima del portero, o al Ronaldo de su época dorada en el Barcelona, en el que cada vez que tocaba el balón se sentía la sensación de peligro y probaba nuevas fórmulas del juego individual ofensivo que demostraba el gran disfrute que tenía por el juego. Por el lado de la tendencia a evitar el fracaso, uno de los casos más típicos los constituyen los jugadores lesionados que deben volver a disputar partidos o esos otros que, después de obtener grandes momentos de juego, dudan de sus posibilidades y se sienten con la enorme presión de responder a las expectativas del público que, de manera paradójica, pueden ser el comienzo de la tumba virtual del jugador. Pensemos, por ejemplo, en que Ronaldo tiene, después de sus interminables lesiones en el Inter de Milán, dudas sobre su rendimiento y que todo el mundo, incluido su entrenador, le presionan para lograr el campeonato de liga una vez que ha conseguido recuperarse y, en el momento en el que comienza a disputar los primeros minutos de los partidos, le roban varios balones, tiene fallos estrepitosos y, en el momento en el que se le empieza a acabar el crédito (que es mucho mayor que el de otros jugadores) acaba por “no sentirse a gusto” en el terreno de juego nada más saltar al campo, de manera que suelta los balones que le llegan a sus compañeros de forma que elude su responsabilidad, prefiere no golpear a portería a no ser que sea un tiro imposible o muy sencillo en donde no se ponen en juego sus verdaderas potencialidades, etc. Estaríamos presenciando, en ese momento, el paso que se produce desde una tendencia general a buscar el éxito, a otra más proclive a evitar el fracaso que supone no ser el mismo jugador de antes, que la gente ya no le alabe ni le reconozca como el mejor, etc.
Por otro lado, cuando se hace mención a la importancia de las variables situacionales, Atkinson y McClelland destacan, como los aspectos más esenciales, la probabilidad que se le concede al logro de la victoria y el valor asociado que se le otorga. Lo que trata de reflejar esta teoría es que no es lo mismo que el Bilbao juegue un partido contra el Conquense en la primera ronda de la Copa del Rey, en donde es un club muy laureado, que jugarlo contra el Atlético de Madrid en la final. En cada uno de estos casos la probabilidad de obtener la victoria y el valor que se le dará serán diferentes y, como consecuencia, la motivación que tengan los jugadores también lo será.

Una forma de medir la cantidad de motivación de éxito y de evitación del fracaso consiste en valorar cada una de estas dos dimensiones y compararlas entre sí en donde lo normal es que se obtenga una puntuación mayor en alguna de las dos motivaciones. La resultante de realizar esta operación es, en realidad, lo que podemos llamar competitividad o motivación que tienen que tener los jugadores por ser capaces de desear demostrar sus habilidades y competencias en el trascurso de los partidos y de las diferentes competiciones que se disputen. Esta nueva variable se puede obtener a través de la siguiente fórmula que nos facilitará información pertinente sobre si el deportista está dominado por obtener el éxito o por alejar el fracaso (Hernández, 1999):

C = Me – Mf
C = Competitividad

Me = Motivación de éxito

Mf = Motivación de alejar el fracaso
A su vez, la tendencia al logro resultante se puede conceptuar, según Atkinson, a partir de la consideración de cada uno de los subfactores en los que se dividían las variables personales y las situacionales, de tal forma que se puede operativizar y entender que esta tendencia es como sigue:

TA = (Ms x Ps x Is) + (Maf x Pf x If)



ó TA = (Ms x Ps x Is) – (Maf x Pf x If)
En esta ecuación, el primer paréntesis engloba los factores considerados de aproximación al éxito mientras que el segundo se refiere a los de evitación del fracaso. A continuación se presenta cada una de las nomenclaturas con su significado:
Ms = Es la disposición de la personalidad tomada como necesidad de logro que tiene el jugador y que se puede evaluar a partir de la puntuación que obtiene en el TAT (Test de Apercepción Temática).
Ps = Es la probabilidad subjetiva que tiene el jugador o expectativa que se forma sobre que, si disputa el partido en función de sus capacidades, alcanzará el objetivo que se propone que suele ser, en el fútbol, la victoria.
Is= Es el valor subjetivo que se le concede al éxito. Este factor está muy vinculado con la dificultad del partido o del objetivo que se plantee conseguir el jugador y puede definirse como 1 – Ps.
Maf = Es la disposición de la personalidad tomada como tendencia a evitar el fracaso y que se puede evaluar a partir de la puntuación que obtiene en el Cuestionario de Ansiedad de Mandler y Sarason (1952).
Pf = Es la probabilidad subjetiva que tiene el jugador o expectativa que se forma sobre que, si disputa el partido en función de sus capacidades, no alcanzará el objetivo que se propone y, por lo tanto, fracasará en su empeño.
If = Es el valor subjetivo que se le concede al fracaso y puede definirse como 1 – Pf.
Uno de los instrumentos que se pueden utilizar para medir la motivación de éxito y el temor al fracaso es el siguiente cuestionario, elaborado por J.L. González (1992):


CUESTIONARIO DE COMPETITIVIDAD


Instrucciones: A continuación encontrarás algunas frases que indican vivencias que los deportistas pueden experimentar cuando compiten. Lee cada frase y decide si tú ”casi nunca”, “algunas veces” o “a menudo” sientes eso cuando compites. Si eliges la opción “casi nunca” rodea con un círculo la A, si eliges “algunas veces” rodea la B y si eliges “a menudo” rodea la C. No existen respuestas correctas o incorrectas. No tardes mucho tiempo en contestar al cuestionario, ni te detengas demasiado en ninguna frase. Recuerda, elige la opción que describe mejor cómo te sientes cuando compites.


  1. Me gustaría ser tan hábil como otros deportistas............ A B C

  2. Me siento con ganas de competir ................................... A B C

  3. Deseo ser el mejor cada vez que compito ....................... A B C

  4. Aborrezco perder ............................................................. A B C

  5. No puedo evitar sentirme incómodo cada vez que tengo

que viajar para competir .................................................... A B C

  1. Soy más competitivo cuando intento conseguir metas

personales .......................................................................... A B C

  1. Detesto perder en competición ........................................ A B C

  2. Los errores durante la competición me hacen sentir

y pensar negativamente acerca de mí ................................ A B C

  1. Me siento motivado para dar lo mejor de mí mismo

en la competición ............................................................... A B C

  1. Me siento más a gusto y pienso que rindo más en los

entrenamientos que en la competición .............................. A B C

  1. Me preocupa lo que otros puedan pensar de mi

actuación ............................................................................. A B C

  1. Cuando me uno a un nuevo equipo me parece que encajo

fácilmente ......................................................................... A B C

  1. Cuanto más difícil es el reto, mejor actúo .................... .. A B C

  2. Disfruto más durante la competición, que

entrenando para participar en ella ................................. . A B C

  1. Cuando cometo un error durante la competición

Experimento disgusto y dificultades .............................. . A B C

  1. No puedo pasar largos períodos de tiempo sin hacer

Nada cuando no entreno o compito ................................ A B C

  1. Si personas importantes me observan durante

la competición me preocupa y prefiero que no asistan. .. A B C

  1. Me aburre el ver siempre las mismas caras en las

competiciones y me quita motivación para competir ...... A B C

  1. El gusto por competir hace que me importe

menos el temor a perder .................................................. A B C
Corrección:

  • En cada pregunta la opción A da 1 punto, la opción B da 2 puntos y la opción C da 3 puntos.

  • La motivación de éxito se obtiene sumando las puntuaciones obtenidas en las siguientes preguntas: 2, 3, 6, 9, 13, 14 y 19.

  • La motivación de temor al fracaso se obtiene sumando las puntuaciones obtenidas en las siguientes preguntas: 4, 7, 8, 10, 11, 15 y 17.

  • Las preguntas 1, 5, 12, 16 y 18 no puntúan.

Una vez aplicada la fórmula de competitividad si la puntuación diferencial es positiva, la motivación de éxito es mayor que la de evitar el fracaso. Si por el contrario, la puntuación diferencial es negativa, la motivación de evitar el fracaso es mayor que la de buscar el éxito. Si se obtiene una puntuación muy superior a favor de la motivación de éxito nos hallamos ante una persona altamente competidora y viceversa, es decir que si la puntuación es claramente superior en la motivación de evitar el fracaso, nos encontramos con un jugador que probablemente no es un buen competidor.


