Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico


Tabla 6.4. Frecuencia de las acciones del juego en función de su intensdad



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Tabla 6.4. Frecuencia de las acciones del juego en función de su intensdad.

(Basado en Pino, 2001).
Como se puede comprobar por los datos presentados, el tiempo total que pasa un jugador en situación de baja intensidad o parado es muy elevado, superando más de la mitad del tiempo total del partido, lo que pone de manifiesto la importancia que tiene el control de las variables psicológicas en todo este intervalo que se antoja esencial para la obtención del máximo rendimiento deportivo, de manera que puede esperarse que aquél jugador que sea más capaz de mantener la concentración y su nivel de activación adecuado en todos estos momentos y fases por los que atraviesa un partido, estará facilitando que en los momentos posteriores de mayor intensidad y participación obtenga mejores resultados que aquél jugador que no domina estas destrezas psicológicas básicas.


  1. La frecuencia cardiaca. Si profundizamos, aunque tan solo sea de forma breve, en la importancia de este indicador interno para todo psicólogo deportivo, nos daremos cuenta que conocer en qué medida un jugador de fútbol realiza un esfuerzo cardíaco de una mayor o menor intensidad, nos ofrece algunos indicios destacables para el conocimiento del control y dosificación del esfuerzo que ese mismo jugador está ejerciendo sobre su propio organismo. Es de sobra conocida la relación que existe entre nivel de activación y tasa cardiaca en sus dos vertientes esenciales: el arousal fisiológico y la activación cognitiva.

Si partimos, por lo tanto, de la línea base establecida sobre la frecuencia cardiaca del jugador en una serie de ejercicios, podremos contrastarla (siempre y cuando sigamos una metodología rigurosa y seria), con los valores encontrados en momentos posteriores en los que le añadimos al jugador una cierta presión psicológica. En el capítulo dedicado al entrenamiento de habilidades psicológicas básicas, haremos referencia a este tipo de trabajo y a las variables con las que podemos trabajar para igualar al máximo las condiciones de presión que se producen en un partido.


  1. Lactacidemia. Como ya sabemos (Ekblom, 1986), una información importante que nos debe servir para establecer los niveles reales de esfuerzo realizados por los jugadores, es el respondernos a la pregunta sobre en qué medida ha participado el metabolismo anaeróbico durante el partido y, para hacerlo, debemos recurrir a las pruebas de concentración del ácido láctico en sangre. Como ya sabemos, el lactato es una fuente de energía que utiliza el organismo para producir movimiento de forma que, en presencia de oxígeno, se quema y produce energía. El problema aparece en el momento en el que la intensidad de los esfuerzos comienza a ser más elevada y el oxígeno es insuficiente, lo que produce que el lactato se acumule en forma de ácido láctico e impida, si el esfuerzo se alarga en el tiempo, la contracción muscular, obligando al deportista a detenerse y a recuperarse.

En este sentido, parece decisiva la capacidad que tengan los deportistas para recuperarse de ese esfuerzo y para aportar nuevamente cantidades de oxígeno necesarias al organismo de manera que puedan eliminar los residuos de ácido láctico acumulado en el músculo. Si hablamos de recuperación lo estamos haciendo también, aunque sea de modo implícito, de la respiración que, como ya sabemos, es una de las técnicas más comunes empleadas en psicología en general y en la psicología del deporte en concreto, para lograr alcanzar las sensaciones de control de la propia actuación y para regular, además, los procesos metabólicos implicados en la actividad física.

Una adecuada respiración antes, durante y después del ejercicio debe proporcionar que la concentración de oxígeno aumente, que la acumulación de ácido láctico tarde en producirse y que la percepción subjetiva que maneja el deportista sobre su capacidad de control de la propia actuación, también se eleve.




  1. Consumo Máximo de Oxígeno. Según Pino (2001): “Se sabe que el VO2 máx. no constituye un factor preponderante en el rendimiento de un futbolista (Faina et al, 1986), pues su capacidad de trabajo no es necesariamente condicionada por este parámetro (Bangsbo y Mizuno, 1988). No obstante, el VO2 máx. parece constituir un argumento que beneficia la prestación del futbolista de una forma indirecta, en la medida en que le permite una recuperación más rápida entre los esfuerzos, retarda la aparición de la fatiga (Santos, 1995) y permite al deportista mantener el trabajo a una alta intensidad (Tumulty, 1993). El requerimiento de una fuente energética aeróbica en futbolistas de alto nivel durante la competición oscila entre el 60% al 80% del VO2 máx. durante tres cuartos del partido. Los defensas laterales registran valores más elevados de VO2 máx. y los más bajos son obtenidos por los delanteros y defensas centrales (Van Gool et al.; 1988; Bangsbo, 1993; Puga et al., 1993; Santos, 1995)”.

