Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico


Usos de la imaginación en el deporte



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11.2. Usos de la imaginación en el deporte

Dos son las ideas más importantes que subyacen a la utilidad de la imaginación:




  1. Está ampliamente demostrado (y esta puede ser una práctica que realice cualquier lector interesado), que existe una íntima relación entre el pensamiento y el cuerpo. Lo que yo pienso se traduce en emociones y en sensaciones que mi propio cuerpo se encarga de asimilar y de traducir en tensión muscular y nerviosa. ¿Cuántas veces viendo un partido de fútbol de nuestro equipo favorito no hemos realizado movimientos de la pierna para “ayudar” al delantero del equipo a meter el gol, aun siendo lógicamente imposible que realmente se produzca algún efecto?. Pues algo parecido sucede cuando uno imagina y vivencia una acción deportiva: se ponen en marcha todos los mecanismos que lo hacen en la situación real, aunque no se produzca en la misma intensidad.




  1. El proceso de visualización ayuda a que el deportista comprenda mejor el gesto y la situación táctica que está imaginando, puesto que, al trabajar con representaciones, el deportista puede analizarlas perfectamente sin "miedos" o "peligros" (como que le roben el balón, se lo quiten, etc.).

Los principales usos de la visualización en el terreno deportivo en general, y en el fútbol en concreto, son:




  • Mejora de la concentración. Lógicamente, al imaginar lo que queremos hacer, estamos preparando a nuestra mente a que no divague y a que se centre en los aspectos más importantes de la actuación.




  • Aumento de la confianza. Todo proceso de mejora de la autoconfianza puede verse beneficiado por el uso de la visualización, puesto que el verse y el representarse lo que ya va a suceder predispone y facilita el haber vivido con anterioridad una situación de éxito en donde se ha actuado bien (esto tiene algunos límites, claro está, que ya explicaremos).




  • Control de respuestas emocionales. La imaginación ayuda en el control de situaciones estresantes del pasado, situaciones en las que nuestras emociones negativas se han puesto más de manifiesto (este aspecto lo trabajamos mucho con jugadores que tienen pensamientos muy negativos y con jugadores con problemas de conducta).




  • Entrenamiento de destrezas y habilidades. Un primer paso antes de poder movernos en el espacio y en el campo de fútbol para realizar cualquier acción, es el de representarla en la mente: si puedo realizar un golpeo con el interior es porque anteriormente he podido representarme cómo se hace (aun siendo una ejecución errónea, algún tipo de representación tiene que haber). Pues siguiendo esta lógica, cualquier aprendizaje encaminado a la mejora de estas representaciones tendrá como consecuencia la mejora en las posibilidades de acción (lo que no equivale a decir que imaginarse bien una acción es igual que realizarla correctamente, pues los patrones motores deben entrenarse y perfeccionarse).




  • Entrenamiento de la estrategia. La visualización es muy útil para entrenar estrategia y aspectos tácticos en donde intervengan uno o varios jugadores porque el componente preponderante de la táctica no cabe duda de que es la representación y el conocimiento del propio juego.




  • Afrontamiento del dolor y de las lesiones. La visualización es una de las técnicas más útiles a la hora de enfrentar el dolor y las lesiones deportivas ya que, como está demostrado, puede acelerar la recuperación del área dañada.



11.3. Tipos de visualización
Nos parece importante que los entrenadores distingan y diferencien los dos tipos básicos de visualización que exponemos a continuación.


  1. Visualización interna: Es la visualización mental vista desde la perspectiva del propio sujeto, desde nuestros mismos “ojos”.




  1. Visualización externa: La persona se representa a sí misma realizando la acción, pero se ve como si fuese un espectador ajeno a la situación, es decir, como si el alma se hubiera separado del cuerpo y lo viese desde fuera o como si estuviésemos viendo una película en el cine.

Las investigaciones lo que demuestran es que cualquiera de los dos tipos tienen efectos beneficiosos en el rendimiento, aunque es aconsejable la interna porque ayuda más a representarnos y a vivenciar las sensaciones y las emociones que se encuentran presentes en el momento de la acción (por ejemplo cuando el equipo salta al campo).