Una vez evaluado el jugador y obtenida su relación entre la tendencia al éxito y el temor al fracaso, se puede realizar un acercamiento a la teoría de la autoeficacia para hacer algunas predicciones sobre cómo actuará en situaciones concretas, siempre considerando que tiene la opción de elegirlas o de evitarlas. Los aspectos en los que vamos a centrar nuestro análisis son tres: la oportunidad, el esfuerzo y la persistencia.
En primer lugar, la oportunidad se refiere a la decisión individual de acercarse o de evitar las situaciones de competición. En este caso los jugadores que hayan obtenido una puntuación positiva en competitividad y que podemos llamar “altos competidores”, van a elegir participar en situaciones en las que busquen los desafíos y el poner a prueba sus capacidades mientras que, los que hayan obtenido una puntuación negativa en competitividad y que podemos considerar como “bajos competidores”, van a optar, siempre que se puedan, por evitarlas.
En segundo lugar, el esfuerzo hace referencia a la intensidad puesta en la consecución del objetivo que el jugador se propone. En este caso, los que tienen una mayor diferencia entre Me – Mf emplean mayor cantidad de esfuerzo en la consecución del objetivo propuesto, y en consecuencia, mejor es su actuación.
Por último, la persistencia se refiere a la resistencia que opone el jugador al abandono del objetivo que se había planteado. En esta situación, las predicciones son un poco más complejas, así los altos competidores tienden a persistir tanto tiempo como tengan la oportunidad de éxito, mientras los bajos competidores no persisten si pueden evitar la competición y les disgusta muy especialmente seguir intentándolo cuando la tarea les supone un reto en el qaue pueden poner en entredicho sus capacidades.
Una de las consecuencias inmediatas que se pueden extraer de este modelo teórico es que el modo de afrontar las competiciones varía en función de la tendencia general que tenga el jugador hacia el éxito competitivo o hacia la evitación del fracaso. En este sentido, uno de los indicios básicos en los que nos podemos fijar a la hora de comprender de una manera rápida el estilo de afrontamiento de los jugadores, es el conocer qué tipo de partidos son en los que les gusta más participar, de manera que los jugadores con una mayor tendencia al éxito prefieren disputar encuentros con una dificultad intermedia en donde quieren poner a prueba con “equipos de su categoría” cuál es el nivel que tienen, de manera que se plantean esos partidos como un reto y como un desafío mientras que, los jugadores con una tendencia pronunciada a evitar el fracaso suelen optar por elegir partidos contra rivales netamente inferiores o superiores en los que sus propias capacidades no se ponen en entredicho y en donde el fracaso, si se trata de un rival muy superior, o la victoria, si se trata de uno inferior, son los resultados que se esperan obtener de antemano.
Antes de dar paso al siguiente modelo teórico, nos parece interesante referirnos a un aspecto sobre el que aun no nos hemos detenido y que merece nuestra atención como es la importancia de las metas de aprendizaje y de ejecución en la comprensión de los estilos de afrontamiento que tienen los jugadores. Por un lado, las metas de dominio o de aprendizaje serían todas aquellas en las que el jugador trata de ir evolucionando y mejorando en las diferentes habilidades que necesita aprender para avanzar en su carrera deportiva. Este enfoque le permite extraer una lectura positiva de todas las situaciones ante las que se enfrenta porque siempre existen elementos positivos dentro de una actuación y, por otro lado, también se pueden aprovechar las victorias para extraer los factores que pueden mejorarse puesto que éstos son, al fin y al cabo, los que interesan. En el otro extremo se sitúan los jugadores cuyas metas son de resultado, es decir, que se centran en las consecuencias últimas de los partidos y, en este sentido, cuando el equipo gana todo es genial y positivo pero, cuando se pierde, todo es negativo y nefasto. Este tipo de jugadores interpretan los errores como fracasos y los partidos y los entrenamientos no tienen como última finalidad el aprendizaje sino, más bien, el sobresalir sobre los demás.
El objetivo central de una meta de aprendizaje consiste en la creencia de que el esfuerzo y el resultado covarían: si ponemos toda nuestra atención en el esfuerzo realizado y en la mejora de los aspectos susceptibles de ser aprendidos, entonces resultará más probable que los resultados también se consigan y que, además, exista un clima de satisfacción general mayor. Los jugadores con metas de dominio tratarán de manera continua de mejorar su nivel de competencia, serán más persistentes en sus intentos y se dirigirán más al éxito, al logro.


b) Teoría de la atribución causal
A partir de las investigaciones realizadas por Heider (1958), y de las principales conclusiones que obtuvo al intentar conocer el papel que tienen las atribuciones en las acciones que las personas realizaban una vez que se habían hecho esas atribuciones y que apuntaban en la dirección de afirmar que cuanto mayor es la contribución del entorno en un suceso, menor es también la responsabilidad personal que se atribuyen los sujetos, Weiner (1972) se encarga de fusionar la teoría de la motivación que acabamos de ver con el análisis del proceso atributivo y viene a señalar que, en nuestro caso los jugadores que tienen una mayor motivación por el logro tienden a atribuirse el éxito a sí mismos y el fracaso a la falta de esfuerzo que han realizado; mientras que los que poseen una tendencia a evitar el fracaso más marcada atribuyen el éxito más a factores situacionales que personales, mientras que en el fracaso sucedería todo lo contrario.
Weiner concibe tres elementos constitutivos de las atribuciones de las personas:


  1. La estabilidad (estable o inestable). ¿El suceso es consistente en el tiempo o en su frecuencia de aparición?.




  1. El lugar/locus (interno o externo). ¿Es una causa interna o es externa?




  1. El control (controlable o incontrolable). ¿Se puede controlar la causa o es incontrolable?.

A partir de las diferentes combinaciones que pueden surgir de estas categorías, podríamos encuadrar a cada uno de nuestros jugadores y establecer las consecuencias prácticas derivadas de las tendencias resultantes que se producen. A continuación presentamos algunos ejemplos al respecto:




EJEMPLO


LOCUS


ESTABILIDAD


CONTROL


Esfuerzo estable
Esfuerzos inestables
La capacidad innata de un jugador
El estado de ánimo
El entrenador
Dificultad del partido

La suerte


El tiempo


Interno
Interno
Interno

Interno
Externo


Externo
Externo
Externo

Estable
Inestable
Estable

Inestable


Estable
Inestable
Inestable
Inestable

Controlable
Controlable
Incontrolable

Incontrolable

(en parte)

Controlable

(en parte)

Incontrolable


Incontrolable
Incontrolable

Un hecho importante es que existen variables que a menudo son complicadas de encasillar en una de las categorías que hemos expuesto. Pensemos, por ejemplo, que un jugador señala que no va convocado con el equipo porque su entrenador le tiene manía. En este caso, la atribución que realiza es de un hecho externo, estable e incontrolable siempre y cuando perciba que esa percepción de manía que le tiene no es modificable.


En cualquier caso, la relevancia de este modelo teórico estriba en las consecuencias derivadas de las atribuciones que los jugadores y el propio entrenador pueden generar y que posteriormente condicionan el tipo de trabajo y de mentalidad que se tenga en el afrontamiento de los partidos. Para poder acercar más este modelo a la realidad del fútbol actual, vamos a presentar diferentes situaciones que pueden surgir y que derivan en una serie de consecuencias prácticas para el trabajo con nuestros jugadores:


SITUACIÓN

ATRIBUCIÓN

CONSECUENCIA

Jugador suplente



El entrenador no valora mi trabajo o me tiene manía”.

Falta de motivación e implicación porque la causa es externa y no la puede modificar.

Hay compañeros que tienen “enchufe” y por eso juegan”.

Falta de motivación e implicación porque la causa es externa y no la puede modificar.

Tengo que mejorar aspectos de mi juego que son perfeccionables (ya sean técnicos, tácticos, físicos o psicológicos)”.

Implicación y trabajo en los entrenamientos para conseguir la mejora de las cualidades.

Mi puesto de juego es uno en concreto y, como siempre que juego me pone en otro, pues es imposible que rinda como puedo hacerlo”.

Falta de motivación e implicación porque la causa es externa y no la puede modificar (a no ser que hable con el entrenador).

Acabo de salir de una lesión y tengo que recuperar el ritmo de juego”.

Implicación y trabajo en los entrenamientos para conseguir la mejora de las cualidades.

Titular habitual



Soy indiscutible en el equipo”.

Implicación justa por un posible exceso de confianza.

Realizo un buen trabajo pero aun puedo mejorar más”.

Implicación máxima con un nivel adecuado de satisfacción que proporciona el juego.

Derrotas


El campo no es el adecuado para nuestro juego”.

Al ser un factor externo e incontrolable (si es que se está obligado a jugar en ese terreno), las consecuencias serán de falta de motivación por el logro.

No hemos realizado el juego que podemos hacer realmente”.

Implicación en la siguiente semana de entrenamientos para corregir esos aspectos.




El equipo contrario era el líder y es superior a todos los equipos”.

Implicación para lograr los siguientes puntos si se disputan contra otro equipo de habilidad percibida igual, ligeramente superior o inferior al nuestro.

Victorias



El trabajo realizado en los entrenamientos está siendo muy bueno y tiene sus frutos”.

Máxima implicación de los jugadores en el entrenamiento.

El equipo contrario era muy malo”.

Implicación futura dependiente del próximo rival.

Momentos de mal juego (o rachas en las que no se meten goles, etc.).



Son rachas que se tienen que pasar y ya se acabarán, todos las tenemos y solo tenemos que esperar”.

Poca implicación para la mejora.

Es suerte, en el momento en el que cambie mejoraré”.

Poca implicación para la mejora.

La suerte debo buscarla perfeccionando los aspectos del juego en los que estoy fallando”.

Implicación adecuada en el entrenamiento para invertir la situación negativa que se está atravesando.




Gráfica 12.2. Para un portero que no goza de la titularidad y que su situación puede mantenerse estable a lo largo de muchas jornadas, resulta imprescindible marcarse objetivos personales que le obliguen a mantenerse alerta para el momento en el que se necesite su participación.