Como podemos comprobar, el VO2 máx. es un indicador que nos puede proporcionar una información muy útil para predecir en qué medida un jugador es capaz de recuperarse de una manera adecuada tras realizar varios esfuerzos pronunciados y también el tiempo que puede tardar en aparecer la fatiga. En este sentido, no debe resultarnos extraño el confirmar la importancia del conocimiento de esta variable para los psicólogos del deporte puesto que nos va a permitir formarnos una idea más clara sobre el jugador, sus condiciones y variables psicológicas que deben trabajarse de manera prioritaria. Pensemos por ejemplo en un jugador en cuyas pruebas de VO2 máx. encontramos valores deficientes y, por otro lado, resulta necesario su concurso en el próximo partido porque el entrenador lo considera pieza clave de su esquema y nos comunica que, con toda certeza, quiere contar con él en el once inicial.

El trabajo psicológico, pese a que lógicamente excede con mucho del simple conocimiento del VO2 máx. del jugador, deberá planificarse pensando en un jugador cuya fatiga aparecerá pronto lo que, con una gran probabilidad, hará que las acciones que exijan toma de decisiones complicadas se realicen de manera deficiente o, al menos, por debajo de las posibilidades del jugador que, a su vez, generarán un mayor porcentaje de errores que pueden producir pensamientos negativos y una menor capacidad para el control del nivel de activación y del control emocional. La idea que tratamos de transmitir es, por tanto, que el conocimiento de cada uno de estos indicios y de su evaluación rigurosa (para lo cual, como es lógico, sería conveniente contar con la colaboración de los servicios médicos) es necesario para poder realizar un trabajo profesional y coherente más allá del puro ensayo-error de estrategias “enlatadas” y comunes para todos los jugadores: un trabajo adaptado e individualizado al contexto y al jugador producirá, sin duda alguna, mayores beneficios.




  1. Glucógeno muscular. El aspecto que más nos interesa destacar de este indicador es, como señala Granero (1994), que el agotamiento de las reservas de glucógeno almacenado en el músculo y en el hígado, provocan que la concentración de glucosa en sangre disminuya y facilite, a su vez, la pérdida de la concentración y la disminución de la efectividad en la ejecución de las habilidades tácticas. El fútbol, al tratarse de un deporte abierto de espacio compartido y de colaboración y oposición, tiene en la táctica su principal factor y, a su vez, ésta queda enmarcada dentro del mecanismo que la da sentido y define por encima de los demás, es decir, el mecanismo de toma de decisiones. Una de las consecuencias de este indicador es que nos ofrece una explicación psicofisiológica de la pérdida de la concentración y, por lo mismo, una explicación válida que debemos conocer y tener en consideración a la hora de realizar nuestro trabajo.


1.4. Conclusiones
La idea central de este primer capítulo ha consistido en introducir al alumno en la importancia de conocer en profundidad el deporte en el que trabaja para poder establecer, a partir de él, un análisis pertinente sobre el tipo de evaluación y de entrenamiento psicológico que se puede desarrollar con sus deportistas.
A partir del ejemplo ilustrativo del fútbol, se ha presentado una visión multidisciplinar del entrenamiento deportivo, en el que las variables psicológicas y su entrenamiento permiten completar la visión global que deben poseer los entrenadores cuando planifican, tanto la temporada, como los diferentes mesociclos que la componen.
Por último, baste señalar que la propuesta de entrenamiento psicológico que se realiza en este módulo, pretende acercar dos realidades que consideramos asociadas de un modo indisoluble en el ARD: la Psicología y las Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Si esto es así, la obligación de los diferentes profesionales involucrados en las distintas especialidades deportivas consistirá en poder interpretar esta realidad integral para organizar, a partir de sus conocimientos, los métodos de entrenamientos que le permitan obtener los mejores resultados posibles.
En la segunda parte de este módulo, pasamos a presentar las principales dimensiones psicológicas que deben manejar los técnicos para conseguir, precisamente, esta optimización del rendimiento que estamos buscando.

PREGUNTAS DE AUTOEVALUACIÓN


  1. ¿Qué diferencias encuentras entre el modelo tradicional y el que postulamos en este capítulo a la hora de entrenar los aspectos psicológicos implicados en el ARD?.

  2. Cita cinco características que consideres relevantes de tu especialidad deportiva y explica, brevemente, los aspectos psicológicos que se derivan de ellas.

SEGUNDA PARTE

PRINCIPALES DIMENSIONES PSICOLÓGICAS QUE DEBEN MANEJAR LOS ENTRENADORES
CAPITULO2. LAS EXPECTATIVAS Y SU INFLUENCIA EN EL RENDIMIENTO

2. 1. La función adaptativa de las expectativas

Imagina que eres entrenador profesional de baloncesto y que has decidido supervisar la selección de jugadores que se realiza en las secciones inferiores de tu club. Consideras que lo mejor que puedes hacer para colaborar con esta ardua tarea es jugar varios partidos en donde puedas observar a los jugadores en acción. Un primer vistazo en el vestuario te hace pensar que "la planta" de al menos uno de los candidatos -llamado Miguel- parece realmente aceptable para llegar a ser profesional; sin embargo también observas que Juan, que tiene algo de sobrepeso, opta a ocupar su misma demarcación. Repartes los equipos y, lógicamente, sitúas a Miguel en uno y a Juan en el otro.



