Indice primera parte. El análisis funcional de los deportes como base del trabajo psicológico



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11.1. Introducción

Antes de dar una definición sobre esta destreza psicológica que todos los seres humanos manejamos en cualquier situación de nuestra vida, merece la pena que destaquemos, aunque sólo sea de manera superficial, que el término clásico que se ha utilizado es el de "visualización", término que puede dar lugar a equívocos porque hace referencia únicamente a uno de los sentidos: el de la visión.


Sin querer restar un ápice de importancia al sentido de la vista, nos parece oportuno señalar, en la línea de las ideas defendidas por García Mora (1996), que el término más apropiado para esta destreza psicológica es el de imaginación, puesto que éste sí que engloba todos los sentidos que se encuentran presentes en cualquier momento y, como no, de manera muy especial en la competición deportiva. Por lo tanto nos parece pertinente la necesidad de diferenciar semánticamente los conceptos de visualización y de imaginación.
Resulta frecuente encontrar que la bibliografía que trata sobre esta habilidad psicológica no establece diferencias entre los dos términos y, a menudo, puede ser una razón más para confundir al lector que para aclararle sus implicaciones. En realidad, cuando hablamos de visualización como habilidad psicológica estamos refiriéndonos a algo más que el simple hecho de ver imágenes, estamos estableciendo un marco semántico que engloba a todos los sentidos y que necesita de ellos para poseer una habilidad funcional adecuada.
En castellano, este significado está asociado al término “imaginación” que, si le quitamos todo lo que de fantasía y de peyorativa posee, es un concepto bastante fiel a la idea de habilidad psicológica con la que trabajamos. En este sentido, a partir de esta aclaración somos partidarios de emplear el término “imaginación” en detrimento de “visualización” y tan sólo nos referiremos a este último cuando se haga alusión a las imágenes mentales que se estén analizando en tanto representación iconográfica.
Cuando decimos que un jugador es capaz de realizar una “chilena”, un desmarque de ruptura, una cobertura, una acción individual en la que dribla a un par de contrarios y golpea a puerta u otra en la que temporiza la entrada para obtener una ventaja en el juego esperando la ayuda de algún compañero que colabore en las labores defensivas, estamos haciendo alusión, aun sin hacerlo de forma explícita, a los diferentes esquemas de acción que posee el jugador y que le han permitido tomar conciencia de los diferentes aspectos que tienen lugar en el juego que llamamos fútbol .

Cualquier acción técnico-táctica puede realizarse porque tenemos representada en la memoria la información a la que se refiere, de manera que cuando nos disponemos a realizar un lanzamiento de falta buscamos en nuestra memoria el programa motor que nos permite ejecutarla junto con un análisis de situaciones anteriores en las que las condiciones iniciales en las que nos encontramos eran similares. Este proceso no es ni más ni menos que el que subyace a la técnica de visualización que no es más que la capacidad que tiene cualquier persona para manejar la información que posee en la memoria, capacidad que puede utilizarse para mejorar el rendimiento como consecuencia de la mejora en esa representación mental y en la capacidad de controlar sus imágenes, imaginarlas con claridad y ofrecer diferentes soluciones en función de la situación planteada. En el presente capítulo trataremos de exponer los pasos fundamentales para entrenar a los deportistas en esta estrategia básica para incrementar su rendimiento deportivo


Si con anterioridad mencionábamos que el análisis funcional del deporte era esencial para comprender el proceso de evaluación de las destrezas psicológicas que tratábamos, la visualización no escapa a esta apreciación y resulta evidente remarcar que la riqueza representativa de las acciones motrices se encuentra condicionada por las experiencias previas de los jugadores y, al mismo tiempo, por su posición en el campo.
El trabajo en imaginación no es magia y tampoco consiste en manipular algunos aspectos para ver si ofrecen un buen o un mal resultado: estas técnicas resultan siempre útiles si se utilizan correctamente y su uso es asesorado por un profesional cualificado y formado en el campo específico de la psicología del deporte.
Para aclarar algunas concepciones previas acerca de esta técnica que en su aplicación al fútbol ha sufrido algún traspiés, y antes de penetrar un poco más en profundidad en el tema, nos parece importante resaltar que, cuando un psicólogo del deporte pide a un jugador de fútbol que se imagine algo, por ejemplo un limón (como lo hicieron en el Real Madrid en la época de Benito Floro), lo que se está haciendo es demostrar la importancia que tiene una buena representación mental en el aspecto no sólo psicológico, sino también fisiológico (se segregan jugos gástricos, se saliva y se obtienen un conjunto de reacciones que hacen ver al jugador un aspecto esencial de la visualización: su relación con el aspecto emocional y psíquico).


Gráfica 11.1. El entrenamiento en imaginación, siempre que obedezca a una planificación profesional y rigurosa, tiene unos efectos muy positivos para el rendimiento de los jugadores. En la imagen aparecen dos jugadores del equipo juvenil “A” del Rayo Vallecano realizando un ejercicio simple.




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