10.5. El planteamiento de objetivos.
De modo general, podemos decir que todo deportista y todo equipo deportivo que quiera obtener un buen rendimiento en el campo de juego deben tener claro los pasos que dirigen el camino hay esas metas que se hayan planteado. El fútbol de competición, como realidad en la que se encuentran muy presentes las metas de logro, exige que se establezcan una serie de etapas y de pasos que deben conducir hacia la mejora del deportista. En este sentido, cuando se habla del planteamiento de objetivos en el deporte, se hace haciendo referencia a una serie de aspectos que consideramos que poseen un interés capital en cuanto a su relación con la motivación se refiere; estos aspectos serían los siguientes:


  • Operativización de los objetivos. Con frecuencia la carrera deportiva de un jugador está llevada por deseos de llegar a la elite del fútbol profesional sin que sean capaces de concretar cuáles son los siguientes pasos que deben dirigir su camino hacia esa pericia deportiva. Delimitar este proceso y ser capaz de definir con claridad los objetivos evitando ambigüedades es uno de los principios de cualquier plan de trabajo. Por lo tanto, no sirve de nada que un jugador defina que su objetivo es llegar a ser profesional y que para eso tiene que mejorar tácticamente porque evaluar la mejora en ese aspecto tan general se nos escapa de las manos y, como es lógico, resulta necesario que descendamos hasta un nivel de concreción suficiente de manera que el jugador se centre en que tiene que mejorar en puntos concretos como pueden ser el porcentaje de acciones en las que consigue anticiparse al contrario, las veces que entra en la disputa del balón y que hacen que su juego sea más agresivo, etc.




  • Objetivos de proceso y no de resultado. Resulta común encontrar que la evaluación que realizan los jugadores sobre su rendimiento en un partido está en función del resultado global que se haya alcanzado, es decir, que si se ha encajado una derrota es porque no se ha mejorado en nada, mientras que, siempre que se gana, se ha alcanzado la meta que se pretendía conseguir. Este enfoque no parece ser el más adecuado para facilitar la implicación del jugador en el trabajo y para conseguir que mejore en los resultados a alcanzar. Por el contrario, lo que resulta más pertinente es establecer una serie de objetivos más centrados en el proceso, es decir, en los aspectos concretos derivados de las nociones técnicas, tácticas, físicas o psicológicas que se pretendan mejorar; que en los resultados, de manera que el jugador comprenda en qué momento se encuentra dentro de su evolución como jugador, sepa qué ha hecho bien y qué mal en cada momento y, posteriormente, pueda corregirlo. Esta sensación de control sobre uno mismo es muy importante para la motivación y permite que el jugador obtenga mayores niveles de rendimiento que si sólo se centra en los resultados (Duda, 1981; Roberts, 1989).




  • Objetivos a corto, medio y largo plazo. Todo jugador debe percibir su evolución hacia el alto rendimiento desde una perspectiva global que le permita realizarse una idea aproximada del cuál es su objetivo último, de cuáles son los pasos intermedios que debe dar para alcanzarlo y, por último, de cuáles son los pequeños peldaños que se deben ascender para ir consiguiendo objetivos cada vez más próximos a aquél más general que se había propuesto. En este sentido, manejar una perspectiva centrada en la inmediatez, en el aquí y el ahora, sin pensar más allá y sin reflexionar en el momento en el que se encuentra el jugador, es fomentar un estilo de entrenamiento reactivo en vez de proactivo que genera, a medio y largo plazo, más consecuencias negativas que positivas para el jugador.




  • Objetivos realistas y alcanzables, pero que supongan cierto nivel de desafío. Un aspecto que se debe tener en cuenta cuando se planifican objetivos con los jugadores es que, para que puedan motivar, es necesario que se puedan percibir como deseables pero, además, como retos relativamente difíciles de conseguir pero que, con una dosis de esfuerzo y trabajo adecuada, se pueden alcanzar dentro de un margen realista de acción.




  • Planes de reenfoque. Todo objetivo a medio y largo plazo debe estar respaldado por otros alternativos que son los que hacen que el programa sea flexible y que se pueda adaptar a los diferentes momentos por los que pueden atravesar los jugadores a lo largo de una temporada (por ejemplo, es importante que se tengan presentes posibles periodos de lesiones por las que pueden atravesar los jugadores de manera que, si se producen, podamos ofrecer al jugador alternativas lógicas al plan estructurado de antemano).




  • Facilitación de la conciencia del jugador. El fin último del planteamiento de objetivos consiste en conseguir que el jugador tome conciencia de cuál es su situación respecto al objetivo a medio y largo plazo que se ha establecido, de manera que sepa qué pasos debe dar para mejorar sus propias capacidades y que, a su vez, le van a permitir obtener mayores niveles de rendimiento.


10.6. Breves reseñas para mejorar la motivación de los jugadores.
Una de las preguntas que con más frecuencia se formulan los entrenadores en el trascurso de una temporada es la forma en la que pueden hacer que el rendimiento de sus jugadores aumente a partir de mejorar la motivación que tienen. En este sentido, nos parece oportuno introducir algunas consideraciones básicas que ayuden a enfocar estos aspectos que hemos señalado en la introducción teórica del capítulo, de manera que se puedan establecer los principios básicos que sirvan de sustento para realizar un trabajo coherente y riguroso con la plantilla.
Los cuatro aspectos que consideramos básicos a la hora de desarrollar las variables de las que puede disponer el entrenador para mejorar la motivación de su grupo son los siguientes (Sáenz, Ibáñez y Giménez, 1999): el diseño de las tareas de entrenamiento, los materiales de los que se dispone, el comportamiento que tenga el entrenador (su estilo de liderazgo) y los incentivos que ofrezca.

El diseño de tareas

Cuando se trabaja en fútbol resulta frecuente encontrarnos con sesiones de entrenamiento basados en libros que se limitan a describir los 1000 mejores ejercicios sobre la técnica y la táctica aplicados al fútbol y esto, que en un principio podría constituirse en una riqueza por la variabilidad de las potenciales situaciones de entrenamiento que se pueden presentar a los jugadores, acaba por convertirse en algo abstracto porque no se ha captado la esencia del juego y la lógica de la planificación que se quiere presentar.

Un aspecto primigenio será, por lo tanto, el contar con una planificación de los objetivos que se pretenden entrenar durante la temporada de manera que se puedan establecer ejercicios variados que procuren la transferencia posterior al terreno de juego y al momento de la competición. La excelente tesis doctoral del profesor Ruiz Pérez (1993) sobre el papel de la práctica variable en el aprendizaje de las destrezas motrices pone el acento en cómo deben diseñarse los ejercicios de manera que se asegure el máximo aprendizaje posible y, por lo tanto, uno de los trabajos que deberá realizar el entrenador será el establecer un sistema de entrenamientos que le permita obtener buenos resultados en lo que al aprendizaje motor se refiere y, al mismo tiempo, consiga implicar al máximo a los jugadores (condición básica para que se produzca aprendizaje).

Las tareas de entrenamiento, para que puedan ser consideradas como motivadoras, deben cumplir la condición de suponer ciertos retos o desafíos a los jugadores de tal modo que puedan servir para probarse una y otra vez y para mejorar el rendimiento y, por esta razón, la variabilidad de los ejercicios debe estar presente, así como la creatividad de cada uno de los jugadores que con tanta frecuencia se ve limitada cuando se entrenan aspectos técnico-tácticos, dificultando el aprendizaje autónomo y por descubrimiento y no facilitando la toma de conciencia de las variables que afectan a la mejora del rendimiento deportivo.



Los recursos materiales

Contar con recursos materiales suficientes que permitan establecer diferentes situaciones de entrenamiento es una variable que debe ser considerada por todos los entrenadores y por los profesionales del fútbol para fomentar la motivación de los jugadores. En este sentido, es de suponer que en el fútbol de competición existan suficientes recursos económicos como para tener una cantidad suficiente de material deportivo como para hacer las sesiones de entrenamiento motivantes, de manera que a un jugador le resulta atractivo que se empleen y potencien nuevos recursos utilizando materiales diferentes que constituyan nuevas formas de asimilación y de acomodación a las situaciones cambiantes del juego.

Los objetivos de entrenamiento son, de nuevo, los que marcan la lógica de los materiales que se deben utilizar pero profundizar en la gran variedad que existe en la actualidad y en la escasez de nuevos recursos que se utilizan en el fútbol, es una realidad incontestable que quizás nos conduce a la pregunta de cuál es la formación que se proporciona en la actualidad a los entrenadores que les aleja tanto de la perspectiva de la educación física deportiva que encuentra en este punto con uno de sus mayores aliados.

El comportamiento del entrenador

Uno de los principales agentes que regula el fenómeno de la motivación en los jugadores es, sin duda, la figura del entrenador. El rol que posee dentro de la estructura del equipo le hace acreedor de una serie de competencias y de posibilidades de acción que, en definitiva, le hacen ser un privilegiado y al mismo tiempo máximo responsable de esta faceta psicológica que tanta influencia tiene en el rendimiento deportivo.

En la línea de las ideas defendidas por Hernández (1990), al hablar del papel que juegan los profesores en la facilitación de un clima motivacional en el aula, también nosotros podemos inferir que cualquier entrenador debería intentar:



  • Crear un clima de confianza en donde los jugadores se sientan partícipes del equipo y de las decisiones que se toman en su seno. Esto, como es lógico, no quiere decir que el entrenador tenga menos autoridad sino más bien todo lo contrario, de manera que sea capaz de dirigir un grupo deportivo con un nivel motivacional alto que va a permitir la máxima implicación en el trabajo que se desarrolle y, por lo mismo, unos resultados más óptimos.