Comienza uno de los encuentros y, en la primera de las aproximaciones a la zona que defiende Miguel, el pivot le gana la posición y consigue canasta. Tú, que conoces perfectamente el fallo que ha cometido, le señalas: "Miguel, trata de temporizar y de aguantar un poco más la entrada al contrario. No te muevas de la zona, mantén tu vista fija en el balón y trata de anticiparte a su movimiento". Por otro lado, a los cinco minutos de esta situación del juego se produce una idéntica en la zona contraria, pero esta vez ha sido Juan el defensor que ha cometido el error, ante lo que le comentas: "Juan, no pasa nada, ya verás cómo la próxima vez lo haces mejor".
¿Cómo piensas que influye en el rendimiento posterior de Juan y de Miguel las instrucciones que les has dado?, ¿Por qué?. Estas influencias y las consecuencias prácticas que se derivan de las expectativas que todos los seres humanos poseemos y realizamos acerca de los fenómenos que nos rodean, van a formar el núcleo de interés de este segundo capítulo, en el que profundizaremos acerca de los efectos de los juicios y expectativas intencionadas -o no intencionadas-, que los entrenadores realizan sobre todo lo que les rodea en el plano deportivo en general y sobre sus deportistas en concreto.
El caso que acabamos de citar ejemplifica, con bastante claridad, el papel tan importante que juegan las expectativas en el establecimiento de las relaciones entre los seres humanos. Todos nosotros, en el momento en el que tenemos que enfrentarnos a una tarea o a una situación cualquiera, desarrollamos una serie de “juicios de valor” sobre algunos aspectos referentes a la misma. Pensamos en las demandas que nos va a solicitar, en la posición que debemos tomar en el momento presente, en las consecuencias inmediatas de las acciones que realicemos y en otras diferentes posibilidades más a largo plazo.
En este sentido, podríamos afirmar que, en definitiva, las expectativas no hacen sino cumplir un papel adaptativo en el que la persona se prepara ante ciertas situaciones y moviliza sus propios recursos para acomodarse de la mejor forma posible a la tarea en cuestión. Sus características principales podrían resumirse de la siguiente manera:


  • Todos los seres humanos generamos expectativas acerca de los fenómenos, objetos y personas que nos rodean.




  • La utilidad inmediata de formular hipótesis o expectativas sobre lo que nos rodea parece ser esencialmente adaptativa, puesto que en la vida diaria debemos responder ante un número inmensamente variable de estímulos ante los que tendremos que anticipar cómo influirán en nuestra vida.




  • Estas expectativas no tienen por qué ser conscientes, de hecho la mayoría de ellas no lo son (o tan sólo a niveles muy elementales).




  • Debido a que las empleamos con mucha asiduidad y a que a menudo son muy efectivas (probablemente Miguel a largo plazo tenga un mejor rendimiento que Juan, pues un peso y tamaño adecuados pueden servirnos de indicativo para seleccionar a nuestros jugadores), son bastante resistentes al cambio.




  • Para poder cambiarlas, la reflexión en profundidad sobre cada una de ellas es una condición necesaria (aunque no suficiente).




  • En el terreno deportivo, cualquier información, como por ejemplo los informes iniciales sobre determinados jugadores/deportistas, debe considerarse con la suficiente cautela y objetividad como para no sesgarla en un sentido negativo.




  • Las expectativas más adecuadas suelen ser las que se centran en los datos más objetivos sobre la relación existente entre el deportista/equipo y la situación contextual del juego.




  • A mayor implicación emocional en un hecho (como puede ser un partido), o con una persona, equipo o situación, mayor posibilidades existen de sesgar las expectativas previas y realizar juicios de valor tendenciosos (un claro ejemplo son los técnicos que, antes de comenzar la temporada, establecen metas muy elevadas a sus deportistas/equipos cuando el historial de participación en competiciones de alto nivel no se corresponde ellas).



2.2. Antecedentes en el estudio de las expectativas: La profecía autocumplida
Ya en 1968, en un estudio clásico realizado por Rosenthal y Jacobson, se planteó a una serie de profesores que los resultados en un test de capacidad académica permitían esperar que ciertos alumnos obtendrían un elevado rendimiento académico a lo largo del presente curso, así como un aumento de su CI (Cociente Intelectual). En realidad, estos alumnos habían sido escogidos al azar, por lo que no había ninguna razón objetiva que permitiera suponer que su rendimiento académico fuera a ser diferente al de sus compañeros y al que habían mostrado en cursos anteriores.
Los resultados demostraron que al finalizar el curso los alumnos que sobre los que se habían generado elevadas expectativas de rendimiento académico, lograron calificaciones en el CI superiores a las del resto de sus compañeros. Estos investigadores explicaron sus resultados por el hecho de que la información proporcionada por el “test falso” a los profesores, hizo que éstos esperaran un rendimiento superior de esos alumnos en concreto, lo que les indujo a que les prestaran más atención y más recursos que al resto de sus compañeros (por ejemplo en instrucciones para mejorar y en refuerzos).
Por lo que a las investigaciones en el terreno deportivo se refiere, autores como Martinek y Johnson (1979), o Horn (1984), también señalan que las expectativas que poseen los entrenadores y los profesores de educación física pueden alterar el rendimiento de los alumnos y de los deportistas. Dentro de la psicología en general y de la psicología del deporte en particular, este fenómeno recibe el nombre de profecía autocumplida, y Horn (1986) señala que las diferentes fases que se producen en el ámbito deportivo y que explican las consecuencias que en el plano práctico tiene la formulación de las expectativas, son las siguientes:


  1. El entrenador se forma expectativas sobre el club para el que trabaja, sobre las funciones que deberá realizar y sobre el entorno que le rodea. Además, y lo que es más importante, genera expectativas sobre los jugadores que dirige. Para formarse estas expectativas, el entrenador puede ayudarse de pruebas o informes más o menos objetivos de temporadas pasadas o de test realizados2, aunque perfectamente puede guiarse por rasgos externos que a menudo responden a estereotipos como la raza (la raza negra está físicamente mejor dotada que la blanca), el sexo (las mujeres no sirven para jugar al fútbol), etc. A modo de resumen, podemos afirmar que cuando las fuentes de información en las que se basan nuestros juicios sobre la capacidad y el potencial de un deportista son bastante exactas y conocemos sus limitaciones, el problema es menor; sin embargo, cuando las expectativas son inexactas (tanto por arriba como por abajo) e inflexibles, suelen producir conductas inadecuadas por parte del entrenador que nos conducen al siguiente paso.




  1. Las expectativas que tiene el entrenador influyen en su propio comportamiento. Estas conductas que pueden producirse en la interacción del entrenador con los jugadores, encajan en general en una de las siguientes categorías:

II.I Frecuencia y calidad de la interacción entrenador-deportista



  • La frecuencia o tiempo dedicado por el entrenador a cada uno de los jugadores aumenta en el caso de aquellos sobre los que se espera más y disminuye sobre los que se espera menos.

  • La calidad o nivel de entusiasmo e implicación que tiene el entrenador en el momento de la interacción, aumenta nuevamente en el caso de los jugadores con elevado nivel esperado, disminuyendo en el caso contrario.

II.II Cantidad y calidad de las instrucciones



  • Cuando un entrenador espera que un jugador pueda aprender poco, el número de situaciones que le plantea es inferior a las que propone al jugador sobre el que espera más, estableciendo, sin darse cuenta, un patrón inferior de rendimiento.

  • El tiempo que concede a los jugadores con bajas expectativas es significativamente inferior al que concede a los jugadores sobre los que tiene elevadas expectativas.

  • Las instrucciones que ofrece a uno u otro jugador en función de las expectativas que tiene son claramente diferentes; mientras que en un caso se corrige el gesto o la acción y se ofrecen los aspectos que deben corregirse para mejorar, en el otro el número de instrucciones es sensiblemente inferior y de un nivel de superficialidad evidente.

  • El entrenador insiste menos en enseñar destrezas o habilidades complejas a los jugadores sobre los que tiene bajas expectativas.

II.III Tipo y frecuencia del feedback



  • El tipo de feedback que se proporciona a los jugadores sobre los que se tienen elevadas expectativas suele ser informativo e instructivo, mientras que a los jugadores con bajas expectativas se les elogia por actuaciones mediocres y obtienen un menor porcentaje del tipo que acabamos de mencionar (por lo tanto se trata de un feedback menos provechoso).

  • Cuando la actuación ha sido brillante, el entrenador proporciona más refuerzos y elogios a los jugadores de expectativas elevadas.

III Las conductas de los entrenadores influyen en las ejecuciones de los jugadores. Una vez que los entrenadores tienen formadas las expectativas, ya sean éstas elevadas o bajas, varía y se modifica la forma en que tratan y se relacionan con ellos -dentro del marco que les proporciona el entrenamiento deportivo-. Al mismo tiempo, parece evidente que aquellos deportistas sobre los que se presta más atención y se proporciona, entre otras cosas, más información en forma de feedback sobre cómo mejorar su actuación, obtendrán más mejoras en su nivel de rendimiento que los demás, disfrutando al mismo tiempo de la experiencia competitiva y de los entrenamientos. A continuación presentamos las diferentes formas en que los deportistas pueden verse afectados por las expectativas negativas o por los prejuicios de sus entrenadores (adaptado de Weinberg y Gould, 1996):




  • Los deportistas con bajas expectativas exhiben un nivel más bajo de ejecución debido al menor esfuerzo y al poco tiempo de juego.




  • Los deportistas con bajas expectativas presentan niveles bajos de autoconfianza y de competencia percibida a lo largo de toda la temporada.




  • Los deportistas con bajas expectativas atribuyen sus errores a la falta de capacidad, justificando así la idea de que no valen y de que tienen pocas posibilidades de triunfar en el futuro.

IV Las actuaciones de los deportistas confirman las expectativas que sobre ellos tienen los entrenadores. Como vimos en el paso anterior, el entrenador ha contrastado la información que poseía en sus expectativas con la actuación real del deportista, confirmando lo que en un primer momento pensaba.