11.4 Cualidades de una buena representación mental

A continuación presentamos las principales cualidades que debería tener cualquier representación mental para que nos ofreciera unos buenos resultados y se obtuviera una mejora en el rendimiento de nuestros jugadores:




  1. Controlabilidad: Cuando un jugador imagina una acción o un gesto técnico, es importante que la imagen se pueda controlar en el sentido que se esté entrenando. Por ejemplo, si lo que queremos es que un delantero se vea rematando un balón, es importante que controle la imagen y no se imagine un balón con una trayectoria inadecuada o un gesto erróneo de golpeo del balón. Todo debe ser perfecto (de ahí que el entrenamiento sea escalonado y secuencial).




  1. Viveza: Toda representación mental será tanto mejor y ofrecerá mejores resultados en el rendimiento de los jugadores si consigue representar fielmente las condiciones en las que se ejecuta en la realidad. Toda acción conlleva una serie de emociones de diferente intensidad que deben estar presentes cuando uno se imagina el suceso.




  1. Claridad: La imagen mental que nos representemos debe ser clara. Por ejemplo, es importante que un jugador pueda imaginarse bien cómo es un balón, las características de su textura, del campo, de las sensaciones que tiene en el vestuario antes de salir al terreno de juego, etc. De la misma manera, debe tener claro cómo se realiza el gesto técnico y táctico que se desee mejorar.




  1. Tiempo de visualización. Toda representación correctamente imaginada debe igualar en tiempo real a la actuación que se está representando mentalmente. Si tardamos 12 segundos en realizar un recorrido de zig-zag en conducción y tratamos de imaginarlo una vez realizado tardando 50 segundos, eso quiere decir que mi representación imaginada presenta lagunas y fallos que se deben subsanar.



11.5. Condiciones para que el entrenamiento en imaginación sea útil
Las principales condiciones se muestran a continuación.


  1. Como en cualquier habilidad psicológica, es importante realizar una evaluación previa del jugador para conocer en qué medida domina cada uno de los componentes que ya hemos visto que forman parte de la visualización.




  1. El jugador debe encontrarse relajado para poder representarse bien las acciones que pretende entrenar. En este sentido es aconsejable que el entrenamiento en relajación haya precedido al de visualización.




  1. El entorno para realizarla visualización debe ser adecuado. El propio campo de fútbol es un marco ideal para el entrenamiento y el trabajo en visualización con la plantilla.




  1. Expectativas realistas y motivación suficiente. Todo proceso de intervención y de entrenamiento exige un mínimo de motivación por parte del jugador, de no ser así es imposible que encontremos mejoría en el rendimiento ni un buen uso o empleo de la técnica que estamos explicando. Por otra parte, el jugador no debe esperar imposibles, sino que debe tenerse siempre en cuenta lo que se persigue y, como ya señalamos en el tema de la motivación, establecer objetivos realistas y acordes a la capacidad del deportista.




  1. Trabajo multidisciplinar. A ningún entrenador se le debería escapar la importancia del trabajo en equipo donde él, como máximo responsable, coordine la puesta en marcha del programa y participe activamente del diseño de las situaciones de entrenamiento y de los objetivos de mejora del jugador.



11.6. Programa de Intervención en imaginación.

El programa de intervención consta de 4 pasos fundamentales:




  1. Evaluación previa del dominio o capacidad de esta estrategia psicológica, la imaginación, considerada básica por parte de los psicólogos deportivos y los deportistas con éxito para que el deportista alcance como tal su verdadero potencial.




  1. Demostración por parte de los psicólogos deportivos de la importancia de trabajar esta técnica. Este paso nosotros lo consideramos necesario ya que para que los deportistas se impliquen en este tipo de entrenamiento necesitan saber lo que les va a aportar a su juego o rendimiento.




  1. Entrenamiento previo en alguna técnica de relajación o de control de la activación; este paso, como es de suponer, es necesario únicamente cuando el deportista no está entrenando en esta técnica de relajación, ya que si conoce y sabe poner en práctica alguna de ellas, sea la que sea, no sería necesario someterle a este tipo de entrenamiento de nuevo.