  • Escucha activa. Una de las habilidades que debe dominar cualquier entrenador es la de saber escuchar a los jugadores que, como es lógico, debe de diferenciarse del simple saber oír. Cuando el entrenador demuestra interés y el jugador comprueba que le ha prestado atención, se facilita que la motivación sea más alta y que se beneficie el rendimiento.

  • Enviar mensajes claros. A menudo, cuando un entrenador habla con un jugador, le envía una serie de mensajes ambiguos o engañosos que pueden generar efectos negativos a medio y largo plazo. Pensemos, por ejemplo, en un joven jugador que cuenta realmente con muy pocas posibilidades de entrar en el equipo y que el entrenador, para tener la plantilla completa y que no se le pueda achacar que no cuenta con la cantera, le dice que tendrá su oportunidad a lo largo de la temporada, que ésta es muy larga y que confía plenamente en él. Según avancen los meses, al comprobar que era incierto, se puede predecir que la motivación del jugador descenderá y que no se explotarán todas las potencialidades que tiene.

  • Un periodo importante para comenzar a estructurar un clima de entrenamiento agradable y de respeto mutuo es la pretemporada. Es en este momento en el que deben establecerse las pautas principales de conducta y las normas que regirán en el desarrollo de la temporada y, en este sentido, es importante que se considere que la aportación de toda la plantilla es un requisito importante para que se pueda obtener su implicación y se puedan asimilar e incluso que, a medio y largo plazo, cuando un compañero las incumpla, sean sus mismos compañeros los que se lo recriminen y esta vía de información no vaya siempre en el sentido entrenador-jugadores.

  • Mostrar los resultados de las pruebas que se aplican, su opinión sincera sobre cómo está evolucionando la temporada y hacerlo, además, a nivel colectivo e individual. En este sentido el capitán, como representante de sus compañeros, debe gozar de la confianza suficiente como para comentar la percepción de la plantilla sobre algunos puntos que se consideren relevantes y que en cualquier grupo humano suelen surgir, de manera que se puedan corregir y modificar si se estima oportuno.

  • Tratar, de manera especial, con los jugadores que atraviesan una situación complicada que puede implicar, desde aquellos a los que disputan pocos minutos en los partidos, hasta los que están atravesando por una lesión, etc.

Los incentivos

Como ya expusimos en el capítulo dedicado a la modificación de conducta, existe una evidente relación que mantiene con la decaída, mantenimiento y/o mejora de la motivación extrínseca e intrínseca. El papel de los incentivos que se pueden proporcionar, ya sea a nivel colectivo o individual, son de muy diferente carácter y pueden resultar de gran utilidad en momentos concretos para mejorar la motivación de los jugadores.

Por incentivos no sólo se deben entender los refuerzos económicos que se le conceden a los equipos, sino que también se engloban los que poseen un carácter más social y afectivo como las alabanzas por una buena actuación o por el esfuerzo y el desgaste realizado en los entrenamientos y partidos, etc. Es pertinente señalar, incluso, que en el fútbol de competición son estos los incentivos que más se necesitan porque, con frecuencia, las necesidades económicas se encuentran satisfechas y, sin embargo, las afectivas no tanto.

10.7. Consideraciones finales

La exigencia cada vez mayor que tiene el deporte de competición provoca, con frecuencia, que se dejen de lado aspectos que resultan de una extraordinaria trascendencia para el rendimiento posterior de los jugadores, uno de los cuales, sin ningún tipo de dudas, es la motivación. El entrenador y el resto del equipo técnico deben colaborar y trabajar para que el clima del grupo sea positivo y favorezca la intensidad en cada ejercicio y competición que se dispute y, para conseguirlo, hay que provocar que todos y cada uno de los deportistas se sientan implicados en el proyecto que se desempeña, estén lo suficientemente valorados por el cuerpo técnico y por sus propios compañeros y, además, tengan la ilusión suficiente como para entregarse al máximo por conseguir sus objetivos individuales y sus propios intereses sin renunciar, por el contrario, a los del equipo como colectivo. El papel del entrenador debe considerarse, por lo tanto, esencial, porque deberá conjugar ambos objetivos, de manera que se facilite el rendimiento posterior.


A lo largo de este capítulo se han presentado varias perspectivas y consecuencias derivadas de la motivación como variable mediadora entre el deportista, el equipo y el rendimiento que se puede obtener, de manera que resulta pertinente entender esta variable como principio básico del entrenamiento psicológico que se puede desarrollar en un equipo y sin la que no se pueden conseguir apenas efectos positivos ni a corto, ni a medio ni a largo plazo. La motivación debe considerarse, por tanto, un requisito imprescindible en el alto rendimiento deportivo, y los múltiples problemas que de ella se derivan deberán tratarse y evaluarse de un modo profesional para establecer las pautas necesarias que salvaguarden los resultados que se pretendan obtener.

PREGUNTAS DE AUTOEVALUACIÓN


  1. ¿Qué interpretas cuando se dice que un deportista “no se encuentra motivado?.

  2. Cita algunas acciones que, a tu modo de ver, puedan perjudicar la motivación de los deportistas por practicar tu deporte.

  3. ¿Qué necesidades básicas tienen los deportistas de competición?.

  4. ¿Qué dimensiones principales consideras que tiene la motivación de logro?.

  5. Desde tu punto de vista, ¿cómo crees que se genera la motivación por evitar el fracaso.

  6. Pon algún ejemplo de deportista motivado hacia el éxito. Justifica tu respuesta.

  7. ¿A qué factores crees que debe atribuirse el fracaso concurrente en varias competiciones, para que la motivación permanezca lo más elevada posible?.

  8. Si fueras el entrenador del deportista/equipo de la pregunta anterior: ¿cómo abordarías la situación?.

  9. ¿Cómo consideras que afecta el dinero a la motivación de los deportistas?.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS



  • ADAMS, J. (1971). “A closed-loop theory of motor learning”. Journal of Motor Behavior, 3, 11-150.

  • ANDERSON, J.R. (1982). “Acquisition of cognitive skill”. Psichological Review, Vol. 89, 4, 369, 406.

  • ANGUERA, M.T. (1988). “Observación de conductas”. En G. Sastre y M. Moreno (Dirs). Enciclopedia Práctica de Pedagogía, Vol I (pp. 349-358). Barcelona. Ed. Planeta.

  • ANGUERA, Mª.T. (1989). Metodología de observación en las ciencias humanas. Madrid. Ed. Cátedra.

  • ANGUERA, M.T., BLANCO, A., LOSADA, J.L. y HERNÁNDEZ MENDO, A. (2000). “La metodología observacional en el deporte: conceptos básicos”. Lecturas: Educación Física y Deportes/ http://www.efdeportes.com/revistadigital. Buenos Aires. Año 5, Nº 24, Agosto de 2000.

  • ANSHEL, M. (1987). Sport psychology: From theory to practice, Scottsdale. AZ, Gorsuch Scarisbrick.

  • APPLEY, M. H. y TRUMBULL, R. (1986). Dynamics of stress. Nueva York, Plenum Press.

  • ATKINSON, J. W. (1964). An introduction to motivation. Princeton: Van Nostrand.

  • ATKINSON, J. W. (1974). “The mainstream of achievement-oriented activity”. En J. W. Atkinson y J. O. Raynor (eds.), Motivation and achievement (pp. 13-41), Nueva York, Halstead.

  • BAKEMAN, R. y DABBS, J.M. (1976). “Social Interaction Observed: Some Approaches to the analysis of Behavior Streams”. PSPB 2, 335-345.

  • BANDURA, A. (1977). “Self-efficacy: Toward a unifying theory of behavioral change”. Psychological Review, 84, 191-215.

  • BANGSBO, J. (1991). “Anaeròbic energi vield in soccer. Performance of young players”. Science y Football. 5, 24-28.

  • BANGSBO, J. (1993). The physiology of soccer with special reference to intense intermittent exercise. August Krogh Institute. University of Copenhage. Denmmark.

  • BANGSBO, J. y MIZUNO, M. (1988). A statical analysis of tactical movement patterns in soccer. Soccer and Football. 114-124. Libros de actas del First World Congress of Science and Football. Liverpool, 1987. T.Reilly; A.Lees; K. Davis; W.J. Murphy (Eds.). E. y F.N. Spon. London. New York.

  • BARBERO, J.C. (1998). “El entrenamiento de los deportes de equipo basado en estudios biomecánicos (Análisis cinemático) y fisiológico (Frecuencia cardiaca) de la competición”. Lecturas: Educación Física y Deportes. Revista Digital. http://www. efdeportes/revista digital. Buenos Aires 3, 11.

  • BARROW, J. (1977). The variables of leadership: A review and conceptual framework”. Academy of Management Review, 2, 231-251.

  • BARTLETT, F.C. (1932). “Remembering: An experimental and social study”. Cambridge University Press, London.

  • BECK, A. T. (1970). “Cognitive therapy: nature and relation to behavior therapy”. Behavior Therapy, 1, 184-200.

  • BECK, A. T. (1976). “Cognitive therapy and the emotional disorders”. New York, International Universities Press.