2.3. Elementos prácticos a considerar
A continuación presentamos algunas consideraciones que deben tenerse en cuenta para comprender el funcionamiento de las expectativas en el rendimiento deportivo:


  • No todos los deportistas tienen por qué verse influidos de igual modo por las expectativas que sobre ellos hayan generado los entrenadores, puesto que otras fuentes esenciales de información son tenidas en cuenta para generar los juicios sobre la propia competencia. En concreto, cuando hablamos de jugadores/deportistas jóvenes, los propios compañeros de equipo –si se trata de deportes colectivos-, los amigos y la familia suelen jugar un papel importante con gran influencia también en el rendimiento del propio jugador.




  • Todos los profesionales, máxime si trabajan en la selección de talentos deportivos, deberían cuidar especialmente este apartado, puesto que generar expectativas inadecuadas (especialmente si son negativas), puede tener consecuencias realmente negativas en la persona y, probablemente, se potencie el abandono de la actividad deportiva a largo plazo. Si hablamos de niveles más elevados de rendimiento este proceso puede agudizarse por los requerimientos tan elevados que existen a medida que el nivel competitivo aumenta, de modo que el entrenador puede afianzar estas expectativas de un modo más evidente y palpable y provocar, aun con más rotundidad si cabe, los efectos perniciosos que acabamos de mencionar.




  • Un periodo especialmente relevante para la formación de las expectativas es el periodo inicial a las competiciones, es decir, la pretemporada (momento en el que suelen configurarse los principales elementos que conformarán el funcionamiento posterior). Contar con indicadores fiables sobre la capacidad de los jugadores parece importante, siempre y cuando nos apoyemos también en la progresión observada en el jugador3.




  • Los entrenadores deberían controlar la cantidad y la calidad del feedback que proporcionan a cada jugador, puesto que volvemos a recalcar que los procesos que dan origen a la formación de las expectativas son de naturaleza esencialmente inconsciente, y el análisis del feedback aportado puede servirnos como un indicativo fiable sobre las expectativas que tenemos sobre cada deportistas. En este sentido, un papel clave que puede proporcionar el psicólogo deportivo es el análisis de los patrones de comunicación que establece el entrenador con cada uno de los deportistas, de manera que, con un registro longitudinal, se puedan establecer unos criterios bastante objetivos para saber cómo se orientan estas atribuciones y tendencias.


2.4. Relación entre las atribuciones y las expectativas
Uno de los puntos clave a la hora de entender el modo en el que un entrenador genera las expectativas sobre cada deportista y las consolida, consiste en responder a cómo se realiza el proceso de atribución que tiene lugar en el momento en el que un ser humano cualquiera necesita responder y explicarse el por qué ha sucedido un hecho y no otro. Hablar de atribuciones es equiparable a hablar de explicaciones causales, en su mayor parte intuitivas, que ponemos en marcha en innumerables ocasiones y que, al igual que decíamos en el caso de las expectativas, también poseen un importante componente adaptativo que da sentido a las conductas y a las acciones posteriores que emprenda el sujeto.
Pensemos, por ejemplo, en un entrenador que acaba de perder su quinto partido consecutivo en liga después de haber vencido en todos los encuentros disputados en la pretemporada y de ser, con diferencia, el equipo favorito para todos los medios de comunicación. En esta situación nos encontramos que, por una parte, las expectativas generadas en torno al equipo experimentan un incremento notable como consecuencia no sólo de los resultados previos obtenidos, sino también de la inversión en fichajes realizados, del tiempo que el equipo lleva sin dar alegrías a su afición, etc. Pues bien, en el momento en el que las expectativas previas generadas comienzan a ponerse en tela de juicio, los procesos de atribución pasan a un primer término y son los que asumen gran parte del protagonismo y los que explicarán, a su vez, cuáles son las expectativas finales que se forma el entrenador y también cada uno de los componentes del equipo (así como todas aquellas personas vinculadas al mismo en sus diferentes manifestaciones -económicas, políticas, afectivas o deportivas-).
En una situación como la descrita es muy probable que el entrenador comience a perder la calma por la presión que la situación, el club y la afición pueden ejercer sobre él, de manera que, cuando la presión es elevada, comienza a generar explicaciones y a buscar culpables a la situación que se está viviendo, por lo que comienza una especie de “caza de brujas” que puede englobar ya no solo a los deportistas, sino también a los componentes del cuerpo técnico, en donde, si el entrenador no es prudente en sus atribuciones causales, puede llegar a establecer relaciones de causa-efecto erróneas generando un daño a menudo irreparable para el funcionamiento posterior del equipo. Esta situación de inseguridad se transmite en gestos inadecuados, en un estado de ánimo deficiente, en un feedback directivo y no instructivo y en una situación en la que, en definitiva, el entrenador acaba por perder la calma y llega a ponerse en contra a los propios jugadores por lo que “su final” se adivina cada vez más cercano.
Como el objetivo que nos proponemos no es el de vaticinar ningún final no deseado, sino presentar la importancia que tienen las expectativas y las atribuciones, aquí tenemos un claro ejemplo del peso que puede llegar a tener un buen conocimiento de los procesos que vamos a detallar a continuación, y que no hacen más que enfatizar un fenómeno con el que cualquier persona inmersa en el alto rendimiento deportivo tiene que convivir a diario: la calma y el “saber estar” en los momentos delicados de la temporada.
Pasamos a preguntarnos, por tanto, en qué situaciones las personas necesitan buscar explicaciones a los hechos en los que se ven inmersos (adaptado de Hewstone y Antaki, 1993). Para una mayor claridad de exposición, ilustramos cada caso con ejemplos ilustrativos del juego del fútbol :