  1. El siguiente paso sería el entrenamiento propio en imaginación.


E.1. Evaluación Aplicada de la Imaginación

A continuación presentamos el procedimiento que debe seguirse en la evaluación del dominio que cada jugador posee de esta habilidad y de todas aquellas situaciones que están implicadas en su rendimiento deportivo (paso previo fundamental para poner en práctica cualquier tipo de intervención psicológica). Para ello, el primer punto sobre el que debemos detenernos es el de las variables más destacables que deben medirse, que serían las siguientes:




  • El tiempo de imaginación respecto al tiempo real que se tarda en realizar la ejecución o el ejercicio. Los estudios experimentales muestran como el tiempo dedicado a la imaginación correlaciona de manera evidente y constatable con una adecuada o inadecuada capacidad del jugador para visualizar o imaginar aquello que en la realidad ha realizado.

Ejemplo: Si un jugador de fútbol tarda un tiempo aproximado de 30 segundos en realizar un lanzamiento de falta desde que pone el balón en el suelo hasta que lo lanza, y cuando tiene que imaginarse esa misma situación tarda tan sólo 5 segundos, tenemos una evidencia de que hay detalles de la acción (que habría que investigar cuáles son y por qué tiene dificultades) que no ha considerado o que ha pasado por alto -de no ser así habría empleado el mismo tiempo en imaginar que en la ejecución real-.




  • La claridad de la situación u objeto que está imaginando. Con la claridad se hace referencia a una dimensión esencial en el entrenamiento en imaginación, que consiste en que todas las representaciones mentales propias son una especie de copia (copia interpretada y adaptada a la percepción del propio sujeto) de la información que se recibe desde el exterior de manera que, cuando un jugador trata de imaginarse una situación o un objeto, éste tiene una serie de detalles que permiten clasificarlo como tal y que lo hacen específico. En este sentido, la capacidad que posea un jugador para replicar o representarse de forma fiel la situación u objeto que deseemos trabajar, será un buen predictor del dominio que ese jugador posea de esta técnica y, como no, nos permitirá predecir un mejor o peor rendimiento en cuanto a esta faceta se refiere.

Siguiendo con el ejemplo anterior, si el mismo jugador de antes cuando trata de imaginarse la falta no percibe claros los contornos, las características del césped o de la tierra, las del balón, de la barrera, de la portería, etc., eso nos hará deducir que sus representaciones mentales sobre esta acción concreta son muy pobres y, por lo tanto, se deducen algunos problemas que pueden producirse cuando esas situaciones se presenten y deba realizarlas (puesto que una inadecuada representación mental supone, en cierta medida, que el jugador se enfrenta a una situación relativamente nueva cada vez que la realiza o que, al menos, no posee una claridad suficiente sobre ella).


Dentro de este ejemplo, se puede constatar como, incluso dentro de una misma habilidad psicológica como es la imaginación, ésta fluctúa de manera decisiva para cada situación del juego, lo que también traduce y puede servir perfectamente a la hora de analizar en qué aspectos los deportistas fallan más y tratar, a partir de aquí, de establecer unas pautas adecuadas para el trabajo específico y muy definido de los objetivos propuestos14.


  • La viveza de las representaciones mentales. Este aspecto es esencial debido a las connotaciones que para cada jugador y deportista despierta una situación concreta. Es decir, una representación no es, como señalamos en la introducción, tan solo una imagen que tenemos almacenada en la memoria y que nos sirve para desenvolvernos en nuestra sociedad, sino que una representación es mucho más, ya que a ella está asociada un estado de ánimo, un estado de ansiedad que se traduce en acercamiento o en rechazo, una serie de sonidos y sensaciones que van mucho más allá de las visuales y que ocupan todos los sentidos que los humanos podemos desarrollar.

Cada vez que representamos algo en nuestra mente lo cargamos de significado para dar sentido a aquello que hemos realizado y esto, sin duda, aparece con un carácter muy marcado en el ámbito futbolístico, donde la presión, la exigencia y el ambiente condicionan claramente las vivencias de los jugadores y deportistas. Bajo este tipo de entrenamiento se esconde la lógica de que si un deportista es capaz de desarrollar al máximo las vivencias de nuestros jugadores, esto permitirá que se conozcan mucho mejor a ellos mismos y, al mismo tiempo, potenciará el trabajo que los psicólogos deportivos podamos realizar para ayudarles a representarse las acciones de la misma forma que si lo estuviesen haciendo en la realidad (es algo parecido a anticipar varias veces aquello que posteriormente se les va a exigir en el terreno de juego).