  • BERNSTEIN, N. (1967). The co-ordination and regulation of movement. New York: Pergamon Press.

  • BERNSTEIN, D. A. y BORKOVEC, T. D. (1973). “Progressive relaxation training: A manual for the helping professions”. Champaign: Research press.

  • BERNSTEIN, D. A. y BORKOVEC, T. D. (1983). Entrenamiento en relajación progresiva. Bilbao. Ed. Desclée de Brouwer.

  • BUCETA, J. Mª., GIMENO, F. y PÉREZ-LLANTADA, M. C. (1994). Cuestionario de Características relacionadas con el Rendimiento Deportivo (CPRD). Universidad Nacional de Educación a Distancia (sin publicar).

  • BUCETA, J.M. (1995). Intervención psicológica en deportes de equipo. Revista de Psicología General y Aplicada, 48, 95-110.

  • CARRASCO, I. (1993). “Terapias racionales y de reestructuración cognitiva”. En F. Labrador et al. (Eds.). Manual de técnicas de modificación y terapia de conducta. Madrid. Ed. Pirámide.

  • CARRON, A. V. & GRAND, R. R. (1982). Team climate questionnaire: Form B. London, Ontario: Faculti of Psysical Education, Un. Of Western Ontario.

  • CASTELO, J. (1999). Fútbol. Estructura y dinámica del juego. Barcelona. Editorial Inde.

  • CHASKIELBERG, H. (2000). “Del entrenador al líder deportivo”. En http://www.efdeportes.com/ revista digital. Buenos Aires, año 5, nº 20.

  • CAUTELA, J. R. y WISOCKI I. A. (1977). “The thought stopping procedure: description, application and learning theory interpretation”. The Psychological Record, 2, 255-264.

  • CHELLADURAI, P. (1978). “A contingency model of leadership in athletics”. Tesis doctoral no publicada, Department of Management Sciences, University of waterloo, Canadá.

  • CHELLADURAI, P. (1990). “Leadership in sports: A review”. International Journal of Sport Psychology, 21, 328-354.

  • CHELLADURAI, P. y SALEH, S. D. (1978). “Preferred leadreship in sports”. Canadian Journal or Applied Sport Sciences, 3, 85-92.

  • CONNOLLY, K. (1977). “The nature of motor skill development”. Journal of Human movement studies, Vol. 3, 3, 128-143.

  • CORBIN, C. B., NIELSEN, A. B., BORDSDORF, L. L. & LAURIE, D. R. (1987). "Commitment to physical activity". International Journal of Sport Psychology, 18, 215-222.

  • CRATTY, B. J., Motricidad y psiquismo en la educación y el deporte, Valladolid, Miñón, 1979.

  • CRATTY, B. J. (1973). Teaching motor skills. Prentice-Hall, New Jersey.

  • DEL VALLE, S. (1999). La autorregulación de una acción motriz: el equilibrio invertido. Tesis doctoral no publicada. Facultad de Psicología. Madrid: U.A.M.

  • DE LA VEGA, R., (1999). Tesina de Investigación "Reflexión sobre la acción motriz en el golpeo con el interior en fútbol". (Pendiente de publicación).

  • DE LA VEGA, R., MORENO, A. (2000). "El proceso de reflexión y toma de conciencia como herramienta facilitadora del rendimiento en el fútbol". INFOCOES,1, 28-58.

  • DEL BARRIO, V. (1995). “Evaluación de las características psicopatológicas”. En Fernández-Ballesteros, R. Introducción a la Evaluación Psicológica II. Madrid. Ed. Pirámide.

  • DUDA, J. L. (1981). “A cross-cultural analisis of achievement motivation in sport and the classroom”. Unpublished doctoral dissertation, University of Illinois, Urbana.

  • DUDA, J. L. (1989). "Relationship between task and ego orientation and the perceived of sport among high school athletes". Journal of Sport & Exercise Psychology, 11, 318-335.

  • DUDA, J. L. y NICHOLLS, J. G. (1989). “The task and Ego Orientation in Sport Questionnaire: Psychometric properties”. (cit. en G. C. Roberts: Motivación en el deporte y el ejercicio. Bilbao: D.D.B., 1995).

  • DUFOUR, W. (1982a). Los métodos de objetivación del comportamiento motor en la recogida de datos en fútbol. Comunicación presentada en el I Congreso Mundial de Ciencias Biológicas aplicadas al Fútbol. Barcelona.

  • DUFOUR, W. (1989). "Les techniques d’observation du comportament Moteur ». E.P.S. 217, 68-73.

  • DUFOUR, W. (1993). “Computer-assited scouting in soccer”. Science and Football II. 160-166. Libros de actas del Second World Congress of Scinece and Football. Eindhoven, Netherlands, 1991. R. Reilly; J. Clarys y A. Sibbe (Eds.). E. y F.N. Spon. London.

  • DUFOUR, W. y VERLINDEN, M. (1993). Project CASMAS (Computer Assisted Scouting Match Analysis System). Vrije Univesiteit Brussel (sin publicar).

  • EKBLOM, B. (1986). “Applied physiology of soccer”. Sports medicine. 3, 50-60.

  • ELLIS, A. (1962). Reason and emotion in psychotherapy. Nueva York, Lyle Stuart.

  • ELLIS, A. (1973). Humanistic Psychotherapy: The Rational-Emotive Approach. Nueva York: McGraw-Hill.

  • ELLIS, A. (1975). Handbook of rational emotive therapy (RET). New York, Springer, 1977.

  • FAINA, M. ; GALLOZZI, C. LUPO, C. y LUPO, S. (1986). La resistenza nei giochi di squadra. Aspetti fisiologici. Insituto di Scienza dello Sport. Roma

  • FAMOSE, J. P. y DURAND, M. (1988). Aptitudes et performance motrice. Editions EPS. París.

  • FERNÁNDEZ-BALLESTEROS, R. (1991). “Anatomía de los autoinformes”. Evaluación Psicológica/ Psychological Assestement, 7, 263-291

  • FERNÁNDEZ-BALLESTEROS, R. (1995). Introducción a la evaluación psicológica I. Madrid. Ed. Pirámide.

  • FRADUA, L. (1997). La visión de juego en el futbolista. Barcelona. Ed. Paidotribo.

  • FROHLICH, D. M. (1985). The adquisition of enviromental control in movement organization. Tesis doctoral no publicada. University of Sheffield, G. B.

  • GARCÍA MORA, R. (1996). Módulo 4.4. Técnicas de control de la imaginación y de la atención. Máster de Psicología del Deporte y de la Actividad Física (UAM-COE).

  • GILL, D.L. (1986). Psychological dynamics of sport. Champaing, Illinois: Human Kinetics.

  • GIMENO, F., BUCETA, J. Mª. y PÉREZ-LLANTADA, M. C. (1999). “El cuestionario de “Características Psicológicas relacionadas con el Rendimiento Deportivo” (CPRD): características psicométricas”. En López, Pérez-Llantada y Buceta: Investigaciones breves en psicología del deporte.Editorial Dykinson: Madrid.

  • GONZÁLEZ, J. L. (1992). Psicología y deporte, Madrid, Ed. Biblioteca Nueva.

  • GONZÁLEZ, J. L. (1996). El entrenamiento psicológico en los deportes. Madrid. Editorial Biblioteca Nueva.

  • GONZÁLEZ, J. L. (2001). La función del psicólogo en el deporte. Módulo 1.1. Máster de Psicología del Deporte (UAM-COE).

  • GOLDFRIED, M. R. (1977). “The use of relaxation and cognitive restructuring as coping skills”. En R. B. Stuart (ed.) Behavioral selfmanagement. New York. Ed. Brunner & Mazel.

  • GOULD, D. y KRANE, V. (1992). “The arousal-athletic performance relationship: Current status and future directions”. En T. Horn (ed.) “Advances in sport psychology” (pp. 119-141), Champaign IL, Human Kinetics.

  • GOULD, D. y UDRY, E. (1994). “Psychological skills for enhancing performance: Arousal regulation strategies”. Medicine and Science in Sports y Exercise, 26 (4), 478-485.

  • GRANERO, P. (1994). “Los requerimientos energéticos del jugador de fútbol”. El entrenador español. 61, 36-48.

  • GRÉAHAIGNE, J.F. (1989). "Valoración del fútbol en juego reducido, y en partido 11 contra 11”. Revista de Educación Física. 27, 15-18.

  • GRÉAHAIGNE, J.F. (1990). « Analyse des mouvements collectifs précédant un but en football ». Science et motricité. 13, 27-38.

  • GRÉAHAIGNE, J.F. (1991). "A new method of goal analysis”. Science y Football. 5, 10-16.

  • GROSGEORGE, B. (1990). “Observation et Entrenaiment en sports collectifs ». INSEP Publications. París.

  • GÓMEZ, J.C. (1992). “Análisis de las interrupciones del juego en los partidos de fútbol”. El entrenador español. 52, 40-42.

  • HANIN, Y. L. (1980). “A study of anxiety in sports”. En W. F. Straub (ed.), Sport psychology: An analysis of athletic behavior (pp. 236-249). Ithaca, NY, Mouvement.

  • HANIN, Y. L. (1986). “ State trait anxiety research on sports in the URRS”. En C.D. Spielberger y R. Díaz Guerreo (eds.). Cross-cultural anxiety (vol. 3, pp. 45-64), Washington, DC, Hemisphere.