  • Los resultados inesperados que van en contra de las expectativas previas establecidas, suscitan un mayor número de intentos de explicación que los resultados que se esperan de antemano. En este sentido, las crisis tan frecuentes que los medios de comunicación atribuyen a los equipos tienen más probabilidad de producirse en el momento en el que los equipos “caminan” por un lado en el que no se esperaba al comienzo de la temporada.




  • En el mismo momento en el que se desarrolla un partido cuando la implicación de la persona es máxima y no se consigue el resultado esperado. Un entrenador que observa el partido de su propio equipo suele pensar con frecuencia en voz alta, y en estas ocasiones se pueden apreciar con claridad los momentos en los que establece atribuciones sobre cada uno de los jugadores. A medida que el momento de la competición se aleja, también los procesos de atribución digamos que se “enfrían” y dejan de tener tanta importancia.




  • Cuando la presión de los acontecimientos nos obliga a buscar responsabilidades y responsables que respondan ante las mismas. Un entrenador, como es lógico, a medida que aumenta el nivel de la competición en la que se encuentra inmerso, también necesita obtener mejores resultados y, como venimos señalando, si éstos no se cumplen la misma presión hace que necesite salvaguardar su propio puesto y su autoestima, de manera que se tiende a echar las culpas a los demás.

En la línea de las ideas defendidas por Weiner (1985), las atribuciones, por lo tanto, pueden llegar a generarse por medio de dos factores primordiales a los que añadiremos un tercero: la ocurrencia de sucesos no esperados frente a sucesos esperados, la no consecución de un objetivo frente a su consecución y la influencia de factores de presión frente a situaciones en las que no exista.