  • El control de las representaciones mentales. Este es otro de los aspectos que debemos evaluar y que no hace más que ampliar la perspectiva que señalábamos en el punto anterior porque pone el énfasis en que esas vivencias, imágenes y sonidos que suscitan nuestras representaciones, deben controlarse perfectamente para poderlas sacar el mejor provecho posible. Si un jugador vivencia tan sólo durante 5 segundos la falta que mencionábamos a continuación, está dejando de hacerlo un total de 25 segundos y, por lo tanto, estamos aún alejados del control mental que esperamos encontrar en el jugador.

De todos los puntos mencionados hasta aquí, podemos deducir que un jugador o un deportista que sea capaz de representar las acciones que le interesen o los objetos que utiliza para realizarlas, de forma clara, vívida, controlable y en el tiempo real de desarrollo de la acción, será un deportista que maximice de forma notable sus propios recursos y, por lo tanto, las posibilidades de obtener éxito en las acciones que se propone realizar. Si tenemos claros estos axiomas, la importancia concedida al control de la imaginación y de la atención dentro del trabajo psicológico será, sin duda, esencial.


A continuación presentamos un ejemplo práctico de evaluación a un joven jugador de 14 años en su capacidad para imaginar situaciones habituales de fútbol:


  • En primer lugar, lo que tuvimos que pensar fue sobre qué tarea o acción íbamos a evaluar cada uno de los aspectos anteriormente mencionados porque, como ya hemos señalado, debemos tratar de reproducir en nuestras pruebas situaciones lo más similares posibles con las que puede encontrarse ese jugador, de manera que lo que un delantero centro se representa o es lo más habitual para él, a un defensa le puede sonar desconocido. En este sentido tuvimos que tener en cuenta que la demarcación en el campo que ocupaba, este joven jugador de nuestro ejemplo que a partir de ahora llamaremos FT, era de delantero15.




  • Para evaluar el tiempo de imaginación, pensamos que lo mejor era escoger una situación donde en principio estuvieran aislados los demás aspectos de claridad, viveza y control para, de esta forma, explicar los resultados únicamente en función de esta variable. En esta línea de pensamiento, consideramos que lo mejor era un tipo de situaciones que resultaran relativamente familiares al deportista, donde empleara un tiempo prudencial en su realización para que nos permitiera establecer diferencias respecto a otros jugadores y que, al mismo tiempo, supusiera una actividad con algunas distracciones leves en el sentido de asegurarnos que el jugador no podía estar contando los segundos que tardaba mientras realizaba el ejercicio, de cara a que no pudiera distorsionar los resultados de evaluación obtenidos en esta variable.

El ejercicio escogido fue una conducción de balón con superficie de contacto libre alrededor de conos distribuidos de manera frontal a lo largo de 10 mts. de distancia en recorrido de ida y vuelta y en zig-zag, con una duración total de un minuto y medio. La intensidad del ejercicio pedíamos que fuese moderada, de manera que evitábamos que una excesiva intensidad introdujera ruidos en la representación de la acción, y una intensidad demasiado baja aumentara la concentración hasta tal punto que pudiera contar los segundos que tardaba en realizar el ejercicio.




  • Por su parte, la claridad de las representaciones la evaluamos sirviéndonos de un autorregistro donde el jugador debía señalarnos el objeto o situación visualizada, las características de esa representación, así como las observaciones que deseara ofrecernos. Los objetos y situaciones visualizadas hemos tratado de que fueran de dos tipos fundamentalmente: por una parte familiares y relacionadas con el fútbol (como el balón, el campo de juego, la camiseta, etc.), y por otra un poco más complejas para discriminar diferentes niveles en esta capacidad.




  • La evaluación de la viveza la realizamos teniendo en cuenta las relaciones psicofisiológicas que se producen cuando un jugador realiza realmente una acción trascendente para él: esta ejecución le evoca un estado psicofisiológico manifestado en el aumento, entre otros aspectos, de la tasa cardiaca. Pues bien, partiendo de esta premisa podemos esperar que la imaginación de la situación que en un principio suscitó esas respuestas emocionales, tenga también un correlato psicofisiológico manifiesto pese a que, como es lógico, sea menos pronunciado que en la acción real.