  • HARDY, L. (1990). “A catastrophe model of performance in sport”, en J. g. Jones y L. Hardy (eds.), Stress and performance in sport, pp. 81-106, Chichester, Inglaterra, Wiley.

  • HEIDER, F. (1958). The psychology of interpersonal relations. New York: Wiley.

  • HERNÁNDEZ DE LA TORRE, E. (1990). “La disciplina y el ambiente de clase”. En Marcelo, C. (Dir.). El primer año de enseñanza. G.I.D. Sevilla, pp. 237 280.

  • HERNÁNDEZ, J. M. (1999). “Técnicas de control del pensamiento y de la motivación”. Módulo 4.3. del Máster de Psicología del Deporte (UAM-COE).

  • HEWSTONE, M., y ANTAKI, C. (1988). “Attribution theory and social explanations”. En M. Hewstone, W. Stroebe, G.M. Stephenson y J.P. Codol (ed.). Introduction to social psychology: A european perspective. Oxford: Basil Blackwell. (trad. cast.: Introducción a la psicología social: una perspectiva europea. Barcelona: Ariel, 1990).

  • HINTON, G. E. (1981). “Implementing semantic networks in paralell hardware”. En G.E. Hinton y J. A. Anderson (Comps.), Parelell models of associative memory , 161-188. Hillsdale, New Jersey: Erlbaum.

  • HORN, T. S. (1984). “Expectancy effects in the interscholastic athletic setting: Methodological considerations”. Journal of Sport Psychology, 6, 60-76.

  • JACOBSON, E. (1938). Progressive relaxation. Chicago, University of Chicago Press.

  • JONES, E. E. y NISBETT, R. E. (1972). “The actor and the observer; Divergent perceptions of causes of behavior”. En E. E. Jones, D. E. Kanouse, H. H. Kelley, R. E. Nisbett, S. Valins y B. Weiner. “Attribution: Perceiving the causes of behavior”. Morristown, New Jersey: General Learning Press. 79-94.

  • KARMILOFF-SMITH, A. (1994). Más allá de la modularidad. Madrid. Ed.Alianza.

  • KATZ y KANT (1989). Citados en González, J. L. “Los grupos deportivos”. Master Universitario en Psicología del Deporte. (U.A.M-C.O.E).

  • KEER, J. H. (1985). “The experience of arousal: A new basis for studying arousal effects in sport”. Journal of Sport Sciences, 3, 169-179.

  • KEOGH, J. y SUGDEN, D. (1985). Movement skill development. New York. Ed. McMillan.

  • KNOWLES, J.E. y BROOKE, J.D. (1974). A movement analysis of player behavior in soccer math performance. Comunicación presentada en 8 th Conference of the British Society of Sports Phychology. Salford.

  • LABRADOR, F. J. (1992). El estrés. Madrid: Temas de Hoy.

  • LACOUR, J.R. (1982). Aspects physiologiques du football. 1er Congrés mondial des sciences biologiques appliquées au football. Barcelona.

  • LE SCANFF, C. (1990). Approche théorique et experimentale de ka sophrologie et des états modifiés de conscience, thèse de Doctorar STAPS (option sciences humaines). Université Paris V.

  • LE SCANFF, C. y BERTSCH, J. (1999). Estrés y rendimiento. Barcelona. Ed. Inde.

  • LITTMAN, R.A. (1958). “Motives: History and causes.” En M. R. Jones (ed.), Nebraska Symposium or Motivation, (Vol.6). Lincoln: Nebraska University Press.

  • LOEHR, J. E. (1990). El juego mental, Madrid, Ed. Tutor.

  • LUHTANEN, P. (1988). "Relationships of video observation of individual techniques used in soccer.” Science and Football. 356-360. Libros de actas del first World Congress of Science and Football. Liverpool, 1987. T. Reilly; A. Lees; K. Davis y J. Murphy (Eds.). E. y F.N. Spon. London. New York.

  • LUHTANEN, P. (1993). “A statistical Evaluation of offensive actions. Soccer at World Cup level in Italy 1990”. Science and football II. 215-220. Proceedings of th Second World Congress of Science and football. Eindhoven. Neteherlands, 1991. T. Reilly, J. Clarys y A. Stibbe (Eds.). E. y F.N. Spon. London.

  • MADRUGA, J. L. Y LACASA, P. (1997). “El desarrollo de la memoria: estrategias y conocimiento”. En García Madruga, J. A y Pardo de León, P. (Eds.). Psicología evolutiva. Tomo II. Madrid: UNED, 1997.

  • MANDLER, G. y SARASON, S. B. (1952). “A study of anxiety and learning”. Journal of Abnormal and Social Psychology, 47, 166 – 173.

  • MARTENIUK, R. G. (1976). Information processing in motor skills. Holt, Rinehart and Winston, New York.

  • MARTENS, R. (1977). “Sport Competition Anxiety Test”. Champaign, IL: Human Kinetics.

  • MARTENS, R. (1987). Coaches guide to sport psychology. Champaign, IL, Human Kinetics.

  • MARTENS, R. (1989). El entrenador. Madrid, Ed. Hispano Europea.

  • MARTIN, G. L. y LUMSDEN, J. (1987). Coaching: An effective behavioral approach. St. Louis, Times Mirror Mosby.

  • MARTIN-ALBO, J. (1998). “La motivación en los deportes de equipo: análisis de las motivaciones de inicio, mantenimiento, cambio y abandono. Un programa piloto de intervención”. Tesis doctoral no publicada. Universidad de Las Palmas de Gran Canarias.

  • MARTÍN-ALBO, J. (2000). “La motivación en los deportes de equipo: análisis de las motivaciones de inicio, mantenimiento, cambio y abandono. Un programa piloto de intervención”. En http://www.efdeportes.com/Revista Digital. Buenos Aires, año 5, nº 24.

  • MARTINEK, T. y JOHNSON, S. (1979). “Teacher expectations: Effects on dyadic interactions and self-concept in elementary age children”,. Research Quarterly, 50, 60-70.

  • MEICHENBAUM, D. (1977). Cognitive-behavioral modification. New York. Ed. Plenum Press.

  • McCLELLAND, D. (1958). “Methods of measuring human motivation.” En J. W. Atkinson (Ed.) Motives in fantasy, actino and society. Princeton: Van Nostrand.

  • McCLELLAND, D. (1961). The achieving society, Nueva York, free Press.

  • MORENO, M.I., PINO, J (2000). “La observación en los deportes de equipo”. Lecturas: Educación Física y Deportes/ http://www.efdeportes.com/revistadigital. Buenos Aires. Año 5, Nº 18, Febrero de 2000.

  • MORILLA, M. Y ARRANZ, J. (1996). “La utilidad de las hojas de registro en el fútbol”. Revista El Entrenador Español, 68; 36-47.

  • MURRAY, H.A. (1938). Explorations in personality, Nueva York, Oxford University Press.

  • NEWELL, N. M. y BARCLAY, C. R. (1982). “Developing knowledge about action”. En J.A.S. Kelso y J.E. Clark (Ed.). The development of movement control and co-ordination. New York: John Wiley and sons.

  • NIDEFFER, R. M. (1976). “Test of attentional and interpersonal style”. Journal of Personality and Social Psychology, 34, 394-404.

  • NIDEFFER, R. M. (1980). “Attentional Focus-Self-Assessment”. En Suinn, R. Psychology of Sports Methods and aplications. Burgess Publishing Company Mineapolis. Minesota. (281-290).

  • NORMAN, D. A. y BOBROW, D. G. (1975). “Sobre el papel de los procesos activos de la memoria en la percepción y en la cognición”. En CH. N. Cofer (Comp.). Estructura de la memoria humana. Barcelona: Omega, 1979.

  • NORMAN, D. A. Y SHALLICE, T. (1980). Attention to action: Willed and automatic control of behavior. Center for Human Information and Processing. University of California, San Diego.

  • OHASHI, J.; TOGARI, J. ISOKAWA, M. y SUZUKI, S. (1988). “Measuring movement speeds nad distnaces covered during match play”. Sciencie and Football. 329-333. Libros de actas del Second World Congress of Science and Football. Liverpool, 1987. T. Reilly, A. Lees; K. Davis y W.J. Murphy (Eds.). E. y F.N. Spon. London. New York.

  • OHASHI, J.; ISOKAWA, E. NAGAHAMA, H. y OGUSHI, T. (1993). “The rato of physiological intensity of movement during soccer match play”. Science and football II. 124-128. Libros de actas del Second World Congress of Science and Football. Eindhoven. Netherlands, 1991. T. Reilly, J. Clarys y A Stibbe (Eds.). E. y F.N. Spon. London.

  • ORLICK, T. (1980). In pursuit of excellence. Champaign, IL: Human Kinetics.

  • ORLICK, T. (1986). Psyching for sport: Mental training for atheletes,.Champaign, IL., Lesisure Press.

  • OXENDINE, J. B. (1970). “Emotional arousal and motor performance”. Quest, 13, 23-32.

  • PÉREZ, G. (1995). “Planes de competición”. Revista de Psicología General y Aplicada, 48 (1), 77-94.

  • PEW, R. (1974). “Human perceptual-motor performance”. En B.H. Kantowitz (Ed.). Human information proccessing. John Wiley and sons, New York.