2. 5. Sesgos y errores en el proceso atributivo
Uno de los aspectos más interesantes de este capítulo, es el que alude a un aspecto que ya se ha mencionado de un modo general y que reviste un importante peso para explicar el efecto que tienen estos procesos en las conductas posteriores que desencadenan. Este efecto no es otro que el nivel de inconsciencia en el que tienen lugar y la utilidad pragmática que poseen, de modo que, según nos dicen las investigaciones más recientes, las expectativas y las atribuciones tienen lugar de forma muy rápida y utilizando mucha menos información de la que cabría esperar, manifestando, al mismo tiempo, tendencias claras y manifiestas hacia ciertos tipos de explicaciones en detrimento de otras.
Si esto es así, merece la pena que nos detengamos a destacar cuáles son los sesgos principales que se manifiestan cuando hablamos de estos procesos, de modo que su toma de conciencia facilite un principio de autoconocimiento sobre la propia práctica y permita, de este modo, que se eviten las consecuencias negativas que se puedan derivar.
2.5.1. El error fundamental de la atribución
Este sesgo consiste en la tendencia a exagerar la importancia de las disposiciones personales en detrimento de la consideración de los factores contextuales que se producen en la acción (Ross, 1977). Este error ha sido apoyado científicamente por varias investigaciones y no hace más que poner el acento en el desequilibrio atributivo que se produce cuando, en una situación determinada, tendemos a fijarnos más en el propio sujeto que en la situación en la que se produce la conducta. Aplicado al terreno deportivo, resulta evidente y muy apreciable este fenómeno si nos fijamos en el momento en el que el técnico se encara con uno de sus deportistas en los periodos de descanso y de recuperación y le achaca una acción que ha realizado (o que no ha cumplido) para, a continuación, el jugador presentar la situación contextual concreta en la que se produjo la acción y, de esta manera, refutar la atribución realizada por el entrenador. Resulta curioso observar, en este tipo de discusiones, como las atribuciones tienden a polarizarse en los extremos dando lugar a dos puntos de vista totalmente diferentes referidos ambos al mismo momento de la cpompetición (algo parecido tiene lugar cuando dos amigos de diferentes equipos observan un encuentro y analizan, aún a cámara lenta, una acción decisiva y controvertida: uno de ellos la interpreta de un modo, por ejemplo verá un claro penalti, mientras que el otro interpreta claramente otra acción -como puede ser al jugador cayendo antes de que se produzca el contacto-).
Pese a la importancia que posee este sesgo para explicar ciertas atribuciones, no deja de ser cierto, tal y como señalan Hewstone y Antaki, que existen situaciones en las que el efecto es justamente el contrario, y tienden a enfatizarse los factores situacionales en detrimento de los personales. Esto suele tener lugar cuando el resultado obtenido se encuentra totalmente en oposición con las expectativas previas. Pensemos en un partido que disputa un gran equipo de la máxima categoría frente a otro de una calidad sensiblemente inferior. Si el encuentro acaba ganándolo por cinco goles a cero el equipo de inferior categoría, las atribuciones que realizaremos sobre este partido irán dirigidas, con mayor probabilidad, a las dimensiones reducidas del terreno de juego, a que se jugó en una superficie inadecuada, a factores meteorológicos, etc.
2.5.2. Las diferencias de atribución “yo-otro”
Otro efecto que debe tenerse muy en cuenta a la hora de explicar las atribuciones que se realizan, es el de los diferentes puntos de vista que manejan el entrenador y los jugadores. Pese a que ya hemos mencionado por encima este fenómeno, parece necesario volver a ahondar en él para percibir en su totalidad las implicaciones que tiene en las interacciones que se producen entre los jugadores y los entrenadores. Lo que vendría a decir este fenómeno (Jones y Nisbett, 1972; Watson, 1982), es que es más probable que una persona realice autoatribuciones referentes a las situaciones que a factores personales cuando hablamos de aspectos que se perciben como negativos, mientras que un segundo observador tiende más a enfatizar las disposiciones personales que las situacionales para explicar estos mismos fenómenos.
En este sentido, resulta probable que el entrenador atribuya los resultados negativos a factores personales de algunos jugadores que incidieron directamente en errores claros ofensivos o defensivos, mientras que también puede esperarse que los propios jugadores atribuyan a aspectos externos los resultados de estas acciones (no me dio el pase en el momento oportuno, el defensa me agarró y el árbitro no señaló el penalti, etc.).
2.5.3 Sesgos favorables al yo
El último de los sesgos que vamos a destacar en este apartado es el que hace referencia a uno de los aspectos que en mayor medida ha centrado la atención de las investigaciones: la tendencia que tiene el sujeto de atribuir los éxitos a los factores personales mientras que los fracasos se tienden a atribuir a factores situacionales.
A todos nos resulta familiar la ya clásica expresión que utilizan los docentes y que se refiere a las atribuciones que formulan los alumnos en el momento en el que se les entregan las calificaciones académicas “seguro que, en el caso de que suspendáis, echaréis las culpas al profesor, como si os hubiéramos suspendido, mientras que si aprobáis diréis que habéis aprobado vosotros”. Pues bien, esta afirmación encaja perfectamente con este sesgo y es aplicable en su totalidad a algunas de las explicaciones que realizan los entrenadores cuando consiguen éxitos en las competiciones, en donde piensan que el planteamiento realizado y la estrategia entrenada ha marcado las diferencias principales, en tanto en cuanto, si el resultado ha sido negativo, la culpa suele centrarse en los jugadores que “no han sudado lo suficiente la camiseta”. Éstos últimos también realizan este tipo de atribuciones y, sirviéndonos de un ejemplo clásico que resultará familiar al alumno, en el caso de discutirle al entrenador su sustitución, rápidamente tiende a compararse con el resto de los compañeros y a señalar a otros que están haciéndolo, a su juicio, peor; mientras que, si le sale un partido “redondo”, tiende a atribuir el éxito a su propia capacidad y habilidad.
El trabajo que los psicólogos del deporte suelen realizar a este respecto consiste en ayudar a trabajar con relativa objetividad, de manera que tanto los técnicos como los deportistas tengan en todo momento “los pies en la tierra”.
2.6. El conocimiento de los deportistas y del equipo para establecer atribuciones adecuadas.
Para un entrenador puede resultar muy útil conocer las relaciones de tipo espontáneo que se establecen entre sus jugadores porque, de esta manera, se pueden orientar las expectativas que se generan de un modo mucho más real y acorde con la realidad del funcionamiento del equipo como grupo. Uno de los instrumentos más adecuados para estudiar estas relaciones es el test sociométrico, instrumento especialmente diseñado para medir la organización de los grupos sociales y la ubicación de cada uno de los deportistas dentro del equipo.
El test sociométrico es un instrumento que trata de analizar y de medir las estructuras sociales a través de las relaciones humanas en grupos más o menos pequeños (menos de 30 personas), donde todos los componentes se conocen entre sí e interactúan cara a cara de manera habitual.
Las clases de relaciones interpersonales que podemos obtener mediante el empleo de este instrumento de medida son: las relaciones de atracción entre cada uno de los miembros, las relaciones de rechazo entre ellos, la percepción de las relaciones afectivas positivas entre los miembros del grupo y la percepción de las relaciones negativas entre ellos.
La lógica de aplicación de esta técnica resulta tremendamente sencilla: consiste en pedir al sujeto que indique, dentro del grupo al que pertenece y del cual pretendemos medir su estructura de relaciones interpersonales, aquellos individuos que cumplen las condiciones que la pregunta enuncia, de tal manera que los miembros del equipo respondan en una hoja a un máximo de cuatro preguntas referentes a la actividad o tarea en la que queramos estudiar las relaciones que se dan en el grupo.
Estas cuestiones suelen ser las siguientes (la actividad o actividades elegidas pueden ser las que el entrenador quiera para estudiar las relaciones de los deportistas, entre ellas puede estar jugar, realizar los ejercicios del entrenamiento, salir, divertirse, etc):