Sirviéndonos de un pulsómetro que nos permitiera registrar la actividad cardiaca de FT, le propusimos que vivenciase un total de tres situaciones que diseñamos para que le subieran la activación y así tener una línea base a partir de la cuál evaluar los resultados posteriores (en este diseño y durante la ejecución real es imprescindible la colaboración del técnico que trabaja habitualmente con el jugador, de manera que sus indicaciones y la presión que ejerza para sacar el máximo del jugador, le supongan una fuente de presión).


Merece la pena mencionar en este momento que cuando nos planteamos este aspecto de la evaluación pensamos que debíamos introducir una diferenciación importante, por sus consecuencias en qué es lo que realmente estábamos midiendo, entre las diferentes fuentes que están implicadas en ese aumento de tasa cardiaca que vamos a evaluar. Estas fuentes son dos fundamentalmente: una que podríamos denominar física en tanto que está originada por la acción corporal sobre el medio que suscita el aumento correlativo al esfuerzo empleado en lo que a la tasa cardiaca se refiere, y otra psicológica, donde la fuente y la base de la elevación de la tasa cardiaca está no ya en el esfuerzo físico empleado, sino más bien en la interpretación psicológica que realiza la persona sobre la situación.
Para nuestros intereses, la que más nos interesa como psicólogos del deporte es justamente esta última fuente, puesto que nuestro programa de intervención debería estar encaminado a controlar y a preparar al sujeto para vivenciar esas situaciones con influencias a nivel psicológico, y no tanto a nivel físico16.
Una vez hecho esto, pedimos al jugador que se imaginara la situación con el mayor número de detalles posibles e intentando implicar a todos los sentidos, de manera que, al finalizar la imaginación de la situación, volviese a registrar la puntuación que se daba a él mismo en la vivencia realizadada, puntuación que contrastamos con la tasa cardiaca obtenida y registrada mediante el vuelco de datos al PC. Esta evaluación finalizó en el momento en que contrastamos y comparamos la línea base establecida en primer lugar con la acción real, respecto al registro establecido durante la imaginación y vivencia de la situación.


  • El último de los aspectos implicados en la capacidad de visualización es el del control de las imágenes y de las situaciones que se imaginan, para lo que utilizamos dos instrumentos que consideramos básicos: el autorregistro y el EMG.




    • El autorregistro nos permite obtener una medida subjetiva y apreciativa sobre cada una de las situaciones y objetos propuestos, donde el jugador nos dice en qué medida ha sido capaz de controlar el objeto o situación propuesto.




    • Esta información la contrastamos con otra más objetiva como es el uso del EMG en los gemelos, donde le pedimos al jugador que imaginase una situación de control del balón o de habilidad estática por el aire, y donde registramos con este aparato en qué medida controla las imágenes y las situaciones. Lógicamente el tener una línea base real con medidas de tiempo, número de golpeos, etc., nos servirá para contrastar la información que obtengamos con el EMG.

A continuación pasamos a presentar un ejemplo sencillo de trabajo en evaluación de la capacidad de imaginación que venimos utilizando con muy buenos resultados con jugadores de fútbol de diferentes categorías en donde la lógica del proceso consiste en diseñar un circuito de entrenamiento en donde las habilidades y las destrezas a representar pasen de las más sencillas a las más complejas y difíciles, como puede ser la generación propia de acciones imaginadas.


El proceso que proponemos puede variarse adaptándolo a otros ejercicios que el entrenador prefiera y que se puedan integrar dentro del trabajo técnico-táctico que se esté realizando, con lo que este tipo de evaluación no resta tiempo de entrenamiento efectivo al jugador y nos sirve como primer indicio sobre el dominio de la capacidad de imaginación.
La lógica de esta evaluación es sencilla: el jugador que consiga obtener una mejor representación del movimiento según avanzan en complejidad las diferentes acciones del circuito, será quien posea una mayor capacidad y el entrenamiento posterior deberá estructurarse a partir del momento en el que su imaginación comienza a empeorar.




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