  • PIAGET, J. (1939/1985). El nacimiento de la inteligencia en el niño. Barcelona Ed. Crítica.

  • PINO, J. O. (1999). “Desarrollo y aplicación de una metodología observacional para el análisis descriptivo de los medios técnico-tácticos del juego en fútbol”. Tesis Doctoral. Universidad de Extremadura.

  • PINO, J. O. (2000). “Análisis de la dimensión tiempo a nivel reglamentario en fútbol”. http://www.efdeportes.com/revista digital. Buenos Aires, año 5, nª22.

  • PINO, J. O. ; MARTÍN, J. Ó. ; LÓPEZ, R. ; VEGAS, G. y CASIMIRO, F. M. (1999). “Propuesta de análisis de la actuación defensiva ante oponente directo en pases laterales en fútbol”. Training fútbol. 36, 10-15.

  • PINO, J. O. Y MORENO, Mª. I. (2000). La observación en los deportes de equipo. Lecturas: Educación Física y Deportes. http://www.efdeportes.com/ revista digital. Buenos Aires, año 5, nº 18.

  • PUGA, N.; RAMOS, J.; AGOSTINHO, J.; LOMBA, I. y COSTA, O. (1993). “Physiological profile of a 1st division portuguese professional football team”. Science and Football II. 40-41. Libros de actas del Second World Congress of Science and Football. Eindhoven. Netherlands, 1991. T. Reilly, J. clarys y A. Stibbe (Eds.). E. y F.N. Spon. London.

  • REEP, C. y BENAJAMÍN, B. (1968). “Skill and chance in association football”. Journal of teh royal statistical society. Series A, 131. 581-5.

  • REILLY, T. y THOMAS, V. (1976). “A motion analysis of work-rate in different positional roles in professional football match-play”. Journal of human movement studies. 2, 87-97.

  • RIVOLIER, J. (1999). “El estrés: datos biológicos y cognitivos” (pp. 15-26). En Le Scanff, C. Y Bertsch, J. (1999). Estrés y rendimiento. Barcelona. Ed. Inde.

  • ROBERTS, G. C. , ALLISON, M. T. , GREENDORFER, S. L., SPINK, K. S. y KOEHLER, L. S. (1979). “Social Science of Play, Games and Sport: Learning Experiences”. Human Kinetics Publisher, Inc. Champaign, IL.

  • ROBERTS, G. C. (1995). “Motivación en el deporte y el ejercicio”. Ed. Descleé de Brouewr. Bilbao.

  • ROBERTS, G. C. (1989). “When motivation matters: The need to expand the conceptual model”. In J.s. Skinner, C.B. Corbin, D.M. Landers, P.E. Martin, & C. L. Wells (Eds.), Future directions in exercise and sport sciences (pp. 71-83). Champaign, IL: Human Kinetics.

  • ROFFÉ, M. (1999). “Psicología del jugador de fútbol: Con la pelota hecha cabeza”. Lugar Editorial: Buenos Aires. Argentina.

  • ROFFÉ, M.; FENILI, A. y GISCAFRÉ, N. (2003). “Mi hijo el campeón. Las presiones de los padres y el entorno”. Buenos Aires. Lugar Editorial.

  • ROSENTHAL, R. y JACOBSON, L. (1968). Pygmalion in the classroom: Teacher expectations and pupil´s intelectual development. Nueva York, Holt, Rinehart & Winston.

  • ROSS, L. D., AMABILE, T. M. y STEINMETZ, J. L. (1977). “Social roles, social control, and biases in social-perception processes”. Journal of Personality and Social Psychology, 35, 485, 494.

  • RUMELHART, D. E. (1980). “Schemata: The building blocks of cognition”. En Spiro y otros (Eds.). Theoretical Issues in Reading Comprehension. New Jersey: L.E.A.

  • RUMELHART, D. E. y Mc CLELLAND, J. L. (1992). “Introducción al Procesamiento Distribuido en Paralelo”. Madrid: Alianza Psicología.

  • RUIZ PÉREZ, L. M. (1992). Competencia motriz, conocimiento sobre las acciones y adquisición de habilidades en la infancia. Congreso Nacional "La Educación Física y el Deporte del siglo XXI", COPLEF. Madrid.

  • RUIZ PÉREZ, L. M. (1993). El papel de la práctica en el desarrollo de la competencia motriz infantil: la hipótesis de la variabilidad. Tesis Doctoral no publicada. Madrid: U.A.M.

  • RUIZ PÉREZ, L. M. (1994). Deporte y aprendizaje, procesos de adquisición y desarrollo de habilidades. Madrid: Aprendizaje Visor.

  • RUIZ PÉREZ, L. M. (1995). Concepciones cognitivas del desarrollo humano. Rev. de Psicología General y Aplicada, 1995, 48 (1), 47-57.

  • SAENZ, P.; IBÁÑEZ, S. J. y GIMÉNEZ, F. J. (1999). “La motivación en las clases de Educación Física”. En www.efdeportes.com. Revista digital. Año 4, nº 17. Buenos Aires  

  • SAGE, G. H. (1977). Introduction to motor behavior: A neuropsychological approach (2ª ed.), Reading, MA, Addison-Wesley.

  • SANCHEZ BAÑUELOS, F., (1986). Bases para una didáctica de la educación física y el deporte, Madrid, Gymnos.

  • SANTOS, B.S. (1995). “A ciência e a universidade”. Visâo, 30, 11-95.

  • SELYE, H. (1976). The stress of life. Nueva York. Ed. McGraw Hill.

  • SILVA, F. (1989). Evaluación Conductual y Criterios Psicométricos. Madrid. Ed: Pirámide.

  • SCHANK, R. C. Y ABELSON, R. (1977). Scripts, plans, goals and understanding. Hillsdale, N. J.: L.E.A. (Trad. Cast.,: Guiones, Planes, Metas y Entendimiento. Barcelona: Paidós, 1987).

  • SCHMIDT, R. A. (1975). “A schema theory of discrete motor skill learning”. Psychological Review, 82, 225-260.

  • SCHMIDT, R. A. (1976). “The schema as a solution to some persistent problems in motor learning”. G. E. Stelmach (Ed.). Motor Control: Issues and trends. London: Academic Press.

  • SCHMIDT, R. A. (1976/1982). Motor Control and learning. A behavioral emphasis. (2ª Ed.). Champaign: Human Kinetics.

  • SCHMIDT, R. A. (1982 b). “The schema concept”. En J. A. S. Kelso (Ed.). Human Kinetics Publications, Champaign II.

  • SCHULTZ, J. H. (1932). Das autogene Training Konzentrative Selbstenspannung. Stuttgart. Ed. Georg Thiene Verlag.

  • SCHULTZ, J. H. (1987). El entrenamiento autógeno. Autorrelajación Concentrativa. Barcelona. Ed. Científico-Médica.(4ª ed.).

  • SCHULTZ, J.H. y LUTHE, W. (1959). Autogenic Training: A Psychophysiologic Approach to Psychotherapy. Nueva York: Grune & Stratton.

  • SILVA, F. (1989). Evaluación conductual y criterios psicométricos. Madrid. Ed. Pirámide.

  • SMITH, R. E., SMOLL, F. E. y HUNT, E. (1977). “A system for the behavioral assessment of athletic coaches”. Research Quarterly, 48, 401-407.

  • SMITH, R. E., SMOLL, F. E. y CURTIS, D. (1979). “Coach effectiveness training: A cognitive-behavioral approach to enhancing skills in youth sport coaches”. Journal of Sport Psychology, 1, 59-75.

  • SORIANO, Mª.J. (1999). “Análisis factorial de los elementos del cuestionario CASI-2”. En López, A.; Pérez-Llantada, Mª.; Buceta, J.Mª. Investigaciones breves en psicología del deporte. Madrid: Editorial Dykinson.

  • SPENCE, J. T. y SPENCE, K. W. (1966). “The motivational components of manifest anxiety: Drive and drive stimuli”. En C.D. Spielberger (ed.), Anxiety and behavior, Nueva York, Academic Press.

  • SPIELBERGER, C.D., GORSUCH, R. y LUSHINE, R. (1970). The state-trait anxiety inventory. Palo Alto, CA: Psychologist Press (versión en castellano, Madrid: TEA).

  • SUAREZ, R. (1999). “Fiabilidad de las escalas del cuestionario SCAT”. En López, A.; Pérez-Llantada, Mª.; Buceta, J.Mª. Investigaciones breves en psicología del deporte. Madrid: Editorial Dykinson.

  • TALAGA, J. (1983). "Evaluation de l’activité du joueur de football et son importance dans la practique ». Teaching team sports int. Congress. Rome. 363-371.

  • TUMULTY, D. (1993). “Physiological characteristics of elite soccer players”. Sports Medicine. 16, 2, 80-96.

  • VEALEY, R.S. (1986). "Conceptualization of sport confidence and competitive orientation: Preliminary investigation and development". Journal of Sport Psychology, 8, 221-246.

  • VAN GOOL, D.; VAN GERVEN, D. y BOUTMANS, J. (1988). “The physiological and imposed on soccer player during real match play”. Science and Football. 51-59. Libros de actas del First World Congress of Science and Football. Liverpool, 1987. T. Reilly; A. Lees, K. Davis y W.J. Murphy (Eds.). E. y F.N. Spon. London. New York.