  1. Indica aquellos compañeros de tu equipo a los que elegirías para __________

  2. Indica aquellos compañeros de tu equipo a los que no elegirías para__________

  3. Indica aquellos compañeros de tu equipo que crees que te han elegido para _________

  4. Indica aquellos compañeros de tu equipo que crees que no te han elegido para _________

Formas de presentar los datos obtenidos en el test sociométrico

Los datos obtenidos pueden presentarse de dos maneras, una es el sociograma que va a ser la representación gráfica (dibujo gráfico) de las respuestas dadas por los jugadores a las preguntas planteadas en el test y la otra es una matriz sociométrica o sociomatriz que es una matriz cuadrada N por N, donde N representa el número de sujetos que han realizado la prueba. En dicha matriz las filas serán las elecciones que realiza el sujeto y las columnas las elecciones que recibe.
2.6.1. El sociograma
El sociograma se construye trazando líneas de elección o rechazo de un jugador a otro poniendo la flecha en la dirección que proceda.
Se puede realizar un sociograma para cada una de las preguntas planteadas, o bien se pueden agrupar algunas de las preguntas en un mismo sociograma, resaltando con trazos de distinto color las elecciones dadas a cada pregunta por los sujetos.
Por ejemplo, imaginemos un equipo de cinco jugadores a los que se les pide que elijan a uno de sus compañeros para formar pareja en un 2 contra 2. Esta pregunta, nos podría llevar a encontrarnos con los siguientes datos:
· El sujeto 1 elige para formar pareja al sujeto 5

· El sujeto 2 elige para formar pareja al sujeto 3

· El sujeto 3 elige para formar pareja al sujeto 1

· El sujeto 4 elige para formar pareja al sujeto 1



· El sujeto 5 elige para formar pareja al sujeto 1
En este ejemplo la estructura del grupo de los cinco jugadores quedaría de la siguiente forma:









Gráfica 2.1: Representación gráfica de los jugadores del equipo. En color aparecen los jugadores que reciben elecciones de sus compañeros.
La información principal que pretende recogerse en el sociograma se muestra a continuación (las siete primeras configuraciones se refieren a indicadores individuales y las últimas cuatro a indicadores de vertiente grupal):


  1. El jugador popular. Es aquel que recibe una gran cantidad de elecciones por parte del resto de los miembros del equipo. Esta popularidad se refiere a una única actividad, así un deportista puede ser el más popular en una actividad como divertirse pero no para realizar los ejercicios de entrenamiento.




  1. El jugador estrella. Es el jugador cuya popularidad alcanza a varias de las actividades elegidas por el entrenador para ser estudiadas; es decir, aquel que es preferido para divertirse, jugar, realizar los ejercicios de entrenamiento, etc.




  1. El jugador rechazado. Es el que recibe un gran número de rechazos de los demás miembros del equipo.




  1. El jugador desatendido. El jugador que recibe pocas elecciones de los demás pero elige por su parte a muchas personas del grupo.




  1. El jugador ignorado. Es el que recibe pocas elecciones y elige a un número intermedio de compañeros.




  1. El jugador aislado. Es el que recibe y realiza pocas elecciones.




  1. Pareja. Es la estructura compuesta por dos individuos que se eligen mutuamente.




  1. Triángulo. Es la estructura de tres individuos que se eligen entre sí, aunque sus relaciones no sean recíprocas.




  1. Cadena. Es la estructura de sucesión de elecciones entre varios miembros del grupo sin necesidad de reciprocidad.

2.6.2. La matriz sociométrica


Otra forma de registrar los datos de las respuestas ofrecidas por los jugadores en la prueba es la matriz sociométrica o sociomatriz.
Construiremos una tabla o matriz para cada una de las preguntas que hayan sido formuladas. A su vez, cada tabla estará formada por tantas casillas horizontales y verticales como deportistas tengamos en el equipo objeto de análisis.
Dentro de la tabla deben colocarse las respuestas de los deportistas a la pregunta que en ese momento se esté considerando. Con tal fin, se cogerán una por una las respuestas de los jugadores a cada pregunta y se pondrá a la altura de su fila un signo positivo o negativo en la columna que corresponda al compañero que haya elegido o rechazado, según informe la pregunta que en ese instante se esté convirtiendo en tabla. El signo será positivo (+) para las elecciones y negativo (-) para los rechazos. Para las elecciones/rechazos mutuos (esto se refiere, a aquellos deportistas que dentro de una misma pregunta se rechazan o eligen de forma recíproca) colocaremos un paréntesis alrededor de los signos.
La matriz que correspondería al ejemplo anteriormente señalado sería la siguiente:






1

2

3

4

5

1













+

2







+







3

+













4

+













5

+












Elecciones


recibidas

3

0

1

0

1



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