  • VAN ROSSUM, J. H. A. (1987). Motor development and practice: The variability hypothesis in perspective. Amsterdam: Free University.

  • WALL, A. (1986). “A knowledge-based approach to motor acquisition”. En M. G. Wade y H. T. A. Whiting (eds.). Motor development in children: aspects of coordination and control. Amsterdam: Martinus Nijhoff.

  • WALL, A., Mc CLEMENTS, J. BOUFFARD, M. FINDLAY, H. Y TAYLOR, M. J. (1985). “A knowledge-based approach to motor development: implications for the physically award”. Adapted Physical Activity Quarterly, 2, 21-42.

  • YAMANAKA, K. y LIANG, D.Y. y HUGHES, M. (1994). “An analysis of playing patterns in the final asian qualifying match of the 1994 World Cup for soccer”. Libros de actas del Third World Congress of Science and Football, 221-228. T. Reilly; J. Bangsbo y M. M. Hughes (Eds.). E. y F.N. Spong. London.

  • WATSON, D. (1982). “The actor and the observer: how are their perceptions of causality diferent?”. Psychological Bulletin, 92, 682-700.

  • WEINER, B. (1972). Theories of motivation: From mechanism to cognition. Chicago: Markham.

  • WEINER, B. (1985). “An attribution theory of achievement motivation and emotion”. Psychological Review, 92, 548-573.

  • WEINBERG, R. S., GOULD, D. y JACKSON, A. Cognition and motor performance: Effect psyching-up strategies on three motor task, Cognitive Therapy and Research, 1980, 4, 239-245.

  • WHITEHEAD, E.N. (1975). “Conditioning for sport”. E.P. Publising Co. Ltd. Yorkshire.

  • WITHERS, R.T.; MARICIC, Z.; WASILEWSKI, S. y KELLY, L. (1982). “Match analysis of Australian professional soccer players”. Journal Movement Studies. 8, 159-176.

  • ZANDER, A. (1972). Tomado del Máster en Psicología del Deporte (UAM-COE). Módulo 3.2. “Los grupos deportivos”.

  • ZAJONC, R. B. (1965). “Social facilitation”. Science, 149, 269-274.

ANEXO




MASTER UNIVERSITARIO EN ALTO RENDIMIENTO DEPORTIVO









SEGUNDO CURSO



MODULO 3.7.



LA PREPARACIÓN PSICOLÓGICA DEL DEPORTISTA Y EL ENTRENADOR: PLANIFICACIÓN
Profesor:
Ricardo de la Vega Marcos

══════════════════════════════════════════════════



TRABAJO

══════════════════════════════════════════════════



DATOS DEL ALUMNO:

APELLIDOS
NOMBRE
PROMOCIÓN



TRABAJO A REALIZAR



Para el trabajo final del módulo se ofrecen dos alternativas, con la finalidad de que pueda escoger aquella que se ajuste más a sus intereses profesionales.


Opción A. Análisis de las preferencias en la toma de decisiones




Objetivo. Aplicar las principales habilidades psicológicas básicas al entrenamiento de la especialidad deportiva preferida.


Procedimiento





  1. Escoger un deporte.

  2. Analizar en qué aspectos tiene más cabida el entrenamiento psicológico.

  3. Imaginar una situación en la que se pueda utilizar el entrenamiento psicológico con el equipo o con los deportistas.

  4. Aplicar cada una de las habilidades psicológicas básicas presentadas en el módulo en una programación de entrenamiento.

  5. Diseñar un entrenamiento, aplicado al campo, para la mejora de la H.P.B. que prefieras.


Díscusión de los resultados Razonar la práctica realizada y las principales limitacioes que hayas encontrado.

Extensión del trabajo: El trabajo, al margen de los anexos, no deberá exceder en más de 20 hojas.

Opción B. Análisis de las preferencias en la toma de decisiones




Objetivo. Analizar y aplicar uno de los autoinformes analizados en el módulo.
Participantes Seleccionar de 15 a 20 (un equipo ) deportistas. A ser posible, se seleccionarán con la condición de que les conozcamos previamente.
Instrumentos Seleccionar uno de los cuestionarios analizados en el módulo.


Procedimiento Se aplicará el cuestionario a los participantes seleccionados.




Análisis Analizar los resultados encontrados y compararlos con las ideas previas que se tenían sobre los deportistas.



Díscusión de los resultados Razonar los resultados a la luz de lo estudiado y de lo encontrado.

Presentación del trabajo: Como una anexo del trabajo se presentará una tabla en la que se expongan los valores obtenidos por cada deportista en la prueba.

Extensión del trabajo: El trabajo, al margen de los anexos, no deberá exceder en más de 15 hojas.





1 Por zona de influencia entendemos aquél espacio del campo de fútbol que es susceptible de participar, de forma activa, en el desarrollo de la acción de juego que se esté desarrollando. Da lugar, por lo tanto, a la consideración de dos tipos de jugadores: los que se encuentran dentro de esta zona de influencia (por ejemplo un delantero cuando se realiza un contraataque), y los que se encuentran fuera (por ejemplo, el portero cuando el balón la jugada se desarrolla en la zona de finalización del equipo atacante).

2 Estos informes deben tomarse con mucha precaución, debido a que debe conocerse con detenimiento cómo se consiguieron, bajo qué condiciones, qué pruebas concretas se pasaron, etc. De no ser así la interpretación puede generar expectativas incorrectas, efecto contrario al que en un primer momento habíamos buscado.

3 Nos referimos nuevamente al peligro de "encasillar" a un jugador en función de los informes recibidos sobre él (ya sean de naturaleza física, técnica, táctica, psicológica, etc.).

4 Al hablar de actuación englobamos no sólo la conducta manifiesta, sino también las emociones y los pensamientos que provoca la información en el sujeto/deportista.

5 Lógicamente, esta comunicación grupal incluye la interpersonal, pero puede ser clarificador establecer su separación porque las intenciones del emisor son las de ejercer influencia sobre un número amplio de personas, lo que necesariamente no tiene por qué ser así en la comunicación interpersonal.

6 Al mismo tiempo, el carácter marcadamente técnico de este instrumento nos sirve para llamar la atención nuevamente de los psicólogos profesionales que trabajan en el fútbol sobre la necesidad de formarse y de poseer una buena base del deporte en el que se trabaja, de modo que si ésta no se posee será muy difícil realizar una labor coherente y útil.

7 Esta categoría no la hemos incluido en el juego ofensivo por considerar que las demás nos aportan una información suficiente sobre esos aspectos, si bien es cierto que en función del puesto de juego y de las características de la situación, puede resultar pertinente su inclusión en el código.

8 En este ejercicio cada jugador debe decir antes de recibir el balón, el nombre del compañero desmarcado que ha ocupado un espacio libre, al que desea pasar el balón.

9 En este ejercicio se debe realizar un recorrido con varios giros a la vez que un compañero persigue al jugador una vez que ha alcanzado determinada distancia.

10 En este ejercicio el jugador debe golpear el balón a un objetivo concreto que el entrenador especifica, en este caso el jugador central de una barrera estática.

11 En este sentido parece importante destacar la existencia de los tres mecanismos presentes en la realización de acciones motrices: el de percepción, el de toma de decisiones y el de ejecución.

12 Para una revisión en profundidad de los aspectos biológicos relacionados con el estrés, remitimos a Rivolier (1999) y a Appley y Trumbull (1986).

13 Diario As. Viernes 25 de enero de 2002. pág..4

14 Está claro también que estamos haciendo referencia a un deporte complejo como es el fútbol en donde la variabilidad de situaciones y acciones de juego en función de la demarcación, de las habilidades técnicas, tácticas y psicológicas, traducen una riqueza impresionante de potenciales situaciones de trabajo.

15 Merece la pena abrir un debate en este momento sobre la importancia de trabajar de forma tan específica que nos centremos en situaciones muy concretas y dejemos de lado aquellas un poco más generales o más amplias. Es un debate que incumbe al trabajo en imaginación, también a otras técnicas psicológicas básicas como puede ser el control de la atención, y que sería importante abordar en algún momento.

16 No es que descartemos el trabajo con la imaginación de aspectos más marcados por un origen físico, sino que nos parece más apropiado centrarnos en la segunda de las fuentes mencionadas en tanto que se corresponde con una línea más psicológica.

17 Con esto tampoco estoy haciendo referencia a que haya que sobrecargar el sistema de información del jugador, pero sí a que preste atención a estímulos decisivos y relevantes para la representación mental que está realizando.

18 En este sentido debo realizar dos afirmaciones: la primera alude a la importancia de llevar el entrenamiento al ámbito real de juego, es decir, a la competición, de no ser así el trabajo realizado será infructuoso. La segunda hace referencia a la importancia de establecer diferentes evaluaciones de seguimiento para asegurarnos que el proceso se está cumpliendo con éxito.

19 Merece la pena destacar en este aspecto si cabe más que nunca, la importancia de la especificidad de la intervención y el esencial aporte que el dominio de la relajación tiene para obtener los resultados esperados.

20 Resulta para el propio jugador sorprendente el hecho de comprobar como su rendimiento ha aumentado de manera considerable como consecuencia de la maximización de sus recursos psicológicos personales.



Compartir con tus amigos:
1   ...   24   25   26   27   28   29   30   31   32


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos